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LAS BACANTES Y EL VINO Eurípides

Asignatura: Literatura clásica Alumna: Ascensión Buesa Garasa

Indice 0- Introducci贸n. 1- El autor y su obra. 2- Dioniso, dios del vino. 3- Las bacantes o m茅nades. 4- Rituales, cultos y fiestas de Dioniso. 5- Conclusi贸n. 6- Bibliograf铆a

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0-Introducción En este trabajo nos vamos a referir al vino según aparece en la obra las Bacantes de Eurípides. En primer lugar haremos un pequeño resumen de la obra y de la vida del autor. Nos referiremos a la figura del dios Dioniso, a sus cultos, rituales y también a las fiestas que había asociadas al dios del vino. Después hablaremos de las ménades o bacantes, seguidoras del dios Dioniso que las utilizaba para difundir sus ritos y extender su culto.

1- El autor y su obra. Eurípides nace en Salamina en el año 484 a. C. y muere en Macedonia en el 406 a. C. El autor dejo 3 piezas para su póstuma representación: Alcmeón en Corinto, Ifigenia en Aúlide y las Bacantes, la obra que nos va a ocupar en este trabajo. Data del año 409 a. C. Se trata de un modelo paradigmático de lo que es una tragedia griega y el único drama dionisiaco que se ha conservado de la Antigüedad griega. Las Bacantes es el mayor retrato del espíritu dionisiaco de toda la literatura. Eurípides nos cuenta la epifanía del dios Dioniso, que tras cobrar forma mortal se dirige a Tebas para restablecer una situación en la que se negaba su divinidad. Las propias hermanas de su madre, Sémele, son las que niegan su condición divina, es a ellas a las primeras que hace entrar en un estado delirante, las envía al monte Citerón a practicar sus ritos junto con las demás mujeres. Se les unen el anciano Cadmo, fundador de Tebas y el ciego Tiresias. El rey Penteo, nieto de Cadmo, hace todo lo posible por poner fin a estos desvaríos. Dioniso se encuentra con Penteo, se burla de él y le engaña para conseguir sus fines. Penteo es tentado por Dioniso y se dirige vestido de mujer a espiar a las bacantes al monte Citerón. Éstas lo descubren y lo persiguen. La propia madre de Penteo, Ágave, será la que comenzará un fiero descuartizamiento del hijo hasta darle muerte. Cadmo recoge los restos de su nieto y hace volver poco a poco a la realidad a Ágave que llena de dolor, se da cuenta de lo terrible de su acción. 2-Dioniso, dios del vino. Es un dios extraño y ambiguo. Lo conocemos como el dios del vino. Recibía diversos nombres: Dioniso o Dionisio, Baco, Bromio y también Evio. En Roma se le denominaba Liber (“ el libre”). Era el dios de la máscara y la representación por excelencia. Tenía la capacidad de producir locura, la “manía”, ese estado de delirio que producía en sus seguidores por medio de la danza frenética y de la ingestión del vino. Su procedencia no es griega como el mismo Dioniso reconoce en Las Bacantes: “Lidia es mi tierra”. La condición de dios extranjero es confirmada por otras fuentes helénicas, el dios recibía de los griegos muchos homenajes en fiestas, figuraba en el panteón olímpico, compartía con Apolo el santuario de Delfos y estaba presente en la lírica arcaica como inspirador de himnos:

“como marcar el inicio del bello canto del divino Dioniso, el ditirambo, sé yo, cuando el vino

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fulmina mis (Arquiloco, 77 D).

entrañas”

Dioniso es un dios presente en la Hélade y si es considerado extranjero no se debe a su origen asiático, sino a que muchos griegos lo rechazan en el interior de sus espíritus. En Las Bacantes, Penteo, nos describe a Dioniso:

“Pero dicen que ha llegado un extranjero, un hechicero, un encantador de la tierra de Lidia, con melena de agradable fragancia y rubios rizos, de color vino, poseedor de los encantos de Afrodita en sus ojos, que de día y de noche anda en compañía de las jóvenes tendiéndoles ante si sus misterios del evohé.”

En cuanto a los orígenes de Dioniso, nace como dios aun siendo fruto del amor del dios Zeus y de una mortal, Sémele. A causa de los celos de Hera, la esposa de Zeus, este tuvo que acercarse a Sémele con sus rayos y esta murió al instante carbonizada. Zeus cogió al niño que no había nacido todavía y se lo introdujo en su muslo, hasta que acabo la gestación. Así fue el doble nacimiento de Dioniso. Durante toda la obra se hará referencia a este trágico final de la madre de Dioniso, victima del rayo de Zeus, y a las calumnias vertidas contra Dioniso, por quienes niegan su ascendencia divina. La marca de identidad propia de Dioniso será la vid, que cubrirá el recinto sagrado.”De vid en rededor lo he cubierto, con el follaje verdeante de los racimos de uvas”. Otra característica de Dioniso es el que ha mostrado el vino a los hombres y les ha enseñado el uso de la bebida, que aporta con ella tanto la locura de la muerte como los beneficios de la vida civilizada a quien conoce las reglas de su uso. En Las Bacantes proclama Tiresias:

“Para el hombre hay dos principios fundamentales, la diosa Démeter, la tierra, que cría con alimentos secos a los mortales, y el que ha venido después con su complemento, el hijo de Sémele, que ha inventado la húmeda bebida del racimo y la introdujo entre los mortales. Hace cesar las penas de los mortales desdichados cuando se sacian del zumo de la vid, les obsequia con el sueño y el olvido de los males diurnos, y no hay

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otro remedio para las fatigas. Aun siendo dios, se le derrama en libaciones en honor a los dioses, de suerte que los hombres obtienen sus bendiciones gracias a él.”

Hay también un carácter milagroso y liberador de Dioniso. Milagroso por que se ven sus milagros a través de sus seguidoras:

“Entonces una cogió su tirso y dio un golpe en una piedra, y empezó a brotar de ella una corriente de agua fresca; otra dejo caer su vara en el suelo y en ese punto el dios hizo emerger una fuente de vino; todas aquellas a las que se les presentó un deseo por la blanca bebida, arañaban la tierra con la punta de sus dedos y obtenían ríos de leche. Y de sus tirsos de yedra iban destilándose gota a gota dulces torrentes de miel”.

El carácter liberador vendrá dado por el rechazo de las convenciones. Dioniso querrá liberar a los hombres de las ataduras y las opresiones a que son sometidos. La polis griega (la ciudad- estado) limita la libertad de los ciudadanos libres .Dioniso que forma parte de la Physis (naturaleza), por cuanto es un dios y se rige por leyes divinas no escritas, quiere destruir el nomos (la convención) de los hombres, haciéndoles volver a un estado natural incivilizado, con la consiguiente liberación del individuo. 3-Las bacantes o ménades. En Atenas las esposas de los ciudadanos no tenían ningún derecho político ni jurídico, al igual que los esclavos. La condición dependiente y subordinada de la mujer ateniense, aparece ya en la vida de las jóvenes y en la forma en que acceden al matrimonio. Las mujeres permanecían recluidas en las habitaciones reservadas para ellas, el gineceo. Las mujeres casadas rara vez cruzaban el umbral de la puerta exterior de su casa, debían vivir lejos de toda mirada. Todo lo que aprendía una joven ateniense lo aprendía con su madre, abuela o las criadas. La única ocasión que tenían para salir, eran algunas fiestas religiosas, a cuyos sacrificios asistían y en cuya procesión participaban. El kýrios de la mujer (padre, hermano mayor, abuelo) es de hecho quien le elige el marido y quien decide en su lugar. Un ciudadano ateniense se casaba esencialmente para tener hijos, que lo cuidaran en su vejez, que le sepultaran con sus ritos religiosos y

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así respetar el culto familiar. La razón del matrimonio es religiosa. En Atenas no había obligación jurídica de casarse, pero la presión social de la opinión pública era alta. En este contexto de vida oprimida y limitada, no se tienen pruebas de que las mujeres pudieran celebrar sus orgías al aire libre. Esto se contradeciría con la reclusión a que estaban sometidas las mujeres en Grecia. Las bacantes o ménades, son mujeres seguidoras de Dioniso, van ataviadas con la vestimenta del dios: una piel de corzo, el tirso en la mano (una especie de caña coronada de yedra), es un elemento que no falta en las bacantes ni en el propio Dioniso, y una corona de yedra en la cabeza. Acompañan al dios en su cortejo y muestran su gozo con el grito ritual del evohé.

“¡Oh!, bienaventurado aquel que, dichoso conocedor de los ritos de los dioses, lleva una vida de pureza y su alma entrega en intima unión a los cortejos de Baco, bailando en los montes con santas purificaciones, observando los legítimos ritos de la gran madre Cibeles, agitando arriba y abajo el tirso, y, coronado de yedra, a Dioniso presta su servicio! ¡Venid bacantes, venid bacantes, que a Bromio, dios hijo de dios, Dioniso, traéis bajándolo de los montes de Frigia a las espaciosas calles de la Hélade, a Bromio!”

Las mujeres locas de Dioniso, las bacantes, son ante todo figuras míticas que ponen de manifiesto la inversión del orden de la ciudad y de la familia. Son las trasgresoras de dos actividades propias de la esposa griega, el tejer y la maternidad. El dios arranca a las mujeres del telar para arrastrarlas a la montaña a realizar sus ritos. Son esposas que abandonan sus deberes y que despedazan a sus hijos bajo el efecto del éxtasis báquico la “manía”, locura divina a la que se entregan los devotos en los ritos orgiásticos. La locura dionisiaca conlleva la inversión de las actividades de ambos sexos. Las bacantes en su frenesí, se imponen a los hombres, basta levantar el tirso para ponerles en fuga. En cuanto a su carácter, es tranquilo cuando nada las contraría, pero si se sienten amenazadas por los hombres o sorprendidas en sus retiros secretos se enfurecen y muestran su lado más salvaje. Al igual que su dios Dioniso, tenían dos caras, la más temible y la más dulce. Dos estados, el de la locura llevada al extremo del asesinato y el de la pureza del éxtasis. La revelación de Dioniso se da de manera privilegiada para las mujeres, pero se dirige a todos por igual. Así, para los que se niegan a ver al dios, las experiencias terminaran trágicamente, por el contrario, su reconocimiento llevara consigo la alegría y la paz.

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En Las Bacantes, cuando Dioniso llega a Tebas, las mujeres tras haberse negado en un primer momento a reconocer al dios (Ágave y sus hermanas) al final serán ellas las que conduzcan a la montaña al coro de bacantes. Así habla Dioniso:

“Las he pinchado con su aguijón de frenesí y las he obligado a huir de sus moradas. Viven en la montaña, delirantes, forzadas por mí a vestir la librea de mis fiestas. Y a las otras mujeres de Tebas, por muchas que sean, las he expulsado de sus casas, presas de la misma demencia. Mezcladas con las hijas de Cadmo, tienen por refugio los abetos y las rocas.”

4-Rituales, culto y fiestas de Dioniso El ritual dionisiaco era la “oreibasia”: consistía en danzar cuando Dionisio conduce su cortejo de mujeres al monte (ataviados como hemos descrito anteriormente), descuartizar un animal (sparagmos) y después ingerir su carne cruda (homofagia). La música y el vino, serán dos componentes esenciales de los rituales a Baco, era un elemento terapéutico y purificador. La música de la flauta es la que mejor participa en lo dionisiaco y acompañaba la ingesta del vino, el elemento emblemático del dios:

“El, que se ocupa de esto: de guiar a su cortejo en las danzas, de reír al son de la flauta, y de aquietar las penas, en cuanto aparece el fruto brillante del racimo en el banquete de los dioses, y cuando en los festejos de los hombres coronados de yedra la vasija del vino despliega sobre ellos el sueño” (Bacantes, 379-387).

El vino tiene una función terapéutica, alivia los pesares y produce olvido mediante el sueño. Así habla Tiresias en Las Bacantes: “¡No hay otra medicina para las penas!” El culto a Dioniso era un culto eminentemente popular, rechazado por el culto oficial. Estaba marcado por la “manía”, la locura divina a la que se entregan sus devotos en el curso de los ritos orgiásticos. Normalmente los hacían las mujeres, pero no exclusivamente. Los ritos de iniciación de las mujeres se llamaban “teletai”.

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Las fiestas cívicas y religiosas eran muy numerosas y tenían especial brillantez en Atenas. Todas contribuían a exaltar tanto los sentimientos religiosos como el patriotismo, la fe en los dioses y el orgullo nacional. La mayoría de las fiestas, incluían juegos, que se celebraban en forma de concursos gimnásticos y atléticos casi siempre, pero también concursos líricos y musicales, de tragedia y de comedia e incluso a veces concursos de belleza, de estatura y presencia, tanto de hombres como de mujeres. En cuanto a las fiestas áticas, en la época clásica, diversas ciudades celebraban las “agronias” (ágrios en griego, salvaje).Estas tenían por tema la caza salvaje. En el mes de julio (Hecatombeon) tenía lugar la gran fiesta nacional de Atenea, “Las Panateneas” que duraban dos días. El día siete de octubre (Pianopsión), se celebraban las “Pianopsias” en honor de Apolo, fiesta de la siembra. En los oscoforia, en honor de Dionisio, un cortejo de adolescentes hacía una procesión, llevando ramas de viña cargadas de racimos. Los días once, doce y trece del mismo mes, “Las Tesmoforias”, fiesta de Démeter Tesmofora, que vela por la siembra y por la fertilidad de las mujeres, y en la que solo participaban mujeres atenienses casadas. En los meses de invierno se celebraban las fiestas de Dioniso, donde el falo tenía una gran relevancia. En las dionisas agrarias o rurales, una procesión campestre paseaba solemnemente un falo, detrás de la portadora de la cesta de las ofrendas. En enero (Gamelión), se celebraban “Las Lenaia”, otra fiesta de Dioniso. Se trataba de una fiesta orgiástica de las “lenai”, nombre con el que también se conoce a las ménades o bacantes, mujeres poseídas por el delirio báquico. Dioniso era el dios del ditirambo y el teatro, por lo que esta representación suponía también representaciones líricas y dramáticas. Otra gran fiesta de Dioniso, tenía lugar en febrero (Antesterión), “Las Antesterias”, los días once, doce y trece. El primer día se probaba el vino de la cosecha de otoño, y había un concurso de bebedores en el que ganaba aquel que bebiese más deprisa el contenido de un jarro. El segundo día había una procesión que escoltaba a Dioniso montado sobre un carro en forma de barco, los miembros del séquito llevaban máscaras, por lo que se ha relacionado esta ceremonia con nuestro carnaval. El tercer día de fiesta, estaba consagrado a los difuntos y a los moribundos. Durante el mes de marzo “Las grandes Dionisíacas”, atraían a muchos extranjeros. Era la segunda temporada teatral después de Las Leneas. Es curioso ver como en todas las fiestas de Dioniso, presididas por un sacerdote se celebraban representaciones dramáticas en sus templos, organizadas en forma de concursos por los magistrados de la ciudad. Las representaciones, tenían un carácter religioso, comenzaban con una purificación y el sacerdote las presidía desde el centro de la primera fila, frente al altar de su dios, situado en medio de la orquestra. En Las Bacantes aparecen los festejos y el vino:

“El dios hijo de Zeus se regocija con los festejos y se complace con la paz, fuente de riqueza, diosa nodriza de los jóvenes. En igual medida al rico y al pobre les ha concedido disponer del goce inocente del vino. Odia a quien no se preocupa de llevar

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día a día y noche a noche, noche amiga, una vida placentera, y de mantener con prudencia su mente y su corazón alejados de los individuos que se exceden de lo normal y comúnmente aceptado.” (Bacantes 420-430)

5- Conclusión: Hemos visto a través de la obra Las Bacantes que la importancia del vino en la antigüedad era tal, que nos viene dada por los mismos dioses .Había un solo dios dedicado al vino, Dioniso, que atraía tras de sus cortejos a todas las mujeres gracias a él. Así tenían gran importancia las creencias religiosas, mediante las libaciones a los dioses con el vino creían que obtenían las bendiciones de estos. En cuanto al culto, se ve que es un culto popular ( el dios que mas fiestas atraia). Se descubre también el carácter milagroso que se le daba a este dios, hacía manar vino de las rocas. A destacar el mensaje liberador, no solo de ataduras espirituales, sino también liberador de trabajos pesados. Otra característica que queda al descubierto es la gran cantidad de fiestas dedicadas al dios Dioniso y por añadidura al vino, que dan cuenta de su importancia.

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6- Bibliografía:

-Dodds, E. R.:Los griegos y lo irracional, trad. de María Araujo, Alianza,1981 -Duby, Georges y Perrot, Michelle : Historia de las mujeres, Tomo1: La Antigüedad, Taurus, Madrid,1992. -Eurípides: Bacantes, introducción y notas de Juan Miguel Labiano, en Tragedias. Vol.III, Cátedra, Madrid, 2OOO, pp 253-317. -Flacelière, Robert: La vida cotidiana en Grecia en el siglo de Pericles, trad. de Cristina Crespo, Temas de Hoy, Madrid, 1989. -López Puertas, Gines : El mensaje liberador de Dioniso en las Bacantes de Eurípides, Especulo, revista de estudios literarios, Universidad Complutense de Madrid, 2004. -Pomeroy, Sara B.: Diosas, rameras, esposas, y esclavas, Akal, Madrid, 1990.

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Las bacantes y el vino (Eurípides)