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CONTENIDO EDITORIAL

¿Educación sexual pública para nuestros hijos?

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EDUCACIÓN SEXUAL

Abstinencia, la más segura solución

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Educación integral de la juventud

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EDUQUEMOS A NUESTROS HIJOS

¡Contra la tormenta!

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ADOLESCENCIA

Entre el vicio y la virtud

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EDUCACIÓN PARA EL ÉXITO FAMILIAR

Un buen noviazgo, clave del éxito conyugal

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El valor de la castidad

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¿Es posible la educación de la castidad en pleno siglo XXI?

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FORMACIÓN INTEGRAL

El papel vital de la mujer

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«Vida y Valores» es una publicación bimestral de la Fundación Vida y Valores A. C. Los artículos no reflejan necesariamente los criterios de la institución y son responsabilidad exclusiva de los autores.

DIRECTORIO Director general Ing. Francisco Montoya Camacho Coordinación editorial Lic. Ernesto Ávalos López Arte y Diseño Lic. Ma. Guadalupe Hernández Ruíz

Se permite la reproducción total o parcial de estos materiales bajo los criterios de buena fe y citando la fuente. © Fundación Vida y Valores A.C. Av. Américas No. 384 Col. Ladrón de Guevara C.P. 44600. Guadalajara, Jal. México. Tel. (33) 36-15-27-32 Fax. (33) 36-15-30-98 vidayvalores@vidayvalores.com


EDITORIAL

¿Educación sexual pública para nuestros hijos? La educación –principalmente la relacionada con los aspectos sexuales– de los hijos les pertenece por derecho natural a los padres; otras instituciones como la Iglesia, la Escuela y el Estado son copartícipes de esta tarea educativa, sin embargo su obligación se debe limitar a brindar el apoyo a los padres de familia para que estos puedan educar a sus hijos integralmente en su religión, en su moralidad, en sus tradiciones. Esa obligación de educar que corresponde a los padres no es renunciable, no pueden dejar de cumplirla, ya que de no hacerlo las consecuencias son graves tanto para sus hijos como para la sociedad en su conjunto. El Estado, la Escuela, la ONU –que por cierto se encuentra, a través de la UNESCO, entre las principales promotoras de la educación sexual a nivel mundial– y otras instituciones deben olvidarse del autoritarismo ya que no tienen derecho a imponer sus ideologías so pena de dañar gravemente la patria potestad dando un golpe de muerte a la familia, porque la familia no podría existir sin la patria potestad. En materia de educación sexual, que es algo tan íntimo y tan importante, no se puede permitir la intromisión directa de ninguna institución ajena a la familia, pues este aspecto debe ser tratado de forma personalizada, de acuerdo al carácter y la madurez psicológica de cada uno de los niños, y con la sensibilidad necesaria que sólo los padres de familia, que conocen a fondo a sus hijos, pueden alcanzar. Ante la intención de incorporar y radicalizar la educación sexual en las escuelas de nivel básico en México, es muy importante que los padres de familia conozcan qué es lo que se pretende enseñar, cuál es su origen y cuáles son las intenciones de los promotores de dicha educación, para que puedan estar debidamente preparados para hacer frente a los eventuales problemas que se avecinan. Lo primero que hay que saber es que la estrategia para implantar la educación sexual ha sido prácticamente la misma que en otros países que desde hace ya buen tiempo ha sido implantada, en donde se manejó la misma farsa, la preocupación por los embarazos en adolescentes y las enfermedades de trasmisión sexual, siendo que la realidad, estadísticamente demostrada, es que con dichos programas de educación sexual, se ha incrementado la promiscuidad sexual y por lo tanto los embarazos en adolescentes, las enfermedades de trasmisión sexual y la peor desgracia es que también han aumentado los abortos. Como padres de familia estamos convencidos que debemos educar a nuestros hijos en una cultura de respeto y tolerancia, pero no aceptamos que sin consultarnos y al margen de las convicciones y los valores de cada familia, desde las altas esferas burocráticas se pretenda usar el sistema educativo para imponer a nuestros hijos pautas de conducta que atentan contra las mas profundas e íntimas convicciones éticas, morales y religiosas de cada familia. Estamos de acuerdo con la educación sexual natural, pero sostenemos que son los padres los legítimos educadores para dársela a sus hijos. En ese sentido la escuela debe colaborar y no tratar de suplantarnos. Por eso apoyamos propuestas como las que proponen talleres de educación sexual para padres, porque promueven la educación sexual, fomentando el intercambio entre la escuela y la familia, pero respetando el derecho indelegable de los padres, establecido en la Declaración Universal de Derechos Humanos: «Los padres tendrán derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos».

El Director.


EDUCACIÓN SEXUAL

Abstinencia, la más segura solución * Ocultos y poderosos intereses tras las campañas en contra de la castidad

Fundación Vida y Valores A. C.

N

umerosas organizaciones no gubernamentales –tanto nacionales como internacionales, como la ONU, OEA, UNESCO, Paternidad Planificada, PROFAM, Democracia y Sexualidad, etc.–, gubernamentales –incluyendo al sistema educativo, a través de la Secretaría de Educación Pública, que también parece estar involucrado, o por los menos así lo indican algunos de sus actos (“por sus actos los conoceréis”, dice la Sagrada Escritura en Mat. 7:15-16)– y los medios masivos de comunicación parecen estar obsesionados y muy comprometidos en promover las relaciones sexuales hedonistas; están empeñados en hacer de nuestros hijos (el futuro de la Patria) el

blanco de su distorsionada visión de la vida a través de la “educación sexual”. Pero, ¡mucho cuidado! La verdadera fuerza detrás de esta “educación sexual inmoral hedonista” son algunas organizaciones cuya ideología es el humanismo secular (liberales promotores del “laicismo”). Entre estas organizaciones se encuentra la Federación Internacional de Planificación de la Familia (IPPF, por sus siglas en inglés) y sus grupos asociados. Este poderoso organismo y sus aliados se han dado cuenta de que para socavar la visión judeo-cristiana del matrimonio, la familia y la sexualidad, han de destruir primero el sentido natural de la inocencia, de la pureza que tienen los niños. Para ello han elaborado, difundido y puesto en práctica bas-

tos programas a través de los cuales les dicen a nuestros hijos, entre otras muchas cosas, que nunca podrán controlar sus impulsos sexuales y que la única forma de ser “responsables” consiste en tomar anticonceptivos o usar el preservativo cuando “elijan” tener relaciones. Pero no sólo eso, ahora hasta promueven los “derechos sexuales”, según lo cual los jóvenes tienen derecho a tener relaciones sexuales antes del matrimonio, pero usando anticonceptivos, lo cual es suficiente para declarar estentóreamente que así estarán ejerciendo una sexualidad responsable. Aunque la negativas consecuencias de este patrón de comportamiento resulta evidente, desgraciadamente la mayoría de

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nuestros jóvenes ha aceptado esta “amable” invitación a la promiscuidad y están sufriendo las consecuencias con graves enfermedades de trasmisión sexual (HPV, HIV, etc.) embarazos “no deseados”, y muchos miles de abortos criminales. Las consecuencias van mucho más allá pues el fenómeno trasciende de los efectos del individuo al ámbito familiar y colectivo, debilitando la institución matrimonial a través del divorcio y persistiendo en la promoción de la promiscuidad y la infidelidad, y otras muchas cosas. Ante esta situación tan delicada, los padres de familia debemos reaccionar; no podemos seguir siendo negligentes e irresponsables, sobre todo si tomamos en cuenta que los jóvenes en la actualidad se encuentran sumamente confundidos en cuando a la perspectiva moral, y en consecuencia son fácil blanco para la gente sin escrúpulos que a través de los vicios, los

manipula para sus fines egoístas y perversos. Ante este difícil panorama algunos prefieren pensar que es muy exagerado alarmarse, que las cosas no pueden estar tan mal; otros “derrotistas” piensan que no se puede hacer nada; otros más, los peores, están de acuerdo y promueven esta ideología. Por nuestra parte, aunque esta posición vaya contra la corriente, pensamos que sí podemos hacer algo y empezamos educando y formando bien a nuestros hijos y hacemos un esfuerzo mayor por asociarnos a otros que coinciden con nuestros principios para tener mayor fuerza y exigir nuestros derechos ¿Qué podemos hacer? ¿Cuál es la solución que proponemos? Como por algún lado hay que empezar, aquí tenemos cinco puntos capitales a los cuales deberíamos de sumar nuestros esfuerzos: 1. Renunciar a la negligencia, a la irresponsabilidad, a la

cómoda actitud de “quedarse cruzados de brazos”, de “contemplar el desfile desde el balcón”. 2. Denunciar y bloquear a los promotores de la inmoral “educación sexual hedonista”. 3. Capacitarnos para educar bien a nuestros hijos y buscar capacitar a otros padres de familia que se interesen y quieran educar bien a sus hijos. 4. Buscar formar asociaciones de padres de familia bien orientadas y capacitadas para enfrentar a un enemigo tan poderoso y tan astuto. 5. Promover la castidad y la abstinencia sexual fuera del matrimonio.

Un remedio al alcance de la mano En relación con este último punto, nos permitimos hacer una breve reflexión. La abstinencia sexual consiste en controlar los impulsos sexuales, los instintos “de la carne”, para reservar las relaciones sexuales para el matrimonio y solo dentro de éste. En relación con la abstinencia sexual hay muchos jóvenes y adultos que la consideran imposible, que es demasiada carga para el sujeto y que lo mejor es ser permisivo en materia sexual, siempre y cuando se tomen las precauciones necesarias para evitar situaciones “engorrosas”; de acuerdo con esta lógica, si no pueden controlarse, pues enton5


ces hay que proporcionarles o ponerles a su alcance anticonceptivos, preservativos y enseñarles cómo usarlos, y si esto fallara pues habrá que considerar el aborto como ultimo recurso ¿Acaso estos jóvenes nos son seres humanos?, ¿son sólo animales instintivos? Muchos padres de familia piensan que los jóvenes “no se pueden aguantar” que son débiles, que no tienen voluntad, que no son capaces, que no pueden controlar sus instintos, que no pueden dominarse a sí mismos. Pero en esto hay contradicción, pues por otra parte sí se cree posible que los jóvenes sean capaces de someterse a grandes y difíciles disciplinas cuando se trata de algún deporte, arrastrando grandes privaciones y sacrificios; también se cree muy posible que los jóvenes puedan someterse al régimen disciplinario de una dieta rigurosa para tener una figura esbelta. Para muchos jóvenes y algunos adultos hablar de abstinencia en las relaciones sexuales es pedir un imposible. Cuando se trata del dominio de sí mismo, controlando sus impulsos sexuales para cuidar su salud, su vida, su alma, su tranquilidad espiritual y evitar graves consecuencias y responsabilidades para las que todavía no se tiene la suficiente madurez para enfrentar, entonces sí se piensa que es imposible. Esta mentalidad instintiva, salvaje y antivida desgraciadamente es promovida por grandes y poderosas organizaciones,

por la gran mayoría de los medios masivos de comunicación, por la mayoría de los gobiernos y el colmo es que también por una enorme cantidad de padres de familia, por ignorancia, mala información o negligencia. El medio ambiente inmoral se ha encargado de distorsionar el verdadero sentido de la sexualidad y se han dedicado a promocionar el sexo a diestra y siniestra y hasta llegar a promoverlo como un “derecho humano” de los jóvenes y niños.

Educar la voluntad Los padres de familia, aunque nos duela admitirlo, tenemos gran parte de culpa de esta situación porque no hemos formado un carácter firme y recio en nuestros hijos, no hemos cuidado el formarles una voluntad férrea que sepa enfrentar todos los peligros y amenazas del mundo moderno. Hemos tratado de evitarles las frustraciones, hemos tratado al máximo de no negarles todo lo que piden, hemos querido evitarles todo tipo de esfuerzos y sacrificios y los hemos acostumbrado a no saber esperar para obtener lo que desean. Es decir, no los hemos formado, los hemos “deformado”. Los jóvenes de hoy por lo general obtienen de inmediato lo que quieren y han perdido la capacidad de esperar y postergar los deseos inmediatos y hasta de sacrificarse, trabajar y esforzarse por lograr un bien mejor, un

bien que mejor les convenga según su propia naturaleza y como consecuencia no son capaces de superar el deseo sexual cuando aparece, no se dominan y terminan siendo esclavos del sexo. ¡La buena noticia es que nunca es tarde y no todo está perdido! Tenemos que esforzarnos y poner todo de nuestra inteligencia y voluntad para enderezar los caminos y tratar ya de poner un alto a tan grave problema, pues está en juego el futuro y la vida de nuestros hijos, los cuales no son animales irracionales, poseen inteligencia y voluntad que son capacidades únicas y exclusivas de los seres humanos. Estas capacidades superiores son las que deben regir su actuar, su vida. Nadie puede negar que una persona es mejor cuando tiene dominio sobre sus emociones y no se deja llevar por sus instintos. Esta persona es dueña de sí misma, se ha conquistado, es libre porque no es esclavo de sus impulsos. Debemos enseñar a nuestros jóvenes que del autodominio dependerá el futuro de su vida y del saber dominar sus impulsos sexuales y amar verdaderamente sin egoísmos, dependerá el éxito y la armonía de su futura vida sexual en el matrimonio. La abstinencia sexual es lo que hace una relación sexual más humana y menos instintiva, es poner todas las capacidades de la persona al servicio del verdadero amor, porque se trata del encuentro entre dos personas y no sólo entre dos cuerpos. 6


El amor se demuestra más superando la pura genitalidad, con la ternura, la comprensión, los detalles, el respeto, la comunicación y tantas otras cosas importantes para demostrar cariño. Por eso se dice que «cuan-

do el amor sólo se expresa físicamente pronto se acaba». Debemos esforzarnos por formar bien a nuestros jóvenes, que sepan que es posible dominar sus apetitos sexuales y, además, que es muy necesario porque lo que está en juego es su vida y su tranquilidad espiritual.

¿Sexo seguro? Sólo con abstinencia La promoción de la educación sexual inmoral y hedonista, la promoción del falsamente llamado “sexo seguro”, de acuerdo con las pretensiones de esos intereses bastardos a que

anteriormente hemos hecho referencia, está destruyendo la vida de nuestros hijos, no podemos dejarlos a su suerte, no debemos abandonarlos; ellos nos necesitan, ayudémosles a forjarse una voluntad firme. Ya es hora de que le pongamos fin a esta inmoral, ineficaz y mal llamada “educación”. Ya desde hace tiempo que muchos países –incluso en los Estados Unidos, tan inclinados al libertinaje moral–, han descubierto que la educación para la abstinencia sexual es el método más eficaz para disuadir a la juventud de involucrarse en las relaciones sexuales antes del matrimonio y de evitar un sinnúmero de problemas que acarrea la promiscuidad sexual de sus jóvenes. Estos programas no solo son útiles para reducir los embarazos, los abortos y las enfermedades de transmisión sexual por medio de la disminución de la actividad sexual de los adolescentes, sino que también proporcionan una sólida formación moral y de esa manera preparan a nuestros hijos para la futura vida familiar. Estas son las clases de programa que la mayoría de los padres quieren y apoyan –no el fracasado y erróneo mensaje del “sexo seguro”, el cual es intrínsecamente inseguro.

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L

a formación de los jóvenes en la adolescencia tiene una gran trascendencia para su vida futura, por esta razón los padres debemos hacer un gran esfuerzo para dirigirles en este período tan difícil. La adolescencia es la primavera de la vida, tiene grandes riquezas, pero también es un período de inestabilidad y de desequilibrio en que el joven no goza ya de la feliz despreocupación de la infancia, pero tampoco posee todavía de manera plena la ca-

pacidad de análisis, reflexión y, sobre todo, la madurez de un adulto. Es verdaderamente una persona en formación. En este período la intervención del educador es tan necesaria como difícil. El adolescente tiene una gran fragilidad porque, por su necesidad de autoafirmación y de independencia, tiende a alejarse de sus padres y se acerca a otras influencias que pueden afectarle; es por eso que los progenitores tenemos que poner todas nuestras capacidades y empeño por acercarnos a ellos con

los métodos más propicios para orientarles y que por ellos tomen las mejores decisiones para su superación y para evitar que sean afectados por el ambiente negativo que los envuelve.

Principales influencias que reciben los adolescentes Es conveniente ahora, hacer un breve comentario de las principales influencias a que es8


tán sometidos de manera cotidiana: LOS PADRES. Obviamente los padres de familia son la primera y principal influencia que reciben los jóvenes. Aunque aparentemente durante la adolescencia se manifiesta cierto alejamiento con relación a los padres, estos siguen siendo la principal figura de referencia que ellos tienen. Los progenitores amamos mucho a nuestros hijos y deseamos lo mejor para ellos, no queremos que nada malo les pase, queremos que se conviertan en hombres o mujeres de bien y que tengan éxito en su vida. Esa actitud y esos profundos sentimientos en ocasiones nos llevan a cometer algunos errores como los siguientes: 1. Sobreprotección. Hay padres que en su afán de impedir cualquier sufrimiento a sus hijos, procuran eliminar todos los obstáculos que pudieran llegar a enfrentar en la vida, les dan todo lo que piden, satisfacen todos sus caprichos, les conceden una total libertad para hacer o no hacer lo que se les antoje, etcétera. A la larga esto resulta contraproducente y altamente riesgoso para el mismo joven puesto que se acostumbrará a depender de los demás, a exigir sin medida y estará a expensas del medio que lo rodea. En ese sentido, los padres debemos entender que el mejor servicio que le podemos hacer a nuestros hijos no es eliminarles los obstáculos, sino prepararlos

para que ellos, por su propia cuenta y riesgo, los puedan superar. 2. Coartar su libertad. Otros padres hay que se van al extremo contrario, restringen tanto la conducta del adolescente que terminan por aniquilar su libertad. No hay permisos para nada, su círculo de amigos es celosamente restringido y la relación padres e hijos se rige por la amenaza y el castigo. Tarde o temprano este ambiente hostil para el joven terminará por agobiarlo y buscará una salida. Los padres deberíamos entender y trabajar para educar al chico o la chica en el ejercicio responsable de su libertad, pero entendiendo a ésta como la oportunidad personal del sujeto para elegir de entre dos o más bienes aquél que mejor favorezca a su propia perfección. 3. Suponer que con discursos o sermones basta. “Los llevo al catecismo”, “les digo que recen y se porten bien”, “les prohíbo que hagan cosas malas”, “les doy buenos consejos”… y una larga lista de frases por el estilo sirven a muchos padres para justificar su poca preocupación por la formación integral de sus hijos. ¿Con esto ya estamos seguros de que se están formando bien? ¿Qué ejemplo estamos dando con nuestra vida y nuestra forma de actuar? Todos sabemos que el ejemplo es lo más importante en la educación, que la congruencia es vital en el educador. Entonces ¿estamos educando bien a nuestros hijos? Lo cierto es que si el jo-

ven no percibe congruencia entre lo que se le pide que haga y lo que sus propios ascendientes hacen, entonces difícilmente ajustará su conducta a eso que debe ser, a lo correcto. Aquí bien vale recalcar que no bastan las bonitas palabras o los ampulosos discursos, sino que hay que predicar con el ejemplo. LOS AMIGOS. Es ampliamente conocido que la influencia de los amigos en los jóvenes es muy importante, tanto que en muchas ocasiones para tomar una decisión prefieren el consejo de un amigo que el de sus propios padres. El problema aquí es que la mayoría de las ocasiones esos “consejeros” con quienes acuden están tan carentes de información, formación, madurez, experiencia y prudencia como ellos mismos, así que es de esperarse que los resultados de esa toma de decisiones los pueda poner en situacio-

Los padres deben enseñar que la amistad es una forma de amor y que como tal debe procurar el bien para el ser querido o estimado. 9


nes no previstas y hasta desagradables o comprometidas. Aquí es conveniente señalar que el papel que tienen los padres en relación con las amistades de sus hijos es fundamental. Los padres deben enseñarles a distinguir entre lo que es una buena y una mala compañía y enseñarles a valorar en su justa dimensión el valor de la amistad. Mostrarles que ésta es una forma de amor y que como tal debe procurar el bien para el ser querido o estimado sinceramente. Esta tarea debe hacerse desde temprana edad, mucho antes de que el niño entre a la adolescencia, pues en muchas ocasiones en esta etapa sería demasiado tarde, pues es una etapa de conflicto para ellos. LA ESCUELA Y LOS MAESTROS. Si bien es cierto que un buen estudiante, dedicado y responsable en cualquier institución escolar puede aprender los aspectos académicos, lo cierto es que la escuela es una gran puerta que le da acceso al joven a todo un mundo de posibilidades para su vida. Realmente la escuela puede llegar a representar para ellos un segundo hogar. De hecho, pasan casi la tercera parte de su existencia metidos en las aulas y el ambiente estudiantil, de ahí que sea de suma importancia una adecuada selección del lugar al que irán a estudiar nuestros hijos. Para hacer una adecuada selección no basta con analizar los aspectos materiales como la planta física, recursos y equipamiento de la escuela, sino que, entre otras cosas, se deben tomar mucho en cuenta la orientación que tiene, los métodos pedagógicos que utiliza, los valores que privilegian, el ambiente estudiantil que existe. En relación con los maestros, la atención se debe centrar en su personalidad, en los valores que profesan y promueven, su capacidad para transmitir los conocimientos, su preparación y su orientación pedagógica. Es definitivo que algunos maestros se ganan la confianza de nuestros hijos y pueden influir en ellos, si esos maestros son buenos y tienen una verdadera vocación pues nos da una gran tranquilidad, pero, ¿y si no son como deben ser?

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Otras importantes influencias La lectura. Siendo la lectura el principal medio para la cultura es importante que los jóvenes adquieran este valioso hábito, de por sí muy olvidado en nuestros días en que los medios electrónicos acaparan buena parte de su vida. Si tenemos la fortuna de contar con un hijo que sí lee, hay que tener mucho cuidado en la selección de los libros, revistas, diarios, etcétera. Existen muy buenos medios impresos que pueden influir positivamente y aportar un gran beneficio para la educación de nuestros hijos, aunque también los hay malos. Aquí nuestra tarea debe ser la de una vigilancia prudente, y en caso necesario una oportuna intervención para evitar que la mente de nuestros hijo se extravíe; parte de esa intervención exige que haya una excelente comunicación, que se favorezca un clima de confianza mutua, que permita al joven obtener consejo y guía directamente con sus padres, o que en su defecto, estos puedan remitirlo con alguien que le pueda brindar ese apoyo. La música. Muchas veces descuidada por considerarla como un mero pasatiempo o como algo “tan sin chiste”, los padres de familia no atienden a la formación o deformación musical de sus hijos. La música influye en el desarrollo emocional, espiritual y corporal del ser humano. En torno a la música ha-

bría mucho que decir, pero esto escapa a los objetivos del presente trabajo, razón por la cual en esta ocasión sólo hacemos una rápida consideración. Los adolescentes la utilizan como un símbolo de identidad, como una forma de identificarse con los demás, particularmente con su grupo íntimo de iguales, por eso es tan importante para ellos tener la oportunidad de escuchar “su música” (la escuchan desde que se levantan hasta que se acuestan, e incluso muchos de ellos se duermen con ella). Los padres no debemos perder de

La música influye en el desarrollo emocional, espiritual y corporal del ser humano. vista que la influencia de la música va más allá de un simple pasatiempo, y por lo tanto hay que estar preparados para contrarrestar posibles influencias negativas. Entre las cosas sobre las cuales debemos poner especial atención son: 1. Los textos, que pueden contener mensajes de violencia, sexualmente sugestivos o insinuación de uso de drogas, y en el peor de los casos hasta la

promoción abierta a favor del suicidio, la muerte, el satanismo, etcétera; 2. Los efectos emocionales. Está comprobado que la música puede llegar a producir efectos emocionales y modificaciones en la conducta, y es particularmente entre los adolescentes en los que esto resulta más evidente. Cierto tipo de música, principalmente la heavy metal y la rock punky han sido relacionados con pensamientos suicidas, auto daño, abuso de sustancias, falta de respeto a la autoridad; otro tipo de música, aunque aparentemente menos agresiva, pero que se encuentra entre los de mayor consumo por parte de los jóvenes los induce a la promiscuidad sexual, el ausentismo escolar, comportamientos de riesgo, desengaños amorosos, exaltación de la violencia y el narcotráfico, entre otros muchos. Los medios masivos de comunicación. Nos guste o no, hoy en día ejercen una poderosa influencia entre los jóvenes y adultos e inciden en su educación. Para muchos, quizá la mayoría, resulta inconcebible la vida sin televisión, internet, radio, prensa y cine. Evidentemente no podemos vivir de espaldas a la tecnología y negar su influencia, sin embargo de lo que hay que estar muy al pendiente es de evitar que nuestros hijos sean presas conscientes o inconscientes de la masificación y de la pérdida de identidad que son solo dos de los principales peligros a los que se exponen. 11


Los grandes enemigos de nuestro tiempo Finalmente, nos permitimos hacer una breve consideración sobre otros aspectos que están influyendo negativamente en la juventud actual. Es importante saberlo ya que también influyen en los adultos, y si queremos enseñar a nuestros hijos las consecuencias negativas que estos acarrean, es necesario primero que pongamos el ejemplo. Muchos son los errores, ideologías o falsas filosofías a las que se enfrentan los jóvenes de nuestro tiempo y que atentan contra el orden y amenazan con la destrucción de la civilización cristiana-occidental. Ahora nos permitimos hacer un breve comentario en torno a algunas ante las que es imperioso reaccionar de manera inmediata, antes de que nuestros hijos sean absorbidos por su vorágine. EL RELATIVISMO MORAL. Consiste en la postura que afirma que la verdad de todo conocimiento o principio moral depende de las opiniones o circunstancias de las personas. Como las opiniones y las circunstancias son cambiantes, por lo tanto ningún conocimiento o principio moral, es objetivo o universal. Es decir, que ningún conocimiento o principio moral es verdadero, ni válido, que cada quien tiene su verdad. El relativismo se caracteriza por considerar que todas las 12


opiniones en materia de moral gozan del mismo nivel de validez sin importar que algunas de ellas sean contradictorias entre sí. Aquí se confunde el deber de respetar a la persona que opina y su derecho a opinar, con el deber de respetar toda opinión. El relativismo es individualista o subjetivista por naturaleza; esto es, creer que lo que es verdad para mí no necesariamente lo es para ti y viceversa. Esta posiciòn pone énfasis en una presunta “sinceridad” u “honestidad”, es decir lo que importa es la sinceridad subjetivista de la persona y no tanto su conducta. EL HEDONISMO. Enseña que el placer, en especial el corporal y sensible, es el bien supremo del hombre y la última norma de moralidad. Tiene por bueno lo que le causa placer, y por malo lo que le provoca dolor y por lo tanto aconseja dar rienda suelta a todos los instintos y pasiones. El hedonismo desconoce la verdadera naturaleza del hombre: 1) El hombre no es puramente animal, sino animal racional y la razón debe dirigirlo, su bien supremo no puede ser el deleite corporal, ni la norma suprema de su conducta, la satisfacción de la animalidad. 2) El instinto no puede ser norma suprema de conducta. El instinto es ciego y fatal, como se ve en los animales; y no es posible que una criatura libre e inteligente, dueña y responsable de sus actos tengan como norma de conducta un instinto ciego y fatal.

De acuerdo con esta ideología la felicidad se alcanza en el placer, por lo tanto “todo se vale” en el ámbito sexual, pues los jóvenes tienen sexo antes del matrimonio y también después del matrimonio tienen relaciones adúlteras. Y la castidad y la virginidad ya son obsoletas, pasadas de moda, son “prejuicios”. Con la misma sofística argumentación, se justifica y aprueba la pornografía. La mesa está puesta para que personas sin escrúpulos hagan el gran nego-

De acuerdo con la mentalidad moderna, la clave de la felicidad está en el placer... cio y han inundado la sociedad de pornografía afectando principalmente a nuestros jóvenes que son fácil presa de estos corruptores. Por otra parte, no debemos olvidar que la llamada educación sexual que ahora se pretende impartir de forma obligatoria aún en el nivel preescolar es altamente riesgosa, sobre todo si se toma en cuenta la falta de sentido ético y su limitación a los aspectos biológicos. De acuerdo con esta postura tampoco es de extrañar que como parte de la información que se le proponga a los

jóvenes se les afirme que la masturbación no es pecaminosa o inmoral, sino algo natural y necesario para el desarrollo físico y emocional o que el placer sexual fuera del matrimonio es válido, que la homosexualidad es algo “normal y aceptable” y que lo que antes se llamaban perversiones sexuales por “prejuicios” también son “aceptables” y hasta que los jóvenes tienen “derecho al sexo”. Se promueve descaradamente el homosexualismo como un “derecho humano” y legalmente se promueven leyes contra la “discriminación”, en algunos países se han legalizado los “matrimonios” entre homosexuales, incluso con el derecho de adopción. Este atentado contra el matrimonio y la familia se promueve por asociaciones internacionales y el plan es que en todos los países se realice. EL MATERIALISMO. Afirma que “todo es materia” y además que todo se origina en la materia. Niega los valores del espíritu y al espíritu mismo. Lo material es lo importante, lo único. El hombre moderno impregnado de materialismo le da valor principalmente a lo material, a lo económico, “tanto tienes tanto vales”. Los valores económicos rigen su vida. Es más importante “tener” que “ser”. EL CONSUMISMO. Un vicio muy arraigado en la actualidad, resultante del materialismo, que lleva al hombre a buscar la satisfacción de todos los 13


caprichos, de poseer todo lo que está a su alcance y que no distingue entre lo que realmente necesita y lo que es una necesidad superflua. El consumismo se refiere a la compra compulsiva de cosas que no son necesarios para llevar un nivel de vida decorosa. El consumo se ve impelido por la publicidad, la moda, la presión social, etcétera. Este problema se encuentra profundamente enraizado en la mentalidad del hombre moderno y, los jóvenes, se encuentran entre las principales víctimas. EL ANTIVITALISMO. Empezando por el anticoncepcionismo y hasta las ideas eugenistas y a favor de la eutanasia, en el hombre moderno ha enraizado una serie de posturas anti vida que atentan contra el orden establecido por Dios… Aunque esta práctica no es realmente nueva, en la actualidad está haciendo mucho daño. Las consecuencia del control artificial de la natalidad han aumentado notablemente la corrupción de las costumbres y ha convertido a la mujer en un simple instrumento de placer y además ha deformado la mentalidad de los padres en cuanto a los hijos, ya no son “una bendición de Dios”, sino “una carga” que hay que evitar. Al extremo que muchas madres han asesinado a sus hijos, no solamente con el aborto, sino ya nacidos y algunos ya creciditos. Millones de niños son asesinados por el aborto, que ya se

considera como parte del control de la natalidad (la última opción). Finalmente, ya aceptada una conciencia antivitalista, no importa que el hombre decida el momento en que termine con su propia existencia… Como consecuencia de la confusión que impera en el medio ambiente y de una deficiente educación moral, los jóvenes no encuentran sentido a la vida, el dolor, el sacrificio y el esfuerzo no tienen sentido y son “insoportables”, los jóvenes se acercan a actividades nocivas, autodestructivas, drogas y alcohol como una forma de evasión, pero

esto agrava la situación y buscan la salida del suicidio, fenómeno que alarmantemente está incrementándose y es necesario tomarlo en cuenta. Si tu hijo tiene algún síntoma de este problema, atiéndelo, tómalo en cuenta, acércate a él y si es necesario llévalo con un especialista, si no lo haces podrías arrepentirte.

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M

ucho se ha dicho que la familia es el primer centro formador de los hijos y que es ahí en donde se deben inculcar inicialmente los más elevados principios y valores de vida, tales como el amor a Dios y a la Patria, el respeto a la ley y al prójimo; es en el seno familiar en donde los valores de honradez, disciplina, tolerancia, concordia, amistad, etcétera, deben reflejarse no sólo como algo deseable sino como una forma de vida, que se tra-

duzcan en grandes ideales, que impulsen a la superación auténtica del hombre y no al desperdicio de sus aptitudes en la búsqueda equivocada de satisfactores. Por supuesto, esa tarea que deben emprender los padres ha de continuarse en la escuela, como prolongación necesaria del hogar, para reforzar a los nuevos ciudadanos para hacer frente a las exigencias de su vida estudiantil, profesional, laboral y, en general, de la convivencia humana. Es principalmente en las instituciones educativas –públicas

y privadas– en donde los niños y jóvenes deben adquirir las competencias necesarias para triunfar en la vida, sin perder de vista las enseñanzas adquiridas en la familia. También se ha dicho reiteradamente que el Estado, como partícipe de la labor formativa de las nuevas generaciones, debe procurar todos los elementos necesarios para que la sociedad tenga las oportunidades de formación suficientes y de calidad. Sí, se ha dicho muchas veces y se dice fácil, pero desafortunadamente entre el dicho y el 15


hecho, como reza el refrán, hay mucho trecho… y en este caso un trecho que parece insalvable. Esto debido a que, no cabe la menor duda, ¡el mundo está de cabeza!

Sociedad resquebrajada El mundo moderno, a pesar de los grandes avances registrados en materia de ciencia y tecnología, se ha debilitado profundamente producto de la pérdida de la capacidad para compartir; en su búsqueda por encontrar la felicidad en la riqueza material, pero sin el seguro asidero que representa la moral, se hundió en el egoísmo y en la miseria espiritual. De lo anterior hay muestra palpable, basta mirar atentamente en torno a nosotros y darnos cuenta de que hay muchas cosas que no andan bien; que no andan conforme lo dicta la recta razón y el orden debido. Por ejemplo: Es evidente que en nuestros días campea una escandalosa criminalidad que ha venido minando las bases de la convivencia social. Todo parece seguir un derrotero único –orquestado por quién sabe que maquiavélicas mentes a las que sólo les interesa el poder, el dominio del mundo, dirán algunos– que conduce a la disgregación social, pero que afecta primariamente a la familia que, como apuntábamos al principio de este escrito, es en donde el hombre debiera adquirir el

sólido bagaje de valores que le permita ser bueno, que ame la verdad, que busque la belleza y que aspire a la trascendencia. En primer lugar debemos señalar que la convivencia social se ve atormentada por una concepción hedonista de la vida, según la cual lo más importante es vivir y disfrutar el presente, sin preocuparse ni ocuparse en el futuro o en la trascendencia: por ello es que el pudor ha sido desterrado de las conciencias y no es más que un recuerdo de tiempos idos, en los cuales la mujer no era utilizada como objeto de placer y promotora del consumo, tal y como es hoy en día.

Por ese mismo afán hedonista de enfrentar la existencia es que el respeto debido de las generaciones jóvenes hacia sus mayores es una cosa también rechazada y menospreciada, como una clara muestra de repulsa a todo tipo de imposiciones, de rechazo a la autoridad, de rompimiento con el orden debido, que no es otra cosa que un remedo del grito engendrado por la soberbia del Maligno, que rechazó la obra del Creador con su «¡Non Serviam!» Como pensados para un argumento de película hollywodesca –o quizá tomado de un guión ya existente–, hay otros muchos aspectos que nos presentan una sociedad fracturada, debilitada en sus cimientos: El dinero y el vicio son los dioses a los que la mayoría les rinden pleitesía. Y por el dinero y el placer, el hombre degradado es capaz de hacer de la corrupción, el vicio, la inmoralidad y la mentira una forma exitosa de vida, y lo que es peor, hasta como una forma ejemplar de vida para muchos que se dejan seducir por el brillo de sus candiles. Por ejemplo, el narcotráfico, en todas sus expresiones –desde el oscuro mundo del cultivo, procesamiento y distribución por las grandes mafias, y hasta el llamado narcomenudeo, que se ha posesionado de nuestros barrios– ha hecho presa a la sociedad en su conjunto, pero principalmente a los jóvenes que buscan las drogas como una alternativa para llenar los vacíos existenciales que 16


les lastiman diariamente. Aquí habría que señalar que tanto los grandes capos de las drogas como los peones de la faena de la venta al consumidor, son copartícipes de la degradación de la sociedad, de la perversión de las mentes y, en última instancia, instigadores de un gran suicidio colectivo de los miembros más valiosos para la sociedad actual y la del futuro: sus jóvenes. A ú n cuando las autoridades responsables de combatir estos flagelos sociales han logrado importantes avances, lo cierto es que se han visto rebasadas, sobre todo porque nuestra sociedad ya no es una sociedad comprometida con el bien común, sino que es egoísta, que sólo se preocupa cuando el mal endémico ya está dentro de su hogar, pero que antes no hace nada por prevenirlo, por combatirlo o rechazarlo.

El morbo desatado Producto de un casi permanente bombardeo a través de los medios masivos de comunicación, la sociedad en su conjunto también se ve violada en sus con-

ciencias: ahora vive y sueña morbosamente; vive y sueña con el escándalo. Ama, ríe, sufre y llora según aquello que acapara

aquello que es a todas luces condenable, termina por ser considerado como algo común, tan común que muchos ya lo perciben como si fuera normal, y en no

pocos casos como algo deseable.

la atención de las grandes masas; y lo que motiva a las grandes masas es la desvergüenza y la deshonestidad públicas. Por eso es que los medios, principalmente la televisión, exalta los hechos delictivos como una forma de acaparar el «rating»; entre más cruel sea un crimen, mayor cobertura recibe y se le repite hasta el hartazgo; mientras más descarados sean los escándalos de los famosos, son más difundidos y sus actores adquieren notoriedad, con lo que implícitamente se inculca en las mentes infantiles y adolescentes que ese es el camino para la fama, la riqueza y la gran vida. Pero lo peor es que de tanta insistencia

Contra la vida y la naturaleza humana Por si fuera poca muestra del mundo de cabeza en que vivimos, ahora resulta que a oscuros intereses (algunos disfrazados con el colorido del arco iris) les ha dado por exaltar la cultura de la antivida y las desviaciones contranatura, las cuales cada día ganan más y más adeptos. Ya no resulta novedoso ni a muchos causa escándalo, por frecuente, afirmar que a diario aumentan los partidarios del aborto, de la eutanasia, de la eugenesia y las manipulaciones genéticas, quienes procuran jus17


tificarse bajo el «santo» nombre de la «libertad individual», pero que en resumidas cuentas se reduce al poco edificante título de matar a seres humanos, ya sea por razones de índole estadístico y de control demográfico, ya sea por razones de simple «conciencia» humana o científica. En torno al tema se han desatado frecuentes y enconados debates, en los que se ha evidenciado que grandes sectores de la opinión pública se han inclinado a favor de estas prácticas anti vitalistas. Por otra parte, es evidente que la homosexualidad y el lesbianismo han adquirido un importante posicionamiento gracias a costosísimas campañas y un activismo sin descanso por parte de sus apologistas incrustados en diversos ambientes políticos, sociales y hasta eclesiásticos, quienes han logrado que estas desviaciones no sean ya consideradas como contrarios a la naturaleza humana y como si profesarlos confiriera más libertad. Al respecto habría que considerar que la actividad sexual con una persona del mismo sexo equivale a pretender anular los designios del Creador en relación con la realidad sexual, así como ir en contra de la necesaria unión complementaria de los sexos con el objeto de transmitir la vida.

Contra corriente Decíamos al iniciar estas consideraciones que el mundo está de cabeza ¿acaso es esta una visión tremendista de nuestra realidad actual? A pesar de que aquí sólo hemos hecho una resumida exposición de algunos aspectos que

afectan a la humanidad de principios de nuestro siglo, seguimos afirmando que buena parte de los problemas por los que atraviesa la sociedad en general, y el hombre en particular, es producto de una desviación del orden natural establecido y querido por Dios, de una equivocada concepción de la vida y la naturaleza humana, y de una pérdida supina de los valores perennes.

Seguramente frente a las afirmaciones que aquí hemos hecho habrá muchos escépticos que, amparados con el relativismo a ultranza que campea en nuestra sociedad tratarán de descalificarlas argumentando que son sólo un punto de vista, y que teniendo ellos su propia verdad, su lectura de los acontecimientos actuales es muy diversa; que hoy más que nunca se vive una era de libertad, de paz y de bienestar. Evidentemente esta reflexión no les está dedicada a ellos, pues todos los argumentos en contrario no les servirían para convencerlos de su error por que sus oídos son sordos y sus palabras necias. Este llamado está dirigido a la gente de bien, que aspira a una mejor sociedad en la que los valores se vivan a plenitud y que se retorne al orden natural. Esta es quizá una dura tarea que implica navegar contra la corriente del mundo actual y contra la cómoda posición del que a nada se compromete; que exige de gente de carácter dispuesta a hacer lo correcto, cueste lo que cueste, y que esté dispuesta a luchar por sus convicciones.

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E

l poeta Jenofonte, nos presenta la siguiente historia de Hércules, el gran semidiós de la mitología griega. Estando silencioso y pensativo Hércules en el cruce de dos caminos, siendo adolescente, se le presentaron dos mujeres. Una de ellas le habló así:


- Comprendo, Hércules, tu angustiosa situación y la duda que tortura tu alma por no saber qué camino elegir. Si quieres elegirme por compañera, yo te conduciré por un camino muy ameno, libre de sufrimientos, y serás dichoso toda tu vida. No tendrás otro cuidado que elegir lo que más te guste de comer y de beber, y aquello que mejor satisfaga tus deseos… entrégate a mí, y disfrutarás de todo goce, sin pena ni trabajo alguno. - Mujer ¿cuál es tu nombre? – preguntó Hércules. - Mis amigos me llaman Felicidad; mis enemigos Vicio. En eso, la otra mujer interrumpió la conversación: Yo no quiero engañarte –dijo a Hércules–, te aseguro que los dioses no dan la felicidad al que no conoce el valor y la pena. Si me sigues, tendrás que trabajar mucho. Si quieres que Grecia enaltezca tus hazañas, haz antes feliz a Grecia. Si quieres ser un guerrero célebre, aprende de los héroes el oficio de las armas. Si quieres robustecer tus músculos, somete tu cuerpo a la razón, acostúmbrate a soportar el trabajo penoso y el dolor. ¿Has oído, Hércules –clamó el vicio– por qué caminos tan duros quiere llevarte esta mujer? Yo, en cambio, te conduciré tan fácilmente a la felicidad… ¡Miserable! –replicó la virtud–, ¿qué felicidad puedes dar tú? ¿Felicidad es acaso lo que tú prometes, la que se gana sin mérito alguno? Tú co-

El adolescente está en una encrucijada… y debe estar preparado para elegir libremente, pero de manera correcta. mes antes de tener hambre, y bebes antes de tener sed, no puedes soportar el verano sin hielo. Tienes sueño, no porque estés fatigada de trabajar, sino porque te has cansado de no hacer nada. Empujas a tus compañeros al amor antes del tiempo oportuno, y deshonras la tierra con la deshonestidad del hombre y la mujer. Acostumbras a tus secuaces a gozar de los placeres por la noche y a dormir durante el día. Aunque eres inmortal, los dioses te apartan de su compañía, y los hombres honrados, te desprecian. Tus jóvenes amigos arruinan su cuerpo, y los más avanzados en edad, también su alma, hartándose de placeres en su juventud, y ahora, en la edad madura, gimen hastiados y oprimidos por el peso de sus pasadas torpezas. Yo, al contrario, vivo al lado de los dioses y de los hombres buenos; sin mi nada digno de alabanza se hace en el mundo. Los dioses y los hombres me honran; los artistas me veneran como su sostén; los padres de familia me admiten como guardián de su hogar. El pan y el vino

tienen un gusto agradable en la boca de los que me siguen, porque no comen ni beben sino cuando lo necesitan. El sueño les es más dulce que a los perezosos, porque no le sacrifican ninguno de sus deberes. Son estimados de sus amigos y honrados por su patria, y cuando les llega su última hora, no quedan sepultados en las tinieblas del olvido, sino que su recuerdo vive en el corazón y en los labios de las generaciones futuras. ¡Oh, Hércules, hijo de una raza ilustre, si así procedes, alcanzarás una gloria sin fin…!

En la encrucijada Justo en el cruce de dos caminos, entre la virtud y el vicio, así como en la narración de Jenofonte, el adolescente se enfrenta a esta encrucijada… y debe estar preparado para elegir libremente, pero de manera correcta. Este mensaje está dirigido a ti padre de familia, sobre quien descansa la responsabilidad de formar a tus hijos, para ayudarlos a salir bien librados de esta etapa tan complicada de su desarrollo físico, mental y espiritual. Recordemos que la educación es la primaria obligación que tiene la familia. Por un momento pongámonos en el sitio de ese chico, tu hijo adolescente: Desde los trece o catorce años –y en muchos casos desde un poco antes– empezó a sentir cosas “extrañas” y extraordinarias: Nuevas ideas, nuevas fuer20


zas, nuevas sensaciones y deseos jamás experimentados empezaron a brotar, a veces de manera incontrolable. Tanto en el aspecto físico como en el espiritual inició su transformación a grandes pasos. Esta importante transformación afecta a prácticamente todos y cada una de las fibras de su ser. Medio desconcertado, confuso, contempla con turbación lo que le está sucediendo. De repente su cuerpo crece, sus miembros se alargan, en ocasiones hasta hacerlo parecer deforme –o por lo menos esa es una percepción muy común entre los chicos de su edad–. Pronto empezarán a aparecer en su rostro las huellas evidentes de que ya no es el rapazuelo que gustaba hace poco de jugar sencillamente: un incipiente bigotillo, la aparición de barros y espinillas… y luego la voz empieza a enronquecer… su corazón, los pulmones, el cerebro, el sistema nervioso se fortifican… y todo esto a una velocidad vertiginosa, tan vertiginosa que parece una revolución anárquica. Y sin embargo todo eso es normal, forma parte del proceso de maduración natural del ser humano. Por otra parte, en esta misma época se presentan cambios en el orden psíquico que se manifiesta en contrastantes estados de ánimo: ahora alegres y en unos momentos tristes; en ocasiones deseosos de emprender grandes hazañas y conquistar el heroísmo; en otros caprichosos, egoístas y vanidosos. Ese muchacho, es tu hijo, y “eso” es lo que le está suce-

diendo. Si para ti, que ya en alguna ocasión debiste pasar por un proceso similar te resulta difícil de comprender y asimilar, imagínate qué tan problemática podrá ser para él, que ni experiencia ni conocimiento tiene al respecto.

Lejos de casa Lo más común es que al mismo tiempo que se presenta la etapa de la adolescencia los muchachos estén incorporándose también a los estudios de educación media; ésta es para ellos una doble carga. Obviamente el incursionar en un nivel diferente y con nuevas responsabilidades a las que eran cotidianas durante la primaria es para ellos un poderoso atractivo.

Edad Ingrata No te extrañe, amigo mío, que en esta época tengas que

El amor, si se ejerce a su debido tiempo y lugar, no sólo no es ningún pecado, sino que constituye uno de los más hermosos dones de la sabiduría y bondad divinas.

sufrir a un hijo que además de ser un malagradecido, posea alguna de estas características: Rechazo a la autoridad, con fiebre de murmurar y de contestar altaneramente. Un chamaco que se siente “tan hombre” que asume una actitud retadora y adopta modelos que considera representativos… tal y como ha visto en muchas ocasiones a través de los medios masivos de comunicación que son los “hombres verdaderos”, los cuales, según esta nefasta influencia, deben vivir derrochando, bebiendo, fumando, vagando, etcétera. ¡Cuántos sin saber lo que hacen realmente, malbaratan irremediablemente este periodo tan importante de su existencia! En esta etapa de la vida, se alejan primero poco a poco y luego de manera fulminante del seno que durante toda su vida previa les sirvió de cobijo y apoyo. Se olvidan de sus padres y muchos de ellos hasta manifiestan estar más a gusto con sus amigos que con su propia familia. Cierto. ¡Esta edad es tan ingrata!

El poder del amor Por si lo antes dicho fuera poco, en ese despertar a la naturaleza adolescente se desbordan las pasiones: El “instinto sexual”, cuya existencia hasta hace poco él ignoraba, se despierta y lo inquieta. Apenas ahora empieza a notar las diferencias entre los dos sexos. Antes jugaba con las ni21


ñas, les jalaba del pelo, las hacía renegar y gritar, y ello le causaba mucha risa. Pero ahora su mirada hacia ellas es diferente: ¿Has notado que trata de aparecer ante ellas como un sujeto amable, simpático e inteligente? Poco tarda en querer arreglarse con esmero para tener buena presentación y verse “guapo” porque aparece “el primer amor”. Muchos padres, en estas circunstancias, se escandalizan y ponen el grito en el cielo porque él “¡es tan pequeñito!”… Aunque, siendo sinceros, esto es tan natural que no hay nada malo en ello, sucede tarde o temprano. Todo ello está contemplado dentro de los planes de Creador. La natural inclinación del hombre hacia la mujer es muestra de la gran sabiduría de Dios que la ha dictado como ley natural, para que conforme a su naturaleza el hombre cumpla con su misión de conservar y acrecentar la humanidad. El amor, si se ejerce a su debido tiempo y lugar, no sólo no es ninguna falta, sino que constituye uno de los más hermosos dones de la sabiduría y bondad de Dios. En cambio, de lo que sí debes estar al cuidado es que ese amor no se desordene. Recuerda que la voluntad de Dios prohíbe satisfacer esos instintos de manera desordenada, y mucho menos antinatural.

¿Qué hacer? A estas alturas posiblemen-

La voluntad de Dios prohíbe satisfacer los instintos de manera desordenada, y mucho menos antinatural. te estarás urgiéndome a que te ofrezca una alternativa para solucionar este “gran problema”. Pues bien, lamento decirte que la cosa no es tan fácil; no existe una varita de virtud que con un simple movimiento deje las cosas solucionadas. Lo que sí te puedo ofrecer, amigo padre de familia, es que tomes mucho en cuenta los siguientes consejos, los cuales ni siquiera han sido

pensados por quien esto escribe, sino que en mucho son fruto de la experiencia de las generaciones que nos han antecedido. 1. Acompáñalo discretamente y ayúdalo a tomar una buena decisión para elegir entre los dos caminos que se le presentan en la encrucijada: entre el vicio y la virtud. Para ello no pierdas de vista que un camino es engañoso y traicionero; y 22


el otro, el camino seguro a la virtud, exige trabajo, constancia y fortaleza. 2. Sé prudente y bríndale tu confianza, pues si no la encuentra en ti, seguramente la buscará en otro. ¡Qué feliz es el que se encuentra entonces con un guía sabio y maduro, a quien pueda confiar con plena confianza todas sus dificultades! y ¡qué desdichado, por el contrario, es aquel que ha de confiar sus angustiosos problemas a la crueldad de un mal consejero! 3. Compréndelo, en estos momentos de su vida eres muy necesario para él, aunque él no encuentra la forma de hacértelo saber. Apóyalo y motívalo en la formación de su personalidad: que eduque su carácter y controle su temperamento. En

esta tarea no lo dejes solo, ayúdalo a comprenderse. Recuerda que aquel que en su juventud tuvo a raya sus pasiones, después será un hombre de carácter. 4. Ayúdale a determinar sus objetivos en la vida, pero no se los impongas. Déjalo elegir libremente, porque sólo de él dependerá el éxito o fracaso; hay que impulsarlos a aspirar por ideales elevados. 5. Ámalo profundamente, y por amor y con amor corrígelo si es necesario, pero nunca atentes contra su dignidad. Es cierto que el adolescente debe aprender a obedecer, pero también lo es que quien manda debe hacerlo con autoridad, seriedad y respeto. Las órdenes deben

ser claras, breves y precisas, sin pedir nada imposible o excesivamente difícil. 6. Recuerda que la adolescencia, al mismo tiempo que es una etapa de grandes peligros, lo es también de grandes oportunidades. Esta es la edad del compañerismo franco y leal, pero si no se pone atención este sentimiento noble puede desviarse. 7. Finalmente, recupera para él y para la sociedad el misterioso tesoro de la castidad, según el cual el sexo es hermoso, pero sólo cuando sirve para el perfeccionamiento espiritual del hombre, y esto sólo se logra en concordancia con el fin para el cual fue designado por el Creador.

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N

o hay padre ni madre que no sienta el corazón oprimido, angustiado, al pensar en el matrimonio de sus hijos, pero (por desgracia) hay muchos que se limitan a mitigar este sentimiento de angustia esperando que sus vástagos tengan «buena suerte» en su enlace y no procuran garantizar –con la adecuada y sistemática educación de sus hijos– el éxito del futuro matrimonio. Así como es fundamental la formación para poner a los jóvenes en condición de asumir responsablemente un oficio o profesión y así lograr el éxito laboral, de la misma manera debería contemplarse la necesidad de educarlos para el éxito personal, incluyendo en éste el aspecto matrimonial. Sí. Es necesario educar para una vida matrimonial exitosa y feliz, y es precisamente en ésta en la que fallamos muchos padres. En el presente trabajo nos proponemos reflexionar en torno a algunas líneas generales que pudieran ayudar a los padres de familia a retomar esta importante labor pedagógica, que al no encontrarse en las aulas escolares, debería impulsarse al interior del propio hogar, teniendo como principales maestros a los progenitores, que por otra parte, han tenido ya la experiencia

necesaria para poder hablar con autoridad sobre el tema. En primer lugar, habría que decir que la felicidad de la vida matrimonial debe tener una preparación remota y otra cercana.

Preparación remota Esta preparación es la que se debe recibir desde las primeras etapas de la vida. Entre estos preparativos destacan tres ideales que son imprescindibles:

Es necesario educar para una vida matrimonial exitosa y feliz

La autodisciplina, la sencillez y la pureza. LA AUTODISCIPLINA. La vida matrimonial es vida en común y ésta no puede concebirse sin autodisciplina, sin espíritu de comprensión y de indulgencia. La vida común exige mucha paciencia, mucho espíritu de perdón y un gran dominio de sí mismos. Cuando se habla de autodisciplina para la vida conyugal se hace referencia a la necesaria regulación voluntaria de las pasiones; el dominio del espíritu sobre la carne, y esto sólo se logra poseyendo un carácter firme. Ahora bien, el modelado del carácter se empieza desde edades tempranas del desarrollo de la personalidad, mediante un ejercicio inteligente de todas las capacidades humanas, 25


pero principalmente de la voluntad. En esta tarea de formación, la familia juega un rol fundamental; los padres de familia deben empezar a trabajar desde temprana edad en el ejercicio de la voluntad de sus hijos. Por otra parte, en el matrimonio se debe impedir que el egoísmo se adueñe de alguno de los consortes, pues quien se busca a sí mismo en el matrimonio, quien busca su propio interés, sus propias ventajas, su propia felicidad, no tiene una vida conyugal feliz; siempre le acecha la tentación de no ver en su consorte más que un objeto de placer, un instrumento con que asegurar los propios goces. El fundamento de la armonía en la vida matrimonial es mirar al consorte como una persona; es decir, hay que casarse no para hacerse feliz, sino para hacer feliz a otra persona y precisamente así lograr también la propia felicidad. LA SENCILLEZ. También es muy importante educar a nuestros hijos en la sencillez, en la modestia, en la moderación de pretensiones. En la actualidad muchos de los problemas de la vida matrimonial se atribuyen a cuestiones de índole económica, pero en la realidad no es así. Más bien debería decirse que muchos de los problemas de pareja tienen su origen en las pretensiones excesivas, muchas veces carentes de proporción, producto de una concepción de la vida consumista, según la cual las personas son apreciadas por lo que posean, o parezcan poseer. Si los jóvenes, tanto el hombre como la mujer, amaran

la sencillez de vida, si fueran modestos y laboriosos, esas cosas serían fácilmente superadas. Por ejemplo, si la joven esposa es amante del hogar, si a su preparación o inteligencia une grandes bríos de trabajo, gusto exquisito y espíritu de economía, la casa marchará bien sin importar los ingresos. En cambio, las jóvenes vanidosas, frívolas, amantes de la comodidad, del placer y de la «buena vida» no son candidatas propicias para que un joven piense en ellas para algo tan serio como el matrimonio. Un escritor italiano escribió algo muy ilustrativo de las muchachas

Hay que casarse no para hacerse feliz, sino para hacer feliz a otra persona... asemejándolas con los diversos relojes: «Las muchachas a la moda, muy vestidas son como el reloj de la torre: todos lo miran pero nadie alarga la mano para tomarlo». De alguna manera esto mismo podemos decir de los varones pretensiosos, amantes de lo superfluo y frívolo. Podrían pasar por buenos candidatos para pasar un buen rato, pero no para compartir la vida. Todo lo contrario sucede con los jóvenes que desde temprana edad dan muestra de sencillez, entereza y laboriosidad. Los hijos educados en la modestia y la sencillez serán

consortes felices, aún en circunstancias de vida sencilla. LA PUREZA. Cuidar la pureza de los jóvenes debería también ser una de las tareas primarias de los padres de familia. Una juventud pura, continente, casta, es la mejor preparación y la dote más valiosa para un matrimonio feliz. Desafortunadamente este valor ha sido uno de los más atacados por la contracultura hedonista prevaleciente en nuestros días, sobre todo proponiendo como modelo a seguir una vida libertina, incontinente e irreverente hacia todo lo que signifique la pureza y virginidad de los y las jóvenes. Sin embargo, es prudente aclarar que la pureza moral es una perfección humana a la que deberían aspirar los jóvenes, pues entre otras cosas le ayudaría a robustecer la voluntad, proporcionándole también la disciplina que le será necesaria en la vida conyugal. LOS DEBERES DE LOS PADRES. En cuanto a los deberes que tienen los padres en esta preparación remota es conveniente recordar que es a ellos a quienes corresponde primariamente la enseñanza de estas virtudes. Principalmente en la etapa de la adolescencia en la que los muchachos y muchachas notan en sí fenómenos de vida desconocidos ¿quién va a orientarlos en estos años confusos? ¿Quién los ayudará a comprenderse a sí mismos y comprender aquellas misteriosas transformaciones corporales y espirituales, que han de experimentar por voluntad del 26


Creador, en estos años de desarrollo? Evidentemente, éste es un deber de los padres. ¿Quién sino la madre va a explicar a aquella chica el nuevo fenómeno natural (la menstruación) que su desarrollo femenino lleva consigo y el cual deberá aceptarse con tranquilidad y emoción santa? ¿Quién va a decir al adolescente cómo ha de pensar y comportarse respecto de los miembros del otro sexo sino el padre o la madre? Son los padres quienes han de sembrar en el alma de sus hijos aquella simiente de la cual brote el aprecio ideal del otro sexo, su respeto caballeroso, su delicadeza, su atención, su fino comportamiento. En este punto no basta estar informados, sino que se necesita tener la voluntad firme para conducir por el buen sendero a los hijos. Han de estar al lado de sus hijos y los han de enseñar a aprovechar todos los medios naturales y sobrenaturales que pueden serles útiles para guardar una vida continente, para conservar la juventud pura. Son importantes los medios naturales, cómo, por ejemplo, ennoblecer los sentimientos, robustecer con mesura el cuerpo, estar constantemente ocupados, vigorizar la voluntad.

Una juventud pura es la mejor preparación y la dote más valiosa para un matrimonio feliz. Pero estos medios no son suficientes, se necesitan los medios sobrenaturales, la frecuencia de sacramentos y una vida profundamente religiosa. «¡Oh, Dios, amor mío, enciéndeme a mí. Tú nos mandas la continencia: concédenos lo que mandas y manda lo que quieras!» (San Agustín). Enseñemos a nuestros hijos a creer y confiar que es posible conservar una perfecta pureza moral hasta el altar nupcial, sencillamente porque la exige aquel Dios, que conoce la naturaleza humana, los instintos, los deseos, pero conoce también la voluntad humana y la fuerza de la gracia sobrenatural. No olvidemos que alcanzará la verdadera libertad quien sepa hacerse libre aun de las exigencias ciegas de los instintos. Es incalculable la fuerza que el joven sentirá en la lucha por la pureza, si logramos que se plantee la cuestión de esta manera: he de luchar para saborear la alegría de la victoria, he de romper las cadenas de esclavitud con que me atan los deseos pecaminosos, he de lanzarme con raudo vuelo a la libertad de la vida pura. 27


Preparación próxima Ésta ya no es incumbencia directa de los padres, sino de los mismos jóvenes, ayudados por el recto sentido del noviazgo, que sus progenitores les inculcaron. En relación con el noviazgo, habría que recalcar que su finalidad básica es la de preparación para el matrimonio y por lo tanto exige una elevada consideración. No es, como muchos jóvenes creen hoy en día, el tiempo de la embriaguez, del soñar exaltado, de la vida color de rosa, sino que es una importante etapa de la vida que se significa por el examen de las características personales de la pareja y de sí mismo. La premisa sobre la cual debería basarse el noviazgo es la siguiente: «Voy a fundar un hogar, una familia». A partir de esa idea central es que los jóvenes deben realizar un profundo examen personal y de su pareja. Si bien es cierto que en nuestros días, muchas de las funciones y deberes familiares son compartidas por hombre y mujeres, también es cierto que a cada uno de los sexos, de manera natural y por sentido común, le pertenecen casi de manera exclusiva. El varón no puede dejar de reflexionar en que la vida conyugal va más allá de la recámara; su responsabilidad es brindar el sustento de la esposa y los hijos, y que esto en la práctica no resulta sencillo, ni aún para aquellos que ya poseen algún capital.

Debe convencerse y aceptar que la vida matrimonial obliga a renunciar a muchas cosas, empezando por la idea del provecho o satisfacción personal, sino que debe pensar en función de una familia, y de que todos los esfuerzos y trabajos, deben estar orientados por esa idea. Por su parte, la joven, debe considerar que la vida matrimonial no es como un cuento de hadas, en el que todas las necesidades están plenamente satisfechas, sino que la felicidad de la vida matrimonial exigirá de ella, una dedicación total al mantenimiento del hogar y la educación de los hijos. Durante el noviazgo la joven deberá hacerse serena y sinceramente preguntas como las siguientes: ¿Podré ser buena esposa,

buena madre, buena ama de casa? ¿Hay en mi, fidelidad y amor, espíritu de sacrificio y brío de trabajo, energía y paciencia, profundidad y amor de Dios suficientes para cumplir este triple y difícil deber: esposa-madreama de casa? ¿Es mayor mi cariño que mi vanidad? ¿El amor al hogar que el deseo de lucirme? Y ambos, tanto el varón como la mujer deberán cuestionarse si su pareja posee las características necesarias para formar un hogar. En esto último bien valdría que sea la razón, y no la pasión, la que ayude a los jóvenes a tomar una decisión final. Quien no realice este tipo de examen, está apostando a la incertidumbre y en consecuencia 28


se lanza a una empresa tremenda de la cual no se sabe qué esperar.

Matrimonios fracasados Una última consideración es en torno a los matrimonios desgraciados. Aunque las causas de un matrimonio mal avenido son múltiples, parece que en general tienen su raíz en un mal noviazgo. Hoy en día bastantes parejas suelen caer en algunos errores, dentro del noviazgo, porque tratan de imitar a otros o simplemente porque siguen los patrones de noviazgo que han conocido. Así pues, se justifican diciendo «como todos lo hacen, nosotros también lo hacemos», «me lo aconsejó mi amigo(a)», «lo leí en una revista», «lo vi en una película», etc.. Estos argumentos están fundamentados en los siguientes errores: • Pensar que el noviazgo es un juego y pasatiempo: se pierde el tiempo inútilmente en conversaciones superficiales y vanas. • Considerar el noviazgo como una aventura. En algunas películas o programas de televisión muestran al noviazgo como una aventura llena de diversiones y muchos jóvenes suelen creer que el noviazgo es como el que solemos ver en la pantalla. • Ver el noviazgo como «matrimonio a prueba» esto es, vivir como esposos. Se

prueba para ver si les gusta o no. El noviazgo no incluye ni las responsabilidades ni las muestras de cariño que incluye un matrimonio. • Tomar el noviazgo como un refugio emotivo. Consiste en buscar una compañía porque uno de los dos se encuentra deprimido o solo. Son personas con muchas necesidades afectivas. • Los novios que desean casarse, porque ya es el paso siguiente, por buscar el dinero del otro o bien por querer salir de casa de sus padres, ya que la convivencia con ellos es difícil. • Precipitación. Cuando el matrimonio se contrajo precipitadamente, sin meditación y sin siquiera conocer a fondo a la persona con que se contrae el sagrado e indisoluble vínculo matrimonial. Es común que esto se presente cuando los novios se conforman con un conocimiento superficial de la otra persona; no conocen el temperamento de la otra parte, ni su criterio respecto

de la vida, ni sus inclinaciones, ni sus defectos, ni sus planes... • «Prueba de amor». Buena parte del fracaso de los matrimonios entre jóvenes se puede atribuir a la falta de respeto y continencia entre los jóvenes durante el noviazgo. Alucinados por una insistente campaña que promueve la promiscuidad sexual, fácilmente ceden a los impulsos de la carne, exigiendo y otorgando una prueba de amor consistente en la entrega corporal. Lo más lamentable del caso es que no sólo se ve afectado el aspecto corporal, sino principalmente el espiritual, perdiéndose el mutuo respeto, lo cual tarde o temprano se verá reflejado en la relación conyugal. Así pues, bien harían los jóvenes y los padres de familia, de tener en cuenta algunas de las cosas que aquí hemos mencionado.

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Alegoría de la castidad, en los frescos de Giotto en la Basílica de San Francisco, Asís.

El valor de la castidad Por Daniel Aceves Rodríguez

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esde hace ya al gún tiempo, las autoridades religiosas han venido haciendo un llamado a los jóvenes para que vivan en castidad y que no confundan el libertinaje sexual o la llamada libertad hormonal, con

el concepto de amor que promueven algunos grupos. En diferentes sectores de la sociedad han manipulado los términos y han dado una equiparación al término sexo con el de amor, llegando así a confundir a la juventud en sus valores e integridad, ya que por igual llaman amor a

cualquier relación donde el único objetivo es el placer sexual, dejando a la castidad en un concepto de represión, fuera de todo contexto y difícil de cumplir. Ante este llamado, es importante hacer algunas reflexiones sobre esta virtud que debe ser inculcada desde los prime30


ros años de la infancia. Realmente es difícil infundir en nuestros hijos el hábito de la castidad mientras no se explique con claridad por qué es tan importante, sobre todo en este tiempo donde se vive en bombardeo de desinformacion que incita a los jóvenes a “desbordar al máximo todos sus impulsos”, considerando una felicidad basada en el goce de sus deseos, teniendo de paradigmas una equivocada y mal llamada educación sexual, un fácil acceso a la pornografía tanto en la televisión, cine, internet y prensa, pero sobre todo sin una guía clara y entendible que le haga ver la enorme importancia

que tiene para su vida la práctica de una vida virtuosa. Precisamente como una manera de resistir las influencias del ambiente y de los propios anhelos físicos, nuestros hijos necesitan poseer una profunda y vital apreciación del don imponente que Dios les ha conferido: la facultad de crear una vida humana, que es en verdad una cosa maravillosa, un poder sagrado, y el cuerpo que posee este poder debe ser cuidado con esmero. La capacidad de procrear la vida humana es un tesoro más precioso que cualquier joya o bien que jamas uno haya tenido, y si estos últimos son cuidados

con preocupación y esmero, cuánto más este otro debe ser resguardado con mayor cuidado. Se tendrá mas éxito en inculcar la castidad si se subrayan sus valores positivos, en lugar de insistir en los efectos perniciosos que acarrea su trasgresión, sobre todo teniendo en cuenta nuestra naturaleza humana, es generalmente más fácil lograr que nos dirijamos hacia el bien deseado, que apartarnos de algo nocivo, esta actitud aparece aún más marcada en la adolescencia, etapa durante la cual, como se ha comprobado, una vez que el joven encuentra los beneficios de

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una acción, difícilmente se separará del camino que lo lleve a obtener ese fin. Si con la enseñanza y el ejemplo aprendidos desde la casa nuestros hijos practican esta virtud, la mitad de la batalla ya está ganada. Nadie pone en duda el poderoso apremio físico que los jóvenes experimentan, pero por otra parte esta premura no es tan indomable como mucha gente piensa, un joven con un concepto firme en lo que quiere y alejado de los constantes acicates externos puede salir victorioso por un periodo considerablemente largo. No obstante, actúan a veces multitud de pensamientos e insinuaciones y estímulos sexuales introducidos desde fuera, viéndose así obligado a luchar para alejar de sí tales pensamientos. Si es prudente, se apresu-

rará a cambiar el rumbo de su mente tan enérgicamente como pueda. No olvidemos la necesi-

dad de tener la mente juvenil constantemente ocupada, tanto en tareas escolares y domésticas, en el deporte, en alguna actividad física o en la buena lectura. Todo padre de familia debe descubrir diversos recursos y actividades que les absorban en cosas ajenas de ellos mismos, al cual dediquen con gusto parte de su energía física y mental. Es importante que en cada familia, padre y madre se pongan de acuerdo en la forma en que orientarán en este tema a sus hijos; cada uno debe afrontar con enorme empeño el papel que como hombre y mujer tendrán en la formación de sus vástagos al hablarles u orientarlos tanto con el ejemplo como con sus consejos. Así mismo, el buscar actividades o descubrir diversos recursos que en forma de convivencia sana o productiva, vaya absorbiendo de su mente cualquier intención de caer en los “cantos de las sirenas” que tan frecuentemente arrastran a los jóvenes hoy en día. Por supuesto, aparte de lo antes dicho, es importante puntualizar que no hay mejor defensa contra los enemigos de la castidad que aquella que se encuentra en el orden espiritual, en el acercamiento a los Sacramentos y a la práctica de los valores trascendentes; estos habituarán al joven a deshacerse de las tentaciones teniendo una autodisciplina que le será útil en muchos aspectos de su vida.

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¿Es posible la educación en la castidad en pleno siglo XXI? Por Miguel Ángel Rolón Velázquez

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a virtud de la Templanza parecería la menos importante de las virtudes cardinales por ser la última en un orden jerárquico. Pero esto no es así, pues si un hombre no goza de esta virtud no puede tener las otras virtudes humanas porque esta es la base de las demás, sino se tiene el cimiento firme no se puede edificar las otras virtudes morales.

De ahí la importancia que tiene para todo hombre, pero sobre todo en la edad de la adolescencia y de la juventud desarrollar dos virtudes fundamentales en la vida de todo joven como es la virtud de la Templanza y la virtud de la Fortaleza para resistir los ataques de los bárbaros sin pudor. La virtud de la Fortaleza consiste en resistir con va-

lor las envestidas del maligno, que como lo advierte San Pablo el demonio ronda como león rugiente buscando a quién devorar, pero además la Fortaleza nos ayuda a resistir la adversidades y los males tanto físicos como espirituales y a ser emprendedores: acometer grandes empresas. Por eso una de las virtudes anexa a la fortaleza es la magnanimidad, o grandeza de alma, que es una virtud que

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nos mueve a emprender grandes obras, dignas de elogio, aunque ante los ojos de los demás podemos ser despreciados por la gente, pero ante Dios nunca será un héroe anónimo. La paciencia es otra virtud anexa a la Fortaleza que nos induce a soportar sin desfallecimiento los males, las injusticias, reveses, penas etc. Por eso es falso el concepto de la vida que fomentan algunos padres al hacer creer a sus hijos que la vida es pura felicidad y placer, que su hijo no tiene necesidad de sufrir, ni de trabajar. este es el caso de los padres que evitan las penas y las preocupaciones a sus hijos haciéndoles creer que el malo es el maestro que no acepta los errores de su hijo, que si la escuela tal donde se esta “educando” le causa alguna mortificación se soluciona cambiándolo de institución educativa. Otro padres piensa que acumulando una mayor riqueza material o económica esto le evitará a su hijo tener que andar sufriendo injusticias y esto mismo le dará poder para tomar sus propias decisiones en su vida, cuando lo único que están criando son niños mimados incapaces de valerse por ellos mismo, holgazanes y parásitos para la sociedad que en un tiempo determinado sino saben trabajar se acabarán sus fortuna en los placeres y vicio que les ofrece el mundo, cuando esos niños podrían haber sido excelentes trabajadores y magníficos hombres de bien. Por no reflexionar sobre lo que verdaderamente es bueno para los hijos se da en la educación pretendidos éxitos que no son sino burdos fracasos. Como afirma el Padre Jean Viollet “En la educación de los hijos sólo hay un verdadero éxito: dar al niño las energías y las cualidades físicas, morales y espirituales que le permitirán superar las


dificultades de la vida, enfrentarse con todas las eventualidades, jamás desanimarse ante los fracasos y mostrarse en todas las circunstancias, felices o desgraciadas, dueño de sí mismo y fiel al ideal moral depositado en su alma durante los años de educación”. Un joven educado en los valores morales y con una buena formación hará de sus principios e ideales algo sólido que le permitirá resistir las tentaciones y vencer las dificultades que la vida le pueda presentar. Agrega el padre Viollet “Eso significa que el niño al que se le hayan eliminado sistemáticamente los sacrificios, será, a la postre, el más desgraciado de los hombre. Impotente y desesperado ante las pruebas de la vida, sufrirá infinitamente más que aquel otro que haya sido habituado a vencerlas desde su más tierna infancia”. Sólo aquel joven que es formado su carácter tiene la fortaleza de decir NO, NO a los vicios y de ser firme en las virtudes. De allí nuevamente la importancia de inculcar la virtud de la Valentía desde los primeros años de la vida, para que el niño, el adolescente o el joven tal sea capaz no sólo de resistir los vicios y pasiones, sino además resista las burlas de sus compañeros por no ser un patán. Una vez fomentada la Fortaleza es necesario que se fomente a la

par la virtud de la Templanza en sus cuatro especies: 1.-La abstinencia, que regula el apetito de comer. No es virtuoso quien guarda una dieta rígida por un motivo de vanidad si esto lleva a una desequilibrio en su salud, es virtuoso quién le da a su cuerpo lo que necesita para mantenerse al servicio de su último fin. 2.-La sobriedad, que modera el apetito en el beber: la embriaguez puede ser causa de fatalidades, lleva a la persona a hacer cosas que no haría estando sobrio y perjudica a la familia con la intranquilidad de tener un alcohólico y causar mal ejemplo para la sociedad aunque hoy en día hay vicios mucho más graves. 3.-El pudor, que modera aquellas cosas que pueden llevar al deleite sensual, como las

miradas, conversaciones, etc. hoy en día se ha perdido la vergüenza, se a perdido el respeto hacia los mayores, hacia los maestros, hacia las mujeres, se ha perdido el pudor. 4.-La Castidad, que modera los deleites sensuales, que manda al soltero mientras es soltero a mantenerse en castidad y al casado en la fidelidad. Por eso la pregunta ¿Es posible guardar la virtud de la castidad en pleno siglo XXI? Para muchos jóvenes la respuesta es que no, pues así andan de desorientados, a estos sólo voy a repetir la respuesta de un sacerdote: Dios no pide imposibles y si pide la castidad, es por la sencilla razón de que se puede llevar a la práctica, Dios no pide imposibles si no fuera posible la castidad sería un Dios Injusto y esto sería una blasfemia. Finalmente dice el padre J. Viollet: “Educar a un niño es llevarlo progresivamente a descubrir los verdaderos valores morales de la vida, ayudarlo a conquistarlos para que pueda realizar un día, lo mejor posible, su vocación personal mediante el desarrollo progresivo de sus facultades y el sentimiento de sus responsabilidades para consigo mismo, para con Dios y para con el prójimo”.

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unca como ahora, se ha incitado tanto a la mujer a abandonar su más elevada misión. De todas direcciones y por todos los medios, recibe agresiones a su integridad, como si una conspiración se precipitara sobre ella. Con el pretexto de la “liberación femenina” –tan cacareada en años recientes– se dio un giro muy especial a todas las actividades que atañen a la mujer. Principalmente, se la trató de engañar haciéndola creer en una supuesta igualdad con el hombre. En relación con esto es importante considerar que la igualdad esencial entre hombre y mujer es muy diversa a la que hoy en día se le propone. Es cierto que existe igualdad entre ambos en cuanto a su

dignidad de hijos de Dios, herederos del cielo y hermanos de Cristo –tal y como lo dice el mismo San Pablo, “con la redención, no hay mujer ni varón” –. También es cierto que la igualdad ciudadana entre hombre y mujer ha sido un logro importante pues les permite gozar de los mismos derechos de los aspectos legales y servicios asistenciales. Sin embargo –y aquí está el gran engaño en el que han hecho caer a la mujer de nuestros días–, esa igualdad no puede llevarse al terreno de los sexos. Esto es ilógico, por imposible, pues sus estructuras biológicas son totalmente distintas y también son diferentes sus configuraciones sicológicas. De ahí que su educación, sus funciones y responsabilidades dentro y fuera del hogar tengan que ser distintas, aunque complementarias.

Por otra parte, en un afán desmedido de comercialización, la mujer es “utilizada” a granel por las agencias publicitarias para destacar las excelencias de tal o cual artículo puesto en el mercado. Desafortunadamente en muchas de estas ocasiones, relacionan su figura con el erotismo que desvirtúa su verdadera imagen, que debiera estar siempre asociada a causas más nobles. Por si esto fuera poco, la pornografía impresa prolifera por las calles, produciendo abundantes ganancias a individuos sin escrúpulos que actúan con la complicidad silenciosa de las autoridades incompetentes. El cine, la radio y la televisión, así como la literatura barata, hacen resaltar, como lo más natural del mundo, modos de vida que se apartan por completo de las buenas costumbres y tratan de prostituir a la mujer incitándola a la práctica del amor libre, el Aborto, la infidelidad conyugal, entre otras cosas, disfrazando sus intenciones de sensiblería y justificando estas maneras de actuar con razonamientos absurdos. Ante tantas agresiones, la mujer de nuestros tiempos, necesita llenarse de valor para rechazar todos los vicios que se le proponen con disfraz de oropel; negarse a ser el instrumento de manipulación y con el corazón muy bien puesto, actuar diligentemente en la práctica cotidiana de los valores, pues su conservación es vital para que pueda llegar, junto con los suyos, a puerto seguro. 37


con Dios en la formación de nuevos seres, engendrándolos y sosteniéndolos con el cuerpo para darles vida material. * Pero, por sobre todo, se distingue en su naturaleza humana, la grandeza espiritual de la mujer que le permite asumir en plenitud la dignidad de madre, la cual no sólo se limita a la acción, ya de por sí grandiosa, de la procreación física, sino que se extiende a todas aquellas acciones que lleva a cabo para formarlos con amor, para que tengan vida espiritual.

Necesidad de la autoformación

La gran dignidad de la mujer En algunas épocas y civilizaciones más respetada que en otras, pero en general es indudable que a lo largo de la historia de la humanidad la mujer ha jugado un papel preponderante en el orden social. Y esto no podría ser de otra forma, ya que la mujer ocupa un lugar fundamental para el desarrollo de la sociedad; se encuentra en el centro de la misma, ejerciendo una poderosa influencia educadora y conciliadora, pues esto le es propio al rol que desempeña en el edificio familiar, al que sostiene y vivifica con su

fuerza espiritual. ¿De dónde procede esa fuerza que comunica tanto bien a su alrededor? En primer lugar, hay que considerar que todo en ella fue dispuesto admirablemente en orden a la maternidad. Tanto en el orden físico como en el sicológico y el espiritual, todo en la mujer está ordenado al gran don de la maternidad: * Su capacidad de ternura y solicitud hacia quienes la rodean y su abnegación ante las adversidades la convierten en ideal compañera del hombre. * Está dotada de gran resistencia física al dolor, indudablemente para que pudiese cumplir mejor con su máxima y exclusiva misión: la de cooperar

Y ya que toda mujer está llamada a realizar tan trascendente misión, debe tener una constante preocupación por su formación personal, considerando que nadie puede educar a otros sin haber sido antes educado, ni trasmitir valores que no han aprendido y ejercitado. Por eso, se puede hablar de que la tarea primaria de la mujer, es la auto-formación en los aspectos esenciales de la cultura, como son: Arte, Ciencia, Moral y Religión. La maestra y escritora guanajuatense Emma Godoy (1918-1989) afirmaba que para avanzar en el camino del arte, es muy conveniente asistir al buen teatro, a las exposiciones plásticas, a los conciertos, al ballet. La misma autora también sugería la lectura de poesía y novelas de calidad, “tal vez todo esto pro38


voque un poco de aburrimiento al principio, pero en cuanto se logra familiaridad con estas manifestaciones, se llegará a tomarles un gusto muy especial y no pasará un día sin que haya gustado de algo artístico: al menos hojear un libro de pintura o escuchar buena música en la radio”. Por supuesto que sería deseable que no sólo tuviera contacto con este tipo de actividades como espectadora, sino que debería procurar practicar alguna de estas disciplinas artísticas, como el canto, la ejecución de instrumentos musicales, la danza, etcétera. En cuanto a la ciencia, un terreno tradicionalmente reservado para los hombres, cabe recordar que la historia registra importantes ejemplos de mujeres que han llegado a superar a sus colegas varones. Luego entonces, esta obligada a cultivar inteligencia, por todos los medios disponibles.

La moral, no es ningún modo de obstáculo para vivir, sino por el contrario, es un estímulo que hace más fecunda la existencia. Por eso no debemos verla como una lista de impedimentos que solo prohíben hacer tal o cual cosa, sino que han de verse como planteamientos positivos. Así por ejemplo, el mandato moral que afirma que no se debe matar a nadie, desde otro punto de vista también debería entenderse como la exigencia de “fomentar y respetar la vida”; cuando la moral ordena no mentir, también quiere decir que se debe buscar y respetar la verdad”; y así las otras leyes. Así entendidas las cosas, que la mujer profundice en su estudio es sumamente útil, para poder practicarlas mejor y transmitirlas a las nuevas generaciones, como herencia del buen vivir.

Ahora bien, Arte, Ciencia, Moral, son tres senderos que nos hacen salir de nuestra naturaleza animal y nos conducen más allá de la tierra material, porque elevan nuestro espíritu. ¿A dónde van esos tres caminos? Digamos que a tres estrellas: el arte apunta hacia la belleza; la ciencia hacia la verdad; la moral hacia el bien. Al Bien, la Verdad y la Belleza se les denomina valores, porque son lo valioso por excelencia y constituyen a la meta final de los afanes del hombre. Aunque jamás llegue a alcanzarlos completamente, pues su realización plena solamente se encuentra en Dios. Por lo tanto, si el cultivar estos valores nos aproxima a Dios, habremos avanzado considerablemente en la perfección buscada. El alma humana anhela lo Absoluto, que es Dios, y si la cultura es un camino que se aproxima pero no llega, la Religión en cambio, sí llega a Él directamente. El hombre de verdad religioso es el más realizado, porque alcanzó el objetivo que los demás no habían logrado: poseer lo divino. De una mujer que no practica la religión, se podría dudar de su feminidad, pues la mística es inherente a su espíritu, es parte de su sensibilidad, nace con ella.

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No. 8  

Publicacion Vida y Valores

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