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Victoriana Gajardo

El malevo de San Telmo e


Victoriana Gajardo, autora de este cuento, está asociada a las siguientes Instituciones Literarias:

Sociedad Argentina de Escritores: entidad argentina de escritores que conscientes de la historia del país y de su nacionalidad se agrupan para defender la libertad de pensamiento y expresión y la dignidad humana consagrada por la Constitución Nacional y para ejercer la representación de los escritores de la República. Se mantiene ajena a toda militancia política, filosófica o religiosa y es prescindente en la lucha de tendencias literarias. Socia 8143

Campana Amanecer Literario: Institución nacida el 18 de mayo de 1995 bajo el lema de ser un: “Proyecto que avanza sin prisa pero sin pausa, hacia un objetivo único: Que las letras Campanenses ocupen el lugar que les corresponde”. Socia 123

Este cuento fue publicado en la Antología “Poetas y Narradores Contemporáneos”, por la Editorial De Los Cuatros Vientos, Buenos Aires, Argentina, registrado bajo el número de ISBM 978-987-08-1505-1 – Año 2019. Esta publicación, incluido el diseño de la cubierta, puede ser reproducida, almacenada o transmitida parcialmente o en su totalidad, por cualquier medio ya sea electrónico, químico, mecánico, de grabación o de fotocopia, con la única condición de la mención de la fuente y su autora.

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Prólogo Victoriana Gajardo es una mujer muy activa, inteligente y nómade. Le gusta viajar, lo que le permite conocer gente y pueblos distintos, obteniendo de esta manera material para desarrollar sus profesiones. Es periodista y escribe para sitios de noticias en internet. Es Licenciada en comunicación social y ejerce como profesora en varios colegios e institutos de Argentina (anteriormente lo hizo en Chile como profesora de inglés) y es escritora de alma. Su novela “Amor al Sur”, publicada en el año 2012, ha conmovido hasta las lágrimas a sus lectores. El tema central gira sobre un amor de adolescentes en plena guerra de Malvinas y en Malvinas. Su cuento “Bandoneón y dolor” (2012) ha sido publicado en una antología y logro una mención especial. Otro de sus cuentos, “Déjate”, ha sido traducido al inglés, recibiendo el premio “Autor destacado 2017”. En el año 2019 su cuento “El malevo de San Telmo” recibió el tercer premio en el Certamen Internacional de Poetas y Narradores Contemporáneos organizado por la editorial “De los Cuatro Vientos”. Conozco a Victoriana desde hace años y se de su calidez y su imaginación. Su pluma ágil y cruda, no le evitan dolor o alegrías al lector, volcando en cada página de sus libros emociones y vivencias, como quien siembra flores en un jardín. Y si alguno me preguntase que espera ella de la vida le diré que solo una palabra saldrá de sus labios para contestar y esa palabra es “Amor”. Amor y solo amor es lo que espera y ella da. Queden ustedes en compañía de esta obra maravillosa, uno de sus cuentos premiados, y sepan disfrutar de cada palabra. Adolfo Di Virgilio - Escritor Argentino 1er Premio Nacional Cuento – Feria del libro Mar del Plata 2009

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El malevo de San Telmo Las crónicas callejeras de Buenos Aires cuentan que en el invierno de mil novecientos dos, por las calles empedradas de San Telmo, sabia tener su feudo un malevo muy mentado apodado el Toro y que llevaba por nombre el de Celestino Flores. Contaba el hombre con veintiséis primaveras y no se le conocía conchabo cierto a excepción de ser el cafiolo de la paica Rosita, conocida por todos como la Vasca, mujer de rudos modales y poseedora de los únicos ojos almendrados que moraban en la zona. Bueno, a decir verdad también se sabía, pero no se decía en voz alta, que Celestino Flores manejaba ciertos yeites de los que nadie quería anoticiarse. El Toro, alto, robusto, de tez morena, ojos oscuros de mirada afilada, como el cuchillo que guardaba celosamente bajo la axila, peinaba su cabello negro y grueso con abundante gomina como se estilaba en la época. Se lo podía ver en las noches, más allá de las ocho, rondando el café “El Dorado”, lugar elegido por los muchachos del arrabal para ganar coraje y calentar las tripas tomando unas cuantas (vaya uno a saber cuántas) ginebras de dudoso origen importado. Si mal no recuerdo, Celestino Flores se alojaba con su percanta en un conventillo conocido como “El Bolívar”, sobre la calle del mismo nombre, precisamente en la pieza diez; un discreto bulín 5


siempre limpio y decentemente amoblado, en el cual el hombre pasaba las horas de sol tirado en la cama a la espera de la noche, momento deseado para iniciar la jornada de “trabajo”. Una de esas noches a fines del mes de Julio, con la luna en cuarto menguante y las estrellas brillando en su máximo esplendor, se lo vio al malevo apurando el paso, transitando calles casi desconocidas por el barrio de la boca, con sus zapatos lustrosos, impecables, acompañados de las infaltables polainas blancas aconsejadas por el frio. El taquito militar delataba su andar, pero al hombre no le molestaba ya que estaba muy concentrado en sus pensamientos, producto de los acontecimientos que se estaban por desencadenar. El funyi gris evitaba que el frio anidara en su cabeza, el lengue blanco abrigaba su cuello y “el toro” sabía que además eran señales que lo indicaban como un hombre fuerte y de temer. Saber cuantas cuadras camino Celestino Flores esa noche, hasta llegar al lugar indicado, quedará para siempre como un misterio sin resolver; quizás quince, o tal vez veinte, difícil de encontrar un indicio o una marca cierta que resolviera el misterio. Lo verdadero es que luego de una hora el hombre llegó al lugar esperado. El farol en la esquina apenas dejaba ver las siluetas que se cruzaban debajo del mismo, en un apurado y singular tránsito multinacional. Si uno prestaba atención a lo que se hablaba notaba enseguida que las palabras de diversos orígenes se mezclaban interminablemente, 6


como en un coctel hecho a las apuradas, y muchas de ellas eran difíciles de entender para los oídos refinados de un extraño. Celestino Flores, parado, cercano al triste farol que resistía heroicamente el frio nocturno, esperaba confiado la llegada de la hora indicada, tal como se había acordado. Mientras aguardaba, el malevo decidió prender un faso para matar el tiempo, tocando, sin darse cuenta, de vez en cuando, las anchas solapas de su saco entallado, que invariablemente y gracias a su preocupación y esmero, combinaba con el pantalón de fantasía, angostado hasta los tobillos, con un delicado ribete lateral en cada pierna. Un pañuelo al tono asomaba del bolsillo superior izquierdo del saco. El motivo del encuentro era desconocido para los transeúntes que pasaban cerca e instintivamente se encontraban con la figura del Toro; muchos, la mayoría, lo reconocían tocando el ala del sombrero en señal de saludo y respeto. Para el resto era una figura de cuidado ya que el porte del malevo, su postura y su mirada así lo indicaban. Sin darse cuenta su mente tomó recuerdos recientes para calmar la ansiedad y empujo hacia afuera los versos mal aprendidos de un tango escuchado en “El Dorado”, cuyo título, sin estar muy seguro, debía ser “El pimpollo”; solo cuatro o cinco estrofas salieron de la garganta hasta que se enojó consigo mismo por distraerse, en un momento en que la concentración era necesaria. Su mano de7


recha toco el bigote que se notaba bien cuidado, al igual que las patillas, y la izquierda tanteo curiosa buscando que el arma estuviera en su lugar y en la posición adecuada para salir tan rápido cuando fuera necesario. Recordando lo escrito en el Martin Fierro, aprendido de apuro y de oídas, recomendando que “al salir salga cortando”, esbozó una leve sonrisa que se veía extraña en un rostro siempre inexpresivo que se correspondía con su portador, hombre acostumbrado a las pocas palabras y más dispuesto a la acción que al diálogo. La niebla proveniente del rio comenzó a cubrir el empedrado lentamente y anunciaba que el día siguiente se presentaría bueno y sin tormentas. El malevo aborrecía ese fenómeno ya que le recordaba la noche de su ultimo entrevero, aquella en la cual debió enfrentar al “Burro” Martínez, en un duelo a muerte, oportunidad en que cargó un fiambre mas a la propia cuenta, luego de dar una certera estocada en el lugar adecuado. En aquella ocasión el motivo era arreglar una cuenta pendiente que el Burro mantenía por razón de un yeite no cerrado y del cual el Toro entendió que había sido víctima de un choreo. Como se estilaba en los arrabales la ley era la palabra y Martínez no había sido respetuoso con los códigos. Había mentido y debía enfrentarse a sus consecuencias. El final del enfrentamiento dejó bien claro esa noche quien tenía razón y acrecentó la figura recia, dura y viril de Celestino Flores. 8


Para salir de ese feo pensamiento, un recuerdo que deseaba borrar pero, que después de casi un año, aún no lograba, se puso a divagar sobre la milonga de los viernes, oportunidad en que junto a su compañera daban cátedra con unos tangos canyengues sabiendo que ella, la Vasca, llevaba puestas sus mejores ropas para lucirse y lucirla. El pelo negro de su mina, bien cuidado y las maneras delicadas aprendidas para aparentar, que no coincidían con su verdadera naturaleza ruda y casi varonil, siempre impresionaban, y qué decir de sus ojos, esos ojos inolvidables, brillantes y tan almendrados que marcaban huella en los corazones y provocaban alboroto entre los hombres. El sabía que las actividades nocturnas de su hembra la entreveraban con muchos hombres, la arrojaban sin desearlo a los brazos de potenciales oponentes, pero estaba tan seguro de su dominio y de la marca que su hombría había dejado en Rosita, que la preocupación no había atormentado ni modificado sus costumbres. Pero eso había sido hasta la semana pasada en que abruptamente esa tranquilidad, esa seguridad, fue barrida de improviso por la llegada de Eleodoro Carriaga, el Ñato, hombre unos dos años mayor que él, proveniente del sur escapando de la autoridad por un problema de polleras. Era que Eleodoro se había enredado con la querida de un comisario provocando la ira y la venganza de aquel, lo que lo obligó a arrugar, por lo menos por un tiempo hasta que se enfriara el asunto. 9


Llegado al vecindario el Ñato, que traía consigo un frondoso prontuario que lo mostraba a los ojos de terceros como un hombre a respetar, conoció una tarde a la Rosita y desde ese momento no dejo de pensar en ella, en sus ojos y en sus maneras. El tenía una idea diferente de cómo tratarla y cuando tomó valor se acerco a la mujer para chamuyarla y enredarla en sus dichos. Pese a que la Vasca le dijo que tenía hombre ni él, que deseaba verla, ni ella, que sentía curiosidad, evitaron verse seguido. Claro que esa situación llegó a oídos de Celestino Flores, quien fue anoticiado por amigos fieles, admiradores de su trayectoria, que no se sintieron batidores a la hora de hablar. Lo primero que hizo el Toro fue llegarse al bulín, lleno de amargura y desilusión, esperando que todo fuese mentira, que Rosita se mantuviera fiel y que al día siguiente pudiera romperle la boca a esos desgraciados que se decían amigos y le habían hecho dudar. Cuando entró en la pieza, luego de casi romper la puerta, con mucha violencia y desesperado, ilusionado, nostálgico, esperando buenas noticias, encontró a Rosita haciendo la maleta, preparando su bagayo, alistándose para irse con otro hombre. El Toro, hombre solitario por naturaleza, egoísta por necesidad e individualista por cultura, estalló en ira y sin mediar palabras, como mandaban sus códigos, golpeó a la mujer dos, tres, cuatro veces, hasta que comprendió, por los gritos de la mujer, que la 10


decisión estaba tomada y si era necesario morir, ella lo haría antes de seguir con él. Defraudado por aquella que Celestino Flores entendía era su posesión más preciada, ahora acompañado por un temor que nunca antes había sentido, dio la espalda a la traidora y fiel a su costumbre se encaminó al “Dorado” para ahogar penas y decidir qué hacer. La vida y el amor eran como un juego en este ambiente promiscuo donde la misiadura atacaba sin descanso, por lo cual el Toro debía jugarse, no ya para recuperar una pertenencia, sino para saldar cuentas y curar la profunda herida que otro hombre le provocaba. Mientras empinaba el vaso lleno de ginebra y volvía a pedir otra y otra, Celestino Flores entendió que debía enfrentar a Eleodoro Carriaga, quien según datos era asiduo concurrente a los bailongos de la Boca. No quedaba más que un enfrentamiento a cuchillo, a muerte, para que las cuentas cerraran y los corazones sintieran paz, tanto el del sobreviviente como el del muerto. Ahora que un grillo había empezado a cantar y la luna se escondía detrás de una nube para no ser testigo, vuelta su mente a la realidad, alcanzó a divisar una figura que se acercaba. Otro hombre, delgado, alto, vestido como él, con la diferencia de colores y el cuadriculado del pantalón, se acercaba lento, con paso seguro e imponiendo respeto. 11


Enfrentados los dos malevos a no más de dos metros de separación, las miradas hablaron y ambos comprendieron que los códigos mandaban y la hora de la verdad había llegado. Ninguno pidió al otro algún tipo de ventaja ni fijaron reglas, solo dejaron que sus armas salieran y empezaron a caminar en círculo, observándose, esperando encontrar en el otro un punto débil, un lugar preciso y exacto para entrar con el acero y terminar el pleito, rápido y limpio. No fue rápido ni limpio, ambos conocían las técnicas de la lucha con cuchillo y no daban respiro ni cuartel, se acercaban al oponente, lanzaban sus estocadas y recibían las ajenas tratando de sufrir el menor daño posible. De cualquier manera ninguno retrocedía o daba señales de darse por vencido, pero el paso de los minutos reflejaba en los rostros el cansancio y se podía ver como la sangre de los tajos, algunos superficiales y otros, los menos, profundos, se ensañaban con las mangas de las camisas, empapándolas de rojo intenso. En un momento dado Celestino Flores, que no podía sacar del pensamiento la traición de la Rosita, resbaló y casi cae, ocasión que el ñato no desaprovechó, asestando una fuerte y profunda puñalada en el costado derecho del Toro. El malevo soportó estoicamente el dolor pero sintió que si había una próxima puñalada, como la que había recibido, sería su fin. Pensó en pocos segundos en las horas de felicidad que había vivido, pocas en realidad, en su 12


madre que desde hacía años no visitaba y en los ojos almendrados de la mujer que ya no era suya, responsable de la lucha a muerte en que estaba metido. Se concentró al máximo y tiró mejores estocadas, pero aún así recibió al menos dos nuevos cortes, uno de ellos en la frente por la que emanaba sangre que llegaba hasta el ojo derecho y le impedía ver bien. El Ñato buscaba terminar de una vez por todas con la contienda y deseaba asestar el golpe final, sabía que su rival estaba casi vencido y muy cansado, se lo decían los movimientos dubitativos y el rostro de su oponente. En un momento dado ambos creyeron ver a lo lejos a la Vasca, brillantes los ojos en la oscuridad, mirando como sus hombres ajustaban cuentas; pero sin dejar de prestar atención a los puñales, los contendientes siguieron con lo suyo. Nunca se enteraron pero Rosita, alertada por un barriga fría, sabia del lugar del encuentro y con la desesperación y el remordimiento a flor de piel quiso ser testigo del final, cualquiera fuese el resultado. La lucha se extendió por dos minutos más hasta que la destreza y la experiencia de uno de los contrincantes prevaleció permitiéndole, en un movimiento desafortunado del otro, entrar con una estocada mortal sobre el costado derecho y llegar al hígado, sin saberlo, ocasionando la caída de rodillas del oponente. Con la palma de la mano derecha, luego de guardar el ensangrentado cuchillo y gracias al pañuelo, el hombre vencedor secó el sudor de la frente y 13


trato de limpiar sangre en los lugares en que asomaba. Mientras lo hacía pudo ver como la figura, en un momento de rodillas, caía de costado y luego de moverse por segundos, quedaba quieto, seco, muerto, con los ojos abiertos, fijos en el cielo y reflejando la luna. A lo lejos Rosita, conocedora del resultado, se alejaba triste y angustiada, sin saber cómo sería su existencia de ahora en más, pensando que la vida era una porquería y que no podría acostumbrarse a su suerte. Eleodoro Carriaga fue sepultado al día siguiente en una fosa común, en el cementerio de la chacharita, ya que nadie reclamó sus restos y los gastos corrieron por cuenta del municipio. A partir de esa noche trágica, sobre Celestino Flores no se tuvieron más noticias; se sabía de sus heridas, de la muerte que había ocasionado en duelo, de los golpes a Rosita, pero nunca se supo si seguía con vida. Unos años después un viajante me contó que alguien parecido a Celestino Flores estaba trabajando como peón en una estancia de Lujan, pero para mí o así preferí entenderlo en el momento, no era él, no podía ser él, ya que ese conchabo no era el adecuado para un malevo.

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Biografía literaria Victoriana Del Carmen Gajardo Rebolledo, escritora y poeta Chilena, nacida en Penco ciudad de la VIII Región de Chile, radicada en la ciudad de Campana, Argentina. Licenciada en Comunicación Social, Periodista y profesora. Socia de S.A.D.E. (Sociedad Argentina de Escritores) y C.A.L. (Campana Amanecer Literario). Sus cuentos “Clara estaba asustada”, “Bandoneón y dolor”, “Menos mal que llueve”, “Déjate”, “Vive sin compañía”, “Voyeur”, “La fiesta de Mormo”, “El malevo de San Telmo” y su poesía “Dame” han sido publicadas en antologías, recibiendo menciones y premios. En 2012 publicó la novela “Amor al sur” (primera edición – Editorial Dunken), ambientada en la guerra de Malvinas. Ese mismo año su cuento “Bandoneón y dolor” recibe una mención especial. En 2017 su cuento “Déjate” fue traducido al inglés y publicado en la antología “Papers and letters” por la editorial “De Los Cuatro Vientos”, recibiendo la mención como “Autor destacado”. Sus poesías “Vaya tristeza”, en homenaje a Violeta Parra, “De porque te amo”, “Decirte” y “Otoño triste”, en homenaje a Neruda y Borges, y “Oda a Pablo De Rokha”, en homenaje a dicho autor, fueron publicadas en las antologías poéticas “Homenaje a Violeta Parra - 2018”, “Poetas del terruño de Neruda en la tierra de Borges, Tomo V - 2019” y “Homenaje a Pablo De Rokha - 2019”, respectivamente (Centro Chileno Bernardo O’Higgins, Bs. As. – Editorial 3+1). En 2017 es designada por la Fundación César Egido Serrano y el Museo de la Palabra de España, “Embajadora del idioma Español” en Argentina y Chile. En los años 2018 y 2019 recibe el “Diploma de 15


distinción y reconocimiento”, otorgado por el Centro Chileno Bernardo O’Higgins en la Argentina, en reconocimiento a la actividad y trayectoria, entregado en el Honorable Senado de la Nación Argentina. En 2019 junto a tres poetas publica el libro “Cuatro poetas de Febo” (emprendimiento cooperativo de la Editorial 3+1) y pasa a formar parte de los colaboradores del “Diario de los poetas” (Editorial 3+1). En ese mismo año su cuento “El malevo de San Telmo” es distinguido con el tercer premio en el Certamen Internacional de Poetas y Narradores, organizado por la Editorial De Los Cuatro Vientos. Su cuenta de e-mail es: victorianagr@hotmail.com y puede ser contactada en Facebook como Victoriana Gajardo.

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Glosario Malevo: Hombre pendenciero, provocador, de mal vivir y diestro en el manejo del cuchillo. Mentado: Que es nombrado por su fama o notoriedad. Conchabo: Empleo. Cafiolo: Rufián, proxeneta, explotador de mujeres. Paica: Querida del compadrito. Yeite: Negocio turbio. Gomina: Fijador de cabello a base de goma tragacanto. Arrabal: Barrio fuera del recinto de una población o en su periferia, en especial cuya población tiene un bajo nivel económico. Percanta: Mujer. Amante. Conventillo: Casa de inquilinato o de vecindad, con muchos moradores. Bulín: cuarto de soltero para citas amorosas. Polainas: Prenda de paño que cubre la pierna desde el pie a la rodilla Taquito militar: Tipo de calzado característico del varón bailarín de tango. Funyi: Sombrero. Lengue: Pañuelo de cuello. Faso: Cigarrillo. Fiambre: Muerto. Cadaver. Canyengue: Modo quebrado y con cortes de bailar el tango. Mina: Mujer. Hembra. Mujer que se une a un hombre ilícitamente Arrugar: Demostrar cobardía, miedo, susto, temor. Chamuyo: Conversación. Batidor: Que bate. Que habla de mas. Bagayo: Equipaje de una persona. Misiadura: Pobreza. Empinar: Beber mucho. Acción de tomar. Bailongo: Baile de gente de poca calidad, baile bullicioso de gente modesta. Barriga fria: Persona que no puede reservar para sí lo que se le ha confiado como un secreto. 17


Encontraras sus obras en: Campana Amanecer Literario (Becerra 876 – Campana - Argentina) Antología “Amalgama”, 24 º Aniversario Campana Amanecer Literario – Editorial Grafik - 2019 Editorial “De Los Cuatros Vientos” (Venezuela 726, San Telmo, C.A.B.A. – Argentina - Tel. 11-4331-4542) Antología “El decir textual 2012” – Cuento - Mención especial – 2012 Antología “Letters on paper” (Letras sobre papel) – Cuento Traducido al inglés – Autor destacado - 2017 Antología “Poetas y narradores contemporáneos” – Cuento - Tercer premio - 2019 Editorial “Dunken” (Ayacucho 357, C.A.B.A. – Argentina - Tel. 49547700) “Amor al sur” - Novela – 2012 (agotada) Antología “Gotas de Primavera” – Cuentos - 2014 Antología “Entre soles y lunas” – Cuentos - 2015 Antología “Convergencias” – Cuentos - 2016 Antología “Primavera de poemas” – Poema - 2016 Antología “Voces cruzadas” – Cuentos - 2018 Editorial “Grafik” (Las Heras 475, Campana – Argentina - Tel. 3489516057) Antología “Amalgama” 24º aniversario Campana Amanecer Literario – Cuento - 2019 Editorial “3+1” (Tel. 11-3631-2028) Antología poética “Homenaje a Violeta Parra” – Poema -2018 Antología poética “Poetas del terruño de Neruda en la tierra de Borges” – Poemas - 2019 Antología poética “Homenaje a Pablo de Rokha” – Poema - 2019 “Cuatro poetas de Febo” – Poemas – 2019 18


Participación en Antologías

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Premio recibido en el aĂąo 2019

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La escritora y poeta Victoriana Gajardo ha sido honrada con el Diploma de Distinción y Reconocimiento otorgado por el Centro Chileno Bernardo O`Higgins (Argentina) por su actividad y trayectoria acompañando los sueños de la Colectividad chilena en la Argentina, años 2018 y 2019.

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“En vano se echa la red ante los ojos de los que tienen alas” Gabriela Mistral1 1

Poeta, diplomática y profesora chilena, ganadora del Premio Nobel de literatura 1945, cuyo verdadero nombre era Lucila de María del Perpetuo Socorro Godoy Alcayaga.

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“Iniciando el año 1982, Pablo era un adolescente con futuro y sueños. Tenía amigos, ganas de enamorarse y ser jugador de futbol en primera división. La llegada de la guerra, en el Atlántico Sur, lo llevó a Malvinas, donde conocerá el amor, el odio, la muerte y cambiará el rumbo de su vida”. 24


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