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Artesanía Tepehuana Uso simbólico y cotidiano Efraín Rangel Guzmán, Rutilio García Pereyra y Virginia Renteria Flores

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Artesanía Tepehuana Uso simbólico y cotidiano Efraín Rangel Guzmán, Rutilio García Pereyra y Virginia Renteria Flores


Artesanía Tepehuana Fotografía de portada: Efraín Rangel Primera edición, 2014. UACJ © Universidad Autónoma de Ciudad Juárez Avenida Plutarco Elías Calles #1210 C.P. 32310 Ciudad Juárez, Chihuahua. www.uacj.mx Edición: Departamento de Gestión de Recursos ISBN XXX-XXXX-XX-X Esta obra fue financiada por el Consejo Nacional para el Patrimonio mediante el Fondo Nacional de Investigación Cultural. Los contenidos de los artículos son responsabilidad de los autores y no del CNP. Queda prohibida la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio, sin previa autorización de los editores. O bien, en el caso de cierto tipo de materiales pensados para una amplia difusión y reproducción de conocimientos, como podrían ser manuales destinados a las comunidades, se puede optar por: Se autoriza la reproducción del contenido de esta obra, siempre y cuando se cite la fuente. Impreso en México / Printed in Mexico


Agradecimientos Quiero agradecer a las instituciones y personas que colaboraron en el desarrollo de la investigación. En primer lugar reconozco el apoyo brindado por el Programa de Mejoramiento del Profesorado (PROMEP) al financiar el proyecto “Artesanía tepehuana. Uso simbólico y cotidiano” dentro de la convocatoria Nuevo PTC-2010, del cual surge este producto; al Lic. Jorge Arce Rodríguez, director del Museo Regional de Durango UJED “Ángel Rodríguez Solórzano”; a la directora del Museo de Culturas Populares de la misma entidad, por permitirme trabajar con su acervo de piezas artesanales de los Tepehuanes del Sur –y así poder conformar un registro fotográfico— y, de igual manera a la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez por el respaldo constante para llevar a buen término el estudio. En relación a los académicos de la UACJ que participaron en el desarrollo del proyecto, reconozco la colaboración del Mtro. Juan Manuel Madrid Solórzano y del estudiante del Programa de Diseño Gráfico, Salvador de Jesús Sánchez García. Los tres me acompañaron a una de las estancias de trabajo de campo, logrando en esa ocasión el registro fotográfico de las piezas artesanales en los museos y en algunas comunidades del municipio del Mezquital, en el sur de Durango. De esa experiencia y revisión documental sobre Tepehuanes del Sur, Salvador logró redactar


su tesis titulada “Análisis sobre el diseño y elaboración de la artesanía tepehuana”, con la que obtuvo el título de licenciado en Diseño Gráfico. Así también quiero reconocer la participación comprometida de los estudiantes también de Diseño Gráfico que se involucraron en diversas actividades como Alessandro Esparza, Juan Pablo Quiñonez, Misael Villanueva, Erika Reyes y Priscila Diliz Badillo. Este espacio también lo aprovecho para agradecer infinitamente al Dr. Jorge Luis Marín García de la Universidad Autónoma de Nayarit, por todas las ideas compartidas y por haberme acompañado en algunos de los recorridos de trabajo de campo por la costa de Nayarit, de Sinaloa y por la sierra del sur de Durango. Comparto un agradecimiento muy merecido a todas las personas tepehuanas que me compartieron valiosa información y por la hospitalidad que me brindaron en las ocasiones que las visité en la sierra de Nayarit y Durango. En especial a doña Paula Santana Caldera, presidenta del grupo de artesanas (tu somich) que en español se traduce “cosedoras”, a su hija, Flor Cecilia Reyes Caldera, a su nuera, Laura Rodríguez Flores. Debo también reconocer a doña Catalina Reyes Flores presidenta del grupo de artesanas (ubi tú bidhiñ) “Mujer hiladora”, que al igual que Doña Paula, fue clave para fortalecer el corpus de datos etnográficos sobre situación de la artesanía en la sierra, lo mismo que su hija Leticia Morales Reyes. Todas las mujeres mencionadas viven en la comunidad de La Guajolota (Tobatam), municipio del Mezquital, Durango. En el sur de Sinaloa, la contribución de don Santos de la Cruz


Cristóbal, Sebastián Aguilar Orozco del Trébol 1 y Agustín Estrada de la Cruz del Trébol 2 _todos ellos tepehuanes_, fue muy valiosa. Finalmente, reconozco el valioso apoyo que me proporcionó la Mtra. Lupita Gaytán Aguirre, Jefa del Departamento de Diseño Gráfico para alcanzar las metas propuestas en el estudio. Por el espacio permitido no puedo mencionar a cada una de las personas de las diferentes localidades de Durango, Sinaloa y Nayarit, que mi brindaron su ayuda de manera desinteresada, les reitero mi enorme agradecimiento a todos.


índice Introducción

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1. Los tepehuanes: Un recorrido por la experiencia de la elaboración de artesanía. 2. La artesanía para uso cotidiano y ceremonial. 3. Elaboración de artesanía para la venta: Una nueva aventura. 4. El valor sagrado y simbólico de la artesanía. 5. Proceso de extracción del ixtle. 6. Artesanìa tepehuana.

Artesanía en textil

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Artesanía en madera

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Artesanías en palma y soyate

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Artesanías en barro

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Indumentaria tradicional

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Cuadros tepehuanes

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Conclusiones

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INTRODUCción Hoy en día, en la sierra y en las barrancas, los efectos de la violencia, las intensas sequias y proliferación de plagas en los cultivos, ponen en riesgo la estabilidad de las comunidades tepehuanas. La migración estacional, (sobre todo, a los campos agrícolas de la costa de Nayarit y de Sinaloa, o a otros centros de producción agrícola al interior del estado de Durango), que tradicionalmente se habían venido practicando de ida y vuelta, ahora para muchos se ha convertido en migración definitiva. Mientras que las numerosas familias que se aferran al terruño, buscan alternativas para subsistir. El abandono de la agricultura no ha sido definitivo, sin embargo ya no se ve esta práctica como el elemento fundamental que por muchos años les había asegurado la subsistencia, de allí es que han decido intercalarla con otras actividades que les permite adquirir ciertos ingresos económicos. Muchas de las razones anteriores han sido temas motivadores para que distintas instituciones públicas y privadas pongan atención en el grupo e implementen programas de ayuda social. Entre estas iniciativas están la conformación de agrupaciones de artesanos tepehuanes en diversas comunidades de la sierra de tanto de Nayarit como de Durango, que les benefician con algún apoyo económico para adquisición de materiales-materias primas y capacitación en el mejoramiento de sus productos artesanales. Para ello se han visto involucrados instituciones y programas gubernamentales, tales como la Secretaría de Desarrollo Social, el InstiA r t e s a n í a

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tuto de Cultura del Estado de Durango, el Fondo Nacional de las Artesanías y la Comisión Nacional de los Pueblos Indígenas, Programa de Apoyo a las Culturas Municipales y Comunitarias, principalmente. Con estas acciones se busca generar autoempleo de familias tepehuanas, frenar la expulsión poblacional de los nichos ecológicos ancestrales y al mismo tiempo, promover la cultura material fuera de las comunidades. El ritual del mitote o Xiotalh, la principal ceremonia de los tepehuanes se había venido celebrando en periodos regulares, pero en los últimos años por una serie de inestabilidades sociales y naturales que se han presentado en muchas ocasiones las fechas en que se ejecuta no ya no obedece el ciclo estacional con la misma ya no son tan regulares. Entonces, a raíz de lo anterior, el consejo de ancianos y jefes de patio de mitote se han visto en la necesidad de convocar a los miembros de las comunidades a realizar Xiotalh extraordinarios fuera de las fechas comunes, con la intención es para solicitar a las deidades que intervengan para que se mejoren las condiciones, y vuelvan las cosas a ser como antes. Sin embargo parece que no escuchan sus súplicas, porque cada día se ve más difícil la vida en la tepehuana. Por las situaciones anteriores los tepehuanes han emprendido una aventura, al sacar provecho de los saberes ancestrales, sobre todo de la elaboración de piezas artesanales, las que comúnmente se pensaban para A r t e s a n í a

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satisfacer necesidades propias, es decir, de autoconsumo. La práctica de elaborar artesanía para la venta es relativamente nueva, hace poco más de una década que comenzaron a intercalarla con mayor frecuencia con otras actividades económicas. Utilizo la palabra aventura, porque han tenido que replantear muchas situaciones, lo cual implica, repensar los procesos de diseño, de producción, y por su puesto; el reto más grande que tienen, es el diseño de estrategias para comercializar sus productos. La experimentación que están realizando en este ramo, les ha generado choques y contrastes, pues tienen que ajustarse a ciertas regulaciones que los propios procesos exigen para producir las artesanías para la venta y que el cliente demanda. Respecto a lo anterior, en el presente texto se reúnen los resultados obtenidos durante los distintos recorridos de trabajo de campo que se realizaron en el periodo de agosto de 2010 a diciembre de 2013 en algunas comunidades tepehuanas de la sierra del municipio Mezquital, Durango. Lo mismo que en asentamientos ubicados al pie de la sierra y planicie de municipios del Norte de Nayarit como Huajicori y Acaponeta, y del sur de Sinaloa tales como Escuinapa y el Rosario. La investigación fue auspiciada por el Programa de Mejoramiento del Profesorado (PROMEP), bajo el proyecto titulado, “artesanía tepehuana: uso simbólico y cotidiano”.

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El propósito del estudio fue conocer la diversidad de objetos artesanales que realizan los Tepehuanes del Sur, al mismo tiempo establecer la relación que existe entre el diseño de los objetos artesanales con sus valores culturales, de acuerdo a los momentos y espacios de producción, momentos y espacios de uso: domestico, sagrados y comerciales; así como los distintos papeles que juegan los sujetos hombres y mujeres que intervienen en los procesos de diseño, elaboración y uso final de la artesanía. También se acentúo en la naturaleza especial que tienen los productos artesanales, al ser utilitarios, estéticos, creativos, vinculados a la cultura, decorativos, funcionales, tradicionales y simbólicos. En el estudio se privilegió la investigación etnográfica, apoyada en la técnica de la entrevista y observación, logrando así recopilar información sobre el contexto y los miembros del grupo. Con la observación del medio físico y cultural se obtuvo valioso material sobre las condiciones geográficas y climáticas donde se desarrolla el trabajo artesanal y los elementos culturales que hacen posible tal acción. Por otro lado, las entrevistas semiestructuradas fueron indispensables para recabar datos sobre las experiencias que han podido acumular tradicionalmente las personas en la elaboración de artesanía. Pero sobre todo, identificar el papel que han jugado tanto hombres y mujeres en el proceso de diseño y producción artesanal.

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Con los resultados de la investigación se busca contribuir a la promoción de la cultura material de los tepehuanes con la finalidad de que puedan atraer recursos por la venta de sus artesanías. Las artesanías de los tepehuanes, según la tipología que se pudo determinar son aquellas que elaboran en textil, madera, barro, piel, carrizo, palma y soyate. El texto se conforma de tres partes: en la primera se esboza un recorrido histórico destacando la experiencia del grupo en la elaboración de artesanía; en segundo lugar, se establece una distinción entre los tipos de artesanías que generan; y en tercer lugar, se expone la aventura que han emprendido los tepehuanes al explotar para la venta muchos de sus productos que antes eran de consumo interno, pero ahora incorporándoles nuevos elementos y ajustándose a procesos de diseño un tanto diferentes.

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1. Los tepehuanes: Un recorrido por la experiencia de la elaboración de artesanía. 16 Los tepehuanes o tepehuanos (como se autodenominan) es uno de los cuatro grupos indígenas que habitan en la región conocida como El Gran Nayar, compartiendo el territorio con coras, huicholes y mexicaneros. Se les denomina “del sur” para distinguirlos del grupo de tepehuanes que habitan en el norte del estado de Durango y sur de Chihuahua, al que se les conoce como tepehuanes del norte u ódami. Los tepehuanes del sur, a su vez se dividen en dos grupos, los audam del suroeste y los o’dam del sureste, nombres que corresponden a sus respectivos dialectos. Los audam habitan partes del municipio de Pueblo Nuevo Durango, donde se localiza la comunidad de San Francisco de Lajas y la parte alta del municipio de Huajicori, Nayarit. Mientras que los o’dam se ubican también en algunas comunidades comprendidas en el municipio de Huajicori y en el municipio del Mezquital Durango. Aunque en una investigación reciente realizada por (Rangel y Marín: 2014) se han encontrado núcleos poblacionales importantes en las llanuras costeras de municipios como Acaponeta, Tecuala, Huajicori en Nayarit; en Escuinapa y El Rosario en Sinaloa, estos asentamientos son producto de las migraciones, lo cual indica que la geografía de ocupación tepahuana ancestral ha cambiado y A r t e s a n í a

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la migración de la sierra a la costa se ha intensificado en los últimos años. El grupo ha sido objeto de varias investigaciones, gracias a las cuales se conoce mejor ahora su cultura y las maneras como expresan su identidad en un mundo cambiante y globalizado (Rangel, 2007: 29). Así, desde finales del siglo XIX, Carl Lumholtz ingresó al territorio tepehuano y derivado de sus observaciones pudo registrar algunos aspectos que encontró sobre: ubicación geográfica, costumbres, vida cotidiana, infraestructura, fiestas, y artesanía, aunque no de forma muy profunda. De la actividad que aquí nos interesa sólo se refiere a los tepehuanes de la comunidad de San Francisco de Lajas, afirmando que elaboraban con fibra de maguey (ixtle), redes, hondas, sogas para uso cotidiano, y en lana y algodón fajas y cintas. Esta descripción puede destacarse quizá como el antecedente más lejano del que se tiene noticia sobre la elaboración de objetos artesanales. El etnólogo noruego describe al respecto lo siguiente: Habiéndoles manifestado deseos de ver y comprar algunos artículos fabricados por ellos, estuvieron llevándome, durante mi corta permanencia en aquel lugar, fajas y cintas de lana ó de algodón, así como gran variedad de bolsas de diversos tamaños, tejidas con torzales hechas de fibra de maguey (Lumholtz, [1904] 1986: 448).

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Como se puede apreciar, la mención que hace el etnólogo sobre la actividad artesanal de los tepehuanes es muy limitada, en cambio sobre el mismo tema, respecto a sus vecinos huicholes había quedado maravillado, al grado de publicar dos tomos sobre el mismo grupo que tituló Symbolism of the Huichol Indians y Decorative art of the Huichol Indians. Y esta misma impresión la tuvieron muchos otros investigadores, lo cual por esta y otras muchas razones centraron su interés en los Huicholes. Durante la primera mitad del siglo XX, al parecer el grupo tepehuanes del sur no fue centro de atención para los investigadores, excepto para Carl Sauer, que en 1934 escribió un libro titulado La distribución de las tribus y las lenguas aborígenes del noroeste de México. Fue hasta la década de los sesenta cuando Campbell W. Pennington realizó un estudio The Tepehuan of Chihuahua; their Material Culture, centrado en la cultura material del los Tepehuanes del norte, sin embargo los del sur al parecer no fueron de su interés. Posterior a él hay varios estudios, el más citado es el que realiza José Guadalupe Sánchez Olmedo, Etnografía de la Sierra Madre Occidental: Tepehuanes y Mexicaneros, llevado a cabo en la década de los setentas y publicado en 1980, donde se describen diferentes tópicos en los que se ofrece información muy relevante sobre la condición de los tepehuanos del sur. En los más recientes tiempos autores como Yuri Escalante, Thomas Hinton, Peter Gerhard, Fernando Benítez, Antonio Reyes, Chantal Cramaussel, Miguel Vallebueno, Efraín Rangel, entre otros, A r t e s a n í a

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han desarrollado estudios desde variados enfoques: historia, antropología, lingüística, sociología, arqueología, etc. No obstante haber varios estudios sobre los tepehuanes, ni con mucho se equiparan a los realizados entre y acerca de los huicholes que habitan en la misma región conocida como El Gran Nayar, y mucho menos respecto al muy investigado tema de la artesanía entre los wixaritari. Los acontecimientos también han tenido que ver con las apreciaciones de unos indígenas y otros. Así por ejemplo, en 1950 Alfonso Soto Soria cuando fue comisionado en ese entonces por el INI para hacer un estudio de la cultura material entre grupos indígenas del norte del país cuya culminación sería la exposición denominada “Los huicholes y sus vecinos del norte”, al final destacó que la producción artesanal de los tepehuanes, al igual que de los otros grupos de la región no era muy atractiva y significativa como en el caso de la de los huicholes.

Carlos Vázquez, quien realizó un recuento de la obra de Soto Soria y el trabajo que llevó a cabo el museógrafo entre los grupos del norte, señala que el proyecto era muy complejo, porque se contaba con salas pequeñas de exposición y el programa consistía en visitar a los huicholes, los coras, los tepehuanes, los tarahumaras, los yaquis, los mayos, los ópatas, los pimas, los pápagos, los kikapúes, etc., (Vázquez, 2005: 137). Sin embargo por razones muy especiales, visitó solo a los cuatro primeros, A r t e s a n í a

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pero decidió montar la exposición con material exclusivamente de los huicholes. El motivo por el que optó no visitar las demás culturas, fue porque según él no era razonable seguir visitando grupos que no iban a estar incorporados a la exposición, porque la riqueza material de los huicholes (Vázquez, 2005) era más significativa y atractiva, y por su puesto más auténtica y vendible, aspectos que de acuerdo con Marín muchos antropólogos pretenden encontrar en los grupos indígenas (Marín, 2006: 10). Soto Soria justificó el no haber tomado en cuenta a los demás grupos, porque los encontró “más mestizados en cuanto a los elementos materiales de la cultura y no ofrecían muchas posibilidades de exhibición, puesto que lo más importante de su tradición son las fiestas, las danzas” (Vázquez, 2005: 143). “Tal discurso no deja de permear a veces la investigación sobre grupos indígenas, buscando que los sujetos de estudio sean “puros”, “auténticos” y “originales”, como si tal pudiera existir” (Rangel y Marín, 2014: 172-173). Queda claro, que la “utilidad y la belleza de algo depende de nuestros paradigmas; de nuestra forma cotidiana de vida y aquellos modelos desde los que actuamos y a través de los cuales deseamos que las cosas sean lo que aparentan ser” ( Juez, 2002: 59). Es interesante destacar que, en su mayoría las investigaciones que se han realizado sobre tepehuanes, están dirigidas a estudiar los comportamientos, rituales como el xiotalh y fiestas patronales, pero poco se ha trabajado sobre su producción artesanal, el diseño, el simbolismo, los A r t e s a n í a

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materiales y los procesos que se desarrollan para elaborarla, quizá por considerársele menos atractiva como la de sus vecinos huicholes o la de otras las etnias del centro y sur del país. Aunado a esto, señala (Reyes, 2006: 13) que las investigaciones realizadas sobre tepehuanes llegan a ser muy escasas, y las pocas que existen se caracterizan por su falta de continuidad y profundidad. Quizá el primer investigador que ha puesto atención especial en la cultura material de los tepehuanes, aparte de abordar aspectos de su economía, organización política y costumbres religiosas, fue el etnólogo Guadalupe Sánchez Olmedo. Gracias al apoyo que recibió del Centro Regional de Occidente del Instituto Nacional de Antropología e Historia, pudo reunir en su obra Etnografía de la Sierra Madre Occidental: Tepehuanes y Mexicaneros, información muy importante desde el punto de vista etnográfico. El etnólogo realiza una radiografía general de los asentamientos tepehuanes audam y o’dam tanto de la sierra de Durango como de Nayarit, que en la fecha muchos de los datos recabados se desconocían en el ámbito académico. Respecto al trabajo de investigación que desarrolló Sánchez Olmedo, una de sus virtudes fue que logró recuperar diversos objetos artesanales y fotografiar muchos más, material con el que luego se organizó una sala de exposición en el Museo Regional de Durango UJED “ÁnA r t e s a n í a

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gel Rodríguez Solórzano”, conocido popularmente en la ciudad como museo “El Aguacate”. Por muchos años fue el único centro donde se podía apreciar la riqueza tangible de los Tepehuanes del Sur, luego el gobierno estatal en coordinación con el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA), fundó el Museo de Culturas Populares el 4 de octubre de 1995. En sus inicios compartió espacio con el Museo el Aguacate y luego el 23 de noviembre del 2007 se trasladó a su actual sede. Este cuenta con cerca de una decena de salas temáticas, las que destacan es una de exposiciones temporales y un patio principal, que sirve de escenario para conciertos de música y danza, lecturas en voz alta y conferencias, cursos y talleres multidisciplinarios. También se encuentra un par de salas donde se exponen los productos artesanales de los tepehuanes, la cual desde sus inicios hasta la actualidad se ha ido enriqueciendo. Porque a través del Programa de Apoyo a las Culturas Municipales y Comunitarias (PACMYC), se ha alentado a los artesanos en grupo y de manera individual para que participen proponiendo proyectos en las convocatorias que se lanzan cada año. Buena parte de los productos obtenidos al final del desarrollo de estos son concentrados en el museo. En la actualidad es el centro donde se concentra la mayor cantidad de piezas artesanales de la etnia en el estado de Durango. Mientras que en el estado de Nayarit, en Tepic, también se localiza una sala sobre cultura y artesanía tepehuana en el Museo de Artes Populares los Cinco Pueblos, antes llamado “Museo de los cuatro pueblos”. A r t e s a n í a

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Sobre la temática tratada, en el 2010 aparece publicado en el libro Las artes del ritual, un capítulo de Antonio Reyes, titulado “Cazadores de almas. Las flechas tepehuanas y el arte de la personificación”. En este trabajo describe el autor, las cualidades que tienen las flechas (u’uu) como objeto de arte en el grupo, pero sobre todo en el ámbito sagrado. “Las flecas son parte de un conjunto de objetos oblongos que tienen la cualidad de personificar o, mejor dicho, de servir como contenedores para diversos seres del mundo, humanos y no humanos” (Reyes, 2010: 273). Para definir el término arte, se apoya en la propuesta de (Gell, 1998) quien señala que “los objetos de arte poseen tres características diagnostica: son hechos para ser vistos, son índice de la agencia social, son difíciles y cautivadores. También son considerados difíciles de hacer y difíciles de pensar. Pero la característica general, es que “fascinan, imponen, atrapan y deslumbran a su espectador (Reyes, 2010: 270). En relación a los tepehuanes de la variante audam que se localizan en San Francisco de Lajas Durango, Chantal Cramaussel escribió que, “No hay artesanos especializados en Lajas, todos los habitantes declaran ser agricultores, sin embargo tejen todavía morrales de algodón y de fibra de maguey, y fabrican bancos tipo equipal, pipas, cajetes y candeleros de barro para sus necesidades domésticas y los festejos religiosos. Tienen que comprar todos los demás objetos que usan en la vida cotidiana incluyendo las telas y las cobijas, a los A r t e s a n í a

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comerciantes itinerantes de Durango o de Nayarit, (Cramaussel, 2007: 21)

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En la ocasión que realizó la mencionada observación Chantal Cramaussel, también acudimos como miembros del grupo de expedición Miguel Vallebueno y yo, la intención fue observar la festividad de la Candelaria, y otros aspectos relacionadas con la comunidad de San Francisco de Lajas. Relacionado con el tema de interés, de mi parte me percaté que en el local de la Conasupo-Diconsa, tenían morrales y otras piezas artesanales para la venta. Otras personas también de manera particular aprovechan, sobre todo las fiestas para ofrecerlas a los asistentes, estos momentos son quizá los mejores para desarrollar trueque o venta de las piezas. Como se puede apreciar, los acercamientos en la materia son muy reducidos, por lo que resulta necesario realizar estudios más profundos, que den razón sobre la condición de la artesanía tepehuana, los procesos de elaboración, procesos de diseño, simbología, roles de los artesanos, puntos de distribución, entre muchos otros aspectos.

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2. La artesanía para uso cotidiano y ceremonial. 25 La producción artesanal de los tepehuanes del sur por mucho tiempo había sido de autoconsumo, y dependía de la necesidad como se diseñaba o rediseñado un objeto. Las actividades laborales exigen determinados utensilios o herramientas para facilitar la labranza de la tierra, para trasladar la cosecha; en la cocina se requieren para cocinar los alimentos, almacenarlos y manipularlos; para hacer posible las celebraciones y el culto a los dioses también se apoyan de estos. Por ello los objetos artesanales elaborados entre los tepehuanes han tenido una funcionalidad específica en espacios domésticos y sagrados. El factor utilitario que tienen los productos artesanales manufacturados por los tepehuanes desde tiempos inmemoriales ha sido el principal destino. En este aspecto cabe destacar lo que señala Jordi LLovet, respecto al origen de los objetos, que en las sociedades primitivas no existían objetos inútiles, todos obedecían a alguna necesidad y todos eran la solución más adecuada y la única posible a una satisfacción concreta. También que el objeto primitivo era, efectivamente, un objeto adecuado a una necesidad de uso y a nada más. Este valor de uso del que habla A r t e s a n í a

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el autor, podría incluir necesidades tan básicas como el almacenamiento de alimentos, abrigo, el hambre, resguardo (cueva, casa, etc.) pero sobre todo las simbólicas o sagradas que tiene que ver con honrar a los dioses. Entonces, por lo menos en el estadio fundacional de los objetos, estos no tuvieron ningún valor de cambio como luego se observó en sociedades modernas, (Llovet, 1981: 53-54) en donde el excedente de productos permite la circulación comercial y sobre todo, la obtención de plusvalía generada por el costo del producto. Entre los tepehuanes, por el motivo que sea, la mayor parte de su producción artesanal había tenido una razón utilitaria y exclusiva en el grupo. También los procesos de diseño, obedecían a esta satisfacción de necesidades internas. Sin embargo pese a una serie de problemáticas que ha enfrentado la etnia en los últimos años, como las fuertes sequias que limita la producción de granos básicos y las olas de violencia que han afectado la armonía de las comunidades. En el 2010, señalan los habitantes de la comunidad de Santa María de Ocotán que la sequía y la plaga del gusano acabó con las siembras, lo cual provocó que casi en ninguna parte de la sierra hubiera cosecha. Esta anotación la hace también en el 2012 Juan M. Cárdenas, en el periódico El Siglo de Durango, al indicar que había llegado […] el día en que los indígenas fueron a los manantiales y ya no encontraron agua. Sólo había tierra y lodo. La ruta A r t e s a n í a

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que los ancestros tepehuanos siguieron durante siglos hasta donde brotaba el vital líquido, cambió por caminatas de hasta cuatro horas para llegar a los ríos, convertidos en charcos de agua maligna. Con la sequía de casi 20 meses no sólo cientos de familias indígenas sufrieron sed, sino que germinaron problemas como epidemias, desnutrición y se acentuó aún más la pobreza. Por otro lado, respecto problemas de violencia en la tepehuana, los habitantes de San Francisco de Lajas, mencionan que las riñas entre personas de la misma localidad y foráneos, al igual que la penetración de los llamados sicarios o bandas delictivas ha provocado expulsión de muchas familias hacia otros puntos geográficos, principalmente a las planicies costeras de Nayarit, Sinaloa, a la ciudad de Durango o a lugares más tranquilos de la entidad duranguense. Si bien la zona costera tradicionalmente ha sido para los tepehuanes un lugar de oportunidades, donde pueden insertarse a trabajar como jornaleros en los campos agrícolas y donde logran conseguir maíz, frijol y otros satisfactores en temporada de secas. La migración que había sido entonces estacional, ahora se ha convertido en definitiva, ya que los migrantes difícilmente regresan a su lugar de origen. Las redes de parentesco entre tepehuanes de la sierra y de la costa se ha intensificado. Al respecto señala Rangel, (2014) que A r t e s a n í a

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aunque los movimientos poblacionales de sierra a costa, se puede decir que se relacionan con las migraciones estacionales que los Tepehuanes desde tiempos inmemoriales realizan todos los años en temporada de las secas cuando escaseaban los alimentos; eventos como la guerra cristera y últimamente la crisis alimentaria y la violencia acentuada cada vez más en las montañas, han generado expulsiones constantes, y cada vez más masivas de indígenas. Entonces, muchos de los que salen de la Tepehuana alta, difícilmente regresan a la sierra porque eligen como asiento comunidades, barrios, colonias y rancherías de la franja costera y pie de la sierra del norte de Nayarit y sur de Sinaloa. No obstante la importancia de tal flujo poblacional, prácticamente no ha sido objeto de mayores investigaciones (397).

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Mientras tanto, los tepehuanes que se resisten abandonar la montaña, han tenido obligadamente que redireccionar sus actividades cotidianas. La coa o “chuzo”, el azadón, arado y el machete que habían sido las principales herramientas para labrar la tierra y conseguir el sustento de las familias, ahora se intercala con el empleo del el gancho, la aguja y otros utensilios que solían ser indispensable para confeccionar sus atuendos o también aquellos que les hacían más livianas las labores. Las necesidades alimentarias los han obligado a diversificar sus quehaceres, y uno que han visto como alternativo muchos tepehuanes aparte de la labranza de la tierra para hacerse de alimentos y un poco de dinero, es la elaboración de A r t e s a n í a

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artesanía para la venta como ya se ha venido refiriendo. El rompimiento con los esquemas tradicionales de producción, los está obligando a modificar algunos parámetros, pues la transición del autoconsumo a un sistema más de tipo capitalista, en donde la competitividad es indispensable, les exige nuevos roles y dinámicas no comunes en su desenvolvimiento cotidiano. En esta modalidad las reglas de producción son distintas, el control de calidad en los productos es de vital importancia, los procesos tanto de diseño y elaboración como de comercialización entran también en el juego para que puedan circular los productos en espacios fuera de las comunidades. El reto no ha sido nada fácil, las medidas a veces les resultan muy radicales, incomodas y difíciles para ejecutarlas al pie de la letra. De tal modo que muchos ahora de manera individual, otros en grupo se especializan en las nuevos modos de producción, pues en parte las exigencias les obliga a pensar en un mercado externo y diversificado en el que las demandas son distintas a las que contempla el autoconsumo o el mercado local. El producto que mayormente se ha explotado para la venta desde hace más de medio siglo de manera informal, es el arpus y el asak, confeccionados primero únicamente en fibra de maguey en su lengua es (tom), después se incorporaron materiales industriales, lo cual les permite mayor vistosidad al combinar colores. El caso de la tercera modalidad de morral A r t e s a n í a

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llamado bhaimkar, se sabe que la técnica, incluso muchos de los símbolos que le son plasmados, fueron aprendidos de los huicholes hace algunas década. Sin embargo este hecho, no limitó la incorporación de elementos propios, que al final lograron asimilarlo como suyo. Esta prenda es la más vistosa que poseen los tepehuanes, incluso la más exitosa fuera de las comunidades, por su colorido y simbología incorporada que refleja elementos propios del contexto natural (flora, fauna), personajes sagrados y cosmogonía. El bhaimkar en su forma tradicional es confeccionado en manta a través de la técnica de punto de cruz, sin embargo en los últimos años han venido empleando también la tela cuadrillé, esto mismo les ha permitido incorporar otras técnicas de elaboración que más adelante se explicarán. Mientras que el arpus lo confecciona a través del telar de cintura o de piso, y el asak con la técnica de trenzado, forma común como le denominan a dicha técnica. La venta la realizaban principalmente cuando migraban a la costa de Nayarit o a Sinaloa con la finalidad de levantar las cosechas durante la primavera, cuando hacían sus viajes a la ciudad de Durango para hacer algún trámite en oficinas de gobierno o para comprar productos, o bien, durante la celebración de los mitotes comunitarios y en fiestas patronales de la iglesia. En Nayarit los lugares donde regularmente lograban vender los morrales de manera informal eran en Huajicori y Acaponeta. En Huajicori muchos aprovechaban la celebración de la Fiesta de la Virgen A r t e s a n í a

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de la Candelaria, para ofrecer sus productos a los asistentes el 2 de febrero; otros a su paso por Acaponeta, les ofrecían a locatarios del mercado municipal. En la actualidad son más conocidos sus morrales y circulan de manera más frecuente en comercios mestizos, tanto de Durango como de Nayarit. Relacionado con lo anterior, Reyes Valdez en su libro Los Tepehuanes del sur, publicado en 2006, habla brevemente sobre la producción artesanal de los tepehuanes, y destaca, que si bien lo que elaboran constituye una opción más en la obtención de ingresos económicos, entre los tepehuanes no ha alcanzado un éxito tal que represente una posibilidad real de subsistencia. Debido a que son muy pocas las familias que se dedican de tiempo completo a la producción artesanal para su venta, y casi todos los artículos son de uso común en la vida cotidiana y ceremonial. Las bolsas o morrales son quizá los objetos más representativos de la artesanía tepehuana (Reyes, 2006: 35-37).

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3. Elaboración de artesanía para la venta: Una nueva aventura. 32

En los recorridos de trabajo de campo que he podido realizar en comunidades del sur de Durango, norte de Nayarit y sur de Sinaloa del 2010 al 2013, se pudo constar que en el sur de Durango es donde existen grupos de artesanos y artesanas organizados en la modalidad de cooperativa. Lo mismo que en la sierra de Huajicori, Nayarit, específicamente en la comunidad de San Andrés Milpillas. Pero entre los la última comunidad mencionada, suele suceder una situación, que tales agrupaciones que llegan a integrarse suelen permanecer mientras se ejerce el recurso proporcionado por PACMYC, SEDESOL o el que les llega a ofrecer la CDI. La dificultad más recurrente que experimentan los grupos para repuntar de manera autosuficiente, es lo que les implica ajustarse a nuevas formas de organización, sus modos tradicionales tienen dinámicas distintas, menos rígidas. Respecto a la artesanía que se produce entre los tepehuanes de la baja, la realizan personas de manera individual y casi exclusivamente para consumo propio, son raros aquellos que la comercializan. Los objetos que se han observado que explotan para la venta son aquellos que A r t e s a n í a

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elaboran con palma como escobas, escobetas y hamacas, quizá por que su elaboración no absorbe mucho de su tiempo y por contar con abundante materia prima. Sin embargo es común ver a los tepehuanes de la mencionada zona baja, que porten, preferentemente morrales en sus tres modalidades, pero aluden que les son vendidos o regalados por familiares o amigos de la sierra que los visitan cuando inician los trabajos agrícolas en la costa. Muchos, sobre todo mujeres, aseguran conocer la técnica y tener la habilidad para elaborar objetos artesanales como los morrales, pero en el lugar que actualmente residen no están dadas las condiciones para explotar tales conocimientos. Esto, porque la principal dificultad a la que se enfrentan es el factor tiempo, debido a que tanto en la temporada de lluvias y de secas se encuentran insertos en actividades agrícolas muy absorbentes y sobre todo, desgastantes. Todos los días trabajan, excepto el domingo, las jornadas inician desde que amanece hasta que cae el sol. En cambio, las personas que viven en comunidades de la sierra la situación es distinta, pues la elaboración de objetos artesanales es una actividad contemplada en la vida cotidiana, pero sobre todo obedece a las costumbres y a las tradiciones. Por un lado, muchos de los artículos que confeccionan son parte indispensable de la vestimenta, como el morral o talega en sus tres variaciones, lo mismo que el sombrero (bonam) de soyate y el huarache (susak) de tres puntas. Los dos últimos en la actualidad se usan en casos A r t e s a n í a

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excepcionales, la mayoría prefiere los comerciales. El morral quizá es la prenda más utilizada tanto por hombres como por mujeres. Respecto al atuendo considerado tradicional se observa que mayoritariamente lo porta el género femenino, en el caso de los varones desde hace varias décadas ha caído en desuso en casi todas las comunidades, su uso se reserva principalmente para la celebración del ritual del mitote o xiotalh. Debido a que los consejos de ancianos y los jefes de patio han pretendido establecer esta norma para todos los miembros de las comunidades que asisten a las ceremonias. El infringir la norma pueden ser castigados, negándoles el ingreso al patio del mitote. Respecto a casos en que tanto hombres como mujeres llevan la vestimenta todos los días o la mayor parte del tiempo son poco comunes, se pueden localizar algunos anexos de las comunidades de Santiago de Teneracas, San Francisco de Ocotán, San Francisco de Lajas, considerados lugares recónditos distribuidos en la sierra o sobre las barrancas de la rivera de los ríos Acaponeta (San Diego o Espíritu Santo como le denominan en la Tepehuana) y San Pedro (Mezquital nombre como lo identifican los tepehuanes), principalmente en territorio de Durango. Retomando la descripción de la artesanía. En los último años se ha observado que algunos emprendedores tepehuanes cuando desarrollan proyectos para comercializar sus productos en un mercado más amplio, en su gran mayoría fracasan, porque difícilmente se logran adaptar a las A r t e s a n í a

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demandas. Mucho de esto tiene que ver con la cuestión de la estética, la presentación del producto (empaque-embalaje), con lineamientos de producción, en fin, con estrategias de comercialización en general. Además el cliente en muchas de las ocasiones suele establecer comparación respecto a los valores estéticos, tratando de equiparar estos con los de sus vecinos huicholes, y al entrar en juego dicha condición, las piezas de los segundos les resultan más atractivas por su colorido y simbología que demuestran. También, porque estos han aprendido a lo largo de los años que desarrollan la actividad, a vender artesanía, lo mismo que a vender cultura. La artesanía y arte huichol, en especial los cuadro denominados nierikas, es frecuente encontrarlos en una gran cantidad de ciudades de México, incluso del país vecino Estados Unidos: en playas, parques, mercados, ferias, etc. En fin, los huicholes se caracterizan por ejercer el comercio de artesanía en mercados itinerantes, lo mismo que establecidos. La estrategia que emplean para vender, es la imagen, es decir, el atuendo rimbombante, colorido. Es considerado un uniforme para muchos de ellos, tal como me comentó un vendedor de artesanía en la ciudad de Tepic, Nayarit, que todos aquellos que se dedican a vender deben portarlo, porque lo ven como parte de su identidad, porque así venden más, y porque el gobierno también se los exige para poder ocupar un espacio en el centro de la ciudad. Entonces, el éxito de los huicholes como cultura y como productores de artesanía no tiene que ver sólo con la naturaleza del A r t e s a n í a

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grupo, sino también con las estrategias que han logrado establecer para comercializar su cultura y sus productos. Refiriéndose al reconocimiento que han alcanzado a nivel internacional, la investigadora Lourdes Pacheco Ladrón de Guevara de la Universidad Autónoma de Nayarit, en un comentario que nos compartió a los participantes y asistentes del XXXI Encuentro de la Red Nacional de Investigación Urbana, celebrado en la Universidad Autónoma de Nayarit, en el 2008, señaló, que los huicholes eran considerados “los pavorreales de la etnografía” porque ahora todo mundo quiere realizar investigaciones sobre ellos. De ahí que los trabajos de los tepehuanes, desde tal comparación, son vistos muchas veces como si se tratase de imitaciones de menor calidad (Reyes, 2010: 270). Los huicholes o wixarika tienen una diversidad más amplia de productos artesanales en comparación a los tepehuanes, pues aparte de los morrales y su atuendo que son muy vistosos y con muchos motivos simbólicos, también han alcanzado reconocimiento internacional los cuadros elaborados con estambre sobre una base de madera plana cubierta con cera de campeche, que suelen denominarle entre los huicholes nierikas o nierikate, y los trabajos que realizan con chaquira sobre superficies de madera o de variada naturaleza.

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Respecto a la elaboración de cuadros, en versión tepehuana, la familia de don Felix Bautista Ramos, originarios de San Andrés Milpillas, municipio de Huajicori, Nayarit, es una de las que ha alcanzado mayor reconocimiento en este rubro. Muestra de ello, son las solicitudes de cuadros de estambre y piezas elaborados en chaquira que les hacen del interior del país, así como de Polonia, Francia y de Estados Unidos, según comentó don Felix. Desde poco más de 20 años que radican en la colonia Prieto Crispín, en Tepic, la capital de Nayarit, la familia extensa de don Félix, han tomado como única actividad la elaboración de este tipo de artesanías. Diferente a las que trabajan sus hermanos tepehuanes de la sierra, las cuales obedecen más a la tradición y en el mayor de los casos el sistema de producción es más estacional o se desarrolla en tiempos libres. En el 2011 que tuve la oportunidad de entrevistar a Don Felix, me aseguró que aprendieron la técnica de los huicholes. Este intercambio de saberes pudo darse gracias a que la colonia donde residen es contigua a la Zitakua habitada por wixárikas. Pero también el aprendizaje suele compartirse en la cárcel entre reclusos, tal como sucedió con el hijo de don Felix, quien aprendió el oficio estando preso de un compañero huichol. Otros tepehuanes, aseguró el entrevistado, llegan a aprender, sobre todo los que viven en las cercanías al Cerro Gordo (lugar sagrado para los grupos indígenas de la Región del Gran Nayar) a donde acuden cada año a depositar sus ofrendas, tepehuanes, huicholes A r t e s a n í a

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y otros grupos. La estancia de los huicholes en dicho lugar, no sólo es propicia para rendirle culto a sus dioses, también para intercambiar saberes con los tepehuanes. El intercambio de estos tiene una circulación de ida y vuelta, porque no se puede pensar que sólo se desarrolle en un solo sentido. Este tipo de prácticas es lo que caracteriza a los grupos de la Región del Gran Nayar, los prestamos culturales que se desarrollan entre uno y otro, que incorporan y asimilan en sus costumbres y quehaceres cotidianos. Sin embargo, las comparaciones que con frecuencia se realizan sobre los cuadros de los tepehuanes en relación con la de los huicholes, ellos defienden la idea de que plasman su propia cosmovisión, al igual que ellos, lo mismo que sus prácticas representativas como la ceremonia del xiotalh, los mitos, costumbres, tradiciones, el entorno natural (flora, fauna), y de más elementos particulares. Entonces al remarcar esta diferencia, prefieren que no se les considere como meros imitadores del arte huichol, más bien que se les reconozca por difundir su propio género o variante. De allí que para establecer una diferenciación entre unos y otros, se puede decir que el arte huichol se distingue por representar el mundo de una manera más abstracta, en cambio, entre los tepehuanes los trabajos tienden a ser de corte más naturalistas y geométricos.

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Bueno, aun y sin la tan reconocida parafernalia de la artesanía que poseen los tepehuanes del sur en comparación con la de los huicholes, se están abriendo paso, en ocasiones de manera individual y en otros casos colectivamente como ya hemos aludido. En últimos años, por la importancia que se le ha dado al patrimonio cultural indígena en Durango, la artesanía tepehuana se difunde a nivel estatal, nacional e internacional. Prueba de este esfuerzo es la creación en 2006 de la Cooperativa Artesanal Femenina Indígena Bhaim’kar O’dam, la cual está integrada por más de 200 mujeres Tepehuanas de las comunidades de La Guajolota, Bajío de Milpillas, Aguilillas, Cerro de las Papas, Llano de Tejones, Llano Grande, Las Avispas, Laguna del Chivo y Mesa de la Gloria. La cooperativa ha sido impulsada y promovida por la ONG O’dam de España, en colaboración con varias instituciones mexicanas como la CDI, SEDESOE, SEDESOL y la Secretaría de Turismo del Estado de Durango. El proyecto también ha contado con el apoyo del Ayuntamiento de Oviedo desde el año 2006, y en el 2008 del Ayuntamiento de Siero, España1. La cooperativa cuenta con un comité de dirección por comunidad que está formado por una presidenta, secretaria, tesorera y control de vigilancia. Este comité se encarga de supervisar y vigilar que todo el proceso de reparto de material, elaboración, distribución, venta y cobro 1

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Nota recuperada el 29 de mayo de 2012 en la página: http://odamongd.org/

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sea ordenado. Los cargos son elegidos por las propias socias cada año en una asamblea general. Las socias de la cooperativa reciben formación y asesoría en educación básica, técnicas de artesanía, contabilidad, gestión de proyectos productivos, etc. Además, el proyecto “Consolidación de la Cooperativa Artesanal Bhaim’kar O’dam” provee de material, maquinaria y un almacén/tienda en la ciudad de Durango para la distribución de las artesanías dentro y fuera de México gracias a su tienda on-line www. artesaniasodam.org.2 En octubre de 2007 inauguraron su primera tienda en la ciudad de Durango. No obstante, sus productos también pueden encontrarse en establecimientos hoteleros y tiendas de artesanía. En abril del 2009 se realizó una exposición de artesanía tepehuana en la casa de la cultura de Pola de Siero. Ahora la artesanía se puede adquirir en la mencionada Villa española, así como en Madrid y Gijón.3

Por su parte, el Fondo Nacional para el Fomento de las Artesanías (FONART) en coordinación con SEDESOL, del 2009 a la fecha, en comunidades tepehuanas del municipio del Mezquital, Durango, se han

2 Nota recuperada el 29 de mayo de 2012, en la página: http:// odamongd.org/node/36 3 Nota recuperada el 29 de mayo de 2012, en la página: http:// odamongd.org/node/36 A r t e s a n í a

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desarrollado talleres de capacitación para organizar grupos de artesanas/ os en diversas localidades serranas. Se tiene conocimiento que funcionan dos grupos en La Guajolota, uno en Santa María de Ocotán, uno en Llano Grande, dos en Jacalitos, uno en Teneracas y uno en los Leones. Casi todos están compuestos de más de 50 integrantes, en su mayoría mujeres.4 En los diferentes grupos conformados como ya se indicó, la gran parte de los miembros son mujeres, porque los productos que mayormente explotan para la venta son aquellos que elaboran con la técnica de bordado, tejido y telar, destacando el morral arpus y bhaimkar, y la rede asak. Aunque en últimas fechas se están incorporando hombres en actividades exclusivas de mujeres, por ejemplo, el tejido y bordado de morrales, manteles, etc. Algunas artesanas me comentaron, el caso de un varón del grupo de la comunidad de Los Leones del municipio del Mezquital, que fue merecedor a un premio estatal por su trabajo en este rubro. En 4 En este estudio constantemente estaremos haciendo referencia a dos grupos de artesanas de la comunidad de La Guajolota, debido a que se ha trabajado con ellas durante varios periodos en el 2010 y 2011.Uno de los grupos es el que coordina la señora Paula Santana Caldera, llamado Tu Somich(cosedoras)y el quecoordina doña Catalina Reyes Flores, llamado ubi t’u bidhiñ(mujer hiladora). Aunque trataremos se exponer información recabada también en otros lugares del mismo estado de Durango, como de Nayarit y Sinaloa donde se logró realizar trabajo de campo, también con tepehuanes. A r t e s a n í a

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la comunidad de la Guajolota (tobatam), también hay hombres que están incursionando en el dominio de la técnica de coser y tejer, y cuando se compara las prendas que diseñan las mujeres con las de estos, afirman las artesanas que no es fácil encontrar diferencias porque en ocasiones es tanto el dominio de la técnica que llegan a ser mejores que las de muchas de ellas. Los trabajos en los que se insertan mayormente los hombres son aquellos en los que se emplea la fibra de maguey (tom), madera (taa’mla), soyate (umuu), sotol, palma y barro. Dentro de la variedad de productos que diseñan destacan las bateas (bachia) y cucharas de madera (bhiikar), sonajas de guaje (xixkih), violines, petates, cestos de soyate (umuu’baalh), sombrero de soyate (bonaam), equipales de uso común (atooxkor) y exclusivos para autoridades (a’toxkar), pipas de barro (duiñkar), sogas (thirbiñ) de ixtle y de cerda de cola caballo, sudaderos de ixtle (iaptara’), hondas, molcajetes (topaa), cajetes de barro (joxial), petates (main) y escobas (soobolh) de palma y soyate, cobijas (sa’va) de lana5, entre otros. También han

estado ampliado su campo de producción a los objetos que antes sólo tenían una funcionalidad sagrada, como las flechas, veleros, estuche para instrumentos de curanderos o para flechas sagradas (basak), sahumadores o copaleros (cobiuncar) coronas se sotol (ximat), coronas de danzantes 5 Las cobijas o borregas, son de lana de borrego y suelen ser elaboradas tanto por hombres y mujeres en telar. A r t e s a n í a

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(kipi xialchun gu nidam) tamales de pinole ceremoniales (bhammax)6, coronas (kipi) de pinole para los mayordomos y varas ceremoniales (oxia gio u’ pua). Las mujeres se involucran en la elaboración de casi todos los objetos artesanales anteriores, aunque explotan en mayor medida las técnicas del bordado y tejido propios, buscando ampliar la variedad de productos y un tanto satisfacer la necesidad y gusto del mestizo. Respecto a las características de los tejidos las artesanas suelen distinguir dos, uno que le denominan tejido punto de cruz (bap xixim) y tejido punta de oro (shtlik). El último lo consideran más fino, es empleado en manta, las piezas confeccionadas con esa técnica son más resistentes, más vistosas y por su puesto les lleva mucho más tiempo su diseño. Mientras que el primero en la tela cuadrillé, que se caracteriza por ser más porosa, implica menos tiempo la confección de la prenda y por su puesto su venta es de menos costo. También dentro de la dinámica de elaboración de artesanía, existen aquellos que participan dentro de los grupos como proveedores de 6 Empleados en las ceremonias de cambio de varas o cambio de autoridades tradicionales. Estos simbolizan el cargo que la nueva autoridad va a desempeñar, también a estos miembros que ocupan un cargo les denominan cargueros. Las coronas de pinole también las portan los cargueros el día de las entregas. A r t e s a n í a

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materias primas de la región como fibra de maguey, soyate, palma, otates, cuero, plantas y raíces de las que extraen pigmentos naturales. Tenemos entonces que la inserción de los géneros en la confección de artesanías hoy ya no está totalmente diferenciada, porque se enrolan tanto uno como otros en actividades que antes eran exclusivas de cada género. Ahora, con el empleo de las técnicas mencionadas de bap xixim y shtlik y aprovechando todo el saber ancestral, plasman en nuevos productos la simbología que comúnmente encontramos en los morrales, sobre todo del bhaimkar. Los nuevos productos son aquellos como portallaves, porta laptop, monederos, cojines, centros de mesa, manteles y más. Afirma la señora Paula Santana Caldera, presidenta del grupo de artesanas Tu Somich (Cosedoras) de la comunidad de La Guajolota, anexo de Santa María de Ocotán, que en el 2010 recibieron capacitación por Sandra Rivas Arbesu, la cual fue enviada de oficinas centrales de Fonart. La capacitación se centró, primeramente en organizarlas como grupo, eligieron de manera democrática los representantes: presidente, secretario, tesorero y vocales. A cada uno se les habló sobre su función y también que en determinado tiempo según lo viera conveniente el grupo se debería convocar a los miembros para cambiar de mesa directiva. En segundo lugar, se les habló ampliamente sobre el estado de su artesanía, las ventajas y desventajas que tiene respecto al diseño, uso de A r t e s a n í a

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materiales, colores, inversión en tiempo, inversión en materias primas, y sobre todo venta del producto. Les hizo hincapié que para colocar sus productos en el mercado mestizo (que es a donde se destina principalmente), había que modificar algunos aspectos de los procesos de producción tradicional, claro, sin afectar de manera significativa el saber y los sistemas de diseño ancestrales. Por un lado, se les indicó que vieran esto como una oportunidad de empleo, que les permitiría ampliar la capacidad de producción de manera organizada, esto es, invertir más tiempo a dicha actividad del que han destinado, emplear colores que sean atractivos para el cliente mestizo. También les indicó que deben fijar el precio del producto de acuerdo al tiempo invertido, a la técnica del diseño y sobre todo, al costo del material con el que se confeccionó la pieza. Porque se tenía la experiencia que vendían su artesanía “al tanteo”, es decir, en ocasiones asignaban precios muy elevados y en otros casos eran muy bajos, en su lógica no existía una regulación respecto al valor de los productos por todo lo que implicaba su elaboración. Dicha experiencia también la tuvo Carl Lumhotlz cuando visitó a los tepehuanes de San Francisco de Lajas a finales del siglo XIX y registró que […] aquella gente, para sus transacciones comerciales en base del todo diferente a la de los “vecinos” (mestizos) en cuanto a qué cada cosa tiene su precio fijo. No hay, pues, que regatear con ellos: una vez que han dicho el valor en A r t e s a n í a

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que estiman una cosa (y siempre lo fijan alto) se aferran a él, y como no les importa el dinero dificultan bastante el comercio (Lumholtz, [1904] 1986: 448.)

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Con el fin de contribuir al mejoramiento de la producción de artesanía entre los tepehuanes, Sandra Rivas Arbesu, en unos informes (que muy amablemente me compartió sobre su colaboración que tuvo en las comunidades tepehuanas del Mezquital) se indica que a través del proyecto “Línea de producción con textiles tepehuanos”, estuvo trabajando de junio de 2010 a junio de 2012. Durante ese periodo se pusieron en práctica una serie de acciones como las que se enumeran a continuación: No. 1. 2. 3. 4. 5. 6. 7.

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ACCIONES Y ACTIVIDADES (2010-2012) Aplicación de entrevistas a las artesanas. Registro de técnicas artesanales tradicionales. Registro fotográfico de productos tradicionales. Elaboración de muestrario iconográfico. Se otorgó apoyo económico y material para la producción de artesanías y para la creación de un banco de materiales. Se benefició para la creación de dos tiendas en la Guajolota, a las que se nombró Tú somich (cosedoras) y Tú bidhiñ (hiladoras). Se asesoró y capacitó en la diversificación de productos, control de calidad, costos y tiempos de producción, y estrategias de comercialización.

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8. 9. 10 11. 12.

Se apoyó para que miembros de los grupos pudieran participar en ferias artesanales en Ciudad de México, Nayarit, Ciudad del Carmen y Monterrey. Se pudo gestionar la marca colectiva “O’dam Arpuus, Morrales Tepehuanos”, en la que participan 80 mujeres. Se colaboró con la subdirección de medio ambiente de Durango, en la elaboración de un diagnóstico de uso y de manejo de la especie de sollate. Y en la identificación de plantas tintóreas. Se trabajó en un diagnóstico para recabar información respecto a las actividades agrícolas, de migración y actividades económicas complementarias a la producción artesanal. Asesoría sobre la integración de nuevos materiales para elaborar productos artesanales.

13.

Se estableció un acuerdo para adquirir sus productos al menos una vez por año para distribuirlos en la tienda Fonart en la Ciudad de México.

14.

Se organizó en junio de 2010, el Primer Concurso de Artesanos del Mezquital.

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Todas las acciones descritas pretendían fortalecer y reorientar el sistema de producción de la artesanía entre los tepehuanes, al dotarles nuevas estrategias de elaboración, diseño, procesos creativos e incorporación de elementos que se ajustaran a las necesidades de los clientes potenciales, sin afectar saberes propios, costumbres y tradiciones.

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4. El valor sagrado y simbólico de la artesanía. 48 En su mayoría las piezas artesanales que, se sabe los tepehuanes han estado explotado para la venta, habían tenido una funcionalidad casi exclusiva en actividades y en espacios de orden cotidiano, y en actividades y espacios de orden sagrado, como ya se ha comentado en apartados anteriores. Muchas de estas aparte del valor estético que las caracteriza, también contienen un valor sagrado y simbólico. Respecto al último, este se puede observar cuando las piezas actúan como ofrendas, cuando aparecen integradas en la diversidad de objetos que dotan de sentido a los escenarios sagrados, y finalmente, cuando estos objetos se les incorporan elementos que aluden a aspectos de la cosmogonía o del entorno, tal como sucede con los morrales. Entre la diversidad de objetos artesanales existen muchos que son empleados en los rituales como el xiotalh, en celebraciones de la iglesia, en distintos ritos de paso y como objetos auxiliares en procesos de curación. La otra categoría de objetos artesanales con valor simbólico, son los de uso cotidiano, como el morral en sus tres modalidades: arpus, bhaimkar y asak. Estos aunque no son identificados propiamente como piezas saA r t e s a n í a

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gradas, es conveniente destacar su importancia, pues son en ellos donde se pueden localizar una serie de representaciones simbólicas que aluden a diversos aspectos de la cosmogonía del grupo, del entorno natural y cultural. Pero no solo esto, también son el principal referente de artesanía que existe sobre los tepehuanes, por su colorido y sus figuras simbólicas son los que más éxito han alcanzado para comercializarse fuera de las comunidades. Las modalidades de morral sobre todo, arpus y bhaimkar, se les ha tomado como base para diversificar sus productos, pues a partir de su técnica de telar y bordado se han estado confeccionando otros, tales como manteles, cojines, porta laptop, porta celulares, etc., que son demandados sobre todo por mestizos. La originalidad de la simbología plasmada en los morrales se sigue conservando en las nuevas propuestas de productos, lo que se observa ha sufrido ciertos cambios es la incorporación de colores. Respecto a lo anterior doña Paula Calderas de la comunidad de la Guajolota, afirma “…los morrales y las cosas que vendemos a los mestizos las hacemos con los colores que a ellos les gustan, les gustan colores más oscuros. Y lo que hacemos para nosotros pues le ponemos colores más brillantes, así es el costumbre de nosotros, que resalten pues”. Como se puede apreciar en la opinión anterior, se pone de manifiesto cierta resistencia y se es consciente sobre la conservación de los saberes tradicionales.

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aun y con toda la prueba de confeccionar nuevas prendas, esta se incorpora de la misma forma como en los morrales, solo se es que tanto el colorido y la simbología plasmada en ellos, se sigue conservando. Los trabajos en los que se insertan mayormente los hombres son aquellos en los que se emplea la fibra de maguey (tom), madera (taa’mla), soyate (umuu), sotol, palma y barro. Dentro de la variedad de productos que diseñan destacan las bateas (bachia) y cucharas de madera (bhiikar), sonajas de guaje (xixkih), violines, petates, cestos de soyate (umuu’baalh), sombrero de soyate (bonaam), equipales de uso común (atooxkor) y exclusivos para autoridades (a’toxkar), pipas de barro (duiñkar), sogas (thirbiñ) de ixtle y de cerda de cola caballo, sudaderos de ixtle (iaptara’), hondas, molcajetes (topaa), cajetes de barro (joxial), petates (main) y escobas (soobolh) de palma y soyate, cobijas (sa’va) de lana7, entre otros. También han

estado ampliado su campo de producción a los objetos que antes sólo tenían una funcionalidad sagrada, como las flechas, veleros, estuche para instrumentos de curanderos o para flechas sagradas (basak), sahumadores o copaleros (cobiuncar) coronas se sotol (ximat), coronas de danzantes 7 Las cobijas o borregas, son de lana de borrego y suelen ser elaboradas tanto por hombres y mujeres en telar. A r t e s a n í a

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(kipi xialchun gu nidam) tamales de pinole ceremoniales (bhammax)8, coronas (kipi) de pinole para los mayordomos y varas ceremoniales (oxia gio u’ pua). 8 Empleados en las ceremonias de cambio de varas o cambio de autoridades tradicionales. Estos simbolizan el cargo que la nueva autoridad va a desempeñar, también a estos miembros que ocupan un cargo les denominan cargueros. Las coronas de pinole también las portan los cargueros el día de las entregas.

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ASAK: El proceso del tejido

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ASAK: El proceso del tejido

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CONCLUSión Finalmente, después de haber realizado un breve recorrido por algunos momentos históricos, descrito aciertos y dificultades sobre el tránsito de la elaboración de artesanía pensada tradicionalmente para autoconsumo y después también para comercializarla; nos podemos dar cuenta que los esfuerzos en esta materia emprendidos por los mismos tepehuanes y por instituciones de gobierno, han estado rindiendo algunos frutos. Ahora la artesanía de los tepehuanes es más conocida en la región, se ha comenzado a regular su producción, al tomarse en cuenta ciertos parámetros que exige el consumo externo. En esta misma experiencia también se adquiere conciencia respecto a lo que se elabora para consumo interno, lo mismo que para aquello que se distribuye fuera de las comunidades, es decir se tienen presentes las costumbres y los saberes ancestrales. Porque así como afirma doña Paula Calderas de la comunidad de la Guajolota, “…los morrales y las cosas que vendemos a los mestizos las hacemos con los colores que a ellos les gustan, les gustan colores más oscuros. Y lo que hacemos para nosotros pues le ponemos colores más brillantes, así es el costumbre de nosotros, que resalten”. A través de este acercamiento nos pudimos dar cuenta, que la producción de artesanía entre los tepehuanes es un tema que requiere mayor atención, y que la situación de esta es diferente en la sierra y en las planicies costeras. Mientras en una de las partes esta actividad está meramente relacionada con las prácticas cotidianas y con las costumbres, A r t e s a n í a

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en el otro caso dicha práctica se ve aminorada por todas las implicaciones que la vida social exige.

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Ahora se sabe también que las actividades que eran exclusivas para hombres y para mujeres, cada día dejan de serlo, pues las necesidades económicas y alimenticias impactan por igual a los dos géneros. De allí que los roles que juegan hombres y mujeres tienden a reflejarse en las comunidades, la equidad e igualdad ya es una práctica que se visualiza cada vez más.

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Bibliografía Cárdenas, Juan M. (2012) “Sequía en las montañas”, Periódico El Siglo de Durango, miércoles 11 de jul 2012, recuperado el 15 de febrero del 2013, en la página: http://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/762905.sequia-en-las-montanas.html

155

Cramaussel, Chantal (2007), “La Región de San Francisco de Lajas, Durango. Los tepehuanes audam de la vertiente occidental de la sierra madre”, en Transición No. 35, Universidad Juárez del Estado de Durango, Durango, México, pp. 8-27. Cramaussel, Chantal (2014), “El recorrido al Cerro Gordo y el ritual tepehuano de las ofrendas en los cerros de la comunidad de San Bernardino de Milpillas”, en Frontera Norte, Vol. 26, Núm. 52, Julio-diciembre de 2014, pp. 135-154. Lumholtz, Carl, El México desconocido (Edición facsimilar), Instituto Nacional Indigenista, México, (reimpresión) 1986. LLovet, Jordi, Ideología y metodología del diseño, Gustavo Gil, Barcelona, 2da. Edición 1981, Pp. 53-54. Marín García, Jorge Luis, (2006) (tesis de maestría) Arte y artesanía huicholas: la construcción de tradiciones, El Colegio de Michoacán, Zamora, Michoacán, México. Martín Juez, Fernando, (2002) Contribuciones para una antropología del diseño, Gedisa, Barcelona, España.

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Rangel Guzmán, Efraín, Marín García, Jorge Luis, (2014), “Desplazamientos territoriales y nuevos asentamientos tepehuanos, comunidades tepehuanas”, en Relaciones. Estudios de historia y sociedad, No. 137, Vol. XXV, El Colegio de Michoacán, México, pp. 149-178.

156

Rangel Guzmán, Efraín, (2007), “La Virgen de la Candelaria y su fiesta en dos comunidades tepehuanas del sur, San Francisco de Lajas, Durango y Sihuacora, Durango”, en Transición No. 35, Universidad Juárez del Estado de Durango, Durango, México, pp. 28-57. Rangel Guzmán Efraín, (2014) “Frontera simbólica y cultural de la Tepehuana alta y Baja” en Cuaderni di Thule XIII, Atti del XXXV Congreso Internazionale di Americanistica, Perugia, Italia, pp. 395-403. Reyes Valdez, José Antonio, Los tepehuanes del sur, CDI, México, 2006. Reyes Valdez, Antonio, (2006) Los que están benditos. El mitote comunal de los tepehuanes de Santa María de Ocotán, Instituto Nacional de Antropología e Historia, México. Reyes Valdez, Antonio, (2010) “Cazadores de almas. Las flechas tepehuanas y el arte de la personificación” en Elizabeth Araiza (Editora), Las artes del ritual. Nuevas propuestas para la antropología del arte desde el occidente de México, El Colegio de Michoacán, Zamora, Michoacán, México. Vázquez Olvera, Carlos (2005) Alfonso Soto Soria, museógrafo mexicano, México, Instituto Nacional de Antropología e Historia.

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Artesanía Tepehuana  
Artesanía Tepehuana  

Uso simbólico y cotidiano

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