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También traía una mamadera. Una mamadera con agua con azúcar. Iba a su primer control médico a los siete días de haber nacido. Oldon se movía poco, se veía débil, deshidratado. Su madre estaba en evidente estado de desnutrición. “Nadie puede sobrevivir con agua con azúcar. Si no alimentábamos a Oldon, moriría”, recuerda Carmen. Y esa fue la fuerza que la motivó a golpear nuevamente la puerta de la Hermana Luz Marina, quien esta vez le dio una solución: “Tenemos dos tarros de leche que nos donaron. Entrégales uno”, le dijo. A la semana siguiente, Oldon regresó. “Era otro niño, había subido bien de peso, se movía, y su madre estaba con otra actitud, entusiasmada de que su hijo pudiese vivir y ya no entregada a que lo podía perder”, cuenta. Pero ese salvador primer tarro de leche se había acabado. La Hermana le entregó el último que tenía y le advirtió que no podrían encargarse de la alimentación de Oldon. “La historia de la Fundación Leche para Haití está llena de cosas que ‘justo’ pasaron. A los pocos días llegó una donación de algunas cajas de leche descremada para embarazadas. La Hermana me dio una y, 14

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gracias a eso, pudimos seguir alimentando a Oldon y ayudar a los otros niños que llegaban en su mismo estado al consultorio, aunque no oficialmente”, relata.

Leche para Haití Carmen regresó a Chile impactada. Le contó a todo su entorno la situación de hambruna que vivían los niños de Haití. “Cada vez que me enfrentaba a un paciente que se encontraba bajo el peso y la talla esperados para su edad comenzaba el interrogatorio habitual sobre la lactancia materna y la alimentación complementaria: qué tipo y cuántas veces al día, etcétera”, le confesó a sus más cercanos. “La mayoría de los menores de seis meses no recibe lactancia materna exclusiva. Una de las causas principales es falta de educación: las madres suelen iniciar alimentación complementaria al mes o a los dos meses de vida del niño. No es raro encontrarse con guaguas de dos meses que reciben como comida principal arroz con porotos. Pero otras de las causas más importantes son la anemia y la desnutrición materna. La mayoría de las mu-

jeres que se embaraza se encuentra en una situación nutricional límite, y no recibe suplementos vitamínicos durante el embarazo. Los partos generalmente son domiciliarios por lo que no existe un control óptimo de la hemorragia. Esto hace que a la hora de la lactancia haya madres que se encuentren tan débiles y enflaquecidas, que cada vez que le dan pecho a sus hijos presentan mareos y sensación de lipotimia. Pero no tienen otra opción, ya que no cuentan con los medios necesarios para comprar leche a sus hijos”, recuerda haber pensado mientras buscaba cómo poder ayudar de un modo permanente. “Al preguntar por la alimentación complementaria, las respuestas no eran más alentadoras. Es impresionante preguntarle a alguien cuántas veces le da comida a sus niños al día y que te conteste que, cuando tiene los medios, dos veces, y, si no los tiene, una vez. Esta respuesta la dan con toda naturalidad, sabiendo que no es suficiente el alimento que le dan a sus hijos, pero ya resignados a que no tienen otra opción. Obviamente yo les sugería que aumentaran el número y cantidad de comidas diarias, frente a lo cual los padres

LA META El costo total para el tratamiento de un niño al mes es de $30.000. Y la meta de Carmen Lagos es poder llegar a atender a 100 niños en ambos lugares, tanto en la Klinik como en el centro de Un Techo para mi País-Haití de Onaville. Hoy tienen solo 40 niños, pero han llegado a atender un máximo de 60.

Revista Universitaria N°115  

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