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¿Y con la gráfica, qué hacemos?

¿Por qué rayos imitamos? Texto e ilustración: Ramiro Seva (www.ehratas.com) I. Culo veo, culo quiero No sé cuántas veces habré escuchado esta frase ante mis caprichos de niñez. Ahora bien, de un tiempo a esta parte, la curiosidad y el coleccionismo de gráficas parecidas me han llevado a investigar un poco sobre el porqué del comportamiento que desemboca en la imitación. No tengo la menor esperanza de realizar grandes aportaciones en un tema que trae de cabeza a psicólogos y sociólogos desde hace muchísimo. Ya se han devanado bastante los sesos figuras de la talla de Hegel, Marx, Durkheim o Skinner y me contentaré si logro despertar algo de interés sobre lo que otros han propuesto ya o, mejor aún, si lo hago con las relaciones entre sus propuestas y fenómenos que nos rodean en el diseño gráfico. II. La imitación en el aprendizaje Si tenemos en cuenta a algunos de los que se han dedicado al estudio de la imitación, no me extraña haber oído mucho más el título del bloque anterior en mi infancia que en mi (supuesta) madurez. Gabriel de Tarde sostenía, ya en el S.XIX, que en el desarrollo social existían tres etapas: repetición (muy observada en los niños), oposición (en los adolescentes) y adaptación, característica de la vida adulta. No cabe duda de que la imitación forma una parte importante en procesos de consolidación y/o aprendizaje. Si un niño, o un animal, ve a un semejante experimentar algo positivo con un gesto, es habitual que trate de imitarlo. ¿Pero qué pasa con los adultos, qué hay de los que ya han aprendido? ¿Por qué abandonamos este comportamiento? El motivo más evidente es que hemos aprendido a reprimir este instinto (como tantos otros) y el miedo a la burla o al desprecio juega un papel importante en este asunto. Sin embargo es obvio que los adultos no renunciamos siempre a la imitación. Y esto no carece de lógica, si lo pensamos fríamente, ¿por qué deberíamos esforzarnos en diseñar cosas nuevas cuando, para tantos, "está todo inventado"? Especialmente, si vamos ajustados en los plazos y no tenemos un presupuesto que permita deleitarnos en la experimentación, o lo que es lo mismo para muchos clientes: divertirnos perdiendo el tiempo. Ante esa tesitura, por suerte para nuestra profesión, suele triunfar el miedo a la burla o al desprecio que supone estar haciendo más de lo mismo si se es descubierto, o las ganas de innovar (a efectos prácticos, hay poca diferencia) aunque, es más que evidente que, en muchos casos se prefiere correr el riesgo o lucir la imitación con orgullo. Esta última actitud puede desencadenar en conflictos, pero para hablar de ellos mejor nombramos a Girard, que de esto sabe un rato largo.

puede llevar a que nos apropiemos de sus deseables objetos de distintas maneras. Cuando se trata de recursos físicos y/o limitados, esa apropiación muy probablemente genera conflicto; pocos se quedan cruzados de brazos si les quitan el coche. Pero en el caso de los grafismos, al no tratarse de elementos tangibles, es más discutible la generación del conflicto motivada por la imitación. ¿A quién hago daño copiando algo? Probablemente el autor original ya haya cobrado por ello y, si difundo su obra no hago más que valorarle más ¿no? Esa tesis, muy defendida por colegas que tienen una postura más clara que un servidor respecto a los derechos de autor deja de lado algo importante: los estilos y los recursos pasan de moda y acelerar esa obsolescencia lucrándose acorta las posibilidades del autor de obtener más beneficios por el estilo que ha logrado imponer. Pongamos un ejemplo, las ilustraciones de Jordi Labanda tienen un "boom" y, desde el momento en que comienza, todos sabemos que va a tener una "vida" determinada. La duración de las tendencias cada vez es menor, pasan de moda antes, se popularizan más rápido, y un número cada vez mayor de imitadores ayuda a que nos cansemos antes de ellas. Eso hace que, por un lado haya quien reutilizando una tendencia se beneficie vendiendo imitaciones, y por otro, que el original pierda la "exclusividad" y decrezcan sus posibilidades de rentabilizar sus "momentos de gloria". IV. ¿Rayos, imitamos? Hay tendencias que se extienden como un reguero de pólvora y sería absurdo intentar poner el cascabel al gato para afirmar quién es el padre de la criatura. Hace un par de años teníamos circulitos y chorretones para parar un tren y últimamente es difícil no toparse con tipos de rotulación manual (con o sin relieve) como los que solíamos pintarrajear en las libretas. La globalización tiene estas cosas con las tendencias, no obstante, no deja de llamarme la atención que un elemento, en el caso de las imágenes adjuntas la abstracción de un rayo, pueda aparecer de manera prácticamente simultánea en multitud de aplicaciones llegado cierto momento. Todos los ejemplos que se incluyen, los he visto en un plazo de pocas semanas y, sin embargo, es probable que ninguno de sus autores conozca ninguna de las piezas que acompañan aquí a la suya. Puede que precisamente ninguno de éstos haya caído en lo de "culo veo, culo quiero", pero el hecho de que durante mucho tiempo no me suene haber visto más rayos que los de AC/DC y los que advierten de "Alta Tensión" hace que ahora me escame y me dé por pensar en porqué rayos imitamos. ❧

III. El conflicto René Girard dedicó 40 años de investigación a muy diversas disciplinas, bordeando desde ellas enfoques sobre su teoría de la mímesis que le ha hecho tan notable. Según este autor, el deseo humano es fundamentalmente mímesis o imitación. Elegimos los "objetos de deseo" mediante modelos de referencia (o en jerga anglófila "trendsetters") y su imitación

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porque rayos