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786 El Maestro

En el mundo no hay más que Un Único Maestro. Uno es el Maestro que tiene el verdadero saber. Se manifiesta en la vida de muchas maneras pero por esencia es Uno. Si el hombre consigue encontrar uno de los momentos de Su manifestación, se encontrará a sí mismo al mismo tiempo. Así es la ley: encontrando al Maestro Único, encontrando a Dios, te encontraras a ti mismo. Y ver Dios y a sí mismo es el momento más sagrado de toda la vida del hombre. Y precisamente en vista de este sublime momento vive el hombre. Solo Dios puede ser Maestro en el mundo. Y cuando Cristo le dice a sus discípulos: “Vuestro Padre es Uno”, sobreentiende el Grande, el Único Maestro. El Maestro es el Padre. Dios se transforma en padre y adopta ciertas relaciones particulares con nosotros según la ley de la sabiduría. Por Maestro, en el sentido universal de la palabra, entendemos a la Augusta sabiduría Divina que otorga al mundo el verdadero saber, que introduce todas las nuevas ideas en la vida, todas las nuevas formas, todos los nuevos sentimientos y todos los nuevos impulsos. En el mundo únicamente hay Un Gran Maestro aunque sus manifestaciones sean infinitas. Y les digo y les repito: únicamente hay un saber, únicamente hay una luz, pero el saber no viene de un solo sitio y la luz no entra por una única ventana. Inumerables son los caminos del saber y las ventanas de la luz incalculables. El encargado de anunciar la verdad a los hombres no habla en nombre propio. Habla en nombre del Único Maestro. Por eso dice Cristo: “No he venido a este mundo para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado”. Todo verdadero Maestro, todo Ungido del Señor llega a la tierra con una misión específica. Las leyes humanas, que no son más que un reflejo de las leyes del mundo espiritual, exigen de los maestros comunes cierta preparación para que puedan ejercer sus funciones. Ocurre lo mismo en el mundo espiritual. Únicamente el Ungido por el Espíritu de Dios puede ser maestro. A quien el Espíritu de Dios no se haya revelado no tiene derecho para enseñar, porque transgrediría la ley divina. Conocen la estructura del hombre y el camino de su desarrollo y de su sublime predestinación. Conocen las relaciones entre su espíritu y su alma, entre su intelecto y su corazón. Por eso son los únicos que verdaderamente pueden guiar al hombre en el camino de su desarrollo. Reconocer a un Maestro es un proceso puramente espiritual. El Maestro no puede aparecer en el mundo físico como un acto acabado, ni entrar en la vida como fenómeno externo; sino que le llega al hombre como manifestación interior inteligente. Es en su interior, en el alma del discípulo que acontece ese reconocimiento. Muchos son los que reciben ideas por sugestión y


se imaginan que provienen de su Maestro. Sin embargo existe una enorme diferencia entre el dialogo interno de un Maestro y la sugestión. La sugestión es un acto de violencia mientras que la palabra del Maestro es un acto libre y por ello el discípulo se siente inspirado cuando este le habla en su interior. Sin embargo cuando el Maestro le habla desde fuera con las palabras de una lengua cualquiera, sus palabras también tienen cualidades perfectamente determinadas. El Maestro pone cada palabra en su lugar. Él sabe el porqué utiliza tal o cual palabra y los efectos que producirán sus vibraciones. Retened esto: la idea de Maestro está estrictamente determinada en la Naturaleza Viviente Es aquel en el que no hay violencia que puede ser Maestro. Es fuerte pero jamás usa la violencia. Es aquel en el que no hay ninguna mentira que únicamente puede ser maestro. Su alta razón excluye toda mentira. Es aquel en el que no hay ningún mal que únicamente puede ser Maestro. Su bondad excluye todo mal. En el hombre que aún hay violencia, mentira y mal no es un maestro, es un discípulo. Y esta es la definición más simple y más accesible del maestro y del discípulo. La presencia del Maestro se reconoce por el hecho de que transmite vida, luz y libertad. Actúa según la ley del Amor, de la Sabiduría y de la Verdad. Quien no observa plenamente esas leyes, aún es un discípulo. El amor del Maestro fue puesto a prueba, el saber del Maestro fue comprobado, la pureza del Maestro fue testada. El Maestro en su sentido verdadero es el hombre perfecto. En él no existe ni la sombra de una duda, ni de incredulidad. Únicamente al Maestro se puede llamar con razón, grande y poderoso porqué su vida se refleja en todo el cosmos. Y cuando la vida y el pensamiento de un hombre se reflejan en todo el cosmos es porque son divinas. La cualidad de Maestro sobreentiende una actividad proveniente de la consciencia de Si superior. Entre el maestro y el discípulo es necesario que se cumpla un proceso puramente espiritual, y también es indispensable que tengan una plena consciencia de la tarea que deben desempeñar. Entre el maestro y el discípulo debe existir un intercambio como el que existe entre la madre y el niño que porta en su seno. Y al igual que el espíritu humano trabaja en el seno de la madre para edificar el cuerpo del niño, y se instruye de ese proceso participando al trabajo cumplido por el espíritu de la madre, así también el Maestro y el discípulo deben trabajar simultáneamente con el Espíritu Divino para edificar el cuerpo espiritual del discípulo, su morada eterna. Por eso cuando se dice que alguien es Maestro, equivale a decir que engendra espiritualmente. Y es en este sentido que en las Escrituras se dice que los hombres engendraron a hombres. El hombre debe engendrar, es decir ser un buen Maestro. El Maestro


le descubre a su discípulo un mundo nuevo como la madre al cabo de los nueve meses con su retoño. De esto se desprende que la tarea de un Maestro espiritual es extremadamente delicada y cargada de responsabilidad. Si alguien asume por voluntad propia las funciones de Maestro y estropea así las almas, tendrá que responder ante la Ley Suprema. La Ley Suprema es amorosa pero justa. A todos esos pretendidos maestro se les mete en la cárcel y cuando hayan purgado sus penas - lo que puede durar miles de años - pueden reemprender el verdadero camino del desarrollo. La Ley es pacífica, pera también es justa. Recordemos a Moisés que estudió en Egipcio con los mejores maestros. Estudio durante muchos años y tuvo que pasar por todas las escuelas. Y efectivamente era grande entre los grandes; pero debido a un hecho altamente reprehensible y absolutamente prohibido a los discípulos tuvo que permanecer cuarenta años en la soledad del desierto para expiar su pecado, y fue únicamente después que se le concedió una nueva iniciación. Hablándoos de la gran responsabilidad del iniciado que comete una falta, lo que quiero es atraer vuestra atención sobre la enorme responsabilidad que asumen esos maestros no autorizados que estropean las almas humanas. Y por eso con tanto empeño el Cristo previene a sus discípulos cuando les dice:” ¡No os hagáis llamar Maestros!” Lo que un verdadero maestro le dice a su discípulo es que no espere gran cosa de él, para no inducir a su discípulo en el error; lo que quiere es llevarle a que descubra por sí mismo la riqueza y la pureza interior de su Maestro y de si mismo, a que descubra no el brillo externo sino todo el esplendor interno. Y además el verdadero Maestro no restringe en nada la libertad de sus discípulos y los deja perfectamente libres. El verdadero maestro aporta al mundo tres cosas: la libertad para el alma, la luz para el intelecto y la pureza para el corazón. El falso maestro aporta: para el alma la esclavitud, para la inteligencia las tinieblas, y para el corazón el vicio. Y ahora para que tengáis una idea mas completa de los Maestros, os diré que existe una categoría de Grandes Maestros que dirigen el cosmos y que son los que crean las nuevas olas evolutivas. La llegada de un maestro es un acto altamente razonado por la Naturaleza Viva. Para un Gran Maestro, para que este pueda manifestarse, es necesario que muchas almas con una alta razón se junten en un mismo lugar. Y a la vez se necesita que las condiciones que exigen su llegada sean preparadas en la tierra. Un Gran Maestro es una unidad colectiva. Hace dos mil años, un joven, rico, le pregunté a Cristo:”¡Buen Maestro! ¿ que debo hacer para tener la vida eterna?” “¡Buen Maestro!”, no hay palabras mas ricas en sentidos, mas melodiosas y mas harmónicas que esas dos palabras. Pero para comprender toda la profundidad de significado, el discípulo debe de haber hecho ya sus pruebas.


Esas simples palabras encierran todos los beneficios de Dios, las condiciones necesarias para la realización del Amor Divino, de la Sabiduría y de la Verdad. ¡Levántense! y pidan con todo su corazón al Gran Maestro: “Buen Maestro quiero cumplir Tu ley”, Es únicamente así que seréis discípulo del Gran Maestro y servidores del Dios Viviente.

Extracto del libro “Le Maître parle” del maestro Peter Deunov Trad: F.J.G.

El Maestro habla  

Uno es el Maestro que tiene el verdadero saber. Se manifiesta en la vida de muchas maneras pero por esencia es Uno. Si el hombre consigue en...

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