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Xenia 146:Pauta viasual 2 columnas

9/9/10

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Salvar los muebles Texto: Xènia Viladàs (http://xviladas.blogspot.com)

En junio recomendé fijarse bien en las tres exposiciones dedicadas al diseño que cerraban la temporada en el Círculo de Bellas Artes de Madrid: la del IMPIVA, que coincidió allí un poco por casualidad, y las de Martín Azúa y Oscar Mariné, directamente producidas por el Ddi. Si llamaba la atención sobre esa abundancia circunstancial es porque hacía poco que el Gobierno había puesto la directa en lo de ahorrar y, casualidades de la vida, le había tocado la china al Ddi: alguien había decidido que pasaría a fusionarse con otra empresa estatal, ENISA: Empresa Nacional de Innovación, que se dedica a facilitar el acceso de las empresas a los instrumentos de crédito oficial. La primera reacción en el sector fue de estupor: ¿qué tendría que ver ENISA con el Ddi? Por eso, al acabar el verano, parecía que esa explosión de diseño en Madrid iba a ser la traca final y que todo iba a ir mucho peor a partir de entonces. Ahora han pasado unas semanas: en las fiestas y cenas de este verano ya han corrido todos los chascarrillos que tenían que correr, hemos soltado todos los exabruptos que teníamos que soltar y hemos hecho los chistes que teníamos que hacer. Pero ahora llega septiembre y hay que ponerse a trabajar. De golpe, el Gobierno ha dado marcha atrás en lo del gasto público y han aparecido unos cuanto millones con los que no contábamos, pero ¡ay!, se los han llevado los de infraestructuras, y no el diseño (nada nuevo). Así que tenemos que tomar la fusión ENISA-Ddi como un hecho consumado y, sabiendo que no hay marcha atrás en cuanto al qué, tal vez quepa reflexionar sobre el cómo. Ya sé que en estos casos siempre se acaba por hacer lo que buenamente se puede y que, para empezar, no es fácil esta fusión que parece justificarse solo porque en el nombre de las dos entidades aparece la palabra “innovación”, pero que en cambio no se ubicará en el Ministerio de Innovación sino en el de Industria… No pretendo dar una solución que no me ha pedido nadie,

sino simplemente llamar la atención sobre las cuatro cosas que para mí son importantes y a las que me gustaría que prestasen atención los responsables de todo esto: • Lo primero es constatar que reunir bajo el mismo techo una función de financiación a la empresa y otra de impulso al diseño es un esquema por el que muchos apostarían. La premisa para que esto marche bien es encontrar las posibles sinergias y activarlas; y para que eso suceda, los absorbentes (ENISA) deberían intentar comprender a los absorbidos (Ddi), o sea, averiguar qué es el diseño y asimilar el papel crucial que puede tener en la política de innovación. Para ello no hace falta más que estudiar cómo se hace en Gran Bretaña o en Holanda por ejemplo, o en Corea, o Nueva Zelanda. Este tema está suficientemente documentado pero, en caso de duda, hay gente en Ddi que puede ayudar. • Precisamente porque hay en el Ddi gente muy competente, también se debería de analizar bien la composición del equipo con el objetivo de integrar y activar el importante bagaje que llevan acumulado en términos de conocimiento, know how y contactos relacionados con el diseño, la innovación y la empresa. Contrariamente a lo que la gente piensa, nadie en Ddi es funcionario (excepto su actual Consejera Delegada, que procede de la Dirección General de la Pyme), así que pueden irse todos al sector privado; pero yo, como contribuyente, preferiría que todo este activo siguiese al servicio de las políticas públicas de innovación. • Otro de los activos que conviene capitalizar, en mi opinión, es la propia marca Ddi: destruir una marca es rápido y gratuito, pero construirla son años y/o mucha inversión en esfuerzo y dinero. Para combinar lo mejor de las dos empresas, ¿por qué no respetar y aprovechar este activo? • Y finalmente, una cuestión polémica: los Premios, con mayúscula, esos dichosos

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Premios Nacionales de Diseño. Tantos años funcionando como un reloj, y hace solo un año se le da la vuelta a las bases, se mudan de Ministerio, y se modifica el esquema de gestión –ya que el principal agravio contra los Premios parecía ser que los organizaba una institución en la periferia–. Qué ironía, ¿no?: apenas se implementan esos cambios que tanta gente preconizaba, los PNDs se quedan en el limbo administrativo. ¿O es que alguien tendrá el cuajo de ir a vendérselos al ministro Sebastián? Y si se suprimen del todo, cuál será la más alta distinción en el diseño español: ¿los Premios Nacionales de Diseño que otorga la Generalitat de Catalunya? Hay muchos otros temas, por supuesto: algunos prácticos, como por ejemplo qué pasará con la Federación Española de Entidades de Promoción del Diseño, ahora que había cogido carrerilla, y otros de orden más estratégico, como la promoción de la profesión del diseño: por su adscripción a Industria, Ddi siempre defendió el lado empresarial, pragmático, del diseño. Pero aprovechó todas las oportunidades que tuvo de promocionar a los diseñadores, tanto internacionalmente, gracias al buen entendimiento con el ICEX o la AECID, como en el ámbito doméstico, buscando complicidades con otras instituciones como el Museo Reina Sofía o el Círculo de Bellas Artes. Si dDdi ceja en estas funciones, tal vez será el momento en que los diseñadores tengan que asumir sus responsabilidades y hacer lo necesario para defender su profesión desde sus propias instituciones representativas y de la forma que crean más oportuna. En cualquier caso, espero que la fusión se haga con inteligencia y sensibilidad: la resultante puede convertirse en un referente internacional o convertirse en un fracaso que dé al traste con una trayectoria respetada por todos. En cualquier caso, ¡ánimos a la gente del Ddi! l


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