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Retratos de Delincuentes

Comercio sexual, comercio de drogas, la nueva fase paramilitar urbana: control comercial de las niñas y jóvenes. Alguno son llamados reciclables, otros son despreciables, otros son simplemente desechables y otras son las llamadas pre pago. Y uno, dos, y tres… y más, muchos más desde el 2008, uno de los rostros de esta fase paramilitar se develó entre agosto y noviembre de este año por los asesinatos de jóvenes en serie, de un grupo de 69 que fueron amenazados en redes de facebook. La naturalización de la muerte violenta, justificada en valores democráticos, religiosos, estéticos es frecuentemente invisibilizada. El silenciamiento del grupo social victimizado y el ocultamiento de las pretensiones de fondo con el mercado sexual y local de drogas es una secuela del terror, del uso de la fuerza. Las razones que se ocultan detrás de una máquina criminal de exterminio de lo otro, es la instauración de un orden por parte de quién ejerce un rol policivo, represivo, justiciero, de bondad y de estética. Las bases de una cultura del complejo de pirámide, ascenso social, sobre carencias materiales y su satisfacción de cualquier manera; la definición de unos roles ciudadanos consumidores en la lógica del poder y la estética traqueta y paramilitar son el asidero para comprender el control narcoparamilitar de estos sectores de población. En 2008 se conocieron los primeros casos de esa nueva tendencia urbana del paramilitarismo en medio de la fase de consolidación de plan Colombia apoyado por los Estados Unidos. Esta etapa combina la represión y la seducción, la consideración de blanco militar, control psicológico y comercial de las y los niños y niñas y jóvenes. Como en la década de los 90, hace dos años, las estructuras paramilitares reiniciaron el asesinato de jóvenes habitantes de sectores marginales, sobrevivientes en la vida en la calle, o con su cuerpo y huyendo como un ritual semanal en el consumo de drogas. Todos los muertos con una historia común de exclusión, mientras los victimarios estaban asegurados en sus pagos y en la actuación sobreseguro, operaban de día y de noche, favorecidos

por el silencio y complicidad de la fuerza pública. Evidentemente ese círculo de silencio por el terror, de acostumbramiento a la muerte se infringe, se rompe en pocas o en muchas ocasiones, cuando ello ocurre se logra dimensionar lo qué ha pasado, su gravedad. Relatos de las víctimas indicaban como se pasaba de la extorsión comercial paramilitar, que aún hoy se mantiene en el Putumayo, al inicio de un negocio sexual con el uso de niñas para la prostitución y una fase de distribución local de drogas para sectores juveniles, que estuvo antecedida de fases de la mal llamada “limpieza social”. Los espacios urbanos se convirtieron en escenarios de actuaciones indiscriminadas de control social con amenazas, muertes violentas de habitantes de la calles en 2008, una concepción de la estética urbana fundada en el crimen. Luego estas, desde el 2009 se focalizaron en mujeres y hombres jóvenes e incluso niñas y niños. La definición de estos como blancos de represión o de seducción por o para el comercio sexual o el comercio de drogas son parte de la reingeniería paramilitar. La doble moral vehicula en lo público la virtud de controles y normas de comportamiento tradicional no sexualidad pagada, no prostitución no consumo de drogas con el control por parte de las mismas estructuras criminales del negocio. Los jóvenes no pueden ser consumidores se les amenaza con panfletos paramilitares y después se les mata. Pero al mismo tiempo, quiénes les amenazan de muerte son los que controlan y reciben las ganancias de los circuitos de distribución y consumo. Como ocurrió con las trabajadoras sexuales, con algunas redes de taxistas, con habitantes de las calles. Las jóvenes deben ser pagadas previamente para su uso sexual, previamente, autorizadas o abusadas por el paramilitarismo o mando paramilitar, que opera en medio de la presencia y con conocimiento de la fuerza pública, de las autoridades civiles y los gremios económicos. Luego, después de su uso, se define su buen retiro o exilio. Algunas de ellas luego de ser introducidas en ese negocio del cuerpo mercantilizado en los moldes del consumo varonil del poder narcoparamilitar, fueron extorsionadas y amenazadas de muerte, por los mismos criminales que la obligaron a ser parte de su sucio negocio. Matones con balas y matones del cuerpo. Cuando estas se resistían a seguir siendo víctimas de esa explotación y abuso sexual, eran asesinadas. Usadas, abusadas y tiradas. Algunas lograron escapar a ese circuito de muerte, a ese negocio, donde fueron también explotadas. México, Enero 2011 Cooperación Voluntaria 19

Boletín CADA UNO POR LA JUSTICIA No. 24  

Enero de 2011

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