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Segunda Guerra Mundial, cuando la producción permitió, a cantidades de personas y como nunca antes en la historia, un poder de compra superlativo. Tan masivo, que hasta el simple manejo de desechos se volvió crucial para todas las ciudades donde se concentra la abundancia. Miller –autor de 29 libros que indagan en los motivos que llevan a la gente a instalarse en Facebook, escoger su nuevo auto o andar en jeans e impulsor de célebres estudios sobre la relevancia de las ofertas y las liquidaciones– ha contado que en tribus remotas se encontró con las mismas actitudes hacia los objetos materiales que en los barrios europeos más sofisticados. Incluso, uno de sus colegas consideró que los sujetos más materialistas estaban al interior de la Amazonía. Además, en la India conoció parejas que pagaban unos matrimonios carísimos a los hijos queridos que dejaban para siempre la casa familiar: se endeudaban por años, a veces décadas, para expresar la profundidad de sus sentimientos. Para Marjorie Murray, su ex alumna doctorada en Antropología del University College London y ahora integrante del nuevo Programa de Antropología Sociocultural UC –fundado el año 2010 para consolidar esta disciplina en la Universidad al alero del Instituto de Sociología–, en Chile estamos viviendo un proceso muy radical desde una sociedad culposa hacia una en que el consumo es cotidiano, transparente. “Los viajes nos sirven en esta etapa de transición, en ellos nos permitimos gastar libremente en cosas que no nos aceptaríamos en el país”, explica.

El cambio que viene Para la socióloga Murray, las familias del poder se están viendo obligadas a cambiar de estrategias para hacer visible su posición privilegiada. “Para Pierre Bourdieu (sociólogo francés), una clase poderosa puede poseer todos los medios de producción de una sociedad, pero necesita, además, una legitimación que tiene que ver con el arte y la cultura. Se trata de un cierto manejo que le permite tratar de poner límites para defender su territorio”, agrega. 56

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Gracias a una producción industrial acelerada por las nuevas tecnologías, cada vez son más las personas que pueden expresarse a través del consumo. El mundo de la moda, los autos, los artefactos, sirven hoy para decir quiénes somos en una sociedad donde la individuación es progresivamente más importante. Son maneras nuevas que tiene el ser humano para expresar lo mismo que antes. Hace cientos de miles de años, el primero que se tatuó y salió a pavonearse ante los demás, o puso sobre su choza la cabeza del león que había cazado, también transmitía mensajes. Pero la propia Iglesia Católica, siglos antes de que se hablara de consumismo, ya había advertido que los grupos privilegiados tenían una disyuntiva entre ser más o tener más. Alternativa que recién ahora aparece en Chile, bajo la sospecha de que la sociedad estaría dejando de ser valórica para volverse, con el aumento

“Una clase poderosa puede poseer todos los medios de producción de una sociedad, pero necesita, además, una legitimación que tiene que ver con el arte y la cultura. Se trata de un cierto manejo que le permite tratar de poner límites para defender su territorio”. Marjorie Murray, académica de Sociología UC.

Revista Universitaria N°115  
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Publicación para ex alumnos UC

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