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Nuestra Se単ora de San Juan Una historia para el pueblo


NUESTRA SEテ前RA DE SAN JUAN -UNA HISTORIA PARA EL PUEBLO-

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DEDICATORIA: A los millones de peregrinos, devotos de Nuestra Señora de San Juan, quienes, porque mucho la aman, desean saber más.

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BIBLIOGRAFIA SELECTA FRANCISCO DE FLORENCIA S. J., Origen de los dos célebres Santuario de la Nueva Galicia, Obispado de Guadalaxara en la América Septentrional, 1757. Editorial Conexión Gráfica. ALBERTO SANTOSCOY, Historia de Nuestra Señora de San Juan de los Lagos y del culto de esta milagrosa Imagen, 1905. Editorial de San Juan de los Lagos. PEDRO MARÍA MÁRQUEZ, Historia de Nuestra Señora de San Juan de los Lagos y el Culto de esta milagrosa Imagen, 1966. Editorial de San Juan de los Lagos. JOAQUIN L. AGUAYO LÓPEZ, Compendio de la Historia de Nuestra Señora de San Juan de los Lagos, 1970. Editorial de San Juan de los Lagos. J. IGNACIO DAVILA GARIBI, Apuntes para la Historia de la Iglesia en Guadalajara, T. II, 1961.Cap. VII. JOSÉ SILVESTRE DE LA CRUZ CORNEJO, Crónicas “Recordando el pasado de San Juan de los Lagos, Edición en San Juan de los Lagos. OMAR LÓPEZ PADILLA, La feria del 8 de Diciembre en San Juan de los Lagos, 1792-1810. Editorial Acento.

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INDICE: INTRODUCCIÓN 1.- LLEGA LA INMACULADA MARIA EN EL PECHO DE UN FRANCISCANO 2.- EL PRODIGIOSO PRIMER MILAGRO EN 1623 3.- LOS TESTIGOS HABLAN DEL MILAGRO 4.- ES DE CAÑA DE MAÍZ LA DULCE IMAGENCITA 5.- SU NOMBRE ES: LA PURÍSIMA 6.- QUIERE MÁS GRANDE SU CASA 7.- LA TIERRA MILAGROSA DE LA ERMITA 8.- UN SANTUARIO PARA UN SIGLO 9.- EL MILAGRO DEL POCITO 10.- TODOS LA QUIEREN PEREGRINA 11.- ELLA ES LA ROBACORAZONES 12.- ENTRE PESTES Y SEQUÍAS… NUESTRA SEÑORA DE SAN JUAN EN PROCESIÓN 13.- PARA UNA REINA, UN GRANDIOSO PALACIO 14.- ENTRA LA REINA BELLÍSIMA 15.- CUANDO SU CASA FUE CONSAGRADA 16.- DETRÁS DE LA FIESTA, LA FERIA DE SAN JUAN 17.- SAN JUAN, EN LOS TRIUNFOS Y EN LA LUCHAS DE MEXICO 18.- LAS FIESTAS DE NUESTRA SEÑORA DE SAN JUAN EN EL PASADO 19.- SI ES REINA DEBE SER CORONADA 20.- PARA REZAR JUNTOS, HACEN SU SANTUARIO, COLEGIATA 21.- LA CASA DE UNA REINA TIENE QUE SER BASÍLICA 22.- EL PATRONAZGO DE NUESTRA SEÑORA DE SAN JUAN 23.- UNA DIÓCESIS PARA NUESTRA SEÑORA DE SAN JUAN

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24.- NUESTRA SEテ前RA DE SAN JUAN RECIBE AL PAPA JUAN PABLO SEGUNDO EN SU CASA

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INTRODUCCIÓN: Cuando uno ve las multitudes de fieles que acuden al Santuari o de Nuestra Señora de San Juan durante todo el año; cuando se hace el recuento de las tan variadas procedencias de los visitantes, más allá, incluso de nuestras fronteras mexicanas; cuando medimos los kilómetros que la mayoría de peregrinos caminan para encontrarse con la dulce Imagencita de la Virgen de San Juan; nos preguntamos ¿Por qué tantos vienen a visitarla? Y cuando sumamos las voces de todos, contestamos que vienen a visitarla simplemente por MILAGROSA. Y al ser beneficiarios de su poder milagroso, suscita en nosotros el deseo de conocer su historia. Muchas preguntas nos hacemos sobre Ella. Especialmente nos inquieta saber que llegó en silencio, en 1542; que llegó entre la tradición, no escrita, sólo contada de padres a hijos y la tardía historia documentada. ¿Por qué no hay nada escrito antes del primer milagro de 1623? ¿Por qué la Historia Colonial, hasta después de 80 años de la llegada de Nuestra Señora de San Juan, apenas empieza a ocuparse del tema? Llama la atención constatar que, mientras en este pueblo de indios vivió esta sagrada Imagen, igual que el pueblo, vivió en el olvido de los españoles, sin voz y sin importancia para nadie. Tuvo que españolizarse en 1633, para ser tomado en cuenta. Sabemos, que el primer sacerdote de planta, más cercano, que tuvo San Juan Bautista Mezquititlán, después de su cristianización por los franciscanos itinerantes que lo refundaron, fue hasta 1572, cuando se erigió la parroquia de Jalostotitlán, empezando a ser parroquia de un vasto territorio de numerosos poblados, mucho más importantes, por el número de sus habitantes, que San Juan Bautista Mezquititlán. Y sin duda que, para entonces, ya habían pasado 30 años de la entrega de la sagrada Imagen. ¿Quién, aparte de los indios, después de 30 años, se acordaría de Ella? Para entonces, es muy posible que los españoles: pastores y transeúntes, cuando se ocupaban de esta pobre ermita y se detenían para orar, pasara desapercibida la sagrada Imagen, sin pasado memorable, ni historia que contar. Por eso, sin saber cuándo, al cruzar al siglo XVII, como los indígenas de San Juan Bautista Mezquititlán, ya estaba guardada y olvidada la sagrada Imagencita en un rincón de la pequeña sacristía. Pero, según los planes de Dios Salvador, fue necesario el Primer Milagro de 1623, para que aquella Imagencita de la Limpia Concepción, llena de gracia, saliera del anonimato y ocupara el trono que hoy tiene glorioso, como la gran intercesora ante su Hijo Jesucristo; y a la que nosotros, ayer y siempre aclamamos como Nuestra Señora de San Juan. Porque Dios así lo dispuso, este primer milagro, aunque sucedió en 1623, siendo D. Diego Camarena, Párroco de Jalostotitlán (1630-1648) 1, y Obispo de Guadalajara D. Leonel de Cervantes Carbajal (1631-1637), los dos lograrán tener, de primera mano, aún noticias frescas y veraces del portentoso milagro. Tanto le interesó al Señor Obispo que, de inmediato, quiso fuera investigado 1

Quien estaba de Señor Cura en Jalostotitlán cuando sucedió el primer milagro, en 16623, era el Señor Bachiller Diego Herrera.

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con mucha seriedad. Mandó realizar, para eso, al Sacerdote Juan Contreras Fuerte, entonces, residente en Santa María de los Lagos, la Primera Investigación (notariada y terminada en 1634). Al llamar el sacerdote Contreras Fuerte a los testigos presenciales; entre ellos, a la más importante testigo, la anciana india Ana Lucía,2 entonces guardiana de la Ermita y muy devota de la Imagen de Nuestra Señora de San Juan, quien hablando del origen de la milagrosa Imagen, declaró que “oyó a su madre decir que esta Imagen la había traído un religioso misionero y se la había entregado al pueblo de Mezquititlán, -original nombre de San Juan de los Lagos3-”. Con esta declaración, hacía entrar de lleno en la Historia documentada a la milagrosa Imagencita, invocada como nuestra Señora de San Juan. La Historia Documentada de Nuestra Señora de San Juan realmente comienza, pues, en 1623, con el hecho portentoso de la reanimación de una Niña atravesada por las dagas, mientras ejecutaba un salto en el trapecio. Narremos, pues, a nuestro pueblo, fundamentados en este hecho, la dulce Historia de Nuestra Señora de San Juan…

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Ana Lucía muere de 110 años, en 1643, según el Párroco Diego Camarena . Cf. ALBERTO SANTOSCOY, Historia de Nuestra Señora de San Juan de los Lagos, p. 31. 3 Cf. J. IGNACIO DÁVILA GARIBI, Apuntes para la Historia de la Iglesia de Guadalajara, v. II, Editorial Cultura, T. G., S.A., Méxic o, D. F., 1961, ps. 302-305. En la época colonial de México, por ser San Juan, parte de la jurisdicción de Lagos, más antigua y más importante que San Juan Bautista Mezquititlán, muy pronto pasó a ser nombrada como “ San Juan de los Lagos.

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1.- LLEGA LA INMACULADA MARIA EN EL PECHO DE UN FRANCISCANO Al recién refundado pueblo de indios, en 15424, bautizado por los misioneros franciscanos como San Juan Bautista Mezquititlán, Fray Antonio de Segovia y Miguel de Bolonia5 , sus primeros doctrineros, descolgándose de su pecho la pequeñita y santa Imagen de la Inmaculada Virgen María, la entregaron a los neófitos nativos, como la dulce Madre llena de misericordia, Salud de los enfermos y Consuelo de los afligidos. Y la colocaron, por eso, en la pequeña capillita, de 20 por 8 varas de tamaño ((16.76m por 6.7m), de adobe y paja, que cobijaba el pobre hospital de indios6 . Así, con este sagrado tesoro, comenzó la historia de Nuestra Señora de San Juan en el pueblo indígena de Mezquititlán, pasada la muy peleada y dolorosa Guerra del Mixtón (en diciembre de 1541) entre indios y españoles;7durante la pacificación negociada por los mansos y humildes misioneros franciscanos, llevando entre sus manos a Nuestra Señora de la Expectación (luego llamada Nuestra Señora de Zapopan). Pasado, casi un siglo de su llegada, -insistimos de nuevo en este hecho- una india ya muy anciana8, llamada Ana Lucía, guardiana de la Sagrada Imagencita, sacará de sus recuerdos de niña, lo que siempre le contaron sus padres: “-Que un religioso misionero, había traído esa preciosa imagencita-”. Así lo declaró primero a su Párroco D. Diego Camarena, 9 después del grandioso milagro de la niña cirquerita, en 1623. Y más delante volverá a repetírselo, en 1630, a Contreras Fuerte, el sacerdote notario. Por otras informaciones, sabemos que ese “religioso misionero” no pudo ser otro que Fray Miguel de Bolonia, quien, desde el Convento de Juchipila, incursionaba para evangelizar a los indios cazcanes que, de aquellas lejanas tierras de Nochistlán, habían obligado habitar en estas tierras de: San Gaspar, Jalostotitlán y San Juan Bautista Mezquititlán, entre otros pueblos. Y así, mientras Fray Miguel evangelizaba esta y otras regiones, Fray Antonio de Segovia, que era su superior, se ocupaba de evangelizar allá, en los valles extensos de Guadalajara y

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Según la mayoría de los historiadores de la Virgen de San Juan, afirman que San Juan Bautista Mezquititlán fue refundado en 1542 con indios de Nochistlán, Zacatecas, sacados del pueblo de San Gaspar, para aminorar su belicosidad. 5 Sin entrar en la opinión dividida, de quién de los dos franciscanos trajo la imagen de Nuestra Señora de San Juan, optamos por afirmar que los dos tuvieron qué ver con la sagrada Imagen y con el pueblo de San Juan Bautista Mezquititlán. Ciertamente la acción evangelizadora fue de los dos, uno como Superior y el otro como fiel colaborador; uno la comenzó y otro la continuó. Curiosamente el pueblo de San Juan, honra solamente a Antonio de Segovia, dando nombre a una calle principal, como lo demuestra el marco dond e está su nombre en piedra. Este mismo honor, de enmarcar el nombre de la calle con adorno, parece que sólo lo tuvieron o sobrevivieron: Iturbide (la calle de Iturbide, en la Colonia, se llamaba “de las Damas” ) y Silverio de Anda. 6 El Cronista José Cruz afirma que la primera capillita que tuvo la Virgen de San Juan, muy probablemente fue construida entre 1530 y 1533, tiempo en que los franciscanos evangelizaban a los nativos de estas tierras. Cf. JOSÉ S. DE LA CRUZ CORNEJO, Crónicas: Recordando el pasado de San Juan de los Lagos, p. 71-72. 7 El 8 de diciembre de 1541 (o 16 de diciembre, según Ernesto Frías, autor de “Tenamaztle”) fue la rendición de los indios sublevados y derrotados en el cerro del Mixtón. 8 Según el Párroco Diego Camarena, Ana Lucía ya era anciana, cuando ocurre el primer milagro. Y muere a la edad de 110 años. Cf. ALBERTO SANTOSCOY, Historia de Nuestra Señora de San Juan de los Lagos, p. 31. 9 El Padre Antonio Tello, en su Historia de la Virgen de San Juan, apoyado en este dato proporcionado por el Párroco Diego que le tocó el primer milagro en su jurisdicción de Jalostotitlán, concluye que ese franciscano, no era otro que Fray Antonio de Segovia, apóstol de esas tierras, o, más bien, Fray Miguel de Bolonia que, siendo el primer guardián de Juchipila, estableció doctrinas tanto en San Gaspar como en Jalostotitlán. Cf. ALBERTO SANTOSCOY, o.c., p. 37.

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Zapotlán.10 Llamándosele, por eso, “el Evangelizador de la Nueva Galicia” –Ciertamente más extenso era el territorio de la Nueva Galicia que el del Estado de Jalisco-.

2.- EL PRODIGIOSO PRIMER MILAGRO Este silencioso pasado, largo y empolvado, de Nuestra Señora de San Juan -cerca de ochenta años- se vuelve muy luminoso y clamorosamente público, en 1623, a raíz del mejor conocido “Primer Milagro”. Corría el año de 1623 – nos cuentan los testigos 11- cuando llegó al pueblo de San Juan Bautista Mezquititlán una familia española de acróbatas, que venían de San Luis Potosí y se dirigían a Guadalajara. La familia estaba compuesta del padre, la madre y dos hijas, a la que se añadía una cabra amaestrada que también formaba parte de la función. Para aprovechar el tiempo de su estancia, promovieron una función ahí en el pu eblo, a la que asistieron los vecinos, entre ellos, los españoles Gerónimo de Arrona y Miguel López de Lizalde,12 hombres españoles y principales. Una vez instalada su improvisada carpa, comenzó la función. Arrancaron aplausos y exclamaciones de asombro las maromas rápidas que dieron, primero, los diestros volatineros. Cuando, por fin, tocó a la más joven de las hijas, todos se preguntaban si podría brincar de un trapecio al otro y librar las espadas que atravesaban, en filo, una larga tabla. Todos, atentos y sin decir palabra, la esperaban. Subió ligera al primer trapeci o; se balanceaba, y al lanzarse al segundo, perdió pisada y cayó atravesada por las punzantes espadas que la esperaban. Quedó ahí tendida en un manto de sangre. Un grito de horror, siguió al silencio de muerte. Al dejar de convulsionarse la niña, los padres rompieron en estrepitoso llanto queriendo darle vida y movimiento con sus palabras y sus manos. Largo se hizo el tiempo, sin que nada pasara; sólo viendo atónitos, la palpable muerte en su cuerpo herido y en su pálida cara. Con la forzada resignación de quien todo lo ve perdido, a ruegos de los vecinos, los padres de la niña muerta, convinieron en amortajarla y llevarla a la ermita del pueblo, para velarla y esperar del Señor Cura13 más próximo, el de Jalostotitlán, que viniera a santolearla y a darle cristiana sepultura. Estando, por eso, esperando en la ermita, los guardianes indígenas, un matrimonio anciano: Pedro Andrés y Ana Lucía, les abrieron las puertas para recibir a la muertita. Y Ana Lucía, 10

Fray Nicolás Antonio de Ornelas dice textualmente en su crónica: “El R. P. Fray Martín de Jesús y el R. P. Fray Miguel de Bolonia, fundaron los pueblos de la jurisdicción de Jalostotitlán, de gente cazcana de Juchipila, y en San Juan Bautista de Mezquititlán, dejaronla hechura de una imagen que hoy se venera con admiración de toda la Nueva España” . 11 Por mandato del Señor Obispo Leonel Cervantes, levantará un acta notariada el Sacerdote Licenciado Juan Contreras Fuerte en 16301634. Por este motivo convocará al mayor número de testigos presenciales del Milagro de la niña cirquerita. Hemos tomado solamente los datos sustanciales de los testigos para recrear narrativamente el suceso. 12 Gerónimo De Arrona y Miguel López de Lizalde serán dos de los convocados por el Sacerdote Licenciado Juan Contreras Fuerte para dar testimonio notariado sobre el milagro de la niña cirquerita. 13 Era párroco, en ese tiempo, Don Diego Herrera; y el Pueblo de San Juan, pertenecía a su parroquia.

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muy llena de compasión se puso a consolar a los padres de la niña, diciéndoles que había, allí en la ermita, una Imagencita muy milagrosa, y que estaba viva; que solita se salía de la sacristía y se ponía en el altar donde antes estaba; que con Ella platicaba y todo bien se lo concedía. Le s insistía, pues, que la dejaran poner sobre el cuerpo de la niña, a la Virgencita; a la poderosa Señora. Ellos, con muchas lágrimas, aceptaron. Y por mucho tiempo, sobre su cuerpo pusieron la santa Imagencita. Después, de cerca, de cuatro horas de llantos y oraciones, repentinamente, la niña abrió sus ojos. Volvió el color a sus mejillas, como si despertara de un plácido sueño. La niña, después de desatarle las mortajas, sin que nada le dijeran, sólo quería abrazarse de la Virgencita que seguía en sus manos. Mientras todos gritaban: ¡Milagro!, ¡Milagro!, la niña resucitada insistía en quedarse al lado de la Santa Imagencita. No era posible que sus gozosos padres accedieran a los deseos de la niña revivida, por mucho que fuera un grandísimo regalo de volver a verla con vida y sana, y que mucho quisieran pagarle con creces. Así que la Familia de los Volatineros, después de habl ar con el Señor Cura y con los Principales del pueblo, después de insistir tanto, consiguió llevarse la santa Imagencita para hermosearla de todos sus desperfectos que la habían llevado a ser guardada en la Sacristía. Las únicas condiciones que pusieron los Principales, fueron dos: una, que acompañaran a la Virgencita una Comisión de Indígenas para que la custodiara; y la otra, que, lo más pronto posible, volvieran la santa Imagencita de nuevo a su ermita en San Juan. Sin novedades llegaron a Guadalajara y se alojaron en una modesta hospedería. Y la noche de ese mismo día se presentó un joven, con otros acompañantes, ofreciéndose para restaurar imágenes. Admirados y contentos de poder cumplir tan pronto su encargo, l e mostraron la imagen de la Virgencita milagrosa. Se convinieron en el precio, y con todas las precauciones se la entregaron, asegurándose del domicilio en que lo haría. Al día siguiente, muy temprano, el joven entregó la imagen de la Virgencita, ya reparada con toda perfección y, sin esperar su pago, se marchó. A los pocos días, los volatineros y la comisión de custodios tornaron a San Juan para entregar la santa Imagen. Los habitantes de las poblaciones, en tránsito, de antemano, sabedores del gran milagro obrado por mediación de aquella sagrada Imagen y a la espera de que de nuevo pasara, la recibieron con grandes demostraciones de fiesta y de mucha devoción. Algunos, deseosos de acompañarla, se fueron agregando en el camino y juntos, entraron a San Juan y procedieron a poner de nuevo, en el altar, a la milagrosa y renovada Imagen de la Virgencita, de quien, más tarde, proféticamente dijera agradecida la madre de la niña resucitada, que: “Esperaba en Dios que había de venir mucha gente en romería a visitarla siempre.”- 14

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Este relato está tomado sustancialmente de Fray Antonio Tello, quien recogió el testimonio de D. Diego Camarena, el Párroco de Jalostotitlán en 1630, a quien tocó sin duda participar en el levantamiento del acta notariada del primer milagro y hablar co n los testigos presenciales. Fue completado con las declaraciones de los testigos presenciales, recogidos por el Pbro. Lic. D. Juan Contreras Fuerte, quien fue el primero en levantar un acta testimonial con todo el protocolo notarial en 1633 -1634. Cf: Tello, CRÓNICA

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3.- LOS TESTIGOS HABLAN DEL MILAGRO Hacia 1633, a raíz del Primer Milagro15, tan rumorado en todas partes, el Obispo Propio de Guadalajara, el Señor Leonel de Cervantes Carbajal, “de pasada” por Jalostotitlán, en su Visita Pastoral a Teocaltiche, 16 se ocupó de investigar el milagro de Nuestra Señora de San Juan, y ordenó al Sacerdote, Juan Contreras Fuerte, Licenciado y Juez eclesiástico, que levantara el testimonio notariado de ese Milagro, según las normas del Derecho Canónico, para evitar fantasías y asegurar que era obra de Dios. Este informe fue entregado, en 1634, al mismo Señor Obispo Cervantes que lo había encargado. Y, al tiempo, dicho Obispo Leonel, satisfecho de la investigación, no sólo aprobó el milagro y culto a la sagrada Imagen, sino que, también la proveyó de su Primer Capellán: D. José Nidos del Estoque, con el fin de promover el culto y devoción a la Santísima Virgen María. Desde entonces, nunca más le han faltado sacerdotes que la cuiden. Igualmente la proveyó de su primer Mayordomo para que administrase sus bienes, al español principal y testigo del primer milagro, Gerónimo de Arrona. Con permiso de la Real Audiencia de la Nueva Galicia, el 3 de julio de 1633 (-coincide con el tiempo de la Visita del Obispo Cervantes de Carbajal-), también comenzaron a avecindarse familias españolas en el pueblo de San Juan Bautista de Mezquititlán que, por muy largo tiempo, perteneció a la Alcaldía Mayor de Santa María de los Lagos, ganándose por eso el “mote” de San Juan “de los Lagos”. La Iglesia siempre cuidadosa17 con los milagros, sobre todo, en el siglo XVII, -dijimos- que, en 1633, mandó hacer la investigación con todo cuidado y el aparato notarial. Este documento es considerado como la Primera Información de milagros de la Virgen de San Juan. Por el historiador franciscano Antonio Tello, sabemos que, en 1650, él recibió Información del Párroco Diego Camarena, pastor propio del pueblo de San Juan, 7 años después, en 1630, que sucedió el primer milagro. A pesar de los 27 años pasados del suceso, resultó coincidir en lo fundamental 18, con el Informe de Contreras Fuerte. Pudiera considerarse, este último, como Testimonio muy valioso también, de la Primera Información de los milagros. Muy valioso –insistoMISCELANEA, cap. CCLXXXIX; Origen de los dos célebres Santuarios de la Nueva Galicia, Francisco Florencia, 1694, cap. II. Mota Padilla, HISTORIA DE LA CONQUISTA DE LA NUEVA GALICIA, cap. LXXI. Perrone, TRATADO DE LA VERDADERA RELIGIÓN, cap. III. 15

Cronológicamente el Primer Milagro, no fue el primero, quienes más lo atestiguan son los guardianes Pedro Andrés y Ana Lucía. “ Le dijo el dicho Andrés, que la Imagen ya había hecho, antes de este, otros milagros”. Y la razón por la que no se atreven a hablar los indios, también la dicen: “Los Españoles no saben los milagros que hace esta Imagen, porque aunque nosotros lo digamos, como somos Indios no nos creen”. FRANCISCO DE FLORENCIA S.J., Origen de los dos célebres santuarios de la Nueva Galicia, Obispado de Guadalajara en la América Septentrional, p. 74, n. 89; p. 82, n. 100. 16 El Señor Obispo Leonel de Cervantes, en su viaje de Visita Pastoral a Teocaltiche, caminando por el pueblo de Jalostotitlán, por boca del Párroco D. Diego Camarena, testigo del suceso, oyó del maravilloso milagro obrado en San Juan. 17 En los tiempos de la evangelización en México, más pide el Concilio de Trento que se investiguen los milagros, por el paso que dan los naturales de la Idolatría al Cristianismo. 18 Confunde la fecha del Primer Milagro de 1623 por 1630.

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por ser del Párroco, testigo de primera mano, del primer milagro y por ser un historiador bien informado el que lo recoge. Pasados algunos años, hacia 1674, una Segunda Información de los milagros la pedirá el Obispo Francisco Verdín Molina. La Tercera Información se dará con el Obispo Juan Santiago de León y Garabito, en 1693. Y la Cuarta Información le tocará pedirla al Obispo Nicolás Carlos Gómez de Cervantes en 1734.19 Exactamente en el transcurso de un siglo se recogen los más portentosos y veraces milagros obrados por la intercesión de Nuestra Señora de San Juan. Estas informaciones de los milagros se hacen con toda seriedad, levantando actas notariadas y con testigos directos, urgiendo la objetividad, y dejando de lado toda fantasía. En el caso de Nuestra Señora de San Juan, más allá de las informaciones y catalogaciones de sus milagros, ha sucedido siempre que sus milagros son incontenibles, no cesan, y más bien abundan. Son un venero de gracias, hasta hoy, siglo XXI. No cabe duda que lo anunciado por la Madre de Dios, se cumple espléndidamente aquí, en San Juan: “El Poderoso ha hecho maravillas por Mí”.

4.- ES DE CAÑA DE MAÍZ LA DULCE IMAGENCITA -Decíamos- que, después de casi 80 años de tener la Imagencita en San Juan Bautista Mezquititlán, de venerarla hasta desgastarse y olvidarla en una sacristía, en 1623, después del portentoso milagro y después de colocarla de nuevo en el altar principal, se comenzaron a preguntar propios y extraños: ¿De dónde viene? ¿Quién la hizo? ¿De qué material está hecha? ¿Detrás de sus vestiduras, qué esconde ese lindísimo rostro? ¿Cómo es que, después de tantísimos años, aún se conserva, completa y sana? Por mandato del mismo Señor Obispo Leonel Cervantes Carbajal -del que hablamos arribalas primeras respuestas, a estas preguntas, se dieron en 1634. Tras un primer examen detallado de la milagrosa imagencita, hecho expresamente (“ex professo”) por el Presbítero Licenciado D. Juan Contreras Fuerte. Estas fueron las conclusiones: 1.- Parece haber sido hecha con pasta de Michoacán. Esa famosa pasta llamada: “Tzingueni”, que no es otra cosa que pulpa de caña de maíz amasada con pegamentos naturales, y curada con veneno de plantas para evitar la polilla.20

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Cf. PEDRO MARÍA MÁRQUEZ, Historia de Nuestra Señora de San Juan de los Lagos y el Culto de esta Milagrosa Imagen, Editorial Gráfica Positiva, 1966. Primera Información al Obispo Ruiz Colmenero nn 5.8. Segunda Información al Obispo Verdín de Molina p. 4856, nn 44-54. Tercera Información Obispo León y Garabito. p. 64-75, nn 67-75. Cuarta Información al Obispo Gómez de Cervantes, p.106-116, nn 113-132. 20 Comenta admirado el P. Florencia: “Esta imagen, de suyo, expuesta a la polilla, pero en esta particular providencia de Dios, no parece haber hecho presa este vicio”. FRANCISCO DE FLORENCIA S.J., o.c., p. 73, n. 89.

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2.- Después de palpar la sagrada Imagen, afirma ser, como las imágenes salidas de los talleres de Don Vasco de Quiroga; que tienen, al mismo tiempo, ligereza y dureza que las hace compactas, como madera, y a la vez ligeras y fáciles de transportar. 3.- Sobre la Advocación que la Imagen encarna, concluyó que se trata de una Inmaculada Concepción,21 vestida, de la cabeza a los pies, con un manto azul intenso, estrellado y una túnica de rojo tinto, dando la luna remate a su breve peaña donde descansan sus pies. Estas conclusiones se confirmaron luego, con los estudios de otros peritos que hicieron en los años siguientes. Y es notable ahora, que han pasado más de 450 años de su hechura, constatar que la sagrada Imagen de Nuestra Señora de San Juan, sólo en 1623, después del milagro a la niña cirquera y ahora, en 2005, ha recibido dos leves restauraciones. Restauraciones que han sido sólo de pequeñas picaduras, decoloración y daños en la pintura, tal vez por el roce de sus vestidos. ¿Acaso no es éste otro milagro de Nuestra Señora de San Juan mantenerse intacta e incorrupta? 22

5.- SU NOMBRE ES: LA PURÍSIMA El nombre primero, dado a Nuestra Señora de San Juan fue el de CIHUAPILLI (Princesa Amada, Niña, Hija…). Se lo dieron los naturales de San Juan Bautista Mezquititlán, en el momento crítico de su existencia, en el que experimentaban el desarraigo y la orfandad23 . A Ella se lo dieron, cuando más necesitaban de una Madre poderosa y tierna, cercana a ellos, y a su pequeña medida. La sagrada Imagen la recibieron, pues, como la Imagen de la gran Madre y celestial Señora que, con el poder de su amor misericordioso, todo lo podía alcanzar de Dios, en favor de muchas necesidades. Y “CIHUAPILLI” era para ellos un título celestial y, a la vez, un título de realeza. Dicho nombre hablaba de una Mujer, sobre todo, de una Reina Madre, capaz de atenderlos y gobernarlos desde su corazón maternal. Pero, el nombre que los Misioneros franciscanos querían darle a la santa Imagen, lo traía escrito en toda la talla de la Imagen. Y sin duda, era la Limpia Concepción, como la luna menguada lo indicaba. Por otra parte, se explica muy bien que los Franciscanos que la trajeron, le hayan dado este nombre a la Imagen de Nuestra Señora; porque, en ese tiempo, para la Orden Franciscana, era como un cuarto voto, defender la verdad teológica de la Inmaculada Concepción y promover la devoción mariana.

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Con el paso de los años el Presbítero Lic. Juan Contreras Fuerte será Capellán de Nuestra Señora de San Juan y seguirá afirmando lo mismo, respecto de la fabricación, pasta, taller y advocación de la Sagrada Imagen. Cf. PEDRO MARÍA MÁRQUEZ, o.c., p. 44 -46, n. 39. 22

Cf. PEDRO MARÍA MÁRQUEZ, o.c., p. 27.28, 44-46. n 21-22. 39.

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Recordemos que después de la Guerra del Mixtón, comenzó en estas tierras de la Nueva Galicia, la refundación de los pueblos

indios, casi siempre obligados a establecerse en un lugar distin to y distante de donde nacieron.

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El motivo por el que fueron hechas las imagencitas de María Inmaculada, pequeñitas, era para llevarlas colgadas sobre el pecho. Para los Misioneros de estas tierras, llevar la Imagen de la Madre de Dios, colgada sobre su pecho, era la mejor pedagogía para atraer a los indios al cristianismo. Y más lo creían, cuando sabían que los mismos indios acostumbraban, colgarse al pecho, sus ídolos para pedir a sus dioses especial protección, sobre todo, en la guerra. Por eso, en su fervoroso anuncio del Evangelio, los Misioneros sembraron nuestra América de imagencitas de la Santísima Virgen María. Para ellos, era la verdadera Estrella de la Evangelización; era “la Pastora Divina, la Virgen Soberana y el Lucero de la mañana que todos vienen siguiendo sus pasos”. Para todos: indios, españoles y mestizos era: NUESTRA CIHUAPILLI INMACULADA. Así, de ser invocada por los indios, desde su llegada, simplemente como la “Cihuapilli, en 1623, fruto de un mestizaje espontaneo de indios y españoles, cambian su nombre, por aclamación popular de sus devotos, que la empezaron a llamar: “NUESTRA SEÑORA DE SAN JUAN”, nombre que felizmente ha llegado hasta nuestro siglo XXI. Mas, no será oficialmente su nombre: “La inmaculada Concepción”, sino hasta, que el Señor Obispo Francisco Verdín de Molina (1666-1674) manda, se dé culto a Nuestra Señora de San Juan, bajo esa advocación. Por cuyo motivo mandó, a partir del año de 1666, celebrar su fiesta el 8 de diciembre, fecha en que ya, desde antes, la venía celebrando la Iglesia Universal. Por este mandato episcopal, se empezó a celebrar, en San Juan, la fiesta de la Inmaculada Concepción, como la fiesta titular y principal 24 .

6.- QUIERE MÁS GRANDE SU CASA El primer Obispo promotor de la Virgen de San Juan, D. Leonel de Cervantes Carbajal (1631-1637), después de su primera Visita Pastoral a Teocaltiche, -como ya se dijo- quedó muy prendado de Nuestra Señora de San Juan, y muy al pendiente de Ella. Comenzó por ordenar al Cura propio de Jalostotitlán, D. Diego Camarena, que le levantara una más amplia casa25 que comprendiera, dentro sus muros, la antigua ermita donde habitaba. El buen Sr. Cura Diego ya se había adelantado, recolectando limosna para dicha obra desde 163026. Mas, para cumplir con más éxito este mandato, se desplazó al pueblo de San Juan, y permaneció ahí, en tiempos, por algunos años, entre 1635 y 164227. Cuando se terminó la obra,

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Cf. PEDRO MARÍA MÁRQUEZ, o.c., p.44-47 n. 39-42 La ermita original era muy pequeña: de 20 por 8 varas (16.76m por 6.7m). 26 ARCHIVO HISTÓRICO DEL ARZOBISPADO DE GUADALAJARA (AHAG), Gobierno, Parroquia de San Juan de los Lagos, Nueva Iglesia. 27 Cf. OMAR LÓPEZ PADILLA, “Entre la devoción y el comercio. Un Santuario para San Juan de los Lagos. 1732-1797”, Tesis de Maestría en Historia, febrero 2015, p. 21ss. 25

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también terminaba el siguiente Obispo de Guadalajara, D. Juan Sánchez Duque De Estrada (16371641).28 Con tan mala suerte resultó aquella construcción, que pasados unos años, en 1653, el siguiente Obispo, D. Juan Ruiz Colmenero mandó derribar lo construido,29 por amenazar desplomarse. Para entonces, ya llevaba aventajado un templo nuevo, más sólido y amplio, en otro sitio.

7.- LA TIERRA MILAGROSA DE LA ERMITA Su primera casa –ya dijimos- fue una ermita de adobe y paja, junto al hospital de indios. Ahí estuvo varias décadas, primero en el altar, y luego, terminó en la sacristía, por es tar muy maltratada. – También dijimos- que: cuando realizó el famoso primer milagro, precisamente en esta ermita, fue vuelta a entronizar en el altar, donde –según la india Ana Lucía- “siempre había querido estar, por más que la guardaran en la sacristía”. Desde entonces, no sólo fue muy visitada la humilde ermita, por la novedad del grandísimo milagro, sino que, algunos peregrinos, llevados por su grande devoción, después de haber probado, con fe, la tierra de aquellos muros y haber sido curados, prácticamente, comenzaron a comerse la santa ermita original. Y, más, cuando empezaron a construirle una capilla ampliada, quedando la ermita dentro 30. Misma que después, de mejorarle sus muros, enluciéndolos de cal; después de cambiarle su techo de paja por un techo artesonado, a los pocos años, ya siendo Obispo el Señor Juan Ruiz Colmenero, -como ya se dijo- mandó derribar el techo porque amenazaba derrumbarse 31.

8.- UN SANTUARIO PARA UN SIGLO El mismo Señor Obispo Juan Ruiz Colmenero (1646-1663) que había mandado derribar el techo de la capilla ampliada, no solamente ordenó construir un nuevo templo, sino que, personalmente, se puso al frente de esta nueva construcción para asegurar la solidez de sus cimientos y una generosa amplitud 32 que diera lugar a tantos peregrinos que, cada día abundaban.

28 Cf. PEDRO MARÍA MÁRQUEZ, o.c., p. 30-31, n. 23. 29

Actualmente, en ese lugar se edificó una Capillita, llamada “del Primer Milagro”, quedando sólo de la primera Ermita, el lugar del Gran Milagro, marcado por los muros, vacíos de todo, menos de dos viejas pinturas que lo recuerdan. 30 “Los que visitaban la Ermita del Primer Milagro comenzaron la costumbre de llevarse flores ofrecidas a la Virgen, cabos de ve las, listones con la medida de la Virgen y rascando los adobes de la Ermita hacían panecitos con el polvo, y se los llevaban como reliquias para curar sus dolores” -Cuenta el historiador sanjuanense- Cf. PEDRO MARÍA MÁRQUEZ, o.c., p. 91-92, n. 101. 31 Cf. PEDRO MARÍA MÁRQUEZ, o.c., p. 33, n. 27 32 El segundo templo se trazó de 40 por 10 varas (33.53 por 8.38m). Al mismo tiempo, se dice que, a la entrada oriente del pueblo, se fue construyendo la Ermita de la Cruz, hoy conocida como El Calvario. JOSÉ S. DE LA CRUZ CORNEJO, o.c., p. 72

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Sabemos que, muy probablemente, se inició entre 1648 y 1649, después de la Visita del Sr. Ruiz Colmenero y también sabemos que el terreno fue donado por los nativos del pueblo de San Juan33 . Este Santuario que, con el paso de los años, terminará siendo el templo parroquial de San Juan Bautista (1769), duró en terminarse más de 40 años, aunque ya, desde antes, albergó a la sagrada Imagen34. Efectivamente, ahí estuvo, con más holgura, la sagrada Imagen de Nuestra Señora de San Juan, trasladada hacia 1653. Permaneció, ahí, prácticamente un siglo, hasta su traslado a su actual santuario, en 1769. De la belleza de este templo, hoy, sólo quedan: un exvoto que pinta la fachada de este segundo templo y las narraciones escritas de sus diversos espacios y medidas, así como la mención de algunos de los muebles y enseres de culto que lo iban embelleciendo. 35 Sabemos que tenía un retablo tallado de madera de cedro y que sus torres eran de tres cuerpos de cantera, junto con sus campaniles, sus veletas y las cruces de hierro, y que el Obispado había gastado, en total , de las dos obras, cuarenta y un mil pesos 36. Lamentablemente a ningún pintor se le ocurrió, “ex professo”, dibujar este primer santuario de Nuestra Señora de San Juan, en su humilde encanto y santa sobriedad que se adivinan, ahora, al contemplar: sus bóvedas y cúpula de media naranja, su planta en cruz latina y sus torres franciscanas, sólo altas, para hacerse oír sus campanas. Barrido quedó su Atrio-cementerio y perdido en el paisaje urbano de ese entonces, permaneciendo sólo, como testigo mudo de ese tiempo, la recia casa colonial del Capellán, llamada “Casa del Obispo”, ubicada en el cuartel primero, manzana primera, que forma esquina con la calle Luis Moreno y Vicente Guerrero, y forma esquina también con la calle Luis Moreno y la ahora, calle Burgos37 . Sin duda que, desde el alto balcón y amplia terraza, de esa casa, admirados y bondadosos los obispos, saludaron al río de peregrinaciones que bajaban del oriente, hacia este santuario, cuyo frente y calle también, miraban hacia el oriente. La estructura básica, de este primer Santuario, perdura, con ampliaciones mayores y remodelaciones al retablo, realizados a mediados del siglo XX. Hoy, aquel segundo Santuario se levanta como el primer monumental retablo de piedra a la Virgencita de San Juan. Y resplandece su sacra silueta, contra el sol que muere, en los siempre nuevos y espléndidos atardeceres que se esconden tras de la cercana y alta Ceja de San Juan.

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Cf. OMAR LÓPEZ PADILLA, “o.c., p. 21ss. Cf. Ibidem. 35 Cf. PEDRO MARÍA MÁRQUEZ, o.c., p. 62-66, nn. 64-68; p. 86-90, nn. 93-97. 36 ARCHIVO HISTORICO ARZOBISPADO DE GUADALAJARA, Parroquia de San Juan de los Lagos, Hechos y actas de los obispos a favor de Nuestra Señora de San Juan, Caja 1, Expediente s/n Foj. 2. 37 JOSÉ S. DE LA CRUZ CORNEJO, o.c., Tiene un capítulo dedicado a esta Casa: Capítulo Casa Episcopal o Colegio Viejo. p.129-130. 34

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9.- EL MILAGRO DEL POCITO Al comienzo de la edificación de este segundo Santuario se vino el problema del insuficiente abasto del agua para la construcción, dada la aridez del pueblo de San Juan que contaba sólo con el agua del río, abundante únicamente en el tiempo de lluvias. A propósito de esta necesidad, el Padre Francisco de Florencia, el primer escritor de la Historia de Nuestra Señora de San Juan, cuenta que: “El año de 1662, a 23 de junio, víspera de la fiesta de S. Juan Bautista, el Señor Capellán Mayor Lic. D. Juan de Contreras Fuerte,38paseándose por un arroyo que baja al río, vio a una muchacha chica que tenía en una mano una piedra y en otra un palito queriendo clavarlo con la piedra en la peña, golpeando en ella; y viendo el Padre alguna humedad en la peña, dijo a la niña: -Tienes más entendimiento tú que yo-. El Padre llevó al día siguiente un indio con una barreta para que cavase e hiciese una pileta en la peña; en seguida le mandó dar golpes en la parte en que la niña clavaba el palito en la peña, mientras él invo caba a la Virgen de San Juan. Al segundo golpe, como sucedió a Moisés, brotó el agua en abundancia y quedó remediada la deficiencia de ella, en aquel tiempo. Y lo que es más admirable –dice el Padre Contreras Fuerte, protagonista de esta hazaña- por más diligencias que se hicieron para saber quién fuera aquella mozuela, que tanto bien hizo al pueblo, no pudo saberse”. A éste singular pozo se le llamó primero el “Ojo de San Juan” por haberlo descubierto la fiesta de San Juan Bautista39, con el tiempo, vinieron llamándole: “El milagro del Pocito” y al lugar, simplemente: “el Pocito de la Virgen”. Por eso, ahí, precisamente al pie del pocito, en el pasado siglo, se ha levantado un Capillita, a manera de monumento.40 Los peregrinos siempre le han atribuido poderes curativos al agua de este pocito.

10.- TODOS LA QUIEREN PEREGRINA Sin duda que Nuestra Señora de San Juan nació peregrina. Primero e n el pecho de los Padres fray Antonio de Segovia y Miguel de Bolonia. Y luego, en 1623, después de su primera salida a Guadalajara, volvió como la Madre Peregrina, proclamada dichosa por las gentes; Madre que sale al encuentro de todos sus hijos que gimen y lloran; Madre que es invocada como su Abogada porque la reconocen muy poderosa. Y, desde entonces, la milagrosa Virgencita de San Juan no ha dejado de salir ni de peregrinar. Al inicio, en 1623, visitaba al pueblo suyo; y cuando más distante salía, era a las fincas 38

Es el mismo Licenciado Juan Contreras Fuerte que, en 1630, levanta un acta notarial del Milagro de la cirquerita vuelta a la vida, quien luego fue nombrado Capellán Mayor de Nuestra Señora de San Juan. 39 Cf. FRANCISCO DE FLORENCIA S.J., o.c., p. 64, n.78. 40 Información recogida, por el Padre Francisco Florencia (1620-1695), historiador de la Virgen de Guadalupe que, también se ocupó, por primera vez, de recoger y publicar la Historia de la Virgen de San Juan, en 1694, unos meses antes de su muerte . Mayormente es valiosa su Historia cuando sabemos que, en su libro transcribió documentos sobre la Información de los Milagros de la Virgen de San Juan, que se perdieron los originales, en la Revolución, y solo queda el texto del P. Florencia. Cf. Historia de Nuestra Se ñora de San Juan de los Lagos, Alberto Santoscoy, c. XV Nota Bibliográfica.

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de campo, cercanas. Pero el deseo de verla, de muchos que vivían lejos, multiplicó la necesidad de una Imagen peregrina, para salir, sin salir la original, a tantos pueblos que la solicitaban. Por eso, en 1634, por orden del Sr. Obispo Leonel Cervantes Carbajal, se talló la primera Imagen, muy parecida a la Virgen de San Juan, llamada: “Virgen Peregrina y también del entorno”. Y se nombró colector al “Hermano Blas de la Virgen (1634).” Al parecer un hermano lego que fue el primer Colector de limosnas41. Aunque era evidente que, con las Visitas de la Imagen Peregrina, se buscaba proveerse de recursos en beneficio de las obras materiales del templo, nunca dejó de ser el fin principal: “Promover la devoción de Nuestra Señora de San Juan, acercándola a los que no podían visitarla, y mantener viva la devoción, pagándoles la visita, a quienes la habían ido a saludar a su casa”. Era tal el interés por conseguir su visita que hubo necesidad de tallar una segunda imagen para que recorriera, no solo los pueblos de la Nueva Galicia sino de la Nueva España y más allá de sus fronteras.43 42

11.- ELLA ES LA ROBACORAZONES Como Rosa de los vientos, Nuestra Señora de San Juan salió presurosa a visitar, -antes dijimos- por los cuatro puntos cardinales, todos los rincones de nuestra Patria. Ya tenemos noticias que, en 1634, recorría en andas una Imagen Peregrina por todas las aldeas y pueblos “del entorno”. Como solían llamarla para distinguirla de la Imagen original. En ese mismo siglo XVII, visitó las distintas provincias de la Nueva España. Hacia el norte hasta el Parral, Chihuahua; por el oriente, hasta las costas del Golfo de México, por el sur, hasta más allá de Valladolid (hoy Morelia). Por los mismos permisos escritos, sabemos que, en 1665, se daban mutuas licencias, los Obispos, unos para recibirla y el de Guadalajara para prestarla. Sus visitas, en este siglo, llegaron hasta la ciudad de México y los pueblos de sus alrededores. Más creció la solicitud de pedirla, cuando sabían que obraba milagros, en las calamidades y sequías, como cuando escasearon las lluvias en la región de Michoacán, en 1667. Entonces pidieron que entrara la Imagen Peregrina a la misma Iglesia Catedral de Valladolid (Morelia) para hacerle un insistente novenario por esta grave necesidad. Sabemos también que, posteriormente, en 1669, la ciudad de Guadalajara junto con su Pastor Francisco Verdín de Molina, al saber que estaba la bendita imagen peregrina de Nuestra 41

Cf. PEDRO MARÍA MÁRQUEZ, o.c., p. 69-70, n. 76. El primer colector de la Virgen, Hermano Blas, es llamado así, por ser Lego de alguna Orden. 42 En junio de 1649, llevó el Hermano Adriano la Imagen Peregrina a Veracruz, precisamente cuando el Señor Obispo Juan Palafox y Mendoza -ahora Beato- iba embarcarse a España. Al ver la Imagencita, se enamoró de Ella, y, después de muchas negaciones, ganaron los vivísimos deseos de llevarse aquella Imagen el Señor Palafox, no sin dar a cambio otra imagen, un rico vestido para Nuestra Señora de San Juan y una libranza de mil pesos , pagadera en Puebla. Cf. Francisco de Florencia, o.c. p. 100, n. 128. 43

Cf. PEDRO MARÍA MÁRQUEZ, o.c., p. 69-79, nn. 76-88.

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Señora de San Juan, en las orillas de Guadalajara, de tránsito para Sinaloa, dispuso el Prelado que fuese llevada al templo de San Francisco para prepararle una entrada muy solemne. Y así fue. Con grandísimo concurso de gente, entre aplausos, danzas y truenos, fue recibida y festejada en la misma Catedral de Guadalajara44 . A todas las partes que llegaba, era tan arrobadora la presencia de la sagrada Imagen de Nuestra Señora de San Juan, que la empezaron a llamar: La “Roba Corazones”.45

12.- DETRÁS DE LA FIESTA, LA FERIA DE SAN JUAN 46 Ya hemos dicho que, a partir del portentoso milagro de la niña cirquera, en 1623, de inmediato comenzaron las romerías de peregrinos que buscaban a la Imagencita milagrosa; y, de pronto, San Juan Bautista Mezquititlán se convirtió naturalmente en un poderoso imán que atrajo, no solo gente a establecerse aquí, sino a transeúntes comerciantes, para ofrecer todo aquello que les gustaría llevarse a los peregrinos a su regreso, después de su visita devota a la Virgencita de San Juan. Y aquel humilde pueblo indígena, desconocido para tantos, a partir de este milagro, se vio invadido de españoles que comenzaron a establecerse en estas tierras, a partir de 1633; unos para cuidar a la Virgen de San Juan y administrar sus bienes, y otros, porque veían a San Juan como una tierra de oportunidades. Los primeros servidores y guardianes de la Virgen, lo fueron por invitación del Párroco Don Diego Camarena, y por disposición del Señor Obispo Leonel de Cervantes Carbajal. Como acontece en todos los centros religiosos de mucha afluencia, con el paso de los años, se fue consolidando un “Tianguis”, que se convirtió en una feria, en torno a la fiesta titular de la Virgen de San Juan, reconocida eclesiásticamente como la fiesta de la Inmaculada Concepción, y celebrada el 8 de diciembre. Inició la feria, prácticamente, cuando la fiesta de Nuestra Señora de San Juan, el 8 de diciembre de 1666, fue declarada como su fiesta principal. Ese año reunió 2,000 almas. Después de 70 años, en 1736, testimoniarán los Capellanes Mayores, que ya se congregaban 10,000. Y, pasados otros 70 años más, a principios del 1800, el número de gente se multiplicó, tanto, que, según informaba el Gobernador de la Nueva Galicia Ugarte y Loyola, que la feria de San Juan, era la más concurrida; “la mejor feria del Reino”. Para ese tiempo, había variados “puestos” de ropa de Europa y China. Mercerías y Vinaterías e infinidad de productos difíciles de hallar en los mercados comune s. Había compra-

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Cf. PEDRO MARÍA MÁRQUEZ, o.c., p. 75, n. 85 Muchos son los testimonios del gran aprecio y de las manifestaciones de amor hacia Nuestra Señora de San Juan Cf. PEDRO MARÍA MÁRQUEZ, o.c., p. 69-81, ns.76-89. 46 OMAR LÓPEZ PADILLA, La feria del 8 de Diciembre en San Juan de los Lagos. 1792 -1810, Ed. Acento. 2012. 45

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venta de animales. Se movían grandísimas cantidades de dinero libremente. Por eso, muy pronto el Gobierno de la Colonia tomó cartas en el asunto. Decidió el Gobierno Colonial seguir el criterio liberal del Rey Carlos IV de España, por eso, el 28 de junio de 1794, se aprobó la libertad absoluta de alcabala (= de impuestos) en todo lo que se compraba y vendía en la Feria de San Juan, que duraba 15 días. Era tan importante la feria de San Juan, por la grandísima concurrencia de gente, que el inquieto militar y conspirador Ignacio Allende, pensaba proponer a la Junta “Pro Independencia”, de la que formaba parte D. Miguel Hidalgo, la Fiesta de San Juan del 8 de diciembre de 1810, para el levantamiento de Independencia47 . Pasado el tiempo, al independizarse México de España, cada año la feria de San Juan estaba más animada y concurrida. En diversas ocasiones, los gobernantes no resistieron la tentación de imponerle impuestos. Entre 1841 y 1842, un publicista calculaba la asistencia a esta feria de 100,000 personas, de todos los puntos de la República. Tal era el renombre de la feria de San Juan que, movido por la avaricia, el General D. Antonio López de Santa-Ana, siendo presidente provisional de la República, decretó la concesión de una feria que debería celebrarse, del 15 al 30 de diciembre de cada año, en el Paso de San Juan, a 20 kilómetros del Puerto de Veracruz. Esto lo hacía, con el afán de orientar, hacia donde estaban sus propiedades, a la gente que venía a la feria de San Juan. Y para lograr este propósito, también dispuso que la feria de San Juan se transfiriese, en lo sucesivo, hasta el 25 de febrero. Afortunadamente, el repudio clamoroso y la reacción en contra, de los munícipes de San Juan y del Congreso del Estado de Jalisco, encabezado por el Magistrado Lic. Antonio Escoto Jiménez, obligó al Presidente a no darle cumplimiento al decreto. Y más, cuando sabemos, que esta derogación se dio, el 5 de septiembre de 1844, fecha en la que la Cámara de Diputados le otorgaba la licencia al General Santana para separarse de la presidencia, sin más ocupación que visitar sus haciendas. Pero, lo que sí logró esta intentona de Santana, fue despertar el interés de otros gobernantes de otros estados, en promover ferias, semejantes a la de San Juan y en competencia con la de San Juan. Aunque ninguna logró ser como ésta. Estas nuevas ferias, en nada entorpecieron la feria de San Juan, al contrario, siguió creciendo. Su apogeo se dio durante el siglo XIX. Y sólo se vio afectada por el cólera y las luchas

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Hay una carta dirigida al Sr. Cura Miguel Hidalgo, del Capitán Ignacio Allende. Transcribo el texto: “En la Junta que viene voy a proponer el levantamiento lo hagamos en San Juan en los días de la feria donde sin estar desprevenidos en lo absoluto nos har emos de buenos elementos, pero quiero antes, tan luego que pueda ir a ver a Ud. para obrar siempre de acuerdo en esta causa”.

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intestinas, entre conservadores y liberales, cuando se daban éstas en San Juan y sus alrededores, obligando a suspenderla, o a diezmarla considerablemente.48 Uno se pregunta, ¿por qué una feria que lejos de disminuir, con el tiempo crece, por qué terminó desarticulándose y terminó en un “Tianguis” con más de lo mismo? El ocaso de la feria de San Juan, históricamente, se dio por la grave descomposición moral que tenía, debido a los vicios y a la inmoralidad que proliferaban en ella. Junto con esto, también, añadámosle la fiscalización y la carga de impuestos de los gobernantes, por una parte. Y por la otra, las nuevas alternativas de mercado en otros lugares de mejor acceso. Todas las causas mencionadas, y otras más, sin duda, sin decir cuál más, todas, surtieron su efecto desintegrador y migratorio. La gran concurrencia, el motivo original que la hizo grande y muy importante a la Feria de San Juan, fue el mismo que, al perderse, acabó con ella. Lo primero, la descomposición moral creciente, en vivo, lo percibieron, los obispos cuando fueron invitados a San Juan para la celebración de la Consagración de su actual santuario, a finales de noviembre de 1884, en vísperas de la feria y fiesta de San Juan (8 de diciembre) que duraba quince días. Entre ellos, fue invitado el Obispo de León, el Sr. José de Jesús Díez de Sollano y Dávalos, quien se quedó más tiempo, y pudo darse cuenta, con mayor detalle, del ambiente de la feria. El Prelado, con sus propios ojos, vio los vicios y la inmoralidad que había permeado toda la feria. Y convencido del daño al que se exponían sus muchos peregrinos de León, fue el primero en decidir cambiar las peregrinaciones de sus fieles a la Fiesta de la Presentación del Niño Je sús al templo, mejor conocida, como la Fiesta de la Candelaria, que se celebra el 2 de febrero. Ciertamente el cambio no pudo ser de otra manera que: paulatino. Influyó mucho la motivación y acompañamiento de sus Pastores. Y así, por contagio, cuando unas Peregrinaciones empezaron a venir en la Fiesta de la Candelaria, poco a poco, las siguieron otras. En la actualidad, sigue siendo, la espontánea y masiva Peregrinación de León, una de las más significativas en la Candelaria. Y así, sin que nadie lo buscara intencionadamente, cada año fue aumentando el número de visitantes, a fines de enero y no en diciembre, hasta convertirse, en lo que, hoy, es: “la Fiesta más populosa de Nuestra Señora de San Juan,” a la que ocurren millones de peregrinos, no sólo de León y Aguascalientes, sino de todos los Estados de México.

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Por estos motivos, en los tiempos de Independencia, se suspendió 11 años la Feria de San Juan, bajando considerablemente la concurrencia de peregrinos y devotos a la Fiesta. Cf. PEDRO MARÍA MÁRQUEZ, o.c., p. 172, n. 202; Alberto Santoscoy pp. 240-270. Más adelante volverá a suspenderse, en 1910, por la Re volución Mexicana. Cf. PEDRO MARÍA MÁRQUEZ, o.c., p.280-281, n. 407.

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Aunque los estudiosos insisten en dar variadas razones para explicar el fin de la feria de San Juan, muy válidas, no dejará de ser la causa más evidente, que: “La Feria de San Juan se acabó por falta de gente para la feria”.49 Históricamente –podemos constatar- que ha sido Nuestra Señora de San Juan, la que sigue reuniendo a multitudes de gente. Y han sido estas multitudes de devotos quienes han reunido el enjambre de: vendedores, jugadores, tratantes y organizadores de entretenimiento. Sin duda, desde nuestra piedad popular, los comerciantes han sido el alma de la feria y la cara profana de nuestras fiestas religiosas. Pero, también, hemos de reconocer que no hay fiesta religiosa sin feria, ni feria sin fiesta religiosa. Aunque, lo que sigue moviendo a los peregrinos, es sólo su devoción a Nuestra Señora de San Juan.

13.- ENTRE PESTES Y SEQUÍAS… NUESTRA SEÑORA DE SAN JUAN EN PROCESIÓN Nuestra Señora de San Juan –narran los que vieron- en numerosas ocasiones ha sido sacada en procesión: para alcanzar su poderosa intercesión en los tiempos calamitosos y para exaltar su grandeza, en los tiempos de fiesta. Pero las procesiones no se hacían al gusto de quienes las pedían, tenían su protocolo. Sólo salía de su casa con permiso del Obispo Propio, que era el de Guadalajara. Cuando salía en procesión, tomaba paseo por las calles principales. Era cargada sobre los hombros de escogidos devotos. Era exhibida con grandes muestras de júbilo. Según el tamaño de la fiesta, se rubricaba su paso con sonoros cohetes, muros vestidos de gala, cabalgata de charros y música de viento, y sobre todo, con gran concurso de gente. En estas procesiones estaba todo el pueblo de San Juan presente, sumándose a él, con frecuente coincidencia, el grandísimo caudal de peregrinos. Las procesiones más célebres, en el pasado, son: dos pestes y dos sequías que padeció San Juan. Y sin duda, la gran procesión, en el traslado de la Bendita Imagen de Nuestra Señora de San Juan, de su segundo a su tercer templo. Primera Sequía: En 1803, en la segunda semana de agosto, era tal la sequía, que aún no se había podido sembrar ni una semilla de maíz porque no había caído una sola gota de agua del cielo. Y como, desde muchos años hacía que se había prohibido por la Sagrada Mitra de Guadalajara sacar la sagrada Imagen original de Nuestra Señora de San Juan de su templete, fue necesario, en esta ocasión, solicitar el permiso del Señor Obispo D. Juan Cruz Ruiz de Cabañas,

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Según Santoscoy, ciertamente la Feria de San Juan terminó, por el menor número de gente a la Fiesta de la Inmaculada, cada año. Pero, hubo también otras causas: 1.- Coincidió, con ese tiempo, la rápida red ferroviaria como el mejor y más eficaz medio para las operaciones mercantiles, prácticamente dejando, a San Juan al margen. 2.- Pero, más afectó a su ocaso, la abolición de las alcabalas en la República.

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para sacarla en procesión. Conmovido el obispo, por la gran necesidad, respondió favorablemente, quedando el 21 de agosto para dicha procesión. Se organizó un largo trayecto por las calles de San Juan, y cuando iba la procesión por la calle real (llamada: “de México”), comenzó a llover en gran abundancia, y hubo necesidad de proteger la Imagen en una casa, contigua al Callejón “Sal si puedes”. Ante la palpable intercesión de la Virgen, a sus grandes necesidades, la gente reanudó, por la mañana del día siguiente, la procesión hasta el Santuario, aclamándola con vivas y llanto, aclamándola: “Consuelo de los Afligidos”. Y fue mayor el bien conseguido de la Virgen Milagrosa, porque ese año la cosecha fue abundante. Hasta las heladas se retardaron, tanto, que no perjudicaron las labores. Primera peste 50 : En 1833 llegó al pueblo de San Juan la terrible epidemia del “cóleramorbus” que, en Europa, ya había causado muchas víctimas. Preocupado el Ayuntamiento pidió se sacara en procesión la Imagen de Nuestra de San Juan, el lunes 29 de julio, un día después de que prendió el cólera en un mozo de D. Benigno Romo. Y sin importar la llegada del cólera a San Juan, con grandes muestras de fe, el pueblo de San Juan acudió en masa. Hicieron la procesión como si fuera una fiesta. A las 4 de la tarde salió la procesión. Le pidieron con mucho fervor a la Virgencita, hasta el oscurecer. Y aunque, murieron muchas personas, hasta contar 267 víctimas, terminó súbitamente, viendo en esto la bondadosa mano de Nuestra Señora de San Juan. Segunda Sequía: En 1841 sale en procesión Nuestra Señora de San Juan, nuevamente por la escasez de lluvias, y volvió a repetirse el prodigio de 1803. 51 Segunda Peste: Llegó a San Juan esta peste, llamada popularmente “Cólera Chico”, el 24 de diciembre de 1849. Y coincidió que, la primera muerta de cólera, en San Juan, fue una mujer que había consumido pescado en mal estado. Amaneció enferma y murió a las pocas horas. A la que, luego, le siguieron otras personas. Sumando, el último día del año, 8 personas fallecidas. En la segunda semana de enero faltaban ataúdes para las muchas personas que morían. Eran tantos los que morían que tuvieron que comenzar a hacer uso de l nuevo Campo Santo. Médicos y Sacerdotes transitaban continuamente la calle para auxiliar a los enfermos. El 8 de enero, hubo 20 defunciones; al día siguiente 23, y al siguiente 31, hasta llegar a contar 36 muertos en un mismo día, entre ellos murió el Sr. Cura D. Mariano Cuéllar, Párroco de San Juan. Nuestra Señora de San Juan salió en procesión y recorrió las calles para acompañar al pueblo en su duelo, y el 2 de febrero, se dio el último caso de cólera. De esta manera cerraba su fiesta de la Candelaria, Nuestra Señora de San Juan. En esta fatal epidemia murieron, en 38 días, 563 personas.

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Cf. PEDRO MARÍA MÁRQUEZ, o.c., p. 193-194, nn. 239-240. Cf. PEDRO MARÍA MÁRQUEZ, o.c., p. 192- 193, nn. 238-240; p, 198-199, 250-254

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Por los terremotos: El 7 de julio de 1896, se solicitó licencia para una procesión, ahora, con motivo de una larga serie de terremotos. Aunque no se llevó a efecto porque primero cesaron los temblores, antes de que llegara el permiso. Las procesiones del pasado manifiestan la grande fe del pueblo a Nuestra Señora de San Juan para resolver sus necesidades más apremiantes, a veces, de forma inmediata. Estas procesiones del pasado han deber sido la inspiración remota, a la costumbre anual de hoy, no sólo de bajar de su trono, el 15 de agosto, a Nuestra Señora de San Juan y, en solemnísima procesión, celebrar la Eucaristía, teniendo a la vista de la multitud la Taumaturga Imagen. Ciertamente la intención inmediata, era recordar el fausto acontecimiento de su coronación pontificia, en 1904, haciendo más fiesta el quince de agosto, sobre todo a partir del 2004. Hoy, en día, es una gran fiesta y quizá la más solemne procesión que tiene Nuestra Señora de San Juan para bendecir, con más cercanía, a sus miles de hijos devotos. 14.- SAN JUAN, EN LOS TRIUNFOS Y EN LA LUCHAS DE MEXICO Nuestra Señora de San Juan participó en la historia de México. Vivió el mágico sueño colonial, donde la fe católica era el centro y el humanismo cristiano era su esplendor. Pero también vivió el doloroso parto de la Independencia que, por ser los habitantes de estas tierras, más de sangre española, naturalmente fueron más favorables al Partido Realista, como luego lo serán al Partido Conservador. San Juan, de 1810 en adelante, fue paso frecuente de soldados realistas persiguiendo a los insurgentes. Fue escenario casual de luchas entre conservadores y liberales, en los dos grandes momentos patrios, primero, en la invasión extranjera y después, en la entronización en la presidencia de México de sucesivos gobiernos masones y liberales, muy en contra de la Iglesia, siempre dispuestos a robar y a saquear los templos. San Juan escribió sus propias páginas patrias con resistencia, sudor y sangre de héroes y hasta de mártires, en estas 2 grandes épocas de la historia mexicana. Nuestra Señora de San Juan, en estos calamitosos tiempos, más que nunca se hizo presente. Guardó a su pueblo de San Juan y fue guardada por su pueblo, como su más valioso tesoro. Su Santuario, por sus devotos fue embellecido en tiempos de paz. Y por los ejércitos, en turno, fue denigrado, saqueado y maltratado. Se apoderaron de sus tesoros. La furia masónica de sus jefes y la barbarie de sus tropas los hizo iconoclastas y perseguidores. Milagrosamente, sólo la Sagrada Imagen de Nuestra Señora, fue siempre intocable. I.- LA INDEPENDENCIA En 1808 se solicitó a las Autoridades Religiosas del Santuario una procesión, con motivo de la invasión de las huestes francesas a España y, consecuentemente, por el peligro que corría todo el Imperio Español del que formaba parte México: la Nueva España. Se rumoraba que esta Colonia de Nueva España (México) iba a ser entregada a Francia.

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En este tiempo de las Guerras de Independencia por estas tierras pasaron los Realistas persiguiendo a los Insurgentes52 . Y el peligro latente de verse en medio de las balas, hizo que bajara mucho la afluencia de peregrinos en el Santuario de Nuestra Señora de San Juan. El 18 de marzo de 1814, se estableció el primer Ayuntamiento Sanjuanense según la Constitución firmada por las Cortes de Cádiz. Y, para festejarlo, las Autoridades Locales, apenas constituidas, pidieron a los Capellanes del Santuario se celebrara un solemne novenario, pidiendo salir, el último día en procesión, la Santa Imagen de Nuestra Señora de San Juan para dar gracias por este memorable acontecimiento. En este tiempo, también, disminuyeron los peregrinos porque muchos de los que venían engrosaron las filas de los insurrectos. En esos años, aumentó el hambre en San Juan porque las cosechas, con frecuencia, se las llevaban las tropas de cualquier bandera que primero pasaban. Mucho daño causó a San Juan la presencia de las tropas de Don Juan N. Sanromán y otras Partidas de Insurgentes, en los caminos para Lagos y Encarnación de Díaz, porque tenían interrumpida de continuo la comunicación y no dejaban pasar a los caminantes, mucho menos la mercancía que, sin más, la confiscaban. Esta situación hizo, sin duda, muy difícil la vida a los habitantes de San Juan y ahuyentó con estas formas de proceder a los peregrinos que deseaban visitar a la Virgen y comprarse algo a su regreso. La pobreza era el mal de todos y las luchas entre hermanos, la causa de ese mal, porque no sólo paralizaban el trabajo cotidiano, sino que arrebataban el fruto de ese trabajo. Por causa del hambre campeaba en todas partes la barbarie y el pillaje. En este tiempo, el Santuario fue extorsionado con frecuencia y, sobre todo, por los Altos Mandos Realistas que obligaron a los Capellanes del Santuario a entregar sumas de dinero con cualquier pretexto militar. Como si fuera poco, a las calamidades de las Guerras de Independencia, se añadió la Calamidad de la “Peste de Cuautla” que perduró en San Juan, de 1814 a 1816. La gente pobre llevó la peor parte. Perecieron en San Juan más de doscientas personas. Por causa de las guerras y la falta de dinero, obviamente, las obras materiales del Santuario actual se suspendieron en este período. Hasta 1821 que, consumó la Independencia Agustín de Iturbide, continuó la terminación del santuario, quedando concluida la obra, en

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El Padre José Manuel Flores, nativo de San Juan, rico minero en el Mineral del 14, recibió al General Calleja de los Realistas en su casa, la actual presidencia municipal de San Juan, porque simpatizaba con ellos, después negocia y apoya con dinero, al Insurgente Villareal, quien termina degollándolo, el 8 de mayo de 1811, como quedó asentado en su acta de defunción. Más datos nos da J OSÉ S. DE LA CRUZ CORNEJO, Crónicas: Recordando el pasado de San Juan de los Lagos, p. 91-94.

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general, en 1826. Tal vez, por eso, mutuamente agradecidos, el santuario guardó, su retrato, al óleo de D. Agustín de Iturbide que se confesaba devoto. 53 La consumación de la Independencia –insisten los historiadores de ese tiempo- hizo también volver a una mayor armonía entre las Autoridades Eclesiásticas y Civiles del Ayuntamiento de San Juan que en ese momento -dicho sea de paso- alcanzó mucho renombre político, al ser cabecera de uno de los 26 Departamentos en los que se dividió el Estado de Jalisco, abarcando su Departamento, a ciudades como: Encarnación de Díaz, Jalostotitlán y San Miguel. Una vez conseguida la Independencia, México transitó durante varios años por gobiernos indefinidos, entre católicos conservadores y masones liberales, buscando su consolidación. Y lamentablemente no pudo lograrla sino a través de una Guerra Civil, que nuevamente ahuyentó a los peregrinos del santuario. En este tiempo luchaban los Conservadores y Liberales por el poder. En San Juan, respirando estos aires y alimentando estos pensares políticos, el 12 de abril de 1857, se dio en la presidencia municipal el Motín del liberal Toribio Esquivel quien quiso imponer la Constitución de Ayutla. Y que, con la violencia de las armas, protestó el pueblo, encabezado por el conservador sanjuanense D. Miguel Zermeño. Unos días después, por parte del Gobierno, como respuesta al pleito armado, vino a reestablecer el orden el capitán liberal Hesiquio Cerezo. Con él, vino la paz armada. Pero, esa efímera paz sólo duró unos meses porque, el 5 de octubre, se volvió a levantar el pueblo de San Juan. Y se levantó, porque seguían temiendo al Gobierno Liberal ya sentado en el poder presidencial. Decían los de San Juan que iban a venir a despojar al santuario de todos sus bienes raíces. Como era de esperar, puso término a este motín el Coronel Cerezo cuando llegó con 100 soldados de caballería a someterlo. Para cumplir este cometido, el Coronel Constitucionalista se presentó en San Juan, el 27 de mayo de 1858, se adueñó del pueblo a fuerza de las armas y, acto seguido, como tanto temía el pueblo de San Juan, se apoderó del tesoro de la Virgen. A raíz de esta infortunada experiencia de despojo y robo, e l 17 de febrero de 1859, hombres prominentes de San Juan, al saber que entraría a San Juan el General Manuel García, “Pueblita” con sus tropas, antes de que entrara, le suplicaron que entrara en paz y, a cambio, le prometieron darle víveres y dinero. Aceptó. Ellos, puntualmente luego colectaron y le entregaron la ayuda prometida. Sin embargo, sus bárbaros soldados no cumplieron con lo pactado. Entraron al santuario y, como sólo quedaba lo que adornaba el templo, tomaron los objetos de valor que quisieron y profanaron las valiosísimas imágenes de talla guatemalteca, haciéndolas pedazos. Nada pudo hacer el pueblo de San Juan, muy indignado; nada, más que desear que se fueran, ese General y su cuadrilla de salvajes soldados. Inmediatamente después de lo ocurrido,

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De fuentes no escritas se sabe que Iturbide era devoto de Nuestra Señora de San Juan. Y, por favores recibidos, parece que quiso tener un lugar en su santuario, enviando esta pintura de él. San Juan, es de notarse, que dedicó la primera calle de aquel ti empo a Iturbide. Y para subrayar su principalidad, aún conserva la placa de la calle el adorno que la enmarca como calle principal.

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resolvieron todos –Capellanes y Pueblo de San Juan- ocultar la Imagen de Nuestra Señora de San Juan, poniendo en su lugar a la Imagen Peregrina. En diciembre de 1860, aunque terminó la Guerra “de los tres años”, siguieron varias partidas de Conservadores que penetraban en la población causando muchos destrozos. Formaban parte, de ellos, algunos sanjuanenses. Por tal motivo, mandaron al pueblo de San Juan, al Coronel Estanislao Balcázar, con la consigna de incendiar al pueblo a la menor provocación de la gente. Y no se retiró de ahí, hasta que recibió la orden superior de irse, con su gente a la concentración de tropas que se estaba haciendo en la ciudad de Puebla. El definitivo despojo de todos sus bienes raíces lo sufrió el Santuario, por las leyes de Reforma, en los primeros años de la Capellanía de D. Agustín Rodríguez, en 1866. Todas las propiedades inmuebles del santuario de nuestra Señora de San Juan, pasaron a poder del Gobierno Federal quien, primero, las conservó y administró durante varios años, y luego las vendió en subasta pública a varios particulares.54

II.- LA REVOLUCIÓN Después de la larga paz porfiriana que terminó siendo dictadura disfrazada, San Juan se estremeció, en 1910, con la Revolución Mexicana, que aquí, en nuestra Región Alteña, muy pronto se convirtió en una abierta y enconada persecución religiosa contra los católicos, por parte del Gobierno, obligando al pueblo fiel cristiano, casi espontáneamente, a la Defensa Armada de su fe, por el desprecio y burla a nuestra fe católica, el mal trato y la mucha hambre, pero sobre todo, por el obstinado intento de quitarnos la libertad religiosa. Malintencionadamente, el Gobierno de Calles la llamó: Revolución Cristera, para justificar su injusticia y para camuflar su barbarie. Todo este tiempo de la violenta Persecución Religiosa en México, la Santísima Virgen permaneció patente y manifiesta en su trono. Las puertas del santuario estuvieron abiertas de par en par y nadie se atrevió a cometer el menor desacato a su sagrada Imagen. No así sucedió con la casa del Capellán Mayor, anexa al santuario que fue convertida, unos días en cuartel del Gobierno perseguidor. San Juan de los Lagos, como todos los pueblos alteños, fue castigado con toda clase de violencia persecutoria, quizá con mayor afán por ser estos pueblos alteños quienes presentaron una exitosa defensa pública y armada de la Fe Católica. San Juan de los Lagos, por ser el punto de reunión y encuentro de muchos devotos, de todo el país, fue paso obligado de Soldados Gobiernistas Perseguidores y Soldados Cristeros Defensores. 54

Cf. PEDRO MARÍA MÁRQUEZ, o.c., p. 228, n. 310. Despojar a la Virgen de San Juan de sus bienes, será lamentablemente un mal hábito seguido después por propios y extraños.

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En ese tiempo hostil a la Iglesia y a sus Ministros Sagrados, en el Seminario Auxiliar de San Juan, iniciaron su formación, entre otros, nuestros mártires: Santo Toribio Romo, San Pedro Esqueda y el Beato Anacleto González Flores. Y también estuvieron de alumnos, algunos amigos de los perseguidores, como Silvano Barba que después sería Gobernador de Jalisco, en plena Persecución Religiosa. Estos Seminaristas estudiaron en el edificio que hoy, es la Presidencia Municipal, y ayer fuera un Seminario Auxiliar Diocesano 55. Aquí, en San Juan, desafiando al Gobierno Liberal y Anticlerical, el Sr. Arzobispo Francisco Orozco y Jiménez sintió cobijo. Y, ante la Virgen de San Juan que, tanto amaba, celebró Misa públicamente y oró, en 1918, en el primer ensayo de persecución. Luego partió a Lagos de Moreno. Lamentablemente, a los pocos días, fue capturado por las fuerzas federales, el 5 de julio de ese año 1918. Y fue expulsado del país, en un furgón de carga, rumbo a los Estados Unidos. El 7 de noviembre de 1926, en plena persecución religiosa, el subteniente gobiernista Marcos Coello, al pasar por las calles de San Juan, malhumorado, golpeó brutalmente a varios civiles que llevaban en la copa de sus sombreros la inscripción “Viva Cristo Rey”, resultando varios vecinos muertos. Cuentan -quienes vivieron este episodio- que también murió un niño llevando entre sus manos las canicas y en su cabeza el sombrero con la santa inscripción. El mártir desconocido es llamado por los antiguos como “el Niño de la Canica”, algunos de ese tiempo dicen que se llamaba José Natividad Herrera, y que fue muerto el 7 de noviembre de 1926, en la protesta por el “cierre del culto”56 . A los tres días, después de este muy injusto atropello, llegó a la ciudad de San Juan un General del Ejército de Calles que, con el pretexto de levantar información de lo sucedido, tomó preso y llevó a la Ciudad de México al Abad del Santuario D. Gonzalo Ornelas. Y, al poco tiempo, fue puesto en libertad por no encontrar ningún delito que imputarle. En 1927, en plena efervescencia cristera y como represalia, fue enviado a San Juan el Teniente Coronel Francisco G. Romero quien luego aprehendió a varios sacerdotes del santuario y a varios laicos de los grupos apostólicos. Todos tuvieron que sufrir durante varios días, vejaciones físicas y morales de parte de la soldadesca. Y cuando, por fin, fueron liberados, el Coronel les ordenó: “no volver a San Juan”. Por ese motivo el santuario se quedó con muy pocos capellanes. San Pedro Esqueda, nativo e hijo predilecto de San Juan, toda su vida la desarrolló en torno a Nuestra Señora de San Juan. De niño fue acólito y cantor. De joven, los primeros años, estudiante en su Seminario Auxiliar. De sacerdote, después de cantar su Misa en este santuario, fue destinado a la parroquia de San Juan de los Lagos, donde desempeñó su ministerio sacerdotal, durante once años, hasta el último día de su martirio. De San Juan salió para morir. 55

Cf. PEDRO MARÍA MÁRQUEZ, o.c., p. 279-280, nn. 404-406. Esta historia, de viva voz la escuché del Sr. Canónigo de San Juan de los Lagos, D. José de Jesús Pérez Vira Montes, quien le tocó vivir la persecución religiosa de 1926, siendo sacerdote. Cf. JOSÉ SILVESTRE DE LA CRUZ CORNEJO, Crónicas “Recordando el pasado de San Juan de los Lagos”, p. 178. 56

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Efectivamente, el 18 de noviembre de 1927, empezó a vivir su martirio San Pedro Esqueda. En una casa del centro de la población fue tomado preso y llevado al cuartel, que no era otro más que la Casa del Capellán Mayor, anexa al santuario. Ahí fue maltratado y fracturado del brazo para luego ser ejecutado, el 22 de noviembre, en Teocaltitán de Guadalupe, del vecino Municipio de Jalostotitlán, Jalisco. Hasta 1933, con Emilio Portes Gil vino una paz temerosa. Por estrategia, fue más tolerante para con la Iglesia Católica. Permitió la práctica de la fe, sin sanciones. Y no fue, sino hasta entonces, que vinieron a postrarse ante Nuestra Señora de San Juan nuevamente las multitudes. Efectivamente se volvieron numerosas y nutridas las peregrinaciones de los más apartados rincones de nuestra Patria Mexicana. Volvió a reinar públicamente Cristo Rey en nuestras calles y ciudades. Y volvieron presurosas las multitudes a cobijarse bajo el manto de nuestra Santísima Madre de San Juan.

15.- PARA UNA REINA, UN GRANDIOSO PALACIO Retomando el curso de esta historia de la Virgen de San Juan, la dejamos en su segundo Santuario, cada vez con menos espacio para los peregrinos devotos. Y, la verdad sea dicha que, después del milagro de la niña cirquera, siempre han sido insuficientes las moradas de Nuestra Señora, incluido el mismo pueblo de San Juan, nacido para ser anfitrión y para recibir a miles y miles de peregrinos. Repasando la historia de Nuestra Señora de San Juan y la necesidad renovada de lugares sagrados, cada vez más amplios, constatamos que han sido los Obispos de Guadalajara quienes al presidir las grandes fiestas de nuestra Señora de San Juan, siempre se marchaban convencidos de la urgencia permanente de edificarle un templo más grande; más suficiente para tanta gente. Y cuando se ponían a levantarlo, todos lo querían: bello y fastuoso, como corresponde a la Madre de Dios y Madre nuestra. En 1732, arranca la historia del tercer templo de la Virgen de San Juan. Eran tantas las veces que insistía el Capellán Mayor Francisco del Río en pedir al Señor Obispo Gómez de Cervantes un templo nuevo que terminó aceptando con mucho gusto la petición, después de la milagrosa curación que le hizo Nuestra Señora de San Juan, al colocarse sobre la parte enferma, uno de sus mantos. Y al verse sano, puso todos los medios para levantarle un tercer santuario. Pero, el Sr. Obispo Gómez de Cervantes, -hay que precisar- era muy devoto de la Virgen de San Juan, desde niño. Sus padres varias veces lo habían traído. Además, su Tío abuelo, el Sr. Obispo Leonel de Cervantes, había sido el primer gran promotor de la Virgen de San Juan, co n motivo del primer milagro. Ahora entendemos, pues, por qué, este entusiasta Obispo Nicolás Carlos, personalmente, quiso vivir la aventura completa de, primero, imaginar y calcular la amplitud, el lugar y el estilo del magnífico templo que soñaba edificarle a la Virgenci ta.

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En esta aventura, es justo puntualizar que siempre fue su mano derecha el Capellán Mayor D. Francisco del Río (1724-1765) 57 . Sin duda fue el más entusiasta promotor del nuevo templo. Ellos dos –Obispo y Capellán- fueron la mancuerna, milagrosamente eficaz, que logró dejar levantado, relativamente en corto tiempo (en 37 años),58 el magnífico templo que admiramos ahora, como un monumental retablo de cantera –de estructura neoclásica, aunque finamente barroco su adorno y terminado-. De altísimas torres, y alzado al cielo, para que proclamar a Nuestra Señora de San Juan, “bendita entre todas las mujeres; y aclamarla dichosa por todas las generaciones”. El Señor Nicolás Carlos Gómez de Cervantes –contaban los que vieron-, tanta ilusión le causaba hacer este nuevo templo que subió personalmente, con un grupo de invitados a la “Ceja” de San Juan, donde divisó panorámicamente todo el pueblo. Y subió ahí, para ubicar el preciso lugar donde quedaría sembrado el nuevo templo. Y el 30 de noviembre de 1732, colocó la Primera Piedra de este santuario actual. En ese momento lo acompañaron: un grupo de sacerdotes del obispado de Guadalajara, el muy fiel Capellán Mayor D. Francisco del Río y el Alarife (Albañil arquitecto), el prestigiado Señor D. Juan Rodríguez que se ocuparía de la construcción hasta el día de su muerte (+ 1° de noviembre de 1760).59 Era tanto el deseo, también, que tenía el Capellán del Río de construir el tercer templo de la Virgencita de San Juan que, antes de colocar la primera piedra, ya había hecho acopio de una considerable cantidad de pesos. Y ya se había organizado para volverse limosnero de todos los devotos; más, de los devotos que vivían fuera y que eran, de sobra, generosos. Los primeros bienhechores de este tercer santuario, fueron los dos promotores mismos que dieron mucho de su bolsa. El Sr. Obispo D. Nicolás Carlos Gómez de Cervantes, era un hombre prominente en el Gobierno virreinal; era sobrino nieto del Sr. Obispo Leonel Cervantes Carbajal. Y el Capellán Mayor, Francisco del Río fue, sin duda, el de la iniciativa de este magno templo y terminó siendo el mejor gestionador de recursos para su edificación.60 Estos ilustres personajes, amaron tanto a Nuestra Señora de San Juan, en su servicio a ella que, en ello, los encontró la muerte. El primero fue el Sr. Obispo Gómez de Cervantes en 1734. El segundo en compartir la gloria eterna fue el Alarife Juan Rodríguez, quedando éste (en 1760+) y el tercero, fue el Capellán Francisco del Rio (en 1765+) que duerme en espera de la resurrección, en 57

Permaneció en el cargo de Capellán Mayor, de 1724 a 1765, muriendo, cuatro años antes de que fuera trasladada la bendita I magen de Nuestra Señora de San Juan. 58 El Santuario de Nuestra Señora de San Juan se comenzó el año de 1732 y se terminó en 1769. Y el templo parroquial de Lagos se comenzó el año de 1741 y se terminó en 1797. 59 En ese tiempo, Juan Rodríguez estaba trabajando en la Ciudad de México. Se inspiraron, el Obispo y el Alarife, en el entonces famoso templo de San Francisco de la ciudad de México; y calcaron sus medidas y planta para este santuario de San Juan. El Santuario tiene de interior longitud 62.70 por 13.58 de anchura y de altura 24.19. Sus torres tienen de altura 68.12, incluida la cruz. Cf. PEDRO MARÍA MÁRQUEZ, o.c., p. 134-135, n 147 60 Cf. PEDRO MARÍA MÁRQUEZ, o.c., p. 100-105, nn 107-112; p. 115-116, n. 132; p. 121-122, n. 137; p. 144, n. 159. Por mandato del Señor Obispo Nicolás Carlos Gómez de Cervantes, fue enterrado el Padre Francisco del Río, en el actual Camarín de la Virgen, donde está hasta hoy.

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los muros del nuevo templo. Del obispo Nicolás Carlos Gómez de Cervantes sólo quedó en el santuario, su retrato y su gratísima memoria. 61 Quienes llevaron el peso de los gastos de la construcción de este magnífico templo, -es preciso señalarlo- fueron la anónima multitud de devotos. Unos a título personal, otros como gremios, distinguiéndose entre todos, los devotos mineros de Zacatecas, de San Luis Potosí, de Guanajuato y de Bolaños. Sus cuantiosas sumas se convirtieron en cada piedra, cada adorno y en cada mueble de este santuario. Ha quedado, para la Historia, un Archivo puntilloso de las cuentas: sumas y restas especificadas de todo lo que se fue reuniendo y gastando en la obra material del Santuario. Y en 37 años, en 1769, fecha en que se traslada la santa Imagen, el santuario estuvo terminada toda su nave interior. Realmente fue muy corto el tiempo para tan magna obra. ¿Quién de los hijos no quiere, al instante, ofrecerle a su Madre la casa mejor? Y ¿las torres? y ¿la sacristía? Vendrán después. La primera torre en construirse fue la del lado norte, terminada el 24 de octubre de 1784. Y la del lado sur, fue terminada el 8 de junio de 1790.62

16.- ENTRA LA REINA BELLÍSIMA Todo un acontecimiento fue el traslado de Nuestra Señora de San Juan a su nuevo santuario, el 30 de noviembre de 1769. Quedaba atrás el antiguo santuario, empequeñecido y vacío de su prenda más amada. Una nueva etapa comenzaba. Sin perder la calle de las romerías y peregrinaciones, por el oriente, siguieron entrando por donde mismo; quedando ahora, a un costado del nuevo santuario. A Nuestra Señora de San Juan, el pueblo en masa, salió a despedirla y a recibirla en su nueva casa. El Señor Obispo D. Diego Rodríguez de Rivas (1763-1770), por encontrarse muy delicado de salud y ser un frío invierno,63 pidió al Capellán Mayor del Santuario D. Vicente Ferrer de Cuéllar (1767-1785) que la trasladara. Para una mejor ocasión dejó la consagración del templo. Y pasará, más de un siglo, para ser consagrado el 19 de noviembre de 1884. Ese mismo día del traslado se erigió Parroquia San Juan de los Lagos; y tuvo como templo parroquial el santuario que dejaba Nuestra Señora de San Juan.

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Cf. PEDRO MARÍA MÁRQUEZ, o.c., 100-105, nn 107-112; p. 121-122, n. 137; p. 136-137, n. 151; p. 138, n. 154. Cf. PEDRO MARÍA MÁRQUEZ, o.c., p. 153-154, n. 171; p. 158, n. 176 . Cf. JOSÉ S. DE LA CRUZ CORNEJO, Crónicas: Recordando el pasado de San Juan de los Lagos, Presbítero Don José Manuel Flores, p. 91-94. Se afirma, que el célebre Padre Flores, rico minero, que vivía frente al atrio norte, por el lado oriente, costeó varias obras del tercer santuario, entre otras: el balaustrado del atrio, todo de cantera y una de las torres . 63 Cf. OMAR LOPEZ PADILLA, “Entre la devoción y el comercio, Un Santuario pa ra San Juan de los Lagos. 1732-1797”, p. 76-82: El Obispado de Guadalajara y la relación con el Santuario y su Obra. 62

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Pero, en el mismo edicto de erección de la Parroquia de San Juan Bautista se ordenaba: quedar “exento y autónomo” el santuario de la nueva parroquia, tanto en su administración como en su dirección. Este privilegio nunca lo entendieron los párrocos de Jalostotitlán y nunca dejó de ejercerlo el santuario, bajo la protección de todos los obispos, la Autoridad última. La presencia de Nuestra Señora de San Juan en su nueva casa fue el imán poderoso que atrajo a todos sus devotos para embellecer y terminar su santuario. Nunca faltaron pesos ni reales, para hacer, de su nueva casa, un lujoso Santuario. De la ciudad de México, de Nueva York, de Alemania, España, Francia e Italia vinieron: vitrales, mármoles y luminarias, bronces, oro y plata labrados. Se buscaron las mejores telas y bordadores. Los candiles, en ese tiempo, eran de vanguardia. Se labraron las maderas doradas de su primero y barroco retablo por manos de afamados Retablistas como Felipe Ureña y taller. La región de San Juan pavimentó de mezquite toda su casa. Y Nuestra Señora siguió habitando en su casa de plata64 Siempre había sido y sigue siendo, todavía hoy, un primoroso Trono de gracia. 65 Al Capellán Vicente Ferrer de Cuéllar le tocó hacerle todo lo que le faltaba al nuevo santuario para verse primorosamente terminado. Faltaba todo lo de madera, Amueblar el templo y la sacristía y, hasta faltaban, las torres66. Solo levantó una, porque, en eso, lo sorprendió la muerte, el 24 de octubre de 1785.

17.- CUANDO SU CASA FUE CONSAGRADA Como era necesario que el Santuario, primero, fuera consagrado, para luego ser erigido en Colegiata, el Capellán Mayor D. Agustín Rodríguez comenzó a tramitar en la Sagrada Mitra de Guadalajara su Dedicación y Consagración, por los buenos oficios del Secretario D. Jacinto López, futuro Arzobispo de Guadalajara (en 1900). El Señor Arzobispo D. Pedro Loza y Pardavé (1869-1898) aceptó, la petición y pidió que, por el momento, no se hiciera pública la noticia de aceptación. En cambio, sí pidió que comenzaran ya, los muchos preparativos que esta celebración implicaría. El Padre Agustín Rodríguez, comenzó, pues, a prepararse. Encargó un ornamento con muchas piezas de color azul, buscando a los mejores bordadores, para que lo tejieran con hilo de plata. Mandó para la consagración del templo, hacer las cruces de piedra para incrustarlas en los 64

El Capellán Mayor Luis de Ávila concluyó, en 1833, el templete de plata que había comenzado el Presbítero D. José Nicolás Jim énez

Cf. PEDRO MARÍA MÁRQUEZ, o.c., p. 195, n. 242 . 65 Del templo de San Francisco de México se trajeron muy labrados y grandes candelabros de bronce; de Nueva York importaron, comulgatorios de mármol y de bronce, el templete de columnas y de ángeles para manifestar el Santísimo, las puertas de bronce que abren a la Capilla del Santísimo y al Pasillo de la Sacristía y Camarín. Se trajeron de la ciudad de Querétaro, imágenes de Vicente Acuña. Cf. PEDRO MARÍA MÁRQUEZ, o.c., p.227, n. 309. 66 Ibídem: p. 154-155, n. 172.

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lugares señalados por la Liturgia. Igualmente previó el ara del altar mayor con las reliquias que llevaría de los Santos Víctor, Adeodato e Irene. Y finalmente, con un equipo de sacerdotes y de laicos cualificados, el nuevo Capellán Mayor Isidoro Rodríguez, hermano del anterior Capellán, programó y organizó las diversas celebraciones de esta gran solemnidad de la Dedicación del Templo. De acuerdo con el programa: la Magna celebración arrancaría el día 15 de noviembre con la recepción de los invitados. La consagración sería el día 19, con su respectiva Octava solemne, que terminaría el 26 de noviembre de 1884. Vinieron, de diversas partes del país, Obispos y Arzobispos, especialmente los más vecinos. También vinieron muchos ilustres sacerdotes de la ciudad de Guadalajara. Estaba previsto un florido ramillete de presidentes de las celebraciones y de predicadores, los de más alto rango y probada elocuencia sagrada en la diócesis y en el país. La centralidad la tuvo, en todo momento, el Arzobispo de Guadalajara, D. Pedro Loza y Pardavé, quien fue el principal consagrante. Con anterioridad, al pueblo se le preparó con una serie de catequesis. El 15 de noviembre de 1884, según lo previsto, empezaron a llegar los Obispos y demás invitados. La víspera de la consagración del templo, el 18, por la tarde, con mucha solemnidad fueron trasladadas y veladas, toda la noche, las reliquias de los santos mártires, a la luz de un cielo llameante de teas. El 19, a las 6 de la mañana, el Arzobispo Pedro Loza con los demás obispos y sacerdotes acompañantes, comenzó la ceremonia de Consagración y Dedicación del templo, en perfecta armonía de ritos, cantos, incienso y oraciones, saliendo de la celebración, aquella multitud de fieles y devotos que participaron en algo tan singular y poco frecuente, ya muy amanecidos a las 11 del día. El 21 fue la Misa Pontifical con un derroche de adornos y de coros, y disfrutando del mejor orador sagrado, en turno. Y, el 26 de noviembre de 1884, con gran solemnidad se cerraron las fiestas de la Consagración y Dedicación del santuario de Nuestra Señora de San Juan. Mientras tanto, en todo San Juan, ya se anunciaba la gran fiesta de la Inmaculada, de la que era Titular Nuestra Señora de San Juan, con la enorme feria de San Juan tendida, días atrás, a lo largo y ancho de la villa y sus alrededores.

18.- LAS FIESTAS DE NUESTRA SEÑORA DE SAN JUAN EN EL PASADO Aunque todo el año es “Fiesta” para Nuestra Señora de San Juan -si llamamos fiesta a la afluencia de peregrinos que todos los días vienen a verle - las Fiestas de Nuestra Señora de San Juan, con mayúscula, han sido cuatro: la Fiesta del 2 de febrero, la Fiesta del Mes de Mayo, la Fiesta del 15 de agosto, y la Fiesta titular, la original y primera, del 8 de diciembre.

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Estas son las cuatro que, a lo largo de cuatro siglos, fueron apareciendo en el cielo azul de San Juan. Unas han brillado intensamente, pero las circunstancias adversas, luego las han ido apagando, en tanto que otras, han ido cobrando tanta atracción que han llegado a ser las primeras, por las multitudes que congregan.

I.- LA INMACULADA CONCEPCIÓN, LA MÁS ANTIGUA FIESTA DE NUESTRA SEÑORA DE SAN JUAN En San Juan, fue oficialmente celebrada la primera fiesta de la Inmaculada Virgen de San Juan, en 1666, ordenada por el Señor Obispo Francisco Verdín de Molina, antes de que fuera proclamado dogma: la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María. 67 El pueblo de San Juan recibió y celebró con mucho agrado este decreto episcopal que afirmaba ser la Inmaculada Concepción, Nuestra Señora de San Juan, aunque ya desde antes, en 1634, había sido reconocida y como tal, revestida. Con gran concurrencia de peregrinos y con vivas manifestaciones de alegría, ese 8 de diciembre de 1666, se celebró su primera fiesta oficial. Era una multitud tal, de devotos, que no cupieron en su segundo templo (El actual templo parroquial de San Juan Bautista). La memorable Misa fue solemne: con Preste, Diácono y Subdiácono. Y por ser oficialmente la primera fiesta en que se reconocía a la Virgen de San Juan como la Inmaculada Concepción, por ese motivo, en hombros de cuatro sacerdotes, sobre unas andas de plata y debajo de un hermoso palio, recorrió las calles del pueblo, mientras caían blancos papelitos que decían: “María concebida sin pecado original”. A partir de esa fecha (1666), comenzó a celebrarse esta fiesta mariana como la principal. Con el tiempo, esta fiesta del 8 de diciembre, dio origen a la famosísima feria de San Juan ya hablamos de esto- que llegó a ser tan renombrada en todo el suelo patrio y más allá de sus fronteras. Cuando, el 8 de diciembre de 1854, el Santo Padre Pío IX declaró dogma la Inmaculada Concepción de María, la Sagrada Mitra de Guadalajara, con especial atención para San Juan, pidió que fuera celebrado este acontecimiento eclesial “a lo grande”, ya que la advocación oficialmente reconocida, para Nuestra Señora de San Juan, era: la Inmaculada Concepción. Por tal motivo, el Capellán Mayor Ignacio Rosales y los demás Capellanes comenzaron los preparativos para celebrar el dogma mariano, del día 23 al 25 de junio de 1855. Organizaron una

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Para la declaración dogmática, hubo que esperar muchos años, hasta que el Santo Padre Pío IX, después del Concilio de la

Infalibilidad, Concilio Vaticano I, lo hiciera el 8 de diciembre de 1854, día que, por siglos ya lo venía celebrando la Iglesia.

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magna procesión, tomando el día 24, día de San Juan Bautista, como el día principal, porque de él tomó su nombre Nuestra Señora, para ser venerada por todos sus devotos. Pero, sucedió que tuvo que pasarse la procesión al 25 de junio por causa de la abundante lluvia el día anterior. Cuentan las “Crónicas” que, con abundancia y belleza, fueron adornadas las calles para la procesión. Y al caer la noche, con luminarias marcaron un sendero de luz para que marchara la sagrada Imagen de Nuestra Señora de San Juan, entronizada en una azucena, cuyas raíces brotaban del pecho de las imágenes de San Joaquín y Santa Ana, sus padres. Más adelante del mismo carro, iba la imagen de San Pedro, revestido de Pontífice. II.- FIESTA DE LA CANDELARIA Ciertamente la fiesta de la Presentación de Jesús al templo, mejor conocida como la fiesta de la Candelaria, antes de 1869, era una fiesta más del santuario, sin relieve ni aparato, ni congregación mayor de gente para celebrarla. El por qué haya venido a ser, ahora, en el año 2000, la más concurrida, con millones de gentes, en los días cercanos al 2 de febrero, tiene una historia. Y esta historia arranca, en 1869. Más atrás, cuando hablamos de la feria de San Juan, dijimos que el Obispo de León José de Jesús Diez de Sollano, preocupado por sus feligreses que peregrinaban a la fiesta de Nuestra Señora de San Juan, el 8 de diciembre, al constatar, cuánto se había infiltrado el vicio y la inmoralidad en la feria de San Juan, para evitarles mayores daños, tomó la resolución de cambiar las peregrinaciones de sus fieles a la fiesta de la Candelaria que era el 2 de febrero. Ciertamente obedecieron los fieles que lo supieron. Pero el cambio fue poco a poco. Primero, unos, muy convencidos, y luego, fueron siguiendo otros, por contagio; de tal manera que, en los inicios del nuevo siglo XIX, ya era muchísima la gente que visitaba a la Virgen en la fiesta de la Candelaria. Y más se incrementó, cuando comenzó a venir a menos, año con año, la otrora famosa feria de San Juan. 68 III.- MES DE MAYO, MES DE MARÍA Siguiendo la tradición centenaria de la piedad mariana, al dedicarse el mes de junio al Sagrado Corazón de Jesús, también se le dedicó el mes de mayo a la Santísima Virgen María. El santuario de Nuestra Señora de San Juan, muy pronto hizo lo mismo. Podíamos decir que en el santuario de Nuestra Señora de San Juan, de una forma más creativa y organizada, empezó a celebrarse hasta en el año de 1872. La iniciativa vino del Capellán Mayor D. Isidoro Rodríguez que en su tiempo, se había propuesto darle más brillo a las fiestas principales de la Santísima Virgen María. En ese año, le encomendó diri girla al Capellán D. Francisco Gómez.

68

Cf. PEDRO MARÍA MÁRQUEZ, o.c., pp. 236-241, n. 327 bis- 338.

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Pero, no fue sino hasta 1885 que se estableció el Mes de María, ya de fijo, como fiesta propia del santuario y se le encomendó dirigirla, en ese año, al Capellán D. Juan N. de la Torre. Desde entonces se vino celebrando cada día con más esplendor y concurrencia, exceptuando, en el tiempo de las guerras civiles, después de la independencia de México, en que se suspendieron algunas celebraciones importantes del santuario por el grave peligro de muerte que corrían los civiles, cuando, en medio de ellos, luchaban los hermanos como enemigos unos de otros, defendiendo cada cual a su partido69 . En la actualidad es fiesta, principalmente, de la ciudad de San Juan en la que participan todos sus gremios.

IV.- FIESTA DEL 15 DE AGOSTO SU CELEBRACIÓN E INCREMENTO Aunque se celebraba la fiesta de la Asunción de María a los cielos, no pasaba de ser una fiesta sin relieve, hasta que el Capellán Mayor D. Isidoro Rodríguez empezó, en 1885, a promover todas las fiestas marianas –como acabamos de decir-. En el caso de esta fiesta, con el fin de promoverla, comenzó el Capellán Mayor por allegar recursos económicos entre los vecinos para: las invitaciones, los carros alegóricos, los fuegos pirotécnicos y la cabalgata de niños que encabezaría la marcha festiva. Organizó también una solemne quincena de misas y de rosarios con meditación y salve cantada. Hasta el mismo Capellán Mayor D. Gonzalo Ornelas escribió y publicó, en 1887, una Reseña de la fiesta de la Asunción y su quincena.70 Pero el éxito de esta fiesta vino en los tiempos modernos. A partir de la coronación de Nuestra Señora de San Juan, en 1904, se introdujo la muy fervorosa costumbre de celebrar este gran acontecimiento, cada año, con una misa en el atrio, el 15 de agosto (el mismo día en que fue coronada), presidiendo la bendita y original Imagen de Nuestra Señora de San Juan. Más se incrementó esta fiesta de agosto, cuando empezaron los capellanes la costumbre de celebrar el tránsito de la Virgen y la velación, durante la noche del día 14 y el 15. A partir de 2004, muy de madrugada, empezó a ser bajada la sagrada Imagen de su trono y puesta con mucha cercanía, para ser venerada durante todo el día 15, hasta caer la noche. Como empezó a ser costumbre, desde el 15 de agosto de 1905, para recordar la coronación pontificia, sale en muy solemne procesión al atrio para la Celebración Eucarística a la vista de una vastísima multitud que llena: plaza, calles y atrio, donde es aplaudida, vitoreada e invocada por todos. Este muy mariano evento ha hecho venir de todas partes a sus devotos, deseosos de mirarla de cerca y recibir con su Imagen, muchas veces la bendición.

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Cf. PEDRO MARÍA MÁRQUEZ, oc., p. 241-242, n. 339. oc., pp. 242-244, nn. 340-341.

70 Cf. PEDRO MARÍA MÁRQUEZ,

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19.- SI ES REINA DEBE SER CORONADA En los finales del siglo XIX y principios del XX, impulsados por la reciente moda en México, de coronar a la Virgen María, primero en sus advocaciones a Nuestra Señora de Guadalupe y a Nuestra Señora de la Luz, (de León, Guanajuato), las dos en 1895, el pueblo de San Juan empezó una tenaz campaña para alcanzar, también, la coronación pontificia de Nuestra Señora de San Juan. Es oportuno mencionar que la primera coronación de Nuestra Señora de San Juan, había sido muchos años atrás y la había hecho, en 1696, el Señor Obispo de Guadalajara D. Fray Felipe Galindo Chávez y Pineda “con una Diadema de oro purísimo”, cuajada de diamantes y esmeraldas que ciñó sus sienes hasta su coronación pontificia (prácticamente 2 siglos después).71 Encabezaron esta campaña en favor de la coronación pontificia: el Señor Cura Benito Pardiñás y el Capellán Mayor Gonzalo Ornelas. Pero, quien hizo formalmente la petición al Santo Padre, fue el Señor Arzobispo José de Jesús Ortiz, apoyándose en tres sólidas razones :72 La antigüedad de la sagrada Imagen de Nuestra Señora de San Juan, la inmensa popularidad de culto que tiene y la abundancia de milagros que concede a sus devotos. El júbilo empezó cuando llegaron las licencias de la coronación pontificia el 29 de enero de 1904. Noticia que se celebró con un Te Deum73 en el santuario y música por las calles. Empezó, después de recibir esta noticia, la comunicación más intensa con la Sagrada Mitra para la compleja organización del evento que requirió de muchas comisiones y acciones previas. En julio, con una Carta Pastoral, ya, anunciaba el Arzobispo José de Jesús Ortiz que el Santo Padre Pio X lo facultaba para que, en su nombre, coronara a la amadísima Madre Nuestra Señora de San Juan. También informó en esta carta que, este sueño dorado, se volvería realidad, el 15 de agosto de 1904. Por este motivo, comenzó a organizarse todo un programa de eventos que abarcaría toda la quincena primera de agosto, con un triduo al final. Y como otros capellanes ya lo habían hecho en celebraciones importantes del santuario, aprovecharon esta nueva ocasión para embellecer y mejor dotar el santuario. Con motivo de la coronación, por principio de cuentas, el Señor Obispo de Guadalajara D. José de Jesús Ortiz quiso reservarse personalmente la preparación de la corona. Por su parte el Capellán Gonzalo Ornelas encargó al Instituto pontifical de Artes cristianas de los Señores

71

Cf. PEDRO MARÍA MÁRQUEZ, o.c., p.82, n.90 bis. Más larga fue la lista de razones que dio la Comitiva de San Juan. Cf. PEDRO MARÍA MÁRQUEZ, o.c., p. 250, n. 354. 73 En español: ¡A ti oh Dios! es una oración solemne que acostumbra la Iglesia para dar gracias cada día y, sobre todo, en días muy especiales. 72

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Benzinger Brothers de Nueva York, un ornamento de primorosos bordados74 con muchas piezas, pensando en los ilustres acompañantes del Arzobispo. Para el templo, compró también las barandillas de mármol y metal que están en los dos cruceros y capilla del Santísimo, hasta el día de hoy. Igualmente mandó fabricar las dos puertas de bronce que cierran la capilla del Santísimo y el pasillo a la sacristía. Pensando en el lugar de las altas personalidades, invitados y coro, auxiliado de ingenieros, el Capellán Gonzalo Ornelas preparó también las tribunas y palcos necesarios para la escenografía de la coronación. Pero, sobre todo y lo más significativo fue que, a partir de la coronación, cambió la presentación de Nuestra Señora de San Juan, cambiando su tradicional aureola por dos ángeles, de bronce, volando y sosteniendo un listón que, en latín, reza: “Mater Inmaculata ora pro nobis” (en Español: Madre Inmaculada, ruega por nosotros). El programa, propiamente dicho, arrancó, días antes, del 29 al 31 de julio, con un desfile de carros alegóricos, alusivos al acontecimiento. Igualmente se mandó hacer un programa impreso en la famosa Litografía de Loreto Ancira, con la novedad de las cuatro tintas. Se adornaron las calles con hilos festivos. Y la música de viento, todos los días, hizo sentir la fiesta grande. Los días de celebración serían en la quincena de agosto, con un triduo final del 16 al 18. Cada día de la quincena habría una peregrinación de las parroquias vecinas, hasta el día 18, dándole precedencia, el 14, a la Diócesis de Zacatecas y el 15 a San Juan de los Lagos. Del 12 al 15 serían las misas pontificales. El ceremonial de la coronación fue el siguiente: Inició con una solemne entrada de los Ilustrísimos Prelados y demás invitados. Acto seguido el Señor obispo José de Jesús entregó la corona al Capellán Mayor Gonzalo Ornelas y demás eclesiásticos del santuario quienes, al recibirla, hicieron juramento de conservar siempre coronada la Imagen de Nuestra Señora de San Juan. Después el Notario dio lectura a las Letras pontificias que autorizaban la coronación, por manos del Arzobispo de Guadalajara D. José de Jesús Ortiz. Siguió el rezo solemne de la Hora Tercia. Terminada, se hizo la bendición de la corona. Luego fue llevada en procesión por los sacerdotes del santuario, haciendo valla de honor los padrinos y madrinas, mientras se cantaba un himno al Virgen María, llamado: “Gloriosa Virginum”, que terminó con una oración. Después se anunció solemne la Indulgencia Plenaria concedida por la Santa Sede, con motivo de la coronación. Inició la misa pontifical que cerró con el himno a la Santísima Virgen María, llamado: “Regina Coeli”.

74

También ahí, en Benzinger Brothers, se mandó bordar el manto y vestido que estrenó el día de su coronación.

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Y, por fin, el momento culminante sucedió, cuando el Arzobispo José de Jesús Ortiz, Presidente de la Eucaristía celebrada, colocó la corona de oro sobre las sienes benditas de la Imagen de Nuestra Señora de San Juan. Por la tarde, después de cantar solemnes Vísperas, fue sacada en procesión por la nave de la Iglesia con vivas muestras de júbilo. Y cerrada la noche se dio una suntuosa Velada LiterarioMusical. En todo esto participó la Schola Cantorum del Seminario de Guadalajara y sus renombrados maestros, como el muy reconocido predicador, Padre José Ma. Cornejo, y muchos otros.75

20.- PARA REZAR JUNTOS, HACEN SU SANTUARIO, COLEGIATA Desde años atrás, deseosos los capellanes de Nuestra Señora de San Juan de que fuera erigido el santuario, Colegiata, para garantizar permanentemente la Oración Universal de la Iglesia y solemnizar el Culto a Dios y a la Santísima Virgen, mediante un Colegio permanente de Canónigos, a ello dedicados, pidieron, una y otra vez, fuera erigido Colegiata, el santuario. Concretamente fueron tres las peticiones escritas las que se hicieron. Y las encabezaron los Capellanes Mayores. La primera la hizo D. Vicente Cuéllar y más delante, la segunda y tercera, la hizo el Capellán Mayor Gonzalo Ornelas. Y la respuesta por largo tiempo fue que “más delante se vería”. Lo que primero se le pidió al Colegio de capellanes, en la primera petición, fue que ya empezaran a fungir como Colegio de Capellanes, en vistas a convertirse después en un Colegio de Canónigos. El mismo arzobispo les envió un reglamento “ad experimentum” (A experimento). El acuerdo último, al enviar la tercera petición, fue que el Santuario se elevaría a Colegiata, una vez pasada la coronación del Nuestra Señora. Esta tercera petición tuvo la suerte de que, después de un maduro y prolongado examen, ya estando el nuevo Señor Arzobispo Orozco y Jiménez, por fin, la turnara a la Santa Sede. Y, el 27 de enero de 1923, el Santo Padre Pio XI dio la tan anhelada respuesta: -así escribía“Habiéndonos insistentemente suplicado el venerable hermano Francisco Orozco y Jiménez, actual Arzobispo de Guadalajara, que, en la Iglesia dedicada a la Santísima Virgen María de San Juan de los Lagos, dentro de los límites de su Arquidiócesis, erigiéramos un Colegio Canonical, tanto porque este templo, construido desde pasados tiempos con magnificencia y dotado de toda clase de ornamentos sagrados, es visitado cada año por incontable muchedumbre de pueblos, aun de remotas regiones, y sostenido con sus limosnas; pero también, porque ya desde hace muchos años se encuentran allí establecidos nueve Capellanes, quienes cada día cantan solemnemente la Misa, 75

Con mucho detalle podemos encontrar la Crónica de la Coronación en el libro titulado: Álbum Conmemorativo de la Coronación. Cf. PEDRO MARÍA MÁRQUEZ, o.c., pp. 248-278, nn. 350-403.

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y mañana y tarde entonan las divinas alabanzas… enaltecemos y elevamos al grado y honor de Colegiata la mencionada Iglesia de la Santísima Virgen María de San Juan de los Lagos”. La misma Bula establece y erige, en el mismo “Capítulo”, una dignidad que será: de Abad y de cinco canónigos para los oficios de: Penitenciario, Teólogo y Corales76 . El 9 de julio de 1923, el Señor Arzobispo Francisco Orozco y Jiménez, por medio de un telegrama, avisaba al Capellán Mayor Ornelas la llegada a México de la Bula de erección a Colegiata. La noticia fue recibida con repique de campanas y un solemnísimo “Te Deum” para dar gracias por tan señalado favor. Por su parte el Señor Obispo Orozco y Jiménez publicó, el 24 de septiembre, una Carta Pastoral sobre la nueva colegiata, anunciando la fecha en la que sería la instauración de la misma: el 8 de diciembre del mismo año 1923, por ser la fiesta titular de Nuestra Señora de San Juan. En la misma Carta Pastoral pedía prever todo el aparato ceremonial y festivo, empezando por formar las diversas comisiones para tan fastuoso evento. La erección a colegiata se celebró tal y como estaba planeado, pero con la desazón que causaba el rumor del inminente estallido de movimientos armados. Célebres fueron en esta fiesta, por ser muy nuestros, el Capellán Mayor Gonzalo Ornelas, en este evento nombrado primer Abad, el párroco de San Juan en aquel tiempo, el Señor Cura Feliciano Cortés que llegó a ser Abad en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe y el ilustre Poeta, entonces Señor Cura de Arandas, D. Amando J. de Alba. 77 Desde entonces, hasta el día de hoy, el Colegio de Canónigos ha rezado la Oración Universal de la Iglesia a las plantas de Nuestra Señora de San Juan todos los días; ha ofrecido el Sacramento de la Reconciliación a los peregrinos; y ha solemnizado todas las Fiestas Litúrgicas, sobre todo, en la Misa Conventual.

21.- LA CASA DE UNA REINA TIENE QUE SER PALACIO Reconociendo en todo momento la grandeza de Nuestra Señora de San Juan y la celebridad de su santuario, más allá de los confines de la patria, el entusiasta Cabildo de San Juan suplicó reiteradas veces al Señor Arzobispo D. José Garibi Rivera que pidiera la elevación del Santuario, que ya era Colegiata, al rango de Basílica Menor.78

76

Cf. PEDRO MARÍA MÁRQUEZ, o.c., pp. 282-287, nn 409-415 Cf. PEDRO MARÍA MÁRQUEZ, o.c., pp. 287-294, nn 415-435. 78 Hay una inscripción grabada en la cantera del retablo del pórtico de entrada, donde quedó escrito que su Santidad el Papa Gregorio XVI, el 17 de enero de 1836, elevó el Santuario de nuestra Señora de San Juan al rango de “Basílica Incorporada”, a perpetuidad, a la Basílica de San Juan de Letrán, en Roma. Esta iniciativa fue del Capellán Mayor D. Luis de Ávila. Cf. PEDRO MARÍA MÁRQUEZ, oc., pp. 196-197, n. 249. 77

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Su Santidad el Papa Pío XII, recibida la petición del Arzobispo José Garibi Rivera y oído el parecer de la Sagrada Congregación de Ritos, por un Breve Apostólico, expedido el 1° de mayo de 1947, dignificó la Colegiata de Nuestra Señora de San Juan con el título de Basílica Menor, especificando los privilegios y honores otorgados. Así reza el Breve Apostólico: “Por el tenor de las presentes Letras y, para perpetua memoria, honramos con el título y la dignidad de Basílica Menor la Iglesia Colegial de la Santísima Virgen María, comúnmente llamada de San Juan de los Lagos, existente dentro de la Arquidiócesis de Guadalajara, con todos los privilegios y honores que competen a las Iglesias con tales títulos adornadas. Dado en Roma en San Pedro, bajo el anillo del Pescador, el 1° de mayo del añ o de 1947, noveno de Nuestro Pontificado”. Y el Señor Arzobispo José Garibi Rivera, con motivo del IV centenario de la fundación de la Diócesis de Guadalajara, anunció que las solemnidades de la erección tendrían lugar del 15 al 19 de julio de 1948. Así lo determinó para aprovechar el caudal de obispos invitados y venidos a celebrar en Guadalajara el susodicho IV centenario. Gustosos pasaron los Obispos a San Juan para la inauguración del Santuario como Basílica Menor. Apoteótica fue la entrada de los Señores Obispos con los vivas, aún vivos, de la reciente Cristiada. Inolvidables en este evento fueron, por el afecto, el Señor Abad de Nuestra Señora de San Juan D. Juan N. Martín y el Sr. Cura de San Juan, en ese entonces, D. Esteban Sánchez; y, por su talento: el sacerdote maestro de música D. Manuel de Jesús Aréchiga, así como el Canónigo Magistral D. José Ruiz Medrano y el P. Mariano Navarro O. P., oriundo de Atotonilco el Alto, Jalisco. El 14 de julio se dio lectura al Breve Pontificio de erección. Y el 15, oficialmente se convirtió el Santuario de Nuestra Señora de San Juan en Basílica Menor. Según el rito, al golpe del báculo, fueron abriéndose las puertas de la nueva Basílica, una dedicada al patrón de la Diócesis de Guadalajara: Santo Santiago Apóstol y al patrono de la ciudad: San Juan Bautista, otra al patriarca San José y finalmente, la puerta mayor: a Nuestra Señora de San Juan. Terminada la Misa pontifical se bendijo e instaló el bello y sobrio Vía Crucis de plata que aún se conserva. Y ese día, se anunció el Triduo que se celebraría en acción de gracias, por este regalo pontificio. 79

79

Cf. PEDRO MARÍA MÁRQUEZ, o.c., pp. 311 - 320.

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22.- EL PATRONAZGO DE NUESTRA SEÑORA DE SAN JUAN La idea de que Nuestra Señora de San Juan fuera declarada Patrona de la Arquidiócesis de Guadalajara nació en una sesión del Cabildo de San Juan, en julio de 1952. Al plantearle esta iniciativa al Señor José Garibi Rivera, encargó al mismo Cabildo de San Juan hicieran una consulta a todos los párrocos de la Arquidiócesis, pidiéndoles su conformidad por escrito. La iniciativa, en general, fue bien recibida por los párrocos, pero encontró oposición entre los fervorosos devotos de Nuestra Señora de Zapopan. Con razones históricas defendían el patronazgo de nuestra Señora de Zapopan, que estaba con ellos desde la fundación de la última Guadalajara. Además en 1734 había sido jurada Patrona contra las tempestades y rayos. Y el 15 de septiembre de 1821 había sido proclamada Generala y Protectora del Estado Libre de Jalisco. Y, porque la insistencia de los fieles diocesanos en nombrarla Patrona de la Arquidiócesis era mayoría, y era más activa y aplaudida que la resistencia pasiva. Ganó, por mayoría, el patronazgo nuestra Señora de San Juan. Y el 5 de julio de 1957, el Papa Pio XII concedió esta gracia. Cruzó el mar la noticia, y el 30 de septiembre recibió el Abad el telegrama que decía: “Comunícole informan Roma concedido Patronato de Nuestra Señora de San Juan de los Lagos, Diócesis Guadalajara”. El Breve Apostólico declaraba: “Nuestro venerable Hermano, el Arzobispo de Guadalajara nos rogó instantemente que aquella elección que de la Santísima Virgen Inmaculada de San Juan de los Lagos, el Clero y el pueblo unánimente habían hecho, escogiéndola como su Patrona, Nosotros la confirmamos con nuestra autoridad declarándola Patrona principal, ante Dios, de toda la Arquidiócesis”. –y termina contundente- “Nos, accediendo con gusto a estas preces, en fuerza de estas letras y a perpetuidad, confirmamos, hacemos, constituimos y declaramos a la Santísima Virgen Inmaculada, bajo el título de Nuestra Señora de San Juan de los Lagos, Patrona Principal de toda la Arquidiócesis de Guadalajara en la Nación Mexicana”. Después de recibir tan alegre noticia, acto seguido, se entonó un “Te Deum” y a los pocos días, se formó una comisión para la celebración del patronazgo. El 24 de enero de 1958, mediante una Carta Pastoral se promulgó el Breve Apostólico y se hizo saber a todos, cómo se celebraría este nombramiento y reconocimiento a Nuestra Señora de San Juan. La fecha señalada para su celebración fue el 7 de mayo de 1958. En esta ocasión, se consagraron los altares de los dos cruceros y el de la capilla del Santísimo. Se estrenó un riquísimo ornamento con tela de Valencia, España. Y se colocaron, a la entrada del templo, dos esculturas de cantera que encarnaban a dos grandes misioneros y evangelizadores de la Nueva Galicia (que abarcaba, entonces, el territorio de Jalisco): Antonio de Segovia y Miguel de Bolonia quienes privilegiaron, a San Juan con su presencia evangelizadora y fueron los portadores y donantes de la Imagen bendita de Nuestra Señora de San Juan, en 1542.

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La solemnidad del patronazgo se celebró, tanto en la Basílica de San Juan con la Imagen Original, como en la Catedral de Guadalajara con una bella réplica. El tema de todos los discursos y sermones fue: El Patronazgo de Nuestra Señora de San Juan sobre el Estado y la Iglesia de Jalisco, siendo uno de los célebres predicadores el Señor Canónigo Ruiz Medrano. Y antes que terminara el siglo XX, promovió, uno de los siguientes Pastores de Guadalajara: el Arzobispo Cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, el Patronazgo Principal de Nuestra Señora de Zapopan; no sólo sobre la ciudad de Guadalajara sino sobre la Arquidiócesis de Guadalajara, dando como única explicación que, al erigirse la Diócesis de San Juan de los Lagos, Nuestra Señora de San Juan, naturalmente, sólo quedaría como la Patrona Principal de la Diócesis de San Juan. La verdad es que ningún decreto humano ha podido impedir que Nuestra Señora de San Juan siga siendo Patrona sin fronteras, incluso, más allá de la Arquidiócesis, simplemente porque no ha dejado de ser “La Roba corazones”. El patronazgo de la santísima Virgen María, es el de “Madre”. Y siempre lo ha tenido y lo tendrá, con papeles y sin papeles, porque no puede dejar de ser la Madre de Dios y Madre nuestra, sin más límites que su inmenso corazón sin límites. Nada perdemos, porque es la misma Madre con distinto nombre. Y todos ganamos, con una mayor devoción, a sus distintos nombres y advocaciones.80

23.- UNA DIÓCESIS PARA NUESTRA SEÑORA DE SAN JUAN Después del holocausto cristero donde nuestros pueblos alteños se acrisolaron en el fuego del martirio, unos con sangre y todos con lágrimas, floreció entre nosotros una fe firme y siempre fiel. Los años siguientes fueron muy buenos para nuestra Iglesia Alteña, bendecida con santos pastores, forjadores de pueblos y promotores, en todo, de su salvación y del bien común. También fue bendecida nuestra Iglesia Regional, de fieles cristianos firmes en su fe cristera: ¡Por Dios y por la Patria! Siempre sedientos de Dios y del progreso material, en el nombre de Dios. Por eso, Dios, después de haber madurado a nuestro pueblo con el martirio, quiso hacerlo más suyo y señalarlo mediante las Letras de su Santidad Pablo VI, el 25 de marzo de 1972, por las que creaba la Diócesis de San Juan de los Lagos, designando por sede y corazón de ella, al Santuario, Basílica, Colegiata, y ahora Catedral, donde vive y reina Nuestra Señora de San Juan. Nació, pues, la nueva Iglesia, la Iglesia Diocesana de San Juan. Y con ella, un San Juan Sede. Llamado a ser espacio de mayor acción pastoral que ocupará, con más necesidad, de los laicos de San Juan para ser líderes y apóstoles, más en favor de toda la Diócesis. 80

Cf. PEDRO MARÍA MÁRQUEZ, o.c., pp. 323-337. En un Anexo de este Libro, con detalle se habla del Patronazgo de la Virgen de San Juan.

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Queda para la historia de Nuestra Señora de San Juan, el honor de ser su primer Obispo, D. Francisco Javier Nuño Guerrero, Arzobispo Obispo, ayer de Guadalajara y, hoy, el primer Obispo de San Juan. El 29 de junio de 1972, fiesta de los santos apóstoles Pedro y Pablo, como todos los ilustres pastores que han venido a encontrarse con Nuestra Señora de San Juan, el Señor Francisco Javier Nuño entró por la ermita del Calvario. Con grandes muestras de júbilo, aplausos y vivas pasó por en medio de un pueblo desbordado de gente, venida de cercas y de lejos. Y a las plantas de la bendita Imagen de Nuestra Señora de San Juan, el primer Obispo de San Juan de los Lagos, D. Francisco Javier Nuño, de manos del Señor Delegado Apostólico Carlo María Martini, empuñó el báculo para ser pastor de esta su nueva grey. El Colegio de Canónigos, encabezados por el Señor Canónigo Ángel Valdés, le dieron la bienvenida en su recién estrenada catedral, diciéndole: “Ardua labor os espera, Excelentísimo Señor Francisco Javier Nuño, no sólo la Diócesis, si no todos los peregrinos que vienen a esta Basílica en búsqueda de una ayuda y orientación espiritual”. Y el Señor Francisco Javier Nuño contestó, consagrándose con mucho fervor a Nuestra Señora de San Juan.

24.- NUESTRA SEÑORA DE SAN JUAN RECIBE AL PAPA JUAN PABLO SEGUNDO EN SU CASA Rompiendo paradigmas, en su elección papal y en su modo de ser papa, el Santo Padre Juan Pablo II, sumamente mariano, al inicio de su pontificado quiso venir a México, en 1978. Y visitó a Nuestra Señora de Guadalupe. Y rompiendo paradigmas nuevamente, con grande gozo recibimos la noticia de que: el 8 de mayo de 1990, visitaría a Nuestra Señora de San Juan. Vino aquí para encontrarse con los jóvenes, cerca de trescientos mil. Como todos los peregrinos renombrados, entró por el oriente, acordonado de miles y miles de fieles cristianos que querían grabar con sus propios ojos, en vivo, la sonrisa de un Papa y recibir su bendición. Llegó hasta el santuario de Nuestra Señora de San Juan. Se postró a sus plantas. Y habló de Ella, con ternura y devoción. Nunca olvidaremos lo que nos dijo: “La Imagen de Nuestra Señora de San Juan de los Lagos tiene el encanto de las cosas sencillas, como sencilla fue la vida de la Virgen de Nazareth. Una imagen hecha de material humilde por los artesanos de estas tierra s, pero labrada con inmenso amor y fruto de luminosa fe; y que, a la vez posee el misterio de la grandeza misma de la Virgen, en la que Dios hizo maravillas, desde su Inmaculada Concepción hasta su

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Gloriosa Asunción”. Y la llamó “La Resucitada y Resucitadora”, aludiendo al milagro de la niña cirquera, en 1623. 81 Después de comer y descansar, por la tarde, el Papa Juan Pablo II y Nuestra Señora de San Juan fueron a la explanada del Rosario, donde nuevamente la coronó como Reina de los jóvenes. San Juan y toda la Diócesis de San Juan, guardamos gozosos este acontecimiento en nuestro corazón. Especialmente guardamos el reconocimiento que hizo a esta “Tierra de mártires”. Guardamos, como un museo sagrado: la mesa en que comió, la loza que usó, la recámara donde descansó. Y en el atrio, nuestro amor le levantó, gigante, su figura de bronce, saludando y bendiciendo a esta joven Iglesia de San Juan y contestando al saludo grande que quedó grabado en la Ceja Alta, al poniente de San Juan: BIENVENIDO PEREGRINO DE PAZ.

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Texto tomado de las Palabras del Papa San Juan Pablo II ante Nuestra Señora de San Juan, el 8 de mayo de 1990.

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Nuestra señora de San Juan, una historia para el pueblo.  

Nuestra señora de San Juan, una historia para el pueblo.  

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