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Yo he pasado casi diez años de mi vida en Alemania. Pero en lo más profundo del corazón me siento chileno. Mi alma pertenece a Chile. Yo he recibido muchas distinciones en la vida, pero lo que más aprecio es el Premio Nacional de Historia que recibí en el año 1982.

los cambios que las universidades chilenas han experimentado en este tiempo. Entre estos cambios hay uno de capital importancia. Según Andrés Bello, la función más relevante de la universidad debía ser la investigación. Mas las universidades se constituyeron fundamentalmente como escuelas profesionales. Ellas tienen el mérito de haber formado a profesionales competentes y responsables. A partir de los años 50 del siglo pasado surgió una nueva inquietud. El académico chileno tomó conciencia de que no se debía limitar a enseñar los conocimientos científicos que se habían desarrollado en Europa y Estados Unidos, sino que él mismo debía investigar y contribuir al desarrollo del conocimiento científico. En la Universidad Católica los médicos formaron los primeros centros de investigación. El decano Raúl Devés hizo un convenio con una universidad de Estados Unidos para promover la in-

vestigación en la Facultad de Ciencias de la Ingeniería. La Facultad de Economía hizo un convenio con la Universidad de Chicago y formó a los Chicago Boys, los cuales realizarían una labor de importancia decisiva para el desarrollo del país. Yo, como jefe del Departamento de Historia y Geografía, creé, con el apoyo del decano Kupareo, un Centro de Investigaciones Históricas y un Centro de Investigaciones Geográficas e hice un convenio con la Fundación Rockefeller que me permitió dar becas a jóvenes historiadores para dedicarse a la investigación. Juan Gómez Millas, como decano de la Facultad de Filosofía y como rector de la Universidad de Chile, fundó varios centros de investigación y envió a jóvenes académicos al extranjero para que se formaran como investigadores. Para terminar, una pequeña anécdota. En un viaje a India y Pakistán, por encargo de la Unesco, visité Swat State, un pequeño Estado en medio de

Ricardo Krebs Wilckens (1918-2011)

El peso de su historia

¿ patricio bernedo Director Instituto de Historia UC

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revista universitaria uc

Qué tenía Ricardo Krebs que lo hizo tan querido y respetado por sus pares y alumnos, más allá de cualquier diferencia ideológica, religiosa o generacional? Creo que fue su capacidad de respetar a los demás y perseguir con entusiasmo los puntos de encuentro más que darle espacio a las distancias. Don Ricardo fue un hombre católico que creía en la razón como método para interpretar el pasado y el presente y buscar un futuro compartido. Ahí puede estar una de las claves de su estatura humana e intelectual. Tras doctorarse en la Universidad de Leipzig, tenía 24 años cuando en 1943 se integró como profesor del recién fundado Departamento de Historia y Geografía de la Escuela de Pedagogía de nuestra Universidad. Formó a miles de estudiantes de pedagogía y licenciatura en Historia; muchos de ellos son hoy profesores de referencia en la UC y en el sistema educacional chileno. Publicó libros importantes, como su Historia de la Pontificia Universidad Católica de Chile: 1888-1988. Pero los más conocidos entre el público general fueron sus manuales de Historia Universal, que se transformaron en un modelo de texto escolar por su combinación de claridad y erudición. Por sus cualidades personales y su sentido académico fue elegido para distintos cargos en la Universidad. Fue decano de las facultades de Filosofía y Ciencias de la Educación (1967-1970), y más tarde de la de Historia, Geografía y Ciencia Política (19871990). También fue director del Instituto de Historia (1976-1980) y rector interino de la UC, entre mayo y junio de 1970. Tenía la convicción de que los profesores debían enseñar lo que investigaban y concentró sus esfuerzos en el cambio de una universi-

dad docente a una centrada en la investigación científica. Su inmensa contribución al conocimiento histórico le valió el Premio Nacional de Historia en 1982. Su trayectoria académica excepcional y sus contribuciones a la UC y al país le fueron reconocidas en 1992 a través del grado de doctor Scientiae et honoris causa, la máxima distinción honorífica que otorga nuestra Universidad. Don Ricardo fue un agradecido de la vida y lo traslucía en su actitud vital y en sus escritos. Su gratitud hacia la Universidad Católica quedó expresada en el prólogo de su Historia de la Pontificia Universidad Católica de Chile: 1888-1988: “La historia de nuestra Universidad es una historia muy hermosa. Fue una historia siempre difícil, de grandes esfuerzos, de duros

Don Ricardo fue un hombre católico que creía en la razón como método para interpretar el pasado y el presente y buscar un futuro compartido. Ahí puede estar una de las claves de su estatura humana e intelectual. sacrificios y de generosa entrega. Hubo momentos amargos y momentos sumamente críticos. Pero también hubo hombres que estuvieron dispuestos a apoyar a la Universidad con sus acciones y sus rezos”. Le agradecemos a don Ricardo el haber sido capaz de encarnar los valores que distinguen a esta universidad y señalarnos un camino.

Revista Universitaria N°115  

Publicación para ex alumnos UC

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