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ESPECIAL FIN DE Aテ前

DAVID VILLA


El Guaje que regateó la mina En una barriada cercana a la cuenca minera de Tuilla nació un guaje que estaba predestinado como muchos otros a coger en un futuro la pala y el pico. Pero este guaje era distinto, él iba a romper con la tradición de tres generaciones de mineros en su familia. El destino le tenía reservado algo mejor. Y es que David Villa no había nacido para ser minero, sino para ser un crack del balón. Pese a que nunca quiso bajar a la mina como en más de una ocasión ha explicado su padre Mel, Villa siempre se ha sentido muy apegado a este colectivo. De hecho, siempre que tiene la más mínima oportunidad los defiende y los apoya como hizo hace un par de meses en la catástrofe de Chile. Aunque no quiso dedicar su vida a la mina, el guaje por dentro se siente minero. “Nunca pensé en ser minero, por lo mal que lo pasan a veces. Los accidentes, las horas de hospital que mi padre pasó. Nunca hubiera sido minero, a menos que me muriera de hambre”, aseguró David Villa en una entrevista a AFP el 11 de junio del 2008. Es un minero con alma de futbolista, ya que precisamente fue en los alrededores de la cuenca de su pueblo donde Villa comenzó a dar sus primeras patadas al balón. Y fue en esas calles donde el guaje se enamoró del balón. De hecho, sus vecinos cuando hablan de Villa cuando era pequeño siempre dicen lo mismo. “No se separaba de la pelota. Estaba deseando llegar a casa para jugar al fútbol”. Era tanta su unión a él que incluso se lo llevaba a la escuela. La pelota nunca se le olvidaba. Pero los libros, la mochila o hacer los deberes casi siempre. “Era un trasto, siempre estaba jugando. Era muy travieso, los profesores siempre se quejaban que no se estaba quieto y que lo tenían que castigar porque no hacía las tareas o no traía los libros. Pero conmigo siempre se portaba genial porque como era gimnasia estaba encantado”, asegura Inma, la profesora de David Villa en el colegio Regino Menéndez Antuña de Tuilla. La misma inquietud y travesura que sacaba de quicio a los maestros la mostraba cuando tenía un balón entre los pies. Una habilidad de la que el mayor culpable es su padre, ya que cuando tenía cuatro años un niño más grande se le cayó encima y le rompió el fémur. Esa lesión pudo privar al mundo del fútbol de disfrutar de los goles del actual jugador del Barcelona. Afortunadamente Mel, un gran sabedor de este deporte, sabía que en casa tenía un crack y cada día cuando llegaba de la mina se pasaba dos horas jugando al fútbol con su hijo y él fue quien le enseñó a chutar con las dos piernas. Por eso, cuando los profesores le decían que castigara a David sin fútbol, Mel se negaba rotundamente.


“Yo le quito la bicicleta, los videojuegos, lo que usted quiera. Pero el fútbol no”, aseguró su padre en una ocasión. La pasión por el fútbol de Mel y David más pronto de lo esperado comenzó a tener sus frutos. Y eso que el Oviedo no le aceptó porque pensaban que era demasiado „bajito‟ para jugar al fútbol. El rechazo del conjunto ovetense provocó los lloros del Guaje durante horas. Pero aquel niño de nueve años ya apuntaba maneras y al día siguiente el Langreo lo aceptó en sus filas. Durante años jugó en el estadio que hoy se denomina el „Nuevo Ganzábal‟ que se encuentra a escasos kilómetros de su pueblo. Pero a los 16 años el Sporting de Gijón se fijó en él y un año después ya estaba jugando de rojiblanco con los juveniles. Y desde el primer momento su involucración fue máxima como recuerda uno de sus entrenadores, José María Meana y que hoy es director de la escuela de Mareo. “Aquí lo recordamos como un chaval que llegó al club con 17 años con mucha ilusión y con ganas de colaborar con el equipo en todos los sentidos”. Su implicación y ganas por mejorar era tan grande que tan sólo le hizo falta un año para ganarse la confianza del cuerpo técnico. “En aquella época yo entrenaba al segundo equipo y con 18 años lo subí del juvenil a Segunda B. Poco a poco fue entrando en la dinámica del equipo, ya que una de las principales dificultades que tenía era su rendimiento físico. No aguantaba los 90 minutos y era un tema que nos preocupaba porque calidad le sobraba”, explica Meana. Pero con trabajo acabó solventándola. De hecho, al poco tiempo Meana es nombrado técnico del primer equipo y a los pocos meses lo hace debutar. Villa tiene que volver a adaptarse al ritmo de trabajo y de partidos de la primera plantilla. Pero enseguida se hace con la titularidad, comienza a marcar goles y los equipos de Primera comienzan a fijarse en la habilidad del delantero asturiano. Aun así el director de Mareo dice que el jugador blaugrana no cambia, sigue centrado en mejorar y manteniendo la humildad que ni siendo actualmente campeón de Europa y del Mundo ha perdido. Y es que los que conocen bien a David Villa aseguran que ni la fama ni el dinero ha sido capaces de cambiarlo. Él sigue siendo el mismo Guaje que un día hizo sus maletas para marcharse a Zaragoza y cumplir su sueño de jugar en Primera, en la mejor Liga del mundo. “Fuera del campo nunca se ha visto a un David que ponga mala cara, que niegue un autógrafo. Siempre es muy amable con todos. Yo siempre digo que si es grande como futbolista como persona lo es aún más”, indica su amigo Carlos que regenta el bar confitería Carly, todo un santuario del jugador en Tuilla. El sueño que Villa siempre había tenido desde niño de debutar en Primera se cumple en 2003 cuando el Zaragoza lo ficha por 3 millones de euros. Pero la historia de Villa no había hecho más que comenzar como cuenta su gran amigo y ex futbolista Pirri con el que coincidió en el Sporting y Zaragoza. “Yo llegué al Sporting como fichaje estrella del Deportivo. A las pocas semanas subieron a David al primer equipo. Recuerdo que no tenía taquilla para guardar sus cosas y entre un compañero y yo le hicimos un hueco. A partir de ahí nos


hicimos amigos. Aunque seguía siendo muy tímido, en el vestuario no se le escuchaba prácticamente. Él donde realmente hablaba con fuerza y descaro era en el campo”, explica Pirri. Ya entonces el ex jugador se dio cuenta que el Guaje iba a llegar lejos. “Tenía muy claro sus objetivos y en el campo se le veía que era diferente, no era un jugador más, tenía cosas que en otros no veías como su descaro y desequilibrio a la hora de marcar goles”. Su facilidad para marcar tantos fue lo que le valió convertirse en el pichichi de Segunda en el año 2003 y su fichaje por un equipo de Primera. Un sueño que compartió con su gran amigo Pirri que un año antes había fichado por el Zaragoza. “Villa estaba muy feliz de poder jugar en un Primera. Llegó con mucha ilusión de demostrar toda su valía y muy pronto se hizo con la titularidad. El momento más importante para él en Zaragoza fue cuando ganó la Copa del Rey”, asegura su íntimo amigo. Todo le estaba ocurriendo demasiado deprisa. Aquel guaje que había rechazado el Oviedo por bajito estaba triunfando. Estaba consiguiendo todo lo que siempre había deseado. Pero su mayor sueño aún estaba por llegar.

“Con el guaje hablaba mucho de sus expectativas en el mundo del fútbol y él siempre me decía lo mismo que su máximo objetivo en su carrera deportiva era jugar algún día en un grande de la Liga”, asegura el actual director del fútbol base del Sabadell. Y ese deseo le llegó mucho más pronto de lo que él se esperaba. El Valencia en el 2005 decidió fichar a la estrella del Zaragoza por 12 millones de euros. “Fue uno de los momentos más felices de su vida. Había conseguido lo que siempre había soñado”, indica Pirri. Los comienzos en el Valencia fueron complicados, ya que tuvo que luchar la titularidad con un jugador contrastado como Patrick Kluivert. Pero ni la experiencia ni la clase del jugador holandés pudieron con las ganas de David Villa. El jugador asturiano pronto se


hizo fijo del equipo que entonces entrenaba Quique Sánchez-Flores y en tan sólo una temporada se convirtió el auténtico ídolo de la afición valencianista. Mestalla estaba eufórica con los goles del Guaje y el „illa, illa, illa, Villa maravilla‟ se convirtió en todo un ritual que sonaba con cada tanto que el futbolista anotaba.

. En su primera temporada en el Valencia se convirtió en el delantero revelación de la Liga. Marcó 25 goles, se quedó cerca de ser el pichichi ese año y es convocado por Luis Aragonés para jugar el Mundial de Alemania, en el que estaba llamado a ser uno de los referentes de la Copa del Mundo. Pero la participación de España no fue demasiado exitosa y pese a que el seleccionar no confió plenamente en el jugador de Tuilla marcó tres goles. Su primera campaña en el conjunto ché no había sido ningún espejismo. Su juego en la segunda temporada no sólo lo mantuvo, sino que mejoró. Sus 20 goles confirmaron que después de mucho tiempo el Valencia había encontrado un referente en ataque y un futbolista que cada día estaba más en Alza. Y es que en tan sólo dos temporadas que llevaba vistiendo la camiseta del Valencia había pasado de ser un prácticamente desconocido a convertirse en uno de los mejores delanteros del fútbol nacional. David Villa ya no pasaba desapercibido para nadie. Había nacido una estrella y los grandes de Europa comenzaban a suspirar por él, entre ellos Madrid y Barça. El conjunto blanco estuvo a punto de ficharlo en el verano de 2008 después de convertirse en el máximo goleador de la Eurocopa que ganó con España. Pero finalmente el presidente del Valencia, Manuel Llorente paraliza la venta con su mítica frase “Si no llega una oferta escandalosamente escandalosa no negociaremos por Villa con nadie”. Y así fue. El valencianismo pudo disfrutar una temporada más de los goles de su ídolo. Una campaña en la que el Guaje volvió a romper todos los registros y con sus 28


tantos durante la pasada temporada alcanzó la cifra de 102 goles con la camiseta del Valencia y se convirtió en el máximo goleador de la historia del Valencia. El Guaje se había convertido en uno de los mejores artilleros de Europa. La grave situación económica por la que pasaba el club de Mestalla hacía más que necesaria la venta del ídolo de Mestalla y Manuel Llorente lo vendió por 40 millones de euros al Barça antes del Mundial de Sudáfrica que acabaría conquistando España. La afición del Valencia se había quedado sin su mejor jugador y al que como el propio Villa dijo en su despedida “habían hecho sentirse el mejor futbolista del mundo”. Algo que el Guaje siempre tendrá presente, ya que como ha dicho en más de una ocasión tras su marcha, pese a que esté jugando en el Barça su corazón siempre será valencianista. Y es que tanto él como su entorno tienen claro que David Villa es hoy uno de los principales baluartes del conjunto culé gracias al Valencia, ya que es el equipo que le dio la oportunidad de hacerse importante y de consagrarse como uno de los mejores delanteros del mundo. “Él en Valencia ha sido muy feliz. Siempre estará agradecido al valencianismo por todo lo que le han dado durante estos años porque David es así, no ha cambiado nada, sigue siendo el mismo chico humilde que un día conocí en el vestuario del Sporting”, indica Pirri. De hecho, su gran amigo asegura que David Villa se aleja mucho del perfil de vida adinerado que llevan muchos futbolistas. “No suele gastar mucho dinero en caprichos, suele llevar una vida tranquila. No le gusta salir demasiado, es más bien casero. Prefiere comer en casa y jugar con los niños, su gran debilidad, que ir a un restaurante”. Aparte de la humildad, los que han tenido la suerte de compartir momentos con el futbolista asturiano coinciden que la ambición es otra de las principales características que definen su persona. “David es un hombre de objetivos. Cuando se le mete algo en la cabeza no para hasta conseguirlo y cuando lo logra ya está pensando en otra meta”. Así que los que piensen que Villa está satisfecho con lo que ha logrado hasta ahora se equivocan. En la mente del jugador hay muchos más objetivos que cumplir. De momento, ya ha conseguido emular los pasos de sus grandes referentes en el fútbol como son Luis Enrique y Enrique Castro „Quini‟. Y es que aparte de jugar en un grande de España, el futbolista con alma de minero quería triunfar en el Barça como hicieron sus ídolos de la infancia. Aunque le ha costado marcar goles ya se ha ganado el respeto de la grada y de la prensa nacional después de los dos goles que marcó en el clásico hace algunas semanas. Dos tantos que seguro que sumarán muchos puntos para ser elegido mejor deportista del año 2010, un trofeo que entrega la United States Sports Academy. Una nominación con la que premian los éxitos conseguidos con su ex equipo, el Valencia y con la selección en el Mundial. De momento, sólo es un candidato. Pero Villa espera ansioso que llegue el día de Noche Buena para saber si Papa Noel le va dejar bajo el árbol de


su casa de Tuilla, la misma en la que naci贸 y en la que se empez贸 a forjar el crack del bal贸n que hoy es, el preciado galard贸n.


David Villa