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Marañón Rodríguez, Victoria Cosas de brujas / Victoria Marañón Rodríguez. - 1a edición para el alumno Don Torcuato : Victoria Marañón Rodríguez, 2020. Libro digital, PDF Archivo Digital: descarga y online ISBN 978-987-86-6311-1 1. Narrativa Argentina. 2. Literatura de Terror. 3. Novelas de Terror. I. Título. CDD A863

Victoria Marañón Rodríguez Sitio web oficial: www.victoriamaranonrodriguez.com

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Cosas de brujas - Victoria Marañón Rodríguez

Índice Primera parte 1. El Ente………………………….página 3 2. Manipulación………………..página 19 3. El canal…………………………página 32 4. Recuerdos tétricos………..página 50 5. Vesta…………………………….página 61 6. Amuleto………………………..página 73 Segunda parte 7. El novio…………………………página 99 8. Bernardette…………………..página 118 9. Espectros……………………...página 131 10. Sueño de primavera………página 152

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PRIMERA PARTE

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Capítulo 1

El Ente

Catalina fue el nombre que le puso su madre Vesta, para que no se pareciera ni a ella, ni a ninguna de sus tres tías. Las cuatro hermanas habían sido bautizadas con nombres de diosas griegas: Hera, la mayor, Vesta, Artemisa y Venus, en ese orden. Su abuela, una bruja chapada a la antigua, tenía mucho respeto por los astros y la sabiduría que estos encierran. Como sabrán, en astrología, los planetas y luminarias son muchas veces explicados como arquetipos y los mitos griegos son fuertemente utilizados, tal como Carl Rogers dijo: "un mito es algo que nunca sucedió pero que siempre está sucediendo". Así que Madame Petite, como la conocían todos, intentó brindarles a sus hijas, dotes de diosas. Y hay que decirlo, como si fuera obra del destino, cada una adoptó, a su manera, las características de esas diosas. No se podía negar el don de mando de Hera, ni su compromiso, así como tampoco se podía refutar lo seductora y coqueta 3


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que era la pequeña Venus. Artemisa, valiente y decidida mientras que Vesta, la más introvertida, era hogareña y dedicaba gran parte de su tiempo a la meditación y las artes culinarias. Poco y nada se sabía del papá de Catalina, su madre apenas lo nombraba. Había sido un romance fugaz y no llegó a conocerlo; desapareció en cuanto le confesó que estaba embarazada. Vesta sufrió mucho entonces y de alguna manera, su beba absorbió gran parte de su pena haciéndola delicada y sensible, con dotes naturales de médium. Pero la tragedia golpeó la puerta de la familia cuando Vesta fue diagnosticada con cáncer en un pulmón muy avanzado y sin nada que hacer. Fallece una madrugada, a los 11 años de su hija. Sus hermanas se ocupan de ella desde entonces y aunque una madre es irremplazable, se puede decir que Hera es la autoridad, Artemisa la más compinche y cálida y la pícara Venus, es la que la apaña y la consiente en todo lo que está a su alcance. Madame Petite vivía en otra casa, sola y apartada, con sus veinte gatos a quienes llamó con números (sí, del 1 al 20) no tenía muchas ganas de usar nombres de diosas, ni dioses, ni astros, después de 4


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la muerte de su hija. Las tres tías y sobrinas se quedaron con el caserón familiar, que tenía todos los problemas de un lugar viejo, pero con suficiente espacio para que cada una tenga su habitación. El estudio que era de Madame Petite, pasó a ser el aposento de Hera, en la planta baja, con ventana a la vereda. Venus tenía su dormitorio en el sótano, en el que podía llevar a sus jóvenes amantes sin que nadie oyera nada, ya que su vieja cama solía chirriar demasiado. Artemisa y Catalina tenían sus habitaciones en la planta alta. El dormitorio en suite, ocupado antes por sus padres, había sido clausurado después de que un hechizo saliera mal y un espíritu vengativo quedará atrapado entre esas cuatro paredes. Si, así es, eran todas brujas. Y cuando escribo brujas me refiero a las clásicas que vuelan en escoba y usan sombrero negro en punta, las que hacen todo tipo de hechizos, manejan un herbario y venden pociones para el amor y la caída del pelo que nunca fallan. Su familia viene de un linaje que se remonta hace por lo menos, cinco siglos atrás y todos los conocimientos y poderes se pasan de generación en generación.

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Saben que Catalina tuvo suerte de nacer a finales del siglo XX, ya que las leyes que prohíben la práctica de brujería quedaron obsoletas a mediados de los sesenta en Inglaterra. Desde entonces religiones como la Wiccan, el chamanismo o el paganismo han vuelto a resurgir entre las cenizas para contarle al mundo que nunca se fueron y que cualquiera puede conocer su cosmovisión. Con la New Age, el Tarot, la astrología y otras ciencias ocultas se han popularizado occidente y, en el nuevo milenio, gracias al uso masivo de Internet, están en alza de popularidad y las personas consumen con avidez todo tipo de textos y productos, con la intención de mejorar su calidad de vida. Así es como las hermanas en la última década, han podido mantenerse económicamente: Hera empezó a vender pociones entre sus conocidos, cuando todavía trabajaba como administrativa en una funeraria, y tal era la demanda, que optó por renunciar y emprender su propio negocio online. En tres años, las visitas se multiplicaron y también los ingresos, logrando ampliar su línea de productos que incluían piedras, varitas, hierbas, cartas,

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agendas y demás. Todo lo relacionado con la brujería y sus elementos para cualquier ritual. El negocio prosperó y terminó alquilando un local en la ciudad, contratando a una vendedora y a una administrativa para que la ayudaran a preparar todos los pedidos, así ella podía emplear el tiempo en conseguir buena materia prima. Artemisa y Venus hacen las pociones, daban clases de Tarot, astrología y por supuesto, cuando eran solicitadas, hacían lecturas personalizadas. Vesta, al principio, hacía limpiezas del hogar a domicilio y fabricaba velas de todo tipo y formas, hasta que comenzó a enfermar y sus tareas fueron absorbidas entre sus tres hermanas. Catalina, de 16 años, iba a la escuela y aprendía poco a poco de la tradición familiar, aunque no parecía muy interesada en continuar la dinastía. Todavía no presentaba señales de gustarle mucho nada de ese mundo. No tenía vocación, ni metas. Esto no preocupó a sus tías, ya que la consideraban muy joven, había tiempo para crecer y descubrirse a sí misma en el camino. La rutina de la semana era Venus despertando primera, subiendo a la cocina en donde prendía la 7


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cafetera y ponía a tostar el pan lactal en la tostadora que uno de sus ex novios le regaló. Cortaba naranjas y los exprimía, sacaba el queso crema y la mermelada artesanal de durazno, cortesía de Artemisa. Ponía la mesa con la vajilla de porcelana pintada a mano por su tía abuela. Salía al jardín, cortaba un par de flores y decoraba la mesa junto al delicado mantel bordado. Una vez que ponía el florero, subía a la primera planta con la campanilla en mano, caminaba por el pasillo y bajaba otra vez, a la cocina. Casi siempre era Hera la que abría las puertas del despacho ahora convertido en habitación, la mitad de su cuerpo estaba en pijama y el resto vestido con uno de sus famosos trajes que usaba en su vida laboral ejecutiva. Catalina bajaba a desayunar con el uniforme puesto del colegio privado al que asistía y, como todas conocían a Artemisa: siempre se quedaba dormida o llegaba tarde, Venus servía el desayuno para ellas tres. Cuando terminaban, Hera se cambiaba y salía a trabajar, Catalina tomaba su mochila y la escoba y volaba a la secundaria, que quedaba a diez cuadras. Venus retiraba la mesa, lavaba los platos y se ponía a preparar las pociones en el herbario ubicado al 8


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fondo de la casa. Había que atravesar el jardín siguiendo el caminito de piedra. Todo esto ocurría entre las seis y media y siete y media de la mañana. Artemisa, en cambio, podía dormir hasta las diez sin preocupaciones pero cuando se levantaba, sus pies y manos volaban (no en sentido literal) corría llevando pedidos, ayudando con la limpieza de la casa (todas estaban de acuerdo en que no querían dejar entrar a desconocidos, por lo cual eran ellas mismas las encargadas de mantener semejante caserón) armando pedidos y haciendo diligencias de aquí para allá. Los domingos, los días más tranquilos, iba al club de caza y practicaba junto a sus amigos: arco y flecha. Aunque nunca iba a cazar nada, dado que amaba a los animales y colaboraba activamente con el refugio de perros de la zona, solo era un hobbie. Esa mañana Catalina llegó con el tiempo justo, entró corriendo al colegio mientras sonaba la campana indicando que las clases comenzarán en breve. A punto de entrar al salón se chocó de frente con su compañera Estela. Era con la única que se hablaba de vez en cuando. Catalina no tenía amigos, aunque 9


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siempre les mentía a sus tías, diciéndoles que iba a la casa de tal o se juntaba con otro, cuando en realidad paseaba por las plazas escuchando música o leyendo algún libro de poesía, porque en realidad, aunque nunca lo admitiera en voz alta, era una romántica. Con Estela se sentaban una al lado de la otra, en un costado de la clase, así pasase lo que pasase, se miraban cómplices. El resto de sus compañeros veían a Catalina como una persona muy misteriosa y distante, le tenían un poco de miedo, los rumores decían que pertenecía a una familia de brujas malvadas y poderosas. Nadie quería meterse con ella, aunque tampoco nadie quería conocerla. Estela oscilaba entre estar con ella o con un grupo de chicas, que no le prestaban mucha atención, ya que también era de carácter introvertido. Admiraba mucho a Nadia, porque era lo que hubiera querido ser: osada, canchera, no tenía miedo de contestarle mal a los varones y caminaba muy segura de sí. Daría cualquier cosa por ser o estar más cerca de Nadia...y ese día, su oportunidad llegó. El profesor de literatura dio como proyecto representar una novela en el aula, a través de objetos, afiches y 10


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vestuario. Una de las consignas era que sería él quien armaría los grupos de trabajos en parejas. No hubo nadie que no protestara, no querían ser forzados a socializar con otros que no fueran los que ellos eligieron. A Estela le tocó hacer equipo con Nadia; por un lado estaba contenta pero por el otro, muy insegura, ya que sabía que a la otra no le gustaba nada. Para su sorpresa, Nadia se dio vuelta y le guiño el ojo. Estela estallaba de alegría ¿podría ser verdad? ¿Podrían llegar a ser amigas? La felicidad le salía por los poros. A Catalina le tocó hacer el proyecto con Octavio, un joven que venía de una familia muy católica y conservadora. Sabía que definitivamente, no se reunirían en la casa de sus tías, ni podría confiarle nada de su vida personal. Estela y Nadia se juntaron en un café de la zona para organizar la tarea. Allí iban mayoría de adolescentes y jóvenes adultos que usaban el wifi del lugar para conectarse desde sus dispositivos. La decoración del lugar era jovial, con sillones y mesas amplias, ideales para los grupos de estudio.

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Estela estaba muy tímida pero sonreía todo el tiempo, sabía que Nadia llevaría la delantera, como siempre. Comenzaron hablando un poco de la novela a elegir y con qué elementos contaban..., hasta que Nadia le preguntó por su amistad con Catalina, la bruja del salón. Quería saber si conocía su casa y sí era verdad lo que se oía; que tenían un fantasma escondido en el ático. La otra no supo qué contestar, pero no quería desperdiciar la oportunidad de sentirse importante ante ella así que mintió: le dijo que había entrado a la casa y que conocía a la familia excéntrica, que parecían buenas personas pero muy raras en su forma de vestir y hablar. Siguió inventando, basándose en lo poco que contaba Catalina y en los rumores del vecindario. En un momento, se sorprendió de sí misma y su capacidad de divagar, pero había logrado su cometido: tenía la atención de Nadia sobre ella y sabía que no terminaría allí, aunque tampoco imaginó lo que vendría después. Realmente poco importa como Estela robó las llaves de la casa de las brujas, con toda astucia. Se las 12


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ingenió para engatusar a Catalina y que la invité a pasar. Solo estuvo poco más de una hora, en la cocina, merendando café con leche mientras le explicaban los ejercicios matemáticos del día, pero fue suficiente para pispiar de arriba a abajo, todas las aberturas del lugar y averiguar los horarios de la familia. La capacidad de persuasión que tienen algunas personas es fascinante, lamentablemente no siempre lo usan de manera altruista pero es digno de admiración, que no siempre sean necesarios los hechizos y conjuros, cuando el uso del verbo es un talento natural. Esto es lo que aprendió Estela sobre si misma esa semana: pasó de ser una chica tímida e introvertida, con poco que decir a meterse en el bolsillo y a manipular a todos los que la rodeaban. ¡Wow! Estela ¡felicidades! que tu complejo de inferioridad y tu baja autoestima no te lleven a caer tan bajo que olvides quienes fueron las personas que estuvieron a tu lado de manera genuina. Poco dada a la reflexión, Estela le informó a su nueva mejor amiga Nadia, que ya tenía el plan armado: debían esperar al jueves a las seis de la

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tarde, a que todas salgan a hacer sus actividades y poder entrar a la casa sin dificultad.

Jueves. Seis de la tarde. Nadia y Estela caminaron distraídamente por la acera, hasta llegar a la casa de las brujas. Miraron con disimulo y como no había Moros en la costa, entraron. Una vez en el vestíbulo, Estela se acercó al interruptor de la luz, Nadia se le adelantó e impidió el encendido, tenían que ser cautas; había traído dos linternas para poder explorar sin ser descubiertas. Si bien, no era de noche, el sol ya se ponía y el lugar se encontraba en penumbras. El dormitorio del misterio estaba en la primera planta así que subieron rápidamente las escaleras y como se dieron cuenta que en el pasillo no había ventanales que delaten la luz, está vez si encendieron los faroles. La puerta del cuarto, estaba cubierta de símbolos ajenos a su conocimiento escritos con tiza. Sobre el piso, tierra roja, como impidiendo que algo entre o salga por debajo de la puerta. 14


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Nadia le hizo una seña a Estela para que abriera la puerta con la llave robada, cuando la introdujo en la cerradura, ambas contuvieron la respiración esperando oír algo. No pasó nada. Abrió despacio y entraron en la habitación desierta: ni un mueble, ni un cuadro, nada. Las dos recorrieron el espacio observando con detenimiento cada pared. Las ventanas estaban cubiertas con mucho papel de diario y maderas del lado de adentro. Se miraron aburridas, tenían demasiadas expectativas. Entonces la puerta se cerró de golpe con un ruido estruendoso. Sucedió muy rápido; un ente invisible se abalanzó sobre Estela y comenzó arañar el abdomen. La joven no paraba de gritar desesperadamente. Su compañera quedó petrificada, con la boca abierta, sin poder articular un solo movimiento, ni decir una palabra. Ella solo veía a la chica sobre el suelo, aullando de dolor mientras su ropa se hacía jirones y la sangre brotaba, salpicando las paredes. La puerta se abrió violentamente y Hera entró gritando unas palabras en una lengua desconocida. Artemisa y Venus tironearon a Estela y la sacaron del cuarto, mientras el Ente, ahora visible como una 15


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sombra oscura, luchaba contra la magia de la bruja que lo condenaba a detenerse. Artemisa y Venus volvieron a entrar y sacaron a Estela. El espíritu volvió a instalarse a la pared, como si estuviera pegado a ella, y Hera salió del dormitorio cerrando con llave. Venus hizo varios símbolos con las manos sobre la puerta y derramó tierra roja en el piso. Catalina abrazó a Nadia y la fue llevando a la planta baja, con suma delicadeza. Sus tías bajaron a Estela y la recostaron sobre la cama de Hera, mientras Artemisa abrió el botiquín de primeros auxilios. Tras desinfectar las heridas, frotó pócimas sobre la piel recitando oraciones. En la cocina, Venus preparaba dos infusiones: una para tranquilizar a Nadia y que pude recobrar la compostura, o al menos intentarlo. Y la otra para el dolor y la angustia. Todas terminaron tomando el primer té. Venus había dejado horneando unas galletas caseras con pedacitos de almendra afrodisíacos, que estaban realmente deliciosas y apaciguaron los ánimos enseguida. Pasada una hora; reían como si fueran amigas del alma. Cuando Artemisa finalizó las curaciones, 16


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Estela no tenía ninguna herida. Allí, en donde estuvieron los surcos, había franjas de piel rosada nueva. La bruja le entregó un frasquito y le explicó cómo aplicarlo para que todo quedara del mismo color en pocos días. Cuando Estela estuvo en condiciones de caminar, Hera y Catalina tomaron un taxi y dejaron a las adolescentes, cada una en su casa, mintiéndoles a sus padres, inventando algún trabajo práctico de la escuela. Esa noche, tía y sobrina tuvieron una plática sobre no dejarse apabullar por las decepciones en las relaciones afectivas. No todas las amigas actúan de una manera tan egoísta. Catalina rompió a llorar, no consideraba a Estela su amiga, no compartían lo suficiente, pero confió en ella. Creyó que con el tiempo, su amistad podría consolidarse. Después de lo ocurrido, sabía que no. Los amigos también nos rompen el corazón. Nadie habla del vacío que sentimos cuando perdemos a un amigo, todo está enfocado en la pareja, pero duele y mucho. La conversación terminó con un abrazo estrecho, de esos que levantan y renuevan la vitalidad. Hera 17


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conocía a su sobrina, sabía lo sensible que era y como le costaba conocer gente, esperaba que con los años, esto cambiará un poco y que pudiese encontrar alguien en quien confiar. Catalina, por su lado, no sentía más pena, deposita su amor y lealtad en su familia: sus tías y su mamá, a quien tenía presente todos los días. Cuando el vínculo afectivo es fuerte, la muerte no puede separar a las personas y las brujas lo saben. En cuanto al Ente encerrado, iban a tener que tomar una decisión, reunirse con el Coven y ver qué podían hacer, sí pasarlo a algún frasco u objeto más pequeño. No podían esperar a que sucediese una tragedia. Era peligroso y sin dudas, este incidente lo había fortalecido, dado que pueden absorber la energía vital de un ser vivo, en especial si este es humano...

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Capítulo 2

Manipulación

"Hablemos de la manipulación" dijo Hera. Intentaba darle una lección de la condición humana a Catalina, su sobrina. "La manipulación no se trata de forzar a otros a que hagan lo que uno quiera, no. Manipular implica, con gracia, mostrarles a los demás tu punto de vista; que hay otra manera de hacer lo que uno hace." Catalina no estaba convencida y su expresión facial lo confirmaba. Para ella, la manipulación estaba connotada negativamente; era lo mismo que engañar, era querer controlar a los otros a través de mentiras. "Bueno, se puede usar con varias intenciones pero ¿quién puede afirmar que uno manipula para engañar? o, por el contrario ¿para querer abrir mentes? Eso no lo sabemos, a menos que nos lo confíen, que nos confíen sus intenciones y que sean sinceros." le explicaba Hera. "A veces, nos engañamos a nosotros mismos, entonces, ¿realmente estamos queriendo engañar a los 19


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demás? o ¿solo repetimos afuera lo mismo que nos decimos para dentro?" La adolescente se cruzó de brazos, no le gustaba nada lo que decía su tía, estaba enojada. Hera dejó la habitación, tenía que reunirse con la contadora por temas del local. Catalina se puso los auriculares, y oyendo la música, mientras observaba la lluvia a través de su ventana, empezó a repasar los hechos desde el principio. En primer lugar, no había querido ir a ese retiro. Sus tías; en especial Hera y Artemisa, le habían insistido en que conocer otras brujas de su edad, podía ayudarle a sacarse el trago amargo que le dejó la experiencia con sus compañeras de clase y el ente encerrado. Catalina tenía 16 años y era introvertida; no se sentía mal por no socializar, no le interesaba, ni lo sufría, pero sus tutoras no pensaban lo mismo y veían a la adolescente con ojos preocupados. Así que insistieron de una y mil maneras posibles para que asistiera al campo Bernardette, un lugar alejado de la ciudad por más de 700 kilómetros, en donde había una casa y varias hectáreas para recrearse y practicar magia, sin miradas curiosas, ni dedos acusadores. 20


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Así partió Catalina, una mañana de otoño nublada. Cuando el micro la dejó en la terminal del pueblo más cercano, un auto Fiat 1 rojo la esperaba, con la puerta trasera abierta. Subió y puso el bolso a su lado, la señora regordeta y canosa que manejaba la saludó con la mano y un "hola" ahogado: estaba afónica. El traslado no duró más de treinta minutos, que se le hicieron eternos. Al pasar por la entrada de madera, muy precaria, por cierto, siguieron varios metros más por un camino de tierra, rodeado de hierba salvaje, luego doblaron a la izquierda para retomar un camino asfaltado con flores y plantas bien cuidadas, hasta llegar a la mansión Bernardette. Su puerta principal, al igual que las rejas que había en cada ventanal, eran de hierro art nouveau, realizadas por un verdadero artesano. El lugar tenía un halo de misterio y se respiraba brujería en el aire. Catalina sintió miedo. Ya en la que iba a ser su habitación durante el retiro, Catalina se cambió la ropa por un pantalón babucha negro y una musculosa del mismo color. Se calzó su chaqueta de jean y sus zapatillas para poder sentirse cómoda y salir a explorar el lugar;

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sabía que el miedo se vencía con valentía. Nadie es valiente si no siente miedo primero. La mansión estaba dividida en dos plantas; todos los dormitorios y sus respectivos baños, se encontraban en el primer piso, mientras que la cocina, la biblioteca, el gran salón, el quincho y dos baños menores; en la planta baja. En el exterior, había un jardín con piso de adoquines formando un círculo, en donde se reunían alrededor del fuego. Aparte una hectárea entera era dedicada a la agricultura. Las brujas del lugar intentaban cocinar con ingredientes manipulados por ellas mismas. Al supermercado iban muy poco y a regañadientes, cuando no les quedaba otra opción. Todas eran veganas, por lo que no tenían animales, a excepción, por supuesto, de dos perros sin raza: Cajún, parecido a un labrador marrón, y Febo; un flaquito tricolor, y tres gatos negros (tan típico): Osiris, Anubis y Thot. ¿Quién les puso los nombres? una de las sobrinas de la Alta sacerdotisa, hace varios años, cuando los rescató de la calle. Catalina simpatizaba con los animales en seguida, así que su cariño y atención se centró en ellos, ignorando completamente el resto. 22


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En el jardín se topó con una compañera; aún no las había visto, estaban recolectando limones al otro lado. La joven la saludó con una sonrisa, dejó la canasta con la fruta y le dio la mano: "Soy Anastasia". Catalina bastante seca le dio su nombre muy seria, para cortar todo tipo de vínculo, pero a la otra no le afectó y quiso conversar. Le preguntó de dónde venía, si era su primera vez, quienes eran sus familiares, le narró que venía desde los doce años (tenía dieciséis) su mamá y su tía eran brujas y querían que continuara el legado, etc. Catalina captó con claridad que Anastasia era una de esas chicas que gustan de conversar con todo el mundo, siempre sonrientes y sociables, dispuestas a hacer nuevas amistades. Lo opuesto a ella, en realidad. Los minutos corrieron y llegaron el resto de las compañeras; todas entre los quince y los diecisiete años de edad. Ninguna era nueva, por lo menos dos veces habían visitado Bernardette. Contrario a lo que Catalina pensaba, las chicas la hicieron sentir bienvenida, cada una con su personalidad peculiar. No quería confiar, le costaba abrirse pero quizás las brujas, al ser marginadas 23


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desde hace siglos, comprenden lo mismo que ella había sentido siempre: que no pertenecía a la sociedad humana. A la tarde, tuvieron clases de cocina con Madame Dolly; combinaba conocimientos con la de hierbas que dictaba Isabel, por lo que Catalina estaba un poco perdida. En algunas cosas se acordaba de su tía Artemisa, cuando quería enseñarle algo nuevo, pero siempre prestaba muy poca atención, así que entendió la mitad de lo que estaba escuchando. Sus compañeras la ayudaron con los apuntes y le indicaron dónde buscar. A las siete, estaban libres para asistir a la biblioteca y estudiar lo aprendido. Como se colgaban hablando de cualquier tema, tenía que entrar Isabel cada tanto para pedirles que utilizaran el tiempo con sabiduría. Los días pasaron y Catalina se sentía un poco más cómoda con el lugar, con las sacerdotisas, pero sobretodo, con sus compañeras. Su parte desconfiada estaba cediendo de manera gradual, abrigaba esperanzas de que pronto pudiera abrirse y contarles algunos de sus secretos. Era muy callada, pero eso no parecía molestar a las demás. 24


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Compartían chistes y anécdotas graciosas pero nunca se burlaban de otros, mucho menos del aspecto físico, eran personas genuinas, sin rastro de malicia o rencor. Eran tan diferentes a sus compañeros de escuela, tan diferentes ¿sería porque eran brujas? Ese día en particular, no hacía ni frío, ni calor, estaba templado y a medida que fue bajando el sol, se respiraba cierta paz en el ambiente. Anastasia se acercó a Catalina, a eso de las siete de la tarde; estaban en la biblioteca repasando temas sobre alquimia. "Esta noche vamos a iniciarte en nuestra pequeña sociedad secreta. Nos vamos a ir a dormir, como todos los días y una de las chicas va a ir a despertarte, cuando llegue el momento. Vas a formar parte de algo especial." La adolescente retraída no entendía bien de qué hablaba, pero imaginó algo así como un pijama party de solo chicas en las que se contarían sobre su primer beso y esos temas. Catalina nunca había besado a nadie, así que no iba a tener mucho que contar..., aunque podría compartir lo que había pasado con sus compañeras de clase; como se metieron en su casa, engañándole, para ver si era 25


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cierto que en el dormitorio en suite, un Ente vivía encerrado por causa de los hechizos de su tía. Eran las diez y media de la noche, Catalina no se puso su camisón sino que se vistió con un pantalón deportivo y una remera, dejó las zapatillas al lado de la cama, preparada para cuando la vinieran a buscar. A las once, llegó Stefy y la llamó susurrando. La adolescente se levantó, se calzó y siguió a su compañera a través de la casa, y luego a través del campo. Cruzaron toda la huerta, la luna estaba en fase creciente e iluminaba parte del camino. El corazón de Catalina golpeaba salvajemente en su pecho, estaba muy nerviosa, producto de su timidez quizás. Cuando llegaron al campo abierto, el resto: sus seis compañeras, las esperaban en un semicírculo. Todas vestían capas de un rojo estridente y Anastasia tenía una corona hecha con flores frescas del lugar, que colocó en la cabeza de Catalina. A esta le pareció un poco excéntrico y teatral el despliegue de sus ahora, nuevas amigas, pero sabía, por su propia familia, que las brujas tenían gustos estrafalarios. 26


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Las siete hicieron un círculo alrededor de la adolescente iniciada, Stefy ya tenía puesta su correspondiente capa y la miraba ahora solemnemente. El semblante de todas era de preocupación. Catalina volvió a sentir el miedo de ese primer día, en su llegada a Bernardette. "No tengas miedo" le dijo Stefy. "Necesitamos que estés relajada." A Catalina no le gustó nada lo que dijo y el tono serio que empleó. Estaba asustada, y cuando comenzaron los cánticos y las siete elevaron sus brazos al cielo y, con un gesto violento, los bajaron, metiendo sus manos en la tierra, algo pasó. Algo o alguien se apoderaron de Catalina. No estaba sola, sentía una presencia dentro de sí. ¿Quién era? No podía distinguirla, no la conocía. El tiempo exterior se detuvo, estaba como dentro de una burbuja. A su cuerpo lo sentía ajeno, como si fuera un medio, ya no lo controlaba y, poco a poco, entre tantas nuevas sensaciones, entendió parte de lo que estaba sucediendo. Lo que vio y oyó fue como estar viendo una película. Esas que hacen que te involucres tanto

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emocionalmente, que olvidas que el cine es una fantasía. Anastasia dio un paso al frente y le habló, pero no a ella, sino a la que estaba controlando sus funciones motoras. El ser con el que estaba compartiendo su cuerpo, o mejor dicho, usurpando. Estaba siendo poseída, aparentemente por un ser querido difunto de su compañera. ¿Una hermana, tal vez? no llegaba a comprender del todo la situación, pero se dio cuenta, porque lo supo en ese momento, que ese ser usurpador sentía cariño por Anastasia. Se abrazaron y sintió las lágrimas brotando de sus ojos; se extrañaban profundamente. ¿Una tragedia las había separado? o ¿un asesinato? Algo muy triste. Mucho dolor en ambas. De repente, todo cesó y recuperó el mando de su cuerpo. "¿Qué carajos fue eso?" escupió las palabras. Toda la angustia, el afecto, el tormento se disipó y quedó el enojo, su enojo. Stefy intentó explicarle pero se detuvo en seco, al ver la ira en los ojos de Catalina. Estaba al borde del llanto. Anastasia lloraba y dos chicas la abrazaron y se la llevaron a la casa. La demás se fueron alejando despacio, muy consternadas, hasta que Catalina 28


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quedó sola, en el medio de la nada, con la luna creciente como única testigo. Quiso llorar pero no pudo. La bronca ganó la partida y quedó con toda la amargura dentro de sí. Al día siguiente, no bajó a desayunar y cuando Isabel fue a buscarla, le explicó que se sentía mal y que quería volver a su casa. Esa misma tarde, Hera fue a buscarla con un auto alquilado. Su tía intentó hacer que hablara, sabía que no estaba enferma, en el sentido estricto de la palabra, pero sí que se sentía mal anímicamente. No lo consiguió. Catalina tuvo sueños vividos repetidas veces, en las que volvía a ese punto; en donde perdía el control, en donde descubre como sus compañeras la habían manipulado. Se sentía una idiota por confiar, por creer que eran así de amables genuinamente, solo porque sí. Su tía Hera interrumpió sus pensamientos, abriendo la puerta de su dormitorio. "Tenes que tocar antes de entrar" le dijo la adolescente.

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"Toqué, te llamé, incluso grité ¿estabas con auriculares? o ¿con la mente en aquello de lo que no queres hablar?" La mujer se sentó sobre la cama y le tomó la mano con ternura. Catalina estaba dura, no quería quebrarse. Tenía tantas ganas de hablar, tantas ganas de sacarse eso que tenía adentro, atragantado. Empezó diciendo: "detesto la manipulación." "Hablemos de la manipulación" le dijo Hera… Al otro día, Venus, la tercera y menor de sus tías, invitó a Catalina a tomar el té en su cafetería favorita; estaba decorada como el país de las maravillas, de la obra de Lewis Carroll, uno de sus libros predilectos, esos que se leen una y otra vez. Cuando la moza se fue, después de servirles el té y las galletitas, en un juego de vajilla de porcelana pintado a mano, Venus fue directo al grano: "Sabes que estoy acá porque la conversación que tuviste con Hera no dio frutos. No coincido con mi hermana en la forma de comunicar, para mí al toro se lo toma por las astas. Naciste con el canal abierto. Una médium natural, como tu mamá. Quizás eso fue lo 30


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que te asustó. La verdad suele asustarnos. Tus compañeras no actuaron bien, tendrían que habértelo dicho, confundieron tu silencio con aceptación. Creyeron que lo asumes, era muy obvio para todos. Para todos excepto para..." "Mí" se adelantó su sobrina: "me sentí traicionada, confundí mis deseos con mi intuición. Sabía lo que estaba pasando, lo sentí en cuanto llegué a Bernardette, pero no quise aceptarlo. Seguía pensando en lo que pasó con Nadia y Estela; como me engañaron por curiosidad. No estaba viviendo en el presente. No estaba viendo.” De a poco, las fichas comenzaron a caer para Catalina, empezó a ver lo sucedido desde otro lugar. Desde un lugar de aceptación y no de conflicto. Se sintió un poquito mejor y comió las galletitas de avena y chocolate más animada. Venus le mostró su sonrisa más dulce y sincera, y le sirvió otra taza de té.

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Capítulo 3

El canal

Con la física cuántica, se ha demostrado que todos somos vibración, energía. Nuestro cuerpo físico, si lo miramos a nivel subatómico, no es más que electrones, neutrones., etc. Nosotros, estamos en el mundo de tres dimensiones y por lo tanto sólo vemos lo que hay en esta dimensión, pero somos como una emisora de radio, que captamos la frecuencia alineada con nuestras vibraciones, y con nuestros sentidos, todo lo que sale de estos rangos no lo podemos captar; pero, hay personas (los médiums) que tenemos un dial, con capacidad de captar otras frecuencias…" Diana Dahan, médium.

Era un precioso día de mayo otoñal, Venus barría las hojas amarillas del camino de piedra que conducía a la entrada de la casa familiar que 32


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compartía con sus hermanas; Hera y Artemisa, y su sobrina adolescente; Catalina. Cuando terminó la tarea, se levantó un viento que anticipa una tormenta. Entró a la casa y se dispuso a terminar las mermeladas de membrillo, que vendería la semana entrante, en la feria. Muchas personas le tenían miedo a su familia por ser abiertamente brujas, otras, por el contrario, las veneraban y compraban todo lo que hacían. Los que soñaban con un amor romántico, querían poseer todo aquello que Venus tocaba. La bella treintona, despertaba suspiros y admiración; no era muy linda pero sí delicada, además su nombre era asociado directamente con la diosa grecorromana del amor y la belleza. Mientras terminaba de armar los frascos, iba limpiando lo que ensuciaba. Sus pensamientos giraban en torno a la conversación que mantuvo con su sobrina, tres semanas atrás: estaban en una confitería y fue muy franca con ella. Resultaba ser que Catalina, como buena hija de su madre, Vesta, heredó parte de sus habilidades de médium. Había sido engañada por sus compañeras de estudio para convocar a la difunta hermana de una de ellas,

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porque quería despedirse. No era consciente de sus habilidades, o al menos, no quería serlo. Venus recordaba lo que era tener 16 años, también había tenido que lidiar con sus habilidades de bruja, sumado a la baja autoestima y el adolecer de la edad. Lo que estaba atravesando Catalina era parte de una etapa de vida, ni más, ni menos, pero por algún motivo se sentía intranquila. Con su experiencia sabía que cuando la alarma interna suena, había que aprender a escuchar, porque algo significaba...sólo que todavía no entendía qué. Catalina estudiaba para el examen de matemáticas que tendría dentro de dos días. Le gustaba usar su cama como escritorio, así que desparramaba las carpetas, la calculadora y lo útiles sobre el acolchado y se arrodillaba en un viejo almohadón, en el suelo. Tenía un equipo de música chiquito, así que a veces, conectaba su celular usando un cable USB, y escuchaba sus canciones preferidas. Cuando terminó de hacer algunos ejercicios, se levantó para enchufar al móvil y despejar la mente con algunos temas tranquilos. Cuando se trataba de estudiar ciencias exactas, le gustaba el jazz, le era más sencillo concentrarse. La canción dio comienzo y a 34


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los cuarenta segundos se detuvo. Ella pensó que era un problema en el aparato así que intentó chequear que estuviera bien conectado, cuando un ruido a interferencia se hizo evidente. El celular no estaba puesto para oír radio, así que la joven apagó el equipo directamente. Se quedó meditabunda un momento, y volvió a pegar las narices a los ejercicios matemáticos. Hacía tres semanas que no paraba de llover. La planta baja de la casa era una tienda literal, con ropa colgada en sogas que atravesaban la cocina y el estudio, ahora convertido en dormitorio de la mayor: Hera. En el jardín, los cultivos se ahogaban, así que tuvieron que inventar un sistema para evitar su ruina: con caños y plásticos que desviaban la corriente torrencial de agua. Algunos no pudieron ser salvados, eso implicaba que iban a tener menos materia prima para elaborar los productos. Por suerte, Venus y Artemisa habían almacenado varios frascos y con eso la tienda no iba a tener pérdida. Ambas hermanas habían renunciado a las vacaciones de verano para trabajar: sabían que los meses de frío iban a ser duros. Mientras sus tías corrían de un lado al otro en la planta baja, Catalina 35


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estudiaba en su cuarto, en el primer piso. Esta vez le tocaba literatura clásica, así que allí estaba, leyendo "Orgullo y prejuicio" de Jane Austen, odiando al Señor Darcy e identificándose con Elizabeth Bennet, cuando su equipo de música se encendió. El ruido a interferencia fue aumentando gradualmente hasta llegar a un volumen alto. La adolescente se levantó de la cama, caminó lento hacia él, buscó el cable y lo desenchufó. El dormitorio quedó en silencio. Detrás de ella, un adorno de cristal con la forma de un cisne se cayó de la estantería, haciéndose añicos contra el suelo de madera. Sobresaltada se dio vuelta. No le causaba ninguna gracia la situación. Desde su regreso del campo Bernardette, sufría horribles pesadillas en las que entraba en contacto con sombras y seres humanoides sin rostro. A veces, su celular sonaba a las tres de la mañana o los útiles aparecían en otro lugar. Sabía que ese ritual había despertado una parte de ella que no quería aceptar porque le daba miedo, así que optaba por ignorar a lo que sea que la estaba intentando contactar. El adorno roto había pertenecido a su madre Vesta. Tenía pocos recuerdos de ella y con el correr de los 36


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años, la olvidaba un poquito más. Esto le generaba culpa; no poder sentir dolor por la muerte, no sentir apego por aquel ser amado que ya no está. Se veía a sí misma como una persona fría, pero estaba muy lejos de serlo. Dos golpes en la puerta. Catalina suspiró cansina, del otro lado la voz de su tía Venus preguntando si se encontraba bien. Abrió y le mostró el adorno hecho pedazos. La mujer pudo sentir el nerviosismo de la joven y le ofreció una taza de té con gotas de valeriana. Ya más tranquila, Catalina le contó sobre sus sueños y los acontecimientos estando despierta, también su falta de deseo de querer hacer uso de su talento. - En algún momento vas a tener que confrontarlo, Catalina. Es cuestión de tiempo.Esa misma noche, en un estado profundo de sueño, se encontró en un lugar parecido al campo de Bernardette. La brisa agitaba las ramas verdes y en el cielo oscuro no se encontraba la luna, sino el planeta Plutón; rosado, con su corazón de hielo, que parecía mirarle con intensidad. Iluminaba toda la estancia con un color rojizo. Podía verlo 37


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directamente, tan nítido, tan cerca. Una voz no humana habló pero no pudo entender lo que decía. No eran palabras, eran sonidos. Extrañamente, sabía que le comunicaban algo pero no descifraba qué. No sentía miedo pero sí angustia por no poder comprender el mensaje. Hizo fuerza con su mente para buscar dentro de sí, la herramienta que le permitiera decodificar esa frecuencia pero no lo logró. Una mano le tocó el hombro y cuando se giró a mirar, un humanoide gris, sin rostro, estrechó sus brazos hacia ella. Catalina saltó hacía atrás, ahora sí tenía miedo, pánico. Quiso gritar pero no pudo. Busco ayuda en el cielo, en Plutón, pero este había desaparecido. Quedó a oscuras, sola. El campo desapareció y el humanoide también. En la negrura del vacío intentó contemplarse, abrirse. Fue inútil. Cuando despertó, el corazón le latía fuerte. Afuera, llovía a cantaros. Quiso llorar. Al día siguiente, un sábado precioso de sol, sus tías se levantaron muy temprano para irse a la feria en el centro cultural. Habían estado trabajando arduamente, luchando contra el temporal, pudiendo preparar todos los productos para este evento. Catalina se quedó sola, excusándose con que tenía 38


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un examen muy difícil; una mentira para poder tener tiempo a solas con la biblioteca familiar. Buscó en el dormitorio/ estudio de Hera, en las estanterías llenas de libros con hojas amarillentas, uno en particular, sobre sueños. Había anotado todos los detalles que pudo recordar de la pesadilla; sabía que no debía tomarlo literal porque el mundo onírico trabaja más a base de sensaciones, la razón y la lógica de cuando estamos despiertos, no funciona. En los territorios de Neptuno sólo se puede sentir. Estar en contacto con el mundo de los sentimientos es el primer paso para poder discernir qué es lo que nos queremos decir, cuando la mente consciente está dormida. Catalina había nacido a principios de Marzo así que no le costaba tanto ponerlo en práctica; el tema pasaba por no querer lidiar con todo eso. ¿Qué tal sí no era algo externo lo que quería contactarla? ¿Sí era ella misma, desde el inconsciente, queriendo hacer uso de su poder latente? Eran ideas que iban y venían. Su cabeza giraba en un espiral sin sentido cuando, de repente, dio con el libro deseado. No tenía título, la tapa amarillenta mostraba el símbolo del planeta Neptuno: un tridente. Lo abrió y se sumergió en él, 39


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nunca supo cuántas horas pasaron. Estaba tan abstraída con la lectura que no sintió hambre, ni ganas de ir al baño. Cuando terminó, el sol había bajado lo suficiente como para tener que encender la luz. Se dio cuenta que tenía que comer así que encaró para la cocina. Mientras abría la heladera y se preparaba un sándwich de berenjenas con puré de palta, repasaba lo que había leído. Había una manera de decodificar el mensaje de la pesadilla, aunque tendría que recurrir a un ritual, inevitablemente. Con los pies descalzos salió al jardín, todavía humedecido por la tormenta del día anterior. Los enterró en el barro, donde algunos cultivos se echaron a perder y con los ojos cerrados recitó las palabras que aparecían en el libro. Con las manos, cortó un par de hojas verdes y las elevó al cielo, se entregó con afán a lo que estaba haciendo, abrió los ojos y el mundo cambió. Era de noche, era el jardín de su casa, estaba en la misma posición: descalza con los pies en el barro, pero en lugar del camisón, llevaba puesta una túnica blanca y una corona de flores en la cabeza. Sentía que la observaba algo desde la casa, quería investigar pero no se podía 40


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mover. Es como si el barro se hubiese convertido en cemento. Arriba en el cielo negro, apareció el planeta Plutón con su color rosado, tan característico. Catalina elevó su voz: -Plutón: háblame ¡estoy lista!El sonido que emitió fue tan fuerte que la joven sintió desvanecerse. Es como si estuviera enojado y le gritara que no estaba lista. Catalina suplicó piedad y varios humanoides grises comenzaron a salir del suelo, de entre las plantas, del invernadero, la rodearon y con sus manos con dedos largos empezaron a acariciarla, primero despacio y luego más fuerte. Ella gritaba que la suelten, que no la toquen, se defendía y les pegaba como podía, pero a estos parecía no afectarles. Llegó a divisar al líder de estos seres, parado, sin rostro, en el porche de la casa, del lado de adentro. La observaba pero no se movía. La adolescente empezó a usar los dientes para defenderse, cuando le mordió la mano a uno... Vomitó todo lo que había comido. Estaba otra vez, en el jardín pero despierta, era casi de noche. Buscó un balde con agua y limpió la suciedad. Entró corriendo a la casa y se dio una ducha caliente, 41


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antes de que llegara su familia. No quería que se enteraran, no quería contarles. Cuando bajó a prepararse un té, aparecieron sus tías parloteando sobre lo bien que les había ido, lo que habían vendido, que les habían ofrecido vender en el exterior, etc. Las tres captaron que el ambiente del lugar estaba enrarecido y que Catalina había sido parte de eso. Ninguna dijo nada porque no fue necesario. En silencio, ordenaron las cajas vacías y cuando terminaron, Artemisa subió a su dormitorio y Venus bajó al suyo, en el sótano. Hera se dirigió al propio y desde allí llamó a su sobrina. -Estuviste revisando la biblioteca ¿encontraste lo que buscabas?Catalina asintió. - Espero que estés siendo responsable con lo que sea que estés haciendo. Sabes que es la regla número uno que toda bruja debe tener: responsabilidad. Me parece bien que seas curiosa pero sabes lo que le pasó al gato por eso. Una cosa es querer aprender y comprometerse con el aprendizaje, que lleva tiempo y es algo gradual, a jugar con aquello que se ignora. Estás llamando seres que no deben estar acá y ya tenemos al Ente 42


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en el cuarto de tu abuela, así que... ¿me vas a decir que estuviste haciendo?Catalina no pudo responder porque Hera le estaba pidiendo una explicación con palabras y ella solo sabía lo que sentía... ese llamado en sueños. -Estás castigada. No quiero que vuelvas a revisar la biblioteca, ni a entrar a mi estudio sin autorización. Te voy a sacar el celular y la notebook. Solo vas a estar en tu dormitorio estudiando. Artemisa, Venus o yo, te vamos a llevar la cena. Te podes retirar.Su tía nunca había sido tan dura con ella. Nunca. Con un nudo en la garganta subió las escaleras y se encerró en el dormitorio. Esa noche, antes de dormirse, por primera vez en mucho tiempo, Catalina pensó en su mamá. Intentó recordarla, hizo memoria de un día a la salida de la escuela, cuando la fue a buscar con su chocolate predilecto. Divisaba su figura esbelta, su cabello castaño largo pero no podía verle la cara. Sintió desesperación y se durmió. Cuando abrió los ojos, su habitación estaba inundada de una luz proveniente del exterior, de un color rojizo. La puerta estaba abierta y cuando se 43


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levantó, se dio cuenta que tenía puesta una túnica blanca y una corona de flores en la cabeza. Caminó descalza, hacia al pasillo. De la pared surgió un humanoide gris que le señaló la puerta del dormitorio en suite, el que había pertenecido a su abuela: Madame Petite. Allí, sus tías mantenían a un Ente violento encerrado, producto de un ritual que salió mal. Sobre la entrada había escrito símbolos para que no pudiera hacer daño. Ella nunca conoció a fondo la historia pero ahora, todo le resultaba extrañamente familiar. El humanoide siguió haciéndole señas para que se acercara y pronto llegaron dos más. Pronto, se encontró rodeada de seis de esos seres largos, sin rostro, que con muecas intentaban que abriese la puerta de la habitación. La joven sabía que no debía hacerlo, que casi mata a sus compañeras de clase una vez. Por algún motivo oculto dentro de sí, Catalina marcó tres símbolos de la pared, con la mano y la puerta de madera se abrió ante ella, como si hubiera insertado una llave. Los humanoides desaparecieron y la adolescente entró en el dormitorio amplio y vacío. La puerta se desvaneció detrás, quedándose sin salida, pues el 44


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único ventanal que había, estaba tapiado. De la pared, una figura masculina alta y oscura comenzó a tomar forma tridimensional. Era un hombre de mirada serena, pelo oscuro, tez pálida, que llevaba puesto un traje negro azabache y una camisa blanca. Sus zapatos de charol brillaban más de la cuenta, haciendo que la totalidad se viera surrealista, fuera de este mundo. Los colores eran vivos y su boca de labios gruesos, tenía una mueca parecida a una sonrisa, pero estaba serio. No había nada de alegre en su expresión, mucho menos divertido. -Tu nombre, demonio- dijo con voz clara, Catalina. - ¿Por qué estás tan segura de que soy un demonio? ¿Acaso eso fue lo que te contaron tus tías?Cata era sensible pero no ilusa, sabía que los entes jugaban con la mente de las personas; eran los maestros de la manipulación. - Eres parecida a tu madre, a quien amé, mucho tiempo atrás.La joven buscó dentro de sí algún conjuro para enfrentarlo, para obligarlo a decir la verdad. Quería confrontarlo y mostrarle de lo que era capaz. - ¿Acaso no querías comunicarte conmigo? Porque yo sí quería comunicarme contigo. Le pedí ayuda a 45


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mis aliados para que intercedieran por mí, y al fin, aquí estas.-Tu nombre, demonio- repitió Catalina, con mucha seguridad. Saber el nombre le daba poder sobre él. Son esclavos de su nombre. - ¿Acaso no recuerdas? Tu tía Hera te borró la memoria, quiso alejarte de mí. Tengo la seguridad de que tampoco recuerdas el rostro de tu madre, ni su voz.No pudo evitarlo y las lágrimas le corrieron por las mejillas. Los demonios juegan con el dolor de las personas, saben que decir y usan la propia vulnerabilidad como arma para destruir la voluntad. -Tu nombre, demonio- se le quebró la voz. - Yo amé a tu madre Vesta. Juntos estuvimos y juntos engendramos un hijo, un ser único, fuera de este mundo. Un puente, un canal entre esta dimensión y la otra. Alguien capaz de unir y construir algo nuevo.- Te obligo a que te vayas, a que nos dejes en paz, que vuelvas a tu sucio mundo y que no puedas seguir dañando...-

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Catalina se despertó. Era todo un sueño. Todavía estaba oscuro, se fijó en el reloj: las cinco y cuarto. El sol salía tipo siete. La puerta del dormitorio comenzó a abrirse y un golpe abrupto terminó con el silencio de la casa. Las luces se encendieron y apareció Artemisa en pijama: -¿Estas bien?Se oyeron pasos en la planta baja, Hera y Venus subieron las escaleras corriendo. Las tres se posicionaron delante de la puerta del dormitorio en suite. - ¿Quién es él? Me dijo que tuvo un hijo con mi madre.Las tres se miraron. Venus fue la única que bajó la mirada con culpa. Catalina la tomó del brazo y le pidió que le dijera la verdad: ¿quién era el ente? y ¿cómo pudo comunicarse con él, en un sueño? - Eso no importa ahora.- respondió Hera, a sus espaldas. - Es tiempo de liberarlo, no podemos seguir sosteniendo esta pantomima. Creí poder protegerte, pero entiendo que no es así. Ya no.Catalina retrocedió unos pasos y sus tías se tomaron de las manos. Recitaron palabras en un idioma que no conocía y los símbolos que estaban 47


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escritos en la pared, en torno a la abertura, empezaron a brillar como si tuvieran luz propia. La puerta se abrió de golpe y un grito desgarrador surgió del antro: - ¡Yo te libero! ¡Pero no volverás a esta casa!- gritó Hera y el viento demencial que salía del cuarto cedió. Los escritos desaparecieron y la casa volvió a una normalidad, que ahora, resultaba extraña. El Ente se fue para siempre. El sol salió de manera literal y metafórica. Las cuatro desayunaron juntas y recibieron la visita de su madre; Madame Petite, quien no pisaba la casa desde la muerte de su hija, Vesta. Catalina corrió a abrazar a su abuela, la extrañaba con locura. - Al fin, lo dejaron ir. No pertenecía a esta casa.Madame Petite se había ido a vivir sola con sus veinte gatos, después de que Hera encerró a ese Ente en su habitación. Estaba en completo desacuerdo con la decisión de su hija. Cada cosa debía estar en su lugar. Cada ser en su propia dimensión. Las brujas hablaban y comían, todas se sentían liberadas, al menos de estar compartiendo casa con 48


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algo sobrenatural. Mientras tomaba su té de manzanilla, Catalina recordó el rostro dulce de su madre.

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Capítulo 4

Recuerdos tétricos

Finalmente el invierno había llegado. La casa de las hermanas contaba con gas natural pero no había estufa en el sótano, donde dormía la menor, Venus, así que trasladaron el colchón al estudio/ cuarto de Hera. A la noche, antes de dormir, se oyeron las risitas y los cotilleos. Catalina salió de su habitación para oírles, se acercó a las escaleras caminando en cuclillas solo con las medias puestas, se congeló y tuvo que volver corriendo a la cama. Artemisa también se acercó a husmear pero al ser más impulsiva, bajo saltando las escaleras de par en par, abrió de un tirón la puerta del estudio de Hera y les saltó encima a las dos: -¡Con qué están tramando algo!Las hermanas rieron a carcajadas (quizás algo tenía el té preparado por Venus, quien sabe qué hierbas había combinado)

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-¡Bajemos los colchones, Cata, hoy dormimos las cuatro juntas! ¡Haremos un pijama party invernal!le gritó Artemisa a su sobrina. Cata se sonrió, preparó la bolsa de dormir térmica que le habían comprado para irse de campamento más su mantita polar, y corrió hacía la planta baja. Ya instaladas las cuatro hicieron una carpa con sábanas para Catalina. Venus les sirvió té a todas y picaron unas galletitas de avena. - Bueno ¿nos van a poner al tanto?- increpó Artemisa, entonces comenzó a hablar Venus sobre sí el nuevo repartidor era atractivo o no. Las opiniones eran variadas como sus protagonistas; Hera lo consideraba demasiado despistado, aunque ya sabían lo puntillosa que su hermana mayor podía ser en lo referente a todo, Artemisa creía que tenía buenos pectorales, aunque sin dudas le faltaba chispa, a Venus le parecía muy amable y eso siempre la seducía y bueno Catalina no lo conocía. -¿Algún muchachito en el Instituto que haya llamado tu atención, Cata? - preguntó pícara Artemisa. - No realmente, hay uno que me parece lindo pero no lo conozco, está en el último año.51


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- Pero podes conocerlo, todavía quedan largos meses por delante- le guiñó un ojo Venus. - No soy así, tía, me cuesta acercarme a alguien cuando me gusta, me pongo muy nerviosa y no quiero parecer una tonta.- En el amor somos todos tontos, querida sobrina, acostúmbrate, lo digo por experiencia en carne propia y por observar a los demás. Uno puede ser serio y responsable pero cuando te enamoras, eso queda de lado.- le dijo Hera. - ¿Ustedes saben de quién se enamoró mi mamá antes de tenerme?- era la primera vez que la adolescente mostraba interés en conocer algo de la historia amorosa previa de Vesta, siempre se había mantenido al margen de conocer a su padre. La situación se puso espesa, las hermanas se miraron entre ellas esperando que sea otra la que tuviese ganas de hablar, pero algo se mostraba claro: lo sabían y se sentían culpables de ocultar la información. Las menores miraron a Hera, quien claramente no solo por ser mayor, sino por tener don de mando, era la más adecuada para que contara.

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-Ok, visto y considerando la situación, no me queda más remedio que hablar a mí.- dijo Hera suspirando. -Tu mamá fue una gran bruja; disfrutaba ayudando a toda persona que necesitara un empujón en algún área de su vida para salir adelante. Fue un pilar importante para mí, no sólo por haber sido la primera hermana que tuve, sino porque me alentó primero, a dejar una relación destructiva y, segundo, a ponerme al mando de la tienda y lanzarme a hacer negocios. Por eso y por el amor que le tengo, te lo voy a contar. Considero que no es violar su intimidad sino acercarte más a ella. Tu mamá hacía trabajos como médium, tenía talento para muchas cosas, pero las personas confiaban en ella cuando se trataba de contactar con sus seres fallecidos o resolver la convivencia con algún ente perverso. Ella era grácil y tenía tacto para escuchar y guiarlos hacia un entendimiento, alejándose del miedo. Esto también generó algo de celos entre miembros de nuestra comunidad; en el coven, algunas brujas se quejaban de que les sacaba los clientes. Por supuesto no lo hacía adrede, pero cuando una persona tiene carisma, es casi imposible 53


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pasar desapercibido y Vesta tenía ángel. Un día le tocó una tarea muy difícil: un matrimonio millonario tocó el timbre de nuestro hogar para rogarle que los ayudará a exorcizar su casa, una vieja mansión en el barrio de Martínez. Tu mamá no tuvo problemas y pactaron una fecha; algo dentro suyo sabía que iba a ser una experiencia nueva y diferente, pero no tenía claro sí era algo positivo o negativo, así que acudió al lugar sin la certeza. Cuando entró en la casa percibió un rico aroma, mezcla de avellanas, con cacao y canela, que sabía no provenía de la cocina. Se dejó llevar por el perfume hasta la planta alta, las habitaciones eran amplias pero oscuras y frías. En la más grande, en la suite matrimonial, la esperaba una figura esbelta masculina. Ella dijo que fue amor a primera vista, aunque no estoy tan segura. Algunos entes son muy seductores y conocen los recovecos del alma humana, saben cuáles son nuestros puntos vulnerables, como anhelamos un acercamiento sincero con un otro, lo que disfrutamos las caricias y la atención del objeto del deseo, así que creo que sí bien el cariño de tu madre era genuino, el de él no.54


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Venus frotó con dulzura la espalda de su sobrina: -¿Estas bien, corazón? ¿Te preparo un té de tilo?Catalina estaba asimilando de a poco lo que su tía acababa de narrar. No pudo contener algunas lágrimas que salieron furiosas de sus ojos. Su mente daba vueltas, lo entendía pero al mismo tiempo estaba confundida. ¿Era hija de una humana y un ente? parecía salido de una novela de fantasía, no quería creerlo. -Quizás continuamos con el relato en otro momento- interrumpió Artemisa. -No, quiero saber y quiero saber también, porque no me lo contaron antes.- Eras muy chica, Catalina, recién ahora estas en edad de saber porque es muy delicado y si bien hoy inclusive, te va a ser difícil digerirlo, es parte de crecer. Estás en un momento de vida donde te estas descubriendo y conocer tus orígenes es parte de ese proceso. No te puedo negar la verdad hoy, pero sí fui yo quien tomó la decisión de ocultarlo ayer. No te enojes con tus tías, ni con tu abuela, con quien estaba distanciada durante estos últimos años por este tema. Tome las riendas para protegerte...-

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Esto último enfureció a la adolescente que la interrumpió levantando la voz: -¡No me digas que lo hiciste para protegerme! ¡Siempre que alguien usa esa justificación, lo único que está negando es su propia capacidad para enfrentar los problemas!Catalina amagó a levantarse del colchón para irse pero Artemisa la agarró del brazo. -No huyasSe quedó ofendida con la vista baja. Venus salió a buscar más agua y agregó en la tetera unas hierbas especiales para aflojar los enojos y favorecer el perdón. No hubo más cháchara esa noche, todas se durmieron. El sábado que Catalina no tenía escuela y sus tías estaban ocupadas cada una en sus quehaceres, decidió usar el ejercicio del libro de Neptuno; en él había indicaciones de como entrar en trance y buscar a través de aromas, sensaciones impregnadas en las paredes aquello que Hera le negaba saber. Puso su mente en blanco, cruzó las piernas, unió las yemas de los dedos; el pulgar con 56


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el índice, respiró entre pausas largas, como si estuviera meditando y pronunció para sí misma las siguientes palabras: -Oh, Neptuno, todopoderoso, rey de los océanos efímeros que todo lo sienten, todo lo perciben, te ruego me ayudes a encontrar la respuesta que busco…- no terminó de decirlo que ya estaba en trance. Abrió los ojos, seguía en su habitación que ahora lucía decorada de otra manera: había un escritorio de madera gastado, libros con olor a humedad y una pequeña mesita con una bola de cristal. “El estudio de la abuela” pensó Catalina. Lo había logrado, estaba percibiendo a través de esas paredes la historia escrita tiempo atrás. Se incorporó con suavidad poniéndose en pie caminando lentamente hacia la puerta que daba al pasillo, al otro lado la esperaba el dormitorio en suite de su abuela, en donde durante tanto tiempo habitó el ente que sus tías habían capturado. Cuando cruzó el umbral de la habitación vio la cama matrimonial, el placard de madera pintado de blanco y una silla con prendas desparramadas, su abuela siempre había sido una persona austera. En 57


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eso oyó un sollozo femenino, provenía de la otra habitación, la que ahora ocupaba Artemisa. Dirigió su atención hacía allí y pudo ver a su madre, Vesta, sentada sobre la cama intentando llorar en silencio con las manos tapándose el rostro. Llevaba puesto un camisón celeste que le daba una apariencia etérea, su bella y larga cabellera castaña le caía con peso sobre la espalda. Catalina se emocionó derramando lágrimas de angustia y felicidad por partes iguales. Deseaba saber porque su madre se encontraba así pero lo supo, al instante en que se lo preguntó, supo la respuesta: sufría por amor, sentía culpa, estaba haciendo algo indebido. ¿Sería cierto lo que le contó Hera? ¿Realmente se habría enamorado de un ente perverso? Vesta se levantó de la cama y sacó de debajo del colchón un diario íntimo con candado, la llave colgaba de su cuello, lo abrió poniéndose a escribir con avidez. Una sombra pasó volando detrás de Catalina, el cuerpo entero se le contrajo, un escalofrío le recorrió la espalda, los pelos se le pusieron de punta y no pudo evitar sentir un miedo paralizante hasta que tomó coraje y avanzó hacia el pasillo. Allí una figura oscura como

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una noche sin estrellas estaba de espaldas mirando la pared, como si se encontrara en penitencia. -¿Quién es?- las palabras salieron de la boca de la adolescente que no pretendía entablar conversación con aquel ser. -Creo que ya sabes quién soy- contestó una voz masculina elocuente y seria. Vesta salió del dormitorio y atravesó el cuerpo de Catalina, luego bajó las escaleras hasta la planta baja, no llevaba el diario con ella. La adolescente miró el colchón. -Veo tu deseo pero ¿sabías que no hay que violar la intimidad de los muertos? Aunque claro, a tus tías no les importó.Catalina estaba cansada de que este ser tirara piedras sobre la imagen que ella tenía de sus queridas tías. Iba a averiguar que sucedía costase lo que costase. Quiso sacar el diario pero no pudo, atravesó el colchón, era como un fantasma. “No estoy lo suficientemente fuerte” pensó Catalina. -Pero lo estarás, tienes dentro lo necesario para lograrlo.- le respondió el ente. “También puede leer mi mente.” 59


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Catalina abrió los ojos, estaba en pijama en su habitación, en el presente. “Tengo que conseguir el diario de mi madre.”

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Capítulo 5

Vesta

Corría por el bosque, su bello vestido de seda turquesa ondeaba dándole una apariencia etérea, como si de una elfa se tratara. No entendía del todo a dónde se dirigía, ni sí tenía que dejar algo atrás o sí tenía que estar atenta a lo que descubriría delante. Avanzaba entre los árboles, no se oían animales pero las voces susurrantes persistían. Hablaban en una lengua muerta que no conocía. Podía sentir si quería en su interior el significado; era certeza, estaba yendo en la dirección correcta aunque con un propósito y destino inciertos. Se detuvo ante una cabaña humilde. De la chimenea un humo celeste impregnaba el frondoso bosque, el aroma a almíbar le llegó más tarde: era dulce. Abrió la puerta, no esperaba nada, tenía la mente en blanco. Sin expectativas entró en la sala de estar, una vieja bruja vestida de negro con el sombrero en punta y zapatos violetas revolvía con un cucharón de madera, el caldero que se erigía en el centro del lugar. 61


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- Ven, niña, prueba, es dulce- la voz de la vieja bruja era como salida de una caricatura clásica. Se sentía en el cuento de Hansel y Gretel. Como si le hubiera leído la mente, la anciana le respondió el pensamiento: - No soy la bruja de Hansel y Gretel, niña, solo una vieja bruja indefensa, mis pociones están más relacionadas con el mundo de los muertos, que de los vivos.- ¿Por qué los muertos necesitan magia?- la pregunta brotó de sus labios, sin meditación. Se sorprendió a sí misma esperando paciente la respuesta de su interlocutora. - Porque los muertos saben.- Hizo una pausa. -Los vivos están demasiado preocupados en sus asuntos mundanos, no ven lo esencial pero los muertos sí. Ellos conocen secretos y quieren ayudar a los vivos a descubrirlos también. Por eso me hablan, niña, me piden que los escuche. Tienen tanto que decir. A veces creo que necesitan más paz que los vivos.Mirando el color turquesa del líquido que preparaba la anciana en el caldero, preguntó: -¿Cómo les serviría ese brebaje a los muertos?-

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-¿Muertos? Esta poción no es para los muertos, esta poción es para ti. Te estaba esperando.Sintió un escalofrío que le recorría la espina dorsal. La bruja le volvió a responder el pensamiento: - Porque tú también puedes hablar con los muertos.No era cierto, no podía, nunca había tenido contacto con el más allá, ni siquiera tenía seres queridos fallecidos, la bruja deliraba. -No, no deliro. Si, puedes hablar con los muertos, ellos lo saben y por eso te siguen. Esta poción te ayudará a verlos con mayor claridad.Antes de poder reaccionar siquiera, bebía con avidez el brebaje celeste, sabía a agua, se dio cuenta de que tenía sed, mucha sed. Siguió bebiendo y cuando hubo terminado algo cambió dentro de ella. Algo cambiaría para siempre, aunque no lo supiera todavía, pues tardaría unos cuantos años en morir, entonces lo sabría. Era su destino. Años más tarde, cuando el matrimonio Guerrero le pidió ayuda a Vesta, para exorcizar cierta presencia nefasta en su caserón en el viejo barrio de Martínez, una sensación de peligro inminente la sacudió. Le 63


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daba vergüenza admitirlo pero esa vez solo aceptó el trabajo porque la paga era muy buena. Demasiado generosa y las cuestiones económicas para la familia no estaban nada bien. Sus hermanas y su madre lo daban todo por salir adelante, que al menos el esfuerzo valiera la pena. Por ese entonces ella tenía veinte años, no se consideraba a sí misma una mujer adulta; era consciente de lo joven y lo poco que sabía de la vida. Hacía frío ese último día de Mayo, el viento rugía con fuerza. La madera de la puerta de entrada hizo un ruido estruendoso al abrirse, eso la alarmó más. Al entrar la casa se veía grande y vacía pero no por ausencia de muebles, sino por carencia de vida ¿Realmente ese matrimonio vivía allí? Eso no se parecía en nada a un hogar, claro que sus parámetros no eran del todo normales, porque no hay nada de normal en una familia de brujas. El aroma dulzón la envolvió enseguida, la llamaba desde el primer piso. Subió las escaleras que crujieron bajo su peso. Se sentía embriagada por el olor, casi podía flotar, intentó buscar la voz de la razón dentro de sí. Las puertas del dormitorio principal se abrieron de par en par y allí estaba él; 64


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tan elegante, alto, vestido de negro con el pelo bien corto peinado hacia atrás. Se dio vuelta y sonrió. Su piel pálida, sus dientes afilados, Vesta no había visto Drácula con Bela Lugosi pero sí lo hubiera hecho, estaría de acuerdo con la comparación. Sí un ser humano se encuentra cara a cara con un tigre de Bengala, lo más probable es que se le pasen dos cosas por la cabeza: primero, no importa que el ser humano esté primero en la cadena alimenticia, desarmado, frente a un tigre no tiene posibilidades de sobrevivir, y segundo, admirar la magnificencia de dicho depredador. Vesta era el humano. -Señorita Vesta, es todo un placer para mí.- el diabólico ser le hizo una reverencia y continuó: Una bruja de verdad, al fin.Sin preámbulos, ni presentaciones, Vesta sacó de su bolso un poco de mirra, lo encendió con un encendedor y empezó a recitar en voz alta palabras de limpieza. El Ente observaba atentamente cada gesto, cada paso que ella daba, como si la estuviera analizando. La bruja estaba nerviosa, la barbilla le temblaba, intentaba mantener la compostura pero sabía que el otro percibía su miedo, aunque muy por debajo de las apariencias, él también tenía 65


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recelo de ella y su magia. Dicen, no sé quiénes lo dicen, que la compenetración entre dos enemigos naturales es tan o más intensa que la existe entre dos amantes. Así era la energía que se respiraba en el lugar: la tensión entre la bruja y el Ente le hubiera puesto los pelos de punta hasta el más escéptico de los mortales. - Me gustan tus movimientos, Vesta, tan delicada. Tan entregada a tus tareas de bruja. Es como sí pusieras hasta la última parte de tu corazón en cada cosa que haces.Ella intentó aparentar indiferencia pero cada palabra, cada gesto de ese ser se le clavaban en el cuerpo como violentas puñaladas. Tras terminar de limpiar cada rincón de la habitación con la mirra, hurgó en su bolso y extrajo una varita de color marfil, tallada a mano por su propia madre: Madame Petite. Los ojos del Ente se abrieron de par en par, la boca se contrajo en una gran O, el lugar empezó a temblar. Vesta se paró frente a él y agitó la varita pero antes de poder exclamar las oraciones, una fuerza sobrenatural la empujó contra la pared, dejándola malherida. El ser nefasto desapareció y todo volvió a la normalidad, si se 66


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puede utilizar esa palabra tras semejante desafío. Vesta se incorporó despacio, le dolía la espalda, se estiró y le crujieron los huesos, respiró hondo, contó hasta diez, se incorporó y continuó con las tareas de limpieza ¡Estuvo ocho horas trabajando en el caserón! Era muy grande para una sola bruja, el matrimonio Guerrero estuvo atento todo el tiempo, ofreciéndole té, algo para comer, un almohadón, una cama para descansar, pero Vesta seguía firme en sus tareas. Cuando finalizó el señor Guerrero la llevó en auto hasta su casa, le pagó y le agradeció infinitamente su labor: podía contar con él y su esposa siempre que lo quisiese. Cuando cerró la puerta de la casa, Hera bajaba por las escaleras, Vesta llegó a desplomarse en sus brazos. Su hermana menor, Venus, que por aquel entonces tenía 13 años le hacía masajes en los pies con una pomada de coco, Artemisa ayudaba a su madre a preparar un té con hierbas para que recobrara las fuerzas. -Muy poderoso ese Ente...no me gusta nadacomentó Hera preocupada. -Tonterías, Hera, siempre tan seria y solemne. Tu hermana tiene fortaleza y poder, es toda una bruja 67


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hecha y derecha.- contestó la madre con tono reprobatorio. Siempre castigaba a su hija mayor con comentarios exigentes, pues sabía en su interior que Hera siempre tenía razón y no quería que asustara a sus hermanas menores. Pronto recuperó sus fuerzas y volvió a sus quehaceres de manera progresiva, había estado chateando con Ramón; un joven de 22 años que tenía algunos vestigios de médium, podía ver el aura de las personas y había tenido algunos encuentros con su abuelo paterno después de fallecido. Era lo más cerca que había estado ella de alguien, se sentía entusiasmada por esta relación, él era cálido y comprensivo. Se citaron para verse en una confitería una tarde fría, platicaron por horas y cuando llegó el momento de la despedida, él le dio un beso en la mejilla, Vesta sintió electricidad en todo el cuerpo, sus mejillas ardieron al igual que su corazón. Prometieron volver a verse. Y así cumplieron, caminaron por el botánico durante dos horas hasta que él la invitó a su casa, vivía a dos cuadras, en un departamento a media cuadra de la Avenida Santa Fe. "Santa Fe" eso es lo que Vesta tenía; fe en la relación que surgía entre los dos. 68


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Cuando entró al departamento una sonrisa se le dibujó en el rostro, Ramón había cubierto con pétalos la cama de dos plazas, había velas aromáticas y buen vino que sirvió en dos copas. -Quería que nuestra primera vez fuese especial- le dijo. Vesta sintió su corazón galopar salvajemente, era su primera vez. Cuando el beso llegó, ella ya estaba en el paraíso. Hicieron el amor varias veces. Nunca se había sentido tan feliz, solo podía irradiar alegría. Antes de acompañarla hasta su casa, Ramón sacó de un cajón una cajita oscura: -Un regalo para una princesaVesta abrió el presente: -Es hermosoUn amuleto con forma de llave que tenía colgando otros dijes, entre ellos, un pentagrama. -La llave de mi corazón- le dijo él y volvió a besarla. Pasaron los días y Ramón no le devolvía ni las llamadas, ni los mensajes, hasta que un día directamente la bloqueó en el chat. Vesta lloraba desconsoladamente, sus poderes de bruja no le habían servido para pronosticar tamaña desilusión amorosa. Hera no lo quería decir pero lo sabía, su 69


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madre también lo sabía y sus hermanas sabían que algo pasaba pero no entendían qué. Vesta estaba embarazada. Ese día acaramelado que vivió junto a él había sembrado dentro de sí la vida del ser que le cambiaría la vida para siempre: Catalina, su hija. -Nosotras las vamos a cuidar- le prometió Hera a su hermana. Ya sabía que nacería otra brujita en la familia: -Va a nacer con el sol en la constelación de Piscis, una Neptuniana en la familia. Vamos a ser muy cuidadosas con ella, pues será muy sensible a todo lo que esté pululando en el ambiente.Los meses pasaron y la tristeza en el corazón de Vesta dio paso al entusiasmo por sentir crecer al bebé dentro de su útero. Las brujas están muy conectadas con sus órganos reproductivos, ellas no ven la menstruación como algo que da vergüenza o debe ocultarse sino algo que es digno de celebración, por eso sus rituales están muy asociados a los ciclos de la luna que son análogos a los ciclos de la mujer. Hicieron la distribución de los dormitorios de otra manera para brindarles un lugar propio: Hera 70


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empezó a trabajar en el sótano, armaría su habitación, así cedería su espacio a la beba. Artemisa y Venus compartían cuarto en el primer piso y Madame Petite tenía el más grande en suite. Cuando Catalina nació fue colmada de amor y dulzura, fue el centro de todas las miradas y alabanzas. Vesta se sintió feliz, pero no como la otra vez, esta felicidad tenía base firmes, no estaba edificada en ilusiones, esta felicidad echaría raíces, crecería y brindaría sus frutos algún día.

Diario de Vesta - 3 de Marzo de 2002 Estoy angustiada pero no quiero que mis hermanas lo sepan. La felicidad que me dio mi hija al nacer se ve opacada por la presencia de ese ser siniestro con el que me topé hace diez meses. Estoy asustada, se presentó en la clínica mientras mis hermanas no estaban, no me dejan tener visitas todo el tiempo. Me dijo que mi hija era de él, como lo era yo. Me dijo que no fuera ingenua, que no fue casualidad que quedara embarazada del tipo enamorado de la bebida. Se refiere a Ramón: ¿cómo pude ser tan ciega? ¿Será 71


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verdad? Estos entes pueden ser muy manipuladores. Puede mentir en esto como también puede decir la verdad, quizás sí engañó a Ramón. No sé en qué creer. Solo quiero estar bien para mi hermosa hija. Catalina no puede crecer sabiendo esto. Tengo que hablar con Hera, ella siempre me contiene, es mi sostén en la vida. Gracias a la Gran Diosa por la maravillosa hermana que me dio, sé que muchas veces me habla a través de ella...

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Capítulo 6

Amuleto

El cofre de madera sucio de barro estaba apoyado sobre la cama de Venus, contenía un papel escrito a mano y una cadena de acero quirúrgico con un dije que tenía la forma de una llave muy bonita. Catalina leía con avidez el diario de su madre buscando la respuesta que la carcomía desde hace más de un mes: ¿el Ente había tenido que ver con su nacimiento? Semanas enteras practicó con el libro de Neptuno, queriendo conectar con la energía impregnada en las paredes, en los objetos de la casa, pero no dio con el recuerdo preciso hasta que finalmente, una tarde se metió en el dormitorio de su tía Artemisa. Sobre la mesita de luz color blanco, había un porta velas con pantalla colorada, a simple vista parecía un pequeño velador. Encima tenía puesto a presión un brazalete dorado con forma de serpiente. Catalina no recordaba haberlo visto, lo tomó sin pensarlo y sucedió: volvió a ese día terrible, el cielo oscuro estaba cubierto de nubes marrones que se 73


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iluminaban por los relámpagos, la tormenta estaba a punto de estallar, literal y metafóricamente. Artemisa llevaba el brazalete en su brazo izquierdo cuando, loca de dolor, subió a toda prisa la escalera a la planta alta. Abrió con una patada la puerta del dormitorio que compartía con su hermana, la madre de Catalina: Vesta. Hurgó entre los almohadones de la cama sin éxito, buscó debajo del colchón y encontró un pequeño cofre negro, cuando lo abrió, Catalina pudo ver claro en la visión, que se encontraba un dije con forma de llave y un papel escrito a mano por Vesta. Artemisa volvió a revolver y encontró el diario. Mientras las lágrimas le corrían a raudales, bajó las escaleras y con una cinta que sacó de la cocina, ató el cofre y el diario. Salió al patio trasero y con una pala empezó a cavar con furia, detrás de la huerta. Allí, enterrados, quedaron los recuerdos durante cinco años, hasta que Catalina lo descubrió cuando todas sus tías estaban en la tienda, ocupándose de una auditoría. Cuando terminó de leer el diario de su madre, se quedó con una sensación de vacío, peor que la que tenía antes de empezar. El diario no explicaba nada, más que lo que Hera le había contado ya, sabía que 74


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el Ente se le había presentado en la clínica después de dar a luz, pero no había evidencia de nada. Podían ser todas patrañas de ese ser oscuro y nefasto queriéndola engañar. -Hey ¿estás bien?- le preguntó con dulzura su tía Venus. No se había percatado de que las horas pasaron y ya estaban de vuelta. Venus echó una mirada general al cofre, a su contenido y al estado anímico en el que se encontraba su sobrina, pero no dijo nada. -Ella es Vanina, de la tienda. Está haciendo su tesis de cine y necesita accesorios para decorar.- Vanina saludó a Catalina con un beso en la mejilla pero la adolescente seguía absorta en sus pensamientos. -Vamos arriba que tengo unos frascos que te pueden interesar- le dijo Venus a su compañera de trabajo. -Vamos, Cata, que te preparo un té con jengibre y miel. Necesitas algo dulce.Venus tomó a Catalina con suavidad y la condujo por las escaleras hasta la planta principal. Vanina amagó a seguirla pero algo le llamó la atención: el dije con forma de llave. Era perfecto para usar como amuleto en el cortometraje de terror que presentan como tesis, en el tramo final de la carrera de cine. A 75


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ella le había tocado el rol de Directora de Arte y estaba decidida a realizar un buen trabajo ya que productores de la industria audiovisual la evaluarían; era una oportunidad que no podía dejar pasar. Sin pedir permiso se guardó en el bolsillo del pantalón la hoja con el ritual y el amuleto: "Es mejor pedir perdón que permiso".

Miércoles 31 de Octubre - Set de rodaje del cortometraje "El Amuleto". Vanina sacó el dije con forma de llave y se lo mostró a la directora del corto, Carla. - Es perfecto, me gusta el simbolismo de que sea una llave la que abre el portal y deja entrar al demonio. ¿De dónde lo sacaste?-Me lo prestó una amiga- mintió Vanina. Ya estaba todo listo para comenzar a rodar la escena Madre, el momento cumbre en una pieza audiovisual, donde se resume la totalidad de la obra. En este caso, la misma consistía en la actriz principal, encarnando a una mujer desesperada que 76


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después de perder su empleo decide invocar a una antigua deidad poderosa para vengarse, arrodillada sobre un círculo con símbolos en él, recitando unas palabras mientras sostiene el amuleto en alto. Todo se centraba en la concentración de la protagonista, ya que el terror se encontraba en su mirada, en cómo pronunciaba las palabras y en la anticipación del resultado de dicha invocación. La actriz venía practicando hace días, sentía los nervios normales pero confiaba en su trabajo. Vanina y su equipo de Arte trabajaron desde la mañana temprano, ese día, logrando darle al escenario, la ambientación correcta al tono del relato. Estaba todo listo para comenzar, la cámara en su lugar, el micrófono a una distancia prudencial para que no entre en cuadro, la directora de fotografía había medido correctamente la luz y esperaba a un costado después de chequear que estaba todo según lo planeado. El resto del equipo esperaba detrás, en silencio. - Sonido- dijo en voz alta la asistente de dirección. - Anda- contestó la sonidista. - Cámara-Anda- respondió la camarógrafa.

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- Rodando- ordenó la asistente de dirección y la cámara fue puesta a grabar. - ¡Acción!- gritó la directora y la actriz, tras un profundo suspiro, recitó en voz alta: - ¡Yo te invoco! ¡Yo te abro las puertas de mi casa y te dejo entrar! ¡Aquí tienes a tu sierva, fiel seguidora! ¡Puedes usarme como vehículo! ¡Yo te invoco! ¡Yo te abro las puertas de mi casa y te dejo entrar!La electricidad dejó de funcionar. Todas las luces del edificio se apagaron, los equipos de sonido, la cámara, quedaron enmudecidos. - ¿Qué pasó? ¿Se cortó el generador también?preguntó Carla. La sonidista aulló de dolor, seguido de unos ruidos a huesos rompiéndose. Vanina sacó su celular y encendió la opción de la linterna, todos tenían los móviles apagados al momento de rodar. Iluminó el lugar de donde provino el aullido y su mente no quiso creerlo: el cuerpo de lo que fue la mujer estaba roto, literalmente, como si se tratase de una muñeca de trapo. Era una mezcla de huesos, carne, órganos, sangre y las telas de la ropa que llevaba ese día. 78


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Había que mirar con detenimiento para entender dónde estaba la cabeza y cada extremidad. La asistente de dirección no lo pudo soportar y soltó un vómito sobre el piso. Algunas personas intentaron salir del lugar pero las puertas estaban trabadas. - ¿Quién hizo esto?- susurró Carla. Sus ojos estaban abiertos, desorbitados, por su cabeza pasaron cinco historias distintas, no estaba segura de nada. Nadie estaba seguro de nada. Cuando Vanina iluminó la escena, la actriz no estaba, tampoco el amuleto. - ¿Dónde está la actriz? ¿Dónde está Melania?- gritó. Los demás empezar a mirar, todos querían encender sus móviles para iluminar el lugar, algunos lo hacían, a otros les resbalaban las manos a causa de los nervios. Empezaron a buscar a Melania, no se veía por ningún lado, hasta que a la camarógrafa se le ocurrió iluminar el techo y la vio: estaba pegada al techo, sus ojos encendidos con un color rojo sangre veían todo lo que ocurría en la habitación mientras masticaba un pedazo de oreja de la sonidista. - ¡Fue ella!- gritó. Todos miraron al techo y empezó la histeria. Gritaban, se atropellaban, tirando los 79


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trípodes con las luces, llevándose puesto todo lo que estaba en su camino. Vanina llegó a divisar el dije con la llave que colgaba del cuello de la actriz poseída: -¿Qué hice?- Se preguntó y marcó el número de Venus que tardó un rato en atender.

Miércoles 31 de Octubre - Casa de las brujas.

-Hoy es Halloween- le dijo Catalina a Hera. Estaban en la cocina, preparando una tarta de frutillas. La mesa larga de madera estaba atestada de frascos de vidrio, los que usaban para rellenarlos de las pociones que luego vendían en la tienda. -Nosotras no festejamos Halloween sino Samhain, pero como vivimos en el hemisferio sur, lo celebramos en el otoño. Hoy nos corresponde Beltane, el inicio de la primavera, encenderemos el fuego del altar y bailaremos con nuestras coronas de flores.- Le explicó Hera.

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- Me lo explicas todos los años, quiero festejar Halloween aunque sea un año. ¿No podemos dejar Beltane solo por esta noche?-No entiendo por qué ignorar nuestras tradiciones que sí tienen sentido a celebrar algo que encima, se hace erróneamente y por los motivos equivocados.espetó Hera. Catalina bufó enojada y estuvo a punto de refutar cuando Artemisa entró en la cocina junto a Venus; una traía unas guirnaldas con figuras de fantasmas y calaveras, la otra una calabaza tallada. Hera abrió la boca como gesto de sorpresa: -¡Ustedes también!-Solo por esta noche, podemos comer dulces y mirar un par de películas de terror. Beltane se puede celebrar mañana. Por Cata.- le explicó Artemisa a su hermana mayor. -Por Cata- se sumó Venus. -¿Por Cata? Por lo menos, no se mientan y digan que a ustedes también les gusta este circo de Halloween.- Las mujeres se sonrieron con picardía. -Está bien, vamos a festejar Halloween- dijo Hera cansada.

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-¡¡Sí!!- exclamó alegre Catalina, era algo raro en ella, puesto que siempre tendía a la melancolía. - Pero lo vamos a hacer completo, nos vamos a disfrazar... ¡de brujas!Artemisa, Venus y Catalina miraron a Hera, respondiendo al unísono: -Somos brujas- Sí, lo sé pero la "gente normal" se disfraza de bruja y celebra Halloween. ¿Quieren hacer algo normal? Busquen sus sombreros en punta y las escobas de madera.Así lo hicieron, todas se pusieron un vestido: Hera usó uno azul marino con estrellas y lunas plateadas largo hasta los pies. Venus, uno rosado con tul que en las mangas parecía tener dos ramos de rosas. Artemisa que no era amiga de los vestidos, siempre usaba leggins o pantalones rasgados, con un estilo más rock, usó uno negro largo y lo acompaño con un collar con tachas en puntas. Catalina, se puso su favorito, se lo había regalado Hera para asistir a un cumpleaños de 15 de una compañera de curso, el año anterior, ya que no solía recibir invitaciones; era negro, largo, con transparencias arriba; en las

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mangas y los hombros. Tenía pequeñas estrellas color plata. Las cuatro se calzaron sus sombreros negros en punta, tomaron sus escobas de madera y se juntaron en la habitación de Hera, donde encendieron el televisor, que nunca usaban, pero que uno de los novios de Venus les había regalado para cuando se quedaba a dormir en la casa. -Tenemos dos películas: una es sobre un payaso que adopta la forma del miedo atormentando a unos niños, la otra sobre un payaso psicópata que sale a matar la noche de Halloween.- contó entusiasmada Catalina. -¿Las dos con payasos?- a Hera se le notaba el miedo en la voz. -Ay, tía, son películas de terror. Se supone que tenemos que sentir miedo.-Yo elijo la segunda opción- se plantó Artemisa. Cuando la película terminó las cuatro estaban con la boca abierta y el estómago cerrado, habían dejado de comer los caramelos y chocolates que había comprado Venus a los veinte minutos de metraje. El payaso y sus asesinatos salvajes y explícitos las había dejado totalmente asqueadas. El celular de 83


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Venus sonó con una melodía suave que las hizo literalmente, pegar un salto. -¿Hola?-

Cuando Hera y Artemisa llegaron al edificio en donde Vanina y el resto del equipo rodaban el cortometraje de terror para la tesis de la carrera, había dos ambulancias estacionadas y tres patrulleros. La directora de arte hablaba con uno de los oficiales. Los vecinos y los transeúntes curiosos observaban detrás de las vallas de seguridad. Artemisa le hizo señas a Vanina para que se acercara. -Fue horrible. Mató a dos compañeras, a la sonidista y a la camarógrafa, eran dos mujeres jóvenes con toda la vida por delante, muy inteligentes. Ese final...fue un baño de sangre.- Vanina se quebró en llanto. - ¿Dónde está el amuleto?- le preguntó Artemisa sin dar tantas vueltas. - ¿El dije con forma de llave?- Vanina sentía mucha culpa, ella no creía en magia ni similares, nunca se había cuestionado siquiera su propia fe, ahora 84


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estaba confundida ante tal desagradable y trágico evento. -Sí.- la cortó Artemisa - No debiste tomar ese amuleto estaba enterrado en el jardín por una razón, mi sobrina lo descubrió pero no sabía para qué servía. Hay que recuperarlo antes de que sea tarde.- Ella escapó con el dije puesto. Estaba irreconocible. Parecía...- no se animó a decirlo en voz alta pues su mente racional luchaba contra lo que habían visto sus ojos momentos atrás. ...poseída.- Esta poseída- le espetó Artemisa. -Artemisa ya está.- la retó Hera. -Necesitamos atraparlo.Vanina las miró azorada: -¿Es un él? ¿Es el diablo?Artemisa puso los ojos en blanco y le contestó de mala gana: -No, no es el diablo, pero en este caso, para que lo entiendas sí, podría ser el diablo. Estaba buscando esta oportunidad desde hace muchos años. Lo tuvimos atrapado durante tanto tiempo en nuestra cas...85


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-¡Nuestra casa!- gritó Hera y las dos brujas corrieron de vuelta al hogar, dejando a la pobre Vanina estupefacta, intentando procesar todo lo ocurrido, aunque no lo lograría, al menos no esa noche. Venus y Catalina se comían las uñas, estaban ambas en la cocina; la más joven sentada en una de las sillas de madera con los brazos apoyados en la mesa, la más grande apoyada sobre la mesada, al lado de la cocina, en donde calentaba agua en una pava para preparar un té que las tranquilizase a ambas. No volaba una mosca, sólo llegaba a lo lejos el sonido de un auto pasando por la calle, o los grillos cantando, afuera en el jardín que estaba más verde que nunca por la llegada de la primavera. -Mi deseo de festejar Halloween se hizo realidad.dijo en tono sombrío Catalina. -Esto no tiene nada que ver con...bueno, quizás no debiste abrir el cofre sin consultar antes.- trató de explicar Venus con diplomacia. -Pero tía, ustedes sabían y no me lo dijeron. Ese hombre estuvo encerrado en la habitación de la abuela desde que murió mamá.86


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-No es un hombre, es un ente, nunca fue humano. Él manipuló a Vesta, no sabemos sí también la enfermó. Es poderoso en el mal sentido de la palabra, es perverso y nosotras, no tenemos el conocimiento para luchar contra eso. La más fuerte era Vesta...Dos golpes fuertes en la puerta de entrada. -¡La abuela!- corrió Catalina a abrirle. Madame Petite se sintió aliviada al ver a su nieta sana y salva, se abrazaron y luego se sentaron alrededor de la gran mesa, en la cocina. Venus sirvió el té en las bonitas tazas de porcelana pintadas a mano. Ninguna hablaba, hay cosas que no pueden poner en palabras, que no se pueden explicar, solo pueden ser sentidas y las brujas lo saben. Venus recibió un mensaje de Hera, por el móvil. Las manos de la bruja empezaron a temblar. Su madre captó al instante lo que estaba a punto de ocurrir; sacó de su bolso su sombrero negro en punta y su varita blanca, tallada a mano por ella misma, fue hasta la puerta de entrada y empezó a sellar con símbolos, mientras murmuraba unas palabras. Catalina la seguía absorta con la mirada, ella lo sabía también. El Ente vendría detrás de ella, lo 87


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supo desde la primera vez pero no quiso reconocerlo. Eso era lo que Plutón le quería advertir en esas horribles pesadillas, esos seres amorfos grises fueron una advertencia. No se sentía preparada para enfrentarse a ese ser, el entrenamiento del libro de Neptuno no apuntaba a eso, no. No tenía herramientas para defenderse. Se sentía inútil, débil. Se arrepintió de su falta de astucia, de no haber prestado atención cuando estuvo en el retiro Bernadette, cuando cortó el contacto con sus compañeras brujas después del engaño, cuando no quiso aceptar la ayuda de Hera, ni la de Venus, ni la de Artemisa. Ella era una bruja, no podía huir de eso. Si tan solo lo hubiera aceptado antes, en lugar de evadirse durante tanto tiempo. ¿A qué le tenía miedo? ¿Al poder? ¿Al caos? ¿A la falta de control? o ¿A la pérdida de él? Catalina lo sabía, todas las fichas le cayeron como si se tratase de un gran domino. El viento frío soplaba con fuerza desde el sur, Hera y Artemisa llegaron corriendo contra él, intentando que los sombreros no salieran volando. Cuando doblaron la esquina lo vieron. Con el cuerpo 88


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usurpado de la actriz, la ropa hecha jirones, con grandes manchas de sangre, mirando con sus ojos amarillos, ojos de depredador, la casa de las brujas. La primera en encararlo fue Artemisa, impulsiva y temeraria: -¡Hey!El Ente dobló la cabeza en su dirección, de manera casi sobrenatural, todos sus movimientos no eran humanos. Su mirada penetrante despedía chispas, en una rara mezcla de ira y placer sexual. A la bruja le temblaban las piernas, contuvo el impulso de largarse a llorar y salir corriendo, se plantó frente al Ente y comenzó a buscar dentro de sí su poder interno. Un aura rojiza la envolvió, era su poder, podía sentirlo, sus puños se prendieron fuego y cuando estuvo lista, dirigió la energía hacía el Ente. Está lo golpeó, tirándolo al asfalto. Se levantó de un salto, corrió hacía Artemisa y le asestó una trompada en su mejilla izquierda. La bruja cayó hacia atrás, sobre la vereda de cemento. Cuando le quiso dar otra en el lado derecho, lo detuvo el brazo de Hera, que ahora estaba envuelta en un aura color verde, sus ojos, antes castaños, eran ahora verdes y refulgía con determinación intentando doblegar al 89


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perverso ser, buscando que retrocediera. Este ponía resistencia pero no hacía nada para separarse de las manos de la bruja. Cuando le sonrió mostrando los dientes, Hera salió despedida, cruzando la calle y golpeándose contra el poste de luz de madera. En ese preciso instante, Madame Petite salió de la casa apuntándole con su varita, a la altura de la boca. El aura de la bruja era de un violeta intenso. El infame soltó una carcajada, disfrutando cada segundo del encuentro. Había esperado tanto tiempo, encerrado en ese oscuro cuarto, planificando cada movimiento, cada jugada. Al fin ese día había llegado. Madame Petite asestó un rayo violáceo sobre el Ente que voló por los aires, logrando que se levante más fuerte, más sonriente, casi victorioso. En tres saltos cortos pero contundentes, estuvo encima de la bruja, quebrándose el tabique con un golpe seco de cabeza. La mujer quedó tirada, cerca del cordón de la vereda, sin poder respirar con normalidad, juntando fuerzas para reponerse. El ser se dirigió a la casa de las brujas, con paso decidido. Venus lo esperaba en la entrada con su paraguas rosado.

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- No vas a pasar.- le dijo con tono claro y alto. Estaba decidida. El Ente dudó pero avanzó a paso firme, caminó por el jardín delantero hasta el inicio de las escaleras, en donde estaba la bruja. Cuando subió el último escalón, Venus cerró y abrió el paraguas, despidiendo un rayo rosado que lanzó al infame al otro lado de la calle. La bruja bajó los escalones, cruzó el jardín y salió a la calle despidiendo un segundo rayo que lo volvió a tirar, antes de que pudiese enderezarse, después corrió hasta su madre para ayudarle a levantarse. Madame Petite estaba dolorida, Venus la arrastró hasta que logró sentarla en la vereda y apoyando su espalda contra uno de los poste de luz. -¿Venus?- Catalina salió de la casa que al ver el panorama, no pudo contener las lágrimas. -¡Al fin!- gritó el Ente y se lanzó en una carrera para atacar a la joven bruja. No lo logró, fue intercedido por Artemisa y Hera, que lo derribaron, una tomándole por las piernas, la otra por el torso. El ser quedó en el centro de la calle riéndose a carcajadas, como si estuviera desquiciado. Poco quedaban de los dulces rasgos de la actriz, el cuerpo mortal estaba corrompido; grandes surcos grises 91


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atravesaban la que antes había sido una piel fina y delicada. El pelo que antes fue sedoso, era ahora una maraña amarillenta, como si se tratara de las cerdas de una escoba vieja y descuidada. Las brujas hicieron un círculo con él quedando en el centro. Hera se puso en el norte, Artemisa en el este y Venus al oeste. Elevaron sus brazos al cielo, cerrando los ojos y respiraron profundo. A Hera la envolvió una luz verde, a Artemisa una luz roja y a Venus una luz rosa. Bajaron sus brazos a la altura de los hombros, intentando cerrar el círculo. -Nos falta una- dijo Artemisa y ocurrió el milagro; Vesta apareció ocupando su lugar al sur del círculo, con una luz celeste a su alrededor. Las tres hermanas quedaron boquiabiertas, tenían tanto miedo, se sentían tan inseguras que al verla dándoles apoyo, las hizo recuperar la confianza. Esto se notó en sus auras que tomaron un aspecto más claro y definido. La energía se podía sentir, el poder entraba y salía de sus cuerpos y sus mentes, haciendo figuras de color en el aire. El Ente se retorcía en el suelo, luchando por aferrarse al cuerpo de su víctima, tal cual una garrapata, succionando su vida con hambre voraz. Las brujas 92


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elevaron sus voces al infinito y lograron sacar al perverso del cuerpo de la actriz, quien quedó inconsciente sobre el frío cemento de la calle. Catalina se apuró a entrar al círculo para sacarla, tomándola por debajo de los brazos y arrastrándola hacia afuera, mientras sus tías continuaban concentradas en devolver al Ente a su mundo. Cuando la adolescente terminó su labor, el infame la tomó de los talones y la tiró de nuevo hacía el círculo, queriendo devorar su voluntad. Catalina luchó contra él pero todavía estaba muerta de miedo. -¡Serás mía! ¡Si no pude tener a tu madre, te tendré a ti!Las lágrimas corrieron por las mejillas de la joven, que iba perdiendo sus fuerzas frente a las de ese ser imponente que le gritaba con violencia, sacudiéndola para quebrar su voluntad. Hera le gritó a su sobrina: -Busca dentro, Cata, el poder verdadero está adentro, en las profundidades.Catalina cerró los ojos un segundo, que pareció durar mucho más. Cuando los abrió estaba sumergida en la oscuridad. A su alrededor estaba 93


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todo negro, en un silencio sepulcral, entonces sintió una presencia colosal que, al parpadear, apareció frente a ella. Lo reconocía de sus sueños y también de las tareas del colegio; era el planeta Plutón. Tan magnífico y extraordinario como se veía en fotografías, con su capa exterior formada por la mezcla de monóxido de carbono, metano y nitrógeno congelado que le brindaba tonalidades entre rojizas, amarillas, azul y plateada. No hizo falta hablar para que Catalina comprendiera; en sus visiones, quería advertirle de las intenciones del Ente, quería darle instrucciones para que aprendiera usar su poder interior. Por fin ocurrió, sintió el ardor de la energía dentro de sí y supo que estaba lista para vencer al demonio. Cuando cerró los ojos y los volvió a abrir, estaba frente al Ente, dentro del círculo comandado por sus tías y su madre, en la calle de su cuadra, frente a la casa en la que vivió siempre, vio a su abuela apoyada sobre el poste de madera, mirándola sonriendo, expresándole que estaba lista y que no había nada que temer. Catalina acumuló su energía, llenándose de un calor que recorrió cada recoveco de su cuerpo y de su mente. Cuando estuvo lista lo 94


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desplegó contra el Ente, era una llama dorada que lo calcinó y lo envió de vuelta a donde pertenecía. Con la mente buscó el amuleto que todavía reposaba colgado del cuello de la actriz, lo atrajo hacia ella con la mirada y cuando estuvo en el centro del círculo, lo pulverizó. La energía cesó y Hera, Artemisa y Venus, cayeron al suelo, cansadas. Catalina quedó de pie frente al espectro de su madre. Con los labios se dijeron "Te amo" y las dos sabían que el amor es un lazo que la muerte no destruye, que entra y sale sin control, que nos hace más fuertes y confiados. Vesta se despidió de su madre, susurrando algo al oído que las demás no alcanzaron a escuchar pese a sus esfuerzos. La actriz empezó a despabilarse y Venus la abrazó: - Ya terminó, te vamos a cuidar.La tienda permaneció cerrada dos días con un cartel en la puerta: Cerrado por duelo. Las brujas permanecieron en reposo, hidratándose para recuperar las fuerzas. Atendieron a la actriz y consiguieron una abogada, pues todavía iba a tener que responder frente a la policía por los asesinatos. Nadie iba a creer lo del Ente pero podían buscar la

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manera para que no fuera a la cárcel o pagar una condena menor. Madame Petite no volvió a vivir con sus hijas pero sanó su disputa con Hera, iba todas las semanas a visitarlas y los jueves le daba clases de cocina a Catalina, quien, finalmente, aceptó su condición de bruja. Se dio cuenta de que sus talentos eran herramientas que podía usar con utilidad, en lugar de vivirlos como una carga. Venus anunció que estaba de novia y que planeaba pronto, irse a vivir con él. Sus hermanas al principio estaban escépticas hasta que se dieron cuenta de que la relación iba en serio y le desearon lo mejor. Festejaron todas juntas Beltane, en el jardín, con sus coronas de flores encendiendo las fogatas, quemando el dolor del pasado, respirando el presente y construyendo el futuro.

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SEGUNDA PARTE

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Capítulo 7

El novio

Soplaba el frío viento en la ciudad de Buenos Aires. En la televisión y en la radio anunciaban cinco muertes de personas en situaciones de calle a causa de las bajas temperaturas. Hera caminaba por la calle Corrientes del centro porteño, el abrigo púrpura que llevaba, herencia de su bisabuela, no impedía que los dientes castañearan. Se llevó la mano al cuello para ajustar la bufanda negra tejida a mano por su hermana Artemisa, años atrás, en alguno de sus impulsos marciales en donde se auto imponía hacer algo nuevo. Estaba preocupada por Venus, hacía seis meses que convive con su novio pero hace una semana que no recibía ni un mensaje, comportamiento extraño en ella. Vivía ahora en la ciudad, en un edificio decadente, en un departamento de dos ambientes en planta baja. Como era bruja, confiaba en su intuición, sabía que algo pasaba pero no podía definir con claridad qué. 99


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Había persuadido a su sobrina para que usara sus dones, pero Catalina le salió con un discurso sobre la libertad individual y el derecho de una mujer de compartir su intimidad con su familia. Para Hera, cosas de adolescentes. Las brujas que escuchaban su voz interior sabían o deberían saber, separar los deseos del ego de los asuntos importantes, que son aquellos que no se pueden controlar. El sol se ocultaba tras gruesas nubes mientras se internaba en la calle Uruguay, un poco más desierta que la avenida. Al llegar a la entrada del viejo edificio con problemas de humedad, muy descuidado y descolorido por el paso del tiempo, presionó el timbre aguardando la respuesta de su hermana menor. El corazón le latía con fuerza, eso indicaba que su aguda intuición le avisaba que algo iba mal. La expresión facial de Hera debió de ser de auténtico terror para que los cartoneros que revisaba la basura de la mano de enfrente la miraran atónitos. - Señora ¿Se encuentra bien?Hera tardó en reaccionar pero con una leve sonrisa les agradeció el gesto. Se oyó el click del

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comunicador y una voz femenina conocida pero muy apagada, preguntó qué quería. -¡¿Venus?! Soy Hera, abrime.Silencio sepulcral. Otra vez el click del comunicador. Hera aguardó el segundo más eterno de su vida. Finalmente lo que sonó fue la puerta y Hera pudo entrar en el lugar. Caminó por el oscuro pasillo hasta la última puerta, lo que ahora era el hogar de su hermana. La puerta del departamento estaba levemente abierta. Las pulsaciones subieron y avanzó con cautela. La sala de estar con la cocina era un desastre, todo desparramado, ropa tirada por el suelo, sobre los muebles. Un olor nauseabundo inundaba el ambiente y las ventanas estaban tapiadas desde adentro. Hera buscó el interruptor aunque cuando encendió la luz no hubo gran diferencia. Avanzó por el lugar hasta el dormitorio, Venus se encontraba hecha un bollito, sentada sobre el piso con los pies descalzos y el pelo revuelto. A Hera se le encogió el corazón y corrió a abrazar a su hermana. Nunca la vio en un estado tan deplorable. Como pudo la tomó entre sus brazos para llevarla a la cama. 101


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-¡No!- aulló Venus. Hera pensó que estaría lastimada y sin querer le había tocado la herida. -Al dormitorio no- susurró con firmeza. La hermana mayor dudo un segundo de la cordura de su hermana, la llevó hacia la sala de estar para recostarla en el sillón. -Quédate acá- le dijo con ternura y se dirigió sola hacía la habitación. Definitivamente el olor a podrido provenía de allí. Hera temió lo peor. Cuando encendió la luz, sobre la cama de dos plazas había algo en estado de putrefacción. Pensó en un perro pero aquello no tenía cuatro patas, ni cabeza. Era algo deforme, algo que en ese estado era difícil de reconocer. Miro alrededor pero no vio ningún había rastro del novio. Le sacó una foto con el móvil y se lo mandó a Artemisa para que averiguara qué era mientras ella intentaba poner a Venus en condiciones. Tomó un par de prendas abrigadas del ropero, cerró la habitación con llave y ordenó como pudo la sala de estar mientras calentaba agua para un té. Su hermana tiritaba de frío. Después de beber la infusión, se quedó dormida y Hera aprovechó para ir a la farmacia a comprar un termómetro y una 102


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aspirina. No estaba de acuerdo con la ingesta de químicos, prefería preparar un brebaje ella misma pero allí no había nada, ningún tipo de hierbas. ¿A dónde habían ido a parar los instrumentos de bruja? Es como si ese departamento no fuera la nueva casa de su hermana. Era la casa de una desconocida. ¿Todo esto en menos de siete días? ¿Cómo era posible? Controló sus pensamientos para ocuparse de la prioridad. Cuando volvió de la calle, Venus seguía dormida, le puso el termómetro debajo de la axila cuando el móvil sonó. Era una llamada entrante de Artemisa. -¡¿Qué le hizo?! ¡Yo sé que fue él! ¡Lo voy a matar!-Artemisa, con esos gritos no ayudas a nadie. Necesito que controles tu temperamento y me ayudes a trasladar a Venus. ¿Tenes algún amigo con auto?En menos de una hora Cristian las esperaba con su Fiat Cronos azul.

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-Soy amigo de Artemisa- se presentó. Juntos cargaron a Venus hasta el asiento trasero y salieron de allí como rata por tirante. Al llegar a la casa familiar, a unos veintiocho kilómetros del centro de la ciudad, recostaron a Venus en la cama de Hera, preparada por Artemisa en la planta baja. Catalina se encontraba en la escuela, cursaba su último año de secundaria. No estaba desayunada de los recientes acontecimientos. Ya sentados los tres en la mesa de madera de la cocina comedor, husmearon el libro que Artemisa dejó abierto de par en par en donde había una ilustración de una ofrenda, muy similar a lo que Hera vio en la cama de Venus y su novio. -¿Qué es?- Quiso saber Cristian. Hera lo miró con desconfianza, no le gustaban los intrusos y menos ante situaciones raras. Como bruja era lógico tener reservas, Artemisa solía ser muy abierta y no medía consecuencias cuando entablaba vínculos con los de afuera. Cristian se veía joven pero tenía un aire solemne que la hizo sospechar que tenía más edad de la que aparentaba.

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-Es un conjuro de magia negra que se utiliza para invocar a una entidad del bajo astral.-Pensé que la magia no era ni blanca, ni negra.- dijo Cristian con asombro. Hera volvió a mirarlo. ¿Cuanta información le habría dado Artemisa? - La magia no tiene color pero las personas sí. O al menos hace siglos así lo creían. La magia negra tiene que ver con hacer el mal. La blanca con hacer el bien y la roja con el sexo.- Es un poco más complejo que eso- acotó Hera Pero como no viene al caso, está... aceptableArtemisa puso los ojos en blanco. Detestaba cuando su hermana se ponía en esa postura de maestra ciruela. -Ustedes que la conocen ¿Creen que fue contra Venus? Quizás el novio estaba metido en algo raro...La hipótesis de Cristian podría tener algo de verdad porque conociendo a la rosada Venus y sus pociones para el amor y la armonía, era prácticamente imposible que se pusiera hacer algo así. Si bien no era la peor magia negra del mundo, no era algo sencillo, ni muy suave tampoco. 105


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-Podría ser ¿En dónde está el novio?- gruñó Artemisa. Hera negó con la cabeza mientras visualizaba "eso" pudriéndose sobre las sábanas de seda. -Vamos a buscarlo.- Sentenció. Para cuando el sol empezó a bajar, Venus ya había despertado aunque no había podido hablar con claridad. No tenía fiebre y si bien no le dolía nada, parecía anemia. La llevarían a una guardia para que le hicieran análisis de sangre. En paralelo, Catalina regresó de la escuela y se enteró de lo ocurrido. Necesitan de ella y sus habilidades para encontrar al novio desaparecido, quién sabe dónde. -Ni hablar. No te voy a poner a correr ese riesgo. No estamos seguras de nada.- le dijo Hera a su sobrina. - Al seguro se lo llevaron preso, tía. Yo puedo ayudar, sabes que con mis habilidades de médium puedo encontrarlo más rápido.-Más rápido no es más seguro. Las prisas no son buenas consejeras.- replicó Hera. -Qué tontería, eso es porque todavía no confías en mí. Después de todo lo que pasó.- Catalina se quedó al lado de Venus tomándole la mano hasta que se la 106


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llevaron al hospital para hacerle análisis en el auto de Cristian. Cuando se quedó sola en la vieja casa familiar, sabía a la perfección lo que tenía que hacer. Lo había hecho en el pasado y ahora se sentía más segura. Fue derecho al baño del primer piso, llenó la bañera con agua tibia a la cual roció con sales y minerales invocando protección. Descalza se metió dentro, sentada, mojada hasta la barriga. Sus ojos se pusieron en blanco, ahora no veía nada de este mundo pero tenía acceso al otro, al más allá. El más allá es lo más parecido a un sueño. Uno sabe que está vivo pero la realidad es difusa y los límites no están claros. La intuición está afilada, uno sabe cosas sin ningún tipo de lógica o razón. Reconoce quién lleva máscara y quién es auténtico. -Yo te invoco Neptuno para que levantes el velo de la mentira y el engaño se termine.- Pronunció con voz alta y clara mientras la acompañaba un sentimiento de certeza. Ingresó a lo que parecía una calle de la ciudad, todo estaba cubierto por una neblina densa. Las sombras de los transeúntes que caminaban por las veredas 107


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murmuraban palabras ininteligibles. Catalina caminó alerta guiándose por su intuición, haciendo caso omiso de lo que sus ojos y oídos podían detectar. Estos sentidos en el más allá son fatalmente influenciables por fuerzas oscuras. Entonces divisó con su olfato un olor a podrido que le dio arcadas. Aunque sabía que era como un sueño, el hedor estaba dentro de él, no en la realidad de su baño en donde se encontraba ahora su cuerpo en trance. El edificio de dónde provenía se encontraba deteriorado, como si fueran las ruinas de lo que alguna vez fue. Tenía la certeza, a pesar de no conocerlo en persona, que allí, en la planta baja, su tía Venus convive con su pareja. Si bien su tía Hera no había dado detalles sobre lo encontrado en la habitación, ella sabía que algo maligno acechaba en un rincón de esas cuatro paredes. - Maleficio- dijo en voz alta. Cuando se acercó a la puerta principal una fuerza siniestra la empujó hacia fuera, bloqueando el paso. La pestilencia se hizo más pronunciada al punto de que no la dejaba respirar. Tuvo que interrumpir el

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trance, abrió los ojos y vomitó sobre la alfombra de baño. Venus quedó internada, estaba anímica y deshidratada. Artemisa se quedó a cuidarla, mientras Hera volvía del hospital con Cristian. Al entrar en la casa, Catalina esperó paciente a que Hera se fuese a bañar para poder hablar a solas con él. -Necesito que guardes silencio y me ayudes. Tengo que ver el edificio.El hombre alzó los brazos para defenderse. -No me quiero meter en problemas, sos menor de edad. Tu tía me mata si te pasa algo.La adolescente sabía que sus razones eran válidas por lo que tuvo que pensar en otro plan. La excusa del colegio y sus aburridos trabajos prácticos era la opción segura, aunque debería esperar al día siguiente para que fuese más creíble. Cuando Hera salió del baño con uno de sus largos vestidos oscuros, preparó té para los tres. -Cristian, estamos muy agradecidas por tu ayuda, podes irte a tu casa cuando gustes.-

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Él quiso protestar y decir que ya estaba involucrado pero ella no lo dejó hablar: -Catalina, voy a ir al hospital así pasó la noche con Venus y Artemisa puede venir a descansar. Necesito que vayas a la escuela mañana y vemos si la visitas después de clase. Antes que digas nada, no estoy de humor para discutir.La adolescente sabía que tenía que fingir estar enojada pero le venía al pelo para faltar al colegio y continuar con su idea. A la mañana siguiente, Artemisa todavía dormía cuando Catalina salió con su mochila y el uniforme para viajar a la ciudad. Se tomó el tren hasta Belgrano y de ahí el subte D hasta Callao en donde caminó varias cuadras hasta el deteriorado y apestoso edificio en cuestión. Había tomado la llave de su tía y cuando se disponía abrir la puerta de entrada, unas manos la tomaron por los hombros y la jalaron hacia atrás. Catalina ahogó un grito y suspiró aliviada cuando vio que era Cristian: -¿Qué haces acá?-Te dije que tu tía me mata si te pasa algo. Yo también fui adolescente.-

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-¿Te viniste hasta acá solo porque tenías la sospecha?- preguntó ingenua la adolescente. -Tuve que hacer un trámite por trabajo acá cerca y aproveché. Yo también quiero ver que encontraron.Ambos entraron, caminaron por el pasillo de la planta baja hasta el último departamento. Tuvieron que taparse la nariz con las mangas, el olor a fétido iba empeorando. Era extraño que ningún vecino hubiera protestado aún. Cristian abrió la puerta del dormitorio con el pie, no quería tocar nada con sus manos. El pedazo de quién sabe qué seguía sobre la cama, negros con moscas empollando sus bebés en él. Catalina apretó el interruptor de la luz pero la lamparita estaba quemada. "Con la energía nefasta que hay en este lugar no me extraña que todo se queme o se rompa" pensó para sí misma. Sacó su móvil que tenía linterna y comenzaron a revisar los cajones de las mesitas que ocupaban su lugar a cada lado de la cama. No había nada fuera de lo normal, eso lo pareció muy raro ya que su tía era bruja y era común tener amuletos de protección 111


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bajo la almohada, bajo el colchón, sobre la cabecera o en su defecto, en el cajón. Siempre estaban cerca. Tampoco vio ningún atrapa sueños. ¿Qué estaba pasando? Cristian abrió las puertas del placard de madera, a simple vista solo se veían perchas con ropa de hombre y mujer, nada extraño, pero cuando golpeó la pared del fondo porque tropezó sin querer, con una bufanda tirada en el piso, se dio cuenta que era un fondo falso. -Acá hay algo.Catalina alumbró el lugar señalado y el hombre intentó buscar algo para abrirlo. Fue más maña que fuerza, con unos leves golpecitos el fondo de madera cedió dejando paso a una abertura en la pared que daba a un túnel subterráneo. -Tendríamos que llamar a la policía- la voz de Cristian detonaba miedo. -La policía se ocupa de asuntos de gente común, no se meten en cosas de brujas.Catalina lo sabía muy bien, todo el altercado del Halloween del año pasado había sido un golpe de realidad cuando sus hermanas y la abogada tuvieron que disfrazar los hechos para dejar a la 112


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Justicia tranquila. Nadie quería creer, todo quedaba resumido al famoso dicho: Las brujas no existen pero que las hay, las hay. -Entonces tendríamos que avisar a tus tías.- pidió Cristian, casi como súplica. -Mis tías están ocupándose de la recuperación de Venus. Esto corre por nuestra cuenta.Cristian utilizó la escasa señal de wifi que tenía su móvil para programar un mensaje con la dirección, la explicación, en caso de que no salieran con vida o lo que fuera. Si en media hora no cancelaba el mensaje, este se enviará automáticamente al número de Artemisa. -Ahora sí, vamos.Y los dos bajaron despacio por el túnel, solo usando la luz de la linterna. En el hospital, Venus abrió los ojos, se incorporó y gritó: -¡Catalina!Catalina y Cristian caminaron varios metros, el mal olor había quedado atrás y lo que sentían ahora era la humedad que se les colaba por los huesos. Una 113


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leve luz se veía a lo lejos, sus pulsaciones se aceleraron y se arrimaron el uno al otro buscando protección. La adolescente recitó en un murmullo oraciones de protección, fuerza y valor y visualizó un halo de luz blanca envolviendo tanto a Cristian como a ella. Se oyó un ruido seco, de algo que cayó sobre el suelo y ambos se sobresaltaron. Sin darse cuenta habían acelerado el paso, al encuentro del misterio que los aguardaba metros adelante. Al llegar se toparon con una pared de ladrillos en donde parecía finalizar el túnel. Entre los ladrillos había velas encendidas, algunos símbolos extraños que Catalina no reconocía, los huesos de una paloma y la foto de Venus con los ojos tachados y una palabra escrita sobre sus labios. Cristian le sacó varias fotos cuando sonó la alarma del móvil. -¡Mierda! Ya pasó más de media hora. El mensaje se debe haber enviado a Artemisa.-No hay Internet acá abajo.- masculló Catalina. -Lo programé desde mi correo electrónico, no es necesario que mi móvil tenga Internet.La adolescente puso los ojos en blanco y los dos corrieron a la salida, ya tenían material que 114


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investigar. Cuando llegaron, la misma estaba cerrada. Por más fuerza que hicieron no podían escapar, estaban atrapados. La única esperanza ahora estaba en manos de Artemisa. -¡¿Qué?!- gritó enojada Hera. Su sobrina lo había vuelto a hacer. Se sentía decepcionada otra vez. Con razón no había puesto resistencia cuando la mandó a clase, claro, era esto lo que planeaba. Si no hubiera estado preocupada con Venus, se lo habría visto venir. -Yo me encargo- dijo Artemisa. -No podes ir sola, es muy peligroso. Voy a llamar a mamá para que cuide a Venus. Me va a matar otra vez por no contarle todo desde el principio.- Se agarró la cabeza preocupada. Madame Petite detestaba que no la hicieran parte cuando estaban en apuros. Se tendría que aguantar los retos de su madre a pesar de la edad. Cosas de todos, no sólo de brujas. Cristian estaba pálido, no sabía que tenía claustrofobia, jamás había quedado encerrado en ningún lugar. Catalina intentó hacerle imposición de 115


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manos para ayudarlo a respirar y mantener la calma. Miró la pantalla de su celular que marcaba baja batería; el encierro había durado poco más de dos horas. Un golpe sordo al otro lado la sacó de su ensoñación. Cristian se abalanzó a la salida como si fuera la primera vez en mucho tiempo que respiraba. La luz de una linterna los iluminó, allí estaban sus dos tías listas al rescate. Catalina salió del túnel con la mirada baja, sabía lo que se venía: si Madame Petite retaba a Hera, Hera retaba a Catalina, era la rueda de siempre. Artemisa le dio una cachetada a Cristian. Tía y sobrina se miraron, estaban acostumbradas a su carácter impulsivo. Rojo de la vergüenza el hombre salió de las instalaciones con el rabo entre las patas. La adolescente estaría castigada durante dos semanas sin acceso a Internet y tendría que ayudar con los quehaceres de la casa sin excusas. Tras dos días internada, Venus comenzó a mejorar y volvió a la casa familiar. Aún faltaba que hablara y explicara qué pasó esa semana en donde estuvo incomunicada. Las hermanas limpiaron el departamento y congelaron lo que no tenía nombre, 116


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lo necesitaban como evidencia y para descubrir qué era. El altar fue exhumado y el maleficio revertido. El novio seguía sin aparecer aunque la sospecha que cobraba fuerza era que no lo volverían a ver. ¿Quién podría querer hacerle daño a Venus? O... ¿Ella sería sólo un mensaje? Preguntas sin respuestas. Tendrían que dejar el rol pasivo y empezar a investigar en la comunidad de brujas, esto merecía toda la atención.

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Capítulo 8

Bernardette

Isis Astarte Diana Hecate Demeter Kali Innana El bosque espectral hincaba sus raíces en el lugar más profundo de la tierra hasta fundirse con la negrura del cielo. El cántico de las hermanas caídas inundaba la fría noche otoñal con un aroma que embargaba las fosas nasales de todas las presentes. Unidas eran fuertes. Divididas estaban destinadas a perder. La naturaleza no perdona a aquellos que rompen el balance. Todo tiene su lugar y su tiempo. Isis Astarte Diana Hecate Demeter Kali Innana Parecía un cuadro lúgubre con las hojas amarillas cubriendo gran parte del suelo. Las amplias túnicas oscuras las arrastraban en plena procesión. Las siluetas se movían en silencio entre los árboles ignorando el crujido de las ramitas bajo sus pies. El foco estaba en las voces, sus voces, las de las que ya 118


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no están. Los grillos no cantaban, los mosquitos huían. No había ningún animal cerca. Era la luna nueva, se manejan energías de alta intensidad. Habían conjurado y no había marcha atrás. Lo hecho, hecho está.

Hera debió alquilar un auto para recorrer los setecientos kilómetros que la separaban del complejo Bernardette. Dejó la contabilidad de la tienda en manos de su hermana menor. Catalina le pidió acompañarla pero las clases habían comenzado ya y no podía faltar a la escuela. Venus presentaba una mejoría bien marcada, había empezado a trabajar con las infusiones otra vez. Eso para su familia era sinónimo de recuperación clave, era archiconocido el amor de la bruja por el té. Hera armó su pequeña valija con ayuda de su sobrina, llevaba poca ropa, no pensaba quedarse demás. Partió un sábado temprano tras despedirse de todas la noche anterior. Habían organizado una cena como preludio al ritual de protección. No sabían qué 119


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peligros acechaban en el complejo, el novio de Venus no aparecía y la investigación no había avanzado mucho. Debía ir con cautela. Cargó combustible antes de salir de la ciudad de Buenos Aires. La autopista estaba tranquila, así era más fácil conducir algo que ya de por sí no le agradaba a Hera. Tras un largo recorrido, frenó en un local de comidas para recargar batería. El café de ese lugar era espirituoso. Las nubes que escondían al sol iban poco a poco desapareciendo para dar paso al celeste de la mañana. Cerca del mediodía Hera llegó a Bernardette. El viejo portón de hierro forjado estaba abierto de par en par dejando piedra libre para el camino asfaltado que conducía a la vieja mansión que ahora servía a las brujas. Originalmente había sido construida por una familia de la aristocracia argentina que la usaba ocasionalmente para descansar o huir de la fiebre amarilla que terminó con sus vidas en el año 1871. Después de años de abandono y ostracismo, un empresario conocido la compró por muy poco, la restauró manteniendo la fachada original, pero un 120


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golpe a sus finanzas lo lanzó al abismo y acabó con su propia vida en uno de los dormitorios de la planta alta, atando una soga a las vigas del techo. Es entonces cuando apareció Olga Bernardette, una madama de la ciudad que había enviudado joven y hecho su propia riqueza con el burdel. El secreto detrás es que utilizaba la casona para albergar a mujeres desgraciadas; madres solteras, separadas, huérfanas, pobres o que huían de sus maridos violentos. Una noche invernal una joven tocó a la puerta suplicando por un plato de comida y un lugar cálido para recuperarse del frío. Olga le dio un lugar sin dudarlo, ofreciendo trabajo a cambio de alimento. Lo que Bernardette no sabía es que era un verdadera bruja y así como ocurrió en el cuento de 'La bella y la bestia' con la hechicera que maldijo al príncipe malcriado, está mujer invocó a la Gran Diosa para que la bendiga por tanta generosidad innata. Así fue. Así ocurrió. La abundancia llegó a sus vidas y en primavera todas empezaron a trabajar la tierra mientras tenían sus propios animales. La bruja les enseñó a comulgar con la naturaleza iniciándose en 121


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las artes esotéricas, educando a las más pequeñas en el credo de la Diosa. Algunas prosperaron tanto que decidieron irse para transitar un camino en solitario, otras vivieron y murieron allí como Olga, a quien le siguen rindiendo tributo cada año que pasa desde entonces. En su honor, el complejo lleva su apellido que era el de su madre soltera. Hera entró en la casona por la puerta principal, recorrió la sala de estar y la biblioteca, pero no encontró a ninguna bruja. Luego se dirigió a la cocina de donde provenían sonidos de la cuchilla cortando vegetales y saludó a su vieja amiga Florencia alias 'Madame Dolly'. La mujer había pasado ya la cuaresma y su pelo claro dejaba ver sus canas con orgullo. El abrazo entre las dos fue inevitable y pronto los recuerdos afloraron como lágrimas que recorrieron las mejillas de ambas. Tantos años habían transcurrido desde la última vez que se vieron aunque tenían la sensación de haberse separado tan sólo hace unas horas. El lugar era muy amplio con ventanales que daban al verde jardín con parte de la huerta. Una mesa de 122


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algarrobo atravesaba el espacio conteniendo pilas de verduras para picar. Sobre la pared del fondo estaba el horno a gas, la bacha y la puerta a la cámara de refrigerios construida hace décadas. Dos finas arañas colgaban del techo, gentileza del dueño anterior. Hera habló sin tapujos poniendo al tanto de lo ocurrido a su amiga quien no dudó en prestar su ayuda tan pronto como la necesitase. "Pasan cosas raras" fueron la exactas palabras utilizadas por Florencia en referencia a los últimos acontecimientos en Bernardette, pero fue interrumpida por Madame Fresa, una bruja de unos cuarenta y tantos años sin sentido del humor con pésimo gusto para la comida. Ya habían tenido varias disputas por temas dispares así que la relación entre ellas era notablemente tensa. Hera se presentó a Madame Fresa solicitando una reunión con la comitiva para ponerlas al tanto del sentido de su visita. La bruja accedió pidiendo esperar a la tarde, una vez finalizada la clase.

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Artemisa parecía una fiera enjaulada caminando de un lado a otro mientras bufaba. Catalina realizaba los ejercicios de matemáticas para el colegio de muy mal humor, primero porque no pudo acompañar a su tía, segundo porque su otra tía estaba insoportable y su tercera tía, Venus, estaba con un brote de inspiración usando toda la cocina comedor para uno de sus experimentos. La mezcla de aromas que había en la casa activaba el sexto sentido de la bruja más joven impidiendo la concentración en su tarea. -Querida, tenes escritorio en tu cuarto- le sugirió Venus quien no dejaba quieta sus manos probando sabores y tomando notas para su recetario. Catalina la miró con mala cara y metió la nariz en el libro otra vez. -Huelo algo turbio- dijo Artemisa enérgicamente. -Espero que no te refieras a mis infusiones creativas- le sonrió Venus pero pronto captó que el horno no estaba para bollos. -¿Por qué no les preparo...?-¡No!- gritaron al unísono Catalina y Artemisa. -No iba a decir te, iba a decir galletitas de avenaHubo una pausa, un suspiro y al mismo tiempo: 124


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-¡Sí!Finalizada la reunión, Hera fue conducida hasta la habitación de huéspedes que contaba con dos camas de plaza y media. Como era la única visita por el momento no tendría que compartir el espacio y contaría con privacidad suficiente para atender el asunto. Así lo llamarían de ahora en más 'el asunto'. Por la noche, Florencia y Hera tomaron una copa de coñac sentadas en el jardín circular ubicado en la parte trasera de la casona con vista a la huerta y al cielo estrellado que ya dejaba ver una incipiente luna. Los perros de Bernardette, Cajún y Febo ya dormían plácidamente junto a sus dueñas, pero los gatos Osiris, Anubis y Thot recién se habían levantado hace par horas por lo que jugaban mientras buscaban presas que cazar. Florencia o Madame Dolly como la conocían las estudiantes, le confesó que había una adolescente en particular que tenía por momentos un semblante siniestro. Hera recordó el episodio con Catalina en donde la usaron como canal sin siquiera preguntarle. En ese entonces se enfocó en contener 125


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a su sobrina y poco investigó sobre la que ideó el plan. El nombre de la chica era Anastasia, tenía una fuerte influencia sobre sus compañeras a las que muchas veces les ordenaba que hicieran tareas por ella. -Tuvimos que bajarle los humos- confesó la cocinera. -¿No fue ella quien...?-Sí, claro, convenció a las otras de realizar el ritual para hablar los difuntos sin usar el consentimiento de tu sobrina. Esa vez estuvo castigada pero hubo otros episodios en el medio. Las otras creen que estoy siendo desmedida y que le tomé idea pero a mí no me gusta. Un halo oscuro hay a su alrededor, está en algo aunque no puedo percibir quéAunque era tarde, Hera llamó a Artemisa para pasarle las novedades y pedirle que hablara por la mañana con Catalina. Cualquier información sobre la adolescente les podía servir. Habría que proseguir con cautela eso sí, ya que se trataba de una menor de edad y las brujas no estaban exentas de las leyes del país en el que habitaban pero aún así no podían quedarse con la duda. 126


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En Bernardette reinaba el silencio, incluso los gatos dormían cada uno en un sillón distinto de la vieja biblioteca. Hera despertó agitada de una pesadilla en donde Catalina le gritaba que despierte, que el momento era ahora. La bruja se levantó de la cama para vestirse rápidamente y salir al encuentro. Era sabido que las brujas se comunicaban en sueños, pues estos no son meras fantasías que se esconden en lo profundo del inconsciente sino conductos a mundos invisibles. Sintió el frío del exterior como un golpe. Atravesó el patio de adoquines hacía la huerta. A lo lejos diviso un grupo de personas que no eran otras que las adolescentes en cuestión. No llegaba a verles los rostros porque traían capas oscuras pero estaba segura. La embargó un miedo repentino, no traía nada consigo para protegerse. Ningún talismán, ningún amuleto. Avanzo sin mirar atrás intentando ignorar los malos pensamientos que le asaltaban la mente llenándola de dudas. Las adolescentes desaparecieron entre los árboles. 127


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Hera oyó una voz dentro de su cabeza "yo te protejo”. ¡Su sobrina que se encontraba a más de setecientos kilómetros de distancia y ahora estaba conectada a ella! A Hera se le infló el pecho de orgullo y siguió adelante con cautela hasta internarse en el bosque. No había sonido más que el de sus propios pasos y respiración. Su corazón golpeaba con fuerza. No recordaba la última vez que había sentido este nivel de miedo, ni siquiera cuando se enfrentaron todas juntas al Ente, pues tenía una idea aproximada y mucha fe en el poder de sus hermanas. Esto era distinto, se sentía amenazada pero no podía distinguir a su enemigo, corría con desventaja. Algo entre los troncos de los árboles se movía a gran velocidad, como una sombra que iba y venía. Hera supo que querían acorralarla, posiblemente para que quedara en el centro de un círculo ritual. Intentó concentrarse a pesar del miedo latente para transmitirle esto a su sobrina mientras hacía símbolos en las palmas de sus manos invocando a las diosas.

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-Isis señora de las estrellas. Astarte dama del amor.pronunció las palabras casi en un susurro. La sombra se hizo más densa. Hera pudo distinguirla mientras iba de un lado al otro aunque seguía sin reconocer la silueta. -Diana protectora de las pobres y ausentes.El sonido de una rama quebrándose bajo el peso de unos pies la hizo girar sobre sí. Llegó a ver la capa oscura justo antes de ocultarse detrás de un tronco. -Hécate guíanos en la oscuridad.- pronunció la oración con más seguridad y la voz de Catalina en su cabeza la secundo. Ya eran un dúo. -Deméter únenos con nuestra Madre tierra.- y se agachó para apoyar ambas palmas de las manos sobre el suelo de tierra fría. Algo similar a la electricidad recorrió sus manos para avanzar sobre sus brazos copando toda la caja torácica, era como si una fuerza la sacudiera desde las entrañas. -Kali destruye nuestros temores.Detrás de Hera las adolescentes se agrupaban con sus rostros cubiertos por la sombra a la que le rendían pleitesía. -Innana enséñanos a amar.129


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Hera se incorporó, alzó las manos con las palmas hacia fuera y se dio vuelta para enfrentar al coven. Sus manos se habían convertido en dos catalizadores de luz. Algunas brujas se taparon el rostro con sus brazos, otras utilizaron las largas capas, todas gemían de dolor. La luz les provocaba ardor. -¡Detente!- gritó una voz femenina distorsionada. Hera bajó las manos y apuntó con ellas al suelo. El grupo se abrió y Anastasia salió a su encuentro descubriéndose la cara para mirarla a los ojos. -Catalina, nos volvemos a encontrar. Aquí conmigoSe señaló el pecho - hay alguien que te extraña y que quiere volver a verte.-

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Capítulo 9

Espectros

Es él, ha vuelto por mí. Un desgarro atravesó el cuerpo de Catalina. Como un ex novio violento que vuelve a tomar revancha, el Ente una vez más irrumpía en su vida. Un chasquido la hizo reaccionar, había perdido la conexión con Hera. Volvió a concentrarse. Nada. Lo intentó una vez más pero tampoco funcionó. Catalina estaba recostada sobre su cama, en las manos tenía uno de los cristales de Hera, invocando todavía las oraciones sintió como la temperatura bajó gradualmente en la pequeña habitación cerrada. Si bien el otoño era una estación fresca, en Buenos Aires solía haber temperaturas cálidas a esa altura del año. Inmediatamente se dio cuenta que no se correspondía con el clima sino con una presencia del más allá. Alguien quería contactarla. Por un momento se le iluminó el rostro soñando con ver a su madre otra vez.

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Una figura masculina etérea de un color grisáceo se hizo presente, flotaba entre el escritorio de madera y la cama. Catalina tardó en reconocerlo, era el novio de Venus. -Osvaldo - susurró la bruja. Entonces estaba muerto aunque sus tías estaban seguras de que fue él quien realizó el conjuro contra Venus. Como si le hubiera leído el pensamiento, Osvaldo intentó comunicarse telepáticamente aunque estaba muy débil. “Fui yo” le transmitió a Catalina, quien se había sentado en la cama acariciando el cristal con fuerza. “Por plata”. Dinero, que básico, vendió a su tía más dulce por dinero. “No creía que fuera a funcionar.” Catalina no tenía intenciones de seguir perdiendo el tiempo con ese traidor, tenía que advertir a Hera… “Es tarde.” ¿Qué quería decir? Su tía era una bruja fuerte, no podrían detenerla fácilmente. “Sangre.”

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Imágenes sangrientas se agolparon en la mente de Catalina. Bernardette. Perros aullando. Gatos gruñendo mientras huían del lugar. Una masacre. -¡Artemisa! - gritó Catalina con desesperación mientras las lágrimas le saltaban de los ojos. No quería ver eso, no. Su tía abrió la puerta con rudeza abrazando a su sobrina. No se había percatado de la presencia que observaba el cuadro. -¿Qué hace este acá? No sos bienvenido.Osvaldo quiso explicar algo más antes de desvanecerse pero ya era tarde, la orden de la bruja surtió efecto de inmediato desapareciendo para siempre de la casa. La adolescente empezó a llorar desconsoladamente aferrando el cristal a su corazón. “Hera” pensó Artemisa. Era momento de utilizar la habilidad que venía estudiando hace meses. Salió del cuarto de Catalina para revolver el suyo buscando el talismán con el lobo tallado. Lo había utilizado una vez y había funcionado.

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El animal espiritual de Artemisa era un Canis lupus, salvaje y leal como ella, podía contactar a otros animales y pedirles ayuda. Catalina entró a su habitación para advertirle: -Los gatos huyeron, no sé en qué estado estarán los perros -No te preocupes, tengo que intentarlo Artemisa se cruzó de piernas después de dibujar un círculo con tiza sobre el piso de madera oscura. Saludó a su animal interior, abrazó el talismán y entró en trance…

Cajún sentía miedo, se había escondido detrás de un mueble de roble en la biblioteca. Actuaba como cobarde y lo sabía. Los perros no deben ser cobardes, deben guardar por los humanos, era su misión en la Tierra y estaba fallando. Se sintió acompañado por una humana. Una bruja quizás, que le incitaba a salir del escondite, que le brindaba comprensión y compañía. Caminó por el piso de madera de la amplia habitación en dirección a la puerta, sus pezuñas resonaban contra el suelo siendo lo único que se 134


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oía. Entonces olió sangre. Agria, ácida. Sangre caliente. Sangre de mujer. De bruja. Cuando salió de la biblioteca vio a Madame Fresa recostada sobre un charco de sangre. Al acercarse pudo ver la muerte sobre ella. El cuerpo sin vida estaba todavía tibio, su ser seguía en el lugar. Le habían abierto la garganta con un arma blanca muy filosa. Un sólo corte. Cajún no podía hablar con los muertos, los perros no tienen ese don, olían la muerte solamente, sabían también cuando alguien iba a morir, entonces ¿por qué no pudo sentirlo? Algo había bloqueado su olfato. Intentó buscar a alguno de los gatos para contactar a la bruja antes de su partida definitiva. “Aquí estoy” susurró Anubis, el gato negro. Cajún le transmitió lo que sabía y el felino realizó su tarea. El fantasma de Madame Fresa caminaba en círculos a pocos centímetros de donde yacía su cadáver. Anubis la contactó mirando a través de sus ojos amarillos. “Fueron los espectros” maulló. El perro de tamaño mediano y pelaje amarillo no entendió la referencia. 135


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“Los espectros son un aquelarre”. Cajún entendió que tenía que ver con el grupo de las adolescentes nefastas que llevaban y traían secretos por Bernardette. Nunca lo dejaban entrar a la habitación, a pesar de que les movía la cola tratándolas bien con respeto, las muy maleducadas lo trataban como a un perro. Anubis despidió a Madame Fresa y caminó junto a Cajún mientras entraban en la cocina. Allí estaba Madame Dolly tendida sobre una silla con una mano apretando su garganta ensangrentada, los labios azules y la mirada perdida en el infinito. El gato negro hizo su trabajo otra vez, despidió a la bruja y transmitió la información. “Hera vive”. Recorrieron las habitaciones de la primera planta, todas las estudiantes yacían muertas en sus camas. Dos intentaron huir; una se encontraba en el pasillo tapándose la cara con una mueca de dolor y la otra estaba en la escalera rumbo al segundo piso. Todas tenían tajos en la garganta. Anubis se tomó su tiempo una tras otra para despedirlas. “Iban con capuchas y máscaras oscuras.” 136


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Cajún quería aullar de dolor, no soportaba el sufrimiento de este mundo. Los perros aman la alegría, la bondad, el amor, quieren gracia y cariño. Anubis lo miro con profundidad. “Podes esperar afuera si te hace mal.” El perro prefirió continuar fiel a su lado mientras el gato realizaba su labor. En el segundo piso no había nadie lo que significaba que faltaban dos maestras y la directora. Recorrieron el establecimiento entero sin encontrarlas. Cuando salieron al jardín, los otros gatos de Bernardette, Osiris y Thot los interceptaron. “Tenemos a Hera.” maullaron. Los cuatro animales corrieron a la entrada del bosque en donde se encontraba la bruja con una herida en el estómago. Estaba semiinconsciente. Cajún le lamió la cara con entusiasmo mientras los gatos maullaban para despertarla. Hera abrió los ojos y por un instante creyó ver el rostro de su hermana Artemisa en el perro amarillo. Cajún ayudó a Hera a incorporarse mientras esta se apretaba la herida para contener la hemorragia. Muy despacio caminaron con lentitud hasta el Fiat 137


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estacionado en la parte de adelante del edificio. Hera se sentó al volante tras sacar del baúl su maletín esencial. Limpió la herida refregándose con un tratado de hierbas que vendía en la tienda. No quería ver el fregadero de sangre que ahora era Bernardette. Un lugar que supo ver el esplendor de mujeres trabajando a la par hoy veía su costado más oscuro. La parca iba y venía entre las cuatro paredes. Cuando arrancó el auto los animales se quedaron mirando. -¿Quieren venir conmigo? Osiris y Thot se negaron, su lugar estaba allí como guardianes de Bernardette. En cambio Cajún y Anubis subieron al automóvil cuando la bruja les abrió la puerta. Antes de arrancar un ladrido la detuvo; Febo estaba vivo y venía corriendo al encuentro. Cajún y los gatos escucharon lo que el perro tenía para ladrar. “Van en busca de Catalina, tienen su sede en la ciudad.” Hera no entendía ni una palabra, no tenía esa conexión y menos en el estado en el que se 138


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encontraba, sólo le preguntó al perro si quería irse con ellos también. Febo que era más chico y peludo que Cajún movió la cola y se subió al Fiat. “Espero no chocar” pensó Hera y los tres animales se miraron asustados. Dejaron atrás Bernardette, la masacre de las brujas, a Osiris y a Thot, emprendiendo el regreso de vuelta a Buenos Aires.

Los días pasaron interminables. Fue un mes muy duro, Hera estuvo internada una semana mientras se curaban las heridas. La policía entraba y salía del hospital haciendo preguntas sobre la masacre. Las familias no podían procesar el duelo hasta no tener la certeza de que los asesinos estuvieran tras las rejas. Venus tomó el liderazgo de la tienda ocupándose de salir adelante mientras Catalina rendía exámenes finales en la escuela. Artemisa iba y venía del hospital acompañando a su hermana en todo lo que podía. Madame Petite también la visitaba con frecuencia encargándose de alimentar a sus hijas y a los nuevos integrantes peludos. 139


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Cristian colaboraba dentro de lo que sus horarios laborales le permitían, había quedado muy enganchado con la historia de Bernardette. La policía buscaba a los sospechosos más no tenían ninguna pista sólida. La preocupación por parte de las brujas se acrecentaba con el correr de las horas pues temían tener que encargarse ellas mismas de atrapar a los malhechores para finalizar el conjuro. Con Hera ya repuesta estaban preparando la pequeña celebración Imbolc para el primero de agosto. Madame Petite se quedaría a cenar junto a sus hijas en tanto Cristian también había pedido participar, venía de una familia católica pero había abandonado su fe hace ya varios años. Catalina empezaba el receso escolar conocido como vacaciones de invierno; había aprobado los exámenes, aprovechaba para ayudar a sus tías con la preparación de velas. Una de las costumbres de Imbolc era colocar velas en las ventanas del hogar, encenderlas por la tarde para que ardan hasta el amanecer. No era un requisito pero a las brujas les gustaba vestir sus mejores atuendos, así que Hera, alta y 140


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elegante, llevaba un vestido largo de terciopelo negro que en la falda tenía bordadas estrellas y soles con hilo dorado. Su bonete en punta tenía aplicaciones en púrpura con una pluma de pavo real. Artemisa con su estilo más rockero usaba un mono negro de gabardina acompañado por un vestido de red del mismo color, el bonete tenía apliques en rojo con pines de calaveras y estrellas a tono. El vestido de Venus era de un color rosa viejo con tul del mismo color y estrellas plateadas que brillaban con el reflejo de la luz. El bonete llevaba un lazo de terciopelo gris. Catalina usaba un vestido corto negro con las mangas y el cuello en encaje que poseía un gran bolsillo en el frente, medias largas rojas y el bonete con los peces invertidos de su signo solar Piscis cosidos por la propia Venus. Madame Petite vestía una túnica oscura pesada con muchas pulseras en ambas manos, aros grandes que la hacían lucir atractiva. Su canoso pelo largo siempre daba la nota. Cristian no sabía qué ponerse así que se apareció de traje causando una carcajada general entre las 141


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brujas. Artemisa lo tomó del brazo para invitarlo a la cocina en donde estaba preparando cócteles. Mientras recitaba una plegaria a la diosa para proteger el hogar, Catalina colocaba con cuidado las diferentes velas en cada abertura de la casa. A continuación Venus agitaba su varita frente a ellas para encenderlas. Cristian estaba fascinado con el truco, tanto que se le escapó un saltito jocoso. Al finalizar se reunieron los seis para cenar con la compañía animal de Cajún, Febo y Anubis que también probaron bocado. Cerca de las once de la noche el fuerte viento golpeaba los vidrios de las ventanas desatando un temporal. Los rayos iluminaban la vivienda mientras que los truenos tomaron desprevenida a Catalina que se sobresaltó con ellos. -Creo que hoy te quedas a dormir, Cristian- le dijo Hera mientras terminaban de cenar. Cuando cayó granizo Cristian tuvo que ir a revisar el auto estacionado en la puerta de la casa, al salir vio a una figura masculina parada en la vereda contraria observando cada movimiento. Al entrar, Artemisa lo esperaba con una toalla. -Hay alguien afuera142


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Al cerrar la puerta se cortó la electricidad dejando la casa en penumbras. En la cocina las velas encendidas permitían una escasa visión general. Los animales se pusieron inquietos, mirando a través de la puerta balcón que daba al jardín trasero. -Tengo miedo- pronunció Catalina y su abuela la rodeo con sus brazos para darle contención. -Tengamos a mano el teléfono por si tenemos que llamar a la policía. Voy a dejar el número de emergencias en marcación rápida- pero el teléfono estaba muerto. El resto revisó sus móviles sólo para descubrir que ninguno tenía señal. -No puede ser- negó con la cabeza la adolescente. Venus y Artemisa se miraron con preocupación. Las velas se apagaron súbitamente sumergiendo al lugar en tinieblas. Golpes en la puerta tomaron desprevenidos al grupo. -Voy yo- clamó Artemisa abriendo la puerta de entrada pero para su sorpresa no había nada, sólo la constante lluvia que inundaba el jardín delantero. Cristian asomó la cabeza para saber si el hombre seguía allí parado. -Se fue.143


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Cajún ladró en la puerta balcón de la cocina comedor. Venus caminó hacia allí pero no vio nada a través de los cristales. Golpes en la puerta de la planta alta. Ahora sí estaban asustados. Hera revolvió uno de los cajones de la cocina y sacó una linterna. Cristian tomó un martillo del último cajón de la alacena para usar como defensa por si acaso. Los tres subieron las escaleras mientras que Venus y Catalina esperaban en la cocina junto a los perros y Madame Petite. Los escalones de madera crujían bajo el peso, Hera fue la primera en llegar a la planta alta, el pasillo estaba oscuro siendo iluminado por los rayos intermitentes de la tormenta. Golpes en la puerta otra vez. -Es la habitación principal- susurró la mayor. Cristian miró a Artemisa -¿Es donde tuvieron al…?Hera le clavó la mirada a su hermana. -Está muy bien informado.Golpes en la puerta. Hera avanzó con presteza hacia el dormitorio en suite, abrió la puerta con una patada mientras Cristian alzó el martillo. 144


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No había nadie, ni nada raro. Las pisadas apuradas de un extraño retumbaron en la planta alta. -El techo. Están en el techo- dijo Artemisa mirando hacia arriba. -No puede ser, el techo es de tejas y esas pisadas se oyen como si caminaran por el suelo.Cristian confundido afilaba los oídos tratando de captar el origen del sonido. El alarido de Venus hizo que los tres corrieran escaleras abajo más rápido que un rayo. Artemisa fue la primera en llegar: -¿Qué pasó?Las tres brujas se encontraban ordenando la vajilla, había encendido algunas velas. Sus rostros perplejos reflejaron la extrañeza ante la pregunta. -No pasó nada…- respondió Catalina. -Fue un truco. Alguien está jugando con nosotras y ya sabemos quién es- Hera suspiró profundamente mientras intentaba pensar con claridad. -¿Cómo terminamos con esto? No tenemos oportunidad de ganar- Catalina rompió en llanto desesperada ante la impotencia. Madame Petite la abrazó y le dio un beso. 145


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-Vamos a salir de esta como salimos otras veces- lo dijo sin estar convencida. No percibía nada, un mal augurio para una bruja. Cajún aulló. Los vidrios de la puerta balcón estallaron en cientos de fragmentos que obligaron al grupo a cubrirse con los brazos. Los gatos se escondieron bajo la mesa y Cajún los secundó. Un hombre vestido de negro observaba la escena parado en el caminito de piedra del jardín trasero. Era el cuerpo de Osvaldo, el novio de Venus. -No puede ser…- suspiró la bruja vestida de rosa. -No es él, hermana- le dijo Hera dando un paso al frente. Le temblaban las piernas y tuvo que carraspear para poder hablar: -No sos bienvenido.El hombre emitió una leve sonrisa que no pudo ser vista por el grupo gracias a la lluvia intermitente. A su lado las hojas de las plantas se marchitaron hasta quedar hecha cenizas. La huerta se pudrió emanando un olor nauseabundo que llegó a inundar las fosas nasales de los presentes. -¿Qué hizo? – susurró Venus al tiempo que reprimía una arcada.

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Una a una, las brujas fueron cayendo sobre el piso de madera con las manos en el estómago retorciéndose de dolor. Cristian observaba aterrorizado, se persignó y comenzó a orar al único Dios que conocía. Catalina seguía en pie, sabía que era a ella a quien buscaba. Caminó temblando hacía el exterior mientras sus tías aullando de dolor le suplicaban que huyera, que no lo enfrentara. Al atravesar el umbral del pequeño porche el agua empapada la tomó por sorpresa, pescaría un resfriado como mínimo. No entendía como su mente divagaba por cuestiones tan triviales cuando tenía a un Ente enfrente que la proclamaba. Intentó repetir el truco, mirar adentro contactando con su poder interior pero esta vez no contaba con el círculo de las brujas, juntas eran poderosas. Está vez tendría que usar herramientas más humanas. En cuanto a fuerza se refiere, Osvaldo medía más de un metro ochenta y su masa muscular se veía fuerte, un solo golpe la noquearía y no tendría oportunidad de levantarse. Se paró en seco a metro y medio de distancia y con una voz chillona, casi infantil le dijo: 147


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-Si me queres, tenes que atraparmePorque su vida dependía de ello, Catalina corrió veloz hacía el costado de la casa en donde una enredadera crecía sobre una cerca blanca que llegaba hasta el techo de rejas. Comenzó a trepar soportando los cortes y la fuerza que el agua de lluvia ejercía sobre su pequeño cuerpo. El hombre de negro se la quedó mirando divertido ante tal estúpido movimiento. Con una voz gutural elevó una carcajada hacia el cielo: -Solo tengo que tomar del cuello a una de tus tías y bajarías corriendo.Catalina seguía trepando casi sin aire. El hombre comenzó a impacientarse y caminó hacia el interior en donde las brujas seguían agonizando. Solo pudo llegar a la entrada del porche. Quiso avanzar, pero una fuerza invisible lo frenó. Miró hacía abajo y vio algo blancuzco pegado a la tierra. Sal. -Malditas perras.Caminó hasta el costado del lugar para seguir el camino de la bruja adolescente. Disfrutaría quebrándole el cuello y absorbiéndole la energía vital. 148


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Con cuidado de que la cerca no cediera frente a su peso, buscó trepar hasta el techo. Allí, en lo alto del tejado lo esperaba Catalina. La bruja temblaba de pies a cabeza, tenía los labios morados y la piel blanca traslucida le daba un aspecto cadavérico. -Mi dulce novia, vendrás conmigo a mi morada.Catalina gritó desesperada con todas sus fuerzas al ver como Osvaldo avanzaba a toda velocidad hacia ella. El hombre la tomó del cuello con fuerza mientras sonreía triunfante. Con sus escasas y últimas fuerzas, la adolescente extrajo un cuchillo carnicero del bolsillo de su vestido y apuntó con destreza hacia la carótida de Osvaldo. Con una expresión de sorpresa y horror la soltó en un acto reflejo. Catalina rodó sobre el tejado mientras que sus manos desesperadas intentaban aferrarse algo antes de caer al vacío. El hombre se tomó el cuello con ambas manos con cuidado de no perder el equilibrio. La sangre huía de su cuerpo mezclándose con el agua, se estaba quedando sin reservas. La vida se le escapaba y no podría retenerla. Cayó muerto en el jardín trasero. 149


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Las luces de la casa se encendieron y las brujas dejaron de sufrir poniéndose todas juntas de pie. Artemisa fue la primera en correr hacia el exterior. Catalina no se sostenía más, el cuerpo le dolía y sus manos mojadas resbalaban de la teja cubierta de moho. Cristian alcanzó a atajarla cuando cayó con fuerza en sus brazos. Artemisa suspiró cansada y abrazó a ambos. Madame Petite y Hera observaron el cuerpo inerte de Osvaldo. Su estado era el de un cadáver que llevaba varios días en descomposición. -Cuando el Ente lo dejó volvió al estado natural. No podemos llamar a la policía, no van a creernosadmitió Hera. -Lo enterramos en el jardín-secundó Artemisa. -No somos criminales- la retó su hermana mayor. -¿Tenes alguna idea mejor? No van a creernos, nunca nos creen. Mira el estado del cuerpo, van a pensar que fuimos nosotras por venganza o despecho. Tenemos que hacer lo que tenemos que hacer para sobrevivir.- Artemisa hablaba con rudeza. Cristian buscó una pala. Hera bufó pero accedió.

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Venus envolvió a su sobrina en una toalla y la llevó adentro para ayudarla a cambiarse -Vamos, Cata, que te vas a enfermar. Ya estoy preparando un té calentito para que recuperes la temperatura corporal.Terminaron de enterrar a Osvaldo antes del amanecer no sin antes realizar un hechizo de protección. -Era un mal tipo, entregar a mi hermana por dineroHera le tocó el hombro a su hermana. -No podemos controlar las acciones de los demás, Artemisa, solo podemos intentar no parecernos a ellos.-

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Capítulo 10

Sueño de primavera

El sol de la fría mañana de septiembre acompañó a Venus mientras preparaba el desayuno. Iba a sorprenderlas con unos ricos waffles de avena con chips de chocolate, frutos rojos y miel. La inspiración la ponía de buen humor, dedicaría el resto del día a la experimentación de una nueva combinación de hierbas. Catalina fue la primera en bajar las escaleras ya lista para ir a la escuela. La mesa bien servida, gesto tan típico en su tía le provocó una sonrisa, algo que le había costado recuperar en los últimos días. Las pesadillas en el tejado se repetían casi todas las noches. Le costaba conciliar el sueño y el cansancio físico le impedía concentrarse en los estudios. Hera abrió las puertas de su dormitorio en la planta baja. Estaba vestida para comenzar otro día de trabajo; la tienda había repuntado en el último mes gracias al morbo de la gente. Los eventos fatídicos habían llegado a la prensa que como de costumbre,

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gustaba de tergiversar los hechos en pos de vender. La policía había dado con el escondite de la pequeña secta de las brujas asesinas de Bernardette, quienes ya estaban siendo procesadas por el Poder Judicial como culpables de homicidio y de la desaparición de Osvaldo Carutti. El caso era conocido como “la masacre de las brujas”. La comunidad volvió a sufrir de los prejuicios y el odio de gran parte de la sociedad que presa del miedo, querían volver al oscurantismo del medioevo. Hera sabía en su fuero interno que era una etapa, que pronto se olvidarían del tema. Algo estaba por ocurrir, un evento global que acapararía la atención de las masas. Esperaba que ocurriera pronto, su familia necesitaba descansar. -¿En qué pensas? – le preguntó Venus mientras servía el té. -Algo viene. Algo grande. Sufrimiento y muerteHera bebió la infusión. -Delicioso.-Gracias. Yo también lo siento pero no sé qué seráVenus sirvió los waffles.

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Artemisa apareció despeinada con cara de dormida, tenía el pijama puesto. -Mamá me comentó lo mismo el otro día. Se vienen tiempos difíciles. Dijo que el 2020 sería un año que va a cambiar al mundo. Una gran prueba para toda la humanidad y que las brujas debemos permanecer unidas.Las cuatro meditaron en silencio. -Quizás deberíamos continuar con el legado de Bernardette. Buscar un lugar en el que podamos a ayudar a nuestra comunidad- dijo Artemisa. Hera tomó las palabras de su hermana y comenzó a procesarlas. Algo debían hacer. No podían sucumbir al miedo, habían vivido lo suficiente para ganar confianza en sí mismas. Eran fuertes. Eran poderosas. Los tiempos de cambio le abren la puerta a la oportunidad. En la adversidad aferrarse a un sueño de primavera eleva el espíritu. Hera miró a sus hermanas y a su sobrina: -Sí, algo vamos a hacer.-

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Victoria Marañón Rodríguez (Octubre 1984, Buenos Aires, Argentina) se graduó como directora y productora de cine y televisión en Buenos Aires Comunicación (BAC) Publicó la antología No vayas a Playa Muerte con la editorial Autores de Argentina (ADA) Su cuento El sistro ganó la convocatoria de la Editorial Cuervolobo para formar parte del libro Dioses de arena. Forma parte de la organización del festival de cine de terror Sarmiento Sangriento.

Sitio oficial: www.victoriamaranonrodriguez.com


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Cosas de brujas  

Cosas de brujas es una nouvelle que sigue la vida de una familia de brujas acechada por un perverso Ente que vive atrapado en el dormitorio...

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Cosas de brujas es una nouvelle que sigue la vida de una familia de brujas acechada por un perverso Ente que vive atrapado en el dormitorio...

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