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R. G. Uslar El Secreto de la Antรกrtida

Novela

NOVELA ANTARTICA Los lugares y personajes secundarios de esta obra son reales. Por tanto el lector puede tomar el siguiente texto como una importante fuente de datos sobre el trabajo antรกrtico chileno, tanto actual como pasado. Algunos nombres de personajes secundarios han sido cambiados

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Derechos Intelectuales inscritos MMX 速

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Prólogo Muchas cosas extrañas se vienen sucediendo desde hace años en el mundo Antártico. La NASA ha borrado el Polo Sur en Google Earth y la cooperación internacional en cuanto a información entre las naciones se ha vuelto selectiva. Rusia ha estado muy reservada en cuanto a los detalles de la exploración al lago subglacial Vostok. Estados Unidos, habiendo pasado cincuenta años, aún no quiere revelar el motivo ni los resultados de sus insistentes expediciones a la antigua zona Nazi de Neuschwabenland. Inglaterra vuelve a reiterar su intención de hacer demandas de derechos sobre un sector de la Antártica, que se traslapa con gran parte del territorio que reclama Chile desde antes del Tratado Antártico. Según el pacto ninguno de los doce signatarios originales ha renunciado a sus reclamaciones de derechos. Ante estas circunstancias, se ha comenzado a tensar la malla de acuerdos que compone el Tratado Antártico, firmado en 1959 en Washington. Y que está compuesto hoy por 48 naciones. En nuestro País, el más cercano al continente, están desconcertados. Las investigaciones históricas de un científico chileno han incomodado en la base española, sin una razón lógica, dejando en evidencia que sus indagaciones son más importantes de lo que él cree y pueden tener un valor transcendental. Por tanto, Víctor Bergen, (un octogenario diplomático chileno) se ha propuesto develar el motivo del comportamiento perturbador de las potencias mundiales en cada caso, ya que sospecha que hay una interrelación. Se pregunta si bastará que sólo un signatario original rompa el acuerdo para generar la reacción en cadena que derrita el congelamiento de las reclamaciones, dando paso a un temible nuevo orden, perjudicial para Chile.

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PRIMERA PARTE

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Chapter one The Call Se hacía tarde. Max y Patricia habían pasado juntos el fin de semana en la casa que ella alquilaba y, ahora, él se preparaba para marcharse. Físicamente Max era un tipo promedio, pero de estatura un poco mayor a la del chileno común, alcanzando el metro ochenta. Frente al lavamanos peinaba sus cabellos negros mientras sus ojos, de un café tan oscuro que brillaban de un color azabache, escudriñaban en busca de alguna cana furtiva. No era pretencioso pero evitaba que Patricia lo molestara con alguna broma ya que tenía siete años más que ella. Mientras se ponía la camisa en el baño, miraba a través de la puerta entreabierta hacia la alcoba, donde podía ver la cama desecha y junto a ella a su reciente amiga (de hacía casi tres meses) envuelta hasta la cintura en una sábana blanca, apoyando suavemente un brazo en el marco de una de las puertas vidriadas que daban al patio. Desde el ángulo de Max, podían verse los veinticuatro vidrios rectangulares que componían la puerta, junto al recorte perfecto de la silueta de Patricia. Ella miraba hacia afuera, donde había un sendero compuesto por seis palmetas, que llegaban hasta un rosal. Todo iluminado por un foco ubicado justo en la mitad del dintel de las puertas. El rebote de luz en el pasto, provocaba un efecto de iluminación verdosa, muy tenue, dentro de la habitación, que en ese momento estaba con las luces apagadas. Patricia se apoyaba junto a la puerta abierta y se mantenía inmóvil para recibir la refrescante brisa. Cerró los ojos un instante. Max caminó hacia ella, la abrazó por la espalda tomando su cintura y le dio un suave beso en el cuello. - Debo irme. Desde mi casa llego mucho más rápido al trabajo y no puedo darme el lujo de llegar tarde en las primeras semanas. Ella abrió sus ojos verdes y, mirando el prado, le dijo: - Lo sé; no te preocupes. De cualquier forma, nunca habíamos pasado

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tanto tiempo juntos. Fue un maravilloso fin de semana. -Acto seguido, echó un brazo hacia atrás por encima del hombro para acariciar con sus finos dedos la nuca de Max. Era cierto, pensó él. Nunca habían estado juntos tanto tiempo. Era una señal de que la ventajosa amistad estaba pasando a otro nivel, uno mucho más comprometedor, por cierto. Antes de pensarlo más tiempo y, sabiendo que podría arrepentirse de marcharse, decidió aceptarle un último beso que ella puso en sus labios. La abrazó. - Veámonos de nuevo pasado mañana, ¿te parece? - Hecho. -replicó ella con una tierna y pícara sonrisa acentuada por el fulgor de sus ojos verdes y por sus párpados que se apretaban de alegría. Patricia era de esas personas a las que no hay que mirarles la boca para saber que están sonriendo. Lo hacía coquetamente con sus ojos. Max salió de la casa con un aire campante y subió a su coche. Bajó la ventana, puso su teléfono en la base (nido) y seleccionó un listado de MP3, mientras Patricia habría el portón eléctrico desde la cocina. Antes de salir hacia la calle puso play. La única relación larga y seria que había tenido Max Becart en su vida había sido mucho tiempo atrás, cuando sólo era un estudiante de arquitectura. En realidad, no esperaba comenzar algo de manera tan repentina con una “amiga” que conocía hace menos de tres meses. Pero, en su subconsciente, la idea le estaba sentando bien, sin duda, debido a los buenos momentos que pasaban juntos. Él tenía pocos amigos en Santiago y ella era una gran compañera que llenaba su tiempo libre. Nunca le reprochaba si él no podía verla más seguido. Una amiga que le daba libertad y excelente compañía cuando la necesitaba, siempre con buenos temas de conversación. Max salió rápido para tomar la avenida y llegar en poco tiempo a su casa, pues sentía que necesitaba cada una de las pocas horas de sueño que le quedaban. Ya se le había pasado la medianoche. En esos momentos, a miles de kilómetros, en el Viejo Mundo, cruzando

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la esquina de la calle “Lagasca” con “Calle de Padilla” en Madrid, se vio la sombra de un tipo circulando apresurado y evadiendo a los peatones que caminaban en sentido contrario. Acababa de bajar del sexto piso del número 88 de Lagasca. Sus pies, que calzaban elegantes y formales zapatos de lustroso negro, tropezaban a cada tanto con los adoquines de la última cuadra de la “Calle de Padilla”, buscando un espacio por donde ir más rápido. El tipo vestía un traje de lanilla de tono marengo y bajo la solapa de su gruesa chaqueta, con los bruscos movimientos, a ratos, brillaba una placa plástica de identificación, impresa con el nombre “Roy Anderson” subrayado por las palabras “Embajada Chilena”. Roy no conocía bien las calles de Madrid y de noche le costaba más ubicarse, pues, aunque había vivido por largo tiempo en España, específicamente en Barcelona, sólo había estado de paso por Madrid. Los amarillentos faroles y luminarias públicas pintaban de un tono malva a los transeúntes que iban sin ningún apuro, al contrario de este tipo alto que caminaba con rostro preocupado mientras pasaba junto a unas chicas que reían por algún chisme. Junto a él, por la calle, los vehículos también transitaban lentamente y se aglomeraban buscando donde aparcar. Roy leyó en una señalización de fierro forjado “Calle de Serrano”, el nombre de la calle por la que acababa de entrar. Se dio cuenta que, poco a poco, se acercaba al “Paseo de la Castellana” que estaba a una cuadra. Al llegar a la esquina, Roy se irguió, estirando su cuello, y por encima de la multitud, que caminaba despreocupada, miró fijamente a la esquina opuesta. Sus dientes blancos se dejaron ver cuando de su circunspecto rostro emergió una leve sonrisa, al descubrir que había encontrado el lugar que buscaba, era un centro de llamados. Mientras tanto, en Santiago de Chile, en una autopista vacía, se divisaba a lo lejos un vehículo acercándose de prisa a la Rotonda Pérez Sujovic por Avenida Kennedy. De día, esta vía rápida que une las comunas de Las

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Condes con Providencia se encuentra generalmente atestada, pero esta noche de verano, era una carretera desierta. Pocos sonidos surcaban el aire, otorgando una rara tranquilidad a ese sector tan urbano. Gran parte del parque automotriz de Santiago se encontraba en las ciudades vacacionales cercanas, como la mundialmente famosa Viña del Mar, donde Max había nacido. Un deportivo rojo se hacía cada vez más visible y con potentes faros alumbraba ya las barandas que bifurcan la avenida entre el paso bajo nivel y la entrada hacia la rotonda. El deportivo, de línea clásica, disminuyó la velocidad. Si bien era un poco viejo, era un modelo cupé, y por su hermosa línea parecía mucho más moderno. En su interior, la pálida luz azul del tablero iluminaba el rostro serio de Max Becart, quien despachó un bostezo sin perder de vista los reflectantes de la calzada. Miró de reojo la hora en el tablero y vio que faltaba un minuto para la una de la madrugada del primer día de la semana. Max regresaba de la casa de su “amiga” con destino a su propia casa. Era una ruta que conocía bien y lo relajaba manejar sin tráfico. Estaba feliz con este coche que había adquirido muy barato en un remate. En ese momento, iba escuchaba un antiguo tema de Simple Red sin prestarle mucha atención, ya que aquella música era sólo un acompañamiento de fondo. Max sólo se concentraba para escuchar música clásica, de preferencia Bach, pero sin cerrarse a música más popular como acompañamiento. Aunque se inclinaban por la clásica, le gustaban algunos grupos de rock ingleses, ya que el rock progresivo se le daba bien. Muchos de sus amigos se habían dado cuenta que no era fácil satisfacer a sus exigentes oídos. Sus pensamientos se enfocaban en la gran cantidad de tareas que tendría al día siguiente en su nuevo y flamante trabajo en la Cancillería chilena. Sin tener un gran sueldo consideraba que el trabajo era magnífico, pues le gustaba el ambiente diplomático, más por la elegancia que por el protocolo. Esa noche sentía que todo se le estaba dando bien, ya que había regresado hace poco a Chile desde Italia y no le había costado restablecerse de vuelta, pues gracias a un contacto de su padre y a el azar del destino el había logrado conseguir trabajo rápidamente, aunque no era su rubro.

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Max había estudiado arquitectura y estaba en Italia haciendo un estudio de las ruinas romanas, cuando comenzó a escasear el dinero que había presupuestado, y tuvo que volver a Chile. Al llegar intento trabajar en Ibercom

Arquitectos, pero le fue mal. Sus dos primeros años universitarios los había dedicado a estudiar derecho y le sirvieron en su curriculum para ingresar a cancillería. Por las dificultades que le había presentado el Derecho Romano se había retirado de la carrera, con el consiguiente pesar de su padre. Cuando estaba en Italia meditaba; “Estudie lo que estudie, todos los caminos llevan a Roma.” Siempre le gustó Roma pero ahora se sentía muy a gusto de vuelta en Santiago, gozando de una temperatura agradable y feliz de haber dejado atrás el invierno europeo. En ese momento los acordes que salían de los parlantes lo relajaban mientras que envolvían gratamente el habitáculo. De pronto, toda la cabina quedó en silencio y sonó el primer ring de su PDA que lo espabiló. - ¿Quién llamará a esta hora?- murmuró y pegó los ojos en el visor de su teléfono inteligente que estaba empotrado en el nido y conectado a la radio para amplificar la música. Aguzó la vista para captar a la brevedad el remitente del llamado. Vio nada más que la palabra “Llamando”, mientras sonaba el segundo ring. - ¿Y que le pasó a esto ahora? - se preguntó Max en voz alta. Mientras tomaba su teléfono para salir de dudas y ver de cerca la pantalla, apareció justo una frase en el lugar donde solía aparecer el número de la llamada entrante. Pero sólo pudo leer “Llamada sin identificar”. Pensó que podría tratarse de Patricia, pues ella para su local de diseño, usaba otro celular. Al tercer ring, tocó el botón verde de la pantalla, mientras disminuía la velocidad abruptamente a veinte kilómetros por hora y tomaba la rotonda. - ¿Aló? - Esta es una llamada por cobrar desde Madrid, España, ¿acepta el cargo? -preguntó una voz femenina con el típico seseo español. - Que extraño.-

susurró Max.- Acto seguido cortó la llamada. Pues

pensó que se trataba de un número equivocado. No pasaron cinco segundos

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cuando volvió a sonar. Contesto con la intención de que dejara de sonar y volvería a cortar, pero escuchó: Esta es una llamada desde España para el Señor Max Becart a un móvil. ¿Acepta la llamada?- Al oír su nombre quedó sorprendido y no alcanzó a cortar. ¿Quién Podría Llamarlo desde España? ¿Sería su amigo y antiguo compañero de cuarto en Roma, Paolo? Lo había conocido en la Sapienza

Università di Roma en un seminario, pero… ¿Qué hacía Paolo en España? Decidió contestar la llamada aunque no estaba seguro. - Heee… sí, acepto. - reaccionó por curiosidad. - Adelante, comunico. -dijo la voz femenina. Acto seguido, sonaron dos tonos de marcado. - ¿Max? - preguntó una voz madura casi al borde del susurro al otro lado de la línea. - Sí, con él. Disculpe, ¿con quién hablo? - dijo Max con un alto grado de interrogación. - Max, me llamo Roy Anderson y soy asesor de asuntos diplomáticos de la embajada chilena acá en España. Disculpa no haberte llamado más temprano. Tuve que esperar a salir de mi trabajo a la hora habitual para buscar un lugar seguro de donde te pudiese llamar. Roy estaba siendo lo más precavido posible, pues quería mantener en absoluto secreto este contacto con Max, ya que presumía que estaban vigilando sus llamadas. Salió como de costumbre a las ocho y sin despertar sospecha. - Creo que es muy factible que los teléfonos de mi despacho estén intervenidos, y qué decir del celular…

¡Es lo más fácil de pinchar!

- Disculpa… me sorprende tu llamado. ¿Nos conocemos de antes? -preguntó Max. - No, pero yo ocupé tu puesto antes en Cancillería. Además tengo una larga relación con tu jefe y entre ambos decidimos que eres la persona más indicada para que trabajemos en conjunto triangulando información entre Chile, España y Antártica. - ¿Hay una investigación en conjunto con España? Quizás estoy un poco

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cansado por la hora, porque no recuerdo. - Disculpa la hora. Sé que, como acá son las nueve de la noche, en Chile deben ser la una de la madrugada, pero no podía esperar hasta mañana, pues, como te conté, tenía que llamar de un lugar seguro. La verdad era que Roy tampoco podía esperar a que Max llegara a su trabajo en la mañana siguiente en la Cancillería, pues sospechaba que sería posible que su sección, en el séptimo piso, estuviese también intervenida telefónicamente, con escuchas alámbricas e inalámbricas, y se tenía que coordinar con el en forma urgente. - En este minuto no tenemos ninguna investigación científica con España, es otra cosa. Por suerte pude hablar con tu jefe, Víctor Bergen, y el me pidió que te llamara para ponerte al tanto. - ¿Estamos en algún conflicto con ellos u otro país? Max sabía que Víctor Bergen se preocupaba de asuntos internacionales y recelosamente dedujo que la llamada transcontinental revestía un trasfondo que, de algún modo u otro, implicaba a otro país. - Siempre hay conflictos; que la opinión pública no los conozca es otra cosa. -respondió Anderson con un tono suspicaz. - ¿Pero por qué me llamas a mí? Ya sabes que soy un funcionario nuevo de uno de los departamentos más pequeños de la Cancillería y recién llevo un mes en este trabajo, y quizás no estaré ahí mucho tiempo más, pues para mis proyecciones personales… - Ya lo se, ya los se. -interrumpió la voz de Roy con un tono firme- Sé que en el fondo mandaste tu curriculum porque estabas desempleado ya que llegaste hace unos meses de Italia. Seguramente te gustaría trabajar como arquitecto cuando encuentres un buen puesto en Ibercom, pero por el momento contamos contigo. Eres nuevo en el Departamento Antártico, y por lo tanto idóneo para ayudarnos a investigar desde dentro de cancillería. Nadie sabe que te han contratado, y aún no eres presa de los equipos de Inteligencia de los extranjeros. - ¿Nos espían?

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- De seguro los e-mails, pero como todavía no tienes un e-mail corporativo “minrel punto gov”, no rastrean tu correo. Eres la pieza clave para ayudarnos en el Departamento de Asuntos Antárticos de la Cancillería de Chile. - ¿Pieza clave? No crees que estás exagerando, quizás hay otras personas más adecuadas. No manejo mucha información, mi trabajo es tan trivial y monótono que… - Max, eres una pieza clave en el sentido que eres el único no vigilado en el Departamento y necesitamos una persona de confianza que pueda ayudarnos a obtener información, sin atraer la atención. - ¿Pero quién nos vigila? - Max, es casi un deber de los países estar al tanto de lo que hacen los otros. Me he dado cuenta que hay un interés fuerte en saber de lo que hacemos en Antártica en este momento. Don Víctor me dijo que eras de su plena confianza y como no tenemos mucha gente… - Les agradezco la confianza, pero entonces dime que está pasando concretamente. -Comprobé que, desde hace algunos meses, se cierne sobre nosotros un espionaje insospechado respecto a nuestras últimas investigaciones en la Antártica, que encargamos a un enviado especial, el profesor Jorge Leones. Por un hecho que acaba de suceder, me he convencido que dimos con algo importante. Si no fuese interesante, para otros países, lo que fue a hacer Leones, no habría encontrado lo que encontré. - ¿Qué cosa? - Bueno, por casualidad encontré un “bug” aquí en la embajada. - ¿Qué cosa encontraste? - Encontré un micrófono espía, y nadie se tomaría la molestia de poner eso en una embajada, si no fuese por un motivo específico. Lo instalaron justo en el despacho dedicado a coordinar labores antárticas, mi oficina. Por otra parte,

Leones

sospecha

que

ha

sido

interferido

ex

profeso

en

sus

investigaciones. Tuvo que encubrir el objetivo de su último viaje, como una recolección de una piedra volcánica llamada ignimbrita, producto del flujo

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piroclástico de 1970 en Isla Decepción, pero eso no tiene nada que ver con lo que está haciendo allá realmente. - Bueno ¿Y de que se trata su viaje entonces? - Te lo contaremos luego ya que es largo de explicar todo lo que sucede. Por el momento es bueno saber que podremos contar contigo. Yo te llamaré siempre a éste, tu teléfono personal, y no uses por nada el que te entregaron en Cancillería. No hables nada de esto en voz alta en tu oficina. De pronto sonó un pito en el teléfono de Max. - Roy, tengo una llamada en espera. - Okey, pronto te estaré dando más información junto con tu jefe, quien te debe estar llamando. Estaremos en contacto. Un abrazo amigo y disculpa por el cobro revertido, es que debo evitar dejar rastros de llamadas. Esta central no archiva las no pagadas aquí. Silencio en la línea. Tan inesperado como llamó, Roy procedió a despedirse y cortar. Max cavilaba sentado en su butaca, conduciendo alrededor de la plaza que configuraba la rotonda. No sabía que pensar y quedó absorto en el tiempo, pero no pasaron cinco segundos cuando sonó el pito nuevamente. Tal como había anticipado Roy se trataba de Bergen, su jefe. Contestó con un toque en la pantalla. -

Max, disculpa la hora.

-

Hable nomás don Víctor, que bueno que me llama, porque acabo de recibir un llamado de un tal Roy…

-

Si correcto, yo hablé con él antes, y necesito que nos des una mano en un asunto que se ha complicado. Es sobre las últimas investigaciones del Profesor Leones.

- Ya sé que esto no se trata de investigaciones científicas – Le informó Max. - Veo que Roy te puso al tanto. Mañana en mi oficina te contaré todo con detalle. Lo importante, es que te pongamos sobre aviso de nuestros planes para que nos ayudes. Necesitamos que hagas consultas, pero como que no

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tienes nada que ver con Cancillería. Por supuesto con mi autoridad yo podría exigir información de distinta índole a instituciones y países, pero aumentaría la atención,

y

surgirían

rumores

inmediatamente,

que

pueden

ser

contraproducentes. - Pero ¿Por qué me darían información a mí? - La solicitarás con otra identidad. Ya lo tenemos arreglado, simplemente te harás pasar por periodista, acreditado por el gobierno para labores culturales. Así podrás obtener información sin que parezca que la requerimos nosotros, y siguiendo el cordón llegaremos al zapato. No es necesario que averigües todo. Si no que nos confirmes ciertas pistas. - ¿Qué debemos averiguar? Primero saber que país nos está espiando. Encontramos un micrófono en nuestra embajada en España. Su manufactura era china. En los sesenta era más fácil, pues si encontrabas un micrófono, por los componentes ya sabías. Ahora puede ser cualquiera. -

¿Tiene algunos sospechosos?

-

Puede ser España, Argentina, o cualquiera de la Commonwealth británica.

-

No son pocos.

-

No, y tampoco es tan raro que nos espíen, pero hemos notado un alborto desde que Jorge Leones, científico nuestro, encontró información en un breve reporte militar de unos viejos archivos. Desde que él lo informó, notamos una muy mala disposición de parte de otros países para ayudarnos. A regañadientes conseguimos un alojamiento para Leones en la Base española. Esto es muy raro, pues hay acuerdos de colaboración mutua. Quiero saber por qué la actividad de Leones complicó las buenas relaciones, que son habituales en Antártica.

-

¿Qué actividad?

-

Fuera de los científico, se puso a investigar unos archivos de las antiguas bases chilenas, algunas de las cuales ya no existen, como

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la base Pedro Aguirre Cerda, pues Leones es fanático de la Historia. Ahora fue a buscar un material a Antártica que se señalaba en un viejo reporte de la Armada, y al cual él le ha seguido la pista. -

¿El está en Antártica?

-

Si claro, a él lo enviamos a Antártica en el último “Hércules”. A penas despegó tres personas anónimas llamaron a la FACH consultando sobre el itinerario de Jorge. Uno se quiso hacer pasar por un familiar y los otros colgaron al pedirles el nombre. Por suerte avisamos a la IV Brigada Aérea que sólo dieran información a personas identificadas. Lo malo fue que no rastrearon las llamadas. Es necesario averiguar quienes son y por qué están tan atentos. Yo empezaría haciendo averiguaciones en la embajada Española. Para no despertar sospechas te harás pasar por periodista de un medio de televisión, ya que siempre hacen reportajes de Antártica.

-

Que conveniente. Seré como un Alipio Vera.- Se mofó Max.

-

Si, igualito.- Le retrucó Bergen, que asimiló la talla con humor paternal.

-

Ponte serio Max, ahora me preocupa Leones.

- ¿Y que ha sabido de nuestro científico? - Leones me llamó de “Decepción” y me contó los problemas que tuvo para recobrar lo que fue a buscar. Se trata de un ice core. - Eso es una muestra de hielo, ¿cierto? – preguntó Max, recordando un programa que había visto en el Discovery Channel. - Correcto. Es lo que señalaba el reporte de 1948, lo describe como “un cilindro metálico y blindado, de un metro de largo”. En 1948 no manejábamos el concepto de ice core. Alguien de la supervisión medioambiental cuestionó el trabajo en terreno de Leones, por tanto dijimos ante CONEIA 1 que Leones iba a otra cosa. Sospechamos que los españoles averiguaron su verdadera misión y empezaron a provocarle problemas. Primero, su maleta se extravió al llegar a la Isla Rey Jorge en la Antártida, donde está la base chilena Julio Escudero. Eso es 1

Organismo Medioambiental Antártico (Homólogo CONAMA)

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raro, porque el equipaje sólo recorre ochocientos metros hasta llegar a la base científica Escudero. Los encargados de transporte dejaron todos los demás equipajes a sus colegas, menos el suyo que había desaparecido. Luego, sin su salvoconducto para trasladarse a la base española de Castilla en Isla Decepción, quedó varado y debió solicitarnos otro. Cuando tratamos de llamarlo para avisarle que estábamos tramitando una autorización, el teléfono satelital que tenían en Escudero se descompuso, debiendo enviar otro teléfono el Instituto Chileno Antártico, desde Punta Arenas. Operación realizada con éxito gracias a un Twin Otter de la Fach, que por fortuna salía con carga para Correos de Chile en Antártida. - Muchos contratiempos, ¿Y no serán cosas del azar? - Curiosamente esos contratiempos desaparecieron cuando un ayudante de un científico español, que estaba en Escudero, se marchó. Leones supone que todo fue provocado, tanto la pérdida de equipaje como el desperfecto del teléfono satelital. Su maleta la encontraron dos días después unos niños de Villa las estrellas, cuando jugaban en la nieve. - Por lo menos la recuperó. - Si, pero en Decepción continuaron los problemas. Sucede que le negaron un cupo en el barco español “Las Palmas”

para hacer el tramo de

regreso desde Isla Decepción a Rey Jorge, aludiendo al poco espacio en el barco. Algo muy extraño. Tuve que pedir a Roy gestionar desde Madrid un permiso especial con el Canciller. - ¿Pero lo trajeron de vuelta? - Si, apenas dieron la orden pudo abordar, pero el trayecto demoró tanto que perdió el avión desde isla Rey Jorge a Punta Arenas. Afortunadamente eso también lo resolvimos en forma práctica e inmediata.

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Le hicimos un cupo a bordo del rompehielos de la Armada “Almirante Viel Toro”, que abordó ayer para regresar. - ¿Qué tiene de especial la muestra de hielo? - No lo sé. Cuando Leones encontró la antigua carta del ejército que indicaba el hallazgo de un cilindro blindado, por parte de la Armada, lo único llamativo era el lugar de donde esto provenía. ¿Qué lugar? Eso es algo muy interesante, la muestra proviene de una antigua base alemana abandonada, del sector de Neuschawabenland. ¿De los alemanes? ¿Pero como obtuvo esto la Armada en 1948? Sucede que Miguel Serrano, aprovechando el viaje para instalar la segunda base chilena, realizó en ese año un desplazamiento con el comandante de la Covadonga a la Tierra Prometida Nazi, en Antártica. Producto de haber perdido la guerra los alemanes dejaron abandonadas sus bases. Cuando Serrano llegó a las instalaciones ya tenían tres años de abandono. El comandante de la Armada decidió llevarse las pocas cosas que encontraron; Una caja de herramientas y el misterioso cilindro que estaba sellado, y que le llamó mucho la atención. Luego al regresar para la inauguración de Base O’Higgins el 18 de Febrero con el presidente González Videla, decidieron dejar este trofeo ahí.

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Esta visita de Serrano y el Comandante se mantuvo en secreto y oficialmente se informó que no habían alcanzado la Base alemana. Todo para evitar conflictos. Una década más tarde, en 1958, esta pieza fue resguardada en una bodega de la base Risopatrón, que estaba junto a la Base O’Higgins. La base sufrió un sospechoso incendio, cuando llegaron unos tipos de la NASA. - ¿La NASA en 1958? - Sí, ese fue el año que se creó la National Aeronautics and Space

Administration jovencito.- Le respondió Bergen con su excelente acento británico.

– El ’57 y ’58 se celebró el Año Geofísico Internacional y Estados

Unidos envió unos geólogos que se contactaron con la Universidad de Chile. Bueno, en resumen el cilindro misterioso se salvó, y después de eso, junto con otras cosas, fue llevado hasta isla Decepción a la base Pedro Aguirre Cerda, correspondiente a la Fach. - ¿Y por que no mantener las cosas en la Base O’Higgins? - Las cosas las llevaron con la intención de que nuestros

aviones

anfibios las transportaran a Punta Arenas. Sólo en “Decepción” podían amerizar. Como el avión no tenía congelador, y esto debía mantenerse frío, decidieron dejar la extraña pieza cilíndrica en base Pedro Aguirre Cerda. Leones le siguió la pista con los inventarios. El inventario de 1966 de la base Pedro Aguirre Cerda, en bodega, registra un tubo sellado de acero, alemán. Para Leones no cabe duda. ¡Se trata del mismo tubo! - ¡Genial! Pero a fin de cuentas ¿que contiene? ¿No sale nada en los archivos? ¿Tiene algún valor? 22


-

Bueno, eso es lo que a nosotros también nos intriga. Es imposible que en tanto tiempo la muestra no se halla contaminado en ese antiguo recipiente. Ya no serviría más que como souvenir de la extinta base Pedro Aguirre Cerda.

- De la base perdida, escuché hablar de ella. Dicen que no quedan más que ruinas debido a las antiguas erupciones. No quiero ser pesimista pero creo que Leones no podrá recuperar nada. ¿Cuándo intentará rescatarla? - Ya lo Hizo. - Dijo Bergen impactando a Max. - ¿Cómo? ¿Pudo recuperar eso? - Pocos saben que se construyó un subterráneo el último año que estuvo habitada la base, el ‘67, y ahí se guardaron todas las cosas que requerían frío, como las botellas de whiskey que canjeaba la dotación con los ingleses, por las propias de vino. Hace veinte días Leones pudo dar con los cimientos de la base y anotar en su GPS las coordenadas. Volvió a Punta Arenas y coordinó los permisos para intentar la extracción. Como hubo revuelo, fingimos que

se

desestimó la tarea, pero en realidad sólo la disfrazamos como otra labor “científica”. - ¡No puedo creer que haya encontrado el subterráneo! - Fingiendo que buscaba unas piedras volcánicas especiales realizó el trabajo. Cuando me llamó desde la base española, Gabriel de Castilla, en Isla Decepción, dijo: “Piedras encontradas con éxito” y que tenía noticias espectaculares no obstante me daría los detalles después. Entendí que no podía hablar, pero con eso fue suficiente para comprender que tenía en su poder el antiguo ice core. Lamentablemente, como te dije, venía retrasado y perdió el avión. Cuando llegó a Rey Jorge, pasó rápidamente por la base Escudero para llamarme y tomar sus cosas. Dijo que se iría directo a nuestro Rompehielos y volvería a llamar desde el teléfono satelital. Una vez que zarpó en el barco de regreso, trató de comunicarse con nosotros, pero la llamada se cortaba, y mientras vienen navegando no hay mucho que hacer. - ¿Problemas con el teléfono satelital? - El desplazamiento del barco perjudica la transmisión.

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- Entonces, habrá que esperar. - Eso dije yo, pero ahora estoy intranquilo, pues me llegó un mensaje de la Armada, que me da mala espina. El tono de voz de Bergen, se puso oscuro, y delataba su sincera preocupación. - Bueno, ¿Qué mensaje? - En realidad son dos. El primer mensaje decía: “Accidente en el barco, un herido. Detalles del reporte en una hora.” Y por la hora del mensaje deduzco que el accidente debe haber pasado en el mar de Drake. - Navegando ahí si que debe costar establecer comunicación. - Correcto Max, por ello no esperaba que me llamara hasta llegar a Punta Arenas. Pero para aumentar mi preocupación me llegó hace una hora un “Boletín Militar” que confirmaba que ocurrió una tragedia a bordo. La persona falleció, y decían que en otro boletín militar enviarían todos los datos del individuo con el número de parte médico. - ¿Y de quién se trata? - El siguiente boletín militar no llegó. Por lo que no sabemos que pasó exactamente… - Disculpe ¿Qué es el Boletín Militar? - Los Boletines son semejantes a los antiguos teletipos que se envían vía satélite. Es la información que le dan a la Armada desde el barco. Pasan automáticamente a un servidor, que los respalda y reenvía a las autoridades. El Boletín es como un mensaje de texto, una forma segura de comunicarse cuando el barco tiene complicación para usar teléfonos y radios, lo que es recurrente navegando por el Mar de Drake. Se envían sin problemas; el inconveniente es que los mensajes son muy breves. - Entiendo… - Ha habido tantos problemas que me temo lo peor. El teléfono que le enviamos especialmente a la base Escudero en Isla Rey Jorge, estaba en perfectas condiciones y tenía batería de repuesto. ¿Por qué no se comunicó desde bahía Fildes donde la comunicación es buena? Esta preocupación me quitó el sueño.

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- Quizás no se pudo dar el tiempo o quería descansar. Recuerde que debe haber estado muy agotado. No le de más vueltas don Víctor. El pobre fallecido pudo ser cualquiera de los cincuenta tripulantes. El profesor está bien. - Esperemos que tengas razón. - Descanse… -

Bien

Max,

trataré

de

dormir.-

Dijo

Bergen

con

un

tono

apesadumbrado.- Nos vemos mañana entonces. He solicitado que la Armada reúna los boletines que reciba y me prepare un informe completo y me los lleve mañana a primera hora, ahí nos vemos y conversamos. - De acuerdo don Víctor. Luego sonó un pito grave prolongado. Colgó. El zumbido de la línea lo dejó ensimismado. Max, no había digerido del todo tanta información, mientras completaba la octava vuelta alrededor de la rotonda a veinte kilómetros por hora. -

Un lamentable accidente, ¿Por qué lo relaciona con el profesor Leones? No hay que ser tan pesimista.- Se dijo.

Max era un tipo tranquilo y no se tomaba la vida aprensivamente. Sin ser rico tenía un buen pasar. Su familia se había disgregado por el mundo después del fallecimiento de su abuelo. Sus padres estaban separados hacía quince años y tras la herencia de su abuelo materno, fallecido hacía dos años, sus hermanos se habían ido a vivir al extranjero. El por su parte tomó una pasantía en Italia, para complementar sus estudios y aprender el idioma, perfeccionando así su tercera lengua. Eso fue importante, pero no gravitante, para su contratación en Cancillería. Más influyó la amistad de Bergen con su padre. Después de la décima vuelta, enganchó y salió de la rotonda, retomando la velocidad con destino a casa. Sinceramente deseaba que todo esto no fuese más que una falsa alarma, después de todo, el no esperaba grandes responsabilidades, ya que era el último empleado de la fila en ese Departamento. Aunque esta sorpresiva situación le sedujo un poco. El espionaje era algo que el sólo imaginaba en

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películas de la guerra fría. ¿Existirá espionaje hoy en día en Chile? Pensaba. ¿Será como en las películas? Algún brillo salvaje cruzó por su mente mientras magulló la idea de que podrían encargarle una labor arriesgada de Inteligencia. El no tenía nada de audaz, y apreciaba la vida apacible, pero en su fuero interno le gustó jugar mentalmente con ser un tipo de acción. Quizás en especial por ser un tipo tranquilo, la idea lo abordó con fuerza, pero sólo como un juego mental. ¿Cómo será ser un tipo así? Era lo desconocido de ese mundo lo que lo atraía. Las películas lo influenciaban igual que a todos aquellos que al salir del cine, desean ser aquel héroe de la pantalla grande; Saber karate y correr como el rayo. Un deseo latente que a él le gustaría sentir por un rato, ya se tratara de un James Bond, un Indiana Jones o un Neo. Las luces rojas traseras se hicieron cada vez más pequeñas, mientras rugía el bien mantenido motor del viejo deportivo, que se alejaba por la solitaria autopista. Esa noche, sin recordarlo, soñó con el héroe de su infancia, el Zorro.

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Max Becart, de regreso de Italia, ha encontrado un nuevo trabajo como asistente en la Dirección Antártica de la Cancillería de Chile. Debe viajar a Punta Arenas a buscar una antigua muestra de hielo, (ice core) que fue encontrada recientemente por un científico chileno en la Antártida. Lo que parecía una tarea sencilla, se trasforma en una vertiginosa aventura de acción y suspenso, que obligará a este hombre urbano, a realizar una minuciosa revisión de la historia antártica de Chile, para poder desentrañar un enigmático hallazgo que ha permanecido encubierto por décadas. Para retirar los velos de este secreto, Max emprende un ineludible y accidentado viaje al continente blanco. Forzado por las circunstancias tendrá que aprender a vivir en un ambiente adverso con compañeros que pueden ser más peligrosos que letal clima antártico. Uno o todos pueden ser el enemigo. ¿Ocultan algo las potencias mundiales en Antártica?

Ilustración digital de portada: Vito Capítulo 1: Diciembre 2010 Capítulo 2; Diciembre 2011 Descarga el libro completo en www.antarticasecreta.com

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Novela Antártica  

Primer capítulo on-line