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20 CON-SENTIDO Abril 27 de 2014

LA ESPECIALISTA

La actitud de los muchachos dependerá de los padres Jenny Alvarado Psicóloga educativa

D

urante el proceso de adaptación a la escuela se presentan varios casos de niños que se sienten atemorizados por no saber a lo que se van a enfrentar, sobre todo aquellos que ingresan al sistema escolarizado por primera vez. Ellos van inseguros. Por eso es importante que los padres hayan aprovechado todo el tiempo vacacional para hablarles de la escuela e inculcarles cuánto se van a divertir y lo mucho que van a aprender. Siempre y cuando sea en un entorno de tranquilidad y armonía vamos a ver resultados positivos en la adaptación del menor. Los padres deben generarles plenas expectativas para hacerles sentir cosas agradables. Existen dos escenarios o mejor dos actitudes: la del niño que llora cuando lo llevan a la escuela; y la de aquel que está entusiasta porque le compren la mochila, la lonchera, los cuadernos, los lápices de colores... Seguramente, al menor que tiene dependencia de la familia, no le llevaron a conocer en dónde iba a estudiar, ni le inscribieron en un centro de estimulación o cursos vacacionales de pintura, deportes, etc. Y cuando sale de su entorno familiar, le es muy difícil la adaptación. Sin este tipo de estímulos ir por primera vez a la escuela puede provocarle angustia. Por lo general, estos niños están sobreprotegidos, y más si son los primeros hijos, pues los padres son extremadamente protectores, cuasándoles daño aunque no estén concientes de ello, y esta situación será más difícil de cambiar una vez que hayan empezado la nueva etapa escolar. Es diferente para quienes acuden al mismo centro educativo de sus hermanos: ellos quieren ir, sienten seguridad pues un miembro de su familia está cerca. Se les facilita

mucho más la adaptación. En el caso de los jóvenes que están por terminar el colegio, o acaban de graduarse, es necesario y sumamente importante, que tengan un proyecto de vida, y que los maestro u orientadores les acompañen y hayan identificado desde Tercero de Bachillerato lo que van a seguir y les den una guía. Es lamentable ver como bachilleres después de la fiesta de incorporación empiezan recién a cuestionarse: ¿qué hago ahora? Algunas chicas y chicos ya han avanzado con los exámenes de admisión para la universidad. Unos han aprobado, otros están en propedéutico. Aquellos que no han hecho este proceso, es porque algo está pasando: ¿los 12 años de escuela y colegio pasaron sin pasar? Llegan a los 17 o 18 y no saben qué hacer con sus vidas. Como educadora suelo escuchar comentarios de los padres como los siguientes: “Yo ya te dí los estudios primarios y secundarios, ahora la universidad corre por tu cuenta”, es decir que después de graduado el chico tiene que ir a trabajar o ver si puede o no continuar una carrera. Esto no es adecuado porque le están inyectando pobres espectativas en relación a lo que va hacer su vida profesional, y al no tener la madurez necesaria y se sienten inestables, sus metas se hacen más confusas. Cuando esto les pasa a los adolescentes se les genera la duda entre la importancia de ganar dinero o estudiar, y a veces optan por lo primero. Así se les pasa la vida y, probablemente, no llegan nunca a concluir sus estudios. También ocurre que algunos padres desconocen lo que les gusta, tampoco son capaces de mencionar cinco cosas positivas de ellos. Por eso es tan importante transmitir motivación a los jóvenes, interesarse por los planes que tienen sus hijos. La comunicación es clave en este proceso.

El bullying se combate rompiendo la ley del silencio y preguntando Si observa que su hijo baja en el rendimiento académico, constantemente está triste, abatido, regresa de clases herido, tiene problemas para participar en el aula o, simplemente, ya no quiere regresar a la escuela, posiblemente está sufriendo acoso escolar o bullying. Muchos estudiantes viven este acoso físico y emocional en sus instituciones educativas. Este maltrato daña la autoestima del menor, provoca depresiones, e incluso puede llegar al suicidio. Hay que romper la ley del silencio, los padres deben tener la paciencia y, ante todo, el suficiente amor para conversar con sus hijos y generarles la confianza necesaria, para que sean ellos mismos quienes les cuenten sobre esas situaciones de abuso; y también para conocer sobre sus gustos, saber de sus amigos más cercanos y de cómo se relaciona con el mundo en general.

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