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LOS ZOMBIS DEL SISTEMA    Estaba en una playa muy soleada con mucha tranquilidad y mucha paz, había encontrado el paraíso. me llamo J.La Marmota y ahora todo es fácil para mi, tengo comida, agua, sexo y las sirenas cantan y bailan a mi alrededor, de repente todo en mi paraíso artificial se vuelve oscuro y las drogas consumidas, antes mis aliadas, pasan a ser mis enemigas. Las sirenas se convierten en vampiros, los peces en pirañas monstruosas sedientas de sangre y la playa en un triste cementerio acuático, están a punto de lobotomizarme y antes de volverme completamente imbécil en aquel psiquiátrico los médicos comentan sobre el resultado de un partido de futbol, me preparo para una muerte en vida y con mi misión cumplida despego feliz, pero antes vomito en la sala para dejarles a esos queridos profesionales un bonito recuerdo mío y les dedico la mejor de mis sonrisas, me retuerzo con la saliva colgando mientras los doctores convierten en zumo mis neuronas sinconsiderar la anestesia un elemento importante en este mi transito convirtiéndome en un inolvidable recuerdo, no un recuerdo cualquiera, sino el recuerdo

LOS ZOMBIS DEL SISTEMA LA CAZERÍA Tocan a mi puerta y lo mismo de siempre, tembloroso miro por la merilla mientras me limpio el sudor frio, el día es bastante claro y soleado, dos panteras rosas están detrás de mi entrada, sigo mirando sin abrir y se inquietan, me tiemblan las piernas pero no puedo apartar mi mirada de ellas, al ver que no abro desisten y se van montando en un descapotable rojo con dos tiburones blancos en cada extremo de la capota. Me tomo un respiro y trato de relajarme, estoy a punto de conseguirlo cuando de repente vuelve a sonar el maldito timbre, abro enseguida la puerta sin mirar pensando en acabar con mi absurdo temor a lo absurdo cuanto antes y de una vez por todas. Para mi sorpresa soy yo mismo quien entra, y por supuesto no pienso interactuar conmigo mismo, así que me siento e intento no pensar. Mi brazo empieza a hincharse y salen de el horripilantes duendes con asquerosas verrugas en la cara. Siento mucho frio y también mucho calor, me intento mentalizar e intento no darme cuenta de las extrañas y deformes sombras que invaden mi alrededor mientras me devoran diversos insectos. El horario lo llevo descompensado, despertándome de noche y acostándome de día o quizá al atardecer, pero en fin es lo que tiene un cerebro destrozado por las drogas y diferentes ácidos y sustancias potencialmente corrosivas. Escucho sonar el teléfono y a su vez las risas malévolas de los desquiciados duendes, decido contestar y me lleno de alegría al descubrir y escuchar la voz de Brad, mi mejor amigo, pero al cabo de cinco minutos descubro que el susodicho es imaginario y que mi decrepita mente me ha vuelto a jugar una mala pasada pero la llamada es absolutamente real y se trata de confirmar la asistencia al gran evento y explicar por fin la función de esos extraños satélites suspendidos en el cielo de nuestra pequeña aldea y sus llamativos colores que se reflejan en el gran pantano de las afueras ya entrada la noche. La voz era tranquila y desconfiable, descifre en ella un mensaje amenazante cuando dijo que la caza estaba a punto de empezar y que nuestras precarias pagas iban a ser completamente reducidas a cenizas. El depredador se aproximaba con suave piel de cordero y una tierna sonrisa con colmillos blancos como la nieve y ojos fríos como el hielo, pude sentirlo, también olerlo, estaba demasiado cerca y era demasiado grande, su putrefacto aliento me derrumbo a través del teléfono cuando me conto la fabula del escorpión y la rana, después rio maliciosamente y colgó. Estaba atardeciendo y salí a comprar algunos preparativos para mi cena romántica, mi cariñito y yo nos poníamos mutuamente los cuernos, mas ella que yo, pero estábamos muy enamorados, ella era dulce, cariñosa y con algún que otro brote psicótico. Empezamos a cenar y no decimos absolutamente nada, solo nos miramos y sonreímos, me acerco a mi ordenador y pongo una canción de Sergio Dalma, concretamente bailar pegados, luego como es lógico bailamos pegados, mas tarde le pido matrimonio y me dice que si emocionada a la vez que me atraviesa la mano con el cuchillo de cortar jamón y me desmayo del dolor.                      

 

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LOS ZOMBIS DEL SISTEMA    LAS SEÑALES Me despierto aturdido en un hospital y hablo tranquilamente con mi imagen reflejada en un extraño idioma que ni siquiera conozco haciendo referencia a esa extraña conversación telefónica. Aquel tipo no era yo sino un simple influjo adyacente y allí presente con la indudable cualidad de representar su propia imagen de forma confusa y extremadamente dudosa, pero eso a mi no me importaba, eran detalles mínimos y yo me preparaba para partir hacia la encrucijada final sabiendo que para bien este sería un gran día, mi mano estaba curada, mi mente o lo que queda de ella saldría finalmente de dudas y mi relación sentimental desembocaría en la formalización total de esta. No esta nada mal para ser un exyonqui y un despojo social catalogado como basura. La extraña y espectral imagen antagónica a mi notablemente gruño convirtiéndose en una lúgubre y oscura bestia cuyos rasgos animalescos se mostraban fieros y severos y sus pupilas rojas manifestaban ira y descontento. Me di cuenta en ese momento de que solo pedía ayuda, me dispuse a romper el espejo y la cosa salto sobre mi derribándome contra el sucio suelo, entonces, desapareció. Me dispongo a salir del hospital y a dirigirme al gran evento estipulado ornamentalmente para cambiar de manera positiva o negativa y sin duda rotunda nuestras extrañas pero de algún modo significantes vidas, recojo la supuestamente túnica reglamentaria en la placeta del pueblo y telefoneo desde un móvil ajeno a mis más allegados comunicándoles mi incertidumbre al recordar que la ceremonia se celebraría a media noche, no entendía el motivo pero este se clavaba con estruendo y dolor en mi estomago, sintetizándose en el resto de mis umbrales espirituales si es que estos se hallaban en su correspondiente ubicación siendo participes por así decirlo en los específicos procesos físicos y neuronales, destruyendo el malévolo y burlón virus natural o transgénico con forma de procesión cadavérica con caballos negros y jinetes portadores de grandes cruces de madera con cuervos posados en ellas. La visión decrepita me acompañaba como el barquero sin rostro acompaña al alma en pena por el siniestro y oscuro lago sin ni siquiera mostrarle su compasión en el trayecto, manteniéndose ambos en universos paralelos y siendo totalmente impersonales mientras contemplan el desolado paisaje, la vegetación marchita y los árboles muertos. Interpreto esto como avisos viendo como un señor bajito y con la tez blanca me sonríe mostrándome sus dientes podridos, se quita el sombrero haciendo una especie de reverencia y se esfuma lo más rápido posible. Recuerdo mi antiguo trabajo de sexador de pollos al pasar en frente de pollería Carmelo, me quede fascinado un buen día al descubrir un extraño pollo con clavos en el cuello, el Frankepollo, una máquina de matar que exterminaba a sus semejantes y copulaba con todas las gallinas, un experimento fallido y totalmente descatalogado que enterramos en el olvido, pero no dejo de ser una señal, como las líneas de humo que desprenden los aviones o los satélites iluminados en la profundidad del cielo. También trabaje limpiando piscinas, conocí a un tipo convencido completamente de que habitaba un monstruo en su piscina, el agua se agitaba de una forma poco usual, se oían bramidos de compleja interpretación y olía molestamente a pescado podrido, el tipo no se acercaba demasiado al agua hasta que un día se vio reflejado en ella y descubrió horrorizado que el monstruo era él.                                              

 

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LOS ZOMBIS DEL SISTEMA    EL GRAN EVENTO Ya con la respectiva túnica, que por cierto había pagado con mis impuestos, me reúno con mi grotesca pero singular pandilla, todas víctimas de la absurda guerra bacteriológica a la cual denominamos la cobra negra por su letal y deforme veneno y las rotundas y profundas secuelas marcadas en nuestra decrepita población. El indeseable y molesto humo surcaba el cielo a sus anchas cual corsarios experimentados los siete mares sin temer siquiera los ataques de pulpos gigantes o despiadados tiburones. Los demonios reían de una forma histérica y amenazante detrás de la cortina de gases pudiéndose distinguir montañas con fauna y flora marchitas y personas borrachas de tristeza contemplando océanos oscuros con cielos totalmente nublados, nadie entendía nada, nadie era feliz. El humo formaba rostros de hienas con alargados colmillos y ojos felinos sedientos de sangre mientras mascaras vampiresas danzaban a su son con siniestras melodías que acompañaban el macabro festín de almas devoradas por los susodichos. Las absurdas guerrillas tribales nos habían hecho notablemente más fuertes y resistentes que cualquier cucaracha radioactiva en su respectiva hábitat natural o la que ella ha buscado para su mejor adaptación en un medio completamente hostil a la par que suburbial e incómodamente urbanizado como un terreno abrupto pero al fin y al cabo recalificado. La gran pantalla mostraba a políticos con la mandíbula separada en dos partes y un agujero en la espalda en el que cabía una mano, eso si, todos iban muy bien peinados y arreglados, su traje y sus uñas hacían gala de una pulcritud totalmente extrema y fuera de lo normal, los carismáticos títeres trasmitían a la población enormes dosis de confianza pese a sus ojos fríos y muertos y sus rasgos decrépitos y podridos. Estos elementos emitían mensajes subliminales y potencialmente dañinos estructurados bifocalmente, siendo psicológicos y colindantes cerebralmente con ambos hemisferios concurriendo en derivadas fases confusas emergentes cual volcán en erupción e interrelacionadas con el efecto nasal que producían sus carísimos perfumes. Los horrendos oradores promulgaban la alienación psicológica como una visión de un bonito bosque repleto de plantas carnívoras y la manipulación sistemática y social como una caja de bombones llena de lombrices, todos a su vez adoraban a un extraño sacerdote con cabeza de prepucio llamado reverendo Pene, este individuo iba acompañado de sus fieles compañeros Maric Onli y Yiusepe Elsapete, era tan sumamente temido porque expulsaba semen corrosivo por su cabeza, de hecho se comenta que fue víctima de crueles experimentos entendiéndose así el motivo de su aspecto, siempre se tapaba con una túnica porque en su cuerpo tenia cabezas humanas cosidas y disecadas como oscuros trofeos que alguna vez tuvieron vida. Sentado en su trono dorado el diabólico reverendo miraba con soberbia a toda la población, nos obligaba a llevar túnica y a pagar por ella, aunque parezca extraño el grotesco líder había salido elegido por votación, sus monigotes nos habían engañado claramente, de hecho nos seguían engañando y nos obligaban a hacer sacrificios absurdos, levanto la vista y veo que mi prometida esta en el altar de los sacrificios y mis lagrimas caen al vislumbrar como es decapitada por un verdugo encapuchado mientras la gente aplaude y ríe. El verdugo sostiene la cabeza y la enseña al público y más tarde la cose al desagradable cuerpo del reverendo, así comienza el gran evento.

 

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LOS ZOMBIS DEL SISTEMA    BLOQUEO SISTEMATICO Siniestras mayorets decrepitas y cadavéricas amenizaban el horrendo festival encabezado por grotescos enanos malabaristas y mujeres barbudas y calvas. Todo era luz y color sin embargo no había ni rastro de alegría, todo era triste y fúnebre. Se me hacen las cinco de la mañana en el evento y ni siquiera tengo ánimos para despedirme de mi gente, arrastrando las piernas como podía después de tan tremendo disgusto me dirijo al sendero que esta entre dos colinas por ser el mas próximo a todos los caminos y a su vez paradójicamente el mas lejano y apartado de nuestro pueblo, se oía el crepitar de ramas de árboles muertos sin savia que los alimentara y el trinar de enfermizos pájaros interpretándose así como un lamento tétrico y agonizante. El amanecer se aproxima y la resaca del pasado perdura abriendo de nuevo heridas ya cicatrizadas que se traducen en peligrosas secuelas y perturbando el descanso de los fantasmas que deambulan sin rumbo por las amenazantes fauces del bosque, cada cual con su atroz drama y saboreando su miseria eternamente condenado a no poder descansar. He hecho ya como una inmensidad caminando y no parece que esto vaya a acabar de un momento a otro, miro a los lados y solo veo gente ahorcada o crucificada, los que tardaban en morir lloraban o reían histéricamente presos del pánico y de la locura, a mi derecha había un hombre enterrado, solo le habían dejado fuera la cabeza y las hormigas le devoraban el rostro lentamente mientras las aves carroñeras le arrancaban los ojos brutalmente, no se podían soportar los tremendos gritos de dolor, había gente quemada, desmembrada y mutilada, todos eran víctimas, todos tenían algo en común, habían sido emprendedores y soñadores y como tal habían recibido su castigo por salirse del rebaño.                                                                                    

 

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LOS ZOMBIS DEL SISTEMA    LA SABIDURIA Salgo del bosque ya de día y bordeando un pequeño suburbio me dirijo al bar Clown, donde te atienden antiguos payasos fracasados con lagrimas negras pintadas en sus melancólicas y arrugadas caras. - La vida es un circo señor marmota jeje jeje - dijo el payaso irónicamente mientras me serbia un carajillo con una bebida isotónica y esbozaba una sonrisa totalmente fingida. Me congratulaba que intentara ayudarme con su humor detestable y su incondicional buena intención pero justamente hoy no era el día mas idóneo para realizar tal esbozo, así que no pude reírle la gracia, le conteste con un interminable suspiro y un gesto que asentía a sus palabras y que mas o menos premiaba su acción. En el oscuro antro apenas quedaba nadie y el ambiente era muy frio y desangelado, pensé en irme pero algo me retuvo en ese sucio y pegajoso taburete. Me di cuenta de que el triste payaso se volvía a acercar a mi poco a poco con sus ojos azules pero apagados como si fueran dos bombillas fundidas, sonríe otra vez y sin pedir ningún tipo de permiso se sienta a mi lado. - He estado observándole mucho tiempo señor marmota, quizá demasiado- dijo el singular personaje mientras hurgaba en su roja nariz haciendo un desagradable ruido con sus cuerdas vocales. - No se bien a que se refiere, pero me incomoda su presencia, tiene usted algo que no me gustaconteste yo un tanto enojado por la situación tan sumamente inverosímil que estaba viviendo en ese momento. - Discúlpeme, yo ya ni siquiera existo, soy impersonal, no puedo gustarle ni disgustarle- dijo el extraño ser mientras volvía a hurgarse la nariz todavía mas compulsivamente. - Oiga, no se quien es ni como sabe mi nombre, le ruego que se identifique o que me deje tranquilodije yo un poco intranquilo a la vez que derramaba mi bebida sobre el sucio y polvoriento suelo. -Quien soy es lo de menos señor, llámeme energía, momento, sabiduría, la clave es usted, puede ver mas allá y puede hacer mas allá jejeje je- respondió el payaso histéricamente mientrasdesaparecía. Salí del bar con ganas de interpretar lo que me había dicho ese tipo tan peculiar, pero quería hacerlo a solas, lo que realmente tenía claro era que lo que veía eran señales y que un acontecimiento estaba a punto de producirse.                                                      

 

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LOS ZOMBIS DEL SISTEMA    MAL MENOR Todo volvía a su cauce después del fatal festival y mi angustia regurgitaba entre ovaciones gástricas supuestamente corporales engarzadas psicológicamente con disyuntivas extrasensoriales mediante las cuales me hacían pensar, y esos extraños pensamientos penetraban en mi mente como afilados cuchillos cercenan fríamente alimentos derivados de extractos animales o vegetales. - Un liquidador nunca odia, solo desprecia- decían las incesantes y personificadas voces en mi cabeza. Era muy raro, pero me recordaban a aquel payaso del bar, pensé que era imposible pero a su vez creí que ese tipo se había metido dentro de mi cabeza. - Un liquidador nunca ama, se alimenta del odio ajeno hacia el- seguía la voz seria y firme. - Un liquidador no busca la paz, esta hecho para la guerra- volvía a resonar en mi cabeza. - Un liquidador siempre tiene sed y solo la sangre de sus enemigos la quita- insistía la voz. - Un liquidador no cree en la amistad, solo en las alianzas- concluyo la voz. Necesitaba airearme un poco y me fui a la cafetería del centro comercial, estaba en medio del paseo marítimo y tenía muy buenas vistas aunque la humedad había hecho mella en sus blancas paredes. No había mucha gente, para puntualizar todavía mas solo estaba un tipo bastante viejo sentado en el único taburete del desangelado local. No podía creerme lo que estaba viendo, aquel hombre era el payaso del bar pero vestido sin el disfraz y por supuesto sin maquillar. - Le estaba esperando señor marmota- aclaro el hombre. - No se que esta haciendo usted aquí, pero le ruego que me explique sus motivos- dije yo. - Me he tomado el día libre, quería charlar con usted- replico el hombre. - El debe regresar, señor marmota- añadió el hombre. - No se de que me esta hablando, explíqueme de quien se trata- dije yo. - El estuvo siempre dentro de usted, haga que salga, usted es el único que puede darle forma, es el elegido, el cambiara el mundo, el será nuestro vengador- dijo el hombre. No dando crédito a sus palabras salí corriendo de allí intentando huir sin ni siquiera saber exactamente de que ni hacia donde, pero no lo conseguí. Los pensamientos eran cada vez mas fuertes y no podía soportarlos, la tortura me hacia agonizar cada vez mas convirtiéndose en mi pesadilla diaria y en mi lastre habitual y cotidiano.  

 

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LOS ZOMBIS DEL SISTEMA    EL ORIGEN DEL ORIGEN Los horribles sueños se acrecentaban, me veía cada noche en aquel quirófano con aquel cirujano abriéndome el abdomen. La sangre empapaba la estancia y aquel oxidado bisturí, era entonces cuando perdía el conocimiento y me sumergía en aquella especie de inframundo. Pude ver a gente muy mediocre con altos cargos, a familias enteras sin hogar rebuscando en la basura, a gente realmente valida en la mas pura indigencia, vi al mal vistiendo de Armani y peinándose con gomina, vi la desecha y putrefacta cara del mas absoluto caos, tal degradación se clavo en mi como una sucia astilla infectando todo un organismo vivo. Volví sin ni siquiera darme cuenta al lúgubre quirófano lleno de telarañas. El misterioso cirujano decidió retirar la mascarilla de su rostro para que pudiera ver quien era, para mi sorpresa era el payaso otra vez. Acerco mucho su cara a la mía y después sonrió. - Hay que profundizar mas señor marmota, je je jeje- dijo el mientras desgarraba mis vísceras. Entonces pude observar universidades que esclavizaban a sus alumnos para que mas tarde acabaran pasando frio en la cola del paro, al reverendo Pene haciendo de las suyas por completo y a mi como solo un juguete roto por un sistema criminal. Me desperté con muchísimo frio, lo primero que hice fue mirar mi abdomen y así me cerciore para mi tranquilidad de que todo había sido un sueño, una pesadilla mas de las que solía tener. Mire por la ventana de mi oscura habitación y me percate de un singular detalle, todo estaba nevado y en el porche había un hombre que me sonreía y saludaba muy eufórico, me puse nervioso al averiguar de quien se trataba, era ese payaso otra vez. Decidí bajar la persiana y seguir durmiendo pero algo me hizo pensar, recordé de inmediato quien fui de una forma extraordinaria. Yo era una eminencia, uno de los mejores y mas grandes científicos, tenia una familia y una vida perfecta. Todo iba sobre ruedas, la vida me sonreía, pero fracase en un proyecto y todos me dieron la espalda, perdí mi familia, mis supuestos amigos y mi trabajo. Encontré calor en las drogas y consuelo en el alcohol, mas tarde me arruine y ahora lo he recordado todo. Había perdido la noción del tiempo y acababa de recuperarla, estaba trabajando en un proyecto basado en la supremacía, en la creación de un ser superior, de un súper hombre. El experimento se centraba en la regeneración de células muertas y en la transición corporal entre individuos potencialmente dispares entre ellos con sus susodichos hábitos y sus respectivas características, fue claramente esto lo que me hizo fracasar estrepitosamente y solo por un error me marginaron sin importar lo mas mínimo todos mis logros. Decidí rápidamente golpear y mas tarde derribar el portón de mi sótano, allí estaba, mi antiguo laboratorio polvoroso y maloliente pero aun así no había perdido su maravilloso encanto. Desempolvé el plano de la operación y poco a poco me puse manos a la obra, me entere hace poco de que había fallecido un luchador de jaulas y nadie había reclamado su cuerpo, me desplace hasta la morgue y lo cargue con una pequeña polea instalada por mi en mi vieja y obsoleta camioneta, solo había un fallo, el cadáver no tenia cabeza pero en su lugar puse la de mi antigua mascota, la cual conservaba incorrupta en mi laboratorio, era la cabeza de un pit bull americano, pese a su mala fama es una de las razas mas nobles, valientes y equilibradas, se puede tomar nota de Stubi, un pit bull que fue un autentico héroe de guerra y de muchos otros pit bulls que han hecho cosas muy buenas y importantes como salvar vidas o ayudar en general a mucha gente. Me di cuenta al mirar por la ventana que las nubes formaban la cara de un payaso sonriente, entonces yo decidí devolverle la sonrisa. Me dispuse sin perder un segundo de mi tiempo a crear a mi superhéroe especial, había nacido el Liquidador, de hecho le fabrique un traje negro con una l en el centro. Al principio la convivencia fue difícil pero los dos nos acostumbramos, a el le gustaba jugar conmigo al póker mientras se comía sus Dogchaw y fumar caliqueños mientras hacia pesas, su único problema es que se orinaba en todas las esquinas de la casa.

 

 

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Los zombis del sistema