Issuu on Google+

Xènia 131

3/7/08

16:59

Página 8

El aprendizaje del diseño Texto: Xènia Viladàs (http://xviladas.blogspot.com) Para una catalana como yo, pasar el 23 de abril fuera de Cataluña siempre trae consigo algo de desconcierto, como si echase en falta todo ese trasiego de libros y rosas y más libros que, por otro lado, me sobra cuando estoy allí. Este año he pasado el día de Sant Jordi en Murcia, donde la Escuela de Arte y Diseño me había invitado a dar una clase sobre la gestión del diseño. Me anticipo a decir que la acogida fue calurosa, que lo pasamos bien, ellos y yo, y que me quedaron ganas de volver. En el tren de regreso a Madrid tuve tres largas horas para hacer el balance de la jornada y una de las conclusiones era que la pregunta más difícil que me hicieron no tenía que ver con la gestión del diseño sino la que se refería a mi opinión sobre la situación de la enseñanza del diseño en España: un tema sobre el que siempre he sido más bien crítica y que, en el entorno de una escuela de diseño, rodeada por parte del claustro, era delicada de tratar. Revisando el tema, me reitero en lo que dije en una entrevista que me hicieron a finales del año pasado en EDUCAWEB (www.educaweb.com): “A mi modo de ver, el primer problema con el que se tienen que enfrentar los estudiantes es que en muchos casos llegan a la enseñanza superior sin disponer de las herramientas mínimas necesarias para enfrentarse a una etapa de formación más compleja: desde poca capacidad de análisis hasta carencias graves en gramática y ortografía, pasando por dificultades de expresión oral o de representación visual de los conceptos y falta de hábito de lectura. A su vez, el cuadro de profesores que los acoge en ciertas escuelas tiene poca o nula formación pedagógica puesto que se prioriza el fichaje de profesionales en activo que aporten prestigio a corto plazo frente a la calidad pedagógica. Un porcentaje demasiado alto de estos diseñadores independientes en relación a docentes a tiempo completo, también contribuye a falsear la imagen que los estudiantes se hacen de la profesión y fomenta un sis-

tema endogámico y autocomplaciente. Así las cosas, lo de menos es lo confuso de los planes de estudio, lo largo de las reformas y el cambio constante de criterio por parte de las autoridades. […] Yo soy de la opinión de que el diseño tiene que estar en la universidad porque en nuestro sistema educativo ésta es la única vía para realizar investigación y para hacer que avance la disciplina de manera científica. La demás oferta, bienvenida sea –y cuanta más mejor– el problema no es de cantidad sino de calidad; y otra cuestión está en que las empresas demandantes de diseño sepan qué es lo que les hace falta y que tengan criterio a la hora de contratar a profesionales para poder exigir el nivel de conocimiento y de profesionalidad que corresponda a sus necesidades. A mi entender, la falta de conocimientos en temas de gestión perjudica a los profesionales: ni pueden entender a su cliente ni pueden gestionar su propia empresa; otra carencia grave es el desconocimiento de los idiomas vehiculares de nuestro tiempo, con lo que se pierden las oportunidades de conocimiento que ofrece un mundo global. Por otro lado, la deslocalización de la producción y la competencia de equipos internacionales pueden llegar a ejercer una presión sobre el colectivo del diseño. Estos dos temas, unidos a la calidad azarosa de ciertas instituciones, repercute en contra del reconocimiento del diseño y de la remuneración de los diseñadores”. Va por delante que mi experiencia docente ha tenido lugar siempre en escuelas privadas, pero me aventuro a pensar que varios de los problemas que cito son extrapolables. A este respecto, me contaba una amiga argentina que en su país la enseñanza de mayor calidad es la de la universidad pública: partiendo de contingentes de hasta 400 alumnos matriculados por año, el nivel de exigencia de los docentes es muy alto y la criba es muy severa, de forma que los que llegan a licenciarse (a “recibirse”, como dicen allí) no solo son muy buenos sino que

visual 8

además están muy convencidos de lo que quieren hacer en la vida y han aguantado aulas sin calefacción, horarios imposibles y falta de todo tipo de recursos. Aquí tengo la sensación de que nos estamos acomodando al nivel que nos llega en vez de mantener el estándar alto y exigir: en una interpretación perversa de la relación mercantil, el alumno se transforma en cliente y exige al profesorproveedor que, a cambio de las tasas de matriculación, le sirva la mercancía objeto de transacción, esto es, la titulación académica (y no el conocimiento). Otra particularidad de la universidad argentina que me llama la atención es que allí un alto número de docentes lo son ad honorem, sin cobrar: son profesionales en ejercicio, antiguos alumnos del mismo establecimiento en que enseñan, que consideran que lo que en su día recibieron de la universidad pública y gratuita lo tienen que revertir de esta forma a la sociedad. Me parece un gesto muy loable y muy lógico pero que en estas latitudes no parece fácil de replicar: excepción hecha de algunas instituciones que han cultivado un fuerte sentido de identidad y en los que sí se pueden dar algunos retornos por complicidad o nostalgia, la baja tarifa de la hora de clase suele ser uno de los motivos de malestar por parte de los docentes, que ven que, sin embargo, las matrículas de los estudiantes cada día son más onerosas. En mi opinión el sistema de la enseñanza de diseño en general debería de ser revisado de arriba abajo: si por un lado estamos convencidos de que el diseño tendrá un papel cada vez más importante en la sociedad y en la economía, no deberíamos consentir que los futuros profesionales salgan mal preparados para ello. Y aún conmovida por la sesión de Murcia, me atrevo a pedir que nos esforcemos más entre todos y que, de donde parece que no hay más que quejas y críticas, rescatemos algo de ilusión que nos permita darle la vuelta a todo esto para volvérnoslo a creer.❧


aprendizaje del diseño