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Una terapia para “la vida que no es vida”  A los 15 años, Carolina (no es su nombre real) sufrió un trauma de índole sexual. Hoy, con 34, casada y convertida en madre y profesional, relata lo que parece ser un túnel largo y oscuro para el que finalmente encontró una salida. A consecuencia de la experiencia que vivió, estuvo medio año hospitalizada y perdió la memoria por nueve meses, a tal punto, que no recordaba a sus familiares más cercanos ni aprendizajes como la lectura y las operaciones aritméticas. Es decir, sufrió lo que los psiquiatras denominan “trastorno disociativo”. “De a poco, con el apoyo de un psicólogo –explica–, fui recuperando esas funciones, pero al mismo tiempo empezaron a aparecer imágenes, olores, texturas que me gatillaban recuerdos del episodio, que iban acompañados de mucho miedo y ansiedad”. También surgieron las pesadillas y el insomnio. A poco andar se le generó una depresión que la llevó a un verdadero peregrinaje por psiquiatras, neurólogos y terapeutas alternativos. Según cuenta, su familia y uno de los médicos acordaron que para facilitar su recuperación era mejor no volver a hablar del tema. “Entonces, se transformó en un tabú –dice–. Empezaron a pasar los años y la verdad es que yo crecí con depresión. Me sentía mal, buscaba ayuda en los doctores y terapeutas, pero sin hablar. Me recuperaba un poco y luego volvían los síntomas. Yo sentía que no valía nada, que mi vida no tenía sentido. Siempre me decían ‘pero tantas cosas buenas que tienes’. Y yo no era capaz de ver el vaso medio lleno”. Casi una década después de haber vivido ese trauma, se casó y junto a su marido tomó la determinación de buscar ayuda para enfrentar definitivamente el problema. Eso la llevó hasta el doctor Alejandro Gigoux, psiquiatra de la Unidad de Trauma y Disociación de la Red de Salud UC CHRISTUS, quien, en acuerdo con ella, inició la psicoterapia centrada en trauma conocida como EMDR (Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares, por su sigla en inglés). En su fase inicial, de estabilización, fue necesario tratar la depresión y luego, en la medida en que ella lo iba tolerando, comenzó el reprocesamiento de los recuerdos, lo que se extendió por cerca de 12 sesiones. Carolina explica que, junto con evocar la experiencia, lo que no significaba narrarla, tenía que seguir con los ojos el movimiento de un puntero, al tiempo que a través de una máquina recibía alternadamente una suave vibración en cada mano. “Empecé a sentir alivio desde la primera sesión. Y ahora recuerdo el episodio traumático como algo distante, lejano, como en una película, incluso, como si le estuviera ocurriendo a otro y también puedo estar sometida a estímulos que antes no podía ver. Antes, a diario lo vivía como si me estuviera ocurriendo en el minuto, con las mismas emociones del momento en que efectivamente pasó. Eso era una tortura, como en El día de la marmota”, dice refiriéndose a la película de Harold Ramis, cuyo

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revista universitaria

protagonista está atrapado en el tiempo y cada mañana vuelve a iniciar la misma jornada. “Antes yo me sentía culpable –explica– y me preguntaba por qué no utilicé más fuerza, por qué no escapé. Uno vive con la ilusión de que las cosas podrían haber sido distintas, de que uno pudo no ser víctima. Ahora entiendo que estaba en desigualdad de condiciones y era una niña; acepto lo que pasó y puedo ver el vaso medio lleno”. Además, pide expresamente que se consigne un “llamado” que quiere hacer y que explica su disposición a entregar su testimonio: “Es importante que las personas se traten el estrés postraumático, sobre todo el relacionado con el ámbito sexual. La sensación de culpa y el estigma hacen que uno siga viviendo una vida que no es vida, en circunstancias que todo el mundo merece vivir en paz consigo mismo”. El doctor Alejandro Gigoux, especialista certificado en EMDR, señala que este es un modelo psicoterapéutico para abordar el trauma, que empezó a desarrollar la norteamericana Francine Shapiro, a mediados de los años 80. Explica que su componente más característico son los movimientos oculares bilaterales u otras formas de estimulación también bilateral, como la auditiva o la táctil (esta última fue la que se usó como complemento con Carolina), en paralelo a la evocación por parte del paciente de los

“Es importante que las personas se traten el estrés postraumático, sobre todo el relacionado con el ámbito sexual (...) Todo el mundo merece vivir en paz consigo mismo”. recuerdos, emociones o sensaciones perturbadoras: “De esta forma se activarían mecanismos naturales de autosanación, que hacen que estas memorias almacenadas de forma desadaptativa y que generan los síntomas, se vayan ‘digiriendo’, pierdan su carga emocional negativa, se reduzcan sus consecuencias en el presente, y se refuercen los recursos de la persona”. Junto con la Terapia de Exposición Prolongada es una de las más efectivas para el tratamiento del estrés postraumático (ambas son empleadas por los especialistas de la Red de Salud) y es recomendada por múltiples guías clínicas, incluidas las de la OMS, con la ventaja de ser rápida, bien tolerada y segura. El psiquiatra explica que no se sabe exactamente cuál es su mecanismo de acción, pero afirma que se indagan varias hipótesis. Entre ellas, un posible vínculo con la generación de estados fisiológicos similares a los ocurridos durante el sueño, cuando naturalmente procesamos las experiencias que vivimos a diario; con la memoria de trabajo; con la respuesta de orientación; con la activación parasimpática o con una combinación de ellas.

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RU N°153  

Revista para el alumni UC.

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