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Museo ABC de ilustración. El último museo del siglo XX Después de infructuosas iniciativas con más voluntad que resultados, la ilustración se pone a la altura de las artes con mayúsculas y estrena museo en Madrid gracias a la Fundación Colección ABC, propietaria del mayor archivo de dibujos originales de España y una de las más importantes de Europa. Un museo necesario que llega justo cuando la ilustración experimenta una de las mayores transformaciones de su historia, gracias a la irrupción de las técnicas digitales y el abandono del soporte papel. Texto: Eduardo Bravo

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La ilustración nunca ha tenido mucho predicamento en la sociedad española. A aquella inspirada por Diderot, Rousseau y Voltaire la combatimos al grito de “vivan las caenas”; a la otra, a la de carácter artístico, con un absoluto desinterés por los productos impresos y unos responsables editoriales que prefieren una mala fotografía a un buen dibujo. Sin embargo, hubo un momento en la historia de nuestro país en el que la ilustración disfrutó de una edad de oro gracias a la gran calidad de sus profesionales y a la clarividencia de los directores de periódico, que vieron en ella un modo de atraer la


Viera Sparza. “Estampas de hoy”, 1932.

Manuel García y Rodríguez. “Vista del río. Mañana gris”, 1924.

atención de un público que, en muchos casos, poseía escasos rudimentos a la hora de leer y, cuando los tenía, era poco dado a la lectura prolongada. Una de las revistas pioneras en apostar por la ilustración fue Blanco y Negro, fundada en 1891 por Torcuato Luca de Tena y Álvarez Ossorio, y cuyo éxito animaría al empresario a fundar el diario ABC, el cual acabaría fagocitando a la primera, convirtiéndola en suplemento del periódico hasta su total desaparición en 2005. Cinco años después de ese luctuoso suceso y más de cien desde la aparición

Cecilio Pla. “Amapolas”, 1899.

del primer número de la revista Blanco y Negro, ha visto la luz el Museo ABC de ilustración y dibujo, centro gestionado por la Fundación Colección ABC, creado con apoyo del Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid y sustentado, a falta de subvenciones estatales, con las aportaciones de sus socios patrocinadores y el alquiler de sus instalaciones para presentaciones y eventos. Situado en las instalaciones de la que antaño fuera fábrica de cervezas Mahou en la calle Amaniel de Madrid, el museo alberga la colección de ABC, compuesta por más

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de doscientas mil piezas originales surgidas del ingenio de más de mil quinientos autores, entre los que se encuentran figuras tan destacadas como las de Ramón Gaya, Palencia, Penagos, Sáenz de Tejada, K-Hito, Santonja, Bardasano, Goñi, Sileno, Tono, Xaudaró, Chumy Chúmez, Puebla o Mingote. Con motivo de su inauguración, una mínima parte de esos fondos han visto la luz en El efecto iceberg. Dibujo e ilustraciones españoles entre dos fines de siglo, muestra comisariada por Juan Manuel Bonet –confeso lector de ABC desde su más tier-


Ventura Álvarez Sala. “Día perdido”, 1896.

Ángel Díaz Huertas. “Portada”, 1902.

Narciso Méndez Briga. “Después de misa”, 1899.

na infancia–, que ha querido dejar patente, desde el título mismo de la muestra, la amplitud y diversidad de los fondos de la colección. Abierta al público hasta el próximo mes de marzo de 2011, la exposición incluye portadas, viñetas de chistes e ilustraciones editoriales fechadas entre 1891 y 1999. Un material a través del cual puede verse cómo entendieron los ilustradores españoles las diferentes influencias estéticas y movimientos artísticos surgidos en ese periodo, y entre los que se encuentran el naturalismo, el modernismo, el Art-deco, el

cubismo, el constructivismo ruso, el cartelismo, el arte comercial, la propaganda de guerra, los movimientos artísticos de posguerra, la escuela de Madrid y la Movida madrileña. Aquellos que no tengan la oportunidad de visitar El efecto iceberg. Dibujo e ilustraciones españoles entre dos fines de siglo, tienen a su disposición su magnífico catálogo. Un grueso volumen diseñado por Alfonso Meléndez y Andrés Trapiello, repleto de imágenes y que se completa con unos eruditos textos de Juan Manuel Bonet, José Miguel Santiago Castelo y Pablo Llorca.

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El Museo ABC: de contenedor de obras a altavoz de proyectos. Hasta fechas relativamente recientes, y mientras que todos los demás diarios de tirada nacional hacían de sus fotografías el mejor reclamo para captar lectores, ABC seguía apostando por la ilustración. A excepción de unas cuantas páginas en las que se reproducían las imágenes de actualidad con un pequeño texto explicativo, el resto del periódico, desde su portada hasta los retratos de los columnistas y firmas invitadas, estaba ilustrado con dibujos.


Pedro de Rojas. “El enmigo a la vista”, 1903.

Mecachis (Eduardo Sáenz Hermua) “Aguinaldos, 1ª”, 1894.

José Galiay. “Portada”, 1902.

No es extraño por tanto que haya sido el diario ABC el que haya puesto en marcha un museo de este tipo. Lo sorprendente es que nazca en un momento en el que la ilustración editorial y de prensa como la hemos venido entendiendo a lo largo de los pasados siglos está desapareciendo para dar paso a trabajos que no tienen el papel como soporte básico, algo que transforma el concepto de unicidad de la obra de arte y dificulta su exposición en un museo. Un hecho que convierte al Museo ABC en el último museo del siglo XX y tal vez en el primero del siglo XXI.

Para hablar de ello, nadie mejor que Inmaculada Corcho, directora del centro, que nos explica el origen y el desarrollo futuro de este interesante y necesario proyecto. ¿Cómo surge la idea de crear el museo de la Ilustración ABC? “El proyecto realmente empieza mucho antes de que aparezcamos nosotros, en el momento en que alguien decide que va a empezar a guardar toda la colección. Ese material formaba parte del archivo gráfico del periódico y solo se utilizaba una mínima parte de los fondos. En el año 2001, cuando ABC, o mejor dicho el Grupo Prensa

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Española se fusiona con el Grupo El Correo, es cuando se tiene un primer conocimiento racional del patrimonio que se tenía. Se dan cuenta de que no se está hablando de una colección de ‘dibujitos’ sino de algo serio. Sí es cierto que, como el periódico se había mantenido siempre en manos de una familia, con una línea editorial clara y una apuesta importante por el arte y por la cultura, sí que se conocía que eso estaba allí pero nunca se había decidido qué hacer con ello”. Es sorprendente que la colección haya sobrevivido más de un siglo a traslados de edificios e incluso una guerra.


Carlos Lezcano. “Portada”, 1901.

Rafael Penagos. “Portada”, 1932.

“Sí, traslados de edificios, problemas políticos, una guerra civil y las entradas y salidas de redacción, porque el trato que se les da a los materiales en las redacciones es para llorar. La gente más antigua del periódico te cuenta ‘aquí la gente llegaba, el ilustrador te daba los dibujos y te decía ‘lo que no publiques lo tiras’ o también ‘dame esto tan bonito para mi niña’. Una de las fortunas de la colección es que el periódico compraba la ilustración como compraba un cromo. Se pagaba al autor, éste entregaba el dibujo y ya está. Había cosas que se las llevaban porque les

Filiberto Montagud. “Portada”, 1901.

gustaban, porque las pedían o se las devolvían, pero lo más normal es que se quedaran en el periódico. La mayor parte de los autores que han trabajado en épocas anteriores incluso se sorprenden de que se hayan guardado. Hablaba con José Gallego, de Gallego&Rey, que empezó a trabajar en Blanco y Negro en la época de la Transición con unas viñetas divertidísimas y que cuando las vio me dijo ‘estoy encantado de que lo tengáis porque nunca pensé que se había conservado’”. Sin embargo, actualmente y en pleno debate sobre los derechos de autor es

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imposible continuar con esa situación en la que el autor se desprende del original cuando se le encarga la ilustración. ¿Cuál es entonces la política de adquisiciones para el futuro? “Desde 2001 Mingote no deja originales, Puebla tampoco, Máximo tampoco. Antes, como no había esa idea de devolverlo el fondo se fue enriqueciendo. Ahora, el último dibujo que entró fue hace dos años. Fue uno del redactor jefe de infografía de ABC, Fernando Rubio, que según todo el mundo, y yo incluida, ha sido el mejor infografista de prensa en España y que murió en


Roberto Baldrich. “Portada”, 1936.

Emilio Ferrer. “Portada”, 1930.

enero del año pasado. Nos hizo una viñeta para una cosa que le pedimos para Navidad y nos la regaló. Esa fue la última pieza que entró. Comprar no compramos, porque tenemos que pagar todo esto, pero lo que nos pueda ir llegando por parte de los artistas es bienvenido. Hay herederos que se están poniendo en contacto con nosotros para cedernos materiales, porque mucha gente no sabe qué hacer con las piezas que tiene en casa. Como no son consideradas obras de arte no se puede mercadear con ellas como si fueran obras de artes plásticas y

Roberto Baldrich. “Rosas de Francia”, 1931.

casi tienen más valor sentimental que económico, pero aquí sí que se enriquece y se incrementa el fondo. En todo caso, lo que pretendemos ahora no es tanto enriquecer la colección con fondo, que bienvenido sean los fondos si nos llegan, sino tener el museo como de altavoz, como medio para darle presencia a la ilustración en todos sus derrotero. Nos gustaría que, tanto los ilustradores como otros colectivos que están relacionados con ellos tomasen el centro como un sitio donde contar sus cosas. Si no presentar la obra porque a lo mejor es efímera o porque es

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una intervención en pared o en el espacio, al menos que sea el lugar donde determinado colectivo que antes trabajaba en su mesita del estudio sin que nadie lo viera, solo en las páginas de un periódico, tome importancia y nosotros podamos contarlo”. El museo nace en un momento en que la ilustración está sufriendo una importante transformación, principalmente el abandono del soporte, lo que en principio la hace poco compatible con su incorporación a un archivo tradicional. “Probablemente lo que nos llegue en el futuro venga en otro soporte, no sea per-


José Pedraza Blanco. “Portada”, 1929.

Manuel Ballester. “Portada”, 1929.

manente sino que sean instalaciones o aportaciones de un artista en un espacio. Puede que nos llegue como libro, en soporte digital, a través del diseño gráfico, por la animación, por otros medios que no sea el papel y el lápiz, como nos ha llegado ahora”. ¿Va a estar la colección accesible para consulta y trabajos de investigación? “Sí, siempre se ha podido acceder al archivo, pero supongo que por desconocimiento la gente no lo solicitaba. Cada vez que alguien pedía una información se le intentaba facilitar y esa atención se va a

Hipólito Hidalgo de Caviedes. “Portada”, 1931.

mantener. No tenemos sala montada para investigación pero si alguien quiere venir a investigar, con un proyecto que esté bien montado, lógicamente, se le va a permitir”. ¿Está catalogada a día de hoy? “Está ordenada pero no está catalogada. Hay todavía muchos gazapos, como las portadas de ABC realizadas en la época de la República cuando el periódico fue requisado por las tropas republicanas y que resultan, además de artísticamente muy valiosas, muy interesantes desde el punto de vista político o sociológico porque no siguen la línea editorial del periódico.

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Suelen aparecer cosas con las que no cuentas y por eso, abrir el archivo a la investigación de otras personas nos puede ayudar a organizar los fondos. Para que te hagas una idea, de las casi doscientas mil piezas que tenemos hay digitalizadas unas nueve mil, con datos técnicos e inventariadas y nos hemos propuesto que todo lo que se vaya exponiendo se vaya catalogando. Va a ser la parte más tediosa porque, si estuviéramos en un buen momento económico, podríamos organizar un grupo de investigación, pero ahora no es posible. En ese aspecto estudiamos la posibilidad de


Tono “Portada”, 1932.

Antonio Orbegozo. “Portada”, 1929.

Atc. “Portada”, 1930.

organizar acuerdos con las universidades o con grupos de investigación que estén interesados”. ¿Están previstos contactos con otros grupos de comunicación que puedan albergar archivos de ilustración con la intención de alojarlos en el museo? “Supongo que El País, El Mundo o las revistas que tienen entre treinta o cuarenta años como mucho tendrán su fondo, pero lo utilizarán como archivo gráfico y, además, en los últimos años les habrá pasado como a nosotros, de manera que sus autores ya no entregarán su original.

Por otra parte, la mayor parte de los archivos han desaparecido. La Vanguardia, por ejemplo, que es más o menos de la mísma época que ABC, liquidó su archivo. Revistas que podrían ser muy interesantes para este museo, como La Codorniz, cuando desaparecieron, desaparecieron también sus archivos y lo máximo que quedan son lotes de originales que pertenecieron a un autor o a otro y que, de vez en cuando, salen a subasta. Otro ejemplo sería el de Bruguera, cuyo archivo, hasta donde sé, está embalado, aunque no sé si son las publicaciones o los originales. Lo tiene

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Ediciones B y, como existe un proyecto para hacer un museo del cómic, supongo que lo rescatarán ellos. Todos esos archivos se han ido perdiendo. Lo que quedan son pequeños conjuntos que están en manos de particulares y que, en caso de que estén en medios de comunicación, sus responsables no lo saben. En mi opinión, el que exista este centro, o en el momento que surja el museo del cómic en Barcelona, servirá para que la gente que no sabe qué hacer con sus archivos, encuentre un sitio al que cederlo”.


Ramón Puyol. “Portada”, s.d.

Aníbal Tejada. “Sin título”, s.d.

Santiago Ontaño. “Portada”, 1936.

¿Cuál ha sido la acogida del Museo en sus apenas dos meses de vida y cuáles van a ser las actividades para el año 2011? “Estamos teniendo una afluencia considerable. En un mes hemos superado los diez mil visitantes. Eso es importante porque hay que tener en cuenta que es un museo nuevo, estamos en pleno invierno y, además, el ambiente cultural está un poco deprimido. En cuanto a los proyectos para el año que viene y en relación con lo que comentaba de hacer del museo además de un contenedor de obras un altavoz para los profesionales de la ilustración o relacionados con

ella, una de las cosas que vamos a hacer el año que viene es visionar portafolios de gente profesional o no, para que personas relacionadas con la ilustración y la edición les den una visión de cómo ven su trabajo y luego organizar exposiciones con ellos. En cuanto a las otras exposiciones, tenemos cerrado todo el calendario para el 2011 que, aunque parece mucho tiempo, no lo es tanto si tenemos en cuenta que otros centros de arte cierran sus programaciones con dos y tres años de antelación. Tendremos una exposición sobre los storyboards de Akira Kurosawa que está

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actualmente en la Alhondiga de Bilbao; otra de producción propia que es una reflexión sobre ilustraciones hechas con papel pero sin lápices o tinta; y exposiciones para mostrar los fondos de la colección. En este apartado tenemos prevista una dedicada a Lorenzo Goñi con motivo de su centenario, otra sobre los dibujos de moda de las décadas de los 20 y 30 del siglo XX realizados por Sáenz de Tejada, otra sobre portadas de Blanco y Negro y, por último, una sobre piezas de la colección del Banco de Santander, que es uno de nuestros patrocinadores”. l


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