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Año 67 No. 784 noviembre 2020

www.esquilamisional.org

La vocación de Comboni

Recordando

ISSN 0186-8314


Novenario de misas por sus familiares y amigos difuntos A causa de la pandemia del Covid-19 nuestras vidas cambiaron radicalmente. Muchos de nuestros planes y objetivos quedaron estancados. Ante esta emergencia sanitaria y económica se nos dibuja un panorama incierto que afecta, sobre todo, a los más pobres. Pero confiamos en la misericordia infinita del Padre que se manifiesta también en la solidaridad entre sus hijas e hijos.

Para llevar adelante nuestra obra misionera en este contexto, inscriba a familiares y amigos fallecidos para que sean recordados en el Novenario de misas que celebraremos del 22 al 30 de noviembre. Sus oraciones y donativos nos permiten continuar con el anuncio del Evangelio, promover la animación y formación misioneras en nuestro país e impulsar proyectos de desarrollo social en nuestras misiones en África, Asia, América y Europa.

Cuentas a nombre de:

Misioneros Combonianos del Corazón de Jesús, A.R. (Escribe el nombre completo)

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Nuestro instituto misionero, fundado por san Daniel Comboni hace más de 150 años, está integrado por sacerdotes y hermanos que dan testimonio de la alegría del Evangelio más allá de las fronteras. Valoramos y agradecemos su esfuerzo y sacrificio para apoyar nuestras obras misioneras, a pesar de la situación económica causada por el coronavirus.

Ponciano Arriaga, 10 - Col. Tabacalera - Apartado Postal 1-03 - C.P. 06030 Ciudad de México Tel. 55 55 92 38 33 - WhatsApp: 55 62 15 79 14


RECUERDOS QUE SE HACEN VIDA

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Fernando de Lucio

La Carta

V

ivimos tiempos en que la palabra muerte trata de ser cancelada de nuestros vocabularios. Quisiéramos que la existencia se desarrollara pasando de un festejo al otro, de unas vacaciones continuas a un viaje a lugares de ensueño. Soñamos con la desaparición del dolor, de la enfermedad y del sacrificio y nos gustaría hacer todas las experiencias posibles en esta vida. Sin embargo, el encanto termina demasiado pronto y a cada paso nos damos cuenta de que la existencia implica la muerte, que no hay gozo y felicidad que no pasen la factura del sacrificio y de la entrega. Que no hay vida plena sin renuncia y que la alegría más profunda no se compra en los grandes centros comerciales. Aunque los vendedores de encantos de nuestro tiempo se afanan queriendo hacernos creer que los derechos que se nos dan por estar vivos nos permitirían pensar en una existencia en donde todo es fugaz, y que lo único que cuenta es el presente; en realidad, de lo más profundo de nuestro ser surge la voz que nos dice que la vida implica un total desprendimiento, que sólo se vive cuando se acepta que vamos de paso y que lo único que podemos atesorar es el bien hecho en favor de nuestros hermanos. Sin lugar a dudas, eso es lo que nos queda al recordar a tantas personas que hemos amado y que nos resistimos a sepultarlas en la tumba fría de nuestros recuerdos, porque sabemos que la vida auténtica no tiene nada qué ver con desperdicios y que se vive para no morir en realidad. La muerte no tiene la última palabra para quienes tienen fe y esa convicción se transforma en celebración y fies-

ta, aunque el corazón tenga que cargar con el dolor humano de la pérdida. Recordando en estos días a quienes han sido parte de nuestra existencia y que nos resistimos a arrancar de nuestros corazones, celebramos la entrega de un gran misionero que difícilmente sacaremos de nuestra memoria, pues su testimonio de vida y de humanidad, de fe y de compromiso con los más pobres, simplemente nunca lo podremos olvidar. Con él cantamos un himno compuesto con notas de alegría, sostenidos de amabilidad, ritmos, compases de servicio y una melodía de espiritualidad. Celebramos con él el testimonio que ha sido pleno porque se supo entregar sin condiciones y sin otra pretensión que la de amar. Gracias, padre Jorge García. La vida se mezcla con la muerte, con sus dramas y sus sorpresas; pasa por la historia tan sorprendente de nuestra humanidad. Es simplemente la vida, que decimos convencidos, se convierte en algo fascinante, pues nos permite gustar desde nuestra fragilidad y nuestra pobreza del misterio de estar en este mundo sabiéndonos con vocación de eternidad. P. Enrique SÁNCHEZ G., mccj

Esquila Misional

noviembre 2020


Distribuidor exclusivo Misioneros Combonianos del Corazón de Jesús, A.R.

Recordando a un gran misionero Año 67 - No. 784 noviembre 2020 Portada: Fernando de Lucio

REDACCIÓN Y PÁGINA WEB Director y Editor responsable P. Enrique Sánchez González, mccj Jefa de Redacción, Web y Diseño Claudia Villalobos Palacios Equipo de Redacción, Web y Diseño M. Lourdes González Reyes Fernando de Lucio Ocaña Diseño Creativo Vanessa Ixchel Aguilar Delgado Colaboradores Monseñores Felipe Arizmendi y Victorino Girardi, Hno. Joel Cruz, Pp. Fernando González, José de la Cruz, Gustavo Covarrubias y Enrique Sánchez, y Hnas. Cecilia Sierra y Mary Carmen Galicia. www.esquilamisional.org Envíe comentarios y sugerencias a la Redacción: esquilam@live.com esquilam@prodigy.net.mx ADMINISTRACIÓN Administrador: P. Gustavo Covarrubias Rodríguez, mccj Para asuntos administrativos, (suscripciones, donativos, reclamaciones, pedidos de libros, pagos, etcétera) visítenos en: Ponciano Arriaga, 10 Col. Tabacalera, Alcaldía Cuauhtémoc, 06030 Ciudad de México; teléfono: 55 55 92 38 33 Correo electrónico: combomis@prodigy.net.mx

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Precio del ejemplar $ 20.00 Suscripción anual $ 200.00 Suscripción Esquila Misional y Aguiluchos $ 400.00 Suscripción Extranjero (en dlls.) $70.00 Favor de hacer sus depósitos en el banco más cercano. Cuentas a nombre de: Misioneros Combonianos del Corazón de Jesús, A.R. (Escriba el nombre completo) Santander: 65501062197 Bancomer: 0452603004 Banamex: 70070359098 Banorte: 0259125723 Envíe su ficha bancaria con sus datos completos a vuelta de correo. Si envía cheque, mándelo en sobre certificado. Si envía un giro postal, hágalo a nombre de Misioneros Combonianos del Corazón de Jesús, A.R., Clave 59, oficina pagadora: Gerencia de Tesorería de la Ciudad de México 00098. No envíe dinero dentro del sobre. Si desea hacer una transferencia bancaria: Santander: 014180655010621976 Bancomer: 012180004526030044 Banamex: 002180700703590983 Banorte: 072180002591257234 Esquila Misional año 67 No. 784 noviembre 2020, es una publicación mensual editada por los Misioneros Combonianos del Corazón de Jesús, A.R. Calle Ponciano Arriaga No. 10, Col. Tabacalera, Alcaldía Cuauhtémoc, C.P. 06030 Ciudad de México, Tel. 55 55 92 38 33, www.esquilamisional.org, esquilam@prodigy.net.mx Editor responsable: P. Enrique Sánchez González. Reservas de Derecho al Uso Exclusivo No. 04-1972-000000000063-102. ISSN 0186-8314, ambos otorgados por el Instituto Nacional del Derecho de Autor, Licitud de Título y Contenido No. 10275 y No. 7203 otorgados por la Comisión Calificadora de Publicaciones y Revistas Ilustradas de la Secretaría de Gobernación. Permiso SEPOMEX No. PP09-0297 Impresa por Multigráfica Publicitaria S.A. de C.V. Democracias No. 116, Col. San Miguel Amantla, Alcaldía Azcapotzalco, C.P. 02700. Este número se terminó de imprimir el 20 de octubre de 2020, con un tiraje de 12,000 ejemplares.

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La reproducción total o parcial de artículos y reportajes de Esquila Misional queda permitida citando su procedencia. Se imprime con licencia eclesiástica. Las opiniones de los autores vertidas en esta revista no reflejan necesariamente el punto de vista de esta editorial Consulte nuestro aviso de privacidad en: www.esquilamisional.org

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CONTENIDO 1 4 5 6 8

LA CARTA Recuerdos que se hacen vida nuestros lectores una imagen vale más... Más allá de la noticia CARTAS DE MISIÓN Con un corazón abierto Hechos de «locura» Actitudes del testimonio misionero

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EN FAMILIA 50 años de vida sacerdotal servicio especial Boko Haram... EVANGELIO, IGLESIA Y SOCIEDAD Evangelizar... DESDE INTERNET El tiempo REALIDADES Recordando a un gran misionero para orar CON EL PAPA Inteligencia artificial JUSTICIA Y PAZ La nueva normalidad del corazón EN CLAVE DE MUJER ¿Racista yo? BIBLIA Y MISIÓN Jonás, el profeta rebelde La columna de Monseñor Un amigo... ¡un tesoro! la otra ministerialidad Estoy dispuesto... francisco, el papa misionero Cuidar la fragilidad PUNTO DE VISTA «Santos de la puerta de al lado» LLAMADOS A LA MISIÓN La vocación de Comboni EXPRESIÓN Y CULTURA Árbol de la vida Literatura comboniana

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Esquila Misional

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Nuestros lectores

Todos extrañaremos al padre Jorge García. Así es, ¡que el padre Jorgito interceda por nosotros! Bendiciones y adelante.

Fernando Mal GatKuoth, mccj (Roma, Italia) Con la profunda pena por la partida de nuestro querido amigo y hermano el padre Jorge. Un abrazo solidario a todos.

Querido equipo de Redacción, con profunda tristeza nos enteramos del fallecimiento del padre Jorgito. De verdad que es una gran pena. Sin duda, para el Señor, él ya cumplió su misión en la tierra. Ahora a él nos acogemos para que continúe intercediendo por las misiones, y en especial por el ministerio que el Centro de Animación Misionera realiza, la evangelización a través de la prensa escrita. Que el Señor los bendiga y conforte a todo el equipo en este momento. Mary Carmen Galicia, mc

Monseñor Victorino Girardi, mccj (Costa Rica) Con profunda pena recibimos la noticia del fallecimiento del padre Jorgito. Un gran hombre de gran calidad humana, sencillez y profundidad teológica. Que él, desde el cielo, siga acompañando e interceda para que nuestro caminar como Familia Comboniana en el mundo sea más auténtico y significativo. Nuestra comunidad se une a sus oraciones. Que Dios les siga dando fortaleza, sabiduría, creatividad y profetismo para continuar la misión de evangelización por medio de la revista. También en la selección del nuevo director para las dos ediciones. Descanse en paz el padre Jorgito, bendiciones y fortaleza para el equipo de Esquila Misional y Aguiluchos. Apostando por su Reino, hasta que la vida sea plena.

Padre Gustavo, por medio del presente correo quiero externarle mi más sentido pésame a usted y a todo el equipo de Misioneros Combonianos por el sensible fallecimiento del padre Jorge García, a quien todos llamábamos padre Jorgito. Elevo mis oraciones para que su alma descanse en paz y a su vez encuentren pronta resignación por tan enorme pérdida.

Óscar Baltazar (Milenio)

Escríbenos tus sugerencias y comentarios a: esquilam@live.com esquilam@prodigy.net.mx O bien, envíanos un mensaje por WhatsApp

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esquilamisional.org

Cecilia Sierra, mc (Richmond, VA, E.U.A.)


Una imagen vale más...

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««Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá»»

MISIONEROS COMBONIANOS

(Jn 11,25)

E sEqs uq iul ial aMM i siisoi no an la l

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Más allá de la noticia

Por: P. Gustavo COVARRUBIA S, mccj

Según un reporte de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre la pandemia, publicado a finales de septiembre, África comenzó a registrar una disminución sostenida de casos de Covid-19 desde el 20 de julio pasado. Y a pesar de que 47 países en el continente se han visto afectados, hasta la primera semana de octubre sólo se habían confirmado cerca de un millón 200 mil casos y 24 mil 464 muertes lo que, por lo menos hasta ahora, ha moderado el temor de que la emergencia provoque el colapso de los precarios sistemas de salud y una mortandad de proporciones apocalípticas. El organismo considera que algunos factores socio-ecológicos asociados a medidas de salud pública rápidas y robustas adoptadas por los gobiernos de la región han contribuido para que la transmisión en África haya sido marcada por un número menor

Tender la mano al pobre Tom Parsons / Unsplash

Alexandros Dimitri / Unsplash

¿«Inmunidad» africana?

de contagios y de óbitos. Entre los posibles factores que pueden contribuir a ese resultado está el gran porcentaje de población joven: «alrededor de 91 por ciento de los casos de contagio por Covid-19 en África subsahariana afecta a personas menores de 60 años y más de 80 por ciento de los casos han sido asintomáticos». Además, la baja densidad y movilidad de la población y menores factores de riesgo preexistentes se han combinado acentuando sus efectos individuales y, probablemente, contribuyen al patrón observado en el continente. Sin embargo, según el doctor Matshidiso Moetir, director regional de la OMS, «no debemos bajar nuestra vigilancia. Otras partes del mundo han visto tendencias similares, pero luego, con la relajación de las medidas sociales y de salud pública, los casos comienzan a aumentar nuevamente». •

Este 15 de noviembre de 2020 se celebra la IV Jornada Mundial de los Pobres, instituida por el papa Francisco al final del Jubileo de la Misericordia. Al parecer, esta iniciativa todavía no ha calado hondo en la conciencia y en la práctica de muchas comunidades cristianas, pues en algunas ni siquiera es mencionado durante las celebraciones litúrgicas del Domingo XXXIII del tiempo Ordinario; en otras, se vive como un evento más de programación obligatoria; y, en este año, con el pretexto de la pandemia, se corre el riesgo de vivirse en una «sana virtualidad», aunque la pobreza en el mundo haya crecido exponencialmente. Por eso es necesario recordar que la vivencia de la Jornada debe ser permanente, pues «tiene como objetivo, en primer lugar, estimular a los creyentes para que reaccionen ante la cultura del descarte y del derroche, y hagan suya la cultura del encuentro. Al mismo tiempo, la invitación está dirigida a todos, independientemente de su confesión religiosa, para que se dispongan a compartir con los pobres a través de cualquier acción de solidaridad, como signo concreto de fraternidad». Así, en sintonía con su nueva encíclica y de cara a la emergencia mundial que nos ocupa, se nos invita a abrir los ojos y el corazón para tender la mano al pobre (Eclo 7,32), pues ese gesto «hace descubrir, en primer lugar, a quien lo hace, que dentro de nosotros existe la capacidad de realizar gestos que dan sentido a la vida...». Y tender la mano se revela como «un signo que recuerda inmediatamente la proximidad, la solidaridad, el amor», tan urgentes en este tiempo. •


Más allá de la noticia

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Vatican News

Hermandad sin fronteras

$100.00

El pasado 3 de octubre, junto a la tumba del «Poverello de Asís», el papa Francisco firmó Fratelli tutti, su tercera encíclica. Antes y después de su presentación pública en el Aula Nueva del Sínodo de los Obispos, el documento, con claro contenido social y político, provocó diversidad de reacciones dentro y fuera de la Iglesia. La mayoría de ellas, destacando, a veces de manera descontextualizada, aspectos relacionados con su postura sobre el neoliberalismo y el populismo. Aunque no mencione explícitamente el capitalismo o el feminismo en su texto, muchos lo han calificado de «comunista» o «machista». Pero sólo una lectura atenta ayuda a percibir que, en torno a la fraternidad y a la amistad social (dimensión universal del amor), Francisco reflexiona sobre infinidad de temas actuales y urgentes

que él ha desarrollado a lo largo de su pontificado y algunos otros que son fruto del diálogo y de un compromiso conjunto que asumió con el Gran Imán Ahmad Al-Tayyeb durante su encuentro en Abu Dhabi en febrero del año pasado, cuando firmaron el Documento sobre la fraternidad humana para la paz mundial y la coexistencia común. Por eso, a través de un mensaje en Twitter, publicado el pasado 4 de octubre, el gran imán de Al-Azhar, afirmó que «el mensaje de mi hermano el papa Francisco, Fratelli tutti es una extensión del documento sobre la fraternidad humana, y revela una realidad global cuyas posiciones y decisiones son inestables, siendo las personas vulnerables y marginadas las que pagan el precio... Es un mensaje que se dirige a las personas de buena voluntad y conciencia viva». •

Médico de la caridad Giuseppe Ambrosoli fue un sacerdote, médico y comboniano ejemplar, verdadero hijo espiritual de san Daniel Comboni que vivió su vocación con el espíritu de nuestro fundador. Hombre humilde y de gran calidad humana; acogedor y disponible a todo tipo de personas. El 28 de noviembre de 2019 la Santa Sede informó que el papa Francisco aprobó el milagro como último paso para su beatificación. En este contexto, sugerimos a combonianos, bienhechores y amigos, médicos y demás personal sanitario la lectura de este libro con el testimonio del futuro beato. Su beatificación está propuesta para noviembre de 2021.

Para pedidos, contáctenos: Tel. 55 55 92 38 33 WhatsApp: 55 62 15 79 14 Correo electrónico: combomis@prodigy.net.mx

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Cartas de misión

Texto y fotos: P. Marcial HERNÁNDEZ, mccj Togo

Con un corazón abierto

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oy Marcial Hernández, sacerdote comboniano originario de Dolores Hidalgo, Guanajuato. Llevo una década trabajando en Togo, en donde he tenido el privilegio de llevar adelante la pastoral de una parroquia y la administración de la provincia.

Territorialmente hablando, Togo es muy pequeño, pero hablar de él como país es extraordinariamente complejo. No es platicar de una cultura o de un pueblo, sino de un conjunto de culturas y pueblos tan

niega a renunciar a sus sueños, por lo que parece superar todo. Su fuerza es tan extraordinaria como su esperanza y sus anhelos por seguir adelante. Entre tantas cosas que he visto, una realidad extraordinaria son muchos jóvenes que hacen grandes esfuerzos para continuar sus estudios universitarios; no todos son tan privilegiados como para contar con una familia con los recursos suficientes como para apoyarlos económicamente, ni para contar con un medio de transporte y mucho menos con lo necesario para acudir todos los días a sus clases. Y, sin embargo, logran terminar una licenciatura o una maestría a pesar de sus precariedades. No cabe duda de que, cuando la voluntad y la fe se vuelven una, no hay obstáculo que impida seguir de pie. diversos como sus lenguas y tradiciones, que hacen de esta nación una tierra misteriosa, mística y mágica. Aunque en los últimos años he sido el único mexicano y latino que trabaja en estas tierras lejanas, nunca me he sentido solo, pues la gente me ha acompañado, protegido, estimado y alimentado. Los togoleses son muy acogedores, y desde su sencillez, me han hecho sentir como en casa. Togo, como tantos otros pueblos africanos, ha sufrido mucho, pero lejos de resquebrajarse, se

La Iglesia apoya obras sociales

La Iglesia no es indiferente a tantas realidades e intenta apoyar en la medida de sus posibilidades. Una de mis labores en la parroquia comboniana era respaldar las obras sociales por medio de lo que en México conocemos como Cáritas. Así intentamos dar seguimiento, aunque de manera limitada, a diversas situaciones de muchas personas que acuden a las oficinas a solicitar ayuda. En mis primeros años en esta nación, sentado a la orilla de una lagu-


Cartas de misión

na, intentando estudiar el idioma, vi a un joven que, con unas cuantas hojas de papel en la mano, estudiaba afanosamente. Tan espontaneo y sin prejuicios como suelen ser, se acercó y me preguntó: «¿Qué haces?». Le contesté: «Intento estudiar francés, ¿y tú?». «Me he matriculado en la facultad de medicina, me gustaría ser un gran médico neurólogo», contestó. Con el tiempo, y conociendo más de él, sé que tuvo que dejar su aldea para continuar sus estudios. Es hijo de campesinos, obviamente ellos no podrían apoyarlo en todas sus necesidades. Su hermano mayor, que había logrado terminar la universidad y había tenido el privilegio de encontrar un empleo, sería su único apoyo tanto para él, como para sus hermanos menores. El tiempo y la amistad con él me permitió conocer más sobre su vida y su familia. En varias ocasiones lo vi desesperado porque cada año que pasaba, la facultad reducía el número de alumnos que pasarían al año siguiente; si se es hijo de algún médico o de alguien que puede «ejercer sus palancas» puede seguir adelante, de lo contrario, a partir

del segundo año, los menos favorecidos son descartados. El esfuerzo y los sacrificios han sido muchos, pero han valido la pena. Ha sido una bendición que mi amigo, sin contar con más apoyo que el de su hermano, lograra conservar su lugar cada año. Gracias a Dios, y con ayuda de algunos ami-

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gos solidarios, también lo hemos apoyado con libros de medicina y con algunos instrumentos médicos que la facultad le exigía. Finalmente, este estudiante de medicina presentará su tesis a finales de año. El camino no ha terminado para él, ahora es momento de iniciar la especialidad que tanto lo ha motivado. Desafortunadamente, el país no puede ofrecerle esta posibilidad, por lo que tendrá que estudiar en el extranjero. Ahora falta esperar un milagro, y que, con ayuda de sus amigos y una universidad generosa, él obtenga una beca y prosiga con su especialidad. Son muchas situaciones como ésta, desafortunadamente no logramos apoyar en todas. En mi experiencia misionera, doy gracias a Dios porque, con ayuda de tantas personas generosas, cada una desde su trinchera, la Iglesia sigue apoyando con su granito de arena a tantos niños y jóvenes para seguir en la escuela o formarse en actividades prácticas como cocina, costura, artesanía, corte y confección, etcétera. Puedo decir que no he dado gran cosa, quizá sólo un poco de mi presencia. Pero he recibido más de los togoleses. La gente me ha aceptado con tanta generosidad, con un corazón abierto, sin condiciones ni prejuicios; y eso es un gran tesoro de inestimable valor. Más que compasión, la realidad de Togo me inspira respeto y admiración. Esta nación me ha enseñado mucho, he aprendido que siempre debo seguir adelante, porque Dios lleva el control, como suelen decirlo. ¡Ánimo, pueblo togolés, con la mirada en alto!

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Cartas de misión

Texto y fotos: P. Jesús ARANDA, mccj Uganda

Hechos de «locura» Hace más de un año que la malaria no viene a saludarme. Me siento privilegiado y estoy muy contento como misionero comboniano. Agradezco a la Provincia Comboniana de México por los valiosos donativos que han ofrecido a nuestra misión. Gracias a todos nuestros bienhechores, siempre rezamos por ellos. Su cooperación la utilizamos para llevar adelante la evangelización, la formación de grupos, la educación y para ayudar a ancianos, enfermos y necesitados y también para comprar una camioneta nueva.


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Cartas de misión

Q

uiero recordar a dos grandes vocaciones sacerdotales misioneras combonianas que en vida dieron testimonio y lograron dar fruto porque estaban unidos a Cristo. Las de los padres Jorge García y Rogelio Bustos, quienes ya han partido a la casa de nuestro padre Dios. Al padre Jorge lo conocí durante mi formación como laica comboniana; al padre Rogelio como provincial en Lima, Perú. Ambos dieron su servicio misionero en Perú, México y Roma. Los frutos desprendidos de su oración fueron:

Por: Rocío QUINTERO, lmc Fotos: Jorge García y Rogelio Bustos

Actitudes del testimonio misionero

Profunda espiritualidad cristiana. Quienes compartimos la oración comunitaria con ellos, sabemos que si debían salir temprano a realizar algún servicio misionero, ellos hacían antes su oración individual; no salían sin antes haberse encontrado a solas con Cristo. Misioneros al estilo de vida de Cristo, dóciles al Espíritu y dispuestos a lo que se les confiaba. Alegría. Misioneros entusiastas que irradiaban alegría. Al padre Rogelio lo recordamos por sus bromas y chistes sanos. Al padre Jorge por su sentido del humor y por hacer de lo sencillo y cotidiano algo extraordinario. Amor y esperanza. Vivieron la espiritualidad y el carisma comboniano con cariño y entrega a los más necesitados y abandonados. El padre Jorge con su cercanía y sen-

un juicio. Ambos vivieron momentos difíciles y los vi actuar desde el abandono y la confianza en Dios.

Humildad

Radicalidad

cillez; el padre Rogelio, atento y delicado. Ambos, sensibles al dolor de los demás, comprometidos, empáticos y transmisores de esperanza en medio de cualquier crisis. Discreción y sabiduría. Su escucha activa e intervención en posibles soluciones a los problemas. Prudencia y sensatez para formar

y

sencillez.

Fueron conscientes de sus capacidades y limitaciones. Su admiración, obediencia y gratitud hacia Dios; así como su actitud de sentirse humildes siervos del Padre al servicio de la misión evangelizadora y de los más necesitados. Pobreza. Decisión que ambos asumieron. Llevaron un estilo de vida austero y sin apegos materiales. Si en alguna comunidad alguien les halagaba una mochila o morral se lo quitaban y lo regalaban.

evangélica.

Hicieron su opción por Cristo y asumieron las consecuencias. El padre Jorge se revelaba contra las injusticias y denunciaba los crímenes realizados a causa del terrorismo y de la dictadura en Perú, como consecuencia tuvo que salir del país. El padre Rogelio apoyó a las comunidades afectadas por el terremoto de 2007 en la misma nación, y consiguió despensas y apoyo para los damnificados. La entrega de una vida solidaria, el amor por los pobres y por los más necesitados dan testimonio de la presencia de Cristo aquí y ahora. Gracias a Dios por la vocación de tantos misioneros coherentes. Agradecemos también a los Misioneros Combonianos por su servicio.


En familia

50 años de vida sacerdotal y misionera La pandemia nos ha obligado a renunciar a los grandes festejos, pero la celebración de los 50 años de sacerdocio misionero no podía pasar desapercibida. Con signos pequeños, pero muy significativos, hemos recordado el aniversario sacerdotal del padre Dario Girardi, quien ha trabajado desde los inicios de su ministerio en México.

MISIONEROS Texto y fotos:

COMBONIAN

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OS

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urante todos estos años lo hemos visto desempeñar su labor en las misiones de Baja California: Guerrero Negro, Santa Rosalía y La Paz. También estuvo presente y muy activo con los jóvenes en los inicios de la presencia comboniana en Ciudad Nezahualcóyotl, Estado de México. Ahí trabajó con gran entusiasmo en la parroquia de Las Virgencitas. En la provincia de los Misioneros Combonianos en México ha dedicado muchos años de su vida al trabajo de animación misionera en Sahuayo, Michoacán; y acompañó a las primeras comunidades cristianas en la parroquia de San Isidro en los inicios de lo que hoy es la diócesis del Valle de Chalco. Dejó su granito de arena en la capilla de San Daniel Comboni en Guadalajara, Jalisco. Actualmente vive su ministerio visitando a los ancianos y enfermos y como capellán de las religiosas contemplativas en Sahuayo. El 1 de agosto pasado el grupo de Damas Combonianas de Sahuayo quiso manifestar su gratitud al padre Dario por todos estos años de servicio misionero y por su disponibilidad para escuchar y cuidar de tantas enfermas, a quienes dedica la mayor parte de su tiempo. La celebración eucarística fue el centro de la fiesta y concluyó con una comida, en donde la sana distancia no impidió manifestar la alegría y gratitud por el don de tantos años de sacerdocio y vida misionera caracterizados por una entrega entusiasta y generosa.

A mediados de agosto, el padre Dario llegó a su pequeño pueblo al norte de Italia para celebrar con sus familiares, y en comunión con la Iglesia de Trento, el don de su sacerdocio. Monseñor Lauro Tisi, obispo de Trento, presidió la celebración en la que el padre Dario recordó el don del sacerdocio para la misión que recibió el 5 de abril de 1970. El obispo agradeció al padre por todos estos años de servicio a la Iglesia mexicana en donde, dijo, tantas personas se esfuerzan por vivir el Evangelio.

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Servicio especial

Boko Haram –Una pesadilla de 10 años–

En los últimos diez años se ha hablado de los crímenes cometidos por Boko Haram en Nigeria. Los milicianos de este movimiento yihadista han sembrado muerte y destrucción. Lamentablemente, las víctimas siguen esperando justicia, mientras que estas milicias son un factor desestabilizador, no sólo al noreste del país, sino en toda la región: Chad, Camerún y Níger. Desde 2009, las cifras indican que, sólo en Nigeria han perdido la vida 35 mil personas, 22 mil han desaparecido y 2 millones fueron obligadas a dejar su hogar.

Por: P. Giulio ALBANESE Texto y fotos: Iglesia Sin Fronteras (Colombia)


Evangelio, Iglesia y sociedad

Evangelizar al socialismo

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Víctor Hugo García

Por: Hno. Joel CRUZ, mccj Comunicólogo

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eguramente has escuchado el término socialismo y comunismo cuando se habla sobre política. Pero, ¿qué es?, ¿cómo funciona?, ¿cuál es su esencia? Comenzaremos por decir que la terminación «ismo», se usa para indicar que es como una «religión» y, como sabes, toda religión sigue o tiene un «dios». En este sentido, el capital-ismo, tiene como «dios» al «capital»; el social-ismo a «la sociedad» y el comun-ismo a «la comunidad». Por eso, una persona que vive bajo la influencia de estas «religiones socio-políticas» somete su voluntad a sus respectivos «dioses»: el capital, la sociedad, la comunidad...

Esquila Misional

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Evangelio, Iglesia y sociedad Jorge Decelis

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Una experiencia Para entender la esencia del socialismo y del comunismo, te comparto la experiencia de Olivia, una joven que se quedó con ganas de seguir estudiando después de la secundaria. Ella es de una comunidad indígena de la montaña de Oaxaca. Sabiendo que su familia no podía costearle la escuela, pensó trabajar y estudiar en la ciudad más cercana a su pueblo. Pero su papá, su mamá, sus hermanos y demás familiares no estuvieron de acuerdo. Le dijeron que «las mujeres no deben estudiar», porque «la finalidad de su vida es casarse y tener hijos»; incluso, su tío, que es el presidente municipal del pueblo, dijo «que no era bueno que saliera a estudiar, porque eso haría que otras jóvenes siguieran su ejemplo y, esto crearía problemas con los hombres de la comunidad, porque no ven con buenos ojos que las mujeres se preparen». Podríamos decir que esas son cuestiones culturales-tradicionales, que son «usos y costumbres». Pero estamos ante un ser humano que quiere realizar su proyecto personal, su ideal, mejorar como persona. Pero su comunidad, le dijo que eso no es bueno y ella ter-

minó por «someterse» a la visión y voluntad de la mayoría. Ahora la encontramos viviendo como todas las mujeres de esa comunidad de la montaña: con un niño y un marido del que depende en todo, porque «así son las cosas en la sociedad de la región: nadie puede pensar y vivir de manera diferente». Ella no posee nada, no es dueña de nada porque en esa sociedad, «el hombre es la autoridad y dueño de todo, incluso de ella misma». Depende totalmente del marido y de su voluntad, porque él da el sustento, gobierna la casa y a la familia. Si no hace su voluntad, quedaría desamparada, desprotegida y no sabría qué y cómo hacer para sobrevivir. La persona socialista-comunista Olivia, voluntaria o involuntariamente, es «socialista-comunista», porque le da todo el poder sobre

ella a la sociedad y a la comunidad donde vive. Para ella la colectividad está por encima de la persona. Los ideales, sentimientos, sueños y proyectos del individuo no son importantes, sino hacer la voluntad de la mayoría, aunque esto implique desaparecer como persona. En este sentido, un político socialista o comunista plantea conseguir el bien común borrando a la persona e impone la colectividad como lo más importante; no ve bien que el individuo tenga iniciativa propia, un proyecto, algo propio, con el que pueda generar bienes para su bienestar personal y el de su familia, porque eso es visto como una amenaza para el grupo u organización. En su manera de pensar, todos deben estar al mismo nivel, en las mismas condiciones de vida, por eso, la única vía es convencer al individuo que la propiedad priva-


da no es buena, sino el enemigo al que hay que desaparecer para que todos los recursos, medios de producción y bienes sean públicos, propiedades comunes. Que no haya ricos, que no haya empresarios, que el individuo no tenga iniciativa propia para que no destaque sobre nadie, sino que se quede al mismo nivel que todos, es el ideal y el proyecto que busca realizar. Para lograrlo, sólo hay un camino: la revolución. Es decir, la lucha de clases sociales. Por eso, hace visible las diferencias como un problema que se debe combatir y así pone a pelear a todos contra todos, hasta lograr que quede una sola clase social, no importa que todos sean pobres, la cuestión es que todos estén al mismo nivel. El Estado socialista-comunista Cuando esta persona, con su voto, entrega todo a un Estado o gobierno socialista-comunista, espera que sea el gobierno quien se haga cargo de su bienestar personal, de su familia y de todos. Ella espera que el gobierno produzca las riquezas y los bienes necesarios y los distribuya a toda la población, por eso, con frecuencia, sólo espera los beneficios, pero no se hace responsable de su propio crecimiento y desarrollo, no se responsabiliza de su bienestar, sólo espera recibir de parte del Estado o gobierno, aquello que necesita. La persona se acostumbra a necesitar, pedir, esperar... renuncia a su capacidad de iniciativa, de organización, de emprender, de crear por sí misma sus propias respuestas a sus necesidades personales y familiares. Para ella, el «gobierno se convierte

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Víctor Hugo García

Evangelio, Iglesia y sociedad

en su papá» y el gobernante en su «dios», depende totalmente de ellos y no es capaz de contradecirlos, porque, si lo hace, le podrían cortar el acceso a los bienes necesarios para vivir, ya que no es dueño de nada. Ciertamente, un cristiano puede militar en organizaciones y partidos, o participar en estructuras y gobiernos socialistas-comunistas. Pero en el caso de estos últimos, no como seguidor ciego de sus líderes, propuestas y proyectos, sino como evangelizador de este pensamiento, que no considera a la persona como valor máximo, sino que la diluye en la organización-comunidad-sociedad. El cristiano se inserta en los procesos socialistas-comunistas para salvaguardar la dignidad humana del individuo. Esa dignidad lo hace imagen y semejanza de Dios y, por lo mismo, libre, creativo, empren-

dedor, productor de los bienes recibidos del Señor. Para que el ciudadano no «endiose» al gobernante y piense que es él quien da los bienes. Por eso se siente libre de exigir, juzgar, criticar, corregir... Si puedes pide a alguien más informado que te explique en qué consiste la ideología, los proyectos y programas de algunos gobiernos. ¿Valoran a la persona? ¿Valoran la propiedad privada y la apoyan? ¿Fomentan la fraternidad o la violencia? ¿Impulsan la responsabilidad o la dependencia de la gente? ¿Crees que están en sintonía con el ideal de ser humano pensado por Dios? Luego, decide si apoyas su perspectiva o buscas maneras para ayudar a corregir su visión, sus planteamientos, sus objetivos, su acción... porque de esto depende el «bien común» que, al final, es la voluntad de Dios.

Esquila Misional

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Desde Internet

rincondeltibet.com

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El tiempo

Atribuido a Alejandro Magno

promocionsocial.org

atlantico.not

E

ncontrándose al borde de la muerte, Alejandro Magno convocó a sus generales y les comunicó sus tres últimos deseos: primero, que su ataúd fuera llevado en hombros y transportado por los propios médicos de la época. Segundo, que los tesoros que había conquistado (plata, oro y piedras preciosas) fueran esparcidos por el camino hasta su tumba. Y por último, que sus manos quedaran balanceándose en el aire, fuera del ataúd y a la vista de todos. Uno de sus generales, asombrado por tan insólitos deseos, le preguntó cuáles eran sus razones para realizar tales pretensiones. Alejandro le explicó: –Quiero que los más eminentes médicos carguen mi ataúd para mostrar que ellos no tienen el poder de curar ante la muerte. Deseo que el suelo sea cubierto por mis tesoros para que todos vean que los bienes materiales aquí conquistados, aquí permanecen. Quiero que mis manos se balanceen al viento, para que las personas puedan ver que vinimos con las manos vacías y con las manos vacías partimos. El tiempo es el regalo más preciado que tenemos porque es limitado. Podemos producir más dinero, pero no más tiempo. Cuando le dedicamos tiempo a una persona, le estamos entregando una porción de nuestra vida. El tiempo es vida. El mejor regalo que le puedes dar a alguien es tu tiempo.


Por: P. Enrique SÁNCHEZ, mccj

Realidades

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Recordando a un gran misionero

Fotos: Jorge García

Hace poco más de 35 años encontré al padre Jorge García Castillo en las oficinas de la redacción de Esquila Misional y de Aguiluchos . En aquellos tiempos él trabajaba como redactor y se iniciaba en una labor que lo acompañó hasta las últimas horas de su vida y que hizo de él un gran misionero a través de la prensa escrita. Durante todos estos años, el ser misionero comboniano y el quehacer periodístico se acompañaron de tal manera que fueron inseparables en la persona del padre Jorge. Su misión, aunque también conoció la realidad pastoral en zonas de primera evangelización, siempre estuvo marcada por su ministerio de comunicador del Evangelio a través de las revistas y de los libros, los cuales se convirtieron en la herramienta principal de su predicación.

Esquila Misional

noviembre 2020


Para orar con el Papa

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T

sohu.com

Inteligencia artificial

Por: P. José DE LA CRUZ , mccj

Por la evangelización: «Recemos para que el progreso de la robótica y la inteligencia artificial estén siempre al servicio del ser humano».

ranscurría 1950 cuando el escritor Isaac Asimov, autor de obras de ciencia ficción, escribió Yo, robot, novela con la que se adelantaba a lo que hoy en día es una realidad: el diseño y la construcción de robots que, hasta cierto punto, sustituían la mano de obra humana, porque realizaban funciones y trabajos propios del hombre. Fue tanto el éxito de este libro, que en 2004 se filmó la película. La inteligencia artificial es la potencialidad con que un robot se mueve, es decir, las computadoras son dotadas de autonomía y capaces de imitar las habilidades humanas. Lo que significa en la actualidad una verdadera revolución y adelanto en nuestra vida, pero

debemos cuestionar el futuro que nos espera con tal progreso tecnocientífico. Por un lado, es muy positivo que haya gran desarrollo de la tecnociencia, pero, por otro, si no tenemos cuidado seremos desplazados por las máquinas o robots. También puede aplicarse a la robótica y a la inteligencia artificial lo que el papa Pablo VI dice en la Populorum progressio: «el paso, para cada uno y para todos, de condiciones de vida menos humanas, a más humanas» (20). Estas disciplinas nunca dejarán de estar dirigidas a crear máquinas o aumentar la potencialidad de éstas; aunque realicen actividades propias del ser humano, nunca deberían reemplazarlo, sino que deben estar siem-

pre a su servicio; así se lograría el progreso de condiciones de vida más humanas para todos. Hasta cierto punto, éste fue el objetivo de la novela de Isaac Asimov: que los robots, al seguir las normas que a ellos se aplican, debían conducirse y realizar sus funciones para el bien humano, y nunca desplazarlos o causarles daño. Unidos en oración con el papa Francisco, recemos para que, en el desarrollo de la robótica y la inteligencia artificial, se tenga presente la ética y la dignidad de los seres humanos, y que el desarrollo de estas disciplinas sean siempre para mayor promoción de la persona y así mejorar su calidad de vida en la sociedad.

Esquila Misional

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Justicia y paz

Hilda Chávez

Desde la Fe

La nueva normalidad del corazón

Por: Mons. Felipe ARIZMENDI, obispo emérito de San Cristóbal de Las Casas

VER Nuestros gobiernos y los medios informativos hablan mucho de «la nueva normalidad», que consiste en la nueva forma de vivir en sociedad, en el comercio, el trabajo, la escuela, el deporte, la calle, una vez que vaya pasando la pandemia por el SARSCoV-2, que nos trajo la enfermedad Covid-19. Se sugieren medidas más cuidadosas de higiene, «sana distancia», estornudo «de etiqueta», uso de mascarillas, etcétera.

Muchas personas han asumido esta nueva forma de socialización con responsabilidad; sin embargo, hay miles a quienes nada les importa, ni su propia salud, ni la de los demás. Su normalidad es la de siempre; su vida para nada ha cambiado, y parece que seguirá igual. Pese a ello, los contagios llegan cada día más a nuestras pequeñas poblaciones, que parecían inmunes por la distancia de las ciudades y por

su menor movilidad social. El presidente municipal de Texcaltitlán, vecino a mi pueblo, que hace poco era considerado «municipio verde» porque no tenía contagios, acaba de avisar en redes sociales que hay ocho enfermos y dos fallecidos por este virus, y han suspendido las fiestas del apóstol Santiago y han tomado otras restricciones sanitarias. Sobre estos asuntos, he recibido un mensaje de Juan Urañavi Yero-


Justicia y paz

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qui, un laico indígena de Bolivia, a quien conocí en un encuentro latinoamericano de agentes de pastoral nativos que me tocó coordinar en Latacunga, Ecuador, de parte del CELAM, en abril de 2019. Vive muy lejos de Santa Cruz de la Sierra, una de las ciudades más importantes de ese país. Transcribo lo que me dice: «Le cuento que padecí el dolor del virus. Ahora estoy mucho mejor; ya

Sierra, cuyos habitantes en su mayoría son de origen gwarayu, mueren dos y tres al día. De mi comunidad, murieron también el Cacique I y su II. Ayer fue sepultado un profesor joven, inquieto de poder ayudar a los otros. ¡Qué dolor, monseñor! Hay muchos enfermos, no hay médico de especialidad, no hay condiciones en los hospitales, no hay medicamento, sino que la mayoría se pudo defender con medici-

¡Pongámonos en las manos del Dueño Absoluto de nuestra vida!».

van 22 días. Claro que no llegué al extremo, a Dios gracias. Sin embargo, experimenté la cercanía de muchos mediante las oraciones, su solidaridad con palabras alentadoras y con materiales. Oré mucho también por los que padecen esta pandemia en el mundo, por la protección al cuerpo médico y de limpieza, y por los que están sanos. En mi tierra, distante 300 kilómetros de la ciudad de Santa Cruz de la

na casera. Gracias a Dios, ya están apareciendo los voluntarios que, de alguna manera, están paliando. En fin, monseñor, ¡qué dolor! Al mismo tiempo, vemos el rostro de Dios, mediante la recuperación de nuestro obispo monseñor Antonio Bonifacio Reimann Panic, que el día de san Pedro y san Pablo, después de tres meses de lucha contra el coronavirus, pudo presidir la eucaristía en la catedral de su sede.

San Pablo enumera varios aspectos en los que deberíamos hacer consistir la «nueva normalidad de nuestro corazón», sobre todo en sus cartas a los romanos (6,2-22), a los efesios (4,22-32) y a los colosenses (3,1-17).

PENSAR

Desde la Fe

Hemos insistido en que esta pandemia no es castigo de Dios, sino una advertencia para que nos convirtamos y no sigamos con nuestra «vieja normalidad». Así nos enseña Jesús a interpretar los acontecimientos de la vida, como se puede leer en Lucas (13,1-5).

ACTUAR Que el Espíritu Santo nos ayude a convertirnos, para vivir la nueva normalidad del corazón.

Esquila Misional

noviembre 2020


–La interculturalidad como dimensión de la fe–

?

¿Eres racista? Si te hicieran esta pregunta o hicieras una encuesta en tu parroquia, escuela o en la calle, seguramente la persona a quien preguntes se sentirá incómoda. Puede ser que la mayoría lo niegue casi automáticamente.

Por: Hna. Cecilia SIERRA, mc

Aurelia Castillo

En clave de mujer

Racista yo?

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Biblia y misión

Jonás,

el profeta rebelde «La palabra del Señor vino a Jonás, hijo de Amitay: “Anda, ve a la gran ciudad de Nínive y proclama contra ella que su maldad ha llegado hasta mi presencia”. Jonás se fue, pero en dirección a Tarsis, para huir del Señor» (Jon 1,1-3).

Por: P. Fernando MAL GATKUOTH, mccj Roma, Italia

E

s conocido como el profeta rebelde, porque cuando Dios lo llamó para una misión trató de escaparse, de esconderse de quien está en todas partes, para no cumplir con la encomienda que le dio el Señor (1,3). Luego, cuando finalmente predicó la conversión a la gente de Nínive (3,4-5) y Dios perdonó a sus habitantes, Jonás se molestó tanto que, en cierto momento, deseó morir y le pidió: «Así que ahora, Señor, te suplico que me quites la vida. ¡Prefiero morir que seguir viviendo!» (4,3). La misericordia que Dios mostró a los ninivitas porque se convirtieron fue la causa del enojo del profeta (4,1) y se lo recriminó al Señor (4,2).

jw.org

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arqueologiabiblicayantigua.wordpress.com

Biblia y misión

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Nínive era una gran ciudad de más de 120 mil personas. «¿No habría yo de compadecerme?»

hacen dos amigos. Jonás se apesadumbró en extremo y se enojó. Oró a Dios y le dijo: «Ahora, oh Señor, ¿no es esto lo que yo decía estando aún en mi tierra? Por eso me apresuré a huir a Tarsis; porque sabía que tú eres un Dios clemente y piadoso, tardo para enojarte, de gran misericordia y que te arrepientes del mal. Ahora pues, oh Señor, te ruego que me quites la vida; porque mejor me es la muerte que la vida» (4,1-3). Pero Dios siempre buscó la manera de consolarlo y hacerle comprender el porqué de su misericordia. ¿Qué enseñanzas te deja esta historia? ¿Alguna vez te has sentido como él, con miedo o dudas para entender y cumplir la voluntad de Dios? ¿Cómo es tu espiritualidad o relación con el Señor? ¿Qué puedes aprender de la espiritualidad de Jonás? ¿Has experimentado la misericordia y el amor del Padre? ¿De qué manera y en qué ocasiones? Medita sobre su misericordia (Sal 103,8-22). Reflexiona sobre tu vocación y tu relación con Dios leyendo los cuatro capítulos del libro de Jonás, ora y vive su Palabra. pinterest.es

La enseñanza de este libro es la paciencia y misericordia de Dios con cada uno. Ante la negativa de Jonás, Dios no lo rechazó ni le dio su misión a otra persona, sino que, con paciencia, fue educándolo y conduciéndolo para que cumpliera con su tarea y vocación. Primero envió una gran tormenta para redireccionar sus caminos hacia Nínive (1,4), luego hizo que se lo comiera un gran pez (1,7) y lo vomitara frente a Nínive (2,10) y cumpliera su cometido (3,3-4). Cada vez que el profeta se molestaba, el Señor le daba la razón y con paciencia le explicaba la causa de su misericordia (4,4). Dios le dijo al final: «Nínive es una gran ciudad donde hay más de 120 mil personas que no distinguen su derecha de su izquierda, y tanto ganado, ¿no habría yo de compadecerme?» (4,11). Otra lección que nos deja esta parábola-historia es que el protagonista era un hombre de fe y oración, que contaba con una gran espiritualidad, por eso tenía gran confianza en Dios hasta para hablarle fuerte, confrontarlo, mostrarle su disgusto o los sentimientos de su corazón y pedirle explicación de sus acciones, como lo

«Se lo comió un gran pez y lo vomitó frente a Nínive para cumplir su cometido»

Esquila Misional

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La columna de monseñor

C

uando supe del reciente e inesperado fallecimiento del padre Jorge García, mi primera reacción fue: ¡Señor, he perdido a un amigo!

Julius Niyerere, presidente de Tanzania, conocido como la «conciencia de África».

Por: Mons. Victorino GIRARDI, mccj, obispo emérito de Tilarán-Liberia

Un amigo... ¡un tesoro!

youtube

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La otra ministerialidad

–¿Estás dispuesto a no dar importancia a lo que has hecho por los demás y a hacer memoria agradecida de todo lo que los otros han hecho por ti? –Estoy dispuesto. –¿Estás dispuesto a poner tus derechos, si fuera preciso, en último lugar, a mirar con dignidad a los últimos y a hacerte el servidor de todos? –Estoy dispuesto. –¿Estás dispuesto a aceptar gozosamente que toda persona es tan digna y necesaria como tú, y a esforzarte por cubrir sus necesidades, respetarla, cuidarla y llegar a su corazón? –Estoy dispuesto. –¿Estás dispuesto a abrazar y abrir tus entrañas a quienes viven marginados y perdidos, sin pedirles cuentas ni echarles en cara nada, y a caminar por los lugares que ellos andan? –Estoy dispuesto. –Si es así, puedes tener por cierto que estarás siempre conmigo y que éste será un día feliz para ti sin importar ser el último o el primero. (Colección feadulta.com)

Gracias, padre Jorgito, por participarnos de tu calidad de vida humana ante cada persona, acontecimiento y realidad social. Hoy el Señor corona tu docilidad y disposición a su llamada y te lleva al lado de sus santos. Junto con ellos celebramos al Dios de la Vida por tu vida fecunda entre nosotros.

Esto y disp uest o...

Por: Hna. Mary Carmen GALICIA, mc Foto: Jorge García


Por: P. Enrique SÁNCHEZ, mccj

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la Cu fra ida gi r lid ad

Francisco, el Papa misionero

«Jesús, el evangelizador por excelencia y el Evangelio en persona, se identifica especialmente con los más pequeños (cf Mt 25,40). Esto nos recuerda que todos los cristianos estamos llamados a cuidar a los más frágiles de la tierra» (Evangelii gaudium, 209).

Esquila Misional

Dave Do

mingue

s

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Punto de vista

catequesisarquimadrid.com

«Santos de la puerta de al lado»

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l 1 de noviembre se conmemora a Todos los Santos, conocidos o no, pues hay infinidad de ellos a «nuestro lado» que no tienen altar ni fiesta propia. Te reto a vivir la plenitud del amor en lo cotidiano, esa que de modo anónimo experimentan muchas personas que hacen un hermoso camino espiritual a lo largo de la vida.

Por: Fernando DE LUCIO

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vocar las palabras «santidad» o «santos» causa cierta sensación de que no es algo fácil o está lejos de nuestras aspiraciones, quizá porque durante mucho tiempo se idealizaron las extraordinarias figuras de quienes dieron testimonio de Cristo de una forma excepcional. Más allá de los conceptos teológicos sobre lo que es, hace un par de años el papa Francisco nos orientó en su exhortación apostólica Gaudete et exsultate, diciendo que, en efecto, hay muchos canonizados, pero la gran mayoría, son los que él llama «santos de la puerta de al lado», es decir, anónimos que con

su oración y buenas obras pueden transformar su entorno, hacerlo más humano y más cristiano. «Otra santidad es posible» No es fácil abordar el tema de la vida después de la muerte. Para nosotros los cristianos, más allá de la promesa del premio eterno, la meta es aventurarnos a realizar plenamente el amor aquí en la tierra, es

decir, trazar un camino a la santidad. Sin duda, todos estamos llamados a vivir la plenitud de la caridad sin distinción de cargos, encargos o ministerios. Así surge la idea de que es un fenómeno absolutamente raro y extraordinario. Sin embargo, puede estar presente en la lucha cotidiana del creyente. Estamos llamados a serlo, aunque cada uno a su manera, en lo ordinario de la existencia y bajo el impulso del Espíritu.


Punto de vista ductores» de la electrizante presencia divina en todo lo que hagamos y en todo lugar. No nos conformemos con «cumplir las normas». Al final de la vida seremos examinados en cómo vivimos el amor; y nuestra «guía de estudio» son las Bienaventuranzas. No pasemos de «panzazo», sino aspiremos a experimentar –con «diez»– la generosidad que da la auténtica felicidad de seguir a Cristo. Buscar de verdad a Dios, no implica necesariamente que lo hagamos en lo apartado de la naturaleza o el silencio; ayuda, pero sobre todas las cosas, busquémoslo en cada momento en el hermano necesitado, en los pequeños, los débiles... Fano

Aún así, ser santos puede parecernos algo extraordinario o inadecuado para nuestro tiempo, o no apto para todos, pero, para quien toma en serio su existencia, es algo trascendente, es donde se toma conciencia para seguir un proyecto elemental y original de la vida cristiana. El corazón humano no desea vivir en mediocridad, sino en «alta calidad» de vida. Quienes han trazado en esta tierra un rasgo original de la radicalidad evangélica, son a quienes denominamos «santos», y aunque lo son, deberíamos aspirar a conocer las raíces de nuestro ser y a proyectarlo en un camino hacia la excelencia de vivir el amor a los demás. Desear ser santos no es una locura, puesto que satisface las aspiraciones humanas más profundas y colma los deseos de auténtica felicidad. Hay modelos, sí, muchos, pero todos podríamos formar parte de los que viven convencidos de esa felicidad que cambia al mundo. Convencidos de esto, llegar a serlo es la meta más aventurada y fascinante que podríamos plantearnos, y con la que podríamos testimoniar ese amor que transforma corazones y atraviesa fronteras; no por mera fama, sino porque nuestro humilde testimonio podría desafiar lo que muchos dan por hecho como normalidad en esta vida. ¿Cuál es la medida? Ser justos, intachables, íntegros... (y un sinfín de términos similares en muchas tradiciones espirituales) ante Dios en el amor (cf Ef 1,4). Siendo honestos en esta praxis nos convertimos en «con-

Asimismo, la oración nos permite reconocer los propios errores y buscar en nuestro interior si nuestras acciones son buenas, sólo así nos sobrarán las palabras ante los demás. No andemos como turistas por la vida, involucrémonos en la realidad de los demás sin juzgarlos, sobre todo con los necesitados, a los que nadie quiere. Agradezcamos a Dios cada día lo mucho que nos ama y perdona a pesar de todo.

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Evitemos el aplauso, el diploma y la palmadita en el hombro al hacer nuestro trabajo. Todo lo bueno, hermoso y santo de esta vida comparten el mismo origen: la sencillez y la humildad. Con humor sano y sincero, sonreímos ante la vida sin desentendernos de los problemas, ya que la «santidad es alegría», y esto da pauta a vivir de modo que la muerte no nos inquiete más, porque sabemos, no es el final. La santidad es para todos y no sólo para unos pocos elegidos. Vivamos el presente colmándolo de amor y aprovechemos cada día para realizar acciones y actitudes ordinarias de manera extraordinaria. Testimoniemos que la mayor caridad no se expresa en hacer «obras extraordinarias», sino en «hacer extraordinariamente bien las cosas ordinarias» a partir de pequeños gestos, como dice el papa Francisco. La santidad no es un premio que se otorga por las «buenas obras» después de la vida, pues nadie se justifica ante Dios; somos santificados por el Espíritu Santo, quien evalúa nuestra misericordia en la vida. En esta llamada también «Pascua de Otoño», meditemos la santidad como senda a la que todos estamos llamados a seguir, con la originalidad siempre fresca del Evangelio en este momento y lugar de la historia. Ser santo, más que morir «limpio», es vivir con la audacia creativa del amor de Cristo desde cualquier ámbito y circunstancia. Abramos nuestro corazón a la gracia recibida del Espíritu para trazar un sendero original de nuestra alineación con Cristo.

Esquila Misional

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Llamados a la misión

Por: P. Sylvain ALOHOUNGO, mccj

La vocación de Comboni y la realidad de los jóvenes de hoy

Queridos lectores, qué alegría compartir con ustedes esta vez sobre la vocación de san Daniel Comboni. Creo que por muchos años han leído sobre él y conocen muchas cosas sobre nuestro fundador. Esta vez buscaremos comprender su vida a partir de nuestra realidad actual como jóvenes en búsqueda de una elección.

Fotos: Jorge García


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Literatura comboniana

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