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“Nunca imaginé que iba a tener que estar tanto tiempo fuera de mi casa”. Ever Lidueña

ENTREGA DE MATERIALES EN UN 99% EN MANATÍ se había roto el dique, de inmediato empezó a recoger, pero el agua apenas estaba entrando en los terrenos del pueblo. “En carros de mula y a hombro sacamos lo que se pudo sacar, y nos fuimos para la parte alta a una casa que nos prestaron. Nunca imaginé que iba a tener que estar tanto tiempo fuera de mi casa”. Ever sigue refugiado en una vivienda en la zona alta del municipio, en donde están viviendo 5 familias, es decir, unas 30 personas en medio del hacinamiento. “Andamos todos nerviosos, porque la gente comenta que otra vez se va a romper el dique”, agrega Ever. En otro punto de Manatí Sara Devia se encontraba en una reunión de familias de acción cuando llegó la noticia del dique. “Mi esposo se iba todos los días a meter sacos, porque allá había filtraciones y presentían que se podía romper”, relata Sara. Ella pasa los días en una vivienda cercana a la inundación, en donde cocina, pero cuando cae la noche se devuelve con su familia al colegio ‘La Normal’, porque no se sienten seguros. “Ese día sentí mucha nostalgia, lloré mucho, usted sabe lo que es dejar uno su casa de la noche a la mañana, agarrar lo que uno podía agarrar nada más y salir”.

La Fundación Mario Santo Domingo ha entregado $475 millones en materiales. 576 casas serán intervenidas con la auto reparación.

Crónica

Martes 29 de noviembre de 2011

25 POR CIENTO DE MANATÍ SIGUE INUNDADO

a l día 75

Según la Gobernación del Atlántico, las zonas urbanas del sur están secas, a excepción del 25% de Manatí. Hay casas que no serán reconstruidas.

Los rostros de la inundación del sur

Augusto Cantillo confía en la reubicación. En canoas y a lomo de burro los pobladores de Manatí pueden llegar hasta las zonas que aún están en medio del agua.

Ever Lidueña inspecciona a diario su casa en el agua.

CONFINADOS EN ALBERGUES

El día que se rompió el dique Augusto Cantillo no tenía dinero para pagar los 30 mil pesos que por cada viaje estaba cobrando el propietario de un carro de mula, así que lo que hizo fue coger una carretilla que tenía y comenzó a sacar sus cosas desde las 5 de la tarde que empezó hasta la una de la mañana que terminó. Con su familia se fue para casa de su suegra, pero desde el 10 de diciembre tuvo que irse para el polideportivo porque cuando estaban haciendo los censos solo incluían a los que estaban en cambuches o albergues. “Pasamos todo el mes de diciembre bajo plásticos en los cambuches, soportando calor en el día y una frialdad que daba el plástico en la noche, exponiéndonos a una pulmonía, a una fiebre. El

Para recordar Mi esposo se iba todos los días a meter sacos, porque allá había filtraciones y presentían que se podía romper.” SARA DEVIA

Los albergues se han convertido en los nuevos barrios de los municipios del sur del Atlántico.

Solo con la alegría y la inocencia que los caraceteriza, los niños han asimiliado la tragedia.

15 de enero nos pasamos a estas carpas que donó una empresa privada, y así hemos permanecido, supuestamente por 3 meses pero ya llevamos 9. No he vuelto a mi casa porque todavía tiene agua y es un peligro mudarse para allá, porque la estructura está debilitada y si me voy me expongo a que la casa le caiga encima a mis hijos” explicó Augusto, quien confesó tener las esperanzas puestas en el nuevo gobierno departamental. “Aquí prácticamente se siente uno como desconsolado, porque a veces se anhela volver a su barrio donde estaba, a sus vecinos, pero tenemos que resignarnos, a que ya eso lo perdimos. La mayoría dice que si les dan reubicaciones las cogen, porque para estar sufriendo y viviendo intranquilos cada vez que amanece por el dique, si se parte o no se parte”, asegura el albañil y vendedor de butifarras, apostado a las afueras de su carpa en el albergue. Cuando Augusto estaba saliendo de Manatí, ya Grace Vergara y su familia se habían ido corriendo de su casa en el

barrio Primero de enero, en la vía Caño Caimán hacia Santa Lucía. Grace tiene 24 años y cuando tenía 16 tuvo que venirse de El Guamo (Bolívar) desplazada por la violencia. En el Atlántico encontró un nuevo hogar, del cual igualmente tuvo que huir, pero por la violencia de las aguas. “Yo estaba cocinando y mi hijo había salido a un potrero a buscar su ternerito, cuando vemos es que el niño se nos estaba ahogando en un pozo, y entonces pudimos correr y sacar al niño y montarlo en un carro de mula. Salimos solo con lo que teníamos puesto, porque no nos dio tiempo de nada”, recuerda Grace que ahora vive sola en uno de los albergues de Manatí, pues sus hijos tuvo que enviarlos a casa de la abuela en Calamar (Bolívar) y no ve la hora de poder juntar otra vez a su familia en una casa digna.

Por: Viany Pérez Vargas E-mail: viany.perez@aldia.com.co Cargo: Jefe de Redacción Teléfonos: 3715088

Sara Devia no ve la hora de poder volver a su vivienda.

Grace Vergara espera soluciones en su albergue. 47 familias viven en el albergue La Nueva Colonia, en donde padecen por la falta de agua para cocinar y bañarse. Algunos damnificados están ubicados en casas de amigos y familiares, y otros en los colegios Divino Niño y la Normal de Manatí. La Gobernación asegura que está listo un albergue con todas las condiciones para que la gente de Nueva Colonia se mude, pero no han querido hacerlo.


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