Issuu on Google+

ramiro 136:Pauta viasual 2 columnas

14/1/09

15:50

Página 10

¿Y con la gráfica, qué hacemos?

Con Dios y con el diablo Texto e ilustración: Ramiro Seva (www.ehratas.com)

“Si es verdad que soy poeta por la gracia de Dios –o del demonio– también lo es que lo soy por la gracia de la técnica y del esfuerzo...”. Federico García Lorca, 1931. Me parece que pocas frases resumen tan bien el espíritu de un trabajador incansable como esta máxima lorquiana y creo firmemente en su aplicación para cualquier trabajo que pueda llegar a apasionar a uno. No se me ocurre poner peros a lo que dijo el genio, pero sí que añadiría algo a la aplicación de la misma para mi contexto (que seguramente Lorca no necesitaba como artista) y es la contención. En la mayoría de oficios relacionados con la publicidad o la edición hay un factor tan importante como la técnica y el esfuerzo: el tiempo. Ese tiempo que nos ahoga a los más apasionados. Que nos impide ser tan perfeccionistas como quisiéramos. Que, a pesar de que tratemos de exprimir el día sacando horas de donde no deberíamos, nos desasosiega por impedirnos llegar a la perfección, o mejor dicho, a lo que podría bastarnos como “lo ideal”. Sólo la adecuada dosis de contención puede controlar ese factor. Hay que contenerse para evitar el exceso en el tiempo, como hay que contenerse para encontrar el equilibrio en la obra y no perderse (más de “lo ideal”) en los detalles. Y así podemos toparnos con otra máxima, que no me ha marcado menos, y que posiblemente es la cita más conocida de Mies van der Rohe: “Dios está en los detalles”. O con la antagónica: “el diablo está en los detalles”, muy común en el mundo anglosajón. Por cierto, el cambio de sujeto entre las dos me hace esbozar una sonrisa al recordar de nuevo la agudeza de Lorca al sembrar dudas sobre a quién debería agradecer la ayuda “exterior” de su condición de poeta. Divinidades aparte, creo que vale la pena volver a la importancia de la contención y hacerlo con un poco de apoyo gráfico. Estas páginas no suelen arrancarme buenas palabras sobre gráficas ajenas y, a pesar de que las aprovecho más a menudo para tratar de aprender de lo que me repele, esta vez el texto se codeará con un par de pie-

zas que me parecen realmente interesantes. Ambas ilustran a la perfección cómo se puede combinar el horror vacui con la contención, algo que a priori puede parecer tan contradictorio como atribuir a Dios o al diablo lo mismo pero que, con maestría, estas muestras evidencian que se puede llevar a cabo. La primera de ellas pertenece a la cubierta del libro de CLA-SE “esc” -enter spanish creativityy la segunda a un trabajo de los chicos de Vasava para la Red Bull Music Academy. La casualidad, Dios o el diablo, han querido que ambos trabajos, que conocí con similar agrado casi a la vez, coincidan en la contención cromática y en el protagonismo de un círculo entre el abigarramiento del fondo. Es cierto que tengo claras preferencias hacia el diseño que tiende hacia la racionalidad y el minimalismo, pero me quito el sombrero cuando veo trabajos en los que se ha sabido jugar tan bien la minuciosidad y el detalle con la composición y el equilibrio final del conjunto. Por si fuera poco, babeo de envidia cuando pienso en cómo en Vasava puedan permitirse dar rienda suelta al preciosismo en las ilustraciones como la del fondo y es que, a pesar de mis preferencias, creo que trabajar

visual 10

así, de cuando en cuando, olvidándose de las agujas del reloj, es casi terapéutico. Pero bueno, supongo que ese pensamiento descuida que también han sabido contener el tiempo gracias a la técnica (mira... ¡como Lorca!) algo que prodigan en sus talleres enseñando y dando referencias de maestros que nos facilitan las cosas para crear patrones de repetición y diferentes soluciones para conseguir fondos economizando el tiempo. Cerraré diciendo que vivimos en un momento en el que las tendencias se dejan notar y la globalización afecta pero, afortunadamente, no de manera que los grafistas nos veamos forzados a mantenernos en una. Se puede resolver un trabajo con gran profusión de elementos gráficos y el siguiente haciendo gala de la mayor economía de motivos. Personalmente prefiero que, si se opta por la primera opción, se sepa contener de alguna forma esa profusión pero, en cualquier caso, lo bueno es que (a ritmo de tango, aunque sin carácter apocalíptico) igual que en la vidriera irrespetuosa de los cambalaches, se ha mezclao la vida, juntando lo barroco con lo mínimo y a Dios con el diablo sin el menor pudor. l


Con Dios