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Hillman Curtis Una historia de Nueva York Cuando despuntaba el verano, unos días antes de que problemas de salud le obligasen a cancelar su intervención en el Mad09 –de nuevo un éxito para Doméstika–, uno de los pioneros del diseño web y actualmente cineasta emergente nos hablaba de su vocación y de su forma de entender el diseño desde su soleado estudio en el corazón creativo de Nueva York. Texto: José Luis Lizano La concepción de la web como un espacio en el que el diseño, en diversos aspectos, tiene un papel imprescindible tiene corta trayectoria si lo comparamos con los distintos ámbitos sobre los que históricamente se entiende al diseño como una herramienta perfectamente integrada en el proceso de producción. La confusión de perfiles profesionales con la que arrancó internet ha dejado paso a unas estructuras laborales donde cada papel tiene bien definidas sus funciones y el diseño ya es el eje sobre el que gira todo –no en todos los casos, lo sabemos–. El hecho de que el ritmo en los avances en el diseño web sea vertiginoso nos permite hablar a estas alturas, poco más de quince años después de que internet comenzase su expansión a nivel popular, de auténticos pioneros en esta disciplina. Nuestro interlocu-

tor, que lleva en este gremio desde casi sus comienzos, es, sin duda alguna, uno de ellos. Con una evolución profesional marcada por la tecnología, a pesar de que a día de hoy su pasión es la imagen en movimiento entendida en un formato tradicional –aunque vivida por y para la web–, por sus manos han pasado numerosos proyectos de diseño para las más relevantes compañías en este sector. Adobe, AOL, Hewlett-Packard, Intel o Yahoo! han puesto en algún momento bajo su responsabilidad importantes proyectos de desarrollo en internet. En el corazón del vecindario de DUMBO, una de las zonas con mayor actividad cultural de Brooklyn y espacio urbano para numerosas empresas ligadas al diseño, encontramos la oficina desde la que Hillman Curtis dirije el estudio que fundó

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hace poco más de una década. Trabaja con un pequeño equipo multidisciplinar y comparte espacio laboral con un grupo de arquitectos, “así que siempre hay modelos de edificios alrededor. Nuestra oficina es muy luminosa y estamos en una zona plagada de agencias creativas”. Desde este idílico marco, a donde cada mañana llega pedaleando, disfrutando así de una de sus grandes aficiones ajenas a lo profesional, Curtis rememora su pasado para hallar aquel recuerdo que lo guió hacia donde ahora se encuentra. “Fui bendecido con la posibilidad de crecer con mi padrastro, quien fue un gran coleccionista de libros. Tenía millares, entre los que se incluían monografías de carteles de la II Guerra Mundial. Carteles de propaganda, de tiempos de guerra, a lo largo de mi vida habré pasa-


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do horas examinándolos. Lo recuerdo con claridad, no tenía más de diez años y aquellos libros llamaron mi atención. No fue hasta muchos años después, cuando ya estaba embarcado en mi carrera como diseñador, cuando me vi de niño estudiando esos libros; así me dí cuenta de que estaba inmerso en el diseño gráfico ya desde temprana edad”.

El trampolín Macromedia Corredor de fondo en su profesión, su despunte como estrella internacional se produjo en los años anteriores al cambio de siglo de la mano de su trabajo para Macromedia. Compañía a la que accedió tras una meteórica carrera, pasando en menos de un año de premiado freelance a director de arte en el gigante que extendió la tecnología Flash.

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Supo exprimir al máximo aquella plataforma, de manera que obtuvo un extenso reconocimiento público además de un elevado aprendizaje profesional, fundamentalmente gracias a las altas dosis de experimentación que aplicó en aquellos años. “El recuerdo que me queda es que, indudablemente, era una gran compañía. Aprendí mucho estando en ella. Recuerdo pasar noches en vela para conseguir algún nuevo logro en Flash y recuerdo trabajar con Neville Brody, quedándome casi sin palabras al lado de semejante diseñador, cuyos libros había estudiado. Creo que en Macromedia fue donde me convertí en diseñador. No me podría considerar como tal hasta mi paso por allí”. Aquellos efervescentes tiempos, donde profesionales como él iban poniendo los cimientos de lo que hoy es el diseño en la

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web, son recordados por su parte con tremendo cariño. “Al echar la vista atrás siento excitación, emoción y sentimiento de comunidad. He crecido y ahora estoy más involucrado en el vídeo pero hace ocho o nueve años estaba muy implicado en la web. El medio era novedoso y parecía infinito; había mucha experimentación… El diseño aplicado a la web ha sufrido durante estos años una constante evolución, quizás actualmente más centrada en la técnica, aunque entiendo que los avances técnicos siempre sirven para dar un empujón al diseño. Un diseñador web se encuentra muy a menudo ante el desafío de diseñar el mejor interfaz o el sistema que se acomode con la nueva tecnología... pero me he dado cuenta de que el diseño actual parece un poco estancado”. Admirador de Charles Eames y del diseño funcional, es partidario siempre de escu-


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char con humildad al cliente para aprender de él y así proporcionarle la solución más eficaz, más ajustada a las condiciones en las que su proyecto se mueve. En este sentido admite sin problema que “el cliente puede decirte cuál debería ser la clave del proyecto. Por contra, rara vez podrá ayudarte a la hora de visualizar la solución. En realidad esta es la razón por la que los diseñadores somos contratados. Esto significa que, en mi opinión y según mi experiencia, hay que involucrar al cliente en cada paso del proceso. Siempre me ha sorprendido lo que mejora un proyecto cuando hemos sabido incluir las ideas del cliente”. Para completar las premisas sobre las que fija su trabajo, reivindica el conocimiento de la tecnología por parte del diseñador. Entiende Curtis que ese conocimiento facilita la fijación de objetivos y el desarrollo de un método sobre el que cons-

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truir el proyecto. “Es muy importante. Cuando digo que trato de identificar y apoyar el objetivo del proyecto en mi trabajo, significa que la tecnología tiene que dar soporte a ese objetivo perfectamente. Nunca es sólo una ‘solución visual’, el site ha de funcionar”. Partidario de equipos reducidos y contrario a la idea –tan extendida en el negocio web– de hinchar su estudio a base de tocar todos los palos posibles olvidando el cuidado de los detalles y el compromiso con el producto, su método de trabajo para grandes proyectos pasa por unir esfuerzos con colaboradores que aporten conocimientos particulares o, directamente, empotrarse en los departamentos implicados del cliente. “Mi compañía es muy pequeña y siempre lo ha sido. Así que trabajamos en un proyecto o dos, como mucho, a la vez. No hay muchas

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reuniones en marcha. Nos sentamos cerca los unos de los otros y si alguien necesita una rápida revisión u opinión, simplemente preguntamos”.

Web y vídeo en la misma pantalla Su trabajo como diseñador web siempre ha estado muy volcado en dar soluciones que traduzcan de forma clara lo que el cliente quiere transmitir, dando prioridad al carácter comunicador por encima de las consideraciones personales de estilo. “A la hora de enfrentarme a un nuevo encargo, sobre todo si es un trabajo web, trato de averiguar cuál es la motivación de la compañía o del producto. Después, intento comunicarlo en cada píxel. Encontrar el motivo que mueve cada proyecto es como pintar una diana en la pared que tienes delante, siem-


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pre sabrás dónde tienes que apuntar. Trato de justificar cada decisión de diseño a través de este objetivo. Siempre he pensado que el diseño ha de servir a un propósito. Adoro las cosas que son hermosamente simples y funcionan bien. Es lo que siempre he intentado hacer en mis trabajos, las tendencias van y vienen y actualmente apenas sigo modas. Para mí el objetivo siempre será hacer algo funcional, tanto interactiva como temáticamente. En el caso de un film o un spot, puedo ser un poco más abierto. Me gusta dejar que elementos incontrolables como el clima, la localización o la química entre los actores influya en el proyecto”. En la actualidad, aunque sigue aportando su profundo conocimiento de la web para ciertos proyectos, como su reciente trabajo para la Metropolitan Opera de Nueva York, lo

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que ocupa la mayor parte de su tiempo es la videocreación. Lo mismo aplica su reconocible punto de vista en puesta en escena y edición a cortometrajes narrativos que a spots comerciales para clientes como Rolling Stone, Blackberry o el centro educativo The Getty Villa. En este ámbito destaca, dentro de su producción, su Artist Series, documentales de metraje reducido dedicados a grandes nombres del diseño como Milton Glaser, Stefan Sagmeister, Paula Scher o David Carson, entre otros. “Empecé la serie con Sagmeister. Acababa de comprar una cámara de vídeo y coincidimos viajando juntos para dar una conferencia. Llevé la cámara y filmé a Stefan durante el camino. Tenía horas de metraje pero me di cuenta de que nadie iba iba a ver un film tan largo, así que lo monté en una pieza de siete minutos, lo que se ha converti-

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do en mi rutina de trabajo”. De esta interesante propuesta, que está disponible a través de su web, Curtis ha extraído lecciones importantes. “De Milton aprendí que puedes permanecer en activo y tener relevancia en nuestro campo durante muchos, muchos, años. De Stefan aprendí cómo nutre su creatividad… siempre hace bocetos en cuadernillos y es muy disciplinado en cuanto a lo que es trabajo creativo y trabajo administrativo. Paula tiene una mente muy activa. Siempre está pensando, siempre alerta… de forma que hace bocetos constantemente. Sus ideas fluyen del lápiz al papel… nunca hay un ordenador de por medio. Carson es pura intuición… Sé que da muchas vueltas sobre el concepto y el contenido, pero el modo en el que estructura su trabajo, que es profundamente hermoso, parece totalmente intuitivo”. l

Hilman Curtis  

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