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Comienzo de curso Texto: Nano Trias (www.obaku.es/zenblog)

Desde que se popularizaron las vacaciones en agosto, septiembre ha sustituido a enero como comienzo de año. Es en septiembre cuando retomamos el día a día con fuerzas renovadas y renovado interés en nuestras vidas y carreras. Los estudios de marketing revelan que es cuando la gente más se suscribe a revistas, más créditos rápidos se solicitan y más colecciones se empiezan. Los anuncios de televisión dan fe de que la fórmula funciona y que es el mes que elegimos mayoritariamente para enfrentar el nuevo año con renovados propósitos personales. Nosotros no somos menos, y ya habrá quien haya meditado durante las vacaciones cómo va a enfocar el trabajo cuando vuelva a sentarse frente al ordenador. Tal y como estamos, metidos hasta las cachas en una crisis que nos va desgastando poco a poco, nuestro sector requiere de unos deseos para el nuevo “curso” que vayan mucho más allá de lo personal. Entre otras cosas, este próximo año nos vamos a encontrar que el Ddi – y con él la promoción del diseño a nivel estatal– pasa a formar parte de la empresa nacional para la innovación (ENISA), dependiente del Ministerio de Industria, Turismo y Comercio. No me parece un mal sitio para el diseño, más correcto que en Cultura o algún otro Ministerio en el que hagamos encajar con calzador nuestro sector. De cualquier modo, estos cambios siempre despiertan suspicacias, y leer a qué se dedica ENISA no tranquiliza en absoluto. El hecho de que no dependamos directamente de Industria, sino de una empresa que a su vez depende, no augura una autonomía que nos permita enfocar nuestro propio camino. Tampoco se comprende que una S.A. nacional, dedicada a la financiación de pequeñas y medianas empresas, sea el lugar más indicado para la gestión del diseño. En cualquier caso, encajaremos en la estructura económica empresarial como valor añadido de los productos y servicios, pero no se me ocurre en qué momento de la financiación

de una Pyme, el diseño puede ser considerado como un préstamo a medio o largo plazo. Parece ser que no terminamos de encajar en ningún lugar, y no saben si colocarnos como parte de la financiación de las empresas, como una extensión de las galerías de arte o como parte del desarrollo e innovación empresarial. Insisto: “no saben”, y ahí está el quid de la cuestión. Es el Consejo de Ministros el que planea estas reorganizaciones, y lo hace con los números de los que dispone; decisiones pragmáticas tomadas con datos objetivos. Y nosotros, ateniéndonos a ellos, valemos más bien poco. Me explico: Hace unos meses un amigo me contó que el Ddi tiene en su web un directorio de profesionales del sector. En cuanto lo supe, fui a inscribirme. El montante total de diseñadores en este país, según la sociedad estatal encargada de la promoción del diseño, es de cuatrocientos sesenta y siete (467). Esa cifra incluye diseñadores gráficos, industriales y de moda. La cantidad es irrisoria. Sólo Madrid triplica con creces ese número, y las cuatro principales ciudades españolas multiplican por diez esa cifra. Pero… ¿cuatrocientos sesenta y siete es el número con el que trabaja el Consejo de Ministros cuando toma decisiones sobre diseño? En ese caso no somos representativos de nada, y es normal que no sepan donde encajar a ese pequeño grupito. Es de suponer que esa cifra esté corregida por el propio Ddi, que tiene una aproximación más cercana a la realidad de los profesionales que engrosamos el sector. Aun así, los que deciden deben ver en nuestra actitud una desidia manifiesta hacia la Sociedad Estatal que nos representa. Y si a nosotros nos importa poco, a ellos les preocupa menos. No estaría de más que, entre los propósitos para el nuevo curso, incluyésemos la intención de hacer bulto, de hacernos ver

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como grupo profesional, de montar un poco de ruido para ser nosotros los que escojamos dónde encajar y hacia dónde queremos ir, deteniendo de una vez estas idas y venidas dentro de la estructura empresarial del país. Para eso debemos constar en los registros estatales, sin suspicacias sobre el gobierno de turno ni sobre el ministro que toma las decisiones que nos incumben. Aparecer en las listas es gratis y es importante; o al menos lo será a la larga, cuando demos un nuevo salto desde ENISA hacia alguna otra entidad medio pública. Igual para entonces somos suficientes para dar el salto hacia el ministerio, y no caer otro peldaño más en la estructura estatal. El Ddi no se libra aquí del tirón de orejas. A mi me sorprendió saber del directorio después de varios años suscrito a sus noticias. Incluso sabiendo que existía me costó encontrar el lugar donde se ubica en su web, pero sobre el diseño de la información ya hablaremos en otra ocasión. Tras enviar mi alta en junio, aún no he recibido las claves que me permitan completar mi ficha y, a día de hoy, aún no aparezco entre los 467 profesionales del directorio. Puedo comprender que la “mudanza” les tenga ocupados, pero si elevamos la cifra de cuatrocientos a cuatro mil, van a necesitar una velocidad de respuesta mucho mayor que la que vienen demostrando. NOTA: Me reservo este último párrafo para aclarar mi escrito del pasado número sobre Los tontos problemas legales de Diego Areso. El propio Diego habló conmigo para indicarme que el malentendido estaba solucionado. Incluso disculpó al grupo Zeta, que poco después de aquel incidente se puso en contacto con él para “autorizarle” el uso de las portadas tal y como venía haciéndolo Quinta Tinta. Como errar es humano y rectificar es de sabios, quería guardar unas palabras para mostrar aquí también el gesto de Zeta, que les honra. Me alegro, Diego. l

comienzo el curso  

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