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Todo lo que necesito saber Por Robert Fulghum

Cada primavera, durante muchos años, me he propuesto la tarea de redactar una declaración personal de principios: un credo. Cuando era joven, la declaración ocupaba muchas páginas en un intento de cubrir todos los temas, sin dejar cabos sueltos. Parecía un dictamen del Tribunal Supremo, como si las palabras pudieran resolver todos los conflictos acerca del significado de la existencia.

En los últimos años el credo es más breve, con un tono a veces cínico, a veces cómico, a veces insípido, pero continúo escribiéndolo. Hace poco decidí reducir la declaración personal de principios a una página con términos sencillos, comprendiendo a la perfección el idealismo naíf que implicaba.

La inspiración por la brevedad me asaltó en una gasolinera. Me imaginé a mí mismo llenando el depósito de un viejo coche con zumo de superlujo de ocho octanos. Esa carraca no pudo soportarlo y se le pusieron los pelos de punta: empezó a chisporrotear en los cruces y a echar humo colina abajo. Y lo entendí: mi mente y mi alma se ponen así de vez en cuando. Con demasiada información densa, sufro un colapso existencial y empiezo a chisporrotear en los cruces en los que la vida exige tomar decisiones y o bien sé demasiado o bien no lo suficiente. Analizar la vida no es ninguna broma.

En ese momento me di cuenta de que ya sé lo más necesario para llevar una vida plena y que no es tan complicado. Lo sé. Y lo he sabido durante mucho, mucho tiempo. Pero vivirlo, ejem, eso es otra historia, ¿verdad? He aquí mi credo.

Todo lo que necesito saber sobre cómo vivir, qué hacer y cómo ser lo aprendí en el parvulario. La sabiduría no estaba en la categoría más alta del sistema educativo, sino en el patio de tierra de la escuela. Esto es lo que aprendí:

Compártelo todo. Juega limpio. No golpees a los demás. Vuelve a poner las cosas en el lugar donde las encontraste. Limpia lo que ensucies. -1– _______________________________________________________________________________________________ MISM 2008/09 – Introducción y Teambuilding


No cojas cosas que no son tuyas. Di “perdón” cuando hagas daño a alguien. Lávate las manos antes de comer. Tira de la cadena. Las galletas calientes y la leche fría son buenas para ti. Lleva una vida equilibrada: aprende un poco, reflexiona un poco, y dibuja, canta, baila, juega y trabaja un poco cada día. Échate la siesta todas las tardes. Cuando salgas a descubrir el mundo, ten cuidado con el tráfico, cógete de la mano de alguien y no os soltéis. Permanece atento a las maravillas. No olvides esa pequeña semilla en un vaso: las raíces crecen hacia abajo y la planta crece hacia arriba, y aunque nadie acaba de entender cómo ni por qué, todos hacemos lo mismo. Los peces de colores, los hámsteres y los ratones blancos, incluso esa pequeña semilla del vaso, mueren. Y nosotros también. Y recuerda los libros de Dick and Jane y la primera palabra que aprendiste, la mejor palabra del mundo: MIRA.

Todo lo que necesitas saber está ahí de alguna manera. La regla de oro, el amor y la higiene básica. La ecología, la política, la igualdad y la vida sana.

Elige una de las reglas y extrapólala a una situación de la vida adulta más compleja. Aplícala a tu familia, a tu vida o a tu trabajo, a tu gobierno o a tu mundo, y éste se mantendrá verdadero, claro y firme. Piensa cómo sería mejor este mundo si todos, es decir, toda la humanidad, tomáramos leche y galletas a las tres en punto todas las tardes y después nos echáramos una siesta entre las sábanas. O si todos los gobiernos tuvieran una política básica por la que siempre debieran de volver a poner las cosas en el lugar donde las encontraron y limpiar lo que ensuciaran.

Sigue siendo cierto. Independientemente de la edad que tengas, cuando salgas a descubrir el mundo, lo mejor es cogerse de la mano y no soltarse.

-2– _______________________________________________________________________________________________ MISM 2008/09 – Introducción y Teambuilding


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Robert Fulghum

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