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Elia Robledo Treviño de López , una heroína común Nació el 19 de marzo de 1918, murió el 14 de abril de 2003. Toda su vida transcurrió en su natal Monterrey. Suspadres fueron Moisés Robledo y Asidalia Treviño. Secasó con Lázaro López (†) y tuvieron cinco hijos: Ricardo (†), Asidalia, Lázaro, Rolando y David (†). Combinó en su vida el trabajo, el tesón, la convicción misionera, y un profundo amor por un núcleo que para ella era tanto o a vecesmás fuerte que la misma iglesia: su femenil. Alguna vez se autodescribió como una mujer común pero por la gracia de Dios y por la Fe que aprendió desde niña, logró trascender de forma extraordinaria. Impactó muchas vidas con su amor y servicio y, al día de hoy, sus mismos hechos la siguen alabando: muchos de sus nietos (cristianos y no) la siguen extrañando y recordando como una mujer descrita nítidamente por el pasaje de Proverbios que habla de la mujer virtuosa. Nació y creció espiritualmente en la Primera Iglesia Bautista de Monterrey, en donde fue bautizada a los 15 años y donde permaneció hasta el día en que, junto con otros hermanos fueron organizados como Iglesia Bautista Bethania en la Colonia Obrera. Permaneció allí hasta 1965. En esta iglesia fue consejera de la Sociedad Auxiliar de Niñas por varios años, presidenta de la Unión Femenil y promotora misionera con otras hermanas de la Unión Femenil Bautista Misionera “Bethania”. Regresó a la Primera Iglesia Bautista en 1965, en donde permaneció hasta el día que el Señor la llamó a su presencia. De regreso en la Primera Iglesia Bautista fue consejera de la Sociedad Auxiliar de Señoritas, directora de los departamentos de la Femenil, presidenta y tesorera de la Unión Femenil Bautista Misionera “Dorcas”. Ademásfue una constante trabajadora de la Federación Femenil de la entonces Asociación Regional Bautista del Noreste. En esta institución ocupó la Comisión de Oración, la Comisión de Misiones y fue parte del grupo de


organizadoras de las actividades conmemorativas del 75 aniversario de la Unión Nacional Femenil Bautista “Sara Alicia Hale”. Elia fue entusiasta colaboradora de Dios (1 Cor. 3:9). Fuera con nombramiento conferido de forma oficial o sin él, siempre colaboró en cocina para los festejos de su iglesia, de su femenil y de la federación. Siendo cocinera en campamentos de la Auxiliar de Niñas, Embajadores del Rey y de la propia Federación Femenil. Hubo una época en que los pasteles de aniversario de las uniones femeniles jamás faltaron porque ella amorosamente se encargaba de hacerlos y decorarlos. Fue hija del pastor Moisés Robledo, cuyo ministerio se desarrolló y fue principalmente bendecido en Texas y California, EEUU.El linaje de ella tuvo la continuidad de esabendición ministerial: su hijo Rolando cumplió 25 años como pastor y su nieto Rolando se prepara en el Seminario Teológico Bautista de Nueva Orleans para atender el llamado de Su Señor. Su fe marcó su vida propia y la de su familia y su descendencia. Dio pasosde convicción incomprensibles incluso para muchos creyentes, decisiones de fe que involucraron la vida y la salud de su marido, cuando enfermó de pleuritis y de su hijo Lázaro cuando enfermó de cáncer siendo un jovencito. El resultado: su esposo vivió hasta los 93 años y hoy su hijo Lázaro es abuelo, confirmándose en ambos casosel beneplácito de Dios con la fe de Elia. Aprendió la entrega de su Maestro y la vivió siempre. Su casaestuvo abierta hasta el día de su muerte. Abierta para visitantes, amigos, parientes y desconocidos que llegaban con un saludo o con cansancio, agobio, hambre. Elia siempre buscabatener una olla grande con comida. Siempre estuvo dispuesta a hospedar misioneros, pastores, estudiantes… Muchos de ellos la recordaron el día de su muerte. Algunos, sin saber de su partida todavía fueron a preguntar por ella a su casa. Van pasando las generaciones pero hoy todavía quedan muchas personas que recuerdan su hospitalidad y generosidad. Para Elia las barreras religiosasno existían. Entendió que el Señor Jesúsvino a tender puentes con el mundo caído para salvación. En su misma familia


coexistieron el evangelio de Cristo y el catolicismo de muchos de sus parientes directos y políticos. Ella siempre testificó más que con la boca, con sus acciones. Y así la recuerdan. Vivió la fe de su maestro. Sembró amor y enseñó piedad. A varios años de su muerte su simiente, sus amigos, sus hermanos y hermanas en la fe, la siguen recordando como una mujer común, habitante de Monterrey, mujer de su esposo, de su familia, de su femenil. En las puertas sus hechos la alaban (Proverbios 31:31) y la describen como una virtuosa de la fe. Como una heroína común.


Elia Robledo