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talento público

Un justo reconocimiento. En 2018, la escritora se convirtió en la quinta mujer en recibir el Premio Nacional de Literatura. “Esto es para empezar a equilibrar”, afirmó tras obtener la distinción. En la imagen aparece junto a la ministra de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, Consuelo Valdés, y el presidente Sebastián Piñera. fotografía Ministerio de las culturas, las artes y el patrimonio

“Yo creo que es importante tener este reconocimiento, que exista. Pero un escritor o escritora no escribe para ganarse el Premio Nacional, porque eso sería una estupidez. Por otro lado, el premio no me sirve para crear el próximo libro”. Arte que interpela Las inquietudes de Diamela han trascendido más allá del papel y sus personajes literarios. Durante los años 80 cofundó el Colectivo de Acciones de Arte (Cada), junto a Raúl Zurita, Lotty Rosenfeld, Juan Castillo y Fernando Balcells. Este grupo interdisciplinario marcó un punto de inflexión en la escena artística de la época, por sus acciones que buscaban eliminar las fronteras entre los artistas y los ciudadanos. —Dentro de las intervenciones artísticas que se realizaron, ¿hay alguna que la marcó más? —La acción que me pareció fundamental fue, entendiendo que todas son muy valiosas, el “NO+” que se realizó el año 85, cuando el grupo decidió salir a rayar las paredes en las noches, bajo toque de queda. Lo hicimos con la ayuda de muchos artistas. La apuesta era que esto se iba a reproducir por parte de la ciudadanía y que ellos iban a agregar sus propias demandas. Efectivamente pasó, porque la gente empezó a rayar “No+hambre”, “No+esto”, etcétera. —La obra trascendió a lo largo de los años —Nos superó totalmente, aunque nosotros somos los autores de esa consigna, ahora le pertenece al espacio social. Quiero decir que yo creo que es una de las pocas veces que en Chile el arte atravesó y se incrustó en los cuerpos ciudadanos. Tú ves ahora “No+AFP”, pero ese “No+” lo hicimos el año 85. 22

revista universitaria

Diamela, en todas sus versiones Su primera novela publicada fue Lumpérica (1983), como afirma la ensayista Sandra Lorenzano en Tres novelas: “Desde su aparición, el tema del poder es uno de los puntos clave de su trabajo creativo. Su perspectiva estética impactó en el mundo cultural de la época”. Luego, Por la Patria (1986) y El padre mío (1989) consolidaron su obsesión por lo marginal. —Dedicarse a la escritura fue toda una osadía en esa época, por la censura. ¿Cómo se logra desarrollar la creatividad en ese contexto? —Había una oficina formal que estaba en el Ministerio del Interior, y todo lo que se publicaba tenía que pasar por ahí. Y, bueno, yo escribí “con” un censor al lado, pero nunca escribí “para” el censor; entonces, fue una situación muy difícil de entender y muy anómala. Nosotros vivíamos así y no había nada que preguntar. —¿Cómo llega a esa instancia de “darle voz a los sin voz” a través de sus letras? —Siempre me ha interesado lo vulnerable, que está más en los bordes, porque mi imaginario funciona así. Nunca he salido de eso, porque siempre creo que se puede escribir más y se genera otra arista de esos espacios, ¿no? Entonces, ha sido una dirección de mi trabajo literario. Y ocurre lo mismo con mis creaciones “no literarias”, que fue el libro que hice con Paz Errázuriz, El infarto del alma, que era sobre el psiquiátrico de Putaendo; o El padre mío, que era sobre un sujeto esquizofrénico que vivía en un lugar aislado en la ciudad, cuyo discurso fuera de la “normalidad” yo entendí como algo poético. —Tengo una frase que usted dijo: “Pienso en lo literario como una disyuntiva, más que una zona de respuesta que deje felices a los lectores”. ¿Podríamos profundizar en este aspecto? —Mira, yo creo que la gente tiene que opinar lo que quiera respecto de mi escritura. O sea, yo jamás discutiría un juicio de otro. Por otro lado, nunca he creído que la vida sea trans-

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RU N°153  

Revista para el alumni UC.

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