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Diseño de portada: Juan Manuel Morales.

Anders Behring Breivik No. 4 Compilación independiente de literatura joven

Comité editorial

Director Óscar Grajeda Consejo editorial Jesús Carmona-Robles Marco Antonio Larios Quirino Luis Miranda Barragán Alán Santiago Sainz Darío Zalapa Solorio Anders Behring Breivik es una publicación independiente sin periodicidad establecida. Asumimos la responsabilidad de los contenidos. Se permite la reproducción total o parcial de los textos, así como su plagio. Anders Behring Breivik No. 4 fue cargado a la red el día 6 de septiembre de 2012 en la ciudad de Hermosillo, Sonora, México.


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Colaboradores

Gerardo Arana (Querétaro, 87) † Fue licenciado en Lenguas Modernas por la UAQ. Autor de Hacer Pájaros (Herring Publishers/UAQ, 2008), Neónidas (Herring Publishers/UAQ, 2009), El Whisky del Barbero Espadachín (Urano, 2010), Bulgaria Mexicali (Herring Publishers, 2011), Met Zodiaco (Copy&Hack, 2012) y Pegaso Zorokin (Molinos de: / [Radiador], 2012). Daniela Catrileo (Santiago, 87) Estudiante de filosofía en UMCE. Durante el año 2011 fue becaria de la Fundación Neruda y durante el año 2012 obtiene la beca de creación literaria del CNCA, por su proyecto “Río Herido”. Ha participado en diferentes encuentros literarios y colectivos de arte. Actualmente trabaja en múltiples proyectos editoriales y gestiones culturales independientes. Saúl Fimbres Delgado (Hermosillo, 88) Me gusta la cerveza, no lo voy a negar. Tener muchas mujeres, me gusta mucho más. Y solo fumo Camel 14. Listo. Luis Flores Romero (Ciudad de México, 87) Estudió Letras Hispánicas en la UNAM. Ha publicado en algunas revistas nacionales como Casa del tiempo y Pliego 16. Poemas suyos aparecen en la revista en línea Círculo de poesía. En 2009 obtuvo el premio de poesía joven Jaime Reyes, que otorga la UACM, con el libro Gris urbano y en 2010 el primer lugar en el concurso de poesía Punto de Partida que convoca la UNAM. Becario de la FLM durante los períodos 2010-2011 y 2011-2012. Rocío Gallardo Gómez (Ciudad de México, 90) Rocío es mexicana pero también es argentina.Tiene el corazón dividido en dos: cuando está en el DF extraña los asados con amigos y cuando está en Buenos Aires extraña las quesadillas de harina azul.


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Gerardo Grande (Ciudad de México, 91) Ha publicado en varias revistas de México, entre ellas se encuentran: Trifulca, Mantarraya, Gaceta Literal y el suplemento “Piedra Papel y Tijera” de la revista La Piedra; Así también en antologías de poesía como Los Vali3nt3s C3r36ral3s y las flor3s 6inarias 6ajo el arcoíris p3rp3tuo y la selección de 30 poetas nacionales hecha por la UNAM para su revista Punto de Partida. Ha participado en festivales de poesía en Mazatlán, Aguascalientes, Cuernavaca, Puebla, Chiapas, Tijuana y Distrito Federal. Formó parte de la “Red de los Poetas Salvajes”. Tiene publicada una plaquette híbrida titulada Circulo de animales invisibles. Es fundador de la editorial/mapa de muchachos en llamas Orquesta Eléctrica, y es miembro organizador del Festival Subterráneo de Poesía. En 2011 fue seleccionado a participar en el “Curso de Creación Literaria para Jóvenes” organizado por la Fundación para las Letras Mexicanas y la Universidad Metropolitana de Monterrey, en la ciudad de Monterrey, Nuevo León. Está próximo a aparecer un EP de poemas titulado Canto de mi árbol en el incendio (UÁ-IÁ IÍ-Á). Actualmente trabaja en un LP de poemas digitales. David Marín (Puebla, 90) Estudiante de Letras y actor frustrado. Primer Lugar en X Premio Filosofía y Letras Buap, cuento. En 2009 asistió al “Curso de Creación Literaria para Jóvenes” convocado en la ciudad de Xalapa por la FLM y la UV. Sandra Martínez Hernández (Estado de México, 90) Egresada de la Licenciatura en Trabajo Social por la UNAM. En el 2010 obtuvo el segundo lugar en el Concurso Nacional de Narrativa Infantil y Juvenil celebrado por el Templo Mayor y el INAH. Participó en el “Curso de Creación Literaria para Jóvenes” en su edición 2010 y 2011, organizado por la FLM y la UV. En el 2012 participó en el mismo Curso en su edición Monterrey. Actualmente estudia Lengua y Literaturas Hispánicas en la UNAM. Juan Manuel Morales (Nogales, 85) Hace ilustración editorial, cartón, gifs animados y es mostro de tiempo completo. En sus ratos libres se manifiesta como inteligencia colectiva.


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Diego Salas (Xalapa, 84) Fue becario del FONCA 2005-2006 con especialidad en poesía. Es graduado de Underground Ad en Buenos Aires, y ha trabajado, entre otras cosas, como copy junior en Inkmedia3D así como también en distintos proyectos independientes. Fue redactor del Ágora de la Ciudad (Xalapa, Veracruz) y corrector de estilo en distintos medios electrónicos e impresos. Es coordinador editorial de la revista Habitante y entre sus publicaciones destacan Andar (UV, 2010) y La caja para encender (Tierra Adentro, 2012), así como el relato “Gourmet” (Revista anual de Editorial Norma 2011, y Punto en línea, UNAM, 2011). También ha participado en foros internacionales sobre crítica e investigación literaria en torno a la violencia y literatura. Desde julio de 2012 forma parte del Comité Honorario Internacional de EDUVIM para todo México. Irma Torregrosa (Mérida, 93) Desde muy chica me hablaron de cronopios. Disfruto la vida de tiempo completo y en mis ratos libres estudio comunicación social. Me gusta la lluvia, el café y la bici. No soy poeta, pero tengo en mí todos los sueños del mundo.


NÚMERO ESPECIAL

CONVOCATORIA • Podrán participar todos los escritores menores de 30 años. • La extensión de los textos, así como el género al que pertenezcan, es de libre elección por parte del autor. • Deberán remitir su material junto con una ficha biográfica sucinta a la dirección de correo electrónico lean.anders@gmail.com con la leyenda Yo soy James Holmes como asunto, de no ser así, el material no será considerado. • El consejo editorial de Anders Behring Breivik se compromete a hacerle llegar a los seleccionados tres copias de la edición impresa. • Más información en leananders.tumblr.com. • Es todo.


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Índice

Las imágenes a nuestro antojo.............................................................................9 Territorio manuscrito............................................................................................10 En el piso de arriba..................................................................................................11 Frente al enemigo....................................................................................................12 Dirección San Francisco........................................................................................13 Sin corazón no hay ritual......................................................................................14 Daniela Catrileo Periodismo literario................................................................................................15 Un acto de voluntad................................................................................................18 Lingüística hoy........................................................................................................20 Gerardo Arana LA CIEGA INTERMITENCIA........................................................................23 PUERTAS..................................................................................................26 SOLILOQUIO SOBRE LA GRIETA.............................................................28 Diego Salas Tigre California.......................................................................................................29 David Marín Esta noche yo duermo en Nogales (El hogar de la gente sin cuidades).....................................................................41 Saúl Fimbres Delgado Noches pesadas........................................................................................................43 Incidente-venganza...........................................................................................47 Hambruna.......................................................................................................49 Rocío Gallardo Gómez Cartografía del sueno (fragmentos): Iste De Cartografía del sueño.............................................................................53


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Lugar ajeno...............................................................................................................59 Presurosa.................................................................................................61 Caminar....................................................................................................62 Domingo sin paraguas...........................................................................................63 Luis Flores Romero

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Murmullos......................................................................................................57 Sandra Martínez Hernández

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Fotografía de un paraguas.....................................................................................54 Era venir desde el amor.........................................................................................55 A la hora del último café.......................................................................................56 Irma Torregrosa

UÁ-IÁ IÍ-Á: EP DE POEMAS (fragmentos): SEMBRÉ LA SEMILLA DE UN ÁRBOL....................................................65 TIERRA FLORIDA..............................................................................................67 QUIERO VER A LOS MUCHACHOS DESNUDOS.................................84 7 MUERTES HACEN 1 GATO.........................................................................86 PASAJERO DE SONIDOS..................................................................................89 Gerardo Grande


Daniela Catrileo

Las im谩genes a nuestro antojo

Puedes escribir desde las sombras, lubricarte en ellas, abrir las piernas y cercenarlas. Construir una nueva pierna, comerte sus piernas, meterle una pierna en su pierna, tener tres piernas, subir la pierna por su espalda o no tener pierna alguna. Yo quiero un brazo en vez de pierna. Un brazo que me haga volar sobre los tejados de mi poblaci贸n y erotizarme en las ventanas. Un brazo y la ventana bastan para masturbarme mientras t煤 escribes. Puedo convertir las letras en dildos o escafandras, y molestarte con mi brazo, mientras paso sobre tu cuello cada letra que se meti贸 en mi falda. A veces solo quiero dos brazos.

7


Territorio manuscrito

Te escribĂ­ tanto tiempo que ya no me quedan cuerpos que nombrar.

8


En el piso de arriba

han muerto tres personas. Suben la radio y se cuelgan como tus mujeres. Gimen peque単os aullidos a una hora exacta, hasta que alguien adelanta el reloj.

9


Frente al enemigo

Escucho el ritmo de olas en su espalda, saltamos un par de veces para no mojar el espacio de las rocas, para no llenar el blanco de días que se ahogan por el fuego. Nunca dijo que corriéramos para salvarnos. Nuestro rostro de frente, ante las balas. Nuestros rugidos de frente ante las máquinas. Nunca fueron olas.

10


Dirección San Francisco

Hay un niño dirigiendo su pistola en mi cabeza, el santo de las calles solo es el nombre. Amanecer como en la infancia, escuchando las mismas palabras. Ahora me paseo por la ciudad de los perros y las luces mirando mi cuerpo entre vidrieras, tratando de recoger ese mundo que se rompe a la salida del sol. Un hombre repite su nombre para ver mi reacción. Preferiría no pensar que perdí un hermano, porque no tengo más hermanos. Estaría contándole todas las estrellas si es que existe.

11


Sin corazón no hay ritual

Traiciono a los fieles mientras pintan mi carne, tengo la piel curtida, tostada de sol y espinas. Escucho los rezos desde el interior de un cactus, viajo tres mil kilómetros hasta el cerro del colibrí. Tengo mi piedra, tengo un corazón que por la noche saldrá de las bocas de todos mis enemigos hasta florecer. Agito mis hojas hasta la luna. Tengo verbo de paisaje. El aire roba la sal de mi lengua, coman de mí, hasta ahogar mi fiebre.

12


Periodismo literario Gerardo Arana Hay que ser un artista para entender a otro. Los críticos de arte no se parecen mucho a los grandes pintores. Norman Mailer

Era 1991, falto de ánimo y solamente con propósitos de documentación, asistí con Tabita Caprice a la Filmoteca Nacional de Santiago de Chile a ver Tough Guys Don’t Dance (Los hombres duros no bailan - 1984), adaptación homónima de la siniestra comedia de enredos del escritor norteamericano Norman Mailer (América, La Canción del Verdugo, Un Sueño Americano, Los desnudos y Los Muertos). Tabita, a falta de ocupación alguna, me acompañaba en el oficio de mi ilustración óptica, esto, a propósito de una revisión que realizaba en torno a la última novela de Mailer, El Fantasma de Harlot, para una revista mexicana de urbanismo y literatura hispanoamericana. El filme me pareció fascinante. Ella, una vez terminada la función, me hizo notar su desaprobación. Con motivo de desviar su opinión a mis intereses le hablé acerca de Mailer. Luego le mostré una fotografía del escritor que guardaba en los interiores de mi portafolio. A Tabita le impresionó mucho la fotografía, me dijo que le recordaba mucho a alguien pero que le desesperaba no saber a quién. Tabita Caprice en un acto de magna actividad mental logró efectuar una muy notable asociación: Norman Mailer le recordaba a Norman Mailer. Impresionante para ser Tabita. Luego me habló de su último viaje a Nueva York. Tabita Caprice, vacacionista moderna y estudiante de sistemas en el Poli de Santiago, suponía haber visto en una re13


ciente visita a Nueva York al grandioso escritor norteamericano. Según su informe, Norman Mailer perseguía furioso a una de sus enfermeras a las afueras del Museo de Ciencias Naturales en Rochester. La persecución era de alta velocidad, el supuesto Mailer conducía un Mustang color mostaza sin capote. Mientras Tabita contaba su historia pareciera que se iba convenciendo de que aquel insolente personaje era Mailer. Según Tabita el artista le gritaba a la enfermera: ¡Anda, vamos hacer el amor utilizando todas las preposiciones, todas las conozco, se dice por ahí que soy un gran escritor! Después, Mailer detuvo el auto a las afueras del museo y continuó su persecución en los escalones, llevaba una bata de papel y bebía Whisky del gollete. Según Tabita, el esplendoroso escritor –cual primate regicida– le gritaba a la enfermera: Anda, déjame tocarte, querida. Anda, ¿acaso no te es notorio mi gran talento? Anda, déjame tocarte esa tu colita de hueso de conejo. —Darling, let me touch your little rabbit back bone –repitió Tabita en varias ocasiones. La enfermera, aplicando las artes de la escapatoria, había perdido al colérico escritor. Tabita parecía emocionada. Cuando terminó con su historia yo le dije que no dudaba la aparición de tales actitudes en la figura de Norman Mailer, aquel no sería su primer crimen del orden pasional. Norman Mailer, terrible escritor pugilista –como solía nombrarlo en sus revisiones pasionales el humorista de la BBC James Copper–, se distinguía desde hacía mucho tiempo por su aparición en tales eventos. Yo, en realidad, no dudaba de tal encuentro, tales actos eran típicos del escritor. Mailer, figura del gran divo del oeste tardío, grandioso pensador moderno, centinela normativo y asaltante político, era famoso por haberle dado seguimiento a la saga de escándalos que había comenzado con su apoyo 14


al homicida serial Jack Abbott en la búsqueda de su libertad condicional. Peleas con grandes escritores (Capote, Callaway, Burton Keys). Problemas de política internacional (Corea, Viet-Kong, Puerto Rico). Tabita parecía interesada en los datos menores del escritor. Ese día hablé muy mal de Norman Mailer. Tabita me pidió la fotografía. Días después, Tabita, nerviosa, me llamó a la oficina. Cuando recibí la llamada yo estaba de un pésimo humor. Al consejo editorial de la revista de urbanismo y literatura hispanoamericana no le había gustado mi revisión, me habían enviado una nota con un tono de desaprobación absoluta. En el mensaje me hacían notar, entre otras cuestiones, el hecho de que Mailer era un gran autor, ¿cómo había sido yo capaz de reducir su obra a un mediano estudio sobre su sexualidad? —Antón, no terminé la historia de la última vez. Cuando la enfermera escapó yo tomé su lugar. Mira Antón, te voy a decir la verdad, creo que me acosté con Norman Mailer; no estoy segura de que fuera él. Antón, tú sabes que a mí no me gusta la literatura, pero anda, dime: ¿Me acosté con un buen escritor?

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Un acto de voluntad Gerardo Arana

María Luisa decidió que no volvería a leer nunca. Ni relatos de dragones y caballeros, ni biografías que le sirvieran de ejemplo. Ni los ejercicios de álgebra IV, ni las páginas del catecismo. Ni los subtítulos de las películas, ni las palabras que se formaban con letras de sopa en la cuchara. Ni las letritas de los exámenes de vista, ni las actividades de la caja del cereal. Ni nada que se dijera real, ni nada que prometiera lo incierto. Su decisión, como ocurre con las decisiones importantes, la metió en serios problemas. María Luisa enloqueció a su maestra de Literatura y se quedó sin escuela. Sus padres llamaron a los médicos pero la voluntad de María Luisa les hizo perder la cabeza. —¡Se me olvidó cómo leer! –le dijo a muchísimos expertos. Un día se le pasará, le decían los doctores a la madre, quien veía a María Luisa jugando con la báscula del consultorio. María Luisa sabía que la voluntad era más importante que la lectura, pasaron los años y ese ejercicio, ese acto de voluntad, sin darse cuenta, dotó de sentido su vida. Hay gente que dice voy a dejar fumar, hay gente que dice voy a dejar de tomar. Dónde está la gente que dice: voy a cerrar los ojos durante una semana, voy a subir a los árboles y nunca voy a bajar. María Luisa, como seguía comiendo frutas y bebiendo agua pudo prolongar su aventura durante ochenta y seis años. María Luisa, aunque una vez casi se envenena por no leer la etiqueta de un detergente, aunque era la última en enterarse del nombre de la ciudad a la que llegaba, aunque no entendió el argumento de las películas extranjeras, aunque no leyó 16


los cuentos de Edgar Allan, ni la carta del poeta que quer铆a casarse con ella, tuvo una enfermedad en el pecho y muri贸 relativamente feliz.

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Lingüística hoy Gerardo Arana

El Doctor Mustafa Kovacevic, ˇ ´ autor de Vitalidad y organización de los pretéritos perfecto simple e imperfecto según la formación de oraciones en el habla culta de la Ciudad de México (UNAM, 1994) y sus amigos los Lingüistas, ansiosos por completar las referencias de un texto ya terminado, decidieron acudir en apurada aventura a los peligrosos parajes de la selva guatemalteca. Pidieron prestada la furgoneta de la facultad de biología, desordenaron sus escritorios en busca de aparatos de grabación portátil y mandaron a imprimir tarjetas con sustantivos para solucionar cualquier malentendido. La excursión académica tenía emocionado a Kovacevic, ˇ ´ quien en bienestar del grupo, se desveló con su madre preparando sándwiches de jamón de pavo. ˇ ´ mimando su bigote en el retrovisor, esperaba Kovacevic, a que la maestra Eusebia Pöns terminara de maquillarse. La maestra subió a la furgoneta y emprendieron la marcha con entusiasmo. Los demás investigadores aguardaban ansiosos en el estacionamiento de la facultad. Los Lingüistas utilizaban playeras de corte marinero y estampado de Noam Chomsky, en el respaldo de las mismas, además del número 10, se aclaraba el grado académico del investigador. Una vez en el vehículo, salieron en búsqueda (o persecución furiosa) de nativos y registros fonéticos. Salieron de la Ciudad de México a horas tempranas. Durante el camino cantaron una y otra vez una canción de cuna purépecha; abatidos por el aburrimiento tradujeron la melodía al provenzal, al francés y al rumano. Unos días después llegaron a una vereda con forma de silla de caballo. Bamboleando con furia la cuatro por cuatro, el entrometido escuadrón motorizado se adentró a las intimidades 18


de la biósfera montaraz. La impertinente brigada, derribando sin el menor cuidado la espesura de un bosque ancestral, se encontró en los misteriosos dominios de los que se decían últimos hablantes del dialecto Achi-Yepocapa. Asustando a un grupo de nativos con la desmesurada velocidad de la furgoneta buscaron un estacionamiento junto a una choza de hierba. Un muchacho salvaje se enfrentó a los Lingüistas y a sus aparatos de grabación personales. —Tehuanca Altrai at Chomsky altercu Farfar –exclamó el aborigen a la vez que señalaba el pecho de la maestra de Lingüística Tamara González. La maestra se sintió tan emocionada que no pudo evitar el acercarse para abrazarlo. El muchacho retrocedió a la defensiva. No importaba, la cinta magnética de los exploradores había guardado el valioso registro. Cuando el muchacho dio seña de haber terminado, la doctora Eusebia Pöns se alejó del grupo para comenzar a traducir el extraño segmento pronunciado por el nativo. ˇ ´ El jovencito Achi-Yepocapa se acercó a Mustafa Kovacevic y separándolo del grupo le dijo en el más distinguido de los castellanos: —Por lo que veo en sus grabadoras y atuendos son Lingüistas, y sí, efectivamente, nos da mucho gusto que nos visiten –hizo una pausa a la que siguió un ademán afrancesado –. Voy a ser sincero, la verdad no nos interesa que estudien las características tonales del Achi-Yepocapa frente a la flexión del verboide en Español. Mire, tenemos una sesión de fotos con las personas del National Geographic, y ¿cómo decirlo, señor Kovacevic?, ˇ ´ me gustaría ser un poco más atento, pero al viejo del pueblo, el venerable Achi-Papaleo, le pareció ofensiva la traducción que usted realizó de sus poemas tonales. Además, si nuestra lengua se sigue difundiendo, vamos a perder puntos en el fondo internacional para la preservación étnica 19


de culturas en próxima desaparición. Lo siento, tengo que ir a maquillarme, pero pueden comprar postales en la caseta de entrada a la reserva. Mientras tanto, la maestra Eusebia Pöns, quien se había mantenido distante, dedicada a la traducción del saludo del jovencito Achi-Yepocapa, resolvió el pasivo, ajusto el dativo, leyó el resultado para sí misma, miró su playera con extrañeza y repitió el segmento recién traducido al castellano: “Yo me imaginaba a Chomsky (mucho) más gordo”.

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Diego Salas

LA CIEGA INTERMITENCIA

A tumbos de ciego andamos, a pantanos tras la noche, a caída y garra y vientre hueco. Andamos a trasiego, a polvo de todas partes. Pero a veces es la boca lo que da pie o nos tropieza con el abismo intermitente de la muerte o su girar de llave para abrirnos espacio en algún lugar del mundo. * Por este polvo se camina. Sea vertical su paso o largo para unir más distancia a la distancia, se camina. Al girar en seco, al poner sobre la casa un terrón de piedra, al escarbar la rabia, el juego se camina. * 21


Es el silencio quien nos hilvana a tu nombre, quien te remeda en huecos tras la puerta, quien nos lleva a la pobreza de escuchar tu sombra entre el montón de gente que la memoria no devora. * ¿Para qué si te levantas con esa forma de herirlo todo? Si te sacudes la cresta a cada millar de polvo, a cada escoger el río para hundir, a cada cortar en blanco, a cada posar tu olor bajo la grieta. ¿Para qué si de esta forma nos acuna la casa tu silencio y nos mece por lo bajo de calar a la manera hundida de la muerte? * El hueso que nos vas a romper bajo la mesa, el hueso hacinado de los días, el fruto hueso que reverdece en polvo, el hueso lámpara que da luz en cada quiebre, el que se pone en el centro de la casa para mirarnos cavilar duramente mancilladamente flacamente en tu ciudad a oscuras o en sus alrededores. 22


* Siempre está perdido el sitio. Siempre ese largo punto mancillado donde cortar galope. El ojo mira la piedra y nos la alcanza pero el sitio no está en la piedra, acaso en la precisión del golpe que esconden las formas de la piedra.

Publicado originalmente en el periódico Performance, nueva época, año XVIII, núm. 165

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PUERTAS

La puerta que me está doliendo se parece al descalabro, a la forma de abrir el yermo de lo táctil, al magro monólogo de aguja que es hablar por subterráneo. *  Parece que hablan de ti las grietas de la piedra, que de ti es el escarnio, el brillo de una boca en contrapeso, parece que me esculco desde la cresta, y me reviento para llegar, parece. * Es algo de la puerta que se mueve, tal vez un gato, o un corte felino sobre el gato, o la sangre en la ruta, o su melodía. *  Me astillo la víscera de abrir la puerta, me llago hasta lo romo 24


y me zozobro. El crujir de su bisagra no es potencia, acaso un testamento, un largo murmullo que llega hasta la alcoba, una mansa pantera que nos ofrece un pie pensando que era el hueso reptil de algún lagarto. * Mejor dejar la puerta como estaba, para que pueda entrar el frío, y la visite el árbol con su milésima parte de la noche.

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SOLILOQUIO SOBRE LA GRIETA

La delgadez vertical de la fisura se extiende en una esquina de la habitación, acaso la menos visible. No hace falta esconderla ni fingir una falsa naturalidad mientras los visitantes se encuentran a su lado, la grieta se escabulle entre el salitre y la pintura vieja que se levanta poco a poco todos los días a su alrededor. Nadie pregunta por ella ni se empeña en rellenarla o de incluirla al menos entre las cosas que no deberían estar en esta casa porque su permanencia es inútil e irrelevante para los ojos. En cambio, al amanecer esa fisura impone su presencia. De la profundidad del hueco emanan los rumores de extraños que se besan y se despiden, se compadecen uno a otro con la indiferencia del televisor sintonizando un canal de tv abierta, y funden su cuerpo en la cabecera de la cama, en una silla o en el frío inhóspito del piso junto al balcón. Se tienden bocabajo, desnudos, con la esperanza de haber llegado a un refugio inquebrantable. Ese encanto impune que tengo en este sitio, sin embargo, también me tiene en cautiverio. Inamovible, me obliga a permanecer siempre al alcance de su ruido, siempre a merced de aquellas apariciones, atento, en la oscuridad sin distracción. Tal vez sea yo también un extraño al otro lado. Probablemente alguien distinto descubre cada noche un lugar en la pared donde un cuerpo se fuga entre un edificio y otro, y con él su primitiva desnudez de creerse solo, de restregarse también la indiferencia con la radio. Alguno habrá del otro lado, es posible, que al posar la cara sobre la tapa de la grieta sienta un rumor que le arrulle su miedo de estar quieto, y le diga “tendrás esto solo cuando estés conmigo”, y le aprisione. 26


Tigre California David Marín

Anthony Pérez, cuyo verdadero nombre es ni más ni menos que Benjamin Bitter, nació en Berlín, la capital alemana, en el año de 1965. Gracias a la belleza extraordinaria de su madre y la facilidad de esta para contraer y dilatar su lengua sobre las diversas estructuras gramaticales y lexicográficas de casi siete países, incluyendo Norteamérica, los hermanos Owen, famosos por sus películas llenas de acción, diálogos rápidos y proliferación de negros, judíos, latinos y orientales muertos como una especie de alfombra roja para las estrellas de sus producciones, fue invitada a protagonizar la famosa película Tigre California en compañía de estrellas masculinas todavía refulgentes para la época como William Torrino y la pequeña putilla con tetas gigantescas Helena Patazinni. Hasta entonces Benjamin Bitter tenía una concepción francamente despectiva sobre cualquier país que no fuera el suyo pero no tan arraigada como la de la mayoría de sus compañeros de escuela bélicamente coléricos. Hablaba inglés y francés a la perfección; tranquilamente, escondido en el sótano de su casa, protegido por cajas de verduras y carnes que los lacayos de su familia cargaban cada cinco días para surtir la despensa familiar, leía los pequeños cuentos candentes en la revista francesa para adultos, más bien adultos depravados como su abuelo, que este compraba durante sus viajes a París y posteriormente olvidaba en cualquier diván de la casa sin preocuparse por los paseos vespertinos de su único nieto. Allí leyó por vez primera palabras referentes al cuerpo de las mujeres que su madre siempre conjuró como impropias para verse impresas. Además de las palabras supuestamente obscenas que contenían, en algunos casos también venían acompañados con 27


viñetas o pequeñas ilustraciones en tinta negra o carboncillo representando qué tan fácil es quitarle las bragas a una mujer siempre y cuando pronuncies las palabras correctas. Su abuelo, un hombre notoriamente diferente a todas las personas que conoció durante su efímera estancia en Berlín, además de ser un coleccionista asiduo de revistas eróticas, estampas y diversos artilugios muy semejantes a las poleas y bozales que cuando los descubrió al fondo de un baúl misteriosamente exento de sellos internacionales como el resto de sus baúles; su abuelo, casi desde los ocho años ya era un viajero empedernido, que entre sus mejores y más fantásticas historias podía escucharse la pelea cuerpo a cuerpo contra un oso gigantesco en las afueras del famoso presidio siberiano, donde su querido Dostoievski vivió una de sus más desgarradoras vacaciones; sí, las experiencias sexuales casi inexistentes de su propia imaginación no supieron clasificar el hallazgo de las poleas y el bozal escondidos al fondo del baúl, aún cuando su abuelo tenía la costumbre de montar su caballo favorito dentro de los salones elegantemente decorados de su madre. En efecto, él, Sebastian Rotblond: el abuelo, también tenía una pequeña colección de daguerrotipos apenas tan grandes como una fotografía oval tamaño personal, donde se veían diversos pasajes bucólicos coronados por granjeros o simples mortales asfixiados con la soledad de las montañas; allí, perceptible únicamente con el engrandecimiento artificial de las lupas, advirtió caballos ordeñados por más de cuatro manos al mismo tiempo, como ancianos ridículamente desnudos extendiendo la rugosidad de sus lenguas en torno a las ubres de la vaca. Convencido de que los daguerrotipos provocarían una tórrida neblina de entusiasmo sobre la mente de sus amigos, guardó sus tres imágenes favoritas en el fondo de los bolsillos. En el recreo, en lugar de salir al patio y dar casi quince vueltas entre niñas y niños obsesionados en saltar y jugar fútbol, reunió la cofradía de sus amigos más íntimos y detrás de la cancha abandonada les compartió su tesoro. Todos, sin excepción 28


alguna, contemplaron las imágenes fijamente procurando que los ojos desorbitados no saltaran de sus cuencas. Claramente los chicos reunidos, incluyendo al mismo Benjamin Bitter, eran vírgenes, o si alguno de ellos ya había tenido relaciones sexuales no lo quiso compartir, algo por lo demás inverosímil, ya que la jactancia sexual a los trece años es el combustible más apreciado entre todas las máquinas desvencijadas que ansían lubricar la sequedad de sus pistones. Si Benjamin Bitter ya era conocido entre sus amigos como el individuo más extraño, pródigo en secretos, y uno de los alumnos intelectualmente más capacitados de la institución al tiempo que representante casi especializado en la producción de caos escolar: diminutas e inofensivas bombas caseras en el baño de las niñas; cucarachas y ratas obesas en los salones de la directora, y por último, el gesto que realmente le granjeó la fama como individuo excéntrico entre los pocos alumnos que fueron meritorios para escuchar la confesión bajo sus propios labios: cartas obscenas: vaginas gigantescas tragándose los edificios más importantes de la ciudad, vergas enormes y pequeñas llenas de granos morados escupiendo su leche en forma de cascada sobre el cabello de la directora, y el resto de sus maestras que excitadas por la verga gigante flotando encima de sus cabezas, se desnudaban, abrían las piernas suplicando ser mojadas exclusivamente. Estas cartas, que terminaron siendo pequeños cuentos sin inicio ni final geométricamente establecido, terminaron en la mesa de la directora, y todas las maestras cuyo senos más grandes y atractivos, según el censo analítico previamente ejecutado en la casa de Benjamin Bitter en compañía de sus amigos más íntimos seleccionaron, fue una explosión, un sinfín de gritos y amenazas por parte de la directora hacia el muchachito obsceno y posiblemente desequilibrado que estuviera gastando de esa forma el papel. Existe la posibilidad que alguno de sus amigos lo haya traicionado, pero aún a pesar de que la identidad del pervertido llegara a oídos de la directora, ella: gorda, alta y severa como 29


un roble, lesbiana consumada desde cualquier perspectiva, se hubiera visto en la necesidad de ignorar el hecho recordando que la influencia de la madre de Benjamin Bitter en los planos social, político y cultural se expandía firmemente no solo en Alemania, sino también el resto del mundo adicto a las pésimas producciones cinematográficas, claro, siempre y cuando que los rumores de viajar a California fueran ciertos y no meras ilusiones románticas. Desde el momento en que la identidad de Benjamin Bitter entre las maestras y cualquier cosa con patas que trabajara en la escuela se estableció de la siguiente forma: Mira, mira, ahí va el hijo de la actriz; mira, mira, lo sé, no se parecen en nada, este muchacho está todo flaco y tiene una nariz demasiado enroscada, parece un buitre, pobre... pero sí, es el hijo de Alicia Bourbon, las inscripciones sufrieron una demanda tan alta que para ingresar a la institución previamente se ejecutaron entrevistas y un minucioso análisis socioeconómico como político. Ninguna clase de hijo por parte de socialistas o antiguos revolucionarios podía figurar en las listas de la institución sin importar que las cuentas bancarias de los padres implicara una bella sucesión de ceros y más ceros. En primera instancia, Benjamin Bitter no le procuró mayor interés a la horda de mujeres estúpidas que comenzaron a seguir sus pasos después de clases con la intención de convertirse en sus amigas y así tener la posibilidad de conocer en vivo y a todo color a la magnificencia actoral de su madre. Ella, en parte estúpida pero también juiciosa en la educación de su hijo, no permitió que estos fenómenos, chanzas que produce el medio del espectáculo, entorpecieran los frutos cada vez más visibles en el pequeño arbolito que era su hijo retoño. A los doce años, oculto detrás de las cajas de verdura y carne todavía humeantes por los productos extraídos de la mismísima selva Sudamericana (al menos eso decían los sellos de las cajas cuando Benjamin Bitter consultó su diccionario en lengua española), siguió leyendo, continuó expandiendo 30


los círculos del conocimiento sexual. Las cartas obscenas eran divertidas, nadie que las hubiera leído podía reprimir una carcajada estruendosa, pero necesitaba otra cosa, quizá un nuevo reto, nuevas posibilidades donde la creatividad fértil viviendo en su cabeza fuese sometida a diferentes flancos de presión. Gracias a las narraciones deliciosamente detalladas de su abuelo, sabía que las prostitutas baratas no solo eran peligrosas en sí mismas por su desesperación mental y fuerza física capaz de golpearte y robarte todo el dinero, también eran sucias, tenían enfermedades extrañas que harían de tus huevos un amasijo de arrugas y verrugas incurables. Benjamin Bitter, justo en el centro de la ciudad, alrededor de las 11 ó 12 de la noche, las pocas veces que su madre le permitió dormir en la casa de uno de sus amigos, y ambos, o los tres o los cuatro, dependiendo cuántos hubiesen sido invitados a la velada juvenil, salían a caminar por la ciudad en calles y barrios hasta entonces desconocidos, donde tuvo la ocasión de disfrutar el repiqueteo de las zapatillas altas: mujeres la mayor de las veces adornadas con un maquillaje y cigarrillos pálidos idénticos a los de Alicia Bourbon, la famosa actriz alemana que también era su madre retratada en múltiples carteles pequeños y gigantes adornando los labios carnosos del cine. Claramente nunca tuvo el valor para compartir esta impresión; sus amigos, ya no tan jóvenes para dañar el honor de un compañero lastimado paradójicamente al ser el único hombre de la ciudad que no confesaba haber soñado con los senos protuberantes de la actriz, preferían guardar silencio, a cambio le extendían un cigarrillo mientras continuaban caminando bajo la luz mortecina de los faros nocturnos, preguntándose quién tendría el valor para acercarse a una puta e investigar su tarifa. —Hola guapa, ¿cuál es tu nombre? –preguntó, procurando localizar entre sus archivos olvidados su nunca antes utilizada voz de galán. 31


—Frieda, Frieda lárgate de mi vista maldito niño, ¿qué tal, te gusta? Benjamin Bitter fingió encontrar el cigarrillo perdido que tenía en el fondo de los pantalones. Aprovechó la travesía para apretujarse un poco los testículos como los managers cachetean a sus muchachos exigiéndoles un round más. —Sí, un poco, el mío es Benjamin, Benjamin tengo el suficiente dinero para invitarte a cenar veinte veces al mismo tiempo, ¿qué tal? Yo siempre he pensando que mi nombre es muy bonito. Oye, no quiero molestarte, la verdad soy amigable, estoy con unos amigos y simplemente queremos ir a tomarnos unos tragos pero tampoco queremos ir solos, ya sabes, una hermosa compañía como la tuya resultaría sensacional... Frieda, o la puta de tetas gordas que dijo llamarse Frieda, pareció pensárselo algunos segundos mientras echaba el cuello de izquierda a derecha clavando la mirada hasta el fondo de los corredizos buscando cualquier indicio adiposo de la Ley. Entretanto, sus amigos parecían darse codazos y golpecitos entre sí incapaces de controlar su emoción y admiración por el valor de Benjamin Bitter. No fue necesario establecer ninguna jerarquía. Benjamin caminó junto a ella tomados de la mano mientras el resto del grupo los seguía religiosamente estudiando cada centímetro los glúteos de Frieda, que por la aglomeración de carne parecía formarse un rostro de anciano dispuesto a dilatar y contraer las facciones. La taberna hedionda que Frieda eligió estaba a rebosar de Friedas besuqueándose y mamando verga a hombres que seguramente eran otros clientes. No eran los únicos jóvenes en la taberna así que la sensación abrupta de inseguridad mermó paulatinamente, destruyéndose por completo cuando ocuparon una de las mesas del fondo. Tras la primera jarra de cerveza que Frieda terminó de un trago, se quitó la pinzas; cualquier ac32


cesorio metálico que atravesara su cabello y algunas partes del pasado y su presente irremediablemente echado a perder. A pocos metros de distancia tres hombres daban la impresión de estar metidos en problemas o estar a punto de estarlo, o simplemente tener la intención de estar en problemas: patadas, sillas rotas en el suelo; botellas verduzcas circundando el espacio enrarecido, como un hombre con aspecto de vaquero con el cuerpo recargado a la izquierda esgrimiendo bélicamente su bastón hacia direcciones no exentas de peligro. El más débil del grupo: nervioso, sus piernas y manos temblando sin hacer el más mínimo esfuerzo por ocultarlo, preguntó si lo mejor no sería volver, tomar algunas cervezas en la terraza de su casa y luego marcharse cada quien a descansar. —¿Qué? No digas estupideces, ya estamos aquí, además no podemos permitirnos una falta de respeto tan baja como ignorar a una bella dama –dijo Benjamin Bitter, consciente que la atención de Frieda estaba en todo menos en su discurso. —Tal vez tenga razón, este parece un sitio peligroso, no quiero regresar a casa con el brazo amputado. Esto, y demás argumentos que sus compañeros entrelazaron hasta formar una neblina espesa sobre su cabeza impidiéndole pensar en la cerveza que debía tomar y cuáles serían las palabras perfectas para meterle mano a Frieda sin que esta lo mirara con desprecio, se engrosaron, adquirieron mayor énfasis en sus barbillas temblorosas a punto de desencajarse. Aplastado por el sentimiento de traición, los dejó marchar. Hicieron el intento para que Benjamin los siguiera pero este en lugar de confesar el creciente temor que estaba padeciendo, prefirió sonreír; parsimoniosamente prendió un cigarrillo; así, sus ojos dilatándose en medio de la llama azulcrepitante, dijo una y otra vez: Maricas, putos maricas, mientras las siluetas encorvadas de los otros jóvenes se alejaban de la posibilidad 33


de morir violentamente. Hinchado, aterido por una repentina furia que ya antes había vivido pero no con una intensidad tan furibunda, impactó los dos puños contra la mesa de madera levantando una estela de partículas aceitosas cuya suspensión bajo las lámparas parecieron una lluvia de cerillas explosivas. Frieda volvió a mirarlo con sus ojos cansados, su nariz pequeña y respingada se frunció lo suficiente para comprender que la taberna era su hábitat natural, que los hombres del fondo, todavía peleándose entre sí pero ya mucho más tranquilos cuando el hombre en forma de vaquero atacó a uno dándole un bastonazo en las rodillas, era su casa, simplemente su zona de confort. Bostezó, se echó cómicamente el cabello hacia atrás. —Estoy cansada, en fin... ¿vamos a coger? Creo que me siento un poco caliente... Al tiempo que su enorme boca se abría expeliendo el aire comprimido cargado de tedio, apretó el miembro ya enhiesto de Benjamin Bitter masajeándole la punta con una celeridad y presión que si no se hubiese levantado de golpe se habría corrido. Nervioso, la cabeza un poco gacha advirtiendo cómo la verga ya no resistía otro segundo más detrás de los pantalones, dijo: Sí, sí, vamos, yo también estoy muy caliente. La segunda planta de la taberna como las antiguas posadas de Friburgo en donde había pernoctado con su madre las pocas ocasiones que permitió acompañarla en la filmación de un pequeño comercial, estaba destinado a las habitaciones; el piso, definitivamente de madera podrida y apolillada, crujió estruendosamente bajo sus pies expandiendo los pliegues de incertidumbre que lo acechaban con mayor fuerza. A lo largo del pasillo había por lo menos ocho habitaciones cuyas puertas fueron sustituidas por cuentas de plástico y madera imitando la terrible decoración que tienen los establecimientos de playa. Todas las habitaciones estaban ocupadas, allí, los 34


cuerpos fragmentados por la cascada de cuentas todavía oscilantes perpetuando el gesto despectivo de la puta al entrar, advirtió mujeres viejas con la piel colgante cabalgando estómagos peludos. El olor, el hedor saturado de tantos miembros súbitamente ventilados después de permanecer guardados en el armario-prepúsico hacía decenios, era penetrante, denso; resquebrajó la textura acartonada de su ser. Tenía ganas de vomitar, las arcadas, subiendo con pequeños espasmos desde el ombligo, lo obligaron a detenerse algunos instantes procurando que las rodillas temblorosas no cedieran ante la superficie crepitante. Se maldijo, se dijo imbécil con todas las combinaciones que fue capaz de recordar en ese momento. Giró el cuello hacia atrás, pero ese gesto, el cual consideraba su última oportunidad de salvación, solo le mostró una oscuridad insondable, casi orgánica: las ondas fluctuantes del miedo esparcidas como gusanos comenzaron a arremolinarse en torno a sus tobillos. Frieda le apretó un poco más la mano asegurándose que no metiera las narices en cuartos ajenos. Treinta minutos después ya se encontraba caminando bajo las mismas calles que enfiló con sus amigos en busca de diversión. Seguía sintiéndose mareado. Ansioso, procurando determinar qué tan drástica era la impresión de la puta desnuda escarbando en su cerebro con la intención de abrir y cerrar cuantas puertas y pasadizos comprendiese su memoria, estiró el brazo izquierdo; en efecto, su mano temblaba, pudo sentir el temblequeo lanzándose hacia el resto de los miembros con un ritmo vertiginoso. Continuó caminando, se pegó a la frialdad de las construcciones evitando que el haz de luz proyectado por los faros revelase, atestiguase, o más bien propagase la presencia de un muchachín recién estrenado en el mundo de los hombres, el mundo de los vivos, aunque sintiéndose cadáver, infinitamente más podrido que nunca. Afortunadamente las quince calles que tuvo que recorrer para llegar hasta su hogar solo estuvieron manchadas con una que otra mujerzuela regordeta, vagabundos ansiosos 35


por la presencia del ejército ruso soltando patadas o simplemente reptando haciendo crujir sus alfombras no voladoras de cartón. Sí, sabía que en la habitación de su abuelo podría apreciarse el fulgor de las bombillas incandescentes; según él, Sebastian Rotblond, su abuelo paterno y la primera figura intelectual que realmente le hizo comprender el valor de las artes, dijo, tenía la costumbre de hablar de sus bombillas incandescentes siempre y cuando advirtiese una extraña mirada en su joven nieto; ellas –hablaba de las bombillas–, se las compré a uno de los trabajadores de Edison en una especie de mercadillo en las afueras de Nueva York. Yo no conocí a Edison y Edison tampoco me conoció a mí, sí conocí a Tesla, esa especie de lunático obsesionado con la energía estática; no... también tengo un fonógrafo de la época que afortunadamente nunca tuve que vender en la guerra, y afortunadamente los malditos rusos nunca lo vieron, aunque estoy seguro, decía su abuelo, Sebastian Rotblond paseándose entre los divanes y sillas de su habitación, no lo hubieran comprendido: su mentalidad obsoleta no hubiese podido discernir entre la majestuosidad industrial un corazón musical dispuesto a saciar, deleitar también, por qué no, el oído de los presentes... Benjamin Bitter subió hasta su habitación evitando precisamente que el traqueteo fracturado del alma llegase hasta la antena de su abuelo. No tenía deseos de hablar con nadie, menos con él, justo en un momento de su vida donde se sentía completamente sucio, tanto física como espiritualmente. Su cuerpo sumergido en la bañera; las rodillas y la cabeza fuera de la superficie trémula de agua caliente, pensó en sus amigos: ¿Por qué no me marché con ellos? Maldita sea... Frieda, desvistiéndose sigilosamente sin quitar en ningún momento el cigarrillo prendido de la boca, se tumbó sobre el colchón apestoso separando tanto las rodillas que la visión de Benjamin luchó por apuntar hacia cualquier otro lado pero la presión magnética del vello púbico rojizo, casi como si en las profundidades de Frieda se estuvieran quemando quince bibliotecas al mis36


mo tiempo, no solo lo atrajo, desvió de tal forma la trayectoria de sus pensamientos que no tuvo otra oportunidad mas que cerrar los ojos y tirarse sobre ella, esperando que las llamas de la biblioteca fuesen indulgentes con su pequeño lector. Con la esponja en forma de medusa talló con tal frenesí sus partes íntimas que por un momento los hombrecillos que viven en la grasa del escroto se quejaron y gritaron formando una película de ardor, sarpullido. Aquella noche, los primeros brotes luminosos del amanecer caerían sobre la ciudad en cuestión de minutos, soñó, al igual que los dos días siguientes, con la nueva forma que adquirirían sus testículos golpeados por las verrugas. Volvió a maldecirse; sus amigos le preguntaron qué había hecho después de su partida pero Benjamin Bitter fingió, arguyendo que la cerveza súbitamente cobró mayor importancia que la puta asquerosa y simplemente se tragó unos litros más y luego se marchó; simple, nada relevante, nada digno que ustedes malditas mierdas hijas de puta quieran o deseen escuchar... pensó Benjamin, preguntándose cuál sería la reacción de sus compañeros si relatara la simple verdad. * Cinco meses después sus testículos continuaron exentos de cualquier síntoma parecido a la verruga, salvo los primeros vellos verdaderamente ásperos y retorcidos que durante las primeras semanas le granjeó la justificación médica para contemplar su cuerpo desnudo contra el espejo empotrado en la pared. Su nueva casa, ubicada en los barrios residenciales de Los Angeles, además de brindarle una panorámica portentosa de la ciudad más horrible y contaminada que había conocido hasta entonces, era diferente, pero en cierto modo afín a sus necesidades europeas: silencio; vecinos ideológicos independientes, y lo mejor: toda una horda de mujeres maduras y atractivas cuyos senos gordos no se parecían en nada 37


a los de su madre. Los nuevos amigos, camaradas cuya piel perfectamente bronceada emitía brillos ultravioletas desde las fosas nasales, lo sumieron en una nueva perspectiva del mundo. Ellos, siempre de chancletas y pantaloncillos cortos ridículamente a cuadros como si se hubieran robado los pantalones tweed de algún profesor de historia, llevaban bajo el brazo quizá una forma de crítica social contra el lenguaje pragmático de los periódicos: tablas de surf; cervezas oscuras recalentadas por la humedad escurriendo gotas de un antiguo yelmo de escarcha y demás artilugios bañados en colores fluorescentes estrechamente relacionados con el espíritu de la fiesta que día a día, mientras su madre estudiaba el guión, ensayos de vestuario, blablá... no solo perfeccionó, sino que llevó a la práctica con tal maestría psicodélica que sus amigos norteamericanos lo rebautizaron con el mote siguiente: Anthony Pérez —¡Vaya, eso suena increíblemente lujoso! Pero... ¿acaso no es el nombre de su señor presidente? Todos los surferos genéticamente predispuestos al bronceado gritaron al unísono: —¡Sí, sí, claro que sí, por qué no! Ahora lo recuerdo. Yo voté por él...

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Saúl Fimbres Delgado

Esta noche yo duermo en Nogales (El hogar de la gente sin ciudades) Le gusta el campo, con el cielo abierto, y ese pedaso ajeno lo hace más sabio y al trabajo, bello. Cuando se acerca a la fogata, en la altura del descanzo, mira al fondo de sus manos, sin miedo de cerrarlas. Solo tiene un deseo: –No importa si no regreso, esta noche yo duermo en Laredo–. Hay muchos fuegos en esta tierra santa. Ella siente el humo que la alcanza desde la fogata por la espalda. Tal vez mañana todos encontremos el mejor lado de la balanza, no sé si el equilibrio, pero dejar de cortar de noche pinos, [robles de madrugada. No deja de pensar en (sus) árboles de mañana: –Esta noche yo duermo en Tijuana–. Puedo mirarlos, a mis padres, como esclavos; mis novias, mis [hermanas. Se parecen tanto a mí cuando sellan targetas al timbrar el [(engaño) de (las) campanas. Quisiera un apretón en las manos además de pennies que valen [casi nada. En los campos la esperanza se parece a los nopales: los cortamos esperando que se vayan a otra parte. Adiós a mis hermanas, hasta luego mis carnales, Esta noche yo duermo en Nogales. Un buen hombre dijo una vez que de ambos lados del río [se muere igual. 39


Ella quisiera agregar que antes de morir no hay por qué [pasarla mal. Quien nos ve hacia abajo, lo hace desde las Alturas de la [profundidad. Eso que llaman riqueza, es el fondo de un abismo volteado a [la inversa inmensidad. El que sube, se unde; roza las estrellas quien aprende a bajar. El patrón puede ver el hambre en las cejas: calcula el amor de madre por la ligeresa de las piernas y el sacrificio cuando la mujer se déjà pagar por ellas, pero nadie puede enseñarle que en los ojos cuelgan peras; se desprenden con el sermón del viento susurrando, [no tirándoles monedas. No crecen en la siembra, solo en los hogar(es) de la gente sin [ciudades que esta noche duermen en Linares.

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Noches pesadas Rocío Gallardo Gómez

1. Desde que podía recordar el comienzo de algo, Larila era domadora de leones: un recuerdo sin sensaciones ni sentimientos. Solamente presentía que todo alguna vez había iniciado, como el caer de una tormenta. Larila rememoraba lo mismo siempre con mucho placer. Para ella eso era todo. Reconocía en su memoria un show que siempre era el mismo, recordaba que siempre había sido vieja y recordaba viejo siempre al león. Nunca existió un origen, algo primero y verdadero. Se sentaba en las escaleras de su remolque oxidado y mientras miraba hacia el frente evocaba esa totalidad pasada con una sonrisa que no hacía ruido en el aire. El único recuerdo diferente se enmarcaba en una tarde silenciosa de domingo en la que ella estaba repleta de calor en el cuerpo y un dolor de garganta incomprensible. Un pedazo de pintura de la pared se desprendió como si nadie lo estuviera viendo. Cayó al suelo y dejó al descubierto una pared corroída por el rojo y la humedad. La podredumbre que aman los insectos devoradores de estructuras. Ella permaneció mirando eso con los ojos ardiendo de la fiebre y se quedó dormida apenas unos instantes después. Y porque era algo diferente, ese agujero quedó siempre en su memoria, adhiriéndose con fervor al otro recuerdo. Los únicos dos. Así pasó casi toda su vida, hasta que una vez se despertó sobresaltada porque sintió que debajo de sus pies se abría un agujero que la succionaba hacia el otro lado de su lado; sintió una curiosidad por algo que todavía no tenía nombre. Entonces salió a traspasar la plenitud de la madrugada para respirar 41


mejor, para volver a conciliarse con sus únicos dos recuerdos que se volvían borrosos e insuficientes para cerrar el agujero que le apretaba por todos lados y la hundía en una impaciencia desconocida. Ese nuevo sentimiento espeso que le colgaba del cuello era la necesidad que tenía de recorrer una nueva experiencia, una tercera cosa que se sumara a la única memoria que la conformaba. Corrió toda la noche dejando que su pelo quebrado se enredara en el aire, y al amanecer, sudada y agitada como jamás recordaba haber estado, creyó encontrar un posible alivio para su angustia. Golpeó a la puerta del remolque de Simón.

2. Simón nació en el circo pero nunca supo quienes fueron sus padres. Jamás se lo preguntó tampoco. Allí vivía en silencio, riendo de vez en cuando, fumando casi siempre y jugando con las pelotas y los aros. Simón era un payaso. Aprendió un día a fumar y jamás dejó de hacerlo. En silencio fumaba cuando tenía tiempo. Fumaba siempre. Fumaba dormido y eso lo hacía envejecer más rápido. Para el payaso el mundo tenía forma de carpa. No había más nada. Pero si hubiera conocido más cosas hubiera decidido ser pintor. De eso se dio cuenta un día en el que miraba los dibujos que los malabares hacían en el cielo. Las composiciones pictóricas efímeras que se contorneaban en el lienzo lejano que era un cosmos. Ni se imaginaba lo enorme que era (ni el cosmos ni el mundo). Quizás lo intuía desde el fondo de sus ojos. El cielo, un lienzo cambiante y dormido. Cuando columbró todo esto no supo a ciencia cierta qué fue lo que había sentido, pero el presentimiento del mundo y la pintura lo abatió y lo dejó tirado en el suelo, intentando trazar con cosas concretas, quizás palabras en su cabeza, aquello que no entendía pero que era una laguna clara adentro de sus músculos. 42


Simón un día escapó. Se fue con su disfraz de payaso y la cara pintada al terminar el primer show en el pueblo de Luján. Desapareció por tres días y algunas noches. Robí, el director del circo, latía de ira. Tomaba pastillas, se emborrachaba y maldecía a Simón. Durante todo ese tiempo el repertorio tuvo que achicarse, amoldarse como plastilina para suplir la parte del payaso. Quién sabe, Simón, en dónde esté metido. Robí latía, los demás callaban o cuchicheaban, algunos recordaban una sola cosa o dos y el payaso no estaba. Volvió el día en el que todos estaban desarmando la gran carpa agujereada y opaca del circo. Ya se iban de Luján y Simón volvió con un olor rancio, como si solo se hubiera dedicado a caminar, a fumar y a seguir pensando en los dibujos, y todo esto se hubiera hecho un caldo en sus huequitos, en su piel y su pelo lacio y se estuviera evaporando como un aura verduzca que dejaba un rastro de olor al pasar. Se dejó golpear en la cara por Robí y acto seguido se fue lentamente a dormir en su remolque destartalado sin siquiera suspirar. Robí se puso tieso de furia. Le dio un infarto.

3. El payaso salió de su remolque en plena madrugada. El maquillaje estaba endurecido entre sus arrugas y reseco sobre sus párpados. Encendió un cigarro y se quedó de espaldas al circo dormido contemplando a lo lejos, entre suspiros, la oscuridad del pueblo que lo recibió ese día. La domadora de leones sentía calor en su mentón, como todas las noches pesadas a la misma hora. Se revolvía en su cama y enredaba sus pelos teñidos entre sus dedos sudorosos. Salió de su remolque para airear su cuerpo y vio que el payaso fumaba pegado a la oscuridad horizonte. Se le acercó por detrás y le abrazó la espalda. Él tiró su cigarro al suelo y lo pisó con su pie descalzo y sucio. 43


Una vez más pasaba lo mismo en la negrura de las luces del show, afuera de los remolques en donde los elefantes y los enanos dormían, detrás de las pisadas de los niños que se fueron quizás alegres en la tarde. Una vez más el payaso y la domadora de leones juntaban sus labios arrugados y risibles y se besaban sin que nadie nunca lo supiera.

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Incidente-venganza Rocío Gallardo Gómez

1. El incidente La noche parecía más larga y fría que lo habitual. Yo escribía por escribir y la ventana estaba abierta aunque la ciudad estuviera repleta de una brisa de baja temperatura. Cuando la luna estaba rodando en el mismísimo centro del cielo negro. El incidente entró volando inesperadamente por la abertura. Se introdujo en forma de paloma envuelta (¿envuelto?) en los dientes de mi gato que en los crepúsculos duraderos era el gato de los tejados. La hembra, su sangre y sus plumas revolotearon entristecidas y arbitrarias por toda la habitación. Me rodearon, y yo permanecí durante aquel momento estupefacta, muy quieta, con el cigarro en la boca y las manos manchadas de carbón de lápiz. El griterío animal era de espanto. La sangre saltaba finamente y dibujaba trazos agónicos sobre alguna pared. Un segundo de quietud felina y la paloma había muerto, muerta al instante en el que la última pluma voladora aterrizó sobre la punta del piso.

2. La venganza Otra noche, cercana a la del incidente, yo hacía lo mismo en la misma posición, o eso creo recordar. Tal vez, en realidad, recuerde otra cosa. La ventana seguía abierta porque nunca la cierro ni se cierra sola. Está abierta toda la vida y por ahí esta vez entró torpemente la venganza. Era gigante; era macho: un palomo. Sus 45


ojos brillaban en lo vaporoso de la madrugada como un par de gotas de sudor inoportuno. Gruñía y se erizaba. Parecía haber planeado todo con exquisita exactitud porque aquella noche el gato de los tejados extrañamente era el mío y ronroneaba en la espesura de la esquina de mi cama. El palomo gigante meneó virilmente el pescuezo y se abalanzó hacia el causante de su dolor. Lo mató de un certero y fatal picotazo en el pecho y desapareció volando sobre su tino. Las sábanas azules goteaban. El cigarrillo se me cayó de la boca.

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Hambruna Rocío Gallardo Gómez

Nos quedamos sin un peso; después sin nada de comida. Tomábamos el agua invisiblemente contaminada que salía de la canilla hasta que nos la cortaron por falta de pago. Pese a todo, manteníamos la postura, la apariencia de flacos por placer y nos comíamos la idea de ir mendigando o rascando la basura para encontrar algún migajón. La apetencia terminó siendo tan amplia –incluso más que el departamento que estábamos a punto de desalojar– que nuestras panzas sonaban como una orquesta de tambores y bombos: el desfile del carnaval de la Carpanta. Tirados en el piso pensábamos lentamente y con dificultad en cómo podíamos hacer para levantarnos e ir a robar algo de dinero o algún fruto maduro. No teníamos ni fuerzas para eso. Yollotl se incorporó en cámara lenta, arrastró su cuerpo enflaquecido hasta una silla y se la comió. Se astilló la lengua, pero sus ruidos internos cesaron por un rato. Vi en la suya una huesuda cara de placer que me animó lo necesario como para imitarlo. En el medio de la vivienda vacía disfrutábamos los dos de la efímera felicidad que nos causaba el jugo gástrico digiriendo las últimas piezas de lo que alguna vez había sido nuestro mobiliario.

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ANDERS BEHRING BREIVIK

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Irma Torregrosa Castro

CartografĂ­a del sueĂąo (fragmentos)


Iste De Cartografía del sueño

Tengo la noche entre las manos para cuando llegues. Lleva en el pico los desvelos de las azoteas, la distante humedad de las calles por las que no han caminado tus pasos. Los suspiros del agua que hierve, el refugio de una taza de café como el aire que acaricia las pestañas de la ciudad. Tengo las alas de esta noche y conservo el calor de sus brazos para cuando llegues a dormir más tarde o para cuando ya no espere tu llegada pero aún es tiempo, ven: esta noche cenaremos en la luna.

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Fotografía de un paraguas

Por la tarde una sale a cumplir los pendientes y descubre que te extraña. La lluvia cae fuerte mientras camino hacia el paradero del autobús. Llueve-todo-el-trayecto-se-pintan-las-calles-delcentro. Bajo, y me doy cuenta de que yo compré este paraguas porque estabas en mi mapa. Yo estaba en el tuyo y tú no tenías un paraguas: el mío era suficiente para ambos. Mis pies se mojan con cada-recuerdo-que-cae y me pierdo entre los edificios en los que te imagino. Yo no lo sé, pero tal vez este paraguas es tan grande porque también me esconde de ti. Nunca devolviste los segundos que se fueron con tus ojos el día último. El paraguas y yo hemos caminado no sé cuanto. Te olvido en cada paso, como un rastro de pan que no se comen las aves. Me sigues. Te extraño. Me sigues. O tal vez lo imagino. Llego a mi destino y no soy capaz de cerrarte la puerta; puedes enfermarte. Dejo el paraguas en la entrada: ojalá que alguien se lleve esta memoria. Dejaría de pensarlo, probablemente lo haga.

Mas ahora no puedo, sigues lloviendo. 52


Era venir desde el amor y que nos faltara la noción del tiempo, era dejar las memorias recostadas en las oscuras aguas del sueño. Era si tu voz brotaba desde mi costado o solo era el eco de tu sonrisa en otra oreja, era seguir las migas de tus pasos por las puertas de la casa, esos laberintos francos que se abren a las voces. Era el perfume agonizante a lluvia, la distancia que guarda las caricias pendientes, las sonrisas que nunca se cruzaron y andar descalzos por donde el sol no pasaba. Eran nuestros dedos murmurando algo que nunca sabré, era lo perfecto de no tenernos y no amarrarte a la costumbre. Porque sé que no estarás y yo no sabré como desatarme los huesos de tu nombre.

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A la hora del último café descubres que no hay más tiempo en el frasco donde estaba el azúcar. No sabes si tu maleta alcanzará para todo el instante, arrancas todo lo que puedes con un abrazo y tomas la memoria que rebosa de nombres, calles, lluvias, señales de alto bajas del taxi: olvidaste algo las llaves, la calma

Supones hallar duplicado a tu regreso

pero nunca vuelves.

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Murmullos Sandra Martínez Hernández

Toco tu rostro y un montón de diminutas palomas negras salen de tu boca. El miedo se impone en mí y retrocedo tres pasos; la ilusión sujeta mi camisa de manera fuerte y vuelvo a caminar hacia ti. Sigues ahí, impávida, con los brazos tendidos. Tus pies solo están reposando en ese suelo frío e indiferente de siempre. Escucho un murmullo viejo, viene de aquel espacio vacío donde han volado esas aves; se escuchan como tibios golpeteos. No presto más atención y volteo hacia tu pecho: es como una pared llena de grietas, parece que tu piel se ha roto. Entonces recuerdo el antiguo pueblo en el que crecí y que sigue asemejándose tanto al de ahora. Hoy tu cuerpo agrietado me devuelve a esas paredes. Puedo verme corriendo por la enorme casa en busca de los llantos imparables de mi madre. Los golpes a la puerta vuelven a mis oídos y ella no abre, se esconde de todos, le grito que me deje pasar, que quiero abrazarla y consolarla... es inútil, no contesta. La casa no fue siempre así, de eso estoy seguro. Hubo una vez que la sequedad de esos rumbos no nos incomodaba porque mi padre la hacía a un lado. Sin embargo, él murió y mi madre no aceptaba hincharse con aquella realidad; entonces las habitaciones comenzaron a envejecer. Ella andaba ausente y se encerraba en los cuartos, pero sobre todo trataba de ocupar una pieza opaca donde comenzaba a despedir un olor muy fuerte... yo sabía qué había dentro pero prefería callar. Con el paso del tiempo no había ni una sola voz que se escuchara en los pasillos llenos de polvo, solo alcanzaban a percibirse algunos murmullos secos. Yo pensaba que era mi 55


madre conversando con su marido así que seguía corriendo por todas las piezas. A veces sentía que la casa crecía y yo no salía de ella por no encontrar la puerta. En ocasiones el cansancio por no hallar a mi madre me tumbaba en el patio; ahí dormía días enteros perdiendo la noción del tiempo; me gustaba escabullirme de los murmullos que vivían en cada rincón de ese hogar olvidado. Siempre, al abrir los ojos un sudor agrio bañaba todo mi rostro e inmediatamente corría de nueva cuenta a buscar a mi madre. Era un juego gris: ella cambiaba de habitación sin que me diera cuenta y yo seguía en esa búsqueda interminable por todas las piezas. Esa imagen se repite una y otra vez en mí como si fuera lo único que tuviera de mi pasado. Todo me viene a la mente con aquella monotonía que se prendía a nuestras vidas sin descanso. Yo solo caminaba con un dolor punzante en mis pies, buscando a esa mujer que ya no me llamaba hijo, husmeaba en todos los agujeros de las paredes y ahí la veía: sentada en el piso con el cuerpo ya caduco de mi padre; a ambos se le acercaban las mismas palomas que ahora salen de tu boca, solo que a ellos les picaban las piernas. De esta forma yo seguía corriendo por todas las habitaciones, creyendo que vivía en un sueño turbio del que no había despertado por años; me tapaba los oídos para que los murmullos no se colaran en mi cuerpo. Hoy, después de tanto tiempo, heme aquí, hincado a lado de tu cuerpo del que ahora salen los mismos sonidos cargados de una lejanía y avisando que ya no volverás. Por eso he vuelto a esta casa: porque solo estas paredes saben retener los lentísimos ruidos que salen de esas aves, porque solo aquí puedo escuchar tus murmullos a través de las palomas y, ahora sí, entender que anuncian una despedida.

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Luis Flores Romero

Lugar ajeno

Una desnudez ocasional, un perfume improvisado, tembloroso, todos tus idiomas y tus frutas en esta cama ajena que, aunque huele a lubricante de otros miles de vaivenes, también es un recinto de tus rosas, un pozo de aroma creciente y profundo, la bañera nos transforma en unísono de tacto, cada gota nos hace más acuosos, nos expande en luminosas resonancias y nos crecen más uñas y más brazos, más labios, más violines, más violencia; el agua se llena de líquidas luces, la tarde se me llena de tu cuerpo, y estamos desnudos, danzantes, gozosos, y en nuestras mutuas mieles celebramos un magnetismo lento, delirante, entonces nos hacemos antropófagos, suicidas, mutamos de piel y materia, cambiamos a ríos, y canta nuestra carne con su olor, su ebullición, su desvergüenza, y no hay nada arruinado y somos jadeantes, carnívoros, ígneos, excitados hasta el vello más inútil, somos una sola emanación de vida, una sola desesperación de lenguas, una desnudez ocasional 57


en donde quedarรก noviembre en besos, un perfume improvisado, tembloroso en esta cama ajena, donde el fin del mundo es cada seis horas.

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Presurosa

Te besaré el cabello siempre en los caminos porque voy detrás de ti, detrás de tu silencio voy improvisando pájaros, te digo eco de la luna, presurosa claridad, mi magnetismo te persigue y no te alcanza; tal vez estás nacida para el vuelo, para que un viento cálido te libe la hermosura; tal vez jamás he de ascender a tu parvada, pero mis pétalos verbales besarán tu fuga hasta [perderte; furtiva misteriosa, te besaré las alas. Vas ligera musicalizando los caminos, y yo detrás de ti con dardos invisibles, poblándote el cabello de besos invisibles, yo voy detrás de tu silencio seducido más que el viento al que seduces, mi sangre te persigue como una densa brisa, como pulsión oscura de serpientes. Ve más lento, luz vertiginosa, ráfaga deífica, más lento, si los días son fugaces tú no parezcas a los días, ve como un allegro ma non tanto, déjame prenderte más allá de tu silencio.

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Caminar

Escribo el verbo caminar y lo conjugo en cierto bosque, en las montaĂąas, en las calles que mĂĄs amo, en singular y en mis zapatos cenicientos; repito el verbo tantas veces que hasta me punzan los talones; entonces voy con mi amorosa, pongo en su piel un caminar sustantivado, dejo que el verbo se convierta en un gerundio o se convierta en transitivo o mi amorosa se desnuda y otra vez conjugo el verbo en cierto bosque.

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Domingo sin paraguas

Hace tanto no tan dulcemente había llovido, estoy para adorar cada una de estas gotas, esta música llenándonos de cielo, música ligándonos en hilos [múltiples a un gris alegre y a la tierra donde somos íntimos; estoy para mirar tu nombre en todos lados, y quiero amar la lluvia que nos besó al unísono, la [lluvia que se convierte en sílabas pindáricas si cae sobre tu [cuerpo, esta lluvia que es tal vez la misma que Mirabai amó; estoy para mirar tu nombre en cada gota, para sentirte dueña de este ejército de instantes. Yo me quisiera hacer de lluvia para múltiple cantar tu [cuerpo.

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Gerardo Grande

UÁ-IÁ IÍ-Á EP DE POEMAS

(fragmentos)


SEMBRÉ LA SEMILLA DE UN ÁRBOL

Sembré la semilla de un árbol entre sueños bajaba descalzo hasta el parque y acariciaba la tierra para sentir el pequeño latido de su corazón luego tocaba el piano para él entre sueños pensaba que desde antes que naciera podría enseñarlo a cantar irnos a conocer el mundo cantando creciendo y un día dar como frutos planetas y meteoritos miren a mi árbol en el incendio mi hermana ahora es ceniza y es ella quien recorre el mundo en la nube de polvo que mañana regará árboles y cantos yo miré a mi hermana caer en el incendio y no quería ver y vi y quise que mis manos sobre mis ojos fueran manos de piedra para no quitarlas nunca más y no ver más pero en la oscuridad vi a mi hermana no no sé si es mi hermana o soy yo buscando a mi árbol me miro vengo a decirme que la ciudad se está comiendo todos los corazones pero me digo que no entiendo me grito que debo entender mi árbol ya ha crecido mejor irme con él fuera de la ciudad mi mamá grita quiere guardarme en su pecho mi mamá No mires eso ya ya mijito no llores Suena otra explosión y otras personas se vuelven incendios vámonos de aquí no sé cómo pero nos vamos de aquí ay por favor ayúdenme gritos y nadie nos oye y nadie nos oía Hoy seguimos gritando y siguen sin oírnos Dijo que la ciudad se estaba comiendo todos los corazones también dijo que se iría volando pero ya no lo vi creo que despertó en forma de globo y se fue lejos

Toco la tierra pero no siento el latido de su corazón la tierra húmeda en la planta de mis pies me hace estornudar y me despierto no me gusta hacer ruido porque me despierto no me 65


gusta despertar mi hermana grita y me despierta y el fuego cuando toca las cosas hace ruido la habitación de mamá crsh crsssh crssh crrrrr sssssh despierto La gente grita quería estar sordo pero no podía con tantos alaridos y tanto dolor entonces decido quedarme mudo si hacía el silencio dejaba de existir y no sufría tantas órdenes de disparo disparaba y no era necesario pero no era yo porque yo no existía yo no existí no seré ceniza porque no tengo cuerpo no tengo no tengo No tengo con qué pagarle por favor llévenos con usted nosotras no tenemos a donde ir Mi mamá dijo nosotras pero sé que quiso decir nosotros porque soy niño y los niños terminan en O y las niñas en A pero dijo nosotras y a mi hermana la alcanzó la explosión ella no viene la dejamos en el incendio y mi mamá No mires eso ya ya mijito no llores Suena otra explosión y otras personas se vuelven incendios Si le hago eso nos va a llevar no tengo opción me da asco pero cierro los ojos y si no veo no existe y le hago eso el olor a semen se combina con la sangre el sudor y lo quemado cuando abrí los ojos no sabía dónde estaba no vi a mi hijo no veía nada mientras más abría los ojos más oscuridad entraba en ellos Mis ojos son un pozo bajo la noche sin luna Él hablaba así decía cosas que no entendía

y le daba besos mañana seré un globo para salvarme del incendio me voy flotando Y mi hijo dónde está Y mi mamá dónde está yo iba a ser incendio me miraría como vi a mi hermana y otra vez iba a querer que mis manos fueran de piedra sobre mis ojos pero del cielo no ca66


yeron más explosiones Ya no había nada qué derrumbar Al final siempre queda el corazón y si cae nada alumbra los pasos Deseaba ser un globo flotaría con su corazón

Me quedo tirado ahí no tengo frío todos se volvieron una fogata gigante tengo hambre mi árbol sí creció y se fue corriendo para no quemarse si él estuviera aquí me hubiera dado de comer mi árbol sí creció lo escucho cantar canta igual que el fuego en mi casa canta crsh crsssh crssh crrrrr sssssh sí creció sí creció sí pero ya está muy lejos no puedo salir de la fogata y no tengo frío y tengo mucho sueño quiero dormir para bajar descalzo al jardín acariciar la tierra acariciar el corazón de mi árbol buscando otra ciudad

Miraba al mundo con ojos de insecto y las tardes le parecían hermosas un papalote se incendiaba en el aire se incendiaba el hilo la mano y el niño que lo sostenían y le parecía hermoso el espectáculo de luces No soporto no soportooooooo grito pero mi grito es inútil vi cómo le volaban la cabeza de un balazo Caen las envolturas de mi árbol recojo su canto viene un hombre con el pecho destrozado por una bala y ordena que me calle que aquí nada de envolturas ni cantos le muestro mis manos le digo que voy recogiendo las envolturas que son niños de mi árbol muriéndose y el señor que no puede mirarme cuando hablo porque su cabeza sigue al sol y el sol en estos días avanza más rápido que siempre el señor se toma el pecho y comienza a escarbar en él escarba profundo saca balas silencios dinosaurios sus manos comienzan a enterrarse luego sus brazos y termina por meterse en él mismo desapareciendo como desaparece el sol Y no encuentro a mi hijo asomo la nariz por 67


la ventana todo es oscuro me quedo despierta mirando por la ventana miro a un hombre que camina ligero sin saber que a él también le apuntan Sigo corriendo detrás de mi árbol me detengo bajo un rascacielos miro sus ventanas alumbradas y me doy cuenta que el sol no desaparece entra en los rascacielos para darles vida ya en la madrugada vomitan hombres con las entrañas colgando de sus labios pidiendo ser un animal y florecer en tus cabellos mi mamá no regresa y entiendo que es una llama de este incendio que me arrulla las nubes cambian rápido de forma Las nubes secuestraron el cielo reúnen un pelotón de niñas de cabezas marchitas de chicos con la cabeza estallando por seguir al sol Jugábamos a que había columpios nos mecíamos hacia delante y hacia atrás luego él hacía el chirrido de las cadenas para sacarme la risa él me dijo que quería ser un globo y le creí porque también me quería ir volando y tu árbol le pregunté

Mi árbol mi árbol canta con el incendio canta sí logré enseñarle a cantar Mi hijo no volví a ver mi hijo aguanto la respiración Mi canto llegará lejos como mi árbol dando planetas y meteoritos Escuchen a mi árbol ahí en el incendio entona un canto para calmar su corazón en llamas

crsh crSSsh crssH crrrrR ssSSSh cRSh crssSH cRssh

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TIERRA FLORIDA

vivimos en un día recién descubierto un día fugaz entre el sábado y el domingo poco a poco lo dibuja la mano que traza tus largos cabellos para atarte a este mundo y que corto para zarpar hacia un manto de corazones latiendo en el universo ese día no tiene nombre pero ya nos hemos empapado de él hemos visto correr a los dioses desnudos sin el peso ni las maletas que cargan frente a la mirada del hombre en la tierra del hombre en el cielo del hombre ese día vienes y sacas mis ojos pones 2 bombillas como soles necesarios para alumbrar las horas entre el sábado y el domingo me haces guardián de una civilización que consiste en dos personas niños eléctricos y desnudos primeros habitantes de un nuevo paraíso que apenas se está escribiendo y que será destruido cuando uno de los dos rompa las reglas seremos castigados también seremos los primeros habitantes de un planeta donde todos sean hijos nuestros y nos lean en un libro interminable escrito en el cielo en la tierra y en el infierno inventarán que me hicieron de tus costillas pero tú y yo sabemos que me hicieron en tus ojos y que de algún modo en mi andar también caminas tú serena sabiendo que nuestra historia estará escrita en un libro cuando todos los libros dejen de serlo para convertirse en aves o trenes cósmicos Los libros dejarán de ser vistos como extensiones de un dios imaginario y correrán libres y no tendrán que enseñar nada y se tomarán como un helado o como la nieve cayendo sobre el desierto inventando que envejece el desierto serán consumidos por cualquier moribundo sabrá que él también es un libro hojeado por moribundos en otro universo y se tirará al abismo y no valdrán los autores y no valdremos nosotros y todos serán hijos nuestros 69


Al principio fue el grito En 茅l toda la creaci贸n estaba contenida

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uรก aAaa

a

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Después el grito fue canto Y con él La expansión del universo

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uá aAaa uÁ uÁ a a

a uÁ uÁ a

a

UuuUUÚ Á a UuuUU uá

aAaa uÁ uÁ a

uá aAaa uÁ uÁ a a

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Á uá aAaa uÁ uÁ a a uá aAaa

uÁ uÁ a

a

a uÁ uÁ a

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UuuUUÚ Á

uá aAaa uÁ uÁ a a

a

UuuUUÚ uá aAaa Á uá aAaa a uÁ uÁ a a uÁ uÁ a a UuuUU uá aAaa Á uá aAaa a uÁ uÁ a a uá aAaa a uÁ uÁ a a uÁ uÁ a a UuuUU uá uÁ uÁ a a UuuUUÚ uá aAaa Á uá aAaa a uÁ uÁ a a uÁ uÁ a a UuuUUÚ uá aAaa Á uá aAaa a uÁ uÁ a a uÁ uÁ a a UuuUU uá aAaa Á uá aAaa a uÁ uÁ a a uÁ uÁ a a UuuUUÚ uá aAaa Á uá aAaa a uÁ uÁ a a uÁ uÁ a a UuuUU uá aAaa Á uá aAaa a uÁ uÁ a a uÁ uÁ a a UuuUUÚ 73


un niño se hace bajo la piel entre las vísceras crece y es un astro para otros planetas en el calor del vientre materno una madrugada el niño se mueve furioso quiere escapar por la boca de la madre y sale una parte de él como gritos como llanto sale al cosmos el niño baja la escalera del cielo dentro de la madre y asoma su cabeza la luz se hace en sus ojos y regala su primer grito que se vuelve canto que tira una estrella que hace girar al mundo el niño toca la tierra la pinta de sangre sangre que baja por las piernas de la mujer en el universo que mira al cielo bajo la noche estrellada una mujer se expande y ofrece a su hijo ofrece su sangre a la tierra a la noche ahí donde nace el primer niño de la tierra florida mundo bajo el amanecer 74


ahí crecerá un árbol donde los niños jugarán a tocar las estrellas a ser astros a aprender rituales y a danzar

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el canto se posa en la rama más alta de un árbol que canta con [el viento el canto salta de la rama y vuela con el ave bajo las llagas de [la luna el canto es un piedra cayendo contra otras piedras desde la [punta del monte el niño quiere volar el niño quiere caer desde lo alto el niño se posa en la rama de un árbol y comienza a cantar y su canto vuela y tira las piedras en la punta del monte y descubre a su canto bajando por el río suenan las aguas que surten al mar el canto piedra el canto agua el canto vuela bajo las úlceras celestes

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Mira a los niños rupestres del futuro ha muerto el último hombre en la tierra florida y ya viene el amanecer ante su cuerpo los niños van de un lado al otro

uá UaÁ Aaa sale de entre los labios este canto y con él una lágrima

Uáaá Responde otro niño que rodea el cuerpo sin vida

aÚua-aá El niño tropieza con alguien bajo la luz de la luna para no caer mueve rápido las piernas gira mientras avanza los otros lo miran y poco a poco siguen sus pasos Mira a los niños girando alrededor del cuerpo muerto

Uaá-aIIÍa Entona con dulzura una niña Descubren un nuevo sonido

I-i-i-I IÍÍII Danzan los niños Cantan los niños 77

i-I-i-I


el primer ritual en la tierra florida

uá UaÁ Aaa Uáaá aÚuaaá IÍÍII aÚuaaá Uaá-aIIÍa uá UaÁ Aaa Uáaá aÚuaaá IÍÍII aÚuaaá Uaá-aIIÍa aÚuaaá IÍÍII aÚuaaá Uaá-aIIÍa IÍÍII aÚuaaá UaáaIIÍa IÍÍII aÚuaaá Uaá-aIIÍa

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ahora solo deseo crear un lenguaje único para ti por cientos de años estuvimos entre las flores del universo recuerdo que escribí un poema en tu vientre bajo el ejército de nubes secuestrando el cielo las nubes cayeron de su paraíso el mundo tropezó con ellas y salió de su órbita para ser el sol de otra galaxia mira que en la tierra no hay adultos todos son niños rupestres ofreciendo el corazón a cualquier parte por eso ahora quiero volver con el cerebro limpio y las manos extendidas para pintar un poema que no se llame poema y que viva en otro lenguaje con ese lenguaje inventaremos animales cometas árboles y cantos Mira a esa niña de ojos brillantes juega con tus huesos y me pregunto qué pensará podría creer que tus huesos son astros que cayeron hace miles de noches cayeron de tanto girar y provocar terremotos yo lo creo un ave con alas de celofán viene y se posa sobre su cabeza otro niño la mira hermosa y se inventa el caos el niño enloquecido comienza a nombrar las cosas mira un árbol mira una piedra de luz neón un barquito de papel flotando en el viento llueven helados y crea otro mundo junta todo en una imagen y hace el primer poema visual de la tierra florida el niño no duerme porque mira a las nubes y no sabe que somos nosotros las mira y quiere entender lo que decimos él quiere mirar a la niña y su ave en la cabeza Mientras yo desde aquí arriba sigo buscando un nuevo lenguaje para hacerte este poema si te gusta puedes tomar una parte de él ponerle tu nombre y lanzarla a los niños ya sabes que caerá hacia sus sueños y puede que sea una pieza para construir su mirador de lunas y tal vez a cualquiera de sus días le pongan tu nombre tú lanza una parte al mundo ponle tu corazón y no te preocupes por fallar no te preocupes si con mi cerebro hago un poema para ti esta vez no dejes de abrazarme durante la noche si vuelvo a caer a la tierra y vuelvo a enloquecer no mandes a limpiar mi cerebro tac toc palpita mi cerebro 79


entiende que es una ofrenda que te hago durante milenios en otras dimensiones ahora que soy nube plastilina venado en otro mundo una ofrenda hacia ti en la bĂşsqueda de otro lenguaje para hacerte un poema y poder nombrar las cosas ven sigamos mirando a los niĂąos rupestres miremos cĂłmo redescubren el planeta mientras acĂĄ arriba formamos figuras para ellos y caemos en forma de lluvia de helados y de luz

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la tierra florece al amanecer y los niños miran las nubes en sus ojos se hace la luz del sol y re descubren su mundo lejos de la oscuridad unos corren asustados otros abren la boca los rayos del sol entran con fuerza rozan los labios y se expanden por los huesos germinan una mano germinan 7 árboles extendiéndose en 24 ramas que salen bajo la piel El mundo pide sacrificios Sobre estos niños caminarán los niños asustados y en ellos medirán sus jornadas 365 niños atravesados por los primeros rayos del sol en la tierra florida quedan tumbados sobre la hierba y hacen un año por recorrer 7 árboles que llamarán semana el primer calendario se hace mientras amanece y una mano acaricia la tierra florida 81


20 BALAS 20 NAVES 20 OJOS 20 PUÑOS 20 AÑOS EN ESTE EX PAÍS SOLITARIO BAJO LA NOCHE SOLITARIA

Quiero ver a los muchachos desnudos corriendo en la ciudad en llamas riendo de la ciudad y sus llamas completamente alucinados con la nariz en las nubes y la cabeza entre las flores del universo No perder los mejores años de vida Mejor amar sin consideración renombrar las constelaciones y descubrir otros planetas expandiéndose en los ojos amanecer con nuevos sueños con el cuerpo empapado de alcohol y las manos fluorescentes de haber removido el alma de chicas de labios sabor a fresa El mejor momento de la vida es este cuando se monta un tren cósmico y se escriben y se riegan cientos de poemas en una noche para despertar al otro día y escribir y regar cientos de soles que alumbren la siguiente noche ahora se escriben todos los libros que dios no ha sabido escribir ahora se pueden moldear las nubes y hacer el poema que la ciudad lleve de sombrero por nuestra mente pasan los mejores poemas de la ciudad en llamas el cerebro es un cielo atravesado por jets de celofán y estampidas de animales furiosos furiosamente creativos encendemos la mecha que hará estallar el corazón y no no somos infantiles ni estamos verdes para ser frutos en el árbol de la vida ya nos tiramos al abismo sabemos que lo más hermoso nos espera después de caer nuestros pasos van seguros y delirantes no nos menosprecien por tener 20 balas 20 naves 20 ojos 20 puños 20 años en este ex país solitario bajo la noche solitaria cuando nacimos la ciudad ya estaba de jodida nosotros la ponemos de cabeza a ver si la fiebre se le baja Cuántas veces 82


el cielo nos ha volado la cabeza de un disparo Cuántas veces ha renacido esta mente más brillante esta sangre luminosa Que no digan que a los 20 nada sabemos que a los 20 nada escribimos a los 20 hacemos de las nubes un lenguaje para romper las barreras geográficas y comunicarnos con todos los astros Sabemos el dolor de nacer en un país que hace tiempo está muerto sabemos de las chicas de piernas largas y asesinas que pasan las tardes disparando a jóvenes hermosos Tenemos las manos ardiendo arden porque en ellas escriben los muertos los muertos son el abecedario con el que escribimos un poema para enterrar bajo la arena y en mil años el mar y el viento lo descubran cuando en mil años el mar y el viento sean dos muchachos desnudos bajo el arcoíris de fuego A los 20 perros de lotes baldíos conocemos el lado oscuro de la ciudad Sus cuerpos mutilados Sus chicas pidiendo fuego y las caricias de unas manos que devoran todos los sexos por el puro placer del canibalismo Cuántas veces señores detrás del escritorio nos han dicho que hace falta explotar en serio Cabrones! No se dan cuenta del big bang que diario hay en nuestra vida alzamos la voz y tiembla el vuelo de las aves y debería temblar el imperio de los dinosaurios Mañana estos 20 puños habrán caído por esta noche hay que encenderlos que estallen libres en su naturaleza de soles y lluevan astillas que hieran el ojo humano

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7 MUERTES HACEN 1 GATO

Tengo las manos ardiendo arden porque en ellas escriben mis muertos Con 7 muertes escribo un gato en mis vísceras soplo y el gato salta de mi vientre para arañar la casa Un gato tiene 7 muertes por eso sus ojos siempre están en otra [dimensión por eso sus patas en otros ritmos 7 muertos hacen un gato que salta hacia mi cabeza para comerse al sol y dejarme ciego Voy sobre un gato hacia otra dimensión donde correré desnudo el gato dice entra en mí y te vomitaré renovado el gato abre su vientre luces neón corren en él Carreteras de los muertos Me dice entra y saldrás renovado hay que nacer de nuevo para seguir en el camino Entro por su estómago coso su vientre habito otro mundo lleno de vísceras y luces tengo máscaras de muertos gritos de muerte comienzo a comer las pequeñas luces que lo habitan luces en mi cuerpo gritos de muertos máscaras de muertos un gato renacido 84


Caemos caemos hacia dónde caemos hermana? Nuestros cuerpos dos cien mil llamas si van al cielo suben o caen? Vuelven a su hogar ahí donde vivían en la mano de un dios que se tira y crece y en él giran todos los planetas y se hace nuestro canto dios nació de una explosión como esta que nos vuelve incendio que crece como nosotros Caemos hoy las nubes son islas en llamas arrastradas por el viento crsh crSSsh crssH crrrrR ssSSSh cRSh crssSH cRssh CRrrrr sssssh Escuchas a mamá en el incendio? Ella me buscó pero encerrada en la noche dentro de la noche no miró ni sus manos no miró mi corazón palpitante mi árbol eléctrico A dónde nos dirigimos? Yo quiero ser una elipse donde corras durante siglos hermana si es que decides ser planeta luego del incendio sobre mí te deslizarás para encontrar otras estaciones en tu cuerpo y de un lado tu rostro estará oscuro y del otro tu cabello arderá quiero que en tu cuerpo habiten nuevos niños mientras dios se expande y juega a incendiar otros mundos y sonrío al verte pasar sobre mí

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Un relámpago hacía temblar la tierra y con él yo caía luego me miraba así a los 7 años jugando en un columpio creía que mientras más alto me elevara más cerca estaría de [regresar al vientre materno al cielo y sus letras imaginaba que las nubes eran letras con [las que dios escribía su libro y que seguramente estaba loco pues a cada rato las borraba [o con ellas hacía otras letras otros versos un libro interminable y dios se hacía en mi [vientre me regalaba este abecedario para sacarlo de mis vísceras y en mis manos marcar cada letra con fuego y hacer este poema

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PASAJERO DE SONIDOS

Nueva luz del mundo sé que los hombres te inventaron más [rápida más brillante más luz y que en mis manos caes como mañana caerán los sesos de [cristal de los Hombresgirasol por ahora intenta dejarme ciego dejaré que ellos quieran [pintarme de Nueva luz No importa el ritmo de mi corazón será lazo o cohete hacia [otro planeta pintaré arcoíris en las noches para mostrarles a los [Hombresgirasol que también existimos los Muchachosgiraluna Hay un mar en mi pecho por él vuelan naves que van hacia [otro mundo dibujos de cien niños dibujando cien jardines cien naves hacia [otro mundo Hay un pozo en mi boca con la mano como bengala busco el [tablero de los días coso noches y estrellas que se hacen párpados iluminados de [niños que juegan con naves a la orilla del planeta Pasajero de sonidos de mis 19 años saco estambre con el que [hago un pentagrama donde sonarán nuevos ritmos En mis 19 coinciden los engranes de máquina que mueven sus [bocas y les sacude el cerebro Tejo un puente hacia el planeta de los monstruos celofán tejo estos acordes estos cables que unen tu boca a mis ojos 87


escribo en la hora que inundas la ciudad y atraes Hombresgirasol con las entrañas colgando de sus labios pidiendo ser un animal [y florecer en tus cabellos

Mi lengua es un ciempiés

que baja todas las noches

a mirar el corazón del mundo

dormido en mi garganta

desde que un planeta me descubrió temblar en una fotografía como tiembla la luz de las estrellas muertas

Viajaré en sombreros de mujer

alrededor del mundo

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mundo enamorado de mí

de mi cuerpo de cristal

descubrí que soy una nave con animales invisibles en los huesos

y corté tu cabello

lazo de un gusanito del tiempo

para volver a la infancia

cuando habitaba un planeta donde los hombres eran sonidos caminando y las nubes ojos de árboles en llamas 89


Vuelo hacia otro planeta me desplazo como luz por el universo llevo un chip bajo la lengua dibuja los cauces que dan vida [a los ríos de lentejuelas esparcidos tras tus pasos en mi camino he juntado el canto de las cigarras y los grillos desde que el hombre aprendió a escuchar su alma en [el cantar de los animales Fui un niño que congeló caballos de papel en espera de revivirlos después de muchos meses de muchos años [cuando fuera grande para regalar a mis hijos un fósil construido por su papá una melodía que llevaran cerca del corazón como la que me sembró mi padre la noche cuando todavía no [era niño y la sembró con la certidumbre de que pintaría mi piel y su reflejo fuera despacio por mis pulmones mis arterias mis enjambres de arena y ritmos para revelar mi forma de cohete sideral y llenarme la sangre de puntos como sirenas/ ecos de luz la historia del planeta en el que viví cuando llegara el día de irme a otro Universo arrastrara sirenas en mi sangre Para demostrar que también [soñábamos que en nuestro planeta había metáforas y labios bicicletas con campanitas de colores rinocerontes púrpuras miradas como transformadores de una ciudad [fundida en la noche Pero nos convertimos en otras cosas unos piedras otros ceniza espejos abandonados en la oscuridad de [mi voz lagartos sin ojos y el resto inventamos nuestro viaje como luz hacia otro Universo atrapados en el pentagrama de nubes y edificios con caballos y melodías pintando mi sangre 90


Y así primero fui barquito de papel y sopló el viento y soplaron aves y sombras de un árbol en llamas Mi voz se terminará pero las plumas de luz serán cohetes que me busquen en el espacio Hay sombras cayendo sobre mí Un ojo dos ojos cien ojos [que apenas despiertan Cae su envoltura y nace un poema.

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«http://www.youtube.com/watch?v=dnGghaDq8cc»

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Anders Behring Breivik No. 4