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La concepción lacaniana de la psicosis en el seminario 3 30/10/2007- Por Daniel Larsen

La concepción teórica que Lacan propone de la psicosis parte de situar en primer plano la relación del sujeto con el lenguaje. Es en función de esta idea que plantea retomar el término de “automatismo mental” de Gaetan de Clérambault para designar esos fenómenos en que el lenguaje se pone a hablar por sí solo, y que se caracterizan por ser fundamentalmente anideicos, es decir, no conformes a una sucesión de ideas. La concepción teórica que Lacan propone de la psicosis parte de situar en primer plano la relación del sujeto con el lenguaje. Es en función de esta idea que plantea retomar el término de “automatismo mental” de Gaetan de Clérambault para designar esos fenómenos en que el lenguaje se pone a hablar por sí solo, y que se caracterizan por ser fundamentalmente anideicos, es decir, no conformes a una sucesión de ideas. En relación a este tema, en el Seminario 3 dedicado a Las Psicosis, Lacan dice lo siguiente: “Precisamente, porque es llamado en el terreno donde no puede responder, el único modo de reaccionar que puede vincularlo a la humanización que tiende a perder, es presentificarse perpetuamente en ese comentario trivial de la corriente de la vida que constituye el texto del automatismo mental”. (1) Los fenómenos clínicos de la psicosis se caracterizan por lo que Lacan llama inercia dialéctica y dan cuenta de un déficit en el polo metafórico del lenguaje. El significante del síntoma ha perdido sus lazos con el resto de la cadena significante, se ha separado y permanece aislado, como un significante en lo real. Un ejemplo claro de esto que venimos diciendo lo encontramos en el neologismo. Este se caracteriza por ser un término indefinible, que no entra en relación con otros términos al modo del diccionario, siempre está como fuera de contexto, como un significante extraido de lo simbólico. Otro ejemplo es la certeza inconmovible que domina al psicótico que cree que algo de lo que sucede le concierne, se refiere a él, se dirige a él. Estas ideas Lacan las va a sostener hasta el final en su enseñanza. Incluso en su Seminario 23 sobre El Sinthome va a precisar que lo característico de la psicosis es el fenómeno de la palabra impuesta. La relación con el lenguaje implica, para el sujeto, sentir una intimación perpetua, una solicitación, incluso una conminación, a manifestarse en ese plano. Nunca, ni por un instante, el sujeto debe dejar de testimoniar que él está presente, que es capaz de responder. No estarlo sería la señal de lo que se llama una descomposición. El desencadenamiento de la psicosis se produciría cuando el sujeto recibe, desde el campo del Otro, un llamado a responder desde un significante que no posee. En el Seminario 3 Lacan utiliza, tomándolo de Freud, el término alemán verwerfung para designar el mecanismo causante de la psicosis. Si bien hay


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momentos en que lo plantea con cierta ambigüedad y da a entender que se trataría de un rechazo de un significante que quedaría excluido de lo simbólico, creo que más bien alude a una falla en la constitución misma de lo simbólico, a una carencia básica de un significante primordial. En la página 361 dice lo siguiente: “La noción de verwerfung indica que previamente ya debe haber algo que falta en la relación con el significante, en la primera introducción, a los significantes fundamentales. Esta es, evidentemente, una ausencia irreparable para toda búsqueda experimental. No hay ningún medio de captar, en el momento en que falta, algo que falta. En el caso del presidente Schreber sería la ausencia del significante masculino primordial, al que pudo parecer igualarse durante años: parecía sostener su papel de hombre, y ser alguien, igual a todo el mundo” (2) Si bien en distintos momentos del Seminario Lacan habla de diferentes significantes primordiales, dando a entender, de esta manera, que se trataría de varios, con la imagen de la carretera principal produce un pasaje del plural al singular, dejando bien claro que no se trata de cualquier significante, que el significante primordial en cuestión es el significante del nombre del padre. La carretera principal es un ejemplo de la función del significante en tanto que polariza, aferra, agrupa en un haz a las significaciones. La función del padre, dice Lacan, no es pensable de ningún modo en la experiencia humana sin la categoría del significante. La simple sumatoria de los hechos de copular con una mujer, que ella lleve luego en el vientre algo durante cierto tiempo y que ese producto termine siento eyectado, nunca puede llegar a constituir la noción de qué es ser padre. El sujeto puede saber muy bien que copular es realmente el origen de procrear, pero la función de procrear en cuanto es significante de otra cosa. Para que procrear tenga su sentido pleno, es aun necesario, en ambos sexos, que haya aprehensión, relación con la experiencia de la muerte que da al término procrear su sentido pleno. El significante ser padre hace de carretera principal hacia las relaciones sexuales con una mujer. Si la carretera principal no existe, nos encontramos con cierto número de caminitos elementales, copular y luego la preñez de la mujer. Sólo a partir del momento en que buscamos inscribir la descendencia en función de los varones podemos decir que hay una innovación en la estructura, se introduce un corte, que es la diferencia de generaciones. La introducción del significante del padre introduce de entrada una ordenación en el linaje. Esta es una de las facetas más importante de la función del padre, la introducción de un orden, un orden simbólico, cuya estructura es diferente a la del orden natural. Veamos ahora en qué momento de su vida se desencadena la psicosis de Schreber. En varias oportunidades estuvo cerca de llegar a ser padre. De golpe se encuentra investido de una función social considerable, y que tiene para él mucho valor: lo nombran presidente de la Corte de Apelaciones. Es introducido, de esa manera, en la cumbre de la jerarquía legislativa, entre los hombres que hacen las leyes y que además son todos veinte años mayores que él: perturbación del orden de las generaciones. Esa promoción de su existencia nominal, producida por un llamado expreso de los ministros, exige de él una integración renovadora.


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Para Lacan “el presidente Schreber carece de ese significante fundamental que se llama ser padre. Por eso tuvo que cometer un error, de enredarse, hasta pensar llevar él mismo su peso como mujer. Tuvo que imaginarse a sí mismo mujer, y efectuar a través de un embarazo la segunda parte del camino necesario para que, sumándose una a otra, la función de ser padre quede realizada”. (3) Hacia el final del Seminario, Lacan hace explícita referencia a los conceptos freudianos de complejo de Edipo, castración y falo planteando que la función del padre es la de representar ser el portador del falo. “El padre en tanto padre tiene el falo: y nada más”. Y más adelante: “lo que está ahí en juego no es un triángulo padre-madre-hijo, sino un triángulo (padre) falomadre-hijo. ¿Dónde está el padre ahí dentro? Está en el anillo que permite que todo se mantenga unido”. (4) (Se puede ver que ya a esta altura de su enseñanza Lacan ya tenía idea de lo que desarrollaría veinte años más tarde como “cuarto nudo”) Por último digamos que en ulteriores desarrollos Lacan va a relativizar el carácter de único o incluso de absoluto que le otorgaba en este seminario al nombre del padre. Va a pasar del singular al plural, va a hablar de los nombres del padre, pero manteniendo, a la vez, el nombre del padre como lugar; lugar al que podrían llegar a advenir los diferentes nombres del padre. Bibliografia Jacques Lacan: Seminario 3, Las Psicosis, Ed. Paidós, Barcelona, 1984, pág. 438. Ibid., pág. 361. Ibid., pág. 418. Ibid. pág. 454. © elSigma.com - Todos los derechos reservados


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