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Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas

Cátedra Libre

Reflexiones sobre la enseñanza de la economia en la universidad Fernando Morán, Santiago Calderón. Estudiantes, séptimo semestre de economía. Universidad de Nariño. “la educación desencamino a la mayoría; Creen lo que creen porque así los han criado. El cura continúa lo que empezó la nodriza, Y el hombre por el niño es embaucado.” John Dryden “Los estudiantes no son una botella para llenar, Son una vela para encender. ” Estanislao Zuleta

S

e Citan las palabras escritas por una estudiante de Economía al hacer un ensayo para el profesor Julio C. Riascos : “En mi condición de estudiante me propondré, durante el desarrollo de este ensayo, mostrar, desde la ingenuidad de mi pensamiento, una serie de apuntes que considero note a bien hacerlos, con el animo simplemente de aportar con el beneficio de la duda. En algunas consideraciones, que aclaro, vienen desde la doxa de estudiante” Adriana Marcillo En pocas palabras quisiéramos expresar algunas inquietudes que tenemos acerca del conocer en lo que llamamos “economía”. Con los evidencias históricas de nuestro tiempo, como lo son la crisis económica desatada en Estados Unidos y que repercute con fuerza en todo el sistema mundo capitalista – que por “consecuencia lógica” podemos asumirla también como crisis teórica- nos invita a la reflexión sobre todo en el proceso enseñanza/aprendizaje de la “ciencia económica” y por tanto, nos lleva a preguntarnos ¿Qué se enseña?, ¿Cómo se enseña? y ¿para qué se enseña?; lo que enseña, en esta materia. Estas tres preguntas son imprescindibles para la comprensión de nuestro acontecimiento histórico en la actualidad. La crisis del imaginario dominante actual, enseñado dentro de la teoría económica, es evidente. El pensamiento neoliberal fomentado con esmero por los países desarrollados, que insisten en que el mercado es capaz de autorregularse para generar el bien común, ha demostrado ser insuficiente para influir en el cambio del mal estado de las cosas, como planteaba el profesor Edgar Rodríguez en una exposición hecha en el marco de la cátedra libre del programa de economía: [… en la crisis económica actual…] “el gran mago no apareció por ninguna parte”… “la teoría no explica completamente la realidad”. Desprevenidamente asumimos que la teoría neoclásica esta lejos de dar explicaciones a la realidad compleja del comportamiento económico y social. Esto no solo nos obligaría a pensar que la discusión básica/primaria/simple de preguntarnos irreflexivamente sobre la dicotomía ¿estado o mercado?, es falaz; sino que nos pone ante la evidencia de que la

discusión debe ser mas profunda; debería llevarnos a la pregunta si es responsable seguir profesando y enseñando, las cada vez mas carentes de sentido, tesis impuestas por los países “desarrollados”, como si la historia fuera única para todos los países; totalitarista e inmutable. Aun mas; que tan homogéneos somos, realmente, los seres humanos?, todos tenemos la misma edad?, ¿la percepción del tiempo es la misma para el placer que para sufrimiento de una enfermedad?, ¿hay distinciones de genero, físicas y fisiológicas?. El mas simple sentido común nos aproxima a la evidencia de que estos interrogantes conducen a respuestas categóricamente positivas; sin embargo sabemos que en la teoría neoclásica, soporte del sistema imperante; supone implícitamente que los mismos interrogantes se responden con un No categórico. ¡Al contrario!, los agentes económicos son átomos [robots] cuyo única fuerza que los impele es el deseo de ganancia; es decir la maximinimización; de utilidades y de recursos respectivamente. En ellos no hay distinciones de tiempo, genero, gustos, sentimientos, etc. Todos los agentes son homogéneos. Nos parece que los teóricos de estas tesis antes, y los simpatizantes después, viajan en sus abstracciones al mundo fantástico de la ilusión y cuando las realidades no se parecen a sus presupuestos entonces para ellos es fácil decir que la “la realidad ha fallado” que para ese tiempo y lugar sus leyes no se cumplen; además hay quienes aseveran que lo que se miden son promedios [hechos homogéneos] y no particularidades momentáneas. Entonces si los átomos [agentes] económicos son predecibles y su anhelo es la ganancia, es fácil suponer que el mercado será el mejor escenario para su existencia. Fácil, en realidad no se necesita ciencia para explicarlo; ahora, si el Estado ayuda, mejor; el debe corregir las imperfecciones del mercado y así se vive en este mundo en el que todo es simple y reducido. Por esto se lanzan confiados a las predicciones del comportamiento de los mercados y de la producción de los países, también les resulta fácil correr modelos de desarrollo en este horizonte lineal, sin fricción, sin tiempo, plano y sin aristas. Pero todos sabemos que al escenario real confluyen muchos factores tanto objetivos como subjetivos, por ello, el comportamiento natural tiene sus bifurcaciones y en la mayoría de los casos son aleatorias, impredecibles y caóticas; desde el punto de vista focal, aunque en términos más globales, más acumulativos se perciba un patrón. De este efecto relativo es que se

desprenden las consideraciones teóricas y como se ve, penden de la relatividad más que de lo organizado y predecible. En este sentido la teoría económica se ha equivocado desde su concepción clásica y sin embargo sus simpatizantes la reiteran solo porque han desarrollado la capacidad de vivir en la ficción. En su libro La estructura del atraso en América latina, García Nossa nos dice al respecto: “ningún país del mundo se ha desarrollado, siguiendo las normas de racionalización formal que los cientistas sociales de los países desarrollados han expuesto en sus manuales de desarrollo, en sentido más estrictamente histórico, el desarrollo ha sido un proceso dinámico resultante de una gran revolución interior”. También Keynes, en su teoría general ya lo había dicho en su momento: “las características del caso especial supuesto por la teoría clásica no son las de la sociedad económica que hoy vivimos, razón por la que sus enseñanzas engañan y son desastrosas si intentamos aplicarlas a los hechos reales” Bajo las consideraciones anteriores la invitación es a que comencemos a ¡Pensar!; a la idea de la minga de pensamiento en donde todos somos capaces de construir colectivamente y en la riqueza de nuestras diferencias, sin timidez ni inferioridad intelectual. Si aducimos a esto es porque en el programa de economía, nuestros profesores nos predican la religión del mercado, irreflexivamente, con el cuento de “esto es lo que esta imperando”. La realidad es otra, lo que impera es la crisis, no solo económica, sino, ambiental, social, cultural, etc. Es más, que impere la tesis neoliberal no significa que sea justa aunque sea “legal”. Nuestros profesores no examinan ni reflexionan sobre la teoría en la que cada cual cree, en su mayoría, adoptan, enseñan y aplican; teorías foráneas, llegadas como producto final para enseñarnos como es el mundo, y nos toca aceptarlas dogmáticamente, bajo el supuesto de que nuestro pensamiento es “minusválido” y no podemos reflexionar acerca de ello y pensar en darnos un modo de vivir/entender distinto y propio, o si aceptamos ese pensamiento que sea después de una discusión profunda de las implicaciones sociales/biológicas/ambientales/culturales/económicas entre otras. ¿Pero esperamos reflexión de nuestros docentes? ¿Cómo? Si ellos así fueron formados, con un pensamiento lineal, acortado, simplista, vulgar , por tanto sus ideas van con lo adaptativo/básico, sin esfuerzo, y se dicen ser los “mejores”; acerca de esto, en su libro espíritu y naturaleza Beatson dice: “las ideas excesivamente simplistas, desplazan siempre las más elaboradas, y lo vulgar y detesta-

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Sin terminar

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