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Esta traducción fue hecha sin fines de lucro. Es una traducción de fans para fans. Si el libro llega a tu país, apoya al escritor comprando su libro. También puedes apoyar al autor con una reseña, siguiéndolo en redes sociales y ayudándolo a promocionar su libro. ¡Disfruta la lectura!

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STAFF Moderadoras Mel Cipriano

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Traductoras Snowsmily Michelle♡ Adriana Tate CrisCras Juli Julieyrr Nats Sofí Fullbuster Blaire2015

Danny_McFly MaryJane♥ Chachii America Sardothien Zafiro Cynthia Delaney letssinkhearts

eyeOc Mel Cipriano Deydra Eaton aa.tesares Polilla KristewStewpi d Valen Drtner Mar Winston

francisca abdo arias Valentine Fitzgerald Vanessa VR Jeyly Carstairs Val_17 Mel Markham

Correctoras Melii Gabbita Andreina Vanessa mariaesperanza.nino Val Zöe Victoria Ferris Daenerys Paltonika

Marie.Ang Maarlopez Meliizza niki Aimetz PaulaFran! Daniela Aiden Alessa Ely

Lectura Final Elle

Diseño Sofía Belikov & Yessy

Cris Tsuki Karool CarolVanessa Gabihhbelieber Cami SammyD Gaz Walker


ÍNDICE Capítulo 1

Capítulo 21

Capítulo 2

Capítulo 22

Capítulo 3

Capítulo 23

Capítulo 4

Capítulo 24

Capítulo 5

Capítulo 25

Capítulo 6

Capítulo 26

Capítulo 7

Capítulo 27

Capítulo 8

Capítulo 28

Capítulo 9

Capítulo 29

Capítulo 10

Capítulo 30

Capítulo 11

Capítulo 31

Capítulo 12

Capítulo 32

Capítulo 13

Capítulo 33

Capítulo 14

Capítulo 34

Capítulo 15

Capítulo 35

Capítulo 16

Capítulo 36

Capítulo 17

Capítulo 37

Capítulo 18

Capítulo 38

Capítulo 19

Agradecimientos

Capítulo 20

Sobre el Autor

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SINOPSIS Cath es fan de Simon Snow. Bueno, todo el mundo es fan de Simon Snow... Pero para Cath, ser fan es toda su vida, y ella es realmente buena en ello. Ella y su hermana gemela, Wren, se escondieron en la serie Simon Snow cuando eran unas niñas, y eso fue lo que las ayudó a superar el abandono de su madre. Leer. Releer. Pasar el rato en los foros de Simon Snow, escribir fanfictions sobre Simon Snow, vestirse como los personajes para cada estreno de una película. La hermana de Cath se ha alejado del fandom, pero Cath no puede dejarlo ir. No quiere hacerlo. Ahora que van a la universidad, Wren le ha dicho a Cath que no quiere ser su compañera de habitación. Cath está sola, y completamente fuera de su zona de confort. Ella tiene una compañera de cuarto hosca con un novio encantador y que siempre está alrededor, un profesor escritor de ficción que piensa que fanfiction es el fin del mundo civilizado, un compañero guapo que sólo quiere hablar de palabras... Y no puede dejar de preocuparse por su padre, quien es amoroso y frágil, y nunca ha estado solo. Para Cath, la pregunta es: ¿Puede hacer esto? ¿Puede hacerlo sin Wren sosteniendo su mano? ¿Está lista para empezar a vivir su propia vida? ¿Escribir sus propias historias? ¿Y querrá ella seguir adelante si eso significa dejar a Simon Snow atrás?

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Para Jennifer, quien siempre tuvo un sable de luz adicional.


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SEMESTRE DE OTOテ前, 2011


LA SERIE DE SIMON SNOW Fuente: Encyclowikia, la enciclopedia de la gente Este artículo es sobre la serie de libros para niños. Para otras aplicaciones, vea Simon Snow (desambiguación). Simon Snow es una serie de siete libros de fantasía escritos por la lingüista Inglesa Gemma T. Leslie. Los libros cuentan la historia de Simon Snow, de 11 años de edad, un huérfano de Lancashire que es reclutado para asistir a la Escuela Watford Magicks para convertirse en un mago. A medida que crece, Simon se une a un grupo de hechiceros —los Magos— que luchan contra Humdrum Insidious, un ser maligno que intenta erradicar la magia del mundo. Desde la publicación de Simon Snow y El Heredero del Mago en 2001, los libros han sido traducidos a 53 idiomas, y para agosto de 2011 ya se habían vendido más de 380 millones de copias. Leslie ha sido criticada por la violencia en la serie, y por la creación de un héroe que a veces es egoísta y malhumorado. Una escena de exorcismo en el cuarto libro, Simon Snow y el Cuarto Selkies, provocó boicots entre grupos cristianos estadounidenses en 2008. Pero los libros son ampliamente considerados como clásicos modernos, y en 2010, la revista Time llamó a Simon el "personaje literario para niños más grande desde Huckleberry Finn". Un octavo libro, el último de la serie, tiene fecha de lanzamiento para el 1 de mayo de 2012. Publicaciones: Simon Snow y el Heredero del Mago, 2001 Simon Snow y la Segunda Serpiente, 2003 Simon Snow y la Tercera Puerta, 2004 Simon Snow y el Cuarto Selkies, 2007 Simon Snow y las Cinco Hojas, 2008 Simon Snow y las Seis Liebres Blancas, 2009 Simon Snow y el Séptimo Roble, 2010 Simon Snow y la Octava Danza, programado para el 1 de mayo de 2012

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1 Traducido por Mel Cipriano Corregido por Gabbita

10 Había un chico en su habitación. Cath miró el número pintado en la puerta y luego hacia abajo, a la asignación de espacio en su mano. Pound Hall, 913. Esa era sin duda la habitación 913, pero tal vez no era Pound Hall, todas esas residencias se parecían, como torres de viviendas públicas para ancianos. Tal vez Cath debía tratar de interceptar a su padre antes de que le llevara el resto de sus cajas. —Tú debes ser Cather —dijo el muchacho, sonriendo y tendiéndole la mano. —Cath —dijo, sintiendo un salto de pánico en el estómago. Hizo caso omiso a su mano. (Ella estaba sosteniendo una caja de todos modos, ¿qué esperaba?) Aquello era un error, tenía que ser un error. Sabía que Pound era un edificio de dormitorios mixtos… ¿Existía tal cosa como los dormitorios mixtos? El chico tomó la caja de sus manos y la puso en una cama vacía. La cama en el otro lado de la habitación ya estaba cubierta con ropa y cajas. —¿Tienes más cosas abajo? —preguntó—. Acabamos de terminar. Creo que ahora iremos a por una hamburguesa; ¿quieres una? ¿Ya has estado en Pear‘s? Hamburguesas del tamaño de tu puño. —Él tomó su brazo. Ella tragó saliva—. Has un puño —dijo. Cath lo hizo. —Más grande que tú puño —dijo, dejando caer la mano y tomando la mochila que ella había dejado en la puerta—. ¿Tienes más cajas? Debes tenerlas. ¿Tienes hambre?


Era alto, delgado y bronceado, y parecía como si acabara de quitarse un gorro de lana, tirando del cabello rubio oscuro en todas direcciones. Cath miró la asignación de la habitación. ¿Este era Reagan? —¡Reagan! —dijo el chico felizmente—. Mira, tú compañera de cuarto está aquí. Una chica rodeó a Cath en la puerta y la miró con frialdad. Tenía cabello liso, castaño, y un cigarrillo sin encender en la boca. El chico lo tomó y se lo puso en su boca. —Reagan, Cather. Cather, Reagan —dijo. —Cath —corrigió ella. Reagan asintió y buscó en su bolso otro cigarrillo. —Tomé esté lado — dijo, señalando a la pila de cajas en el lado derecho de la habitación—. Pero eso no importa. Si tienes problemas de feng shui, no dudes en mover mi mierda. —Se volvió hacia el muchacho—. ¿Listo? Él se giró hacia Cath. —¿Vienes? Cath negó con la cabeza. Cuando la puerta se cerró detrás de ellos, se sentó en el colchón desnudo que aparentemente era suyo —el feng shui era el menor de sus problemas—, y apoyó la cabeza contra la pared de bloques de hormigón. ESólo tenía que tranquilizar sus nervios. Tomar la ansiedad que sentía como estática negra trás sus párpados y un corazón extra en su garganta, y empujarlo todo hacia su estómago a donde pertenecía, donde pudiera, al menos, atarlo en un buen nudo y trabajar en torno a ello. Su padre y Wren estarían allí de un momento a otro, y Cath no quería que supieran que estaba a punto de deshacerse. Si Cath se deshacía, su padre se desharía. Y sí ambos lo hacían, Wren actuaría como si lo estuvieran haciendo a propósito, sólo para arruinar su perfecto primer día en el campus. Su nueva y hermosa aventura. Vas a darme las gracias por esto, seguía diciendo Wren. La primera vez que lo dijo fue en junio. Cath ya había enviado sus solicitudes de vivienda a la universidad, y por supuesto que había puesto a Wren como su compañera de cuarto, no lo había pensado dos veces. Las dos habían compartido una habitación durante dieciocho años, ¿por qué detenerse ahora? —Hemos compartido una habitación por dieciocho años — argumentó Wren. Estaba sentada a la cabecera de la cama de Cath, portando su exasperante rostro de ―Soy la Madura Aquí‖.

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—Y ha funcionado muy bien —dijo Cath, agitando su brazo alrededor del dormitorio hacia las pilas de libros y posters de Simon en el armario, donde metían toda su ropa sin preocuparse la mayoría de las veces de qué le pertenecía a cada una. Cath estaba sentada a los pies de la cama, tratando de no parecer la ―Patética que Siempre Lloriquea‖. —Esto es la universidad —insistió Wren—. El punto de la universidad es conocer gente nueva. —El punto de tener una hermana gemela —dijo Cath—, es no tener que preocuparse por este tipo de cosas. Raros extraños que roban tus tampones, huelen como a aderezo para ensaladas y te toman fotos con sus teléfonos celulares mientras duermes… Wren suspiró. —¿De qué estás hablando? ¿Por qué alguien va a oler como aderezo para ensalada? —Como a vinagre —dijo Cath—. ¿Recuerdas cuando nos fuimos de viaje en primer año, y que la habitación de una niña olía a aderezo italiano? —No. —Bueno, era horrible. —Es la universidad —repitió Wren, exasperada, cubriéndose la cara con las manos—. Se supone que debe ser una aventura. —Ya es toda una aventura. —Cath se arrastró junto a su hermana y le sacó las manos de la cara—. Toda la perspectiva ya es aterradora. —Se supone que debemos conocer gente nueva —insistió Wren. —Yo no necesito gente nueva. —Eso demuestra lo mucho que necesitas gente nueva.... —Wren le apretó las manos—. Cath, piensa en ello. Si lo hacemos juntas, la gente nos tratará como si fuéramos la misma persona. Pasarán cuatro años antes de que alguien pueda incluso diferenciarnos. —Todo lo que tienen que hacer es prestar atención. —Cath tocó la cicatriz en la barbilla de Wren, justo debajo de su labio. (Accidente de trineo. Tenían nueve, y Wren estaba en la parte delantera del trineo cuando golpeó el árbol. Cath había caído a la nieve de la parte posterior.) —Sabes que tengo razón —dijo Wren. Cath negó con la cabeza. —No lo creo. —Cath... —Por favor no me hagas hacer esto sola.

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—Nunca estás sola —dijo Wren, suspirando de nuevo—. Ese es el maldito punto de tener una hermana gemela.

—Esto es muy bonito —dijo su padre, echando un vistazo alrededor de Pound 913, y poniendo un cesto de la ropa lleno de zapatos y libros sobre el colchón de Cath. —No es lindo, papá —dijo Cath con rigidez, de pie en la puerta—. Es como una habitación de hospital, pero más pequeña. Y sin televisión. —Tienes una gran vista del campus —dijo. Wren se acercó estacionamiento.

a la

ventana.

—Mi

habitación

da

a

un

—¿Cómo lo sabes? —preguntó Cath. —Google Earth. Wren no podía esperar a que toda esa cosa de la universidad comenzara. Ella y su compañera de cuarto, Courtney, habían estado hablando durante semanas. Courtney era de Omaha también. Las dos se habían reunido y fueron juntas a comprar cosas para el dormitorio. Cath se les unió de mala gana y trató de no hacer pucheros mientras ellas escogían posters y lámparas de escritorio a juego. El padre de Cath volvió de la ventana y le pasó un brazo alrededor de sus hombros. —Todo va a estar bien —dijo. Ella asintió. —Lo sé. —Está bien —dijo, aplaudiendo—. Próxima parada, Schramm Hall. Segunda parada, pizza buffet. Tercera parada, mi triste y vacío nido. —No pizza —dijo Wren—. Lo siento, papá. Courtney y yo vamos a la barbacoa de primer año esta noche. —Dirigió su mirada hacia Cath—. Cath debe ir, también. —Sí pizza —dijo Cath desafiante. Su padre sonrió. —Tú hermana tiene razón, Cath. Tienes que ir. Conocer gente nueva. —Todo lo que voy a hacer durante los próximos nueve meses es conocer gente nueva. Hoy elijo pizza buffet. Wren puso los ojos en blanco.

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—Está bien —dijo su padre, dándole a Cath palmaditas en el hombro—. Próxima parada, Schramm Hall. ¿Señoritas? —Abrió la puerta. Cath no se movió. —Puedes venir a buscarme después de dejarla — sugirió, mirando a su hermana—. Quiero empezar a desempacar. Wren no discutió, sólo salió al pasillo. —Voy a hablar contigo mañana —dijo, sin voltearse a mirar a Cath. —Seguro.

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Se sentía bien desempacar. Poner sábanas a la cama y ordenar sus nuevos libros de texto, ridículamente caros, en las estanterías de su nuevo escritorio. Cuando su padre regresó, caminaron juntos hasta Valentino‘s. Todas las personas que vieron en el camino eran de la edad de Cath. Era espeluznante. —¿Por qué todo el mundo es rubio? —preguntó Cath—.¿Y por qué son todos blancos? Su padre se echó a reír. —No estás más que acostumbrada a vivir en el barrio menos blanco de Nebraska. Su casa, en el sur de Omaha, estaba en un barrio mexicano. La familia de Cath era la única blanca de la manzana. —Oh, Dios —dijo—. ¿Crees qué en esta ciudad tengan un camión de tacos? —Creo que he visto un Chipotle… Ella gimió. —¡Vamos! —dijo él—, te gusta el Chipotle. —No es el punto. Cuando llegaron a Valentino‘s, estaba lleno de estudiantes. Unos pocos, como Cath, habían venido con sus padres, pero no muchos. —Es como una historia de ciencia ficción —dijo ella—. No hay niños pequeños... Nadie mayor de treinta... ¿Dónde están todas las personas mayores?


Su padre levantó una rebanada de pizza. —Soylent Green1. Cath se echó a reír. —Yo no soy viejo, ¿sabes? —Estaba golpeando la mesa con los dos dedos del medio de la mano izquierda—. Cuarenta y uno. Los otros tipos de mi edad en el trabajo están empezando a tener hijos. —Esa fue una buena idea —dijo Cath—, sacarnos del camino antes de tiempo. Podrías comenzar a traer chicas a casa ahora… No hay moros en la costa. —Todas mis chicas… —dijo, mirando a su plato—. Ustedes son las únicas chicas por las que me preocupó. —Ugh. Papá. Raro. —Sabes lo que quiero decir. ¿Qué pasa contigo y tu hermana? Ustedes nunca han peleado así antes.... —No estamos peleando ahora —dijo Cath, tomando un bocado de tocino de la pizza—. Oh, cielos. —Lo escupió. —¿Qué pasa, has encontrado una pestaña? —No. Un pepinillo. Está bien. Es que no me lo esperaba. —Parece como si estuvieran peleando —insistió. Cath se encogió de hombros. Ella y Wren ni siquiera hablaban mucho, por no decir pelear. —Wren sólo quiere más... independencia. —Suena razonable. Por supuesto que sí, pensó Cath, es la especialidad de Wren. Pero ella la dejó caer. No quería que su padre se preocupara por eso ahora. Podía decir, por la forma en que se mantuvo golpeando la mesa, que ya se estaba agotando. Demasiadas horas de normalidad seguidas. —¿Cansado? —preguntó. Él le sonrió, disculpándose, y puso su mano en su regazo. —Ha sido un gran día. Un gran y duro día… es decir, sabía que lo sería. —Levantó una ceja—. Ambas, el mismo día. Guau. Todavía no puedo creer que no van a venir conmigo a casa.... —No te pongas demasiado cómodo. No estoy segura de que pueda seguir con esto todo un semestre. —Era sólo una broma, y él lo sabía. —Vas a estar bien, Cath. —Puso su mano, menos nerviosa, sobre la de ella y se la apretó—. Y yo también. ¿Sabes? Película de Ciencia Ficción basada en la novela distópica “Make Room! Make Room!” escrita por Harry Harrison en 1966. 1

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Cath dejó de mirarlo a los ojos por un momento. Parecía cansado… y, sí, nervioso, pero él estaba intentándolo. —Todavía me gustaría que consiguieras un perro —dijo. —Nunca recordaría alimentarlo. —Tal vez podríamos entrenarlo para que te alimente a ti.

16 Cuando Cath regresó a su habitación, su compañera de cuarto, Reagan, seguía desaparecida. O tal vez se había ido otra vez, sus cajas parecían intactas. Cath terminó quitarse la ropa, y luego abrió la caja de los objetos personales que había llevado desde su casa. Sacó una foto de ella y Wren, y la colocó en el tablero de corcho detrás de su escritorio. Era de su graduación. Ambas vestían túnicas rojas y estaban sonrientes. Fue antes de que Wren se cortara el pelo.... Ella ni siquiera le había dicho a Cath que iba a hacer eso. Sólo llegó a casa del trabajo, al final del verano, con el cabello corto. Se veía increíble, lo que probablemente significaba que también se vería increíble en Cath. Pero Cath jamás podría conseguir ese corte de pelo ahora, incluso si pudiera reunir el valor para cortarse quince centímetros. No podía copiar a su propia hermana gemela. Luego, Cath sacó la foto enmarcada de su padre, que siempre había estado en su cómoda. Se veía especialmente guapo en esa foto, tomada el día de su boda. Era joven y sonriente, y tenía un girasol en la solapa. Cath lo puso en el anaquel por encima de su escritorio. También ubicó una foto de Abel y ella en el baile. Cath llevaba un vestido verde brillante, y Abel tenía una faja coincidente. Era una buena imagen de Cath, a pesar de que su rostro se veía desnudo y plano sin las gafas. Y era una buena imagen de Abel, a pesar de que parecía aburrido. Él siempre parecía un poco aburrido. Cath probablemente debería haberle enviado un mensaje de texto a Abel, sólo para decirle que había llegado bien, pero quería esperar hasta que se sintiera más relajada y despreocupada. No podía responder sus mensajes. Si contestaba toda de mal humor y melancólica, el mensaje sólo se quedaría allí en su teléfono, recordándole lo arrastrada que era. En la parte inferior de la caja estaban los posters de Simon y Baz de Cath. Los puso en su cama con cuidado, algunos eran originales, dibujados o pintados para ella. Tendría que elegir sus favoritos; no había


espacio para todos en el tablero de corcho y Cath ya había decidido no usar ninguna de las paredes, donde Dios y todo el mundo se dieran cuenta de ellos. Eligió tres… Simon levantando la Espada de los Magos. Baz descansando en un trono negro con colmillos. Los dos caminando juntos a través de hojas doradas girando, azotando en el viento. Unas cuantas cosas más que quedaban en la caja: un ramillete2 seco, una cinta que Wren le había dado y que decía: CLUB DEL PLATO LIMPIO, bustos conmemorativos de Simon y Baz que había pedido en Noble Collection… Cath encontró un lugar para cada cosa y luego se sentó en la silla del escritorio de madera destartalada. Si se sentaba allí, de espaldas a las paredes y cuadros desnudos de Reagan, se sentía casi como en casa. Había un chico en el cuarto de Simon. Un muchacho de pulcro cabello negro y ojos fríos y grises. Él daba vueltas alrededor, sosteniendo un gato en el aire, mientras que una chica saltaba e intentaba agarrarlo. —Devuélvemelo —dijo la niña—. Vas a hacerle daño. El muchacho se echó a reír y mantuvo al gato más alto, luego notó a Simon de pie en la puerta y se detuvo, su rostro afilado. —Hola —dijo el chico de cabello oscuro, dejando caer el gato al suelo. Aterrizó sobre sus cuatro patas y salió corriendo de la habitación. La niña corrió tras él. El muchacho no les hizo caso, tirando su chaqueta escolar perfectamente en su lugar, y sonriendo con el lado izquierdo de su boca. —Yo te conozco. Eres Simon Snow... el Heredero del Mago. —Le tendió la mano con aire de suficiencia—. Soy Tyrannus Basilton Pitch. Pero puedes llamarme Baz. Vamos a ser compañeros de cuarto. Simon frunció el ceño e hizo caso omiso a la pálida mano del muchacho. —¿Qué pensabas que estabas haciendo con su gato? —Del capítulo 3 de Simon Snow y el Heredero del Mago, Copyright © 2001 por Gemma T. Leslie

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Corsage: Este ramillete es el que los chicos le dan a las chicas en la fiesta de graduación.

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2 Traducido por Snowsmily Corregido por *Andreina F*

19 En los libros, cuando las personas despiertan en un lugar extraño, siempre tienen ese momento desorientador cuando no saben dónde están. Eso nunca le había sucedido a Cath; siempre recordaba quedarse dormida. Pero todavía se sentía extraño escuchar la misma vieja alarma apagarse en este nuevo lugar. La luz en la habitación era extraña, demasiado amarilla por la mañana, y el aire del dormitorio tenía un toque de detergente del que no estaba segura si llegaría a acostumbrarse. Recogió su teléfono y apagó la alarma, recordando que todavía no le había escrito a Abel. No había siquiera revisado su e-mail o su cuenta de FanFixx antes de irse a la cama. Primer día. —Le envió un mensaje a Abel ahora—. Más luego, x, o, etc. La cama en el otro lado de la habitación estaba todavía vacía. Podría acostumbrarse a eso. Tal vez Reagan pasaría todo su tiempo en la habitación de su novio. O en su apartamento. Su novio se veía mayor, probablemente vivía fuera del campus con otros veinte chicos, en alguna casa destartalada con un sofá en el patio delantero. Incluso con la habitación para ella misma, no se sentía segura cambiándose aquí. Reagan podría entrar en cualquier minuto, el novio de Reagan podría entrar en cualquier minuto… Y cualquiera de ellos podría ser un pervertido con la cámara del celular. Cath llevó su ropa al baño y se cambió en una cabina. Había una chica en los lavabos, tratando desesperadamente de hacer contacto visual amistoso. Ella pretendió no notarlo.


Terminó de acomodarse con suficiente tiempo para tomar el desayuno, pero no tenía ganas de hacer frente al comedor, todavía no sabía dónde era, o cómo funcionaba... En situaciones nuevas, todas las reglas más difíciles son aquellas que nadie se molesta en explicarte. (Y las que no puedes buscar en Google.) Como: ¿dónde comienza la línea?, ¿qué comida puedes tomar?, ¿dónde se supone que debes ponerte de pie? Luego, ¿dónde se supone que tienes que sentarte?, ¿a dónde vas cuando terminas? ¿por qué todo el mundo está mirándote?... Bah. Abrió una caja de barras de proteína. Tenía cuatro cajas más y tres tarros gigantes de mantequilla de maní metidas debajo de su cama. Si mantenía el ritmo, podría no tener que enfrentar el comedor hasta octubre. Abrió su portátil mientras masticaba una barra de algarrobo y avena y hacía clic a través de su cuenta en FanFixx. Había un montón de nuevos comentarios en su página, todas las personas retorciéndose las manos porque ella no había publicado un nuevo capítulo de Carry On ayer. Hola chicos, escribió. Lo siento sobre lo de ayer. Primer día de escuela, familia, cosas, etc. Hoy quizás no suceda tampoco. Pero prometo que estaré de vuelta el martes, y tengo algo especialmente perverso planeado. Paz, fuera, Magicath.

Caminando a clases, Cath no podía evitar la sensación de que estaba pretendiendo ser una estudiante universitaria en una película para mayores de edad. El escenario era perfecto, atravesando el pasto verde, edificios de ladrillos, niños en todas partes con mochilas. Cath cambió su bolso incómodamente en su espalda. Mírame, soy una foto de archivo de una estudiante universitaria. Llegó a Historia Americana diez minutos antes, lo que todavía no era suficientemente temprano para conseguir un asiento en la parte trasera de la clase. Todos en el salón parecían incómodos y nerviosos, como si hubieran pasado demasiado tiempo decidiendo qué ponerse. (Comienza como si tuvieras la intención de seguir, había pensado cuando se probó su atuendo la noche anterior. Camisa Simon3. Cárdigan verde. )

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Línea de ropa.

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El chico sentado en el escritorio a su lado utilizaba auriculares y concienzudamente movía la cabeza. La chica al otro lado de Cath seguía cambiando su cabello de un hombro a otro. Cerró los ojos. Podía sentir sus escritorios crujiendo. Podía oler sus desodorantes. Solo saber que ellos estaban allí la hacía sentirse tensa y arrinconada. Si tuviera un poco menos de orgullo, podría haber tomado la clase con su hermana, ella y Wren necesitaban los créditos de historia. Tal vez debería estar tomando clases con Wren mientras todavía tenían un poco en común; no se interesaban en nada del mismo tema. Wren quería estudiar mercadeo, y quizás conseguir un trabajo en publicidad como su papá. Cath no podía imaginar tener ninguna clase de trabajo o carrera. Se había especializado en Inglés, esperando que eso significara poder pasar los próximos cuatro años leyendo y escribiendo. Y tal vez los cuatros años después de eso. De cualquier manera, ya había probado el curso introductorio para los de primer año, y cuando se reunió con su consejero en la primavera, lo convenció de que podía manejar la Introducción a la Escritura de Ficción en un curso de nivel junior. Era la única clase —tal vez la única cosa en la universidad— que Cath estaba esperando. La profesora que lo impartía era una novelista de verdad. Cath había leído todos sus tres libros (sobre el descenso y la desolación en la América rural) en el verano. —¿Por qué estás leyendo eso? —preguntó Wren cuando lo notó. —¿Qué? —Algo sin un dragón o un elfo en la cubierta. —Estoy diversificándome. —Shh —dijo Wren, cubriendo los oídos en el poster de la película sobre su cama—. Baz te escuchará. —Baz está seguro en nuestra relación —había dicho Cath, sonriendo a su pesar. Pensar en Wren en ese momento hizo a Cath buscar su teléfono. Wren probablemente había salido anoche. Había sonado como si todo el campus estuviera festejando. Cath se sentía asediada en su habitación vacía. Gritos. Risas. Música. Todo viniendo de todas direcciones. Wren no habría podido resistir el ruido. Cath buscó su teléfono en su mochila. ¿Estás despierta? —Envió.

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Pocos segundos después, su teléfono sonó. ¿Esa no es mi línea? Demasiado cansada para escribir anoche —tecleó Cath—, fui a la cama a las diez. Sonó. Ya descuidando a tus admiradores… Cath sonrió. Siempre tan celosa de mis fanáticos… Ten un buen día. Sí, tú también. Un hombre indio de mediana edad en una reconfortante chaqueta de lana entró en el auditorio. Cath bajó su teléfono y lo deslizó dentro de su bolso.

Cuando regresó al dormitorio, se encontraba hambrienta. A este ritmo, sus barras de proteína no durarían una semana… Había un chico sentando fuera de su habitación. El mismo. ¿Novio de Reagan? ¿El amigo de cigarrillos de Reagan? —¡Cather! —dijo con una sonrisa. Comenzó a ponerse de pie tan pronto como la vio, lo que fue más de una producción de la que debería haber sido; sus piernas y brazos eran demasiado largos para su cuerpo. —Es Cath —dijo. —¿Estás segura? —Recorrió una mano a través de su cabello. Como si estuviera confirmando que estaba todavía desordenado—. Porque realmente me gusta Cather. —Estoy segura —dijo categóricamente—. He tenido un montón de tiempo para pensar al respecto. Él se paró allí, esperando a que ella abriera la puerta. —¿Está Reagan aquí? —preguntó Cath. —Si Reagan estuviera aquí —sonrió—, ya estaría adentro. Cath apretó su llave pero no abrió la puerta. No estaba al tanto de esto. Ya estaba saturada de nuevo y otro el día de hoy. Justo ahora sólo quería acurrucarse en su cama extraña y ruidosa e inhalar tres barras de proteína. Miró sobre el hombro del muchacho. —¿Cuándo llegará? Él se encogió de hombros.

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El estómago de Cath se apretó. —Bueno, simplemente no puedo dejarte entrar —espetó. —¿Por qué no? —Ni siquiera te conozco. —¿Estas bromeando? —Rió—. Nos conocimos ayer. Estaba en la habitación cuando me conociste. —Sí, pero no te conozco. Ni siquiera conozco a Reagan. —¿Vas a hacerla esperar afuera también? —Mira… —dijo Cath—, simplemente no puedo dejar a chicos extraños en mi habitación. Ni siquiera sé tu nombre. Toda esta situación es demasiado abusiva. —¿Abusiva? —Tu entiendes —dijo—, ¿cierto? Él dejó caer una ceja y sacudió la cabeza, todavía sonriendo. —No realmente. Pero ahora no quiero entrar contigo. La palabra ―abusivo‖ me pone incómodo. —A mí también —dijo agradecidamente. Se recostó contra la pared y se deslizó nuevamente hacia el suelo, mirándola. Luego le tendió la mano. —Soy Levi, por cierto. Cath frunció el ceño y tomó su mano ligeramente, todavía sosteniendo sus llaves. —De acuerdo —dijo, luego abrió la puerta y la cerró tan rápidamente como fue posible detrás de ella. Agarró su laptop y sus barras de proteína y gateó hasta la esquina de su cama.

Cath estaba tratando de caminar por su lado de la habitación, pero no había suficiente piso. Ya se sentía como una prisión ahí, especialmente ahora que el novio de Reagan, Levi, estaba de pie haciendo guardia —o sentando haciendo guardia, o lo que fuera— en el pasillo. Cath se sentiría mejor si pudiera simplemente hablar con alguien. Se preguntaba si era demasiado pronto para llamar a Wren… Llamó a su papá en su lugar. Y dejó un mensaje de voz. Le escribió un mensaje a Abel. Hola. Uno menos. ¿Qué tal?

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Abrió su libro de sociología. Luego abrió su laptop. Después se levantó para abrir la ventana. Estaba cálido afuera. Las personas se perseguían una a las otras con pistolas Nerf en el exterior de una casa de fraternidad cruzando la calle. Pi-Kappa-Luce-Raro-O. Cath tiró de su teléfono y marcó. —Hola —respondió Wren—, ¿cómo fue tu primer día? —Bien. ¿Cómo estuvo el tuyo? —Bien —dijo Wren. Siempre se las arreglaba para sonar despreocupada y tranquila—. Quiero decir, estresante, supongo. Fui al edificio equivocado para Estadística. —Eso apesta. La puerta se abrió y Reagan y Levi entraron. Reagan le dio a Cath una mirada extraña, pero Levi sólo sonrió. —Sí —dijo Wren—. Solo me atrasó un par de minutos, pero todavía me siento tan estúpida… Oye, Courtney y yo estamos de camino a cenar, ¿puedo llamarte de vuelta? ¿O simplemente quieres reunirte con nosotras para almorzar mañana? Creo que comenzaremos a encontrarnos en el Salón Selleck al mediodía. ¿Sabes dónde está? —Lo encontraré —dijo Cath. —Está bien, genial. Te veo entonces. —Genial —dijo Cath, presionando Terminar y colocando el teléfono en su bolsillo. Levi ya se había tumbado en la cama de Reagan. —Hazte útil —dijo Reagan, arrojándole una sábana arrugada—. Hola —le dijo a Cath. —Hola —dijo ella. Se mantuvo de pie ahí por un minuto, esperando a que alguna clase de conversación sucediera, pero Reagan no parecía interesada. Estaba revisando todas sus cajas, como si estuviera buscando algo. —¿Cómo estuvo tu primer día? —preguntó Levi. Le tomó un segundo a Cath caer en la cuenta de que le hablaba a ella. —Bien —dijo. —Eres de primer año, ¿cierto? —Estaba haciendo la cama de Reagan. Cath se preguntó si planeaba pasar la noche, eso no sucedería. En absoluto. Todavía estaba mirándola, sonriéndole, así que asintió.

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—¿Encontraste todas tus clases? —Sí… —¿Estás conociendo gente? Sí, pensó, gente como tú. —No intencionalmente —dijo. Escuchó a Reagan resoplar. —¿Dónde están tus fundas? —le preguntó Levi al armario. —Cajas —dijo Reagan. Comenzó vaciando una caja, colocando cosas en el escritorio de Reagan como si supiera dónde iban. Su cabeza colgaba hacia adelante como si estuviera solo vagamente conectada a su cuello y hombros. Como si él fuera una de esas figuras de acción que se mantienen juntas por bandas de goma gastadas. Levi parecía un poco salvaje. Él y Reagan, ambos lo parecían. La gente tiende a emparejarse de esa manera, pensó Cath, en pares que coincidan. —Así qué, ¿qué estas estudiando? —le preguntó a Cath. —Inglés —dijo, luego esperó demasiado tiempo para decir—: ¿Qué estás estudiando? Parecía encantado de le hicieran esa pregunta. O cualquier pregunta. —Manejo de pastizales. Cath no sabía lo que eso significaba, pero no quería preguntar. —Por favor no comiencen a hablar sobre Manejo de Pastizales — gimió Reagan—. Simplemente pongamos esa regla, por el resto del año. Ninguna charla sobre Manejo de Pastizales en mi habitación. —Es la habitación de Cather también —dijo Levi. —Cath —lo corrigió Reagan. —¿Qué tal cuando no estés aquí? —le preguntó a Reagan—. ¿Podemos hablar sobre Manejo de Pastizales cuando de hecho no estés en la habitación? —Cuando no esté en realidad en la habitación… —dijo—. Creo que vas a estar esperando afuera en el pasillo. Cath sonrió a la parte posterior de la cabeza de Reagan. Luego vio a Levi observándola y se detuvo.

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Todos en el salón de clases lucían como si esto fuera lo que habían estado esperando durante toda la semana. Era como si estuvieran esperando a que un concierto empezara. O el estreno de una película de media noche. Cuando la profesora Piper entró, un par de minutos después, la primera cosa que Cath notó fue que era más pequeña de lo que parecía en las fotos de la cubierta de sus libros. Tal vez eso era estúpido. Después de todo solo eran tomas de cabeza. Pero la profesora Piper realmente las llenaba, con sus grandes pómulos, ojos azules acuosos, y una espectacular cabeza de largo cabello marrón. En persona, el cabello de la profesora igualmente espectacular, pero con mechones grises y un poco más espeso que en las fotos. Era tan pequeña, que tenía que dar un pequeño salto para sentarse en su escritorio. —Entonces —dijo en lugar de ―Hola‖—. Bienvenidos a Escritura de Ficción. Reconozco a unos pocos. —Sonrió por la habitación a las personas que no eran Cath. Ella era claramente la única novata en la habitación. Estaba comenzando a imaginar que identificaba a los de primer año… Bolsos demasiado nuevos. Maquillaje en las chicas. Camisetas Jokey Hot Topic en los chicos. Todo en Cath desde sus nuevas Vans rojas hasta las gafas moradas oscuras que había elegido en Target. Todos los estudiantes de último año usaban Ray-Bans negras de marco pesado. Todos los profesores también. Si conseguía Ray-Bans negras, probablemente podría ordenar un gin tonic sin tener que dar su identificación. —Bien —dijo la profesora Piper—, estoy feliz de que todos estén aquí. —Su voz era cálida y susurrante, podías decir que ronroneaba sin llegar demasiado lejos, y hablaba sólo suficientemente suave para que todos tuvieran que sentarse quietos para escucharla. —Tenemos mucho que hacer este semestre —dijo—. Así que no vamos a desperdiciar otro minuto. Vamos a zambullirnos directamente en ello. —Se inclinó hacia adelante en su escritorio, sosteniéndose en el borde—. ¿Están preparados? ¿Se zambullirán conmigo? La mayoría de las personas asintieron. Cath bajó la mirada hacia su cuaderno.

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—Muy bien. Vamos a comenzar con una pregunta que realmente no necesita una respuesta… ¿Por qué escribimos ficción? Uno de los estudiantes más antiguos, un chico, decidió animarse. — Para expresarnos a nosotros mismos —ofreció. —Claro —dijo la profesora Piper—. ¿Es por eso que escribes? El chico asintió. —De acuerdo… ¿Por qué más? —Porque nos gusta el sonido de nuestras propias voces —dijo una chica. Tenía el cabello como Wren, pero tal vez incluso mejor. Lucía como Mia Farrow4 en Rosemary’s Baby5 (usando un par de Ray-Bans). —Sí. —Rió la profesora Piper. Era una risa encantada, pensó Cath—. Esa es la razón por la que escribo, definitivamente. Ese es el motivo por el que enseño. —Todos rieron con ella—. ¿Por qué más? ¿Por qué escribo? Cath intentó llegar a una respuesta profunda, sabiendo que no hablaría, incluso si la encontrara. —Para explorar nuevos mundos —dijo alguien. —Para explorar los antiguos —dijo alguien más. La profesora Piper estaba asintiendo. Para ser alguien más, pensó Cath. —Entonces… —ronroneó la profesora Piper—, ¿tal vez para darnos sentido a nosotros mismos? —Para liberarnos —dijo una chica. Para conseguir libertad de nosotros mismos. —Para mostrarles a las personas cómo es dentro de nuestra cabeza —dijo un chico en unos vaqueros rojos ajustados. —Asumiendo que ellos quieran saber —añadió la profesora Piper. Todo el mundo rió. —Para hacer a la gente reír. —Para conseguir atención. —Porque es todo lo que sabemos hacer. —Habla por ti mismo —dijo la profesora—. Yo toco el piano. Pero sigamos. Amo esto. Me encanta.

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Actriz estadounidense que protagonizó Rosemary's Baby. Película estadounidense de 1968 dirigida por Roman Polanski.

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—Para dejar de escuchar las voces en nuestra cabeza —dijo el chico frente a Cath. Tenía cabello corto y oscuro que llegaba a un punto moreno en la parte posterior de su cuello. Para parar, pensó Cath. Para dejar de ser cualquier cosa o estar en cualquier lugar en absoluto. —Para dejar nuestra marca —dijo Mia Farrow—. Para crear algo que nos sobrevivirá. El chico frente a Cath habló de nuevo: —Reproducción asexual. Cath se imaginó a sí misma en su laptop. Trataba de poner en palabras cómo se sentía, qué sucedía cuando estaba bien, cuando funcionaba, cuando las palabras salían antes de que ella supiera qué significaban, burbujeando desde su pecho, como una rima, como el rap, como saltar la cuerda, pensó, saltando justo antes de que la cuerda golpee tus tobillos. —Para compartir algo real —dijo otra chica. Otro par de Ray-Bans. Cath negó con la cabeza. —¿Por qué escribimos ficción? —preguntó la profesora Piper. Cath bajó la mirada a su cuaderno. Para desaparecer.

Estaba tan concentrado —y frustrado— que ni siquiera vió a la chica de cabello rojo sentarse a su mesa. Llevaba trenzas y anteojos puntiagudos pasados de moda, del tipo que usarías para un vestido de fiesta elegante si estuvieras yendo como una bruja. —Vas a agotarte —dijo la chica. —Sólo estoy tratando de hacer esto bien —gruñó Simon, golpeteando la moneda de dos peniques de nuevo con su varita y frunciendo el ceño dolorosamente. Nada pasó. —Así —dijo ella, agitando su mano cuidadosamente sobre la moneda. No tenía una varita, pero usaba un gran anillo morado. Había hilo envolviéndolo para mantenerlo en su dedo. —Vuela lejos a casa.

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Con una sacudida, a la moneda le crecieron seis piernas y un tórax y comenzó a escabullirse. La chica la recogió amablemente del escritorio y la metió en tarro. —¿Cómo hiciste eso? —preguntó Simon. Ella era de primer año, justo como él; podía decirlo por el escudo verde en la parte frontal de su jersey. —Tú no haces magia —dijo, tratando de sonreír modestamente y mayormente tuvo éxito—. Tú eres magia. Simon miró a la pequeña chica pájaro. —Soy Penelope Bunce —dijo la chica, extendiendo su mano. —Soy Simon Snow —dijo, tomándola. —Lo sé —dijo Penelope, y sonrió. —Del capítulo 8, Simon Snow y el Heredero del Mago, Copyright © 2001 by Gemma T. Leslie.

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3 Traducido por Michelle♡ Corregido por Vanessa VR

Era imposible escribir así. En primer lugar, la habitación era demasiado pequeña. Un diminuto rectángulo, lo suficientemente amplio solo para las camas a cada lado de la puerta —cuando la puerta se abría, de hecho golpeaba la orilla del colchón de Cath— y sólo lo suficientemente profundo como para meter un escritorio a cada lado de las camas y las ventanas. Si alguna hubiera traído un sofá, ocuparía todo el espacio disponible en el centro de la habitación. Ninguna trajo un sofá. O una televisión. O alguna linda lámpara. Reagan no parecía haber traído nada personal, además de su ropa y una tostadora completamente ilegal, además de Levi, quien estaba tumbado en su cama con los ojos cerrados, escuchando música, mientras Reagan golpeaba su computadora (una PC de mierda como la de Cath). Cath estaba acostumbrada a compartir una habitación; siempre había compartido la habitación con Wren. Pero su cuarto era casi tres veces más grande que este. Y Wren no ocupaba tanto espacio como Reagan. Espacio figurativo, espacio en su mente. Wren no se sentía como compañía. Cath aún no sabía qué pensar de Reagan… Por un lado, Reagan no parecía interesada en permanecer despierta toda la noche, trenzándose el cabello una a la otra y convirtiéndose en mejores amigas por siempre. Eso era un alivio. Por otro lado, Reagan no parecía interesada en Cath en absoluto. En realidad eso también era un alivio. Reagan daba miedo. Hacía todo enérgicamente. Abría la puerta y la cerraba de golpe. Era más grande que Cath, un poco más alta y mucho más voluptuosa (en serio voluptuosa). Parecía más grande. En el interior también.

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Cuando Reagan estaba en la habitación, Cath trataba de mantenerse fuera de su camino, trataba de no hacer contacto visual, ella pretendía que Cath no estaba allí, así que Cath fingía eso también. Generalmente eso parecía funcionar para ambas. Pero justo en ese momento, pretender no existir le hacía a Cath muy difícil el escribir. Estaba trabajando en una complicada escena: Simon y Baz discutiendo acerca de si los vampiros podían ser realmente considerados buenos y también si los dos debían ir juntos al baile de graduación. Se suponía que todo iba a ser divertido, romántico, y meditado, que por lo general eran especialidades de Cath (era muy buena con la traición también. Y dragones parlantes). Pero no podía pasar de: «Simon recorrió su cabello castaño miel con los ojos y suspiró». No podía ni siquiera conseguir que Baz se moviera. No podía dejar de pensar en Reagan y Levi sentados detrás de ella. Su cerebro atascado en ¡ALERTA DE INTRUSO! Además, se moría de hambre. Tan pronto como Reagan y Levi salieran de la habitación a cenar, Cath se iba a comer un frasco entero de mantequilla de maní. Si alguna vez se iban a cenar. Reagan seguía golpeando como si fuera a escribir a través del escritorio, y Levi seguía sin marcharse, y el estómago de Cath comenzaba a gruñir. Agarró una barra de proteínas y salió de la habitación, pensando que daría un rápido paseo por el pasillo para despejar la cabeza. Pero el pasillo era prácticamente un conocer y saludar. Cada puerta estaba abierta, a excepción de la de ellas. Las chicas se arremolinaban alrededor hablando y riendo. Todo el piso olía a palomitas de maíz quemadas en el microondas. Se metió en el baño y se sentó en uno de los compartimientos, desenvolviendo la barra de proteínas y dejando caer lágrimas nerviosas por las mejillas. Dios, pensó. Dios. Está bien, esto no es tan malo. En realidad no hay nada de malo. ¿Qué pasa Cath? Nada. Se sintió tensa por todas partes ¡Colapsando! Y su estómago estaba ardiendo. Sacó el teléfono y se preguntó qué estaba haciendo Wren. Probablemente coreografiando una secuencia de baile para las canciones de Lady Gaga. Probablemente probándose suéteres de su compañera de cuarto. Probablemente no estaba sentada en un inodoro, comiendo una barra de almendras y linaza. Podía llamar a Abel… pero sabía que se iba para Missouri Tech mañana por la mañana. Su familia le estaba dando una gran fiesta esta

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noche con tamales caseros y yoyos de coco de su abuela —que eran tan especiales, que ni siquiera los vendían en la panadería de la familia—. Abel trabajaba en la panadería, y su familia vivía encima de esta. Su cabello siempre olía a canela y levadura… Jesús, Cath tenía hambre. Empujó el envoltorio de la barra de proteínas en el cesto de higiene femenina y se enjuagó la cara antes de irse a la habitación. Reagan y Levi se estaban yendo. Gracias a Dios, y por fin. —Nos vemos —dijo Reagan. —Chao —sonrió Levi. Cath se sintió colapsar cuando la puerta se cerró tras ellos. Agarró otra barra de proteínas, se dejó caer en la vieja silla de capitán —le estaba empezando a gustar esa silla— y abrió el cajón para apoyar el pie. Simon recorrió su cabello castaño miel con los ojos y suspiró. —Sólo porque no pueda pensar en ningún vampiro heroico, no quiere decir que no existen. Baz dejó de tratar de hacer levitar su baúl y le dio a Simon un destello de colmillo brillante. —Los buenos visten de blanco —dijo Baz— ¿Alguna vez has tratado de quitar sangre de una capa blanca?

Selleck Hall era un dormitorio en el centro del campus. Podías comer ahí incluso si no vivías ahí. Cath usualmente esperaba en el vestíbulo a Wren y Courtney, así no tendría que entrar a la cafetería sola. —Así que, ¿cómo es tu compañera de cuarto? —preguntó Courtney mientras se movían a través de la fila de la barra de ensaladas. Le preguntaba como si Cath y ella fueran viejas amigas, tampoco tenía ni idea de cómo era Courtney, fuera de su gusto por el queso cottage con melocotones. La barra de ensaladas en el Selleck era completamente pésima. Cottage con melocotones, peras en conserva con queso rallado cheddar. —¿Qué es esto? —preguntó Courtney, levantando una cucharada de riñón frío y ensalada de judías verdes. —Tal vez otra cosa de Nebraska Occidental —dijo Wren— hay chicos en nuestro dormitorio que usan sombreros de vaquero todo el tiempo, incluso cuando están caminando por el pasillo.

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—Voy a conseguir una mesa —dijo Courtney. —Oye —Cath observó las verduras en el plato de Wren—, ¿alguna vez escribimos algun fic de Simon y Baz bailando? —No recuerdo —dijo Wren— ¿Por qué? ¿Estas escribiendo una escena de baile? —Un vals. Arriba en las murallas. —Romántico. —Wren miró a su alrededor buscando a Courtney. —Estoy preocupada porque estoy haciendo a Simon demasiado blando. —Simon es blando. —Desearía que lo estuvieras leyéndolo —dijo Cath, siguiéndola a la mesa. —¿No lo está leyendo cada estudiante de noveno grado en Norteamérica? —Wren se sentó a la par de Courtney. —Y Japón —dijo Cath, sentándose—. Soy extrañamente grande en Japón. Courtney se inclinó hacía Cath, zambulléndose, como si tuviera un gran secreto. —Cath, Wren me dijo que tú escribes historias de Simon Snow. Es genial. Soy una gran admiradora de él. Leí todos los libros cuando era una niña. Cath desenvolvió el sándwich con escepticismo —No han acabado —dijo. Courtney tomó un bocado del queso cottage, no captando la corrección. —Quiero decir —dijo Cath— los libros no han terminado. El libro ocho no sale hasta el próximo año… —Cuéntanos acerca de tu compañera de cuarto —dijo Wren, sonriendo rotundamente a Cath. —No hay nada que contar. —Entonces inventa algo. Wren estaba irritada. Lo que irritaba a Cath. Pero entonces Cath pensó sobre lo contenta que estaba de comer alimentos que requerían cubiertos y hablar con alguien que no era un extraño, y decidió hacer un esfuerzo con la nueva y brillante compañera de cuarto de Wren. —Su nombre es Reagan. Tiene el cabello castaño rojizo… y fuma.

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Courtney arrugó la nariz. —¿En el cuarto? —Realmente no ha estado mucho tiempo en el cuarto. Wren miraba recelosa. —¿No han hablado? —Hemos dicho hola —dijo Cath—. He hablado un poco con su novio. —¿Cómo luce su novio? —preguntó Wren. —No lo sé. ¿Alto? —Bueno, solo han pasado pocos días. Estoy segura de que llegarás a conocerla. —Luego Wren cambió el tema a algo que sucedió en una fiesta a la que ella y Courtney habían ido. Solo habían estado viviendo juntas dos semanas y ya tenían una gran cantidad de bromas que superaban a Cath. Cath comió el sándwich de pavo y dos porciones de papas fritas a la francesa, y metió un segundo sándwich en el bolso cuando Wren no estaba prestando atención.

Reagan finalmente estuvo en el cuarto esa noche (Levi no, gracias a Dios). Se fue a la cama mientras Cath seguía escribiendo. —¿Te molesta la luz? —preguntó Cath, señalando la lámpara incorporada en su escritorio—. Podría apagarla. —Está bien —dijo Reagan. Cath se puso los auriculares así que no escucharía los ruidos de Reagan quedándose dormida. Respiración. Roce de sábanas. Crujidos de la cama. ¿Cómo puede dormirse así con un extraño en la habitación? Se preguntó Cath. Dejó los auriculares, cuando finalmente se metió en la cama y estiró el edredón por encima de su cabeza.

—¿Todavía no has hablado con ella? —preguntó Wren en el almuerzo, la siguiente semana.

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—Hablamos —dijo Cath—. Ella dice: ―¿Te importaría cerrar la ventana?‖ y también dice: ―Esta bien‖, ―Hola‖. Intercambiamos ―Holas‖ a diario. A veces dos veces al día. —Se está poniendo raro —dijo Wren. Cath picó su puré de papas. —Me estoy acostumbrando a ello. —Sigue siendo raro. —¿De verdad? —preguntó Cath— ¿Tú de verdad vas a empezar a hablar acerca de cómo me quedé atrapada con una rara compañera de cuarto? Wren suspiró. —¿Qué hay acerca de su novio? —No lo he visto desde hace unos días. —¿Qué vas a hacer este fin de semana? —Tarea, supongo. Escribir de Simon. —Courtney y yo vamos a ir a una fiesta esta noche. —¿En dónde? —¡La Casa Triángulo! —dijo Courtney. Lo dijo de la misma manera en que diría ―La mansión Playboy‖ si fueras una D-bag6 total. —¿Qué es la Casa Triángulo? —preguntó Cath. —Es una fraternidad de ingeniería —dijo Wren. —¿Así que se emborrachan y construyen puentes? —Se emborrachan y diseñan puentes. ¿Quieres venir? —Nah. —Cath tomó un bocado de carne asada y papas; era siempre la cena de los domingos en el comedor Selleck—. Nerds borrachos, no es lo mío. —Te gustan los nerds. —No los nerds que se unen a las fraternidades —dijo Cath—. Esa es una subclase de nerds en la que no estoy interesada. —¿Le hiciste firmar una promesa de sobriedad a Abel antes de partir hacia Missouri? —¿Abel es tu novio? —preguntó Courtney—. ¿Es lindo? Cath la ignoró. —Abel no se va a convertir en un borracho. Ni siquiera puede tolerar la cafeína.

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D-bag: douche-bag (idiota)

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—Eso es una lógica defectuosa. —Sabes que no me gustan las fiestas, Wren. —Y tú sabes lo que dice papá: ―Tienes que probar algo antes de que puedas decir que no te gusta‖. —¿En serio? ¿Estas usando a papá para llevarme a una fiesta? He probado las fiestas. Ahí tienes la de Jesse, con el tequila… —¿Haz probado el tequila? —No, pero tú lo hiciste, y te ayudé a limpiar todo cuando vomitaste. Wren sonrió tristemente y se alisó el flequillo cruzado de su frente. —Beber tequila es más sobre el viaje que el destino… —Me llamarás —preguntó Cath—. ¿Cierto? —¿Si vomito? —Si necesitas ayuda. —No necesitaré ayuda. —Pero, ¿me llamarás? —Dios, Cath. Sí. Relájate. ¿Está bien? —Pero, señor —presionó Simon—. ¿Por qué tengo que ser su compañero de cuarto cada año? ¿Todos los años hasta que dejemos Watford? El mago sonrió con indulgencia y le revolvió el pelo marrón miel. —Ser emparejado con tu compañero de cuarto es una tradición sagrada en Watford —su voz era suave pero firme—. El Crisol los ubica juntos. Tienen que estar atentos el uno del otro, para conocerse tan bien como hermanos. —Sí. Pero, señor… —Simon se removió en su silla—. El Crisol debe haber cometido un error. Mi compañero de cuarto es un completo imbécil. Puede ser malo. La semana pasada alguien hechizó mi computadora portátil para que se cerrara, y sé que fue él. Prácticamente rió a carcajadas. El Mago dio a su barba unas cuantas caricias solemnes. Esta era corta y puntiaguda y solo le cubría el mentón —El Crisol los pone juntos, Simon. Quiere decir que tienes que cuidar de él.

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—Del capítulo 3, Simon Snow y la Segunda Serpiente, © 2003 por Gemma T. Leslie

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4 Traducido por Adriana Tate Corregido por mariaesperanza.nino

Las ardillas en el campus estaban más allá de domésticas; eran prácticamente domésticas abusivas. Si estabas comiendo algo, venían justo hacia ti y hacían chit-chit-chit en tu espacio. —Toma —dijo Cath, tirándole un trozo de la barra de fresa con salsa de soya para la gorda ardilla roja a sus pies. Le tomo una foto con su teléfono y se la envió a Abel, ―ardilla abusadora” escribió. Abel le había enviado fotos de su habitación —su suite— en MoTech, y de él de pie con sus cinco cerebritos compañeros de habitación que lucían a lo Big Bang Theory. Cath trató de imaginarse pedirle a Reagan posar para una foto y se rió un poco fuerte. La ardilla se quedó inmóvil pero no huyó. Los miércoles y los viernes, Cath tenía cuarenta y cinco minutos entre Biología y Escritura de Ficción, y últimamente había estado matando el tiempo aquí mismo, sentada en un umbroso parche de césped en el lado suave del edificio de Inglés. Nadie con quien lidiar aquí. Nadie excepto las ardillas. Revisó sus mensajes de texto aun cuando su teléfono no había sonado. Ella y Abel en realidad no habían hablado desde que Cath se marchara a la escuela tres semanas atrás, pero él sí le mandaba mensajes de texto y correos de vez en cuando. Él dijo que estaba bien y que la competencia en Missouri ya era intensa. “Todo el mundo aquí fue el más inteligente de su clase”. Cath se había resistido al impulso de responderle. “Excepto por ti, ¿verdad?” Solo porque Abel había obtenido la calificación perfecta en la sección de matemáticas en el examen de admisión no significaba que fuera el chico más inteligente de su clase. Era una mierda en Historia

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Americana, y se las arreglaba más o menos en Español. En Español, por el amor a Cristo. Ya le había dicho a Cath que no iba a regresar a Omaha hasta Acción de Gracias, y ella no trató de convencerlo para que regresara antes. Realmente no lo extrañaba todavía. Wren diría que era porque Abel no era realmente el novio de Cath. Era una de sus recurrentes conversaciones: —Es un novio perfectamente bueno —diría Cath. —Es una mesa auxiliar —respondería Wren. —Siempre está ahí para mí. —…para colocar revistas. —¿Preferirías que saliera con alguien como Jesse? ¿Así podemos las dos quedarnos llorando cada fin de semana? —Preferiría que salieras con alguien a quien en realidad te gustara besar. —He besado a Abel. —Oh, Cath, para. Estás haciendo que mi cerebro vomite. —Hemos estado saliendo por tres años. Es mi novio. —Tienes sentimientos más fuertes por Baz y Simon. —Obvio, son Baz y Simon. Eso ni siquiera es justo… me gusta Abel. Es constante. —Tú simplemente sigues describiendo una mesita auxiliar… Wren había empezado a salir con chicos en octavo grado (dos años antes de que Cath siquiera empezara a pensar en ello), y hasta Jesse Sandoz, Wren no se había quedado con el mismo chico por más de un par de meses. Mantenía a Jesse alrededor por tanto tiempo porque nunca estaba realmente segura de si a él le gustaba ella —al menos esa era la teoría de Cath. Wren generalmente perdía el interés en un chico tan pronto como lo conquistaba. La conversión era su parte favorita. —Ese momento —le dijo a cath—, cuando te das cuenta de que un chico te mira diferente, que estás ocupando más espacio en su campo de visión. Ese momento cuando sabes que él no puede ver más allá de ti nunca más.

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A Cath le había gustado tanto la última línea, que le la habí dado a Baz un par de semanas más tarde. Wren estaba molesta cuando lo leyó. Como fuera, Jesse realmente nunca se convirtió. Él nunca tuvo ojos solo para Wren, ni siquiera después de que tuvieran sexo el otoño anterior. Esó del paso el juego de Wren. Cath se sintió aliviada cuando Jesse recibió una beca de fútbol en Iowa State. Él no tenía ese radio de atención para una relación a larga distancia, y había al menos unos diez mil chicos frescos en la Universidad de Nebraska para que Wren convirtiera. Cath le lanzó otra barra de proteína a la ardilla, pero alguien en un par de zapatos de cordones dio un paso adelante demasiado cerca de ellos, y la ardilla se sorprendió, alejándose pesadamente. Gordas ardillas del campus, pensó Cath. Se mueven pesadamente. Los zapatos de cordones dieron otro paso hacia ella, luego se detuvieron. Cath miró hacia arriba. Había un tipo parado frente a ella. Desde donde estaba sentada, y desde donde él estaba parado, con el sol detrás de su cabeza parecía de dos metros de altura. Entrecerró los ojos, pero no lo reconoció. —Cath —dijo él—, ¿cierto? Reconoció su voz; era el chico de cabello oscuro que se sentaba delante de ella en Escritura de Ficción: Nick. —Sí —respondió. —¿Terminaste tu ejercicio de escritura? La profesora Piper les había pedido que escribieran un centenar de palabras desde la perspectiva de un objeto inanimado. Cath asintió, todavía entrecerrando los ojos hacia él. —Oh, lo siento —dijo Nick, quitándose del sol y sentándose en la hierba junto a ella. Puso su mochila entre sus piernas—. Así que, ¿sobre qué escribiste? —Una cerradura —dijo ella—. ¿Y tú? —Un bolígrafo. —Hizo una mueca—. Me preocupa que todo el mundo vaya a hacerlo sobre un bolígrafo. —No lo estés —dijo ella—. Un bolígrafo es una terrible idea. Nick se rió y Cath miró hacia el césped. —Entonces —preguntó él—, ¿crees que nos hará leerlo en voz alta? Cath alzó la cabeza. —No. ¿Por qué haría eso?

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—Ellos siempre lo hacen —dijo él, como si fuera algo que Cath ya debiera saber. Ella no estaba acostumbrada a ver a Nick de frente, tenía cara de niño, con ojos azules caídos y cuadrados. Cejas negras que casi se juntaban en el medio. Tenía el aspecto de alguien con billete de tercera clase en el Titanic. De alguien que estaría en una fila en la Isla Ellis. Castizo y viejo. Además, lindo. —Pero no habrá tiempo en clases para que todos leamos —dijo ella. —Probablemente nos separaremos en grupos primero —dijo él, de nuevo como si ella debiera saber eso. —Oh… soy un poco nueva por aquí. —¿Eres una estudiante de primer año? Ella asintió y rodó los ojos. —¿Cómo una estudiante de primer año entró a la clase del nivel trescientos de la profesora Piper? —Lo pedí. Nick alzó sus peludas cejas y mostró su labio inferior, impresionado. — ¿Realmente crees que un bolígrafo es una terrible idea? —No estoy segura de lo quieres que te diga ahora —respondió Cath.

—¿Tienes un desorden alimenticio? —preguntó Reagan. Cath estaba sentada en su cama, estudiando. Reagan estaba sosteniendo la puerta de su closet, saltando, tratando de ponerse una bota de tacón negra. Probablemente estaba de camino a trabajar, Reagan siempre estaba de camino a alguna parte. Trataba su habitación como una estación de paso, un lugar donde se detenía entre las clases y la biblioteca, entre su trabajo en la unión de estudiantes y su trabajo en el Olive Garden7. Un lugar para cambiarse de ropa, tirar libros y recoger a Levi. Algunas veces había otros chicos también. Ya en el último mes habían estado un Nathan y un Kyle. Pero ninguno de ellos parecía formar parte permanente del sistema solar de Reagan como lo hacía Levi. Lo cual hacía a Levi parte del sistema solar de Cath, también. Él la había visto en el campus hoy y caminó con ella todo el camino hacia 7

Olive Garden: famosa cadena de restaurantes vegetarianos de los Estados Unidos.

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Oldfather Hall, hablando sobre algunos mitones que había comprado en las afueras de la Unión de estudiantes. —Hechos a mano. En Ecuador. ¿Alguna vez has visto una alpaca, Cather? Son como las llamas más adorables del mundo. Como, imagínate la llama más linda que puedas, y luego sigue imaginando. Y su lana, en realidad no es lana, es fibra y es hipo alergénico… Reagan ahora estaba mirando a Cath con el ceño fruncido. Estaba usando unos vaqueros negros ajustados y un top negro. Tal vez iba a salir, no a trabajar. —Tu bote de basura está lleno de envoltorios de barritas energéticas —dijo Reagan. —¿Estabas revolviendo mi basura? —Cath sintió una oleada de ira. —Levi estaba buscando un lugar donde escupir su chicle… ¿Entonces? ¿Tienes trastornos alimenticios? —No —dijo Cath, bastante segura de que era eso exactamente lo que diría si tuviera un trastorno alimenticio. —¿Entonces por qué no comes comida de verdad? —Lo hago. —Cath apretó sus puños. Su piel se sentía tersa y tensa—. Solo que no aquí. —¿Eres una de esas raras comedoras? —No. Yo… —Cath miró al techo, decidiendo que este era uno de esos momentos en donde la verdad sería mucho más simple que una mentira—… no sé dónde está el comedor. —Has estado viviendo aquí por más de un mes. —Lo sé. —¿Y no has encontrado el comedor? —Realmente no lo he buscado. —¿Por qué no les ha preguntado a alguien? Me pudiste haber preguntado. Cath rodó los ojos y miró a Reagan. —¿Realmente quieres que te haga preguntas estúpidas? —Si son sobre comida, agua, aire o refugio, sí. Jesús, Cath, soy tu compañera de habitación. —Está bien —dijo Cath, volviendo a su libro—. Anotado. —Entonces, ¿quieres que te enseñe donde está el comedor? —No, está bien.

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—No puedes seguir viviendo de barras dietéticas. Se te están acabando. —No se me están acabando… Reagan suspiró. —Levi pudo haberse comido unas cuantas. —¿Estás dejando a tu novio robar mis barras de proteínas? —Cath se inclinó sobre su cama para revisar su escondite… todas las cajas estaban abiertas. —Él dijo que te estaba haciendo un favor —dijo Reagan—. Forzando el asunto. Y no es mi novio. Exactamente. —Esto es una violación —dijo Cath furiosa, olvidándose por un momento de que Reagan era probablemente la persona más intimidante que había conocido alguna vez. —Ponte los zapatos —dijo Reagan—. Te voy a mostrar donde está el comedor. —No. —Cath ya podía sentir la ansiedad empezando a rasgar su estómago en pequeñas piezas nerviosas—. No es solo eso… No me gustan los lugares nuevos. Nuevas situaciones. Allí estarán todas estas personas, y no sabré donde sentarme… No quiero ir. Reagan se sentó al final de su propia cama, cruzando los brazos. — ¿Has estado yendo a clases? —Por supuesto. —¿Cómo? —Las clases son diferentes —dijo Cath—. Ahí hay algo en lo que enfocarse. Aún así es malo, pero es tolerable. —¿Consumes drogas? —No. —Tal vez deberías… Cath presionó sus puños en la cama. —Esto no es asunto tuyo. Ni siquiera me conoces. —Este —dijo Reagan—. Este es el por qué no quería una estudiante de primer año como compañera de habitación. —¿Por qué siquiera te importa? ¿Te estoy molestando? —Vamos a ir a cenar ahora mismo. —No. No vamos. —Agarra tu identificación estudiantil.

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—No voy a ir a cenar contigo. Ni siquiera te agrado. —Me caes bien —dijo Reagan. —Esto es ridículo. —Jesucristo, ¿no tienes hambre? Cath estaba apretando sus puños tan fuertes, que sus nudillos se estaban poniendo blancos. Pensó en el filete de pollo frito. Y papas gratinadas. Y tarta de fresa ruibarbo. Y se preguntó si el comedor de Pound tendría una máquina de helado como en Selleck. Y pensó sobre ganar. Sobre cómo estaba dejando que esto ganara, lo que sea que fuera, la locura dentro de ella. Cath, cero. Locura, un millón. Se inclinó, comprimiendo el nudo en su estómago. Luego se puso de pie con tanta dignidad como pudo encontrar y se puso sus zapatillas Vans. —He estado comiendo comida de verdad… —murmuró—. Almuerzo en Selleck con mi hermana. Reagan abrió la puerta. —Entonces, ¿por qué no comes aquí? —Porque esperé demasiado. Construí un muro para bloquearlo. Es difícil de explicar… —En serio, ¿por qué no te drogas? Cath caminó pasándola saliendo de la habitación. —¿Eres una licenciada de psiquiatría? ¿O solo juegas a una en televisión? —Estoy en la drogas —dijo Reagan—. Son una cosa hermosa.

No hubo momento incómodo en el comedor, no se quedó parada en la puerta con una bandeja, tratando de decidir el lugar más inocuo para sentarse. Reagan se sentó en la primera mesa medio vacía que encontró. Ni siquiera saludó a las otras personas sentadas allí. —¿No vas a llegar tarde al trabajo? —preguntó Cath.

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—Voy a salir. Pero iba a comer primero aquí la cena de todas maneras. Nosotros pagamos por toda esta comida; muy bien que podemos comerla. La bandeja de Cath tenía un plato de macarrones al horno y dos cuencos de coles de Bruselas. Estaba hambrienta. Reagan tomó un gran bocado de su pasta de ensalada. Su cabello largo colgaba sobre sus hombros. Era una docena de tonos rojos y dorados, ninguno de ellos muy natural. —¿Realmente crees que no me agradas? —preguntó con la boca llena. Cath tragó. Ella y Reagan nunca habían tenido una conversación antes de hoy, ninguna seria que importara. —Um… tuve la sensación de que no querías un compañero de habitación. —No quiero un compañero de habitación. —Reagan frunció el ceño. Ella fruncía el ceño tanto como Levi sonreía—. Pero eso no tiene nada que ver contigo. —Entonces, ¿por qué vives en los dormitorios? No eres una estudiante de primer año, ¿cierto? Ni siquiera creo que los estudiantes de cuarto o tercer año vivan en el campus. —Lo tengo que hacer —dijo Reagan—. Es parte de mi beca. Se supone que obtendría mi propia habitación este año, estaba en la lista, pero todas las residencias están sobre su capacidad. —Lo siento —dijo Cath. —No es tu culpa. —Yo tampoco quería un compañero de habitación —dijo Cath—. Quiero decir… pensé que iba a vivir con mi hermana. —¿Tienes una hermana que estudia aquí? —Gemela. —Ew, raro. —¿Por qué es raro? —preguntó Cath. —Solo lo es. Es espeluznante. Como tener una doble. ¿Son idénticas? —Técnicamente. —Ew. —Reagan se estremeció melodramáticamente. —No es espeluznante —dijo Cath—. ¿Qué está mal contigo? Reagan sonrió y se estremeció de nuevo. —Entonces, ¿por qué no estás viviendo con tu hermana? —Ella quería conocer gente nueva —dijo Cath.

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—Lo haces sonar como si hubiera roto contigo. Cath pinchó otra col de Bruselas. —Vive en Schramm —dijo a su bandeja. Cuando levantó su mirada Reagan le estaba frunciendo el ceño. —Me estás haciendo sentir lástima por ti otra vez —dijo Reagan. Cath giró su tenedor hacia Reagan. —No sientas lástima por mí. No quiero que sientas lástima por mí. —No puedo evitarlo —dijo Reagan—. Eres patética. —No lo soy. —Si lo eres. No tienes ningún amigo, tu hermana te dejó, eres una comedora extraña… y tienes alguna cosa rara por Simon Snow. —Objeto a cada cosa que acabas de decir. Reagan masticaba. Y fruncía el ceño. Estaba usando un lápiz labial rojo oscuro. —Tengo un montón de amigos —dijo Cath. —Nunca los veo. —Acabo de entrar aquí. La mayoría de mis amigos van a otras escuelas. O están en línea. —Amigos de Internet no cuentan. —¿Por qué no? Reagan se encogió de hombros con desdén. —Y no tengo una cosa rara por Simon Snow —dijo Cath—. Simplemente soy activa en el fandom. —¿Qué mierda es el fandom? —No entenderías —suspiró Cath, deseando no haber usado esa palabra, sabiendo que si trataba de explicarse a sí misma más allá, solo lo haría peor. Reagan no creería, o entendería, que Cath no era simplemente una fan de Simon. Ella era una de las fans. El primer nombre solo de fan con las fans por su cuenta. Si le contaba a Reagan que los fics de Simon regularmente tenían veinte mil accesos… Reagan simplemente se reiría de ella. Además, decir todo eso en voz alta haría a Cath sentirse como una completa idiota. —Tienes cabezas de Simon Snow en tu escritorio —dijo Reagan. —Esos son bustos conmemorativos. —Siento lástima por ti. Seré tu amiga.

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—No quiero ser tu amiga —dijo Cath tan severamente como pudo—. Me gusta que no seamos amigas. —A mí también —dijo Reagan—. Lo siento, lo arruinaste siendo tan patética. Bienvenidos a FanFixx.net, donde las historias nunca terminan. Somos un foro y archivo de gestión voluntaria, aceptando ficción de calidad de todos los fandoms. Puedes ser voluntario o puedes hacer una donación aquí. Haz tu perfil de autor de FanFixx.net aquí. Debes tener trece años de edad o más para publicar o comentar en FanFixx.net. —Mensaje de bienvenida de la página principal de FanFixx.net, recuperado el 1 de Julio del 2011.

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5 Traducido por CrisCras & Juli Corregido por Val_17

48 —Por favor, no me hagas sentarme en el pasillo —dijo Levi. Cath pasó por encima de sus piernas para llegar a la puerta. — Tengo que estudiar. —Reagan llega tarde, y ya he estado aquí sentado media hora. —Su voz descendió hasta un susurro—: Tu vecina con las botas rosas Ugg sigue saliendo para hablar conmigo. Ten piedad. Cath le frunció el ceño. —No te molestaré —dijo él—. Solo esperaré tranquilamente por Reagan. Rodó los ojos y entró, dejando la puerta abierta detrás de ella. —Puedo ver porqué Reagan y tú se han hecho amigas. —Se levantó y la siguió—. Ambas pueden ser extremadamente bruscas a veces. —No nos hemos hecho amigas. —Eso no es lo que oí… Oye, ahora que estás comiendo en el comedor, ¿puedo comerme tus barritas de proteínas? —Ya estabas comiéndote mis barritas de proteínas —dijo Cath con indignación, sentándose ante su escritorio y abriendo su ordenador portátil. —Me sentía mal por hacerlo a tus espaldas. —Me alegro. —¿Pero no eres más feliz ahora? —Se sentó al final de su cama y se apoyó contra la pared, cruzando sus largas piernas por los tobillos—. Ya luces mejor alimentada. —Um, ¿gracias? —¿Entonces? —¿Qué? Él sonrió. —¿Puedo tomar un barrita de proteínas?


—Eres increíble. Levi se inclinó y metió la mano debajo de la cama. —Las de ―Felicidad de Arándano‖ son mis favoritas… Cath en realidad estaba más feliz ahora. (No es que fuera a admitir eso a Levi). Hasta el momento, ser la obra de caridad de Reagan no requería mucho, solo bajar al comedor juntas y ayudar a Reagan a ridiculizar a todo el mundo que pasaba por su mesa. A Reagan le gustaba sentarse junto a la puerta de la cocina, justo donde la línea del buffet daba paso al comedor. Ella lo llamaba asientos de desfile, y nadie estaba a salvo. —Mira —había dicho anoche—, es Gimpy. ¿Cómo crees que se rompió la pierna? Cath alzó la vista hacia el tipo, un personaje de aspecto peligrosamente moderno con pelo desgreñado y gafas de gran tamaño. —Probablemente se tropezó con su barba. —¡Ah! —dijo Reagan—. Su novia está llevando su bandeja. Solo mírala, ese es un brillante unicornio. ¿Crees que en realidad se conocieron en un anuncio de American Apparel? —Estoy bastante segura de que se conocieron en la ciudad de Nueva York, pero les tomó cinco años llegar hasta aquí. —Oh, Chica Lobo a las tres en punto —dijo Reagan emocionada. —¿Lleva puesta una cola de clip? —No lo sé, espero que… No. Maldita sea. —Como que me gusta un poco la cola. —Cath sonrió con cariño ante la chica gordita con el pelo teñido de negro. —Si Dios me puso en tu vida para evitar que lleves una jodida cola — dijo Reagan—, acepto la tarea. En lo que se refería a Reagan, Cath ya era problemáticamente extraña. —Ya es lo suficientemente malo que tengas posters hechos a mano de Simon Snow —había dicho Reagan mientras se preparaba para la cama—. ¿Tienes que tener posters gays de Simon Snow hechos a mano? Cath había levantado la vista del dibujo de Simon y Baz tomados de la mano que estaba sobre su escritorio. —Déjalos en paz —dijo—. Están enamorados. —Estoy bastante segura de que no recuerdo eso de los libros. —Cuando yo escribo sobre ellos —dijo Cath—, están enamorados. —¿Qué quiere decir cuando tú escribes sobre ellos? —Reagan se detuvo, tirando de su camiseta por encima de su cabeza—. No, ¿sabes

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qué? No importa. No quiero saberlo. Ya es bastante difícil hacer contacto visual contigo. Levi tenía razón, ellas debían de haberse hecho amigas, porque ahora cuando Reagan decía cosas así, hacía que Cath quisiera reír. Si Reagan se perdía la cena, Cath bajaría al comedor de todos modos y se sentaría en su mesa. Luego, cuando Reagan volvía a la habitación más tarde —si Reagan volvía a la habitación más tarde— Cath le contaría todo lo que se había perdido. —Sandalias de Fútbol finalmente habló con la Lindsay Lohan venezolana —diría Cath. —Gracias a Dios —respondería Reagan, dejándose caer en la cama—. La tensión sexual estaba matándome. Cath no estaba segura de a dónde iba Reagan por las noches cuando no volvía a los dormitorios. Tal vez a donde Levi. Cath miró a Levi ahora… Todavía sentado en la cama de Cath, comiéndose la que debía ser su segunda barrita de ―Felicidad de Arándano‖. Llevaba unos vaqueros negros y una camiseta negra. Tal vez Levi también trabajaba en el Olive Garden. —¿Eres un camarero? —preguntó ella. —¿En la actualidad? No. —¿Trabajas en el mostrador de Lancôme? Él se rió. —¿Qué? —Estoy tratando de averiguar por qué vistes todo de negro a veces. —Tal vez en realidad soy gótico y oscuro —sonrió—, pero solo en determinados días. —Cath no podía imaginar a Levi siendo gótico y oscuro; tenía la cara más sonriente que había visto jamás. Él sonreía desde la barbilla hasta la línea de su pelo. Su frente se arrugaba, sus ojos brillaban. Incluso sus orejas se involucraban en la acción, se crispaban, como las de un perro. —O tal vez trabajo en Starbucks —dijo. Ella soltó un bufido. —¿De verdad? —De verdad —dijo, todavía sonriendo—. Algún día necesitarás un seguro de salud, y no pensarás que trabajar en Starbucks es divertido. Levi y Reagan estaban siempre haciéndole eso a Cath: recordándole lo joven e ingenua que era. Reagan era solo dos años mayor que ella. Ni siquiera era lo suficientemente mayor para beber todavía. No legalmente. (No es que eso importara en el campus; había alcohol en

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todas partes. Wren ya tenía su identificación falsa. ―Puedes tomarla prestada‖ le había dicho a Cath. ―Di que tienes extensiones de pelo‖). Cath se preguntaba cuántos años tenía Levi. Parecía lo suficientemente mayor como para beber, pero tal vez era solo su pelo… No es que Levi fuera calvo. O cualquier cosa cerca de calvo. (Todavía). Pero la línea de su cabello llegaba a un pico en su frente, luego se retiraba, dramáticamente, por encima de sus sienes. Y en lugar de dejar que su pelo colgara suelto hacia delante, para minimizarlo —o en vez de darse por vencido y llevarlo muy corto, como harían la mayoría de los tipos— Levi se lo peinaba hacia arriba y hacia atrás en una descuidada onda rubia. Y siempre estaba desordenándolo, atrayendo aún más la atención hacia su amplia y delineada frente. Estaba haciéndolo ahora. —¿En qué estás trabajando? —preguntó, pasándose los dedos a través del pelo y rascándose la parte posterior de la cabeza. —Estudiando en silencio —dijo ella.

Cath solo había publicado un capítulo de Carry On, Simon esta semana, y era la mitad de largo de lo normal. Normalmente publicaba algo en su página de FanFixx cada noche, si no era un capítulo completo, al menos una entrada de blog. Los comentarios en su página toda la semana habían sido amistosos… “¿Cómo estás?, “Solo revisando”. “¡No puedo esperar el próximo post!”, “¡Gah! Necesito mi Baz diario”. Pero para Cath se sentían como demandas. Ella solía leer y responder cada comentario sobre sus historias, los comentarios eran como estrellas doradas, como ramos del Primero de Mayo, pero desde que Carry On, Simon despegó el año pasado, todo se había vuelto demasiado grande para que Cath lo manejara. Pasó de conseguir alrededor de quinientas visitas por capítulo a cinco mil. Regularmente. Entonces uno de los pesos pesados del mayor sitio de fans, Ficstation, nombró a Carry On, Simon “el fic del octavo año” —y la página de Cath en FanFixx consiguió treinta y cinco mil visitas en un día. Ella todavía intentaba mantenerse al día con los comentarios y las preguntas tanto como podía. Pero ya no era lo mismo.

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No estaba escribiendo solo para Wren y los amigos que habían hecho en los viejos foros de Snowflakes. No era solo un puñado de chicas dedicándose a hacer fics de cumpleaños, de ánimo y de locuras, historias ―que escribí para hacer reír…‖ Cath tenía un público ahora, unos seguidores. Toda esa gente a la que no conocía, quienes esperaban cosas de ella y cuestionaban sus decisiones. A veces incluso se volvían contra ella. La habían hecho polvo en otros fansites, diciendo que Cath solía ser buena, pero que había perdido la magia —que su Baz era demasiado como el personaje oficial o no lo suficiente, que su Simon era un mojigato, que exageró a Penelope… —No les debes nada —diría Wren, arrastrándose en la cama de Cath a las tres de la mañana y alejando el ordenador de Cath—. Ve a dormir. —Lo haré. Yo solo… quiero terminar esta escena. Creo que Baz va a decirle finalmente a Simon que lo ama. —Él todavía lo amará mañana. —Es un gran capítulo. —Siempre es un gran capítulo. —Esta vez es diferente. —Cath había estado diciendo esto durante el último año—. Es el fin. Wren tenía razón: Cath había escrito esta historia, Baz y Simon enamorados, docenas de veces antes. Había escrito esta escena, esta línea: ―Snow… Simon, te amo‖, de quince formas diferentes. Pero Carry On era diferente. Era el fic más largo que había escrito hasta el momento, ya era más largo que cualquiera de los libros de Gemma T. Leslie, y Cath estaba a solo dos tercios del camino. Carry On estaba escrito como si fuera el octavo libro de Simon Snow, como si fuera el trabajo de Cath enlazar todos los cabos sueltos, para asegurarse de que Simon ascendiera a Mago, para redimir a Baz (algo que GTL nunca haría), para hacer que ambos chicos se olvidaran de Agatha… para escribir todas las escenas de despedidas, de graduaciones y de revelaciones de último minuto… y para poner en escena la batalla final entre Simon e Insidious Humdrum. Todo el mundo en el fandom estaba escribiendo fics sobre el octavo año en estos momentos. Todo el mundo quería probar con el gran final antes de que el último libro de Simon Snow fuera publicado en mayo. Pero para miles de personas, Carry On ya lo era.

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La gente estaba siempre diciéndole a Cath que no podían mirar al personaje oficial de la misma manera después de leer sus cosas. (―¿Por qué Gemma odia a Baz?‖) Alguien incluso había empezado a vender camisetas en Etsy que decían KEEP CALM AND CARRY ON, con una foto de Baz y Simon mirándose fijamente el uno al otro. Wren le compró una a Cath por su decimoctavo cumpleaños. Cath trató de no permitir que todo se le fuera a la cabeza. Estos personajes pertenecen a Gemma T. Leslie, ella lo escribía al comienzo de cada nuevo capítulo. —Perteneces a Gemma —le había dicho al Baz del poster que había sobre su cama en su casa—. Solo estoy tomándote prestado. —No tomaste prestado a Baz —diría Wren—. Lo secuestraste y lo criaste como su fuera tuyo. Si Cath se quedaba levantada hasta tarde escribiendo, demasiadas noches seguidas —si estaba obsesionada por los comentarios o las críticas— Wren se subiría a la cama de Cath y le robaría su ordenador portátil, abrazándolo como a un oso de peluche mientras dormía. En noches como esa, Cath siempre podría ir al piso de abajo y seguir escribiendo en el ordenador de su padre si realmente quería hacerlo, pero no le gustaba enfadar a Wren. Se escuchaban la una a la otra cuando no escucharían a nadie más. Hola, chicos, empezó a escribir Cath ahora en su diario de FanFixx. Deseó que Wren estuviera aquí para leer esto antes de que lo publicara. Así que supongo que es momento de que admita que la universidad es dura —¡La universidad es dura! ¡O al menos consume mucho tiempo!— y probablemente no voy a actualizar Carry On tanto como solía hacerlo, tanto como me gustaría… Pero no voy a desaparecer, lo prometo. No voy a renunciar a ella. Ya sé cómo termina esto, y no voy a descansar hasta llegar allí.

Nick se giró en su escritorio tan pronto como la clase concluyó. — Serás mi compañera, ¿verdad? —Claro —dijo Cath, notando a una chica en el siguiente pasillo mirándolos decepcionada. Probablemente porque quería trabajar con Nick.

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Se suponía que debían encontrar un compañero y escribir una historia juntos fuera de clase, haciendo párrafos alternativamente. El punto del ejercicio, dijo la profesora Piper, era hacerles extra conscientes del argumento y la voz, y guiar sus cerebros por caminos que nunca habrían encontrado por su cuenta. Nick quería encontrarse en la biblioteca Love del campus. (Ese era en verdad su nombre; gracias por su donación, alcalde Don Lathrop Love). Nick trabajaba allí unas cuantas noches a la semana, colocando libros en las estanterías. Reagan pareció perspicaz cuando Cath empezó a guardar su ordenador después de cenar. —¿Vas a marcharte del dormitorio después de que oscurezca? ¿Tienes una cita? —Lo dijo como si fuera una broma. La idea de Cath en una cita. —He quedado con alguien para estudiar. —No camines a casa por tu cuenta si es tarde —dijo Levi. Él y Reagan tenían notas de clase esparcidas por todo el lado de Reagan de la habitación. —Yo camino a casa por mi cuenta todo el tiempo —le espetó Reagan. —Eso es diferente. —Levi le sonrió cálidamente—. Tú no desprendes esa sensación de Caperucita Roja. Tú das miedo. Reagan le sonrió como el Gran Lobo Feroz. —No creo que los violadores realmente se preocupen por la confianza —dijo Cath. —¿No crees? —Levi la miró seriamente—. Creo que van por la presa fácil. Las jóvenes y débiles. Reagan resopló. Cath se colgó la bufanda del cuello. —No soy débil… —murmuró. Levi se levantó de la cama de Reagan y se puso una pesada y gruesa chaqueta de lona verde. —Vamos —dijo. —¿Por qué? —Voy a acompañarte a la biblioteca. —No tienes que hacerlo —discutió Cath. —No me he movido en dos horas. No me importa. —No, de verdad…

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—Solo ve, Cath —dijo Reagan—. Tomará cinco minutos, y si te violaran ahora sería culpa nuestra. No tengo tiempo para el dolor. —¿Vienes? —le preguntó Levi a Reagan. —Mierda, no. Hace frío afuera. Hacía frío afuera. Cath caminaba tan rápido como podía, pero Levi, con lo largas que eran sus piernas, no caminó deprisa en ningún momento. Estaba tratando de hablar con Cath sobre búfalos. Por lo que ella sabía, Levi tenía toda una clase que era solo sobre búfalos. Él parecía como si fuera un especialista en búfalos si eso fuera una opción. Tal vez era una opción… Esta escuela recordaba constantemente a Cath lo rural que era Nebraska, algo en lo que nunca había pensado antes, al crecer en Omaha, la única ciudad real del estado. Cath había conducido a través de Nebraska un par de veces en el camino a Colorado, había visto el césped y los campos de maíz, pero nunca pensó mucho más allá de la vista. Nunca había pensado en la gente que vivía allí. Levi y Reagan eran de un pueblo llamado Arnold, el cual Reagan dijo que olía y parecía ―estiércol‖. —Tierra de Dios —exclamó Levi—. Todos los dioses. A Brahma y Odin le encantaría este lugar. Levi seguía hablando de búfalos a pesar de que ya se encontraban en la biblioteca. Cath subió el primer escalón de piedra, saltando arriba y abajo para mantener el calor. De pie en el estribo, ella era casi tan alta como él. —¿Ves lo que quiero decir? —preguntó. Ella asintió. —Las vacas son malas. Los búfalos son buenos. —Las vacas son buenas —dijo—. Los búfalos son mejor. —Entonces él le dio una perezosa sonrisa de medio lado—. Todo esto es muy importante, ya sabes, es por eso que te estoy diciendo. —Vital —dijo ella—. Ecosistemas. El nivel acuífero. Las musarañas extinguiéndose. —Llámame cuando hayas terminado, Caperucita. No, pensó Cath, ni siquiera sé tu número. Levi ya se alejaba. —Voy a estar en la habitación —dijo sobre su hombro—. Llámame allí.

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La biblioteca tenía seis niveles sobre el suelo y dos niveles más abajo. Los subniveles, donde estaban los montones de libros, se encontraban dispuestos de formas extrañas y accesibles sólo desde ciertas escaleras; parecía casi como si estuvieran escondidos bajo otros edificios alrededor del campus. Nick trabajaba en una larga y blanca habitación, que era prácticamente un silo de misiles con los estantes. Había un zumbido constante sin importar dónde estuvieras de pie, y a pesar de que Cath no podía ver las rejillas, partes de la habitación tenían su propio viento. En la mesa donde se encontraban sentados, Nick tuvo que dejar una pluma en el cuaderno abierto para evitar que las páginas se agitaran. Nick escribía a mano. Cath trataba de convencerlo de que estarían mejor si tomaban turnos en su portátil. —Pero entonces no veremos el cambio —dijo—. No vamos a ver las diferentes caligrafías en el trabajo. —No puedo pensar en el papel —dijo ella. —Perfecto —dijo Nick—. Este ejercicio se trata de salir de nuestra zona de confort. —Está bien —suspiró. No tenía sentido seguir discutiendo, él ya había apartado el ordenador. —Está bien. —Nick cogió su pluma y abrió la tapa con los dientes—. Voy a empezar. —Espera —dijo Cath—. Tenemos que hablar de qué tipo de historia vamos a escribir. —Ya lo verás. —Eso no es justo. —Se inclinó hacia delante, mirando a la hoja de papel en blanco—. No quiero escribir sobre cadáveres o cuerpos desnudos... —Entonces lo que estoy escuchando es: nada de cuerpos. Nick escribió garabateando en una semi cursiva. Era zurdo, así que manchó con tinta azul el papel mientras escribía. Necesitas un marcador, pensó Cath, tratando de leer su letra al revés desde el otro lado de la mesa. Cuando él le entregó el cuaderno, apenas podía leerlo, incluso al derecho.

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—¿Cuál es esa palabra? —preguntó, señalando. —Retinas. Ella está de pie en un estacionamiento. Y se encuentra bajo una farola. Y su pelo es tan rubio, que está parpadeando hacia ti. Te está quemando las retinas, un jodido cono a la vez. Se inclina hacia delante y agarra su camiseta. Y ahora se pone de puntillas. Está acercándose a ti. Huele a té negro y cigarrillos American Spirits, y cuando su boca llega a tu oído, te preguntas si ella recuerda tu nombre.

57 —Así que... —dijo Cath—, ¿estamos haciendo esto en tiempo presente? —Segunda persona —confirmó Nick. Cath le frunció el ceño. —¿Qué pasa? —preguntó él—. ¿No te gustan las historias de amor? Cath notó que se ruborizaba y trató de detenerlo. Mantén la calma, Caperucita. Se inclinó sobre su bolso para buscar un bolígrafo. Era difícil para ella escribir sin teclear, y era difícil escribir con Nick mirándola como si él acabara de darle una patata caliente. —Por favor, no le digas a mamá —se ríe ella. —¿Qué parte debería excluir? —le preguntas—. ¿El cabello? ¿O los estúpidos cigarrillos hipster? Ella tira vilmente de tu camiseta, y tú la empujas hacia atrás como si tuviera doce. Y prácticamente los tiene; es tan joven. Y estás tan cansado. Y qué va a pensar Dave si no vas a tu primera cita por ocuparte de tu estúpidamente rubia y pequeña hermanita. —Apestas, Nick —dice ella. Y está tambaleándose. balanceándose de nuevo bajo el farol de la calle.

Está

Cath dio vuelta el cuaderno y lo empujó hacia Nick. Él empujó la lengua en su mejilla y sonrió. —Así que nuestro narrador es gay... —dijo—. Y se llama así por mí... —Me encantan las historias de amor —dijo Cath. Nick asintió un par de veces más. Y luego ambos se echaron a reír.


Era casi como escribir con Wren, como cuando ella y Wren se sentaban frente a la computadora, tirando del teclado de un sitio al otro y leyendo en voz alta lo que la otra persona escribía. Cath siempre escribía la mayor parte del diálogo. Wren era mejor en la trama y el modo. A veces Cath escribía todas las conversaciones, y Wren escribía detrás de ella, decidiendo dónde se encontraban Baz y Simon y hacia dónde se dirigían. Una vez Cath había escrito lo que pensaba que era una escena de amor, y Wren la había convertido en una lucha con espadas. Incluso después de que habían dejado de escribir juntas, Cath aún seguiría a Wren en la casa, pidiendo ayuda, siempre que no podía lograr que Simon y Baz hicieran algo más que hablar. Nick no era Wren. Él era mandón y un exhibicionista. Y también, por supuesto, un chico. De cerca, sus ojos eran más azules, y sus cejas eran prácticamente sensibles. Se lamía los labios cuando escribía, tocando su lengua en los dientes delanteros. A su favor, él superó la cosa gay casi inmediatamente. Incluso cuando Cath le dio al ficticio Nick gay cejas negras y gruesas, y zapatos ingleses de cordones azul y violeta. El Nick real tenía problemas para esperar su turno, empezaría a tomar el cuaderno de las manos de Cath antes de que ella terminara de escribir y la pluma verde mancharía la página. —Espera —había dicho ella. —No, tengo una idea y estás a punto de arruinarlo. Ella se esforzó para hacer que sus párrafos se parecieran a los de Nick, pero su propio estilo seguía escapándosele. Había sido genial cuando se dio cuenta de que él la imitaba también. Después de unas horas, Cath bostezaba, y su historia estaba el doble de larga de lo que tenía que estar. —Va a tomar una eternidad pasar esto al ordenador —dijo. —No lo hagas, entonces. Sigamos de esta manera. Cath miró las páginas manchadas de verde y azul. —Es nuestra única copia.

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—Entonces no dejes que tu perro se la coma. —Subió la cremallera de la sudadera con capucha gris y cogió su chaqueta de mezclilla—. Es más de medianoche. Tengo que irme. El carrito de libros al lado de su mesa aún seguía colmado de libros. —¿Qué pasa con esos? —preguntó Cath. —La chica de la mañana puede hacerlo. Va a recordarle que está viva. Cath arrancó cuidadosamente su historia del cuaderno de Nick y la guardó en su mochila, y luego lo siguió hasta la escalera de caracol. No vieron a nadie más en su camino hacia el primer piso. Ahora era diferente estar con él. Diferente incluso desde hace unas horas. Divertido. Cath no se sentía como si su verdadero yo estuviera enterrada bajo ocho capas de miedo y ansiedad diagnosticable. Nick caminó junto a ella en la escalera, y hablaron como si todavía estuvieran pasándose el cuaderno entre ellos. Al llegar afuera, se detuvieron en la acera. Cath sintió algo de su nerviosismo desaparecer. Torpemente abrochó los botones de su abrigo. —De acuerdo —dijo Nick, poniéndose la mochila—. ¿Nos vemos en clase? —Sí —dijo Cath—. Voy a tratar de no perder nuestra novela. —Nuestra primera novela —dijo, tomando el sendero que conducía fuera de la escuela—. Buenas noches. —Buenas noches. —Ella lo miró irse, todo el pelo oscuro y manchas azules en la luz de la luna.... Y luego Cath estaba en el patio. Cath y alrededor de un centenar de árboles que nunca notó durante el día. Las luces de la biblioteca se apagaron detrás de ella, su sombra desapareció. Cath suspiró y sacó su teléfono —tenía dos textos de Abel, los cuales ignoró— y marcó el número de su habitación, esperando que su compañera no estuviera dormida. —¿Hola? —respondió Reagan en el tercer tono. Había música en el fondo. —Es Cath. —Bueno, hola, Cath, ¿cómo estuvo tu cita? —No fue… Mira, tengo que caminar a casa. Voy a ser rápida. Ya estoy caminando.

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—Levi se fue tan pronto como sonó el teléfono. Muy bien podrías esperar por él. —Él no tiene… —Va a estar aun más molesto si no puede encontrarte. —Está bien —dijo Cath, dándose por vencida—. Gracias, supongo. Reagan colgó. Cath se encontraba junto a un poste de luz, así él la vería, y trató de lucir como el cazador y no como la niña con la cesta. Levi apareció mucho antes de lo que ella esperaba, corriendo por la senda. Incluso al trotar parecía relajado. Ella comenzó a caminar hacia él, pensando que por lo menos le ahorraría unos pocos pasos. —Catherine —dijo, deteniéndose cuando se encontraron volviéndose para caminar con ella—. En una sola pieza incluso.

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—Ese —dijo—, ni siquiera es mi nombre. —Sólo Cather, ¿eh? —Sólo Cath. —¿Te perdiste en la biblioteca? —No. —Yo siempre me pierdo en la biblioteca —dijo—, no importa cuántas veces voy. De hecho, creo que cuanto más voy, más me pierdo. Como si estuviera llegando a conocerme y revelando nuevos pasajes. —¿Pasas mucho tiempo en la biblioteca? —Lo hago, en realidad. —¿Cómo es eso posible cuando estás siempre en mi habitación? —¿Dónde crees que duermo? —preguntó. Y cuando ella lo miró, él estaba sonriendo. Simon se acurrucó en su cama como un unicornio herido, sosteniendo el trozo de terciopelo verde con la cara llena de lágrimas. —¿Estás bien? —preguntó Basil. Se notaba que no quería preguntarle. Era evidente que le resultaba muy desagradable hablar con su viejo enemigo. —Déjame en paz —espetó Simon, ahogándose en lágrimas y odiando a Basil aún más de lo habitual—. Ella era mi madre.

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Basil frunció el ceño. Entrecerró los ojos gris ahumado y cruzó los brazos, como si estuviera esforzándose por mantenerse de pie. Como si lo que realmente quisiera hacer era lanzarle otro hechizo de estornudos a Simon. —Lo sé —dijo Basil casi con rabia—. Sé lo que estás pasando. Yo también perdí a mi madre. Simon se limpió la nariz mocosa con la manga de su chaqueta y se incorporó lentamente, con los ojos tan amplios y azules como el Octavo Mar. ¿Basil estaba mintiendo? Eso sería justo como él, el imbécil. —De ―Amigos de por Vida… y Después‖, publicado en agosto de 2006 por los autores de FanFixx.net Magicath y Wrenegade.

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6 Traducido por *~ Vero ~* Corregido por Gabbita

62 —¿Papá? Llámame. … —Es Cath de nuevo. Llámame. … —Papá, deja de ignorar mis correos de voz. ¿Escuchas tu correo de voz? ¿Sabes cómo hacerlo? Incluso si no lo sabes, sé que puedes ver mi número en las llamadas pérdidas. Llámame, ¿de acuerdo? … —Papá. Llámame. O llama a Wren. No, llámame a mí. Estoy preocupada por ti. No me gusta tener que preocuparme por ti. … —No me hagas llamar a los vecinos. Irán a ver cómo estás, y no hablas nada de español; será va a ser vergonzoso. … —¿Papá? —Hola, Cath. —Papá. ¿Por qué no me has llamado? Te dejé un millón de mensajes. —Me dejaste demasiados mensajes. No deberías llamarme o incluso pensar en mí. Estás en la universidad ahora. Sigue tú camino. —Es sólo la universidad, papá. No es como que tuviéramos diferencias irreconciliables. —Cariño, he visto un montón de la serie 90210. Los padres no estuviero siquiera en el programa una vez que Brandon y Brenda fueron a la universidad. Este es tu momento, se supone que vas a fiestas de fraternidades y vuelves con Dylan.


—¿Por qué todos quieren que vaya a fiestas de fraternidades? —¿Quién quiere que vayas a fiestas de fraternidades? Sólo estaba bromeando. No pases el rato con los chicos de fraternidad, Cath, son terribles. Todo lo que hacen es emborracharse y mirar 90210. —Papá, ¿cómo estás? —Estoy bien, cariño. —¿Te sientes solo? —Sí. —¿Estás comiendo? —Sí. —¿Qué estás comiendo? —Alimentos nutritivos. —¿Qué has comido hoy? No mientas. —Algo ingenioso que descubrí en la tienda QuikTrip: Es una salchicha envuelta en una tortilla, que se cocina a la perfección en la máquina de perros calientes… —Papá. —Vamos, Cath, me dijiste que no mienta. —¿Podrías simplemente ir a la tienda de comestibles o algo así? —Sabes que odio ese tipo de tiendas. —Venden fruta en QuikTrip. —¿Lo hacen? —Sí. Pregunta a alguien. —Sabes que odio preguntar a alguien. —Estás haciendo que me preocupe por ti. —No te preocupes por mí, Cath. Voy a ir a buscar la fruta. —Esa es una concesión tan penosa... —Está bien, voy a ir al supermercado. —No mientas… ¿Lo prometes? —Te lo prometo. —Te amo. —También te amo. Dile a tu hermana que la amo.

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… —Cath, es tú padre. Sé que es tarde, y es probable que estés dormida. ¡Espero que estés durmiendo! Pero tuve esta idea. Es una gran idea. Llámame. … —¿Cath? Es tu padre otra vez. Todavía es tarde, pero no podía esperar para decirte esto. ¿Recuerdas cuánto querían un baño de arriba? Bueno, su habitación está justo sobre el baño. Podríamos poner una trampilla. Y una escalera. Sería como un atajo secreto para el baño. ¿No es esta una idea genial? Llámame. Es tú padre. … —¡Cath! No una escalera, ¡una barra de bomberos! Aún tienes que usar las escaleras para llegar a tú habitación, pero, Cath, una barra de bomberos. Creo que puedo hacerla yo mismo. Quiero decir, voy a tener que encontrar una barra... … —¿Papá? Llámame. … —Llámame, ¿de acuerdo? … —Papá, es Cath. Llámame.

Era viernes por la noche, y Cath tenía la habitación de la residencia para ella. Estaba tratando de trabajar en Carry On, Simon, pero su mente seguía vagando... Ese día en clase, la profesora Piper les había entregado la historia que ella y Nick escribieron juntos. La profesora había llenado los márgenes con As y dibujado una pequeña caricatura de sí misma en la esquina gritando ¡AAAAAA! Puso a algunos de los equipos de redacción —a las personas que lo habían hecho muy bien— a leer sus historias en voz alta frente a la clase. Cath y Nick fueron últimos, intercambiando párrafos, por lo que siempre estaban leyendo lo que el otro había escrito. Obtuvieron un montón de risas. Probablemente porque Nick se comportaba como si fuera

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Shakespeare en el parque. Las mejillas y el cuello de Cath ardían para el momento en que se sentaron. Después de la clase, Nick levantó su meñique hacia ella. Cuando lo miró, él dijo: —Vamos, estamos haciendo un juramento. Ella curvó su dedo alrededor del de él, y él lo apretó. —Compañeros, automáticamente, cada vez que necesitemos uno, ¿trato? —Sus ojos eran tan profundos, que todo lo que dijo se hizo más intenso. —Trato —dijo Cath, mirando a otro lado. —Maldita sea —dijo Nick, su mano ya se había separado—. Somos tan jodidamente buenos. —No creo que le quede ninguna A después de nuestro trabajo —dijo Cath, siguiéndolo fuera de la habitación—. La gente va a obtener B+ durante los próximos ocho años a causa de nosotros. —Deberíamos hacer esto otra vez. —Se giró de repente en el umbral de la puerta. Cath lo chocó con su cadera antes de que pudiera detenerse. —Ya tenemos un juramento —dijo ella, dando un paso atrás. —No es lo que quiero decir. No para una tarea. Deberíamos hacerlo porque fue bueno. ¿Entiendes? Fue bueno. Fue la mayor diversión que Cath había tenido desde... bueno, desde que llegó aquí, seguro. —Sí —dijo ella—. Bueno. —Yo trabajo los martes y jueves por la noche —dijo Nick—. ¿Quieres hacer esto de nuevo el martes? ¿Misma hora? —Seguro —dijo Cath. No había dejado de pensar en ello desde entonces. Se preguntó qué iban a escribir. Quería hablar con Wren al respecto. Cath había intentado llamarla antes, pero no había atendido. Eran casi las once ahora... Cath tomó su teléfono y marcó el número de Wren. Wren respondió. —¿Sí, hermana, hermana? —Hola, ¿puedes hablar? —Sí, hermana, hermana —dijo Wren riendo. —¿Estás afuera? —Estoy en el décimo piso del Schramm Hall. Aquí es donde... todos los turistas vienen cuando visitan el Schramm Hall. La cubierta de

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observación Ver el mundo desde la habitación de Tyler, es lo que dice en las postales. La voz de Wren era cálida y líquida. Su padre siempre decía que Wren y Cath tenían la misma voz, pero Wren era de 33 rpm y Cath era 45... Esto era diferente. —¿Estás borracha? —Estaba borracha —dijo Wren—. Ahora creo que estoy algo más. —¿Estás sola? ¿Dónde está Courtney? —Ella está aquí. Yo podría estar sentada en su pierna. —Wren, ¿estás bien? —Sí, sí, sí, hermana, hermana. Es por eso que contesté el teléfono. Para decirte que estoy bien. Para que puedas dejarme en paz por un tiempo. ¿De acuerdo, de acuerdo? Cath sentía el rostro tenso. Ahora, más dolida que preocupada. — Sólo llamaba para hablar contigo acerca de papá. —Cath deseó no utilizar la palabra "solo" tanto. Era el signo pasivo-agresivo que la delataba, como alquien con un tic cuando mentía—. Y otras cosas. Cosas de… chicos. Wren se rió. —¿Cosas de chicos? ¿Está Simon saliendo con Agatha de nuevo? ¿Baz lo convirtió en un vampiro? ¿Otra vez? ¿Sus dedos no pueden evitar quedar atrapados en el pelo de uno y el otro? Has llegado a la parte en la que Baz le dice Simon por primera vez, porque eso es siempre una pregunta difícil... Eso siempre son tres alarmas de incendio. Cath apartó el teléfono de modo que no estaba tocando su oreja. —Vete a la mierda —susurró—. Sólo quería asegurarme de que estabas bien. —Está bien, está bien —dijo Wren, con un irritable tono monótono. Luego colgó. Cath dejó el teléfono en su escritorio y se inclinó hacia atrás, lejos de él. Como si fuera algo que la mordería. Wren debe estar borracha. O drogada. Wren nunca... nunca lo haría. Nunca bromeó a Cath sobre Simon y Baz. Simon y Baz eran... Cath se levantó para apagar la luz. Sus dedos estaban fríos. Se quitó los pantalones y se metió en la cama. Entonces se levantó de nuevo para comprobar que la puerta estaba cerrada con llave, y miró por la mirilla al pasillo vacío.

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Se recostó en su cama. Se puso de pie otra vez. Abrió su portátil, la encendió, la volvió a cerrar. Wren debe estar drogada. Wren nunca lo haría. Ella sabía lo que eran Simon y Baz. Lo que significaban. Simon y Baz eran... Cath se recostó en la cama, sacudió sus muñecas sobre la colcha, y luego masajeó el cabello de sus sienes hasta que pudo sentirlo tirante. Simon y Baz eran intocables.

—Esto, hoy no es nada divertido —dijo Reagan, mirando con tristeza a la puerta del comedor. Reagan estaba siempre de mal humor en las mañanas de fin de semana (cuando estaba alrededor). Bebía demasiado y dormía muy poco. Aún no se había lavado el maquillaje de la noche anterior, olía a sudor y humo de cigarrillo. Reagan añejada de un día, pensó Cath. Pero Cath no se preocupaba por Reagan, no como se preocupaba por Wren. Tal vez porque Reagan parecía el Lobo Feroz y Wren sólo parecía Cath con un mejor corte de pelo. Una chica entró por la puerta usando una sudadera roja que decía HUSKER FÚTBOL y pantalones vaqueros apretados. Reagan lanzó un suspiro. —¿Qué pasa? —preguntó Cath. —Todos ellos se parecen en los días de partido —dijo Reagan—. No puedo ver sus feos y deformados verdaderos yo... —Se giró a Cath—. ¿Qué vas a hacer hoy? —Esconderme en nuestra habitación. —Parece que necesitas un poco de aire fresco. —¿Yo? —Cath se atragantó con su sándwich de carne a la cacerola—. Tú pareces que necesitas ADN fresco. —Me veo así porque estoy viva —dijo Reagan—. Porque he tenido experiencias. ¿Entiendes? Cath volvió a mirar a Reagan y no pudo evitar sonreír. Reagan usaba mucho delineador alrededor de sus ojos. Casi parecía una Kate Middleton con aspecto de chica ruda. Y a pesar de que era más grande que la mayoría de las chicas, grandes caderas, pecho grande, hombros anchos, ella iba como si fuera exactamente del tamaño que

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todo el mundo quería ser. Todo el mundo estaba de acuerdo con ella, incluyendo Levi, y todos los otros tipos que se juntaban en su habitación mientras Reagan terminaba de prepararse. —Uno no llega a tener este aspecto —dijo Reagan, señalando su gris cara del día después— escondida en su habitación todo el fin de semana. —Tan notorio —dijo Cath. —Vamos a hacer algo hoy. —Día de juego. La única cosa inteligente para hacer es quedarse en nuestra habitación y crear una barricada en la puerta. —¿Tienes algo rojo? —preguntó Reagan—. Si nos ponemos un poco de rojo, podríamos caminar por el campus y conseguir bebidas gratis. El teléfono de Cath sonó. Bajó la mirada hacía él. Wren. Presionó ignorar. —Hoy tengo que escribir —dijo.

Cuando regresaron a la habitación, Reagan tomó una ducha y se colocó maquillaje nuevo, sentada en su escritorio, sosteniendo un espejo. Se fue y regresó unas horas más tarde con bolsas de Target y un chico llamado Eric. Salió de nuevo y no regresó hasta que el sol se estaba poniendo. Sola, esta vez. Cath seguía sentada en su escritorio. —¡Basta! —medio gritó Reagan. —Jesús —dijo Cath, volviéndose hacía ella. Tomó unos segundos para que los ojos de Cath se centrasen en algo que no fuera una pantalla de ordenador. —Vístete —dijo Reagan—. Y no discutas conmigo. No voy a jugar este juego contigo. —¿Qué juego? —Eres una triste pequeña ermitaña, y eso me asusta. Así que vístete. Vamos a jugar a los bolos. Cath se echó a reír. —¿A los bolos? —Oh, claro —dijo Reagan—. Como si ir a los bolos fuera más patético que cualquier otra cosa que haces.

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Cath se apartó de la mesa. Su pierna izquierda se había quedado dormida. La sacudió. —Nunca he ido jugar a los bolos. ¿Qué me pongo? —¿Nunca has ido? —Reagan estaba incrédula—. ¿La gente no va a jugar a los bolos en Omaha? Cath se encogió de hombros. —¿La gente realmente vieja, quizá? —Usa lo que sea. Usa algo que no tenga Simon Snow en ello, para que las personas no asuman que tu cerebro dejó de desarrollarse cuando tenías siete años. Cath se puso su camiseta roja de CARRY ON con un vaquero y rehízo su cola de caballo. Reagan le frunció el ceño. —¿Tienes que llevar el pelo así? ¿Es algún tipo de cosa mormón? —No soy mormón. —Dije algún tipo —hubo un golpe en la puerta y Reagan abrió. Levi estaba allí de pie, casi rebotando. Llevaba una camiseta blanca y había dibujado en ella, con un marcador Sharpie, añadiendo un collar y botones en el frente, además de un bolsillo en el pecho con la leyenda El Rey del Strike, escrita sobre él en una letra elegante. —¿Estamos haciendo esto? —dijo.

Reagan y Levi eran excelentes jugadores. Al parecer había un lugar de bolos en Arnold. No tan bonito como este, dijeron. Esa noche eran las únicas tres personas menores de cuarenta en los bolos, lo que no impidió que Levi hablara con absolutamente todos los que estaban en el edificio. Habló con el chico que estaba rociando los zapatos, las parejas de jubilados en el carril de al lado, todo un grupo de madres de alguna liga, quienes lo alejaron con el cabello rizado y una jarra de cerveza... Reagan actuó como si no se diera cuenta. —Creo que hay un bebé en la esquina que te olvidaste de besar —le dijo Cath a él. —¿Dónde hay un bebé? —sus ojos se animaron. —No —dijo ella—. Yo sólo estaba... —sólo.

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Levi dejó la jarra. Estaba balanceando tres vasos en la otra mano, los dejó caer sobre la mesa y aterrizaron sin caerse. —¿Por qué haces eso? —¿Qué? —él sirvió una cerveza y se la ofreció a ella. La tomó sin pensar, y luego la dejó con disgusto. —¿Ir tan lejos de tu camino para ser amable con la gente? Él sonrió, pero ya estaba sonriendo, lo que sólo significaba que sonrió más. —¿Crees qué debería ser más cómo tú? —preguntó, y miró con cariño por encima a Reagan, que estaba con el ceño fruncido, de alguna manera voluptuosamente, sobre la vuelta de la bola—. ¿O ella? Cath rodó sus ojos. —Tiene que haber un término medio. —Soy feliz —dijo—, así que este debe ser. Cath se compró una Coca-Cola de cereza en la barra e ignoró la cerveza. Reagan compró dos platos de nachos naranjas chorreantes. Levi compró tres pepinillos gigantes que eran tan amargos, que los hizo llorar. Reagan ganó el primer juego. Levi ganó el segundo. Entonces, para el tercero, él habló con el hombre detrás del mostrador para encender los parachoques de niños para Cath. Todavía no había tirado ningún palo. Levi volvió a ganar. Cath tenía suficiente dinero para comprar todos los sándwiches de helado de la máquina expendedora. —Realmente soy el Rey del Strike —dijo Levi—. Todo lo que escribo en mi remera se convierte en realidad. —Definitivamente se hará realidad esta noche en Muggsy —dijo Reagan. Levi se rió y arrugó el envoltorio de su helado para tirárselo a ella. La forma en que se sonrieron hizo que Cath mirara hacia otro lado. Eran tan relajados juntos. Como si se conocieran por dentro y por fuera. Reagan era más dulce y más mala con Levi de lo que nunca fue con Cath. Alguien tiró de la cola de caballo de Cath, y su barbilla se alzó. —Vienes con nosotros —preguntó Levi—, ¿verdad? —¿Dónde? —Salir. A Muggsy. La noche es joven. —Y yo también —dijo Cath—. No puedo entrar en un bar. —Vas a estar con nosotros —dijo él—. Nadie te detendrá.

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—Tiene razón —dijo Reagan—. Muggsy es de desertores de la universidad y alcohólicos sin esperanzas. Los estudiantes de primer año nunca tratan de escabullirse dentro. Reagan puso un cigarrillo en su boca, pero no lo encendió. Levi lo tomó y lo puso entre sus labios. Cath casi dijo que sí. En cambio, negó con la cabeza.

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Cuando Cath regresó a su habitación, pensó en llamar a Wren. En cambio, llamó a su padre. Parecía cansado, pero él no estaba tratando de reemplazar las escaleras con un tobogán de agua, así que era una mejora. Y había consumido dos comidas saludables para la cena. —Eso suena como una opción saludable —le dijo Cath, tratando de sonar alentadora. Leyó un poco para sus clases. Luego, permaneció despierta trabajando en Carry On hasta que sus ojos ardieron, y se quedó dormida en cuanto se metió a la cama. —Las palabras son muy poderosas —dijo la señorita Possibelf, pisando suavemente entre las filas de pupitres—. Y ellas adquieren más poder mientras más las dicen... Cuanto más se dicen, leen y escriben, en combinaciones específicas y consistentes. —Se detuvo frente al escritorio de Simon y lo golpeó con un corto y enjoyado bastón—. Arriba, arriba y lejos —dijo con claridad. Simon vio el suelo alejarse de sus pies. Agarró los bordes de la mesa, derribando una pila de libros y papeles sueltos. Al otro lado de la habitación, Basilton rió. La Srta. Possibelf le dio un golpecito a las zapatillas de Simon con su bastón. —Aguántate —dijo, y su mesa se levantó un metro en el aire. —La clave para lanzar un hechizo —agregó—, es aprovechar ese poder. No sólo decir las palabras, sino invocando su significado... —Ahora —dijo—, abran sus libros de Palabras Mágicas en la página cuatro. Y quédate quieto allí, Simon. Por favor.


—Del capítulo 5, Simon Snow and the Mage‘s Heir Copyright © 2001 por Gemma T. Leslie

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7 Traducido por Julieyrr Corregido por Zöe..

73 Cuando Cath vio el nombre de Abel parpadear en su teléfono, pensó en un primer momento que se trataba de un mensaje, a pesar de que el teléfono estaba obviamente sonando. Abel nunca la llamaba. Se enviaban correos. Se enviaban mensajes, habían hablado por mensajes anoche. Pero realmente nunca hablaban a menos que fuera en persona. —¿Hola? —respondió. Estaba esperando en su lugar afuera del Andrews Hall, el edificio de inglés. Realmente hacía demasiado frío para permanecer fuera, pero a veces Nick se aparecía aquí antes de la clase, y verían las asignaciones del otro o hablarían de la historia que estaban escribiendo juntos. (Se estaba convirtiendo en otra historia de amor; Nick era el que le estaba dando ese giro). —¿Cath? —La voz de Abel era ronca y familiar. —Hola —dijo, sintiéndose repentinamente caliente. Sorprendentemente. Tal vez había extrañado a Abel. Todavía estaba evitando a Wren (Cath ni siquiera había almorzado en Selleck desde que Wren se había emborrachado). Tal vez Cath solo extrañaba su hogar—. Oye. ¿Cómo estás? —Estoy bien —dijo—. Te dije anoche que estaba bien. —Bueno. Sí. Lo sé. Pero es diferente por teléfono. Parecía sorprendido. —Eso es exactamente lo que dijo Katie. —¿Quién es Katie? —Katie es la razón por la que te estoy llamando. Ella es, como, todas las razones por las que te estoy llamando. Cath ladeó la cabeza. —¿Qué? —Cath, he conocido a alguien —dijo. Sólo así. Como si estuviera en alguna telenovela.


—¿Katie? —Sí. Y es, um, me hizo darme cuenta de que… bueno, que lo que tú y yo tenemos no es real. —¿A qué te refieres? —Me refiero a nuestra relación, Cath, no es real. —¿Por qué seguía diciendo su nombre así? —Por supuesto que es real. Abel. Hemos estado juntos por tres años. —Bueno, algo así.

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—No algo así —dijo Cath. —Bueno… de todos modos —su voz sonó firme—, conocí a alguien más. Cath se giró hacia el edificio y descansó la parte superior de su cabeza contra los ladrillos. —Katie. —Y es más real —dijo—. Simplemente estamos… bien juntos, ¿sabes? Podemos hablar de todo, es una programadora, también. Obtuvo un treinta y cuatro en el ACT. Cath obtuvo un treinta y dos. —¿Estás inteligente?

rompiendo conmigo porque

no soy

suficientemente

—Esto no es una ruptura. No es como que estemos realmente juntos. —¿Eso es lo que le dijiste a Katie? —Le dije que nos distanciamos. —Sí —escupió Cath—. Porque la única vez que me llamas es para romper conmigo. —Pateó los ladrillos, e instantáneamente se arrepintió. —Cierto. Como si tú me llamaras todo el tiempo. —Lo haría si tú quisieras que lo hiciera —dijo ella. —¿Lo harías? Cath pateó la pared de nuevo. —Tal vez. Abel suspiró. Sonaba más exasperado que cualquier otra cosa, más que triste o arrepentido. —No hemos estado realmente juntos desde el tercer año de instituto. Cath quería discutir con él, pero no podía pensar en nada convincente. Pero me llevaste al baile militar, pensó. Pero me enseñaste a conducir. —Pero tu abuela siempre hace pastel de tres leches para mi cumpleaños.


—Lo hace de todos modos para la panadería. —Bien. —Cath se giró y se recostó contra la pared. Deseaba poder llorar, sólo para que él tuviera que lidiar con eso—. Así que se acabó. Todo se acabó. No rompimos, pero terminamos. —No terminamos —dijo Abel—. Todavía podemos ser amigos. Yo todavía leo tu fic, Katie también lo lee. Quiero decir, ella siempre lo ha hecho. ¿No es una coincidencia? Cath negó con la cabeza, estupefacta. Entonces Nick dobló la esquina del edificio y la saludó de la forma que siempre lo hacía, mirándola a los ojos y levantando la cabeza rápidamente. Cath levantó la barbilla en respuesta. —Sí —dijo en el teléfono—. Coincidencia. Nick había puesto su mochila en una maceta de piedra y estaba buscando a través de sus libros y cuadernos. Su chaqueta estaba desabrochada, y cuando se inclinaba así, ella podía ver debajo de su camisa. Más o menos. Unos centímetros de piel pálida y escaso pelo negro. —Me tengo que ir —dijo ella. —Oh —dijo Abel—. Está bien. ¿Todavía quieres pasar el rato en Acción de Gracias? —Me tengo que ir —dijo, y apretó Finalizar. Cath tomó una respiración lenta. Se sentía mareada y tensa, como si algo demasiado grande estuviera incubado en sus costillas. Empujó sus hombros de vuelta hacia atrás en los ladrillos y miró hacia abajo, a la parte superior de la cabeza de Nick. Él la miró y sonrió torcidamente, tendiéndole unas cuantas hojas de papel. —¿Leerás esto? Creo que tal vez es una mierda. O tal vez es impresionante. Probablemente es impresionante. Dime que es impresionante, ¿de acuerdo? A menos que sea una mierda.

Cath envió un mensaje a Wren justo antes de que comenzara Escritura de Ficción, ocultando su teléfono detrás de las anchas espaldas de Nick. —Abel rompió conmigo. —Oh Dios. Lo siento. ¿Quieres que vaya?

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—Sí. ¿A las cinco? —Sí. ¿Estás bien? —Eso creo. Terminar las mesas finales.

—¿Ya has llorado? Estaban sentadas en la cama de Cath, comiendo la última de las barras de proteína. —No —dijo Cath—. No creo que vaya a hacerlo. Wren se mordió el labio. Literalmente. —Dilo —dijo Cath. —No siento como si tuviera que hacerlo. Nunca pensé que no decirlo sería así de satisfactorio. —Dilo. —¡Él no era un novio de verdad! ¡Nunca te gustó! —Wren empujó a Cath con tanta fuerza que cayó al suelo. Cath se echó a reír y se sentó de nuevo, sacando sus piernas sobre sus brazos. —Sin embargo, realmente pensaba que lo hacía. —¿Cómo puedes pensar eso? —Wren también se estaba riendo. Cath se encogió de hombros. Era jueves por la noche y Wren ya estaba vestida para salir. Llevaba sombra de ojos de color verde pálido que hacía que sus ojos se vieran más verdes que azules y sus labios eran de un rojo brillante. Su pelo estaba alineado hacia un lado y se extendía glamorosamente por su frente. —En serio —dijo Wren—, sabes cómo se siente el amor. He leído que lo describes de mil maneras diferentes. Cath hizo una mueca. —Eso es diferente. Eso es fantasía. Eso es… “Simon extendió la mano a Baz, y su nombre se sentía como una palabra mágica en sus labios”. —No es todo fantasía… —dijo Wern Cath pensó en los ojos de Levi cuando Reagan se burlaba de él. Pensó en Nick tocando sus cortos y uniformes dientes con la punta de su lengua.

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—No puedo creer que Abel me dijera la puntuación del ACT de esa chica —dijo—. ¿Qué se supone que debo hacer con eso? ¿Ofrecerle una beca? —¿Estás triste en absoluto? —Wren metió la mano debajo de la cama y sacudió una caja de barras de proteínas vacía. —Sí… me da vergüenza que me aferré por tanto tiempo. Que realmente pensé que podíamos seguir como estábamos. Y estoy triste porque se siente como si ahora la secundaria hubiera finalmente terminado. Como si Abel fuera este pedazo de un momento muy feliz que pensé que podría llevar conmigo. —¿Te acuerdas cuando te compró un cargador de laptop portátil para tu cumpleaños? —Ese fue un buen regalo —dijo Cath, señalando a su hermana. Wren tomó su dedo y tiró de él hacia abajo. —¿Has pensado en él cada vez que la inicias? —Necesitaba un nuevo cargador. —Cath se apoyó contra la pared otra vez, enfrentando a Wren—. Ese día me besó, en nuestro decimoséptimo cumpleaños, por primera vez. O tal vez yo lo besé a él. —¿Fue cargado de pasión? Cath se rió. —No. Pero recuerdo pensar… que él me hizo sentir segura. —Se frotó la cabeza contra los bloques de hormigón pintados—. Recuerdo haber pensado que Abel y yo nunca seríamos como papá y mamá, que si Abel alguna vez se cansaba de mí, yo sobreviviría. Wren seguía sosteniendo la mano de Cath. Ella la apretó. Luego apoyó la cabeza contra la pared, reflejando a Cath. Cath estaba llorando ahora. —Bueno, lo hiciste —dijo Wren—. Sobrevivir. Cath se rió y pasó los dedos por detrás de sus gafas para secarse los ojos. Wren se apoderó de esa mano, también. —Tú sabes mi posición sobre esto —dijo. —Fuego y lluvia —susurró Cath. Ella sintió que los dedos de Wren rodeaban su muñeca. —Somos irrompibles. Cath miró el cabello marrón claro de Wren y el brillo de acero, la corona de color gris que rodeaba el verde en sus ojos. Tú lo eres, pensó.

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—¿Significa esto que no habrá más pastel de tres leches en nuestro cumpleaños? —preguntó Wren. —Hay algo más que quiero decirte —dijo Cath antes de que pudiera pensar en ello—. Hay, quiero decir, creo que hay… este chico. Wren levantó las cejas. Pero antes de que Cath pudiera decir nada más, oyeron voces y una llave en la puerta. Wren soltó las muñecas de Cath y la puerta se abrió. Reagan arremetió y dejó caer su bolso en el suelo. Salió corriendo de nuevo antes de que Levi pudiera entrar en la habitación. —Oye, Cath —dijo él, ya sonriendo—, ¿estás…? —Miró hacia la cama y se detuvo. —Levi —dijo Cath—, esta es mi hermana, Wren. Wren le tendió la mano. Los ojos de Levi estaban más amplios de lo que Cath los había visto nunca. Sonrió a Wren y tomó su mano, sacudiéndola. —Wren —dijo—. Que nombres tan fascinantes hay en su familia. —Nuestra madre no sabía que estaba esperando gemelas —dijo Wren—. Y no tenía ganas de buscar otro nombre. —Cather, Wren… —Levi lucía como si acabara de descubrir el pan rebanado—. Catherine. Cath rodó los ojos. Wren se limitó a sonreír. —Inteligente, ¿no? —Cath —dijo Levi, y trató de sentarse junto a Wren en la cama, a pesar de que no había suficiente espacio. Wren se rió y se deslizó hacia Cath. Cath se deslizó también. A regañadientes. Si le das a Levi un centímetro… —No sabía que tenías una madre —dijo—. O una hermana. ¿Qué más estás escondiendo? —Cinco primos —dijo Wren—. Y una serie de hámsters malogrados, todos llamados Simon. Levi extendió su sonrisa por completo. —Oh, guarda eso —dijo Cath con disgusto—. No te quiero todo encantador con mi hermana. ¿Qué si no podemos sacarlo? Reagan atravesó la puerta abierta de nuevo y miró a Cath. Vio a Wren y se estremeció. —¿Esta es tu gemela? —¿Sabías sobre la gemela? —preguntó Levi. —Wren, Reagan —dijo Cath.

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—Hola —dijo Reagan, frunciendo el ceño. —No te lo tomes personalmente —dijo Cath a Wren—. Los dos son así con todos. —Me tengo que ir de todos modos. —Wren se deslizó alegremente de la cama. Llevaba un vestido de color rosa, medias marrones, botines marrones de tacón y pequeños botones verdes a los lados. Eran las botas de Cath, pero Cath nunca fue lo suficientemente valiente como para usarlas. —Encantada de conocerlos a todos —dijo Wren, sonriendo a Reagan y Levi—. Nos vemos en el almuerzo de mañana —le dijo a Cath. Reagan la ignoró. Levi saludó. Tan pronto como la puerta se cerró, los ojos de Levi saltaron de nuevo. Azules. —¿Esa es tu hermana gemela? —Idénticas —dijo Reagan, como si tuviera la boca llena de cabello. Cath asintió y se sentó en su escritorio. —Guau —Levi se deslizó por la cama para sentarse frente a ella. —No estoy segura de lo que quieres decir —dijo Cath—, pero creo que es ofensivo. —¿Cómo puede el hecho de que tu idéntica hermana gemela esté súper caliente ser ofensivo? —Porque —dijo Cath, todavía demasiado animada por Wren y, extrañamente, por Abel, y tal vez incluso por Nick por dejar que esto llegara a ella en este momento—, me hace sentir como La Fea. —Tú no eres la fea. —Levi sonrió—. Eres como Clark Kent. Cath comenzó a comprobar su e-mail. —Oye, Cath —dijo Levi, pateando su silla. Podía oír la burla en su voz—. ¿Vas a avisarme cuanto te quites las gafas? Agatha Wellbelove era la bruja más bella en Watford. Todo el mundo lo sabía —todos los niños, todas las niñas, todos los profesores… Los murciélagos en el campanario, las serpientes en las bodegas… Agatha misma lo sabía. Lo que podrías pensar que disminuiría su encanto y belleza. Pero Agatha, a los catorce años, nunca usó ese conocimiento para dañar o mantenerse sobre los demás. Sabía que era adorable, y lo compartía como un don. Cada sonrisa de Agatha era como despertar a un perfecto día soleado. Agatha lo

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sabía. Y le sonreía a todo el que se cruzaba en su camino, como si fuera la cosa más generosa que pudiera ofrecer. —Del capítulo 15, Simon Snow and the Selkies Four. Copyright © 2007 Gemma T. Leslie

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8 Traducido por Nats Corregido por Victoria Ferris

81 —¿Has empezado tu escena ya? Estaban en el subsótano de la biblioteca, el sub-subsótano, y hacía más frío que de costumbre —el viento hacía revolotear el flequillo de Nick sobre su frente. ¿Los chicos lo llaman “flequillo”?, se preguntó Cath. —¿Por qué hay viento aquí? —preguntó. —¿Por qué hay viento en cualquier lugar? —respondió Nick. Eso la hizo reír. —No lo sé. ¿Corrientes? —¿Cuevas respiratorias? —Eso no es viento en absoluto —dijo Cath—. Es lo que sentimos cuando el tiempo de repente avanza. Nick le sonrió. Sus labios eran delgados pero oscuros, del mismo color que el interior de su boca. —Los instrumentos ingleses no sirven para nada —dijo, sacudiendo las cejas. Luego le dio un codazo—. Entonces. ¿Has empezado tu escena? Probablemente la hayas terminado ya. Eres tan malditamente rápida. —Tengo un montón de práctica —dijo. —¿Práctica escrita? —Sí. —Por un segundo, pensó en decirle la verdad. Sobre Simon y Baz. Sobre el capítulo por día y sus treinta y cinco mil visitas…—. Escribo relatos —dijo—. Cada mañana, solo para mantenerme ágil. ¿Has empezado tu escena? —Sí —dijo Nick. Dibujando remolinos en el margen de su libreta—. Tres veces… Solo que no estoy tan seguro de esta tarea. La profesora Piper quería que escribieran una escena con un narrador poco fiable. Cath había escrito la suya desde el punto de vista de Baz. Era una idea que tenía desde hace tiempo; tal vez lo convertiría en un fic más largo algún día, el día que terminara con Carry On.


—Debería ser pan comido para ti —dijo Cath, codeando a Nick de vuelta, más gentilmente—. Todos tus narradores son poco confiables. Nick la había dejado leer algunas de sus historias cortas y los primeros capítulos de una novela que había comenzado en primer año. Todo era oscuro, más sucio y corrupto de lo que escribiría Cath alguna vez, pero aún así divertido. Y vigorizante, de alguna forma. Nick era bueno. Le gustaba sentarse junto a él y observar todo lo bueno provenir de su mano. Observar las bromas salir en tiempo real. Observarlo encajar las palabras juntas. —Exactamente… —dijo, lamiéndose el labio superior. Prácticamente no tenía uno, solo una mancha de rojo—. Por eso es que me siento como si tuviera que hacer algo especial para esta ocasión. —Vamos. —Cath le quitó la libreta—. Mi turno. Siempre era difícil conseguir que Nick renunciara a la libreta. La primera noche que trabajaron en su historia extracurricular, Nick se había presentado con tres páginas ya escritas. —Eso es trampa —había dicho Cath. —Es solo un primer empujón —dijo—, para continuar. Había tomado el cuaderno, escrito sobre y entre sus palabras, apretando nuevos diálogos en los márgenes y tachando líneas que iban demasiado lejos. (A veces, Nick desarrollaba demasiado su estilo). Entonces añadió un par de párrafos de su cosecha. Se había vuelto más fácil escribir en papel, a pesar de que Cath seguía extrañando su teclado… —Necesito copiar y pegar —le decía a Nick. —La próxima vez —contestaría—, trae tijeras. Se sentaban juntos ahora cuando trabajaban, era lo mejor para leer y escribir durante el turno del otro. Cath había aprendido a sentarse a la derecha de Nick, así sus manos escritoras no chocaban accidentalmente. Le hacía sentir a Cath como parte de un monstruo de dos cabezas. Un bicho de tres piernas. La hacía sentir como en casa. No estaba segura de lo que Nick sentía… Hablaban mucho, antes y durante las clases. Nick se giraría por completo en su silla. A veces, después de que salieran, Cath fingía tener que pasar por delante de la clase Bessey, donde Nick tenía la siguiente

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clase, incluso si no había nada más que el pabellón de fútbol después de Bessey. Gracias a Dios, Nick nunca preguntó a dónde iba. Nunca le preguntó al salir de la biblioteca la noche anterior tampoco. Siempre se detenían por un minuto en los escalones mientras Nick se colocaba la mochila y enrollaba su bufanda azul de cachemira sobre su cuello. Entonces decía: —Te veo en clase —y se marchaba. Si Cath sabía que Levi se encontraba en su habitación, llamaría y esperaría a que la recogiera. Pero la mayoría de las noches marcaba el 911 en su móvil, y corría de vuelta a su dormitorio con el dedo sobre el botón de llamada.

Wren estaba en alguna dieta rara. —Es la dieta Perra Flaca —dijo Courtney. —Es vegetariana —aclaró Wren. Era un Viernes de Fajita en Selleck. Wren tenía un plato lleno de pimientos verdes a la parrilla y cebollas, y dos naranjas. Había estado comiendo así durante un par de semanas. Cath la miró atentamente. Wren llevaba ropa que Cath había llevado también, así que Cath sabía como quedaba. El suéter de Wren seguía firme sobre su pecho; sus vaqueros aún cabalgaban demasiado bajos sobre su culo. Ella y Wren eran anchas de caderas. A Cath le gustaba llevar camisetas y suéteres que la taparán; a Wren le gustaba llevar cosas que podía sujetar a la cintura. —Sigues igual —dijo Cath—. Estás igual que yo, mira lo que estoy comiendo. —Cath comía fajitas de carne con crema agria y tres tipos de queso. —Sí, pero no bebes. —¿Eso forma parte de la dieta Perra Flaca? —Somos perras flacas entre semana —dijo Courtney—, y perras borrachas durante el fin de semana. Cath intentó llamar la atención de Wren. —No creo que me guste aspirar a ser cualquier tipo de perra. —Demasiado tarde —dijo Wren suavemente, luego cambió de tema—. ¿Saliste anoche con Nick?

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—Sí —dijo Cath, luego sonrió. Intentó convertirla en una burlona, pero eso solo consiguió que su nariz se arrugara como la de un conejo. —¡Oh! ¡Cath! —dijo Courtney—. Estábamos pensando en que simplemente podríamos pasarnos una noche por la librería, así podemos verle. Martes y jueves, ¿cierto? —No. De ninguna manera. No, no, no. —Cath miró a Wren—. No, ¿de acuerdo? Di de acuerdo. —De acuerdo. —Wren apuñaló su tenedor en las cebollas—. ¿Cuál es el problema? —No es un problema —dijo Cath—. Pero si vienen, parecerá la gran cosa. Destruirás mi estrategia de ―ey, lo que sea, ¿quieres salir un rato? Eso es genial”. —¿Tienes una estrategia? —preguntó Wren—. ¿Implica besarle? Wren no dejaría la cosa de besar a secas. Cada vez que Abel abandonaba a Cath, Wren se abalanzaba sobre ella con lo de perseguir sus pasiones y dejar a la bestia interior suelta. —¿Y qué tal ese? —diría, buscando un chico guapo al que señalar mientras hacían cola en la fila del almuerzo—. ¿Quieres besarle? —No quiero besar a un extraño —contestaría Cath—. No estoy interesada en los labios fuera de contexto. Lo que en parte era cierto. Incluso a pesar de que Abel rompió con ella… A pesar de que Nick había comenzado a sentarse a su lado… Cath seguía notando cosas. Chicos. Muchachos. Por todas partes. En serio, por todas. En sus clases. En la Unión. En los dormitorios, en los pisos de abajo y de arriba. Y juraría que no se parecían en nada a los chicos de secundaria. ¿Cómo podía un año hacerlos tan diferentes? Cath se encontró a sí misma observando sus cuellos y sus manos. Se dio cuenta de la dureza de sus mandíbulas, la forma en que sus pechos reforzaban los hombros, su pelo… Las cejas de Nick desaparecían bajo la raíz de su pelo, y sus patillas enmarcaban sus mejillas. Cuando se sentaba detrás de él en clases, podía ver los músculos de su hombro izquierdo deslizándose bajo su camiseta. Incluso Levi era una distracción. Una casi constante. Con su bronceado cuello largo. Y su garganta balanceándose cuando se reía.

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Cath se sentía diferente. Sintonizada. Loca por —incluso aunque ninguno de estos muchachos pareciesen chicos— los chicos. Y por primera vez, Wren era la última persona con lo que quería hablar sobre ello. En general, no quería hablar con nadie sobre ello. —Mi estrategia —le dijo a Wren—, es asegurarme de que no conoce a mi guapa y delgada gemela. —No creo que importe —dijo Wren. Cath se dio cuenta de que no discutió sobre lo de ―guapa y delgada‖—. Suena como si estuviera tras tu cerebro. Y no tengo tu cerebro. No lo hacía. Y Cath no lo entendía en absoluto. Tenían el mismo ADN. Los mismos orígenes, la misma crianza. Todas las diferencias entre ellas no tenían sentido. —Vente a casa conmigo este fin de semana —dijo Cath abruptamente. Había encontrado un vuelo a Omaha esa noche. Wren ya había dicho que no quería ir. —Sabes que papá nos extraña —dijo Cath—. Vamos. Wren miró su bandeja. —Te lo dije. Tengo que estudiar. —Hay un partido en casa este fin de semana —dijo Courtney—. No tenemos que estar sobrias hasta las once del lunes. —¿Has incluso llamado a papá? —preguntó Cath. —Nos hemos enviado algunos emails —dijo Wren—. Parece estar bien. —Nos echa de menos. —Se supone que tiene que hacerlo; es nuestro padre. —Sí —dijo Cath suavemente—, pero él es diferente. La cara de Wren se alzó, y miró fijamente a Cath, negando ligeramente. Cath se levantó de la mesa. —Mejor me voy. Necesito correr de vuelta a mi habitación antes de las clases.

Cuando la profesora Piper pidió las tareas del narrador poco confiable esa tarde, Nick arrebató de la mano los de Cath. Ella los agarró de vuelta. Él arqueó una ceja. Cath levantó la barbilla y le sonrió. Luego

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más tarde se dio cuenta de que le estaba dando una de las sonrisas de Wren. Una de las santurronas. Nick empujó la lengua contra su mejilla y estudió a Cath por un segundo antes de girarse en su sitio. La profesora Piper tomó la tarea de su mano. —Gracias, Cath. — Sonrió cálidamente y le apretó el hombro—. Apenas puedo esperar. Nick giró el cuello hacia atrás con eso. Lamebotas, gesticuló. Cath pensó en alcanzar su nuca y acariciar su pelo hasta el final de su cuello. Habían pasado dos horas desde que observaron cerrarse el puente levadizo de la fortaleza. Dos horas discutiendo sobre quien tenía la culpa. Baz haría pucheros y diría: —No nos habríamos perdido el toque de queda si no te hubieras metido en mi camino. Simon gruñiría y contestaría: —No habría tenido que meterme en tu camino si no hubieras estado paseando por los jardines criminalmente. Pero la verdad, Simon sabía, era que se encontraban tan atrapados en su discusión que habían perdido la noción del tiempo, y ahora tenían que pasar la noche ahí fuera. No había forma de colarse tras el toque de queda. No importaba cuántas veces chasqueara Baz sus zapatos y dijese ―No hay lugar como el hogar‖. (Aunque eso era un dicho de los setenta; no había forma en que Baz pudiera decirlo). Simon suspiró y se dejó caer sobre la hierba. Baz seguía murmurando y mirando a la fortaleza como si pudiera detectar todavía una forma de entrar. —Oi —dijo Simon, golpeando al rodilla de Baz. —Ow. ¿Qué? —Tengo una barrita Aero —dijo Simon—. ¿Quieres la mitad? Baz bajó la vista, su larga cara tan gris como sus ojos por el crepúsculo. Echó atrás su cabello negro y frunció el ceño, dejándose caer junto a Simon en la colina. —¿De qué es? —De menta. —Simon sacó la barrita del bolsillo de su capa. —Es mi favorito —admitió Baz a regañadientes. Simon le dedicó una amplia y blanca sonrisa. —El mío también.

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—De “Secretos, Estrellas, y Barritas Aero”, publicado en Enero del 2009 por FanFixx.net, autores Magicath y Wrenegade.

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9 Traducido por Val_17 Corregido por Daenerys ツ

88 Cath tenía una hora o así para matar antes de irse a Omaha, y no tenía ganas de estar en su habitación. Era el mejor tipo de día de noviembre. Frío y fresco, pero no demasiado helado, sin hielo. Solo el suficiente frío para que justificadamente pudiera usar toda su ropa favorita: cardigans, mallas y calentadores de piernas. Pensó en ir a la Unión para estudiar pero decidió caminar por el centro de Lincoln en su lugar. Cath casi nunca dejaba el campus, no había mucha razón para hacerlo. Salir de la escuela se sentía como cruzar la frontera. ¿Qué haría si perdía su cartera o si se perdía ella? Tendría que llamar a la embajada... Lincoln se sentía mucho más a una pequeña ciudad que Omaha. Todavía había salas de cine en el centro y pequeñas tiendas. Cath pasó por un restaurante tailandés y el famoso Chipotle. Se detuvo a través de una tienda de regalos y olió todos los aceites esenciales. Había un Starbucks cruzando la calle. Se preguntó si ese era el Starbucks de Levi, y un minuto después, estaba cruzando. Por dentro era exactamente como cualquier otro Starbucks en el que Cath había estado. Tal vez con algunos tipos más magistrales... Y con Levi moviéndose rápidamente detrás de la máquina de café, sonriendo por algo que alguien estaba diciendo en su auricular. Levi llevaba un suéter negro sobre una camiseta blanca. Parecía como si acabara de conseguir un corte de pelo —más corto en la parte de atrás pero aun sobresaliendo y dejándose caer en su rostro. Gritó el nombre de alguien y le entregó una bebida a un tipo que parecía un profesor de violín jubilado. Levi se detuvo para hablar con el chico. Porque era Levi, y esto era una necesidad biológica. —¿Estás en la fila? —preguntó una mujer a Cath. —No, adelante —pero entonces Cath decidió que bien podría ponerse en la fila. No es como si hubiera venido aquí para observar a Levi en la naturaleza. No sabía lo que estaba haciendo aquí.


—¿Puedo ayudarte? —le preguntó el chico en el registro. —No, no puedes —dijo Levi, empujando al hombre en la línea—. Yo me encargo de este —le sonrió él—. Cather. —Hola —dijo Cath, rodando los ojos. No había pensado que la había visto. —Mírate. Toda abrigada. ¿Qué son esos, suéter de piernas? —Son calentadores de piernas. —Estás usando al menos cuatro tipos diferentes de suéter. —Esto es una bufanda. —Te ves asfaltada y abrigada. —Lo entendí —dijo ella. —¿Solo pasaste por aquí para decir hola? —No —dijo. Él frunció el ceño. Ella rodó los ojos otra vez—. Vine por café. —¿De qué tipo? —Sólo café. Un café grande. —Hace frío afuera. Déjame hacerte algo bueno. Cath se encogió de hombros. Levi tomó una taza y comenzó a bombear jarabe en ella. Esperó en el otro lado de la máquina de café. —¿Qué estás haciendo esta noche? —preguntó él—. Deberías venir. Creo que vamos a tener una fogata. Reagan va a venir. —Me voy a casa —dijo Cath—. Omaha. —¿Sí? —le sonrió Levi. La máquina hizo un ruido silbante—. Apuesto a que tus padres están felices por eso. Cath se encogió de hombros de nuevo. Levi colmó de crema batida su bebida. Sus manos eran largas —y más gruesas que el resto de él, un poco nudosas, con cortas uñas cuadradas. —Ten un buen fin de semana —dijo, entregándole la bebida. —No he pagado aún. Levi levantó sus manos. —Por favor. Me insultas. —¿Qué es esto? —Ella se inclinó sobre la taza y respiró.

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—Mi propio brebaje, Calabaza Mocha Valiente, ligero sobre la mocha. No trates de pedírselo a cualquier otra persona, nunca resultará lo mismo. —Gracias —dijo Cath. Él le sonrió de nuevo. Y ella dio un paso hacia atrás en un estante lleno de tazas. —Adiós —dijo. Levi pasó a la siguiente persona, sonriendo tan amplio como siempre.

El aventón de Cath era una chica llamada Erin que había puesto un cartel en el piso del baño sobre volver dividiendo el combustible a Omaha. Todo lo que hablaba era de su novio que aún vivía en Omaha y quien probablemente estaba engañándola. Cath no podía esperar llegar a casa. Sintió una oleada de optimismo mientras corría por las escaleras de su casa. Alguien había rastrillado las hojas —personas que se quedaron despiertas toda la noche haciendo una montaña de puré de papas raramente tenían la serenidad para rastrillar las hojas. No es que su padre en realidad hiciera eso, la cosa del puré de papas. Eso no era su estilo en absoluto. Un poste de bombero al ático. Viajes en carretera por estímulos-delmomento. Quedarse despierto durante tres noches porque 8 descubrió Battlestar Galactica en Netflix... Ese era el MO para su locura. —¿Papá? La casa estaba oscura. Él debería estar en casa ya —dijo que vendría a casa temprano. —¡Cath! —Estaba en la cocina. Corrió a abrazarlo. Él la abrazó de vuelta como si lo necesitara. Cuando ella se apartó, le sonrió. Dichosos-losojos y todo. —Está oscuro aquí —dijo ella. Su padre miró a su alrededor como si acabara de llegar aquí.

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Modus Operandi.

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—Tienes razón. —Rodeó la planta principal, encendiendo las luces. Cuando empezó con las lámparas, Cath las apagó tras él. —Estaba trabajando en algo... —dijo. —¿Para el trabajo? —Para el trabajo —estuvo de acuerdo, distraídamente encendiendo una lámpara que ella acababa de apagar—. ¿Cómo te sientes acerca del Gravioli? —Me gusta. ¿Es eso lo que vamos a cenar? —No, eso es el cliente en el que estoy. —¿Ustedes tienen Gravioli? —Todavía no. Es una inclinación. ¿Cómo te sientes al respecto? —Sobre el Gravioli. —Sí... —golpeó los dedos medios de su mano izquierda contra su palma. —¿Me gusta la salsa? Y... ¿el ravioli? —Y eso te hace sentir... —Llena. —Eso es terrible, Cath. —Um... ¿feliz? ¿Indulgente? ¿Reconfortada? ¿Doblemente consolada porque estoy comiendo dos comidas reconfortantes a la vez? —Tal vez... —dijo. —Me pregunto qué otra cosa podría ser mejor con salsa. —¡Ah! —dijo—. Posible. Empezó a caminar lejos de ella, y sabía que él estaba buscando su cuaderno de bocetos. —¿Qué hay para cenar? —preguntó Cath. —Lo que quieras —dijo. Entonces se detuvo y se giró hacia ella como si estuviera recordando algo—. No. Camión de tacos. ¿Camión de tacos? —Sí. Estoy conduciendo. No he conducido en meses. ¿A cuál deberíamos ir? Vamos a ir a todos ellos. —Hay por lo menos siete camiones de tacos, solo en un radio de dos kilómetros. —Encendámoslo —dijo ella—. Quiero comer burritos desde ahora hasta el domingo por la mañana.

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Comieron sus burritos y vieron la televisión. Su padre escribió y Cath sacó su computadora. Wren debería estar aquí con su computadora, también, enviándole mensajes instantáneos a Cath en vez de hablar. Cath decidió enviarle un correo electrónico a Wren. Desearía que estuvieras aquí. Papá se ve bien. No creo que haya lavado los platos desde que nos fuimos, o que esté utilizando algún plato excepto vasos. Pero él está trabajando. Y no hay nada en pedazos. Y sus ojos están en sus ojos, ¿sabes? De todos modos, nos vemos el lunes. Mantente segura. Trata de no dejar que nadie te drogue. Cath fue a la cama a la una. Volvió a bajar a las tres para asegurarse de que la puerta principal estaba cerrada con llave, ella hacia eso a veces cuando no podía dormir, cuando las cosas no se sentían del todo bien o liquidadas. Su papá había empapelado el salón con titulares y bocetos. Estaba caminando alrededor de ellos ahora, como si estuviera buscando algo. —¿Cama? —le dijo. Le tomó unos segundos para que sus ojos descansaran en ella. —Cama —respondió, sonriendo suavemente. Cuando volvió a bajar a las cinco, él ya estaba en su habitación. Podía oír sus ronquidos.

Su papá se había ido cuando ella bajó las escaleras más tarde esa mañana. Cath decidió inspeccionar los daños. Los papeles en la sala habían sido clasificados en secciones. ―Cubos‖, los llamó. Estaban grapados en las paredes y las ventanas. Algunas piezas tenían otros papeles pegados a su alrededor, como si las ideas estuvieran explotando. Cath miró por encima de todas sus ideas y encontró un lápiz verde para protagonizar sus favoritos. (Ella era verde; Wren era roja.) La visión de eso —caótico, pero aún ordenado— la hizo sentir mejor. Estaba bien, un poco maniático. Un poco maniático pagó las cuentas y lo levantó por la mañana, él hizo magia cuando más lo necesitaba. —Fui mágico hoy, chicas —decía después de una gran presentación, y ambas sabían que eso significaba Red Lobster para la

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cena, con sus propias langostas y sus propios platos con velas calentadas de mantequilla derretida. Un poco maniática era como su casa corría. El duende girando oro en el sótano. Cath comprobó la cocina: el refrigerador estaba vacío. El congelador estaba lleno de comidas Healthy Choice y pasteles de carne de Marie Callender. Ella cargó el lavavajillas con vasos sucios, cucharas y tazas de café. El cuarto de baño estaba bien. Cath se asomó a la habitación de su padre y recogió más vasos. Había papeles por todas partes allí, ni siquiera en pilas. Montones de correos, la mayoría de ellos sin abrir. Se preguntó si él solo barrió todo a su habitación antes de que ella llegara a casa. No tocó nada más que los platos. Luego calentó una comida Healthy Choice, comió sobre el fregadero, y decidió volver a la cama. Su cama en casa era mucho más suave de lo que había apreciado. Y las almohadas olían muy bien. Y había extrañado todos sus posters de Simon y Baz. Había un recorte de tamaño completo de Baz, enseñando los colmillos y sonriendo, colgando de la barandilla de la cama con dosel de Cath. Se preguntó si Reagan lo toleraría en su dormitorio. Tal vez cabría en el armario de Cath.

Ella y su padre comieron cada comida ese fin de semana en un camión de tacos diferentes. Cath tenía carnitas y barbacoa, al pastor e incluso lengua. Comía todo bañado en salsa de tomatillo verde. Su padre trabajaba. Así que Cath trabajó con él, registrando más palabras en Carry on, Simon de lo que había escrito en semanas. El sábado por la noche, todavía estaba despierta a la una, pero hizo un gran espectáculo de ir a la cama, por lo que su padre también lo hizo. Luego se quedó despierta una o dos horas más, escribiendo. Se sentía bien estar escribiendo en su propia habitación, en su propia cama. Perderse en el mundo de los magos y mantenerse perdida. Para no oír ninguna voz en su cabeza excepto la de Simon y Baz. Ni siquiera la suya. Esto era el por qué Cath escribió el fic. Por estas horas, cuando su mundo suplantaba el mundo real. Cuando sólo ella podía montar sus sentimientos el uno al otro como una ola, como algo cayendo cuesta abajo.

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El domingo por la noche, toda la casa estaba cubierta de papel de dibujo, papel cebolla y papel de burritos. Cath comenzó otra carga de vasos y recogió toda la basura con el delicioso olor. Se suponía que debía encontrarse con su aventón en West Omaha. Su padre estaba esperando en la puerta para llevarla, sacudiendo las llaves del auto contra su pierna. Cath intentó tomar una imagen mental de él para tranquilizarse a sí misma más adelante. Tenía el pelo castaño claro, justo el color de Cath y Wren. Sólo su textura —demasiado grueso y recto. Una nariz redonda, sólo más ancha y más larga que las suyas. Cada ojo sin color, al igual que los suyos. Era como si él los tuviera todo el tiempo. Como si los tres acabaran de dividir su ADN equitativamente. Sería una imagen mucho más tranquilizadora si no luciera tan triste. Sus llaves estaban golpeando sus piernas, muy fuerte. —Estoy lista —dijo ella. —Cath... —La forma en que lo dijo hizo a su corazón hundirse—. Siéntate, ¿de acuerdo? Hay algo que necesito decirte realmente rápido. —¿Por qué tengo que sentarme? No quiero tener que sentarme. —Sólo… —hizo un gesto hacia la mesa del comedor—... por favor. Cath se sentó a la mesa, tratando de no apoyarse en sus papeles o respirarlos en el desorden. —No quise guardar esto... —dijo. —Sólo dilo —dijo Cath—. Me estás poniendo nerviosa —peor que nerviosa, su estómago se retorció hasta su tráquea. —He estado hablando con tu madre. —¿Qué? —Cath habría estado menos sorprendida si le hubiera dicho que estaba hablando con un fantasma. O un yeti—. ¿Por qué? ¿Qué? —No por mí —dijo rápidamente, como si saber eso de volver a estar juntos fuera una perspectiva horrorosa—. Sobre ti. —¿Yo? —Tú y Wren. —Detente —dijo ella—. No hables con ella sobre nosotras. —Cath... ella es tu madre. —No hay ninguna evidencia para apoyar eso. —Sólo escucha, Cath, ni siquiera sabes lo que voy a decir. Cath estaba empezando a llorar.

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—No me importa lo que vas a decir. Su padre decidió simplemente seguir hablando. —A ella le gustaría verte. A ella le gustaría conocerte un poco mejor. —No. —Cariño, ella ha pasado por mucho. —No —dijo Cath—. Ella no ha pasado nada —era cierto. Lo que sea, la madre de Cath no estaba allí por eso—. ¿Por qué estamos hablando de ella? Cath podía oír las llaves de su padre golpeando contra su pierna de nuevo, golpeando la parte inferior de la mesa. Necesitaba a Wren aquí y ahora. Wren no se retuerce. O llora. Wren no le permitiría seguir hablando de esto. —Ella es tu madre —dijo—. Y creo que deberías darle una oportunidad. —Lo hicimos. Cuando nacimos. Ya he terminado de hablar acerca de esto. —Cath se levantó muy rápido y un montón de papeles revolotearon fuera de la mesa. —Tal vez podamos hablar más sobre esto en Acción de Gracias — dijo él. —Tal vez no podamos hablar de eso, así no arruinamos Acción de Gracias, ¿vas a decirle a Wren? —Ya lo hice. Le envié un correo electrónico. —¿Qué te dijo? —No mucho. Dijo que lo pensaría. —Bueno, yo no estoy pensando en eso —dijo Cath—. Ni siquiera puedo pensar en eso. Se levantó de la mesa y empezó a recoger sus cosas, necesitaba algo para agarrarse. No debería haber hablado con ellas de esto por separado. No debería haber hablado con ellas sobre esto en absoluto.

El viaje hasta West Omaha con su papá fue miserable. Y el viaje de regreso a Lincoln sin él fue peor.

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Nada iba bien. Habían sido atacados por un woodfoul cresta venenosa. Y entonces se habían escondido en la cueva con las arañas y lo que fuera esa cosa que había mordido el zapato de tenis de Simon, posiblemente una rata. Y luego Baz había tomado la mano de Simon. O tal vez Simon había tomado la mano de Baz... De todos modos, era totalmente perdonable debido a los woodfoul y arañas y ratas. Y a veces necesitas sostener la mano de alguien sólo para demostrar que todavía estás vivo, y que otro ser humano estaba allí para dar testimonio de este hecho. Habían regresaron a la fortaleza de esa manera, mano a mano. Y habría estado bien —habría estado mayormente bien— si solo uno de ellos lo dejara. Si no hubieran estado allí, en el borde del Gran Jardín, sosteniendo este pedacito de cada uno, mucho tiempo después de que el peligro había pasado. —De ―La Idea Equivocada‖, publicado en enero del 2010 por FanFixx.net, autor Magicath

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10 Traducido por Sofí Fullbuster Corregido por Paltonika

97 La profesora Piper no terminó de calificar las escenas de narradores poco confiables, lo que puso a Nick irritado y paranoico, pero quería que todos comenzaran a trabajar en su proyecto final, una historia corta de diez mil palabras. —No lo dejen para la noche anterior —dijo, sentándose en el escritorio y balanceando las piernas—. Lo van a leer como lo escribieron la noche anterior. No estoy interesada en una lluvia de ideas. Cath no sabía cómo iba a hacer para que todo se mantuviera en orden dentro de su cabeza. El proyecto final, las tareas de escritura semanales, encabezando todas sus otras tareas para las demás clases. Todas las lecturas, todos los escritos. Los ensayos, las justificaciones, los reportes. Además de los martes y a veces jueves escribiendo con Nick. Al mismo tiempo Carry On. Más los correos, notas y comentarios… Se sentía como si estuviera nadando en palabras. A veces, ahogándose en ellas. —¿Alguna vez te has sentido… —le preguntó a Nick un martes por la noche—, como si fueras un agujero negro… un agujero negro invertido? —¿Algo que sopla en vez de chupar? —Algo que succiona —trató de explicar. Se encontraba sentada en su mesa, ubicada entre las estanterías, con la cabeza descansando en la mochila. Podía sentir el viento en el cuello—. Un agujero negro invertido de palabras. —Así que el mundo está chupándote hasta secarte —dijo—. El lenguaje. —No secar. No aún. Pero las palabras están fluyendo fuera de mí demasiado rápido y no sé de dónde vienen. —Tal vez has pasado tus excedentes —dijo gravemente—, y ahora están hechos de huesos y sangre. —Ahora están hechos de respiraciones —respondió.


Nick la miró, sus cejas uniéndose en una gruesa línea. Sus ojos eran de un color que no puedes ver en el arco iris. Índigo. —No —dijo—. Nunca me he sentido así. Se rió y sacudió la cabeza. —Las palabras están saliendo de mí como las telarañas de SpiderMan. —Nick extendió las manos y tocó con los dedos índices sus palmas—. Fffffssh. Cath trató de no reírse, por en su lugar, bostezó. —Vamos —dijo Nick—, es medianoche. Recogió sus libros. Nick siempre tomaba el computador portátil. Era su computador portátil después de todo, y trabajaba en su historia entre las citas de la biblioteca. (O encuentros o lo que sea que eso fuera). Cuando salieron, hacía mucho más frío de lo que esperaba. —Te veo mañana —dijo Nick mientras se alejaba—. Tal vez Piper tenga tus papeles listos. Cath asintió y sacó el teléfono para llamar a su habitación. —Hola —dijo alguien suavemente. Saltó. Era Levi, inclinado contra la farola como el arquetípico ―Hombre inclinado contra la farola‖. —Siempre terminan a medianoche. —Sonrió—. Creí que sería mejor si llegaba antes. Hace demasiado frío como para estar esperando aquí. —Gracias —dijo, caminando más allá de él, hacia los dormitorios. Levi permanecía inusualmente silencioso. —Así que, ¿ese es tu compañero de estudios? —preguntó una vez que se iban a medio camino del Pound. —Sí —dijo Cath contra su bufanda. Sentía la respiración, húmeda y helada en la lana—. ¿Lo conoces? —Lo he visto. Cath permaneció en silencio. Hacía demasiado frío como para hablar, y se sentía más cansada de lo habitual. —¿Alguna vez se ha ofrecido para llevarte a casa? —Nunca se lo he pedido —dijo Cath silenciosamente—. Nunca te lo he pedido tampoco. —Cierto —dijo Levi. Más silencio. Más frío.

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El aire aguijoneó la garganta de Cath cuando finalmente habló de nuevo. —Así que tal vez no deberías hacerlo. —No seas ridícula —dijo Levi—. Ese no era mi punto.

La primera vez que vio a Wren esa semana, en el almuerzo con Courtney, todo lo que Cath podía pensar era: Así que así es como luces cuando estás ocultándome un colosal secreto… como siempre. Se preguntó si su hermana alguna vez iba a decirle sobre… lo que su padre le comentó. Se preguntó cuántas otras cosas importantes no le decía. Y, ¿cuándo había comenzado? ¿Cuándo comenzó a filtrar lo que le decía a Cath? No puedo hacer esto, pensó Cath, no puedo ocultar secretos. Pero ella no tenía ningún secreto, y no quería ocultarle nada a su hermana. No cuando se sentía tan bien, tan fácil, saber que cuando se encontraba con Wren, no tenía que preocuparse de que desconociera las cosas. Siguió esperando una oportunidad para hablar con ella sin que estuviera Courtney, pero siempre estaba alrededor. Y siempre hablando de las cosas más locas posibles. Como si su vida fuera una audición para un reality show de MTV. Finalmente, después de unos pocos días, Cath decidió caminar a clases con su hermana después del almuerzo, aunque esto podría hacerla llegar tarde. —¿Qué sucede? —preguntó Wren tan pronto como Courtney hizo su alegre camino a la clase de Economía. Comenzaba a nevar… una húmeda nevada. —Ya sabes que fui a casa el pasado fin de semana… —dijo Cath. —Sí. ¿Cómo está papá? —Bien… realmente bien. Está lanzando Gravioli. —¿Gravioli? Eso es grande. —Lo sé. Parecía estar metido en ello. Y no sucedió nada más, quiero decir, todo parecía bien. —Te dije que no nos necesitaba —dijo Wren. Cath resopló. —Obviamente nos necesita. Si tuviera un gato, el hombre tendría un día pésimo lejos de la película Grey Gardens. Creo que come todas sus comidas en QuickTrip, y está durmiendo en el sofá.

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—Creí que dijiste que se encontraba bien. —Bueno. Para ser papá, está haciéndolo bien. Deberías venir a casa conmigo la próxima vez. —La próxima vez será el Día de Acción de Gracias. Creo que estaré allí. Cath se detuvo. Casi se encontraba en la siguiente clase de Wren, y no podía evitar más la peor parte. —Papá me dijo… que ya te contó… Wren exhaló como si supiera lo que se acercaba. —Sí. —Dijo que pensabas en ello. —Sí. —¿Por qué? —Cath trató realmente duro de no decirlo de forma quejumbrosa. —Porque —Wren reacomodó su mochila—, porque ella es nuestra mamá. Y estoy pensando en ello. —Pero… —No era que no pudiera pensar en un argumento. Sino que tenía demasiados. Los argumentos en su cerebro eran como una multitud de personas intentando salir de un edificio en llamas y estancándose en la puerta—. Pero sólo lo arruinará todo. —Ya arruinó todo —dijo Wren—. No es como si pudiera dejarnos de nuevo. —Sí. Puede. Wren sacudió la cabeza. —Sólo voy a pensarlo. —¿Me dirás si decides algo? Su hermana frunció el ceño. —No te lo diré si vas a enojarte. —Tengo derecho a enojarme por cosas tristes. —No me gusta —dijo Wren, mirando más allá de Cath, hacia la puerta—. Voy a llegar tarde. También Cath.

—Ya somos compañeros de cuartos —discutió Baz—. No debería tener que ser su compañero de laboratorio también. Está pidiéndome que asuma más que mi parte justa del protagonismo del chico de mejillas sonrojadas.

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Cada chica en el laboratorio permanecía sentada al borde de su banco, lista para tomar el lugar de Baz. —Es suficiente sobre mis mejillas —murmuró Snow, sonrojándose heroicamente. —Sinceramente, profesor —dijo Baz, agitando su varita hacia Snow de una forma que decía: Sólo míralo. Snow cogió el final de la varita y la apuntó hacia el suelo. El profesor Chilblains permaneció indiferente. —Siéntese, señor Pitch. Está desperdiciando el preciado tiempo en el laboratorio. Baz puso bruscamente sus libros en el puesto de Snow. Snow se puso las gafas de seguridad y las ajustó, lo que no hizo nada para atenuar sus azulados ojos o desafilar su mirada. —Que conste —se quejó Snow—. No quiero pasar más tiempo contigo tampoco. Chico estúpido… Baz suspiró para sí mismo, fijándose en los tensos hombros de Snow, el sonrojo de ira en su cuello y la abundante caída de cabello color bronce parcialmente atrapado en sus gafas... ¿Qué es lo que sabes sobre querer? —De ―Las Cinco Veces Que Baz Fue A Química y Una No‖, publicado en Agosto del 2009 por los autores de FanFixx.net: Magicath y Wrenegade.

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11 Traducido por Sofí Fullbuster & Blaire2015 Corregido por Marie.Ang

102 El pasillo estaba en perfecto silencio. Todos los que vivían en Pound Hall se encontraban en algún lugar más, divirtiéndose. Cath miró la pantalla de su ordenador y escuchó la voz de la profesora Piper en su cabeza de nuevo. Siguió esforzándose por recordar toda la conversación, repitiéndola y repitiéndola, en cada momento, forzando un dedo en la garganta de su memoria. Hoy, al comienzo de la clase, la profesora Piper les había entregado sus escenas con narradores informales. A todos excepto a Cath. — Hablaremos después de clases, ¿está bien? —le dijo la profesora con esa gentil y honesta sonrisa que tenía. Cath había pensado que esa excepción debía ser algo bueno, que a la profesora Piper realmente le debía haber gustado su historia. A ella realmente le gustaba Cath, lo podías decir porque conseguía más de esas suaves sonrisas que el resto de la clase. Con creces, más que Nick. Y esa escena era la mejor que Cath había escrito en todo el semestre; lo sabía. Tal vez la profesora Piper quería hablar sobre ello con más detalles, o tal vez iba a decirle que tomara su clase avanzada el próximo semestre. (Tenías que tener permiso especial para registrarte). O tal vez sólo… algo bueno. Algo. —Cath —dijo la profesora Piper cuando todos los demás se habían ido y Cath se encontraba de pie frente a su escritorio—. Siéntate. La sonrisa de la profesora Piper era más suave que nunca, pero todo estaba mal. Sus ojos se veían tristes y apenados, y cuando le tendió a Cath su informe, había una pequeña y roja F escrita en la esquina. La cabeza de Cath se alzó de golpe. —Cath —dijo la profesora Piper—, no sé qué hacer con esto. Realmente no sé qué estabas pensando… —Pero… —dijo Cath—, ¿es así de malo? —¿Podía su escena realmente haber sido peor que la de los demás?


—Malo o bueno, ese no es el punto. —La profesora Piper sacudió la cabeza y su largo y salvaje cabello se balanceó de un lado al otro—. Esto es plagio. —No —dijo Cath—. Lo escribí yo. —¿Lo escribiste tú? ¿Eres la autora de Simon Snow y el Heredero de Mage? —Por supuesto que no. —¿Por qué la profesora decía eso? —Esos personajes, todo este mundo pertenece a alguien más. —Pero la historia es mía. —Los personajes y el mundo hacen la historia —dijo la mujer más vieja, como si estuviera suplicando que Cath entendiera. —No necesariamente… —Cath podía sentir cuán rojo estaba su rostro. Su voz estaba rompiéndose. —Sí —dijo la profesora Piper—. Necesariamente. Si te pidieron que escribieras algo original, no puedes robarle la historia a alguien más y reorganizar a los personajes. —No es robar. —¿Cómo lo llamarías entonces? —Pedir prestado —dijo Cath, odiando estar discutiendo con la profesora Piper, ni siquiera quería que la mirada en su rostro fuera así de fría y cerrada, pero no era capaz de detenerse—. Rediseñar. Rejuntar. Probar. —Robar. —No es ilegal. —Todos los argumentos le llegaban fácilmente a Cath; todo era una justificación para el fanfiction—. No son mis personajes, pero tampoco estoy tratando de venderlos. La profesora Piper siguió sacudiendo la cabeza, más decepcionada de lo que había lucido minutos atrás. Pasó las manos a lo largo de sus pantalones. Sus dedos eran pequeños y en uno de ellos llevaba un gran y angosto anillo color turquesa que sobresalía cerca de su nudillo. —Aunque sea legal, es difícilmente pertinente. Te pedí que escribieras una historia original, a ti, y no hay nada original allí. —No creo que usted entienda —dijo Cath. Salió más como un lloriqueo. Miró hacia su regazo, avergonzada, y vio la roja F de nuevo. —No creo que tú entiendas, Cath —dijo la profesora, su voz deliberadamente calmada—. Y realmente quiero que lo hagas. Esto es una Universidad, lo que hacemos aquí es real. Te permití entrar a un curso

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superior, y hasta aquí, me has impresionado enormemente. Pero este fue un error inmaduro, y lo que tienes que hacer ahora es aprender de él. Cath mantuvo la boca cerrada. Aún quería discutir. Había trabajado duro en esa tarea. La profesora Piper siempre les decía que escribieran lo que estuviera más cerca de su corazón, y no había nada más cercano a su corazón que Baz y Simon… Pero Cath asintió y se levantó. Incluso se las arregló para decir un tímido ―Gracias‖ mientras salía de la sala. Pensar en ello de nuevo hacía que la piel en el rostro de Cath se sintiera como si estuviera ardiendo. Miró hacia el carboncillo de Baz fijado detrás de su laptop. Se encontraba sentado sobre un oscuro trono tallado, un brazo encima de su pierna y la cabeza inclinada hacia delante con un lánguido desafío. El artista había escrito en la parte inferior de la página con perfecta caligrafía: ¿Quién serías sin mí, Snow? Un virgen de ojos azules que nunca ha lanzado un puñetazo. Y debajo de eso: El inimitable Magicath. Cath cogió su teléfono de nuevo. Había llamado a Wren al menos seis veces desde que se fue de clases. Cada vez, la llamada iba directo al buzón de voz. Cada vez, Cath se preocupaba más. Si pudiera hablar con Wren, se sentiría mejor. Wren la entendería, probablemente. Había dicho todas esas cosas malas sobre Baz y Simon hacía semanas. Pero había estado bebiendo. Si Wren supiera cuán molesta se sentía Cath en ese momento, no se comportaría mal. La entendería. La haría sentirse bien, Wren era realmente buena en ello. Si Wren estuviera allí… Cath se rió. Lo que salió como un lloriqueo. (¿Qué mierda? Pensó Cath, ¿por qué todo está saliendo como un lloriqueo?) Si Wren estuviera allí, haría una Fiesta de Emergencia con Kanye. Primero se pararía sobre la cama. Ese era el protocolo en casa. Cuando las cosas eran demasiado intensas —como cuando Wren descubrió que Jesse Sandoz la engañaba; cuando Cath se molestó porque su jefe en la librería creía que no sonreía lo suficiente; cuando su padre actuaba como un zombi y no se detenía— una de ellas se paraba sobre la cama y pretendía mover una palanca imaginaria, algo así como un switch en el aire, gritando—: ¡Fiesta de Emergencia con Kanye! Y entonces era el trabajo de la otra persona correr hacia la computadora y reproducir la lista de reproducción: ―Emergencia Kanye‖. Y luego ambas saltaban y bailaban, gritando las letras de las canciones de Kanye West hasta que se sentían mejor. A veces tomaba un tiempo…

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Estoy autorizada a armar a una Fiesta de Emergencia con Kanye, pensó Cath, riéndose de nuevo. (Esta vez salió suavemente, pero pareciendo más como una risa). No es como si necesitase un quórum. Alcanzó su laptop y abrió la lista de reproducción de Kanye. Había altavoces portátiles en uno de sus gabinetes. Los sacó y los conectó. Luego subió el volumen al máximo. Era viernes por la noche; no había nadie en el edificio, tal vez ni siquiera en el campus, a quien pudiera molestar. Fiesta de Emergencia con Kanye. Cath se subió a la cama para anunciarlo, pero permaneció en silencio. Se sentía tonta. Y patética. (¿Había algo más patético que una fiesta de baile de una persona?) Se paró frente a los altavoces en su lugar y cerró los ojos, sin bailar realmente, únicamente balanceándose y susurrando las canciones. Después del primer verso, se encontraba bailando. Kanye siempre conseguía meterse bajo su piel. Era el antídoto perfecto para cualquier frustración. Para cuando estaba lo suficientemente enojada, indignada o del tipo el-mundo-nunca-sabrá-cuán-ridículamente-maravillosa-soy. Lo suficientemente poeta. Con los ojos cerrados, Cath casi podía pretender que Wren estaba bailando al otro lado de la habitación, sujetando una réplica de la varita de Simon Snow como micrófono. Después de unas cuantas canciones, Cath ya no necesitaba pretender. Si alguno de sus vecinos se encontrara en casa, la habrían escuchado gritar las canciones. Cath bailó. E hizo rap. Y bailó. Y eventualmente, alguien estaba golpeando la puerta. Maldita sea. Tal vez los vecinos sí están en casa. Abrió la puerta sin mirar y bajarle el volumen a la música, (Kanye fastidiaba sus pensamientos), pero lista para disculparse. Era Levi. —¡Reagan no está aquí! —gritó Cath. Levi dijo algo, pero no lo suficientemente alto. —¿Qué? —gritó. —¿Entonces quién está aquí? —gritó Levi, sonriente. Levi. Siempre sonriente. Llevando una camisa de franela escocesa con las mangas desabotonadas en las muñecas. Ni siquiera tenía confianza para vestirse a sí mismo—. ¿Quién está allí, escuchando rap?

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—Yo —dijo Cath. Estaba jadeando. Trató de no jadear. Se inclinó hacia ella así no tendría que gritar. —No puedo creer que te guste este tipo de música, Cather. Siempre pensé que te iba la música sombría y alternativa. —Estaba burlándose de ella; y sólo las emergencias genuinas tenían permitido interrumpir la Fiesta de Emergencia con Kanye. —Vete. —Cath comenzó a cerrar la puerta. Levi la detuvo con una mano. —¿Qué estás haciendo? —dijo, riéndose y cabeceando en el ―haciendo‖. Sacudió la cabeza porque no podía pensar en algo razonable para decir. Y porque no importaría de todas formas; Levi nunca era razonable. —Fiesta de baile de emergencia… Vete. —Oh, no —dijo Levi, empujando la puerta y deslizándose en el interior. Era demasiado delgado. Y alto. Cath cerró la puerta detrás de él. No había ningún protocolo para esto. Habría llamado a Wren para consultarle si hubiera alguna probabilidad de que contestara el teléfono. Levi se paró frente a Cath, su rostro serio (por una vez, en serio, por una vez), su cabeza moviéndose de arriba abajo deliberadamente. — Así que —dijo en voz alta—, ¿una fiesta de baile de emergencia? Cath asintió. Y asintió. Y asintió. Levi también asintió. Y luego Cath comenzó a reír, rodándole los ojos mientras movía las caderas de un lado al otro. Sólo un poco. Y entonces sus hombros. Y luego estaba bailando de nuevo. Más tensa que antes —sus rodillas y codos apenas se movían—, pero bailando. Cuando miró de nuevo a Levi, estaba bailando también. Exactamente de la forma en que lo habría imaginado si alguna vez lo hubiera hecho. Demasiado lento y suelto, pasando los dedos por su cabello. (Amigo, ya lo entendimos. Eres bueno). Sus ojos brillaban con absoluta alegría. Haciendo que las luces lucieran tenues. Cath no podía dejar de reír. Levi atrapó su mirada y se rió también. Y entonces estaba bailando con ella. No cerca ni nada. Ni siquiera cerca, en realidad, sólo la miraba, moviéndose con ella. Y luego Cath estaba bailando con él. Mejor que él, lo que era lindo. Se dio cuenta de que mordía su labio inferior y se detuvo.

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Comenzó a hacer rap en su lugar. Cath se sabía esas canciones al revés y al derecho. Levi arqueó las cejas y sonrió. Se sabía el coro, por lo que rapeó junto a ella. Bailaron hasta la próxima canción, y luego hasta la otra y la siguiente. Levi caminó hacia ella, tal vez ni siquiera lo hizo adrede, pero Cath se subió a su cama de todas formas. Él se rió y saltó en la de Reagan, prácticamente golpeando su cabeza contra el techo. Siguieron bailando juntos, imitando los ridículos movimientos del otro, balanceándose al final de las camas… Era casi como bailar con Wren. (Por supuesto, no era así. Realmente, realmente no era así). Y entonces la puerta se abrió. Cath se alejó de golpe y cayó sobre su colchón, balanceándose y cayendo al suelo. Levi estaba riéndose tan fuerte que tuvo que afirmarse de la pared con ambas manos. Reagan entró y dijo algo, pero Cath no consiguió escucharlo. Alcanzó su escritorio y cerró la laptop, deteniendo la música. La risa de Levi resonaba en el repentino silencio. Cath estaba completamente sin aliento, ya que había aterrizado mal. —¿Qué. Demonios? —dijo Reagan, más pasmada que enojada, o al menos Cath no creía que luciera enojada. —Fiesta de baile de emergencia —dijo Levi, bajando de un salto de su cama y estirándose para ayudar a Cath. Se afirmó en el escritorio y se levantó. —¿Estás bien? —preguntó Levi. Sonrió y asintió. —¿Conocías esto de Cather? —le dijo Levi a Reagan, su rostro aún brillando con diversión—. Escupe fuego. —Sí, bueno, todo ha sido así hoy —dijo Reagan, dejando su bolsa en el suelo y sacándose los zapatos—. Hay mierda rara en cada esquina. Voy a salir. ¿Vienes? —Seguro. —Levi se volvió hacia Cath—. ¿Tú vienes? Reagan miró a Cath y frunció el ceño. Cath sintió algo pegajoso floreciendo en su estómago de nuevo. Tal vez la escena con la profesora Piper estaba repitiéndose. O tal vez no debería haber estado bailando con el novio de su compañera de cuarto. —Deberías venir —dijo Reagan. Parecía sincera.

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Cath tiró del dobladillo de su camiseta. —Nah. Ya es tarde. Voy a escribir… —Alcanzó su teléfono y lo revisó. Tenía un mensaje nuevo, de Wren. En Muggy’s. ¡VEN AHORA! 911. Cath revisó la hora; Wren le había escrito hacía veinte minutos, mientras ella y Levi bailaban. Puso el móvil en el escritorio y comenzó a ponerse las botas encima de los pantalones de su pijama. —¿Está todo bien? —preguntó Levi. —No lo sé… —Cath sacudió la cabeza. Se sentía avergonzada de nuevo. Y asustada. Su estómago parecía estar emocionado al tener algo nuevo que malinterpretar—. ¿Qué es Muggy‘s? —Es un bar —dijo Levi—. Cerca del East Campus. —¿Cuál es el East Campus? Levi la bordeó y cogió su móvil. Frunció el ceño hacia la pantalla. — Te llevaré. Tengo mi auto. —¿A dónde la llevarás? —preguntó Reagan. Levi le lanzó el teléfono de Cath mientras se ponía el abrigo—. Estoy segura de que está bien —dijo Reagan, mirando el mensaje—. Probablemente sólo ha bebido demasiado. Es el comportamiento obligatorio de un novato. —Aun así tengo que ir a buscarla —dijo Cath, cogiendo su móvil. —Por supuesto que sí —estuvo de acuerdo Levi—. El 911 es el 911. — Miró a Reagan—. ¿Vienes? —No si no me necesitas. Se supone que nos encontraríamos con Anna y Matt… —Te alcanzaré más tarde —dijo Levi. Cath ya estaba de pie junto a la puerta. —Tu hermana está bien Cath —dijo Reagan, casi (pero no totalmente) suavemente—. Sólo está actuando como una persona normal.

El auto de Levi era una camioneta. Una grande. ¿Cómo podía costearse la gasolina? Cath no quería ninguna ayuda para subirse, pero el estribo no estaba —lo que la hacía una camioneta de mierda, se dio cuenta— y habría tenido que subir a cuatro patas si Levi no hubiera cogido su codo.

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La cabina olía como a gasolina y a granos de café tostados. El cinturón de seguridad estaba atascado, pero se las arregló para abrocharlo. Levi saltó en su asiento suavemente y le sonrió. Estaba tratando de ser alentador, se dio cuenta Cath. —¿Cuál es el East Campus? —preguntó. —¿En serio? —¿Por qué no estaría hablando en serio ahora mismo? —Es la otra parte del campus —dijo—. ¿Donde está la Escuela Ag? Cath se encogió de hombros impacientemente y miró por la ventana. Había estado cellisqueando desde la tarde. Las luces parecían húmedas manchas en las calles. Afortunadamente, Levi conducía lento. —Y la escuela de derecho —dijo—. También están los dormitorios y una perfectamente adecuada bolera. Y una lechería. En serio, ¿nada de eso te suena? Cath dejó que su cabeza descansara contra el vidrio. El calefactor de la camioneta aún soltaba aire frío. Había pasado media hora desde que recibió el mensaje. Media hora desde el 911. —¿Cuán lejos está? —A unos cuantos kilómetros. A diez minutos de aquí, tal vez más debido al agua. El East Campus es donde se hacen casi todas mis clases… Cath se preguntó si Wren estaba sola. ¿Dónde se encontraba Courtney? ¿No se suponía que saldrían juntas? —Hay un museo —dijo Levi—. Y un centro educacional internacional de colchas. Y la comida en el hall de las residencias es espectacular… Estaba equivocada. Tener una hermana gemela se suponía que tenía que ser como tener tu propio observador. Tu propio guardián. Mejores Amigos Incorporados; su padre les había comprado camisetas que decían eso para su cumpleaños número trece. Aún las utilizaban de vez en cuando (aunque nunca al mismo tiempo), era divertido. O irónico, lo que sea. ¿Cuál es el punto de tener una hermana gemela si no permites que cuide de ti? ¿Si no dejas que pelee por ti? —El East Campus es mucho mejor que el City Campus. Y ni siquiera sabes que existe. La luz enfrente se volvió roja, y Cath sintió los neumáticos girar debajo de ellos. Levi cambió de marchas, y la camioneta se detuvo de forma perfecta.

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Tuvieron que aparcar a varios metros del bar. Toda en la calle era bar, bloques y bloques de ellos. —No van a dejarme entrar —dijo Cath, deseando que Levi caminara más rápido—. Soy menor de edad. —En Muggy‘s nunca revisan tu identificación. —Ni siquiera he estado en un bar. Una docena de chicas salieron por la puerta frente a ellos. Levi agarró la manga de Cath y la empujó fuera del camino. —Lo sé —dijo—. Está bien. —No está bien —dijo Cath, más para sí misma que para Levi—. Si estuviera bien, no me necesitaría. Levi tiró de su manga de nuevo y abrió una pesada y oscura puerta sin ventanas. Cath miró la señal de neón encima de sus cabezas. Sólo las letras UGGY‘S y un trébol de cuatro hojas brillaban. Había un gran tipo sentado en un taburete, leyendo el Diario de Nebraska con una linterna. Alzó la luz hacia Levi y sonrió. —Hola, Levi. Levi sonrió de regreso. —Hola, Yackle. Yackle abrió una segunda puerta con una mano, sin siquiera mirar a Cath. Levi lo palmeó en el brazo mientras lo pasaban. Estaba oscuro y abarrotado el interior del bar, las personas presionadas hombro a hombro. Había una banda tocando en una plataforma del tamaño de un sofá cerca de la puerta. Cath miró a su alrededor, pero no podía ver más allá de la multitud de cuerpos. Se preguntó dónde se encontraba Wren. ¿Dónde había estado Wren hace cuarenta y cinco minutos? ¿Escondiéndose en el baño? ¿Apretujada contra una pared? ¿Se había enfermado, desmayado? Le sucedía a veces… ¿Quién había estado aquí para ayudarla? ¿Quién la había lastimado? Cath sintió la mano de Levi en su codo. —Vamos —dijo. Se movieron más allá de una mesa llena de gente bebiendo chupitos. Uno de los tipos chocó contra Cath, y Levi lo apartó con una sonrisa.

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—¿Vienes a pasar el rato aquí? —le preguntó Cath cuando pasaron la mesa. —Sí, cuando hay alguna banda tocando. Levi y ella se desplazaron más allá de la plataforma, más cerca de la barra. Un movimiento cerca de la pared llamó la atención de Cath, la forma en que alguien se arreglaba el cabello. —Wren —dijo Cath, caminando rápidamente hacia ella. Levi sujetó su brazo y se puso delante de ella, tratando de despejar el camino. —¡Wren! —gritó Cath sobre la multitud, antes de que estuviera incluso lo suficientemente cerca como para que Wren la escuchara. El corazón de Cath latía apresuradamente. Trató de fijarse en lo que sucedía alrededor de Wren: un tipo estaba de pie delante de ella, sus brazos enjaulándola contra la alfombrada pared. —¡Wren! —Cath apartó uno de los brazos del tipo, y él retrocedió, desconcertado—. ¿Estás bien? —¿Cath? —Wren sostuvo una oscura botella de cerveza a medio camino hacia su boca como si su brazo se hubiera estancado allí—. ¿Qué estás haciendo aquí? —Me dijiste que viniera. Wren resopló. Su rostro estaba sonrojado, y tenía los párpados caídos debido al alcohol. —No te he dicho nada. —Me enviaste un mensaje —dijo Cath, mirando con el ceño fruncido al enorme tipo hasta que retrocedió—. Ven a Muggy‘s. 911. —Mierda. —Wren sacó el teléfono de sus vaqueros y miró hacia él. Tuvo que mirarlo por un segundo antes de que pudiera centrarse—. Eso era para Courtney. C equivocada. —¿C equivocada? —Cath se congeló, luego lanzó las manos hacia el aire—. ¿Estás de broma? —Hola—dijo alguien. Ambas se giraron. Un tipo que parecía de una fraternidad estaba a un pie de distancia, asintiendo hacia ellas. Frunció los labios y sonrió. — Gemelas. —Vete a la mierda —dijo Wren, volviéndose hacia su hermana—. Mira, lo siento... —¿Estás en problemas? —preguntó Cath. —No —dijo Wren—. No, no, no... —Bastante caliente —dijo el tipo.

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—¿Entonces por qué el 911? —demandó Cath. —Porque quería que Courtney viniera rápido —Wren agitó su botella de cerveza hacia el escenario—. El tipo que le gusta está aquí. —Amigo, échale un vistazo. Gemelas calientes. —¡911 es para emergencias! —gritó Cath. Estaba tan ruidoso aquí, que tenías que gritar, lo que hacía demasiado fácil perder la paciencia. —¿De verdad crees que eso es apropiado? —Cath escuchó a Levi decir en su voz sonriente-para-extraños. —Follarse gemelas, hombre. Eso es la fantasía, ¿cierto? —Cálmate, Cath —dijo Wren, frotándose los ojos con el dorso de su mano—. No como que en realidad llamé al 911. —Te das cuenta de que son hermanas, ¿verdad? —dijo Levi, su voz cada vez más dura—. Estás hablando de incesto. El tipo rió. —No, estoy hablando de comprarles bebidas hasta que empiecen a liarse. —¿Eso pasa contigo y con tu hermana? —Levi se apartó de Cath, acercándose al tipo y su amigo—. ¿Quién coño te ha educado? —Levi, no lo hagas. —Cath tiró de la chaqueta de él—. Esto sucede todo el tiempo. —¿Eso ocurre todo el tiempo? —Sus cejas se alzaron y se volvió hacia el tipo... —Estas dos chicas tienen padres. Ellas tienen un padre. Y nunca debería tener que preocuparse de cómo van a terminar en un bar, degradadas por algún pervertido que todavía se masturba con videos de Girls Gone Wild9. Eso no es algo de lo que un padre debería tener que pensar. El tipo pervertido no estaba prestando atención. Miraba lascivamente a Cath y a Wren por encima del hombro de Levi. Wren se dio la vuelta, y el arqueó su labio de nuevo. Levi se acercó a la mesa del tipo. —No tienes que mirarlas de esa forma, solo porque se parecen. Jodido pervertido. Otro tipo de la fraternidad se acercó, llevando tres cervezas, y los miró. Sonrió cuando vio a Cath y Wren. —Gemelas. —Jodida fantasía —dijo el primer tipo.

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Entonces, antes de que nadie lo viera venir, el chico de pie junto a Wren, el más grande, que había estado enjaulándola, caminó pasando a Levi y golpeó al ebrio pervertido justo en la barbilla. Levi miró hacia el tipo grande y sonrió, dándole una palmada en el hombro. —¡Jandro! Los amigos del pervertido estaban ayudándolo en el suelo. Levi tomó la manga de Cath y comenzó a empujar a Jandro en la multitud. Jandro arrastró a Wren detrás de él. —Vamos —dijo Levi—. Fuera, fuera, fuera. Cath podía oír las maldiciones que el pervertido estaba gritando detrás de ellos. —¡Vete a la mierda, Flores en el Ático10! —gritó Levi de vuelta. Prácticamente cayeron por la puerta principal. El gorila se puso de pie. —¿Todo bien, Levi? —Borrachos —dijo Levi, sacudiendo su cabeza. Yackle regresó al bar. Wren ya estaba fuera en la acera, gritándole al tipo grande. A Jandro. ¿Era su cita, Cath se preguntó, o solo alguien que lanzó un puñetazo por ella? —No puedo creer que hayas hecho eso —dijo Wren—. Te podrían haber arrestado. —Lo golpeó en el brazo, y él la dejó. Levi golpeó el otro brazo de Jandro en un tipo de saludo. Eran de la misma estatura, pero Jandro era más fornido, un chico de pelo oscuro, probablemente mexicano, pensó Cath, vistiendo una camiseta roja a cuadros. —¿Quién va a ser arrestado? —preguntó alguien. Cath se dio la vuelta. Courtney. Pisando fuerte hacia ellos en sus tacones rosas de doce centímetros—. ¿Por qué están de pie afuera de esta mierda? —No lo estamos —dijo Cath—. Nos estamos yendo. —Pero acabo de llegar aquí —se quejó Courtney. Miró a Wren—. ¿Está Noah ahí dentro? —Nos vamos —dijo Cath a Wren—. Estás borracha. —Sí... —Wren sostuvo su botella de cerveza—... finalmente.

Novela escrita por V. C. Andrews que es narrada por Catherine Dollanganger, y cuenta la vida temprana de cuatro hermanos que son aislados del mundo en un ático, donde enventualmente los hermanos mayores comienzan a sentirse diferentes, y se evidencia una relación incestuosa. 10

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—Vaya, ahí —dijo Levi, agarrando la botella y dejándola caer en el cubo de basura detrás de ella—. Envase al contenedor. —Esa era mi cerveza —objetó Wren. —Un poco más fuerte, chica menor de edad. No creo que todos los policías en la calle te hayan escuchado. —Estaba sonriendo. Cath no lo estaba. —Estás borracha —dijo—. Te vas a casa. —No. Cath. No. Estoy borracha, y me quedo afuera. Ese es el jodido punto de haber salido. —Se tambaleó y Courtney se rió, poniendo un brazo alrededor de ella. Wren miró a su compañera de habitación y empezó a reírse, también. —Todo es ―un jodido punto‖ contigo —dijo en voz baja Cath. El aguanieve estaba golpeando sus mejillas como grava. Wren tenía pequeños trozos de hielo en su pelo—. No voy a dejarte sola así —dijo Cath. —No estoy sola —replicó Wren. —Está bien, Cath. —La sonrisa de Courtney no podría ser más condescendiente. O más cubierta de pintalabios rosa—. Estoy aquí, Han Solo11 está aquí... —le sonrió coquetamente a Jandro—... la noche es joven. —¡La noche es joven! —gritó Wren, apoyando su cabeza contra el brazo de Courtney. —No puedo solo... — Cath sacudió la cabeza. —Esta jodidamente frío aquí afuera. —Courtney abrazó a Wren de nuevo—. Vamos. —No a Muggsy‘s —dijo Jandro, comenzando a alejarse. Miró de vuelta a Cath, y por un segundo ella pensó que iba a decir algo, pero siguió caminando. Wren y Courtney le siguieron. Courtney pisó fuerte. Wren no miró atrás. Cath los observó caminar por la calle y desaparecer bajo el otro signo roto de neón. Se secó el hielo de sus mejillas. —Oye —escuchó a alguien decir después de un frío, húmedo minuto. Levi. Aún de pie detrás de ella. —Vamos —dijo Cath, mirando la acera. Por encima de todo lo que estaba yendo mal en este minuto, Levi debía de estar pensando que ella era una idiota. Los pantalones de pijama de Cath estaban empapados, y el viento estaba soplando a través ellos. Tembló. 11

Personaje de la película La Guerra de las Galaxias.

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Levi pasó a su lado, tomando su capucha y tirando de ella por encima de su cabeza en su camino. Ella lo siguió hasta su camioneta. Ahora que se dio cuenta de lo fría que estaba, sus dientes comenzaron a castañear. —Ya lo tengo —dijo cuando Levi intentó ayudarla a entrar. Esperó a que él caminara a través de la camioneta para subir al asiento. Levi se sentó al volante y encendió la camioneta, accionando la calefacción y limpia parabrisas, sosteniendo sus manos en las rejillas de ventilación. —Cinturón de seguridad —dijo después de un minuto. —Oh, perdón. —Cath hurgó buscando el cinturón de seguridad. Se abrochó el cinturón. La camioneta aún no se movió. —Hiciste lo correcto, lo sabes. Levi. —No —dijo Cath—. No lo sé. —Tenías que ir a verla. 911 es 911. —Y luego la dejé, completamente perdida, con un extraño y una tonta. —El tipo no parecía un extraño —dijo Levi. Cath casi sonrió. Porque no había discutido por la parte de tonta. — Soy su hermana. Se supone que debo cuidarla. —No contra su voluntad. —¿Qué pasa si se desmaya? —¿Tiene que pasar tanto? Cath lo miró. Su cabello estaba mojado, y se podía ver las huellas por donde había pasado los dedos. —No quiero hablar más de esto —dijo ella. —Está bien... ¿tienes hambre? —No. —Miró su regazo. La camioneta aún no se movía. —Porque tengo hambre —dijo él. —¿No se suponía que te reunirías con Reagan? —Sip. Más tarde. Cath se ruborizó de nuevo. El hielo en su pelo se estaba derritiendo y entrando en sus ojos. —Estoy en pijama.

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Levi puso la camioneta en reverso. —Conozco justo el lugar.

Los pantalones de pijama no eran un problema. Levi la llevó a una parada de camionetas veinticuatro horas cerca del pueblo. (Nada en Lincoln estaba demasiado lejos de la entrada del pueblo.) El lugar parecía que no había sido redecorado nunca, como si tal vez hubiera sido construido hace sesenta años a partir de materiales que ya estaban rotos y agrietándose. La camarera comenzó vertiendo el café sin siquiera preguntar si quería algo. —Perfecto —dijo Levi, sonriendo a la camarera y quitándose el abrigo. Ella puso la crema en la mesa y acarició su hombro con afecto. —¿Vienes mucho? —preguntó Cath, cuando la camarera se fue. —Más que a otros lugares, supongo. Si pides picadillo de carne en conserva, no tienes que comer por días... ¿Crema? Cath no pedía a menudo café, pero asintió de todos modos, y él espolvoreó sobre su taza. Puso el platillo de vuelta y lo miró fijamente. Escuchó a Levi exhalar. —Sé cómo te sientes en este momento —dijo—. Tengo dos hermanas pequeñas. —No sabes cómo me siento. —Cath arrojó tres paquetes de azúcar— . No es solo mi hermana. —¿De verdad hacen eso los tipos todo el tiempo? —¿Hacer qué? —Cath levantó la vista hacia él, y él miró hacia otro lado. —La cosa de gemelas. —Oh. Eso. —Removió su café, haciendo sonar la cuchara demasiado fuerte contra su taza—. No todo el tiempo. Únicamente los borrachos o, como, cuando caminamos por la calle… Él hizo una mueca. —La gente es depravada. La camarera regresó, y Levi se iluminó por ella. Predecible. Ordenó carne picada de ternera. Cath se quedó con el café. —Ella lo perderá —dijo él cuando la camarera se alejó a su puesto—. Reagan está en lo cierto. Es una cosa de novatos. —Soy estudiante de primer año. Y no voy a emborracharme.

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Levi rió. —Cierto. A causa de que estás demasiado ocupada organizando bailes. ¿Cuál es la emergencia de todos modos? Cath lo vio reír y sintió el pegajoso nudo en su estómago. Profesora Piper. Simon. Baz. Genial, una roja F. —¿Estabas anticipando una emergencia? —preguntó, aún sonriendo—. ¿O quizás convocando una? ¿Como la danza de la lluvia? —No tienes que hacer esto —dijo Cath. —¿Hacer qué? —Intentar hacerme sentir mejor. —Sintió las lágrimas venir, y su voz temblar—. No soy una de tus hermanas pequeñas. La sonrisa de Levi cayó completamente. —Lo siento —dijo, todas las burlas se habían ido—. Yo... yo pensé que tal vez te hubiera gustado hablar de ello. Cath miró de nuevo su café. Sacudió su cabeza un par de veces, tanto para decirle que no como para apartar el escozor de sus ojos. Llegó su carne picada en conserva. Todo un lío. Él movió la taza de café de Cath a la mesa y echó la carne en su platillo. Cath se lo comió, era más sencillo que discutir. Había estado discutiendo todo el día, y hasta ahora, nadie la había escuchado. Y además, la carne picada estaba realmente buena, como si estuviera hecha con carne fresca de verdad, y había dos huevos fritos encima. Levi echó más en el plato de ella. —Ocurrió algo en clase —dijo Cath. No lo miró a los ojos. Quizás podría usar eso de hermano mayor en este momento, ella era en realidad la gemela menor. Después de todo, tenía que aceptar su realidad le gustara o no... —¿Qué clase? —preguntó él. —Escritura de ficción. —¿Estás tomando escritura de Ficción? ¿Es en realidad una clase? —¿Eso es realmente una pregunta? —¿Tiene esto algo que ver con tu cosa por Simon Snow? Cath bajó la mirada y se sonrojó. —¿Quién te ha hablado de lo mío de Simon Snow? —Nadie ha tenido que decírmelo. Tienes cosas de Simon Snow por todas partes. Eres peor que mi primo de diez años. —Levi sonrió; él parecía

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aliviado de estar sonriendo de nuevo—. Reagan me dijo que escribes historias sobre él. —Así que Reagan te lo dijo. —Eso es en lo que siempre estás trabajando, ¿verdad? ¿Escribiendo historias sobre Simon Snow? Cath no sabía qué decir. Sonaba ridículo cuando Levi lo dijo. —No son solo historias... —dijo. Él dio un mordisco gigante a la carne. Su cabello aún mojado y cayendo (húmedo, rubio) en sus ojos. Lo echó hacia atrás. —¿No lo son? Cath negó. Eran solo historias, pero no eran historias de cualquier cosa. Simon no era cualquier cosa. —¿De qué conoces a Simon Snow? —preguntó ella. Él se encogió de hombros. —Todo el mundo conoce a Simon Snow. —¿Has leído sus libros? —He visto las películas. Cath rodó sus ojos demasiado fuerte, que dolió (realmente). (Tal vez porque aún estaba al borde de las lágrimas. En el borde, y punto). —Así que no has leído los libros. —No soy realmente una persona de libros. —Esa puede ser la cosa más estúpida que me has dicho. —No cambies el tema —dijo Levi, sonriendo más—. Escribes historias de Simon Snow... —Creo que es divertido. —Sí —dijo Levi—. Pero también es algo genial. Háblame de tus historias. Cath presionó los dientes del tenedor en el mantel. —Son solo, como... Tomo a los personajes, y los coloco en situaciones nuevas. —¿Como escenas eliminadas? —A veces. Más como los ―y si‖. Como, ¿y si Baz no fuese malvado? ¿Y si Simon nunca encontró las cinco hojas? ¿Y si Agatha las encontró en su lugar? ¿Y si Agatha era malvada? —Agatha no podía ser malvada —sostuvo Levi, inclinándose hacia delante y apuntando a Cath con su tenedor—. Ella es ―puro corazón, un león del amanecer‖. Cath entrecerró sus ojos. —¿Cómo sabes eso?

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—Te lo dije. He visto las películas. —Bueno, en mi mundo, si quiero hacer a Agatha malvada, puedo. O puedo convertirla en un vampiro. O puedo hacer que sea un león de verdad. —A Simon no le gustaría eso. —A Simon no le importa. Él está enamorado de Baz. Levi soltó una carcajada. (No te dan muchas oportunidades de usar esa palabra, pensó Cath, pero esta es una de ellas.) —Simon no es gay —dijo él. —En mi mundo, lo es. —Pero Baz es su némesis. —No tengo que seguir ninguna de las reglas. El libro original ya existe; no es mi trabajo reescribirlo. —¿Es tu trabajo hacer a Simon gay? —Te estás guiando por lo de gay —dijo Cath. Estaba inclinada ahora, también. —Es una distracción... —rió Levi. (¿Los chicos soltaran una "risa" o una "risita nerviosa"? Cath odiaba las palabras "risita nerviosa".) —Ese es el punto del Fanfiction —dijo ella—. Es que consigues jugar dentro del universo de alguien más. Reescribir las reglas. O doblarlas. La historia no tiene que acabar cuando Gemma Leslie se cansa de ella. Puedes estar en este mundo, este mundo que amas, por todo el tiempo que quieras mientras te mantengas pensando nuevas historias… —Fanfiction —dijo Levi. —Sí. —Cath estaba avergonzada por como de sincera sonaba, lo emocionada que se sentía cada vez que hablaba de eso. Estaba tan acostumbrada a mantenerlo en secreto, asumiendo que la gente pensaría que era un monstruo nerd y una pervertida... Tal vez Levi pensaba todas esas cosas. Quizás solo encontraba a los frikis y pervertidos divertidos. —¿Fiesta emergencia de baile? —preguntó él. —Cierto. —Se sentó en el reservado de nuevo—. Nuestro profesor nos pidió que escribiéramos una escena con un narrador poco fiable. Escribí algo acerca de Simon y Baz... Ella no lo entendió. Pensó que era plagio. — Cath se obligó a si misma a utilizar esa palabra, sintió el alquitrán despertar y retorcerse en su estómago.

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—Pero era tu historia —dijo él. —Sí. —No es exactamente plagio... —le sonrió. Ella necesitaba encontrar más palabras para la sonrisa de Levi; tenía demasiadas de ellas. Esta era una pregunta—. Fueron tus palabras, ¿verdad? —Correcto. —Quiero decir, puedo ver por qué a tu profesora no le gustaría que escribas una historia de Simon Snow, la clase no se llamaba Escritura de ficción de fans, pero yo no lo llamaría plagio. ¿Es ilegal? —No. Siempre que no quiera venderlo. GTL12 dice que a ella le encanta fanfiction… quiero decir, que a ella le encanta la idea. En realidad no lo leyó. —¿Tu profesora te denunció? —¿A qué te refieres? —¿Te denunció ante un tribunal? —Ella nunca mencionó eso. —Lo habría mencionado —dijo él—. Por lo que... bien. —Movió su tenedor en línea recta entre ellos, sosteniéndolo como un lápiz—. No es una gran cosa. Solo no entregar más fanfiction. Aún se sentía como un gran problema. A Cath todavía le dolía el estómago. —Ella solo... me hizo sentir tan estúpida y... desviada. Levi volvió a reír. —¿De verdad esperas que una anciana profesora de inglés esté de acuerdo con un facfiction de Simon Snow gay? —Ella no mencionó eso de gay —dio Cath. —Desviada. —Elevó una ceja. Las cejas de Levi eran mucho más oscuras que su cabello. Demasiado oscuras, realmente. Y arqueadas. Como si las hubiera dibujado. Cath se sintió a si misma sonreír, a pesar de que estaba tratando de mantener su postura todavía. Sacudió la cabeza, luego bajó la mirada a su comida y tomó un pequeño bocado. Levi echó más huevos y picadillo en el plato de ella.

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Gemma T. Leslie

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Oculto por el castillo, quedándose fuera toda la noche, regresando a casa en la mañana con hojas en su cabello... Baz estaba tramando algo; Simon estaba seguro de ello. Pero necesitaba pruebas, Penelope y Agatha no se tomaban en serio sus sospechas. —Está conspirando —diría Simon. —Él siempre está conspirando —respondería Penelope. —Es amenazador —diría Simon. —Él siempre es amenazador —respondería Agatha—. Es muy alto. —No más alto que yo. —Mmm... Un poco. No era sólo la intriga y lo amenazante; Baz estaba tramando algo. Algo más allá de su imbecilidad crónica. Sus ojos gris perla inyectados en sangre y ensombrecidos; su cabello negro había perdido lustre. Usualmente frio e intimidante, últimamente Baz parecía distante y acorralado. Simon lo había seguido por las catacumbas la noche anterior por tres horas, y aún no tenía una pista. —Del capítulo 3, Simon Snow y las Cinco Hojas Copyright © 2008 por Gemma T. Leslie

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12 Traducido por Gaz Walker & Danny_McFly Corregido por Gabbita

122 Hacía demasiado frío para esperar afuera, antes de Escritura de Ficción, por lo que Cath encontró un banco dentro de Andrews Hall y se sentó con una pierna debajo de ella, apoyando su espalda contra la pared de color crema. Sacó su teléfono y abrió un fic que había estado leyendo. (Se encontraba demasiado nerviosa para estudiar). Cath nunca leyó Simon/Baz de otras personas —no quería imitar inconscientemente a otro autor o robar las ideas de alguien— así que cuando leía fic, siempre se trataba de Penelope. A veces Penelope/Agatha. A veces Penelope/Micah (el estudiante de intercambio estadounidense que sólo aparecía en el Libro Tercero). A veces sólo Penelope, por su cuenta, teniendo aventuras. Se sintió como un acto de rebelión abierta leer fanfiction mientras se sentaba en el edificio de Inglés, a la espera de ver a la profesora Piper por primera vez desde su conversación. Cath había considerado realmente saltarse la clase de hoy, pero pensó que sería aún más doloroso enfrentarla la próxima vez. No es como que Cath pudiera faltar a clase por el resto del semestre, mejor acabar de una vez con esto. Cath ya enfrentó a Wren y no salió tan mal como esperaba. Almorzaron juntas dos veces esa semana, y ninguna habló de la escena de Muggy‘s. Quizás Wren se encontraba demasiado borracha para recordar los detalles. Courtney no pareció evitar el tema. (Esa chica tenía la sutileza de una tienda de Regalos de Spencer.) —Oye, Cath —dijo Courtney en el almuerzo—, ¿quién era ese lindo chico rubio con el que estabas el viernes a la noche? ¿Era tú bibliotecario caliente? —No —dijo Cath—. Es sólo Levi. —El novio de su compañera de cuarto —dijo Wren, revolviendo la sopa de verduras. Parecía cansada, no llevaba máscara, y sus pestañas se veían pálidas y rechonchas.


—Oh. —Courtney sacó el labio inferior—. Es una lástima. Era muy guapo. Chico de granja. —¿Cómo puedes decir que es un chico de granja? —preguntó Cath. —Carhartt —dijeron ambas a la vez. —¿Qué? —El abrigo —explicó Wren—. Todos los chicos de granja usan Carhartt. —En esto, confía en tu hermana. —Courtney rió—. Sabe todo de los chicos de granja. —No es mi bibliotecario caliente —había dicho Cath. Nadie es mi bibliotecario caliente, pensó, perdiendo la página del fic que estaba leyendo. No es mi nada caliente. Y, además, Cath todavía no estaba segura de si Nick era realmente caliente o si simplemente le provocaba escalofríos. Específicamente en su dirección. Alguien se sentó a su lado en el banco, y Cath levantó la vista de su teléfono. Nick inclinó su mentón en señal de saludo. —Hablando del Rey del Roma —dijo, y deseó no haberlo hecho. —¿Piensas en mí? —Estaba pensando... en el Rey de Roma —dijo Cath estúpidamente. —Cerebros ociosos —dijo Nick, sonriendo. Llevaba un jersey de cuello alto de color azul marino grueso que le hacía parecer como si estuviera sirviendo en un buque de guerra soviético. Más que de costumbre. — Entonces, ¿qué hiciste para que Piper quisiera hablar contigo la semana pasada? —No mucho. —El estómago de Cath era un desastre hoy. Nick desenvolvió un chicle y lo puso en su lengua. —¿Era acerca de tomar su clase avanzada? —No. —Tienes que hacer una cita para hablar con ella sobre eso —dijo, masticando—. Es como una entrevista. Me reúno la semana que viene, estoy esperando que me dé una ayudantía de enseñanza. —¿Sí? —Cath se sentó un poco más erguida—. Eso sería genial. Serías muy bueno.

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Nick le dirigió una sonrisa tímida. —Sí, bueno. Habría deseado hablar con ella antes de la última asignación. Fue mi peor calificación del semestre. —¿En serio? —Fue duro hacer contacto visual con Nick, sus ojos estaban casi ocultos bajo las cejas, debía de penetrar su rostro—. La mía también —dijo Cath. —Ella dijo que mi "impenetrable". —Suspiró.

escritura

era

―demasiado

resbaladiza"

e

—Dijo lo peor de la mía. —Supongo que me he acostumbrado a escribir con un respaldo — dijo Nick, todavía sonriéndole. Aún avergonzado. —Codependiente —dijo Cath. Nick volvió a masticar. —¿Estamos escribiendo esta noche? Cath asintió y volvió a mirar a su teléfono.

—Reagan no está aquí —dijo Cath al cerrar la puerta. Levi se apoyó en la puerta con el hombro. —Creo que estamos más allá de eso —dijo, entrando en la habitación. Cath se encogió de hombros y volvió a su escritorio. Levi se dejó caer en la cama. Iba vestido de negro, debía de salir del trabajo. Ella frunció el ceño. —Todavía no puedo creer que trabajas en Starbucks —dijo. —¿Qué hay de malo en Starbucks? —Es una gran corporación sin rostro. Levantó una ceja. —Hasta ahora, me ha mantenido. Cath volvió a su computadora portátil. —Me gusta mi trabajo —dijo—. Veo la misma gente todos los días. Recuerdo sus bebidas, les gusta que recuerde sus bebidas, los hago felices, y luego se van. Es como ser camarero, pero no tienes que tratar con borrachos. Hablando de eso... ¿Cómo está tu hermana? Cath dejó de escribir y lo miró. —Está bien. Está... bien. De vuelta a la normalidad, supongo. Gracias, ya sabes, por conducir. Y todo. —Cath le había dado las gracias el viernes por la noche, pero sentía que le debía un par más.

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—Olvídate de eso. ¿Tuvieron una gran conversación? —No tenemos que tener grandes conversaciones —dijo, llevándose dos dedos a la sien—. Somos gemelas. Tenemos telepatía. Levi sonrió. —¿En serio? Cath se echó a reír. —No. —¿Ni siquiera un poco? —No. —Ella volvió a escribir. —¿En qué estás trabajando? —Un ensayo de biología. —¿No es un secreto y sucio fanfiction? Cath se detuvo de nuevo. —Mi fanfiction no es ningún secreto, por supuesto, no es sucio. Pasó los dedos por el pelo, haciendo que se pegara como plumas rubio arena. Desvergonzado. —¿Qué es lo que te pones en el cabello para que se pegue de esa manera? —preguntó. Él se rió y lo hizo de nuevo. —Nada. —¿No hay nada? Algo… —Creo que lo hace porque no lo lavo… Ella hizo una mueca. —¿Alguna vez? —Al menos cada mes, tal vez. Cath arrugó la nariz y sacudió la cabeza. —Eso es asqueroso. —No, no lo es. Aún lo enjuago. —Aún es asqueroso. —Está perfectamente limpio —dijo. Se inclinó hacia ella, y su pelo le tocó el brazo. La habitación era demasiado pequeña—. Huele. Ella se echó hacia atrás. —No voy a oler tu cabello. —Bueno, lo huelo. —Atrapó un mechón de su frente; llegó hasta el puente de la nariz—. Huele como el trébol recién cortado. —No creo que se corte el césped de tréboles. —¿Te imaginas lo dulce que olería si se hiciera? —Levi se echó hacia atrás, lo cual fue un alivio, hasta que agarró la almohada y empezó a frotar su cabeza en ella. —Oh, Dios —dijo—, para. Eso es una violación.

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Levi se echó a reír, y ella trató de agarrar la almohada. Él la sostuvo contra su pecho con ambas manos. —Cather... —No me llames así. —Léeme algo de tu secreto y sucio fanfiction. —No es sucio. —Léeme un poco de todos modos. Ella dejó la almohada, más allá de recuperarla, probablemente ya estaba sucia. —¿Por qué? —Porque estoy curioso —dijo—. Y me gustan las historias. —Lo único que quieres es burlarte de mí. —No lo haré —dijo—. Te lo prometo. —Eso es lo que haces con Reagan cuando no estoy aquí, ¿no? Se burlan de mí. Juegan con mis bustos conmemorativos. ¿Tienes un apodo estúpido para mí? Sus ojos brillaban. —Cather. —No existo para divertirte, sabes. —Uno, ¿estás segura? Debido a que lo haces. Y, dos, no nos burlamos de ti. Mucho. Ya no más. Y, tres... Contaba con los dedos, y sus mejillas temblaban, lo que hacía reír a Cath. —Tres —dijo—. No voy a burlarme de ti, de nada de ti, a partir de ahora, si acabas de una vez, en este momento, y me lees algo de tus fanfiction. Cath le dio una mirada seria. Casi una mirada seria. Todavía se estaba riendo un poco. Y parpadeando duro. Y ocasionalmente miraba hacía el techo. —Tienes curiosidad —dijo ella. Él asintió. Ella rodó los ojos nuevamente y volvió a su ordenador portátil. ¿Por qué no? No tenía nada que perder. Sí, pero ese no es el punto, parte de ella argumentó. ¿Qué tienes que ganar? No es que Levi fuera a quedar impresionado por su fanfiction, entretenido no era lo mismo que impresionado. Ya pensaba que era un bicho raro, y esto estaba a punto de hacerla parecer mucho más rara. ¿La mujer barbuda se emocionaba cuando los chicos lindos iban a ver su espectáculo?

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Cath no quería ese tipo de atención. Y Levi ni siquiera era tan guapo. Su frente estaba arrugada incluso cuando no estaba haciendo una mueca. Daño solar, probablemente. —Está bien —dijo. Él sonrió y empezó a decir algo. —Cállate. —Ella levantó la mano izquierda—. No me hagas cambiar de opinión. Sólo... déjame encontrar algo... Abrió la carpeta Simon/Baz en su escritorio y se desplazó a través de ella, en busca de algo adecuado. Nada demasiado romántica. O sucio. Tal vez... sí. Este funcionará. —Está bien —dijo—. ¿Conoces el sexto libro? —¿Cuál es? —Simon Snow y las seis liebres blancas. —Bien, he visto esa película. —Está bien, así que Simon se queda en la escuela durante las vacaciones de Navidad, porque está tratando de encontrar la quinta liebre. Y debido a que su padre ha sido secuestrado por monstruos en trajes espeluznantes, no hay una cena tan feliz Navidad en la casa Snow. Se les conoce como los ogros de la Reina —dijo Cath—. Y Simon todavía no sabe que el mago es su padre. —¿Cómo no sabe? —exigió Levi. Cath se sintió alentada por la forma en que sonaba indignado—. Es tan obvio. ¿Por qué el Mago se muestra cada vez que sucede algo importante y se pone lloroso hablando de cómo ―él conoció una vez a una mujer con los ojos de Simon…‖? —Lo sé —dijo Cath—, es débil, pero creo que Simon quiere tanto que el Mago sea su padre que no dejará que se acepte la abrumadora evidencia. Si estuviera equivocado, lo arruinaría. —Basil sabe —dijo Levi. —Oh, Baz lo sabe totalmente. Creo que Penelope lo sabe, también. —Penelope Bunce —Levi sonrió—. Si yo fuera Simon, estaría con Penelope todo el tiempo. —Asco. Es como una hermana para él. —No es como cualquiera de mis hermanas. —De todos modos —dijo Cath—. Esta historia tiene lugar durante el receso de Navidad.

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—Está bien —dijo Levi—, lo entiendo. —Cerró los ojos y apoyó la espalda contra la pared, sosteniendo la almohada de Cath—. Muy bien. Estoy listo. Cath giró hacia el ordenador y se aclaró la garganta (sintiéndose estúpida por aclararse la garganta). Volvió a mirar a Levi una vez más. No podía creer que estaba haciendo esto... ¿Estaba realmente haciendo esto? —Si mantienes el ritmo de esa manera —dijo Baz—, voy a maldecir tus pies en el piso. Simon lo ignoró. Él estaba pensando en las pistas que había encontrado hasta el momento, tratando de ver un patrón... la piedra con forma de conejo en la torre de ritual, la liebre manchada en el cristal de la catedral, el símbolo sobre el puente levadizo... —¡Snow! —gritó Baz. Un libro de hechizos pasó junto a la nariz de Simon. —¿Qué estás pensando? —preguntó Simon, genuinamente sorprendido. Libros voladores y maldiciones eran presa fácil en los pasillos y en las aulas y, además, en todas partes. Pero si Baz intentaba hacerse daño dentro de su habitación—. En el compañero —dijo Simon—. Vas a ser expulsado. —Es porque me perdí. Conozco las reglas —murmuró Baz, frotándose los ojos—. ¿Sabías, Snow, que si tu compañero de habitación muere durante el año escolar, te dan las mejores calificaciones, sólo por compasión? —Eso es un mito —dijo Simon. —Por suerte yo ya tengo las mejores calificaciones. Simon dejó de caminar para mirar realmente a su compañero de habitación. Normalmente le gustaba fingir que Baz no estaba aquí. Normalmente, Baz no estaba aquí. A menos que estuviera espiando o tramando algo, Baz odiaba estar en su habitación. Él decía que olía como buenas intenciones. Pero Baz apenas había salido de la habitación en las últimas dos semanas. Simon no lo había visto en la cafetería o en fútbol, parecía dibujar y estar distraído en las clases, y sus remeras de la escuela, usualmente apretadas y de un blanco brillante, se veía tan asquerosamente como la de Simon. —¡Porque él es un vampiro, Simon! —intervino Levi. —En esta historia —dijo Cath—, Simon no lo sabe aún.

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—¡Es un vampiro! —le gritó Levi al ordenador— ¡Y te está buscando! Se queda despierto toda la noche, viéndote dormir, tratando de decidir si va a comerte entero o de una porción a la vez. —Simon no te puede oír —dijo Cath. Levi se recostó, abrazando la almohada otra vez. —Son un poco gay, ¿verdad? Observándose mientras duermen... e ignorando a Penelope. —Están obsesionados el uno con el otro —dijo Cath, como si se tratara de algo absoluto en la vida—. Simon pasa todo el quinto libro siguiendo a Baz alrededor y describiendo sus ojos. Es como una entrada de diccionario de sinónimos para "gris". —No lo sé —dijo Levi— Es difícil que entre a mi cabeza. Es como escuchar que Harry Potter es gay. O la Enciclopedia Brown13. Eso hizo a Cath reír a carcajadas. —¿Gran fan de la Enciclopedia Brown? —Cállate. Mi padre solía leérmela —cerró los ojos de nuevo—. Está bien. Adelante. —¿Es... algo malo? —preguntó Simon, entonces no pudo creer lo que había preguntado. No es como que realmente le importara. Si Baz decía que sí, Simon probablemente diría ¡Bien! Sin embargo, parecía cruel no preguntar. Baz pudo haber sido el hombre más despreciable que Simon haya conocido... pero seguía siendo un ser humano. —No soy el que camina por la habitación como un loco hiperactivo —murmuró Baz, con los codos sobre el escritorio, y la cabeza apoyada en las manos. —Pareces... abatido o algo así. —Sí, estoy abatido. Estoy abatido, Snow. —Baz levantó la cabeza y giró su silla hacia Simon. Realmente se veía terrible. Tenía los ojos hundidos e inyectados en sangre—. He pasado los últimos seis años viviendo con el egocéntrico imbécil más insufrible que lleva una varita. Y ahora, en lugar de celebrar la Nochebuena con mi querida familia, bebiendo sidra caliente y comiendo tostadas de queso, en vez de estar calentando mis manos en mi hogar ancestral... estoy jugando un adicional torturado en el sangriento show de Simon Snow. Simon lo miró fijamente. —¿Es Nochebuena? —Sí... —gimió bajo Baz. Es una serie de libros con las aventuras del detective joven Leroy Brown, apodado "Enciclopedia" por su inteligencia y amplitud de conocimientos. 13

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Simon caminó alrededor de su cama con tristeza. No se había dado cuenta de que era la víspera de Navidad. Pensó que Agatha lo llamaría. O Penelope... Levi suspiró. —Penelope. Cath siguió leyendo. Quizás sus amigos esperaban que Simon los llamara. Ni siquiera les había comprado regalos. Últimamente, nada le parecía tan importante como encontrar las liebres blancas. Simon apretó su mandíbula. Nada era tan importante; toda la escuela estaba en peligro. Debe haber algún patrón que no veía. Aceleró su paso. La piedra en la torre, la mancha en el cristal de la ventana, el símbolo, el libro del mago... —Me rindo —se quejó Baz—. Voy a ir a ahogarme en la fosa. Dile a mi madre que siempre supe que me amaba. Simon dejó de pasearse en el escritorio de Baz. —¿Sabes cómo llegar a la fosa? —En realidad no voy a matarme, Snow. Siento decepcionarte. —No. Es sólo que... usas las barcas a veces, ¿no? —Todo el mundo lo hace. —Yo no —dijo Simon—. Yo no sé nadar. —De verdad... —silbó Baz, con un toque de su antiguo ánimo—. Bueno, no quieres nadar en la fosa de todos modos. Los merwolves te atraparían. —¿Por qué no molestan a los barcos? —Postes y tirantes despejados de plata. —¿Me llevarías en uno? —Valía la pena intentarlo. La fosa era uno de los pocos lugares en la escuela en el que Simon no había buscado. —¿Quieres ir en una barca conmigo? —preguntó Baz. —Sí —dijo Simon, inclinando la cabeza hacia arriba—. ¿Lo harías? —¿Por qué? —Yo... quiero ver lo que se siente. Nunca lo he hecho, ¿por qué es importante? Es víspera de Navidad, y es obvio que no tienes nada mejor que hacer. Al parecer, incluso tus padres no pueden soportar estar cerca de ti. Baz se puso repentinamente alerta, sus ojos grises brillaban peligrosamente en la sombra de su frente. —No sabes nada de mis padres.

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Simon dio un paso atrás. Baz le llevaba unos pocos centímetros (por ahora), y cuando Baz hacía un esfuerzo, podía parecer peligroso. —Yo... mira, lo siento —dijo Simon—. ¿Lo harás? —Bien —dijo Baz. El brote de cólera y energía ya se había desvanecido—. Trae algo para cubrirte. Cath miró a Levi. Sus ojos aún estaban cerrados. Después de un segundo, abrió uno. —¿Ha terminado? —No —dijo ella—. Solo no sabía si querías que continuara. Quiero decir, entendiste la idea. Levi cerró los ojos y negó con la cabeza. —No seas estúpida. Sigue adelante. Cath lo miró otro segundo. En las líneas de la frente de él y su pelo rubio oscuro a lo largo de su mandíbula. Su boca era pequeña, pero hizo una reverencia. Al igual que una muñeca. Se preguntaba si tenía problemas para abrirla lo suficiente para comer manzanas. —Tu locura debe ser contagiosa —se quejó Baz, desenredando una cuerda. Los botes estaban apilados y atados para el invierno. Simon no había estado pensando en el frío... —Cállate —dijo de todos modos—. Va a ser divertido. —Ese es el punto, Snow... ¿Desde cuándo nos divertimos juntos? Ni siquiera sé lo que haces para divertirte. Blanqueas tus dientes, supongo. Innecesariamente, asesino de dragones... —Nos hemos divertido antes —sostuvo Simon. Porque no sabía cómo hacer cualquier cosa con Baz, pero lo sostenía porque seguramente Baz estaba equivocado. En seis años, deben haber compartido alguna diversión. —Esa vez en tercer año cuando peleamos juntos contra la quimera. —Estaba tratando de atraerte allí —dijo Baz—. Pensé que iba a alejarme de la cosa antes de que atacara. —Aún así, fue divertido. —Yo estaba tratando de matarte, Snow. Y notando eso, ¿estás seguro de que quieres hacer esto? ¿A solas conmigo? ¿En un barca? ¿Y si te aviento de nuevo? Podría dejar que los merwolves resuelvan todos mis problemas... Simon torció sus labios hacia un lado. —No creo que lo hagas.

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—¿Y por qué no? —Baz desechó la última de las cuerdas. —Si de verdad quisieras deshacerte de mí —dijo Simon pensativamente—, ya lo habrías hecho. Nadie más ha tenido tantas oportunidades. No creo que me lastimes a menos que sea parte de uno de tus grandes planes. —Este podría ser mi gran plan —dijo Baz, liberando una de las barcas con un gruñido. —No —dijo Simon—. Este es el mío. —Aleister Crowley14, Snow, ¿vas a ayudarme con esto o qué? Se llevaron el barco hasta el agua, Baz balanceando el poste de la barca a la ligera. Simon notó por primera vez el enchapado en plata en el final. —Guerra de bolas de nieve —dijo, siguiendo el ejemplo de Baz, mientras establecieron el bote en el agua. —¿Qué? —Hemos tenido un montón de peleas de bolas de nieve. Esas son divertidas. Y peleas por comida. Esa vez que eché salsa por toda tu nariz... —Y puse tu varita en el microondas. —Destruiste la cocina —se rió Simon. —Pensé que sólo se hincharía como un malvavisco. —No había ninguna razón para pensar eso... Baz se encogió de hombros. —No poner una varita en el microondas, lección aprendida. A menos que sea la varita de Snow. Y el microondas de Snow. Ahora Simon estaba parado en el muelle, temblando. Realmente no había considerado el frío que haría. O el hecho de que en realidad tendría que entrar en una barca. Bajó la mirada hacía la fría agua negra de la fosa y le pareció ver algo pesado y oscuro moviéndose por debajo de la superficie. —Vamos. —Baz ya estaba en la barca. Golpeó el hombro de Simon con el palo—. Este es tu gran plan, ¿recuerdas? Simon apretó los dientes y dio un paso dentro. La barca se hundió bajo su peso, y se tambaleó hacia adelante.

Edward Alexander Crowley (1875-1947), fue un influyente ocultista, místico y mago ceremonial inglés. 14

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Baz se rió. —Tal vez esto sea divertido —dijo, hundiendo el palo en el agua y empujándolo. Baz parecía perfectamente cómodo allá arriba, una sombra larga y oscura al final de la barca, tan elegante y grácil como siempre. Se movió hacia la luz de la luna, y Simon lo vio tomar una respiración lenta y profunda. Se veía más vivo que en semanas. Pero Simon no había venido hasta aquí para ver a Baz, Dios sabe que tuvo muchas otras oportunidades. Simon giró, mirando alrededor de la fosa, recogiendo los tallados a lo largo de las paredes de piedra y la teja en el borde del agua. —Debería haber traído una linterna... —dijo. —Es una lástima que no eres un mago —Baz respondió, conjurando una bola de fuego azul y la arrojó a la cabeza de Simon; él se agachó y la agarró. Baz siempre había sido mejor de lo que él era en la magia del fuego. Fanfarrón. El azulejo brillaba a la luz. —¿Podemos estar más cerca de la pared? —preguntó Simon. Baz complació sin problemas. De cerca, Simon podía ver que había un mosaico que se extendía bajo el agua. Batallas de magos. Unicornios. Símbolos y pictogramas. Quién sabía qué tan bajo estaba... Baz lo guió lentamente a lo largo de la pared, y Simon celebró la luz, inclinándose gradualmente a lo largo del lado de la barca para tener una mejor visión. Se olvidó de Baz de una manera que normalmente no se permitiría hacer sin la protección de su habitación. Simon ni siquiera se dio cuenta al principio, cuando la barca se desvió a una parada. Cuando volvió a mirar, Baz salió hacia él con la patada de despeje. Estaba acurrucado encima de Simon, lava azul por su propio fuego conjurado, enseñando los dientes y la cara gruesa con decisión y asco... La puerta se abrió de golpe. Reagan siempre tocaba mientras abría la puerta; había zapatos polvorientos imprimiendo todo el exterior de su puerta. Ella entró, dejando caer sus bolsas en el suelo. —Hola —dijo, mirando por encima de ellos. —Silencio —susurró Levi—. Cath está leyendo fanfiction. —¿De verdad? —Reagan miró con más interés. —No realmente —dijo Cath, cerrando su portátil—. Acabo de terminar. —No. —Levi se inclinó y la abrió—. No se puede quedar en medio de un ataque de un vampiro. —Vampiros, ¿eh? —Dijo Reagan—. Suena muy emocionante.

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—Tengo que terminar mi ensayo de biología —dijo Cath. —Vamos. —Reagan se volvió a Levi—. Fisiología Vegetal. ¿Estamos haciendo esto? —Estamos haciendo esto —se quejó, deslizándose de la cama de Cath—. ¿Puedo usar tu teléfono? —Lle preguntó. Cath le entregó el teléfono y marcó un número. Su bolsillo trasero comenzó a sonar una canción de Led Zeppelin. —Continuará —dijo, entregándoselo de nuevo—. ¿De corrido?

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—Seguro —dijo Cath. —¿Biblioteca? —preguntó Reagan. —Cena en el camino. —Levi tomó su mochila y abrió la puerta—. Los Fanfiction me hacen desear comer carne en conserva. —Nos vemos —dijo Reagan a Cath. —Nos vemos —dijo Cath. Levi se dio vuelta, en el último momento, y le mostró una amplia sonrisa. Si quieres conocer a otros fans de Star Trek en 1983, tendrías que unirte a clubes de fans por correo o reunirse con otros Trekkies en convenciones... Cuando los lectores cayeron por Simon en 2001, la comunidad de fans estaba tan cerca como el teclado más cercano. El fandom de Simon Snow explotó en Internet y sólo siguió explotando. Hay más sitios y blogs dedicados a Simon que a los Beatles y Lady Gaga juntos. Puedes encontrar historias de fans, fan art, vídeos de fans, además de interminables discusiones y conjeturas. Amar a Simon no es algo que uno hace solo o una vez al año en una convención. Para miles de aficionados de todas las edades, amantes de Simon Snow es nada menos que un estilo de vida. —Jennifer Magnuson, "Tribu de Simon" Newsweek, 28 de octubre 2009.


13 Traducido por Julieyrr & MaryJane♥ Corregido por MaarLopez

135 Cath no estaba tratando de hacer nuevos amigos aquí. En todo caso, ella estaba tratando activamente no hacer amigos, aunque por lo general no llegaba a ser grosera. (¿Retraída, tensa y algo misántropa? Sí. ¿Grosera? No.) Pero todo el mundo a su alrededor —en sus clases y en los dormitorios—, en realidad estaban tratando de hacer amigos, y a veces ella también tendría que ser ruda para no ir con eso. La vida en el campus era tan predecible, una rutina en capas sobre otra. Viste a las mismas personas mientras te estas cepillando los dientes y un conjunto de las mismas personas en cada clase. Las mismas personas pasan todos los días por los pasillos… muy pronto les asentirías. Y entonces les dirías hola. Y finalmente iniciarías una conversación y solo te sentarías junto con ellas. ¿Se suponía que Cath dijera: ―dejen de hablarme‖? No es como si fuera Reagan. Así es como terminó saliendo con T.J., Julian de Historia Americana, y Katie, una estudiante no tradicional con dos hijos, de Ciencias Políticas. Había una chica en su clase de Escritura de Ficción llamada Kendra, y ella y Cath estudiaban en la Unión durante una hora los martes y jueves por la mañana, así que tenía sentido que se sentaran en la misma mesa. Ninguna de estas amistades se extendió a la vida personal de Cath. T.J. y Julian no la invitaban a fumar hierba con ellos, o a ir a jugar Batman: Arkham City en el PlayStation 3. Nadie la invitó a salir o a fiestas (excepto Reagan y Levi que se sentían más como patrocinadores que amigos). Ni siquiera Nick, con quien Cath estaba escribiendo con regularidad ahora, dos veces a la semana. Mientras que el calendario social de Wren estaba lleno, ella se sentía como que cada llamada a su hermana era una interrupción. Cath había


pensado que estaba en el bar-tastrofe, pero Wren estaba actuando aún más irritable y alejada de lo que había estado al comienzo del año. Cuando Cath trataba de llamar, Wren estaba siempre de salida y no le diría a Cath a dónde iba. —No te necesito para que aparezcas con una bomba estomacal —decía Wren. De alguna manera siempre había sido así. Siempre había sido la social. La amistosa. La que era invitada a las fiestas de quince años y de cumpleaños. Pero antes, en la primaria y en la secundaria, todo el mundo sabía que si invitabas a Wren, Cath iría. Eran un paquete, incluso en los bailes. Había tres años de fotografías tomadas en cada bienvenida y baile, de Cath y Wren de pie con sus citas bajo un arco de globos o delante de una cortina brillante. Eran un paquete y punto. Desde siempre. Incluso habían ido a terapia juntas después de que su mamá se fuera. Lo que parecía extraño ahora que Cath lo pensaba. Sobre todo teniendo en cuenta lo diferente que habían reaccionado —Wren siendo extrovertida, Cath introvertida. (Violentamente, desesperadamente introvertida. Como un viaje al centro de la Tierra de introvertida.) Su maestro de tercer grado —siempre estaban en la misma clase, a lo largo de la escuela primaria—, pensó que estarían molestas sobre los terroristas. Debido a que su madre se fue el once de septiembre. El once de septiembre. (Cath todavía encontraba esto increíblemente vergonzoso; era como si su madre estuviera tan centrada en sí misma, que no podía ser de confianza sino para profanar una tragedia nacional con sus propios problemas.) Cath y Wren habían sido enviadas a casa de la escuela temprano ese día y sus padres ya estaban luchando cuando llegaron allí. Su padre estaba molesto y su madre llorando…. Y Cath pensó al principio que era por el World Trade Center, la maestra les había hablado de los aviones. Pero eso no era, no exactamente… Su madre se mantenía diciendo: —He terminado, Art. Estoy harta. Estoy viviendo la vida equivocada. Cath salió y se sentó en los escalones, y Wren se sentó a su lado, tomándole la mano. La lucha siguió y siguió. Y cuando el presidente voló camino a la base de la fuerza aérea, el único avión en el cielo, ella pensó que tal vez el mundo se iba a acabar.

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Su madre se marchó para siempre una semana después, abrazando a las dos chicas en el porche delantero, besando sus mejillas una y otra vez, y prometiendo que volvería a verlas a las dos, que sólo necesitaba un poco de tiempo para sentirse mejor, para recordar quién era en realidad. Lo cual no tenía ningún sentido para ambas. Eres nuestra madre. No podía recordar lo que pasó después. Recordó llorar mucho en la escuela. Ocultándose con Wren en el baño durante el recreo. Tomadas de la mano en el autobús. Wren arañó a un chico en el ojo que dijo que eran gays. Wren no lloró. Ella robaba las cosas y las escondía bajo su almohada. Cuando su padre cambió las sábanas por primera vez —no hasta después del día de San Valentín—, encontró lápices de Simon Snow, pintalabios Smackers y un CD de Britney Spears. Luego, en una semana, Wren cortó el vestido de otra chica con tijeras de seguridad y Cath mojó sus pantalones en Estudios Sociales porque tenía miedo de levantar la mano para pedir un pase para ir al baño, su profesora llamó a su padre y le dio una tarjeta para un psicólogo infantil. Su padre no le dijo al terapeuta que su madre se había ido. Ni siquiera le dijo a la abuela hasta las vacaciones de verano. Estaba tan seguro de que iba a volver… y era un desastre. Los tres eran un desastre. Había tomado años para que se recuperaran, ¿y qué si algunas cosas no conseguían ponerse en el sitio correcto otra vez? Por lo menos podrían mantenerse de pie. La mayoría del tiempo. Cath cerró su libro de biología y cogió su portátil. La lectura era demasiado tranquila, tenía que escribir. Se sobresaltó cuando sonó el teléfono. Lo miró por un segundo antes de responder, tratando de reconocer el número. —¿Hola? —Hola. Es Levi. —¿Si? —Hay una fiesta en mi casa esta noche. —Siempre hay una fiesta en tu casa. —Así que, ¿vendrás? Reagan va a venir. —¿Qué haría yo en tu fiesta, Levi? —Divertirte —dijo, y ella escuchó que estaba sonriendo.

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Cath no lo intentó. —No bebo. No fumo. No me drogo. —Podrías hablar con la gente. —No me gusta hablar con gente borracha. —El hecho de que la gente va a beber no significa que estarán borrachos. No voy a estar borracho. —No tengo que ir a una fiesta para hablar contigo. ¿Reagan te dijo que me invitaras? —No. No exactamente. No de esa forma. —Diviértete en tu fiesta, Levi. —Espera, Cath. —¿Qué? —Lo dijo como si estuviera presionada, pero no lo estaba. No realmente. —¿Qué estás haciendo? —Tratando de escribir. ¿Qué haces tú? —Nada —dijo—. Acabo de terminar de trabajar. Tal vez deberías terminar de leerme esa historia… —¿Qué historia? —Ella sabía qué historia. —La historia de Simon Snow. El vampiro Baz estaba a punto de atacar a Simon. —¿Quieres que te lea por teléfono? —¿Por qué no? —No voy a leerte por teléfono. Alguien llamó a la puerta. Cath miro con recelo. Más golpes. —Sé que eres tú —dijo en el teléfono. Levi se echó a reír. Se levantó y abrió la puerta, poniendo fin a la llamada. —Eres ridículo. —Te traje café —dijo. Estaba vestido completamente de negro (pantalones negros, suéter negro, botas de trabajo de cuero negras) y sosteniendo dos tazas rojas navideñas. —Realmente no tomo café —dijo a pesar de sus anteriores encuentros. —Eso está bien. Son más como barras de chocolate derretido. ¿Qué quieres? ¿Pan de jengibre con leche o ponche de huevo?

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—La yema del huevo me recuerda al moco —dijo. A mi también. Pero en una buena forma. Él le tendió la mano. —Pan de jengibre. Cath tomó la taza y sonrió con resignación. —De nada —dijo Levi. Se sentó en la cama y sonrió expectante. —¿Es en serio? —Se sentó en su escritorio. —Vamos, Cath, ¿no escribes esas historias para que la gente pueda disfrutarlas? —Las escribo para que la gente las lea. Te voy a enviar el enlace. —No me envíes un enlace. No soy mucho una persona de Internet. Cath sintió que sus ojos de hacían grandes. Estaba a punto de tomar un sorbo de su café pero se detuvo. —¿Cómo que no te gusta el Internet? Es como decir: ―No me gustan las cosas que son convenientes. Y fáciles. No me gusta tener acceso a todos los descubrimientos de la humanidad grabados en mis manos. No me gusta la luz. Y el conocimiento‖. —Me gusta el conocimiento —dijo. —No eres una persona de libros. ¿Y ahora no eres una persona de Internet? ¿Qué te queda? Levi se echó a reír. —La vida. Trabajo. Clases. Las actividades al aire libre. Otras personas. —Otras personas —repitió Cath, sacudiendo la cabeza y tomando un sorbo—. Hay otras personas en Internet. Es impresionante. Obtienes todos los beneficios de ―otras personas‖ sin el olor corporal y el contacto visual. Levi pateó la silla. Podía alcanzarla sin estirarse. —Cath. Léeme tu fanfiction. Quiero saber qué pasa después. Encendió su equipo poco a poco, como si todavía estuviera pensando en ello. Como si hubiera alguna manera de que ella fuera a decir que no. Quería saber qué pasaba después. Esa pregunta era el talón de Aquiles de Cath. Abrió la historia que había estado leyéndole. Era algo que había escrito el año pasado por el festival de Navidad-fic (―Deck the Holes con Baz y Simon‖). El fic de Cath había ganado dos premios: ―Sabor a Canon‖ y ―Mejor en Snow‖. —¿Dónde lo dejamos? —dijo, sobre todo para sí misma.

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—Los dientes de Baz se desnudaron, y su cara estaba llena de asco y decisión. Cath encontró el lugar en la historia. —¡Vaya! —dijo ella—. Buena memoria. Levi estaba sonriendo. Le dio una patada a su silla. —Está bien —dijo—, así que están en el barco, y Simon se está inclinando, mirando las baldosas en la pared del foso… Él cerró los ojos. Cath se aclaró la garganta. Cuando él volvió a mirar, Baz había salido hacia él en la patada de despeje. Estaba acurrucado encima de Simon, lavado azul por su propio fuego conjurado, enseñando los dientes y la cara gruesa con decisión y asco. Baz sostuvo la vara un poco más cerca de la cara de Simon, y antes de que Simon pudiera alcanzar su varita o susurrar un hechizo, Baz estaba conduciendo la vara hacia delante sobre el hombro de Simon. El barco se sacudió y había un gorgojeo —salpicaduras de aullidos— frenético de agua. Baz levantó la vara y la condujo de nuevo, con el rostro tan frío y cruel como Simon nunca lo había visto. Sus anchos labios brillaban y estaba practicamente gruñendo. Simon se mantenía inmóvil mientras el barco se balanceaba. Cuando Baz retrocedió de nuevo, Simon se incorporó lentamente. —¿Lo has matado? —preguntó en voz baja. —No —dijo Baz—. Debería haberlo hecho. Debería saber que no molesta a los barcos… y tú debes saber que no debes inclinarte hacia el foso. —¿Por qué hay merwolves en el foso? —Simon se ruborizó—. Esto es una escuela. —Una escuela dirigida por un loco. Algo que he estado tratando de explicarte por seis años. —No hables de esa manera sobre el mago —¿Dónde está tu mago ahora, Simon? —le preguntó Baz en voz baja, mirando a la antigua fortaleza. Parecía cansado de nuevo, su cara azul a la luz de la luna, sus ojos practicamenrte rodeados de negro—. ¿Y qué estás buscando de todos modos? —le preguntó frotándose los ojos. — Tal vez si me dijeras podría ayudarte a encontrarlo, y entonces podríamos ir los dos al interior y evitar la muerte por ahogamiento, congelación o yugular rota.

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—Es… —Simon sopesó los riesgos. Por lo general, cuando Simon estaba tan lejos a lo largo de la búsqueda, Baz ya había olido su propósito y le había tendido una trampa para frustrarlo. Pero esta vez Simon no le había contado a nadie lo que estaba haciendo. Ni siquiera a Agatha. Ni siquiera a Penelope. La carta anónima le había dicho a Simon sobre buscar ayuda; decía que la misión era demasiado peligrosa llevarla a cabo por su cuenta, y ese fue exactamente el por qué Simon no quería involucrar a sus amigos. Pero poner en riesgo a Baz… Bueno, eso no era tan desagradable. —Es peligroso —dijo Simon con severidad. —Oh, estoy seguro… Peligro es tu segundo nombre, etc. Simon Oliver Peligro Snow. —¿Cómo sabes mi nombre? —preguntó Simon con cautela. —Gran Crimea, ¿qué parte de “seis años” no captaste? Sé qué zapato te pones en primer lugar. Sé que tu champú huele a manzana. Mi mente está bastante llena de inútil información sobre Simon Snow… ¿no conoces el mío? —¿Tu qué? —Mi segundo nombre —dijo Baz. El diente de Morgan a que estaba cabreado. —Es… es Basilton, ¿verdad? —Muy bien, gran idiota estruendoso. —Esa fue una pregunta con trampa —Simon se volvió hacia el mosaico. —¿Qué estás buscando? —Baz preguntó de nuevo, gruñendo entre dientes como un animal. Esto era algo que Simon había aprendido sobre Baz en seis años: Podía pasar de mal humor a peligroso en medio segundo.Pero Simon aún no había aprendido a no morder el anzuelo. —Conejos —le espetó—. Estoy buscando conejos. —¿Conejos? —Baz parecía confundido, a trapado en medio de un gruñido. —Seis liebres blancas. —¿Por qué? —No lo sé —gritó Simon—. Solo lo hago. Recibí una carta. Hay seis liebres blancas en la escuela y conducen a algo.

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—¿A qué? —No. Lo. Sé. Algo peligroso. —Y no supongo que —dijo Baz, apoyado contra el poste, descansando su frente en la madera— sabes quien lo envió. —No. —Podría ser una trampa. —Sólo hay una manera de averiguarlo. —Simon deseaba poder ponerse de pie y enfrentar a Baz sin volcar el barco, odiaba la forma en que Baz le estaba hablando. —De verded lo crees —se burló Baz—, ¿no es así? ¿De verdad crees que la única forma de resolver algo peligroso es metete dentro de ello. —¿Qué más sugieres? —Podrías preguntar a tu precioso mago, para empezar. Podrías correr más allá de tu empollón amigo. Su cerebro es tan enorme, que empuja sus oídos hacia fuera como un mono lo hace, tal vez podría arrojar algo de luz. Simon tiró de la capa de Baz y le hizo perder el equilibrio. —No hables de Penelope así. El bote se tambaleó, y Baz recuperó su postura genial. —¿Has hablado con ella? ¿Has hablado con alguien? —No —dijo Simon. —Seis liebres, ¿verdad? —Sí. —¿Cuántas has encontrado hasta ahora? —Cuatro. —Así que tienes la de la catedral y la otra en el puente levadizo.. —¿Sabes lo de la liebre en el puente levadizo? —Simon se echó hacia atrás, sorprendido—. Me llevó tres semanas averiguar eso. —Eso no me sorprende —dijo Baz—. No eres muy observador. ¿Por lo menos sabes mi primer nombre? —Él comenzó a empujar a través del agua de nuevo, llevándolos hacia el muelle, o eso era lo que Simon esperaba. —Es... comienza con una T. —Es Tyrannus —dijo Baz—. Honestamente. Así la catedral, el puente levadizo y la guardería…

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Simon se puso en pie, levantándose de la capa de Baz. El bote se balanceó. —¿La guardería? Baz bajó una ceja. —Por supuesto. De cerca, Simon podía ver los moretones debajo de los ojos de Baz, la red de vasos sanguíneos oscuros en sus párpados. —Muéstrame. Baz se encogió de hombros —prácticamente se estremeció— lejos de Simon y fuera del barco. Simon se inclinó hacia delante y agarró un poste en el muelle para que el barco no se fuera flotando. —Vamos —dijo Baz. Cath se dio cuenta de que había empezado a hacer las voces de Simon y Baz, al menos a hacer la versión de sus voces que escuchó en su cabeza. Echó un vistazo a Levi para ver si se había dado cuenta. Tenía en la mano el vaso con ambas manos contra su pecho y apoyando la barbilla en la parte superior, como para mantenerlo caliente. Tenía los ojos abiertos pero desenfocados. Parecía un niño pequeño viendo la televisión. Cath volvió a su computadora antes de que la atrapara mirándolo. Le tomó más tiempo alejar el barco lejos que sacarlo, y al momento en que estuvo atado, las manos de Simon estaban húmedas y frías. Se apresuraron a volver a la fortaleza, al lado del otro, ambos empujando los puños en sus bolsillos. Baz era más alto, pero sus pasos coincidían exactamente. Simon se preguntó si alguna vez habían caminado así antes. En seis años, seis años caminando siempre en la misma dirección, ¿hubo alguna vez alguna vez en habían tenido los mismos pasos? —Aquí —dijo Baz, cogiendo el brazo de Simon y deteniéndose en una puerta cerrada. Simon habría pasado de largo la puerta. Él probablemente había estado allí una y mil veces en la planta baja, cerca de las oficinas de los profesores. Baz intentó abrirla. Estaba cerrada. Sacó la varita de su bolsillo y empezó a murmurar. La puerta se abrió de repente, como si el mando reaccionara a la mano pálida de Baz. —¿Cómo hiciste eso? —preguntó Simon. Baz simplemente se burló y se adelantó. Simon lo siguió. La habitación estaba a oscuras, pero podía ver que era un lugar para niños. Había juguetes y almohadas, y las vías de tren que se enrollaban alrededor de la habitación en todas las direcciones. —¿Qué es este lugar?

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—Es la guardería —dijo Baz en voz baja. Como si los niños pudieran estar durmiendo en la habitación ahora mismo. —¿Por qué necesita Watford una guardería? —No —dijo Baz—. Ya no más. Es muy peligroso aquí para los niños. Pero este era el lugar donde los profesores llevaban a sus hijos mientras trabajaban. Y otros niños mágicos podrían venir también, si querían conseguir un comienzo temprano en su desarrollo. —¿Has venido aquí? —Sí, desde el momento en que nací. —Tus padres deben haber pensado que necesitaba una gran cantidad de ayuda adicional. —Mi madre era la directora, idiota. Simon volvió a mirar a Baz, pero no podía ver el rostro del otro chico en la oscuridad. —No lo sabía. Podía oír a Baz rodar sus ojos. —Estremecedor. —Pero conocí a tu madre. —Conociste a mi madrastra —dijo Baz. Se quedó muy quieto. Simon igualó su quietud. —La última directora —dijo, mirando el perfil de Baz—. Antes de que llegara el Mago, quien fue asesinada por vampiros. La cabeza de Baz cayó hacia adelante como si se llenara con piedras. —Vamos. La liebre está por allí. La siguiente habitación era amplia y redonda. Cunas se alineaban en las paredes a cada lado, con pequeñas colchonetas, colocadas en un círculo en el centro. Al fondo había una chimenea enorme tan alta como el techo alto y curvo. Baz susurró en su mano y envió una bola de fuego ardiendo a través de la rejilla. Susurró de nuevo, torciendo la mano en el aire, y las llamas azules se volvieron naranja y brillantes. La sala volvió a la vida un poco a su alrededor. Baz se acercó a la chimenea, con las manos hacia el calor. Simon lo siguió. —Ahí está —dijo Baz. —¿Dónde? —Simon miró al fuego. —Por encima de ti. Simon miró hacia arriba, y luego se volvió hacia la habitación. En el techo, por encima de él, había un mural ricamente pintado del cielo

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nocturno. El cielo era de un azul profundo y dominado por la luna, un conejo blanco rizado sobre ella, con los ojos bien cerrados, gordo y lleno y profundamente dormido. Simon salió al centro de la habitación, con la barbilla en alto. —La quinta liebre... —susurró—. El conejo de la luna. —¿Y ahora qué? —preguntó Baz, justo detrás de él. —¿Qué quieres decir? —Quiero decir, ¿y ahora qué? —No lo sé —dijo Simon. —Bueno, ¿qué hiciste cuando te enteraste de las otras? —Nada. Los encontré. La carta solo dice que los encuentre. Baz llevó las manos a su cara y gruñó, dejándose caer en un montón frustrado en el suelo. —¿Es así como tú y tu equipo de ensueño normalmente opera? No es de extrañar que siempre estorben. —Pero no es tan fácil detenernos, me he dado cuenta. —Oh, cállate —dijo Baz, con el rostro oculto en sus rodillas—. Simplemente, no más. No más de tu voz pegajosa hasta que tengas algo que valga la pena decir. Es como un taladro que estás manipulando entre mis ojos. Simon se sentó en el suelo cerca de Baz, cerca de la chimenea, mirando al conejo dormir. Cuando su cuello comenzó a sufrir calambres, se recostó sobre la alfombra. —Yo dormía en una habitación como esta —dijo Simon—. En el orfanato. En alguna parte cerca de esto. No había chimenea. Ni conejo de la luna. Pero todos nos acostábamos así, en una habitación. —Crowley, Snow, ¿fue cuando te uniste al elenco de Annie? —Todavía hay lugares así. Orfanatos. No lo sabrías. —Muy bien —dijo Baz—. Mi madre no eligió dejarme. —Si tu familia es tan grande, ¿por qué estás celebrando la Navidad conmigo? —No llamaría a esto una celebración. Simon se centró de nuevo en el conejo. Tal vez había algo escondido en él. Tal vez si entrecerraba los ojos. O si lo miraba en un espejo. Agatha tenía un espejo mágico, que le diría si algo andaba mal. Como si tenías espinacas en los dientes o algo colgando de tu nariz. Cuando Simon lo

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miraba, siempre se preguntaba a quién estaba engañando. —Sólo está celoso —diría Agatha—. Piensa que te doy demasiada atención. —Fue mi decisión —dijo Baz, rompiendo el silencio—. No quiero ir a casa para Navidad. —Se recostó en el piso, a un brazo de Simon. Cuando Simon lo miró, Baz estaba mirando a las estrellas pintadas. —¿Estabas aquí? —preguntó Simon, observando la luz del fuego surcar los rasgos fuertes de Baz. Su nariz estaba mal, había pensado siempre Simon. Comenzaba muy alta, con un golpe suave entre las cejas de Baz. Si Simon miraba la cara de Baz por mucho tiempo, siempre quería alcanzar y tirar de su nariz hacia abajo. No es que eso funcionara. Era sólo un sentimiento. —¿Estaba aquí cuándo? —preguntó Baz. —Cuando atacaron a tu madre. —Atacaron la guardería —dijo Baz, como si estuviera explicándolo a la luna—. Los vampiros no pueden tener hijos, ya sabes, tienen que convertirlos. Pensaron que si convertían niños mágicos, serían dos veces más peligrosos. Serían, pensó Simon, su estómago se retorció miedo. Los vampiros ya eran casi invulnerables, un vampiro que podía hacer magia... —Mi madre vino a protegernos. —A protegerte —dijo Simon. —Ella echó fuego contra los vampiros —dijo Baz—. Se quemaron como papel. —¿Cómo murió? —Había demasiados de ellos. —Aún estaba hablando al cielo, pero sus ojos estaban cerrados. —¿Los vampiros convirtieron a alguno de los niños? —Sí. —Fue como si una nube de humo se escapara de los labios de Baz. Simon no sabía qué decir. Él pensó que podría ser peor, en cierto modo, haber tenido una madre, una poderosa madre amorosa, y luego perderl, que crecer como Simon lo había hecho. Con nada. Sabía lo que sucedía después en la historia de Baz: después de que la directora, la madre de Baz, fuera asesinada, el Mago se hizo cargo. La escuela cambió, porque tenía que hacerlo. No eran sólo los estudiantes ahora. Eran guerreros. Por supuesto, la guardería se había cerrado. Cuando venías a Watford, dejabas tu infancia atrás.

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De acuerdo con Simon. No tenía nada que perder. Pero para Baz ... Perdió a su madre, pensó Simon, y él me puso en su lugar. En un tipo de ternura o quizá pena, Simon tomó la mano de Baz, esperando a que Baz tirara de su brazo. Pero la mano de Baz estaba fría y floja. Cuando Simon miró más de cerca, se dio cuenta de que el otro niño estaba dormido. La puerta se abrió entonces, y por primera vez, pensó Cath, el tiempo de Reagan era perfecto. Cath cerró su portátil, para que Levi supiera que había terminado de leer. —Hola —dijo Reagan—. Oh, oye. Tazas de Navidad. ¿Me has traído un café con leche y pan de jengibre? Cath miró con aire de culpabilidad su taza. —Te traje un ponche de huevo con leche —dijo Levi, sosteniéndolo— . Y he estado manteniéndolo caliente con mi boca. —Ponche de huevo. —Reagan arrugó la nariz, pero lo tomó—. ¿Qué haces aquí tan temprano? —Pensé que podríamos estudiar antes del partido —dijo Levi. —¿‖Amé a Jacob‖? Él asintió. —¿Está leyendo ―Amé a Jacob‖? —preguntó Cath—. para niños.

Es un libro

—Literatura juvenil —dijo—. Es una gran clase. Reagan estaba empujando la ropa en su bolso. —Voy a tomar una ducha en su lugar —dijo—. Estoy tan malditamente enferma de duchas públicas. Levi se deslizó hacia adelante en la cama de Cath y apoyó un codo sobre la mesa. —¿Así es cómo Baz se convirtió en un vampiro? ¿Cuándo fue atacada la guardería? Cath deseó que él no quisiera hablar de eso delante de Reagan. — ¿Quieres decir que, de verdad? —Quiero decir en los libros. —No hay ninguna guardería en los libros —dijo Cath. —Sin embargo, en tu versión, es lo que pasa. —Sólo en esta historia. Cada historia es un poco diferente.

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—¿Y otras personas tienen sus versiones, también? —Oh, sí —dijo—. Tenemos todos estos fans, y todos estamos haciendo algo diferente. —¿Eres tú la única que escribe sobre Baz y Simon enamorándose? Cath se echó a reír. —Uh, no. Toda la Internet escribe sobre Baz y Simon. Si vas a Google y escribes: Baz y Simon, la primera búsqueda que sugiere es: Baz y Simon enamorados. —¿Cuántas personas hacen esto? —¿Escribir Simon/Baz? ¿O escribor Simon Snow fanfiction? —Escribir fanfiction. —Dios, no lo sé. Miles y miles. —Por lo tanto, si no quieres que los libros se terminen, sólo podrías seguir leyendo historias de Simon Snow siempre en línea.... —Exactamente —dijo Cath con seriedad. Había pensado en Levi juzgándola, pero lo entendió—. Si te enamoras del Mundo de los Magos, puedes seguir viviendo allí. —Yo no diría vivir —dijo Reagan. —Fue una metáfora —dijo Levi suavemente. —Estoy lista —dijo Reagan—. ¿Vienes, Cath? Cath sonrió con fuerza y sacudió la cabeza. —¿Está segura? —preguntó Levi, levantándose de su cama—. Podríamos volver más tarde. —No, está bien. Nos vemos mañana. Tan pronto como se fueron, Cath se dirigió a cenar sola. —Tal vez no se supone que tenga una varita. Tal vez se supone que tenga un anillo como tú. O una... una cosita como la vieja Elspeth. —Oh, Simon. —Penelope frunció el ceño—. No debes llamarla así. Ella no puede ayudar a su piel, su padre era el Rey Brujo de Canus. —No, lo sé, es que... —Es más fácil para el resto de nosotros —dijo, calmante—. Los Instrumentos de Magos permanecen en las familias. Son pasadas de generación en generación. —Ahora —dijo—, al igual que la magia. No tiene sentido, Penelope, mis padres deben haber sido magos.

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Había tratado de hablar con ella sobre esto antes, y esa vez sólo la había hecho parecer tan triste. —Simon... no podría haber sido. Los magos nunca abandonarían a su propio hijo. Nunca. La magia es demasiado preciosa. Simon apartó la mirada de ella y movió su varita de nuevo. Se sentía como algo muerto en sus manos. —Creo que la piel de Elspeth es linda —dijo Penelope—. Ella se ve suave. Metió la varita en el bolsillo y se puso de pie. —Sólo quieres un cachorro. —Del capítulo 21, Simon Snow y la Tercera Puerta, Derechos de autor © 2004 por Gemma T. Leslie

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14 Traducido por Chachii Corregido por Meliizza

150 Su padre vino a recogerlas el día antes de Acción de Gracias. Cuando se detuvo frente a Pound Hall, Wren y Courtney ya se encontraban sentadas en la parte trasera del Honda. Wren y Cath generalmente se sentaban juntas en el asiento de atrás. Su padre se quejaba de que se sentía como un taxista y decía: —No, chofer de limusina. A casa, James. —Guau, mira esto… —dijo, cuando Cath se sentó en el asiento delantero junto a él—. Compañía. —Ella intentó sonreír. Courtney y Wren hablaban en el asiento trasero, pero con la radio encendida, Cath no podía escucharlas. Una vez que llegaron a la interestatal, se inclinó hacia su padre. —¿Cómo están los Gravioli? — preguntó. —¿Qué? —Él bajó el volumen de la radio. —Papá —dijo Wren—, esa es nuestra canción. —Lo siento —dijo, modificando el volumen en la parte de atrás—. ¿Qué decías? —le preguntó a Cath. —Gravioli —dijo ella. —Oh. —Hizo un gesto—. Al diablo con los Gravioli. ¿Sabías que eso en realidad son ravioles enlatados con una viscosa salsa marrón? —Suena asqueroso —dijo Cath. —Es indignante —dijo él—. Para las personas es como comida de perro. Tal vez nos deberíamos orientar a eso… ―¿Secretamente quieres comer comida de perro? ¿Acaso su olor logra que se te haga agua la boca?‖ Cath se unió, con su mejor voz de locutora: —La única cosa que te retiene para comer comida de perro es el miedo a que tus vecinos se den cuenta de todas las latas, y que luego vean, ¿que no tienes un perro?


—Graaavioli —dijo su padre, completando cada sonido vocal—. Es comida de perro. Para las personas. —No tienes el trabajo —dijo Cath—. Lo siento. Sacudió la cabeza por demasiado tiempo. —Ya lo conseguimos. A veces tenerlo es infinitamente peor que no tenerlo. Fue una competencia con seis agencias. Ellos nos eligieron y luego rechazaron cada buena idea que teníamos. Y entonces, por desesperación, Kelly le dice al cliente que se reúnan. ―Quizá aparece un oso que sale de hibernar y se encuentra realmente hambriento, haciendo que todo lo que pueda decir sea Grrr. Y entonces el oso consigue un gran tazón de Grrravioli y se convierte en un ser humano…‖ Y al cliente simplemente le encantó la idea, dio un salto y comenzó a gritar: “¡Eso es!” Cath volteó para ver si Courtney escuchaba. Su papá sólo maldecía cuando hablaba de trabajo. Y a veces cuando estaba siendo un maniático. Dijo que las agencias de publicidad fueron peor que los submarinos, todos maldiciendo y en claustrofobia. —Así que ahora estaremos hacienda animaciones de osos y Grrravioli —dijo él. —Eso suena terrible. —Es una tortura. Estamos hacienda cuatro comerciales. Cuatro osos diferentes se transforman en cuatro personas diferentes, cuatro, de esta forma podremos cubrir a nuestra competencia. Y entonces el jodido de Kelly pregunta si deberíamos hacer al chico Asiático un oso panda. Y hablaba en serio. Eso no sólo es racista, sino que los osos panda no hibernan. Cath sonrió. —Tuve que decirle a mi jefe: ―Es una idea interesante, Kelly, pero los pandas no hibernan‖. ¿Y sabes que dijo? Cat rió. —Uh, uh. Dime. —No seas tan literal, Arthur. —¡No! —¡Sí! —Su padre rió, sacudiendo la cabeza otra vez, demasiado rápido y por bastante tiempo—. Trabajar con este cliente es como hacer que mi cerebro cave su propia tumba. —Es nuestro grrrave-ioli15 —dijo Cath.

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Grave, en inglés, es tumba/sepultura.

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Se rió otra vez. —Está bien —dijo él, golpeando el volante—. Es dinero. Sólo dinero. Ella sabía que eso no era verdad. Nunca se trataba de dinero con él, es acerca del trabajo. Era acerca de tener la idea perfecta, y la solución más elegante. A su padre realmente no le importaba lo que vendía. Tampones, tractores o comida de perro para la gente. Sólo quería encontrar la perfecta pieza del rompecabezas que fuera hermosa y que encajara perfecta. Pero cuando dio con esa idea, esta casi lo mata. O bien el cliente la rechazó, o lo hizo su jefe. O la cambió. Y entonces fue como si alguien se hubiera aprovechado directamente del corazón de su padre, y estuviera drenando la savia de su alma. Después de que dejaron a Courtney en West O, Wren se adelantó a su asiento y le bajó el volumen a la radio. —Ponte el cinturón —dijo su padre. Ella se apoyó contra el respaldo y se abrochó el cinturón. —¿La abuela vendrá mañana? —No —dijo—. Se fue a Chicago con la tía Lynn durante un mes. Quería pasar las fiestas con los niños. —Nosotras somos niñas —dijo Wren. —Ya no. Ustedes son mujeres jóvenes y sofisticadas. Nadie quiere verlas desenvolviendo tarjetas de regalo. Oye, ¿a qué hora viene su madre a buscarlas? Cath se giró bruscamente para mirar a su hermana. Wren ya la observaba. —Mediodía —dijo con cautela—. Ellos almuerzan a la una. —Así que, ¿comeremos a las seis? ¿Siete? ¿Has reservado alguna habitación? —¿Te viene a buscar a ti? —preguntó Cath—. ¿Viene a nuestra casa? Su padre miró extrañado a Cath, y luego por el espejo retrovisor a Wren. —Pensé que ustedes ya habían hablado sobre esto. Wren rodó los ojos y miró por la ventana. —Lo sabía, ella acaba de enloquecer… —No enloquecí —dijo Cath, sintiendo que sus ojos comenzaban a arder—. Y si así fuera, es porque no me estás contando las cosas.

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—No es gran cosa —dijo Wren—. He hablado con mamá un par de veces por teléfono, y saldré con ella por un par de horas mañana. —¿Hablaste con ella por primera vez en diez años, y no es la gran cosa? ¿Y la acabas de llamar mamá? —¿Y cómo quieres que le diga? —Esa no es la idea. —Cath se giró casi completamente para mirar al asiento trasero, luchando contra el cinturón de seguridad—. No se suponía que la llamaras. Sintió la mano de su padre sobre su rodilla. —Cath… —No —dijo Cath—. No tú también. No después de todo. —Es tu madre —dijo él. —Ese es un tecnicismo —dijo Cath—. ¿Por qué incluso nos está molestando? —Quiere conocernos —respondió Wren. —Bueno, eso parece malditamente conveniente. Ahora que ya no la necesitamos. —¿‖Malditamente‖? —dijo Wren—. Mira eso, Cath, te estás metiendo en un diálogo de Snow. Cath sentía las lágrimas cayendo por sus mejillas. —¿Por qué sigues haciendo eso? —¿Qué? —Hacer pequeños comentarios acerca de Simon y Baz. —No es lo que hago. —Si —dijo Cath—. Es lo que haces. —Lo que sea. —Ella nos dejó. No nos amaba. —No es así de simple —dijo Wren, mirando los edificios al pasar. —Es por mí. —Cath se giró sobre su asiento y se cruzó de brazos. La cara de su padre estaba roja mientras golpeaba el volante con sus dedos.

Cuando llegaron

a casa, Cath no quiso

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ser la primera en subir las escaleras. Sabía que, si lo hacía, terminaría sintiéndose atrapada y miserable, al igual que The Crazy One16. Como la pequeña niña que era enviada a su habitación. En su lugar, se fue a la cocina. Se paró junto al mostrador y miró el patio. Su papá aún no había bajado el columpio. Ella deseó que lo hiciera; ahora era una trampa mortal, y a los niños del barrio les gustaba meterse en el patio y jugar con él. —Pensé que ustedes ya habían hablado de todo esto. —Él se encontraba parado junto a ella. Cath se encogió de hombros. Puso su mano sobre su hombro, pero ella no se giró. —Wren tiene razón —dijo él—. No es así de simple. —Detente —dijo—. Sólo detente, ¿está bien? No puedo creer que te estés poniendo de su lado. —Estoy de ambos lados. —No me refiero del lado de Wren. —Cath se giró. Sentía una nueva oleada de lágrimas—. De ella. De su lado. Te dejó. —No estábamos bien juntos, Cath. —¿Y esa es la razón del por qué nos dejó a nosotras también? ¿Por que no estábamos bien juntos? —Necesitaba algo de tiempo. No podía manejar la situación de ser madre… —¿Y acaso tú sí? Cath vio el dolor en sus ojos y sacudió la cabeza. —No quise decirlo de esa forma, papá. Él tomó una profunda bocanada de aire. —Mira —dijo—, ¿para ser honesto? Yo tampoco quiero esto. Sería mucho más fácil para mí, si nunca, nunca más, tuviera que pensar en Laura… pero es tu madre. —Todo el mundo tiene que dejar de decir eso. —Cath se giró hacia la ventana—. Uno no llega a ser la madre si se presenta después de que los niños ya crecieron. Ella es como esos animales que aparecen al final de la historia para comerse el pan de Little Red Hen17. Cuando la necesitábamos, ni siquiera respondía nuestras llamadas. Cuando comenzamos a tener nuestros períodos, tuvimos que googlear los detalles. Pero ahora, después de que dejamos de extrañarla, después de que 16

Comedia de televisión. ―Los locos‖.

17

Personaje de un cuento ruso.

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dejamos de llorar por ella, después de que hemos pasado por tanta mierda, ¿es ahora que ella quiere conocernos? No necesito una madre ahora, gracias. Estoy bien. Su papá rió. Ella lo miró sobre su hombro. —¿Por qué te estás riendo? —No lo sé —dijo él—. La cosa del pan, creo. Además… ¿de verdad tuvieron que googlear por sus períodos? Podrían haberme preguntado a mí acerca de eso… sé acerca de los períodos. Cath exhaló. —Está bien. Hemos googleado todo desde entonces. —No tienes que hablar con ella —dijo él suavemente—. Nadie va a obligarte. —Sí pero Wren ya… ya dejó caer el puente levadizo. —Wren debe tener algún problema que aún necesita resolver. Cath apretó sus puños y los presionó contra sus ojos. —A mí simplemente… no me gusta esto… no me gusta pensar en ella, no quiero verla. No la quiero en esta casa, pensando en cómo solía ser suya, en cómo solíamos ser de ella, tampoco… no quiero su recuerdo tocándonos. Su padre la abrazó. ���Lo sé. —Siento como si todo se desmoronará. Él tomó otra profunda respiración. —Yo también. —¿Enloqueciste cuando llamó? —Lloré por tres horas. —Oh, papá… —Tu abuela le dio mi número de celular. —¿La has visto? —No. Cath se estremeció, y su papá la abrazó más fuerte. —Cuando pienso en ella viniendo aquí —dijo—, es como esa escena en La Comunidad del Anillo18 cuando los hobbits están escondiéndose del Nazgul. —Tu madre no es mala, Cath. —Es así como me siento. Sé calló por unos segundos. —Yo también. 18

Primer parte de la historia ―El señor de los Anillos‖

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Wren no regresó a tiempo para la cena de Acción de Gracias; ella terminó por quedarse arriba durante la noche. —Siento como si hubiéramos preparado la mesa y pretendiéramos que todo es normal —le dijo Cath a su papá—, y sólo va a ponerse peor. —Estoy de acuerdo —dijo él. Comieron en la sala, pavo y puré de patatas, mientras miraban History Channel. El guiso de judías verdes se quedó en la cocina y se enfrió porque Wren era la única persona que alguna vez lo comería. Baz. —¿Alguna vez has hecho esto? Simon. —Sí. No. —¿Sí o no? —Sí. Pero no así. Baz. —¿No con un chico? Simon. —No cuando de verdad quise. —De ―¿De acuerdo?‖ publicado en Abril del 2012 por Fanfixx.net, autor de Magicath.

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15 Traducido por America Sardothien & Zafiro Corregido por niki26

157 Cuando Cath vio que era Levi quien estaba parado afuera, ella estaba tan feliz de ver su rostro siempre amigable, que lo dejó entrar. Ni siquiera se molestó en decirle que Reagan no estaba allí. —¿Está Reagan aquí? —preguntó tan pronto como hubo entrado a la habitación. El rostro de Levi no era amigable. Su frente estaba surcada, y sus pequeños labios con forma de arco estaban apretados. —No —dijo Cath—. Salió hace horas. —Ella no agregó: con un chico gigante llamado Chance quien juega un montón de futbol y luce como si pudiera hacer a John Henry en la versión de la película de John Henry19. —Mierda —dijo Levi, apoyándose en la puerta. Incluso enojado, él se inclinaba. —¿Qué está mal? —preguntó Cath. ¿Estaba celoso, finalmente? ¿No sabía de los otros chicos? Cath siempre imaginó que él y Reagan tenían un acuerdo. —Se suponía que iba a estudiar conmigo —dijo. —Oh —dijo Cath, no entendiendo—. Bueno, todavía puedes estudiar aquí, si quieres. —No —dijo enojado—. Necesito su ayuda. Íbamos a estudiar anoche y ella lo pospuso, y el examen es mañana y… —Él lanzó un libro en la cama de Reagan, luego se sentó en la cama de Cath, mirando lejos de ella pero aún escondiendo su rostro—… Ella dijo que estudiaría conmigo. Cath se acercó y tomó el libro. —¿Rebeldes?20 —Sí. —Él levantó la mirada—. ¿Lo has leído? —No. ¿Tú? —No.

19 20

Es un héroe de una leyenda norteamericana. Es alto y musculoso En inglés, "The Rebeldes" de S. E. Hinton.


—Entonces léelo —dijo ella—. ¿Tu examen es mañana? Tienes tiempo. No se ve muy largo. Levi sacudió su cabeza y miró al suelo otra vez. —No entiendes. Tengo que pasar este examen. —Entonces lee el libro. ¿Ibas a dejar que Reagan lo leyera por ti? Él sacudió nuevamente su cabeza respondiendo no, más como si estuviera sacudiendo su cabeza a la idea de leer el libro. —Te dije —dijo él—. No soy una persona de libros. Levi siempre decía eso. No soy una persona de libros. Como si los libros fueran postres ricos o películas de miedo. —Sí, pero esto es la escuela —dijo ella—. ¿Dejarías a Reagan tomar el examen por ti? —Tal vez —resopló—. Si fuera una opción. Cath puso el libro al lado de él en su cama y fue a su escritorio. — Podrías también ver la película —dijo ella desagradablemente. —No está disponible. Cath hizo un sonido con su garganta. —No entiendes —dijo Levi—. Si no consigo una C en esta clase, me echarán de mi programa. —Entonces lee el libro. —No es tan simple. —Es exactamente así de simple —dijo Cath—. Tienes un examen mañana, tu novia no está aquí para hacerte leer el libro. —No entiendes nada. Levi estaba de pie ahora; había caminado hasta la puerta, pero Cath no giraría para enfrentarlo. Estaba cansada de pelear. La pelea ni siquiera era de ella. —Está bien —dijo ella—. No entiendo. Como sea. Reagan no está aquí y yo tengo un montón de lectura que hacer y a nadie para hacerlo por mí, así que...—Lo escuchó abrir la puerta de un tirón. —Traté de leerlo —dijo él toscamente—. He estado tratando por las últimas dos horas. Es solo que no soy un lector. Nunca he terminado un libro. Cath se giró para mirarlo, sintiendo un agarre de culpa repentina en su estómago. —¿Estás tratando de decirme que no puedes leer?

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Levi empujó su cabello hacia atrás violentamente. —Por supuesto que puedo leer —dijo—. Jesús Cristo. —Bueno, entonces, ¿qué estás tratando de decirme? ¿Que no quieres? —No. Yo... —Él cerró los ojos y respiró profundamente por su nariz—. No sé por qué estoy tratando de decirte algo. Puedo leer. Solo no puedo leer libros. —Entonces pretende que es una señal de calle realmente larga y confusa a través de ello. —Jesús —dijo, sorprendido. Herido—. ¿Qué he hecho para que seas tan mala conmigo? —No estoy siendo mala —dijo Cath, sabiendo que probablemente lo era—. Solo que no sé qué quieres que diga. ¿Que lo apruebo? Lo que tú y Reagan hacen no es de mi importancia. —Piensas que soy perezoso. —Sus ojos estaban en el suelo—. Y no lo soy. —Bien. —Es como que no me puedo concentrar —dijo, girando lejos de ella en la entrada—. Como que leo el mismo párrafo una y otra vez y sigo sin entender qué dice. Como que las palabras van directo a través de mí y no puedo aferrarme a ellas. —Está bien —dijo ella. Él miró hacia atrás, solo lo suficiente para enfrentarla. Los ojos de Levi eran muy grandes en su rostro cuando no sonreía. —No soy un tramposo — dijo. Luego caminó lejos, dejando la puerta cerrarse detrás de él. Cath exhaló. Luego inhaló. Su pecho estaba tan apretado que dolía de las dos formas. Levi no debería hacerla sentir de esta forma, él no debería siquiera tener acceso a su pecho. Levi no era su novio. Él no era su familia. Ella no lo eligió. Estaba atascada con él, porque estaba atascada con Reagan. Él era un compañero de cuarto por ley. Rebeldes todavía estaba en su cama. Cath lo tomó y salió. —¡Levi! —Corrió por el pasillo—. ¡Levi! Él estaba de pie frente al elevador con la manos en los bolsillos de su chaqueta.

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Cath dejó de correr cuando lo vio. Él giró para mirarla. Sus ojos todavía eran muy grandes. —Olvidaste tu libro. —Ella lo sostuvo en alto. —Gracias —dijo él tendiendo su mano. Cath la ignoró. —Mira, ¿por qué no vuelves? Reagan probablemente está en camino. —Siento haberte gritado —dijo él. —¿Me gritaste? —Levanté la voz. Ella rodó los ojos y dio un paso atrás hacia su habitación. —Vamos. Levi la miró a los ojos y ella lo dejó. —¿Estás segura? —Vamos. —Cath giró hacia su habitación y esperó a que él estuviera a su lado—. Lo siento —dijo ella suavemente—. No me di cuenta de que estábamos teniendo una conversación seria hasta que lo estábamos. —Solo estoy realmente estresado por este examen —dijo él. Ellos se detuvieron en su puerta, y Cath de repente trajo sus muñecas hacia su sien. —Mierda. —Puso sus manos en su cabeza—. Mierda, mierda, mierda. Estamos encerrados. No tengo mis llaves. —Te tengo. —Levi sonrió y sacó su llavero. Su mandíbula cayó. —¿Tienes una llave para nuestra habitación? —Reagan me dio la que le sobraba, para emergencias. —Él abrió la puerta y la mantuvo abierta para ella. —¿Entonces por qué estás siempre sentado en el pasillo? —Eso nunca es una emergencia. Cath entró y Levi la siguió. Él estaba sonriendo nuevamente, pero obviamente todavía estaba operando treinta grados menos que el Levi regular. Tal vez dejaron de pelear, pero él todavía reprobaría su examen. —¿Así que no pudiste encontrar la película? —preguntó ella—. ¿Ni siquiera en Internet? —No. Y la película no es buena de cualquier forma. Los profesores siempre pueden saber cuándo ves la película. Él se dejó caer en la cabecera de la cama de ella. —Normalmente, escucho el audiolibro. —Eso cuenta como leer —dijo Cath, sentándose en su escritorio. —¿Cuenta?

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—Por supuesto. Pateó una de las patas de la silla juguetonamente, luego dejó sus pies ahí, en el riel. —Bueno, entonces, no importa. Creo que he leído muchos libros. Este no estaba disponible. —Él desabrochó su chaqueta y cayó abierta. Estaba usando una camisa a cuadros verde y amarilla debajo. —Entonces, ¿qué? ¿Reagan iba a leértelo? —Usualmente solo vemos lo más importante. Le ayuda, también, para revisarlo. Cath miró abajo hacia el libro. —Bueno, no tengo nada para ti. Todo lo que sé de Rebeldes es "Sigue siendo dorado, Ponyboy". Levi suspiró y empujó su cabello hacia atrás. Cath arrastró las páginas con su pulgar. Realmente era un libro breve. Con montones de diálogos. Miró hacia Levi. El sol se estaba poniendo detrás de ella y él estaba sentado en una mancha de luz naranja. Cath giró su silla hacia la cama, golpeando los pies de él hacia el suelo sin aviso. Luego dejó sus propios pies en el marco de la cama y se sacó sus lentes, metiéndolos en su cabello. —Cuando salí hacia la brillante luz del sol, desde la oscuridad del cine. —Cath —susurró Levi. Ella sintió su silla tambalearse y supo que él la estaba pateando—. No tienes que hacer eso. —Obviamente —dijo ella—. Cuando salí hacia la brillante luz del sol… —Cather. Ella se aclaró la garganta, todavía enfocada en el libro. —Cállate, te debo una. Al menos una. Y también, estoy tratando de leer aquí. “Cuando salí hacia la brillante luz del sol, desde la oscuridad del cine, solo tenía dos cosas en mente..." Cuando Cath miró hacia arriba entre párrafos, Levi estaba sonriendo. Él se inclinó hacia adelante para quitarse la chaqueta, luego encontró una nueva forma de descansar sus piernas en su silla y se apoyó en la pared, cerrando los ojos. Cath nunca había leído mucho en voz alta antes de esto. Afortunadamente se trataba de un buen libro, así que como que olvidó después de un tiempo que estaba leyendo en voz alta y que Levi estaba escuchando, y las circunstancias que los trajeron aquí. Pasó aproximadamente una hora, tal vez dos, antes de que Cath dejara caer las manos y el libro en su regazo. El sol había acabado de ponerse, y la única luz en la habitación era la de su lámpara de escritorio.

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—Puedes parar cuando quieras —dijo Levi. —No quiero parar. —Lo miró—. Sólo estoy muy —se sonrojó, no estaba segura de por qué—, sedienta. Levi rió y se sentó. —Oh... sí. Déjame traerte algo. ¿Quieres soda? ¿Agua? Podría estar de vuelta aquí en diez con un café y pan de jengibre. Estaba a punto de decirle que no se molestara, pero entonces recordó lo bueno que era ese café con pan de jengibre. —¿En serio? —Regreso en diez —dijo, ya de pie y poniéndose su chaqueta. Se detuvo en la puerta y Cath se sintió tensa, recordando lo triste que había lucido la última vez que estuvo allí. Levi sonrió. Cath no sabía qué hacer, así que le dio algún tipo de asentimiento y los más frívolos pulgares arriba del mundo. Cuando se fue, se levantó y se estiró. Su espalda y sus hombros crujieron. Fue al baño. Volvió. Se estiró de nuevo. Revisó su teléfono. Luego se acostó en su cama. Olía como Levi. Como granos de café. Y algún tipo de cosa cálida y especiada que podría ser colonia. O jabón. O desodorante. Levi se sentaba en su cama tan a menudo, que todo eso era familiar. A veces olía a humo de cigarrillo, pero no esta noche. A veces como a cerveza. Había dejado la puerta abierta, por lo que cuando tocó de nuevo, Cath simplemente se sentó y le dijo que entrara. Había querido levantarse y volver a sentarse en su escritorio, pero Levi ya le estaba dando las bebidas y sacándose el abrigo. Tenía el rostro enrojecido por el frío, y cuando su abrigo la tocó, estaba tan frío que saltó. —Cinco antes —dijo, quitándose el sombrero y agitando su pelo hasta que quedó levantado de nuevo—. Muévete a un lado. Cath lo hizo, arrastrándose hacia la almohada y apoyándose contra la pared. Levi tomó su bebida y le sonrió. Puso el porta vasos en su escritorio, también le había traído un gran vaso de agua. —¿Puedo preguntarte algo? —Miró a su taza de Starbucks. —Por supuesto. —¿Por qué tomas una clase de literatura si no puedes terminar un libro? Se volvió hacia ella, estaban sentados hombro con hombro.

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—Necesito seis horas de literatura para graduarme. Eso es dos clases. Traté de sacar una del camino en primer año, pero fallé. Fallé... mucho ese año. —¿Cómo pasaste cualquiera de tus clases? —Cath tenía horas de lectura asignada, casi todas las noches. —Las estrategias de supervivencia. —¿Cómo qué? —Grabo mis conferencias y las escucho más tarde. Los profesores suelen cubrir la mayor parte de lo que hay en la prueba en la clase. Y me reúno con grupos de estudio. —Y te apoyas en Reagan... —No sólo en Reagan. —Sonrió—. Soy muy bueno en identificar rápidamente a la chica más inteligente de todas las clases. Cath le frunció el ceño. —Dios, Levi, eso es tan explotador. —¿Cómo es explotador? No las hago usar minifaldas. No las llamo ―bebé‖. Sólo digo, ―Hola, chica lista, ¿te gustaría hablar conmigo sobre Grandes Esperanzas?‖ —Probablemente piensan que te gustan. —Me gustan. —Si no inteligentes…

fuera

explotador,

también

acosarías

a

los

chicos

—Lo hago, en un apuro. ¿Te sientes explotada, Cather? —Seguía sonriendo por encima de su taza de café. —No —dijo—, sé que no te gusto. —No sabes nada. —Entonces, ¿esto es algo viejo para ti? ¿Encontrar a una chica para que te lea un libro entero? Negó con la cabeza. —No, esta es la primera vez. —Bueno, ahora me siento explotada —dijo ella, bajando su bebida y estirándose por el libro. —Gracias —dijo. —Capítulo doce... —Lo digo en serio. —Levi tiró hacia abajo el libro y la miró—. Gracias. Cath sostuvo su mirada por unos segundos. Luego asintió y tiró de vuelta el libro.

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Después de otras cincuenta páginas, Cath estaba adormilada. En algún momento, Levi se había apoyado contra ella, y entonces se recostó, y era difícil pensar en lo que estaba sucediendo en ese lado de su cuerpo porque estaba ocupada leyendo... Aunque había casi un capítulo entero allí donde sus labios y sus ojos se movían, su cerebro no estaba manteniendo un registro de nada más que lo cálido que estaba. Lo caliente que era el novio de su compañera de cuarto. Uno de los novios de su compañera de cuarto. ¿Eso importaba? Si Reagan tenía tres novios, ¿significaba que esto era sólo un tercio? Solo inclinarse contra Levi probablemente no estaba mal. Pero apoyarse contra él porque era caliente y no-exactamente-suave... malo. La voz de Cath se puso áspera, y él se sentó alejándose un poco. — ¿Quieres tomar un descanso? —preguntó. Asintió, sólo parcialmente agradecida. Levi se puso de pie y se desperezó. Los faldones de su camisa de franela no se levantaban mucho por encima de la cintura de sus pantalones vaqueros. Cath se levantó también y se frotó los ojos. —Estás cansada —dijo—. Vamos a parar. —No vamos a parar ahora —dijo—. Ya casi hemos terminado. —Todavía tenemos un centenar de páginas... —¿Te estás aburriendo? —No. Sólo siento que es demasiado, lo que estás haciendo por mí. Bordeando lo explotador. —Pufff —dijo Cath—. Estaré de vuelta. Y entonces terminaremos. Estamos a medio hacer, y quiero saber qué pasa. Todavía nadie dijo: ―Sigue siendo tú mismo, muchacho‖. Cuando regresó, Levi estaba en el pasillo, apoyado contra la puerta. Debía haber subido al piso de los chicos para ir al baño. —Esto es raro ahora que sé que tienes una llave —dijo. Lo dejó entrar, y él se dejó caer sobre la cama otra vez y le sonrió. Cath miró a la silla del escritorio, entonces sintió una mano en su manga. La atrajo a su lado en la cama, y sus ojos se encontraron por un segundo. Cath apartó la mirada como si no lo hubieran hecho.

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—Mira lo que vendemos en Starbucks —dijo, sosteniendo una barra de energía hacia ella. Cath la tomó. —Dicha de arándanos. Guau. Esto me remonta a dos meses enteros. —Los meses son diferentes en la universidad —dijo Levi—, sobre todo en el primer año. Demasiado sucede. Cada mes de primer año es igual a seis meses regulares, son como mes de perro. Desenvolvió la barra de proteína y le ofreció la mitad. La tomó y la golpeó contra la de ella. —Salud.

Era muy tarde. Y demasiado oscuro en la sala para estar leyendo esta cantidad. La voz de Cath ahora era áspera, como si alguien hubiera pasado un cuchillo sin filo a través de ella. Como si se estuviera recuperando de un resfriado o un ataque de llanto. En algún momento Levi había puesto su brazo izquierdo a su alrededor y la atrajo hacia su pecho, había estado inquieta y frotándose la espalda en la pared, y Levi sólo se estiró detrás de ella y la atrajo hacia él. Entonces su mano había vuelto a caer en la cama y se quedó allí. Excepto cuando se estiraba o se movía. Cuando se movía, Levi llevaría la mano hasta el hombro de Cath para sostenerla contra él mientras se ajustaba. Podía sentir su pecho subiendo cuando respiraba. Podía sentir su aliento en el cabello a veces. Cuando movió la barbilla, se topó con la parte posterior de su cabeza. Los músculos de los brazos de Cath, su espalda y cuello estaban empezando a doler, solo por estar manteniendo tanta atención. Perdió su lugar en el libro y dejó de leer por un momento. La barbilla de Levi chocó con su cabeza. —Tómate un descanso — dijo con una voz que no era un susurro, pero era tan suave. Asintió, y él sujetó su codo izquierdo, mientras extendió su brazo derecho a través de ella para llegar al vaso de agua. Su cuerpo se curvó a su alrededor por un segundo, luego se recostó de nuevo contra la pared. Mantuvo la mano en su codo. Cath tomó un trago, y luego dejó el agua. Trató de no retorcerse, pero su espalda estaba rígida, y se arqueó contra él. —¿Estás bien? —le preguntó.

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Asintió de nuevo. Y entonces lo sintió moverse lentamente. —Ven... Levi se deslizó por la pared sobre la cama, descansando sobre su costado, y luego tiró a Cath hacia abajo de manera que estaba tumbada de espaldas frente a él, su brazo bajo la cabeza de ella como una almohada. Relajó los hombros y sintió la cálida franela contra la parte posterior de su cuello. —¿Mejo? —le preguntó con su superíndice voz. Estaba mirándola a la cara. Dando a Cath la oportunidad de decir no sin tener que decirlo en voz alta. No dijo nada. Ni asintió. Ni respondió. En vez de eso bajó la mirada y se movió un poco hacia él sobre su costado, apoyando el libro contra su pecho. Empezó a leer de nuevo y sintió la curva del codo de Levi alrededor de su hombro.

Cath no tenía que leer muy fuerte cuando él estaba tan cerca. Lo cual era bueno, porque su voz estaba casi desaparecida. (Ida). Dios, Levi era caliente, y de cerca, olía mucho a sí mismo, eso la hizo subir de golpe la mirada. Sus ojos estaban cansados. Estaba cansada. Cuando Johnny —uno de los personajes principales— se lesionó, Levi tomó un profundo respiro. En ese momento, la mejilla de Cath estaba en su pecho, y podía sentir sus costillas expandiéndose. Ella también tomó una respiración profunda, su voz se quebró un poco más, y Levi apretó el agarre a su alrededor. Se preguntó si le queda algo de sangre en el brazo. Se preguntó qué pasaría cuando llegaran al final de la historia. Siguió leyendo. Había muchos muchachos en este libro. Demasiados brazos y piernas y caras enrojecidas. Había esperado reír cuando finalmente llegó a la línea de "Se tú mismo, muchacho," pero no lo hizo, porque significaba que Johnny había muerto, y pensó que tal vez Levi estaba llorando. Tal vez Cath estaba llorando. Sus ojos estaban cansados. Estaba cansada.

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—“Cuando salí a la brillante luz del sol de la oscuridad de la sala de cine, que tenía sólo dos cosas en la cabeza: Paul Newman y un viaje a casa...” Cath cerró el libro y lo dejó caer sobre el pecho de Levi, insegura de lo que pasaba después. No estaba segura de estar despierta, considerando todas las cosas. En el momento en que cayó, la atrajo hacia sí. Sobre él. Con ambos brazos. Su pecho se apretó contra el de él, y el libro de bolsillo se deslizó entre sus estómagos. Los ojos de Cath estaban medio cerrados, y así estaban los de Levi, y sus labios sólo parecían pequeños de lejos, notó, por su puchero como de muñeca. Realmente eran perfectamente grandes, ahora que tenía una buena mirada en ellos. Perfectamente algo. Empujó su nariz contra la de ella, y sus bocas quedaron adormiladas juntas, ya suaves y abiertas. Cuando los ojos de Cath se cerraron, sus párpados pegados. Quería abrirlos. Quería tener una mejor vista de las demasiado oscuras cejas de Levi, quería admirar su loca, la del cabello vampira, tenía la sensación de que esto nunca iba a volver a suceder y que incluso podría arruinar lo que quedaba de su vida, por lo que quería abrir los ojos y tener algo para atestiguarlo. Pero estaba tan cansada. Y su boca era tan suave. Y nadie había besado Cath así antes. Sólo Abel la había besado antes, y eso fue como recibir un empujón directo en la boca y empujar de regreso. Los besos de Levi eran todo conquistando. Como si estuviera sacando algo fuera de ella con pequeños y suaves golpes de su barbilla. Llevó los dedos a su pelo, y no podía abrir los ojos. Finalmente, no pudo mantenerse despierta. —Lo siento, Penelope. —No me hagas perder el tiempo con disculpas, Simon. Si nos detenemos a pedir perdón y perdonar a los demás cada vez que pisamos los dedos del otro, nunca vamos a tener tiempo para ser amigos. —Del capítulo 4, Simon Snow y la Segunda Serpiente

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Copyright Š 2003 por Gemma T. Leslie

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16 Traducido por Juli & Cynthia Delaney Corregido por Aimetz14

169 Cath no se despertó cuando la puerta se abrió. Pero saltó cuando se cerró de golpe. Fue entonces cuando sintió a Levi moverse debajo de ella, el roce cálido de su barbilla contra su frente. Entonces se despertó. Reagan se encontraba de pie en el extremo de la cama de Cath, mirándolos. Todavía llevaba los jeans de la noche anterior, y la sombra de ojos azul plateado se había desplazado por sus mejillas. Cath se sentó. Y Levi se levantó. Atontado. Y Cath sintió que su estómago salía disparando hasta la garganta. Levi cogió el teléfono de Cath y lo miró. —Mierda —dijo—. Estoy dos horas atrasado para el trabajo. —Se levantó entonces y se puso el abrigo— . Nos quedamos dormidos leyendo —dijo, medio para Reagan, medio para el suelo. —Leyendo —dijo Reagan, mirando a Cath. —Nos vemos más tarde —dijo Levi, más para el suelo que para cualquiera de ellas. Y luego se fue. Y Reagan seguía de pie al final de la cama de Cath. Los ojos de Cath estaban pegajosos y doloridos, y de pronto llenos de lágrimas. —Lo siento mucho —dijo, sintiéndolo. Sintiéndolo en el estómago y en cada músculo dolorido entre los hombros—. Oh, Dios mío. —No lo hagas —dijo Reagan. Era evidente que estaba furiosa. —Yo... lo siento mucho. —No lo hagas. No te disculpes. Cath cruzó las piernas y se encorvó, sosteniendo su rostro. —Pero yo sabía que él era tu novio. —Cath lloraba. A pesar de que probablemente eso enojaría más a Reagan.


—Él no es mi novio —dijo Reagan, casi gritando—. Ya no más. No... por mucho tiempo, en realidad. Así que, no lo hagas. —Reagan inhaló con fuerza, y luego exhaló—. No esperaba que esto sucediera —dijo—. Y, si pasaba, no esperaba que me molestara. Es que... Es Levi. Y Levi siempre me gusta. ¿No es su novio? —A él todavía le gustas —dijo Cath, tratando de no gemir. —No seas idiota, Cather. —La voz de Reagan era filosa—. Quiero decir, sé que lo eres. Acerca de esto. Pero trata de no ser una idiota ahora mismo. —Lo siento... —dijo Cath, intentando y fallando mirar a su compañera de cuarto—. Todavía no sé por qué lo hice. Te juro que no soy ese tipo de chica. Reagan, finalmente, se dio la vuelta. Dejó caer la bolsa sobre la cama y agarró su toalla. —¿Qué tipo de chica es ese, Cath? ¿El tipo de chica...? Me voy a tomar una ducha. Cuando vuelva, terminaré esto.

Y cuando regresó, lo hizo. Cath se había acurrucado en su cama y se permitió llorar como no lo había hecho el fin de semana de Acción de Gracias. Encontró Rebeldes encajado entre la cama y la pared, y lo tiró al suelo. Reagan vio el libro cuando regresó a la habitación. Llevaba pantalones de yoga, una sudadera con capucha gris ajustada y gafas marrones en lugar de contactos. —Oh, mierda —dijo, cogiendo el libro—. Se suponía que iba a ayudarle a estudiar. —Miró a Cath—. ¿De verdad sólo leyeron? —No sólo eso —dijo Cath, su voz salía entre jadeos. —Deja de llorar —dijo Reagan—. Lo digo en serio. Cath cerró los ojos y rodó hacia la pared. Reagan se sentó en el extremo de su propia cama. —No es mi novio —dijo solemnemente—. Y sabía que le gustabas, él estaba aquí constantemente. Pero no sabía que a ti te gustaba también. —Pensé que estaba aquí constantemente porque era tu novio —dijo Cath—. No quería que me gustara. Traté de ser mala con él.

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—Pensé que simplemente eras mala —dijo Reagan—. Me gusta eso de ti. Cath se echó a reír y se frotó los ojos por lo que pareció quinientas veces en doce horas. Se sentía como si tuviera los ojos de color rosa. —No me importa —dijo Reagan—. Sólo me sorprendió. —No puede no importarte —dijo Cath, sentándose y apoyándose contra la pared—. Aunque no besé a tu novio, pensé que estaba besando a tu novio. Así era cómo te iba a pagar por todas las cosas buenas que has hecho por mí. —Vaya... —dijo Reagan—. Cuando lo pones de esa manera, es bastante jodido. Cath asintió miserablemente. —Así que, ¿por qué hiciste eso? Cath pensó en el calor de Levi contra su brazo anoche. Y sus diez mil sonrisas. Y su extensa frente. Cerró los ojos y se apretó las palmas de las manos. —Realmente, realmente quería. Reagan lanzó un suspiro. —Está bien —dijo—. Este es el acuerdo. Tengo hambre, y tengo que terminar de leer Rebeldes. Levi te gusta, a él gustas, y ya lo superé. Las cosas podrían ponerse un poco raras por aquí si empiezas a salir con mi novio de la secundaria, pero no hay vuelta atrás, ¿sabes? Cath no respondió. Reagan siguió hablando. —Si siguiera siendo mi novio, tendríamos una pelea. Pero no lo es. Así que vamos a ir a almorzar, ¿de acuerdo? Cath miró a Reagan. Y asintió.

Cath ya había perdido sus clases de la mañana. Incluyendo Escritura de Ficción. Pensó en Nick, y justo en ese momento, fue como pensar en casi todo el mundo. Reagan comía un plato de Lucky Charms. —Está bien —dijo, apuntando con su cuchara a Cath—, ¿ahora qué? —¿Ahora qué, qué? —dijo Cath, con la boca llena de queso a la parrilla.

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—¿Y ahora qué con Levi? Cath tragó. —Nada. No sé. ¿Tengo que saberlo? —¿Quieres mi ayuda con esto? Cath miró a Reagan. Incluso sin el maquillaje y el pelo arreglado, la chica era aterradora. Simplemente no había miedo en ella. Ni dudas. Hablar con Reagan era como estar frente a un tren que se aproximaba. —No sé lo que es esto —dijo Cath. Apretó los puños sobre el regazo y se obligó a seguir hablando—. Siento como... que lo pasó anoche fue una aberración. Como si sólo pudo haber ocurrido en el medio de la noche, cuando él y yo estábamos muy cansados. Porque si hubiera sido de día, habríamos visto lo inapropiado que era… —Ya te lo dije —dijo Reagan—, no es mi novio. —No es sólo eso. —Cath volvió la cara hacia la pared de ventanas, y luego a Reagan, con seriedad—. Una cosa era cuando yo estaba enamorada de él y era totalmente inalcanzable. Pero no creo que pueda realmente estar con alguien como Levi. Sería como una relación interespecies. Reagan dejó que la cuchara cayera descuidadamente en su cereal. —¿Qué hay de malo en Levi? —Nada —dijo Cath—. Es sólo que... no es como yo. —¿Quieres decir, inteligente? —Levi es muy inteligente —dijo Cath defensivamente. —Lo sé —dijo Reagan, también defensivamente. —Es diferente —dijo Cath—. Es mayor. Fuma. Y probablemente tuvo sexo. Quiero decir, luce de esa manera.

bebe.

Y

Reagan levantó las cejas mientras Cath hablaba como loca. Y Cath pensó —no por primera vez, pero por primera vez desde anoche— que Levi probablemente había tenido sexo con Reagan. —Y le gusta salir —dijo Cath, sólo para cambiar de tema—. Y le gustan los animales. No tenemos nada en común. —Estás haciendo que suene como si fuera un hombre alborotador de montaña que fuma cigarrillos y tiene sexo con prostitutas. Cath se echó a reír, a pesar de sí misma. —Al igual que un cazador peligroso de pieles franceses. —No es más que un hombre —dijo Reagan—. Por supuesto que es diferente a ti. Nunca vas a encontrar a un chico que sea exactamente

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como tú, en primer lugar, porque ese chico nunca sale de su habitación de la residencia... —Los chicos como Levi no salen con chicas como yo. —Una vez más… ¿Qué clase de chica? —Los chicos como Levi salen con chicas como tú. —¿Y qué significa eso? —preguntó Reagan, ladeando la cabeza. —Normales —dijo Cath—. Bonitas. Reagan rodó los ojos. —No —dijo Cath—, en serio. Mírate. Tienes las cosas claras, no tienes miedo de nada. Yo tengo miedo de todo. Y estoy loca. Como si tal vez piensas que estoy un poco loca, pero la gente sólo ve la punta del iceberg de la locura. Por debajo de esta apariencia de ligeramente loca y socialmente inepta, soy un completo desastre. Reagan rodó los ojos otra vez. Cath tomó una nota mental para dejar de rodar los ojos a la gente. —¿Qué haríamos juntos? —preguntó Cath—. Él querría ir al bar, y yo querría quedarme en casa y escribir un fanfiction. —No voy a hablar de esto —dijo Reagan—, sobre todo si vas a ser estúpida. Pero voy a decir esto: No seas estúpida. Ya le gustas. Incluso le gusta tu fanfiction espeluznante, no deja de hablar de ello. Levi es sólo un hombre. Uno muy, muy bueno, tal vez incluso el mejor, y nadie está diciendo que tienes que casarte con él. Así que deja de hacer todo tan difícil, Cath. Lo besaste, ¿verdad? La única pregunta es, ¿quieres volver a besarlo? Cath apretó los puños hasta que sus uñas se clavaron en sus palmas. Reagan comenzó a apilar los platos vacíos en la bandeja. —¿Por qué rompieron? —espetó Cath. —Lo engañé muchas veces —dijo Reagan rotundamente—. Soy una buena amiga, pero soy una novia de mierda. Cath cogió la bandeja y siguió a Reagan a la basura.

No vio a Levi esa noche. Trabajó miércoles por la noche. Fue entonces cuando Cath se dio cuenta de que sabía el horario de trabajo de Levi.

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Pero le envió un mensaje de texto sobre una fiesta el jueves en su casa. ¿Fiesta? ¿Jueves? ¿Mi casa? Cath no le respondió… lo intentó. Siguió empezando a escribir mensajes y borrándolos. Casi le envió un emoticón sonriente. Reagan llegó a casa del trabajo tarde en la noche y se fue directamente a la cama. Cath estaba en su escritorio, escribiendo. —Levi mató nuestro concurso de Rebeldes —dijo, ahogando un bostezo. Cath sonrió a su portátil. —¿Has hablado de mí? —No. Creí que no querías. Te lo dije, soy muy buena amiga. —Sí, pero eres más amiga de Levi que mía. —Las amigas antes que los hombres —dijo Reagan. Antes de que ella saliera de la habitación a la mañana siguiente, Reagan le preguntó a Cath si quería ir a la fiesta de Levi. —No lo creo —dijo Cath—. Tengo clase el viernes por la mañana a las ocho y media. —¿Quién se inscribe en una clase que es los viernes por la mañana a las ocho y media? Cath se encogió de hombros. No quería ir a la fiesta de Levi. A pesar de que a ella le gustaba él, no le gustaban las fiestas. Y no quería que la primera vez que lo viera después de lo que había pasado fuera en una fiesta. Con personas fiesteras. Con cualquier persona.

Cath estaba bastante segura de que era la única persona en Pound Hall esta noche. Trató de decirse a sí misma que era algo genial tener un edificio de doce pisos para sí misma. Como estar atrapada en la biblioteca durante la noche. Es por eso que no puedo estar con Levi. Porque soy el tipo de chica que fantasea con estar atrapada en una biblioteca durante la noche y Levi no puede ni siquiera leer. Cath inmediatamente se sintió mal por pensar eso. Levi podría leer. —Más o menos.

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Siempre había pensado que, o bien la gente podía leer o no podían. No esta cosa intermedia que Levi tenía, donde su cerebro podía entender las palabras, pero no podía retenerlas. Como si leer fuera uno de esos juegos de agarrar cosas que tenían en la bolera. Pero Levi claramente no era tonto. Recordaba todo. Podría citar extensamente las películas de Simon Snow, y sabía todo lo que había que saber sobre los búfalos y el frailecillo silbador... Y ¿por qué aún seguía discutiendo este punto consigo misma? No es que fuera a enviarle la calificación del ACT de Levi a Abel. Debería haberle respondido los mensajes de texto. —A Levi, no Abel. Pero eso habría sido participar en esta situación. Como mover una pieza de ajedrez. O iniciar desde cero en un sube y baja. Lo mejor era dejar a Levi en el aire durante un día o dos antes de que terminara atrapada ahí por sí misma... El hecho de que ella pensaba en lo que fuera que era esto en términos de juegos infantiles demostraba que no estaba preparada para ello. Para él. Levi era un adulto. Tenía un camión. Y vello facial. Y había dormido con Reagan, ella prácticamente lo había admitido. Cath no quería mirar a un chico e imaginar a las personas con las que había dormido... Eso nunca había sido un problema con Abel. Nada era un problema con Abel. ¡Porque —podía oír gritando a Wren—, no te gusta! A Cath le gustaba Levi. Mucho. Le gustaba mirarlo. Le gustaba escucharlo —aunque a veces odiaba escucharlo hablar con otras personas. Y odiaba la forma en que él pasaba sonriendo a todos los que conocía como si no le costara nada, como si nunca hubiera salido corriendo. Hacía que todo pareciera tan fácil… Incluso de pie. No se había dado cuenta de la cantidad de trabajo que todos los demás ponían manteniéndose a sí mismos en posición vertical hasta que vio a Levi apoyado contra una pared. Parecía que estuviese apoyado en algo, incluso cuando no lo estaba. Hacía ver esa posición como si estuviera acostado. Pensar en las perezosas caderas de Levi y sus hombros sueltos arrastraba a la memoria de Cath a su cama. Había pasado la noche con un chico. Había dormido con él. Y no importaba que eso fuera lo único que habían hecho, porque seguía siendo un gran asunto. Deseaba poder hablar con Wren sobre esto… Maldita Wren.

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No… maldita sea ella. No debía preocuparse por ella. Todo lo que hacía Wren complicaba últimamente el mundo de Cath. Cath había dormido con un chico. Con un hombre. Y había sido impresionante. Caliente. Y enredado. ¿Qué hubiera pasado si hubieran despertado de otra manera? Sin Reagan irrumpiendo. ¿Querría Levi besarla otra vez? ¿O solo se habría apresurado a salir con sólo un ―es tarde‖? Es tarde… Cath encendió su portátil. Había estado trabajando en el mismo párrafo por dos horas. Era una escena de amor —una muy leve— y seguía perdiendo la pista de donde las manos de Baz y Simon se encontraban. Se confundía a veces con todos los él y los sus, había estado mirando el párrafo durante un largo tiempo, y estaba empezando a sentir que había escrito cada frase antes. Tal vez sí lo había hecho. Cerró el portátil y se puso de pie. Eran casi las diez. ¿A qué hora terminaban las fiestas? ¿A qué hora comenzaban? No es que le importara llegada a este punto. Cath no tenía ninguna manera de llegar a la casa de Levi. Se acercó y se miró en el espejo de cuerpo entero que había montado en su puerta. Lucía exactamente como ella era; una nerd de dieciocho años que sabía todo sobre chicos y fiestas. Pantalones ajustados. Caderas no delgadas. Una descolorida camiseta roja que decía: LA PALABRA MÁGICA ES POR FAVOR. Un rosa-ymarrón cárdigan. Y su cabello estaba recogido en un flojo moño en la parte superior de su cabeza. Se sacó la goma del cabello y se quitó las gafas; tenía que dar un paso más cerca del espejo para verse con claridad. Levantó la barbilla y obligó a su frente a relajarse. —Yo soy genial — se dijo a sí misma—. Que alguien me dé un poco de tequila porque totalmente lo beberé. Y no hay manera de encontrarme más tarde teniendo un ataque de pánico en el baño de mis padres. ¿Quién quiere un beso francés? Esto era porque no debía estar con Levi. Seguía llamándolo ―Beso francés‖ y solo se daba la vuelta poniendo su lengua en la boca de la gente. Cath aún no lucía genial. No lucía como Wren.

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Empujó sus hombros hacía atrás, dejando su pecho sobresalir. No había nada de malo con sus pechos —eso lo sabía. Eran lo suficientemente grandes ya que nadie nunca llamó a su pecho plano. Aun así deseó que fueran un poco más grandes; podrían balancear sus caderas. Entonces Cath no tendría que marcar ―forma de pera‖ en las guías de ―cómo vestirte según tu tipo de cuerpo‖. Esas guías que trataban de convencerte de que está bien tener cualquier tipo de forma, pero cuando tu cuerpo es sinónimo para FUBAR21, es difícil de creer. Cath fingió ser Wren; fingió que no le importaba. Empujó sus hombros hacía atrás, levantó la barbilla y miró sus ojos para decir, ¿Me has conocido ya? Soy genial, también. La puerta se abrió de golpe y el pomo atrapó a Cath por las costillas. —Mierda —dijo, cayendo a medio camino sobre su cama, a medio camino sobre el suelo. Tenía los brazos sobre su cabeza, al menos había logrado proteger su cara. —Mierda —dijo Reagan. Estaba de pie sobre Cath—. ¿Estás bien? Cath llevó una mano a un costado de su cuerpo y terminó deslizándose sobre el suelo. —Jesús —gimió. —¿Cath? Mierda. Se incorporó lentamente. Nada parecía roto. —¿Por qué estabas de pie justo en frente de la puerta? —demandó Reagan. —Tal vez estaba a punto de salir —dijo Cath—. Jesús, ¿por qué tienes que patear la puerta abierta cada vez que vienes a casa? —Mis manos siempre están llenas. —Reagan dejó la mochila y la bolsa de lona y le ofreció una mano a Cath. Pero ella la ignoró y se irguió en la cama—. Si sabes que siempre pateó las puertas abiertas —dijo Reagan—. Deberías saber que no debes estar de pie allí. —Pensé que estabas en la fiesta —Cath se pusó las gafas—. ¿Es así como dices que lo sientes? —Lo siento —dijo Reagan. Al igual que ella por el costo de todos sus consejos—. Tuve que trabajar. Voy a ir a la fiesta ahora. —Oh.

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Fucked up beyond all recognition: Jodido más allá del reconocimiento.

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Reagan pateó uno de sus zapatos dentro del armario. —¿Vienes? No miro a Cath. Si lo hubiera hecho, Cath podría haber dicho algo distinto a lo que respondió: —Claro. Reagan se detuvo en medio de un tiro y miro hacia arriba. —¿Oh? Bueno… entonces.... Me voy a ir a cambiar. —Bien —dijo Cath. —Está bien… —Reagan tomó su cepillo de dientes, bolsa de maquillaje, y volvió a mirar a Cath, sonriendo en señal de aprobación. Cath miró al techo. —Sólo cámbiate. Tan pronto como Reagan salió, Cath se levantó, haciendo una mueca y sintiendo su costado otra vez, abrió su armario. Baz la fulminó con la mirada desde el lado posterior de la puerta. —No te quedes allí parado —murmuró al recorte—. Ayúdame. Cuando ella y Wren habían repartido su ropa, ella había tomado todo lo que decía ―Fiesta en el lugar de un chico‖ o ―Saliendo de casa.‖ Cath había tomado todo lo que decía ―Toda la noche escribiendo‖ o ―Está bien que se derramé el té en este.‖ Accidentalmente había agarrado unos vaqueros de Wren en Acción de Gracias, así que los puso allí. Encontró una camiseta blanca que no tenía nada en ella —algo Simon—, había una extraña mancha que tendría que ocultar con un suéter. Por lo que sacó su más pequeño cárdigan negro. Cath tenía maquillaje en alguna parte… en uno de sus cajones. Encontró máscara de pestañas, delineador de ojos y una botella con aspecto sucio de base, luego fue a pararse frente al espejo de maquillaje de Reagan. Cuando Reagan regresó, abriendo suavemente la puerta, su rostro parecía fresco y su cabello rojo estaba plano y liso. Reagan lucía como Adele, pensó Cath. Si Adele tuviera algo como una más fuerte hermana gemela estafadora, una doble. —Mírate —dijo Reagan—. Te ves… un poco mejor de lo habitual. Cath gimió, sintiéndose demasiado impotente para darse vuelta. Reagan se echó a reír. —Te ves muy bien. Tu cabello se ve bien. Es como Kristen Stewart cuando tiene extensiones. Sacúdelo. Cath sacudió la cabeza como si estuviera enfáticamente en desacuerdo con algo. Reagan suspiró y tomo los hombros de Cath, tirando su cabeza hacia abajo y sacudiendo su cabello desde la raíz. Las gafas de Cath cayeron.

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—Si no vas a alborotarlo —dijo Reagan—. Podrías al menos lucir como si hubieras sido jodida. —Jesús —dijo Cath, tirando su cabeza hacia atrás—. No seas obscena —se inclinó para recoger sus gafas. —¿Necesitas eso? —preguntó Reagan. —Si —Cath se las puso—. Necesito que eviten que esto sea como la chica de en Ella Es As22í. —No importa —dijo Reagan—. Ya le gustas. Creo que él está en la cosa de colegiala nerd. Habla de ti como si fueras algo que encontró en el museo de historia natural. Eso confirmó todo lo que Cath había temido sobre Levi esperando para comprar un boleto para su show de fenómenos. —Eso no es algo bueno —dijo. —Lo es si se trata de Levi —dijo Reagan—. Le gustan esas cosas. Cuando se pone triste, le gusta caminar por Morill Hall. Ese era el museo del campus. Había dioramas de fauna y el fósil de Mamut más grande del mundo. —¿Lo hace? —Dios eso es lindo. Reagan rodó los ojos. —Vamos.

Eran casi las once cuando llegaron a la casa de Levi, pero no estaba exactamente oscuro, debido a toda la nieve. —¿Habrá alguien todavía aquí? —preguntó Cath a Reagan cuando bajaron del coche. —Levi seguirá aquí. Vive aquí. La casa era exactamente como Cath había imaginado. Era un barrio antiguo con grandes casas blancas victorianas. Cada casa tenía un gran porche y demasiados buzones a un lado de la puerta. El aparcamiento era ridículo. Tuvieron que aparcar a cuatro cuadras de allí, y Cath se alegró de no llevar puntiagudas botas de tacón como Reagan. Para cuando llegaron a la puerta, el estómago de Cath se había dado cuenta de lo que estaba sucediendo. Se retorció dolorosamente y podía sentir su aliento ir y venir. Hace referencia a la película She‘s All That (Ella es así en español), donde un chico se esmera por transformar a una chica que nadie conoce en la reina de la última fiesta del año. 22

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No podía creer que estaba haciendo esto. Chicos. Fiesta. Extraños. Cerveza. Extraños. Fiesta. Chicos. Contacto visual. Reagan la miró. —No seas tonta —dijo con severidad. Cath asintió, mirando hacia abajo a la desgastada alfombra de bienvenida. —No te abandonaré allí —dijo Reagan—. Incluso si quiero. Cath asintió de nuevo, y Reagan abrió la puerta. De inmediato fue más caliente y brillante en el interior, y no exactamente como Cath lo había imaginado. Cath había imaginado paredes desnudas y los pocos muebles como algo que habían cogido de la basura y nadie quería tomarlos. Pero la casa de Levi era realmente agradable. Simple, pero agradable. Había algunos cuadros colgados en las paredes, y plantas de interior en todas partes; helechos, plantas arañas y un árbol de Jade tan grande, que parecía un árbol real. Había música sonando —soñolienta, música electrónica— no demasiado ruidosa. Y alguien estaba quemando incienso. Había un montón de gente todavía allí —todos mayores que Cath, al menos mayores como Levi— que solo estaban hablando. Dos chicos de pie a un lado del estéreo en un tipo de baile, un tipo de solo hacer el tonto, y no parecía que les importara ser los únicos. Cath estaba tan cerca como pudo de la espalda de Reagan y trató de no ser tan obvia buscando a Levi. (Dentro de su cabeza, Cath estaba de pie en puntillas, con la mano sobre los ojos, escaneando el horizonte en busca de barcos). Todos allí sabían quién era Reagan. Alguien les entregó una cerveza a cada una, Cath tomó la de ella pero no la abrió. Fue el compañero de Levi. Uno de ellos. Casi todo el mundo que Cath conoció en los siguientes minutos era un compañero de Levi. Miró a través de ellos. Quizás Levi estaba en el baño. Quizás ya se había ido a la cama. Tal vez Cath podría subir a su cama como Ricitos de oro, y si despertaba, ella sólo diría ―es tarde‖ y saldría corriendo. Ricitos de oro más Cenicienta. Reagan había terminado la mitad de una cerveza antes de preguntar a alguien. —¿Dónde está Levi? La persona, un hombre con barba y gafas negras, miró alrededor de la sala de estar.

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—Cocina, ¿tal vez? Reagan asintió como si no le importara. Porque en realidad no lo hacía, pensó Cath. —Vamos —le dijo a Cath—. Vamos a buscarlo. —Y luego, cuando se había alejado de los demás—: Sé genial. La casa tenía tres grandes habitaciones en la parte posterior que estaban conectadas —sala de estar, comedor y terraza acristalada— la cocina estaba en la parte de atrás, a través de una puerta estrecha. Cath estaba detrás de Reagan, por lo que ella vio a Levi antes a través de la puerta. —Mierda. —Cath la oyó susurrar. Cath dio un paso entrando a la cocina. Levi estaba recostado de espalda contra el fregadero. (Levi, siempre recostado). Tenía una botella de cerveza en una mano, la misma mano que apretaba la espalda de una chica. La chica parecía mayor que Cath. Incluso con los ojos cerrados. La otra mano de Levi estaba enredada en su cabello largo y rubio, y él la estaba besando con la boca sonriente y abierta. Hacía que pareciera fácil. Cath miró hacia abajo inmediatamente y salió de la cocina, dirigiéndose directamente a través de la casa hacia la puerta principal. Sabía que Reagan estaba detrás de ella, porque la oía murmurar. —Mierda, mierda, mierda. —Pero no lo entiendo —tartamudeó Simon—. ¿Quién es Insiduos Humdrum? ¿Es un hombre? —Tal vez. —El mago se limpió la arena de los ojos y extendió la varita frente a ellos—. Olly olly oxen free —susurró. Simon se cubrió a sí mismo, pero nada pasó—. Tal vez es un hombre —dijo el mago, recuperando su sonrisa irónica—. Tal vez es algo más, algo menos, creo. —¿Él es un mago? ¿Cómo nosotros? —No —dijo el mago con severidad—. De eso podemos estar seguros. Él… si de verdad es un él… es enemigo de la magia. Destruye la magia; algunos piensan que se la come. Intenta limpiar lo bueno del mundo de los magos, siempre que puede… Tú eres demasiado joven para saber esto, Simon. Once es demasiado joven. Insiduos Humdrum es la mayor amenaza a la que el Mundo de los Magos se ha enfrentado jamás. Él es poderoso, es

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omnipresente. Pelear contra él es como combatir contra el sueño cuando estás más allá del borde del agotamiento. —Pero debemos luchar contra él. Fuiste reclutado para Watford porque creímos que Humdrum había tomado un especial interés en ti. Queremos protegerte; me comprometo a hacerlo con mi vida. Pero debes aprender, Simon, tan pronto como sea posible, la mejor manera de protegerte a ti mismo. —Del capítulo 23, Simon Snow y el Heredero Del Mago Copyright © 2001 por Gemma T. Leslie.

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17 Traducido por Eni & Gaz Walker Corregido por Pau!!

183 No hablaron en el auto. Y Cath no lloró. Estaba agradecida por eso. Ya se sentía como una tonta… Porque lo era. ¿En que había estado pensando, que realmente le gustaba a Levi? ¿Cómo pudo haber creído eso? Especialmente después de haber pasado las dos últimas semanas explicándose todas las razones por las cuales a él nunca le gustaría. Tal vez había pensado que era posible porque Reagan lo hacía, y Reagan no era tonta… Cuando volvieron a los dormitorios, Reagan detuvo a Cath de salir del auto. —Espera. Cath se sentó, sosteniendo la puerta del pasajero abierta. —Lo siento —dijo Reagan—. Realmente no esperé que esto pasara. —Sólo quiero pretender que esto no pasó —dijo Cath, sintiendo las lágrimas ardientes otra vez en sus ojos—. No quiero hablar de eso y, quiero decir, yo sé que él es tu mejor amigo, pero realmente no quiero que hables con él acerca de lo que pasó esta noche… o sobre mí. Nunca. Ya me siento como una idiota. —Claro —dijo Reagan—, lo que quieras. —Quiero pretender que esto no sucedió. —Está bien.

Reagan era buena para no hablar de las cosas.


No mencionó a Levi por el resto del fin de semana. Él llamó a Cath el sábado en la mañana, pero no contestó. Unos segundos después, el teléfono de Reagan sonó. —No lo ignores por mi causa —dijo Cath—. Nunca sucedió. —Hola… —dijo Reagan en el teléfono—. Sí… Bueno… Sólo llámame cuando estés abajo. Cath está tratando de estudiar. Media hora después, el teléfono de Reagan volvió a sonar, y se levantó para irse. —Nos vemos —dijo. Cath asintió. —Hasta luego. Levi trató de llamar a Cath otra vez ese fin de semana. Dos veces. Y una vez le envió un mensaje de texto que decía: Entonces encontraron la quinta liebre, ¿ahora qué? Negociarán con pan de jengibre, café con leche y pan de calabeza por esa información. El hecho de que hubiera escrito mal ―calabaza‖ hizo a Cath hacer una mueca de dolor. Si no hubiera ido a la fiesta, si no hubiera visto a Levi en acción, habría pensado que en ese mensaje de texto él le estaba pidiendo ir a una cita. Sabía que tendría que verlo otra vez. Él todavía era el mejor amigo de Reagan, y los dos aún estudiaban juntos… Reagan probablemente lo mantendría completamente alejado si Cath lo quería, pero Cath no quería que Levi hiciera preguntas. Así que Cath se mantuvo alejada en su lugar. Empezó a ir a la biblioteca después de la cena y pasaba el rato en las estanterías de Nick. Nick generalmente no estaba allí; nadie lo estaba. Cath trajo su portátil y trató de trabajar en su proyecto final, una historia corta de diez mil palabras, para escritura de ficción. La había empezado media docena de veces, pero aún no tenía nada que quisiera terminar. Por lo general acababa trabajando en Carry On, Simon. Cath estaba de buena racha, posteando capítulos largos casi cada noche. Cambiando de su tarea de escritura de ficción a Simon y Baz era como darse cuenta que había estado conduciendo en el camino equivocado. Podía sentir los músculos de sus antebrazos relajarse. Su escritura se volvió más rápida; su respiración se hizo más fácil. Se había atrapado asintiendo con su cabeza mientras escribía, casi como manteniendo el ritmo con las palabras que salían apresuradamente fuera de ella. Cuando la biblioteca cerraba, Cath marcaba el 911 en su teléfono, luego corría al dormitorio tan rápido como podía con su dedo en llamar.

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Pasó más de una semana antes de ver de nuevo a Levi. Llegó a casa de clase una tarde, y él estaba sentado en la cama de Reagan mientras ella escribía. —Cather —dijo, sonriendo, quitándose los audífonos. Estaba escuchando una conferencia; lo sabía ahora. Reagan dijo que las escuchaba todo el tiempo, y que incluso guardaba las que realmente le gustaban. —Hola —dijo—, te debo una bebida. Tú escoges, caliente o fermentada. Pasé el examen de Rebeldes. ¿Te lo dijo Reagan? Obtuve una A. —Eso es genial —dijo Cath, tratando de no dejar que su cara mostrara cuánto quería besarlo y matarlo. Había pensado que Reagan tenía que trabajar esta noche. Esa fue la única razón por la que Cath había venido a casa. Pero ella no tenía que quedarse aquí. Iba a reunirse con Nick en la biblioteca más tarde de todas maneras… Cath fingió buscar algo que necesitaba de su escritorio. Un paquete de chicles. —Está bien —dijo ella—, me voy. —Pero si acabas de llegar —dijo Levi—, ¿No quieres quedarte y hablar acerca del simbolismo de la relación de Johnny con Ponyboy? ¿Y la lucha entre Sodapop y Darry? Oye, ¿crees que hay tal cosa como un fan fiction de Rebeldes? —Me tengo que ir —dijo Cath, tratando de decírselo a Reagan—, me voy a reunir con alguien. —¿Con quién te vas a reunir? —preguntó Levi. —Con Nick, mi compañero de escritura. —Oh. Está bien. ¿Quieres que te acompañe de regreso a casa más tarde? —Nick probablemente me acompañará de regreso —dijo. —Oh. —Levi frunció el ceño, pero sonrió—. Genial. Nos vemos. No podía escaparse de él lo suficientemente rápido. Llegó a la biblioteca y escribió unas mil palabras de Carry On antes de que Nick apareciera.

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—Cierra esa cosa —dijo Nick—, estas corrompiendo mis centros creativos con estática. —Eso es lo que dijo —dijo Cath, cerrando su portátil. Nick parecía dudoso. —Era una especie de metafísica ―eso‖ es lo que dijo. —Ah. Dejó su mochila y sacó su cuaderno—. ¿Estás trabajando en tu proyecto final? —Indirectamente —dijo Cath. —¿Qué significa eso? —¿Alguna vez has escuchado acerca de lo que los escultores dicen que ellos en realidad no esculpen un objeto; esculpen todo lo que no es el objeto? —No. —Él se sentó. —Bueno, estoy escribiendo todo lo que no es mi proyecto final, así que cuando en realidad me siente a escribirlo, eso es todo lo que se quedará en mi mente. —Chica inteligente —dijo él, empujando el cuaderno abierto hacia ella. Hojeó las páginas. Nick había llenado cinco páginas, por delante y por detrás, desde la última vez que se habían reunido. —¿Qué hay de ti? —preguntó. —No sé —dijo—. Puede ser que entregue una historia en la que trabajé este verano. —¿No es eso hacer trampa? —No lo creo. Es más como anticiparse realmente antes de lo previsto… Todo en lo que puedo pensar en este momento es en esta historia. Él empujó de nuevo el cuaderno hacia Cath. —Quiero que leas lo que hice. Esta historia. Su historia. Nick siguió tratando de llamarla una historia de anti-amor. —Pero no es una historia de anti-amor —había argumentado. —Es anti-todo lo que tú generalmente encuentras en una historia de amor. Ojos empalagosos y ―tú me complementas‖. —―Tú me complementas‖ es una estupenda línea —dijo Cath—. Ya desearías haberla inventando ―tú me complementas‖.

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Cath no le dijo que había estado escribiendo historias de amor, reescribiendo la misma historia de amor, cada día durante los últimos cinco años. Que había estado escribiendo historias de amor sin la sustancia pegajosa, historias-de-amor-a-primera-vista, historias-de-amor-antes-de-laprimera-vista, historias-de-amor-y-odio… No le dijo a Nick que escribir historias de amor era lo suyo. Su única cosa verdadera. Y que su historia de anti-amor la leía como el primer fanfic de alguien, Mary Sue a la décima potencia. El personaje principal era obviamente Nick y la chica era obviamente Winona Ryder más Natalie Portman más Selena Gomez. En vez de eso Cath lo arregló. Reescribió su diálogo. Se refrenó ante una peculiaridad. —¿Por qué tachaste eso? —dijo Nick esa noche, inclinándose sobre el hombro izquierdo de ella. Olía bien. (Noticias de última hora: Los chicos huelen bien)—. Me gustó esa parte —dijo él. —Nuestro personaje detuvo su carro en un estacionamiento para desear sobre un diente de león. —Es refrescante —dijo Nick—. Es romántico. Cath negó con la cabeza. Su cola de caballo rozaba el cuello de Nick. —Eso la hace parecer una idiota. —¿Tienes algo en contra de los diente de león? —Tengo algo en contra de las chicas de veinte años deseando con dientes de león. Deteniendo el auto para desear con dientes de león. ¿Además, el auto? No, no a los Volvos antiguos. —Es un detalle del personaje. —Es un cliché. Lo juro por Dios, todos los Volvos sobrevivientes fueron producidos entre 1970 y 1985 y están siendo conducidos por extravagantes chicas ficticias. Nick hizo un puchero mirando el papel. —Estás tachando todo. —No estoy tachando todo. —¿Qué estas dejando? —Se inclinó un poco más y observó lo que escribía. —El ritmo —dijo Cath—. El ritmo es bueno. —¿Sí? —sonrió él. —Sí. Se lee como un vals.

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—¿Te pone celosa? —sonrió un poco más. Sus colmillos estaban torcidos, pero no lo suficiente para necesitar ortodoncia. —Definitivamente —dijo Cath—. Nunca pude escribir un vals. A veces, cuando hablaban de esa manera, estaba segura de que estaban coqueteando. Pero cuando el cuaderno se cerraba, la luz que siempre se encendía en los ojos de Nick se apagaba. A media noche, él se iba apresuradamente a donde siempre iba, probablemente a envolver una cerveza alrededor de la cintura de una chica rubia. Besándola con sus colmillos torcidos mostrándose. Cath siguió trabajando en la escena: una completa conversación nueva tomaba forma en el margen. Cuando levantó la mirada, Nick estaba aún sonriéndole. —¿Qué? —preguntó. —Nada —dijo, riéndose. —¿Qué? —Nada. Sólo… es loco que esto funcione. Entre tú y yo. Que nosotros en realidad escribamos juntos. Es como… pensar juntos. —Es bueno —dijo Cath, de verdad pensándolo—. La escritura es solitaria. —No podríamos haber imaginado que estaríamos en la misma longitud de onda. ¿Sabes? Somos tan diferentes. —No somos tan diferentes. —Totalmente diferentes —dijo él—. Míranos. —Ambos nos estamos licenciando en inglés —dijo Cath—. Ambos somos blancos. Vivimos en Nebraska. Escuchamos la misma música, vemos los mismos programas de televisión, incluso tenemos el mismo par de Chuck Taylors. —Sí. Pero es como John Lennon escribiendo con… Taylor Swift en lugar de Paul McCartney. —Supéralo —dijo Cath—. Tú no eres ni la mitad de hermoso que Taylor Swift. —Sabes lo que quiero decir. —Nick le dio un toque en el brazo con la punta de su lapicero. —Es bueno —dijo, mirándolo, sin estar segura de si estaban coqueteando. Pero bastante segura de que quería que no lo hicieran—. La escritura es solitaria.

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No había tiempo para que Cath escribiera una página en su propio cuaderno. Ella y Nick pasaron el resto de su noche en las estanterías, renovando su sección. El Volvo se convirtió en un Neón oxidado, y el detalle del diente de león se eliminó por completo. A las 11:45pm empacaron. Cuando llegaron a los escalones de la biblioteca, Nick ya estaba revisando su teléfono. —Oye —dijo Cath—, ¿Te gustaría pasar caminando por Pound Hall en tu camino hasta tu auto? Podemos caminar juntos. Él no levantó la vista de su teléfono. —Mejor no. Necesito ir a casa. Te veo en clase. —Sí —dijo Cath—, nos vemos. —Sacó su teléfono y comenzó a marcar el 911 antes de que él desapareciera entre las sombras.

—¿Papá? Soy Cath. Sólo llamaba para saludar. Estaba pensando en volver a casa este fin de semana. Llámame. —Papá, te estoy llamando en el trabajo ahora. Es jueves. Creo que voy a ir a casa mañana. Llámame, ¿de acuerdo? O mándame un e-mail. Te quiero. —Hola, cariño, soy tu padre. No vuelvas a casa este fin de semana. Voy a estar fuera todo el fin de semana en el rodaje Gravioli. En Tulsa. Es decir, ve a casa si quieres. Da una gran fiesta. Como Tom Cruise en... Dios, ¿cuál es esa película? ¡No Top Business Gun-Risky! Da una gran fiesta. Invita a un montón de gente a ver Risky Business. No tengo ninguna bebida, pero todavía hay un poco de guiso de judías. Te quiero, Cath. ¿Sigues peleada con tu hermana? No lo hagas.

Love Library estaba más activa de lo normal ese fin de semana, era la semana antes de los exámenes y todo el mundo parecía estar atrincherándose. Cath tenía que moverse más y más en la biblioteca para buscar un cubículo de estudio vacío. Pensó en Levi y su teoría de que la biblioteca inventó más nuevas habitaciones de las que has visitado. Esta

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noche caminaba por una puerta de medio tamaño en una escalera. El cartel decía PILAS DEL SUR, y Cath juraría que nunca lo había visto antes. Abrió la puerta, y había un paso inmediato hacia abajo en un pasillo de tamaño normal. Cath terminó en otra habitación silenciosa, el viento aún soplaba en la dirección opuesta. Encontró un cubículo vacío, dejó su bolso y se quitó el abrigo. Una chica sentada al otro lado estaba mirando. La chica se incorporó un poco, de modo que Cath pudo ver que estaba sonriendo. Miró rápidamente alrededor de la habitación, luego se inclinó hacia adelante, aferrándose a la pared del cubículo. —No quiero molestarte, pero me encanta tu camisa. Cath miró hacia abajo. Llevaba su camiseta de CARRY ON, SIMON de Etsy, la de Baz y las caras de Simon. —Oh —dijo Cath—. Gracias. —Siempre es muy interesante conocer a alguien que lee fanfiction en la vida real... Cath debía parecer sorprendida. —Oh Dios mío —dijo la chica—, ¿es que sabes lo que estoy diciendo? —Sí —dijo Cath—. Por supuesto. Quiero decir, creo que sí. ¿Carry on, Simon? —¡Sí! —La chica se rió en voz baja, y miró alrededor de la habitación—. Esto era casi vergonzoso. Quiero decir, es como tener una vida secreta. La gente piensa que es tan raro.... Fanfiction. Ya sabes. Cath asintió. —¿Lees muchos fics? —No tanto como antes —dijo la chica—. Era adicta en la secundaria. —Tenía el pelo rubio recogido en una coleta, y llevaba una camiseta que decía VERDIGRE FOOTBALL. FIGHT, HAWKS, FIGHT! No se veía espeluznante... —¿Qué hay de ti? —preguntó. —Todavía leo mucho... —dijo Cath. —Magicath es mi favorito absoluto —interrumpió la chica, como si no pudiera detenerla—. Estoy obsesionada con Carry on. ¿Estás al tanto? —Sí. —Ha estado publicando mucho últimamente. Cada vez que hay un nuevo capítulo, tengo que dejar todo para leerlo. Y luego volver a leerlo. Mi compañera de cuarto piensa que estoy loca. —La mía también.

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—Pero es tan bueno. Nadie describe a Simon y Baz como Magicath. Estoy enamorada de Baz. Como, enamorada. Yo solía ser una importante celestina Simon/Agatha. Cath arrugó la nariz. —No. —Lo sé, era joven. —Si Agatha realmente se preocupaba por cualquiera de ellos —dijo Cath—, habría escogido uno. —Lo sé, ¿cierto? Cuando Simon rompió con ella en Carry on, una buena escena. —¿No creíste que fuera demasiado tiempo? —No —dijo la chica—, ¿verdad? —No estaba segura. —No creo que los capítulos sean demasiado largos. Sólo quiero más, más y más. —La chica agitó sus manos en frente de su boca como si estuviera comiendo galletas Cookie Monster—. Te lo estoy diciendo, estoy obsesionada con Carry on. Siento que algo grande está por suceder pronto. —Yo también —dijo Cath—. Creo que el mago podría encender a Simon. —¡No! ¿Eso crees? —Sólo tengo un presentimiento. —Me mató el tiempo que les tomó a Simon y Baz reunirse. Y ahora me muero de ganas de que tengan una gran escena de amor. Esa es mi única queja acerca de Carry on, no hay suficiente acción Simon/Baz. —Casi nunca escribe escenas de amor —dijo Cath, sintiendo sus mejillas rosadas. —Sí, pero cuando lo hace, es caliente. —¿Eso crees? —Umm —rió la chica—. Sí. —Por eso la gente piensa que somos locos pervertidos —dijo Cath. La chica sólo se rió un poco más. —Lo sé. A veces me olvido de que todavía hay un libro de verdad por publicarse, es difícil para mí imaginarme que la historia va a terminar de otra manera que la forma en que Magicath escribe. —A veces... —dijo Cath—, cuando estoy leyendo canon, me olvido de que Simon y Baz no están enamorados.

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—¿Cierto? Me encanta Gemma T. Leslie, siempre lo hará, me siento como si fuera la principal fuerza en mi infancia, y s�� que Magicath no existiría sin GTL. Pero ahora, creo que me gusta Magicath más. Como que podría ser mi escritora favorita. Y ni siquiera escribió un libro... La mandíbula de Cath estaba colgando ligeramente abierta, y negaba con la cabeza. —Eso es una locura. —Lo sé —dijo la chica—, pero creo que es verdad... ¡Oh Dios mío, lo siento! Estoy hablando por los codos. Nunca me pongo a hablar de estas cosas en la vida real. Excepto con mi novio. Él sabe lo que es un bicho raro. Estoy en ello. —No te disculpes —dijo Cath—. Fue genial. La chica se sentó y también lo hizo Cath. Abrió su portátil y pensó por un momento en la profesora Piper, luego abrió el último capítulo de Carry on. Algo grande estaba a punto de suceder pronto.

—Papá, soy Cath. ¿Estas de vuelta de Tulsa? Sólo llámame. —¿Papá? Es Cath. Llámame. —Hey, Cath, es tu padre. Ya estoy de vuelta. Estoy bien. No te preocupes por mí. Preocúpate por la escuela. No, borra eso, no te preocupes en absoluto. Trata de no preocuparte, Cath, es una manera increíble de estar. Como volar. Te quiero, cariño, dile a tu hermana hola. —¿Papá? Sé que no quieres que me preocupe. Pero me preocuparía menos si me llamaras. Y no a las 3 a.m.

—Diez días... —dijo la profesora Piper.

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En lugar de sentarse en su lugar de siempre en su escritorio, estaba cerca de las ventanas. Nevando afuera, ya había nevado mucho este año, y no era sino principios de diciembre, y la profesora parecía una figura dramática contra el cristal de hielo. —Me gustaría creer que terminaron con los cuentos —dijo, volviendo sus ojos azules a ella—. Que solo están ajustando y retocando ahora, tirando hasta del último hilo suelto… —Caminó hacia su escritorio y le sonrió a algunos de ellos, uno por uno. Cath sintió un escalofrío cuando sus ojos se encontraron—… pero soy escritora, también —dijo la profesora—. Sé lo que se siente estar distraído. Buscar distracciones. El hacer cada pequeña cosa en lugar de enfrentar una página en blanco. —Sonrió a uno de los muchachos—. Una pantalla en blanco... »Así que si no han terminado, o si no han comenzado, lo entiendo, lo hago. Pero les imploro... empezar ahora. Enciérrense lejos del mundo. Apaguen el Internet, con barricada de la puerta. Escribir como si vuestra vida dependiera de ello. Escribir como si vuestro futuro dependiera de ello. Porque les puedo prometer una cosa... —Dejó que sus ojos se posaran en otro de sus favoritos y sonrió—. Si están pensando en tomar mi curso avanzado el próximo semestre, no podrán, a menos que tengan una B en esta clase. Y este cuento es la mitad de la nota final. »Esta clase es para escritores —dijo—. Para las personas que están dispuestas a dejar de lado sus temores y perderse las distracciones. Los quiero, lo hago, pero si van a perder el tiempo, no voy a perder el mío. — Se detuvo ante el escritorio de Nick y le sonrió—. ¿De acuerdo? —le dijo sólo a él. Nick asintió con la cabeza. Cath miró a su escritorio.

No había lavado las sábanas, pero no había ningún resto de Levi en ellas. Cath empujó su cara en la almohada con tanta indiferencia como pudo, a pesar de que no había nadie más en la habitación para juzgarlo. Su almohada olía como una funda de almohada sucia. Y un poco como a comida mejicana.

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Cath cerró los ojos y se imaginó a Levi tumbado a su lado, con las piernas tocando y cruzando las suyas. Recordó la forma en que su garganta había raspado esa noche y la forma en que había puesto su brazo a su alrededor, como si quisiera sostenerla, como si quisiera que todo fuera fácil para ella. Se acordó de su camisa de franela. Y de su boca rosada. Y cómo no había pasado suficiente tiempo con sus dedos en la parte posterior de su pelo. Y entonces estaba llorando y su nariz picaba. Lavó la almohada, ya que, en este punto, ¿qué más daba?

Simon corrió tan rápido como pudo. Más rápido. Lanzó hechizos en sus pies y piernas, lanzó hechizos en las ramas y piedras en su camino. Ya podría ser demasiado tarde, al principio pensó que lo era, cuando vio a Agatha acostada en el suelo del bosque... Pero era un montón temblando. Agatha podía tener miedo, pero todavía estaba entera. Baz estaba arrodillado sobre ella, temblando igual de fuerte. Su cabello caía hacia adelante de una manera que normalmente no permitiría, y su pálida piel brillaba extrañamente bajo la luna, como el interior de una concha. Simon se preguntó por un momento por qué Agatha no estaba tratando de escapar. Debe estar aturdida, pensó. Los vampiros podían hacer eso, ¿no es así? —Ve. Lejos —siseó Baz. —Baz ... —dijo Simon, sosteniendo su mano. —No me mires a mí. Simon evitó los ojos de Baz, pero no apartó la mirada. —No tengo miedo —dijo. —Deberías tenerlo. Podría matarlos a los dos. Ella primero, luego tú, antes de que te des cuenta de que lo estaba haciendo. Soy tan rápido, Simon... —Su voz se quebró en las dos últimas palabras. —Lo sé... —Y tan fuerte... —Lo sé. —Y tan sediento. La voz de Simon era casi un susurro. —Lo sé.

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Los hombros de Baz temblaban. Agatha comenzó a sentarse, debía estar recuperándose. Simon la miró con gravedad y sacudió la cabeza. Dio otro paso hacia ellos. Estaba cerca. Al alcance de Baz. —No te tengo miedo, Baz. —¿Por qué no? —gimió Baz. Fue un gemido animal. Herido. —Porque te conozco. Y sé que no me harías daño. —Simon tendió la mano y suavemente empujó hacia atrás el mechón de pelo negro. La cabeza de Baz se inclinó hacia arriba con el toque, sus colmillos aparecieron brillantes—. Eres tan fuerte, Baz. Baz llegó a él entonces, agarrando Simon por la cintura y presionando su cara contra su estómago. Agatha se deslizó entre ellos y corrió hacia la fortaleza. Simon sostuvo a Baz por la parte de atrás de su cuello y curvó su cuerpo sobre él. —Lo sé —dijo—. Lo sé todo. —De Carry on, Simon, Febrero de 2011 por FanFixx.netm, autor Magicath

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18 Traducido por letssinkhearts Corregido por Daniela Agrafojo

196 —¿Ahora pasas el rato aquí? —Nick empujó su carrito de biblioteca hacia su mesa. —Sólo trato de escribir —dijo Cath, cerrando su portátil antes de que él empezara a mirar la pantalla. —¿Trabajando en el proyecto final? —Se sentó en la silla a su lado y trató de abrir la computadora. Ella puso su brazo en la parte de arriba—. ¿Ya has decidido qué dirección tomar? —preguntó. —Síp —dijo Cath—. Muchas direcciones. Él frunció el ceño por un segundo, luego sacudió la cabeza. —No estoy preocupado por ti. Puedes escribir diez mil palabras mientras duermes. Prácticamente podía. Ella había escrito diez mil palabras de Carry On la noche anterior. Sus muñecas realmente dolían al día siguiente. —¿Qué hay de ti? —preguntó—. ¿Terminaste? —Casi. Bueno... Tengo una idea. —Él le sonrió. Era una de esas sonrisas que le hizo pensar que podría estar coqueteando. Sonreír es confuso, pensó. Es por eso que no lo hago. —Creo que voy a volver a mi historia de anti-amor. —Levantó sus cejas de Muppet y estiró el labio superior a través de sus dientes. Cath sintió que su boca se abría y la cerró. —¿La historia? ¿Como... la historia en la que hemos estado trabajando? —Sí —dijo Nick con entusiasmo, alzando las cejas de nuevo—. Quiero decir, al principio pensé que era demasiado frívola. Se supone que una historia corta es acerca de algo. Pero como tú siempre dices, es acerca de dos personas que se enamoran, ¿qué podría ser más grande que eso? Y hemos trabajado lo suficiente, creo que está lista. —Empujó con su codo el de ella y tocó sus dientes con la punta de su lengua. La miró a los ojos—. Entonces, ¿qué te parece? Es una buena idea, ¿verdad?


Cath cerró la boca de nuevo. —Es... es sólo que... —Miró hacia la mesa, donde por lo general se encontraba el portátil—. Trabajamos en esto juntos. —Cath… —dijo. Como si estuviera decepcionado de ella —. ¿Qué estás tratando de decir? —Bueno, la llamas tu historia. —Tú la llamaste de esa manera —dijo, interrumpiéndola—. Siempre estás diciendo que te sientes más como una editora que como una coescritora. —Te estaba tomando el pelo. —¿Me estás tomando el pelo ahora? No puedo decirlo. Ella miró a su cara. Parecía impaciente. Y defraudado. Como si Cath le estuviera fallando. —¿Podemos ser honestos? —preguntó él. No esperó a que ella respondiera—. Esta historia fue mi idea. Yo la empecé. Soy el único que trabaja en ella fuera de la biblioteca. Te agradezco toda tu ayuda, eres una editora genio, y tienes un montón de potencial, pero ¿de verdad crees que es tu historia? —No —dijo Cath—. Por supuesto que no. —Sintió que su voz se volvía un gemido—. Pero estábamos escribiendo juntos. Al igual que Lennon y McCartney… —John Lennon y Paul McCartney han dicho varias veces que escribían sus canciones por separado, y luego se las mostraban el uno al otro. ¿Realmente crees que John Lennon escribió la mitad de Yesterday? ¿Crees que Paul McCartney escribió Revolution? No seas ingenua. Cath apretó los puños sobre el regazo. —Mira —dijo Nick, sonriendo como si estuviera forzándose a hacerlo—. Realmente aprecio todo lo que has hecho. En serio me llegaste, como artista, de una forma que nunca nadie ha logrado. Eres mi mejor caja de resonancia. Y quiero que sigamos mostrándonos entre nosotros nuestras cosas. No quiero sentir que, si te ofrezco una sugerencia, me pertenece. O viceversa. Ella negó con la cabeza. —Eso no es… —No sabía qué decir, así que empujó su ordenador portátil hacia ella y comenzó a envolver el cable alrededor. El que Abel le había dado. Realmente había sido un buen regalo. —Cath... no. Me estás volviendo loco aquí. ¿Realmente estás enojada por esto? ¿De verdad crees que te estoy robando algo?

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Ella negó con la cabeza. Y puso su computadora en su bolso. —¿Estás enojada? —preguntó él. —No —susurró ella. Después de todo, todavía estaban en una biblioteca—. Yo sólo... —Sólo. —Pensé que estarías feliz por mí —dijo él—. Eres la única que sabe lo duro que he trabajado en esto. Sabes cómo me he metido de lleno en esta historia. —Lo sé —dijo ella. Esa parte era verdad. Nick se había preocupado por la historia, Cath no. Ella se había preocupado acerca de la escritura. Sobre la tercera cosa mágica que surgió entre ellos cuando trabajaban juntos. Podría haber conocido a Nick en la biblioteca para escribir obituarios. O envases de champú—. Sólo estoy... —dijo—. Tengo que trabajar en mi historia ahora. Casi es la semana de exámenes finales. —¿No puedes trabajar aquí? —No quiero molestarte con mis ruidos de mecanografía —murmuró ella. —¿Quieres reunirte una vez más antes de que volvamos a nuestras historias, para probarlas? —Claro —dijo ella, lo que quería decir no. Cath esperó hasta que él llegara a las escaleras para empezar a correr, y corrió hasta su casa a través de los árboles y la oscuridad.

El miércoles por la tarde, después de su examen final de biología, Cath se sentó frente a su computadora. No iba a salir de la habitación o acceder a Internet hasta terminar su proyecto de escritura de ficción. No iba a dejar de escribir hasta que tuviera un primer borrador. Incluso si eso significaba teclear cosas como no sé qué coño estoy escribiendo ahora mismo, bla, bla, bla. Todavía no había decidido una trama o personajes... Pasó una hora escribiendo una conversación entre un hombre y su esposa. Y entonces se dio cuenta de que no había acción ascendente o descendente, el hombre y su esposa discutían acerca de las coles de Bruselas, y las coles de Bruselas no eran una metáfora de algo más profundo.

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Entonces empezó una historia acerca de la ruptura de la pareja, desde la perspectiva de su perro. Y entonces comenzó una historia en la que un perro destruye intencionalmente un matrimonio. Y entonces se detuvo porque no estaba muy interesada en los perros. O en las personas casadas. Pensó en escribir todo lo que recordaba haber escrito en la historia anti-amor de Nick. Eso llamaría la atención de la profesora Piper. Pensó en tomar uno de sus historias de Simon/Baz y sólo cambiar los nombres. Probablemente se podría haber salido con la suya si la profesora Piper no estuviera ya encima de ella. Tal vez podría tomar una historia de Simon/Baz y cambiar todos los detalles materiales. Simon es un abogado y Baz es un espía. Simon es un policía, y Baz es dueño de una panadería. A Simon le gustan las coles de Bruselas, y Baz es un perro. Cath quería, desesperadamente, escapar a la Internet. Sólo para comprobar su correo electrónico o algo así. Pero no se permitiría abrir una ventana del navegador, ni siquiera para comprobar si la b en "Bruselas" debería ser capitalizada. En cambio, se apartó de la mesa y fue al baño. Caminó lentamente por el pasillo, merodeando por distracciones, pero no había nadie pululando alrededor tratando de ser amable. Cath se fue a su habitación y se acostó en su cama. Se había quedado hasta muy tarde la noche anterior estudiando biología, y era fácil cerrar los ojos. Casi era un buen cambio de ritmo que se preocupara por Nick en lugar de Levi. ¿En realidad le gustaba? (Nick. A ella definitivamente le había gustado Levi.) ¿O acaso le gustaba todo lo que él representaba? Inteligente, talentoso, guapo. Guapo de la Primera Guerra Mundial. Ahora, sólo pensar en Nick la hizo sentirse muy avergonzada. Había sido apuñalada. Le habían robado. ¿Había planeado robar la historia desde el principio? ¿O sólo se encontraba desesperado? Como Cath estaba desesperada. Nick y su estúpida historia. Realmente era su historia. No era nada que Cath jamás hubiera escrito por su cuenta. Estúpido, peculiar personaje femenino. Estúpido, pretencioso personaje masculino. Sin dragones. Era la historia de Nick. Él sólo la había engañado para escribirla. Era un narrador poco fiable, si alguna vez había conocido a uno. Cath quería trabajar en su propia historia ahora. No la de la clase. Carry On.

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Carry on era la historia de Cath. Miles de personas la leían. Miles de personas querían que la terminara. ¿Esa historia que se suponía que debía estar escribiendo para la clase? Sólo a una persona le importaba si la terminaba. Y esa persona no era Cath.

Se durmió con los zapatos puestos, acostada sobre su estómago. Cuando se despertó, ya era de noche, y odiaba eso. Era desconcertante dormirse con la luz y despertar en la oscuridad, en lugar de al revés. Le dolía la cabeza, y había un círculo de baba en la almohada. Eso sólo ocurría cuando dormía durante el día. Cath se sentó, miserablemente, y se dio cuenta de su teléfono estaba sonando. No reconoció el número. —¿Hola? —¿Cather? —era la voz de un hombre. Amable. —Sí, ¿quién es? —Oye, Cather, es Kelly. Kelly, del trabajo de tu padre. Kelly era el director creativo de su padre. El tipo del oso panda. Su padre lo llamaba "Maldito Kelly". Al igual que ―Maldito Kelly, nos hace empezar de nuevo la campaña de Kilpatrick‖ o ―entonces el maldito Kelly piensa que el robot debería estar bailando‖. Kelly era la razón por la que su padre todavía tenía un trabajo. Cada vez que Kelly cambiaba de agencias, persuadía al padre de Cath para que lo siguiera. Kelly apuntó todo el comportamiento extremo de su papá a "la mente creativa". —Su padre es un genio —le había dicho a las gemelas en una fiesta de Navidad—. Su cerebro fue diseñado específicamente para hacer anuncios. Es un instrumento de precisión. Kelly tenía una suave voz engatusadora, como si estuviera tratando convencerte de algo o venderte algo, cada vez que abría la boca. —¿Chicas, han probado el cóctel de camarones aquí? Los cócteles de camarones son increíbles.

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Escuchar ahora la suave voz de venta de Kelly envió un frío desagradable que arañaba la espalda de Cath. —Hola —dijo ella. —Oye, Cather. Siento llamarte a la escuela. Es semana de exámenes finales, ¿verdad? Mi Connor dice que es semana de exámenes finales. —Sí —dijo ella. —Mira, conseguí tu número del teléfono de tu padre, y sólo quería decirte que está perfectamente bien, va a estar bien. Pero va a pasar esta noche, tal vez un día o dos en el hospital. Aquí en el Hospital St. Richards. —¿Qué pasó? —No pasó nada, está bien. Lo digo en serio. Lo único que necesita es conseguir su equilibrio de vuelta. —¿Por qué? Quiero decir, ¿qué pasó? ¿Por qué lo llevaste allí… lo llevaste allí? —Sí, lo hice. Lo traje aquí yo mismo. No es que haya pasado algo. Es sólo que estaba realmente atrapado en el trabajo, algo que ya sabes, que todos sabemos. Es una línea muy fina a veces para todos nosotros... pero tu padre no quería salir de su oficina. Habían pasado unos días desde la última vez que salió de su oficina... ¿Cuántos días? se preguntó ella. ¿Estaba comiendo? ¿Iba al baño? ¿Había empujado su escritorio contra la puerta? ¿Había tirado un montón de ideas por la ventana del séptimo piso? Había permanecido en el pasillo y había gritado: ¡Todos ustedes son traidores, idiotas! ¡Cada uno de ustedes! ¡Y, sobre todo tú, Kelly, maldito charlatán sin cerebro! ¿Tuvieron que llevarlo fuera? ¿Fue durante el día? ¿Lo vio todo el mundo? —¿Está en St. Richards? —preguntó. —Sí, sólo están comprobando las cosas. Ayudándolo a conseguir un poco de sueño. Creo que eso realmente va a ayudarlo. —Voy a ir —dijo—. Dile que voy para allá. ¿Se lastimó? —No, Cather, no está lastimado. Sólo está durmiendo. Creo que va a estar bien. Simplemente ha sido un duro par de meses. Meses. —Voy a ir, ¿de acuerdo? —Claro —dijo Kelly—. Probablemente me vaya a casa pronto. Pero este es mi número de celular. Llámame si necesitas algo, ¿de acuerdo? —Gracias. —Lo digo en serio. Cualquier cosa. Sabes lo que siento por tu padre, es mi centavo de la suerte. Haría cualquier cosa por ese hombre.

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—Gracias. Colgó antes de que Kelly lo hiciera. No podía aguantar más. Entonces llamó inmediatamente a Wren. Sonaba sorprendida cuando contestó el teléfono. Cath fue al grano. —Papá está en St. Richards. —¿Qué? ¿Por qué? —Se salió de sus casillas en el trabajo. —¿Está bien? —No lo sé. Kelly dijo que no dejaba su oficina. Wren suspiró. —¿El Maldito Kelly? —Sí. —Papá va a estar mortificado. —Lo sé —dijo Cath—. Voy a ir tan pronto como pueda conseguir un aventón. —¿Acaso Kelly te dijo que fueras? —¿Qué quieres decir? —Quiero decir, que es semana de exámenes finales, y ya sabes que papá probablemente está sedado en estos momentos. Deberíamos llamar mañana y ver cómo está. —Wren, está en el hospital. —St. Richards no es exactamente un hospital. —¿No crees que deberíamos ir? —Creo que debemos terminar nuestros exámenes —dijo Wren—. Para cuando hayamos terminado, él estará saliendo de la bruma y podremos estar ahí para él. —Voy a ir —dijo Cath—. Voy a ver si la abuela puede venir a buscarme. —La abuela está en Chicago. —Oh. Cierto. —Si de verdad tienes que hacer esto, mamá puede llevarte. Si es tan importante para ti. —No. ¿Estás bromeando? —Está bien. Lo que sea. ¿Me llamarás cuando llegues al hospital?

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Cath quería decir algo malo como: No me gustaría interrumpir tus estudios durante la semana de exámenes finales. Pero en lugar de eso dijo: —Sí. Después llamó a Reagan. Reagan tenía un coche, Reagan la entendería… Reagan no respondió. Cath se arrastró sobre la cama y lloró por unos minutos. Por su papá. Por su humillación y su debilidad. Y por ella misma, porque no había estado ahí para evitar que eso sucediera, y porque incluso algo de esta mierda no podía hacer que ella y Wren se juntaran. ¿Por qué Wren era indiferente sobre esto? Sólo porque hubiera pasado antes no significaba que no fuera serio. No quería decir que no la necesitara. Entonces lloró por el hecho de que no había hecho más amigos con autos… Y entonces llamó a Levi. Él respondió de inmediato. —¿Cath? —Hola, Levi. Um, ¿cómo estás? —Estoy bien. Sólo estoy... trabajando. —¿Sueles contestar el teléfono en el trabajo? —No. —Oh. Bueno, um, más tarde, cuando salgas, ¿hay alguna posibilidad de que puedas llevarme a Omaha? Sé que es un gran problema, y te voy a dar dinero para la gasolina. Es, más o menos, una emergencia familiar. —Voy a buscarte ahora mismo. Dame quince minutos. —No. Levi, puedo esperar si estás en el trabajo. —¿Es una emergencia familiar? —Sí —dijo ella en voz baja. —Te veo en quince minutos. No había forma de que Snow lo viera aquí, en el balcón. Él se encontraba demasiado ocupado tratando de aprender sus pasos para el baile. Demasiado ocupado pisando las botas de seda de Agatha. Ella se veía preciosa hoy, toda cabello de oro blanco y cremosa piel color rosa. Esa chica es opaca, pensó Baz. Al igual que la leche. Como el cristal blanco.

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Simon dio un mal paso, y ella perdió el equilibrio. El la agarró con un fuerte brazo alrededor de su cintura. ¿No brillaban juntos? ¿No eran ellos todos los tonos de blanco y oro? —Él nunca se dará por vencido con ella, ya sabes. Baz quería azotar todo con la voz, pero se contuvo. Ni siquiera volteó la cabeza. —Hola, Penelope. —Estás perdiendo el tiempo —dijo ella, y maldita sea si no sonaba cansada—. Él piensa que ella es su destino… no puede evitarlo. —Lo sé —dijo Baz, convirtiéndose en sombras—. Yo tampoco. —Del "Tirano Basilton, Hijo de Puta", publicado en diciembre 2009 por FanFixx.net. Autores Magicath y Wrenegade.

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19 Traducido por Daenerys ツ Corregido por Aiden

205 Levi no hizo ninguna pregunta, y Cath no tenía ganas de explicar. Le dijo que su padre estaba en el hospital, pero no le dijo por qué. Se lo agradeció mucho. Empujó un billete de veinte dólares en su cenicero y le dijo que le daría más, tan pronto como consiguiera efectivo. Trató de no mirarlo, porque cada vez que lo hizo, se lo imaginó besando a alguien, ya fuera a ella o a la otra chica, y los dos recuerdos fueron igualmente dolorosos. Esperó a que encendiera el Levi, para agujerearla con preguntas y encantadoras observaciones, pero él la dejó sola. Después de unos quince minutos, le preguntó si le importaría que escuchara una conferencia —que había tenido un gran final el día siguiente. —Adelante —dijo Cath. Levi colocó una grabadora digital sobre el salpicadero. Escucharon una voz profunda hablando sobre las prácticas ganaderas sostenibles durante los próximos cuarenta minutos. Cuando llegaron a la ciudad, Cath dio indicaciones a Levi, que sólo había estado en Omaha un par de veces. Cuando se detuvieron en el estacionamiento del hospital, Cath estaba segura de haber leído el letrero: CENTRO ST. RICHARD DE LA SALUD Y COMPORTAMIENTO MENTAL. —Puedes solo dejarme —dijo ella—. Realmente aprecio esto. Levi apagó la conferencia sobre Manejo de Pastizales. —Me sentiría mejor si te viera dentro. Cath no discutió. Entró por delante y se dirigió directamente a la mesa de registro. Estaba semi-consciente de Levi dejándose caer doblado en una silla del vestíbulo detrás de ella. El hombre de la recepción no era nada amable. —Avery —dijo—. Avery… Arthur. —Chasqueó la lengua—. Parece que no tiene permitido las visitas.


¿Podría Cath hablar con un médico? ¿O una enfermera? El tipo no estaba seguro de eso. ¿Estaba su papá despierto? No podía decírselo, las regulaciones federales de privacidad y todo eso. —Bueno, yo solo voy a sentarme allí —dijo Cath—. Así que usted tal vez podría decirle a alguien que estoy esperando, y que me gustaría ver a mi papá. El chico —era un tipo grande, más como un musculoso asistente que un recepcionista o un enfermero— dijo que era bienvenida a sentarse todo lo que quisiera. Se preguntó si este hombre había estado aquí cuando habían traído a su padre. ¿Tuvieron que someterlo? ¿Estaba gritando? ¿Estaba escupiendo? Quería que todo el mundo aquí, comenzando con este tipo, supieran que su padre era una persona, y no solo una persona loca. Que había gente que se preocupaba por él y que se daría cuenta si fuera maltratado o le dieran el medicamento equivocado. Cath se dejó caer en una silla donde el bueno para nada asistente podía verla. Diez minutos de silencio pasaron antes que Levi dijera: —¿No ha habido suerte? —La misma vieja suerte. —Lo miró, pero no a la cara—. Mira, probablemente estaré aquí por un largo rato. Deberías regresar. Levi se inclinó de rodillas, acariciando la parte de atrás de su pelo, como si estuviera pensando en ello. —No te voy a dejar sola en la sala de espera del hospital —dijo finalmente. —Pero todo lo que puedo hacer ahora es esperar —dijo ella—. Así que este es el lugar perfecto para mí. Él se encogió de hombros y se sentó, todavía frotándose el cuello. — Puede que también te vigile. Es posible que necesites un viaje más tarde. —Está bien —dijo Cath, entonces se vio obligada a seguir adelante— . Gracias ... Esto no va a ser una cosa regular, ya sabes. Te prometo que no te llamaré la próxima vez que uno de mis parientes se emborrache o se vuelva loco. Levi se quitó la chaqueta verde y la dejó sobre el asiento de al lado. Llevaba un suéter y jeans negros, y que estaba sosteniendo el grabador digital. Se lo metió en el bolsillo. —Me pregunto si hay café por aquí —dijo. St. Richard no era un hospital normal. Solo la sala de espera estaba abierta al público, y la sala de espera era más como un pasillo con sillas. No había ni siquiera un televisor colgado en la esquina en sintonía con Fox News. Levi se levantó y deambuló a la ventana del asistente. Se inclinó sobre el mostrador y empezó a conversar.

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Cath sintió una oleada de irritación y sacó su teléfono para textear a Wren. En st richard, esperando a ver papá. Pensó en llamar a su abuela, pero decidió esperar hasta tener más información. Cuando levantó la vista del teléfono, Levi estaba saliendo por la puerta principal. Volvió la vista a ella justo antes de que la cerrara tras él, y sonrió. Había pasado tanto tiempo desde que Levi le sonrió, que el corazón de Cath saltó en su pecho. Hacía que sus ojos se llenaran de lagrimas... Desapareció mucho tiempo. Tal vez estaba tomando un tour, pensó. Probablemente volvería con una jarra de cerveza, lápiz labial en su rostro, y los boletos de la Fiesta Bowl23. Cath no tenía nada para distraerse con excepción de su teléfono, pero la batería estaba baja, por lo que lo guardó en su bolso y trató de no pensar en ello. Finalmente oyó un zumbido, y Levi regresó caminando por la puerta, cargando dos tazas desechables con café y equilibrando dos bocadillos en caja en sus antebrazos. —Pavo o jamón —preguntó. —¿Por qué siempre estás alimentándome? —Bueno, trabajo en el servicio de comida y mi especialidad es básicamente el pastoreo… —Pavo —dijo ella, sintiéndose agradecida, pero todavía no se sentía como si pudiera mirar a Levi a los ojos. Ella sabía por qué era eso. Sus ojos eran cálidos y azul bebé. Te hacían sentir como si le gustaras más que a cualquier otra persona. Tomó una taza de café—. ¿Cómo conseguiste eso? —Solo pregunté por café —dijo. Cath desenvolvió el sándwich y comenzó a arrancar trozos pequeños. Los aplastó planos antes de empujarlos en su boca. Su madre solía decirle que no mutilara la comida. Su padre nunca le dijo nada, sus modales eran mucho peores. —Puedes, ya sabes —dijo Levi, desenvolviendo su bocadillo. —¿Puedo, qué?

Fiesta Bowl: Partido anual de fútbol americano universitario incluido en los denominados partidos bowl, que se juega desde 1971. 23

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—Llamarme la próxima vez que alguien se vuelva loco o sea detenido… me alegro de que me hayas llamado anoche. Pensé que estabas enojada conmigo. Cath aplastó otro pedazo de sándwich. La mostaza se derramó por los lados. —¿Eres tú el hombre que todos llaman cuando necesitan ayuda? —¿Soy Superman? —Lo escuchó sonriendo. —Sabes lo que quiero decir. ¿Eres el hombre al que todos tus amigos llaman cuando necesitan ayuda? ¿Porque saben que vas a decir que sí? —No sé... —dijo—. Soy el chico que todo el mundo llama cuando necesitan ayuda para mudarse. Creo que es el camión. —Cuando te llamé anoche —dijo viendo a sus zapatos—, sabía que me llevarías. Si podías. —Bueno —dijo—. Tenías razón. —Creo que podría estar explotándote. Él se echó a reír. —Tú no me puedes explotar en contra de mi voluntad... Cath tomó un sorbo de café. No había nada como un café de pan de jengibre. —¿Estás preocupada por tu padre? —preguntó Levi. —Sí —dijo ella—. Y no. Quiero decir —ella lo miró rápidamente— esta no es la primera vez. Esto sólo pasa.... Por lo general, no llega tan mal. Por lo general, estamos ahí para él. Levi tomó su sándwich por una esquina y le dio un mordisco de la otra. —¿Estás demasiado preocupada por tu padre para hablar de por qué estás enojada conmigo? —Tenía la boca llena. —No es importante —murmuró. —Lo es para mí. —Tragó saliva—. Abandonas la habitación cada vez que camino dentro. —Cath no dijo nada, así que siguió hablando—. ¿Es por lo que pasó? Ella no sabía cómo responder a esa pregunta. No quería. Levantó la vista hacia la pared frente a ella, hasta donde habría una TV si este lugar no fuera como una prisión. Sintió a Levi inclinarse hacia ella. —Porque lo siento por eso —dijo—. No era mi intención hacerte sentir incómoda. Cath pellizcó la parte superior de su nariz, deseando saber dónde estaban sus lagrimales, para poder mantenerlos cerrados. —¿Lo sientes?

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—Lo siento por molestarte —dijo—. Creo que tal vez te estaba leyendo mal, y lo siento por eso. Su cerebro trató de llegar a algo significativo que decir acerca de Levi y su lectura. —No me leíste mal —dijo, sacudiendo la cabeza. Sólo por un segundo, se sintió más enojada que patética—. Fui a tu fiesta. —¿Qué fiesta? Volvió la cabeza para hacerle frente, a pesar de que había empezado a llorar, y sus gafas se estaban empañando, y no se había cepillado el pelo oficialmente desde ayer por la mañana. —La fiesta —dijo—. En tu casa. Ese jueves por la noche. Fui con Reagan. —¿Por qué no te vi? —Estabas en la cocina... preocupado. La sonrisa de Levi se desvaneció, y se sentó lentamente. Cath dejó el sándwich en la silla a su lado y apretó las manos sobre su regazo. —Oh, Cath... —dijo Levi—. Lo siento. —No te disculpes. Ambos parecían bastante felices. —No dijiste que ibas a venir. Miró. —Así que, si hubieras sabido que iba a ir, ¿no habrías estado haciéndolo con alguien más en la cocina? Por una vez, Levi no tenía nada que decir. Dejó el bocadillo y empujó las dos manos por su cabello rubio. Su pelo estaba hecho de un material más fino que el de Cath. Seda. Bajo. Semillas de diente de león siendo dobladas. —Cath... —dijo—. Lo siento. No estaba muy segura de por qué se estaba disculpando. Levantó la vista hacia ella, desde la parte superior de sus ojos, mirando realmente arrepentido y arrepentido por ella. —Fue sólo un beso —dijo, con arrugas en la frente. —¿Por cuál? —preguntó. Levi metió las manos en la parte posterior de su cabeza, y su flequillo caía suelto. —Por Ambas. Cath tomó una profunda, y temblorosa respiración que penetró a través de su nariz. —Correcto —dijo—. Esta es, um... buena información para conservar. —No pensé.

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—Levi. —Ella lo interrumpió y lo miró directamente a los ojos, tratando de parecer severa a pesar de sus lágrimas—. No puedo agradecerte lo suficiente por haberme traído aquí. Pero no puedo hablar más de esto: me gustaría que lo dejaras ahora. No solo beso personas. Los besos no son... sólo conmigo. Es por eso que te he estado evitando. Es por eso que me gustaría evitar esto ahora. ¿De acuerdo? —Cath La puerta sonó, y una enfermera se acercó a través de ella, vestida con un uniforme florido. Ella sonrió a Levi. —¿Quieren volver ahora? Cath se levantó y cogió su bolso. Miró a Levi. —Por favor. —Y luego siguió a la enfermera.

Levi se había ido cuando Cath regresó al vestíbulo. Tomó un taxi hasta la oficina de su padre para recoger su coche. Estaba lleno de envoltorios de comida rápida e ideas arrugadas. Cuando llegó a casa, lavo los platos y texteó a Wren. Cath no tenía ganas de llamar. Ella no tenía ganas de decir, Oye, tienes razón. Él estaba todo drogado y, probablemente, no va a salir de ello durante unos días, y no hay ninguna razón real para que vuelvas a casa, a menos que simplemente no puedas soportar la idea de que pase a través de esto solo. Pero no estará solo, porque yo estaré aquí. Su padre no había lavado la ropa en mucho tiempo. Los escalones hacia el sótano estaban cubiertos con ropa sucia, como si acabara de tirar cosas por allí por un par de semanas. Puso una carga de ropa. Desechó cajas de pizza con trozos secos. Había un poema pintado en el espejo del baño con pasta de dientes, tal vez se trataba de un poema, tal vez eran sólo palabras. Era una maravilla, así que Cath tomó una foto con su teléfono antes de limpiarlo. Cualquiera de estas cosas los habría alertado si hubieran estado en casa. Hubieran visto por él. Lo habrían encontrado sentado en su coche en medio de la noche, llenando páginas y páginas con ideas que no acababan de tener sentido, y lo habrían conducido hacia el interior.

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Verían que se saltó la cena, habrían contado las tazas de café. Habrían notado el entusiasmo en su voz. Y habrían tratado de frenarlo. Por lo general funcionaba. Al ver que estaban preocupados por su padre. Él iría a la cama y dormiría durante quince horas. Haría una cita con su consejero. Se trataría con los medicamentos una vez más, aunque todos sabían que no resistiría. —No se me ocurre cuando estoy tomándoles —le había dicho a Cath una noche. Ella tenía dieciséis años, y había venido abajo a la salida de la puerta y se dio cuenta de que no estaba cerrada, y luego sin querer lo había bloqueado. Su padre estaba sentado fuera en las escaleras, y la asustó casi hasta la muerte cuando sonó el timbre. —Disminuyen tu cerebro—dijo, agarrando una botella de píldoras de color naranja—. Suavizan todas las arrugas... Tal vez todo lo malo que sucede en las arrugas, pero todas las cosas buenas que hace, también... —Doman tu cerebro como a un caballo, por lo que toma todas sus órdenes. Necesito un cerebro que pueda domarse, ¿sabes? Tengo que pensar. Si no puedo pensar, ¿quién soy yo? No fue tan malo cuando tuvo muchas ganas de dormir. Cuando comió los huevos que le hicieron para el desayuno. Cuando no trabajaba tres fines de semana consecutivos. Un poco maníaco estaba bien. Un poco maníaco lo hacía feliz, productivo y carismático. Los clientes comerían impresionantemente directo de sus manos. Ella y Wren había conseguido buenas observaciones de él. Dándose cuenta cuándo un poco maníaco cambió a mucho. Cuándo carismático dio paso a enloquecido. Cuándo el brillo de sus ojos se convirtió en un destello ardiente. Cath se quedó despierta hasta las tres de la mañana, arreglando sus líos. Si ella y Wren hubieran estado allí, lo habrían visto venir. Lo habrían detenido.

Al día siguiente, Cath llevó su laptop a St. Richard con ella. Tenía treinta y un horas para escribir su cuento. Podía enviarlo por correo electrónico a la profesora Piper, eso estaría bien.

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Wren finalmente envió un mensaje de vuelta. ¿Estás aquí? final de psicología mañana. ¿no? Tenían el mismo profesor de psicología pero estaban en diferentes clases. Voy a tener que perdérmelo —escribió Cath. NO ES ACEPTABLE —respondió Wren. NO DEJARÉ SOLO A PAPÁ. —Texteo de vuelta Cath. Envíale un correo al profesor, tal vez te dejará hacerlo. Ok. Le enviaré un correo electrónico y voy a hablar con él. Ok. —Cath no podía decidirse a dar las gracias. Wren debería faltar a esa final, también. Su padre se despertó cerca del mediodía y comió puré de patatas con salsa amarilla. Se dio cuenta de que estaba enojado, enojado de que estaba allí y enojado porque estaba demasiado aturdido para cualquier estallido de ira. Había una televisión en su habitación y Cath encontró una repetición de Gilmore Girls24. Su padre siempre solía ver Gilmore Girls con ellos, estaba enamorado de Sookie. La laptop de Cath se caía en su regazo, por lo que finalmente la dejó, y se inclinó sobre la cama para ver la televisión. —¿Dónde está Wren? —le preguntó durante una pausa comercial. —Escuela. —¿No deberías estar allí también? —Las vacaciones de Navidad comienzan mañana. Él asintió con la cabeza. Sus ojos parecían aburridos y distantes. Cada vez que parpadeaba, parecía que tal vez no iba ser capaz de abrirlos de nuevo. Una enfermera entró a las dos de la tarde con más medicamentos. Luego vino un médico que pidió a Cath que esperara en el pasillo. El médico le sonrió cuando salió de la habitación. —Vamos a llegar allí —dijo en una alegre y reconfortante voz—. Teníamos que acabar con él bastante rápido. Gilmore Girls: Serie de televisión de comedia y drama emitida en Estados Unidos a partir del 5 de octubre de 2000. 24

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Cath se sentó junto a la cama de su padre y vio la televisión hasta que las horas de visita terminaron.

No había más que hacer excepto limpieza, y Cath se sintió incómoda al estar en la casa por su cuenta. Trató de dormir en el sofá, pero se sentía demasiado cerca de la parte exterior y muy cerca de la vacía habitación de su padre, así que fue a su habitación y se metió en su cama. Cuando eso no funcionó, se metió en la cama de Wren, llevando su laptop con ella. Su padre se había quedado tres veces en St. Richard antes. La primera vez fue el verano después de que su madre se fue. Habían llamado a su abuela cuando se levantaba de la cama, y por un tiempo, se había mudado con ellos. Llenó el congelador con lasaña congelada antes de irse. La segunda vez fue en sexto grado. Estaba de pie sobre el fregadero, riendo, y diciéndoles que no tenían que ir a la escuela. La vida era una educación, dijo. Se había cortado al afeitarse, y había pequeños trozos de papel higiénico pegados con sangre en la barbilla. Cath y Wren se había ido a vivir con su tía Lynn en Chicago. La tercera vez fue en la escuela secundaria. Tenían dieciséis años, y su abuela llegó para quedarse, pero no hasta la segunda noche. La primera noche la habían pasado en la cama de Wren, Wren quedándose con las muñecas de Cath, Cath llorando. —Soy como él ––había susurrado. —No lo eres ––dijo Wren. —Lo soy. Estoy loca como él. —Ya estaba teniendo ataques de pánico. Ya se estaba escondiendo en las fiestas. En el séptimo grado, había ido tarde a clase para las dos primeras semanas porque no podía soportar estar en los pasillos con los demás durante los períodos que pasan—. Probablemente va a empeorar en unos pocos años. Es entonces cuando por lo general golpea. —No lo estás —dijo Wren. —Pero, ¿qué si lo estoy? —Decide estarlo. —No es así como funciona —sostuvo Cath. —Nadie sabe cómo funciona.

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—¿Qué pasa si ni siquiera lo veo venir? —Yo lo veré venir. Cath trató de dejar de llorar, pero había estado haciéndolo por mucho tiempo, el llanto se había apoderado, haciéndola respirar áspera y espasmódicamente. —Si trata de llevarte —dijo Wren—. No lo dejaré. Unos meses más tarde, Cath obtuvo esa línea de Simon en una escena sobre la sed de sangre de Baz. Wren seguía escribiendo con Cath en ese entonces, y cuando llegó a la línea, ella soltó un bufido. —Estoy aquí para ti si te vuelves maníaca ––dijo Wren––, pero estás por tu cuenta si te conviertes en un vampiro. —Lo que es bueno de todos modos —dijo Cath. Su padre estaba en casa en ese momento. Y mejor. Y Cath no sentía, por el momento, que su ADN era una trampa lista para cerrarse sobre ella. —Al parecer, soy buena para algo —dijo Wren––. Tú sigues robando todas mis mejores líneas.

Cath pensó en enviar mensajes de texto a Wren el viernes por la noche antes de dormirse, pero no se le ocurría nada que decir. El Humdrum no era un hombre en absoluto, o un monstruo. Era un niño. Simon se acercó, quizá tontamente, con ganas de ver su cara... Sintió el poder del Humdrum azotando a su alrededor como el aire seco, como arena caliente, un dolor fatigó en la médula de los huesos de Simon. El Humdrum —el niño— llevaba vaqueros desteñidos y una camiseta cutre, y probablemente a Simon le tomó demasiado tiempo reconocer al niño como a sí mismo. Su yo de hace unos años. —Basta —gritó Simon—. Muéstrate, cobarde. ¡Muéstrate a ti mismo! El muchacho se echó a reír. —Del capítulo 23, Simon Snow y el Séptimo Roble Copyright © 2010 por Gemma T. Leslie

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20 Traducido por EyeOc Corregido por Alessa Masllentyle

215 Su papá y Wren llegaron a casa el mismo día. Sábado. Su papá ya estaba hablando sobre regresar al trabajo, aún cuando todavía no tenía medicamentos, y todavía parecía alternativamente borracho o medio dormido. Cath se preguntó si se quedaría con ellas durante el fin de semana. A lo mejor estaba bien si se quedaba sin sus medicamentos. Ella y Wren estaban en casa para vigilarlo. Con todo lo que había pasado, Cath no estaba tan segura de si ella y Wren estaban dirigiéndose la palabra. Decidió que lo estaban; hacía la vida más fácil. Pero no estaban en términos de compartir, todavía no le había dicho a Wren sobre Levi. O sobre Nick, de hecho, y no quería que Wren comenzara a hablar sobre sus aventuras con su madre. Cath estaba segura de que Wren tenía algún plan madre-hija para Navidad. Al principio, todo lo que Wren quería hablar era sobre la escuela. Se sentía bien sobre sus examines finales, ¿lo sentía Cath? Y ya había comprado los libros para el próximo semestre. ¿Cuáles clases estaba tomando Cath? ¿Tenían algunas juntas? Cath escuchó mayormente. —¿Crees que deberíamos llamar a la abuela? —preguntó Wren. —¿Sobre qué? —Sobre papá. —Hay que esperar y ver se comporta. Todos sus amigos de la secundaria estaban en casa para Navidad. Wren seguía intentando lograr que Cath saliera. —Ve tú —diría Cath—. Me quedaré con papá. —No puedo ir sin ti. Eso sería raro.


Sería raro para sus amigos de la secundaria ver a Wren sin Cath. Sus amigos de la Universidad pensarían que sería raro si se mostraban en algún lugar juntas. —Alguien debería quedarse con papá —dijo Cath. —Ve, Cath —dijo su papá después de unos cuantos días de esto—. No voy a perder el control sentado aquí viendo Iron Chef. Algunas veces Cath fue. Algunas veces se quedaba en casa y esperaba a Wren. Algunas veces Wren no regresaba a casa. —No quiero que me veas borracha —explicó Wren cuando llegó en la mañana—. Me haces sentir incómoda. —Oh, te hago sentir incómoda —dijo Cath—. Eso no tiene precio. Su papá volvió al trabajo después de una semana. La siguiente semana comenzó a trotar antes del trabajo, y así fue como Cath supo que no tenía medicina. El ejercicio era su más efectiva auto medicación, era lo que siempre hacía cuando quería tomar el control. Comenzó a ir a la planta baja cada mañana cuando escuchaba la cafetera pitando. Para checarlo, para verlo. —Está muy frío para trotar afuera. —Trató de discutir una mañana. Su papá le pasó su café descafeinado mientras se ataba los zapatos. —Se siente bien. Ven conmigo. —Podía darse cuenta de que estaba tratando de verlo a los ojos, para tomar su temperatura mental, así que tomó su barbilla y la dejó—. Estoy bien —dijo gentilmente—. De vuelta en el caballo, Cath. —¿Cuál es el caballo? —suspiró, mirándolo ponerse una sudadera de South High—. ¿Trotar? ¿Trabajar demasiado? —Vivir —dijo, un poco fuerte—. La vida es el caballo. Cath le haría el desayuno mientras corría y después de que comiera y se fuera al trabajo, caería dormida otra vez en el sofá. Después de unos cuantos días de esto, ya se sentía como una rutina. Las rutinas eran buenas para su papá, pero necesitaba ayuda para apegarse a ellas. Cath usualmente despertaría otra vez cuando Wren bajara a la planta baja o regresara a casa. Esta mañana, Wren entró a la casa e inmediatamente se dirigió a la cocina. Regresó a la sala con una taza fría de café, y lamiendo un tenedor. —¿Hiciste omelets?

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Cath talló sus ojos y asintió. —Tenemos sobras de Los Portales, así que lo puse ahí. —Se sentó—. Eso es descafeinado. —¿Está bebiendo descafeinado? Eso está bien, ¿verdad? —Sí… —Hazme un omelet, Cath. Sabes que soy mala en ello. —¿Que me darías? —preguntó Cath. Wren se rió. Era lo que solían decirse mutuamente. ¿Qué me darías? —¿Que es lo que quieres? —preguntó Wren—. ¿Tienes algunos capítulos que necesite betear? Era el turno de Cath de decir algo inteligente, pero no sabía qué decir. Porque sabía que Wren no lo decía enserio, sobre betear su fic, y porque era patético lo mucho que Cath deseaba que lo hiciera. ¿Qué si pasaban el resto de las vacaciones de Navidad así? Atestadas alrededor de la laptop, escribiendo juntas el principio y el final de Carry On, Simon. —No —dijo Cath finalmente—. Tengo a una estudiante de doctorado de Rhode Island editando todas mis cosas. Es una máquina. — Cath se levantó y se dirigió hacia la cocina—. Te haré un omelet; creo que tenemos algo de chili envasado. Wren la siguió. Saltó en la encimera a un lado de la estufa y miró a Cath sacar la leche y los huevos del refrigerador. Cath podía quebrarlos con una mano. Los huevos eran su cosa. Desayunos, realmente. Aprendió a hacer omelets en primer grado de secundaria, mirando videos de YouTube. Podía hacer huevos cocidos, también, y huevos estrellados. Y revueltos, obviamente. Wren era mejor en cenas. Pasó por una fase en el primer grado de secundaria cuando todo lo que hacía comenzaba con sopa mixta francesa de cebolla. Pastel de carne. Filete Stroganoff. Hamburguesas de cebolla. —Todo lo que necesita es sopa mixta —anunció—. Podemos tirar todos estos condimentos. —No tienen que cocinar, chicas. —Dirí su padre. Pero era cocinar o esperar a que recordara recoger cajitas felices en su camino a casa desde el trabajo. Todavía había una caja de juguetes arriba llena con cientos de juguetes de plástico de la cajita feliz. Además, si Cath hacía el desayuno y Wren la cena, eso era por lo menos dos comidas que su padre no comería en la gasolinera. —QuickTrip no es una gasolinera —dijo—. Es una estación de todo-loque-de-verdad-necesitas. Y sus baños son impecables.

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Wren se inclinó sobre la sartén y miró los huevos comenzar a hacer burbujas. Cath la empujó, lejos del fuego. —Esta es la parte en la que siempre lo echo a perder —dijo Wren—. O los quemo en las orillas o aún están crudos en el medio. —Eres demasiado impaciente —dijo Cath. —No, estoy demasiado hambrienta. —Wren recogió el abridor de latas y lo giró alrededor de sus dedos-—. ¿Crees que deberíamos llamar a la abuela? —Bueno, mañana es víspera de Navidad —dijo Cath—. Así que probablemente deberíamos llamar a la abuela. —Sabes a lo que me refiero… —Parece como que lo está haciendo bien. —Si… —Wren abrió la lata de chili y se lo pasó a Cath—. Pero aún está frágil. Cualquier cosa pequeña lo podría mandar al borde. ¿Qué pasará cuando volvamos a la escuela? ¿Cuando no estés aquí para hacerle el desayuno? Necesita a alguien que lo cuide. Cath miró los huevos. Estaba esperando su tiempo. —Aún tenemos que ir de compras para la cena de Navidad. ¿Quieres pavo? O podemos hacer lasaña en honor a la abuela. A lo mejor mañana lasaña y en Navidad pavo… —No estaré aquí mañana por la noche. —Wren se aclaró la garganta—. Es cuando… la familia de Laura celebra Navidad. Cath asintió y dobló el omelet a la mitad. —Puedes venir, lo sabes —dijo Wren. Cath resopló. Cuando la miró otra vez, Wren lucía molesta. —¿Qué? —dijo Cath—. No estoy discutiendo contigo. Asumí que harías algo con ella esta semana. Wren apretó su mandíbula muy fuerte, sus mejillas pulsaban. —No puedo creer que me estés haciendo hacer esto sola. Cath levantó la espátula entre ellas. —¿Haciéndote? No estoy haciéndote hacer nada. No puedo creer que inclusive estés haciendo esto cuando sabes cuánto lo odio. Wren se bajó de la encimera, negando con la cabeza. —Oh, odias todo. Odias el cambio. Si no tirara de ti detrás de mí, nunca irías a ningún lado.

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—Bueno, no estarás tirando de mí a ningún lado mañana —dijo Cath, alejándose de la estufa—. Ni a ningún lado, desde hoy. Por este acto estás relevada de toda responsabilidad, de tirar de mí por ahí. Wren dobló sus brazos y ladeó su cabeza. La Santurrona. —Eso no es lo que quiero decir, Cath. Quiero decir… deberíamos estar haciendo esto juntas. —¿Por qué esto? Tú eres la que se mantiene recordándome que somos dos personas separadas, que no tenemos que hacer las mismas cosas todo el tiempo. Así que, bien. Puedes ir a tener una relación con la madre que nos abandonó, me quedaré aquí y cuidaré al padre que recogió los pedazos. —Jesucristo. —Wren levantó las manos en el aire, palmas abiertas—. ¿Podrías parar de ser tan melodramática? ¿Por sólo cinco minutos? ¿Por favor? —No. —Cath cortó el aire con su espátula—. Esto no es melodrama. Esto es drama real. Nos dejó. En la manera más dramática posible. El once de septiembre. —Después del once de septiembre. —Detalles. Nos dejó. Partió el corazón de papá, y a lo mejor su cerebro, y nos dejó. La voz de Wren cayó. —Se siente horrible sobre eso, Cath. —¡Bien! —gritó Cath—. ¡También yo! —Dio un paso más cerca de su hermana—. Probablemente estaré loca por el resto de mi vida, gracias a ella. Continuaré tomando malas decisiones y haciendo cosas raras que ni siquiera me doy cuenta de que son raras. La gente sentirá pena por mí, y no voy a tener ninguna relación normal, y eso siempre será porque no tuve una madre. Siempre. Ese es el máximo tipo de roto. El tipo de daño del cual nunca te recobras. Espero que se sienta horrible. Espero que nunca se perdone a sí misma. —No digas eso. —La cara de Wren estaba roja, y había lágrimas en sus ojos—. No estoy rota. No había lágrimas en los ojos de Cath. —Agrietó tus bases. —Se encogió de hombros. —Al diablo con eso. —¿Crees que absorbí todo el impacto? ¿Que cuando mamá se fue, golpeó mi parte del carro? Al diablo con eso, Wren. Te abandonó también. —Pero no me rompió. Nada me puede romper a menos que lo permita.

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—¿Crees que papá lo permitió? ¿Crees que escogió caerse a pedazos cuando se fue? —¡Sí! —Wren estaba gritando ahora—. Y creo que sigue escogiendo. Ambos lo hacen. Prefieren estar rotos que seguir. Eso lo hizo. Ahora ambas estaban llorando, ambas gritando. Nadie gana hasta que nadie gana, pensó Cath. Se giró de vuelta a la estufa; los huevos estaban comenzando a quemarse. —Papá está enfermo Wren — dijo tan calmadamente como lo pudo manejar. Sacó el omelet de la sartén y lo depositó en un plato—. Y tu omelet se quemó. Y prefiero estar rota que borracha. —Colocó el plato en la encimera—. Puedes decirle a Laura que se joda. Como, al infinito y más allá. No tiene por qué mudarse conmigo. Nunca. Cath se alejó antes de que Wren pudiera. Fue hacia arriba y trabajó en Carry On.

Siempre había un maratón de Simon Snow en la televisión la víspera de Navidad. Cath y Wren siempre lo miraban, y su papá siempre hacía palomitas en el microondas. Habían ido a Jacobo‘s la noche anterior a por palomitas y otros suministros para Navidad. —Si no lo tienen en el supermercado —había dicho su papá felizmente—, realmente no lo necesitas. —Es así como terminaron haciendo lasaña con espagueti, y comprando tamales en vez de pavo. Con la película pasando, era fácil para Cath no hablarle a Wren sobre nada importante, pero difícil no hablar sobre las propias películas. —El cabello de Baz es genial —dijo Wren durante Simon y los cuatro Selkies. Todos los actores tenían cabello largo en esta película. El cabello negro de Baz estaba levantado en un tupé estilo Elvis que comenzaba a punta de navaja de su pico de viuda25. —Lo sé —dijo Cath—. Simon sigue tratando de golpearlo así lo puede tocar. —¿Verdad? La última vez que Simon giró a Baz, pensé que iba a quitarle una pestaña. Anomalía capilar que causa la formación distintiva de la línea del cabello en forma de V sobre la mitad superior de la frente. 25

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—Pide un deseo —dijo Cath en su mejor voz de Simon—. Tú, guapo bastardo. Su papá miró Simon Snow y las Cinco Hojas con ellas, con un cuaderno en su regazo. —He vivido con ustedes dos por demasiado tiempo —dijo, dibujando un gran tazón de Gravioli—. Fui a ver la nueva película de los X-men con Kelly, estaba convencido todo el tiempo de que el Profesor X y Magneto estaban enamorados. —Bueno, obviamente —dijo Wren. —A veces creo que está obsesionado con Basilton —dijo Agatha en la pantalla, sus ojos amplios y preocupados. —Está tramando algo —dijo Simon—. Lo sé. —Esa chica es peor que Liza Minelli —dijo su padre. Una hora en la película, antes de que Simon atrapara a Baz encontrándose con Agatha en el Bosque Veiled, Wren recibió un mensaje de texto y se levantó del sofá. Cath decidió usar el baño, sólo en caso de que el timbre de la puerta estuviera a punto de sonar. Laura no lo haría, ¿verdad? No vendría a la puerta. Cath estuvo en el baño cerca de la puerta y escuchó a su padre diciéndole a Wren que se divirtiera. —Le diré a mamá que dijiste hola —dijo Wren. —Eso es probablemente innecesario animado. Hurrah por ti, papá, pensó Cath.

—dijo,

suficientemente

Después de que Wren se hubo ido, ninguno habló sobre ella. Miraron una película más de Simon y comieron gigantescas partes de espagueti-lasaña, y su papá se dio cuenta por primera vez de que no tenían un árbol de Navidad. —¿Cómo es que olvidamos el árbol? —preguntó, mirando al lugar cerca de la ventana donde usualmente lo ponían. —Había mucho pasando —dijo Cath. —¿Por qué no pudo Santa levantarse de la cama en Navidad? — preguntó su papá, como si estuviera haciendo un chiste. —No lo sé, ¿por qué? —Porque es Norte bi-polar. —No —dijo Cath—. Porque los osos bipolares realmente estaban haciéndolo caer. —Porque la nariz de Rodolfo parecía demasiado brillosa.

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—Porque las chimeneas lo hacían Claus-trofóbico. —Por qué. —Su papá rió—. ¿Por qué los altos y bajos fueron demasiado para él? ¿En el trineo, lo entiendes? —Eso es horrible —dijo Cath riéndose. Los ojos de su papá lucían brillosos, pero no demasiado brillosos. Esperó a que fuera a la cama antes de ir hacia arriba. Wren todavía no estaba en casa. Cath trató de escribir, pero cerró su laptop después de quince minutos de mirar una pantalla en blanco. Se metió debajo de las sábanas y trató de no pensar sobre Wren, trató de no imaginarla en la nueva casa de Laura, con la nueva familia de Laura. Cath trató de no pensar en nada en general. Cuando aclaró su cabeza, estaba sorprendida de encontrar a Levi ahí debajo de todo el desorden. Levi en el país de Dios. Probablemente teniendo su feliz Navidad. Feliz. Eso era Levi los trescientos sesenta y cinco días del año. En año bisiesto, trescientos sesenta y seis. Levi probablemente amaba los años bisiestos. Otro día, otra chica que besar. Era un poco más fácil pensar sobre él ahora que Cath sabía que nunca lo había tenido, que probablemente nunca lo vería otra vez. Se quedó dormida pensando en su cabello rubio oscuro, su súper abundante frente y todo lo demás que no estaba preparada para olvidar.

—Ya que no hay un árbol —dijo su papá—. Puse sus regalos debajo de esta foto nuestra, parados bajo un árbol de Navidad en el dos mil cinco. ¿Sabían que ni siquiera tenemos una planta en la casa? No hay nada vivo en esta casa salvo nosotros. Cath miró hacia abajo, al pequeño montón de regalos y rió. Estaban bebiendo rompope y comiendo pan dulce de hacía dos días, pan dulce con glaseado granulado rosa. El pan dulce vino de la panadería de Abel. Pararon ahí después del supermercado. Cath se había quedado en el carro; imaginó que no valía la pena la incomodidad. Habían pasado meses desde que dejó de contestar los mensajes de textos ocasionales de Abel, y por lo menos un mes desde que él dejo de enviarlos. —La abuela de Abel odia mi cabello —dijo Wren cuando entró en el carro—. ¡Qué pena! ¡Qué lástima! ¡Niño! —¿Conseguiste el pastel de tres leches? —No tenían.

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—Qué lástima. Normalmente, Cath tendría un regalo para Abel y uno de parte de su familia debajo del árbol. La pila de regalos de este año era especialmente delgada. Mayormente sobres. Cath le dio a Wren un par de guantes ecuatorianos que compró afuera de la Unión. —Es alpaca —dijo—. Más caliente que la lana. E hipoalergénico. —Gracias —dijo Wren, alisando los guantes en su regazo. —Así que quiero mis guantes de vuelta —dijo Cath. Wren le dio a Cath dos blusas que compró en línea. Eran lindas y probablemente serían halagadoras, pero esta era la primera vez en diez años que Wren no le había dado algo que tuviera que ver con Simon Snow. Hizo que Cath se sintiera repentinamente triste, y a la defensiva. — Gracias —dijo, doblando las blusas de vuelta—. Están muy bonitas. Certificados de regalo de iTunes de parte de su papá. Certificados de regalo de una librería de parte de su abuela. La tía Lynn les había enviado ropa interior y calcetas, sólo para ser graciosa. Después de que su papá abrió sus regalos —todos le dieron ropa—, todavía había una pequeña caja plateada debajo de la foto del árbol de Navidad. Cath lo alcanzó. Había una elegante etiqueta colgando de un listón borgoña, Cather, decía en letra negra y ostentosa. Por un segundo pensó que era de parte de Levi. ―Cather,‖ podía escucharlo decirlo, todo sobre su sonriente voz. Deshizo el listón y abrió la caja. Había un collar dentro. Una esmeralda, su piedra de nacimiento. Miró hacia Wren y vio un pendiente que combinaba, colgando de su cuello. Cath dejó la caja y se paró, moviéndose rápidamente, torpemente hacia las escaleras. —Cath —gritó Wren detrás de ella—, déjame explicarte… Cath negó con la cabeza y corrió el resto del camino hacia su habitación.

Cath trató de visualizar a su mamá.

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La persona que le había dado este collar. Wren dijo que se había vuelto a casar ahora y vivía en una gran casa en los suburbios. Tenía hijastros, también. Ya grandes. En la cabeza de Cath, Laura todavía estaba joven. Demasiado joven, todos siempre decían, para tener dos hijas grandes. Eso siempre hacía sonreír a su mamá. Cuando eran pequeñas y su mamá y papá peleaban, Wren y Cath se preocupaban que sus padres se fueran a divorciar y separarlas, justo como en la película Juego de Gemelas. —Me iré con papá —diría Wren—. Necesita más ayuda. Cath pensaría vivir sola con su papá, sideral y salvaje, o sola con su mamá, calmada e impaciente. —No —diría—. Iré con papá. Le agrado más de lo que le agrado a mamá. —Ambas le agradamos más de lo que le agradamos a mamá. —Esas no pueden ser suyas —diría la gente—, son demasiado jóvenes para tener unas chicas tan grandes. —Me siento demasiado joven —contestaría mamá. —Entonces ambas nos quedaremos con papá —dijo Cath. —Así no es como el divorcio funciona, tontita. Cuando su mamá se fue sin ninguna de ellas, de alguna manera fue un alivio. Si Cath tuviera que escoger entre alguien, hubiera escogido a Wren.

La puerta de su recámara no tenía seguro, así que Cath se sentó en contra de eso. Pero nadie subió las escaleras. Se sentó en sus manos y lloró como una niña pequeña. Demasiado llorar, pensó. Demasiada atención. Estaba cansada de ser la única que lloraba. —Eres el mago más poderoso en siglos. —La cara del Humdrum, la propia cara cubierta de Simon, lucía aburrida y cansada. Ningún brillo en sus ojos azules—. ¿Crees que tanto poder viene sin un sacrificio? ¿Creíste que te convertirías en ti sin dejar algo, sin dejarme atrás?

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—Del capítulo 23, Simon Snow y el Séptimo Roble Copyright © 2010 por Gemma T. Leslie

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21 Traducido por Snowsmily Corregido por ElyCasdel

226 Su papá se levantaba a trotar cada mañana. Cath despertaba cuando escuchaba su cafetera sonar. Despertaría y le haría el desayuno, luego volvería a dormir en el sofá hasta que Wren despertara. Pasarían por la escalera sin cruzar palabras. Algunas veces Wren salía. Cath nunca fue con ella. Algunas veces Wren no regresaba a casa. Cath nunca esperó despierta. Cath pasó un montón de noches sola con su papá, pero seguía posponiendo hablar con él, realmente hablarle; no quería ser la cosa que lo hiciera perder su equilibrio. Pero se estaba quedando sin tiempo… Él debía llevarlas de vuelta a la universidad en tres días. Wren estaba incluso presionando para regresar un día antes, el sábado, de modo que pudiera ―instalarse‖. (Lo que era un código para ―ir a un montón de fiestas de fraternidad‖). La noche del jueves, Cath hizo huevos rancheros y su padre limpió los trastos después de la cena. Estaba contándole sobre un nuevo lanzamiento. Gravioli marchaba tan bien, su agencia estaba consiguiendo una oportunidad con una marca hermana, Frankenbeans. Cath tomó asiento en un taburete y escuchó. —Así que estaba pensando, tal vez esta vez simplemente deje a Kellly arrojar sus terribles ideas primero. Habichuelas de caricatura con cabello de Frankenstein. ―Monstruosamente delicioso‖, lo que sea. Esas personas siempre rechazan la primera cosa que escuchan… —Papá, necesito hablarte de algo. Echó un vistazo sobre su hombro. —Pensé que ya habías buscado en Google todas esas cosas del período y los pajaritos-y-las-abejitas. —Papá… Se giró, repentinamente preocupado. —¿Estás embarazada? ¿Eres gay? Preferiría que fueras gay a que estuvieras embarazada. A menos que


estés embarazada. En ese caso lo afrontaremos. Como quiera que sea, lidiaremos con ello. ¿Estás embarazada? —No —dijo Cath. —De acuerdo... —Se echó hacia atrás contra el fregadero golpeteando los dedos húmedos contra el mostrador. —Tampoco soy gay. —¿Y qué nos deja eso? —Um… la escuela, supongo. —¿Tienes problemas en la escuela? No lo creo. ¿Estás segura de que no estás embarazada? —No tengo problemas realmente… —dijo Cath—. Solo he decidido que no voy a volver. Su papa la miró como si todavía estuviera esperando por una verdadera respuesta. —No voy a volver para el segundo semestre —dijo. —¿Por qué? —Porque no quiero. Porque no me gusta. Él limpió sus manos en sus vaqueros. —¿No te gusta? —No pertenezco ahí. Se encogió de hombros. —Bueno, no tienes que quedarte para siempre ahí. —No —dijo—, quiero decir, la UNL no funciona para mí. Yo no la escogí. Wren lo hizo. Y eso está bien para ella, es feliz, pero es malo para mí. Yo solo… es como si cada día todavía fuera el primero. —Pero ahí está Wren… Cath negó con la cabeza. —Ella no me necesita. —No como tú, Cath se detuvo de decir eso. —¿Qué harás? —Viviré aquí. Iré a la escuela de aquí. —¿A la UNO? —Sí. —¿Te has inscrito? Cath no había pensado en eso todavía. —Lo haré… —Tienes que pasar el año —dijo—. Perderás tu beca.

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—No —dijo Cath—, no me importa eso. —Bueno, a mí sí. —Eso no es lo que quiero decir. Puedo conseguir préstamos. Conseguiré un trabajo, también. —¿Y un coche? —Supongo… Su papá se quitó los lentes y comenzó a limpiarlos con su camisa. — Deberías terminar el año. Veremos de nuevo en la primavera. —No —dijo—. Yo solo… —Frotó el cuello de su camisa contra su esternón—. No puedo regresar allí. Lo odio. Y no tiene sentido. Puedo hacerlo mejor aquí. Suspiró. —Me preguntaba si de eso era de lo que se trataba. —Se colocó sus lentes de vuelta—. Cath, no vas a mudarte de nuevo a casa para cuidar de mí. —Esa no es la razón principal, pero no sería algo malo. Estás mejor cuando no estás solo. —Estoy de acuerdo. Ya he hablado con tu abuela. Fue demasiado, muy pronto, cuando ambas se mudaron al mismo tiempo. La abuela regresará para reunirse conmigo un par de veces a la semana. Vamos a cenar juntos. Podría incluso quedarme con ella por un tiempo si las cosas comienzan a ponerse difíciles de nuevo. —Así que tú puedes volver a casa, ¿pero yo no? Solo tengo dieciocho. —Exactamente. Solo tienes dieciocho. No vas a dejar tu vida de lado para cuidar de mí. —No estoy dejando mi vida de lado. —Tal cual, pensó—. Estoy tratando de pensar en mí misma por primera vez. Seguí a Wren a Lincoln y ella ni siquiera me quiere ahí. Nadie me quiere ahí. —Cuéntamelo —dijo—, dime por qué eres tan infeliz. —Es solo… todo. Hay demasiada gente. Y no encajo. No sé cómo ser. Nada en lo que soy buena es la clase de cosas que importan allí. Ser inteligente no importa, ni ser buena con las palabras. Y cuando esas cosas sí importan, es solo porque las personas quieran algo de mí. No porque me quieran. La compasión en su rostro era dolorosa. —Eso no suena como una decisión, Cath. Eso suena como rendirse.

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—¿Y qué? Quiero decir —Sus manos se alzaron, y luego cayeron en su regazo—. ¿Y qué? No es como que vaya a obtener una medalla por sobresalir. Es solo la escuela. ¿A quién le importa donde la haga? —Piensas que sería más fácil si vivieras aquí. —Sí. —Esa es una manera mediocre de tomar decisiones. —¿Quién lo dice? ¿Winston Churchill? —¿Qué tiene de malo Winston Churchill26? —dijo su padre, sonando enojado por primera vez desde que comenzaron a hablar. Suerte que no había dicho Franklin Roosevelt27. Su papá estaba enloquecido sobre las Fuerzas Aliadas. —Nada. Nada. Es solo que… ¿no está permitido rendirse algunas veces? ¿No está bien decir ―Esto realmente duele, así que voy a dejar de intentar‖? —Tiene una procedencia peligrosa. —¿Por evitar el dolor? —Por evitar la vida. Cath rodó sus ojos. —Ah. El caballo de nuevo. —Tú y tu hermana y el poner los ojos en blanco... Siempre pensé habías crecido sin eso. —Se extendió y le cogió la mano. Empezó a alejarse, pero él la sostuvo firme. —Cath. Mírame. —Lo miró de mala gana. Tenía el pelo hacia arriba. Y sus redondas gafas de montura metálica estaban torcidas sobre su nariz—. Hay tantas cosas que lamento, y tantas que me asustan… Ambos oyeron la puerta principal abrirse. Cath esperó un segundo, luego retiró la mano y se fue hacia arriba.

—Papá me contó —susurró Wren aquella noche desde su cama. Cath cogió la almohada y salió de la habitación. Durmió abajo en el sofá. Pero en realidad no durmió, ya que la puerta principal estaba justo allí, y ella seguía imaginando a alguien entrando a la fuerza. 26 27

Primer Ministro Británico de principios del siglo XX. Presidente estadounidense.

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Su padre trató de hablar con ella de nuevo a la mañana siguiente. Estaba sentado en el sofá con su atuendo para correr cuando se despertó. Cath no estaba acostumbrada a tenerlo enfrentándose a ella de esta manera. Enfrentándose a ninguna de las dos, nunca, por nada. Incluso en la secundaria, cuando ella y Wren se quedaban hasta muy tarde en las noches de escuela, pasando el rato en los foros de Simon Snow, lo más que su padre alguna vez les dijo fue: ―¿No estarán agotadas mañana?‖ Y puesto que habían venido a casa para las vacaciones, él ni siquiera había mencionado el hecho de que Wren se quedaba fuera toda la noche. —No quiero hablar más —dijo Cath cuando se despertó y lo vio allí sentado. Se alejó de él y se abrazó a la almohada. —Bien —dijo—. No hables. Escucha. He estado pensando sobre ti quedándote en casa el próximo semestre.... —¿Sí? —Cath giró la cabeza hacia él. —Sí. —Encontró su rodilla debajo de la manta y se la apretó—.Yo sé que soy parte de la razón por la que deseas regresar a casa. Sé que te preocupas por mí, y que te doy un montón de razones para que te preocupes por mí… Quería apartar la mirada, pero sus ojos eran inquebrantables algunas veces, al igual que los de Wren. —Cath, si estás realmente preocupada por mí, te lo ruego, regresa a la escuela. Porque si lo dejas a causa de mí, si pierdes tu beca, si te retienes, por mí, no voy a ser capaz de vivir conmigo mismo. Presionó su cara devuelta contra el sofá. Después de unos minutos, la cafetera sonó, y lo sintió ponerse de pie. Cuando escuchó la puerta cerrarse, se levantó para preparar el desayuno.

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Estaba arriba, escribiendo, cuando Wren vino esa tarde para comenzar a empacar. Cath no tenía mucho para empacar o no empacar. Todo lo que había realmente traído a casa con ella era su computadora. Durante el último par de semanas había estado usando ropa que a ella y Wren no les había gustado lo suficiente para llevar a la universidad consigo. —Te ves ridícula —dijo Wren. —¿Qué? —Esa camisa. —Era una camisa de Hello Kitty de séptimo o noveno grado. Hello Kitty vestida como un superhéroe. Decía SUPER CAT en la espalda y Wren la había agregado una H con pintura para tela. La camisa era demasiado corta, para empezar, y en realidad ya no le servía. Cath la hizo a un lado con timidez. —¡Cath! —gritó su padre desde abajo—. Teléfono. Cath recogió su teléfono y lo miró. —Debió querer decir el teléfono de la casa —dijo Wren. —¿Quién llama al teléfono de la casa? —Probablemente 2005. Creo que quiere su camisa devuelta. —Já-jodete-já —murmuró Cath, dirigiéndose escaleras abajo. Su papá solo se encogió cuando le entregó el teléfono. —¿Hola? —dijo Cath. —¿Queremos un sofá? —preguntó alguien. —¿Quién habla? —Es Reagan. ¿Quién más sería? ¿Quién más necesitaría tu permiso antes de traer un sofá a casa? —¿Cómo conseguiste este número? —Está en tus papeles de alojamiento. No sé por qué no tengo tu móvil, supongo que generalmente no tengo que mirar muy lejos para encontrarte. —Creo que eres la primera persona en llamar a nuestro teléfono de la casa en años. Ni siquiera recordaba donde estaba. —Eso es fascinante, Cath. ¿Queremos un sofá? —¿Por qué querríamos un sofá? —No lo sé. Porque mi mamá está insistiendo en que necesitamos uno.

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—¿Quién se sentaría en él? —Exactamente. Podría haber sido útil el semestre pasado para evitar que Levi se desplomara en nuestras camas, pero eso ya ni siquiera es un problema. Y si tenemos un sofá, literalmente tendremos que trepar sobre él para llegar a la puerta. Dice que no, mamá. —¿Por qué Levi ya no es un problema? —Porque sí. Es tu habitación. Es estúpido que estés ocultándote en la biblioteca todo el tiempo. Y él y yo solo tenemos una clase juntos el próximo semestre de todos modos. —No importa —dijo Cath. Reagan la cortó: —No seas estúpida. Claro que importa. Me siento realmente mal sobre lo que sucedió. Quiero decir, no es mi culpa que tú lo besaras y el besara a esa rubia idiota, pero no debería haberte alentado. No sucederá de nuevo, jamás, con nadie. Terminé malditamente con la animación. —Está bien —dijo Cath. —Sé que está bien. Solo digo, que será de ese modo. Entonces no al sofá, ¿cierto? Mi mamá está de pie justo aquí, y no creo que me deje en paz hasta que te escuche decir que no. —No —dijo Cath. Y luego elevó la voz—. No al sofá. —Joder, Cath, mi tímpano… Mamá estás presionándome con este estúpido mueble… Bien, te veré mañana. Probablemente tenga una fea lámpara conmigo y tal vez una alfombra. Es compulsiva. El papá de Cath estaba de pie en la cocina observándola. Su papá, quien de hecho era compulsivo. —¿Quién era? —preguntó. —Mi compañera de cuarto. —Suena como Kathleen Turner28. —Sí. Algo así. —Cath alisó su camisa y se alejó. —¿Taco Truck29? —preguntó—. ¿Para la cena? —Seguro. —Por qué no te cambias, puedes venir conmigo. —Seguro.

28 29

Es una actriz estadounidense conocida en la década de 1980. Franquicia que vende Tacos.

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SEMESTRE DE PRIMAVERA, 2012 Tomates fritos para el desayuno. Cada bulto en su cama. Ser capaz de hacer magia sin tener que preocuparse de que alguien estuviera mirando. Agatha, por supuesto. Y Penelope. Poder ver al Mago, no a menudo, pero aún así… El uniforme de Simon. Su corbata. El campo de fútbol, incluso cuando estaba embarrado. El esgrima. Scones horneados con verdadera nata todos los domingos... ¿Qué no extrañaba Simon de Watford? —Del capítulo 1, Simon Snow y el Cuatro Selkies Copyrigth © 2007 por Gemma T. Leslie

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22 Traducido por Deydra Eaton Corregido por Aimetz

235 —Ya hay cuatro lámparas aquí —dijo Reagan—. ¿Qué se supone que debemos hacer con una lámpara? La lámpara era negra y con forma de Torre Eiffel. —Sólo déjala en la sala —dijo Cath—. Tal vez alguien la tome. —Ella simplemente preguntará dónde está la próxima vez que venga aquí... Está loca. —Reagan metió la lámpara en el fondo de su armario y la pateó—. ¿Qué marca de loca es tu mamá? El estómago de Cath se movió confiablemente. —No lo sé. Se fue cuando yo tenía ocho años. —Mierda —dijo Reagan—, eso es loco. ¿Tienes hambre? —Si —dijo Cath. —Están haciendo un Luau30 de regreso a clases abajo. Cocinan a un cerdo en un asador. Es repugnante. Cath tomó su identificación y siguió a Reagan al comedor.

Al final, Cath no había decidido volver. Simplemente decidió empacar su portátil. Después, decidió viajar junto con Wren y su padre a Lincoln. Y luego, después de que bajaran a Wren fuera de Schramm Hall, su padre preguntó si Cath quería ir a su propio dormitorio, y Cath decidió que lo haría. Por lo menos, podría conseguir sus cosas. Fiesta o banquete tradicional hawaiano en el que suele haber un espectáculo de acompañamiento y se sirven platos típicos hawaianos como el cerdo ―kalua‖. 30


Y entonces, sólo se quedaron sentados en el carril, y Cath sintió una oleada tras otra de kilos de ansiedad contra ella. Si se quedaba, vería a Levi de nuevo. Tendría que lidiar con el final de Psicología que se había perdido. Tendría que inscribirse para clases, y quién sabía lo que aun estuviera disponible. Y vería a Levi de nuevo. Y todo sobre eso que se sentiría bien —su cara sonriente, sus largas líneas— también se sentiría como recibir un tiro en el estómago. Cath realmente decidió no salir del coche. Miró a su padre en el asiento del conductor, tamborileando sus dedos en el volante; y tan asustada como estaba por dejarlo, Cath no podía soportar pensar en defraudarlo. —Un semestre más —dijo ella. Estaba llorando, así de mal se sentía decir eso. Su barbilla se alzó. —¿Sí? —Lo intentaré. —También yo —dijo él. —¿Me lo prometes? —Sí. Sí, Cath. Lo prometo… ¿Quieres que vaya contigo? —No. Eso solo lo empeoraría. —Se echó a reír—. ¿Qué? —Nada. Solo recordé tu primer día en el jardín de niños. Lloraste. Y tu mamá lloró. Se sintió como si nunca fuéramos a volver a verlas de nuevo, chicas. —¿Dónde estaba Wren? —Dios, no lo sé, probablemente anotándose su primer novio. —¿Mamá lloró? Su padre lucía triste de nuevo y sonrió tristemente. —Si... —Realmente la odio —dijo Cath, sacudiendo la cabeza, tratando de imaginarse qué tipo de madre lloraba en el primer día de jardín de niños y luego se marchaba a mitad de tercer grado. Su papá asintió. —Sí... —Contesta tu teléfono —dijo Cath. —Lo haré.

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—Alguien más consiguió botas Ugg31 para Navidad —dijo Reagan, observando la línea vacía para la cena en el comedor—. Si tuviéramos whisky, es entonces cuando tomaríamos un trago. —Creo que las botas Ugg son realmente reconfortantes —dijo Cath. —¿Por qué? ¿Porque son calientes? —No. Porque me recuerdan que vivimos en un lugar en donde todavía se puede salir con botas Ugg, incluso emocionarse sobre ello. En los lugares de moda, tienes que fingir que estás por encima de ellas, o que siempre las has odiado. Sin embargo, en Nebraska, todavía puedes ser feliz por unas botas Ugg nuevas. Eso está bien. No hay fin de la inocencia. —Eres un bicho raro... —dijo Reagan—. Ya te echo un poco de menos.

—Es sólo que no quiero —dijo Simon. —¿No quieres qué? —preguntó Baz. Estaba sentado sobre su escritorio, comiendo una manzana. Dejó la manzana entre sus dientes y comenzó a atar su corbata de la escuela, verde con morado. Simon aún tenía que usar un espejo para eso. Incluso después de siete años. —Nada —dijo Simon, presionando la cabeza en su almohada—. No quiero hacer nada. Ni siquiera quiero empezar este día porque entonces solo estaré esperando para que se termine. Baz terminó su medio nudo Windsor y le dio un mordisco a la manzana. —Ahora, ahora, Snow32, eso no suena como la charla de ―el mago más poderoso en un centenar de años‖. —Eso es una tontería —dijo Simon—. ¿Quién comenzó a llamarme así? —Probablemente el Mago. No dejará de hablar de ti. ―El que fue profetizado.‖ ―El héroe que hemos estado esperando.‖ ―Etcétera.‖ —No quiero ser un héroe. —Mentiroso. —Los ojos de Baz eran de color gris frío y serio. Botas unisex hechas de piel de oveja a doble cara con un forro polar en el interior, exterior curtido y normalmente de suela sintética. 32 Rima en el original ―Now, now, Snow.‖ 31

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—Hoy —dijo Simon, afligido—. Hoy no quiero ser un héroe. Baz miró hacia el corazón de la manzana, luego lo arrojó sobre el escritorio de Simon. —¿Estás tratando de convencerme de saltarnos Ciencia Política? —Sí. —Hecho —dijo Baz—. Ahora, levántate. Simon sonrió y saltó de la cama.

238 —De “Carry on, Simon”, publicado en enero de 2012 por el autor de FanFixx.net,Magicath.


23 Traducido por aa.tesares Corregido por Alessa Masllentyle

239 —¿Qué significa ―inc‖? —preguntó Cath. Reagan levantó la mirada de su cama. Ella estaba haciendo tarjetas de memorización rápida, a Reagan le gustaban las tarjetas de memorización rápida, y había un cigarrillo colgando de su boca, sin encender. Trataba dejar de fumar. —Haz esa pregunta otra vez para que tenga sentido. —I-n-c —dijo Cath—. Tengo mis notas de nuevo, pero en lugar de una A o una B, dice: ―inc‖. —Incompleto —dijo Reagan—. Significa que están reteniendo tu calificación. —¿Quién? —No lo sé, tu profesor. —¿Por qué? —No lo sé. Por lo general, como una cosa especial, como cuando se obtiene más tiempo para hacer algo. Cath miró el informe de calificaciones. Había hecho su final de Psicología la primera semana de vuelta, así que estaba esperando ver la A allí. Su calificación fue tan alta en Psicología, que prácticamente no tenía que tomar el final. Pero la escritura de ficción era una historia diferente. Sin meterse en un proyecto final, lo mejor que Cath esperaba era una C… una D era mucho más probable. Cath estaba de acuerdo con eso, había hecho la paz con la D. Era el precio que había decidido pagar por el semestre pasado. Por Nick. Y Levi. Por plagio. Era el precio de enterarse de que ella no quería escribir libros sobre la decadencia y desolación en la América rural, o cualquier otra cosa. Cath estaba dispuesta a llevar la D y seguir adelante. Inc.


—¿Qué se supone que debo hacer? —preguntó a Reagan. —Mierda, Cath. No sé. Habla con tu profesor. Me estás dando cáncer de pulmón.

Esta era la tercera vez para Cath de vuelta en Andrews Hall desde que obtuvo sus notas. Las primeras dos veces había caminado por un extremo del edificio y directamente a través de la puerta en el otro lado. Esta vez era mejor. Esta vez se había detenido para ir al baño. Había entrado al edificio justo cuando la clase de las cuatro estaba saliendo, una inundación repentina de niñas con cabello genial y niños que se parecían a Nick. Cath se metió en el baño, y ahora estaba sentada en un puesto de madera, a la espera de que la costa se despejara. Alguien se había tomado el tiempo para tallar la mayor parte de ―Stairway to Heaven‖33 en la puerta, era un serio trabajo de tallado. Especialización en Inglés. Cath no tenía clases de inglés este semestre, y estaba pensando en cambiar su especialización. O tal vez acababa de cambiar su concentración de Escritura Creativa a Literatura del renacimiento, podría ser útil en el mundo real, una cabeza llena de sonetos y las imágenes de Cristo. Si estudias algo que a nadie le importa, ¿significa eso que todo el mundo te dejará sola? Abrió la puerta lentamente, tirando de la cadena por las apariencias, y luego corrió agua caliente y fría de uno de los grifos del lavabo, y se lavó la cara. Podía hacer esto. Sólo tenía que encontrar la oficina del departamento, a continuación, preguntar dónde estaba el despacho personal de la profesora Piper. La profesora Piper probablemente ni siquiera estaría ahí. El pasillo estaba casi vacío. Cath encontró la escalera y siguió las señales que apuntan a la oficina principal. Al final del pasillo, a la vuelta. Tal vez si sólo pasara por la oficina principal, sería suficiente progreso para el día. Caminó lentamente, tocando cada puerta de madera. —¿Cath?

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Famosa canción de Led Zeppelin.

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A pesar de que era la voz de una mujer, el primer pensamiento de pánico de Cath era Nick. —¡Cath! Se volvió hacia la voz y vio a la profesora Piper en la oficina a través de la sala, de pie detrás de su escritorio. La profesora le indicó a Cath que entrara. Cath lo hizo. —He estado pensando en ti —dijo la profesora Piper, sonriendo cálidamente—. Sólo desapareciste. Ven, ven a hablar conmigo. Le indicó a Cath que se sentara, así que lo hizo. (Al parecer, la profesora Piper podía controlar a Cath con gestos simples. Al igual que el encantador de perros). La profesora llegó a la parte delantera de la mesa y saltó sobre esta. Su movimiento de firma. —¿Qué te pasó? ¿A dónde fuiste? —Yo… no fui a ninguna parte —dijo Cath. Estaba pensando en irse ahora. Esto era demasiado progreso, no había planeado esta eventualidad, para lograr lo que realmente vino a hacer aquí. —Pero nunca entregaste tu historia —dijo la profesora Piper—. ¿Ha pasado algo? Cath respiró profundamente y trató de sonar firme. —Más o menos. Mi padre estaba en el hospital. Pero eso no es realmente el por qué… ya había decidido no escribirla. La profesora lucía sorprendida. Se aferró al borde de su escritorio y se inclinó hacia delante. —Pero, Cath, ¿por qué? Estaba tan ansiosa por ver lo que harías. —Yo… —Cath empezó de nuevo—: Me di cuenta de que no estoy hecha para la escritura de ficción. La profesora Piper parpadeó y echó la cabeza hacia atrás. —¿De qué estás hablando? Estás exactamente hecha para esto. Eres un patrón de Butterick34, Cath… esto es lo que estabas destinada a hacer. Era el turno de Cath de parpadear. —No. Yo… yo seguí intentándolo. Iniciar la historia. Yo… mire, sé cómo se siente acerca del fanfiction, pero eso es lo que quiero escribir. Ahí es donde está mi pasión. Y soy muy buena en eso. —Estoy segura de que lo eres —dijo la profesora Piper—. Eres una narradora natural. Pero eso no explica por qué no terminaste tu proyecto final. 34

Marca de ropa.

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—Una vez que me di cuenta de que no era lo correcto para mí, no me atreví a hacerlo. Sólo quería seguir adelante. La profesora Piper consideró las palabras de Cath cuidadosamente, tocando el borde de la mesa. Así es como luce cuando una persona cuerda da golpecitos con los dedos. —¿Por qué sigues diciendo que no era lo correcto para ti? — preguntó la profesora—. Tu trabajo el semestre pasado fue excelente. Estaba todo bien. Tú eres una de mis alumnas más prometedoras. —Pero no quiero escribir mi propia ficción —dijo Cath, tan enfáticamente como pudo—. No quiero escribir mis propios personajes o mundos, no me importan ellos. —Apretó los puños sobre su regazo—. Me preocupo por Simon Snow. Y sé que no es mío, pero eso no me importa. Prefiero verterme a mí misma en un mundo que amo y entiendo, que tratar de hacer algo de la nada. La profesora se inclinó hacia delante. —Pero no hay nada más profundo que crear algo de la nada. —Su hermoso rostro se volvió feroz—. Piensa en ello, Cath. Eso es lo que hace un Dios o una madre. No hay nada más embriagador que crear algo de la nada. Crear algo de ti misma. Cath no esperaba que la profesora Piper fuera feliz con su decisión, pero ella no esperaba eso tampoco. No creía que la profesora la empujaría de vuelta. —Se siente como nada para mí —dijo Cath. —¿Prefieres tomar, o pedir prestada, la creación de otro? —Conozco a Simon y Baz. Sé lo que piensan, lo que sienten. Cuando les escribo, me pierdo en ellos por completo, y estoy feliz. Cuando estoy escribiendo mis propias cosas, es como nadar contra la corriente. O… caer por un acantilado, agarrándome de las ramas, tratando de inventar las ramas mientras caigo. —Sí —dijo la profesora, extendiendo la mano agarrando el aire frente a Cath, como si estuviera cogiendo a una mosca—. Así es como se supone que se siente. Cath negó con la cabeza. Había lágrimas en sus ojos. —Bueno, lo odio. —¿Lo odias? ¿O sólo le temes? Cath suspiró y decidió acabar con los ojos fijos en su jersey. Otro tipo de adulto le entregaría una caja de Kleenex ahora mismo. La profesora Piper seguía empujando.

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—Tienes un permiso especial para estar en mi clase. Debes haber querido escribir. Y tu trabajo fue encantador, ¿no te gustó? —Nada de lo que escribí en comparación con Simon. —¡Dios mío, Cath! ¿Estás realmente comparándote a ti misma con el autor más exitoso de la era moderna? —Sí —dijo Cath—. Porque, cuando estoy escribiendo personajes de Gemma T. Leslie, a veces, de alguna manera, soy mejor que ella. Sé lo loco que suena, pero también sé que es verdad. No soy un Dios. Nunca pude crear el mundo de los magos, pero soy muy, muy buena en la manipulación de ese mundo. Puedo hacer más con sus personajes de lo que podía hacer con los míos. Mis personajes son… borradores comparados con los de ella. —Pero no se puede hacer nada con fanfiction. Es muerto. —No puedo dejar que la gente lo lea. Mucha gente realmente lo lee. —No se puede vivir de esa manera. No se puede hacer una carrera. —¿Cuántas personas hacen una carrera escribiendo? —espetó Cath. Se sentía como si todo dentro de ella estuviera explotando. Sus nervios. Su temperamento. Su esófago—. Voy a escribir porque me encanta la forma en la que otras personas tontean o… o hacen libros de fotos. Y voy a encontrar alguna otra manera de hacer dinero. La profesora Piper se recostó de nuevo y se cruzó de brazos. —No voy a hablar contigo más acerca del fanfiction. —Bien. —Pero no he terminado de hablar contigo. Cath volvió a respirar hondo. —Tengo miedo —dijo la profesora Piper—. Miedo de que nunca vayas a descubrir lo que eres realmente capaz de hacer. Que no llegaras a ver, que no voy a llegar a ver, ninguna de las maravillas que hay dentro de ti. Tienes razón, no hay nada que conviertas en el último semestre en comparación con Simon Snow y heredero del Mago. Pero había mucho potencial. Tus personajes estremecían, Cath, como si estuvieran tratando de evolucionar de la página. Cath rodó sus ojos y se limpió la nariz en su hombro. —¿Puedo hacerte una pregunta? —preguntó la profesora. —Estoy bastante segura de que la hará de todos modos. La mujer sonrió. —¿Ayudaste Nick Manter en su proyecto final?

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Cath miró hacia el rincón del techo y rápidamente se lamió el labio inferior. Sintió una nueva oleada de lágrimas corriendo por su cabeza. Maldición. Había pasado un mes entero sin llorar. Asintió con la cabeza. —Me lo imaginaba —dijo la profesora suavemente—. Podía oírte. En algunas de las mejores partes. Cath todavía sostenía cada músculo. —Nick es mi ayudante, estaba aquí, en realidad, está en mi clase de escritura de Ficción Avanzada. Su estilo ha cambiado… un poco. Cath miró hacia la puerta. —Cath. —Presionó la profesora. —¿Sí? —Cath todavía no podía mirarla. —¿Qué pasa si hacemos un trato? Cath esperó. —No he colocado tu nota todavía, esperaba que vinieras a verme. Y no tengo que entregarte. Podría darte el resto de este semestre para terminar tu cuento. Te dirigías hacia una sólida A de mi clase, tal vez incluso una A+. Cath pensó en su promedio de calificaciones. Y su beca. Y el hecho de que iba a tener que conseguir notas perfectas en este semestre si quería mantenerla. No tenía ningún margen de error. —¿Se puede hacer eso? —Puedo hacer lo que quiera con las calificaciones de mis alumnos. Soy el Dios de esta pequeña cosa. Cath sintió sus uñas en sus palmas. —¿Puedo pensar en ello? —Por supuesto. —El tono de la profesora Piper tenía aire ligero—. Si decides hacer esto, me gustaría que te encontraras conmigo regularmente, a lo largo del semestre, sólo para hablar de tu progreso. Será como estudio independiente. —Está bien. Voy a pensar en ello. Yo, um… gracias. Cath cogió su bolso y se levantó. Se puso inmediatamente de pie, demasiado cerca de la profesora, así que bajó la vista y se movió rápidamente hacia la puerta. No miró de nuevo hacia arriba hasta que estaba de vuelta en su dormitorio, al salir del ascensor.

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—Es Art. —¿Esa es tu forma de contestar el teléfono? —Hey, Cath. —¿Nada de hola? —No me gusta saludar. Me hace sonar como si tuviera demencia, como que nunca he oído un teléfono sonar antes y no sé lo que se supone que sucederá después. ¿Hola? —¿Cómo te sientes, papá? —Bien. —¿Qué tan bien? —Me voy a trabajar todos los días a las cinco. Estoy cenando con la abuela. Esta misma mañana, Kelly me dijo que parecía ―impresionante con lo pies en la tierra‖. —Eso es impresionante. —Él me había dicho que no podíamos usar Frankenstein en nuestro terreno de juego Frankenbeans, porque ya nadie se preocupa por Frankenstein. Los niños quieren zombies. —Pero son llamados Zombiebeans. —Lo será si el jodido Kelly se sale con la suya. Estamos lanzando ―Zombeanie Weenies‖. —Vaya, ¿cómo te quedas castigado a través de todo eso? —Estaba fantaseando acerca de comer su cerebro. —Todavía estoy impresionada, papá. Oye, creo que voy a volver a casa el fin de semana. —Si quieres… no quiero que te preocupes por mí, Cath. Me va mejor cuando sé que eres feliz. —Bueno, soy feliz cuando no estoy preocupada por ti. Tenemos una relación simbiótica. —Hablando de eso… ¿cómo está tu hermana?

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Su padre estaba equivocado acerca de preocuparse. A Cath le gustaba preocuparse. La hacía sentirse proactiva, incluso cuando estaba totalmente indefensa. Al igual que con Levi. Cath no podía controlar si veía a Levi en el campus. Pero podía preocuparse por ello, y mientras se preocupaba por ello, probablemente no sucedería. Como una especie de vacuna contra la ansiedad. Como ver una olla para asegurarse de que nunca hierve. Llevaba una reconfortante rutina en la cabeza, preocupándose por ver a Levi, luego, diciéndose a sí misma todas las razones por las que no iba a suceder: En primer lugar, porque Reagan había prometido mantenerlo alejado. Y segundo, porque Levi no tenía nada que hacer en el City Campus. Cath se dijo que Levi había dedicado todo su tiempo, ya fuera estudiando búfaloa en el East Campus, o trabajando en Starbucks, o besándose en su cocina con chicas guapas. No había ninguna razón para que sus caminos se cruzaran, nunca. Sin embargo… se quedaba paralizada cada vez que veía un pelo rubio y chaqueta verde Carhartt, o cada vez que deseaba verlo. Se quedó paralizada ahora. Porque allí estaba, justo donde no se suponía que estuviera, sentado frente a su puerta. La prueba positiva de que no se había preocupado lo suficiente. Levi vio a Cath también y se puso en pie. No sonreía. (Gracias a Dios. Ella no estaba para cualquiera de sus sonrisas). Cath se acercó cautelosamente hacia adelante. —Reagan está en clase —dijo, cuando todavía estaba a unos metros. —Lo sé —dijo—. Es por eso que estoy aquí. Cath negó con la cabeza. Podría haber querido decir "no" o podría haber querido decir "no entiendo" ambos eran ciertas. Dejó de caminar. El estómago le dolía tanto, que quería agacharse. —Sólo tengo que decirte algo —dijo Levi rápidamente. —Realmente no quiero que entres —dijo. —Eso está bien. Te lo puedo decir aquí. Cath cruzó los brazos sobre el vientre y asintió con la cabeza.

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Levi le devolvió el saludo. Se metió las manos en los bolsillos del abrigo. —Me equivoqué —dijo. Ella asintió con la cabeza. Porque duh. Y debido a que no sabía lo que quería de ella. Se metió las manos más en su abrigo. —Cath —dijo seriamente—, no fue sólo un beso. —Está bien. —Cath miró más allá de él a la puerta. Dio un paso más cerca entonces, hacia la puerta, con la llave como si hubiera acabado aquí. Levi salió de su camino. Confundido, pero educado. Cath puso la llave en la puerta y luego se aferró a la manija, inclinando la cabeza hacia adelante. Podía oír su respiración y la inquietud detrás de ella. Levi. —¿Cuál? —preguntó. —¿Qué? —¿Cuál beso? —Su voz era débil y delgada. Papel mojado. —El primero —dijo Levi después de unos segundos. —¿Qué hay del segundo? ¿Fue sólo un beso? La voz de Levi se acercó: —No quiero hablar del segundo. —Es una pena. —Pues sí —dijo—. Fue sólo… no fue nada. —¿El tercero? —¿Es una pregunta con trampa? Cath se encogió de hombros. —Cath… estoy tratando de decirte algo. Se dio la vuelta y de inmediato se arrepintió. El cabello de Levi estaba despeinado, la mayor parte empujado hacia atrás, mechones le caían en la frente. Y no sonreía, por lo que sus ojos azules estaban tomando toda su larga cara. —¿Qué estás tratando de decirme? —Eso no fue solo un beso, Cather. No hubo un sólo. —¿Nada de sólo? —No.

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—¿Y? —Su voz sonaba mucho más fría de lo que se sentía. En el interior, sus órganos internos estaban moliéndose a sí mismos en una pulpa nerviosa. Sus intestinos idos. Sus riñones se estaban desintegrando. Su estómago se retorcía por sí sólo, tirando de su tráquea. —Así que… aahhggch —dijo Levi, frustrado, recorriendo las dos manos por su pelo—. Así que lo siento. No sé por qué dije eso en el hospital. Quiero decir, sé por qué lo dije, pero me equivoqué. Esstuvo muy mal. Y me gustaría poder volver a la mañana, cuando me desperté aquí, y tener una charla severa conmigo mismo, así nada de esta mierda hubiera sucedido. —Me pregunto… —dijo ella—, si habría una cosa tal como máquinas del tiempo, ¿alguien alguna vez las utiliza para ir al futuro? —Cather. —Qué. —¿Qué estás pensando? ¿En qué estaba pensando? No estaba pensando. Se preguntaba si podía vivir sin sus riñones. Se sostenía a sí misma en dos pies. —Todavía no sé lo que significa todo esto —dijo. —Significa… que me gustas mucho. —Su mano estaba en su pelo otra vez. Sólo una. Sosteniéndolo hacia atrás—. Me gustas, realmente me gustas. Y quiero que ese beso haya sido el comienzo de algo. No el fin. Cath miró la cara de Levi. Sus cejas uniéndose al medio, agrupando la piel por encima de la nariz. Sus mejillas, por una vez, eran absolutamente lisas. Y sus labios estaban en su mayor parte como una muñeca, ni siquiera un capricho de una sonrisa. —Se sentía como el comienzo de algo —dijo. Se puso las manos en los bolsillos y se balanceó hacia adelante un poco. Como que quería toparse con ella. Cath se recargó contra la puerta. Ella asintió con la cabeza. —Está bien. —¿Está bien? —Está bien. —Se dio la vuelta y abrió la puerta—. Puedes entrar. No estoy segura todavía sobre todas las otras cosas. —Está bien —dijo Levi. Oyó el comienzo de una sonrisa en su voz, una sonrisa letal, y casi la mató. —No confío en ti —dijo Simon, agarrando el antebrazo de Basil. —Bueno, yo no confío en ti. —Basil le escupió. En realidad le escupió, humedad mojando las mejillas de Simon.

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—¿Por qué necesitas confiar en mí? —preguntó Simon—. ¡Yo soy el que cuelga de un acantilado! Basil le miró con desagrado, su brazo temblando por el peso de Simon. Movió el otro brazo hacia abajo y Simon se agarró a este. —Douglas J. Henning —Basil maldijo sin aliento, su cuerpo avanzando poco a poco hacia adelante—. Conociéndote, nos harás caer a los dos sólo para fastidiarme. —De Carry On, Simon, publicado noviembre 2010 por FanFixx.net autor Magicath.

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24 Traducido por Chachii & America Sardothien Corregido por CrisCras

250 Levi se sentó en su cama. Cath intentó pretender que él no estaba mirando mientras se quitaba el abrigo y el pañuelo de abajo de su cabello. Se sentía extraña sacándose sus botas de nieve frente a él, así que se las dejó puestas. Se sentó en su silla. —¿Cómo te fue en Literatura de Adultos-Jóvenes? —preguntó. Levi apenas la miró por unos segundos. —Obtuve una B-. —Eso es bueno, ¿cierto? —Es bueno… Ella asintió. —¿Cómo está tu papá? —preguntó él. —Mejor —contestó—. Es complicado. —¿Y tu hermana? —No lo sé, la verdad es que no nos hablamos. Asintió. —No soy muy buena en esto —dijo Cath, bajando la mirada a su regazo. —¿Qué? —En lo que sea que es esto. La cosa de chico-chica. Levi se rió suavemente. —¿Qué? —preguntó ella. —Eres mucho mejor en la cosa de chico-chico, ¿no es así? —Ja.


Ambos se quedaron callados por un rato. Finalmente Levi rompió el silencio. Ella estaba bastante segura de que se podía contar con él para cualquier escena de romper el silencio. —¿Cath? —¿Si? —¿Esto es…? ¿Me vas a dar otra oportunidad? —No lo sé —dijo, mirando sus manos cerradas en puños y aflojándolas sobre su regazo. —¿Quieres? —¿A qué te refieres? —Ella permitió que sus ojos recorrieran su rostro. Sus mejillas estaban pálidas y se estaba mordiendo el labio inferior. —Quiero decir… ¿me apoyas? Cath sacudió la cabeza, y esta vez sólo significaba que estaba confundida. —¿A qué te refieres? —Me refiero… —Levi se inclinó hacia delante, sus manos aún cerradas en puños dentro de los bolsillos—. Me refiero a que pasé cuatro meses intentando besarte y las últimas seis semanas intentando averiguar cómo me las arreglé para estropearlo todo. Todo lo que quiero ahora es hacerlo bien, que veas cuánto lo siento y por qué deberías darme otra oportunidad. Así que lo único que quiero saber es… ¿me apoyas? ¿Crees que podré seguir adelante con esto? Los ojos de Cath se posaron en él, tentativamente, como si con cualquier movimiento todo se esfumara. Asintió. La comisura derecha de su boca se elevó. —Te apoyo —susurró ella. Ni siquiera estaba segura de si él podía oírla desde su cama. La sonrisa de Levi se desató y devoró toda su cara. Comenzó a devorar la de ella, también. Cath tuvo que apartar la mirada.

Así es como ella terminó con el Levi de cien-vatios. Sentada en su cama y sonriendo como si todo fuese a estar bien. Sintió ganas de decirle que bajara la velocidad… que eso no estaba bien. Aún no lo había olvidado, y a pesar de que probablemente

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iba a hacerlo, aún no confiaba en él. No confiaba en nadie, y eso era un problema. Ese era el problema fundamental. —Deberías quitarte el abrigo —dijo Cath en su lugar. Levi bajó el cierre de su chaqueta y se la quitó, dejándola sobre la cama. Estaba usando un suéter que ella nunca había visto. Un cárdigan color verde oliva con bolsillos y botones de cuero. Se preguntó si ese era un regalo de Navidad. —Ven aquí. Cath sacudió la cabeza. —No estoy lista para ―ir ahí‖. Levi estiró el brazo y ella se quedó inmóvil, pero sólo se estaba estirando hacia su escritorio, en busca de su ordenador portátil. Lo tomó y alzó la tapa. —No voy a hacer nada —dijo él—. Sólo ven aquí. —¿Esa es tu mejor línea? ¿‖No voy a hacer nada‖? —Sé que sonó estúpido —dijo—, pero tú me pones nervioso. Por favor. —La novedosa palabra mágica. Cath ya estaba poniéndose de pie. Se quitó las botas y se sentó a unos pocos centímetros de él en la cama. Si ella ponía nerviosa a Levi, entonces él la ponía catatónica. Dejó la computadora en su regazo. Cuando alzó la mirada hacia sus ojos, él estaba sonriendo. Nerviosamente. —Cather —dijo—, léeme algún fanfiction. —¿Qué? ¿Por qué? —Porque no sé con qué más empezar. Además, eso hace las cosas más fáciles. Hace... Te hace a ti más fácil. —Cath alzó las cejas y él sacudió la cabeza, agitando su cabello con una mano—. Eso también sonó estúpido. Cath abrió el ordenador y lo encendió. Esto era una locura. Ellos deberían estar hablando. Ella debería estar haciendo preguntas, él debería estar disculpándose —y entonces ella debería estar disculpándose y decirle cuán mala era la idea de que estuviera siquiera hablando. —No recuerdo dónde nos quedamos —dijo. —Simon acababa de tocar la mano de Baz, y estaba fría. —¿Cómo te puedes acordar de eso? —Todas mis neuronas de lectura apuntan a recordar cosas en su lugar.

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Cath abrió el documento de Word y se desplazó por él. —“La mano de Baz estaba fría y flácida” —leyó ella en voz alta—. “Cuando Simon se acercó para ver más de cerca, se dio cuenta de que el otro chico estaba despierto...” —Cath volvió a levantar la vista—. Esto es extraño —dijo—. ¿No es así? Levi se había girado para mirarla. Sus brazos estaban cruzados, y su hombro estaba apoyado contra la pared. Le sonrió y se encogió de hombros. Cath sacudió la cabeza otra vez, insegura de qué quiso decir con eso, entonces miró la computadora y empezó a leer. Simon también estaba cansado. Se preguntaba si había un encantamiento en la guardería que lo hacía dormirse. Pensó en todos los pequeños bebés, los niños —en Baz— despertándose en un cuarto lleno de vampiros. Y entonces Simon se quedó dormido. Cuando despertó, Baz estaba sentado, dándole la espalda al fuego, mirando al conejo. —Decidí no matarte en sueños —dijo Baz sin bajar la mirada—. Feliz Navidad. Simon se frotó los ojos y se incorporó. —¿Gracias? —¿No has probado ningún hechizo? —¿En qué? —Las liebres. —La carta no decía que las hechizara. Sólo que las encontrara. —Sí —dijo Baz impacientemente. No podían haber dormido mucho, Baz aún se veía cansado—. Pero es de suponer que el remitente sabe que eres un mago y asume que en realidad has considerado usar magia de vez en cuando. —¿Qué clase de hechizos? —preguntó Simon, alzando la mirada al conejo durmiente. —No lo sé. —Baz sacudió su blanca y flácida mano en el aire—. Presto chango. —¿Un hechizo de cambio? ¿Qué estás intentando hacer? —Estoy experimentando. —¿No dijiste que yo debería hacer más investigaciones antes de lanzarme directo al peligro? —Eso fue antes de que me fijara en este maldito conejo a mitad de la noche. —Baz movió su varita—. Antes y después.

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—Antes y después sólo funciona en cosas vivas —dijo Simon. —Experimentar. Quíquiriqui. —Nada ocurrió. —¿Por qué no te quedaste dormido? —preguntó Simon—. Parece que no has dormido desde el primer año. Estás tan pálido como un fantasma. —Los fantasmas no son pálidos, son translúcidos. Y perdóname si no me siento con ganas de acurrucarme contigo en la habitación donde mi mamá fue asesinada. Simon hizo una mueca y bajó la mirada. —Perdón —dijo él—. No había pensado en eso. —Detén las prensas de sangrado —dijo Baz, y sacudió su varita hacia el conejo otra vez—. Por favor. Baz tragó saliva. Simon pensó que podría estar llorando, y se volteó para darle algo de espacio. —Snow… ¿estás absolutamente seguro de que no había nada más en esa carta? Simon escuchó un fuerte crujido sobre ellos. Alzó la mirada para ver al gigante y luminoso animal revolviéndose en sus sueños. Baz se levantó. Simon también se estaba poniendo de pie y retorciendo, tomando el brazo de Baz. —Cuidado —susurró Baz, señalando más allá de Simon y del lugar tras ellos. —Vampiro —dijo Levi con aire de suficiencia—. Inflamable. —Los ojos de Levi estaban cerrados ahora y su cabeza estaba inclinada contra la pared. Cath lo miró por un momento. Él abrió los ojos y le dio un golpe a su pierna. Ella no había pensado que estaba sentada así de cerca. Sobre ellos, el conejo parecía adquirir dimensión y peso. Sus patas traseras se extendieron contra el techo y movió la nariz. Sus orejas se estremecieron ante la atención. —¿Se supone que tenemos que atraparlo? —preguntó Baz—. ¿Hablarle? ¿Cantarle una linda y mágica canción? —No lo sé —dijo Simon—. Estaba esperando instrucciones de más arriba. El conejo abrió un ojo del tamaño de una piedra. —Aquí tienes una instrucción: ¿tienes una espada? —Sí —dijo Simon. —Desenváinala. —Pero es el Conejo de la Luna —sostuvo Simon—. Es famoso.

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El conejo giró su cabeza desde el techo (desde un vistazo más cercano, sus ojos eran más rojos que rosas) y abrió la boca para bostezar, mientras Simon parecía esperar que revelara sus incisivos como colmillos, como cuchillos largos y blancos. —La espada, Snow. Ahora. —Baz ya se encontraba sujetando su varita en el aire como si estuviese a punto de comenzar a conducir una sinfonía. A veces era realmente grandioso. Simon mantuvo la mano derecha en su cadera y le susurró el hechizo que el Mago le había enseñado. —En la justicia. En el coraje. En la defensa del débil. A la vista de los poderosos. A través de la magia, la sabiduría y el bien. Sintió la empuñadura materializándose en su mano. No siempre vendría, le advirtió el Mago; la daga tenía mente propia. Si Simon la llamaba en la situación equivocada, incluso en la ignorancia, la Espada de los Magos no respondería. La liebre se acercó con su pata delantera casi tímidamente hacia el suelo de la guardería, entonces cayó del techo de manera elegante, como un conejo mascota bajándose del sofá. —No ataques —dijo Simon—. Todavía no sabemos sus intenciones… ¿Cuáles son tus intenciones? —gritó. Era un conejo mágico, por lo tanto podía hablar. El conejo ladeó la cabeza, como si eso fuera una respuesta, y chilló al espacio vacío en el cielo. —No estamos aquí para lastimarte —dijo Simon—. Sólo… cálmate. —Alardea, Snow. ¿Luego le pedirás que venga? —Bueno, algo tenemos que hacer. —Creo que deberíamos correr. El conejo estaba en cuclillas entre ellos y la puerta. Simon tomó su varita con la mano izquierda. —Cálmate, ¡por favor! —gritó, probando nuevamente con la poderosa palabra. El conejo soltó una furiosa corriente de saliva en su dirección. —Sí, muy bien —le dijo Simon a Baz—, corramos. A la cuenta de tres. Baz ya casi había llegado a la puerta. El conejo le chilló pero no le daría la espalda a Simon. En su lugar, lo golpeó con su garra de aspecto mortal. Él se las arregló para esquivarlo, pero la liebre lo persiguió inmediatamente. Cuando se le aferró a la cabeza, Simon se preguntó si

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Baz siquiera se molestaría en traer ayuda. Probablemente ni siquiera importaba; nadie llegaría allí a tiempo. Simon blandió la espada en dirección al conejo, cortó, y el animal retiró la pata como si se hubiera clavado una espina. Entonces la bestia se levantó sobre sus patas traseras, prácticamente gritando. Simon se puso de pie… y vio un ovillo después de que la bola de fuego alcanzara el pelaje blanco del conejo. —¡Roedor sucio y sangriento! —estaba gritando Baz—. Se suponía que serías un protector. Un amuleto de la buena suerte. No un jodido monstruo. Pensar que yo solía hacerte tortas y quemar incienso… ¡Reclamo mis pasteles! —Dile —dijo Simon. —Callate, Snow. Tú tienes una varita y una espada, ¿y así eliges mover tu inútil lengua hacia mí? Simon volvió a apuntar al conejo con su espada. En una pelea, siempre elegiría la espada sobre la varita. En medio de las bolas de fuego mágico, Baz estaba intentando hechizos de parálisis y dolorosas maldiciones. Nada sino el fuego parecía hacer la diferencia. La espada estaba trabajando —Simon podía lastimar al conejo— pero no lo suficiente. Fácilmente podría estar rasguñándolo con una aguja de coser. —¡Creo que es inmune a la magia! —gritó Baz, justo cuando el conejo cargó contra él. Simon recorrió la espalda del conejo e intento hundir su espada a través del denso pelaje en su pescuezo. La hoja se deslizó por su piel sin atravesarla. Baz también se puso en marcha, lanzando su varita a un lado y saltando sobre el pecho del conejo. El animal se revolvió y Simon cogió su cuello para luego sostenerlo. Captó vistazos de Baz a través del frenesí de pieles y colmillos. El conejo se retorcía hacia Baz con sus dientes, y este lo sostenía de su larga oreja, golpeándole la nariz con el brazo. Entonces la cabeza de Baz desapareció en la piel del conejo. La próxima vez que Simon lo volvió a ver, el rostro del otro chico estaba teñido de rojo con sangre. —¡Baz! —Simon perdió su agarre, y el conejo lo lanzó a través de la habitación. Aterrizó en el anillo de futones y trató de girar con el impacto. Cuando se levantó nuevamente, vio que el conejo estaba agitándose sobre su espalda, las cuatro patas rasgando en el aire. Baz se recostó en su

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estómago, como si estuviera abrazando a un gigante animal de peluche. El blanco pelaje alrededor de su cabeza era un desastre sangriento. —No —susurró Simon—. ¡Baz! ¡No! —Corrió hacia el conejo, sosteniendo la espada con ambas manos sobre su cabeza, luego la hundió con toda su fuerza dentro de un ojo rojo. El conejo colapsó, totalmente inerte, una pata cayendo a un fuego. —Baz —graznó Simon, tirando del brazo del otro chico. El esperaba que Baz estuviera inerte también, pero no podía moverlo. Simon lo intentó de nuevo, enterrando los dedos en el delgado hombro de Baz. Baz extendió la mano hacia atrás y lo empujó. Simon cayó al suelo, confundido. Ahí fue cuando se dio cuenta de que Baz estaba presionando su rostro en el cuello del conejo. Asistiéndolo. Había tajos a lo largo de la garganta y oreja de la liebre, más profundos que cualquier cosa que Simon hubiera hecho con su espada. Baz encogió las rodillas contra el pecho del conejo y lo empujó con las gigantes fauces hacia un lado, enterrando la cabeza más profundamente en la sangre de su cuello. —Baz —susurró Simon, poniéndose lentamente de pie. Durante un momento, durante unos momentos, solo observó. Finalmente Baz parecía haber terminado. Él tiró el conejo y se quedó allí, con la espalda hacia Simon. Simon observó mientras Baz alcanzaba la espada del Mago y la sacaba deslizándola sangrientamente del ojo de la bestia. Entonces Baz giró, echando los hombros hacia atrás y levantando el mentón en el aire. Su rostro, su frente entera, su corbata del colegio y su camisa blanca estaban empapados en sangre. Goteaba de su nariz y su mentón, y ya estaba acumulándose debajo de la mano que sostenía la espada. Mucha sangre. Tan mojado como si acabara de salir del baño. Baz lanzó la espada y cayó a los pies de Simon. Luego se frotó la boca y los ojos con la manga. Eso solo esparció la sangre, no la limpió. Simon no sabía qué decir. Cómo responder a esto. Toda esta sangrienta información. Cogió la espada y la limpió en su capa. —¿Estás bien? —Baz se lamió los labios como si estuvieran secos, Simon pensó y asintió. —Bien —dijo Simon, y se dio cuenta de que lo decía en serio. Cath dejó de leer. Los ojos de Levi estaban abiertos. Estaba observándola. Su boca estaba cerrada, pero no apretada y lucía casi emocionado. —¿Es ese el final? —preguntó.

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Ella sostuvo la computadora. —¿Es esto por lo que te gusto? —¿Por qué? —Porque leo para ti. —¿Me gustas porque sabes cómo leer? —Sabes a lo que me refiero. Su sonrisa se agrandó, así ella solo podía ver sus dientes. Era extraño mirarlo así. De cerca. Como si le estuviera permitido. —En parte —dijo. Cath miró ansiosamente sobre su hombro. —¿Piensas que a Reagan le importará? —No lo creo. No hemos estado juntos desde la secundaria. —¿Por cuánto tiempo salieron? —Tres años. —¿Estabas enamorado? Él empujó su cabello hacia atrás, desconcertado, pero no avergonzado. —Desesperadamente. —Oh. —Cath se desplazó lejos. Levi inclinó la cabeza para atrapar sus ojos. —Era un pueblo pequeño, había once personas en nuestra clase de la secundaria. No había nadie más en un radio de dos mil kilómetros con que cualquiera de nosotros hubiera considerado salir. —¿Qué pasó? —Vinimos aquí. Nos dimos cuenta de que no éramos los dos únicas personas en el mundo para salir. —Ella dijo que te había engañado. Los ojos de Levi cayeron, pero no dejó de sonreír completamente. —Eso también. —¿Cuántos años tienes? —Veintiuno. Cath asintió. —Te ves más grande. —Es el cabello —dijo, todavía sonriendo. —Amo tu cabello —espetó. Él levantó una ceja. Solo una.

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Cath sacudió la cabeza, avergonzada, cerrando los ojos, cerró la computadora. Levi dejó caer la cabeza lentamente hacia ella, así su flequillo colgaba hacia adelante y cepillaba su oreja. Ella alejó la cabeza, sabiendo que se estaba sonrojando. —Me gusta tu cabello, también —dijo él—. Creo, de cualquier forma. Siempre está atado arriba y abajo. —Esto es loco —dijo Cath, alejándose. —¿Qué? —Esto. Tú y yo. Esta conversación. —¿Por qué? —Bueno, ni siquiera sé cómo pasó. —No creo que algo haya pasado todavía... —No tenemos nada en común —dijo ella. Se sentía como si estuviera rebosante con objeciones y empezaran a derramarse—. Ni siquiera me conoces. Eres mayor y fumas, y tienes un trabajo. Tienes experiencia. —En realidad no fumo a no ser que alguien más esté fumando... —Eso cuenta. —Pero no importa. Nada de lo que has dicho importa, Cath. Y la mayoría de eso ni siquiera es verdad. Tenemos un montón de cosas en común. Hablamos todo el tiempo que solíamos pasar juntos. Y eso solo me hace querer hablarte más. Esa es una muy buena señal. —¿Qué tenemos en común? —Nos gustamos mutuamente —dijo él—. ¿Qué más hay? También, comparado con el resto del mundo, tenemos todo en común. Si los aliens bajaran a la tierra, ellos probablemente no serían capaces de separarnos. Esto era muy parecido a lo que ella le había dicho a Nick. —Yo te gusto —dijo Levi—. ¿Cierto? —No te habría besado si no me gustaras —dijo Cath. —Podrías haberlo hecho. —No —dijo ella firmemente—. No lo hubiera hecho. Y no me hubiera quedado despierta toda la noche leyéndote... Levi sonrió, y así ella pudo ver sus caninos. Y sus bicúspides. Estaba mal. Él no debería estar sonriendo.

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—¿Por qué me dijiste que fue solo un beso? —preguntó, esperando a que su voz se rompiera—. Ni siquiera me importa la otra chica. Me refiero, lo hace, pero no tanto. ¿Por qué fue tu primer instinto decirme que lo que pasó entre tú y yo no importaba? ¿Y por qué debería creerte ahora cuando dices que importó? ¿Por qué debería creer cualquier cosa que digas? Levi lo entendía ahora. Que no debería estar sonriendo. Bajó la mirada a su regazo y giró, apoyando la espalda contra la pared. —Creo que entré en pánico... Cath esperó. Levi empujó su mano en la parte del frente de su cabello e hizo un puño. (Tal vez era por eso por lo que estaba perdiéndolo prematuramente. Por manosearlo constantemente). —Entré en pánico —dijo nuevamente—. Pensé que si sabías cuánto significó para mí besarte, hubiera parecido incluso peor que hubiera besado a otra chica. Cath dejó eso hundirse. —Eso es un razonamiento terrible —dijo. —No estaba razonando. —Se giró hacia ella, un poco demasiado rápido—. Estaba entrando en pánico. ¿Honestamente? Había olvidado todo acerca de esa chica. —¿Porque besas a muchas chicas en las fiestas? —No. Quiero decir... Ahhgh. —Apartó la mirada—. A veces, pero no. Solo besé a esa chica porque no estabas allí. Porque no devolviste mis mensajes. Porque había vuelto a pensar que no te gustaba. Estaba confundido, y un poco ebrio, y allí estaba esa chica a quien obviamente le gustaba. Ella probablemente se fue cinco minutos después que tú. Y cinco minutos después de eso, estaba mirando mi teléfono, tratando de inventar una excusa para llamarte. —¿Por qué no me dijiste todo eso en el hospital? —Porque me sentí como un idiota. Y no estoy acostumbrado a ser el idiota. Usualmente soy Dudley Do-Right, ¿sabes? —No. —Usualmente soy el chico bueno. Ese era el plan completo para conquistarte. —¿Había un plan? —Lo había... —Apoyó la parte trasera de su cabeza contra la pared, y sus manos cayeron en su regazo—. Era más una esperanza. Que tú vieras que yo era un chico decente. —Vi eso.

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—Correcto. Y luego me viste besando a alguien más. Cath quería que él dejara de hablar, había escuchado suficiente. —La cosa es, Levi... —decir su nombre en voz alta terminó la destrucción dentro de ella. Algo, quizás el bazo de Cath, perdió toda esperanza. Se inclinó hacia adelante y tiró de la manga de su chaleco, apretando unos centímetros en su puño. —Sé que eres un chico decente —dijo—. Y quiero perdonarte; no es como que me hubieras engañado. Me refiero, es solo como eso. Pero si te perdono... —Tiró del chaleco de él, estirándolo—. No creo que sea buena en esto. Chico-chica. Persona-persona. No confío en nadie. Nadie. Y cuanto más me importa alguien, más segura estoy de que se van a cansar de mí y a largarse. El rostro de Levi se nubló. No sombríamente, reflexionó ella pensativamente. En nubes pensativas. —Eso es loco —dijo él. —Lo sé —estuvo de acuerdo Cath, sintiéndose casi aliviada—. Exacto. Estoy loca. Él extendió los dedos y los enganchó en el puño del chaleco de ella. —Pero todavía quieres darme una oportunidad, ¿cierto? No solo a mí, ¿a esto? ¿A nosotros? —Sí —dijo Cath, como si se estuviera rindiendo. —Bien. —Tiró del hombro de ella y sonrió ante sus manos sin casi tocarse—. Está bien si estás loca —dijo suavemente. —Ni siquiera lo sabes. —No tengo que saberlo —dijo—. Yo te apoyo.

Él iba a enviarle un mensaje al día siguiente. Iban a salir cuando él saliera del trabajo. En una cita. Levi no lo llamó una cita, pero eso era lo que tenía que ser, ¿cierto? A él le gustaba, e iban a salir. Él venía a buscarla. Deseó poder llamar a Wren. Tengo una cita y no con una mesa. No con alguien que tenga algo en común con muebles. Él me besó. Y creo que podría hacerlo otra vez si le dejo.

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No llamó a Wren. Estudió. Y se quedó despierta tanto como pudo escribiendo de Baz y Simon —“El Insidious Humdrum”, refunfuñó Baz. Si alguna vez me vuelvo un supervillano, ayúdame a encontrar un nombre que no suene como un helado con frutas y nueces—, y deseando que Reagan viniera a casa. Cath estaba mayormente dormida cuando la puerta se abrió. Reagan se arrastró alrededor en la oscuridad. Era buena entrando y saliendo sin encender las luces. Casi nunca despertaba a Cath. —Hola —dijo Cath con tono áspero. —Vuelve a dormir —susurró Reagan. —Oye, Levi vino esta noche. Creo que tal vez tenemos una cita. ¿Eso está bien? El arrastre paró. —Sí —dijo Reagan, prácticamente en su voz normal—. ¿Está bien contigo? —Creo —dijo Cath. —Bien. —La puerta del armario de Reagan se abrió y se sacó las botas a patadas con dos pesados ruidos sordos. Un cajón se abrió y se cerró, y luego estaba subiéndose a la cama—. Tan jodidamente raro — murmuró. —Lo sé —dijo Cath, mirando a la oscuridad—. Lo siento. —Deja de pedir disculpas. Bien por ti. Bien por Levi. Mejor para ti, creo. —¿Qué significa eso? —Significa que Levi es un gran chico. Y que él siempre se enamora de chicas que son un dolor en el trasero. Cath giró y tiró de su edredón más estrechamente. —Mejor para mí —estuvo de acuerdo. —¿Finalmente irás una cita con Agatha? —La voz de Penelope era suave, a pesar de la sorpresa en su rostro. Ninguno de ellos quería que el Señor Bleakly escuchara, era propenso a dar castigos ridículos; podrían terminar desempolvando las catacumbas por horas o corrigiendo notas de amor confiscadas. —Después de la cena —susurró Simon—. Iremos a buscar la sexta liebre al Bosque Velado. —¿Agatha sabe que es una cita? Porque eso solo suena como ―Otro Martes por la Noche con Simon‖.

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—Creo. —Simon trató de no girarse y fruncirle el ceño a Penelope, aunque quería hacerlo—. Ella dijo que usaría su nuevo vestido... —Otro Martes por la Noche con Agatha —dijo Penelope. —¿No crees que yo le guste? —Oh, Simon, nunca dije eso. Ella sería una idiota si no le gustaras. Simon sonrió. —Entonces supongo que lo que estoy diciendo —dijo Penelope, volviendo a su tarea—, es que tendremos que ver. —Del capítulo 17, Simon Snow y las Seis Liebres Blancas Copyright © 2009 por Gemma T. Leslie.

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25 Traducido por Polilla & KristewStewpid Corregido por Tsuki

264 Reagan se encontraba sentada en el escritorio de Cath cuando ella despertó. —¿Estás despierta? —¿Has estado observándome dormir? —Sí, Bella. ¿Estás despierta? —No. —Bueno, despierta. Necesitamos establecer algunas reglas básicas. Cath se sentó, frotando la suciedad de sus ojos. —¿Qué sucede contigo? Si te despertara de esta manera, me asesinarías. —Eso es porque tengo todo el control en nuestra relación. Despierta, necesitamos hablar de Levi. —Está bien… —Cath no pudo evitar sonreír un poco, sólo escuchando su nombre. Levi. Ella tenía una cita con Levi. —¿Así que ustedes se arreglaron? —Si. —¿Dormiste con él? —Mierda, Reagan. No. —Bien —dijo Reagan. Ella estaba sentada en la silla de Cath con una pierna metida debajo de la otra, usando una camiseta de campeonato de fútbol y pantalones de yoga negros—. No quiero saber cuando duermas con él. Esa el la primera regla básica. —No voy a dormir con él. —Ves, esa es exactamente la clase de cosas que no quiero saber, espera, ¿qué quieres decir que no vas a dormir con él? Cath se llevó las palmas de sus manos a sus ojos. —Quiero decir, en el futuro inmediato. Sólo hablamos.


—Si, has estado pasando el rato con él todo el año... —Cosas que me presionas para hacer: uno, consumo de alcohol de menores de edad,; dos, drogas bajo prescripción; tres, sexo prematrimonial. —Oh mi Dios, Cath, ¿―sexo prematrimonial‖? ¿Me estas tomando el pelo? —¿A dónde quieres ir con esto? —Levi era mi novio. —Lo sé. —Durante toda la secundaria. —Lo sé, lo sé. —Cath estaba escondiendo sus ojos de nuevo—. No me pintes un cuadro. —Perdí mi virginidad con él. —Aghhh. Detente. De verdad. —Esto es exactamente para lo que son las normas básicas –dijo Reagan—. Levi es uno de mis mejores amigos, y yo soy tu única amiga, y no quiero que esto se vuelva extraño. —Demasiado tarde —dijo Cath—. Y no eres mi única amiga. —Lo sé. —Reagan puso los ojos en blanco e hizo un ademán con la mano—. Tienes a toda la Internet. —¿Cuáles son las reglas básicas? Reagan levantó un dedo. Sus uñas eran largas y rosas. —Uno. Nadie me habla sobre sexo. —Hecho. —Dos, nada de cosas muy cariñosas frente a mí. —Hecho y hecho. Te lo estoy diciendo, no hay cosas muy cariñosas. —Tres, cállate, nadie me habla sobre su relación. Cath asintió. —Bien. —Cuatro… —Realmente has estado pensando acerca de esto, ¿no es así? —Se me ocurrieron las reglas básicas la primera vez que se besaron. Cuatro, Levi es mi amigo, y no puedes estar celosa de eso.

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Cath miró a Reagan. A su rojo cabello y sus labios llenos y a sus totalmente prominentes pechos. —Creo que es demasiado pronto para estar de acuerdo con eso —dijo ella. —No —dijo Reagan—. Nosotras tenemos que quitarnos esto de encima. No puedes estar celosa. Y en cambio, no flexionaré mis músculos de mejores amigos sólo para recordarme a mí misma, y a Levi, que me quiso a mí primero. —Oh, Dios mío —Cath agarró el edredón con incredulidad—, ¿realmente harías eso? —Podría —dijo Reagan, inclinándose hacia delante, su rostro tan conmocionado como el de Cath—. En un momento de debilidad. Tienes que entender, he sido la chica favorita de Levi prácticamente toda mi vida. Él no ha salido con nadie más, no seriamente, desde que rompimos. —Dios —dijo Cath—, realmente odio esto. Reagan asintió, y fue como una docena de ―te lo dije‖. —¿Por qué dejaste que esto pasara? —Cath preguntó—. ¿Por qué lo dejaste pasar el rato aquí tanto? —Porque me di cuenta de que le gustabas. —Reagan sonaba casi enojada sobre eso—. Y realmente quiero que sea feliz. —Ustedes no han… vuelto, ¿cierto? ¿Desde que rompieron? —No… —Reagan miró hacia otro lado—. Cuando rompimos en primer año, fue bastante horrible. Nosotros sólo comenzamos a pasar el rato nuevamente al final del año pasado. Sabía que estaba teniendo problemas en sus clases, y quería ayudar… —Esta bien —dijo Cath, decidiendo tomar esto seriamente—. ¿Cuáles son las reglas de nuevo? No hablar de sexo, no MPA35, no hablar sobre nuestra relación… —No ser celosa. —No ser innecesariamente celosa, ¿es eso justo? Reagan frunció sus labios. —De acuerdo, pero sé racional si esto aparece. No ser innecesariamente celosa. —Y no ser una horrible, perra narcisista que se regodea del afecto de su ex novio. —De acuerdo —dijo Reagan, tendiéndole su mano. —¿Realmente tenemos que darnos la mano por esto? 35

MPA: Muestra Pública de Afecto.

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—Si. —Levi y yo podríamos ni siquiera ser algo, ya sabes. Ni siquiera hemos tenido una cita. Reagan sonrió forzosamente. —No creo eso. He tenido un bueno/mal presentimiento sobre esto. Dame la mano. Cath estiró el brazo y le dio la mano. —Ahora, levántate —dijo Reagan—, tengo hambre.

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Tan pronto como Reagan se fue a trabajar esa tarde, Cath se levantó de su escritorio y comenzó a revisar su armario para determinar qué ropa ponerse. Probablemente una camiseta con una chaqueta y pantalones vaqueros. No había nada en su armario que no fuera una camiseta, una chaqueta o pantalones vaqueros. Colocó sus opciones sobre la cama. Luego fue en busca de algo que había comprado en un mercadillo el año pasado: un collar tejido verde, que prendía con un sujetador rosa antiguo. Se preguntó a dónde la llevaría Levi. Su primera cita con Abel había sido una película. Wren y algunos de sus otros amigos habían ido también. Después de eso, salir con Abel por lo general sólo significaba pasar un rato en la panadería o estudiando en la habitación de Cath. Encuentros de natación durante el verano. Concursos de matemáticas. Si lo pensaba, esas probablemente ni siquiera eran citas. Ella no iba a decirle a Levi que en su última cita había estado en un concurso de matemáticas. Cath miró la ropa que había dispersado y deseó que Wren estuviera allí para ayudar. Deseó haber hablado con Wren sobre Levi antes de que comenzaran a discutir... Lo cual empezó el año pasado, antes de siquiera conocerlo. ¿Qué diría Wren si estuviera aquí? Finge que le gustas más de lo que él a ti. Es como comprar un coche, tienes que estar dispuesta a alejarte. No... Ese era el tipo de consejo que Wren se daría a sí misma. ¿Qué le diría a Cath? Deja de fruncir el ceño. Somos más bonitas cuando sonreímos. ¿Seguro que no quieres tomar un trago? Dios, pensar en Wren estaba haciendo que Cath se sintiera peor. Ahora se sentía nerviosa y triste. Y sola.


Fue un alivio cuando Reagan dio una patada en la puerta y empezó a hablar de la cena.

—Usa tu cabello suelto —dijo Reagan, arrancando un pedazo de pizza por la mitad—. Tienes buen cabello. —Ese comentario va definitivamente en contra de las reglas —dijo Cath, dándole un bocado al queso cottage—. La número tres, creo. —Lo sé. —Reagan negó con la cabeza—. Pero luces tan desesperanzada a veces. Es como ver a un gatito con su cabeza atrapada en una caja de Kleenex. Cath puso los ojos en blanco. —No quiero sentirme de repente como si tuviera que ser diferente para él. Parecerá patético. —¿Es patético querer verse bien para una cita? Levi se está afeitando ahora, te lo prometo. Cath hizo una mueca. —Para. Sin información privilegiada sobre Levi. —Eso es información privilegiada sobre chicos en general. Así es como funcionan las citas. —Él ya sabe cómo me veo —dijo Cath—, no tiene sentido ser complicado con eso ahora. —¿Cómo va a ser peinarte, y tal vez poner un poco de brillo de labios, ser algo complicado? —Es como que estuviera tratando de distraerlo con algo brillante. — Cath le sacudió la cuchara en la mano delante de su cara, tirando por accidente requesón en su jersey—. Él ya conoce todo esto. Así luzco. — Tató de limpiar el queso sin esparcirlo. Reagan se inclinó sobre la mesa y agarró la pinza de pelo de Cath. Su cabello se dejó caer sobre las orejas y los ojos. —Ahí —dijo Reagan—. Ahora, es así como luces. Presto chango. —Oh mi Dios —Cath dijo tomando su horquilla de la mano de Reagan e inmediatamente retorciendo hacia arriba su cabello—. ¿Esa era una referencia de Simon Snow? Ahora Reagan puso sus ojos en blanco. —Como si fueras la única que lee Simon Snow. Como si no fuera un fenómeno global. Cath comenzó a reír.

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Reagan le frunció el ceño. —¿Qué estas comiendo de todas maneras? ¿Son esos melocotones en tu queso cottage? —¿No es eso repugnante? —Cath dijo—. Como que te acostumbras a ello.

Cuando dieron la vuelta por el pasillo, pudieron ver a Levi sentado contra su puerta. Nunca, en ninguna circunstancia, podría Cath correr chillando por el pasillo hacia sus brazos. Pero ella hizo su versión de eso: sonrió tensamente y miró hacia otro lado. —Hola —dijo Levi, empujándose hacia arriba por la puerta hasta estar de pie. —Hola —dijo Reagan. Levi alborotó la parte superior de su cabello tímidamente, como si no estuviera seguro a cuál de las dos sonreírle. —¿Estás lista? —le preguntó a Cath mientras Reagan abría la puerta. Cath asintió. —Sólo… mi abrigo. —Encontró su abrigo y se lo colocó. —Bufanda —dijo Levi. Así que ella la agarró. —Nos vemos más tarde —dijo a Reagan. —Probablemente no —dijo Reagan, sacudiendo su cabello frente a su espejo. Cath se sintió ruborizarse. Ella no miró a Levi de nuevo hasta que estuvieron juntos frente al elevador. (Condición: sonrisa, estable) Cuando se abrió, él puso su mano en la espalda de ella y ella prácticamente saltó adentro. —¿Cuál es el plan? —preguntó ella. Sonrió. —Mi plan es hacer cosas que te hagan querer salir conmigo de nuevo mañana. ¿Cuál es tú plan? —Voy a tratar de no hacer el ridículo. Él sonrió. —Así que estamos listos. Ella sonrió de vuelta. En su dirección en general. —Pensé que podría mostrarte el East Campus —dijo Levi. —¿De noche? ¿En febrero?

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Las puertas del elevador se abrieron, y él esperó a que ella saliera. — Me dieron una gran oferta en un tour fuera de temporada. Además, no está tan frío esta noche. Levi se dirigió hacia fuera y comenzó a caminar lejos del aparcamiento. —¿No tenemos que conducir? —preguntó Cath. —Pensé que tomaríamos el transporte. —¿Hay un servicio de transporte? Él negó con su cabeza. —Citadina. —El transporte era un autobús, y llegó casi inmediatamente—. Después de ti —dijo Levi. Dentro, el autobús estaba iluminado más brillante que la luz del día y casi vacío. Cath eligió un asiento y se sentó de lado con una rodilla arriba, así que no había espacio para sentarse a su lado. A Levi no pareció importarle. Giró de lado hacia el asiento frente a ella y descansó su brazo en la parte trasera. —Tienes muy buenos modales —dijo ella. —Mi madre estaría encantada de escuchar eso —sonrió. —Así que tienes una madre. Él rió. —Si. —¿Y un padre? —Y cuatro hermanas. —¿Mayores o menores? —Mayores. Menores. —¿Estás en el medio? —Precisamente. ¿Qué hay de ti? ¿Eres la hermana gemela mayor o menor? Ella se encogió de hombros. —Fue una cesárea. Pero Wren era más grande. Ella estaba robando mi jugo o algo. Tuve que quedarme en el hospital por tres semanas después de que ella fuera a casa. Cath no le dijo que a veces sentía como si Wren todavía estuviera tomando más de su cuota justa de vida, como si estuviera extrayendo la vitalidad de Cath, o como si hubiera nacido con una mayor reserva. Cath no le dijo eso, porque era oscuro y depresivo. Y porque, por el momento, ella no cambiaría lagares con Wren, incluso si eso significara obtener el mejor cordón umbilical. —¿Eso quiere decir que ella es más dominante? —preguntó Levi.

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—No necesariamente. Quiero decir, supongo que lo es. Sobre la mayoría de las cosas. Mi papá dice que solíamos compartir el autoritarismo cuando éramos niñas. Como yo decidía qué íbamos a usar, y ella decidía lo que estábamos jugando. —¿Se vestían parecido? —Cuando éramos pequeñas. Nos gustaba también. —He ayudado a traer gemelos antes —dijo él— Terneros. Casi mató a la vaca. Los ojos de Cath se agrandaron. —¿Cómo sucedió eso? —A veces, cuando un toro conoce a una vaca, ellos deciden pasar más tiempo juntos… —¿Cómo llegaste a estar allí para el parto? —Sucede mucho en un rancho. No gemelos, pero si nacimientos. —¿Trabajaste en un rancho? Alzó una ceja, como si no estuviera seguro de si ella estaba siendo seria. —Viví en un rancho. —Oh —dijo Cath—. No sabía que las personas vivían en ranchos. Pensé que era como una fábrica o un negocio, un lugar donde se va a trabajar. —¿Estás segura de que eres de Nebraska? —Estoy comenzando a sentir que Omaha no cuenta… —Bueno —sonrió—. Viví en un rancho. —¿Como en una granja? —Más o menos. Las granjas son para cultivos. Los ranchos son para el pastoreo de ganado. —Oh. Eso suena… ¿allí sólo hay vacas deambulando? —Si —rió él. Luego negó con la cabeza—. No. Hay ganado en áreas designadas. Necesitan mucho espacio. —¿Es eso lo que quieres hacer cuando termines la escuela? ¿Trabajar en un rancho? Algo pasó en el rostro de Levi. Su sonrisa se desvaneció un poco, y frunció el ceño. —No es tan simple. Mi mamá comparte el rancho con mis tíos, y nadie sabe realmente lo que va a sucederle cuando todos se retiren. Hay doce primos, así que no podemos sólo dividirlo. A menos que lo vendamos. Lo que nadie realmente quiere. Um… —Negó con la cabeza

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de nuevo rápidamente y le sonrió de vuelta—. Me gusta trabajar en un rancho o con ganaderos, ayudándoles a ser mejores en lo que hacen. —Administración del campo. —Y tú tratas de fingir que no estabas prestando atención, oye, esta es nuestra parada. —¿Ya? —El East Campus esta a sólo a tres kilómetros de tu dormitorio; es una pena que nunca hayas estado aquí. Cath lo siguió fuera del autobús. Él se detuvo para agradecerle al conductor por su nombre. —¿Conocías a ese sujeto? —preguntó ella cuando el autobús arrancó. Levi se encogió de hombros. —Estaba usando una etiqueta con su nombre. De acuerdo. —Dio un paso directamente frente a ella y extendió un largo brazo hacia el aparcamiento. Estaba sonriendo como el presentador de un programa de juegos—. Cather Avery, como una estudiante de la Universidad Agrícola, un miembro de la comunidad agrícola, y una ciudadana de Lincoln, Nebraska, me gustaría darte la bienvenida al East Campus. —Me gusta —dijo Cath, mirando alrededor—. Está oscuro. Hay árboles. —Puedes aparcar tu sarcasmo en la puerta, Omaha. —¿Quién hubiera pensado que ser de Omaha me haría urbana? —A tu derecha se encuentra el East Campus Union. Ahí es donde guardamos nuestra bolera. —Otra bolera… —No te emociones, no hay bolos en la agenda esta noche. Cath siguió a Levi por un camino sinuoso y sonrió amablemente a todos los edificios cuando él los señalaba. Él continuó tocando su espalda para obtener su atención o para asegurarse de que estaba mirando en la dirección correcta. Ella no le dijo que el East Campus (en febrero, de noche) lucía bastante parecido al City Campus. —Si estuviéramos aquí durante el día —dijo él—, pararíamos en la lechería por helado. —Que lástima —dijo ella—, es la perfecta noche fría para eso. —¿Tienes frío? —Se detuvo frente a ella y frunció el ceño—. ¿Es así como te enseñó tu madre a colocarte una bufanda?

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Su bufanda estaba colgando alrededor de su cuello. La jaló ceñidamente contra su cuello y la envolvió, metiendo los bordes. Cath deseó que su abrigo escondiera el vergonzosamente aliento tembloroso que había tomado. Levi movió sus manos arriba hacia el lado de su cabeza y gentilmente pellizcó la punta de sus orejas. —No están tan mal —dijo él, frotándolas—. ¿Tienes frío? —Levantó una ceja—. ¿Quieres entrar? Ella negó. —No. Quiero ver el East Campus. Él sonrío otra vez. —Así mismo. No hemos siquiera llegado al Museo del Tractor, está cerrado, por supuesto. —Por supuesto. —Sin embargo merece ser visto. —Por supuesto. Luego de media hora más o menos, se detuvieron para usar el baño en la Facultad Dental. Las personas se encontraban esparcidas en sillones azules en la sala, estudiando. Levi compró una taza de chocolate caliente de una máquina de café para compartir. Cath tenía una extraña cosa acerca de compartir bebidas, pero ella decidió que sería estúpido comentar de todas maneras. Ella ya lo había besado. Cuando salieron nuevamente, la noche parecía más silenciosa. Oscura. —Dejé lo mejor para el final —dijo Levi suavemente. —¿Qué es? —Paciencia. Por aquí… Caminaron juntos a lo largo de otra acera curvada hasta que él la paró con una mano en su hombro. —Aquí estamos —dijo, señalando un camino sin despejar—. Los Jardines. Cath trató de parecer agradecida. No sabrías que había un camino aquí en absoluto si no fuera por un par de huellas en la nieve derretida. Todo lo que podía ver eran las huellas, algunos arbustos muertos y unos pocos charcos de barro cubiertos de maleza. —Es impresionante —rió. —Sabía que te gustaría. Juega bien tus cartas, y te traeré de nuevo durante la temporada alta. Anduvieron lentamente, parando ocasionalmente para mirar las placas educativas que sobresalían a través de la nieve. Levi se inclinaría sobre una, limpiándola con su manda, y leyendo en voz alta qué plantas se suponía que creían allí.

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—Así que lo que realmente nos estamos perdiendo —dijo Cath mientras se inclinaban juntos sobre una señal—, es una variedad de hierbas nativas. —Y flores silvestres —dijo Levi—. También nos estamos perdiendo las flores silvestres. Ella se alejó, y él le cogió la mano. —Espera —dijo—. Creo que puede haber un árbol de hoja perenne por allí… Cath levantó la vista. —Falsa alarma —dijo él, apretando su mano. Ella tembló. —¿Tienes frío? Ella sacudió su cabeza. Él apretó su mano de nuevo. —Bien. No hablaron más de las flores que se estaban perdiendo mientras terminaban su recorrido por los Jardines. Cath estaba contenta de no haber llevado guantes; la palma de Levi era fina, incluso suave, contra la suya. Anduvieron por un puente de piedra, y ella sintió un tirón en su brazo. Él había parado para inclinarse contra las cerchas. —Oye, Cath. ¿Puedo preguntarte algo? Ella paró y lo miró. Él cogió su otra mano y la empujó más cerca —no contra él ni nada, sólo más cerca— cruzando los dedos como si fueran a jugar al Puente de Londres36. Levi era una fotografía en blanco y negro en la oscuridad. Todo piel pálida, ojos grises, cabello desordenado… —¿Realmente crees que voy por ahí besando a la gente todo el tiempo? —preguntó. —Algo así —dijo Cath. Intentó ignorar el hecho de que podía sentir cada uno de sus dedos—. Hasta hace cerca de un mes, pensaba que estabas besando a Reagan todo el tiempo. —¿Cómo podías pensar eso? Ella estaba viendo como a otros cinco chicos.

Es un juego infantil en el que dos personas están cogidas de las manos en alto, simulando ser el puente de Londres, y el resto de jugadores deben pasar por el medio, mientras se canta la canción ―London Bridge is falling down‖. 36

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—Pensé que tú eras uno de ellos. —Pero estaba siempre flirteando contigo. —Empujó las manos de Cath hacia delante para más énfasis. —Tú flirteas con todo. —Ella podía decir que sus ojos estaban desorbitándose, sus ojos realmente se sentían fríos en los bordes—. Flirteas con personas mayores y bebés y todo el mundo que hay por el medio. —Oh, yo no… —Metió su barbilla en su cuello indignadamente. —Sí, lo haces —dijo, empujando sus manos atrás—. ¿Esa noche en la bolera? Flirteaste con todo ser humano en el edificio. Estoy sorprendida de que el chico de los zapatos no te diera su número. —Sólo estaba siendo amable. —Eres extra amable. Con todo el mundo. Te complicas la vida para hacer sentir a todo el mundo especial. —Bueno, ¿qué hay de malo en ello? —¿Cómo alguien se supone que sepa que es especial? ¿Cómo se supone que yo sepa que no sólo estabas siendo amable? —¿No puedes ver que soy diferente contigo? —Pensé que podía. Como por doce horas. Y luego… Por todo lo que sé, sí, vas por ahí besando a la gente. Sólo para ser amable. Porque tienes esta extraña cosa donde te regodeas de hacer sentir a la gente especial. Levi hizo una mueca, su barbilla casi plana contra su cuello. —He estado alrededor de tu cuarto, invitándote a fiestas, y sólo tratando de estar allí cada vez que necesitabas ayuda por cuatro meses. Y ni siquiera te has dado cuenta. —¡Pensé que estabas saliendo con mi compañera de cuarto! —dijo ella—. Y repito, eres amable con todo el mundo. Das amabilidad como si no te costara nada. Levi rió. —No me cuesta nada. No es como si sonreír a extraños agotara mi suministro total. —Bueno, a mí sí. —Yo no soy tú. Hacer a la gente feliz me hace sentir bien. En todo caso, me da más energía para la gente que me importa. Cath había estado tratando de mantener el contacto visual durante todo esto, como un ser humano maduro, pero estaba siendo demasiado, dejó que sus ojos se dirigieran a la nieve. —Si sonríes a todo el mundo —dijo ella—, ¿cómo se supone que me tengo que sentir cuando me sonríes a mí?

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Él acercó sus manos hacia arriba, así que estaban prácticamente sobre sus hombros. —¿Cómo te sientes cuando te sonrío? —preguntó y entonces le sonrió, sólo un poco. No como yo misma, pensó Cath. Ella agarró sus manos fuertemente, para el equilibrio, luego se puso de puntillas, apoyando su barbilla en su hombro y cepillando suavemente su cabello contra su mejilla. Estaba suave, y Levi olía pesado allí, como perfume y menta. —Como una idiota —dijo en voz baja—. Y como si nunca quisiera que parara.

Se sentaron uno junto al otro en el transporte, mirando hacia sus manos porque había demasiada luz en el autobús para mirarse a la cara. Levi no habló, y Cath no se preocupó de por qué no lo hizo. Cuando llegaron a su habitación, ambos sabían que estaba vacía, y ambos tenían llaves. Levi le desenrolló su bufanda y la empujó cerca por los extremos, brevemente presionando su cara en la cima de su cabeza. —Mañana y mañana y mañana —dijo él.

Lo dijo en serio. Vino a verla el día siguiente. Y el siguiente. Y después de una semana o así, Cath sólo esperaba que Levi se colara en su día de algún modo. Y que actuara como si hubiera sido así siempre. Él nunca dijo ¿Puedo verte mañana? O, ¿Te veré mañana? Había sido siempre ¿Cuándo? Y ¿Dónde? Se reunían en la Unión entre clases. Ella iba a verlo al Starbucks en sus descansos. Él esperaba en el pasillo a que ella o Reagan le dejaran entrar. Habían conseguido que no fuera raro por el momento para ninguno de los tres. Cath se sentaría en su escritorio, y Levi se sentaría en su cama y les contaría a ambas historias y les tomaría el pelo. Algunas veces la intimidad y afecto en su voz eran demasiado para Cath. Algunas veces se

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sentía como si él estuviera hablándoles a ellas como su padre les hablaba a ella y Wren. Como si ambas fueran sus chicas. Cath intentó sacudírselo de la cabeza. Intentó encontrarse con él en otros sitios si Reagan estaba en la habitación. Pero cuando estaban solos en el cuarto sin Reagan, no actuaban muy diferente. Cath aún se sentaría en su escritorio. Y Levi aún se sentaría en su cama con sus pies en su silla, hablando de manera confusa alrededor de ella. En perezosos y reconfortantes círculos. Le gustaba hablar sobre su papá y Wren. Pensaba que la cosa de la gemela era fascinante. Le gustaba hablar sobre Simon Snow, también. Había visto todas las películas dos o tres veces. Levi veía muchas películas, le gustaba cualquier cosa con fantasía o aventura. Superhéroes. Hobbits. Magos. Si solamente fuera un mejor lector, pensó Cath, podría haber sido un nerd apropiado. Bueno… quizás. Para ser realmente un nerd, decidió ella, tienes que preferir a los personajes ficticios antes que a los de verdad. Cath se movía en el Mundo de los Magos en un santiamén. Se sintió casi abatida el año pasado cuando se dio cuenta de que, incluso si h descubierto un mágico agujero de gusano hacia el mundo de Simon, era demasiado mayor ahora para ir al Colegio Watford de Magia37. Wren había estado disgustada también, cuando Cath se lo señaló. Estuvieron tumbadas en la cama la mañana de su decimoctavo cumpleaños. —Cath, despierta, vamos a comprar algunos cigarros. —No puedo —dijo Cath—. Voy a ver una película para mayores de dieciocho en el cine. Y luego voy a ir a redactar. —¡Oh! Vamos a saltarnos las clases e ir a ver Quinientos Días de Verano38. —Sabes lo que eso significa, ¿no? —Cath miró hacia el mapa gigante de Watford que habían pegado a la pared. Su padre había pagado a los diseñadores del trabajo para que lo dibujaran para ellas un año para Navidad—. Significa que somos muy viejas para Watford. 37

Colegio de la serie de Simon Snow.

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Tragicomedia romántica protagonizada por Joseph Gordon-Levitt y Zooey Deschannel.

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Wren volvió a sentarse contra su cabecero y miró hacia arriba. —Oh. Tienes razón. —No es que alguna vez haya pensado que era real —dijo Cath después de un minuto—, incluso cuando éramos niñas, pero aun así… —Pero aun así… —suspiró Wren—. Ahora estoy demasiado triste para empezar a fumar. Wren era una verdadera nerd. A pesar de su sofisticado cabello y sus increíbles novios. Si Cath hubiera encontrado ese agujero de gusano, esa madriguera del conejo, esa puerta al fondo del armario, Wren hubiera ido con ella. Wren quizás iría aún con ella, incluso en su actual estado de distanciamiento. (Esa hubiera sido otra buena cosa sobre encontrar un portal mágico. Tendría una excusa para llamar a Wren.) Pero Levi no era un nerd; a él le gustaba mucho la vida real. Para Levi, Simon Snow era sólo otra historia. Y él amaba las historias. Cath se había atrasado con Carry On, Simon desde que esta cosa con Levi comenzó, lo que por un lado, estaba perfectamente bien, ella no era el tipo de nerd que prefería hacer escenas de amor con chicos, que estar en una. Por otro lado… Simon Snow y la Octava Danza salía en menos de tres meses, y Cath tenía que terminar Carry On para entonces. Tenía que hacerlo. La Octava Danza era el verdadero final de la saga de Simon Snow —donde se iba a solucionar todo— y Cath tenía que solucionarlo a su manera primero. Antes de que Gemma T. Leslie bajara el telón. Cath podía estudiar cuando Levi estaba en la habitación —él tenía que estudiar también— se sentaba en su cama y escuchaba sus conferencias; algunas veces jugaba al solitario al mismo tiempo, pero no podía escribir con él allí. No podía perderse en el Mundo de los Magos. Estaba demasiado perdida en Levi. Levi medía uno con ochenta. Ella pensaba que él era más alto. Había nacido en un rancho. Literalmente. El parto vino tan rápido que su madre se sentó en las escaleras y lo tuvo ahí. Su padre cortó el cordón umbilical. (—Te lo estoy diciendo —dijo Levi—, no es tan diferente del parto de una vaca.) Él vivió con otros cinco chicos. Conducía un cambión porque pensaba que todo el mundo debería conducir un camión, que conducir por ahí en un coche era como vivir con tus manos atadas a tu espalda. — ¿Y qué si necesitas arrastrar algo?

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—No puedo pensar en un solo momento en el que mi familia necesitara un camión —dijo Cath. —Eso es porque estás cegada por los coches. Ni siquiera te permites a ti misma ver otras ventajas del tamaño. —¿Cómo qué? —Leña gratis. —No tenemos chimenea. —Cuernos. Cath resopló. —Sofás antiguos. —¿Sofás antiguos? —Cather, algún día, cuando vengas a mi cuarto, te entretendré en mi hermoso sofá antiguo. Cuando hablaba sobre el rancho, su familia o su camión, la voz de Levi se ralentizaba, casi como si tuviera un acento. Arrastrando las palabras. Un arrastre en los sonidos vocálicos. Ella no podía decir si era para fanfarronear o no. ―Cuando vengas a mi cuarto‖ se había convertido en una broma entre ellos. No tuvieron que encontrarse en la Union o esperar a que Reagan los dejara solos en el cuarto de Cath. Ellos podrían pasar el rato en la casa de Levi en cualquier momento. Pero, por el momento, Cath no había permitido que eso pasara. Levi vivía en una casa, como un adulto. Cath vivía en un dormitorio, como un joven adulto, como alguien que aún estaba en un período de prueba de la edad adulta. Podía manejar a Levi aquí, en su cuarto, donde nada era maduro aún. Donde había una cama gemela y posters de Simon Snow en la pared. Donde Reagan podía entrar en cualquier momento. Levi debía sentirse como si alguien le hubiera dado gato por liebre. Antes, cuando no eran nada el uno para el otro —antes cuando ella pensaba que él pertenecía a alguien más— Cath se había metido en la cama con él y se habían dormido boca con boca. Ahora que ellos se estaban viendo (no realmente saliendo, pero viéndose todos los días), solamente se tomaban de las manos a veces. Y cuando lo hacían, Cath casi pretendía que no lo hacían, ella simplemente no lo había reconocido. Y ella nunca lo tocó primero.

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Ella quería. Dios, ella quería abordarlo y revolcarse encima de él como un gato en un campo de margaritas. Lo cuál era exactamente el por qué no lo hacía. Porque ella era Caperucita Roja. Ella era una virgen y una idiota. Y Levi podía dejarla sin aliento en el ascensor, con tan solo descansar su mano —a través del abrigo— en la parte baja de su espalda. Eso era algo sobre lo que podía hablar con Wren, si ella aún la tuviera. Wren le diría que no fuera tan estúpida, que los chicos querían tocarte malamente, no les importaba si estabas bien con ello. Pero Levi no era un chico. No estaba jadeando por levantarle la camiseta a alguien por primera vez; él probablemente sólo las quitaba. El pensamiento hizo a Cath temblar. Y luego pensó en Reagan, y se volvió más un escalofrío. Cath no planeaba ser virgen para siempre. Pero había planeado hacer todo este asunto con alguien como Abel. Alguien quien era, si acaso, más patético e inexperto que ella. Alguien quien no la hiciera sentir fuera de control. Si pensaba en ello objetivamente, en realidad podía ser más guapo que Levi en algunos aspectos. Abel era un nadador. Tenía hombros anchos y brazos gruesos. Y tenía el pelo como Frankie Avalon39. (De acuerdo a la abuela de Cath.) Levi era delgado y larguirucho, y su pelo —bueno, su pelo— pero todo sobre él hacía a Cath sentirse indecisa e inmoral. Él tenía esta cosa cuando mordía su labio inferior y alzaba las cejas cuando estaba tratando decidir si reírse sobre algo… Una locura. Luego, si él decidía reírse, sus hombros comenzarían a sacudirse y sus cejas se detendrían en el medio, las cejas de Levi eran pornográficas. Si Cath estuviera haciendo su decisión sólo por sus cejas, ella había estado ―en su habitación‖ hace bastante tiempo. Si estuviera siendo racional sobre esto, habría un montón de toqueteo continúo entre cogerse las manos y cejas-sexo… Pero no estaba siendo racional. Y Levi hacía sentir a Cath como si todo su cuerpo fuera una pendiente resbaladiza. Ella se sentó en su escritorio. Él se sentó en su cama y pateó su silla. 39

Ídolo adolescente de los años 60.

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—Hola —dijo él—. Estaba pensando que este fin de semana deberíamos salir a una cita de verdad. Podríamos ir a cenar, a ver una película… —Él estaba sonriendo, así que Cath sonrió de vuelta. Luego paró. —No puedo. —¿Por qué no? ¿Ya tienes una cita? ¿Todas las noches de este fin de semana? —Algo así. Voy a casa. He estado yendo a cada más este semestre, para comprobar a mi padre. La sonrisa de Levi se atenuó, pero asintió, como si entendiera. — ¿Cómo vas a ir a casa? —Esta chica al fondo del pasillo, Erin. Ella va a casa cada fin de semana para ver a su novio, lo cual es una buena idea, porque ella es aburrida y horrible, y él va a tener muchas oportunidades de conocer a alguien más si no mantiene un ojo en él. —Yo te llevaré a casa. —¿En tu caballo blanco? —En mi camión rojo. Cath rodó los ojos. —No. Tendrías que hacer dos viajes. Costaría mil dólares en gasolina. —No me importa. Quiero conocer a tu padre. Y quiero pasar el rato contigo por unas pocas horas en el camión, en una situación que no sea de emergencia. —Está bien. Puedo ir con Erin. No es tan mala. —¿No quieres que conozca a tu padre? —Ni siquiera estaba pensando en ti conociendo a mi padre. —¿No lo has hecho? —sonaba herido. (Ligeramente herido. Como, un padrastro, pero aun así.) —¿Has pensado sobre presentarme a tus padres? —preguntó ella. —Sí —dijo él—. Pensé que podrías ir conmigo a la boda de mi hermana. —¿Cuándo es? —Mayo. —Hemos estado saliendo solamente por tres semanas y media, ¿verdad? —Eso son seis meses en tiempo de novato.

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—Tú no eres un novato. —Cather… —Levi metió los pies en la silla y la empujó cerca de la cama—. Realmente me gustas. Cath tomó una respiración profunda. —Realmente me gustas también. Él sonrió y alzó una ceja. —¿Puedo llevarte a Omaha? Cath asintió.

282 —Se acabó —dijo Simon, cargando hacia delante, trepando justo encima de la larga mesa del comedor. Penelope agarró la cola de su capa, y casi cayó de bruces contra un banco. Se recuperó rápidamente— . Vete, Penny. —Y corrió duro hacia Basil, los dos puños levantados y listos. Basil no se movía. —Buenas cercas hacen buenos vecinos —susurró, apenas inclinando su varita. El puño de Simon se estrelló contra una barrera sólida a escasos centímetros de la mandíbula firme del otro chico. Retiró su mano, aullando, todavía diciendo el hechizo. Esto hizo que Dev y Niall y todo el resto de los amigos de Basil cacarearan como hienas borrachas. Pero el propio Basil se quedó quieto. Cuando habló, lo hizo en voz tan baja, que solo Simon podía oírla. —¿Esto es lo que vas a hacer, Snow? ¿Es así como vas a mejorar tu Humdrum? — Dejó caer el hechizo con una sacudida de su varita, solo mientras Simon recuperaba su equilibrio—. Patético —dijo Basil, y se alejó. —Del capítulo 4, Simon Snow y las Cinco Espadas Copyright © 2008 by Gemma T. Leslie


26 Traducido por Gaz Walker Corregido por Karool Shaw

283 La profesora Piper le tendió los brazos cuando Cath entró. —Cath, has vuelto. Me gustaría poder decir que sabía que ibas a hacerlo, pero no estaba segura. Cath se encontraba de vuelta. Había ido a decirle a la profesora Piper que había tomado una decisión. Una vez más. No escribiría esta historia. Tenía suficiente para escribir y preocuparse en ese momento. Este sobraba del primer semestre. Sólo pensar en ello le dejaba sabor a fracaso en la boca (Como el plagio y el estúpido Nick robando sus mejores líneas); Cath quería dejarlo atrás. Pero una vez, de pie en la oficina de la profesora Piper, y ella se hallaba sonriéndole, Cath no podía decirlo en voz alta. Es tan obvio en mí que necesito una figura de una madre, se dijo, disgustada consigo misma. Me pregunto si voy a estar con las mujeres de mediana edad hasta que sea una. —Fue muy amable al ofrecerme una segunda oportunidad —dijo Cath, siguiendo el gesto de la profesora para sentarse. Y ahora era cuando se suponía que debía decirlo, pero voy a decir que no. En cambio, dijo: —Creo que sería una idiota al no tomarla. La profesora Piper le sonrió. Se inclinó hacia adelante con el codo en el escritorio y apoyó la mejilla en el puño como si estuviera posando para una foto mayor. —Entonces —dijo—, ¿tienes una idea en mente para tu historia? —No. —Cath apretó los puños y los frotó contra sus muslos—. Cada vez que he tratado de llegar a algo, me siento... vacía. La profesora Piper asintió. —Dijiste algo, la última vez, en lo que he estado pensando, que no quieres construir tu propio mundo. Cath miró hacia arriba. —Sí. Exactamente. No tengo valientes mundos nuevos dentro de mí pidiendo salir. No quiero empezar de la nada así.


—Pero Cath, la mayoría de los escritores no lo hacen. La mayoría de nosotros no somos Gemma T. Leslie. —Hizo un gesto con la mano a la oficina—. Escribimos sobre los mundos que ya conocemos. He escrito cuatro libros, y tienen lugar en una ciudad a ciento veinte kilómetros de mi ciudad natal. La mayoría son de cosas que sucedieron en mi vida real. —Pero usted escribe novelas históricas. La profesora asintió con la cabeza. —Tomo algo que me sucedió en 1983 y hago que suceda a otra persona en 1943. Pongo mi vida aparte de esa manera, intentando entenderla mejor por escrito. —¿Así que todo en sus libros es cierto? La profesora se inclinó la cabeza y tarareó. —Mmmm... Sí. Y no. Todo comienza con algo de verdad, entonces lo muevo a su alrededor, a veces me alejo totalmente de ella. Pero el punto es que no empiezo con nada. —Nunca he escrito nada que no sea mágico —dijo Cath. —Aún puedes, si eso es lo que quieres. Pero no tienes que emprender en el nivel molecular, con una especie de Big Bang en tu cabeza. Cath apretó las uñas en las palmas de las manos. —Tal vez para esta historia —dijo la profesora Piper delicadeza—, podrías empezar con algo real. Un sólo día de tu vida. Algo que te confundió o intrigó, algo que deseas explorar. Empieza por ahí y mira a ver qué pasa. Puedes mantenerla cierta, o dejar que se convierta en una cosa más, puedes agregar magia, pero date un punto de partida. Cath asintió, más que por estar dispuesta por procesar todo lo que la profesora decía. —Quiero volver a reunirnos —dijo la profesora Piper—. En un par de semanas. Volvamos juntas y hablemos sobre dónde te encuentras. Cath aceptó y corrió hacia la puerta, esperando no parecer grosera. Unas semanas. Claro. Como si un par de semanas solucionarán el agujero en mi cabeza.

Levi no bajaría su ropa. —Puedo llevarlo —dijo Cath. Su cabeza todavía estaba en la oficina de la profesora Piper, y no se sentía de humor para... bueno, para Levi. Para su juego de buen carácter constante. Si Levi fuera un perro, sería un

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golden retriever. Si fuera un juego, sería Ping-Pong, incesante, rebotando y luminoso. Cath no tenía ganas de jugar. —Tengo esto —dijo Levi—. Tienes la puerta. —No, en serio —dijo—. Yo puedo llevarlo. Levi era todo sonrisas y miradas. —Cariño, abre la puerta. Tengo esto. Cath se apretó los dedos en las sienes. —¿Me acabas de llamar ―cariño‖? Sonrió. —Simplemente salió. Se sentía bien. —¿Cariño? —¿Preferirías "Dulzura‖? Eso me recuerda a mi madre.... ¿Qué pasa con "Bebé"? ¿Ni ―Amor‖? ¿Gatita? ¿Pato de goma? —hizo una pausa—. ¿Sabes qué? Me quedo con ―Amor‖. —Ni siquiera sé por dónde iniciar —dijo Cath. —Con la puerta. —Levi. Puedo llevar mi propia ropa sucia asquerosa. —Cath. No voy a dejarte. —No hay trato. Es mi ropa. —La posesión es nueve décimas partes de la ley. —No necesito que lleves las cosas para mí. Tengo dos brazos que funcionan. —Ese no es el punto —dijo—. ¿Qué clase de tipo sería si dejara que mi chica llevara algo pesado mientras voy a su lado, balanceando los brazos? ¿Tu chica? —Del tipo que respeta mis deseos —dijo—. Y mi fortaleza, y mis... brazos. Levi sonrió un poco más, debido a que no lo tomaba en serio. — Tengo un gran respeto por tus brazos. Me gusta la forma en la que están unidos al resto de ti. —Me haces sentir frágil y débil. Dame la ropa. —Ella la agarró. Él dio un paso atrás. —Cather. Sé que eres capaz de llevar esto. Pero no soy capaz de dejarte. Yo, literalmente, no lograría caminar junto a ti con las manos vacías. No es nada personal, haría esto por cualquier persona con dos cromosomas X. —Incluso peor.

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—¿Por qué? ¿Por qué es eso peor? ¿Porque soy respetuoso con las mujeres. —No es respetuoso, sino mimado. Respeta nuestra fuerza. —Lo hago. —El cabello le caía en los ojos y trató de quitarlo—. Soy caballeroso y respetuoso. Las mujeres han sido oprimidas y perseguidas desde el principio de los tiempos. Si puedo hacerles la vida más fácil con mi fuerza, lo haré. En cada oportunidad. —Superior. —Sí. Superior. ¿Quieres echar un pulso? —No necesito una fuerza superior para llevar mi propia ropa sucia. — Puso sus dedos en las manijas, intentando empujarle. —Estás deliberadamente evitando el punto —dijo él. —No, ese eres tú. —Tu cara enrojeció, ¿sabías? —Bueno —dijo ella—. Estoy frustrada. —No me hagas besarte enojado. —Dame la ropa. —Los ánimos en aumento, rostros enrojecidos... Esto es lo que sucede. Eso hizo reír a Cath. Y eso era irritante, también. Usó casi toda su fuerza para empujarle en el pecho. Levi empujó suavemente su espalda, pero no la soltó. —Vamos a pelear la próxima vez que trate de hacer algo bueno por ti, ¿de acuerdo? Ella le miró a los ojos. La forma en que la miraba le hacía sentir bien, como si todo pensamiento debiera estar con subtítulos en su rostro. Soltó el cesto y recogió su bolso del ordenador portátil, abriendo la puerta. —Finalmente —dijo él—. Mis tríceps me están matando.

Este era el más frío y nevado invierno que Cath conseguía recordar. Era mediados de marzo, técnicamente primavera, pero todavía se sentía como enero. Cath se puso sus botas de nieve todos los días sin pensar en ello.

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Se había acostumbrado tanto a la nieve, a andar en la nieve, que ni siquiera pensó en comprobar el tiempo de hoy, no había pensado en las condiciones del camino y la visibilidad, o el hecho de que quizás esto no fuera la mejor tarde para que Levi la llevara a casa. Estaba pensando en eso ahora. Se sentía como si fueran el único coche en la autopista. No lograban ver el sol, no podían ver el camino. Cada diez minutos más o menos, luces traseras rojas surgirían de la estática delante de ellos, y Levi frenaría. Habían dejado de hablar hacía casi una hora. Su boca era recta, y entrecerraba los ojos en el parabrisas. —Tenemos que volver —susurró Cath. —Sí... —dijo él, frotándose la boca con el dorso de la mano, y luego apretando el puño alrededor de la palanca de cambios—. Pero creo que puede ser más fácil ahora sólo seguir adelante. Es peor detrás de nosotros. Pensé que podríamos llegar a Omaha. Hubo un sonido metálico a la izquierda. —¿Qué es ese ruido ? —preguntó ella. —Las cadenas. —Levi no parecía asustado. Pero estaba muy callado. —Lo siento —dijo ella—. No estaba pensando en el clima. —Es mi culpa —dijo él, sonriéndole durante un segundo—. No quería defraudarte. Creo que voy a sentirme peor si realmente te mato... —Eso no sería caballeroso. Levi volvió a sonreír. Ella se acercó a la palanca de cambios y le tocó la mano, pasando sus dedos por ella. Estuvieron de nuevo en silencio durante unos minutos, tal vez no tanto. Era difícil juzgar el tiempo con todo tan tenso y gris. —¿Qué estás pensando? —preguntó Levi. —Nada. —No es nada. Has estado pensativa y rara desde que llegué a tu habitación. ¿Es esto de yo conociendo a tu padre? —No —dijo Cath rápidamente—. Yo como que había olvidado. Más tranquilo, dijo: —¿Qué, pues? —Sólo... algo que sucedió con un profesor. Puedo decirte que no estamos en peligro de muerte.

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Levi se sentó en el asiento a su lado, así que podía mirarle. Le apretó la mano. —No estás en peligro de muerte. —Movió su mano nuevamente a la palanca de cambios—. Tal vez... varados-en-una-zanja-por-un-tiempo. Dime. No puedo hablar ahora, pero sí escuchar. Me gustaría escuchar. Cath se apartó de la ventana y se enfrentó a él. Era agradable a la vista. Le gustaba su perfil. Era muy... plano. Una línea recta de la frente a la nariz, se desviaba un poco en la punta, pero no mucho, y otra línea recta desde la nariz a la barbilla. Su barbilla salía suave a veces cuando sonreía o cuando fingía sorpresa, pero nunca mucho. Iba a darle un beso allí algún día, justo en el borde de la mandíbula donde su barbilla era más vulnerable. —¿Lo que sucedió en la clase? —preguntó él. —Luego de la clase, fui... Bueno, está bien, así que, ¿sabes que el semestre pasado tomaba escritura de ficción? —Sí. —Bueno, no entregué mi proyecto final. Tenía que escribir un cuento, y no lo hice. —¿Qué? —Su mentón fue hacia atrás, sorprendido—. ¿Por qué? —Yo... un montón de razones. —Esto era más complicado de lo que pensaba Cath. No quería decirle a Levi lo infeliz que había sido el semestre pasado, cómo no quería volver a la escuela, como ella no había querido verlo. No quería que pensara que tenía tanto poder sobre ella. —No quiero escribir —dijo ella—. Quiero decir, hay más que eso, pero... mayormente no quería. Tuve un bloqueo de escritor. Y mi papá, ya sabes, no volví a la escuela, la semana final, después de haber tenido su crisis. —No lo sabía. —Bueno. Es cierto. Así que decidí no terminar mi proyecto final. Pero mi profesora no se conformó. Me quiere dar una segunda oportunidad, dijo que podría escribir la historia de este semestre. Y en cierto modo le dije que lo haría. —Guau. Eso es impresionante. —Sí... —¿No es impresionante? —No. Es... Sólo... Era bueno tenerlo detrás de mí. Sentir como si fuera a través de toda la idea. —Escribes ficción todo el tiempo.

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—Escribo fanfiction. —No te compliques conmigo ahora mismo. Estoy conduciendo a través de una tormenta de nieve. —Un coche se materializó delante de ellos, y el rostro de Levi se tensó. Cath esperó hasta que él volvió a relajarse. —No quiero hacer mis propios personajes, mi propio mundo, no lo tengo en mí. Ninguno de los dos habló. Se movían tan lentamente... Algo llamó la atención de Cath por la ventana de Levi, un camión volcado en la cuneta. Ella respiró y Levi encontró su mano de nuevo. —Sólo quince kilómetros —dijo él. —¿Necesita ayuda? —Había un coche patrulla del estado. —No lo vi. —Lo siento mucho por esto —dijo Levi. —Detente —dijo ella—. No hiciste nevar. —Tu papá me va a odiar. Ella levantó la mano a su boca y le besó los nudillos. Tenía la frente arrugada, casi como si le doliera. Cath escuchó los limpiaparabrisas y observó la ventana delantera para ver lo que venía después. —¿Estás segura? —preguntó Levi después de unos pocos kilómetros—. ¿Acerca de escritura de ficción? ¿Estás segura de que no lo tienes en ti? Eres insondable cuando se trata de Simon y Baz… —Son diferentes. Ya existen. Sólo los muevo. Él asintió. —Tal vez eres como Frank Sinatra. No escribió sus propias canciones, pero era un intérprete genial. —No me gusta Frank Sinatra. —Vamos, nadie odia a Frank Sinatra. —Trataba a las mujeres como cosas. —Bueno… —Levi se acomodó en el asiento, moviendo el cuello hacia fuera—… no Frank Sinatra, entonces... Aretha Franklin. —Diva. —¿Roy Acuff? —¿Quién?

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Levi sonrió, e hizo a Cath besar sus dedos otra vez. Él le dirigió una mirada rápida interrogatoria. —El punto es... —dijo en voz baja. Algo sobre la tormenta les hacía hablar más bajo—. Hay diferentes tipos de talento. Posiblemente tu talento es la interpretación. O estilista. —¿Y crees que cuenta? —Tim Burton no inventó a Batman. Peter Jackson no escribió El Señor de los Anillos. —A la luz adecuada, eres un nerd. Su sonrisa se ensanchó. El camión golpeó un lugar resbaladizo, y él retiró su mano, pero la sonrisa se quedó. Una torre de agua en forma de cafetera se movía lentamente por delante de su ventana. Estaban en el borde de la ciudad ahora, había más coches aquí, en la carretera y en las zanjas. —Todavía tienes que escribir esa historia —dijo Levi. —¿Por qué? —Para subir la nota. ¿No necesitas mantener tu GPA para la beca? Ella apenas le había hablado de la beca hacía un par de noches. (—Estoy saliendo con una genia —había dicho—, y una erudita.) Por supuesto que quería mantener su GPA. —Sí. —Por lo tanto, escribe la historia. No tiene que ser grande. No tienes que ser Ernest Hemingway. Tienes suerte de que tienes una segunda oportunidad. Cath suspiró. —Sí. —No sé dónde vives —dijo—. Vas a tener que darme instrucciones. —Ten cuidado —dijo Cath, inclinándose rápidamente a besar su suave mejilla. —No puedes afeitarte la cabeza. Parecerás un loco. —Estoy peor que loco con este pelo. Está mal. —No hay tal cosa como mal cabelo —se rió Simon. Estaban tumbados en el suelo de la biblioteca entre dos filas de estantes. Baz en su espalda, Simon apoyado sobre uno de sus hombros. —Mírame —dijo Baz, empujando la barbilla al frente y echando el pelo hacia atrás—. Cada famoso vampiro tiene un pico de viuda como

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este. Soy un cliché. Es como hubiera ido a la peluquería y pedido el corte de pelo de Drácula. Simon reía tan fuerte que casi se cayó hacia delante sobre Baz. Baz lo empujó con la mano libre. —Quiero decir, en serio —dijo Baz, aún con el pelo hacia atrás, tratando de mantener una cara seria—. Es como una flecha en mi cara. Esta forma de vampiro. Simon dio un manotazo a la mano de Baz y le besó la punta de la línea del cabello tan suavemente como pudo. —Me gusta tu pelo —dijo Simon sobre la frente de Baz—. De verdad, de verdad. —De Carry on, Simon, publicado en marzo 2012 en FanFixx.net por Magicath.

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27 Traducido por Valen Drtner & Blaire Grey Corregido por CarolHerondale

292 Cuando se detuvieron frente a la calzada de ella, Cath exhaló completamente por primera vez en dos horas. Levi se dejó caer hacia atrás y apoyó la cabeza en el asiento. Abrió y cerró las manos, estirando los dedos. —No vamos a hacerlo de nuevo — dijo. Cath se desabrochó el cinturón de seguridad y se deslizó hasta él, empujando sus brazos alrededor de los hombros. Levi sonrió tan amplio, ella deseó que no hubiera tenido un subidón de adrenalina por él, como para que sintiera que pudiera abrazar así. Sus brazos se movieron alrededor de su cintura, y ella lo abrazó con fuerza, su rostro en su abrigo. La boca de Levi se encontraba cerca de su oído. —No me deberías recompensar por poner en peligro tu vida, sabes. Piensa en el antecedente que le das. Cath lo sostuvo con más fuerza. Él era bueno. Él era bueno, y ella no quería perderlo. No es como si sintiera que lo perdería en la interestatal. En general, ella no quería perderlo. —Yo no habría pensado dos veces en tomar este camino de regreso a casa —le dijo en voz baja—. Yo mismo. Pero no debí haberlo hecho contigo. Lo siento. Ella negó con la cabeza. La calle estaba en silencio, y la cabina de la camioneta era gris oscura y blanco brillante, después de unos minutos, la mano de Levi se perdía por su espalda, de arriba hacia debajo de nuevo. —Cather —susurró—, me gustas mucho.…


Cuando salieron de la camioneta, el parabrisas estaba cubierto con nieve. Levi llevó su ropa. Cath lo dejó. Él estaba nervioso por lo de conocer a su padre, y ella estaba preocupada por su padre, punto. Había hablado con él todos los días, desde las vacaciones de Navidad, y había estado en su casa de visita; él parecía bastante bien con eso, pero con él nunca se sabía… Cuando Cath abrió la puerta, ahí estaba él, justo en la sala de estar. Había papeles en todos lados, papel cebolla pegado a las paredes, todas sus ideas ordenadas en contenedores. Y su padre sentado en la mesa del café, mordiendo el final de un Sharpie. —Cath —dijo él, sonriendo—. Oye… ¿es ya hora de Cath? —miró hacia la ventana, luego miró a su muñeca; no llevaba ningún reloj. Entonces miró a Levi y se detuvo. Se quitó sus gafas y las puso en su cabeza, se puso de pie. —Papá, este es Levi. Él me dio un aventón. —Eso no se había oído bien. Cath intento de nuevo—. Es, um… Levi. Levi le tendió la mano. —Sr. Avery, un placer conocerlo. —Él estaba hablando arrastrado. Tal vez su acento era un tic nervioso. —Mucho gusto —dijo su padre, luego dijo—: Levi. —Siento mucho por sacar a Cather con este tiempo —dijo Levi—. De verdad no sabía que estaba tan mal. Nada se registró en el rostro de su padre. Miró a las ventanas. — ¿Está mal afuera? Supongo que no estaba prestando atención. El rostro de Levi estaba casi en blanco. Forzó una sonrisa cortés. Su padre miró a Cath y recordó que iba a darle un abrazo. — ¿Tienes hambre? —le preguntó—. ¿Es tiempo de la cena? He estado en Frankenniebla todo el día. —¿Consiguieron la cuenta de Frankenbeans? —preguntó ella. —Sigue lanzando. Eternamente lanzando. Así que, Levi —dijo— ¿Te quedas para la cena? —Oh —dijo Levi—. Gracias, señor, pero pienso que es mejor que me vaya mientras todavía hay algo de luz. Cath dio la vuelta. —¿Estás bromeando? No puedes conducir a Lincoln en esto. —Estaré bien —le respondió—. Cuatro ruedas. Llantas para la nieve. Celular. —No —dijo Cath con dureza—. No seas idiota. Tuvimos suerte con llegar hasta aquí a salvo, no vas a volver.

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Levi mordió sus labios y levanto sus cejas, impotente. Su padre pasó por delante de ella a la puerta. —Jesús —dijo desde el porche—. Ella tiene razón, Levi. Voy a decir tu nombre hasta que lo recuerde, ¿está bien eso? —Claro, señor. Cath tiró de la manga de Levi. —Tú te quedas, ¿de acuerdo? Él se humedeció el labio inferior con nerviosismo. Ella no estaba acostumbrada a verlo nervioso. —Sí, señora —susurró. —Está bien —dijo su padre, caminando de vuelta a la sala de estar— . Cena… —Parecía que siguiera en Franken-niebla. —Lo tengo —dijo Cath—. Tú sigue trabajando. Parece como que estás en algo. Él le sonrió agradecido. —Gracias, cariño. Solo dame otra media hora para ordenar esto. —Se volteó en su sitio—. Levi, quítate el abrigo. Cath empezó a sacarse sus botas y a colgar su abrigo en un gancho. Tiró de la manga de Levi de nuevo. —Sácate el abrigo. Él lo hizo. —Vamos —dijo ella, entrando en la cocina. Todo parecía en orden. Miró en la habitación de su padre y en el baño. No tenía pasta de dientes. —Lo siento —dijo Levi, cuando entraron en la cocina. —Cállate —dijo ella—. Me estas poniendo nerviosa. —Debería irme. —No tan nerviosa como estaría si conduces por una tormenta de nieve. Jesús. Siéntate. Está bien, ¿de acuerdo? Sonrió la sonrisa Levi. —Está bien. —Y se sentó en uno de los taburetes. —Es raro verte aquí —dijo ella—. Como mundos chocando. Levi pasó los dedos por su cabello, quitando un poco de nieve. —Tu padre parece tranquilo. —Está acostumbrado a tener chicos alrededor. Levi enarcó una ceja. —¿En serio? —Mi hermana… —dijo Cath, sintiendo sus mejillas calientes. Ella abrió la nevera. Su abuela, obviamente, había estado aquí. Todas las botellas de condimentos de su padre habían desaparecido, y

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había contenedores Tupperware40 marcados con lápiz graso. Además de leche de fresa, huevos, y yogurt. Abrió el congelador… Comidas Healthy Choice, probablemente las mismas comidas Healthy Choice de la última vez que Cath estuvo en casa. Ella miró a Levi. —¿Qué piensas de los huevos? —Genial —dijo sonriendo—. Me siento genial acerca de los huevos. Uno de los contenedores Tupperware tenía salchichas italianas con pimientos rojos. Cath los vació en un cuenco y decidió hacer huevos escalfados. Solo para lucirse. Tenía pan para las tostadas. Y mantequilla. Esto no estaría nada mal. —¿Puedo ayudarte? —preguntó Levi. —No. Lo tengo. —Miró sobre su hombro hacia él y sonrió, de vuelta a la estufa—. Déjame hacer algo por ti por una vez. —Está bien… —dijo—. ¿Qué está haciendo tu padre allí? Ella se lo dijo. Le habló acerca del Maldito Kelly y Gravioli, y del tiempo que estuvo en El Gran Cañón con su familia de vacaciones, y que su padre se había sentado en el auto alquilado con un cuaderno y un bolígrafo. Su padre había trabajado para una gran cantidad de clientes agrícolas este año, siendo esta Nebraska, y Levi reconoció la línea para un fertilizante: Mayores rendimientos, campos más brillantes. Confíe el próximo año en Spurt. —Tu padre es un hombre loco —dijo él. Cath rió, y Levi la miró, avergonzado—. Eso no es lo que quise decir. Comieron en el comedor, y en el transcurso de la cena, Cath sintió que tal vez no tenía que estar tan nerviosa. Levi estaba en una versión más agradable a su usual, todo-el-mundo-me-ama, y su padre parecía feliz de que estuviera en casa. Sus huevos eran perfectos. Lo único negativo fue cuando su padre preguntó por Wren. Cath se encogió de hombros y trató de cambiar de tema. Él no pareció darse cuenta. Estaba un poco nervioso esta noche, y un poco distante, pero Cath decidió que solo estaba perdido en su trabajo. Su color era bueno, y

El llamado tazón maravilla, un recipiente plástico para poder transportar comida herméticamente, que basaba su cierre en la forma de una tapa de un bote de pintura puesta al revés 40

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él le dijo que había estado corriendo todas las mañanas. De vez en cuando, parecía salir a la superficie y darle a Levi una mirada evaluadora. Después de la cena, Levi insistió en limpiar la mesa y lavar los platos. En cuanto despareció en la cocina, su padre se inclinó hacia ella. —¿Ese es tu novio? —Cath rodó los ojos, pero asintió. —¿Por cuánto tiempo? —Un mes —dijo Cath—. Más o menos. Un poco más. No lo sé. —¿Cuántos años tiene? —Veintiuno. —Parece mayor… —Es el cabello. Su padre asintió. —Parece simpático. —Es el mejor —dijo Cath, tan sincera como le fue posible, esperando que él le creyera—. Es un buen chico, lo juro. —No sabía que habías roto con Abel. Después de que los platos estuvieron hechos —Cath los secó— ella y Levi iban a ver una película, pero su padre se estremeció cuando empezó a mover sus papeles del sofá. —¿Ustedes chicos no tienen en mente ver televisión arriba? Lo prometo, Cath, soy todo tuyo mañana. Yo solo. —Claro —dijo ella—. No demasiado tarde, ¿de acuerdo? Él sonrió, pero cuando ella se la iba a devolver, ya estaba de regreso en su cuaderno. Cath miró a Levi y con un movimiento de cabeza le indicó que subieran las escaleras. Ella lo sintió detrás suyo, conteniendo el estómago todo el camino. Cuando llegaron a la cima, Levi tocó la parte posterior de su brazo, y ella se alejó de él, hacia su dormitorio. Parecía la habitación de una niña, ahora que se lo estaba imaginando a través de sus ojos. Era grande, con techo inclinado, alfombra color rosa profundo, y a juego, dos camas a cada lado, con edredón color crema. Cada centímetro de las paredes y techos estaban cubiertos por posters y fotografías; ella y Wren nunca quitaron las cosas a medida que envejecían. Ponían cosas nuevas. Estilo Shabby Simon Snow. Cuando Cath miró a Levi, sus ojos brillaban, se mordía el labio inferior. Ella lo empujó y él se echó a reír.

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—Esta es la cosa más adorable que jamás he visto —dijo él. Ella suspiró. —Está bien… —No, en serio. Siento que esta habitación debe ser conservada para que la gente del futuro vea como eran los adolescentes del siglo veintiuno. —Lo entiendo. —Oh Dios —dijo Levi, sin dejar de reír—. No puedo soportarlo. — Empezó a caminar de vuelta a las escaleras, y luego, después de un segundo, se acercó de nuevo y volvió a estallar en carcajadas. —Está bien —dijo Cath, acercándose a su cama y sentándose para apoyarse en la cabecera. Su edredón era rosa y verde pálido. Tenía fundas de Simon Snow. Había un móvil Sanrio encima de su cabeza, como un atrapa sueños. Levi se acercó a la cama y se sentó en el medio. —Te ves tan deslumbrantemente linda en estos momentos, que siento que debo hacer un agujero en un trozo de papel solo para verte. Ella rodó los ojos, y Levi empujó sus pies, para poner sus piernas a través de los tobillos. —Todavía no puedo creer que tu padre me envió a tu habitación la primera vez que me conoce. Lo único que él sabe sobre mí es que te llevé afuera en una tormenta de nieve. —Él es así —dijo Cath—. Nunca nos ha mantenido atadas a una correa —¿Nunca? ¿Ni siquiera cuando eran niñas? —Nop. —Negó con la cabeza—. Confía en nosotras. Además, tú lo viste, su mente divaga. —Bueno, cuando conozcas a mis padres, no esperes que mi madre nos pierda de vista. —Apuesto a que Reagan amaría eso. Los ojos de Levi se ampliaron. —No hay un amor perdido entre mi madre y Reagan, créeme. La hermana mayor de Reagan quedó embarazada en su último año, y mi mamá estaba bastante segura de que esto se propagó en las familias. Tenía un círculo de oración por nosotros. Cuando se enteró de que rompimos, en realidad elevó sus manos al cielo. Cath sonrió incómoda y tiró una almohada a su regazo, cogiendo la tela. —¿Te molesta cuando hablo de Reagan? —preguntó. —Yo soy quién la trajo a colación.

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—¿Cierto? —Un poco —dijo Cath—. Cuéntame más de tu madre. —Por fin consigo tenerte en una habitación, y ahora estamos hablando de mi ex novia y mi madre. Cath le sonrió a la almohada. —Bueno... —dijo—. Mi mamá creció en un rancho. Acomodada. Ella es activa en su iglesia. —¿Qué? —Bautista. —¿Cómo se llama? —Marlisse —dijo—. ¿Cómo se llama tu madre? —Laura. —¿Cómo es ella? Elevó sus cejas y se encogió de hombros. —Fue una artista. Quiero decir, quizás aún lo es. Ella y mi padre se conocieron en una agencia publicitaria fuera de la universidad. —Llevó una de sus rodillas contra las de ella—. Y... Cath suspiró. —Y ella no quería casarse o embarazarse ni nada por el estilo. Ni siquiera estaban saliendo en serio, ella estaba intentando conseguir un trabajo en Minneapolis o Chicago... Pero se quedó embarazada... Creo que corría en su familia también, hubo generaciones de embarazos... así que se casaron. —Cath levantó la mirada hacia él—. Y fue un desastre. Ella no quería un bebé, por lo que dos fue una desagradable sorpresa. —¿Cómo sabes todo eso? ¿Te lo dijo tu papá? —Ella nos lo dijo. Pensó que debemos saber quién era realmente y cómo había terminado en tan lamentable situación, supongo que no íbamos a cometer los mismos errores. —¿Esperaba que aprendieras? —No lo sé —dijo Cath—. ¿Mantenerme alejada de los hombres? Quizás solo "Usa condón". O "Mantenerse alejada de los hombres que no saben cómo funciona un condón". —Me estás haciendo apreciar el círculo de oración. Cath rió con un medio suspiro.

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—¿Cuándo se fue? —preguntó. Él ya sabía que su madre se había ido. Cath le había dicho una vez, en una forma que hizo saber que no quería entrar en detalles. Pero ahora... —Cuando teníamos ocho años —dijo ella. —¿La has visto de nuevo? —No. —Cath lo miró—. No creo que nadie la vuelva a ver regresar. Quiero decir, cuando eres un niño, no esperas que tu madre se largue, no importa por qué, ¿sabes? Incluso si piensas que no le agradas. —Estoy seguro de que le gustas. —Se marchó —dijo Cath—. Y nunca regresó. ¿Quién hace eso? —No lo sé... Alguien a quien le falta una tuerca. Cath sintió lágrimas en sus ojos, e intentó parpadearlas fuera. —¿La extrañas? —preguntó Levi. —No —dijo Cath, en voz baja—. No me podría importar menos ella. Echo de menos a Wren. Levi estiró sus piernas de vuelta y se inclinó hacia delante, subiendo a la cama de Cath hasta que estuvo sentado junto a ella. Pasó el brazo por sus hombros y la atrajo hacia su pecho. —¿Estás bien? Ella asintió y se apoyó en él con vacilación, como si no estuviera segura de cómo encajar. El trazó círculos en su hombro con su pulgar. —Sabes —dijo—. Sigo queriendo decir Simon Snow vomitó aquí... Pero es más como que alguien comió Simon Snow... Como que alguien fue a todo-lo-que-pueda-comer en el buffet Simon Snow y luego vomitó aquí. Cath rió. —Me gusta. —Nunca dije que no me gustara.

Mientras estaban hablando, era fácil. Y Levi siempre estaba hablando. Le habló de 4-H. —¿Qué representan las H?

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—La cabeza, el corazón, las manos, la salud. ¿No tienen 4-H41 en el sur de Omaha? —Lo hacen, pero es sinónimo de fuerza, hip hop y Amigo-no juegoeso. —Bueno, siento escuchar eso. Te perdiste un montón de cunicultura competitiva. —¿Criaste conejos? —Conejos ganadores de premios —dijo—. Y un año, una cerda. —Es como si hubieras crecido en un planeta diferente. —Cabeza, corazón, manos, salud... Eso es realmente muy bonito, ¿no te parece? —¿Hay fotos de ti en algún lugar con conejos? —Y cintas azules —dijo. —Podría tener que hacer una cámara estenopeica solo para mirarlos. —¿Es una broma? Era tan lindo, tendrías que usar gafas especiales. Oh, eh, acabo de recordar la promesa del 4-H... "Prometo mi cabeza para pensamientos más claros, mi corazón a una mayor lealtad, mis manos para un servicio más grande, y mi salud para vivir mejor, para mi club, mi comunidad, mi país y mi mundo.‖ Cath cerró los ojos. —¿Dónde están esas gafas? Luego él le dijo sobre la feria... más conejos, más cerdas, más un año de importantes decisiones sobre brownies... Y le mostró a ella fotos de sus cuatro hermanas rubias, en su teléfono. Cath no podía llevar un registro de sus nombres. Todos eran de la Biblia. —Antiguo Testamento —dijo Levi. Una de ellas tenía la edad de Cath, y otra todavía estaba en el instituto. —¿No te asusta? —¿Qué? —¿Salir con alguien tan joven como tu hermana pequeña? —Salir con mi hermana pequeña me asustaría. —Sigo siendo una adolescente. Se encogió de hombros. —Tú eres legal. 41

4-H: Head, heart, hands, health. (Cabeza, corazón, manos y salud)

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Ella le empujó. —Cath, solo soy dos años y medio mayor que tú. —Años universitarios —dijo—. Eso es como una década. Él rodó sus ojos. —Mi padre pensó que tenías treinta. Echó hacia atrás su barbilla. —No lo hizo... ¿En serio? Ella rió. —No. Levi vio que ella tenía, ¿Adivina la escena de Simon? insistió en que jugaran. Cath pensó en hacerle papilla, pero su memoria estaba loca, y todas las preguntas eran de películas, no de libros. —Es una pena que no haya preguntas sobre subtexto homosexual — dijo Levi—. Quiero que me hagas una cinta azul cuando gane esto. A medianoche, Cath comenzó a pensar en su padre que estaba en la planta baja y que realmente debía dormir poco. —¿Estás cansado? —le preguntó a Levi. —¿Monto mi propia tienda? —Se llama dosel, y no. Tienes tu propio sofá. Si le digo a mi papá que estás cansado, se va a obligar a dejar de trabajar. Levi asintió. —¿Necesitas pijamas o algo? —Puedo dormir con la ropa puesta. No es más que una noche. Ella encontró un cepillo de dientes de sobra para él, sacó una sábana limpia, y agarró una de sus almohadas. Cuando llegaron abajo, los papeles se habían multiplicado... Pero su padre valientemente había despejado el sofá y besó a Cath en la frente. Ella le hizo prometer no seguir trabajando en su habitación. —No hagas esto en frente de la compañía. —Cath preparó el sofá, y cuando Levi salió del baño, con la cara y la parte delantera del cabello húmedo, ella le tendió la almohada. Él se sentó en el sofá y le sonrió. —¿Necesitas algo más? —preguntó. Él negó con la cabeza. Cath dio un paso hacia atrás y él le agarró la mano. Ella recorrió con sus dedos la palma de él, alejándose. —Buenas noches —dijo ella. —Buenas noches, cariño.

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Cath se despertó a las tres, con la mente muy clara y su corazón latiendo demasiado rápido. Se acercó de puntillas a las escaleras, pero sabía que todavía crujirían. Caminó por la cocina, se aseguró de que la estufa estuviera apagada, que la puerta trasera estuviera cerrada, que todo estaba bien... La puerta de su padre está abierta; ella estuvo en la entrada hasta que pudo escucharlo respirar. Entonces caminó lo más silenciosamente que pudo hasta el sofá. La puerta principal estaba cerrada con llave. Las cortinas sin echar. Una máquina quitanieves se arrastraba por su calle. Cuando se dio la vuelta, Levi se había incorporado sobre su codo y la estaba mirando. Se había quitado el suéter y llevaba una camiseta blanca. Su pelo era un lío, y sus labios y ojos estaban de sueño. Cabeza, corazón, manos... —¿Qué pasa? —susurró. Cath sacudió su cabeza y se apresuró a subir las escaleras.

Levi tuvo que salir antes del desayuno, tenía que llegar a Starbucks. Jim Flowers, el meteorólogo favorito de su padre, dijo que las carreteras estaban mucho mejor, pero que todo el mundo debía "Tomar las cosas con calma". Su padre dijo que debía llevar a Cath de regreso a la escuela el domingo, pero Levi miró al nevado Honda y dijo que no habría problema para regresar. —Así que... —dijo su padre. Estaban de pie en el porche, mirando la camioneta de Levi doblar la esquina—. Ese es tu nuevo novio. Asintió. —¿Todavía muriendo por regresar a casa? ¿Transferirte a UNO? ¿Gastar tu vida cuidando de tu padre mentalmente inestable? Cath pasó junto a él dentro de la sala de estar. —¿Desayuno?

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Fue un buen fin de semana. Cinco mil palabras de Carry On. Tacos de pescado con rábano y repollo rallado. Sólo dos conversaciones más sobre Wren. Y el domingo por la tarde Levi la llevó de regreso, llevándola dos pasos por delante a la vez. El Humdrum recuperó una pequeña bola roja en su mano. Simon había llevado la bola a todas partes, por lo menos un año. La había perdido cuando llegó a Watford... No la había necesitado más. —Estás mintiendo —dijo Simon—. Tú no eres yo. No eres parte de mí. —Soy lo que queda de ti —dijo el Humdrum. Y Simon juraría que su voz nunca fue tan alta y tan dulce. —Del capítulo 23, Simon Snow y el Séptimo Roble, 2010 Copyright © 2010 by Gemma T. Leslie

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28 Traducido por Mar Winston & Zafiro Corregido por Marie.Ang

304 —Dios, Cather, si necesitas un descanso, sólo dime. Levi se encontraba acostado sobre su cama, y le acababa de decir que se iba a casa por unos días por la fiesta de cumpleaños de su hermana, y en vez de contestarle Te extrañaré o Diviértete, Cath dijo: — Oh, eso es perfecto. —No fue eso lo que quise decir —se disculpó—. Es solo que mi papá irá a Tulsa este fin de semanas así que no me necesitará. Y si tú irás a casa, no me necesitarás, y eso significa que tengo todo el fin de semana para escribir. Estoy tan atrasada con Carry On… Tan atrasada. Y tan fuera de ritmo. Si no trabajaba en su historia aunque fuera un poco todos los días, Cath perdía el hilo, el ímpetu. Terminaba escribiendo largas conversaciones que no llegaban a ningún lado, o escenas donde Baz y Simon memorizaban los planos del rostro del otro. (Estas escenas eran extrañamente populares con los comentaristas, pero a la larga no ayudaban a la historia). —Aun así te necesitaría —dijo Levi, bromeando. A esto le siguió una larga conversación que no llegaba a ninguna parte mientras la cual ella intentó memorizar los planos de su rostro. (Era más difícil de lo que imaginarías, estos cambiaban constantemente.) Casi lo había besado entonces… Casi lo había besado de nuevo esa tarde cuando él se detuvo en su dormitorio para despedirse en su salida de la ciudad. Cath estuvo de pie en la acera, y Levi se había inclinado fuera de la cabina de su camioneta, y hubiera sido tan fácil simplemente encontrarlo a medio camino. Hubiese sido seguro también, porque él se encontraba atrapado en el camión y también estaba yendo fuera de la ciudad. Así que no habría efecto cascada. Ningún una-cosa-llevó-a-la otra. Nada más.


Si Cath lo hubiera besado, si le hubiera dejado saber a Levi que podía besarla, ella no estaría viviendo del casi beso desde noviembre… Habían pasado seis horas desde que Levi se marchó a Arnold, y Cath ya había escrito dos mil palabras de Simon. Había progresado tanto esa noche, que estaba pensando tomarse un descanso mañana y comenzar con su tarea de Escritura de Ficción, tal vez podría incluso terminarla. Sería increíble contarle a Levi que había terminado cuando volviera a casa el domingo. Cath se encontraba inclinándose hacia atrás en su silla, estirando los brazos cuando la puerta se abrió de golpe y Reagan irrumpió en la habitación. (Cath ni siquiera saltó). —Bien, miren a quién tenemos aquí —dijo Reagan—. Acompañada por su soledad. ¿No deberías estar en algún lugar uniéndote con el orgullo de Arnold? —Fue a casa por el cumpleaños de su hermana. —Lo sé. —Reagan caminó hasta su closet y se detuvo allí, deliberando—. Intentó convencerme a ir con él. El chico es alérgico a la soledad. —Intentó que fuera con él, también —dijo Cath. —¿Dónde hubieses dormido? —No lo había resuelto todavía. —Já —dijo Reagan, aflojando su corbata de Olive Garden—. Volvería a Arnold por eso. Para verte conocer a Marlisse. —¿De verdad es tan mala? —Probablemente ya no lo sea. Yo la domé para ti… —Reagan tiró de su camisa abotonada blanca y tomó un suéter negro. Su sujetador era de un púrpura brillante. Eso. Eso era exactamente el tipo de cosas que se metía en la cabeza de Cath y le impedía besar a Levi. Llegar a ver la ropa interior tecnicolor de su ex-novia. Saber exactamente quién lo había domado. Si sólo a Cath no le cayera tan bien Reagan… Reagan cruzó hacia el lado de Cath de la habitación, inclinándose y pegando su coronilla al rostro de Cath. —¿Mi pelo huele a pan de ajo? Cath tomó un respiro cauteloso. —No es desagradable. —Maldita sea —dijo Reagan, poniéndose de pie—. No tengo tiempo para lavarlo. —Sacudió el pelo frente al espejo de la puerta y cogió el bolso—. Está bien —dijo—, a menos que algo vaya muy mal, deberías tener la habitación toda para ti esta noche. No hagas nada que yo no haría.

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—No lo he hecho hasta ahora —dijo Cath secamente. Reagan resopló y se marchó. Cath le frunció el ceño a la puerta. No estés celosa. Ya había una regla sobre esto, pero Cath debía inventar otra, sólo para ella: No te compares con Reagan. Es como comparar manzanas y… pomelos. Cuando su teléfono sonó unos minutos más tarde, Cath sacudió el último de sus sentimientos que la ponían verde y sonrió. Se suponía que Levi la llamaría antes de ir a la cama. Cogió el teléfono y estaba a punto de responder cuando vio el nombre de Wren en la pantalla. WREN. Ella y Wren no habían hablado —ni siquiera se habían enviado mensajes de texto— desde las vacaciones de Navidad. Hacía casi tres meses. ¿Por qué llamaba ahora Wren? Tal vez fue un error. Tal vez fuera sólo otra C equivocada. Cath sostuvo el teléfono en la palma de su mano y lo miró fijamente, como si estuviera esperando una explicación. El teléfono dejó de sonar. Cath continuó observándolo. Comenzó de nuevo. WREN. Cath presionó Aceptar y sostuvo el teléfono en su oreja. —¿Hola? —¿Hola? —No era la voz de Wren—. ¿Cather? —¿Sí? —Gracias a Dios. Es... tú mamá. Tú mamá. Cath alejó su oído. —¿Cather? —Sí —dijo Cath débilmente. —Estoy en el hospital con Wren. Tu mamá. Cather. Wren. —¿Por qué? ¿Está bien? —Ella ha bebido demasiado. Alguien, honestamente no sé nada, alguien la dejó aquí. Pensé que tal vez tú sabrías. —No —dijo Cath—, no lo sé. Ya voy. ¿Estás en el hospital? —St. Elizabeth. Llamé a tu padre ya, está volando de regreso. —Bien —dijo Cath—. Estoy yendo.

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—Está bien —dijo Laura. Tu mamá—. Bueno. Cath asintió, todavía con el teléfono en la oreja y luego lo dejó caer sobre su regazo y colgó.

Reagan volvió por ella. Cath había intentado llamar a Levi primero — no porque pensaba que podía ayudar, estaba a cuatro horas de distancia— pero quería hablar con alguien. (El tipo de conversación "etiquetado". Del tipo que significa seguridad). Levi no respondió, por lo que le envió un texto escueto, “Wren está en el hospital”, luego llamó a su padre. Él tampoco respondió. Reagan sabía dónde estaba St. Elizabeth y dejó a Cath en la puerta delantera. —¿Necesitas compañía? —No —dijo Cath, con la esperanza de que Reagan viera través de ella. Reagan no lo hizo. Ella se alejó y Cath se detuvo un momento en la puerta giratoria, sintiendo como si no pudiera empujarla. El hospital estaba casi cerrado durante la noche. La recepción estaba vacía y los ascensores principales se encontraban apagados. Cath finalmente se dirigió a la sala de emergencias. Un empleado le dijo que Wren se encontraba arriba, y la envió por otro pasillo vacío. Eventualmente, salió por un ascensor en el sexto piso, sin saber qué estaba buscando. Cuando intentó imaginarse a Laura, todo lo que Cath podía recordar era cómo lucía en sus fotos familiares. Pelo castaño largo, grandes ojos marrones. Anillos de plata. Vaqueros desteñidos. En un simple vestido amarillo en su día de la boda, su panza comenzando a notarse. Esa mujer no estaba aquí. La sala de espera estaba vacía a excepción de una mujer rubia sentada en un rincón, con los puños apretados en su regazo. Ella levantó la vista cuando Cath entró en la habitación. —¿Cather? Tomó unos segundos para que las líneas y los colores se mezclaran en un rostro que Cath pensó podría reconocer. En esos segundos, una parte de Cath corrió hacia la desconocida rubia, envolvió sus brazos alrededor de sus muslos y apretó la cara contra su estómago. Parte de Cath gritó. Tan fuerte como pudo. Y parte de ella prendió a todo el mundo fuego sólo para verlo quemarse.

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La mujer se puso de pie y dio un paso hacia Cath. Cath se detuvo. Laura pasó a su lado a la estación de enfermeras y dijo algo en voz baja. —¿Tú eres la hermana? —preguntó la enfermera, levantando la vista. Cath asintió. —Sólo necesitamos que conteste algunas preguntas. Cath hizo lo mejor que pudo: Ella no sabía lo que Wren había estado bebiendo. No sabía dónde había estado o con quién. Sentía que no podía responder todas las otras preguntas frente a un extraño —frente a Laura, que estaba allí de pie, observando el rostro de Cath como si estuviera tomando notas. Cath la miró, impotente, a la defensiva, y Laura caminó de vuelta al rincón. ¿Wren era una bebedora regular? Sí. ¿Solía beber hasta a la embriaguez? Sí. ¿Se había desmayado? Sí. ¿Utilizaba otras drogas? No sé. ¿Estaba tomando algún medicamento? Control de la natalidad. ¿Tiene una tarjeta de seguro? Sí. —¿Puedo verla? —preguntó Cath. —Todavía no —respondió la enfermera. —¿Está bien? —Yo no soy su enfermera. Sin embargo, el médico informó a su madre. Cath miró a Laura, a su madre, a esta triste mujer rubia con los ojos cansados y pantalones vaqueros muy caros. Fue a sentarse frente a ella, estabilizándose a sí misma. Esto no era una reunión, esto no era nada. Estaba aquí por Wren. —¿Está bien? Su madre levantó la vista. —Creo que sí. No ha despertado todavía. Alguien la dejó en la sala de emergencias hace unas horas, luego se marchó. Supongo que ella no respiraba... lo suficiente. Realmente no sé cómo funciona. Le están dando fluidos. Es cuestión de esperar ahora. Esperar. El cabello de Laura estaba cortado en un melena larga que colgaba como dos afiladas alas debajo de su barbilla. Llevaba una rígida camisa blanca y demasiados anillos en sus dedos. —¿Por qué te llamaron? —preguntó Cath. Tal vez era algo grosero de preguntar, pero no le importó.

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—Oh —dijo Laura. Rebuscó en un bolso Coach de color crema y sacó el teléfono de Wren, sosteniéndolo a través del pasillo. Cath lo tomó. —Buscaron en sus contactos —dijo Laura—. Dijeron que siempre llaman a la mamá en primer lugar. La mamá, pensó Cath. Cath marcó el número de su padre. Fue directamente al buzón de voz. Se levantó y caminó a unas pocas sillas de distancia, por medio metro de privacidad. —Papá, es Cath. Estoy en el hospital. Todavía no he visto a Wren. Te llamaré cuando sepa algo más. —Hablé con él antes —dijo Laura—. Está en Tulsa. —Lo sé —dijo Cath, mirando el teléfono—. ¿Por qué no me llamó él? —Yo... dije que lo haría. Él tenía que llamar a la aerolínea. Cath se sentó de nuevo, ya no justo al otro lado de Laura. No tenía nada más que decirle, y no había nada que quisiera oír. —Ustedes… —Laura se aclaró la garganta. Estaba empezando cada frase como si no tuviera aliento para terminarla—. …aún se ven tan parecidas. Cath levantó la cabeza para mirarla. Era como mirar a nadie en absoluto. Y entonces fue como mirar a la persona que esperabas ver reconfortándote cuando despertabas de una pesadilla. Cada vez que Levi había preguntado por su madre, Cath siempre dijo que no recordaba mucho. Y eso siempre había sido verdad. Pero ahora no lo era. Ahora, sentarse tan cerca de Laura abrió alguna secreta y mediana puerta en el cerebro de Cath. Y podía ver a su madre, con un enfoque perfecto, sentada en el otro lado de su mesa de comedor. Estaba riendo de algo que Wren había dicho —así que Wren lo repetía, y su madre seguía riendo. Reía por la nariz. Su cabello era oscuro, y metía marcadores en su cola de caballo, para así poder dibujar cualquier cosa. Una flor. Un caballito de mar. Un unicornio. Y cuando estaba irritada, los hacía chasquear. Chasqueaba los dedos. Chasquido, chasquido, chasquido, mientras hablaba por teléfono. Las cejas severas, mostrando los dientes. "Shhh." Estaba en la habitación con su padre, gritando. En el zoológico, ayudando a Wren en la persecución de un pavo real. Estaba desplegando la masa para las galletas de jengibre. En el teléfono, chasqueando. En el dormitorio, gritando. De pie en el porche, metiendo el

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cabello de Cath detrás de las orejas una y otra vez, acariciando su mejilla con un largo y plano pulgar, y haciendo promesas que no iba a cumplir. —Somos gemelas —dijo Cath. Porque era la cosa más estúpida que se le ocurrió decir. Porque eso es lo que "ustedes aún se ven tan parecidas" merecía cuando su madre era quien lo decía. Cath sacó su teléfono y envió un mensaje a Levi. “En el hospital ahora, todavía no he visto a Wren. Intoxicación por alcohol. Mi madre está aquí. Te llamaré mañana.” Y entonces envió otro: “Estoy feliz de que estés por ahí leyendo esto, eventualmente leyendo esto, me hace sentir mejor.” Su indicador de la batería se puso rojo. Laura también sacó su teléfono. (¿Por qué estaba Cath llamándola así? Cuando era una niña, Cath ni siquiera había sabido el nombre de su madre. Su padre la llamaba "cariño" —un forzado, tenso y cuidadoso— "cariño", y su madre lo llamaba "Art.") Laura estaba enviando mensajes de texto a alguien, probablemente a su marido, y por alguna razón eso le molestó. Que estuviera enviando mensajes de texto a alguien en este momento. Que estuviera haciendo alarde de su nueva vida. Cath se cruzó de brazos y miró la estación de enfermeras. Cuando sintió las lágrimas viniendo, se dijo que eran por Wren, y seguramente algunas lo eran. Esperaron. Y esperaron. Pero no juntas. Laura se levantó para ir al baño una vez. Caminaba como Wren, balanceando las caderas, apartándose el cabello lejos de la cara. — ¿Quieres un café? —preguntó. —No, gracias —dijo Cath. Mientras Laura estaba lejos, Cath intentó llamar a su padre otra vez. Si contestaba el teléfono, estaba segura de que lloraría un poco más, incluso podría llamarlo "papi." No contestó. Laura trajo una botella de agua y la puso sobre la mesa junto a Cath. Cath no la abrió. Las enfermeras las ignoraron. Laura hojeó una revista. Cuando el médico salió a la sala de espera, ambas se levantaron. —¿Sra. Avery? —dijo, mirando a la madre de Cath. —¿Cómo está? —dijo Laura, lo que Cath pensó que era una ágil respuesta.

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—Creo que va a estar bien —dijo el médico—. Su respiración es buena. Su oxígeno es bueno. Está absorbiendo los fluidos, y despertó un poco para hablarme hace unos minutos. Creo que esto sólo va a ser un susto.... A veces un susto puede ser de gran valor. —¿Puedo verla? —preguntó Cath. El médico miró hacia Cath. Casi podía oírlo pensar gemelas. —Sí — dijo—. Eso debería estar bien. Estamos realizando otra prueba. Tendré a la enfermera viniendo por ti cuando hayamos terminado. Cath asintió y cruzó los brazos otra vez alrededor de su estómago. —Gracias —dijo Laura. Cath volvió a su silla a esperar. Pero Laura se quedó allí junto a la estación de enfermeras. Después de un minuto, regresó a su silla y recogió su bolso Coach, metiendo un pañuelito usado en un bolsillo y nerviosamente suavizando las correas de cuero. —Bueno —dijo—. Creo que voy a volver a casa. —¿Qué? —La cabeza de Cath se levantó. —Debería irme —dijo Laura—. Tu padre estará aquí pronto. —Pero… no puedes. Laura deslizó su bolso a lo largo de su brazo. —Oíste al médico —dijo Cath—. Vamos a poder verla en pocos minutos. —Tú vas a verla —dijo Laura—. Deberías ir. —Deberías venir, también. —¿Es eso lo que realmente quieres? —La voz de Laura era cortante, y parte de Cath retrocedió. —Es lo que Wren querría. —No estés tan segura —dijo Laura, sonando cansada otra vez, pellizcando el puente de su nariz—. Mira... no debería estar aquí. Fue una casualidad que me llamaran. Ahora estás aquí, tu padre está en camino… —Simplemente no dejas a alguien solo en el hospital —dijo Cath. Salió ardiente. —Wren no está sola —dijo Laura con severidad—. Te tiene. Cath se puso de pie de un salto y se balanceó allí. No Wren, pensó. No quise decir Wren. Laura tiró las correas del bolso más arriba. —Cather…

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—No puedes irte así… —Es lo correcto de hacer —dijo Laura, bajando la voz. —¿En qué universo paralelo? —Cath sintió la furia estallar por su garganta como un corcho apareciendo—. ¿Qué clase de madre se va del hospital sin ver a su hija? ¿Qué clase de madre abandona? Wren está inconsciente, y si crees que no tiene nada que ver contigo, estás echando un vistazo a la superficie de la realidad, y estoy aquí, y ni siquiera me has visto en diez años, y, ¿ahora te vas? ¿Ahora? —No hagas esto sobre mí —siseó Laura—. Es obvio que no me quieres aquí. —Lo estoy haciendo sobre mí —dijo Cath—. No es mi trabajo quererte o no. No es mi trabajo ganarte. —Cather. —La boca y los puños de Laura estaban apretados—. Las he contactado. He tratado. —Eres mi madre —dijo Cath. Sus puños estaban aún más apretados—. Esfuérzate más. —Este no es el momento ni el lugar para esto —dijo Laura en voz baja, constantemente, tirando de su bolso—. Hablaré con Wren después. También me encantaría hablar contigo después. Me encantaría hablar contigo, Cather, pero no pertenezco a este lugar en este momento. Cath sacudió la cabeza. —Ahora es todo lo que obtienes — escupió, deseando poder tener más sentido. Deseo de más palabras, o mejores—. Ahora es todo lo que tienes. Laura levantó la barbilla y se apartó el cabello lejos de su cara. No escuchaba ya. Era la indiferente. —No pertenezco aquí —dijo de nuevo—. No voy a interferir de esta manera. Y luego se fue. Hombros, espalda, caderas balanceándose. Tendría que decirle al Mago lo que vio. Por fin he visto al Humdrum, señor. Sé por lo que luchamos, por mí. —Lo que queda de ti —había dicho el monstruo. ¿Qué queda de mí? Se preguntó Simon. ¿Un fantasma? ¿Un agujero? ¿Un eco? ¿Un pequeño ni��o enojado con nerviosas manos? —Del capítulo 24, Simon Snow y el Séptimo Roble

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Copyright Š 2010 por Gemma T. Leslie

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29 Traducido por Francisca Abdo Arias Corregido por gabihhbelieber

314 Pasó una hora antes de que la enfermera regresara. Cath bebió su agua embotellada y se limpió la cara en la camiseta. Pensó en lo mejor que era esta sala de espera que la de St. Richard. Trató de meterse en su teléfono, pero su batería estaba muerta. Cuando la enfermera salió, Cath se levantó. —¿Estás aquí por Wren Avery? Cath asintió. —Puedes entrar ahora. ¿Quieres esperar por tu mamá? Ella negó con la cabeza. *** Wren estaba en una habitación, sola. Estaba oscuro y sus ojos estaban cerrados. Cath no podía decir si estaba durmiendo. —¿Tengo que vigilar algo? —preguntó a la enfermera. —No, solo está descansando ahora. —Nuestro padre no tardará en llegar —dijo Cath. —Está bien. Lo traeremos acá. Cath se sentó lentamente, en silencio, en la silla junto a la cama de Wren. Lucía pálida. Tenía una mancha oscura, tal vez un golpe, en su mejilla. Su cabello estaba más largo de lo que estaba en Navidad, colgando sobre sus ojos y ondulándose en su cuello. Cath lo apartó. —Estoy despierta, ¿sabes? —susurró Wren. —¿Todavía estás borracha? —Un poco. Confusa. Cath escondió el cabello de Wren de nuevo en un gesto tranquilizador. Tranquilizador para ella, de todos modos. —¿Qué pasó?


—No me acuerdo. —¿Quién te trajo? Wren se encogió de hombros. Había una vía intravenosa en su brazo y algo pegado en su dedo índice. De cerca, olía como a vómito. Y como a Wren, como a Tide y Marc Jacobs Lola. —¿Estás bien? —Confusa —dijo ella—. Enferma. —Papá está en camino. Wren gruñó. Cath cruzó sus brazos en el borde de la cama y apoyó su cabeza abajo, exhalando. —Me alegro de que te trajeran —dijo—. Quien sea que te trajo. Yo… lo siento. Que no estaba allí, que no me quisiera allí, que no habría sabido como detenerte de todos modos. Ahora que estaba con Wren y ella estaba bien, Cath se dio cuenta de lo agotada que estaba. Empujó sus gafas en el bolsillo del abrigo y apoyó su cabeza de nuevo abajo. Estaba a la deriva —o tal vez acababa de estar a la deriva— cuando escuchó a Wren gemir. Levantó la cabeza. Wren estaba llorando. Sus ojos estaban cerrados y las lágrimas corrían por entre su pelo. Cath casi podía sentir el cosquilleo. —¿Qué pasa? Wren negó. Cath limpió sus lágrimas con sus dedos y limpió sus dedos en su camiseta. —¿Debería llamar a la enfermera? Wren negó con la cabeza de nuevo y empezó a temblar en la cama. —Aquí —dijo, haciendo espacio. —¿Estás segura? —preguntó Cath—. No quiero ser la razón de que te ahogues en tu propio vómito. —Nada queda —susurró Wren. Cath se quitó las botas y se subió encima de la barandilla, acostándose en el espacio que Wren había despejado para ella. Puso su brazo cuidadosamente bajo el cuello de Wren. —Aquí —dijo Cath. Wren se acurrucó contra ella con la cabeza en el hombro. Trató de desenredar los tubos alrededor del brazo de Wren, luego sostuvo su mano con fuerza. Estaba pegajosa. Los hombros de Wren todavía se sacudían. —Está bien —dijo Cath—. Está bien.

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Ella trató de no quedarse dormida hasta que Wren lo hiciera, pero estaba oscuro, y estaba cansada y todo se encontraba borroso.

—Oh, Dios —escuchó decir a su padre—. Oh, Wren. Nena. Cath abrió los ojos y su papá estaba inclinado sobre las dos, besando ambas frentes. Se sentó con cuidado. Los ojos de Wren estaban con costras e hinchados, pero abiertos. Su padre se paró detrás y le puso una mano en la mejilla a Wren. — Jesucristo —dijo, sacudiendo la cabeza—. Chica. Estaba vistiendo pantalones de vestir grises y una camisa azul claro, fuera del pantalón. Su corbata, naranja con destellos blancos, estaba saliendo y entrando de su bolsillo. Ropa de presentación, pensó Cath. Ella miró a sus ojos por costumbre. Estaban cansados y brillantes, pero despejados. Cath se sintió abrumada entonces, de repente, y a pesar de que este no era su espectáculo, se inclinó adelante y lo abrazó, presionando su cara contra su vieja camisa hasta que pudo oír su corazón latir. Su brazo se acercó, cálido, alrededor de ella. —Está bien —dijo con voz ronca. Cath sintió a Wren tomar su mano—. Está bien. —Su padre de nuevo—. Estamos bien ahora.

Wren no tenía que permanecer en el hospital. —Puedes dormir y beber agua en casa —dijo el doctor. Verdadera casa. Omaha. —Te vienes conmigo —dijo su padre y Wren no discutió. —Yo también voy —dijo Cath y él asintió. Una enfermera sacó la vía intravenosa de Wren y Cath la ayudó en el baño, acariciando su espalda mientras ella lo dejaba salir en el fregadero. Luego Cath la ayudó a lavarse la cara y a cambiarse la ropa — pantalones vaqueros y una camiseta. —¿Dónde está tu abrigo? —preguntó su papá. Wren solo se encogió de hombros. Cath se quitó su cárdigan y se lo pasó.

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—Huele a sudor —dijo Wren. —Va a ser mejor olor que el tuyo —respondió Cath. Luego tuvieron que esperar por el papeleo de Wren. La enfermera preguntó si ella quería hablar con un especialista en adicciones. Wren dijo que no. Su padre sólo frunció el ceño. —¿Has comido algo? —le preguntó Cath. Él bostezó. —Conduciremos a alguna parte. —Yo conduzco —dijo Cath. Su padre había tratado de conseguir un vuelo fuera de Tulsa la noche anterior, pero no había ninguno hasta esta tarde, así que terminó rentando un coche —Kelly le dio la Visa de la agencia— y conduciendo por siete horas. La enfermera volvió con papeles de alta y le dijo a Wren que tendría que dejar el hospital en silla de ruedas. —Es la política. Wren se quejó, pero su papá se paró detrás de la silla de ruedas y dijo: —¿Quieres quejarte o quieres ir a casa? Cuando la enfermera los dejó en la sala de espera, Cath sintió a su estómago saltar y se dio cuenta que estaba medio esperando ver a Laura todavía sentada ahí. Ni soñarlo, pensó Cath. Las puertas se abrieron y Wren hizo un pequeño sonido jadeante. Por un segundo Cath pensó que quizás Laura estaba todavía ahí. O tal vez Wren estaba tratando de vomitar de nuevo. Había un chico sentado en la sala de espera con la cabeza entre sus manos. Él escuchó el jadeo de Wren y miró arriba, luego se paró y Wren estaba fuera de su silla de ruedas, arrastrando los pies hacia él. Él la tomó en sus brazos y enterró su cabeza dentro de su cabello vomitado. Era el tipo grande de Muggsy´s. El tipo que lanzó puñetazos. Cath no podía recordar su nombre. Javier. Julio… —¿Quién es? —preguntó su papá. —Jandro —dijo Cath. —Ah —dijo él, mirándolos abrazarse—. Jandro. —Si… —Cath esperó que no fuera Jandro quien llevó a Wren a la sala de emergencias, y luego la dejó sola. Esperó que él no supiera nada acerca del golpe en su mejilla. —Hola —dijo alguien, y Cath se hizo a un lado, dándose cuenta de que estaba en el medio del pasillo—. Hey —dijo de nuevo.

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Miró arriba, y a la cara sonriente de Levi. —Hola —dijo, y eso casi vino con un signo de exclamación—. ¿Qué estás haciendo aquí? —Recibí tu mensaje, te envié uno de vuelta. —Mi teléfono está muerto. —Cath miró a los ojos arrugados de Levi y a su sonrisa de alivio, tratando de traerlo a todo. Él estaba sosteniendo dos tazas de café y una banana en el bolsillo de su camisa de franela. —¿Señor Avery? —dijo, sosteniendo una taza de café—. Esta era para Jandro, pero parece que está recuperado. Su papá tomó el café. —Gracias. Levi. —Levi —repitió Cath y sabía que estaba a punto de llorar—. No tenías que venir. Él hizo un puño flojo y golpeó suavemente la parte inferior de su barbilla, tomando medio paso hacia ella. —Sí, tenía. Cath trató de no sonreír, pero terminó sonriendo tan ampliamente, que los oídos casi le estallaron. —Ellos no me dejaron entrar —dijo él—. O a Jandro. Sólo familia inmediata. Cath asintió. —¿Está tu hermana bien? —Sí. Con resaca. Avergonzada… Ahora vamos a volver a Omaha, los tres. —¿Estás bien? —Sí. Sí. —Ella alcanzó su mano y la apretó—. Gracias —dijo. —Ni siquiera sabías que estaba aquí. —Lo sé ahora, y voy a aplicar esos sentimientos de vuelta. Gracias… ¿Te perdiste la fiesta de cumpleaños de tu hermana? —No, es mañana después de la iglesia. Voy a tomar una siesta y volver hacia allá, a menos que necesites algo. —No. —¿Tienes hambre? Cath rió. —¿Estás a punto de ofrecerme una banana? —Estoy a punto de ofrecerte la mitad de una banana —dijo Levi, dejando ir su mano. Le dio a ella el café y sacó la banana de su bolsillo, pelándola. Cath miró a Wren. Ella estaba presentando a Jandro a su papá.

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Wren lucía como el infierno, pero Jandro la estaba viendo como si fuera la Dama del Lago. Levi le ofreció la mitad de la banana y ella la tomó—. Aplausos —dijo, golpeando su mano con la de ella. Cath se comió la banana y se aferró a su mirada. —Te doy la luna en este momento —dijo. Los ojos de Levi brillaron con alegría, y subió una ceja. —Sí, pero, ¿podrías partirla para mí?

319 Cath condujo a casa. Pasaron por McDonald‘s primero y su papá ordenó dos hamburguesas de pescado, y dijo que ninguna podía molestarlo al respecto. Wren hizo una mueca. —Ni siquiera me importa si es malo para el colesterol. Es el olor lo que me enferma. —Tal vez no deberías emborracharte a ti misma en un estupor malhumorado —dijo su padre. Y fue entonces cuando Cath se dio cuenta de que él no iba a pretender que nada estaba mal. Que no iba sólo a dejar a Wren en sus asuntos. Cath aplastó su hamburguesa de queso en el volante y era la única persona en la interestatal observando el límite de velocidad. Cuando llegaron a casa, Wren fue directo a tomarse una ducha. Su papá se quedó en la sala de estar, pareciendo perdido. —Tú vas luego —le dijo Cath—. No estoy tan grave. —Tenemos que hablar acerca de esto —dijo—. Esta noche. Quiero decir, no tú. No tienes que hacerlo. Wren y yo tenemos que hablar. Debería haberle hablado en Navidad, pero había tanto pasando. —Lo siento. —No lo hagas, Cath. —También es mi culpa. Lo escondí de ti. Él se quitó las gafas y se frotó la frente. —No es así. Yo vi lo que estaba haciendo… Pensé que ella, no lo sé, se autocorregiría. Que lo sacaría de su sistema. Su corbata había hecho su camino casi completamente de su bolsillo. —Deberías dormir —dijo Cath—. Toma una ducha, luego duerme.


Wren salió del baño vistiendo la bata de su padre y sonrió débilmente a ellos. Cath palmeó el brazo de su papá, luego siguió a Wren por las escaleras. Cuando Cath llegó a su habitación, Wren estaba de pie en su tocador, impacientemente hojeando un cajón casi vacío. —No tenemos pijamas. —Cálmate, Junie B. Jones —dijo Cath, caminando hacia su propio vestidor—. Toma. —Le dio a Wren una camiseta y un par de shorts que quedaron del gimnasio de la escuela. Wren se cambió y se subió a su cama. Cath se arrastró encima de la colcha a su lado. —Hueles como vómito —dijo Wren. —Tuyo —dijo Cath—. ¿Cómo te estás sintiendo? —Cansada. —Wren cerró sus ojos. Cath golpeó suavemente la frente de Wren. —¿Ese era tu novio? —Sí —susurró Wren—. Alejandro. —Alejandro —dijo Cath, respirando la j y soltando la r—. ¿Han estado saliendo desde el semestre pasado? —Sí. —¿Estabas con él la noche pasada? Wren negó con la cabeza. Lágrimas comenzaban a acumularse entre sus pestañas. —¿Con quién saliste? —Courtney. —¿Cómo te golpeaste la cara? —No lo recuerdo. —Pero no fue Alejandro. Los ojos de Wren volaron abiertos. —Dios, Cath. No. —Cerró sus ojos de nuevo y se estremeció—. Él probablemente va a terminar conmigo. Odia cuando me emborracho. Dice que es impropio. —No lucía como si fuera a terminar contigo esta mañana. Wren tomó un profundo y tembloroso suspiro. —No puedo pensar en eso ahora mismo. —No lo hagas —dijo Cath—. Duerme. Wren durmió. Cath bajó las escaleras. Su papá ya estaba dormido. Se saltó la ducha.

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Cath se sintió inexplicablemente tranquila. La última cosa que Levi le dijo, cuando se habían separado en el vestíbulo del hospital, fue: —Conecta tu teléfono. Así que Cath lo hizo. Luego empezó un poco de lavandería. —No podemos ser amigos —dijo Baz, pasándole a Simon la pelota. —¿Por qué no? —preguntó Simon, golpeando la pelota y dándole botes en su rodilla. —Porque ya somos enemigos. —No es como que tengamos que seguir de esa manera. No hay una regla. —Hay una regla —dijo Baz—. La hice yo mismo. No ser amigo de Snow. Él ya tiene muchos. —Sacó a Simon del camino y atrapó la pelota en su rodilla. —Eres desesperante —dijo Simon. —Bien. Estoy cumpliendo mi papel como tu némesis. —Tú no eres mi némesis. El Humdrum lo es. —Hmmm —dijo Baz, dejando caer la pelota y pateándosela a Simon—. Ya veremos, la historia aún no ha terminado. —De ―Baz, Te Gusta,‖ publicado en Septiembre 2008 por FanFixx.net autores Magicath y Wrenegade

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30 Traducido por Valentine Fitzgerald Corregido por Cami G.

322 —No tenemos que hablar de esto —dijo Wren. —Acabas de ser hospitalizada por intoxicación alcohólica —dijo su papá—. Vamos a hablar de esto. Cath puso en la mesa entre ellos unos burritos envueltos, entonces se sentó en la punta de la mesa. —No hay nada que decir —insistió Wren. Aún lucía terrible. Había círculos bajo sus ojos, y su piel estaba pálida y amarilla—. Solamente dirás que no debería beber tanto, y yo diré que tienes razón y… —No —la interrumpió su padre—, diré que no deberías beber en lo absoluto. —Bueno, eso no es muy realista. Golpeó la mesa con la mano hecha un puño. —¿Por qué demonios no? Wren se echó hacia atrás en su silla y se tomó un segundo para recuperarse. Él jamás había maldecido a cualquier de ellos. —Todos beben —respondió calmadamente. La Única Cuerda. —Tu hermana no lo hace. Wren rodó los ojos. —Discúlpame, pero no voy a pasar mis años universitarios sentada sosegadamente en mi habitación, escribiendo sobre magos homosexuales. —Objeción —dijo Cath, alcanzando un burrito. —Sostenida —respondió su papá—. Tu hermana tiene uno de cuatro puntos, Wren. Y un muy educado novio. Lo está haciendo bien con sus años universitarios. La cabeza de Wren se volteó bruscamente. —¿Tienes novio? —¿No has conocido a Levi? —su padre sonó impresionado… y triste—. ¿Están siquiera hablándose, chicas?


—¿Le robaste el novio a tu compañera de cuarto? —Los ojos de Wren estaban inmensos. —Es una larga historia —dijo Cath. Wren seguió mirándola. —¿Lo has besado? —Wren —dijo su padre—. Estoy siendo serio con esto. —¿Qué quieres que diga? Bebí demasiado. —Estás fuera de control —replicó él. —Estoy bien. Simplemente tengo dieciocho años. —Exacto —dijo él—. Vas a volver a casa. Cath casi escupió sus carnitas42. —No lo haré —replicó Wren. —Lo harás. —No puedes obligarme —alegó ella, haciendo un sonido de niña de doce años. —Puedo, en realidad. —Él golpeaba sus dedos tan fuerte contra la mesa que parecía doloroso—. Soy tu padre. Tengo un rango mayor. Debí haber hecho esto largo tiempo atrás, pero mejor tarde que nunca, supongo… Soy tu padre. —Papá —susurró Cath. —No —dijo él, mirando fijamente a Wren—. No dejaré que esto te ocurra a ti. No aceptaré esto más. No pasaré otro fin de semana desde ahora preguntándome dónde estas y con quién estás, y si estás suficiente sobria para saber si acabaste en un canal. Cath había visto a su padre así de enojado antes —oyéndolo vociferar, agitando los brazos, maldiciendo, humo saliendo de sus orejas—, pero nunca era sobre ellas. Nunca a ellas. —Esta fue una advertencia —prosiguió él, apuntando con el dedo a Wren, casi gritando—. Esto fue tu canario en la maldita mina de carbón. Y tú estás tratando de ignorarlo. ¿Qué clase de padre sería si te envío de vuelta a esa escuela, sabiendo que no has aprendido tu lección? —¡Tengo dieciocho! —gritó Wren. Cath pensó que quizás esa fue una mala estrategia. —¡No me importa! —gritó él de vuelta—. Sigues siendo mi hija. 42En

México, se le llama carnitas a las diferentes porciones del cerdo incluyendo carne que son fritas en manteca de cerdo.

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—Es mitad de semestre. Reprobaré todas mis clases. —No te preocupabas de tus estudios o tus clases cuando te intoxicabas con tequila. Ella sacudió la cabeza. —¿Cómo sabías que bebía tequila y no otra cosa? —Cristo, Wren —suspiró amargadamente—. Olías como si fueras una licuadora de margarita. —Aún hueles un poco —susurró Cath. Wren colocó sus codos sobre la mesa y su cara entre sus manos. — Todos beben —repitió tenazmente. Su padre empujó la silla hacia atrás. —Si eso es todo lo que tienes que decir a tu favor, entonces todo lo que tengo para decir es… Volverás a casa. Se puso de pie y entró a su habitación, cerrando con fuerza la puerta. Wren dejó caer su cabeza y sus manos sobre la mesa. Cath acercó su silla. —¿Quieres una aspirina? Wrent guardó silencio por unos segundos. —¿Por qué no estás enojada conmigo? —¿Por qué debería estar enojada? —preguntó Cath. —Has estado enojada conmigo desde Noviembre. Desde Julio. —Bueno, estoy bien ahora. ¿Te duele la cabeza? —¿Ya no lo estás? —Wren giró su cabeza en dirección a Cath, su mejilla pegada en la mesa. —Me asustaste anoche —respondió Cath—. Y decidí que nunca más quería estar tan lejos de ti otra vez. ¿Y si morías? ¿Y no te había hablado por tres meses? —No iba a morir. —Wren rodó sus ojos de nuevo. —Papá tiene razón —dijo Cath—. Suenas como una imbécil. Wren bajó la mirada, restregando su cara en su muñeca. —No dejaré de beber. ¿Por qué no?, quiso preguntar Cath, pero en cambio dijo: —Solo detente un tiempo, entonces. Por el resto del año. Solo muéstrale a papá que puedes. —No puedo creer que tengas novio —susurró Wren—, y ni siquiera sabía de eso. —Sus hombros comenzaron a sacudirse. Lloraba de nuevo.

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Cath nunca había visto a Wren llorar tanto. —Oye… —dijo—, está bien. —No iba a morir —repitió Wren. —Está bien. —Yo solo… te he extrañado mucho… —¿Aún sigues borracha? —preguntó Cath. —No lo creo. Cath se inclinó hacia adelante y acarició el cabello de Wren. —Todo está bien. Te he extrañado, también. No a toda esta cosa de emborracharse, pero sí a ti. —He sido una idiota contigo —susurró Wren en la mesa. —También fui una idiota. —Eso es verdad —dijo Wren—, pero… Dios, ¿me perdonarías? —No —respondió Cath. Wren levantó la mirada patéticamente. —No tengo que perdonarte —prosiguió Cath—. No es así contigo. Estás en mí. Siempre. No importa lo que pase. Wren levantó la cabeza y limpió sus ojos con sus pulgares. —¿De verdad? Cath asintió con la cabeza. —De verdad.

Su padre fue a correr. Wren comió un burrito y fue a la cama. Cath finalmente leyó todos sus mensajes de Levi. Dando la vuelta en este momento… estaré ahí a las tres. Cather… realmente me preocupo de ti. Parecía un buen momento para decirte eso. Una hora ahora. En la sala de espera, sin familia, no puedo volver, Jandro está aquí. Aquí… ¿de acuerdo? Por si me necesitas. De vuelta en Arnold. Hermoso día. ¿Sabías que Arnold tiene cañones y colinas de arena? La diversidad biológica te haría llorar, Cather Avery.

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Llámame, cariño. Y con eso me refiero a que deberías llamarme… no a que deberías llamarme cariño, sin embargo puedes hacerlo si quieres. Llámame. Llámame. Llámame. Cath lo hizo. Levi cenaba con su familia en ese momento. —¿Estás bien? —preguntó él. —Sí —respondió ella—, es solo tensión. Mi papá está enojado con Wren, pero realmente no sabe cómo estar enojado con alguna de nosotras… y Wren está actuando como una verdadera mocosa. No creo que sepa cómo estar equivocada. —Desearía poder hablar más —dijo Levi—, pero mi mamá se vuelve toda loca por las llamadas telefónicas durante momentos familiares. Te llamaré mañana cuando esté en la carretera, ¿de acuerdo? —Sólo si la carretera es larga, plana, y no hay tráfico. —¿Volverás mañana? —preguntó él. —No lo sé. —Te echo de menos. —Eso es estúpido —respondió ella—. Te vi esta mañana. —No es el tiempo —dijo Levi, y Cath pudo escucharlo sonreír—. Es la distancia. Minutos después, él le envió un mensaje: IDEA… si estás aburrida y me extrañas, deberías escribir algo atrevido acerca de nosotros. Puedes leérmelo más tarde. Gran idea, ¿no? Cath le sonrió estúpidamente al teléfono. Trató de imaginar cómo sería volver a casa ahora, dejar a Levi atrás. No podía ni imaginar cómo sería este verano sin él. Su padre realmente no haría esto. Hacer que Wren dejara la escuela. Eso sería una locura… Pero su padre estaba loco. Y tal vez tenía razón: Wren no tenía control. Padecía la peor manera de ―estar fuera de control‖… del tipo que piensa ―Todo está bien, gracias‖. A Cath le gustaba la idea de Wren aquí. Wren y su padre, todos en un solo lugar, donde Cath podría cuidar de ellos. Si tan solo Cath pudiera sacar un pedazo de ella y dejarlo aquí para seguir vigilando. La puerta principal se abrió y su padre entró resoplando por el reciente trote, aún respirando con dificultad, dejando caer sus llaves y su teléfono sobre la mesa. —Hola —saludó a Cath, sacándose sus lentes para refregarse el rostro, luego volviendo a colocárselos.

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—Hola —saludó de vuelta—. Te dejé tu burrito en el horno. Él asintió y caminó hacia la cocina, pasando a Cath. Ella lo siguió. —¿Vienes a defender su caso? —preguntó su padre. —No. —Pudo haber muerto, Cath. —Lo sé. Y… sé que ha estado mal por un largo tiempo. Creo que solo ha sido suertuda. —Por lo que sabemos —respondió su papá. —Yo solo… ¿sacarla de la escuela? —¿Tienes una mejor idea? Cath meneó su cabeza. —Tal vez debería hablar con un consejero o algo. Su padre hizo una cara como si Cath le hubiera arrojado algo húmedo. —Dios, Cath, ¿cómo te sentirías si alguien te forzara a hablar con un consejero? Alguien lo ha hecho, pensó. —Lo odiaría —respondió. —Exacto… —Tenía el burrito fuera del horno y en un plato, y se sirvió un vaso de leche. Aún lucía cansado y absolutamente miserable. —Te amo —dijo ella. Él miró hacia arriba, sosteniendo la caja de la leche sobre el vaso. Parte del estrés desapareció de su frente. —Te amo, también —dijo, como si fuera una pregunta. —Solo parecía un buen momento para decirte —aclaró ella. Su papá asintió, sus ojos llenos de un denso sentimiento. —¿Puedo tomar prestada tu computadora? —preguntó Cath. —Sí, por supuesto. Está en… —Lo sé. Gracias. —Cath se dirigió a la sala y tomó la computadora plateada de su padre. Siempre quiso una, pero su padre siempre dijo que no necesitaba un procesador de textos de ochocientos dólares. Cuando subió las escaleras, Wren se hallaba en el teléfono, llorando. Se levantó de su cama y fue adentro del clóset, sentándose en el suelo y cerrando la puerta detrás de ella. Esto no era nada fuera de lo común, a excepción del llanto. Era lo que siempre hacían cuando necesitan privacidad. Tenían un gran clóset. Cath abrió su cuenta en FanFixx y pasó por cada comentario.

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Habían demasiados que requerían una respuesta individual, así que decidió hacerlo generalmente. Oigan, todos ustedes, gracias. ¡Demasiado ocupada escribiendo para responder! Entonces abrió su capítulo más reciente… Lo había dejado en Baz arrodillado en la lápida de su madre. Trataba de explicarle a ella por qué actuaba contra su padre, por qué le daba la espalda a la casa de Pitch para luchar al lado de Simon. —No es solo por él —dijo Baz, pasando sus dedos por sobre el nombre de su madre—. Es por Watford. Es por el Mundo de los Magos. Después de un rato, Wren salió del clóset y trepó a la cama de Cath. Ella, alejándose, siguió escribiendo. Después de otro momento, Wren se metió bajo las sábanas de la cama y cayó dormida. Y después de eso, un momento más tarde, su padre se asomó en la cima de las escaleras. Miro a Cath y moduló Buenas noches. Cath asintió. Escribió mil palabras. Escribió otras quinientas más. El dormitorio permanecía oscuro, y Cath no sabía con seguridad cuánto tiempo Wren había estado despierta o cuánto tiempo había estado leyendo por sobre el codo de Cath. —¿El Mago en verdad va a traicionar a Simon, o es una pista falsa? —murmuraba Wren, aunque no hubiera nadie a quien despertar. —Creo que realmente lo hará —respondió Cath. —Ese capítulo donde Simon tuvo que quemar los huevos de dragón me hizo llorar por tres días. Cath dejó de escribir. —¿Leíste eso? —Por supuesto que lo hice. ¿Has visto tus visitas últimamente? Están en lo alto de la cima. Nadie se afianza de Carry On ahora. —Pensé que tú sí —dijo Cath—. Hace ya algún tiempo. —Bueno, te equivocaste. —Situó su cabeza en su mano—. Añade eso a la enorme pila sobre cosas importantes de las que has estado equivocada. —Creo que el Mago matará a Baz. —Cath no le había dicho eso a nadie más todavía, ni siquiera a su beta. Wren se incorporó, su cara aterrada. —Cath —susurró—, no… —¿Alejandro rompió contigo?

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Wren sacudió la cabeza. —No… solo está molesto. Cath. No puedes matar a Baz. Cath no pudo pensar en qué decir. Wren tomó la computadora y la situó en su propio regazo. — Jesucristo, considera esto como una intervención…

329 Cuando Cath despertó a la mañana siguiente, domingo, lo hizo estando sola en el cuarto. Pudo oler café. Y comida. Bajó las escaleras y encontró a su padre sentado en la mesa con un cuaderno. Ella le tendió su computadora. —Oh. Bien —agradeció—. Wren dijo que teníamos que esperar por ti. —¿Para qué? —Por mi veredicto. Estoy a punto de ponerme todo Rey Salomón sobre sus traseros. —¿Quién es el Rey Salomón? —Fue tu madre quien quiso criarte sin una religión. —Ella también pensó que deberías educarnos sin una madre. —Buen punto, querida. ¿Wren? Ven ya. Tu hermana está despierta. Wren entró a la cocina, sosteniendo una olla y un salvamanteles. — Dormías —dijo, situando las cosas en la mesa—, así que hice el desayuno. —Oh, Cristo —su padre dijo—. ¿Eso es Gravioli? —No —dijo Wren—, es el nuevo Gravioli de queso. —Siéntate —ordenó él—. Vamos a hablar. —Usaba su ropa de correr de nuevo. Parecía tenso y nervioso. Wren se sentó. Actuaba muy bromista, pero también estaba nerviosa; Cath podía asegurarlo por el modo en que apretaba los puños. Quiso extender la mano y aflojarlos. —Muy bien —dijo su padre, empujando el Gravioli lejos, de manera que no estuviera justo entre ellos en la mesa—. Aquí están mis términos: Puedes volver al colegio. —Wren y Cath exhalaron—. Pero no vas a beber. Nada de nada. No con moderación, no con tu novio, no en fiestas… Nunca. Verás a un consejero cada semana, comenzando con esta, y comenzarás a ir a las juntas de Alcohólicos Anónimos.


—Papá —dijo Wren—. No soy una alcohólica. —Bien. No es contagioso. Irás a las juntas. —Iré contigo —ofreció Cath. —No he terminado —dijo él. —¿Qué más quieres? —gimió Wren—. ¿Pruebas de sangre? —Vendrás a casa cada fin de semana. —Papá. —O puedes simplemente mudarte a casa. Es tu decisión, realmente. —Tengo una vida —dijo Wren—. En Lincoln. —No me hables de tu vida, niña. Has demostrado un completo desprecio por tu vida. Las manos de Wren se encontraban apretadas fuertemente en su regazo. Cath golpeó su tobillo. Wren bajó la cabeza. —Bien —respondió—. Bien. —Muy bien —dijo su padre, tomando una inhalación profunda y sosteniéndola un segundo—. Te llevaré de regreso más tarde, si piensas que estás lista. —Se detuvo y miró el Gravioli—. No comeré eso. Acercando, Cath tomó la chuchara. —Yo lo comeré. —Dio un mordisco, la comida se disolvió rápidamente en su boca—. Me gusta cuán suave es —dijo—. Me gusta el que no tenga que usar mis dientes. Wren observó unos segundos a Cath, luego tomó la cuchara y dio un leve mordisco. —Sabe como un Gravioli normal… Cath le quitó la cuchara. —Pero con más queso. —Son tres comidas en una —dijo Wren. —Son como almohadillas de pizza. —Son como Cheetos43 mojados. —Eso es terrible —dijo Cath—. No podemos usar eso.

—Estoy empezando a sentir que no me quieres por aquí. —Nunca te he querido a mi alrededor —dijo Simon, tratando de 43Cheetos

a queso.

es una marca que engloba varios tipos de snacks de harina de maíz con sabor

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pasar a su compañero de cuarto. —Punto. —Baz se movió para bloquear la puerta—. Eso era verdad. Hasta que decidiste que siempre me querías al alrededor… Esa vida es solo una cáscara vacía de sí misma hasta que sepas que mi corazón está latiendo en algún lugar en los alrededores de la vecindad. —¿He decidido yo eso? —Tal vez fui yo quien decidió. No importa. La misma diferencia. Simon inhaló un profundo, obviamente nervioso, respiro. —Snow. ¿Estás nervioso? —Un poco. —Oh, Dios todopoderoso, nunca creí ver el día. —De Carry On, Simon, posteado en febrero 2012 por FanFixx.net autor Magicath

31 Traducido por Vanessa VR & Jeyly Carstairs Corregido por SammyD

Alejandro estaba esperando cuando llegaron a Schramm Hall. Estrechó la mano de Cath formalmente. —Modales de chicos de fraternidad —dijo Wren—, todos los tienen. —Jandro estaba en una fraternidad en East Campus, dijo ella, llamada FarmHouse—. Ese es realmente su nombre. La mayoría de los chicos de FarmHouse eran estudiantes de agricultura de las afueras de Nebraska. Jandro era de Scottsbluff, lo que era prácticamente Wyoming. —Yo ni siquiera sabía que había mexicanos por ahí —dijo Wren—, pero él afirma que existe esta enorme comunidad. Jandro no dijo mucho, además de... —Es bueno conocerte al fin, Cath. Wren habla de ti todo el tiempo. Cuando publicas tus historias de Simon Snow, no se me permite hablar con ella hasta que haya terminado. —Parecía como la mayoría de los novios de Wren —pelo corto, pulcro, hecho para jugar al fútbol— pero Cath no podía recordar a Wren mirando

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a ninguno de ellos de la forma en que miraba a Alejandro. Como si hubiera sido convertida.

Eran las diez en el momento en que Levi regresó de Arnold. Cath ya se había duchado y puesto el pijama. Sentía como si el fin de semana hubiera durado dos años, no dos días. Días de novato, se podía escuchar decir a Levi. La llamó para decirle que estaba de vuelta. Saber que estaban en la misma ciudad otra vez reavivó dentro de ella el extrañarlo. En su estómago. ¿Por qué la gente siempre hablaba una y otra vez sobre el corazón? Casi todo lo que le pasó con Levi estaba en el estómago de Cath. —¿Puedo pasar por ahí? —preguntó él. Cómo lo quería—. ¿A decir buenas noches? —Reagan está aquí —dijo Cath—. Está en la ducha. Creo que se irá a la cama. —¿Puedes venir? —¿A dónde iríamos? —preguntó Cath. —Podríamos sentarnos en mi camión… —Hace mucho frío afuera. —Podríamos poner la calefacción. —La calefacción no funciona. Vaciló. —Podríamos ir a mi casa. —¿No están tus compañeros de habitación? —Era como si tuviera una lista de argumentos, y estuviera pasando por ellos uno por uno… y ya ni siquiera estaba segura de por qué. —No importa —presionó Levi—. Tengo mi propia habitación. Además, quieren conocerte. —Creo que conocí a la mayoría de ellos en la fiesta. Levi gruñó. —¿Cuántas reglas básicas nos puso Reagan? —No lo sé. ¿Tal vez cinco? ¿Seis? —Bien, aquí está la siete: No hablar más de esa fiesta olvidada por Dios a menos que sea absolutamente relevante.

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Cath sonrió. —Entonces, ¿qué me habrá quedado para provocarte? —Estoy seguro de que encontrarás algo. ���No lo haré —dijo—. Eres incesantemente bueno para mí. —Ven conmigo a casa, Cath. —Lo oyó sonriendo—. Es temprano, y no quiero darte las buenas noches. —Yo nunca quiero decirte buenas noches, pero todavía me las arreglo. —Espera, ¿tú no quieres? —No —susurró. —Ven conmigo a casa —susurró de nuevo. —¿A tu antro de perdición? —Sí, así es como todo el mundo llama a mi habitación. —Es broma —dijo Cath—. Ya te he dicho. Es simplemente demasiado... tu casa. Tu habitación. Vamos a entrar, y todo lo que estará allí es una cama. Y vomitaré de los nervios. —¿Y de deseo? —Sobre todo de los nervios —dijo. —¿Por qué es un gran problema? ¿En todas sus habitaciones no tienen una cama? —Dos camas —dijo—, y dos escritorios. Y la amenaza constante de mi compañera de cuarto de entrar. —Es por eso que deberíamos ir a mi casa. Nadie entrará en él con nosotros. —Eso es lo que me pone nerviosa. Levi hizo mmmmm, como si estuviera pensando. —¿Y si prometo no tocarte? Cath se echó a reír. —Ahora no tengo ningún incentivo para ir. —¿Qué pasa si prometo dejar que me toques primero? —¿Estás bromeando? Soy la persona no confiable en esta relación. Soy toda manos. —No he visto evidencia de eso, Cather. —En mi cabeza, soy todas manos. —Quiero vivir en tu cabeza.

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Cath se cubrió el rostro con la mano, como si pudiera verla. Por lo general no coqueteaba así. Con tanta franqueza. Tal vez el teléfono lo sacó de ella. Tal vez fue este fin de semana. Todo este fin de semana. —Oye, Cath... —La voz de Levi era tan suave—. ¿Qué es exactamente lo que estamos esperando? —¿Qué quieres decir? —¿Has hecho una promesa de abstinencia? Ella se echó a reír, pero se las arregló para parecer ofendida. —No. —¿Es… —Exhaló rápidamente, como si estuviera forzando algo— …es todavía por la confianza? ¿Necesito ganar tu confianza? La voz de Cath se redujo a casi nada. —Dios, Levi. No. Confío en ti. —Ni siquiera estoy hablando de sexo —dijo—. Quiero decir... no es sólo sexo. Podemos quitar eso de la mesa por completo si te hará sentir mejor. —¿Completamente? —Hasta nueva discusión. Si supieras que no estaba presionándote para eso, si eso no estuviera ni siquiera en el horizonte, ¿crees que podrías relajarte y... dejarme acariciarte? —¿Qué tipo de caricias? —preguntó. —¿Quieres que te muestre en una muñeca? Cath se echó a reír. —Acariciarte —dijo—. Quiero tocarte. Abrazarte. Quiero sentarme a tu lado, aun cuando hay otras opciones. Ella respiró hondo. Sentía que le debía esto a él para seguir hablando. Para al menos hacer recíproca esta conversación. —Quiero acariciarte, también. —¿Sí? —Sí —dijo ella. —¿Qué tipo de caricias? —preguntó. —¿Ya le diste al operador tu número de tarjeta de crédito? Levi se echó a reír. —Ven conmigo a casa, Cath. Te extraño. Y no quiero darte las buenas noches. La puerta se abrió, y Reagan entró en la habitación vistiendo una camiseta y pantalones de yoga, una toalla envuelta alrededor de su cabello.

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—Sí, está bien —dijo Cath—. ¿Cuándo llegarás aquí? Era evidente que estaba sonriendo. —Ya estoy abajo.

Cath se puso mallas marrón de punto trenzado y una camisa de cuadros que tomó del dormitorio de Wren. Además de pulseras tejidas que le hicieron pensar en manoplas, como si fuera una especie de caballero de color rosa, armadura en ganchillo. Levi burlándose de ella por su predilección de suéter la había hecho más extrema. —¿Vas a salir? —preguntó Reagan. —Levi acaba de volver. —¿Debería esperar por ti? —La miró maliciosamente. —Sí —dijo Cath—. Deberías. Te dará tiempo para pensar en lo desvergonzada rompedora de reglas básicas que eres. Cath se sentía tonta esperando por el ascensor. Las chicas estaban caminando por ahí en pijama, y ella estaba vestida para salir. Cuando salió al vestíbulo, Levi estaba allí, apoyado contra una columna y hablando con alguien, alguna chica que debía conocer de alguna parte.... Cuando vio a Cath, su sonrisa se ensanchó y se apartó de la columna con el hombro inmediatamente, diciendo adiós con la mano a la chica. —Hola —dijo, besando la parte superior de la cabeza de Cath—. Tu cabello está mojado. —Eso es lo que sucede cuando lo lavas. Él le subió la capucha. Ella tomó su mano antes de que él pudiera tomarla, y la recompensó con una sonrisa especial que mostraba todos sus dientes. Cuando salieron del edificio, sabía en su corazón, en el estómago, que no iba a volver hasta mañana.

Al principio Cath pensó que había otra fiesta en la casa de Levi. Había música sonando, y gente en casi todas las habitaciones.

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Pero todos eran sólo sus compañeros de cuarto, y amigos y novias de sus compañeros de cuarto y, en un caso, tal vez el novio. Levi le presentó a todos. —Esta es Cather. Esta es mi novia, Cather. ¿Todo el mundo? Cather. —Ella sonrió con tensión y sabía que no podría recordar ninguno de sus nombres. Entonces Levi la condujo por una escalera que no podría haber sido original de la casa, los rellanos eran extraños y estrechos, y los pasillos se disparaban en intervalos irregulares. Le señaló los cuartos de todo el mundo. Señaló los baños. Cath contó tres plantas, y Levi siguió subiendo. Cuando la escalera se hizo tan estrecha que ya no podían caminar a la par, él encabezó la marcha. Las escaleras giraron una vez más y terminaron en una sola entrada. Levi se detuvo allí y se giró, torpemente, agarrándose a la barandilla a ambos lados del corredor. —Cather. —Sonrió—. Te he traído oficialmente a mi habitación. —¿Quién sabía que estaba al final de un laberinto? Abrió la puerta detrás de él, y luego tomó sus dos manos, tirando de ella arriba y adentro. La habitación era pequeña, con buhardillas estrechas sobresaliendo a los dos lados. No había luz arriba, por lo que Levi encendió una lámpara junto a su cama tamaño matrimonial. Realmente era una habitación con una cama, y un sofá de dos plazas turquesa brillante, que tenía por lo menos cincuenta años. Miró hacia arriba y alrededor. —Estamos en la parte superior de la casa, ¿no es así? —Habitaciones de los criados —dijo—. Era el único dispuesto a subir todas esas escaleras. —¿Cómo trajiste este sofá hasta aquí? —Hablé con Tommy para que me ayudara. Fue terrible. No sé cómo alguien alguna vez subió este colchón con todas esas curvas. Ha estado aquí desde el principio de los tiempos. Cath se movió nerviosamente, y el suelo crujió debajo de ella. La cama de Levi estaba sin hacer, un edredón que parecía viejo tirado sobre ella, las almohadas desorganizadas. Él enderezó el edredón y recogió una almohada del piso. La habitación se sentía más cerca del exterior que el resto de la casa. Expuesta. Cath podía oír el viento silbando en los marcos de las ventanas. —Apostaré que se pone frío aquí…

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—Y caliente en el verano —dijo—. ¿Tienes sed? Podría hacer té. Debería habértelo preguntado cuando todavía estábamos abajo. —Estoy bien —dijo. Cuando Levi estaba de pie, su cabello rozaba el techo. —¿Te importa si me cambio? Ayudé a dar agua a los caballos antes de irme. Estoy algo enlodado. Cath trató de sonreír. —Claro, adelante. Había gavetas integradas en la pared. Levi se arrodilló sobre una, luego se escabulló de la habitación. La puerta era por lo menos un centímetro más pequeña que él y Cath se sentó cuidadosamente en el sofá de dos plazas. La tela estaba fresca debajo de ella. Pasó la palma de la mano a lo largo de él, una especie de algodón resbaladizo con rústicos giros y flores. Esta habitación era peor de lo que pensaba. Oscura. Remota. Prácticamente en los árboles. Prácticamente embrujada. Un examen de cálculo se sentiría íntimo aquí. Se quitó el abrigo y lo puso sobre la cama, y luego se quitó las botas empapadas y subió las piernas al sofá. Si contuviera la respiración, podía oír a Bon Iver sonando tranquilamente por lo menos dos pisos más abajo. Levi estuvo de vuelta antes de que Cath estuviera lista para él. (Que estaba a punto suceder). Parecía que se había lavado la cara y usaba unos vaqueros y una camisa de franela azul bebé. Era un buen color en él. Hacía su rostro bronceado y su pelo amarillo y su boca rosada. Se sentó en el sofá junto a ella, sabía que lo haría. No había lugar en esta habitación para el espacio personal. Cogió la mano de Cath, la quitó del sofá y la mantuvo holgadamente entre las suyas, mirándolas, y luego pasando sus dedos por la parte de atrás, subiendo y bajando por sus dedos. Ella respiró hondo. —¿Cómo llegaste a vivir aquí? —Trabajé con Tommy en Starbucks. Uno de sus antiguos compañeros se graduó y se mudó, yo estaba viviendo en una casa con tres morosos, y no me importaron las escaleras.... El padre de Tommy compró esta casa como una inversión inmobiliaria. Ha vivido aquí desde que era un estudiante de segundo año. —¿En qué está ahora? —Estudiante de Derecho.

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Cath asintió. Cuanto más Levi le acariciaba la mano, más cosquillas le hacía. Extendió los dedos y tomó una respiración suave. —¿Se siente bien? —preguntó, mirándola a los ojos sin levantar la cabeza. Ella asintió de nuevo. Si seguía tocándola, no sería capaz de hacer incluso eso, tendría que parpadear una vez para decir sí, dos para no. —¿Entonces qué pasó este fin de semana? —preguntó—. ¿Cómo están todos? Cath negó con la cabeza. —Loco. Bien. Yo… Creo que Wren y yo estamos bien otra vez. Creo que estamos contentas Sus labios se movieron a un lado. —¿Sí? —Sí. —Eso está muy bien. —Se podría decir que él realmente pensaba eso. —Sí —dijo Cath—. Lo es. Me siento… Levi puso una pierna entre ellos y le golpeó el muslo con la rodilla. Ella prácticamente saltó hacia atrás sobre el brazo del sofá. Él hizo un sonido frustrado que era mitad risa, mitad suspiro, y arrugó la nariz. —¿Estás realmente tan nerviosa? —Supongo que sí —dijo—. Lo siento. —¿Sabes por qué? Quiero decir, ¿qué es lo que te pone nerviosa? Quise decir lo que dije antes sobre la mesa, y lo que está dentro y fuera de ella. —No hay una mesa aquí —dijo Cath—. Sólo una cama. Él puso la mano de ella en su pecho. —¿Eso es lo que te asusta? —No sé de lo que estoy asustada.... —Esa era una mentira. Una gigantesca mentira. Estaba asustada de que si él se ponía a acariciarla luego no se detendrían. Estaba asustada de que aún no estaba lista para ser esa persona. La persona que no se detiene—. Lo siento —dijo ella. Levi miró sus manos, y parecía tan decepcionado y confundido, y era una manera tan jodidamente pobre para tratarlo. Deshonesta. Distante. Después de que había estado ahí para ella una y otra vez. —Este fin de semana... —dijo Cath, y trató de deslizarse más cerca. Se arrodilló en el cojín del sofá junto a él—. Gracias. Levi sonrió de nuevo y levantó los ojos, solo sus ojos, hacia ella. —No creo que pueda decirte lo mucho que significó para mí —dijo— . Que estuvieras allí en el hospital. Que hayas venido. —Él le apretó la

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mano. Cath siguió adelante—. Creo que no te puedo decir lo mucho que significas para mí —dijo—. Levi. Levantó toda su cara. Sus ojos tenían la esperanza ahora. Cauteloso. —Ven aquí —dijo, tirando de su mano. —No estoy segura de saber cómo hacerlo. Apretó la mandíbula. —Tengo una idea. —No puedo leerte fanfiction —dijo ella bromeando—. No tengo mi equipo. —¿No tienes el teléfono? Ella inclinó la cabeza. —¿Esa era realmente tu idea? ¿Fanfiction? —Sí —dijo, frotándole la palma de la mano—. Siempre te relaja. —Pensé que habías estado pidiéndome que te lea porque te gustó la historia. —Me gusta la historia. Y me gusta la forma en que te relaja. Nunca terminaste de leerme la del conejo, ya sabes. Y nunca me has leído nada de Carry On. Cath miró su abrigo. Su teléfono estaba en el bolsillo. —Siento que te estoy fallando —dijo—. Yo tenía que venir aquí y hacer cosas contigo, no leer fanfiction de mala calidad. Levi se mordió los labios y ahogó una risa. —Hacer cosas. ¿Ese es el nombre de la calle para eso? Vamos, Cath, quiero saber qué pasa. Ellos acaban de matar el conejo, y Simon finalmente se dio cuenta de que Baz era un vampiro. —¿Estás seguro de esto? Levi sonrió aún pareciendo demasiado cauteloso, y asintió. Cath se inclinó fuera del sofá y encontró su teléfono. No estaba acostumbrada a googlear sus propias historias, pero cuando digitó ―Magicath‖ y ―The Fifth Hare‖ su historia llegó justo. Mientras buscaba su lugar, Levi puso suavemente sus manos sobre su cintura y jaló su espalda contra él. —¿Está bien? —preguntó. Ella asintió. —¿He leído esta parte? ―Simon no sabía qué decir. ¿Cómo responder a... esto. Toda esta información sangrienta?” —Sí, creo que sí. —¿Llegamos a la parte en la que el conejo se incendió? —¿Qué? No.

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—Está bien —dijo Cath—. Creo que ya sé. —Se apoyó contra el pecho de Levi y sintió su barbilla en su pelo. Esto está bien, se dijo. He estado justo aquí antes. Apoyó las gafas en su cabello y se aclaró la garganta. Simon no sabía qué decir. Cómo responder a... esto. Toda esta información sangrienta. Cogió la espada y la limpió en su capa. —¿Estás bien? Baz lamió sus labios con sangre, como si estuvieran secos, pensó Simon, y asintió. —Bien —dijo Simon, y se dio cuenta de que hablaba en serio. Entonces una nube de fuego se disparó detrás de Baz, poniendo su rostro en la sombra. Se giró y se alejó del conejo. Su pata estaba merecida y verdaderamente en el fuego ahora, y las llamas ya estaban subiendo por el pecho de la bestia. —Mi varita... —dijo Baz, mirando a su alrededor en el suelo—. Rápido, lanza un hechizo de extinción, Snow. —Yo... yo no sé ninguno —dijo Simon. Baz tomó la mano de la varita de Simon, y envolvió sus dedos ensangrentados alrededor de los de Simon. —¡Pide un deseo! —gritó, agitando la varita en un medio círculo. El fuego chisporroteaba, y el vivero se puso oscuro. Baz soltó la mano de Simon y comenzó a buscar en el suelo su varita. Simon se acercó al cadáver espantoso. —¿Y ahora qué? —preguntó. Como respondiendo, el conejo empezó a brillar, luego se fue desvaneciendo… y luego desapareció, sin dejar nada atrás más que el olor de monedas y cabello quemado. Y algo más... Baz conjuró una de sus bolas de luz azul. —Ah —dijo, cogiendo su varita—. El desgraciado asqueroso estaba mintiendo sobre esto. —Mira —dijo Simon, apuntando a otra sombra en el suelo—. Creo que es una llave. —Se inclinó para recogerla. Una llave antigua con dientes afilados de conejo blanco en su hoja. Baz se acercó a mirar. Estaba bañado en sangre, el olor era abrumador. —¿Crees que esto es lo que estaba destinado a encontrar? — preguntó Simon.

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—Bien —dijo Baz pensativo—, las llaves parecen más útiles que los gigantes conejos asesinos… ¿Cuántos más de estos tienes que combatir? —Cinco. Pero no puedo hacerlo solo. Este me habría matado si... —Tenemos que limpiar este desastre —dijo Baz, mirando las manchas en la gruesa alfombra. —Vamos a tener que decirle al mago cuando regrese —dijo Simon— . Hay demasiados daños para que lo manejemos nosotros mismos. Baz estaba en silencio. —Vamos —dijo Simon—. Podemos al menos limpiarnos nosotros ahora. Las duchas de los chicos estaban tan vacías como el resto de la escuela. Eligieron casillas en extremos opuestos… —¿Qué pasa? —preguntó Levi. Cath había dejado de leer. —Me siento rara leyendo estas cosas gay sensibleras en voz alta, con tus compañeros estando aquí. ¿Es alguno de ellos gay? No creo que pueda leer esto con un gay real en la casa. Levi se rió. —¿Micah? Confía en mí, está bien. Mira cosas dramáticas delante de mí todo el tiempo. Está obsesionado con Titanic. —Eso es diferente. —Cath, está bien. Nadie puede escucharte… Espera, ¿es realmente una escena en la ducha? ¿Cómo, una escena en la ducha? —No —dijo Cath—. Caray. Levi movió sus brazos alrededor de su cintura hasta que la sostenía completamente. Luego presionó su boca en su cabello. —Lee para mí, cariño. Simon terminó primero y se puso unos vaqueros limpios. Cuando volvió a mirar a la casilla de Baz, el agua seguía corriendo en los rosados tobillos del otro chico. Vampiro, pensó Simon, permitiéndose a sí mismo pensar en la palabra por primera vez, viendo correr el agua. Debería haberlo llenado de odio y repulsión, el pensamiento de Baz generalmente lo llenada de esas cosas. Pero todo lo que Simon podía sentir en ese momento era alivio. Baz lo había ayudado a encontrar el conejo, le ayudo a luchar contra él, los había mantenido a ambos vivos. Simon se sintió aliviado. Y Agradecido.

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Empujó sus ropas chamuscadas y manchadas en la basura, luego volvió a su habitación. Pasó mucho tiempo antes de que Baz se uniera a él. Cuando lo hizo, se veía mejor de lo que Simon lo había visto durante todo el año. Las mejillas y labios de Baz estaban sonrojados de un rosa oscuro, y sus ojos grises habían salido de las sombras. —¿Hambriento? —preguntó Simon. Baz empezó a reír. El sol no había interrumpido completamente el horizonte aún, y no había nadie alrededor de la cocina. Simon encontró pan, queso y manzanas, y las arrojó sobre una bandeja. Parecía extraño sentarse solo en el comedor vacío, así que él y Baz se sentaron sobre las baldosas de la cocina en su lugar, recostados contra una pared de gabinetes. —Vamos a terminar con esto —dijo Baz, mordiendo una manzana verde, obviamente tratando de parecer casual—. ¿Vas a decirle al mago de mí? —Él ya piensa que eres un imbécil desagradable —dijo Simon. —Si —dijo Baz en voz baja—, pero esto es peor y lo sabes. ¿Sabes lo que él tendrá que hacer? Enfrentar a Baz contra el Aquelarre. Lo enviarían a prisión, tal vez lo matarían. Simon había estado tratando durante seis años de conseguir que Baz fuera expulsado, pero nunca había querido verlo hundirse. Aun así… Baz era un vampiro, un vampiro, maldita sea. Un monstruo. Y él era ya enemigo de Simon. —Un monstruo —repitió Levi, llevando una mano para desenganchar el cabello de Cath. Sus gafas estaban atrapadas allí y cayeron de lado sobre su brazo. Levi las recogió y las tiró sobre la cama—. Tu cabello todavía esta húmedo —dijo, agitándolo con una mano. Simon miró a Baz e intentó de nuevo convocar la cantidad adecuada de horror. Lo único que pudo conseguir fue cierta abatida consternación. —¿Cuándo sucedió? —preguntó. —Ya te lo dije —dijo Baz—. Justo hemos dejado la escena del crimen. —¿Fuiste mordido en la guardería? ¿Cuándo eras niño? ¿Por qué alguien no se dio cuenta? —Mi madre estaba muerta. Mi padre se precipitó y me arrastró de nuevo a la finca. Creo que podría haberlo sospechado… Nunca hemos hablado de ello.

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—¿No se dio cuenta cuando empezaste a beber la sangre de la gente? —No lo hago —espetó Baz imperiosamente—. Y además, la… sed no se manifiesta de inmediato. Se inicia durante la adolescencia. —¿Cómo el acné? —Habla por ti, Snow. —¿Cuándo se iniciaron en ti? —Este verano —dijo Baz, mirando hacia abajo —Y tú no lo has… —No. —¿Por qué no? Baz giró. —¿Estas bromeando? Los vampiros asesinaron a mi madre. Y si se enteran de mí, lo perderé todo… Mi varita. Mi familia. Posiblemente mi vida. Soy un mago. No soy —hizo un gesto hacia su garganta y su rostro—, esto. Simon se preguntó si él y Baz nunca habían estado tan cerca, jamás se habían permitido sentarse tan cerca en todos sus años de convivencia. El hombro de Baz estaba casi tocando los suyos, y Simon podía ver cada pequeño bache y sombra en la piel sin duda muy clara de Baz. Cada línea de sus labios, cada destello de azul en sus ojos grises. —¿Cómo te mantienes con vida? —Me las arreglo, gracias. —No muy bien —dijo Simon—. Te ves como el infierno. Baz sonrió. —Una vez más, gracias Snow. Es un consuelo. —No me refiero a ahora —dijo Simon—. Te ves muy bien ahora. —Baz levantó una ceja y bajó la otra—. Pero últimamente —siguió adelante Simon—, solo parece como si estuvieras desaparecido. ¿Has estado… bebiendo… algo? —Hago lo que puedo —dijo Baz, dejando caer el corazón de la manzana en el plato—. No quieres saber los detalles. —Lo hago —sostuvo Simon—. Mira, como tu compañero de piso, tengo un interés particular en que tú no deambules con sed de sangre. La mano de Levi estaba todavía en el cabello de Cath, sintió cómo la levantaba, sintió su boca en la parte posterior de su cuello. Su otro brazo la apretó contra él. Cath se concentró en su teléfono. Había pasado tanto

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tiempo desde que había escrito esta historia, no podía recordar como terminaba. —Nunca te mordería —dijo Baz, encontrando los ojos de Simon. —Eso es bueno —dijo Simon—. Me alegro de que todavía planees matarme a la vieja usanza, pero hay que admitir que esto es duro para ti. —Por supuesto que es difícil para mí. —Lanzó una mano en el aire en lo que Simon reconoció con un gesto muy de Baz—. Tengo la sed de los antiguos, y estoy rodeado de inútiles bolsas de sangre durante todo el día. —Y toda la noche —dijo Simon en voz baja. Baz sacudió la cabeza y lo miró de nuevo. —Dije que nunca te haría daño —murmuró. —Entonces deja que te ayude. —Simon se movió solo un par de centímetros, por lo que sus hombros se tocaban. Incluso a través de su camiseta y la de Baz de algodón abotonada, podía sentir que Baz ya no estaba helado. Estaba caliente. Parecía sano otra vez. —¿Por qué quieres ayudarme? —preguntó Baz, girando hacia Simon, que estaba lo suficientemente cerca ahora para sentir el suave calor de la respiración de Baz en la barbilla—. ¿Mantendrías un secreto de tu mentor para ayudar a tu enemigo? —Tú no eres mi enemigo —dijo Simon—. Solo eres… un mal compañero. Levi se rió, y Cath lo sintió en su cuello. Baz se rió, y Simon lo sintió en sus pestañas. —Tú me odias —sostuvo Baz —. Me has odiado desde el momento en que nos conocimos. —No odio esto —dijo Simon—. Lo que estás haciendo, negando tus más poderosos instintos, solo para proteger a otras personas. Es más heroico que cualquier cosa que he hecho en mi vida. —No son mis más poderosos impulsos —dijo Baz en voz baja. —Tú sabes —dijo Simon—, que la mitad del tiempo que estamos juntos, estás hablando de ti mismo. —Ah, Snow, no creo que lo hayas notado. —Lo he notado —dijo Simon, sintiendo seis años de irritación e ira y doce horas de agotamiento, llegando en el aumento de un ruido entre sus orejas. Él negó con la cabeza, y debe haberse inclinado hacia adelante porque estaba lo suficientemente cerca para chocar la nariz y la barbilla contra Baz—. Deja que te ayude —dijo.

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Baz tenía la cabeza inmóvil. Entonces asistió, golpeando suavemente su frente contra la de Simon. —Lo he notado —dijo Simon, dejando que su boca se fuera hacia delante. Pensó en todo lo que había pasado a través de los labios del otro chico. La sangre, la bilis y las maldiciones. Pero la boca de Baz era suave ahora, y sabía a manzanas. Y a Simon no le importaba por el momento que estaba cambiando todo. Cath cerró los ojos y sintió la barbilla de Levi siguiendo una trayectoria en la parte de atrás de su cuello. —Sigue leyendo —susurró. —No puedo —dijo ella—. Se acabó. —¿Se acabó? —Apartó su cara—. Pero, ¿qué sucede? ¿Pelean con los otros conejos luego? ¿Están juntos? ¿Simon tiene que romper con Agatha? —Eso depende de ti. No lo dije. —Pero podrías decirlo. Tú lo escribiste. —Lo escribí hace dos años —dijo Cath—. No sé lo que estaba pensando entonces. Sobre todo ese último párrafo. Es bastante débil. —Me gustó todo —dijo Levi—. Me gustó ―la sed de los antiguos‖ —Sí, esa fue una buena línea… —Lee algo mas —susurró, besando la piel debajo de su oreja. Cath tomó un profundo respiro. —¿Qué? —Cualquier cosa. Mas fanfiction, el informe de la soya… Eres como un tigre que ama Brahms, mientras estás leyendo, deja que te toque. Tenía razón: Mientras leía, era como si estuviera tocando a otra persona. Que era una especie de perturbación, ahora que pensaba en ello… Cath dejó caer su teléfono al suelo. Se giró lentamente hacia Levi, sintiendo el toque de sus brazos en su cintura, mirando hacia arriba hasta su barbilla y sacudiendo la cabeza. — No —dijo ella—. No. No quiero estar distraída. Quiero tocarte de vuelta. El pecho de Levi se levantó abruptamente, justo mientras dejaba sus manos sobre su camisa de franela. Sus ojos estaban muy abiertos. —Está bien…

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Cath se centró en sus dedos. Sintiendo la franela, sintiendo como se deslizaba contra la camiseta que llevaba debajo, sintiendo a Levi debajo de esta, las crestas de sus músculos y huesos. Su corazón latía en la palma de la mano de Cath, allí mismo, como si sus dedos pudieran cerrarse a su alrededor… —Me gustas mucho —susurró Levi. Ella asintió y extendió sus dedos. —Realmente me gustas, también. —Dilo otra vez —dijo. Ella se rió. Debe haber una palabra para una risa que termina tan pronto como se inicia. Una risa que es más una silaba de sorpresa y de reconocimiento de lo que es otra cosa. Cath se rió de esa manera, luego bajó la cabeza hacia adelante, empujando las manos en su pecho. —Realmente me gustas, Levi. Ella sintió sus manos en su cintura y su boca en su cabello. —Sigue diciéndolo —dijo. Cath sonrió. —Me gustas —dijo, tocando con su nariz su barbilla. —Me habría afeitado si hubiera sabido que iba a verte esta noche. Su barbilla se movió cuando hablaba. —Me gustas así —dijo, dejando que raspara su nariz y su mejilla—. Me gustas. Llevó una mano a la parte de atrás de su cuello y la mantuvo allí. — Cath… Tragó saliva y apretó los labios en su barbilla. —Levi. Justo entonces, Cath se dio cuenta de lo cerca que estaba del borde de la mandíbula de Levi y recordó lo que había prometido hacer allí. Cerró los ojos y le dio un beso debajo de la barbilla, detrás de la mandíbula, donde era suave y casi regordete, como un bebé. Él arqueó su cuello, y fue incluso mejor de lo que había esperado. —Me gustas —dijo—. Mucho. Me gusta aquí. Cath llevó sus manos a su cuello. Dios, era cálido, su piel era tan cálida y gruesa, una capa más fuerte que la de ella. Deslizó sus dedos por su cabello, sosteniendo la parte de atrás de su cabeza. Sus manos imitaron las suyas, tirando de su rostro hacia él. —Cath, ¿si te beso ahora, vas a saltar lejos de mí? —No. —¿Vas a entrar en pánico? Negó con la cabeza. —Probablemente no.

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Mordió un lado de su labio inferior, y sonrió. Sus labios arqueados no lo bastante para llegar a las esquinas. —Me gustas —susurró ella. La tiró hacia adelante. Bien. Vaya esto era. Besar a Levi. Era mucho mejor cuando estaba despierta y su boca no estaba turbia por la lectura en voz alta toda la noche. Asintió y le devolvió el beso. Cuando Baz y Simon se besaban, Cath siempre hizo una gran cosa del momento en el que uno de ellos abría su boca. Sin embargo, cuando en realidad estás besando a alguien, es difícil mantener la boca cerrada. La boca de Cath estaba abierta antes incluso de que Levi llegara allí. Estaba abierta ahora. La boca de Levi estaba abierta también, y siguió tirando un poco hacia atrás como si fuera a decir algo, luego su barbilla sobresalió hacia delante de nuevo, apoyada en la suya. Dios, su barbilla. Quería hacer una señora de su barbilla. Quería asegurarla. La próxima vez que Levi se retiró, Cath volvió a besar su barbilla, presionando su cara bajo su mandíbula. —Me gustas mucho aquí. —Me gustas mucho —dijo él, su cabeza hacia atrás en el sofá—. Incluso más que eso, ¿sabes? —Y aquí —dijo ella, empujando su nariz contra su oreja. Los lóbulos de las orejas de Levi se unían a su cabeza. Lo que hizo a Cath pensar en los cuadros de Punnett y Mendel. Y le hizo tratar de tirar su lóbulo de la oreja lejos con sus dientes—. Eres muy bueno aquí —dijo. Él llevó los hombros hacia arriba, como si le hiciera cosquillas. —Ven aquí, ven aquí —dijo, tirándola de su cintura. Estaba sentada justo a su lado, y parecía quererla en su regazo. —Soy pesada —dijo. —Bien. Cath siempre supo que haría un espectáculo de sí misma si alguna vez llegaba a estar a solas con Levi, y eso era justo lo que estaba haciendo. Estaba magullando su oreja. Quería sentirlo en cada parte de su cara. Estaba bien… Podía imaginárselo diciéndole a Reagan o a uno de sus dieciocho compañeros mañana. Ella no dejaba de lamer mi oreja, creo que podría tener un fetiche con el oído. Y no quieres ni saber que le hizo a mi barbilla.

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Levi aún la sostenía por la cintura, muy apretada, como si estuviera preparándose para una elevación de patinaje artístico. —Cath… —dijo, y tragó saliva. El nudo en su garganta bajó y trató de atraparlo con la boca. —Aquí también —dijo. Su voz sonaba dolorosa. Era demasiado hermoso, demasiado bueno, demasiado—. También aquí. Realmente… toda tu cabeza. Me gusta toda tu cabeza. Levi se rió, y ella trató de besar todo lo que se movía. Su garganta, sus labios, sus mejillas y las esquinas de sus ojos. Baz nunca besaría a Simon tan caóticamente. Simon nunca aplastaría su nariz contra el pico de viuda de Baz en la forma en que Cath estaba a punto de hacerlo. Cedió a las manos de Levi y se subió a su regazo, sus rodillas a cada lado de sus caderas. Estiró el cuello para mirar hacia ella, y Cath tomó su cabeza por sus sienes. —Aquí, aquí, aquí —dijo, besando su frente dejándose tocarle su ligero cabello como una pluma—. Oh dios, Levi me vuelves loca aquí. Alisó su cabello hacia atrás con las manos y su cara, y le besó la parte superior de la cabeza de la forma en que él siempre la había besado. (Los únicos besos que había permitido durante tantas semanas). El cabello de Levi no olía a champú o a trébol recién cortado. Olía como a café en general, y como la almohada de Cath la semana después de que él pasara la noche. Su boca se posó en el nacimiento del cabello, donde era más ligero y más fino, su cabello no era tan suave en esa parte. —Al igual que tú —dijo, sintiéndose extraña y llorosa—. Que tanto te gusto, Levi. Y entonces besó sus entradas y lloró, lo imaginó diciéndolo. En su imaginación, Levi era Danny Zuko44, y sus compañeros de cuarto eran el resto de los T-Birds. Dime más, dime más. Su cara se sentía caliente en sus manos. —Ven aquí —dijo él, cogiendo su mandíbula con una mano, golpeando su boca en la de ella. Bien. Vaya esto era. Besar a Levi. Esto y esto y esto.

Dannny Zuko: personaje principal de la película ―Grease‖ (Vaselina), interpretado por John Travolta. 44

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—No eres toda manos —susurró él después. Estaba medio escondido en el rincón del sofá de dos plazas, y ella estaba descansando sobre él. Había pasado horas sobre él. Enroscándose sobre él como un vampiro. Incluso exhausta, no podía dejar de frotar sus labios entumecidos en la franela de su pecho—. Eres toda boca —dijo. —Lo siento —dijo Cath, mordiéndose los labios. —No seas estúpida —dijo, tirando de sus labios libres de los dientes con el dedo—. Y no lo sientas… nunca otra vez. La enganchó, así que su cara estaba por encima de la suya. Sus ojos vagaron hasta la barbilla, por costumbre. —Mírame —dijo. Cath miró hacia arriba. En la cara color pastel de Levi. Demasiado hermoso, demasiado bueno. —Me gusta que estés aquí —dijo, apretándola—. Conmigo. Ella sonrió y sus ojos empezaron a desviarse hacia abajo. —Cather… Regresó a sus ojos. —Sabes que me estoy enamorando de ti, ¿verdad? —¿Tú sabías desde el principio? —No todo el tiempo —dijo Penelope—. Pero desde hace mucho. Por lo menos desde el quinto año, cuando insististe en que siguiéramos a Baz alrededor del castillo cada dos días. Me hiciste ir a todos sus partidos de fútbol. —Para asegurarme de que no estaba haciendo trampa —dijo Simon, por costumbre. —Correcto —dijo Penelope—. Estaba empezando a preguntarme si alguna vez ibas a averiguarlo. Tú te habrías dado cuenta, ¿verdad? Simon se sintió sonreír y sonrojarse, no por primera vez esta semana. No por la quincuagésima. —Sí... —De Carry On, Simon, publicado Marzo 2011 por FanFixx.net Autor Magicath

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32 Traducido por Val_17 Corregido por Tsuki

350 Wren estaba de vuelta, y se sentía como si alguien hubiera vuelto al lado derecho del mundo de Cath. Como ella estando colgada del suelo durante todo el año, tratando de no caer a través del techo. Ahora Cath podía llamar a Wren cada vez que quisiera. Sin pensar o preocuparse. Se reunieron para el almuerzo y la cena. Envolvieron sus horarios alrededor de la otra, llenando todos los espacios pequeños. —Es como que tienes tu brazo perdido de vuelta o algo —dijo Levi—. Como si fueras una estrella de mar feliz. —Por la manera en que él estaba sonriendo, se podría pensar que él fue quien consiguió a su hermana de vuelta—. Era como una mala medicina. No hablar con tu mamá. No hablar con tu hermana. Era como algún negocio entre Jacob y Esaú45. —Todavía no estoy hablando con mi mamá —dijo Cath. Había hablado con Wren sobre su mamá. Mucho, en realidad. Wren no estaba sorprendida de que Laura no había permanecido en el hospital. —Ella no hace cosas pesadas —dijo Wren—. No puedo creer que incluso llegó. —Probablemente pensó que estabas muriendo. —No estaba muriendo. —¿Cómo no hace cosas pesadas? —dijo Cath, indignada—. Ser progenitor es toda una cosa pesada. —Ella no quiere ser una progenitoria —dijo Wren—. Quiere que la llame ―Laura‖. Cath decidió empezar a llamar a Laura ―mamá‖ en su cabeza. Entonces decidió dejar de llamar a Laura cualquier cosa en su cabeza... Wren aún hablaba con ella (La Que No Sería Nombrada). Dijo que se mandaban mensajes principalmente y que eran amigas en Facebook. 45

Jacob y Esaú: personajes del Antiguo Testamento.


Wren estaba bien con esa cantidad de participación, parecía pensar que era mejor que nada y más seguro que todo. Cath no lo entendía. Su cerebro simplemente no funciona de esa manera. Su corazón no lo hacía. Pero no iba a pelear con Wren por eso. Ahora que Cath y Wren eran Cath y Wren de nuevo, Levi pensó que todos deberían pasar el rato con todos. Los cuatro. —¿Conoces a ese Jandro en la Escuela Ag? —preguntó—. Incluso hemos tenido clases juntos. —Tal vez deberíamos ir a un montón de citas dobles —dijo Cath—, y entonces podemos casarnos el mismo día en una doble ceremonia, con vestidos a juego, y los cuatro encenderíamos la vela de la unidad todo al mismo tiempo. —Pff —dijo Levi—. Estoy escogiendo mi vestido. Los cuatro habían pasado tiempo juntos una o dos veces, por cierto. Cuando Jandro venía a ver a Wren. Cuando Levi venía a ver a Cath. —No quieres pasar el rato con Wren y conmigo —había intentado decirle Cath—. Todo lo que hacemos es escuchar música rap y hablar de Simon. Solo quedaban seis semanas hasta que La Octava Danza saliera, y Wren estaba más estresada por eso que Cath. —Solo no sé cómo vas a concluir todo —decía. —Tengo un esquema —le decía Cath a ella. —Sí, pero tienes clases, también. Déjame ver tu esquema. Por lo general, se acurrucaban en el portátil en la habitación de Cath. Estaba más cerca del campus. —No esperen que las diferencie —dijo Reagan cuando esto se convirtió en una rutina. —Tengo el pelo corto —dijo Wren—, y ella usa gafas. —Detente —se quejó Reagan—. No me hagas mirarte. Es como El resplandor aquí. Wren ladeó la cabeza y entrecerró los ojos. —No puedo decir si estás siendo seria. —No importa —dijo Cath—. Ignórala. Reagan le frunció el ceño a Cath. —¿Eres Zack, o eres Cody? Hoy estaban en la habitación de Wren, sólo para darle a Reagan un descanso. Estaban sentadas en la cama de Wren, la computadora portátil

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apoyada en ambas rodillas. Courtney también estaba allí, preparándose para salir, iba a estudiar con el Sigma Chis esta noche. —No puedes matar a Baz —dijo Wren, pulsando la tecla de la flecha hacia abajo y mirando el esquema de Carry On de Cath. Seguíanvolviendo a este punto, Wren era inflexible. —Nunca pensé que mataría a Baz —dijo Cath—. Jamás. Pero es la última redención, ¿sabes? Si él se sacrifica por Simon, después de todos sus años de lucha, después de este precioso año de amor... hace todo lo que han pasado juntos mucho más dulce. —Tendré que matarte si matas a Baz —dijo Wren—. Y seré la primera en una larga fila. —Totalmente pienso que Basil va a morir en la última película —dijo Courtney, poniéndose su chaqueta—. Simon tiene que matarlo, es un vampiro. —Tendrá que morir en el último libro primero —dijo Cath. Todavía no podía decir si Courtney era en realidad estúpida o si no se molestó en pensar antes de hablar. Wren sacudió la cabeza hacia Cath y rodó sus ojos, como, No pierdas tu tiempo con ella. —No trabajen demasiado, señoritas —dijo Courtney, saludándolas al salir. Sólo Cath le devolvió el saludo. Algo había pasado entre Wren y Courtney. Cath no estaba segura de si fue la sala de emergencia o algo más. Todavía eran amigas; aún almorzaban juntas. Pero incluso las pequeñas cosas parecían irritar a Wren, la forma en que Courtney llevaba zapatos de tacón con pantalones, o la forma en que pensaba que ―compración‖ era el participio de ―comprar‖. Cath había tratado de preguntarle por eso, pero Wren siempre le restó importancia. —Está equivocada —dijo Cath ahora—. No creo que GTL pueda matar a Baz nunca. —Y tú no puedes tampoco —dijo Wren. —Pero eso lo hace el último héroe romántico. Piensa en Tony en West Side Story o Jack en Titanic, o Jesús. —Eso es mierda de caballo —dijo Wren. Cath rió. —¿Mierda de caballo? Wren le dio un codazo. —Sí. El último acto de heroísmo no debería ser la muerte. Siempre estás diciendo que quieres darle a Baz la historia que se merece. Para rescatarlo de Gemma…

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—Solo no creo que ella se dé cuenta del potencial de su personaje —dijo Cath. —¿Así que vas a matarlo? ¿No se supone que la mejor venganza es una vida bien vivida? La forma punk-rock para poner fin a Carry On sería dejar que Baz y Simon vivan felices para siempre. Cath se echó a reír. —Lo digo en serio —dijo Wren—. Han pasado por muchas cosas juntos, no sólo en tu historia, pero en el canon y en todos los cientos de fics que hemos leído sobre ellos.... Piensa en tus lectores. Piensa en lo bien que se sentirá dejarlos con un poco de esperanza. —Pero no quiero que sea cursi. —Felices para siempre, o simplemente juntos para siempre, no es cursi —dijo Wren—. Es lo más noble, como la cosa más valiente a la que dos personas pueden aspirar. Cath estudió la cara de Wren. Era como mirar a un espejo ligeramente curvado. A través de un cristal empañado. —¿Estás enamorada? Wren se sonrojó y bajó la vista hacia el portátil. —Esto no es sobre mí. Se trata de Baz y Simon. —Lo estoy haciendo por ti —dijo Cath—. ¿Estás enamorada? Wren tiró el equipo completo a su regazo y comenzó a desplazarse de nuevo hasta la parte superior del esquema de Cath. —Sí —dijo fríamente—. No hay nada malo en eso. —No he dicho que lo hay —sonrió Cath—. Estás enamorada. —Oh, cállate, tú también lo estás. Cath comenzó a discutir. —Déjalo —dijo Wren, apuntando la cara de Cath—. He visto cómo miras a Levi. ¿Qué es esa cosa que escribiste sobre Simon una vez, que sus ojos seguían a Baz ―como si fuera la cosa más brillante en la habitación, como si fundiera todo lo demás en las sombras‖? Así estás tú. No puedes apartar la mirada de él. —Yo... —Cath estaba bastante segura de que Levi realmente era la cosa más brillante en la habitación, en cualquier sitio. Brillante, cálido y chisporroteante, era una hoguera humana—. Realmente me gusta. —¿Has dormido con él? —No. —Cath sabía lo que Wren quería decir, sabía que no quería oír sobre el edredón de la abuela de Levi y la forma en que habían dormido

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acurrucados entre sí, como sillas apilables—. ¿Lo has hecho tú? ¿Con Jandro? Wren se echó a reír. —Duh. Entonces... ¿lo vas a hacer? Cath se frotó la muñeca derecha. Su muñeca escritora. —Sí —dijo ella—. Creo que sí. Wren agarró el brazo de Cath, y luego la empujó lejos. —Oh. Mi. Dios. ¿Me dirás cuando lo hagas? —Duh. —Cath la empujó—. De todos modos, no siento como si tuviera que pasar ahora, como inmediatamente, pero él me hace quererlo. Y me hace pensar... que estará bien. Que no tengo que preocuparme de cagarla. Wren rodó sus ojos. —No vas a cagarla. —Bueno, no voy a hacerlo bien, ¿verdad? ¿Recuerdas el tiempo que me llevó aprender a conducir? Y todavía no puedo patinar al revés… —Piensa en cuántas hermosas primeras veces has escrito para Simon y Baz. —Eso es totalmente diferente —dijo Cath despectivamente—. Ellos ni siquiera tienen las mismas partes. Wren comenzó a reírse y luego no podía parar. Abrazó el portátil a su pecho. —Estás más cómoda con sus partes que… —No podía dejar de reír—... las tuyas y… y nunca has visto sus partes… —Trato de escribir por encima. —Cath estaba riendo también. —Lo sé —dijo Wren—, y haces un trabajo realmente bueno. Cuando terminaron de reír, Wren golpeó el brazo de Cath. —Estarás bien. Las primeras veces que lo hagas, sólo conseguirás calificar en asistencia. —Genial —se burló Cath—. Eso me hace sentir mejor. —Sacudió la cabeza—. Toda esta conversación es prematura. Wren sonrió, pero se puso seria, como si quisiera algo. —Oye, Cath… —¿Ahora qué? —No mates a Baz. Incluso te rogaré, si quieres. Sólo... no lo mates. Baz merece un final más feliz que nadie.

—Shhh.

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—Solo… —Silencio. —Me preocupa… —No lo hagas. —Pero… —Simon. —¿Baz?

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—Aquí. —De CarryOn, Simon, publicado en septiembre del 2011 por FanFixx.net, autor Magicat.


33 Traducido por Liillyana Corregido por Tsuki

356 —¿Ya has comenzado? —preguntó la profesora Piper. —Sí —mintió Cath. Ella no pudo evitarlo. No podía decir que no. La profesora Piper estaba obligada a anular toda esta tarea. Cath todavía no había mostrado ningún progreso... Debido a que no había hecho ningún progreso. Había demasiadas cosas que hacer. Wren. Levi. Baz. Simon. Su padre... En realidad, Cath no estaba tan preocupada por su padre como solía estar. Era una cosa agradable que Wren fuera a casa cada fin de semana. Los fines de semana que Wren estaba atrapada en casa, ella estaba tan aburrida, que prácticamente vivía escribiendo en su blog, todo lo que hacía Cath, enviando mensajes de texto y correos electrónicos constantemente. Papá me está haciendo ver un documental de Lewis & Clark. Es como él LLEVÁNDOME a beber. Wren ni siquiera sabía acerca de la asignación de Escritura de Ficción de Cath. Había considerado decirle a la profesora Piper ―otra vez― que no estaba hecha para la escritura de ficción, que ella era prácticamente fóbica a la Ficción. Pero una vez que Cath estaba allí, mirando la esperanza de la profesora Piper, con cara confiada… Ella nunca podría sacarlo. Prefería soportar estos chequeos insoportables que decir la verdad, esa era la única vez que pensaba en su proyecto, cuando se sentaba en ese espacio. —Eso es maravilloso —dijo la profesora, apoyándose delante de su escritorio para acariciar el brazo de Cath, sonriendo de la manera que esperaba de ella—. Estoy tan aliviada. Pensé que iba a tener que darte un discurso de ‗sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor‘ y no sabía si tendría uno en mí. Cath sonrió. Pensado sobre qué criatura repugnante era ella.


—Así que, háblame acerca de ello —dijo la profesora—. ¿Puedo leer lo que tienes hasta ahora? Cath negó con la cabeza demasiado rápido, luego siguió moviendo la cabeza a un ritmo más normal. —No, quiero decir, todavía no. Es que... aún no. —Muy bien. —La profesora Piper la miró sospechosa. (O tal vez Cath estaba paranoica)—. ¿Puedes decirme acerca de que estás escribiendo? —Sí —dijo Cath—. Por supuesto. Estoy escribiendo sobre... —Se imaginó una gran rueda girando alrededor. Al igual que en El precio es correcto o La Rueda de la Fortuna. Dondequiera que aterrizó, eso sería todo, eso es lo que tendría que escribir—. Estoy escribiendo sobre... La Profesora Piper sonrió. Como si ella supiera que Cath mentía, pero todavía realmente esperando que ella llevara a cabo esto. —Mi mamá —dijo Cath. Y tragando. —Tu madre —repitió la profesora. —Sí. Quiero decir... Estoy empezando allí. El rostro de la profesora se volvió casi juguetón. —Todo el mundo lo hace.

—El nido —dijo Cath—. Eso es lo que es. Levi estaba sentado recargado en su cabecera, y Cath estaba en su regazo, sus rodillas alrededor de sus caderas. Había pasado mucho tiempo en su regazo últimamente. Le gustaba estar en la cima, sentir como si pudiera alejarse si quería. (Casi nunca quiso). También pasó mucho tiempo deliberadamente no pensando en otra cosa más que podría estar sucediendo en su regazo, su regazo era territorio abstracto, en lo que se refiere a Cath. No fijo. No planificado. Si pensaba en el regazo de Levi, en términos concretos, terminaba arrastrándose fuera de la cama y acurrucándose sola en el asiento del amor. —¿Qué es un nido? —se preguntó. —Un Nido de águila. —Oh. —Él asintió con la cabeza—. De acuerdo. —Se pasó una mano por el pelo. Cath lo siguió con su propia mano, sintiendo su cabello deslizarse con suavidad a través de sus dedos. Él le sonrió como si fuera alguien que acababa de ordenar un latte de hierbabuena.

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—¿Está todo bien? —preguntó ella. Él asintió y la besó en la nariz. —Por supuesto. —Cuando volvió a sonreír, sólo su boca se movió. —¿Qué está mal? —Cath comenzó a moverse de su regazo, pero él la atrapó. —Nada. Nada importante, yo sólo… —Cerró los ojos, como si tuviera un dolor de cabeza—. Hoy me entregaron los resultados de una prueba. No fue bueno, incluso para mí. —Oh. ¿Estudiaste para ello? —Está claro que no fue suficiente. Cath no estaba segura de cuánto había estudiado Levi. Nunca abrió un libro, pero iba a todas partes con auriculares. Siempre escuchaba una conferencia cuando ella llegaba hasta su camioneta. Siempre se los arrancaba cuando ella subía dentro. Recordó la forma en que él solía estudiar con Reagan, tarjetas de memoria flash se extendían por toda la habitación, haciendo una pregunta tras otra… —Es por mi culpa, ¿no? —No —sacudió la cabeza. —Indirectamente —dijo ella—. Tú no estás estudiando con nadie más. —Cather. Mírame. Nunca he sido tan feliz en mi vida. —Tú no te vez feliz. —No me refería a este mismo momento —sonrió, era cansada, pero genuina. Cath quería besar su pequeña e inmóvil boca rosada. —Tú necesitas estudiar —dijo, golpeando su pecho. —Está bien. —Con Reagan. Con todas esas chicas que explotas. —De acuerdo. —Conmigo, si tu quieres. Podría ayudarte a estudiar. Él llegó hasta su cola de caballo y comenzó a tirar de la banda de goma. Ella dejó caer la cabeza hacia atrás. —Tú tienes suficiente tarea —dijo—. Y miles de fans de Simon Snow que cuelgan de cada palabra tuya.

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Cath miró las grietas en el techo de escayola, mientras trabajaba en la liga del pelo. —Si eso significa estar aquí, en el nido, contigo —dijo—, en vez de que tú estés en otro lugar con alguien más, con mucho gusto haría el sacrificio. Él empujó su pelo hacia adelante; cayendo justo sobre sus hombros. —No puedo decidir si me amas —dijo—, o a esta habitación. —Ambos —dijo Cath, entonces pensó sobre su elección de las palabras y se sonrojó. Él rió por como la había engañado. —Está bien —dijo, jugando con su cabello—. Voy a estudiar más. —Levantó sus piernas y la hizo rebotar—. Quítate las gafas. —¿Por qué? Pensé que te gustaban mis gafas. —Me encantan tus gafas. Me gustan especialmente en el momento en que te las quitas. —¿Es necesario estudiar esta noche? —Nop. Solo bombardeé una prueba. No tengo nada que estudiar. —La rebotó en las piernas de nuevo. Ella rodó los ojos y se quitó las gafas. Levi sonrió. —¿De qué color son tus ojos? Ella los abrió tan amplios como pudo. —Puedo verlos —dijo—. Pero no puedo decidir de qué color son. ¿Qué es lo que dice en tú licencia de conducir? —Azules. —No son azules. —Lo son. En el exterior. —Y marrón en el centro —dijo—. Y gris en el borde y verde en el medio. Cath se encogió de hombros y miró a su cuello. Había un lunar justo debajo de su oreja, y otro en la parte inferior de la garganta. Estaba más pálido ahora que cuando lo conoció, él había parecido tan bronceado ese día, como un niño que había estado jugando al aire libre durante todo el verano. —¿Qué harás este verano? —preguntó. —Trabajar en el rancho. —¿Te podré ver? —Sí.

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—¿Cuándo? —Vamos a hacer que funcione —le tocó la mejilla. —No como esto... Levi miró a su alrededor y le tomó la cara entre las manos. —No como esto —reconoció. Cath asintió con la cabeza y se inclinó para besar el lugar debajo de la oreja. —¿Estás seguro de que no es necesario estudiar? —¿Tú quieres? —No —dijo ella—. Es viernes. Levi se había afeitado, por lo que su mandíbula y cuello eran algo extra suave menta. Ella pasó una mano por el frente de la camisa de franela hasta que sus dedos quedaron atrapados en el primer botón ―y decidió en ese mismo momento― desabrocharlo. Levi inhaló. Ella encontró el siguiente botón. Cuando terminó con el tercero, él se apartó de ella y tiró de la camisa por encima de su cabeza. La playera vino después. Cath miró su pecho como si nunca hubiera visto algo así antes. Al igual que ella nunca había estado en una piscina pública. —Te ves más delgado con la ropa puesta —dijo con sorpresa, trazando sus dedos sobre sus hombros. Él se echó a reír. —¿Es eso un cumplido? —Es un... No esperaba que te vieras tan fuerte. Trató de besarla, pero ella se echó hacia atrás, no estaba dispuesta a mirar hacia otro lado. Levi no era notablemente musculoso. No como Jandro. Ni siquiera como Abel. Pero era firme y bien formado, los músculos se curvaban alrededor de sus hombros, sobre sus brazos, a través el pecho. Cath quería regresar y volver a escribir cada escena que ella había escrito acerca del pecho de Baz o de Simon. Ella los había escrito planos, fuertes y duros. Levi era todo movimiento suave y aliento, curvas y huecos calientes. El pecho de Levi era un ser vivo. —Eres hermoso —dijo. —Eso eres tú. —No discutas conmigo. Eres hermoso.

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Quitar la camisa de Levi había sido una idea tan inspiradora. Cath estaba pensando en quitarse la suya. Levi estaba pensando en eso, también. Estaba jugando con el dobladillo, deslizando sus dedos justo debajo de ella mientras se besaban. Besándose. Cath amaba esa palabra. Usó esa moderación en su fic sólo porque se sentía tan poderosa. Se sentían ganas de besar al decirlo. Bien hecho, idioma Inglés. Levi besó su mandíbula y su labio inferior. Ella no había hecho esto con suficientes personas para saber si era distintivo, pero se sentía como si lo fuera. La besó, y pasó los dedos por debajo de su dobladillo, y si ella levantaba los brazos ahora, él probablemente se encargaría de su camisa. Ella podía contar con él para echar una mano. Cath no podía recordar qué estaba esperando, estaba tan asustada de… ¿Estaba esperando para el matrimonio? Por el momento, era difícil pensar más allá de Levi... ella no estaba cerca de casarse. Este hecho sólo hacía quererlo más. Porque si no terminaba casándose con Levi, no tendría acceso de por vida a su pecho y sus labios y lo que podría estar sucediendo en su regazo. ¿Qué si se casaban con otras personas? Probablemente debería tener relaciones sexuales con él ahora, mientras aún podía. Lógica defectuosa, su cerebro estaba gritando. Miserablemente deficiente. ¿Cómo es que sabes cuando estás en el lugar correcto para casarte con alguien?, se preguntó. ¿Es esa una pregunta acerca del tiempo? ¿O la distancia? El teléfono de Cath sonó. Levi le lamió la boca como si estuviera tratando de obtener el último pedazo de mermelada de la parte posterior de su garganta. El teléfono volvió a sonar. Probablemente no era importante. Wren. Quejándose de su padre. O su padre quejándose. O uno de ellos siendo llevado al hospital... Cath se apartó, capturando las manos de Levi y tratando de recuperar el aliento. —Déjame ver —dijo—. Wren. Él asintió con la cabeza y sacó sus manos de su camisa. Cath resistió la tentación de deslizarse por las piernas como si fuera un caballo de

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batalla. (Se sentiría bien, pero ella nunca podría recuperar su dignidad). En cambio subió ebriamente sobre él, alcanzando su teléfono desde la cama. Él se arrastró tras ella, tratando de leer por encima del hombro. Wren. Hola, deberías venir a Omaha. Jandro está aquí, vamos a ir a bailar más tarde en Guaca Maya. ¡Diversión! ¡Ven! No puedo, Cath envió de regreso. Tiempo con Levi. Ella tiró su teléfono al suelo, y luego trató de encontrar el camino de vuelta al regazo de Levi. Pero él ya estaba listo, apoyado contra la cabecera de la cama con las rodillas hacia arriba. Regazo no disponible. Trató de mover sus rodillas a un lado, pero él no se lo permitió. Él la miraba como si todavía estuviera tratando de averiguar de qué color eran sus ojos. —¿Está todo bien? —preguntó ella, de rodillas frente a él. —Sí. ¿Todo está bien al fin? —Él movió su barbilla hacia su teléfono. Cath asintió. —Perfectamente. Levi asintió. Cath asintió de nuevo. Luego ella levantó los brazos por encima de su cabeza. Agatha se retorció los dedos en su capa miserablemente. (Pero aún así graciosamente. Incluso la cara de Agatha llena de lágrimas era una cosa de belleza.) Simon quería decirle que estaba bien, olvidar toda la escena con Baz en el bosque... Agatha está de pie a la luz de la luna, sosteniendo ambas manos pálidas de Baz sobre ella misma... —Solo dime —dijo Simon, con voz temblorosa. —No sé qué decir —lloraba—. Estás tú. Y tú estás bien. Y tienes razón. Y luego esta él... Y él es diferente. —Es un monstruo. —Simon apretó su cuadrada mandíbula. Agatha se limitó a asentir. —Tal vez. ―Del capítulo 18, Simon Snow y el Séptimo Roble Copyright © 2010 por Gemma T. Leslie.

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34 Traducido por Mel Markham Corregido por Aimetz

363 Entraron al elevador y Cath presionó el 9. —No puedo creer que estuviéramos discutiendo por quince minutos sobre si Simon Snow debería alcanzar su espada o su varita en una lamentable parte de fanfiction. Y por ―no puedo creer‖ Cath se refería a ―no puedo creer lo feliz que estoy‖. Wren iba a su habitación, e iban a trabajar en Carry On hasta que Levi terminara de trabajar. Esta era la rutina ahora. A Cath le gustaban las rutinas. Se sintió inundada con serotonina. Wren la empujó. —No es lamentable. Es importante. —Solo para mí. —Y para mí. Y todos los demás que lo leyeron. Y además, tú sola deberías ser suficiente. Trabajaste en esto por casi dos años. Es el trabajo de tu vida. —Dios, eso es patético. —Quiero decir, el trabajo de tu vida hasta ahora… y es increíblemente impresionante. Lo será, incluso si no tuvieras cientos de fans. Jandro no puede creen cuántos lectores tienes. Él cree que deberías monetizarlo… realmente no entiende la cosa de fanfiction. Intentamos ver The Mage’s Heir46 y se quedó dormido. Cath jadeó, sólo parcialmente en broma. —Nunca me dijiste que no era un creyente. —Quería conocerlo primero. ¿Qué hay de Levi? Las puertas del elevador se abrieron, y salieron al piso de Cath. —Le encanta —dijo—. Simon Snow. Fanfiction, todo. Hace que le lea mis cosas en voz alta.

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El Heredero del Mago.


—¿No está asqueado con el slash47? —No, está bien con ello. ¿Por qué? ¿Jandro lo está? —Oh, sí. —¿Le incomodan las personas gay? —No… bueno, quizás. Es más la idea de chicas hetero escribiendo sobre chicos gays; él cree que es pervertido. Eso hizo reír a Cath. Luego Wren comenzó a reírse con ella. —Él piensa que yo soy una pervertida —dijo Cath. —Cállate. —Wren la empujó de nuevo. Cath se detuvo, había un chico parado en la puerta de su habitación. El chico equivocado. —¿Qué ocurre? —Wren se detuvo también—. ¿Te olvidaste algo? —Cath —dijo Nick, caminando unos pasos—. Hola. Te estaba esperando. —Hola —dijo Cath—. Hola Nick. —Hola —dijo de nuevo. Cath estaba a unos dos metros de su habitación. No quería acercarse más. —¿Qué estás haciendo aquí? Las cejas de Nick bajaron, y su boca estaba abierta. Ella podía ver su lengua deslizándose por sus dientes. —Solo quería hablar contigo. —¿Este es tu chico de la biblioteca? —preguntó Wren, mirándolo como si fuera una foto en Facebook, no un ser humano. —No —dijo Cath, reaccionando más por el ―tu‖ que por otra cosa. Nick miró hacia Wren, entonces decidió ignorarla. —Mira, Cath… —¿No podías solo llamar? —preguntó Cath. —No tengo tu número. Intenté llamar al teléfono de tu habitación, estás en el directorio de estudiantes, te dejé un montón de mensajes. —¿Tenemos correo de voz?

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Género de fanfiction que involucra a dos personajes femeninos o dos masculinos; los personajes comúnmente se muestran con un slash (barra) entre medio.

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La puerta de su habitación de abrió de golpe, y Reagan se asomó. —¿Esto es tuyo? —le preguntó a Cath, asintiendo hacia Nick. —No —dijo Cath. —No lo creía. Le dije que tenía que esperar fuera. —Tenías razón —dijo Wren, no muy silenciosamente—. No luce como del Viejo Mundo… Reagan y Wren no sabían lo ocurrido con Nick, cómo usó a Cath. Todo lo que sabían era que ella ya no quería hablar con él, y que se negaba a ir a Love Library. Estaba demasiado avergonzada como para contarle los detalles a alguien. Cath no se sentía avergonzada ahora, ahora que lo miraba directamente. Se sentía furiosa. Robada. Escribió cosas buenas junto a Nick, y ahora nunca las recuperaría. Si intentaba usar alguna de esas líneas, alguna de esas bromas, la gente diría que se las robó a él. Como si alguna vez le hubiera robado algo a Nick… excepto por la bufanda de cachemira que usaba, a ella siempre le gustó esa bufanda. Pero Nick podía mantener su mierda en segunda persona, en tiempo presente. Y todos sus personajes de chicas delgadas con dedos manchados de nicotina. (Esas chicas contaban los chistes de Cath ahora, era exasperante.) —Mira, solo quiero hablar contigo —dijo él—. No tomará mucho tiempo. —Entonces habla —dijo Wren. —Sí —dijo Reagan, apoyándose contra el marco de la puerta—. Habla. Nick se veía como si esperara a que Cath lo sacara del apuro, pero ella no estaba de humor. Pensó en alejarse y dejarlo ahí para lidiar con Reagan y Wren, quien era difícil y antipática la mayor parte del tiempo incluso si le caías bien. —Adelante —dijo Cath—. Estoy escuchando. —Bien… —Nick se aclaró la garganta—. Um, bien. Vine a decirte, a decirle a Cath —la miró— que mi historia fue seleccionada por Prairie Schooner. Es la revista literaria de la Universidad —le dijo a Wren—. Es un honor increíble para un pasante. —Felicitaciones —dijo Cath, sintiéndose de nuevo usada. Como si le estuviera robando de nuevo, esta vez a punta de pistola. Nick asintió. —Sí. Bueno… La consejera de la facultad, ya sabes, la profesora Piper, ella, um… —Miró por el pasillo, agitado, luego dio un

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pequeño resoplido—. Ella sabe que me ayudaste con mi historia, y cree que sería lindo que compartiéramos el crédito. —Su historia… —Wren miró hacia Cath. —¿Lindo? —preguntó Cath. —Es una revista prestigiosa —dijo Nick—. Y serán créditos de coautor, podemos hacerlo alfabéticamente. Tu nombre iría primero. Cath sintió la mano de alguien en su espalda. —Hola —dijo Levi, besando la cima de su cabeza—. Salí antes. Hola —le dijo animadamente a Nick, estirando su brazo alrededor de Cath para sacudir su mano—. Soy Levi. Nick tomó su mando, viéndose confundido y molesto. —Nick. —Nick de la biblioteca —dijo Levi, todavía animado, descansando su brazo alrededor de los hombros de Cath. Nick volvió a mirar a Cath. —Entonces, ¿qué piensas? ¿Está bien? ¿Le dirás a la profesora Piper que está bien? —No lo sé —dijo Cath—. Es solo… —Solo, solo, solo—. Después de todo, no estoy segura de estar cómoda… Presionó sus ojos azul marino en ella. —Tienes que decir que sí, Cath. Esta es una gran oportunidad para mí. Tú sabes cuánto deseo esto. —Entonces tómalo —dijo Cath en voz baja. Intentaba fingir que cada persona de su vida no estaba de pie allí escuchando—. Puedes tenerlo, Nick. No tienes que compartirlo conmigo. Nick fingía también. —No puedo —dijo él, dando otro paso más cerca—. Ella, la profesora Piper, dice que va con los dos nombres o nada. Cath. Por favor. El pasillo se volvió muy silencioso. Reagan miraba a Nick como si ya lo estuviera atando a las vías del tren. Wren lo miraba como si ella fuera una de las chicas geniales de su historia. Rezumando desprecio. Levi sonreía. Como le sonrió a esos borracho en Muggy‘s. Antes de convencer a Jandro de lanzar un puñetazo. Cath volvió a fingir que no estaban ahí. Pensó sobre la historia de Nick —¿la historia de ambos?— sobre todo lo que vertió en ella y la oportunidad, ahora, de poder lograr algo. Y luego pensó en sentarse al lado de Nick entre las estanterías, tratando de lograr que dejara de lado el cuaderno.

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Levi apretó su hombro. —Lo siento —dijo Cath—. Pero no quiero ningún crédito. Tenías razón. Es tu historia. —No —dijo, apretando los dientes—. No puedo perder esto. —Tendrás otra oportunidad. Eres un gran escritor, Nick —dijo ella, y lo decía en serio—. No me necesitas. —No. No puedo perder esto. Ya perdí mi puesto de ayudante del profesor por tu culpa. Cath dio un paso atrás. Chocando con Levi. Reagan abrió más la puerta, y Wren empujó a Nick al pasar, empujando a Cath en la habitación. —Fue un placer conocerte —dijo Levi, y tenías que realmente conocer a Levi para saber que no lo decía en serio. Nick se mantuvo firme, como si todavía pensara que podría convencer a Cath para que lo ayudara. Reagan cerró la puerta en su cara. —¿A dónde estás yendo realmente con ese tipo? —preguntó antes de que se cerrara completamente—. ¿Ese era tu novio de la biblioteca? —Compañero de escritura —dijo Cath, evitándolos a todos, colocando su bolsa en el escritorio. —Qué idiota —murmuró Reagan—. Estoy bastante segura de que mi mamá tiene esa bufanda. —¿Te robó tu historia? —preguntó Wren—. ¿Esa en la que ambos trabajaban? —No. No exactamente. —Se dio la vuelta—. No importa —dijo con tanta fuerza como pudo—. ¿Bien? Miró a los tres rostros, todos listos para ser ofendidos por ella, y se dio cuenta de que realmente no importaba. Nick —Nick quien no pudo escribir su historia anti-amor sin ella— era historia antigua. Cath sonrió hacia Levi. —¿Estás bien? —preguntó él, sonriéndole de regreso porque no podía evitarlo. (Bendito sea. Bendito sea hasta el infinito y más allá). —Genial —dijo ella. Su hermana aún evaluaba a Cath. —Genial —dijo Wren, decidiendo algo—. Bien. Genial. —Luego se volvió hacia Levi y le golpeó el brazo—. Está bien, Teniente Starbucks, ya que estás aquí, puede ser que también me lleves a la Casa de Campo. Y también puedes conseguirnos Mocas de Chocolate Blanco en el camino.

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—También podría irme ahora —dijo Levi juguetonamente—. Estoy estacionado en el carril de fuego. Cath levantó su bolsa de nuevo. —Y quiero que ambos sepan —dijo Levi, abriendo la puerta, Cath se asomó para asegurarse que Nick se hubiera ido— que sé que eso fue una referencia a Battlestar Galactica. —Sí, sí, sí —dijo Wren—, eres un geek de primera.

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Cuando llegaron a la casa de fraternidad de Jandro, Levi salió para ayudar a Wren. Él solo ayudaba algunas veces a Cath a entrar o salir. Generalmente ella ya se encontraba allí antes de que tuviera la oportunidad. Cuando Wren salió de la camioneta, Cath de mala gana se deslizó del asiento del conductor y se abrochó el cinturón. Levi puso en marcha la camioneta y cambió de marcha sin mirarla. No la había realmente mirado desde que dejaron la habitación. —¿Estás bien? —preguntó ella. —Sí. Solo hambriento. ¿Tienes hambre? —Todavía no la miraba. —¿Es por Nick? —preguntó ella. Se dio cuenta que esperaba que fuera por Nick. —No —dijo Levi—. ¿Debería? Parece que no quieres hablar sobre él. —No quiero—dijo Cath. —Bien. ¿Tienes hambre? —No. ¿Estás celoso? —No. —Sacudió la cabeza, como si estuviera quitándose algo; luego se volvió hacia ella y sonrió—. ¿Quieres que lo esté? —Levantó una ceja—. Puedo hacer un gran berrinche si te gustan ese tipo de cosas. —No lo creo —dijo Cath—. Sin embargo, gracias. —Bien. Estoy demasiado hambriento como para enojarme. ¿Te importa si nos detenemos en algún lugar? —No —dijo—. O puedo prepararte algo si quieres. Huevos. Levi le sonrió. —Dios, sí. ¿Puedo observar? Cath sonrió. —Eres ridículo.


Levi quiso un omelet. Sacó los huevos y el queso del refrigerador y Cath encontró una sartén y manteca. (Esta cocina casi no le recordaba a Cath la chica rubia que faltaba. Esa niña ya no tenía poder de permanencia). Cath acababa de romper tres huevos cuando Levi tiró de su cola de caballo. —Oye. —¿Sí? —¿Por qué no le caigo bien a tu hermana? —Le caes bien a todos —dijo Cath, batiendo los huevos con un tenedor. —Entonces, ¿por qué pasas el rato con ella cuando no estoy yo? Cath lo miró. Estaba apoyado contra el lavabo. —Queso —dijo ella, asintiendo hacia su mano—. Rallador. —Cuando él siguió mirándola, Cath dijo—: Quizá me gusta tenerte para mí sola. —Quizá… —dijo, pasándose una mano por el pelo—. Quizás te avergüenzo. Vertió los huevos en la sartén y se estiró por el rallador de queso ella misma. —¿De qué estoy avergonzada? ¿De tu buen aspecto alto y delgado o tu personalidad irresistible? —Alejando es investigador regente —dijo Levi en voz baja detrás de ella—, y su familia es dueña de medio Sand Hills. —Espera… ¿qué? —Cath puso todo abajo y se volvió hacia él—. ¿De verdad crees que estoy avergonzada de ti? Levi sonrió amablemente y se encogió de hombros. —No estoy enojado, cariño. —No, estás loco. Ni siquiera sabía esas cosas de Jandro, y de todas formas, ¿a quién le importa? —Cath se estiró hasta su pecho y y apretó los puños en su sudadera negra—. Dios, Levi. Mírate… Eres… —No tenía palabras para lo que Levi era. Era una pintura rupestre. Era The Red Ballon. Se levantó sobre sus talones y tiró de él hasta que su rostro se encontraba tan cerca que podía ver sólo uno de sus ojos a la vez—. Eres mágico —dijo ella. Los ojos de Levi sonrieron hasta casi cerrarse. Ella besó la esquina de su boca, y él movió la cara para atrapar sus labios.

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Cuando Cath oyó los que los huevos comenzaban a crujir, se alejó, pero Levi se agarró de su cintura. —¿Por qué entonces? —preguntó—. ¿No le caigo bien a Wren? ¿Limito tu estilo? Puedo decir que no me quieres cerca cuando está ella. Cath empujó su pecho, alejándolo, y volvió a la estufa, rallando rápidamente el queso sobre los huevos. —No es nada contigo. Levi intentó moverla dentro de su línea de visión, inclinándose contra el mostrador cerca de la estufa. —¿Cómo lo sabes? —Es solo… nada —dijo ella—. Sería diferente si hubieras crecido con nosotras, o si nos hubieras conocido a las dos al mismo tiempo… —¿Qué sería diferente? Cath se encogió de hombros y raspó a la tortilla con una espátula de madera. —Entonces sabría que tienes la suficiente información para elegirme. Levi se inclinó sobre la estufa, intentado de nuevo hacer contacto visual. —Aléjate —dijo Cath—, te vas a quemar. Retrocedió, pero solo unos centímetros. —Por supuesto que te elegiría. —Pero no conoces a Wren. —Cath… Ella deseó que hubiera algo más que hacer con el omelet que solo observarlo. —Sé que piensas que es bonita… —Sabes eso porque pienso que tú eres bonita. —Dijiste que era caliente. —¿Cuándo? —Cuando la conociste. —Levi se veía confundido por un segundo, una ceja se arqueó hermosamente—. La llamaste Superman —dijo Cath. —Cather —dijo él, recordando—. Intentaba llamar tu atención. Intentaba decirte que eras caliente sin decirlo realmente. —Bueno, apestó. —Lo siento. —Se estiró para tomar su cintura de nuevo. Ella siguió mirando los huevos. —Sé que te gusto —dijo ella. —Sabes que te amo.

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Cath siguió mirando la sartén. —Pero ella es muy parecida a mi. Algunos de nuestros mejores amigos ni siquiera pueden distinguirnos. Y entonces, cuando pueden, es porque Wren es la mejor. Porque habla más o sonríe más… o simplemente se veía mejor. —Puedo distinguirte de lo más bien. —Cabello largo. Lentes. —Cath… vamos, mírame. —Tiró de sus presillas, y volteó la tortilla antes de que se dejara girar hacia él—. Puedo distinguirte —dijo él. —Sonamos igual. Como que hablamos igual. Tenemos los mismos gestos. —Cierto —dijo, asintiendo, sosteniendo su barbilla levantada—, pero es como si hiciera tus diferencias más dramáticas. —¿Qué quieres decir? —Quiere decir que, a veces tu hermana dirá algo y en cierta forma me sorprende escucharla decirlo con tu voz. Cath levantó la mirada hacia sus ojos, insegura. Eran grandes y serios. —¿Cómo qué? —No puedo pensar en nada específico —dijo él—. Es como… ella sonríe más que tú. Pero es más dura de alguna forma. Cerrada. —Yo soy la que nunca deja su habitación. —No estoy explicando esto bien… me gusta Wren —dijo él—, lo que sé de ella. Pero es más… convincente que tú. —Confiada. —En parte. Quizás. Más como… toma lo que quiere de una situación. —No hay nada de malo con eso. —No, lo sé —dijo Levi—. Pero tú no eres así. No presionas en cada momento. Prestas atención. Dejas entrar todo. Me gusta eso de ti… eso me gusta más. Cath cerró los ojos y sintió lágrimas en sus mejillas. —Me gustan tus lentes —dijo—. Me gusta tus camisas de Simon Snow. Me gusta que no le sonrías a todos, porque entonces, cuando me sonríes a mí… Cather —la besó en la boca—. Mírame. Ella lo hizo. —Te elegí por sobre todas las personas. Cath tomó una dolorosa respiración y estiró una mano para tocar su mentón. —Te amo —dijo—, Levi.

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El rostro de Levi se iluminó antes de besarla. Él se apartó de nuevo unos segundos más tarde.... —Dilo de nuevo.

Tuvo que hacerle otro omelete.

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—¿Sabes qué es lo más decepcionante de ser un mago? Penelope sacudió la cabeza y rodó los ojos, una combinación en la que se volvió terriblemente buena con los años. —No seas tonto, Simon. No hay nada decepcionante en la magia. —Lo hay —discutió, solo en parte para bromear—. Siempre creí que habríamos encontrado una forma de volar para este momento. —Oh, tonterías —dijo Cualquiera con un amigo.

Penelope—.

Cualquiera

puede

volar.

Ella le tomó la mano anillada a él y sonrió. —“¡Arriba, arriba y lejos!" Simon sintió el suelo alejarse y se rió mientras hacía un salto mortal lento. Cuando estuvo derecho de nuevo, niveló su varita con la de Penelope. —Del capítulo 11, Simon Snow y Las Cinco Hojas Copyright © 2008 por Gemma T. Leslie


35 Traducido por Valen Drtner Corregido por Gaz Walker

373 —Míralos —dijo Reagan, sacudiendo la cabeza con cariño—. Todos están creciendo. Cath se volvió hacia la barra de cereal y vio a dos estudiantes de primer año con mucha resaca fumando como camioneros. —Todavía puedo recordar la noche que vinieron a casa con sus primeros tatuajes de My Little Pony —dijo Reagan. —Y la mañana en que nos dimos cuenta que sus tatuajes se habían infectado —agregó Cath, bebiendo de su zumo de tomate. Esto es algo que Cath extrañaría de los dormitorios. Cuatro diferentes opciones de jugo de barril, incluyendo tomate, ¿dónde más podrías tomar jugo de tomate? Reagan odiaba ver beberlo. —Es como si tomaras sangre —diría Reagan—, si la sangre tuviera consistencia en salsa. Reagan seguía mirando a las chicas con resaca. —Me pregunto cuántas caras familiares veremos el próximo año. Cada año es un nuevo lote, y la mayoría de ellos no vuelve a los dormitorios para un segundo viaje. —El próximo año —dijo Cath—, no cometeré el error de estar tan pegada. Reagan cogió aire. —Tenemos que entregar nuestras formas de dormitorio si queremos la misma habitación para el año que viene. Cath dejó su vaso de jugo. —Espera… ¿estás diciendo que quieres vivir conmigo de nuevo? —Pff, sí, nunca estás en casa. Es como que finalmente tengo una habitación para mí sola. Cath sonrió. Luego tomó un trago de su jugo de tomate. —Bueno… Tengo que pensarlo. ¿Tienes más exnovios calientes?


Wren tenía razón. Había estado en Cath publicar el capítulo Carry On, Simon cada noche. —De lo contrario, nunca ganarás El octavo baile. Iban a ir a la fiesta de lanzamiento a medianoche en Bookworm, en Omaha. Levi quiera ir también. —¿Tenemos que ir usando disfraces? —preguntó la otra noche, estando en su habitación. —No hacemos lo de los disfraces desde la secundaria. —Cath estaba sentada en el sillón del amor frente a su portátil. Podría escribir con él en su habitación ahora; estaba tan concentrada en Carry On, que podría escribir en una habitación llena de animales de circo. —Demonios —dijo él—- Yo quería hacer lo de los disfraces. —¿Como quien irías? —El mago. O tal vez como uno de los vampiros, Count Vidalia. O Baz. ¿Eso te haría loca de deseo? —Ya estoy loca de deseo —dijo ella desde el otro lado de la habitación—. Lo siento —dijo Cath, frotándose los ojos. Levi había estado toda la noche sobre ella. Molestándola. Tratando de que saliera de su cabeza y jugara—. Solo necesito terminar este capítulo si quiero que Wren lo lea antes de que se vaya a dormir. Cath estaba tan cerca de ponerle un final a Carry On, que cada capítulo se sentía importante. Si escribía algo estúpido ahora, no sería capaz de frenarlo o corregirlo más adelante. No había espacio para rellenar; cada capítulo se entendía como la resolución o línea final de un personaje de la escena. Ella quería que todos tuvieran el final que merecían. No solo Baz, Simon, Agatha o Penelope, también quería eso para los otros personajes —Dean el reacio reclutador de vampiros, Eb el cabrero, el profesor Benedict, Coach Mac… Estaba tratando de no ponerle atención a sus otras cuentas —que acaban por añadir más presión— pero sabía que estaban fuera de la tabla. En decenas de miles de personas. Tenía que hacer tantos comentarios que Wren tomó su lugar para hacerlos por ella, usando el perfil de Cath para agradecer a la gente y responder a las preguntas básicas.

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Cath se mantenía al día en sus clases, por poco. Todas las otras asignaciones se sentían como lo que tenía que atravesar para llegar hasta Simon y Baz. Una cosa acerca de escribir tanto de esto… su cerebro nunca se fue del Mundo de los Magos. Cuando se sentaba a escribir, no tenía que esperar a que la historia fuera viniendo lentamente, esperando para ponerse en temperatura. Ella estaba ahí, todo el tiempo. Todo el día. La vida real era algo que sucedía en su visión periférica. Su portátil se cerró de golpe. Cath quitó los dedos justo a tiempo. No se había dado cuenta de que Levi se encontraba detrás del sofá del amor. Él movió su ordenador y con cuidado lo puso en el suelo. —Pausa comercial. —Los libros no tienen pausas comerciales. —No soy una persona de libros —dijo él, tirando de ella en su regazo—. Descanso, ¿entonces? Cath trepó en él a regañadientes, pensando en lo último que había escrito, no queriendo dejarlo atrás. —Los libros tampoco tienen descanso. —¿Qué tienen entonces? —Finales. Él puso sus manos en las caderas. —Ya llegarás ahí —dijo, olfateando en el cuello de su camiseta. Su cabello le hacía cosquillas por el cuello, rompiendo el hechizo de la cabeza de Cath. O poniendo uno nuevo. —Está bien —suspiró, besando su cabeza y oscilando en su estómago—. De acuerdo. Intermedio.

—Tienes que darle a Penelope su propio capítulo —dijo Wren. Iban caminando de vuelta a los dormitorios, chapoteando a través de los charcos. Wren llevaba botas de goma amarilla, y seguía saltando en los charcos, empapando las piernas y tobillos de Cath. —¿Dónde lo pongo? —suspiró Cath. La nieve se estaba derritiendo, pero todavía podía ver su aliento en el aire—. Debí haberlo escrito hace dos semanas. Ahora se vería forzado… Esto es el por qué los escritores reales tienen el libro completo escrito antes de mostrárselo a alguien; desearía poder volver y reescribirlo.

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—Tú eres una escritora real —dijo Wren, salpicando—. Eres como Dickens. Él escribía en fragmentos, también. —Voy a destruir esas botas. —Celosa. —Wren caminó sobre otro charco. —No estoy celosa. Son burdas. Apuesto a que hacen sudar los pies. —A quién le importa, nadie lo puede decir. —Voy a ser capaz de decir eso cuando llegues a mi habitación y te las quites. Son un asco. —Oye —dijo Wren—, en cierto modo quería hablar contigo de eso. —¿Qué? —Tu habitación. Habitaciones. Compañeros de habitación… Estaba pensando que el próximo año podríamos compartir habitación. Podríamos vivir en Pound, si quieres, no me importa. Cath se detuvo y se volvió hacia su hermana. Wren siguió caminando por unos momentos sin darse cuenta, luego también se detuvo. —¿Quieres ser mi compañera? —preguntó Cath. Wren estaba nerviosa. Se encogió de hombros. —Sí, si tú quieres. Claro, si no sigues enojada acerca de… todo. —No estoy enojada —dijo Cath. Recordó el día de verano en que Wren le dijo que no quería compartir habitación. Cath nunca se había sentido tan traicionada. Casi nunca—. No estoy enojada —dijo de nuevo, más seria esta vez. Los labios de Wren se arquearon, y saltó en otro charco. —Bueno. —Pero no puedo—dijo Cath. La cara de Wren cayó. —¿Qué quieres decir? —Bueno, ya le dije a Reagan que viviría con ella de nuevo. —Pero Reagan te odia. —¿Qué? No, no lo hace ¿Por qué dices eso? —Es mala contigo. —Es solo su forma de ser. Creo que soy su mejor amiga, en realidad. —Oh —dijo Wren. Parecía pequeña y mojada. Cath no estaba segura de qué decir… —Tú eres mi mejor amiga —dijo Cath torpemente—. Lo sabes. Unidas. De por vida.

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Wren asintió. —Sí… No, está bien. Debí haber pensado en eso, en ustedes viviendo juntas de nuevo. —Ella comenzó a caminar y Cath la siguió. —¿Qué pasa con Courtney? —Se mudará a la casa Delta Gamma. —Oh —dijo Cath—. Olvidaba que era una candidata. —Pero no es por eso que te pregunté —dijo Wren, le pareció importante decirlo. —Puedes mudarte a Pound. Podrías vivir en nuestro piso, lo digo en serio. Wren sonrió y cuadró sus hombros, recuperándose. —Si —dijo—. Está bien. ¿Por qué no? Está más cerca al campus. Cath saltó en el próximo charco, empapando a Wren hasta los muslos. Ella saltó y gritó, y valió totalmente la pena. Los pies de Cath ya estaban totalmente empapados. —La gracia de Morgan, Simon, despacio. —Penelope mantuvo su brazo extendido al frente de su pecho y miró al patio extrañamente iluminado—. Hay más de una manera para pasar por una puerta en llamas. —Del capítulo 11, Simon Snow y La Tercera Puerta Copyright © 2004 by Gemma T. Leslie

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36 Traducido por Val_17 Corregido por Melii

378 Cath había estado escribiendo por cuatro horas, y cuando escuchó que alguien llamaba a la puerta, se sintió como si estuviera de pie en el fondo de un lago, mirando hacia el sol. Era Levi. —Oye —dijo, poniéndose sus gafas—. ¿Por qué no me mandaste un mensaje? Habría bajado. —Lo hice —dijo, besando su frente. Tomó su teléfono de su bolsillo. Se había perdido dos mensajes y una llamada. Su timbre estaba apagado. —Lo siento —dijo ella, sacudiendo su cabeza—. Solo déjame empacar. Levi cayó sobre la cama y la observó. Viéndolo allí, apoyado contra la pared, trajo tantos recuerdos y tanta ternura, ella se subió a la cama y comenzó besando su cara por todas partes. Él sonrió y la cubrió con sus largos brazos. —¿Tienes mucho que escribir? —Sí —dijo, frotando su barbilla en la suya—. ―Kilómetros que recorrer antes de dormir‖. —¿No le has mostrado nada a tu profesora todavía? Cath había comenzado a morder su barbilla y se alejó, mirando las marcas de dientes—. ¿Qué quieres decir? —¿Has estado girando las cosas pieza por pieza, o estás esperando hasta que toda la historia esté terminada? —Yo... he estado trabajando en Carry On. —No, lo sé —dijo, sonriendo y alisando su mano en su pelo—. Pero estaba preguntando sobre tu proyecto de Redacción-Ficción. Quiero que lo leas para mí cuando esté terminado.


Cath se sentó de vuelta en la cama. Las manos de Levi no dejaron su cabeza y cadera. —Yo... no estoy haciendo eso —dijo ella. —¿No quieres leerlo para mí? ¿Es demasiado personal o algo? —No. No lo es. Sólo... no voy a hacerlo. La sonrisa de Levi se desvaneció. Él todavía no lo entendía. —No lo estoy escribiendo —dijo—. Fue un error decir que lo haría. Sus manos se apretaron sobre ella. —No, no lo fue. ¿Qué quieres decir? ¿No lo has comenzado? Cath se sentó más lejos, bajándose de la cama y yendo a empacar su computador portátil. —Me equivoqué cuando le dije a mi profesora que podía hacerlo, no puedo. No tengo ni una idea, y solo es demasiado. Ni siquiera estoy segura de que voy a terminar Carry On. —Por supuesto que terminarás. Ella lo miró bruscamente. —Sólo faltan nueve días. Levi aún parecía confundido. Y tal vez un poco herido. —Te quedan doce días hasta el final del semestre. Y unos catorce antes de regresar a Arnold, pero por lo que puedo decir, tienes el resto de tu vida para terminar Carry On. Cath sintió que su cara se ponía dura. —No lo entiendes —dijo—. En absoluto. —Entonces explícamelo. —Simon Snow y la Octava Danza sale en nueve días. Levi se encogió de hombros. —¿Y qué? —Y que he estado trabajando dos años hacia esto. —¿Hacia el final de Carry On? —Sí. Y tengo que terminar antes de que termine la serie. —¿Por qué? ¿Gemma Leslie te desafió a una carrera? Cath metió el cable anudado en su bolso. —No lo entiendes. Levi suspiró duramente y pasó sus dedos por su pelo. —Tienes razón. No lo hago. Las manos de Cath temblaban mientras las empujó a través de los brazos de su chaqueta, un suéter grueso de tejido trenzado forrado con lana. —No entiendo cómo puedes dejar esta clase dos veces —dijo Levi, con el ceño fruncido y confundido—. Tengo que luchar por cada

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calificación que consigo, mataría por una segunda oportunidad en la mayoría de mis clases. Y solo estás alejándote de este trabajo porque no te da la gana, porque tienes este plazo arbitrario, y es todo lo que puedes ver. —No quiero hablar de esto —dijo. —No quieres hablar en absoluto. —Tienes razón. No tengo tiempo ahora para discutir contigo. Era la peor cosa para decir. Levi la miró, golpeado. Cath buscó algo más que decir, pero todo a su alcance estaba equivocado. —Tal vez solo debería quedarme aquí esta noche. Sus ojos la recorrieron, con más frialdad de lo que hubiera creído posible. Había dos líneas profundas entre sus cejas. —Bien —dijo, poniéndose de pie—. Nos vemos en nueve días. Él estaba en la puerta antes de que pudiera balbucear: —¿Qué? Cath no estaba tratando de buscar una pelea de nueve días, ella sólo había querido escapar de esta noche, no tenía tiempo para sentirse culpable por la Redacción-Ficción. Incluso pensar en esa estúpida historia hizo sentir a Cath agarrada y abierta. Se acostó en la cama y comenzó a llorar. Su almohada no olía como Levi. No olía como a ninguno de ellos. Él no lo entendía. Cuando el último libro de Simon Snow saliera, todo habría terminado. Todo. Todos esos años de imaginación y reinvención. Gemma T. Leslie conseguiría la última palabra, y eso sería todo, todo lo que Cath había construido en los últimos dos años se convertiría en un universo alternativo. Oficialmente incompatible... La idea la hizo reír húmeda y patéticamente en su almohada. Como si vencer a GTL con un golpe no hiciera ninguna diferencia. Como si Cath en realidad pudiera hacer que Baz y Simon vivieran felices para siempre solo diciendo que era así. Lo siento, Gemma, aprecio lo que has hecho aquí, pero creo que podemos aceptar que se suponía que acabara así. No era una carrera. Gemma T. Leslie ni siquiera sabía que Cath existía. Gracias a Dios. Y aun así... cuando Cath cerró sus ojos, lo único que podía ver era a Baz y Simon.

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Todo lo que podía oír era a ellos hablando en su cabeza. Eran suyos, como siempre lo había sido. Se amaban porque ella creía que lo hacían. La necesitaban para arreglarlo todo. La necesitaban para transportarlos. Baz y Simon en su cabeza. Levi en su estómago. Levi en alguna parte, se ha ido. En nueve días, se habría terminado. En doce días Cath no sería más una estudiante de primer año. Y en catorce... Dios, era una idiota. ¿Siempre vas a ser tan estúpida? ¿Toda tu miserable vida? Cath gritó hasta que se sintió inútil, entonces tropezó fuera de la cama para tomar un trago de agua. Cuando abrió la puerta, Levi estaba sentado en el pasillo, con las piernas dobladas en frente de él, inclinado en sus rodillas. Levantó la vista cuando ella salió. —Soy tan idiota —dijo. Cath cayó entre sus rodillas y lo abrazó. —No puedo creer que dije eso —dijo él—. Ni siquiera puedo llegar a las nueve horas sin verte. —No, tienes razón —dijo Cath—. He estado actuando loca. Todo esto es una locura. Ni siquiera es real. —Eso no es a lo que me refería, esto es real. Tienes que terminarlo. —Sí —dijo, besando su barbilla, tratando de recordar dónde lo había dejado—. Pero hoy no. Tenías razón. Hay tiempo. Ellos esperarán por mí. — Empujó sus manos dentro de su chaqueta. Él la sostuvo por los hombros. —Uno hace lo que tiene que hacer — dijo—. Sólo déjame estar allí. Por las próximas dos semanas, ¿de acuerdo? Asintió. Catorce días. Con Levi. Y luego las cortinas cerradas por este año.

—Tal vez pelear con él no es la respuesta —dijo Simon. —¿Qué? —Baz estaba apoyado contra un árbol, tratando de recuperar el aliento. Su cabello colgaba en mechones viscosos, y su rostro estaba manchado con barro y sangre. Simon probablemente se veía aún peor—. No estás renunciando ahora —dijo Baz, buscando el pecho de

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Simon y tirando de él hacia adelante, ferozmente, por las correas abrochadas de su capa—. No te dejaré. —No estoy rindiéndome —dijo Simon—. Solo... tal vez pelear no es la respuesta. No fue la respuesta contigo. Baz arqueó una elegante ceja. —¿Vas a besar al Humdrum, ese es tu plan? Porque él es la evidencia. Y se parece a ti. Ambos son vanidosos y desviados, Snow, incluso para ti. Simon manejó una sonrisa y llevó una mano al cuello de Baz, sosteniéndolo con firmeza. —No sé lo que voy a hacer. Pero he terminado la pelea, Baz. Si seguimos así, no quedará nada por lo que luchar. —De Carry On, Simon, publicado en abril del 2012 por FanFixx.net Autor Magicath

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37 Traducido por CrisCras Corregido por Melii

383 —Cather. —Mmmm. —Oye. Despierta. —No. —Sí. —¿Por qué? —Tengo que ir a trabajar. Si no nos marchamos pronto llegaré tarde. Cath abrió los ojos. Levi ya se había duchado y puesto su ropa gótica de Starbucks. Olía como una verdadera primavera irlandesa. —¿Puedo quedarme? —preguntó ella. —¿Aquí? —Sí. —Estarás atascada aquí todo el día. —Me gusta estar aquí. Y de cualquier forma, solo voy a escribir. Él sonrió. —Está bien, claro. Traeré la cena al volver… Tú escribe todas las palabras —dijo, besándola en la frente—. Dale a Simon y Baz lo mejor. Ella pensó que podría volver a dormirse, pero no podía. Se levantó y tomó una ducha (ahora olía como Levi), contenta de no ver a nadie más en el pasillo. Al menos uno de sus compañeros de piso estaba en casa. Podía oír música. Cath volvió a la habitación de Levi. La noche anterior había sido cálida y se habían quedado dormidos con las ventanas abiertas. Pero el tiempo había cambiado, hacia demasiado frío ahora, especialmente para alguien con el pelo húmedo. Cogió su ordenador portátil y se arrastró debajo del edredón, doblándolo hacia arriba encima de ella; no quería cerrar las ventanas.


Pulsó el botón de encendido y esperó a que su ordenador se iniciara. Luego abrió un documento de Word y observó el cursor parpadear ante ella; podía ver su rostro en la pantalla en blanco. Diez mil palabras, y ninguna de ellas tenía que ser buena; solo otra persona las leería alguna vez. Ni siquiera importaba por dónde comenzara Cath, siempre y cuando terminara. Empezó a teclear… Me senté en las escaleras de atrás. No… Ella se sentó en las escaleras de atrás. Cada palabra se sentía pesada y dolorosa, como si Cath las estuviera sacando una a una en astillas de su estómago. Un avión sobrevoló la zona, y eso estaba mal, todo mal, y su hermana también lo sabía, porque estrechó su mano como si ambas fueran a desaparecer si no lo hacía. Esto no era bueno, pero era algo. Cath siempre podría cambiarlo después. Esa era la belleza de amontonar palabras —se hacían de peor gusto cuantas más tuvieras. Se sentiría bien volver y cortar esto cuando hubiera escrito algo mejor. El avión estaba volando tan lento, moviéndose tan lentamente a través del cielo, que podrías pensar que acababa de elegir la azotea perfecta para aterrizar. Ellas podían oír el motor; sonaba más cerca que las voces gritando dentro de la casa. Su hermana levantó la mano como si pudiera tocarlo. Como su pudiera agarrarlo. La chica apretó la otra mano de su hermana, intentando anclarla a las escaleras. Si te marchas, pensó, voy a ir contigo.

A veces escribir es correr cuesta abajo, tus dedos se sacuden detrás de ti sobre el teclado del modo en que lo hacen tus piernas cuando no pueden seguir el ritmo de la gravedad. Cath cayó y cayó, dejando un rastro de palabras enmarañadas y malos símiles detrás de ella. A veces su barbilla temblaba. A veces se limpiaba los ojos con su suéter. Cuando se tomó un descanso estaba hambrienta, y tenía tantas ganas de hacer pis que apenas llegó al baño de la tercera planta. Encontró una barrita de proteínas en la mochila de Levi, trepó de nuevo a

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su cama, y luego siguió escribiendo hasta que le oyó subir corriendo las escaleras. Cerró el ordenador antes de que la puerta se abriera —y la visión de él sonriendo hizo que sus ojos quemaran hasta su garganta.

—Deja de dar botes —espetó Wren—. Estás haciéndonos parecer unos nerds. —Cierto —dijo Reagan—. Eso es lo que nos está haciendo parecer unos nerds. Los botes. Levi le sonrió a Cath. —Perdón, la atmósfera está llegando a mí. — Llevaba la camiseta de CARRY ON de ella sobre una camiseta negra de manga larga, y por alguna razón la visión de Baz y Simon frente a frente en su pecho era inquietantemente caliente. —Está bien —dijo ella. La atmósfera también la estaba alcanzando. Habían estado esperando en la cola durante más de dos horas. La librería estaba reproduciendo la banda sonora de la película de Simon Snow, y había gente en todas partes. Cath reconoció a algunos de ellos de los pasados lanzamientos a medianoche; era como si todos fueran parte de un club que se reunía cada par de años. 11:58. Los libreros empezaron a depositar grandes cajas de libros —cajas especiales, de color azul oscuro con estrellas doradas. La gerente de la tienda llevaba capa y un sombrero puntiagudo de bruja totalmente incorrecto. (Nadie en Watford llevaba sombreros puntiagudos). Se puso de pie sobre una silla y dio golpecitos en una de las cajas registradoras con una varita mágica que se parecía a algo que llevaría Campanilla. Cath rodó los ojos. —Ahórrate el teatro —dijo Reagan—. Tengo un examen final mañana. Levi estaba dando botes otra vez. La gerente llamó a la primera persona de la fila con gran ceremonia, y todo el mundo en la tienda empezó a aplaudir. La cola se sacudió hacia adelante —y pocos minutos más tarde, Cath estaba allí ante la caja registradora, y el empleado le tendió un libro que era de por lo menos ocho centímetros de espesor. La sobrecubierta se sentía como terciopelo.

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Cath se alejó un paso de la caja registradora, intentando salir del camino, agarrando el libro con ambas manos. Había una ilustración de Simon en la portada, sosteniendo en alto la Espada de los Magos bajo un cielo lleno de estrellas. —¿Estás bien? —Oyó que alguien, ¿Levi?, preguntaba—. Oye… ¿estás llorando? Cath pasó los dedos a lo largo de la cubierta, sobre la dorada letra de imprenta en relieve. Luego alguien más corrió hacia ella, empujando el libro contra el pecho de Cath. Empujando dos libros contra su pecho. Cath alzó la vista justo cuando Wren lanzaba un brazo alrededor de ella. —Ambas están llorando. —Cath oyó que decía Reagan—. Ni siquiera puedo mirar. Cath liberó un brazo para envolverlo alrededor de su hermana. —No puedo creer que realmente se haya acabado —susurró. Wren la abrazó más fuerte. En verdad también estaba llorando. —No seas tan melodramática, Cath. —Wren se rio con voz ronca—. Nunca se acaba… es Simon.

Simon dio un paso hacia el Humdrum. Nunca había estado tan cerca. El calor y la atracción casi eran demasiado para él; sentía como si el Humdrum fuera a absorber su corazón a través de su pecho, sus pensamientos de su cabeza. —Te creé con mi hambre —dijo Simon—. Con mi necesidad de magia. —Con tu capacidad —dijo. Simon se encogió de hombros, un esfuerzo hercúleo en la presencia y la presión del Humdrum. Simon había pasado toda su vida, bueno, los últimos ocho años de ella, tratando de llegar a ser más poderoso, tratando de vivir de acuerdo con su destino, tratando de convertirse en el tipo de mago, tal vez el único mago, que podría derrotar al Humdrum Insidious. Y todo lo que había hecho era avivar la necesidad del Humdrum. Simon dio el último paso hacia adelante. —Ya no estoy hambriento más.

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—Del capítulo 27, Simon Snow y el Octavo Baile Copyright © 2012 by Gemma T. Leslie

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38 Traducido por becky_abc2 Corregido por Gabbita

388 Era su última noche de viernes en Pound Hall. Había un chico en su habitación. En la cama de Cath, ocupando mucho más que la parte que le correspondía, y comiendo el resto de su mantequilla de maní. Sacó la cuchara de su boca. —¿Lo entregaste? —Lo deslicé por debajo de electrónico también, por si acaso.

su puerta, se lo enviaré por correo

—¿Me lo leerás? —Pffft —Cath sacó La Octava Danza de su bolso y lo dejó caer sobre la cama—. Prioridades —dijo—. Hazme espacio. Levi frunció la nariz y trató de saborear la mantequilla de maní de sus dientes. Cath empujó su hombro. —Hazme espacio. —Él sonrió, inclinándose contra su almohada, y dio unas palmaditas en el espacio de la cama, entre sus piernas dobladas. Subió sobre sus rodillas, y él puso sus brazos alrededor de ella, tirándola más cerca. Sintió su barbilla en la nuca. —¿Estás poniendo mantequilla de maní en mi cabello? —Es preventivo. Cuando más tarde ponga chicle en tu cabello, no se pegará. Abrió el libro y trató de encontrar su lugar. Era robusto. Estuvieron leyendo por dos días, tomando descansos entre los estudios y los finales, y aún así faltaban cuatrocientas páginas. Habían dejado un fin de semana juntos, y Cath iba a leer hasta que se quedara sin aire. —No puedo creer que no me lo hayan arruinado —dijo. —Estaba planeando despojarte después —dijo Levi—. Pero si quieres, podemos hacer eso primero.


—Almorcé con Wren hoy, y casi me lo arruinó en cuatro momentos diferentes. No me atrevo a entrar en Internet, las personas están cotilleando todo en el FanFixx. —Hice un letrero para ponerlo en mi delantal que dice: ―NO ME DIGAS QUÉ PASA EN SIMON SNOW‖ —Tal vez debería escribir eso en mi frente —dijo Cath. —Podría hacer la parte del despojo… —¿Recuerdas dónde nos quedamos? Se me cayó el separador. —Trescientos diecinueve, el Humdrum había convertido a los merwolves contra la escuela y estaban arrastrándose alrededor, arrastrando sus aletas, haciendo que todo se mojara y rechinando sus dientes contra los niños pequeños y luego Penelope Bunce, la heroína de nuestra historia, lanzó un hechizo que hizo que las nubes llovieran plata. —Creo que Baz lanzó el hechizo. —Sí, pero Penelope lo miró. Fue fundamental. —Página trescientos diecinueve —dijo Cath—. ¿Estás listo? Levi la empujó contra él, la besó en el cuello un par de veces, y luego la mordió, ubicó a Cath entre sus piernas, apretando su cintura. —Listo. La plata rebotó como el mercurio de la piel de Simon, pero se dibujó enfermizamente en la piel del Merwolf, líneas grises de acero aparecieron en los ojos amarillos de la bestia, y se aflojaron, salpicando en el suelo. Simon se quedó sin aliento y miró alrededor del pasto. Todos los merwolves se derrumbaron y Penelope llevaba a los niños pequeños de regreso a la relativa seguridad de la fortaleza. Basil se dirigió a través del césped hacía Simon, frotando la plata de su capucha negra. Ni siquiera se molestó en ocultar sus colmillos; Simon podía verlos desde ahí. Simon ajustó su agarre sobre la Espada de los Magos y la sostuvo en lo alto en señal de advertencia. Baz se detuvo frente a él y suspió. —Dale un descanso, Snow. Simon sostuvo la espalda más alta. —¿De verdad crees que quiero pelear contra ti? —preguntó Baz—. ¿Ahora? —¿Por qué debería ser hoy un día diferente, de todos los demás de nuestras vidas?

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—Porque hoy estamos en guerra. Y nosotros estamos perdiendo. Estas perdiendo… por primera vez. Y no es tan satisfactorio como siempre pensé que sería. Simon quería argumentar, decir que no estaba perdiendo, que no podía permitirse perder esta guerra, pero no tenía el corazón para ello. Tenía miedo, terror, de que Baz estuviera en lo cierto. —¿Qué quieres, Baz? —preguntó con cansancio, dejando caer la espada a un lado. —Quiero ayudarte. Simon rió y se limpió la cara con la manga. Dejó rastros de sangre y plata. —¿En serio? Me perdonarás, espero, si no te tomo la palabra, dado que los últimos ocho años me has querido matar y así sucesivamente. —¿No crees que ya te hubiera matado si realmente lo quisiera? —Baz levantó una ceja—. No soy tan inútil, sabes. Solo quería hacerte miserable… y robarme a tu novia. Los dedos de Simon se tensaron sobre la empuñadura de su espada. Baz dio un paso más cerca. —Snow, si pierdes esto, todos perdemos. Es posible que quiera un mundo sin ti, y un mundo sin el tirano de tu padre. Pero no quiero un mundo sin magia. Si el Hundrum gana… Simon estudio el pálido y serio rostro de Baz, y sus ardientes ojos grises. Hubo ocasiones en que Simon creyó conocer esos ojos mejor que los suyos propios… —Levi se rió. —Shhhhh —dijo Cath—. No puedo creer que esto esté sucediendo… —… ocasiones en las que creyó poder leer la cara de su enemigo mejor que cualquier otra persona. Incluso mejor que la de Agatha. —Deja que te ayude —dijo Baz. Había algo que Simon reconoció en su voz. Sinceridad, tal vez. Vulnerabilidad. Simon tomó una decisión rápidamente. (La única manera en que siempre lo hizo). Asintió una vez y envainó la Espada de los Magos. Luego se limpió la mano en su pantalón y la sostuvo frente a él. Baz mantuvo la mirada de Simon tan ferozmente como siempre, y Simon se preguntó si había demasiada animosidad —demasiada historia— entre ellos como para cerrarla. Demasiado para poner a un lado u olvidarse. Todas las maldiciones. Todos los hechizos.

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Todas las veces que habían caído al suelo, con los puños y las varitas oscilando, agarrando la garganta del otro… Y entonces Baz tomó su mano. Los dos magos, hombres jóvenes ahora, se dieron la mano y compartieron un momento que no tenía nada más -—¿Qué más podría tener? —que comprensión. —¿Qué pasa con Agatha? —preguntó Simon, cuando el momento pasó, cuando sus manos volvieron a caer a sus costados. Baz sonrió y empezó a caminar por la empinada colina hasta el castillo. —No seas tonto, Snow. Nunca me voy a rendir con Agatha. El problema de jugar a la escondida con tu hermana es que a veces se aburre y deja de buscarte. Y ahí estás, debajo del sofá, en el armario, atrapada detrás del árbol lila... y no te quieres dar por vencida, porque tal vez ella solo está buscando el momento oportuno. Pero tal vez se alejó… Tal vez está mirando TV abajo y comiendo el resto de las papitas Pringles. Esperas. Esperas hasta que olvidas que estas esperando, hasta que olvidas que hay algo más que calma y silencio; y una hormiga se arrastra por tu rodilla, y ni te inmutas. Y no importa ahora si está viniendo por ti, esconderse es suficiente. (Ganas si nadie te encuentra, incluso si nadie está buscándote.) Cuando sales de detrás del árbol, es por que quieres. Es la primera respiración después de una larga inmersión. Ramas crujen debajo de tus pies, y el mundo es más caliente y brillante. Listo o no, aquí vengo. Aquí vengo, listo o no. —De ―Left‖ de Cather Avery, ganadora del Premio Underclassmen, Prairie Schooner, Otoño 2012.

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Agradecimientos Gracias, gracias, gracias a todos los que fueron buenos conmigo mientras escribía este libro, pero sobre todo a: Bethany, que es una excelente e incansable beta, y una maravillosa amiga, que va por ahí haciendo mi vida, e Internet, mejor. Forest, que habla de los personajes como si fueran personas reales, y Jade, que nunca se cansa de ellos. Mi editora, Sara, que es jodidamente increíble. Y a todo el mundo en St. Martin Press, que han trabajado tan duro para ayudar a mis libros a encontrar lectores, y a los lectores a encontrar mis libros. ¡Gracias a Christopher, que es de cinco kilos de agente en un saco de dos kilos! A Rosey y Laddie, que me hacen feliz. Y a Kai, quien me dice que escriba todas las palabras. También: Me decidí a escribir este libro después de leer mucho (en realidad mucho) fanfiction. Leerlo fue una experiencia transformadora, que cambió mi forma de pensar sobre la escritura y la narración, y me ayudó a entender más profundamente mis intensas relaciones con los mundos de ficción y personajes. Así que, gracias a ti por escribirlo.

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SOBRE EL AUTOR Rainbow Rowell vive en Omaha, Nebraska, con su esposo y dos hijos. Tambi茅n escribi贸 Eleanor & Park y Attachments. Visita su sitio web en www.rainbowrowell.com.

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TRADUCIDO, CORREGIDO & DISEÑADO EN: 394

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