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a l día

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Domingo 27 de noviembre de 2011

Crónica

¿HASTA CUÁNDO? El invierno que no ha dado tregua tiene inundados los patios de muchas casas en Santa Lucía, sobretodo las más cercanas a la zona de la ruptura.

Desesperanza y rabia en Santa Lucía (II)

NADA HA VUELTO A SER IGUAL

Ningún cultivo prospera en la parcela de Dairo Salgado.

Sur del Atlántico Un año después

C

uando caían las 4 de la tarde del 30 de noviembre de 2010, en el sur del Atlántico centenares de historias cotidianas cambiaron para siempre sus rumbos. Después de ese día nada volvió a ser igual para los miles de damnificados por la inundación que provocó la ruptura del canal del dique en Campo de la Cruz, Candelaria, Repelón, Manatí, Suan y Santa Lucía. Dos mil 400 millones de metros cúbicos de agua entraron por el boquete de 240 metros que quedó abierto y que tardó 46 días en ser cerra-

Un año después, la carretera entre Santa Lucía y Calamar alberga damnificados que esperan ser reubicados .

El agua le ha impedido retornar a Rigoberto Escorcia.

do. La gente del sur ya tenía la experiencia por la inundación de 1984, pero la de 2010 superó todas las expectativas. Los primeros en afectarse fueron las 57 familias que vivían en los predios de una finca frente al carreteable. Allí no hubo tiempo de hacer nada, solo de correr y asegurar la vida, como lo relata Dairo Salgado, quien a esa hora estaba en el pueblo pagando un recibo de energía, y cuando supo la noticia regresó presuroso a su parcela para ver qué había pasado con su familia. Al llegar todo estaba bajo el agua, y sus hijos a salvo con la mamá en la carretera, pero sus pertenencias que con tantos años de esfuerzo consiguió, el ímpetu de las aguas ya se las había llevado. “Sen-

lia de Rigoberto Escorcia, quien asegura que se tuvieron que quedar durante un mes en un cambuche en la carretera viendo pasar la gente en las chalupas llorando por todo lo que habían perdido. Un año después Rigoberto no ha podido regresar a su casa, porque todavía tiene agua en el patio y la cuadra está sin energía. “Hasta los cables se robaron”, dice.

tí desespero, decepción, tantos años de trabajo perdidos así, de un momento a otro. Eso duele, perder todo, todo, todo, completamente todo. Teníamos planeado salir de vacaciones para el 24 de diciembre, y pasar la Navidad en Sucre. Yo me aturdí, encontré mucha gente ayudando a ver que se rescataba, pero como se partió aquí frente a la casa, yo le dije a todos, vámonos, ya no hay nada que hacer en este lugar”.

CON AGUA ESTANCADA EN SU PATIO

Mientras que Dairo observaba con tristeza como todo se perdía, en el barrio más próximo, Pueblo Nuevo, decenas de familias corrían ante el aviso de que el dique se había roto. Entre ellas la fami-

‘NOS TIENEN ABANDONADOS’

Manuel Torrenegra y Elizabeth Paternina estaban con sus hijas en la casa el día de la tragedia, pero también les tocó salir corriendo hacia la carretera para salvar sus vidas. Allí pasaron la noche y después se fueron para el barrio Centro, pero de ahí también les tocó salir porque


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