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Publicación de la Rama Familiar de Schoenstatt en Monterrey, N.L., México / Año VIII No. 41 Diciembre 2010

Navidad en Familia Navidad es darse todo el año La navidad en el Mundo Nace Dios en la Vida


MOVIMIENTO APOSTÓLICO DE SCHOENSTATT

EDITORIAL

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l Movimiento de Schoenstatt nace de una Alianza de Amor el 18 de octubre de 1914, haciendo honor a su nombre “ALIANZA”, la primera junta del nuevo Equipo Editorial para elaborar esta revista se realizó precisamente el 18 de octubre y con mucho entusiasmo y nuevas ideas empezamos a trabajar para que llegara a sus hogares en Navidad con un mensaje de amor y paz.

Guillermo y Gabriela Rubio

Rama de Familias

José Benítez No. 2625 Col. Obispado C.P. 64060 Monterrey, N. L. México

Esta época en que todos vivimos de prisa con los preparativos para las celebraciones navideñas queremos ofrecerles unas lecturas y la oportunidad de meditar en el Nacimiento del Niño Dios en nuestro corazón para compartir con toda la familia.

contacto

Les presentamos interesantes editoriales de nuestros Jefes de Rama, Guillermo y Gaby Rubio, de nuestro Padre Asesor P. Gonzalo Castro, un extracto de la Homilía del Padre José Kentenich, quien es el fundador del Movimiento de Schoenstatt, que habla de la Navidad cuando estuvo a cargo de la Parroquia de San Miguel en la colonia alemana de Milwaukee; así como algunos testimonios y varios artículos más, muy atractivos para todos.

Directora

Alianza es fruto de la generosidad de nuestros patrocinadores y del esfuerzo y trabajo de un gran equipo de personas colaborando para que esta revista, que empezó a publicarse hace casi diez años, siga viva. La revista nos pertenece a todos. Si quieres participar en el equipo, aportando alguna idea, comentario o simplemente quieres apoyarnos económicamente, anunciándote o con capital de gracias, contáctate con nosotros. Qué mejor manera de transmitir a la comunidad una palabra de aliento y de esperanza que a través de tu participación en la revista Alianza.

Sara Ethela T. de Treviño

Revista ALIANZA alianza.mty@gmail.com CONSEJO EDITORIAL

Sara Esthela T. de Treviño

Asesor Padre Gonzalo Castro Iliana Ch. de Chapa Gabriela De la G. de Rubio Ligie F. de Barragán Mónica G. de Morales DISEÑO E IMPRESIÓN Vox Promocionales e Imprenta dalvarez@voxpi.com VENTAS Y PUBLICIDAD alianza.mty@gmail.com Revista cuatrimestral. Editada y publicada por Vox Promocionales e Imprenta S.A. de C.V. Calle Mirador #203 Sur, Colonia Mirador, Monterrey, Nuevo León, C.P. 64070. Prohibida su reproducción total o parcial por cualquier medio o método conocido o por conocer sin el consentimiento por escrito de los editores. Los editores se reservan el derecho de publicar cualquier anuncio o artículo. Impreso en México por


LA NAVIDAD EN FAMILIA

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i llegara un extraterrestre a este planeta “Tierra” en noviembre de cualquier año quedaría impresionado. Percibiría que se va a celebrar algo importante que está anunciado en todos lados. Al llegar a los centros comerciales y ver todos los anuncios quedaría atónito. Como los ET son muy inteligentes, según aparece en las películas, rápidamente comprendería que no todas las piezas encaja n bien. Se for mu laría varias preguntas. ¿Qué celebran? ¿Quiénes son esos extraños personajes que aparecen? ¿Quién es el festejado? ¿Qué tiene que ver el festejado con toda la gente que a medida que van pasando los días y las semanas se vuelve más y más entusiasmada por comprar regalos? Su asombro llegaría al extremo a medida que se acerca el 24 de diciembre. Le dirán que se celebra el nacimiento de Jesús. ¡Qué persona tan importante debe ser, si ya antes de nacer tiene esa tremenda fama! Pasadas las fiestas su asombro no tendría límites. Se había conmemorado un nacimiento y el niño que nacía es el gran desconocido, al que menos atención se le dio, el que menos importó.

Navidad es algo diferente. Navidad es esperar al Niño que va a nacer. Es prepararse para acogerlo, recibirlo, alegrarse por su llegada. Es ofrecerle un lugar en la vida, en el corazón de cada quien, en cada casa, en cada hogar, en cada realidad. Navidad es una fiesta de amor. De amor recibido y de amor dado. Porque lo único que quiere este Niño que nace es que ese amor que Él es, y que trae, sea un don para compartir. Alegrémonos de la Navidad. Celebremos Navidad y no perdamos el centro de esta fiesta: es Dios que nace, es el Dios con nosotros y para nosotros que toma nuestra condición humana. Eso significa que Dios quiere salvar el mundo a través de cada ser humano, de cada niño, de cada familia, de cada uno de nosotros. Dios confía en ti y te confía a su Hijo para que lo recibas y anuncies su mensaje. ¡Feliz Navidad!

P. Gonzalo Castro Asesor

06 NAVIDAD EN FAMILIA 07 DIOS EN PAÑALES 10 LA NAVIDAD EN EL MUNDO 12 NACE DIOS EN LA VIDA 4


NAVIDAD ES EL PERIODO MÁS FELÍZ DEL AÑO

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odos encontramos motivos para sentirnos más hermanos, reunirnos en familia y dejar los problemas para después. Es un gozo caminar por las calles y admirar las luces, los árboles de navidad, las tiendas con sus llamativos escaparates. Pero no podemos aceptar que el sentido de la Navidad se reduzca a los bienes materiales y sensibles, olvidando la fuente de esta alegría y celebración. Al festejo material unamos la celebración espiritual, en cuyo centro estará Jesús que vino a salvarnos. Apr ove c h e mo s e s t o s d í a s pa r a vivirlos en familia, rescatando no sólo las tradiciones de nuestra cultura, sino

también, creando las propias que harán que siempre añoremos con mucho cariño nuestro hogar. Es para la Rama de Familias del Movimiento de Schoenstatt una gran oportunidad el poder llegar a tantos hogares a través de esta revista y compartir un mensaje de esperanza y de unión en esta hermosa época en la que recordamos que el Hijo de Dios se hizo hombre para que el hombre llegara a ser hijo de Dios.

Guillermo y Gaby Rubio

Jefes de la Rama de Familias

15 NAVIDAD ES DARSE TODO EL AÑO

17 ENTREVISTA A LA FAMILIA ANZA 18 RECETA NAVIDEÑA 19 ORACIONES 5


NAVIDAD EN FAMILIA Por: Lucía Elosúa de Barragán.

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ecuerdo que en casa de mis papás celebrábamos la Navidad de una manera muy especial: pidiendo posada con los peregrinos llevados en andas por los nietos y todos los seguíamos rezando; si el tiempo lo permitía salíamos al jardín, pasando por varios lugares pidiendo posada, cantando villancicos y al final nos sentábamos en el cuarto de juegos. Entonces empezaba la función, que cada año era diferente. A veces se hacían representaciones de pastorelas, en otras ocasiones se hacían cantos, había poesías y bailables. Un año se disfrazaron de pino, de tarjeta de navidad y de piñatas. También se explicaba el origen de muchos de los símbolos navideños: cómo y cuándo fue que se empezaron a poner los nacimientos en las casas y para qué; la razón por la cual San Nicolás llegó a ser Santaclós, así como muchas otras tradiciones. Todo esto lo escribía alguna de mis hermanas. En ocasiones mi mamá escribía algunos versitos como este: “Aleluya, aleluya, qué felicidad, toda la familia reunida aquí está… toquen las flautas y los panderos que hoy ha nacido el Rey de los Cielos...”. Mis papás abrieron su casa en esta época a una familia que llegó de Chile y que a la fecha sigue siendo parte de la familia. También acogieron a una familia de Nicaragua, cuyos hijos y también sus nietos participaban en los diversos actos del festival. A nosot ros nos g usta seg u i r con este ejemplo, y hasta la fecha hemos abierto las puertas de nuestro hogar el 25 de Diciembre a los amigos, que por cuestiones diversas no puedan estar con sus familiares. Actualmente, en casa empezamos a celebrar el tiempo navideño con anticipación. En compañía de nuestros hijos y nietos, quienes vienen a comer con

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Lo más valioso de las celebraciones son los recuerdos familiares que van creando una tradición propia, dando un sello especial y distintivo con el cual nos identificamos y que nos evocan recuerdos inolvidables que estarán siempre grabados en nuestro corazón. Le pedimos a Lucía Elosúa de Barragán que nos compartiera la riqueza de sus tradiciones familiares en esta época decembrina. nosotros todos los domingos, rezamos las oraciones de la corona de adviento. Esta la tenemos ya previamente preparada con las ramas de pino que la forman, los adornos y las velas. De esa manera nos preparamos para recibir en nuestros corazones al Niñito Jesús. En Nochebuena, cuando llega toda la familia rezamos juntos el último día de la novena, que fue escrita por una señora de Chile. Posteriormente, cantamos villancicos, arrullamos al Niñito Jesús sobre un pañuelo, tal y como se acostumbra en Orizaba. El miembro más pequeño de la familia lo va pasando para que cada uno lo adore y lo bese. Posteriormente lo acostamos en su pesebre, y cantamos juntos Noche de Paz frente al nacimiento. Después de acostar al Niñito Jesús hacemos la dinámica de Quédate conmigo. Cada uno toma un papelito, el cual tiene el regalo espiritual que nos da nuestro Salvador en ese día. Uno de los regalos es “la luz de su mirada”, para que guíe nuestros pasos; en otros nos regala las pajas de su pesebre, para mover nuestro corazón a la compasión, así como muchos otros regalos. De esta manera, durante el siguiente año, nos ayuda a superarnos y aprendemos a compartir. Para la cena oramos y damos gracias a Dios por el tiempo transcurrido y pedimos por la Paz y por la familia, y después hacemos intercambio de regalos, para no perder el verdadero sentido de lo que estamos festejando, a nuestro Salvador, el Rey de Reyes. Pedimos a María y José, que nos ayude a prepararnos a la Navidad con regalos espirituales para recibir en nuestro corazón a Jesús Niño, como ellos lo hicieron.


DIOS EN PAÑALES

Por: Padre José Kentenich, fundador del Movimiento de Schoenstatt.

El Padre José Kentenich, fundador del Movimiento de Schoenstatt, dio una homilía titulada Dios en pañales, el domingo 24 de diciembre de 1963, en la Parroquia de San Miguel en Milwaukee, Wisconsin, donde él era párroco de la colonia alemana. Transcribimos un extracto de ella a continuación.

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eguimos con gusto la exhortación de los pastores tal como la hemos esc uc h ado re c ién en el Eva ngel io: Apresurémonos en ir hacia Belén, para comprender lo que allí sucede, para ver y comprender lo que ha dicho el Señor. ¿Qué ha dicho el Señor, qué es lo que ha anunciado a los pastores a través de los ángeles? Que deben ir a Belén, allí encontrarán un Niñito que yace en el pesebre: El es Dios – por lo tanto- ¡...Dios en pañales! ¡Qué misterio más terrible, alarmante, casi imposible de comprender! ¡Dios en Pañales! ¡El Eterno, el Infinito! De Él canta San Juan: Desde la eternidad ha sido, Dios de Dios, Luz de Luz, de quien sabemos que es el centro de la historia de la salvación y de la historia del mundo! Sí, de quien San Juan Bautista dice: Él ha existido antes que yo, Él vendrá después de mí y yo no soy digno de desatarle la correa de sus sandalias. ¡El Dios Infinito en pañales! Entendemos que este acontecimiento tan especial haya intranquilizado ya desde un comienzo a los hombres; una intranquilidad que hoy perdura y que perdurará hasta el fin de los tiempos. Es, en parte, una intranquilidad santa y en parte una intranquilidad no santa: sólo necesitamos recordar la reacción de Herodes. Apenas escuchó de un Dios en pañales, pensó en matar al niño en pañales. ¡Tiene deseos de matar! Luego que no le resultara matar al Niño en Pañales por intervención divina, se desata la terrible matanza de los niños. Intranquilidad emana del pesebre, intranquilidad no santa, una intranquilidad crítica de los sacerdotes de aquel tiempo, de los doctores de la ley. Críticamente examinan dónde es posible encontrar algo sobre este n i ño en la Sagrada Escritura. Ellos no logran entender. Tienen intranquilidad. Esta intranquilidad se ha repetido siempre en el correr de los siglos hasta hoy.

Pero, además de esto, hay también una intranquilidad santa. Una intranquilidad santa tal como ha estado viva y vive siempre de nuevo en el anhelo, en el anhelo permanente en crecimiento por una unión con Dios en pañales. También encontramos esta intranquilidad santa en el establo en Belén, por un lado en el corazón de la Madre de Dios, por el otro lado, en el corazón de San José. Encontramos esta intranquilidad en los pastores. El anhelo por Dios, por el Dios en pañales los impulsa a ir desde sus lugares de trabajo al establo. El anhelo, el anhelo santo, la intranquilidad santa impulsa también a los tres Magos desde el Oriente al pesebre. Si nosotros preguntamos ahora: ¿Cómo es entonces la intranquilidad que se despierta en nuestro corazón cuando vemos ante nosotros al Dios en pañales? San Pablo, un verdadero guía en nuestra vida religiosa, dijo una vez esta frase -en ella piensa en el Salvador, es decir, en el Dios en pañales y en el Dios en la cruzpara los judíos ha llegado a ser escándalo, para los paganos un tal Dios es una locura. Ya al comienzo de la era cristiana escuchamos a uno de los primeros herejes de nombre Marcio, el que sacude la cabeza y declara categóricamente: Yo no quiero a ningún Dios en pañales, quiero a un Dios de la gloria, a un Dios que desarrolle su poder. Aquí lo tenemos de nuevo: para los paganos, una locura; para los judíos, un escándalo. Es este Dios en pañales y este Dios en la cruz una prueba de infinita sabiduría divina, de infinito poder divino. Una vez más la pregunta: ¿Cómo es en nosotros esta intranquilidad hacia el pesebre, hacia Dios en pañales? Creo que deberíamos colocarnos al lado de la querida Madre de Dios y de los pastores. Creo que podríamos decir. Este Dios en pañales nos revela por un lado, en forma maravillosa, el rostro, la imagen del hombre.

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¿Cómo es la imagen de Dios que nos alumbra desde el pesebre? ¡Dios en pañales! Allí se revela Dios como el Dios de un misericordioso amor divino imposible de comprender, como el Dios de u n condescendiente amor divino imposible de comprender y de un sabio amor divino también imposible de comprender. ¿Qué debe significar esto en detalle? Miramos en el pesebre: Aquí está la prueba del infinito amor misericordioso de Dios. Hablamos de amor misericordioso cuando se trata de un amor que uno no ha merecido. ¿Se había merecido el hombre, se había merecido la humanidad este amor de Dios? El hombre ha arrojado el guante del desafío a Dios, ha cometido pecados temerariamente, ha ofendido a Dios. Y la consecuencia: la puertecita del cielo fue cerrada. Dios exige una expiación infinita, una expiación que sólo un Dios infinito puede dar. ¡Y el Verbo de Dios se hizo carne! La misericordia de Dios ha motivado al Hijo Unigénito de Dios a abandonar la gloria del cielo y a descender a la tierra para, por decirlo así, clavar aquí en la cruz el pecado a través de su sufrimiento, a través de su encarnación a través de su naturaleza humana capaz de sufrir. El eterno Dios espera una glorificación infinita, una expiación infinita. Así quiere ser interpretado el canto de alabanza que cantaron los ángeles sobre los campos de aquella época: ¡Gloria, sí, gloria infinita! Es por esto que si unimos nuestra propia cruz y sufrimiento del Salvador, entonces podemos estar seguros que con esto nosotros, tributamos al Dios eterno un honor infinito. El amor que el Dios–Hombre nos nuestra aquí como el Dios en pañales es un amor inmenso. Él toma la naturaleza humana, es decir, que deja la gloria del cielo, se hace hombre: ¡Y el verbo de Dios se hizo carne! Dios toma una naturaleza humana capaz de sufrir. Él quiere poder sufrir, quiere que le sea permitido sufrir. Él toma una naturaleza humana inmensamente desvalida, la naturaleza de un niño. Y sabemos que no tarda mucho y toma incluso la forma del pan. Él se anonadó, se ha humillado hasta el extremo. Con esta naturaleza humana capaz de sufrir, con esta naturaleza desvalida, ha gustado todas las situaciones que la naturaleza humana puede y tiene que sufrir hasta el fin de los tiempos. Detrás

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de esto se esconde la gran ley: Lo que no es asumido, por la naturaleza humana del Hombre–Dios, lo que no haya sido asumido, no será redimido ¿Y el efecto de esta humillación infinita, el efecto de este condescender infinito? ¡Dios en pañales, y, más tarde, Dios en la cruz! No podemos pasar por alto que, desde el primer pecado de los primeros padres está vivo y actúa en la naturaleza humana un miedo insuperable frente al Dios infinito. Sólo necesitamos abrir la Sagrada Escritura. Allí escuchamos: Luego que Adán y Eva pecaron, se presenta y pregunta al hombre: Adán, ¿dónde estás? Antes no necesitaba preguntar. Antes sólo necesitaba aparecer, para que estuviera viva la relación de amor entre El y Adán y Eva. Ahora, sin embargo, la pregunta: Adán, ¿dónde estas? La respuesta: He sentido temor delante de ti. Temor delante de Dios es el afecto fundamental de la naturaleza humana desde el primer pecado. Y de Caí n, que comet ió el pri mer fratricidio, se dice: Fugitivo andaba delante del rostro del Dios, fugitivo de puro susto que Dios lo tomara, que Dios hiciera uso de su justicia; no sólo fugitivo, lleno de temor delante de Dios, sino que también tiene una angustia interior: ¡Afectos de temor desde este momento en la naturaleza humana! Y si pensamos en Dios en el Sinaí: Un temor y temblor hacía presa en aquel entonces de los hombres alrededor del monte. Entre rayos y truenos dio su ley el Dios eterno. Veamos todavía la historia de José, en Egipto, el hombre de confianza del faraón. Y ahora viene Dios precisamente a desterrar este temor. El hombre debe amarlo con toda el alma. ¿Qué hace para esto? José ha sido símbolo del Salvador, símbolo también en el punto del que se trata aquí. Él ha llegado a ser virrey después de que sus hermanos quisieron matarlo. Una gran hambruna obligó a sus hermanos a ir hacia él, a recorrer el camino para mendigar allá el pan, para comprar pan. José ve a sus hermanos, revela el rostro, dice, que él es su hermano, a quien ellos persiguieron, a quien ellos quisieron matar ¿Qué hace José luego de probar a sus hermanos? Hace salir a su escolta de la pieza , se quita los símbolos de su propia dignidad real, baja hacia sus hermanos, se hace igual a ellos, y llora perdonándolos: Con ese momento se acaba el temor. ¿Por qué entonces Dios en pañales? Él


quiere alejar el temor de nuestros corazones, quiere ser amado, quiere ser igual a nosotros. En todo –así lo recalca por eso nuevamente San Pablo- en todo se hizo igual a nosotros, menos en el pecado. Incluso se hizo niño ¿Por qué niño? Porque el niño es siempre amoroso. El niño no esparce ningún temor en torno a él. ¡Dios quiere ser amado! Allí tenemos el amor condescendiente del eterno Padre Dios. ¡Dios en pañales! Una vez más: este no es sólo un amor de Dios infinitamente misericordioso, rico en misericordia, no es sólo un amor condescendiente, sino también un amor particularmente sabio. La sabiduría de Dios lo ha movido a tratar a la naturaleza humana de acuerdo a sus leyes, de acuerdo a las leyes del amor que Él había establecido en la naturaleza humana. ¿Y cuál es entonces esta ley del amor? Dios quería ser amado. Entonces, hay una ley que dice, ¡si quieres ser amado, entonces tienes que amar primero! Entonces tienes que amar en una forma intensamente clara e irresistible. Por eso ha amado Dios al hombre, le ha demostrado su amor. Hay una segunda ley del amor que dice: no hay un amor más grande que cuando alguien da la vida por sus amigos. Él entrega todo, sí, renuncia a su gloria divina por la naturaleza humana. En lugar de eso elige para sí lo mínimo de bienes terrenales. Al final entrega también su vida física, deja que lo claven en la cruz. Debo estar conciente de lo valioso que soy, debo estar conciente de todo lo que Dios ha hecho por amor a mí. Debo estar conciente que Él se interesa por mí. Es el Apóstol Pablo quien ha proyectado, vivido estos pensamientos en su vida hasta lo último. Uno de sus pensamientos preferidos era, una y otra vez: Me ha amado personalmente -así yace en el pesebre- a mí me ha amado y ha renunciado a todo por mí. Ha entregado su honor, renunciado a las riquezas; todo lo ha entregado, incluso su vida física, por mi. Así estamos entonces asombrados ante la sabiduría del amor divino, ante la sabiduría del amor que se adecua a la capacidad de entrega del hombre. Pero también hay un amor conquistador, un amor que desea conquistar a los hombres para Dios. Un amor que desea conquistar a Dios para los hombres, un amor que quiere conquistar los hombres para Dios.

¿De qué mejor forma podemos atraer a los hombres al amor al Dios eterno que presentándoles y explicándoles al niño en el pesebre? El niño despierta el amor, despierta todo amor. Así también el niño en el pesebre. Es el amor conquistador. Pero el niño desea ganar también al Dios eterno para el amor. ¿Qué significa esto? Hay u n a f ra s e cono c ida que hoy caracteriza la situación en forma clásica: La tragedia más grande de la época actual es la pérdida del espíritu filial frente a Dios, porque hace imposible la actividad paternal del eterno Dios. ¿Qué significa esto? La felicidad más grande para el tiempo actual es la reconquista del espíritu filial. El sentimiento filial del Salvador ha movido al Padre eterno a volver a ser misericordioso con la humanidad. Si por otra parte nosotros nos esforzamos por imitar el espíritu filial del Salvador, entonces atraemos de nuevo la misericordia de Dios hacia la humanidad. Dios quiere mover nuevamente a los hombres a hacerse niños. Niño como el Salvador en el pesebre. Cuando hayan vuelto a serlo, entonces es nuevamente cierto lo que dice la frase: el espíritu filial reconquistado es y permanece como la felicidad más grande para la humanidad actual, porque hace nuevamente posible la actividad paternal de Dios. ¿Queremos seg uir u na vez más la invitación de los pastores? ¡Apresurémonos en ir a Belén! Queremos ver lo que el Salvador nos ha mostrado allí. Pero, ¿qué vemos? No sólo al Niño en el pesebre. Vemos también al mismo tiempo al Niño en el regazo de su Santa Madre. ¿Qué quiere decir esto? Si queremos entender al Señor tal como Él quiere y debe ser amado, si queremos cambiar nuestra vida, si queremos llegar a ser semejantes a Cristo, lo encontramos siempre de nuevo en el regazo de su Madre. El mejor camino, el más seguro, el más corto para hacer nuevamente de Cristo el Señor de nuestras vidas, el Rey de nuestro corazón, es una veneración delicada e íntima a María. Si nuestro amor a Dios debe ser algo vital, no sólo intelectual, si debe estar poseída toda la persona, entonces, dice el Santo Padre, el Camino más fácil, seguro y corto para llegar a este vital conocimiento de Cristo, y a esta entrega a Cristo, es la Alianza de Amor con la querida Madre de Dios.

“La sabiduría de Dios lo ha movido a tratar a la naturaleza humana de acuerdo a sus leyes, de acuerdo a las leyes del amor que Él sabía incorporado en la naturaleza humana.”

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LA NAVIDAD EN EL MUNDO Familia Abarca-Bignon Chillán, Chile.

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as celebraciones que solíamos tener hace ya algunos años, cuando nuestros hijos eran niños y vivíamos todos juntos estaban centradas en el pesebre. Para la mayoría Santa Klaus era sólo una fantasía, aunque los regalos seguían teniendo su encanto. Como familia centrábamos nuestra atención en la llegada del Niño Dios a nuestro hogar. Para esto cada uno sorteaba un personaje del pesebre y junto con modelarlo en arcilla

Familia Nuño Madrid, España.

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ios regaló a nuestra familia una riqueza especial: nuestra cultura y tradiciones se alimentan principalmente de dos ámbitos culturales distintos, el alemán y el español. Por eso nuestra Navidad familiar tiene también en cuenta las tradiciones de ambos países. En el salón de la casa de los abuelos – en nuestra casa – se instalan con un cuidado especial tanto el árbol o abeto de navidad como el “nacimiento”, belén o pesebre con pequeñas figuras de cerámica que representan el nacimiento de Jesús. Ambos símbolos son testigos de nuestra cena familiar, con hijos y nietos, y del momento de recogimiento con lectura de algún texto del Evangelio de Lucas u otro texto navideño, y del posterior intercambio de regalos. En el transcurso del día 24 el abuelo instala con los nietos el Belén y adorna el árbol, y la abuela se encarga de preparar la cena, acontecimiento familiar

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Navidad es una fiesta universal, sin embargo las tradiciones y costumbres de cada país y cada familia le imprimen un toque muy particular. Dos familias sudamericanas, una europea y una africana nos comparten sus vivencias.

trataba de identificarse con él y asumir alguna virtud que le sugiriera. Como somos una familia numerosa podíamos cubrir todos los personajes del pesebre y de paso descubrir las dotes artísticas de cada uno. El pesebre entonces quedaba construido con las figuras que cada uno había elaborado con mucho esmero. Llegada la víspera de Navidad, cada año, a las 20:00 horas participábamos en la misa que celebraba la familia de Chillán en el Santuario y luego volvíamos a casa para una rica cena; rezábamos una vez más para dar gracias por la llegada del Niñito Dios a nuestro hogar. Finalmente todos se iban a dormir esperanzados en los regalos que llegarían en la noche.

especialísimo de todos los años. Tenemos la gran alegría de haber podido celebrar hasta ahora este evento familiar todos unidos, en nuestra casa, según expreso deseo de la mamá alemana. En la cena acostumbramos a intercalar las comidas propias de los dos países: el ganso al horno de Alemania y los ricos pescados de España. Desde que nuestro segundo hijo se casó, se han hecho también presentes en la cena navideña los platos de la cocina polaca, al ser nuestra nuera de aquel país. Cantando villancicos españoles y canciones de Navidad alemanas y polacas cerramos la Noche Buena antes de marchar juntos a la Misa del Gallo que se celebra en muchas iglesias a las 12 horas de la noche. El día 25 es costumbre vivirlo cada familia en su casa, y volver el 26 a disfrutar con la comida alemana propia del día, que la mamá alemana prepara todos los años: un arroz riquísimo con trocitos de carne de ganso, aquel pajarito que dejó de volar días antes de la Navidad, y que suele llegar a Madrid congelado y por mensajero aéreo desde algún supermercado alemán. ¡Feliz Navidad!


Víctor y Stella Domínguez, Asunción, Paraguay

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n Paraguay todavía se considera la Navidad como una fiesta familiar. En familia luchamos para que la Navidad no pierda su sentido verdadero. Toda nuest ra fa m i l ia, de casi 50 miembros, nos preparamos con mucho entusiasmo desde los primeros días de diciembre para celebrar la venida de nuestro Salvador. En nuestro Santuario Hogar colocamos nuestros propósitos y aportaciones al capital de gracias. Con meses de anticipación nos avocamos a apoyar campañas de organizaciones de ayuda humanitaria para el fin de año. Desde hace dos años venimos participando en familia de una gran campaña navideña para juntar fondos para regalar un techo a familias de extrema pobreza. Apoyamos a una ONG que nuestra hija Ma. Paz y nuestro hijo Mateo apoyan durante todo el año, “Un Techo para mi País”, donde se construyen casas de emergencia. Hace muchos años renunciamos a nuestros regalos de navidad, donando el importe a éste o alguna otra obra humanitaria para compartir nuestros

bienes y nuestra alegría de recibir al Niño Dios en nuestras vidas. El día de Noche Buena participamos de la Eucaristía en familia, en el Santuario Joven de Schoenstatt. Luego en la casa se representa el nacimiento en un pesebre viviente con los niños de la familia, que son muchos, con disfraces y cánticos navideños. Antes de la medianoche nos unimos en una ronda gigante tomados de la mano, alrededor del pesebre, donde cada uno le dice a la persona de al lado la cualidad más linda que ve en ella, o si le desea pedir perdón por algo o lo que siente en ese momento, y así sucesivamente hasta terminar la ronda. Luego elevamos una oración todos juntos agradeciendo y compartiendo entre todos las gracias recibidas en el año. Así culminamos con la cena de Navidad, agradeciendo también por los alimentos que nos dan la vida.

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a Navidad en Burundi es la fiesta de la familia. Ella se celebra cada año el 25 de diciembre. La fiesta se prepara cuatro semanas antes con el tiempo de Adviento. Durante este tiempo, aun sabiendo de esta fiesta, todas las personas están a la espera de alguien, un visitante de renombre que viene a estar con nosotros: Jesús. En las familias de la capital, Bujumbura, en donde conv iv i mos c r i st ia nos y mu s u l m a n e s, e s t a f i e s t a n o pa s a inadvertida. Se preparan pesebres, sobre todo en las iglesias. En el campo, en los pueblos de las colinas donde hemos nacido, se nota una preparación especial que no es en ningún caso menos que en la capital, allí se preparan los sembradíos, las casas, etc. Tanto en el campo como en la ciudad hay que subrayar que hay una cosa en común, la preparación espiritual y material. En las familias hay un esfuerzo por hacer actos de caridad, además se va a la iglesia para la confesión, pero por sobretodo los padres hacen un gran esfuerzo para comprar algo novedoso para cada uno de sus hijos, aquí las familias son bastante grandes. Si es posible se les

Famille Fidèle BARINAKANDI et Marie-Louise KAMATAMO

compra algún regalo también algo de sorpresa para esta ocasión, no solamente a los niños, sino también a los adultos. El día de la fiesta de Navidad, la alegría se nota en el rostro de todos. En las familias se prepara algo especial tanto para comer como para beber. El momento más importante es la celebración de la misa aún para los no cristianos. Algunos de ellos acuden a ella, si no, es faltar a algo especial. Todo el mundo va bien vestido y muchos de los no creyentes son los primeros en llegar. Finalizada la misa, la fiesta se continúa en las familias y se comparte con los vecinos. Aunque no haya mucho para compartir lo importante es vivir la fiesta.

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NACE DIOS EN LA VIDA Equipo Editorial.

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ace Jesús, el Hijo de Dios. ¡Es Navidad! Celebrar Navidad hoy es aceptar este inmenso regalo que nos hace Dios Padre; su Hijo en medio de nuestra vida. Hoy, en nuestra vida cada día es Navidad. Si ahora nos preguntamos por el origen de cualquier paternidad humana, hemos de dirigir nuestra mirada hacia quien está presente en el corazón de toda paternidad auténtica: Dios nuestro Padre. El es la fuente, el modelo y la plenitud de toda paternidad en este mundo. Dios Padre es origen y meta de todo ser y toda la vida en el cielo y en la tierra. Hemos salido de sus manos y nuestra tarea es “regresar en Cristo al Padre”. Nuestra patria definitiva es la casa del Padre. La meta última de nuestra vida es el corazón del Padre. Uno de los regalos mas grandes que Dios, que es Padre y Bueno, quiere darnos esta Navidad y siempre es regalarnos a su Hijo. Frente a imágenes de Dios falsas y torcidas, hemos de ver la verdadera imagen de Dios, tal como la encontramos en el Nuevo Testamento. Cristo vino a este mundo fundamentalmente a revelarnos el auténtico rostro del Padre, tanto con sus palabras como con su ser. Su mensaje es éste: Dios es Padre; un Padre que nos ama infinitamente. La paternidad es la esencia de Dios. Y la característica de esa paternidad es su amor: El es un Dios del amor, un Padre lleno de amor y ternura. Dios fue siempre el Padre de amor. Somos nosotros quienes con frecuencia lo distorsionamos. A veces colocamos en Él rasgos que son sólo nuestros. En el fondo lo habíamos considerado el Dios de un amor justo. Ese “amor justo” exige que cumplamos su voluntad. Si no la

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cumplimos creemos no merecer el amor del Padre. Un gran error. El amor de Dios en Jesucristo es gratuito. El hombre de hoy ya no puede existir si pone en primer plano al Dios del amor justo. ¿Y esto por qué? Porque el hombre de hoy es débil, es frágil. Si pensamos en la época actual y en todo lo que nos toca vivir y soportar, deberíamos maravillarnos de no ser aún mucho más débiles. Por la fragilidad del hombre moderno, su imagen de Dios tiene que ser, por eso, una imagen nueva, la del Padre misericordioso. Lo más importante en mi vida ha de ser el Padre y su amor misericordioso por mí. Ahora, si mi imagen sigue siendo la del Dios justo, nunca llegaré a creer que Él realmente me ama. Porque, según mis sentimientos, no lo merezco, a causa de mis muchas faltas y miserias. Pero si miro a Dios con el rostro del Padre misericordioso, entonces he de convencerme más fácilmente que Él me quiere. ¿Por qué me quiere? ¿Acaso porque he sido bueno? No, Él me quiere, no porque lo merezco, sino que Él me quiere porque Él es bueno; Él me quiere simplemente, porque es Padre. El no puede ni quiere ser otra cosa que Padre, siempre Padre. Esto nos muestra la inmensa diferencia entre Dios y nosotros. Nosotros somos seres necesitados. Andamos buscando siempre quién nos dé algo. Dios, en cambio, es exactamente al revés. A El nadie le puede dar, lo posee todo, es la riqueza infinita. La única necesidad que tiene Dios -si es que podemos usar esa palabra - es la de darse, entregarse. Esto hace que con Dios suceda algo misterioso. Esa sed de darse que El tiene, se sacia mejor en las copas mas vacías. Es ese el secreto de su amor a los pequeños y débiles. Porque los más pequeños, los que sienten más necesidades, le permiten a Dios saciar mejor su gozo de darse. Por eso son sus predilectos, los más


queridos y regalados por Él. Este llamado a reconocer nuestra pequeñez y abrirnos a su misericordia, es un llamado que cuesta seguir porque nos exige doblegar nuestro orgullo. El pecado original, cuya huella subsiste en nosotros a pesar del bautismo, es una tendencia a ser como dioses, ser grandes. En el hombre de hoy es éste un anhelo muy fuerte; ser grandes, ser tomados en cuenta, ser poderosos. La invitación en Navidad, y siempre, es a sacarnos todas nuestras máscaras de falsa grandeza. De todos modos, para sentirnos felices y seguros, no necesitamos de ello. Lo único que da paz y seguridad es la verdad. Y nuestra verdad es que somos muy pequeños, muy limitados. Sólo si miramos cara a cara nuestra miseria, podremos mirar también cara a cara la misericordia de Dios. Nuestra pequeñez son nuestros límites. Hablamos de límites antes que de pecado. Puede ser una enfermedad que tengo y que me tiene de mal genio y que es causa de pecado. O los límites de nuestro carácter y temperamento. O sentimos que somos menos inteligentes que otros, o más lentos, o más impacientes, etc. Estos límites duelen porque nos hacen sentir más pequeños o porque son la causa de nuestros pecados. Incluso son más dolorosos que los pecados porque los pecados son voluntarios: si luchamos, los podemos evitar. En cambio, nuestros límites de creatura, la huella del pecado original, no la podemos cambiar, la llevamos siempre con nosotros. En nuestra vida Dios nos llama a aceptar esa pequeñez de creaturas. Luego nos recuerda que estos defectos son una gracia, que son el gran título que tenemos para invocar sobre nosotros la misericordia de ese Dios que ama a los pequeños. La experiencia de fragilidad, de debilidad es la raíz de toda vida religiosa. Mientras que no aceptemos y reconozcamos nuestras m iser ias no log ra mos conecta r nos realmente con Dios porque no podemos sentir la necesidad de Dios si primero

no hemos sentido nuestros límites de creaturas. Sólo el que siente esos límites entiende que nuestra vida no se sostiene sola, sino que necesitamos un Dios en quien apoyarnos y sobre todo un Dios que nos salve. Si no tuviéramos límites y defectos, nos sentiríamos completos, sin espacios por donde Dios pudiera entrar. Confiaríamos en nosotros mismos, en nuestra capacidad y nuestra fuerza. Pero lo que nos hace realmente fuertes es estar dependiendo siempre de Dios y de su gracia. Entonces nuestros límites se convertirán en el secreto de nuestra fuerza, de nuestra fecundidad. Podremos decir con San Pablo: “cuando soy débil soy fuerte”. Dios nos invita a aceptar no sólo nuestras limitaciones de creaturas, sino nos pide también reconocer nuestros pecados y así obtener el perdón. Perdón es el don por excelencia, el don perfecto. Todos los dones de Dios son gratuitos. Primero, Él nos da el don de la existencia: nos crea de la nada, sin mérito nuestro, gratuitamente. Pero después de haber sido creados, nosotros usamos mal nuestros dones, los malgastamos. Ante eso, ¿qué hace Dios? Nos vuelve a dar otro don, que es el perdón, doblemente gratuito, doblemente inmerecido. En el perdón culmina su misericordia. Por eso decimos que el gozo supremo de Dios es perdonar. Por eso su predilección por los pecadores y los pequeños. Ese pecado, esa culpa, me ayuda a descubrir cuánto me ama Dios. Dios permite que nos vayamos de la casa como el hijo pródigo, para que cuando volvamos, seamos sorprendidos por la bondad y el cariño con que el Padre nos acoge, y por la fiesta que nos prepara. El perdón nos muestra el rostro misericordioso de Dios y nos compromete con Él. Nuestros pecados han de convertirse en un trampolín hacia el corazón de Dios, dice el P. José Kentenich.

“La invitación en Navidad, y siempre, es a sacarnos todas nuestras máscaras de falsa grandeza...”

¿Qué tiene que ver todo esto del nuevo rostro de Dios con nuestra realidad nacional? ¿No será más bien un refugio ante los desafíos que nos plantea la situación

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actual? Nuestra respuesta posible al momento que vive nuestra sociedad es, simplemente, tomar en nuestras manos al Dios que nace y que se nos regala y hacerle un regalo en su nacimiento: nuestro irreductible compromiso a construir una sociedad llena de Cristo, en su paz, en su solidaridad, en su entrega generosa, en aceptar al prójimo como a mi hermano. Esta construcción no se hace, en primer lugar, mediante el cambio de las estructuras, sino a través del cambio de las personas. Empezando por mi. Los hombres nuevos, transformados, han de crear estructuras nuevas, más justas, más humanas. Ahora, nuestra historia señala que la presencia de Dios en la nación es esencial. Es imposible construir el reino de Dios en la tierra prescindiendo de Dios, como también es imposible crear un país de hermanos sin padre y sin madre, sin hijos y sin hermanos. La historia del mundo y de los pueblos muestra, con innegable claridad, que no hay respeto, ni amor, ni justicia, ni unidad, ni paz, si Dios está ausente en una comunidad humana.

“Es imposible construir una nueva sociedad, ser gestores de una nueva civilización, si no nos educamos como padres y autoridades humanas...”

Si el mundo no es un reino de Dios, ¿de quien será entonces? Dice un filósofo e historiador, “la humanidad sin religiosidad se transformará en brutalidad y terminará en bestialidad”. Porque si en el hombre no triunfa la vida divina, será vencido muy pronto por lo animal que posee cada uno, por los instintos más bajos. Para ver ejemplos concretos de ello no precisamos ir al África o al Medio Oriente, ni a ningún otro lado. Miremos nuestra realidad y veamos si es tierra de paz. Hemos vivido y sufrido en estos últimos tiempos las consecuencias de una “ausencia” de ese Dios Amor. Frente a esto anunciamos al Padre misericordioso, cuyos transparentes hemos de llegar a ser todos nosotros. Por esto es que estamos empeñados en colaborar en la construcción de un mundo nuevo que acepta y pone en el centro de su vida al Dios niño que nace. E l mo m e nt o q u e v iv i mo s e x ig e hombres generosos, héroes. Un héroe es

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quien consagra su vida a algo grande. El momento que vivimos hoy es un llamado del mismo Dios a construir, ya desde ahora, la sociedad y el país que Dios quiere para todos con generosidad. Esta sociedad no es sólo un reino del Padre Dios. Es también reino de las autoridades paternales que son reflejos de Dios: padres llenos de amor, padres generosos, comprensivos, firmes, así como Dios Padre lo es para con nosotros. En definitiva, autoridades que reflejen la autoridad de Dios y que, por eso, sean fuente de vida y servidoras de la vida. ¿Cómo entiende Dios su poder de Padre? Es un poder para vivificar y ayudar a crecer. Jesús, el niño que nace, nuestro Salvador y Mesías nos deja el mandamiento del amor. Por lo demás alienta a los suyos, los apoya, los guía para que puedan crecer en libertad; es el Buen Pastor. Así tiene que ser también la autoridad humana: la imagen más perfecta posible de Dios; reflejo visible de la autoridad del Padre y modelo de toda autoridad humana. Es imposible construir una nueva sociedad, ser gestores de una “nueva civilización” si no nos educamos como padres y autoridades humanas que sean reflejos de la paternidad de Dios. Porque esos padres transparentes del Padre son, a su vez, el seguro más grande de la viva presencia de Dios Padre en medio de nuestro pueblo. En Navidad nace Jesús, el Hijo amado del Padre. En Navidad nace el amor de Dios en cada hombre que lo acepta y asume el compromiso de ser gestor de una nueva sociedad; hombres libres, generosos y firmes, hombres de paz, de alegría. En una palabra; hombres plenos.


NAVIDAD ES DARSE TODO EL AÑO Por: Mariana y Óscar Romero

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s el tercer sábado de mes y entre los planes y tareas del día, hoy tendremos nuevamente la oportunidad de visitar en familia a nuestras “50 ahijadas” y compartir con ellas una hora de convivencia y alegría en la Casa Hogar María del Refugio. Recordar es volver a vivir. Era Diciembre del 2008 cuando los grupos de Coronitas y Apóstoles de María y el grupo Reflejos de María celebraban una posada con las niñas de esta casa hogar. Como parte del grupo Apóstoles de María, nuestra hija Mariana participó en esa convivencia; cuál habría sido el impacto en ella que posteriormente movería muchos corazones. Entre juegos y risas le habían también compartido muchas de sus necesidades y particularmente una que resonó fuertemente en nuestros corazones: las pequeñas no tenían manera de cubrir sus tres alimentos diarios. Su horario contemplaba ir a la cama a las 6 p.m. de modo que la cena pudiera reducirse a un pequeño vaso de leche y quizá alguna vez una pieza de pan. Nuestra mente no hacía más que pensar en cómo podríamos contribuir a cambiar esta situación. Durante los siguientes tres meses, de manera anónima, tocábamos a la puerta de la Casa Hogar y entregábamos a quien nos abría un par de cajas de leche, o bien, dos o tres kilos de carne. Hasta

que coincidimos con la Hermana Natalia, quien nos invitó a pasar a la casa y conocer su misión, así como la tarea que como Hermanas del Sagrado Corazón de Jesús llevan a cabo. Aquí tienen la tarea de ayudar a niñas cuyas edades oscilan entre los 3 y 13 años y que sufren desintegración familiar, abusos de los padres, así como en ocasiones golpes y vejaciones. Nuestra conversación continuaba a la vez que caminábamos por los pasillos de la Casa Hogar. A nuestra impresión se sumaban el orden, la limpieza, ¡la pulcritud de sus pisos!, la paz y la tranquilidad que en esa casa reinaban así como el amor con que las Hermanas trataban a las pequeñas. Definitivamente las niñas tenían un hogar en esta casa. ¿Qué hacer ahora? ¡Teníamos que compartir esto con alguien más y buscar ayuda! Pero… ¿En dónde conseguirla? ¡Nuestro grupo de Schoenstatt era la opción! Con ellos podríamos sumar corazones y lograr hacer un pequeño cambio en la vida de estas pequeñas. Lleva mos a l g r upo est a sit uac ión buscando no sólo la generosidad que todos ellos siempre brindan, sino la posibilidad de convertir esta obra en un pequeño apostolado de grupo. Al mes siguiente, juntos nos dimos a la tarea de visitar la Casa Hogar y llevar un pequeño aporte alimenticio para conocer la obra y convivir con las pequeñas que en ella

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habitan. El resultado rebasó lo esperado, las pequeñas y las Hermanas robaron el corazón de cada uno de los que asistimos ese día. El grupo se dio a la tarea de formalizar este pequeño apostolado, cuyo llamado había llegado con tal contundencia que todos buscaban la manera de extender y participar de este mismo a sus familiares y amigos. Mes a mes continuábamos nuestro apostolado y mes a mes éste crecía con más colaboradores, que quizá como nuestro grupo, asistían la primera vez con la curiosidad de conocer lo que ahí sucedía, y salían no sólo tocados en lo más profundo de su corazón, sino con la convicción de continuar con esta causa. En diciembre del 2009, ya como grupo extendido, llevaríamos a cabo nuevamente una posada para las niñas de la Casa Hogar, acompañados de niñas y jovencitas de Schoenstatt. Esta posada fue otro gran detonante para continuar durante el 2010 con esta obra. Las niñas de la Casa

Hogar nos hicieron vibrar las cuerdas más íntimas del corazón a través de todo su despliegue de amor y cariño para con cada uno de nosotros. En este momento el g r upo de c o l a b o r a d o r e s l o i n t e g r a m o s 17 matrimonios de los cuales 11 somos de Monterrey y los otros 6 de México, Querétaro y Canadá. Juntos y en familia nos damos cita una vez al mes para llevar nuestra contribución de alimentos en especie a nuestras “50 ahijadas” y tener la oportunidad de convivir con las pequeñitas, con nuestros hijos y con las Hermanas Natalia, Paty y Martha en ésta, nuestra también Casa Hogar. Aquello que empezara con una posada navideña es hoy alimento espiritual para todas nuestras familias durante todo el año.

CITA DEL MENSAJE

URBI ET ORBI DE S.S. BENEDICTO XV Dado el martes 25 de diciembre de 2009.

“Dondequiera que haya un «nosotros» (Iglesia) que acoge el amor de Dios, allí resplandece la luz de Cristo, incluso en las situaciones más difíciles. La Iglesia, como la Virgen María, ofrece al mundo a Jesús, el Hijo que ella misma ha recibido como un don, y que ha venido para liberar al hombre de la esclavitud del pecado. Como María, la Iglesia no tiene miedo, porque ese Niño es su fuerza. Pero no se lo guarda para sí: lo ofrece a cuantos lo buscan con corazón sincero, a los humildes de la tierra y a los afligidos, a las víctimas de la violencia, a todos los que desean ardientemente el bien de la paz”.

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ENTREVISTA A LA FAMILIA ANZA En los distintos grupos cada miembro percibe la celebración de la Navidad de una manera muy diferente. Le preguntamos a la Familia Anza lo que es para cada uno de ellos, cómo es que se preparan y cómo viven el nacimiento del Niño Dios cada año. Ar t uro (Papá) ¿Qué es para tí la Navidad? Navidad es el momento del año en el que se juntan por una parte, la reflexión de lo que significa que Cristo se haya hecho hombre, nacido de una mujer y como consecuencia de ello, muerto para salvar a toda la humanidad y por otro lado, la oportunidad de que nos reunamos en familia y convivamos. En la Navidad, hay que prepararse revisando lo hecho en todo el año y también fijarse metas para el siguiente año, esto en cuanto a lo familiar, lo profesional y sobre todo en lo espiritual. En nuestra familia, solemos compartir un rato con la familia paterna y un rato con la familia materna. Cada una de ellas tiene diferentes tradiciones para la fecha especial. Adriana (Mamá) ¿Cómo celebras con tu familia esta fecha tan especial? Navidad para mi es un gran regalo de nuestro Padre Dios, tiempo alegre y de esperanza por el nacimiento de Jesús, En casa, Arturo y yo con los hijos, celebramos la Navidad uno o dos días antes con una cena para recordar lo que significa Navidad, oramos y compartimos nuestros propósitos para el año que viene, hacemos alguna dinámica donde nos decimos lo que nos gusta de unos y otros o lo especiales que son. En nuestras familias esta época se vive con especial unión, posadas, rosarios, misas, comidas, cenas y reuniones familiares. Es una época donde todos los miembros de las familias, platicamos unos con otros, no importan las edades, así los niños van conviviendo y conociendo las historias familiares, los recuerdos, “las grandes hazañas” pero sobre todo, aprendemos que gracias al mensaje de la Navidad todos tenemos la oportunidad de amar como nos enseñó Jesús al nacer entre nosotros.

Pablo (22 años) ¿Cómo te preparas tu para el nacimiento del Niño Dios? Colocar el nacimiento y el pino de Navidad es muy agradable pues lo hacemos en familia. Me preparo yo pero también nos preparamos como familia para que Jesús entre al hogar y reine su amor y su paz. Es una época linda y llena del espíritu de Dios, un momento para aprovechar y abrir el corazón a los que más lo necesitan y llevarles al Niño Dios. Ahora no podré celebrar la Navidad con mi familia, pues entré al Noviciado de Schoenstatt pero estando con mis hermanos de curso, sé que será un tiempo lleno de alegrías, de espíritu familiar y sobre todo de Dios; a la familia la llevo en el corazón. A n d r és (19 a ños) ¿Có mo so n los preparativos navideños en tu casa? La Navidad no es un día, es una época en la que preparamos desde los típicos adornitos en los baños de visita, adornos en las puertas y en la sala, el pinito, a veces hasta foquitos, pero además las velas de adviento que prendemos aquí en la casa y también en la de mi abuelita. Todo mundo anda en paz con todos y estamos contentos, cuando hace frío es más emocionante, a veces con lo de los regalos andamos apurados pero a la mera hora de la cena se te olvida todo. En Navidad toda la familia nos juntamos, no necesariamente al mismo tiempo, pero si en un espíritu de compartir regalos y abrazos, de deseos y alegría, cenamos rico y rezamos por que nació Jesús. Qué es para ustedes la Navidad? Rodrigo (17 años): Para mí la Navidad es el momento en que, como familia, tenemos la oportunidad de reunirnos para celebrar el nacimiento de Jesús;

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es una época en donde la alegría y la felicidad reinan en cada corazón. Pienso que la mejor preparación para Navidad es simplemente abrir la puerta de nuestro corazón a Jesús para que entre en él y nos llene de su Espíritu así cuando llega ese día lo que yo hago es abrir mi corazón y repartir el Espíritu que Jesús me regaló. En la familia tenemos como tradición celebrar la Navidad primero con mis abuelitos maternos y luego en casa de los hermanos de mi papá, o viceversa. Esta tradición me gusta porque hay una muy buena convivencia familiar. Me gusta que tronemos cuetes. Santiago (17 años): Para mi Navidad es tiempo para estar en familia y recordar el nacimiento de Jesús, me preparo para recibir su nacimiento con el tiempo de adviento. Lo que más me gusta de la Navidad es que es un momento muy espiritual y que reúne en convivencia a toda la familia. Además me gusta mucho la comida navideña, el buen humor, alegría y felicidad de todos en esta época. Pilar (11 años): Platícanos una tradición que disfrutas con tu familia

Me g u st a muc ho que colo ca mo s nacimientos pequeños por toda la casa así todos tenemos oportunidad de acostar a uno de los Niños Jesús. También poner y adornar el pino de Navidad en familia es muy bonito pues todos ayudamos. Es un tiempo de mucha unidad familiar, de disfrutar oyendo música navideña. Todos compartimos muchos recuerdos en familia, comenzando desde mis abuelitos hasta mis primos. Abuelitos Abel y Queta: ¿Cuándo empiezan a prepararse para la Navidad? Pa ra la prepa rac ión de Nav idad comenzamos desde el Adviento. Diario encendemos las velas de la corona y rezamos. Es un tiempo de espera, sacrificio y oración para recibir a Jesús en nuestros corazones, recordando que se hizo hombre para la salvación de todos. Ponemos el nacimiento y adornamos nuestra casa. Cuando nos reunimos en la cena de Navidad pedimos posada, rezamos el rosario y alguna reflexión. El 25 de diciembre asistimos a misa.

RECETA NAVIDEÑA

Cuadros de manzana

Cocinar en familia es una tradición, el tiempo compartido en la elaboración de la cena de Navidad es motivo de alegría y convivencia.

-Ingredientes-

2 tazas de manzana roja pelada y cortada en cubos 1 cucharada de jugo limón 1 taza de harina 1 taza de azúcar 1 cucharadita de polvo de hornear

-Preparación-

½ cucharadita de bicarbonato ½ cucharadita de sal 2 huevos batidos 1 cucharadita de vainilla 1 cucharadita de canela 1 taza de nuez picada, canela y azúcar granulada al gusto para decorar

El jugo de limón se vierte sobre las manzanas. Por separado se mezclan los ingredientes secos y después se agregan los demás ingredientes utilizando espátula de madera. La masa se coloca en un refractario y se decora con nuez picada, canela y azúcar granulada al gusto. Se hornea a 175°C por 35 minutos.

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ORACIÓN PARA REZAR EN LA CENA DE NAVIDAD Autor: San Buenaventura

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oy, Nochebuena, tenemos, de manera especial y como centro de nuestra familia, a Jesucristo Nuestro Señor. Vamos a encender un cirio en medio de la mesa para que ese cirio nos haga pensar en Jesús y vamos a darle gracias a Dios por habernos enviado a su Hijo Jesucristo. Gracias Padre, que nos amaste tanto que nos diste a tu Hijo. Señor, te damos gracias. Gracias Jesús por haberte hecho niño para salvarnos. Señor, te damos gracias. Gracias Jesús, por haber traído al mundo el amor de Dios. Señor, te damos gracias. Señor Jesús, Tú viniste a decirnos que Dios nos ama y que nosotros debemos amar a los demás. Señor, te damos gracias. Señor Jesús, Tú viniste a decirnos que da

más alegría el dar que el recibir, Señor, te damos gracias. Señor Jesús, Tú viniste a decirnos que lo que hacemos a los demás te lo hacemos a Ti. Señor, te damos gracias. Gracias María, por haber aceptado ser la Madre de Jesús. María, te damos gracias. Gracias San José, por cuidar de Jesús y María. San José, te damos gracias. Gracias Padre por esta Noche de Paz, Noche de Amor, que Tú nos has dado al darnos a tu Hijo, te pedimos que nos bendigas, que bendigas estos alimentos que dados por tu bondad vamos a tomar, y bendigas las manos que los prepararon, por Cristo Nuestro Señor,

Amén.

ORACIÓN PARA REZAR EN VÍSPERA DE AÑO NUEVO G

racias Padre, por todo cuanto me diste en el año que termina. Gracias por los días de sol y los nublados tristes; por las tardes tranquilas y las noches oscuras. Gracias por la salud y la enfermedad, por las penas y las alegrías. Gracias por todo cuanto me prestaste y luego me pediste. Gracias Señor por la sonrisa amable y por la mano amiga, por el amor y por todo lo hermoso y por todo lo dulce. Por las flores y las estrellas, por la existencia de los niños y de las almas buenas. Gracias por la soledad, por el trabajo, por las inquietudes, las dificultades y las lágrimas. Por todo lo que me acercó a Tí... Gracias por haberme conservado la vida y por haberme dado techo, abrigo y sustento...

¿Qué me traerá el año que empieza? Lo que Tú quieras Señor. Pero te pido FE para mirarte en todo, ESPERANZA para no desfallecer y CARIDAD para amarte cada día más y para hacerte amar. Dame paciencia y humildad, desprendimiento y generosidad. Dame Señor, lo que Tú sabes que me conviene y yo no sé pedir. Que tenga el corazón alerta, el oído atento, las manos y la mente activas y que me halle siempre dispuesto a hacer tu Santa Voluntad. Derrama Señor, tus gracias sobre todos los que amo y concede Tu paz al mundo entero...

Así sea.

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