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e Arte

Sangre y orina Apunte sobre la compatibilidad de Cristo y los fluidos corporales.

por David Mayo Rincón

l pasado mes de septiembre la exposición "Body and spirit" celebrada en la Neoyorquina galería Edwr Tyler Nahem fue objeto de duras críticas y protestas provenientes del sector norteamericano más conservador, el objetivo de las mismas era la obra fotográfica titulada Piss Christ del artista Andrés Serrano. Esta obra ya fue objeto de fuerte polémica cuando se presentó en 1989, llegando a discutirse en el congreso de los Estados Unidos, ahora más de veinte años después parece seguir provocando el mismo efecto y la pregunta ante ello es simple: ¿Por qué esta obra de Serrano sigue molestando mientras otras que en su momento fueron tanto o más polémicas casi han pasado al olvido? Pinturas como Myra de Marcus Harvey o esculturas como Miss Kitty de Paolo Schimidin despertaron similar rechazo cuando salieron a la luz, sin embargo su impacto se diluyó con el tiempo mientras el cristo de Serrano provoca aún ampollas allí donde va. Podríamos encontrar una respuesta a esta cuestión en lo universal de la iconografía usada por el artista, también en lo susceptibles que son las emociones vinculadas a la fe, pero yendo mas allá y teniendo en cuenta que otras obras de iconografía similar han terminado cediendo su impacto, mi conclusión se dirige a que las iras despertadas por el Piss Christ solo pueden deberse a su extraordinaria belleza. El sentido visual de Andrés Serrano bebe claramente de la tradición barroca, y casi toda su obra despierta un enorme sentimiento de goce estético totalmente vinculado a

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nuestra percepción de las pinturas de aquel periodo. Cabría mencionar aquí sin embargo que el Barroco no fue bello en absoluto, sus principios conceptuales consistían en deshacer la armonía y proporción clásicas y sus temas fueron en muchas ocasiones escabrosos y directamente feos. De esto podemos derivar que la admiración estética que despierta en nosotros la pintura barroca se debe más a una admiración frente a la manufactura genial del pintor que a la hermosura de lo representado. Este es uno de los principales valores del Barroco, y posiblemente lo que mas interese de este a Andrés

ellos), solo dos palabras anglosajonas que forman una parte de la obra tan importante como la propia imagen. Al leerlas desaparece el aura mística de belleza con que la fotografía nos muestra envuelta la figura de Cristo en la cruz. Somos sacados de lo sagrado para hundirnos de lleno en fluidos demasiado humanos, demasiado vulgares, y sin embargo ¿como sustraerse de algo tan innato como el goce ofrecido por los sentidos? Es esta circunstancia la que más ofende, el hecho de que inevitablemente sucumbimos a lo que nuestros ojos dictan como bello aunque el resto de nuestro cuerpo diga que es repugnante. Ante el Cristo de Serrano la sublimación de nuestros instintos se enfrenta a nuestros principios sociales, nuestras normas y nuestra fe al universal goce estético. Y no importa demasiado que nos digan que la orina pertenece al artista y no a otro ser, no importa que en el trabajo de Serrano la utilización de los fluidos corporales (no solo orina,

¿Por qué esta obra de Serrano sigue molestando mientras otras que en su momento fueron tanto o mas polémicas casi han pasado al olvido? Serrano, que ha sabido llevar admirablemente no solo los formalismos de aquella pintura a la fotografía, también su concepto de lo siniestro (en el sentido freudiano de la palabra) a un discurso conceptual absolutamente contemporáneo. Sus retratos de la morgue son un claro ejemplo: de excepcional factura formal, la sensación de placidez que trasmiten a veces se contrapone frontalmente a lo que representan, muertes violentas en el mayoría de los casos. Una muerte a la que no accedemos hasta leer el titulo de la obra. El título. Piss Christ (Cristo de orina, Cristo en orina, Cristo meado, cualquiera de estos títulos o todos

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también semen o sangre) guarde cierto vinculo con la misma práctica realizada en los ritos cristianos, ni que otros vengan a contar que la obra puede ser una reflexión sobre como el sufrimiento de la crucifixión ha devaluado en nuestra sociedad, convertido en pura bisutería ornamental que después de usada acaba en la alcantarilla. Nada de eso tiene especial relevancia., sólo importa que de haberse guardado en secreto el procedimiento mediante el que se obtuvo la imagen, que de no haber llevado título, esta obra estaría colgada en alguna pared del Vaticano. Sólo importa que la belleza aun es posible, aunque provenga de una larga y ácida meada.

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