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Periodismo de investigaci贸n

VANGUARDIA lunes 14 de ABRIL de 2014 / No.420

El otro museo del desierto

La historia del hombre que mont贸 un museo de dinosaurios en su casa


VIDEÓDROMO

Capitán América y el Soldado del Invierno

Por Esteban Cárdenas Salvo algunos volúmenes “de cajón” que me recomiendan amigos (el excelente Caballero Obscuro de Frank Miller, por ejemplo), nunca he leído historietas de súper héroes. Lo poco que conozco del “universo” de Marvel y DC Comics es gracias a pláticas entre amigos geeks que discuten sobre si el Batman de no se qué autor es mejor que el Superman del otro, discusiones en las que yo no tengo nada que decir. Entre ellos nunca sale a flote el tema de Capitán América. Yo siempre asumí que era un ñoño como Aquaman, que, según entiendo, su único poder es que puede hablar con los delfines. El que habla con criaturas del mar, el patriota, etc… Y bueno, con este súper héroe poco interesante (¿qué? ¿su po-

der es el patriotismo?) los hermanos Russo han creado una muy buena película, dándole un punto más para Marvel Comics en la aparente batalla entre cual de los dos grandes estudios de historietas hace mejores películas, si ellos o DC (Batman, Superman, etc). Capitán América (Chris Evans) tiene noventa años y no entiende a los “chavos” de hoy. Está medio solo, deprimido, todos sus amigos murieron. En su última película, nos quedamos que había sido descongelado después de 45 años de estar dormido, para encontrarse con un mundo moderno que no entiende. Con esta artimaña, se neutraliza cualquier ñoñez que pudiera tener el personaje. En los cuarentas era cool, hoy es una reliquia medio kitch (ese uniforme de estrellas y barras) que no reconecta con los

tiempos. Aún así, es un “bad ass” que resuelve complots terroristas con su escudo y su super judo (sí parte madres bastante bien). Después de una misión en un barco, se confronta con Nick Fury (Samuel Jackson), director de la agencia S.H.I.E.L.D, -a la que pertenecen también sus ausentes amigos Iron Man, Thor, Hulk, el del arco-, y se da cuenta que no puede confiar en nadie. Regresa a su departamento a poner un acetato de jazz, y descubre ahí a Fury, que ha sufrido un atentado por parte del misterioso Soldado del Invierno, un agente malo (¿ruso?) que si se pone al tú por tú con el Capitán si se “da un tiro”. El Capitán y Natasha Romanoff (Scarlett Johannsson) son los únicos que saben del complot en contra de S.H.I.E.L.D y tendrán que salvar la agencia.

Radar Por Esteban Cárdenas

escardenas@ vanguardia.com.mx

Miles Davis

Miles at The Filmore - Miles Davis 1970: The Bootleg Series Vol. 3

2014

En 1970, Miles Davis ya tenía cuarenta y cuatro años. Influenciado por Jimmy Hendrix y el funk de Parliament, el visionario jazzista incorporó a su banda instrumentos eléctricos, explorando territorios más abstractos y migrando cada vez más hacia el jazz fusión y experimental que predominaría en su trabajo setentero. Miles at the Filmore es un boxset que compila cuatro noches en el legendario teatro neoyorquino de uno de los músicos con mayor influencia en la música del siglo veinte. Davis nos lleva de piezas más tradicionales (su versión de I Fall In Love Too Easily) hasta

otras más abstractas (Bitches Brew) y las influenciadas por el funk de sus compatriotas sesenteros (Directions, con todo y cuica). La calidad de las grabaciones es excepcional. Miles at The Filmore abarca tres discos, e incluye un par de grabaciones de menor calidad, registradas en el Filmore West. Davis es acompañado por Chick Corea y Keith Jarrett en los teclados dobles, Jack DeJonnette en la batería y el brasileño Airto Moreira en las percusiones. Una banda de prodigios que improvisan, se enloquecen pero nunca pierden el ritmo.

Una vez comenzada la misión vemos las secuencias de acción de requisito, cosa que Marvel ha perfeccionado en cada una de sus películas. Detrás de los efectos, hay una buena historia, como en (casi) todas las películas que han hecho. A diferencia de DC, que suele entregarle sus historias a directores más solemnes con resultados mixtos, Marvel trabaja con directores con casi nada de experiencia al género de acción. Como Jon Favreau en Ironman y Kenneth Branagh en Thor, los Hermanos Russo le dan frescura a sus personajes, encontrando detrás de las máscaras, los músculos y los karatazos historias divertidas y emociones humanas. Si bien no es una obra maestra del género, es una cinta veraniega bastante entretenida que superó mis expectativas.

Suena a…

Miles Davis Bitches Brew

1970

Ornette Coleman Science Fiction

1972

John Coltrane Ascension

1966

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Anthony y Joe Russo 2014

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Este es el otro museo del desierto que tiene Coahuila. Aquí, además de descubrir piezas extraordinarias y obtener un boleto seguro al Cretácico, el guía turístico es todo un cazador de dinosaurios que montó un museo en su casa para narrar sus hazañas a todo aquel visitante que cruce por el solitario pueblo de San Miguel, al norte de Coahuila.

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El pastor de Dinosaurios

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Por Quitzé Fernández Fotos: Luis Salcedo

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e la nada, de tanto andar en el monte como cabra, Héctor Homero fundó un museo en su casa en el ejido San Miguel, lejano de Múzquiz y también de Ocampo, donde la sequía ha terminado con todo, menos con los fósiles del periodo cretácico que almacena en casa y en algunos sitios distantes, donde sólo las montañas son testigos. Héctor Homero Hernández Juárez es un hombre divertido, bromista. Tiene 48 años. Es delgado y sus manos son un par de pinzas callosas que el desierto ha erosionado. Desde hace años recolecta vestigios paleontológicos. También recoge puntas de flecha y elabora artesanías para venderlas a los pocos turistas que pasan por el lugar. Hay dos lugares comunes en su hablar: Si se refiere a uno en especifico, dice Primo. Si habla de alguien en pasado: Viejo. El viejo ese… los viejos esos. Desde mediados de año acondicionó un cuarto donde ha acomodado varias piezas petrificadas, desde reptiles hasta animales marinos. Y puso un cartelón con la leyenda: Museo. Un museo donde pocos entran; porque pocos llegan a ese lugar. Museo sin cuotas, lejano de los reflectores: donde se puede tocar. Hay fémures. Cuernos. Tortugas petrificadas. —Tengo 30 años buscando fósiles, primo. Toda la vida. Aquí no hay nada. La sequía mató a las vacas y a las chivas. La candelilla se secó. Las casas de alrededor son un montón de cuartos de tierra donde la pobreza anida. Para llegar a San Miguel, saliendo de Múzquiz, es necesario manejar 220 kilómetros: un tiempo aproximado de tres horas por una carretera que aún tiene tramos en construcción desde hace más de 5 años. Ese tramo es un paisaje de llanos desérticos, cañones poblados de vegetación, montañas rotas y un asfalto maltratado donde animales salvajes, como

venados, osos y jabalíes cruzan a cualquier hora. Si es invierno, en las partes altas la neblina impide la visibilidad porque se apodera de la carretera, pero el cielo siempre es de un azul claro. —Nos dedicamos a hacer cosas curiosas para el turista. Nosotros le vendemos piedras a los gringos. La mayor parte del tiempo solo, otras con sus hermanos Edmundo y Arnulfo, quien recolecta piedras porque trabajó con geólogos, de hecho el portal de su casa es como un castillo amurallado de rocas de distintos tamaños y colores, las que ha ido recogiendo en lugares que ha andado. Los buscadores de piedras —A nosotros nos gustaba mucho el campo. Fuimos levantando piedras, ahí encontrábamos los fósiles y las amonitas, algunos viejos de Estados Unidos las compraban, platicó Héctor Homero antes de salir al monte. Antes tenía toda una inmensidad para buscar; ahora sólo mil hectáreas. Es decir: 10, 000, 000 metros cuadrados que le fueron otorgadas a 27 ejidatarios en ese pueblo de aproximadamente 300 habitantes, donde hay una primaria, una secundaria. Y celdas solares para abastecerlos de luz. Alguna vez, en su niñez, alguien le enseñó el fósil de una vaca. Así empezó a distinguirlos. — Yo salgo siempre a buscar, en veces salgo dos veces a la semana. Como está retirado, y uno a pie. Durante la sequía se le murieron vacas, borregos, caballos y chivas, por eso decidió salir más a menudo a monte. — Estudié hasta tercero, lo acabé hasta adulto. Uno estaba enfermo, y sigo enfermo de epilepsia y migraña. El mayor deseo de Héctor Homero es construir un museo en forma para que sus piezas no se vayan a otra parte. Lo primero que encontró fueron árboles gigantes


¿Cómo llegar?

● Está ubicado a 220 kilómetros del municipio de Múzquiz por la carretera que se dirige a Boquillas del Carmen.

¿Cuánto cuesta?

● La entrada es gratis.

¿Qué piezas tiene?

Este es el único museo donde el que realiza el hallazgo explica cómo encontró las piezas, aquí Homero asegura que son vértebras de animales marinos.

● Cabezas de dinosaurios, colmillos de tiburón, pieles de ser-

piente, peces marinos, etc.

Homero piensa que estas piezas son colmillos de tiburones del cretácico.

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Para identificar fósiles Homero aprendió que deben tener una textura porosa.

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Paleontólogo de instinto Esa mañana de invierno San Miguel era un caserío desierto en medio del monte, donde el humo de las fogatas olor a mezquite poblaba el ambiente. — ¿Van a comer? Para prepararles una carne con chile aunque sea, preguntó Arnulfo. Edmundo y Arnulfo encumbraban los hallazgos con dosis de fantasía: ¿Ya viste la cabeza de dinosaurio que tiene este? ¿Ya miraste el cuero de la serpiente? Vendemos colmillos de tiburón a la raza. Y es que en algunas piedras se alojan formas caprichosas que parecen colmillos, ellos aseguran que son de peces marinos. Ese día parte del recorrido fue en una camioneta de la familia, otro a pie. Héctor Homero contó que fue René Hernández Rivera, paleontólogo de la Universidad Nacional Autónoma de México, quien lo conoció y empezó a enseñarle técnicas para armar los huesos y conservarlos. En ese transitar, lo enseñó a usar ácido para quitarle impurezas a las piedras y dejar limpio el fósil. — Los hombres me decían que había que echar un ácido y destruía la almendrilla. Lo que me destruyó fue a mi, los dedos, nunca usé los guantes. No podía no doblar las manos de las grietas que se me abrieron. Y efectivamente, los dedos de Héctor Homero están llenos de cicatrices. En una de tantas visitas, varios paleontólogos se llevaron piezas, dejándole documentos, pagarés escritos a mano para corroborar que alguna vez sucedió. El 15 de marzo de 2011, Héctor Rivera Silva, paleontólogo del Museo del Desierto, dejó una hoja de libreta donde hace constar que tomó a préstamo un fósil de escamoso de ceratópsido, comprometiéndose a regresarlo en noviembre de ese año, situación que jamás sucedió. — Se llevaron unas piezas los viejos de Saltillo. Y hasta la fecha no las han regresado El cazador de Dinosaurios Los hallazgos de Héctor Homero son como una aparición en el desierto, hay investigadores que aseguran que posee piezas que son descubrimientos para la ciencia. Otros que simplemente son producto de su andar y andar en el desierto. — Hay lugares dónde ya no puedo entrar. Conozco cada pieza de cada animal que yo sé dónde está. Y donde no hay. Nos encontramos un mamut, en un bajío encontramos la cabeza. Nomás le dio el aire y se deshizo. Los cuernos eran bien grandes. Unas muelas, muelonas: paquetones Héctor Homero asegura conocer alrededor de 20 especies de dinosaurio, misma que ha encontrado en sus andanzas por el monte, donde a menudo rompe piedras para sacar lo que alguna vez fueron huesos. Pero el desierto es a veces una mancha monótona, pero Héctor Homero reconoce cuando en la tierra hay algo, señala con las manos; se emociona, hurga en la tierra diciendo lo que puede ser. — Donde hay esta tierra, primo, ahí hay dinosaurio. Tiene que ser amarilla. Este es el color de la tierra de los dinosaurios.


En este museo tambi茅n hay petroglifos que se encontr贸 Homero en el monte.

Al querer quitarle las impurezas a esta pieza se quem贸 las manos con 谩cido.

Muela de dinosaurio.

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Esta es la promesa de devoluci贸n que le firm贸 un investigador del MUDE al llevarse una de las piezas.

Homero presume que ha reconstruido esta pieza que tiene la teor铆a de que es un f茅mur


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El Pato que encontró una cola de Dinosaurio Por Quitzé Fernández Fotos: Luis Salcedo

GENERAL CEPEDA.- A un lado de la Iglesia de San Francisco, en una construcción donada para el estudio de restos fósiles, trabaja desde hace varios meses José López Espinoza, “El Pato”, un investigador empírico que encontró una de las colas de dinosaurio más completa de la que se tenga registro, así como cientos de huellas de distintas especies de reptiles diseminadas en el desierto. En mayo cumple nueve años de aquella ocasión que andaba caminando cerca del ejido Guadalupe Alamitos, y observó unos huesos fosilizados que brotaban del suelo. — En base a eso me puse a observar el área. Fui a dar con alrededor de 5 vértebras que estaban aflorando. Eso me motivó mucho, no muy frecuentemente se encuentran así. Me dio mucha emoción el verlas así, las seguí un poco y continuaban. Eran alrededor de las 5 de la tarde. Había salido a caminar a partir de las nueve de la mañana. Y decidió regresar al ejido donde hizo base para que la noche no lo abrazara. Al otro día, desde temprano, se hizo acompañar por su hermano Rodolfo.


— Excavamos como 3 metros y medio y continuaba, me vine muy convencido de que estaba completa. Espero que el resto del dinosaurio siga ahí. Todos los huesitos que han salido están completos. José López asegura que la cola mide alrededor de 5 metros. Estima que el dinosaurio, del género hadrosaurio, mida alrededor de 12 metros de largo. Apenas el año pasado fue removido para su estudio; ahora trabaja en quitar rocas a los restos de la cola.

EL PATO Al pasar los años, ese niño al que conocieron como “Pato”, trabajó en el Museo del Desierto, donde participaba en la búsqueda, rescate, preparación y restauración de los hallazgos. Ahora trabaja con el Instituto Nacional de Antropología e Historia como técnico paleontólogo; ha viajado a Estados Unidos y Alemania, donde ha tenido estadías de hasta dos meses.. — Te conozco la mayoría de los huesos de dinosaurio. Es muy común encontrarlos, pero no el que encuentres un hueso, quiere decir que esté el dinosaurio completo. José López tiene la certeza que existen muchos lugares vírgenes en Coahuila; sitios donde es posible que haya piezas que nunca se han movido. — Me tocó ver de quince a veinte vértebras en superficie, parte de los fémures. Hay varios sitios que valen la pena hacer el rescate, porque los huesos están completos.

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Investigador empírico que encontró una de las más grandes colas de dinosaurio que se hayan visto en México.

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TRAS LAS VÉRTEBRAS José López estudió hasta primaria. Nació en 1971. Es originario del pueblo Presa de San Antonio, municipio de Parras de la Fuente. Conocía todos los rincones del monte; cada rama de mezquite. — Yo inicié esto desde niño. En los años 80 conocí gente de la UNAM que fueron los primeros en ir allá que sabían de la existencia de fósiles de dinosaurio.. Hice amistad y fui aprendiendo a distinguir la roca fósil. Para 1986 un grupo de investigadores canadienses del Museo Royal, en convenio con la Universidad Nacional Autónoma de México regresaron a la zona. — Participé con ellos en acarrearles agua, ayudarlos en lo que se ofreciera. Fui ayudando en la excavación. Fui aprendiendo cómo se excavaba, cómo se protegían los huesos, fui haciendo las férulas de yeso. Fue de mis primeros rescates. Dos años después participó en la extracción del Isauria, el primer dinosaurio sacado en Coahuila armado por mexicanos, de ahí asegura haber participado de alguna u otra manera en todos los hallazgos que ha habido en el estado. — No sabía qué era un dinosaurio, oía platica de los tíos, familiares que decían que había huesos de gigante, de personas muy grandes. Se las creía uno de niño. La primera vez que escuchó el término “dinosaurio”, fue con gente de la UNAM. Veía los libros que traían, los dibujos impresos. — Veías partes de los fémures. Yo me imaginaba de qué tamaño estarían, viéndolos caminar en su época.

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de dinosaurio, con una antigüedad de 70 millones de años en un sitio donde había un mar que se extendía de Saltillo a Nuevo León. — De ahí surgió el hallazgo. A nivel México es la más importante por la abundancia que tiene en diferentes direcciones. Según los investigadores pisó el animal, se quedó la huella y se rellenó de un sedimento muy fino. Lo que permitió que se preservaran. A menudo José López interrumpe sus labores que empiezan desde temprano para atender a curiosos que se acercan al laboratorio que le acondicionaron en General Cepeda, en una mesa yace la cola de piedra. — Toda persona que le gusta buscar esto es necesaria. Aunque digamos que no sabemos bien las cosas, podemos hacer un descubrimiento importante para la ciencia.

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EL HALLAZGO Antes de encontrar la cola del hadrosaurio, conocido como Pico de Pato, José López descubrió las huellas de dinosaurio del ejido Porvenir de Jalpa, en el año 2003. Estaba por terminar una temporada de campo con grupo de científicos canadienses, faltaban tres días para completar el mes y se alejó del grupo. Dos compañeros se quedaron atrás, se paró un momento a esperar, y como siempre observó el suelo. — Había una área como si hubieran echado cemento. Vi una planicie con hoyos rellenos de arenita, me llamó la atención porque tenían como una secuencia que alguien hubiera pisado. Estuve ahí caminando hasta que vi tres dedos. Y dije: ¡Son huellas de un dinosaurio carnívoro!. El resultado fue de 207 huellas

De niño le viene la fascinación por las huellas de dinosaurios, quizá por eso detectó una de las más grandes del desierto de Coahuila.



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