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Anders Behring Breivik No. 3 Compilación independiente de literatura joven

Comité editorial

Director Óscar Grajeda Consejo editorial Jesús Carmona-Robles Marco Antonio Larios Quirino Luis Miranda Barragán Alán Santiago Sainz Darío Zalapa Solorio Anders Behring Breivik es una publicación independiente sin periodicidad establecida. Asumimos la responsabilidad de los contenidos. Se permite la reproducción total o parcial de los textos, así como su plagio. Anders Behring Breivik No. 3 fue cargado a la red el día 6 de agosto de 2012 en la ciudad de Hermosillo, Sonora, México.


ANDERS BERHING BREIVIK ANDERS BERHING BREIVIK ANDERS BERHING BREIVIK ANDERS BERHING BREIVIK ANDERS BERHING BREIVIK ANDERS BERHING Colaboradores

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Mariajosé Amaral (Culiacán, 92) Fue columnista en el periódico Noroeste y ha asistido a los “Cursos de Creación Literaria para Jóvenes” en Xalapa y Monterrey (2012) en el género de ensayo literario, organizados por la Fundación para las Letras Mexicanas, la Universidad Veracruzana y la Universidad Metropolitana de Monterrey, respectivamente. Mariana Ayón (Guadalajara, 86) Estudia Letras. Le gusta cocinar y la fotografía.

Adriana Bañares Camacho (Logroño, 88) Estudia Filosofía en la Universidad de Bayreuth (Alemania). Forma parte del colectivo literario COLMO y edita la publicación independiente La Fanzine (lafanzine.blogspot.mx). En 2010 resultó ganadora de las X Becas para jóvenes artistas “con proyección” en la modalidad de literatura por su libro La Niña de las Naranjas (Ediciones Emilianenses, 2010). Es autora del libro-híbrido La Involución Cítrica (Origami, 2011) y el poemario Engaño Progresivo (Fundación Jorge Guillén, 2012). Ha participado en varias antologías como Viscerales (Ediciones del Viento, 2011), PoeTrastos (LVR[ediciones, 2011) y Nocturnos (Origami, 2011). Nicole Marie Fraticelli Galarza (Puerto Rico, 90) Cursa estudios relacionados a la vida en la Universidad de Puerto Rico. Incurre en tendencias absurdas, existenciales y repetitivas. Ama mucho a su gato, Myco.

Pierre Herrera López (Morelia, 88) Escritor y traductor. Licenciado en Lenguas y Literaturas Hispánicas por la UMSNH; ha publicado ficciones en varias antologías del estado de Michoacán, y ensayos académicos en diversas revistas internacionales especializadas. Actualmente cursa la Maestría en Literatura Mexicana en la BUAP y prepara un manuscrito para enviar a la Librería Brautigan.


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Reyes Isven (Ciudad de México, 87) Estudia Lengua y Literatura Hispánicas en la Universidad Veracruzana. En 2009 asistió al “Curso de Creación Literaria para Jóvenes” convocado en la ciudad de Xalapa por la UV y la FLM. Actualmente es becario del Foeca en la categoría de Jóvenes Creadores en la disciplina de poesía, y es también aprendiz de carpintero.

Manuel de J. Jiménez (Ciudad de México, 86) Estudió Derecho y Letras en la UNAM. Ha publicado Los autos perdidos (Red de los Poetas Salvajes, 2009), Iuspoética (2.0.1.2. editorial) y tiene inédito el libro Interpretación celeste. Fue director de la Trifulca. Actualmente trabaja en 2.0.1.2. y es parte del Consejo Editorial del proyecto Literal. Imanol Martínez (Querétaro, 91) Es autor de más de cinco obras teatrales, entre las que se encuentra la trilogía “Pájaros de fuego”; de ella forma parte la obra “[SIETE]” (2010) la cual, bajo la dirección de J.P. Carstensen, cerró la 9a. Muestra de Joven Dramaturgia, además de haberse presentado en festivales nacionales como el Festival Teatro de Nuevo León, CITA Nayarit y el V Encuentro Internacional de Teatro Alternativo y de Investigación. Becario de la Fundación para las Letras Mexicanas y la Universidad Veracruzana en el “Curso de reación Literaria para Jóvenes” en dos ediciones. Actualmente se presenta su obra “Quemar las naves” en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Autónoma de Querétaro con la compañía de teatro independiente TropaTeatroArtefactos y bajo la dirección de J.P. Carstensen, siendo un proyecto beneficiado por el Programa Apoyarte 2011 del Instituto Queretano de la Cultura y las Artes.

Daniel Rojas Pachas (Lima, 83) Escritor y Magíster en Ciencias de la Comunicación egresado de la Universidad de Tarapacá. Actualmente reside en Arica-Chile donde ejerce la docencia universitaria como profesor de Literatura. Edita la Revista Literaria y dirige la editorial Cinosargo. Colabora periódicamente en revistas literarias nacionales e internacionales como en Linterna de Papel del Mercurio de Antofagasta. En el 2009 publicó el poemario Gramma (Ediciones Cinosargo), en 2011 publicó con Groenlandia (España) su poemario Carne, este


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título tiene una segunda edición impresa a través de Cinosargo; Ediciones Literal de México publica su tercer libro de poesía SOMA y Ediciones Orem de Trujillo-Perú edita su cuarto poemario Cristo Barroco. En investigación ha publicado Realidades Dialogantes, ensayo por el cual fue beneficiado el 2008 con el Fondo Nacional de Fomento del Libro que otorga el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes de Chile. Forma parte de numerosas selecciones de poesía, se destacan la Antología Poética 2009 (ediciones Jaguar, México) y el libro Mi país es un Zombie (Editorial Casamanita, México). Ha participado en encuentros internacionales de poesía como La Colectiva (Perú, 2010) y El Vértigo de los Aires (México, 2011). Su obra poética ha sido traducida al inglés y búlgaro. El 2012 traduce el libro Morgue y otros poemas de Gottfried Benn. (danielrojaspachas.blogspot.com). Aniela Rodríguez Zapata (Chihuahua, 92) Estudia Letras Españolas en la UACH y ahora que lo piensa bien, nunca escogió ser narradora, ni poeta, ni nada por el estilo. Fue becaria en el “Curso de Creación Literaria para Jóvenes” organizado por la FLM. Es cofundadora y coeditora de la revista de arte y cultura independiente Contra Magazine. Actualmente es una melancólica sin cura y su vida debe ser medida, como citaría algún psicólogo, con aquellos viajes que le han hecho aprender a regresar.

Raúl Aníbal Sánchez (Chihuahua, 84) Ha colaborado, desde 2006, en diferentes revistas, tanto electrónicas como impresas. En 2008 gana el primer lugar del concurso de cuentos infantiles “Ciencia y Tecnología para los niños y niñas de la Ciudad de México” por el cuento “Luna de día” (ICYT-GDF). Mención honorífica en el Concurso Nacional “Historias de Lectura” por el testimonio biográfico “Regalo” (CONACULTASEP). Primer lugar “Historias que trascienden” por la Universidad Autónoma Metropolitana. Primer lugar Premio Nacional de cuentos infantiles y juveniles “Cuenta conmigo”. (CONAFE) Todos los textos han sido publicados por las instituciones convocantes. Iván Sierra (Obregón, 84) Escritor sin estudios, pero con noventa mil trescientos veinte scrobblings en Last.fm. Tiene un blog: ivansierra.me.


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José Agustín Solórzano (Valle de Santiago, 87) Le encanta estar quieto en un mismo lugar por horas. No se le conocen grandes atributos. Si se le coloca una botella de cualquier licor enfrente, podrán mantenerlo en la sala o en algún rincón de la casa por dos o tres días, dependiendo de la cantidad de licor y de la música con la que se le amenice. Las personas lo utilizan para darle un aire de tristeza al hogar y para asustar a las visitas no deseadas. Sus mejores criadores han conseguido que escriba un par de libros (Versos, moscas y poetas y Ejercicios para los que ejercen la pereza). Es una especie en peligro de extinción; el único ejemplar vivo que se conoce está actualmente becado por el Instituto Nacional para el Poema con Capacidades Diferentes.

Roxana Soto (Nogales, 91) Estudia la Licenciatura en Literaturas Hispánicas en la Universidad de Sonora. Es amante de comer pan, del café, de las bicis y de perder el tiempo en Internet. Joaquín Emmanuel De La Torre Herrera (Ciudad de México, 91) Poeta y escritor. Actualmente estudia la licenciatura de Lengua y Literaturas Hispánicas y la licenciatura de Filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Publicó el cuento “Las cama de sabanas rojas” en el libro Décimo Primer Festival Universitario de Día de Muertos: Diez años sin Octavio Paz (UNAM: 2009) y una selección de poemas en la Antología ¿Somos poetas y qué? (Honda nómada: 2012). Becario del “Curso de Creación Literaria para Jóvenes” de la FLM y la UV en Xalapa (2012).


ANDERS BERHING BREIVIK ANDERS BERHING BREIVIK ANDERS BERHING BREIVIK ANDERS BERHING BREIVIK ANDERS BERHING BREIVIK ANDERS BERHING Índice

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Nuestro Señor Jesucristo disfrazado....................................................................7 Raúl Aníbal Sánchez

Lo único que no...........................................................................................................11 Alientito..................................................................................................................12 La espera......................................................................................................................13 Seré un secreto............................................................................................................14 Iván Sierra La biblioteca de Eco.................................................................................................15 Pierre Herrera López

De pies y piezas.........................................................................................................23 Hermetismo del paladar...........................................................................................24 algo arcano..................................................................................................................25 tu autonomía se torna vulgar................................................................................26 Nicole Marie Fraticelli Galarza El tercer ojo de Dios..................................................................................................27 Aniela Rodríguez Zapata INNER SISTER, INNER LOVE........................................................................33 Mariana Ayón

[SIETE] (fragmentos)..............................................................................................37 Imanol Martínez

EL JUICIO FINAL..................................................................................................41 Manuel de J. Jiménez

Moqueta gris.........................................................................................................45 Yo viví en un jardín...............................................................................................46 Dancing Barefoot.................................................................................................47


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2008................................................................................................................49 Adriana Bañares Camacho

De colibríes.................................................................................................................51 Mariajosé Amaral Chombo por qué las mujeres nos prefieren poetas............................................................53 poema circense...........................................................................................................55 poema tesista..............................................................................................................58 de niño me renataban mis papás............................................................................59 José Agustín Solórzano

_=Combo Breaker!!!..................................................................................................61 escrito en chacalluta o [a unas negras colombianas no las dejaron subir al bus por llevar demasiado equipaje... aún así los pacos hicieron todo lo que estaba en sus manos por ayudarlas / so sad]..................................................................................63 momento random del día #42 Los Gundam y ocho toneladas de destrucción masiva.................................................................65 AT THE DRIVE-IN – A.K.A “Ciudad”. “embroglio”.................................................................................................................66 Daniel Rojas Pachas Cuatro poemas: El pájaro del desierto.............................................................69 Joaquín Emmanuel De La Torre Herrera

El señor de la tristeza..............................................................................................73 Roxana Soto UNA CASA UN DÍA (fragmentos): muebles..............................................................................................................81 piedras/pedazos....................................................................................................82 algo por encima de este mundo.............................................................................83 nada por encima de este mundo.............................................................................84 Reyes Isven


Nuestro Señor Jesucristo disfrazado Raúl Aníbal Sánchez

Bajo las escaleras y preparo el desayuno, la casa está fría y en las ventanas comienza a atravesar la luz del sol. Saco dos huevos del refrigerador y una cartera de tocino. Arriba escucho la llave de la regadera y el rechinido de la puerta del baño. Estas son las únicas cosas que parecen romper el silencio. Aún no llega de verdad la mañana, con su cohorte de bocinazos y repartidores de gas. Él se baña con lentitud y cuando por fin baja a desayunar, los huevos ya se enfriaron sobre la mesa. No dice nada, come con discreción, se lava los dientes y sale a trabajar, olvidando el beso en la mejilla. No conozco muy bien al vecino de enfrente, sé que es odontólogo, médico o algo por el estilo. Tiene su propio consultorio cerca de aquí pero nunca me detengo a mirar el cartel. Me lo topo dos veces por semana cuando sacamos la basura. Siempre está en pijama, con una sonrisa boba y la mano en alto –como los indios en las películas– que me saluda desde el otro lado de la calle. Supe que su esposa lo dejó por otro doctor, eso fue hace dos años y después se dedicó a darle duro a la bebida hasta que su hermana y amigos le hicieron una de esas intervenciones que están de moda. La gente se sienta a esperarte en la cocina o en el recibidor y te acorrala para hablar por turnos de las estupideces que haces cuando estás borracho o drogado. Luego dicen que te estiman mucho, que no desperdicies tu vida prometedora. Desde entonces el doctor se ve muy bien, mi idea es que aún bebe por las noches y un poco en las mañanas, apenas para que la gente a su alrededor no se dé cuenta. Mi padre murió de esa manera y nadie se dio por enterado, bebía a cuenta gotas, como si se tratara de un jarabe para la tos. Así era mi padre: sonreía todo el tiempo. 7


Desde la ventana observo al vecino sacar la basura. En la cocina se amontonan nuestros desperdicios de varios días pero no me siento con ánimo de interactuar con nadie. Me quedo observando hasta que pasa el camión recolector, y cuando por fin se marcha, deja al vecino observándome desde la calle. Saluda con la mano en alto, le devuelvo el saludo y me escondo detrás de las cortinas. A las once suena el teléfono. Sé que es ella, pero aun así contesto. Se escucha música de fondo y una respiración agitada. Me molesto en preguntar aunque ya sé la respuesta: —¿Bueno? Nadie contesta. —¿Bueno? Cuelgo el auricular con fastidio. Esta casa se ve más grande desde el sillón de la sala, junto al teléfono. A las tres tocan el timbre. Termino de planchar unas camisas acompañada por la voz de Lolita Ayala a todo volumen que escapa del televisor, así que no me percato las primeras veces. Parece un ruido más de la programación, no muy insistente; algo que está debajo y se deja escuchar, en algún lugar entre la balacera que hubo temprano entre el ejército y unos sicarios y la nota humana del día sobre un perro de 15 años que salvó a unos gatitos bebés de un incendio. Tocan una y otra vez hasta que el sonido logra sobrepasar al televisor. Desconecto la plancha, uno nunca sabe al abrir la puerta si le puede tocar un testigo de Jehová o un vendedor de enciclopedias. Lo que menos necesitamos ahora es un incendio en las camisas blancas de mi marido. O bien puede ser nuestro señor Jesucristo disfrazado. 8


Así decía mi abuela cuando algún indigente pedía caridad a la puerta. Lo recuerdo como en sueños, ella murió cuando yo tenía 14 años y hoy en día todos los muertos se sienten igual de lejanos, sin importar si fue hace poco como mi padre, o hace mucho como mi abuela. Pareciera que en la muerte todos terminan en el mismo espacio en la memoria, junto a la película de la semana pasada. Los rostros, las frases, los gestos se disuelven poco a poco. Mi abuela acostumbraba guardar en el refrigerador lo que sobraba de las comidas para cuando algún indigente se apareciera en la puerta, entonces pronunciaba muy claro su famosa frase sobre Jesucristo y se apresuraba a calentar unas tortillas en el microondas. Yo creía que era caridad malentendida, lo de ayudar a los limosneros con temor de que fueran Dios bajo un disfraz. Alguna vez un sacerdote me explicó que, teológicamente, ese era el caso: Jesús se escondía en cada pobre aunque no fuera Él de verdad, luego contó esa historia sobre San Martín Caballero y la mitad de la capa, la historia de la estampita que ponen en todas las tiendas de abarrotes y taquerías con unas monedas y un trozo de sábila para atraer la prosperidad. Aunque mi abuela era protestante y no hubiera estado muy de acuerdo con el sacerdote. Pero cuando abro la puerta no veo a Jesucristo disfrazado, sino a ella. Viene despeinada y con los ojos llorosos, la ropa arrugada como si la hubieran atacado detrás de un callejón. Me doy cuenta que no es una mujer bonita y me decepciono, como si esperara algo mejor. —Siento mucho aparecer así –dice y mueve un pie hacia delante como si quisiera entrar a la casa pero me interpongo y no la dejo pasar–. Quería hablar con usted por teléfono, pero no salían las palabras. Me conoce, me vio aquella vez que fue a visitarlo al trabajo. —¿Tú eres quien también llama en las noches? –cambio el tono formal y comienzo a tutearla. No soporto que me llame de usted, no debe ser ni cuatro años menor que yo. 9


—Vengo a pedirle perdón. Así de fácil suelta lo del perdón. Y aunque sé que no es cierto, qué ella no está arrepentida, no más allá de un arrebato de culpa en una crisis nerviosa, cometo la tontería de invitarla a pasar. ¿Qué otra cosa podría hacer una mujer decente? ¿Qué otra cosa, con todos esos ojos llorosos, lágrimas, mocos y cabellos electrizados? Dos horas en el sillón de la sala, sin parar de sollozar, esforzándose para comprar un perdón que no necesita. Algunas personas no les gusta perder el control de sus actos y ella no tiene nada que ver con lo que pasó. Es como si esa idea le hiciera mucho mal, siente que no es nadie y yo le sirvo refresco en un vaso de plástico. Pero pasará, le digo. Me doy el asombroso lujo de consolarla. No tendrá que vivir con esto, ella se irá, renovada al salir de esta casa, las culpas lavadas y el corazón intacto. Entonces por fin se va, avergonzada ahora por venir, agregándole más culpa a lo que no tiene sentido. Son las cinco de la tarde y el vecino llega del trabajo en su automóvil del año, sonríe y saluda desde el otro lado de la acera. Pensará que la mujer que sale de mi casa para subir a su propio automóvil es una prima o hermana. Pensará que es una vieja amiga que, de puerta en puerta, vende artículos de cosmetería. Tal vez le guste esta prima o hermana que sale de mi casa y piense en preguntar un día de estos cuál es su nombre y teléfono, si acaso es soltera esta nueva amiga. Él es un soltero agradable, odontólogo o médico con un auto del año, un buen partido al que le han roto el corazón. Entonces hará una carne asada en su jardín y nos invitará a pasar un rato agradable, el momento perfecto para conocernos entre todos y cortejar a esta nueva amiga. Los niños de su hermana, rubios y con dientes perfectos, jugarán en el pasto mientras nosotros bebemos refresco de dieta. ¿Es por eso que sonríe el vecino al entrar a su casa mientras ella nerviosa busca sus llaves, su auto parte y deja manchas de aceite sobre la acera? 10


Iván Sierra

Lo único que no

Aunque tengas novia, amo verte sudar, convulsionarte, gesticular, balbucear, lloriquear, extraviar los ojos, crispar las manos, jalarte el pelo, clavar los dientes en la almohada, hundirte frenéticamente debajo de mí, de mi voz, que al oído te dice palabras perdidas que no sabes dónde poner. Aunque allá afuera tengas vida, amigos, familia, trabajo, escuela, sábados de peda, antros, música, momentos aburridos, moda, peleas, horas de visita, amo el paréntesis que abres un día cualquiera para estar conmigo, para aferrarte a mí. Ahí, donde nada existe, le ofreces la cintura a mis abrazos, el cuello a mis dientes, las piernas a mis piernas. Los ojos, la lengua, los pezones, el sexo de adelante y el de atrás, los suspiros, las miradas, los besos: todo me entregas sin resistencia, excepto el amor.

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Alientito

Cuando estoy allá arriba, en el entusiasmo, las cosas se ven fantásticas, el mundo es bueno, yo estoy para jugármela y ganar. Acá abajo, en cambio, apenas puedo reunir fuerzas para escribir tres, máximo cuatro líneas.

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La espera

A veces, ¿sabes?, se me acaban las palabras. Me aturdo. Me abismo. Me compadezco de mí. De verme perdido por ahí como un mendigo sin otro oficio que buscarte. Mi búsqueda es miedo. Es necesidad. Es un algo irreparable. Mi búsqueda es destino. Mi búsqueda no conoce renuncias ni treguas ni consuelos. Mi búsqueda lo único que espera es encontrarte. Encontrarte para que me valides. Para que me restituyas. Para que me entregues a mí. Para que hagas casar lo que soy con lo que quiero ser. Las dos partes de un Iván dividido. La mitad que se dispone a volar, con la que se aferra al suelo. La que quiere crecer, madurar, con la que permanece quieta. La que anhela hacer, construir, con la que espera... te espera.

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Seré un secreto

Voy a casarme con el silencio. A convertirme en un secreto. A guardarme para siempre en lo más profundo de mi ser. A llevarme hasta la tumba. Como si nunca hubieran existido nuestros lúbricos labios ni tus manos precisas ni la noche de los abrazos ni las declaraciones que balbuceé mirándote a través de las lágrimas ni tu sonrisa entre las almohadas ni el sillón desde donde me veías, acostado, ir por unas copas a la cocina ni mi corazón extraviado cuando te ibas ni mi corazón atravesado por agujas cuando me decías que no, que no podrías ni hoy ni mañana, que no deseabas ser nada mío, ni el delirio que me llevó como un demente a echarte de mi vida ni el delirio que ahora me lleva, con la misma locura, a vaciar del todo el corazón. Seré un secreto. Para siempre.

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La biblioteca de Eco Pierre Herrera López ...imaginé (vi) un universo plástico, cambiante, lleno de maravilloso azar, un cielo elástico, un sol que de pronto falta o se queda fijo o cambia de forma. Julio Cortázar, Rayuela

La biblioteca personal de Umberto Eco se compone de más de treinta mil volúmenes, es más grande que muchos catálogos públicos y en ella es posible hallar ediciones únicas. Una biblioteca no es para lucir sino para investigar, dice el italiano cuando muestra su biblioteca a cualquier invitado. Lo que hace tan especial a la biblioteca de Eco no son tanto los libros que contiene, es la forma en la que estos están acomodados: siguiendo su orden de lectura. Lo más práctico hubiese sido crear un catálogo de todos los libros, ordenarlos por tema, por género literario, por autor, por nombre del texto; con una o diversas variantes a la vez. Cualquier orden hubiese sido más práctico que el adoptado por Eco, pero también reduciría el conjunto de libros a un inventario frío. Una biblioteca es más personal que cualquier orden alfabético y es más compleja que la suma fútil de sus elementos. Una fotografía de un escritor no revela tanto de su escritura como en cambio sí lo haría un recorrido por su biblioteca ordenada de acuerdo al orden de sus lecturas. Dice Ricardo Piglia que los grandes textos literarios cambian la percepción de los lectores. Vila-Matas comenta en algún texto que cuando él comenzó a publicar sus libros no fueron bien recibidos, a veces ni recibidos, posiblemente ni entendidos; y que sus obras tuvieron que esperar, y conformar, al lector 15


vila-matiano. Las lecturas cambian la percepción del mundo. En una biblioteca ordenada a la usanza de Eco las obras que trasfiguran la percepción del lector ocupan lugares preponderantes, son libros-separadores de los demás libros: aristas en la conformación de la figura del escritor. Los escritores son en un principio lectores ávidos, lectores que desentrañan la arquitectura de las obras, lectores que buscan su obra, su libro deseado, en las páginas de los otros. Para Lacan la conciencia de ser comienza tras el re-conocimiento en el espejo: al saber que también la imagen que se tiene en frente, el otro del espejo, conforman al yo. De igual forma es a partir de la lectura que el escritor encuentra su escritura fragmentada entre las palabras de los otros, muchas veces comenzando por las anotaciones al margen de los libros. Una visita a la biblioteca personal de cualquier escritor daría a conocer varios de los libros que fueron fundamentales en su formación, pero no todos ellos. Las bibliotecas están vivas; su cambio es constante: crecen la mayor parte del tiempo, otras veces pierden miembros y en casos desafortunados se pierden por completo. Sería interesante conocer las lecturas que fueron creando el estilo de Borges, de Julio Torri, de Cormac McCarthy, de Osvaldo Lamborghini; mas el solo conocimiento de su biblioteca personal no sería suficiente para formar el mapa de lecturas que dieron forma a su escritura, sería además necesario conocer el orden de esas lecturas y relecturas. El orden de Eco tiene la posibilidad de explicitar las lecturas, y la ausencia de ellas, en las que un escritor se apoyó para elaborar sus propios textos, su propia escritura y a sí mismo dentro de esta. La posibilidad de examinar una biblioteca ordenada tal como Eco haría posible recrear los espacios que nunca fueron llenados con lecturas sino escritura. Se podría ver la teoría de Harold Bloom en acción: la ansiedad de la influencia creando el terreno, con lecturas y más lecturas, para que un escritor dé el salto al terreno de la escritura. 16


Esta gran biblioteca de Eco está dividida en secciones porque las lecturas de cada libro son diferentes. Uno de estos apartados está compuesto por todos aquellos libros que Eco solo consultó o de los que solo leyó capítulos específicos. Diccionarios, enciclopedias, ortografías y gramáticas, libros de bibliografías selectas, antologías y, posiblemente, catálogos de más libros. Estos textos no se leyeron completamente porque de cierto modo no tienen un fin previsible. Son libros que tratan de encapsular una realidad que es inabarcable por cualquier medio o pensamiento; no hay diccionario alguno que contenga todas las palabras de un idioma con todas sus acepciones: las palabras, y más sus significados y usos, no son formas estables, ni qué hablar de las ortografías y gramáticas. En esta sección hay espacio para los libros inacabados, libros que tienen una forma exponencial de significación; sus relecturas, lejos de aclarar, rebuscan la significación de su contenido llevando al lector por senderos que no se preveían en una primera lectura. Si bien ninguna lectura es igual, en este tipo de libros se evidencia aún más; entre otros, Rayuela, La vida instrucciones de uso (Perec) y el Diccionario jázaro de Pavic. Otro apartado de la biblioteca se integra por los libros´ que nunca se han leído. Como deja claro el personaje Guillermo de Baskerville en El nombre de la rosa, quien descifra el misterio del libro de Aristóteles sin siquiera haberlo visto, no es necesario haber leído los libros para saber de qué van. Oscar Wilde va más allá en el tema y sostiene que para hacer una crítica literaria no se debe de leer el libro del que se va a hablar; es posible, dice él, que al leerlo nos creemos una mala impresión. La sección principal de la biblioteca de Umberto Eco es la más sencilla, pero la más intricada en su entendimiento ya que tiene diversos puntos de fuga, unos concretos y unos intangibles. Esta sección contiene tanto los libros leídos como los escritos por Eco. Los libros escritos son los vértices donde se encaminan todos los demás; en cambio los puntos de 17


fuga invisibles representan los espacios que quieren ser llenados con escritura, son los libros que se escribirán: millones de posibilidades contenidas en la biblioteca. Algunos de estos libros no-escritos ni siquiera se han pensado, pero ya están virtualmente presentes en esa biblioteca, saldrán de esas lecturas. Borges escribió en su cuento “La biblioteca de Babel” que la biblioteca del mundo tiene todos los libros escribibles, son tantos que hay libros que difieren entre sí únicamente por una letra. Llego a un punto donde me tengo que hacer una pregunta vital: ¿Cómo estarían dispuestos mis libros si los acomodara como Eco? Y ya acomodados ¿me sería posible ver el orden oculto que me revelase la forma y el tema de uno de los posibles libros que puedo escribir con mis lecturas y sus ausencias?, ¿mi libro cuántico? Un libro con más posibilidades que concretizaciones. ¿Podría ver todo el universo en ese orden del vacío? Tengo mi biblioteca sobre de mí cuando escribo. Literalmente esto quiere decir que, como el protagonista de Nocturno de Chile (Bolaño), cargo mi biblioteca a cuestas; soy la parte de Sísifo que no deja caer su carga al terminar el día y prefiere llevarla a todos lados siempre. Pero también significa que el lugar donde escribo está debajo de mis libros. Mientras escribo estas páginas, estoy viendo un libro de poesía de Borges, la tentación por abrirlo y leer es muy grande; solo basta estirarme un poco para alcanzarlo, mis manos lo conocen muy bien, han recorrido sus hojas muchas veces. Lo abro, leo: “Que otros se jacten de las páginas que han escrito; / A mí me enorgullecen las que he leído.” Uno es esa biblioteca llena de vacíos que nunca serán colmados completamente. Soy el conjunto, la ausencia; soy mis lecturas, mi escritura. Lo primero que busco para comenzar a arreglar mis libros según el orden de lectura es el primer libro que recuerdo haber leído. Pienso y busco con los ojos mi ejemplar de 18


El llano en llamas: hasta este momento cada vez que alguien me preguntaba por el primer libro que leí contestaba que los cuentos de Rulfo, ese libro, pero ahora ha venido a mi mente otro título: La suma más difícil del mundo. Un libro para niños que leí en la primaria. Dejo de buscar a Rulfo entre mis libros amontonados para buscar el libro de Terry Wardle y releerlo. La búsqueda del primer libro que leí me ha llevado más tiempo de lo que esperaba, moví todos mis libros, busqué con avidez, después con desesperanza, lo busqué en cajones, en lugares donde normalmente no guardo libros, y nada. Lo seguí buscando solo para no decirme a mí mismo después que no lo busqué lo suficiente. Y al final, haciéndome a la idea que había perdido mi primera entrada a la literatura, lo hallé en una caja con libros escolares; todavía está forrado y ostenta con honor mi nombre en la parte inferior derecha de la portada. Lo volví a leer, ahora con otros ojos, unos ojos llenos de lecturas acumuladas. El libro cuenta la historia de un niño que odia las matemáticas y en lugar de entregar una tarea le pregunta a su maestra de la asignatura cuál es la suma más difícil del mundo; su maestra no es capaz de contestarle y lo pasa con el director. No hay respuesta a ningún lado al que va la pregunta, hasta que llega a un periódico y éste elabora un concurso para encontrar la suma más difícil. Hay un supuesto ganador pero el protagonista no queda convencido con la respuesta galardonada. Días después alguien dice tener una suma más complicada y el periódico que organizó el concurso envía al protagonista a conocer a esa persona; resulta que el desafiante es un ermitaño que vive en una cueva del Himalaya. Cuando el protagonista llega hasta donde éste vive, el ermitaño le pregunta por el resultado de sumar uno más uno, el protagonista contesta tímidamente que dos y el ermitaño abre una cortina que revela una gran cantidad de ratones blancos; el ermitaño le dice que antes de tener esos ratones lo único que tenía era un ratón macho y una hembra, después le dice que uno más uno no es tan sencillo como dos. Tras expli19


carle la respuesta al protagonista, éste sale de la cueva donde lo esperan reporteros para conocer la nueva suma. La novela termina cuando el protagonista les explica que la suma más difícil no tiene números y baja caminado del Himalaya. La suma más difícil de todas es la vida misma: el misterio de la conformación del ser. Nadie es solo una suma de elementos. El orden de los factores sí altera la percepción; a diferencia de las matemáticas que no contabilizan el factor humano, la conformación del ser depende enteramente del tiempo, de las personas que conoce, que no conoce, de los libros que lee, de las acciones que hace y de las que pudo haber hecho. Sergio Pitol escribe sobre el mismo tema en El arte de la fuga: Uno, me aventuro, es los libros que ha leído, la pintura que ha visto, la música escuchada y olvidada, las calles recorridas. Uno es su niñez, su familia, unos cuantos amigos, algunos amores, bastantes fastidios. Uno es una suma mermada por infinitas restas. Uno está conformado por tiempos, aficiones y credos diferentes. Siempre debe de haber un inicio, y el mío como lector comenzó con un libro sobre un problema matemático que puso en entredicho la posibilidad de las ciencias de explicarlo todo, entre ese todo inabarcable está la conformación del ser. El arte me ha enseñado más en este terreno que cualquier ciencia; la literatura en especial me ha enseñado que en la conformación del ser hay un elemento siempre presente que no muchas veces se contabiliza: el caos. Creo en la planeación de lecturas pero su azar presenta vicisitudes inimaginables que llevan a sus lectores a hacer recorridos por la literatura poco comunes. Mi experiencia comprando en librerías de viejo y en tianguis, me ha llevado a concluir que un libro inesperado, un repentino hallazgo, la rareza que pasó desapercibida para todos por horas tendido al sol o empolván20


dose amontonado en estanterías húmedas, el libro inconseguible que se encuentra por casualidad; causan igual o mayor placer que el libro que se va comprar especialmente a una librería o se encarga. Yo me formé como lector entre los libros que fui encontrando. Mi biblioteca personal refleja ese orden caótico. Lo que dije más arriba sobre el movimiento de las bibliotecas es verdad, lo estoy viviendo ahora: al rememorar los libros que he leído y su orden de lectura para acomodarlos con respecto a este me doy cuenta que mi biblioteca personal yace desperdigada. Muchos libros los regalé, los perdí, los vendí. El libro cuántico, que buscaba vislumbrar al ver mi biblioteca ordenada tal como Eco, tendrá que esperar; solo me queda una biblioteca llena de vacíos y caos; la recorro, como lo haría un viajero del tiempo que contempla las trasformación de la humanidad ante sus ojos; y concluyo que nunca seré el mismo. Mi libro cuántico se perderá con mi biblioteca algún día y solo me quedarán estas páginas que escribo ahora. Maldigo el arte de escribir; y sin embargo sé que el mundo se devela poco a poco entre mis palabras.

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ANDERS BERHING BREIVIK ANDERS BERHING BREIVIK ANDERS BERHING BREIVIK ANDERS BERHING BREIVIK ANDERS BERHING BREIVIK ANDERS BERHING

ANDERS BERHING BREIVIK ANDERS BERHING BREIVIK ANDERS BERHING BREIVIK ANDERS BERHING BREIVIK ANDERS BERHING BREIVIK ANDERS BERHING


Nicole Marie Fraticelli Galarza

De pies y piezas

la extrañeza del gasterópodo se cima en el anteojo con terror liberando sudor casi automático casi mecanismo defensivo particular de revisión y se revierte el molde por si acaso, por temor al arrastre, al tentáculo y su baba

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Hermetismo del paladar

soy perpendicular al asalto a manos cerradas con mucha m谩s sal que aceite inclinando hacia el escapismo como estilo de vida, para adentrarme a la evasi贸n de lo impuesto

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algo arcano

te tiran la baraja en medio de oraciones entre pacifistas y antrop贸logos, nadie argumenta a favor del ahorcado y quedas siendo conversaci贸n esot茅rica; dulce con los pies algo desesperados

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tu anatomía se torna vulgar

las hormigas buscan quitarse ligamentos con la intención de sobrepasar estados físicos son casi-auto-suficientes en términos de regeneración enérgica elevando el funcionamiento óptico; agarrando luz con sus mandíbulas

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El tercer ojo de Dios Aniela Rodríguez Zapata Guillermo Tell no comprendió a su hijo que un día se aburrió de la manzana en la cabeza Carlos Varela

Últimamente me viene la idea de que tengo los pies mal puestos en el suelo y las manos fugitivas entre la camisa. Hará tiempo que me siento atrapado en el aire, como si no hubiera más en esta vida que el viejo manzano que me acaricia la nuca. Tú, en cambio, deslumbras desbordante en la silla astillada de la abuela, con las pestañas hinchadas y las palabras silenciosas. Siempre intento contarte la historia, pero tú sigues mirando con perdida ternura las codornices que bailan entre el patio y que esporádicamente vienen a picotearme los pies y se llevan los pedazos más negros entre el pico. Es entonces cuando me duele mirarte con el tercer ojo, y me canso y me erijo y a veces hasta salto sin fuerzas, quisiera sacudirte el pellejo y poder decir “quédate las flechas, no juego más”. Tú, tan pálido, te reclinas y miras catatónico la línea de las nubes que se dibuja detrás del cableado, cierto que en ocasiones haces como que me miras con esa cara de terror encapuchado. Empiezas a darme desconfianza, hermano, o acaso es la náusea perenne lo que me entiesa la carne para pegarla hasta los huesos. Antes cazábamos lagartijas para divertirnos entre las comidas, tú seguramente recuerdas que siempre volví con el puño más grande que debías comer en escarmiento. Lo que más me gustaba era escuchar el crujir de las cabezas, la forma en la que tus dientes apretaban la línea divisoria entre la vida y el cortejo fúnebre del reptil. A ti no te hacía gracia, las lagartijas son animales de no fiarse, decías, quién puede confiar en algo 27


que se arrastra para sobrevivir. Las ranas, en cambio –siempre tan limpias y severamente acicaladas– servían de plato frontal para la cena; decías que tenían ese gustito a plástico quemado que nunca comprendí del todo pero logré asimilar con el quejido de sus ancas dando grititos entre los tizones. La abuela, siempre tan tradicionalista, prefería el olor de las codornices rostizándose en el horno y los caldos inundando la casa con barniz del acitrón de la cebolla. Siempre creí que la mejor forma de morir era quemada entre las brasas, repetía la pobre vieja entre sorbos de potaje, y se reía cual coyote desollado, y sus manos se aferraban a la silla de madera con tanta furia, que no fue una la ocasión que tuvimos que quitarle las astillas de los dedos. No te rías, hermano: las tardes siempre fueron sagradas cuando papá nos tomaba en un brazo a cada uno y entonces dejábamos de ser unos niños, éramos también sus falanges elevados a las nubes. Y pensar que era tan fácil irse del mundo con una vuelta de tuerca a la bicicleta y el sonido de las gotas al tatuarse en la hojarasca. Pero entonces éramos tan pequeños que la vida parecía delicada y asquerosa. Cuando crecimos dejamos los parques y la casa de la abuela, nos dedicamos a crecer para llegar a la casa con un traje limpio y la pinta de un hombre respetable. Te enfilaste en la marina y te vi volver con un tatuaje de los Rolling y la cabeza rapada casi al cráneo, el moño de la corbata equilibrándose por sobre la camisa, incomparablemente blanca. Yo estudié Economía y terminé siendo uno de esos banqueros poco ortodoxos, que casi no saluda a los vecinos y ocasionalmente corre por las calles escuchando canciones de cuna para niños. No me veas así, hermano, ¿recuerdas cuando íbamos a los funerales del barrio solo por mirar al Cristo de la cabecera? Las misas de despedida nunca me gustaron, siempre tuve la certeza de que tal vez Dios abraza más fuerte al que se acuesta con las manos al pecho dentro de una caja de maderas finas. Por eso el Señor siempre andaba entre las 28


sepulturas abrazando al que se iba y besando al que se dejara, con sus faldones arrastrándole tras del cortejo fúnebre. A veces encontraba la forma de sentarme donde nadie prestaba atención, y su mano tocaba la mía, hermano, ¿verdad que también podías sentirlo? Por eso no titubeé cuando trajiste la ballesta. A recordar viejos tiempos, me dijiste. Era una de esas maravillas que emulaba a la perfección las suertes medievales, caoba que resplandecía al sol furioso. Fuimos a casa de la abuela y nos volvimos prácticamente locos: dibujaste una diana de bordes puntiagudos que marcaba la imprudencia del temblor de tus delgadísimos dedos. Justo en el centro del manzano, la suerte se volvió un círculo arrobado que reclutaba la posibilidad de la única victoria de nuestras vidas, la definitiva prueba de fuego. Probamos puntería en el viejo árbol, que aguantó los golpes de una y otra flecha enfurecida que salía de entre nuestra debilucha destreza. Jugamos a ser de nuevo niños, carajo, los tiempos eran otra vez nuestros; volví a sentir el crujir de las piedras, el llanto de las lagartijas, las canicas en las bolsas. Los brazos ya no respondían después de un rato de encajar saetas, pero te negaste a la resignación: tomaste con fuerza la ballesta y apuntaste con descaro a la copa, dejando bailar una de las flechas entre el aire. La más alta de las frutas cayó empecinada a besar la tierra, y rodó entre saltitos minúsculos hasta alcanzar a besarte la punta de los pies. La tomaste entre tus dedos, acariciando el verde ácido de su vestido; mordiste sin precaución; me ofreciste la segunda toma y me negué, por mi vida que supe negarme a tiempo. Tomé coraje, ajusté la vista, enfoqué la mano con precisión: mi pulso era firme y creí que llevaba la ventaja entre los tantos terremotos de tus palmas. Atiné la segunda de las manzanas más altas, que viró hasta tus botas sucias y raídas. Reconocí enseguida la detracción en tu rostro: la misma mueca desencajada que lamía las cabezas de los animales antes de cumplir con el castigo pactado. En un ademán rígido, 29


tomaste la fruta y me ordenaste caminar al árbol. Me diste ballesta cargada; iba a morder la manzana, pero negaste con un dedo y en el arrebato de diversiones, pusiste una en tu cabeza y me ordenaste que hiciera lo mismo. Entonces comprendí de qué estábamos hablando, y supe guardarme el sudor en los bolsillos de mis pantalones grises. El duelo prometía ser el definitivo, la afrenta cuerpo a cuerpo y ballesta a ballesta, donde las manzanas permanecían inmóviles, amarradas con una soga a las cabezas de nosotros, hermano. El primero en atinar el centro de la manzana del otro ganaría no solo esa batalla, sino una guerra marcada por el hedor de la sangre de reptilejos decapitados y sueños donde el otro debía comerse las garras de los sapos. Allá arriba, donde dicen que Dios reposa sus parcelas, las nubes advertían un crujir infrahumano. Mis manos simulaban ser las mismas dos anclas de hace tiempo. Tu boca, un maléfico gajo de sandía resplandeciente al sol de las primaveras añejas; yo ya no supe si te nublaba el llanto o blandías una carcajada, pero la moneda de cambio era alta y confié en tu maestría para jugar al Lancelote. Casi en un susurro, te escuché comenzar la cuenta. Empuñé la flecha y miré la manzana, increíblemente verde, inundada tal vez de la incertidumbre de la masacre; la vi burlarse de mí y arrancar una risotada de entre sus finísimos puntos. Claro que traté, enfoqué el círculo verde cuanto pude, lo acaricié a lejanía, imploré la piedad a la perdidosa fruta. Escuché un dos: los dientes rechinaron y para entonces hasta los huesos me sudaban con ese caldo pegajoso y helado del condenado a muerte. La sospecha me entró por los vellos de las piernas y oí un torrente entre mi estómago, por donde se colaba un aire tímido que me llenaba de escozor órganos que nunca imaginé entre mis entrañas, y que solo entonces conocí como el reflejo insano del más puro de los miedos. Te miré de frente, y el tres que tus dientes dictaron me caló en todos los huecos. Dejé volar la flecha que avanzó contra corriente 30


a través de un mar de viento, que iracundo se debatía entre mi rostro y la punta tísica que se me acercaba a vuelo firme. Apreté con valentía los ojos –ahora comprendo que los cerraba para siempre–. No escuché ya tu voz triste, se me escapó de los dedos el armatoste y recordé el olor a ranas quemadas, a lodo y epazote; quizás hasta sentí la acidez de la manzana y su caramelo brillante entre los poros de la lengua. Quise aguantar el asco o preparar las vísceras; estaba en fin, el grito de la madera enternecido por el golpe seco de tu cuerpo, el rumor que hace un meteorito al palpar la tierra. Nada más por cansancio recordé abrir los ojos. Caíste a knock out, estupefacto y frágil en brazos de la silla de la abuela. Fuiste, ante mis ojos, otra escena basura de cine en cámara lenta. Miré hacia arriba, nunca me costó creer en el Dios titiritero y sus compañías platónicas; así le lancé el último padrenuestro con la claridad que me quedaba. Quise cruzar los dedos, y en su lugar tenté con timidez la flecha que unía el espacio entre mi cara y el viejo árbol. Pronto dejé de rezar; entre risas nerviosas y dolores de riñón acomodé la mano en la pesada lanza de madera de pino y la dejé esperando el instante oportuno. Lloré como pude y cuanto pude, tu mirada bucólica se incrustó entre la mía: entendí que dentro de las tripas ya nos crecía un monstruo que jamás íbamos a poder enmudecer, por más jugarretas que intentáramos. Ya nunca volviste a mirarme de otra forma: desde el manzano pude ver las venas bien marcadas en tus ojos que se delineaban entre el violáceo y el rojo sangre. Te fuiste con los ojos bien abiertos o será que ya te habías marchado desde hacía un tiempo: la universalidad maléfica de tu boca se quedó reptando para siempre, y desde ese día no hago más que verte ahí sentado entre los nubarrones de moscas, volverte cenizas grisáceas, manjar de los insectos que hacen fiesta entre tus cabellos mal peinados y el asqueroso olor que despide la abertura de tus labios. 31


A veces vomito del miedo, esa repugnancia de ya no verte nunca encaramado en los charcos, tambaleante, y en cambio saber que yo también le voy pisando los pasos a este mortido destino. Desde aquel día, hermano, sigo encajado en este árbol, pensando en escurrirme cuando nadie preste atención a un cadáver ambulante con un hoyo en medio de la frente. Pero Dios está en el aire: a veces me toca el nuevo ojo y me cruza las manos en el pecho; yo me niego, ocasionalmente me canso de aquellos juegos de niños, más falta te haría a ti la bendición de los brazos atravesándose el uno al otro y el rosario atorado entre los dedos, como los cuerpos de las funerarias. Y ahora que me escuchas con tanta atención, hermano, recordarás que tu manzana aún está en el piso perforada por mi tiro fantástico, ya raída por los gusanos que se amontonan para arrancar el pedazo más grande y de paso comerte los restos del tiempo de la carne. Y ahora que el hambre encaja con tanta fiereza voy a apretar el instante y ajustar los dedos. Tomo con delicadeza la punta de la saeta que aún chisporrotea, le canto una canción, le hago jugar al timbiriche. Es así que de entre los ojos la flecha va saliendo, y con ella esa linfa viscosa que me mancha los bigotes. La carne cruje en un siseo intermitente, la herida poco a poco va escupiendo pedazos de piel ennegrecida y coágulos ya secos. Adentro, en mis pulmones, el aire vuelve a ser una masa crocante de inviernos que no cesan, de ríos de sangre que me manchan los cartílagos y ahogan sin preguntas todo el territorio donde alguna vez creí que estaba el centro de mi cuerpo. Tú meces la cabeza entre el olor a piedras de río y tratas de hundir los pies entre la tierra. La caricia de tus ojos otra vez me escupe con prestidigitación de experto, pero cuánto duele, hermano: de la boca se me escapan trozos de salitre; Dios me está abrazando, y por mi vida que me duele.

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Mariana Ayón

INNER SISTER, INNER LOVE I. Laila

Laila sube al avión rumbo a su nuevo hogar, la tierra de Jordania estará lo suficientemente lejos como para poder llenarse de tierra los bolsillos; familia y casa paterna estarán a casi diez años, y ahora sí tiene los ojos como brotes de agua, hay un río que es vida, pero ahora llora, ¿será que les verá de nuevo? mientras, su alma será la de hijos, marido, trabajo y familia, lo mismo de antes, pero ahora lejos y en anglosajón. Allá, en medio oriente un carro trata de evitar el atropello de aquella bestiecilla sin domar que corre al asfalto, la pobre ha quedado idiotizada con las luces, ahora se queda quieta. ¡¡¡¡¡MUÉVETE!!!!! ¡¡Muévete!! muévete... Fátima, se escucha dentro de Laila en la lejanía continental. Quería ver los ojos de Laila, Vendría en verano, recordó Fátima; y es que ¿dónde están las hermanas cuando no están cerca? carro se vuelca y ahora tendrán que empezar a recordar. Familia en Jordania se enreda para hacer La llamada. 33


En el lobby, los souvenirs están por todos lados, Laila deja el cambio para evitar exponer las lágrimas, se lleva las manos a la naríz con un pedazo de papel humedecido con tristezas, pienso en su corazón hecho trizas y me recuerdo tan frágil como ella, o bien, las recuerdo tan frágiles como Fátima, mi corazón se abre; no es que Laila grite, pero sus sollozos braman ese dolor que taladra en silencio, que carcome el alma, y me carcome a mí. Nos asignan el 34 y 35, de sus ojos corren lágrimas, no alcanzó a Fátima, ningún vuelo llegará tan pronto. La sangre que fue del mismo miembro en el mismo útero, se derramó demasiado pronto.

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II. Susana

Ahora recuerdo y me destrozo por dentro, ¿qué necesito para conciliar contigo? una muerte, una moneda, un viaje, un deseo de ponerme al tiro... A estas alturas ya me importas poco o eso me digo con el afán de seguir bastante lejos, pero el deber me lleva a amarte, perdón, a llamarte... no sé si deseo tu compañía, pero deseo estar bien, ¿y si me alcanzara mi muerte estaré lo suficientemente lista? los papeles listos, el corazón unido, la familia lista... ah... no, espera, me faltas tú. me pregunto: ¿de dónde viene toda mi molestia? y procuro intimidar a todas mis hostilidades, pero nadie tiene una respuesta congruente, solo lo visceral de mis entrañas tiene argumentos a favor [de una heladera, pero lo demás, resulta absurdo, incluso raya en la estupidez, ¡vaya mi inteligencia incapaz de amar! 35


pero eso sí, todo es fácil cuando hay vida, y Fátima ya ha muerto... Yo no sé si acaso estemos en las condiciones de reparar esto o mejor continuar separadas, pero no, Laila hubiera querido volver, sí. ¿A dónde se deslavan los muros de los buenos pensamientos [y el cariño? hace tanto que no espero con el deseo de verte, solo te miro con el tedio a pensar que abras tu boca y tus palabras como una cascada seca... y yo ya no escucho tu vida, ni tu agua, ni tus pensamientos. Cerré la puerta, pero no supe a dónde lancé la llave, y debo aceptarlo, temo que suceda, temo no mirar tus ojos con aquella alegría, temo no nos miremos los ojos a causa de condición de infame. Te marco entonces, me guardo el orgullo, que igual no me sirve de nada, timbra el teléfono y dudo querer esperar en la bocina por tu voz, ¿mi dolor llevaría más palabras que el gozo de tenerte? no, o no lo sé... ¿cómo era cuando estabas? Suena tu voz.

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Imanol Martínez

[SIETE] (fragmentos)

1.

—Vuelve pronto del recuerdo, —tan pronto que se encuentra con el estruendo de una ciudad lejana. —Las primeras imágenes del televisor son memorables: —Parecen pájaros volando alrededor del edifico. —Aves huyendo del incendio y el derrumbe. —Vuelan con sus negros cuerpos en dirección vertical. —Pero de pronto caen al suelo. —¡Crash! —Y el cuerpo se deshace en decenas de pedazos. —De nuevo un tono bermellón sobre el asfalto. —Ciento tres pisos. —A las siete de la mañana las tarjetas de entrada hacían sonar su planta baja. —A las tres de nuevo. —Y a las ocho por última vez en el día. —Hoy son las tres. —Son las tres y decenas de trabajadores se avientan desde las ventanas. —Son las cuatro y nadie dice nada. —Son las cinco y el edificio por fin se viene abajo. —Se oscurecen las calles. —Por avenidas y callejones se esparce el polvo. —El saldo es de una gran cantidad de bomberos parcialmente ciegos o con problemas respiratorios irreversibles, 37


—Que el seguro médico de la oficina local no podrá cubrir. —Nadie dice nada. —Las imágenes en la televisión transmiten demasiado ruido. —Una y otra vez el colapso y la condena, pero nadie dice nada. —Las cifras cambian cada hora. —Cien, —doscientos, —doscientos veinte, —error, —ciento noventa, —error nuevamente, —doscientos treinta y cuatro trabajadores aproximadamente. —El dulce sonido de los cuerpos al chocar contra el asfalto. —¡Crash! —La estación de las dudas le trae ganas renovadas para reventar cristales. —Pensando en el hundimiento. En cosas que se sumergen contra su voluntad. —Nada está claro. —Las noticias. —El ruido. —Las piezas. —Dicen cosas imprecisas. —Sustantivos que transforma en dolor. —Objetos que él mismo sumerge. —La adornada voz, inevitablemente, le detona ruido. —El ruido del hijo que se acerca a pedir ayuda. —Padre... —El silencio del perdón negado. —Tu manía por mantener esta muralla te arroja a la cara los muertos. —No pide consulta como buen hijo; pide ayuda. —Tus muertos. —Y el silencio. —[Vuelve 38


—Vuelve]. —¿qué esperabas que hiciera? —Nunca fuiste un padre ejemplar. —y seamos sinceros, un hijo tampoco. —¿Qué esperas? Abandonaste la ciudad por tus propias palabras y hoy, al borde de la guerra, necesito que vuelvas. —De verdad ¿qué esperabas? —Su cabeza es martillada por el ruido y el silencio que le sigue. —El transformado horror toma cuerpo en gritos y olores fétidos mientras lo observa irse. —Toma forma en dos cuerpos que se disputan nefastas herencias. —Una ciudad destinada al olvido y al horror. —Un palacio. —Naves llenas de caballos descabezados. —Dos Reyes. —Y horas, —horas que están por morir a cada instante. —E inevitablemente, toma forma en recuerdo. —Jodido recuerdo que apenas es capaz de dibujar una mueca. —Y de fondo la mejor sinfonía: —las voces disfrazadas. —Cual orquesta de transatlántico ante un iceberg. —Suman ciento-cincuenta-y-un-chingo de muertos. —Nadie declara nada so pretexto de una paz para el sepulcro. —Seguido de un corte comercial. —Después silencio y ruido.

/silencio/

/Ruido/ /Nunca la calma/. 39


2.

—[Quisiera incendiar esta memoria. —Quisiera incendiar esta memoria]. —Prenderle fuego a cada rincón. —Incendiar la muerte que se acuesta con él. —La muerte es una puta bien vestida. —Baña en gasolina el golpe en el pecho. —Odia la cama y odia querer a sus muertos. —PERRA-RABIA —Odia tener que decirlo: —Muchas gracias esta es mi vida. —Disculpe las molestias que esto le ocasiona— —Disculpe pero esta es mi vida. —Y aunque siga con poco sentido. —Esta es mi vida. Y lo ve consumirse. —Lejos, muy lejos —Tan lejos. Y se queda

Solo.

—En la inmensidad del recuerdo-mierda. 40


Manuel de J. Jiménez

EL JUICIO FINAL ...hasta que truene la trompeta del Ángel en el Juicio Final. Ramón López Velarde

Rugieron los triángulos y los círculos se abrían debido a las matemáticas celestes con cada cero voraz Yo monté a mi propio espíritu que relinchó por el miedo de escuchar de sentir una luna con sangre Los muertos despertaron gracias a una fórmula sacramental y unas balanzas que se sacudían como pelícanos bajaron desde las nubes “Las carrozas de la suerte se estrellaron Valga el cielo una cadena con un yunque Valga el cielo la gente perdida atrás entre la reproducción dulce y divina” Yo dialogué con la cabeza montañosa de un serafín porque el Juicio Final comenzó en nuestras Repúblicas Era un hilo solar al unísono 41


el verbo de los poetas que se levantaron Todavía escuché el español más hermoso desde mis adentros “Darío con la furia rimada entre las selvas con laureles en el oído y olor a azafrán Allá musitan las ojeras de aquel Vallejo que cuenta los golpes amargos en su mirada Solo Tablada dibuja sin miedo un haikú bajo la aurora de los espíritus chocados y una estrella busca la pestaña de Huidobro para soñarla como una canoa que nos salve” La

eternidad

paró

de

momento

Lo sé poetas resucitados vuelven a quemarse sus bocas sin atender a los ríos de lava Todas las llaves están desaparecidas El sol es un tambor de corderos contra panteras que suena gravemente Una nube se inclina El tiempo es un arresto La letra de los libros no se salva Hay un ángel a la izquierda y otro a la derecha dictando el resumen de los umbrales Dios impugna su Creación El mar se escucha tartamudo con olas malsanas y sin ritmo Las cordilleras brillan como garfios 42


Las lagunas parecen pieles resecas Nuestros valles descansan bajo la cal Lo sé “Por favor detén el temblor Palacio di una ley en defensa me echan a la Segunda Muerte El sol ya no calienta mi piel y no sabré si estoy ahorcado” La carroña de los cuerpos crece en las gargantas La arena es el cálculo aproximado por espíritus presentes El sol agonizante tapa el techo de la sala con diagonales infinitas Los ojos en los brazos y piernas de los ángeles vigilan desde sus pliegues eternos Yo siento el aura de una Asamblea que se dilatará a través del mundo y los astros Una masa de espíritus dirige sus cuellos hacia mí estirados en un zumbido maquinal escozores de la muchedumbre que me juzga Las paredes que me ahogarán en una aterradora confesión entre folios sacros y vírgenes fantasmales Pronunciar el nombre vivo y callar el hecho muerto Mi corazón gruñe como una hiena La muchedumbre envuelve o arrastra 43


Las fibras de lo divino me sonríen Me llega algo a intervalos Estornudo para devolver toda mi culpa Miro fijamente las incontables flamas que bailan en la cúpula de los querubines Las leyes históricas están vacías y los Estados continúan desarmándose Mis alegatos son insuficientes para la Luz El sol cumple su ciclo en pausas Dios produce el arqueo y me desmayo en el pensamiento cadencioso

LOS ALEGATOS PARA LA LUZ

SON

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INSUFICIENTES


Adriana Bañares Camacho

Moqueta gris

Tengo don de cepo para los monstruos / y los elementos decorativos naif de todo a cien. /Atrapo sin quererlo las historias cutres que pasan a mi lado /los muñecos de pelo sucio en los ganchos de las ferias / el dolor con estampado de domingo / el frío hacia el café amargo/ también atraigo/ las paredes hacia mí. /Me retro-atrae y acoge el suelo, que también es de peluche. Pero está sembrado de insectos muertos. Esta moqueta que es un campo de batalla huele a veneno.

De Happy Meal

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Yo viví en un jardín

Yo viví en un jardín. Y solo tenía miedo de mi reflejo en la noche. El brillo del espejo por las noches. Yo viví en un jardín y no tenía miedo de la muerte, tan lejana. Yo vivía en el invierno, y recogía del agua animales muertos invertebrados. Y no tenía [miedo de la falta de significado en los cuerpos de la falta de aire ni del frío yo tenía miedo de mi reflejo. Pero no veía nada en los insectos ni en las arañas / no veía nada entre las hojas ni en el musgo de mi jardín. Yo veía la muda abandonada entre las hojas las escamas de mi piel tan blanca y el pelo enredado de las muñecas viejas pero no veía irse la vida no veía la pérdida ni la tristeza / no veía la nada en los cuerpos blandos la nada en el polvo de los insectos muertos. Ahora que no vivo en un jardín y me aterra la muerte y la [vejez en el espejo ahora que son ellos los vivos y yo el cuerpo a explorar en esta celda te veo a través del agua de las flores llamándome a ser tú tus arrugas y tu muerte tu cuerpo invertebrado – aracne a ser tú a ser yo a quien veo y me mira / atrapada en el cristal ajena al jardín, lejana envejeciendo. 46


Dancing Barefoot

nuestros zapatos se han quedado en casa con la lluvia nuestros zapatos se han quedado en casa en el desierto y en las baldosas secas de un tiempo ĂĄrido que no cupo en nuestras manos. nuestros pasos parecen firmes (pero nos tambaleamos) caminamos tan solas a pesar de todo porque todo este camino rutinario es parte de una huida que escribimos con palabras minĂşsculas y esperas en el frĂ­o.

la tierra se cubre de blanco. es un luto diferente al nuestro / nuestro luto de tela de lija negra sobre nuestros cuerpos helados 47


estas pieles frágiles que evitan el roce estas pieles viudas de sí que se corrompen hasta el deshielo mientras bailan descalzas sobre la nieve.

De Engaño Progresivo (Fundación Jorge Guillén, 2012)

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2008 Adriana Bañares Camacho

Esconderse o huir. Buscar ayuda en los mínimos conocidos, seducir a cámara, a la mirilla, de madrugada, decir “déjame entrar, he matado a mi (ex)marido”. “He descubierto que todos mis amantes me son infieles”. Cerrar la puerta por dentro, hacer el amor y tratar de dormir con tranquilidad aun sabiendo que nunca ha de fiarse una de los hombres, que a la mañana siguiente él la va a delatar. ¿Me tienes miedo? No, Edelweiss. Nos conocemos desde hace muchos años. Sé que es muy tarde pero. Entra. Joseph le ofrece café. Algo de comer. Solo quiero dormir. He de coger un tren temprano. Joseph quiere cogerle de la mano. Sentir la presión. Sentir que es suya o él es de ella. Un mínimo contrato de dependencia. Dormir juntos. Comprenderla. Decirle que la comprende. Que no la juzga. Que entiende sus razones para matar. Llevarle el desayuno a la cama. Hacer el amor antes de comer. Pero ella no quiere café. Solo quiere dormir. Se lleva la mano derecha a la boca y apaga un bostezo. Le cambia la expresión del rostro porque con solo verle a él ya sabe qué está pensando y se enciende un cigarrillo. ¿Sabes? Lo he pensado mejor. Y Edelweiss retrocede hacia el sótano de la heladería y se 49


enfrenta sola a lo que ha hecho. Joseph se queda con las ganas de ser su confidente y amante. Edelweiss decide no huir. A la mañana siguiente ya tendrá una mentira preparada para explicar la desaparición de su marido. Joseph la saludará como siempre, como un simple vecino, porque n-u-n-ca ha pasado n-a-d-a.

Eis (fragmento)

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De colibríes María José Amaral Chombo El colibrí de siete luces, el picaflor de siete flores busca un dedal donde vivir. Neruda

La bugambilia en el patio de casa ha sido siempre un espacio de vida colibrí, un nidario, un área recreativa de nacimiento. El ramaje de la planta cae libre en forma de cascada desde un pequeño techo, simulando –románticamente– a un gran nido adornado de flores bicolor. Solíamos poner bebederos con un liquidito rojo asegurando la recurrencia de las aves, que se aglomeraban sacando sus diminutas lenguas y aleteaban imperceptibles en el paraíso montado para ellas. Este es el primer encuentro que la memoria me brinda con la belleza. El suelo tapizado por hojas secas y crujientes, la vista del ramaje tocado por la brisa y las aves volando hasta entrar en las nubes, alejándose de los carros al otro lado de la puerta. Curiosamente los colibríes también me acercaron y me hicieron sentir, por vez primera, a la muerte. Aquello fue algo así como una imagen borrosa, una mancha o un reflejo empañado que he ido puliendo y ensanchando con recuerdos construidos. Un día, sin más, el colibrí apareció muerto en su nido con los huevos aún cerrados debajo de su cuerpo inmóvil. No sé por qué me dolió tanto pero lo puse en una cajita de su justo tamaño y lo enterré en un parque a unas cuadras de casa. La muerte de algo bello es siempre terrible; la muerte es algo 51


terrible. Aquel día lloré como despavorida y todos se preocuparon por el fin no tan lejano de nuestros envejecidos tres perros. Pero ese colibrí era la vida, no la muerte. La vida es el cuerpo desprotegido y ya sin alma de un picaflor tumbado bocarriba en algo que no terminará de nacer, de ser completamente. De algo que no se rompe ni se libera. Es más como un colibrí que como un fénix. En la mayoría de los casos nada renace, nada resurge; porque lo que queda en nosotros no son cenizas, son cascarones irrompibles como armaduras. Los rescoldos se convierten en pesos inertes que con fortuna y tiempo darán el calor necesario para incubar aquello que esté debajo. Por muchos años los colibríes dejaron de venir hasta que hace unas semanas llegó de nuevo uno. Yo salía cada mañana a ver el avance en la construcción de su nido, a observar sus idas y venidas, sus viajes en busca de material. Llegaba unas veces con ramas, otras con algodón e iba tejiendo todo con su pico de un modo que no logré comprender. Con sus patas amoldaba el interior, probaba si tenía la comodidad y el tamaño requerido. Agitaba sus plumas y apreciaba su creación desde ángulos distintos. Pasaron los días y el nido ahora está listo; resiste la lluvia veraniega del norte y se encuentra protegido de los rayos del sol, pero el colibrí no ha regresado. El algodón y las ramitas esperan colgando sobre un abismo de adoquín. Me siento detrás de la ventana aguardando su retorno con la idea de que mi presencia puede ser el motivo de la desaparición. Gorriones sobrevuelan el jardín y desvían su camino para beber en los charcos de lluvia; gorrión tras gorrión pero ningún colibrí. Tal vez ese sea el secreto: construir eternamente nidos perfectos y cuando estén terminados, alejarnos rápido de ellos para no desplomarnos bocarriba como aquel picaflor de mi niñez. 52


José Agustín Solórzano

por qué las mujeres nos prefieren poetas

no soy un poeta mal parecido mi nombre tampoco es el más feo pude haberme llamado por ejemplo, Anivdelarev o Benito u Octavio pero no no soy un poeta con el pene muy grande calzo del 26 y mis años todavía son menos que el dinero que guardo en la bolsa me alcanza al menos para invitarte a un cigarro a una coca cola de lata a caminar e intentar que pase algo por ejemplo: que mi mano derecha salga de mi control y ruin y descarada te agarre las pompas mientras yo veo las palomas y pienso lo bonito lo realmente bello que es el parque 53


“no te enfades” te diría “realmente aunque no quería tocarla me gustó tienes unas bonitas nalgas” porque tampoco soy un poeta con los gustos más exquisitos me gusta leer la nota roja del periódico cantar en la regadera y picarme la nariz a solas como puedes ver de poeta no tengo nada pero podría tener al menos esta noche con quien compartir la última lata de atún que guardo en la despensa.

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poema circense

¡éjele éjele! a jalón de ahorcao popemas para los que se formen primero hipster hiperconsumista regala: voz poética en formato mp3 aquí comienza un libro que sabe cuando acabe aquí se hacen los poetas los hombres en los microondas pásele que aquí le robamos menos tenemos pila harto duradera para el sonámbulo semen de soltero para la mujer vacía y para el adolescente para el adorador de las nuevas tendencias playeras coloridas calzoncillo con condón incluido señor, señora cuide a su chamaco 55


de las averías de la primera edad regálele este despiertapendejos cómprele un buen laptop y déjelo conectarse que al mundo se entra por el módem a jalón de ahorcao las manos donde pueda mirarlas uno por uno que hay pa todos hijos de Nezahualcóyotl bastardos de la narizona de Góngora ¿cuál Quijote habría escrito el brazo perdido de Cervantes? lepanta madre la suya que nunca lo sabremos como tampoco a ciencia cierta o a cierta ciencia que se sepa cuándo se nos vendrá encima el universo y nos convertiremos en estrellas todos sí como la melenuda esa de Shakira o la descendiente directa de Tristán Tzara Lady Dada creo se llama aquí le vendemos todos sus discos y los de la arrolladora los de la inolvidable banda amnesia pa la bailada pa la lloradera pal buen perreo chacalonero acá le damos buen precio y se lo colgamos donde quiera para que lo vaya meneando por las avenidas 56


todos nuestros dioses cuentan con entrada usb venga entre no se arrepentirá que esto no es aunque lo parezca un circo aquí no domamos leones mas hacemos de malabaristas comemos poco y con cien al día bebemos como ballenas ofertamos payasadas que lo harán llorar a risas chorreantes nuestra única magia reside en sacar de la chistera un poema orejón y bien sordo y las palabras mágicas: ¡éjele éjele! a jalón de ahorcao.

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poema tesista

el poema está tratando de demostrar que todos allá afuera son nada más que metáforas, esos que curiosos le alborotan sus cabellos, le escupen o le doblan la orillita de la página. metáforas todos de todos los demás. el poema investiga, escribe, lee en todos los rostros que se asoman a ver sobre su frente, pero nada. o lo mismo. la metáfora de nada o del universo todo, que es un escalón en el cual todos tropezamos. este poema está cansado y va a dejar la escuela en cualquier momento, conseguirá un trabajo sencillo y por mientras se sentará en un escalón lleno de estrellas y cansado, muy cansado, irá desapareciendo de tus ojos. como la metáfora de un universo al que le duelen las pompas de tanto estar sentado.

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de niño me rentaban mis papás para que fuera a llorar a las fiestas me ponían una falda rosa y me mandaban con los cachetes pellizcados los niños se reían de mí las niñas me ofrecían, contentas una taza de té inexistente y yo lloraba no por lo amargo de la infusión sino porque nunca y lo digo como si mordiera una cebolla nunca lloré sinceramente.

voz en off (poema mudo) una lata ha sido pateada1 alguien triste tal vez se aleja silbando (bajo las escaleras)2 abandona todos los paréntesis: 3

_________________ hasta el fondo de este poema ( el poema ) 3 (_ _ _ _ _ _ _) 1 2

se va 59


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Daniel Rojas Pachas

_=Combo Breaker!!! ULTRAAAA COMBOOOO!! Cinder, Killer Instinct

viernes 4:30 a.m un amigo de iqq me manda un mail diciendo que debemos escribir un libro a cuatro manos sobre tacna... -tacna es una puta - coloca como despedida. 4:30:01 tacna es una puta salvaje -pienso y coloco en el muro de facebook, wicked game por décima vez... ... rápidamente alguien que desconozco, una chica de seudónimo sexy y fotos de perfil con tetonas del manga o pintores como grosz, bacon y beksinski coloca “me gusta”... debe ser un puto gordo sin vida... 8:31 llego al terminal internacional (minutos antes, al cruzar a pie el puente tucapel, encontré cerca de la pista un crucifijo de madera en que cristo parece un zombie o jack o lantern... acaba de terminar disorder y empieza exodus from the underground fortress) pienso que escribiré sobre esto como una digresión inútil o guiño estúpido a un libro de poemas que quizá publique algún día... 8:33 en la caseta de los tickets de embarque me espera un amigo que tiene un rollo con los piratas y la lucha libre... subimos al bus para cruzar la frontera... en el asiento trasero va un fleto que parece simply red... pasan cuerpos arrastrando bolsas de contrabando que nos empujan... nos piden ayudemos a pasar ropa usada en nuestros bolsos... nuestro silencio los manda respetuosamente a la mierda... 61


8:42:27 se sube una copia de john locke acompañado de una milf centroamericana que maldice en inglés...también viaja con nosotros la versión femenina de mike tyson (viste un chaleco fucsia y tiene cara de poca paciencia)... mi amigo se caga de la risa y empieza a huear con “ke saen de balrog”... yo le digo que calle si no quiere que nos arranque una oreja a mordiscos... nuestro bus es un puto mayflower y tacna una maraca pluralista... recibe a todos... me gusta ser la puta del pueblo, la puta de montesinos, la puta del congresista, la puta de los futbolistas, la puta. que mi zorra sea un punto de reunión, una catedral. un depósito de espermios de mi perú. la unión de mi perú. yes, un gang bang en una combi diría john wayne desde el cielo. el resto del viaje... chacalluta, santa rosa y sus pajeras tarjetas de migración con datos falsos... es como jugar rol... profesión: hitman, gogo dancer, monk... un poco de desierto y una inca cola helada... lo pasamos haciendo una lista de personajes de killer instinct, has jugado killer instinct ... él se pone a gritar co-oo-oo-mbo breaker y asusta al cobrador... al bajar nos ofrecen hierba y el taxista dice si queremos ir a las cucardas... chileno = putañero... Tacna es la gran maraca y soporta cualquier ficción... the world was on fire...

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escrito en chacalluta o [a unas negras colombianas no las dejaron subir al bus por llevar demasiado equipaje... aún así los pacos hicieron todo lo que estaba en sus manos por ayudarlas / so sad] The only Good Bug is a Dead Bug!!! Civil de Buenos Aires, Starship Troopers

un bisturí y manos adecuadas / poli se abre camino con la shotgun / piel de niña, un lindo disfraz para el parade / los ancianos desfilan con máscaras de expresidentes / y maestras rebotan sus tetas a un costado del camino / lo circular de la carretera nos insulta / la circularidad del baile, un foxtrot con máscaras de gas / pasolini estaría orgulloso hijo!!! / so cute / un rostro deforme arrastra a su hermano por el desierto / las quemaduras del bajo cráneo, el viento en las dunas / risas quiebran el silencio del lugar / maybe, love won´t tear us apart / just maybe / el martirio post punk / post rock / post this – jode a los artistas del llanto, so trendy, so seattle... los noventa pasaron / ser un loser ya no es lo mismo / a ti en todo caso te calienta jean grey / wolverine de mierda / cíclope se tira a las mejores minas, la reina blanca, las pelirrojas son una debilidad / pregúntale al fist of the north star / cayendo directo al despeñadero, so sad / como trepanar una cabeza y echar agua hervida con jeringa para crear un zombie artesa y no pasar otra noche solo / me gusta bailar lentos / love hurts, nazareth style / dahmer le llora a papá / so lonely / pero usa el sniper conchetumare, que te dije... puta la huea / revolver ocelot es un viejo cabrón, igual que saint of killers / malas copias de jack palance o bronson en un paisaje cotidiano / 63


gris lleno de balas y cuerpos / el pellejo de esas gordas / pure gold / buffallo bill style / norman bates style / ed gein style / tobe hooper es dios / el tendrĂ­a que hacer una peli de lee wuornos versus green river killer / un hit gore porno style / para tanto viejo de mierda, pajeĂĄndose con hueas muertas / i feel pretty... oh so pretty / has visto el video de... manda link... http://www.youtube.com/watch?v=faFuaYA-daw Pd: te amo mamĂĄ.

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momento random del día #42 Los Gundam y ocho toneladas de destrucción masiva

...voy bajando por azola después de mandar unas figuras de gundam wing a santiago, suena what goes on de Velvet Underground y una señora se acerca a venderme la idea del paraíso en un panfleto, sigo de largo... de pronto alguien me toca el brazo, es un viejo tartamudo en silla de ruedas, balbucea algo, lo escucho... de forma atropellada dice, o intenta decir... hoy pasa el cometa, son ocho toneladas, está bien que nos mate... somos muy malos todos...

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AT THE DRIVE-IN – A.K.A “Ciudad”. “embroglio” “Amanece. / Se abre el poema. / Las aves abren las alas. (...) La ciudad despierta. La ciudad se levanta. (...) Se abren puerta cartas. / Se abren diarios La herida se abre”.

Lo previo (((escrito))) ha sido un ensayo de nacimiento. ... Sin pies o manos retina como caldera y un cuerpo que abre paso Barthes dice contemplar la lucha libre “con asombro y predilección este artificio deportivo, sometido en su estructura misma, al asíndeton y al anacoluto, figuras de la interrupción y del corto circuito” ... La calle, a fuerza de motos repleta con violencia. Payasos a ciento-cincuenta kilómetros por hora, de un lado ponen a prueba la rabia 66


del otro suena el gong y ella, pierde control... Otra historia de hermanos que se interrumpe: Hah! ¿No te gusta lo que escuchas eh? ¿Te hace enfadar? ¿Y qué piensas hacer al respecto? Bien, Kaneda ¿QUÉ PIENSAS HACER AL RESPECTO? Edificio de palabras... disparos quiebran rostros y la maquinaria... un cartel inmenso de Cola antecede la ciudad de neón... toda una experiencia el vivir aterrado ¿no es así? Eso es [ser un esclavo. El paisaje de esta factoría (una lágrima bajo la lluvia) no es más [que una clausura, y ella... un tráfico de revelaciones pospuestas como el sonido para un ciego, como ebrias miradas que mienten ante un origami de unicornio... ... Por encima de cerros, plástico y verbo... Un replicante, la pandilla, un torpe niño y el detective, van pariendo el dolor... Todos esos momentos, se perderán en el tiempo... 67


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Joaquín Emmanuel De La Torre Herrera

Cuatro poemas: El pajarito del desierto

A Luz, por supuesto

Esa mujer se parece a la esperanza que alguna vez tuve. Tan difícil de matar una vez prendida al corazón. Entre el alar de mis venas no podía emprender el vuelo sin descarnarme por dentro. Esa mujer se oye cantar, soltando vida de poquito en poquito como sueños crujiendo, desde mi pecho. Esa ruiseñor es como un fantasma que anda por mi sangre esparciendo sus plumas en cada aletear, llenándome el costado, estrujándome las costillas para abrirse más espacio. Y a lo mejor me muero y me comen los buitres si no supiera que anda por ahí volando mi esperanza, pero a ella solo se la comerá la palabra nunca.

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creces mansa, sin causarme ningún daño como el manantial que desmiembra la tierra como el frío que desmenuza al cerezo, pero algo dejas, no el tiempo, no el cuerpo, herido. En alguna parte de mí, duele. Si solo fuera quietud y sombra. La dureza de la herida va clavándose cuando la costra abandona la piel y la carne llora. A la espera, solo queda eso, veo desamoronarse la oscuridad como cuando me amabas como cuando dio la vida ese soldado fusilado frente a la capilla, querida, dejando retazos de sangre en sus muros heridos y acribillados, unicamente.

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El pájaro es una promesa desprendida de las alas como hojas de otoño. Hojas tostadas que se van haciendo viento, y con las alas desgarran sus raíces. Somos polvo de hoja seca, dicen las nubes. Llueven árboles y se oyen aves cantar cuando gota a gota germinan vuelos en el suelo. 71


A mi desierto, mujer, de arena y polvo enamorado lo inund贸 tu mar.

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El señor de la tristeza Roxana Soto

En ese tiempo era imposible confiar en alguien que no hubiera probado con anticipación que podía lanzar la pelota de beisbol o que no hubiera sido perseguido por un perro callejero. En aquellos tiempos, todos teníamos una afición por todo ¿cómo? Pues eso no se pregunta, si está tan claro. A todos nos gustaba salir a la calle, solo salir, estar en ese pedazo de tierra que no era nuestra casa, donde no estaban nuestros papás viendo qué hacíamos. Allí afuera era nuestro paraíso. Una vez, déjame te lo cuento, volamos papalotes en el parque. Iban bien altos por los cielos y no había cosa parecida, aunque bueno, los aviones volaban más alto, pero esa no es la historia. Un día, o más bien, ese día que te digo, colgamos a un gato de la cola del papalote, pero también de la cola del pobre gato. Colas unidas. No sé cómo subió ese animal, pero nosotros reíamos como si el gato no estuviera a punto de sufrir un infarto allá en los cielos. ¿Pobrecito? Pues sí, pero entiende que nosotros no sabíamos, andábamos descalzos por las calles como si no hubiera más civilización que nuestro pequeño grupo delictivo. Todos los eventos que presenciábamos eran así. Excepto uno, y es que era algo escolar, entiende, a mí me gustaba ir a la escuela, pero había otros que no sabían ni peinarse para ir. El asunto aquí es que yo tenía un maestro de música. No, no, no, así no es. Voy a empezar otra vez: el asunto aquí es que yo no tenía un maestro de música, o mejor dicho, ni yo ni nadie de mis amigos, ni de mis enemigos tampoco, pero cada vez que ese papel maldito llegaba con las calificaciones, yo tenía una perfecta puntuación en música. En su lugar, esa hora la dedicaba la maestra gorda en enseñarnos alguna otra cosa valiosa qué memorizar: dónde está el Popocatépetl, la Sierra Madre Occidental y la 73


Oriental, dónde está Shanghái y asuntos de esa naturaleza. Pero, ¿cuál era el punto de todo esto? Ah, sí, la música. Un día la maestra dijo que las tablas ya estaban medio aprendidas y que los acentos no los íbamos a entender nunca de todas maneras, así que un maestro venía a darnos música. “A darnos música”, dijo, como si la música la pudieran andar dando en cajitas de madera. En fin, todos en nuestras cabecitas mugrosas pensamos en la música de nuestros papás, qué aburrido, gritó uno por allá atrás. Entonces, casi tan alto como la puerta misma, llega este señor, el pelo blanco o gris muy claro, peinado de lado y sus orejas, no te imaginas lo grandes que eran sus orejas. Cojeaba un poco de su pierna derecha y se mecía al caminar. Traía una caja extraña en su mano izquierda, como un maletín. Todos lo seguimos con la mirada, callados como siempre nos decían que debíamos estar cuando alguien grande entraba al salón, pero lo que yo creo es que nos callamos esta vez porque sí que era alguien grande, tanto como la puerta misma. Entonces, este señor dejó su maletín en el escritorio y nos miró. La maestra salió meciendo su gran trasero y entonces, abundó el silencio. Majestuosamente el señor pelo blanco abrió su pequeña caja secreta. Clac, sonaban los seguros. De allí sacó entonces, su violín. Todos continuábamos callados, no sabíamos qué podía salir de esa cosa, o qué era, o... no sabíamos nada en ese entonces... No creas que me callo porque ya no me acuerde, más bien me acuerdo demasiado cómo puso ese aparato de madera en su hombro, tomó un palo largo y empezó a tocar. Era un sonido nuevo, necesitaba retenerlo, entonces me acuerdo que cerré los ojos para escuchar mejor. Parecía una canción alegre ¿sabes? Pero con los ojos cerrados me pude dar cuenta de que era la cancioncita más triste de todas las que había escuchado. Comencé a llorar, pero llorar era un delito en ese lugar de rufianes, entonces me sequé las lágrimas lo mejor que pude y volteé a ver a los demás: todos lloraban. Todos se dieron cuenta de la tristeza de la canción, cuando pensé que yo era el único, pero eso no im74


porta, lo que importa es que unos de la primera fila lloraron con tanto sentimiento que el pobre señor, que tocaba con los ojos cerrados, los abrió de pronto y dejó de tocar. No dijo nada, solo miró con ojos de comprensión a los llorones, o sea a todos, y guardó su artefacto. Clac, sonaron los seguros. Tomó el maletín en su mano derecha y caminó con el mismo vaivén hacia la puerta. Nosotros seguimos fijamente sus pasos, mientras nos limpiábamos las lágrimas. Segundos después entró la maestra pelo negro y nos miró extrañada, pero no dijo nada. En el recreo nadie dijo nada tampoco. Hicimos como un pacto de silencio, pero más bien creo que fue porque nadie entendía cómo nos había hechizado. Yo no me podía quitar de la cabeza la tonadita, pero más que nada, no podía olvidar la sensación de tristeza. La siguiente semana sucedió lo mismo. El hombre entró con su paso pausado, abrió su maletín, sacó el violín, tocó una canción triste, más todavía que la anterior. Nosotros nos queríamos hacer los fuertes, lo vi en el rostro de mis amigos: fruncían el ceño y algunos se tapaban los oídos. Pero a la media hora de nuestro concierto privado, comenzaba la tristeza infantil más grande del mundo. Primero unas tímidas lágrimas, las niñas eran las primeras víctimas, pero yo pensaba que era trampa porque de seguro que practicaban en sus casas, frente al espejo. Después venían los niños y los quejidos sordos de todos. Hasta que unos gritos amargos y entrecortados se escuchaban de todos los rincones. Entonces, el maestro dejó de tocar, guardó su máquina de la tristeza, Clac y adiós. Así pasaron varias semanas. La maestra parecía disfrutar estar en el salón después de la clase de música porque nadie se atrevía a decir una palabra. Calladitos siempre nos veíamos más bonitos, decía, pero ¿a qué niño le importa verse bonito cuando llora por media hora sin parar? Lo peor es que nadie nos explicaba qué era ese sonido que salía de las cuerdas, ni por qué venía cada siete días un señor alto a hacernos llorar a todos. Este asunto giraba en nuestras mentes, pero tampoco demasiado, eh, que estar triste siempre quita tiempo 75


dedicado para una astuta jugada de canicas, o de beisbol o de lo que fuera. Pasaron meses antes de que alguien quisiera hablar de eso, y cuando por fin vencimos el miedo terrible de la tristeza colectiva, coincidimos todos en que era una trampa. ¡Claro! Cómo no lo pensamos antes, todo esto era una herramienta malvada de la maestra, o quizás de la directora para vencer nuestro infatigable afán de ser unos desvergonzados. No sabíamos qué íbamos a hacer, pero nada derrota a unos niños cansados de llorar en un horario fijo. Bueno, eso no impidió que mientras el plan se llevaba a cabo, lloráramos un poco. Pasaron unos días y por fin a alguien se le ocurrió algo: que si nos poníamos algodón en los oídos el sonido no podía entristecernos nunca más. Así lo hicimos. El día de la táctica, el señor pelo gris-piernas largas llegó. Ah, qué extraño era verlo hacer siempre las mismas cosas con la misma parsimonia. Estábamos listos, nada podía vencernos. Entonces, empezó. Nosotros nos mirábamos complacidos por nuestro éxito rotundo, no había nada más feliz que vencer a la tristeza misma. Éramos inmunes, todos a nuestro alrededor lloraban sin más, unos hasta llevaban sus pañuelos, listos para cualquier clase de mocos que escurrieran, otros sin embargo, pensaban que su brazo era una alternativa más barata y nada complicada. En fin, lloraban todos. Y fue entonces cuando pasó: el hombre del pelo más gris del mundo abrió los ojos mientras aún tocaba, pero no los abrió solamente, eh, sino que sus ojos se volvieron dos esferas redondas y temibles. Nosotros éramos los únicos que lo vimos, los demás gemían y se enjuagaban las lágrimas, hasta que el violín calló. Así, lo dejó caer, se rompió en mil pedazos y después él remplazó su varita mágica de música y en su lugar tomó su pecho y se desplomó en el piso. Ya nadie lloraba, solo lo veíamos con nuestros ojos abiertos, bien abiertos, asustados. Uno de la primera fila salió corriendo a decirle a la maestra, los demás, nos quedamos inmóviles viendo el cuerpo agonizante del señor de la tristeza. La maestra brazos aguados llegó y se devolvió rápidamente a la oficina de 76


la dirección. Pronto llegó una ambulancia y se lo llevaron. Nosotros no nos pudimos mover, no sabíamos qué pasaba, pero en el fondo lo intuíamos. Nunca volvimos a ver al amo y señor de los llantos, ni nunca la maestra sonrió como cuando se acababa la dichosa clase de música. Nosotros, nosotros sobrevivimos la pérdida, continuamos siendo correteados por perros y aventando pelotas, pero de vez en cuando, pasado ya algún tiempo, nos reuníamos en un rincón del parque y llorábamos todos juntos, en memoria de aquel hombre alto y gris.

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Reyes Isven

UNA CASA UN DĂ?A (fragmentos)


muebles

nos dispusimos en círculo para el almuerzo entre una ligera conversación entonces para descubrir que la forma y la distancia de una mesa una silla junto a otra silla no han cambiado mucho las palabras que se dicen las personas a la hora de comer: el patio está en todos lados nuestra casa permanece aquí

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piedras/pedazos

cada casa en su lugar en su toda distancia en su lĂĄstima de tan lejos en la cima tan lejos la casa apenas junto al pasto y los pedazos del pozo en la cima de tanta lĂĄstima tan a ras del pasto y todo a solas en la cima el pasto

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algo por encima de este mundo

hay algo y sin embargo nada no una estructura como una torre de piedras agudas y conformes que me sostenga con firmeza y no solo a mí que no me gusta solo pensar en mí y nada más que de mí sino a un manojo de nervios ajenos y disformes hecho de niños y pasteles dulces o salados pero decía que nada mucho más cerca de este mundo existe con firmeza para sostenerme en este suelo accidentado algo como el aroma del viento en lluvia tramontana o un palmo de vegetación en un segundo: mi casa vista a través de un vidrio al patio

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nada por encima de este mundo

no una torre de palabras ni una sábana doblada como servilleta en las que se pueden escribir textos que Leonardo jamás consideró importantes no como las aves y las piedras reunidas solo para expresar que no hay nada nada sino piedras y líquenes y aves cuerpos preciosos dispuestos para el placer ah tantos campos dispuestos para nada y sin embargo algo muy por encima de este mundo ah y lo que se pudiera decir si supiera el principio del azar o el final de este campo dominado por ligeras cordilleras si tuviera la forma si supiera la forma si comenzara a vislumbrarse ese objeto parecido al pliegue de un sueño que se dobla que se dobla se dobla pero nada 84


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Anders Behring Breivik No. 3  

Compilación independiente de literatura joven.

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