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O L O C U I L T A


Un pueblo, un producto. El Salvador

Introducción Esta revista es un esfuerzo en conjunto con empresarios locales de Olocuilta y la Comisión Nacional de la Micro y Pequeña Empresa (CONAMYPE) para comunicar las experiencias que se pueden encontrar en el municipio y mostrar una nueva faceta que esta relacionada a la historia de uno de los platillos típicos más emblemáticos de El Salvador.


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Olocuilta Índice 1

Cuna de identidad

P.4-7

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Olocuilta: Indicación Geográfica de las pupusas de arroz.

P.8-9

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Pupusodrómos

P.10-11

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Más allá de las pupusas

P.12-15

Revista ONPAKU Olocuilta 2019 Primera edición Edición, fotografía y diseño editorial Versative Design Consultancy Todos los derechos reservados.


Un pueblo, un producto. El Salvador

cuna de identidad Olocuilta es una tierra de hazaĂąas, de personas trabajadoras y la capital del platillo emblema de El Salvador , la pupusa de arroz.


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El municipio ubicado en el departamento de La Paz, lleva por significado una historia recordada por todos sus habitantes: la del gusano medidor.

Este gusano fue el protagonista de la sequía más desastrosa en la historia de la ciudad. Se cuenta que hace más de 80 años, para los Olocuiltenses lidiar con estos insectos era pan de cada día. Sin embargo, hubo una ocasión donde los estragos fueron tales, que se perdió toda la cosecha de maíz de la época y para entonces era la base de preparación para sus alimentos. En esos años, la pupusa se elaboraba únicamente con harina de maíz, así que buscaron alternativas para hacer el platillo. Así, alguien tuvo la brillante idea de moler el arroz en piedra, pues así se hacía en ese entonces. Preparó la masa y, antes de hacer las pupusas, probó haciendo tortillas. Funcionó, lograron sustituir el maíz y abrieron la puerta hacia el hito que marcó la historia de un país.

Actualmente Olocuilta ostenta el récord Guinnes World Record por haber logrado la pupusa más grande del mundo: 4.5 metros de diámetro. Necesitaron 150 libras de harina de arroz, 90 libras de queso, 50 libras de frijol y 50 libras de chicharrón y tuvo un peso aproximado de mil libras.

La preparación de los ingredientes inició desde un día antes y participaron 30 chefs profesionales. La elaboración de la pupusa tomó tres horas y 15 minutos, de cada lado. La actividad es parte de la celebración del Día Nacional de La Pupusa. Según sus organizadores, se podrían alimentar a aproximadamente tres mil personas.

“Nadie puede decir en el mundo que las pupusas no son salvadoreñas”


Carmen de Miranda, Propietaria de negocio, Olocuilta.

Un pueblo, un producto. El Salvador

“Las pupusas de Olocuilta son reconocidas por su calidad y se lo digo, porque incluso las personas de afuera vienen a buscarnos” -Carmen de Miranda, Dueña de pupusería

Carmen de Miranda es una de las dueñas de pupuserías más reconocidas del municipio. Visitantes del lugar e incluso sus proveedores cuentan que si uno pregunta por ella, no habrá persona que no conozca la historia de una de las primeras emprendedoras de esta ciudad.

Tenía 10 años cuando llegó a Olocuilta. Nació en oriente, pero su familia decidió trasladarse. En su juventud se casó, su esposo trabajaba y estuvo encargada de una tienda en tienda del pueblo. Ella tenía el sueño de hacer más y su oportunidad llegó con su yerno, cuando le comentó la idea de ponerse en la calle a vender pupusas.

Quien ahora es dueña de la pupuseria Autopista inició su negocio en una champa de bambú con lámina, una plancha y su voluntad de triunfar. “No veíamos nosotros ninguna dificultad pues, así me pongo a

pensar hoy, que iniciamos sin dinero y no conocer lo que uno iba a hacer. Yo ni sabía hacer masa de arroz, porque es diferente a la de maíz” expresa niña Carmencita.

No había pasado ni un mes cuando llegó un mensaje del gobierno donde avisaba que era ilegal colocarse donde se encontraban para ese entonces. “Nos intentaron demoler las champitas, si nosotros hasta dormíamos ahí por si en las noches les hicieran algo. Solo queríamos ganarnos la vida honradamente” explica esta empresaria.

La situación duró cerca de ocho meses, hasta que se logró solucionar y se les ofreció el espacio que ahora es conocido como El Manguito.


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“Comencé con poco, mi yerno me prestó porque solo para la plancha me alcanzaba. A mi esposo no le gustaba, ahora está contento le agradece a Dios que todo salió bien, me apoya y me cuida, porque a veces me cuesta venir y mis hijos hasta me regañan, porque incluso me han hospitalizado. Igualmente, yo siempre vengo”. Carmen recalca que lo más importante fue nunca darse por vencido. Ella no veía problemas en su momento y afirma que lo más importante era probar esa experiencia. Actualmente, recibe cursos de CONAMYPE, CDMYPE y USAID para mejorar su negocio. Cuenta que entre todo lo que ha aprendido, ve cómo va creciendo y cuenta que su experiencia favorita es inventar nuevos sabores. Carmen de Miranda es un ejemplo más de esta comunidad de salvadoreños que cada día dejan un poco de ellos mismos por ver crecer a su país. Ha sido un ejemplo durante tantos años y así como todos los empresarios de pupuserías de Olocuilta, seguirá entregando el sabor de un platillo que lleva la firma de la esencia de los salvadoreños.

La familia que inició todo “Dicen que fueron los Blanco y los Méndez, pero entiendo que hay otras familias”. Es recurrente escuchar que las personas de Olocuilta, si les preguntan la historia de cómo surgió la pupusa de arroz, hagan referencia a esas dos familias. La mayoría reconoce que fueron ellos, quienes dieron vida a la que hoy es el referente más grande de la ciudad y del país.

La descendiente de una de esas familias, Estella Blanco cuenta que estuvo con su abuela, Leonor Blanco, mientras hacía la

masa de arroz. “Mi abuela lavó el arroz y lo molió en piedra, porque solo así se hacía en ese tiempo”. A partir de ese día, entre las familias que trabajaron la masa de arroz, se dedicaron a producir solamente tortillas en su momento.

Posteriormente, los pobladores y en general los interesados en que no se vieran afectados por la sequía del maíz de la época, empezaron a utilizar el arroz como sustituto, generando muy buenos resultados y marcando el inicio de la gran historia que se cuenta detrás de los símbolos del municipio.

Los olocuiltenses se caracterizan por su amabilidad y la confianza que generan, de esta forma fue que cada uno se ayudó entre sí para explicar cuál sería el nuevo modelo que generaría bienestar económico a las familias. Este hito también habla de cómo una ciudad pudo levantarse con base al esfuerzo entre todos sus pobladores.

Un nuevo modelo para el bienestar.


Un pueblo, un producto. El Salvador

O L O C

Indicación

D E

L A

P U P U S

El 7 de mayo de 2018 el Ministerio de Economía de El Salvador reconoció oficialmente a Olocuilta como el lugar de origen de las pupusas de arroz, otorgándole la primera indicación geográfica del país.


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U I L T A

S A

Geográfica

D E

A R R O Z

Una indicación geográfica es todo aquel signo utilizado para productos que tienen un origen geográfico concreto y cuyas cualidades, reputación y características se deben esencialmente a su lugar de origen. A partir de esto, la pupusa de arroz de Olocuilta es una marca registrada de El Salvador.


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pupuso dromos El Triángulo La tradición del fuego y la leña. Fue hace 80 años cuando algunas familias de la ciudad comenzaron con la venta de pupusas de arroz en la zona de El Triángulo. A partir de ahí, nace una larga tradición que se ha convertido en un símbolo del país.

Los puestos comenzaron con pequeñas champas de plástico. Los olocuiltenses aprovecharon que la zona era frecuentada por los conductores del transporte colectivo y se instalaron.

Aunque en un momento vendieron menos, con el tiempo la gente regresó al único lugar donde podían degustar las verdaderas pupusas hechas en comal y cocinadas en fuego y leña.

La Esquina Pequeñas en tamaño, grandes en sabor.

Esto ocurrió por la necesidad de buscar clientes, dado que no tenían el mismo flujo de personas en calle vieja a Zacatecoluca.

Cuando se construyó la autopista hacia Comalapa, varias pupuserias se instalaron decidieron poner sus negocios desde la esquina a lo largo de la carretera, es decir, en las orillas de la calle.

La especialidad de estas pupusas es que conservan las tradición de Olocuilta. Son las pupusas más pequeñas que se hacen en la ciudad, tal y como se hacían desde que empezaron a elaborarse hace más de 80 años. Son parte de la esencia y tradición de todo un país.


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Buena Vista Variedad para todos los gustos. Este es el lugar ideal y referente para los turistas que vienen desde el aeropuerto sobre la carretera a Comalapa. La que caracteriza a este pupusódromo es la gran variedad de sabores y tamaños que ofrece. La especialidad de la casa es la pupusa loca, preferida por extranjeros y locales

El Manguito Un testimonio de, perseverancia. Nació hace 22 años, con locales instalados en pequeñas champas hechas de lámina y bambú. El Manguito es el pupusódromo que r e pr e s ent a luc h a , y a que en s u momento intentaron ser movilizados y fueron amenazados con demoler sus puestos. Luego de varios meses, les ceden el espacio que ahora es conocido como El Manguito.

Su nombre inició a partir de una broma entre los fundadores, pues en la zona donde estaban sus loca les, se encontraba un árbol de mango. Así es cómo se estableció el nombre de uno de los pupusódromos más visitados por quienes vienen sobre la autopista de Comalapa.


Más allá de las pupusas La llamada “La Capital de las Pupusas” evoca los recuerdos felices y los momentos inigualables de un pedacito de nuestro país. Sin embargo, Olocuilta no solo son pupusas, sino un pueblo que busca potenciar su municipio como una opción turística para quienes disfrutan de rutas inexploradas, climas venturosos, vistas impresionantes y sobretodo visitas guiadas a conocer los métodos de plantación de hortalizas, que busca ser parte de las principales actividades económicas de la ciudad.

Los agricultores del municipio se caracterizan por hacer uso de los macrotúneles, que sirven para obtener mejores cosechas, proteger las plantaciones contra lluvias y reducir la presencia de plagas.

Los principales cultivos que se pueden encontrar son la mora, apio, cilantro, lechuga y berro.

Piedra del Niguil, Olocuilta.

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Estos proyectos son impulsados por dos cooperativas en las que los agricultores se han organizado para la siembra y cosecha de diferentes tipos de hortalizas.

El trabajo de los pobladores ha tenido tanto éxito, que todos los días en la madrugada un camión recoge la cosecha para comercializarla en el Mercado Central.

El objetivo de las cooperativas, CONAMYPE y la municipalidad es crear cadenas de valor, para hacer de Olocuilta un municipio autosustentable y poder ofrecer al visitante ingredientes frescos y de calidad que esten presente en el platillo por excelencia de esta ciudad, las pupusas.La oferta turística que ofrece este municipio del departamento de La Paz, está el recién construido Parque Ecológico Olocuilta.

Parque ecológico, Olocuilta.

Un lugar ideal para quienes quieran relajarse y disfrutar de espacios verdes en la Ciudad de Olocuilta.

El lugar cuenta con canchas de fútbol y básquetbol para el esparcimiento de quien lo visite. Además de poseer senderos para quienes desean disfrutar la belleza natural del lugar. La diversión en este parque está garantizada para chicos y grandes, pues cuenta con piscinas para el entretenimiento de toda la familia. También, la seguridad en el lugar está garantizada, dado que la alcaldía tiene a disposición del visitante elementos de seguridad para el lugar.


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En el punto más alto de Olocuilta, con más de 800 metros sobre el nivel del mar, cualquier persona que decida visitar el cerro El Teguecho puede estar seguro que encontrará una experiencia única. Cuenta la leyenda que este cerro fue llamado así, ya que mientras las personas iban para sus hogares, escuchaban a una ave que decía “teguecho”. En este punto, se puede observar cómo Olocuilta colinda con los municipios Santo Tomás, Santiago Texacuangos, Chinameca y Panchimalco. Lo que ofrece este cerro al turista nacional y extranjero es una experiencia única entre senderos llenos de abundante flora y fauna. En el camino se puede encontrar diversos animales silvestres como venados, serpientes y caballos. El recorrido por el cerro termina con una hermosa e imponente vista a la cima, donde se puede apreciar las poblaciones cercanas al lugar y en días despejados se puede observar la costa salvadoreña. Entre los lugareños se cuenta una leyenda, que por este cerro cada noche pasa el conocido “Venado de Oro” que recorre todo el filo del cerro y desaparece justo donde se oculta la luz del sol.


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Cerro el Teguecho, Olocuilta.


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