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Decálogo del diseñador concienciado

Texto e ilustración: Enric Jardí

1. El diseño es para todos

2. El diseño tiene que ser sostenible

El estilo no puede nunca anteponerse a los criterios de usabilidad. La forma sigue a la función. Hay que hacer que las cosas sean fáciles para el lector, el viandante, el pasajero, el consumidor. Por eso los diseñadores gráficos siempre escogemos las letras más adecuadas, y nunca los alfabetos de difícil lectura aunque estén de moda. Jamás los aplicamos en cuerpos pequeños: los empleamos en grande y con los colores adecuados para que todo el mundo pueda leerlos. No diseñamos páginas con jerarquías confusas. Por ejemplo, no situamos nunca los pies de foto lejos de las ilustraciones o en la parte final de la obra, no ponemos elementos innecesarios, escogemos formatos y encuadernaciones manejables, archivables y que duren en el tiempo. Diseñamos siempre pensando en hacerlo todo cómodo para todo el mundo.

Sólo tenemos un planeta y la especie humana está malgastando los recursos con un consumo descontrolado. Por eso rechazamos encargos donde nos proponen soluciones poco sostenibles o tiradas excesivas. No aceptamos diseñar productos absurdos como los libros de “mesa de café”. Nunca diseñamos con formatos caprichosos, fuera de los estándares en los que se optimiza el consumo de papel. Tampoco diseñamos para imprimir tintas especiales, barnices, laminados contaminantes o no reciclables. Últimamente apenas diseñamos papelerías comerciales ya que sabemos que el 90% de la comunicación se realiza a través de mensajería electrónica.

3. El proceso es lo importante, no el resultado Ama el proceso. Los errores son un punto y seguido mientras que un acierto es un punto final, es paralizante. Por eso los diseñadores estamos siempre dispuestos a realizar cambios en los proyectos ya aprobados, somos muy flexibles.

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4. El éxito es aburrido

5. Adáptate al entorno

No busques la fama, busca el progreso. Aprende a creer en los proyectos colectivos más que en el prestigio personal. No antepongas tu carrera a la solución satisfactoria de un encargo. Por eso pocas veces olvidamos firmar nuestros trabajos, y que firmen todos los que han colaborado, del primero al último. Nos apasiona compartir secretos profesionales con otros colegas para que avance nuestra profesión. Y cuando nos presentamos a premios de diseño lo hacemos para mostrar un buen trabajo sin que importe quién lo ha hecho, y colaborar así en el desarrollo de nuestra actividad; en ningún caso lo hacemos para ponernos medallas.

Observa a tu alrededor y captura los accidentes, el azar es importante. Valora lo que ya está hecho y lo que funciona. No pretendas imponer siempre tu punto de vista. Por eso nunca marginamos los diseños que no hemos hecho nosotros. Somos respetuosos con las marcas ya implantadas, la heráldica, las pautas y las normativas. Siempre nos gusta colaborar con otros diseñadores. No nos supone un problema tener que aplicar logotipos, paletas de color y sistemas que han decidido otros. Y al mismo tiempo, tener que hacer normativas y manuales de uso no nos gusta nada. Nada de nada.


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6. El diseño alberga un sentido social Los diseñadores somos importantes en la toma de decisiones de los procesos de consumo. Podemos actuar a favor de un mundo más justo y solidario. Nuestra labor va más allá de ordenar palabras e imágenes, y no debemos diseñar aquello que no merece la pena ser leído. Porque el diseño gráfico no se encuentra en el corazón mismo de los mecanismos de consumo. Los diseñadores no colaboramos nunca con el marketing, la publicidad y el desarrollo de marcas para productos y servicios innecesarios. Nos repugnaría, por ejemplo, que nos pidieran que trabajásemos para una multinacional de productos deportivos que explota mano de obra infantil en el tercer mundo. Y cuando una guerra estalla en un lugar lejano, fruto de las desigualdades provocadas por el saqueo constante que occidente ha ido practicando en esos países, los diseñadores gráficos… organizamos una exposición colectiva de carteles: ¡Que aprendan esos gobernantes!

7. Inventa

8. No al estilo

Cada encargo es un mundo. Cada idea tiene que ser original. El camino que otros han hecho antes no tiene por qué ser bueno para ti. Invéntate a ti mismo. Las ideas preconcebidas son paralizantes. Por eso a los diseñadores no nos gusta nada que los clientes sean tan poco originales, que estén siempre pendientes de la competencia. Y es que los diseñadores no copiamos nunca. Acaso, en ocasiones, hacemos homenajes.

El estilo es una flaqueza humana. Lo importante es el concepto. Por eso odiamos los filtros de PhotoShop (especialmente cuando ya hace tiempo que han pasado de moda), las tipografías más novedosas, los colores de moda. En definitiva, odiamos las tendencias. Nuestra obra, vista con la perspectiva de los años, es atemporal y duradera.

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9. Todos somos autores Todo creador tiene derecho sobre su obra. No dejes que los clientes abusen de tus obras indefinidamente. Exige respeto por aquello que es tuyo. Por eso los diseñadores nos quejamos de que los clientes no compren las tipografías y el software que les demandamos. Porque nosotros nunca jamás hemos utilizado software pirata. Ni nos hemos descargado ilegalmente música y películas de internet. Porque respetamos a los autores.

10. Haz preguntas Escucha con atención. Investiga a fondo, explora los márgenes. Mira allá donde nadie ha mirado. Por eso respetamos siempre la opinión del cliente. Sabemos que, en el fondo, es quien mejor conoce el producto. Nunca decimos que es un ignorante, o que no sabe lo que tiene entre manos. Nunca le colocaríamos algo hecho con prisas. Y nunca utilizaríamos una idea rechazada anteriormente para un nuevo proyecto: cada proceso es único.

Enric Jardi  

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