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INTERNACIONAL

LUNES 19š4š2010

ABC

Alberto Sotillo

LA MEMORIA DE KACZYNSKI

L

ech Kaczynski fue un político trágicamente perseguido por la historia. Su muerte ocurrió cuando se dirigía a Katyn, tumba de 22.000 militares polacos asesinados por orden de Stalin, un lugar hoy doblemente maldito para Polonia. Pero la primera cita con la historia de Lech Kaczynski y su hermano Jaroslaw fue su peculiar Ley de Memoria Histórica que tanta división provocó entre los polacos y que, a la postre, les costó perder las elecciones. Una ley con la que se quiso obligar a periodistas, profesores y funcionarios a declarar si habían colaborado con el antiguo régimen comunista. Puede que sobrasen los motivos emocionales para esa ley. Muchos viejos comunistas se habían valido de su red de relaciones para enriquecerse en el capitalismo. Muchos antiguos verdugos se hacían pasar por humildes corderos. Pero la historia es terreno movedizo en el que no caben simplificaciones políticas o ideológicas. ¿Hasta qué punto un puñado de políticos pueden interrogar, procesar o purgar a sectores enteros de la sociedad, a millones de personas, que creían de buena o mala fe o se limitaban a sobrevivir? ¿Hasta qué punto un político o un juez tienen competencia para emitir el inapelable «Juicio de la Historia»? Una sociedad madura, como la norteamericana, jamás se metería en la pelotera de organizar un macrojuicio político sobre su guerra civil por muy legítimas que sean las vindicaciones de los descendientes de los esclavos. Aunque les encante aventar ese bochinche tan colorista y tercermundista en casa ajena. Cuidémonos de la obsesión con los muertos de nuestra historia. Quien conozca Sarajevo o Jerusalén sabe lo peligroso que es hacer política abriendo tumbas y paseando las vindicaciones de nuestros muertos. Eso sí, los Kaczynski nunca llamaron fascistas a quienes no compartían su entusiasmo por los agravios de sus difuntos. Eso queda para los ultrakaczynskis de aquí.

El presidente ruso, Dmitri Medvédev, y su esposa, Svetlana, depositaron flores ayer en Cracovia en homenaje al matrimonio Kaczynski

REUTERS

Entierro en el castillo de Wawel

Los restos de Kaczynski descansan desde ayer rodeados de reyes y héroes El presidente ruso acudió a Cracovia en una clara apuesta por mejorar las «sensibles» relaciones entre su país y Polonia RAMIRO VILLAPADIERNA ENVIADO ESPECIAL

CRACOVIA. La monumental campana de Segismundo, tañida por 20 monjes, anunció a Polonia que su fallecido presidente y esposa descansan ya en la milenaria cripta de la catedral de Cracovia, en un sencillo sarcófago de alabastro claro, que recuerda también a los 96 fallecidos días antes en el siniestro aéreo de Smolensk. Cerca de 150.000 personas despidieron los féretros de la pareja en las calles renacentistas de la antigua capital, pero entre ellos no se encontraban finalmente grandes figuras como Barack Obama, Nicolas Sarkozy, Angela Merkel o los Reyes de España, por el cierre del espacio aéreo europeo. Pero sí en cambio, destacadamente, el presidente de Rusia y los representantes de la región centroeuropea, Báltico y Balcán, varios de los cuales hicieron muchas horas en tren y en automóvil.

La familia, que inicialmente prefirió intimidad, se había opuesto a cualquier retraso en el entierro y Lech Kaczynski ha tenido finalmente el lugar que ansió en la historia, pero menos acompañado de lo que hacían pensar las 96 delegaciones anunciadas, incluyendo a los estadistas de las grandes potencias y socios europeos.

Un claro signo

La decidida presencia de Dmitri Medvédev, que voló desde Moscú desafiando la inseguridad aérea, es comentada por los observadores como un claro signo de Moscú de querer renovar su relación e influencia con Polonia, después de años de ninguneo hacia el antiguo satélite y negación de los crímenes de la II Guerra Mundial. La tragedia nacional y personal, dijo en el funeral el cardenal-metropolita de Cracovia, ha «añadido muchas capas de bondad entre las gen-

tes y los pueblos» y hasta destacó «simpatía y ayuda recibidas de nuestros hermanos rusos», que han «insuflado nueva vida en la esperanza de una reconciliación entre nuestros dos pueblos eslavos». Miles de polacos habían viajado toda la noche hasta Cracovia, y acompañaron por las adoquinadas calles el armón de artillería funerario. Querían dar las gracias a un presidente que ha protegido el «modo de vida polaco» y ha dado su lugar a la nación, en la historia y en el mundo. Ejemplo extremo habría sido la conmemoración del 70 anivesario de Katyn, que le ha

El cardenal de Cracovia destacó la «simpatía y ayuda recibidas de nuestros hermanos rusos»

costado la vida, rescatando al tiempo para el mundo la memoria de la matanza. Aquí están enterrados 17 reyes y reinas, del tenor del primer monarca Ladislao I el Breve, y seguido por Casimiro III el Grande, Jadwiga de Polonia, Ladislao II, Casimiro IV, Juan I Alberto, Segismundo I el Viejo, Segismundo II Augusto, Esteban Bathóry, Anna Jaguellona, Segismundo III Vasa, Ladislao IV Vasa, Juan II Casimiro Vasa, Miguel Korybut Wisniowiecki, Juan III Sobieski, Augusto II el Fuerte y Ladislao de Varna. También dos santos, santa y también reina Jadwiga, y san Estanislao mártir, mientras la muestra de patriotas incluye a Sapieha, Kosciuszko, Pilsudski, Sikorski, Poniatowski, y los idolatrados poetas: Mickiewicz, Slowacki y Norwid. El lugar de Wawel es un bastión sobre el río Vístula, sobre el que una fortaleza es lugar de coronaciones. Protege una catedral gótica, llamada de san Estanislao y san Wenceslao. En su cripta, una ampliación de capillas, están muchos «grandes» de Polonia.


P100418 Kaczynski descansa en la historia  

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