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SOCIEDAD

DOMINGO, 5 DE JUNIO DE 2011 abc.es/sociedad

ABC

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El rastro de la bacteria E. coli lleva a un restaurante de la báltica Lübeck donde hubo 17 afectados. El dueño defiende sus productos, pero los clientes recelan

«Sin ensalada, por favor» Lübeck

RAMIRO VILLAPADIERNA ENVIADO ESPECIAL A LÜBECK

Hannover

Berlín

ALEMANIA Frankfurt

El «Sótano de las Patatas» de Lübeck, posible origen de la infección R E P.

N

aturalmente que estamos sirviendo ensaladas», exclama el dueño del presumido foco infeccioso del brote más mortífero que recuerda Europa. A dos manzanas de la casa del premio Nobel Günter Grass, en la pequeña isla que acantona a la ciudad vieja, Joachim Berger intenta proteger la reputación de su señero local como los canales y murallas defendieron secularmente a Lübeck de los asaltos suecos y rusos. Si su tradicional local de ladrillo hanseático, el Kartoffelkeller (Sótano de las Patatas), es el foco de la infección de la E.coli que ha contagiado a 2.500 y matado a 19 personas, la mutación bacteriológica eligió un sitio de bueno tono; y donde todo turista querría foto con la cerveza, el asado y la ensalada de pepino y patata, los productos de esta región de Schleswig-Holstein de la que es fama que nadie es capaz de recordar su compleja historia. La ensalada en esta región normalmente no se pide, sino que es guarnición obligada. Pero en este soleado mediodía báltico, a la pregunta automática de Christa, la rubia camarera, de «¿le traigo la ensalada con el asado?», la respuesta se atraganta. No se quiere ser ni descortés ni histérico, pero la salida es por la tangente: «Con una cerveza está bien»; y es que el fermento aquí, más que una bebida, es un acompañamiento vegetal en sí. El apurado jefe de cocina Frank Michel se dice conmovido por los enfermos de su local, saberlo «ha sido como un hachazo»; pero insiste en que las sospechas «no tienen ningún sentido», ha realizado todas las pruebas por su cuenta y riesgo, «por mi propio interés y ayer me han examinado los del Koch y no han hallado nada». El puerto hanseático, en las bocas del río Trave, se en-

Hamburgo

La epidemia sigue creciendo B Ya son 19 muertos

Las autoridades confirmaron ayer la muerte de una mujer de 80 años por el Síndrome Urémico Hemolítico. Con esta ya son 18 muertes en Alemania más un fallecido el martes en Suecia.

B Veto en tres países

Qatar prohibió ayer temporalmente la importación de pepino, tomate y lechuga de España y Alemania, siguiendo el ejemplo de Rusia y Líbano.

B Bacteria resistente

Científicos chinos han encontrado genes que hacen a la E. coli resistente a ocho tipos de antibióticos, cinco más de los que se anunciaron ayer.

B 1.836 infectados

La OMS ha confirmado 1.733 casos de infectados en Alemania, 101 en el resto de Europa y 2 en EE.UU. Todos, excepto uno, estuvieron en Alemania.

Tras la pista de la E. coli El propietario del local investigado asegura que los productos se los traen «directamente del mercado central de Hamburgo» cuentra a 60 kms. del epicentro de la infección, en Hamburgo. Los epidemiólogos del Instituto Robert Koch han pasado muchas horas en los últimos días en su local y han exigido de todos los empleados pruebas fecales.

Los empleados, sanos

El gastrónomo Berger y su mujer confirman que sus productos «nos los suministran directamente del mercado central de Hamburgo». La pista que llevó al local surgió al comprobar que 17 personas que comieron allí entre el 12 y el 14 de mayo resultaron infectadas. Entre ellos un grupo de la vecina comarca danesa, un grupo sindical de mujeres y una familia; de ellos un niño peligra y, del grupo de mujeres, una falleció y dos están graves. Muchos de ellos no sólo habían contraído la E. coli, sino que habían desarrollado el peligroso Síndrome Urémico Hemolítico (SUH). Berger insiste en que «estuvieron varios días y sólo un día comieron aquí», en concreto un corte de carne con ensalada; en cambio, «ninguno de mis empleados tiene nada, ni un caso de diarrea», que es el primer síntoma de esta virulenta variante de la

bacteria. El microbiólogo de la Clínica Universitaria de Lübeck, Werner Solbach, asegura en la radio que «el restaurante no tiene ninguna culpa», aunque la línea de suministro sí «podría dar la pista decisiva sobre cómo comenzó a difundirse el brote». Otra posible pista ha sido la fiesta de aniversario del Puerto de Hamburgo, en la primera semana de mayo, pero ha sido descartada por el Koch porque, amén de que tales números de personas pueden comer el día antes o después en lugares muy dispares, el perfil del brote no sugiere un gran grupo común. El higiniesta berlinés del hopistal Vivantes, Klaus Dieter Zastrow, llama a considerar un contagio deliberado por un conspirador perturbado, pese a que no haya nota reinvindicativa; el Koch (RKI) y el Instituto Alemán de Evaluación de Riesgos (BfR) prosiguen cruzando trayectos de productos y enfermos a fin de dar con el origen. El comisario europeo de Salud, John Dalli, ha citado también este restaurante de Lübeck, anunciando el envío de expertos para ayudar a «analizar los resultados y acelerar la identificación del foco». Pero la confusión crece, con críticas recíprocas de inacción entre investigadores de La Charité de Berlín y el Instituto Koch, y a la política informativa del gobierno, por parte de la oposición de Socialdemócratas y Verdes. «Almería desmonta el bulo del pepino», en Los Domingos de ABC


D110605 Lübeck. Sin ensalada, por favor