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en una UCI donde les daban mamadera, puede que luego la rechacen porque la asocian a esa vivencia. Aunque un niño que ha vivido la vulneración de derechos en forma recurrente tal vez no lo perciba como problemático, todo su desarrollo y su psiquismo se conformará en torno a ello, dice la psicóloga. “Las cogniciones del mundo y de sí mismo –ahonda– se desarrollan en función de cómo los otros lo hacen sentirse protegido, querido y valioso. Por eso, los niños que enfrentan este tipo de traumas se sienten malos, incapaces, no merecedores de respeto”. Agrega que cuando es la figura de apego la misma que maltrata o daña, es muy confuso para un cerebro en desarrollo, que busca coherencia para entender las cosas: “Las representaciones internas que esos niños hacen del mundo son contradictorias, por lo que suelen tener conductas más erráticas. Buscan cariño, pero a la vez lo rechazan”. Las especialistas insisten en que vivir una experiencia traumática no es sinónimo de tener TEPT. En la práctica, solo una minoría de los niños lo desarrolla, transcurrido al menos un mes. El resto no necesita apoyo profesional y puede bastar con una intervención de los padres o del sistema social, explican. Sin embargo, en el caso del trauma relacional, el transcurso del tiempo sin aparición de síntomas no es una garantía de que no vaya a surgir más tarde. “A veces hay personas que pasan por episodios traumáticos en la infancia –explica la psicóloga– sin presentar ningún problema, pero ciertos eventos en la vida de adulto le gatillan estrés postraumático. Es frecuente ver mujeres que al embarazarse empiezan a tener recuerdos de haber sido víctimas de

Las especialistas insisten en que vivir una experiencia traumática no es sinónimo de tener TEPT. En la práctica, solo una minoría de los niños lo desarrolla, transcurrido al menos un mes.

Aislamiento. Los expertos destacan la relevancia de acompañar a quien vive un trauma, ya que hay una vivencia de soledad muy grande.

abuso sexual. Aunque la mayoría de los TEPT se desarrollan inmediatamente después del trauma, puede ocurrir que los síntomas aparezcan 10 o 15 años después”. Los indicios más característicos del cuadro son la reexperimentación, que en la infancia se manifiesta a través del juego. “Por ejemplo, jugando con un lego el niño dice ‘y el auto, pum, lo atropelló y pum lo atropelló’, repetitivamente, sin disfrutarlo”, explica la doctora Castaño. La psicóloga agrega que también se desarrolla “ansiedad de separación” (por ejemplo, pataleta al alejarse de la mamá), pesadillas: “Hay un cambio conductual bien notorio. Pueden estar irritables y agresivos, llorar por cosas insignificantes en forma recurrente o parecer como desconectados”. Y la psiquiatra agrega que frente a una experiencia traumática en un niño, por ejemplo presenciar un asalto violento, puede ser recomendable consultar con un especialista de modo preventivo: “Es bueno que un tercero le dé una explicación y le diga ‘no estás solo en esto que te pasó’”. 67

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RU N°153  

Revista para el alumni UC.

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