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Libro de texto. ESO. Grupo SM

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Sesé, sentido y sensibilidad Sesé (Barcelona, 1962) es, además de un profesional de la gráfica de larga y consolidada trayectoria, una prueba viviente de que el tiempo es elástico, curvo y relativo. Conocido, sobre todo, por su trabajo como ilustrador, nunca ha dejado de ejercer también como diseñador gráfico. En publicidad, libros y prensa, ha trabajado para una extensa lista de clientes. Además, es músico y compositor y forma parte de un grupo de canción de autor llamado Túrnez & Sesé. Para él ambas actividades son hasta tal punto complementarias que trabaja siempre con la guitarra al lado de la mesa de dibujo. Además de todas las horas que dedica a la ilustración, el diseño y la música, aún le queda tiempo para la docencia, la cocina y la familia. Texto: Carlos Díaz

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En una de las escenas finales de Manhattan, el clásico de Woody Allen, su personaje hace un recuento de todas aquellas cosas por las que vale la pena vivir. En su particular listado, encontramos desde Groucho Marx al segundo movimiento de la Sinfonía Júpiter de Mozart. Conscientes o no, creo que todos llevamos a cuestas nuestro particular listado. En el de Sesé, estoy seguro que se encuentran la buena cocina, la poesía, el cine y la música (con sus correspondientes nombres propios y momentos), manifestaciones todas de la cultura que apelan a nuestra inteligencia y, sobre todo, a nuestra sensibilidad. Desde que nos conocemos personalmente, he tenido la ocasión de compartir con él unas cuantas sobremesas. Pocas veces hablamos en ellas del oficio. Hemos encontrado mucho más placer en rememorar a nuestro querido Jacques Brel interpretando Amsterdam (gracias, Youtube),


Tecnodudas. La Vanguardia

El Pingüí. Pere Quart. Editorial Cruïlla

que en comentar el último trabajo de tal o cual ilustrador o grafista. Para redactar este artículo, hemos quedado para comer, así que asumo, desde el primer momento, que es posible que hablemos de cualquier cosa menos del tema que se supone deberíamos hablar. En esta ocasión, nos acompaña Lai, su mujer, sin duda la voz más autorizada para hablar de Daniel Sesé. El encuentro es en un restaurante Sirio. Pedimos los platos, unas cervezas bien frías (el verano es inclemente en Barcelona), un buen vino libanés y damos comienzo a una pequeña sesión de tortura para Sesé, que pone cara de ir a someterse a la prueba del polígrafo.

En el comienzo, fue el dibujo… En un país donde todo aquello que tiene que ver con la comunicación visual ha tenido tra-

dicionalmente un precario encaje en la oferta académica, la trayectoria de Sesé no difiere mucho de la de otros profesionales de su generación, que han ido definiendo su perfil un poco sobre la marcha, con la vocación –ese concepto tan desusado– como punto de partida. “Siempre me atrajo dibujar, desde pequeño. A los trece años ya pintaba al óleo. Así que tuve desde siempre la idea de que me dedicaría a una profesión relacionada con esta vocación”. Sin una idea clara de a qué profesión se iba a dedicar en un futuro y demostrada su inclinación hacia el dibujo, el paso siguiente fue matricularse en la Escuela Massana de Barcelona. Aunque en la actualidad esta escuela cuenta con unos estudios específicos de ilustración –y unos profesores de lujo, como Arnal Ballester, Pep Montserrat o el propio Sesé–, en aquella época sólo cabía la

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posibilidad de estudiar algo que, bajo el paradójico título de “Plástica publicitaria” no era otra cosa que diseño gráfico puro y duro. Estamos hablando de finales de la década de los ochenta, es decir, un momento de especial euforia para el diseño nacional y en el que triunfaba un estereotipo del diseñador poco proclive al trato directo con materiales de dudoso pedigrí, tales como lápices o pinceles (y eso que el Mac era todavía un inofensivo juguete al que más de un diseñador miraba con desdén). Así las cosas, durante los primeros cursos el talento para el dibujo constituyó para Sesé no tanto una ventaja, como un estigma. Algún profesor llegó a insinuarle la posibilidad de pasarse a estudiar pintura, sin duda contrariado por la insistente e inusual tendencia de su alumno a dibujar (y encima bien). Quede para el anecdotario que tanto


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La Ballarusca. Revista Sons de la Mediterrània. Grup Enderrock

éste como otros profesores igualmente escépticos sobre las posibilidades profesionales de su alumno, requerirían posteriormente sus servicios como ilustrador en más de una ocasión. En cuarto año, Sesé comienza a trabajar en el estudio de Enric Huguet, no sólo uno de los históricos –y entrañables– profesores de la escuela, sino uno de los pioneros del diseño gráfico en nuestro país. La colaboración con Huguet, cuyo trabajo difumina muchas de las fronteras que podamos establecer entre diseño e ilustración, sirvió para que Sesé viera ante sí su propio camino en el mundo de la gráfica, a la vez que veía reivindicada su trayectoria como alumno. “Hasta ese año, yo no tenía una idea clara de lo que quería hacer. La verdad es que mi entrada en el mundo de la ilustración fue un poco por casualidad. Empecé a trabajar para

el ayuntamiento de Barcelona realizando carteles de fiestas mayores para diferentes barrios de la ciudad así como trabajos para otros eventos culturales y, paralelamente, también realizaba ilustraciones de carácter ‘todo terreno’ para distintas agencias de publicidad. A partir del 92 empecé a colaborar también con el sector editorial y luego para prensa. Desde entonces no he dejado de trabajar en estos tres ámbitos”.

El oficio A esta altura de la historia, llegan los primeros platos y una botella de vino libanés que resulta estar más que aceptable. Aprieto la pausa de la grabadora y, hedonistas al fin, nos damos un buen homenaje gastronómico en el que cabe destacar una deliciosa crema de berenjena. Por supuesto, nos falta tiempo

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para derivar la conversación hacia otros temas. En el exacto momento en que Sesé está enfrascado en explicarme su receta estrella –los caracoles–, pulso de nuevo el play y vuelvo al ataque con una pregunta que muchos de sus alumnos seguro me agradecerán. Cuando comienza el curso, Sesé tiene por costumbre hacer una entrevista personalizada con cada uno de sus alumnos, a los que invariablemente fulmina con una pregunta del tipo ¿qué diferencia hay entre un dibujo y una ilustración? O bien, ¿qué es para ti ilustrar? Así pues, le pido a Sesé que me defina qué es ilustración. “Yo nunca he encontrado una respuesta definitiva. Para mí un ilustrador es una persona creativa que, a partir de unos referentes textuales, es capaz de llevarlos a su territorio con el fin de comunicar un mensaje, estableciendo


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Cançó de l’aigüat d’Olot. Revista Sons de la Mediterrània. Grup Enderrock

un equilibrio entre el enunciado del trabajo y su propio universo. Un ilustrador es aquél que, con el tiempo, va forjando una manera propia de decir, un discurso personal”. Aunque Sesé es principalmente conocido como ilustrador, nunca ha dejado de desarrollar proyectos de diseño gráfico. Los puentes entre una y otra disciplina aparecen una y otra vez y así lo subraya el propio Sesé. “La ilustración y el diseño gráfico son disciplinas que tienen muchos puntos en común: sentido del color, de la construcción, del equilibrio, de la claridad, de la precisión en el mensaje. Tanto el grafista como el ilustrador, se valen de metáforas visuales para comunicar. En mis ilustraciones, por ejemplo, hago uso de la tipografía, una herramienta que parece exclusiva de los diseñadores, pero ¿dónde está la frontera? Antiguamente, los diseñadores eran

grandes dibujantes. En los ochenta sobrevino un cierto desprestigio del dibujo, como si dibujar fuera una actividad poco intelectual. Por el contrario, en mi opinión, no tener unos buenos conocimientos del dibujo puede comportar, ciertamente, una limitación”. Ante esta última frase, hago un acelerado recuento mental de todos los diseñadores a los que he escuchado presumir de no saber dibujar. De todos modos, al margen de las opiniones individuales –siempre discutibles–, el mercado está marcando nuevas pautas que traen consigo nuevos perfiles profesionales. “Los creadores tienden cada día más al eclecticismo. Se están superando las barreras que delimitaban dónde acababa una profesión y empezaba la otra. El mercado y la propia profesión evolucionan constantemente. Por eso soy partidario de dotar a los alumnos de, entre otros muchos aspectos, una formación

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académica, un buen dominio de la técnica y de un aprendizaje riguroso del dibujo y, por supuesto, de las herramientas adecuadas para el dominio del lenguaje visual y artístico. En las escuelas se pone mucho énfasis en que los alumnos ‘se expresen’, pero hay que ofrecerles un marco donde puedan aprender y asimilar todos estos conceptos”. El discurso de Sesé es, en este punto, doblemente digno de subrayar. Primero, por atípico; y segundo, porque reivindicar la necesidad de una cierta disciplina, tanto técnica como metodológica, contradice abiertamente ciertas tendencias en la enseñanza de la profesión, proclives a la metafísica y el ensimismamiento (en parte porque, en la mayoría de los casos, la enseñanza de un oficio está en manos de quien nunca lo ha ejercido). La ilustración es una carrera de fondo de la que, a la larga, se derivan cosas como el estilo.


La detección de la violencia hacia las mujeres. Revista Jano. Grupo Elsevier Persuasión y gestión. Revista Farmacia Profesional. Grupo Elsevier

“En general, se crea demasiado la sensación de que el estilo es el objetivo primordial y a muchos alumnos les preocupa el llegar a tener su propio estilo de manera inmediata. El discurso propio del que hablábamos antes es el que conforma el verdadero estilo. El creador no se ha de obsesionar por llegar a adquirir unas formas de expresión determinadas por las que su obra sea diferenciada y reconocible, porque con el trabajo, el bagaje y la experiencia, es muy posible que esa voz propia surja sin efectismos y sin precipitaciones. Y si no es así, hay que seguir trabajando. No se puede hacer de este hecho el objetivo fundamental”. En este punto, se nota que Sesé reflexiona sobre este tema a menudo con sus alumnos. Quizá porque es uno de esos malentendidos que distorsiona e interfiere en lo que realmente importa.

“El estilo no se reduce a un repertorio de soluciones formales. Es algo distinto, que se forja, naturalmente, a través de los años y que tiene que ver más con la adquisición de un lenguaje propio. El estilo es interesante cuando lo entendemos como una voz propia, como aquello que te singulariza y te distingue de los demás. Por eso es muy descorazonador constatar que muchos profesionales basan su estilo en aspectos superficiales, tales como dibujar las narices siempre de la misma manera o insistir una y otra vez en una determinada técnica. En el momento en que dejan de utilizar estas constantes, podríamos decir más epidérmicas, desafortunadamente este ‘supuesto estilo’ desaparece. La libertad es la clave, la aventura de empezar de nuevo en cada proyecto, sin corsés, sin restricciones y sin prejuicios que nos podrían hacer caer en una rutina creativa y expresiva”.

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La música Hacemos un nuevo alto en la conversación mientras nos sirven los segundos platos, ocasión que aprovechamos para pedir otra botella de vino. Unos cuantos bocados de carne a la brasa después, Sesé retoma el tema. “También sucede que algunos ilustradores no llegan a resolver aspectos formales a partir de su propia experiencia de la observación exhaustiva de la realidad y copian fórmulas de otros ilustradores, llegando a crear híbridos bien evidentes. A este fenómeno yo lo llamo ‘el síndrome de Frankenstein’. Este hecho es más grave cuando estos referentes no se adquieren del ilustrador genuino y original, sino de la copia de la copia de la copia…. Por eso tenemos esa sensación de mimetismo y de uniformidad cuando analizamos las tendencias que el mercado ofrece”.


Donación y transplantes. Revista Jano. Grupo Elsevier

Hi havia una vegada… , Catálogo General. Editorial Cruïlla

La pobre viejecita. Rafael Pombo. Editoial Imaginarium

Que se pueda ver tanto ejercicio de mediocridad en la calle –no hay más que ver los cuentos ilustrados que regalan algunos periódicos–, habiendo como hay tantos y tan buenos ilustradores en nuestro país, lleva a plantearse qué papel tiene el mercado como filtro de calidad. “El mercado no funciona de filtro de calidad. En absoluto. A veces el filtro es el director de arte y la propia política de una determinada editorial o medio de comunicación, pero también es un filtro muy subjetivo y muy tendencioso, que obedece a unos determinados gustos, intenciones y prejuicios. En general, el mercado tiende a buscar aquello que es amable, aquello que es neutro, aquello que no comporta ningún conflicto; por eso se podría considerar que el mercado, por naturaleza, es altamente conservador. El trabajo debe comportar riesgo. Si ofende a alguien, que ofenda,

que sea comprometido, que increpe, que emocione, que te invite a la reflexión y quizás a la contradicción. A menudo todos aquellos que realizan una obra no cómoda y fuera de los cánones preestablecidos tienen muchas más dificultades para editar y difundir su obra con cierta regularidad”. Esta última consideración nos lleva inmediatamente a establecer paralelismos con el mundo de la música, un territorio que Sesé conoce bien. “En la radio se programa la música anglosajona más ligera. Si perteneces a una cultura como la vasca, la gallega o la catalana, es muy difícil acceder a tu propia cultura en los medios. La música que se hace en tu idioma la programan a altas horas de la madrugada. Por suerte, gracias a Internet y a portales como MySpace tenemos acceso a otra realidad. En ilustración se da un poco este fenómeno. Cada

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año te llegan alumnos totalmente imbuidos de la estética manga, pero que desconocen a Junceda, Opisso, Nogués… Creadores que forman parte de su propia tradición”. La música no es sólo una afición, sino la otra gran vocación y el otro gran talento de Sesé. Desde el 2001 es el compositor y alma máter del grupo Túrnez & Sesé, junto al cantante Xavier Túrnez, la violinista Laia Rius, el violoncelista Jordi Ruíz y el intérprete de laúd Jesús Vidal (sustituido recientemente por el arpista Josep Maria Ribelles), con los que ha grabado tres discos y participado en homenajes a Ovidi Montllor, Lluís Llach y Teresa Rebull. Fiel a si mismo, también en la música Sesé nada a contracorriente. En un panorama donde la canción de autor sufre de un cierto desprestigio, él se dedica a poner música a poetas catalanes. No contento con ello, precisamente en estos días en que tiene lugar la


Proyecto Educamos. Grupo SM

entrevista, se halla inmerso en la grabación de un disco de romances escritos por autores contemporáneos. Esta intensa actividad de Sesé es algo que llena de admiración y perplejidad a todo el que lo conoce. Pero quien mejor lo conoce, Lai, sabe muy bien dónde radica el secreto. “Daniel tiene la cabeza muy bien ordenada. Para la vida práctica tiende a estresarse, pero domina su profesión y rentabiliza mucho su tiempo.” Si el gran enemigo de la creación es la rutina, Sesé sabe muy bien cómo esquivarla. De hecho, su trabajo en la música –con las horas de ensayo y composición que implica– lejos de ser una carga, parece que funciona como un perfecto contrapeso. “El trabajo de ilustración es muy solitario. Construir una imagen es algo muy personal y que realizas en la intimidad de tu estudio.

Festival Castillo de Alcañiz. Sesé + Terès&Antolín. Ayuntamiento de Alcañiz

Componer una canción es una experiencia muy similar pero, en cambio, cuando esa canción la vas trabajando con los músicos del grupo, va creciendo de otra manera, se va enriqueciendo y va adquiriendo nuevos matices. Me estimula trabajar en equipo, llegar a acuerdos, a pactos, y a veces, también a renuncias. Por otra parte, mientras que en ilustración entiendo que cuento con una sólida base técnica y un desahogado dominio del lenguaje, como compositor dependo mucho más de mi propia intuición.” Además, la música ofrece una respuesta inmediata del público, impensable en ilustración. “La música es una experiencia incomparable. En ilustración puede ocurrir que alguien te comente que ha visto o regalado un libro ilustrado por ti cuando han pasado ya tantos meses desde que hiciste ese trabajo que ya ni

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te acuerdas. En cambio, en una actuación la respuesta del público es inmediata. Yo no recuerdo momentos tan especiales como ese instante en el que después de finalizar una interpretación en la que te has entregado por completo, recibes la ovación del público. Es una sensación casi física de calor. Es una recompensa a todo ese miedo que has pasado también, ya que la interpretación es algo único e irrepetible que implica un riesgo notable. Siempre tengo el temor de quedarme en blanco sobre el escenario y que no pueda continuar la canción. Es andar por la cuerda floja como en tantas y tantas disciplinas artísticas”. Llegados a este punto, la conversación con Lai y Sesé se decantó definitivamente del lado de la música: “Bien sûr Il y a les guerres d’Irlande / et le peuplades sans musique / Bien sûr tout ce manque de tendre / Et il n’y a plus d’Amerique…”. ❧


Sese