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antropógenos han sido la causa dominante del calentamiento observado desde mediados del siglo XX”. Si bien, a la hora de retratar la situación actual el panorama no parece muy alentador, desde el IPPC consideran que todavía se está a tiempo de poner límites al cambio climático puesto que a día de hoy se dispone de los medios necesarios en materia de ciencia y tecnología “no solo para adaptarse a sus efectos, sino incluso para mitigar su alcance”. El presidente del IPPC, Rajendra K. Pachauri, señalaba en este sentido que “las soluciones son muchas, todo lo que necesitamos es voluntad de cambio”. Ahora bien, estas acciones, se concluía, no se pueden demorar, “hay que actuar ya”. Sólo unas semanas después se celebraba en Lima (Perú), la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático COP20 donde casi 200 delegaciones internacionales se reunían para tratar de alcanzar un pacto global en la lucha contra el cambio climático, más concretamente un borrador de acuerdo con vistas a ser discutido en París en 2015, donde se celebrará la COP21, y de donde se prevé que salga un nuevo tratado internacional –un compromiso vinculante y definitivo para la reducción de emisiones contaminantes a la atmósfera a partir del año 2020- que sustituirá al Protocolo de Kyoto. Todavía queda mucho por hacer, puesto que en Lima se consiguió un acuerdo de mínimos sobre el que ya se ha advertido que se tendrá que trabajar duramente a lo largo de este año. En todo caso, el acuerdo alcanzado en París debería traducirse en un cambio de orientación que tenga en cuenta que, en cuanto a emisiones, el reto del cambio climático no solo es una “carga compartida” sino también una oportunidad de crear empleo y riqueza a través del desarrollo de nuevos modelos de producción y consumo. Un reto en el que todos (países, políticos, administraciones, investigadores, empresas,

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consumidores y sociedad en general) deberán implicarse. En España, en el año 2006, se aprobó el Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático, que es el marco de referencia para la coordinación entre las administraciones públicas en las actividades de evaluación de impactos, vulnerabilidad y adaptación al cambio climático en España. Desde entonces, se han elaborado tres programas de trabajo. El último de ellos, el “Tercer Programa de Trabajo del PNAC”, que corresponde al período 20142020, incluye entre sus ámbitos de estudio y líneas de actividad prioritarias la evaluación de los impactos y adaptación al cambio climático en la acuicultura nacional. En el caso de la acuicultura, impulsado y ejecutado por la Fundación OESA y en el marco del proyecto “Acuicultura y cambio climático”, cofinanciado por la Fundación Biodiversidad, se publicaba en 2013 “Cambio Climático y Acuicultura”, donde se recogía la necesidad de elaborar una evaluación del impacto del cambio climático proyectado en la acuicultura española con el fin de identificar su vulnerabilidad y explorar opciones de adaptación para minimizar dicho impacto. Hace solo unos días, la Fundación OESA publicaba en el marco del PNACC “Impactos del cambio climático sobre la acuicultura en España”, un documento resumen de una recopilación de referencias en publicaciones científicas y técnicas sobre los impactos del cambio climático y sus repercusiones sobre el sector acuícola con vistas a poder establecer estrategias de adaptación. CÓMO ADAPTARSE AL CAMBIO CLIMÁTICO “Las políticas de adaptación al cambio climático son una herramienta esencial en la lucha contra esta amenaza global y, junto con acciones de reducción de emisiones, forman

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BOLETÍN DE VIGILANCIA TECNOLÓGICA DEL SECTOR PISCÍCOLA

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Acuavitec febrero 2015  
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