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RAMIRO VILLAPADIERNA CORRESPONSAL EN BERLIN

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asta hace poco había inclinación a darle lecciones a Alemania, políticas al margen: que su chequera ya no es lo que fue, que su estado del bienestar la hacía el enfermo de Europa, que si ahora exportaba demasiado, o que sus ciudadanos no gastaban nada. Y encima la austeridad y los recortes ahogarían la frágil recuperación, de ellos y del resto de los socios. El año próximo, de hecho, España debía superar a Alemania en PIB per capita, según el ministro Miguel Sebastián; y a Francia de largo. Ahora en España se preguntan cómo lo ha hecho —de bien— Alemania y, en ésta, cómo lo ha podido hacer —de mal— España. Y cómo puede vivir España con un 20% de paro y qué está haciendo por formar y reinsertar a lo más valioso de una economía: su fuerza laboral. Alemania ha pasado por la crisis sin apenas un despido y creando empleo. Las empresas saben que, pese a un ciclo bajo, gran parte de su reputación mundial estriba en el nivel de sus trabajadores, algo en lo que coincide la Confederación de Cámaras de Industria y los sindicatos: «No podemos permitirnos echarlos y, cuando esto pase, empezar con otros desde cero».

DOMINGO, 16 DE ENERO DE 2011 abc.es/economia

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Alemania ha reformado su economía y en 2010 ha logrado el mayor crecimiento y el menor paro en 20 años

Un milagro alemán sin despidos

Reducción de jornada

La ayuda pública para la reducción de jornada y el reciclaje profesional ha alcanzado a 1,5 millones de empleados, resultando determinante para evitar despidos y a la vez mantener la preciada formación y productividad de sus trabajadores. Así han anotado el menor paro de los últimos 20 años y, con más empleados satisfechos, aumenta ahora incluso el anquilosado consumo interno. En el ciclo bajo, empresarios y trabajadores asumieron una moderación de sueldos hasta tiempos mejo-

Rodríguez Zapatero y Merkel, en una reciente reunión del Consejo de la UE

Alemania 4- España 0 B Análisis DAVID BACH

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anto en la Eurocopa como en el Mundial, España ha triunfado sobre Alemania, pero en el campo de la economía, domina sin duda el equipo alemán. La reciente noticia de esta semana relativa a que la economía más grande del continente creció un 3,6% en 2010 —el crecimiento más alto desde la unificación en 1990— ha sorprendido incluso a los expertos. La economía española, en cambio, terminó 2010

con una caída media del 0,2%. ¿Qué sabe Angela Merkel de economía que se le ha escapado al presidente español? Un análisis del éxito alemán revela que las causas de estas diferencias van más allá de la política de la actual canciller y además marca un camino claro para España. La fortaleza económica alemana, y la debilidad de España, se basa fundamentalmente en cuatro factores: Primero: Alemania puso en marcha reformas estructurales de su mercado laboral y sus sistemas sociales antes de la crisis, concretamente entre 2003 y 2005, bajo el Gobierno del canciller Gerhard Schröder. Llamadas «Agenda 2010»,

estas reformas fueron muy controvertidas y acabaron costándole a Schröder su puesto cuando los votantes abandonaron su partido socialdemócrata. En España, el presidente Zapatero todavía no ha tenido la valentía de dar este paso. La oposición tampoco ofrece una alternativa coherente de reformas esenciales. Segundo: gracias a estas reformas y a otros factores como las inversiones fuertes en I+D de las empresas alemanas, la apuesta por la innovación y la moderación en las demandas salariales de los sindicatos, la productividad de los trabajadores alemanes y la competitividad de la economía han aumentado bastante en los últimos años. En España, en cambio, la combinación de baja productividad con inversiones en I+D muy por debajo de la media

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europea sigue obstaculizando un crecimiento sostenido. Tercero: el motor principal del crecimiento alemán son las exportaciones. Esto se debe a la alta competitividad de las empresas alemanas, especialmente las pymes, que son líderes mundiales en muchos sectores. Sin embargo, la gran mayoría de las empresas españolas todavía no están orientadas hacia el extranjero y los éxitos de multinacionales como Telefónica, Santander e Iberdrola no pueden compensar este hecho porque su contribución al PIB español es relativamente baja. Por último, a pesar de la caída extraordinaria de la economía alemana en 2009 del 4,7%, el estímulo impulsado por el Gobierno fue relativamente pequeño porque Merkel insistió —correctamente a pesar de las críticas en su momen-


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res, se concordó sin mucha sangre una reforma de pensiones que elevó la jubilación a los 67 años y, por primera vez, se encajaron recortes en el célebre estado del bienestar, sanidad y seguridad social. Rebajando el peso de la unidad laboral, del seguro de desempleo eterno y de un ineficaz y costoso sistema de oficinas del paro, el mercado laboral se dinamizó hasta crear en cinco años dos millones de empleos. El tono ha cambiado ante Alemania tras verla cerrar 2010 con el mayor crecimiento (3,6%) y el menor desempleo (6,8%) de los últimos 20 años. El balance económico sugiere a los expertos que el país realizó reformas lo suficientemente profundas, pertrechándola mejor para la inmediata crisis: por primera vez, el crecimiento se desenganchaba del empleo, la contracción no creaba paro. Pese a un euro flaqueante, la bolsa y el índice selecto DAX ha tenido un año de máximos desde la crisis. Y los institutos económicos confirman que la confianza del consumidor y la demanda interna ha empezado a despegar también (+0,2%).

Austeridad fiscal

Además, Alemania ha enmarcado en su propia Constitución, a la vista de todos, el mandato de la austeridad fiscal, lo que ha dado confianza a inversores y elevado la formación de capitales. Por contra, no han caído en crecimientos basados en el endeudamiento y el consumo, evitando las burbujas de otros. Ello y el auge exportador le ha hecho acumular enormes superávits (15.000 millones en 2010), aun a costa de anegar de bajos créditos y entrampar a los vecinos más consumidores llevando a algunos de sus bancos a peligrosas sobreexposiciones, especialmente al mercado americano, irlandés, español y griego. A la clásica apuesta por la austeridad y la estabilidad, Alemania inyectó un espíritu reformista sin igual, mérito en absoluto sólo de Angela Merkel sino también del partido so-

to— en controlar el déficit y cuidar las finanzas públicas. España, en cambio, gastó dinero como si no hubiera un mañana y, desgraciadamente, una gran parte fue destinada a consumo público y no a inversiones que generaran retornos. Madrid probablemente sea la ciudad que tiene ahora las mejores aceras de Europa, pero esto no aumenta ni la productividad de los trabajadores ni la competitividad de las empresas. «La Roja» ha ganado su fama con fútbol creativo e innovador. Si España quiere triunfar en el campo de la economía, necesita políticos, empresarios y líderes sindicales que apuesten por el futuro. David Bach es profesor de Dirección Estratégica y Entorno Económico de IE Business School

cialdemócrata, que la respaldó en la anterior legislatura y que, ya en plena recesión de 2003-04, implantó unas duras reformas que costaron la vida política al canciller Schröder. La valiente «Agenda 2010» fue aprobada cuando también en España el «boom» apuntaba ya a un fin de ciclo. Pero mientras el Gobierno español persistía en hacer caja, los seis años siguientes, con el declinante mo-

Un cambio a tiempo Mientras el Gobierno español persistía en hacer caja en los últimos seis años, Alemania transformó su economía, lastrada por los mayores costes, en innovadora y competitiva

delo, Alemania ha transformado una economía, famosa por su encorsetamiento regulador y burocracia sindical y lastrada por los mayores costes del mundo por unidad laboral, convirtiéndola en innovadora y competitiva. Apoyados por la inestimable estabilidad del euro —frente a lo que diga la prensa nacionalista— y forzados por la radical austeridad del Estado y el consumidor, las empresas hicieron la maleta para buscar mercados en toda Europa, Asia y América, donde se han hecho fuertes. Pero el plan económico del Gobierno cuenta con que, pese al ajuste salarial, las empresas alemanes no podrán competir en sueldos; así que lo hacen en prestigio y formación de sus empleados, algo que una empresa no logra despidiendo y contratando de nuevo. Superado el ciclo, los sueldos de unos trabajadores, ahora

mejor formados y más satisfechos, subirán este año entre un 2,8 y un 3%, según estimaciones. «Y tienen derecho a ello», editorializa el «Süddeutsche Zeitung». Alemania es hoy la cuarta economía del mundo pero, cuando la canciller persiste en prepararse para el futuro, es porque, como muestra el estudio para 2050 de Pricewaterhouse Coopers (PwC) volverá ser superada. Ya lo fue hace dos años, cuando China la desplazó del tercer puesto en el podio mundial. Y quedan graves problemas por abordar, como el gran endeudamiento estatal, el cambio demográfico y el estado de sus bancos. Según el informe The World in 2050, Alemania caerá en los próximos 40 años al puesto octavo entre las grandes economías —España lo hará del 12 al 18— ante la acometida de las siete nuevas potencias emergentes.


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