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Exitismo exacerbado. El sociólogo Cristián Montenegro explica que tener objetivos claros es lo que nos mantiene con los pies en la tierra. Esto es lo que más les cuesta a los jóvenes, sobre todo en un sistema que comienza a medirlos a tan temprana edad.

son altas. El rendimiento que tengan en quinto o sexto básico incluso podría tener repercusiones en su futuro”. En su libro El elemento, el educador, escritor y conferencista Ken Robinson, nombrado “Sir” en reconocimiento a sus aportes al currículum escolar británico, destaca que en pleno siglo XXI varios países aún mantienen una estructura educativa industrial con alumnos más parecidos a obreros que a estudiantes. Con la misma pasión que desarrolla dos de sus frases célebres –“La creatividad es tan importante en educación como la alfabetización, por eso debemos tratarla con la misma importancia” o “Los niños de ahora harán trabajos que aún no están inventados”–, cuestiona la rigidez de las jornadas, la separación de los alumnos por edades, la descompensación horaria de las materias y el hecho de priorizar el producto manufacturado al talento. En esta misma lógica, Cristián Montenegro opina que el sistema escolar chileno debería mostrar a los alumnos que en la vida existen varias opciones para desarrollarse y que las escuelas deberían generar condiciones para mostrar distintos tipos de intereses y habilidades –físicas, artísticas y manuales–, que van más allá de la Prueba de Selección Universitaria (PSU). “Los niños pasan muchos años en el colegio, parte de su personalidad estará condicionada por lo que ahí vivieron. Si pudiéramos mirarlos así y darles herramientas de largo plazo, para las próximas etapas que les tocará vivir, relajaría la tensión en etapas posteriores. Porque la diversión y la felicidad, por ejemplo, también se aprenden”, afirma.

Terapia integral Si Javier, estudiante de Economía, hubiera aprendido a divertirse sin necesidad de recurrir a sustancias, hábito que según relata adquirió en octavo básico, cuando comenzó a consumir alcohol con sus compañeros de colegio, no habría tomado MDMA, droga sintética conocida como éxtasis, que actúa como estimulante y alucinógeno, generando euforia y felicidad. En su caso, le gatilló un cuadro depresivo que se extendió por varios años. “Tiene que ver con una historia personal de inmadurez, sicológica y emocional. A los 21 años no sabía bien si me gustaba lo que estaba estudiando y evadía las res-

“La mayoría de los adolescentes chilenos son sanos, proactivos, hacen cosas brillantes, pero necesitamos que la sociedad entienda y acoja a ese 20% de chicos y chicas que en la actualidad pueden padecer una enfermedad mental”, opina el jefe del Departamento de Salud Mental y psiquiatra infanto-juvenil, Matías Irarrázaval. ponsabilidades. Venía ya en un riel medio autodestructivo y probé esta droga en un entorno nada seguro, con amigos poco cercanos”, recuerda hoy a los 24 años. “Después de que pasó el efecto, empecé a sentir mucho miedo e incomodidad y con los días, un gran bajón. Tanto, que dejé de ir a la universidad. Fui a un psiquiatra que me diagnosticó psicosis exógena por droga y me empezó a tratar con una anfetamina, que menos mal no tomé por mucho tiempo porque era súper fuerte. Tuve que congelar la universidad. Pasé por otros dos médicos y con el tercero, que me diagnosticó trastorno del ánimo bipolar, duré dos años. Me trató con litio y con otro estabilizador, medicamentos que según él tendría que tomar toda la vida. Era demasiado severo, me decía que si dejaba el tratamiento iba a volver atrás y, además, que no le contara a nadie lo que me estaba pasando para evitar el estigma social”. Luego, el cambio de psiquiatra y el regreso a la universidad fueron claves: “El nuevo doctor me suspendió de a poco los fármacos y me dijo que no veía un trastorno bipolar en mí. Ahora me siento más contento, he vuelto a sentir emociones en forma normal. Solo ha mejorado mi calidad de vida”. Si bien Javier reconoce que el tratamiento con litio lo ayudó a estabilizarse, dice que en algunos momentos ha sentido rabia porque fueron dos años los que estuvo expuesto a fuertes remedios y a una baja autoestima. A veces los medicamentos te ayudan a salir, pero luego es bueno una terapia más integral. Mi psiquiatra actual me dice que trate de hacer deporte, que medite, que me alimente bien”, concluye. 53

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RU N°153  

Revista para el alumni UC.

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