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Presentación A continuación encontrarán la selección de los mejores cuentos escritos por los estudiantes de la asignatura Taller de Redacción del Politécnico Grancolombiano. Estos cuentos son el resultado de un arduo proceso creativo desarrollado durante el semestre: proceso de aprendizaje, reflexión, crítica, escritura y rescritura constante, que implicó además la búsqueda permanente en otros planos de la realidad, para acercarse y acercar al lector a otras experiencias que habitan en el lenguaje.

Para los docentes es un orgullo presentar estos trabajos que acompañamos y vivimos y en los que también están nuestras huellas: como lectores primarios, como correctores, buscando opciones y salidas.

Sin embargo, el mérito está más en los estudiantes que en nosotros, porque finalmente fuimos una guía y ellos fueron quienes vislumbraron estas historias. Algunas crudas y cercanas a nuestra realidad, otras totalmente ficcionales y alucinantes…

Equipo de docentes Taller de Redacción Departamento Académico de Comunicación Facultad de Mercadeo, Comunicación y Artes Politécnico Grancolombiano

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ÍNDICE

La cura, locura por Fabián Amaya…………………………………………pág. 3 Nix por Daniel Beltrán C……………………………………………………..pág. 9 El último regalo de María por César Augusto Cendales……………….pág. 12 Armagedón por Jhoan Sebastian Hincapié Serrato………………….….pág. 16 Analfabeta de pensamiento por Juliana León Tovar…………………...pág. 18 Apócrifos de la Realidad por Santiago Molina N………………………..pág. 21 Andrea por Paula Moreno………………………………………………...…pág. 24 Cárcel y refugio por María Katherine Orjuela Ramírez………………….pág. 32 Los mil y un despertares por Andrea Parra……………………………...pág. 35 Presa por Dianne Pichón Hernández………………………………………pág. 38 Un Sentimiento Irónico por Ileana Rozo………………………………….pág. 43

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LA CURA, LOCURA Por Fabián Amaya R.

Hablar de Toño, el loco Toño como le llamaban en el barrio, no era otra cosa que evocar aquellos recuerdos de mi infancia, cuando al lado de mi casa y en una improvisada vivienda revocada con paredes de plástico, pisos de cartón y columnas amarradas en alambre quemado, se veía salir despavorida y con los ojos bañados en mugre todas las mañanas, a Fabiola, sí, la causa y motivo por el cual Toño continuaba subsistiendo; pues gracias a su ingenuidad para pedir, su tartamudeo a viva voz, y los enormes

moretones

de

colores en su rostro, producto de

las

salvaje

palizas

que

aquel

hombre

proporcionaba

a

diario,

le la

gente sentía piedad y echaba en la mochila de esta mujer, algunos mendrugos de pan y panela para calmar la angustia de aquella infeliz pareja.

Toño, el álgido y siempre desgarbado Toño, presumía gerenciar la administración de su hogar, gracias a los pasos arrítmicos y pesados de aquella moribunda mujer, quien con el olfato de una cachorra en celo, detectaba las viviendas en las que ya se rebosaba el chocolate y se sentía el aroma a café en las mañanas, para sonar la puerta con tres golpes secos, y entregar un tiesto de vasija en el que le llevaría los primeros tragos del día a su administrador de amor, administrador que sicológicamente la amenazaba día a día en correrla a la calle; es decir, sacarla de los plásticos, si no regresaba con monedas en los bolsillos de su puerco saco y con el respectivo bocado de comida para llenar sus ansias hasta el día siguiente.

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La vida vestía de gris. Mientras Toño fingía demencia para vivir a expensas de una verdadera alma consumida por la locura, el pueblo no denunciaba lo que sucedía al interior de ese dramático cuadro, porque todos llevamos una pizca de culpabilidad al ver y callar, al oír y disimular y creer que la mejor manera de solucionar todo es hallarle la razón al primer zángano que por conveniencia afirma que el destino es juez y amo del devenir matutino.

Soportar a una loca por conveniencia es bastante complicado. Un roto de los repliegues de una de las paredes del cambuche, dejaba entrever al interior del aposento un rostro lánguido, de nariz aguileña, de cuencas pronunciadas y acompañado

de

una

nube

carnavalesca que se escapaba de una pipa artesanal, que el viejo se daba mañas para mantener apretada entre sus encías, mientras con uno de sus chamizos frotaba y frotaba con qué paciencia su brillante calva, hasta levantar una caracha blanca, que se concertaba por el aire con el danzar erótico de ese apestoso y penetrante humo con el que el viejo sentía tanta fascinación; según sus muecas el placer de aquel anciano era algo parecido al éxtasis.

La única forma de ver al loco Toño fuera de su palacio, era cuando en un esfuerzo sobrenatural, asomaba la testa por uno de los faldones de su improvisada puerta y con una mirada vigilante acomodaba los culos de botella que tenía por gafas, 4


hasta observar que ningún testigo se encontrara por ahí, para arrojar al lado de su prado, una basenica llena de sus porquerías, que según su seño y la rara deformación de su nariz, nos advertía que el contenido que volaba por el aire de manera estelar, tenía un olor fétido y nauseabundo, ¡fooo, que asco!

La verdad es que el loco Toño no era muy querido por los habitantes del sector, al parecer el estado medio raquítico de su cuerpo, lograba mantenerlo gracias a la constante gestión de su Fabiola, quien aprendió que en este mundo la felicidad se llama comida y monedas y que sin lugar a duda el mejor pago por su labor, era un puño en la jeta.

Toño no era del todo malo, en tiempo de luna se le corría la teja por cantar y era otro tormento para la tranquilidad de

los

balbucear

vecinos, a

un

pues ser

escuchar desafinado,

destemplado y carente de ritmo, se convertía en un sacrilegio para los que ven en los virtuosos de la melodía, el túnel por donde se alimenta el espíritu y se desfogan las penas.

En fin, la vida cuelga de un trapecio, a Toño no le alcanzaron sus enormes brazos, y su incontrolable temperamento, para lograr celebrar las bodas de oro con su Fabiola, pues me contaron que la mensajera de su alma había escapado luego de perder su último diente en una batalla campal con su verdugo y que los despojos mortales de Toño, habían quedado reducidos a una brillante capa aceitosa forrada en la piel de aquel esquelético cuerpo luego de varias semanas sin alimento; eso me dijo la gente, es decir mi amigo Tulio, precisamente el mismo que me llama al teléfono este momento, con el que crecí estudiando y también tocando timbres en

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las empedradas calles de mi barrio y es mejor que él les cuente cosas que por motivos de mi ausencia se me escapan de aquella particular pareja.

No soy buen orador, pero mi memoria alcanza para recordar el motivo por el cual esta desgraciada pareja terminó convirtiéndose en ejemplo de la mala administración de la vida para la comunidad, según mi padre.

Él me contó que Toño era familiar de la aristocracia capitalina en sus tiempos mozos y alardeaba de consumir los mejores vinos, mujeres y perfumes, para sí y para los amigos que lo acompañaran en el cobertizo a fumar un cacho de marihuana, mientras turulecos, se burlaban de las autoridades que pasaban y para quienes era un

delito

época consumir

esa

dizque

demonio.

La

veo

del

en

su

hierba

negra.

Vueltas y vueltas

tuvo que dar el

encopetado

Toño tantas antes

en

su

bólido,

vueltas de

como

dio su cerebro,

ser

famoso

y

conocer a Fabiola, sí, la niña que conocía la ruta de la madriguera de donde sacaba la mejor hierba maldita, el polvo maldito, la jeringa maldita y la maldita razón por la que resultaron juntos.

Sin lugar a duda con lo que consumía Toño, Fabiola tenía para vivir a sus anchas, pero la maldita hierba siempre se caga en todo, dizque Toño en una de esas visitas al espacio, observó cómo los carros que pasaban por su lado no llevaban ruedas, ni luces, ni pitos y podían hacer piruetas fuera de la vía y ¡como no!, despertó en medio de dos jeringas, pero repletas de anestesia, con la primera página del periódico donde anunciaban el fatal accidente y dos preocupados rostros que se miraban detenidamente mientras empuñaban una segueta, 6


observando la cadera inmóvil de aquel moribundo hombre con gestos de peculiar preocupación.

Los dólares consumidos por los galenos y los también consumidos por la adicción, dejaron en bancarrota, a aquellos dos emperifollados palomos que otrora, sacaban pecho viendo desde las tribunas a su polluelo volar envuelto en banderas a cuadros al final de cada competencia y que hoy como recompensa le negaban la paternidad.

Fabiola, la niña aquella que una vez Toño solo veía como la solución a su adicción, hoy era su alimento, su lujuria y su pasión. La necesidad tiene cara de perro, pero no cualquier perro, el perro del que les hablo solo conocía de pedigrí, y aprendió a chuparse hasta el tuétano de los huesos de Fabiola, me contaron también las sábanas rotas.

Rojo fuego, ahora la carrera era en la calle; era bastante folclórico ver a Fabiola conduciendo un bólido último modelo, con llantas de balineras, arrastrado por una cabuya entre las multitudes en un pueblo abarrotado de campesinos en un día de mercado, mientras Toño sucumbía ante la feroz fuerza y velocidad con la que lo arrastraba hacia su cambuche. El deseo desenfrenado de sexo que le había despertado Toño a aquél ser virginal las noches anteriores, hoy era una obligación y se convertía en un cheque con cobro a un solo portador.

En fin, podríamos difamar y hacer tertulia durante muchos menguantes sobre la vida de Tulio y su loca, pero en realidad los chicos de la provincia lo primero que hicieron cuando los entes encargados de recoger despojos inspeccionaron el lugar de la tragedia, fue llegar con la luz de la primera estrella y asaltar el lugar, llevándose consigo monedas de varios países, fotografías ligeras de ropa y un libro lleno de poemas que en su pasta decía: “María, amada mía, aunque con mi 7


propia sangre me compartías, he de decirte que no me alcanzará esta vida y la otra para encontrarte y demostrarte el amor que te tenía”.

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Nix Por Daniel Beltrán C. Ahora nada es como antes, su estrés y sus miedos son esclavizados sin siquiera saber de dónde vienen. En este mundo gastado y estúpido, estos seres van y vienen sin que nadie se pregunte sobre su origen, Nix, sin embargo, lo conoce muy bien y a pesar de su figura alta y esbelta y de sus extremadamente bellos rasgos faciales, pasa desapercibido, como si fuera uno de nosotros. Desde que en el 2014 se salió de control aquel experimento, que pretendía revelar los misterios presentes en los sueños de los hombres, el mundo ya no es como antes. Aunque realmente no relacionan nuestra realidad actual con los eventos de ese año. Los sueños comenzaron a parecer más y más reales, hasta que en cierto punto se materializaron, sólo que de la manera más grotesca posible; al parecer la parte más fuerte de los sueños de los hombres se encontraba en las cosas que los preocupaban y en sus más oscuros temores. Por eso al principio sólo se empeñaron en esconderlo, en aniquilar a aquellos seres que no se sabía de dónde venían; sólo uno de estos seres está con nosotros ahora pasados doce años, y él ha sido el único que, además de lucir como humano, desarrolló conciencia en un principio. Ésta es su historia.

Esta ciudad apesta a poder y humanidad, de los míos pocos están enterados de su realidad y la mayoría son asesinados rápidamente, ya que evidencian cambios al descubrirla y esto asusta a los humanos. Al menos las cosas han cambiado con el tiempo, ahora no nos asesinan desde un principio, ellos descubrieron que todos tenemos que desarrollar conciencia y que, si nos atrapan en nuestros primeros días sobre este mundo, podemos resultarles sumamente útiles, obreros gratuitos, prostitutas baratas, asesinos sin sueldo… Pareciese que no hay muchas esperanzas de vida para mis iguales y que la palabra libertad sólo existiera en ese ingenuo mundo que han construido los humanos, tal vez sea porque todos nosotros solíamos vivir en un mundo en el que no teníamos que contemplar cosas como la felicidad o la tristeza. Ahora que estamos aquí nos han contagiado de aquella enfermedad a la que ellos llaman humanidad, éramos libres siendo 9


prisioneros de sus mentes y, ahora que estamos aquí, su realidad nos aprisiona, hasta yo me considero infectado con todo esto y creo que siento lástima por muchos otros. En este punto, tengo que decir que he cometido lo que puede ser un error, lo último que quiero es que se revele mi verdadera identidad; no puedo ni imaginar lo que me harían si esto pasara, al parecer soy algo especial, o simplemente alguien me soñó muy bien. Pues bien, la noche en que la vi, sentí que debía hacer algo, que ya había permanecido quieto por mucho tiempo. Ella trabajaba para un imbécil al que llamaban “François” (aunque de francés no tenía nada), resultado de un mal chiste que alguno de sus amigos hizo alguna vez; al parecer el maldito idiota disfrutaba violando a una niñita francesa de no más de doce años que terminó muriendo de inanición o algo por el estilo; el tipo era un cretino en todo el sentido de la palabra. Mi interés se posó sobre “Tila”, una de sus prostitutas, desde el primer momento me di cuenta de que no era humana; ella no tiene ojos y aun así todo indica que puede ver a la perfección, Tila debió ser producto de algún enfermizo sueño erótico, de algún impulso sexual reprimido, porque, pese a no tener ojos, ella es hermosa. Con un cuerpo como el suyo y su falta de conciencia, era casi seguro que algún proxeneta terminaría apropiándose de ella. Siempre he tenido un problema personal con los humanos, es decir ¿Quiénes se creen para hacer con nosotros lo que les venga en gana? Pero, de las injusticias más grandes, creo que el crear prostitución con nosotros es la peor de todas. A los que los hacen mayordomos les va mejor que al resto, casi siempre los adoptan familias ricas que terminan por tratarlos bien; un mayordomo y una mascota en uno solo ¿Qué más podrían pedir esos niños ricos? Los obreros no la pasan tan mal, aunque no falta quien abusa de su falta de conciencia para hacerlos trabajar hasta casi morir. A los asesinos hasta les tengo cariño, de vez en cuando sale en las noticias que han matado a los que atrapan en el acto, pero, fuera de eso, ellos cumplen una labor que me parece excelente; para mí que este mundo debería arder en llamas y ellos, sin saberlo, están ayudando a que eso pase. Quedan los que son sometidos a lo peor, la prostitución es la peor de las suertes para cualquiera de nosotros. La mayoría de ellos tiene partes humanas, el pene y la 10


vagina obviamente son muy importantes, pero utilizan inclusive a los que no tienen órganos reproductivos para muchas de sus asquerosas fantasias… Pues bien, me llevé a Tila para mi casa y le enseñé a expresarse mejor; al principio sólo sabía decir guiones sexuales que fueron programados en su mente, como si se tratara de una computadora, me imagino que no ha tenido ninguna interacción con alguien más que no esté relacionada con el sexo o la violencia. Hace una semana Tila hablaba sobre una niña que conoció siendo prostituta para François, más que decirlo lo gritaba entre sueños; sí, aunque parezca ilógico, creo que ella puede soñar. Esto puede tratarse de algo demasiado importante, es muy extraño ¿por qué de entre tantos seres que habitan este mundo yo tenía que toparme con Tila? Si ella podía soñar tal vez significa que muchos otros podrían volver a su mundo si desarrollan el nivel de conciencia necesario. Luego de que escuché lo que decía Tila mientras dormía, creo poder atar cabos sobre su origen. Al parecer Cécile, la niña de la que hablaba Tila, se trata de la misma niña francesa de la que abusó François y que terminó matando. Si esto es cierto, podría ser que Tila haya sido un sueño de esa pequeña, tal vez su mayor miedo era crecer siendo una prostituta. Ahora estoy sentado junto a ti, pidiéndote el favor de que me ayudes a llegar a François antes de que el dé conmigo. Hace poco que Tila desapareció, tengo la teoría de que sus sueños se hicieron más intensos y eso hizo que volviera al mundo del que vino; aun así, no puedo olvidar su historia y quiero vengar la muerte de aquella niña, me es difícil creer que el maldito de François haya seguido abusando de Cécile por medio de Tila incluso después de que ella muriera. Creo que lo que me pasó con Tila no fue algo fortuito, supongo que tenía que pasar, me sirvió para despertar y ahora sé que podemos volver a nuestra realidad…

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El Último Regalo de María Por César Augusto Cendales Jiménez

El prado está interrumpido por el cemento de las lápidas que parecen llevar estacionadas allí más de cien años. Pues, algunas de ellas están acabadas y con pedazos despegados de su diseño natural. El ambiente es gris, como el recuerdo de aquellos que ya no están con nosotros. Muchas tumbas están contiguas unas de las otras, la más especial es la de una escultura de un ángel que está de espaldas mirando a un punto fijo, donde está una tumba gigantesca. Las rejas marcan el espacio donde rezan los mortales para evocar los espíritus malditos. Era esa tarde de viernes, involucrados en nuestras pasiones malditas, gustos extraños y pensamientos degradantes, María y yo decidimos darle un giro radical a nuestra relación. Después de haber estado alejados dos años, las cosas por obvias razones no eran iguales. Así que, optamos por reanimar esta vida que nos hace ser uno solo... Infortunadamente. Apoyados por nuestra obsesión de siempre estar juntos y en la tarea de variar los contrastes de nuestras vidas, María me sugirió la noche anterior que fuéramos a un cementerio. Me exalté con una actitud muy sumisa, gracias a que ella suele tener una actitud bastante posesiva y respondona. No sé en qué momento se le habría ocurrido una idea tan loca, cuando uno asiste a un cementerio va a visitar a los muertos y en las peores situaciones, a practicar brujería. No pensé en un solo instante que quizá María tendría intenciones de hacer ese tipo de cosas malévolas, después de haberla conocido como una mujer de casa, aunque cabe aclarar que nunca terminamos de conocer a las personas. Mirar el trasfondo de su visita al cementerio fue un asunto que no me senté a analizar y es preocupante. Ahora que relato mi experiencia, analizar es una acción que hago todo el tiempo pero aún así decidí aceptar su propuesta. "La vida está enmarcada por el amor. Sin amor no hay vida, porque no hay locura, no hay espacios inolvidables, etc. El amor es un impulso y un motor", le decía yo cuando la cortejaba en el parque más cercano a su casa en aquellos tiempos de cielo despejado y atardecer caluroso. Ojalá nunca hubiese dicho eso, porque hoy 12


me doy cuenta que el amor es una trampa maligna. En fin, decidí arreglarme para ir al cementerio. Mientras ella se bañaba, yo me ponía mis zapatos negros, un pantalón gris, un abrigo del color de mis zapatos, una camisa informal y una bufanda del color de mi pantalón. Salí a mirar el día que se volvía el generador de una sonrisa, confieso que el sol de la mañana me levanta mucho el ánimo y siendo más un viernes. Estando en el portón de la casa, ella salió con su vestimenta particular de siempre: Candongas del color de la blusa, un buso destartalado que parecía más un accesorio que una prenda de abrigar, un jean ajustado de color azul petróleo y unas botas que combinaban con las candongas. Caminamos hasta el cementerio, de aspecto degradante y triste, donde empezó nuestra tortura. Al llegar al cementerio, nos ubicamos al frente de la lápida más extraña que jamás había visto. Era una losa fúnebre compuesta de un ángel de más o menos un metro y noventa centímetros, lleno de sangre sobre su rostro en forma de un recién nacido bastante tierno. Ella sacó de sus bolsillos una navaja suiza. Me pidió el favor de que fuese hasta el árbol más grande que crecía en el lugar y cortara dos ramas grandes. Asustado por la tenebrosidad del lugar, me fui a donde estaba aquel árbol consumido por los espíritus malditos y corte las dos ramas de aquella planta que no tiene quién la visite. Al desplazarme luego a donde se encontraba mi amada, la cabeza me empezaba a doler de tal manera que sentía que mi sonrisa se borraba del rostro, mi piel pasaba a ser pálida y denigrante, mi pelo no tenía la suficiente pigmentación y me sentía agotado. Entendí luego que el cementerio había sentenciado su lazo oscuro a mi alma. No me quedó más alternativa que salir corriendo en zigzag hasta donde estaba María y vi unos trapos de bebé extendidos en el piso contiguos uno del otro de manera circular acompañados de símbolos extraños mientras que ella estaba de espaldas. La agarré de los brazos y tenía puesta una máscara de cuero que tenia la estructura de una cara deforme. Cogió las ramas, hizo una forma de cruz plantándola al revés en el centro de los trapos y los símbolos, tomó la navaja y acercándose a mi rostro, cortó parte de la piel cerca a mi ceja para recolectar mi sangre. 13


Estaba tan adolorido del cuerpo que no me fijé en que tanto me ardía la herida, me extendí en el piso mientras gritaba: - “María, hermosa ¿Qué estás haciendo?, no siento mi cuerpo”. Ella respondió: -“Lo mejor para los dos… nunca olvides que te amo”. Confundido y borracho de malas energías, solo miraba lo que realizaba esa mujer. María derramó la sangre sobre la cruz y botó algo de tierra de cementerio. Hizo un canto extendida en el piso y del cielo empezaron las nubes a tronar fuerte, la tierra temblaba y las lápidas se caían, miraba en aquel rostro tierno del ángel, piedad y entrega. Cerré los ojos con tenacidad mientras veía que María cada vez cantaba con menos fuerza. Me empezó a doler mi rostro, sentí una tortura absurda sobre mi espalda, las almas malditas me halaban para llevarme con ellas, me revolcaba en el piso mientras buscaba a ciegas a María, pero ya no sentía su presencia. Mientras me veía perdido en el prado del cementerio, recordaba todos los momentos que viví con ella. Venían a mi mente las reminiscencias de nuestro amor. Cuando la conocí en el campo abierto de pasiones gitanas y charlábamos de la vida, cuando ella se fue un día de repente sin previo aviso y del dolor decidí irme a tierras lejanas donde luego la volví a ver. De repente, se hizo mi amada eterna en el territorio de la luna y la estrella entre los mantos rojos persas y luego, se volvió a alejar de mi regazo. Recordaba lo desolado que era sin su presencia, pero también sabía su pasado nómada y disperso. Mientras el recuerdo se pasaba en mi cabeza en aquella tarde noche oscura, lloraba y gritaba su nombre. Seguían los momentos que pasaban por mi cabeza: Nuestro primer baile, las risas descontroladas, los besos más precisos, las peleas drásticas que nos separaron, los viajes paralelos, los abrazos reconfortantes, la química negada por ambos que ha podido existir. Empecé a llorar con más fuerza, mientras de mi nariz salía mucha sangre. Pasó toda la noche y perdí la memoria de todo lo que pudo haber acontecido con ella. A la mañana siguiente, me pude levantar con algo de ánimo. Tenía el pantalón roto, la herida seguía abierta y mi camisa estaba manchada en sangre. Estaba al frente de la tumba y no vi a mi mujer. Sólo veía los trapos de anoche envueltos como si salvaguardaran un recién nacido. Cuando levanté los trapos, vi a un bebé con el 14


rostro de su divina presencia.

No sé que alcance tenga la brujería, a tal punto de darme un hijo que sé y estoy seguro que yace de la descendencia de mi mujer por los ángeles llamada. Sólo espero, aunque sea, que ella siga paseando en mi mente y que recorra mi mundo, como el espíritu que ella es. La amo y confieso que cuidare de este regalo al que ella se entregó. Tal vez se dio cuenta que el irse lejos durante tantas veces me hizo mal, y quiso dejarme su presencia física en un regalo de carne y hueso. He muerto en vida con su despedida, pero puedo sentir tal vez y se lo confieso a ella, que no me cansaré de amarla por distancia absurda que nos separe, por marea que trate de alejarnos, no me iré de su lado, por la ira que me marque en su recuerdo, no dejaré de hacerle rituales. Búscame cuando quieras mujer, porque sabes que la vida nos ha destinado a estar juntos, aunque tú y yo no estemos de acuerdo. Cuidaré de tu regalo, como si fuese el último de tu vida.

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ARMAGEDÓN Por Jhoan Sebastian Hincapié Serrato La historia dice que una niña llamada Charlie clavó su puñal. Oh, una hoja sedienta de sangre dulce. Prometió a su proxeneta que le pondría un bebé, con la misma hoja afilada. Mientras quemaba su mansión con intenciones vengativas, sus ojos en el fuego y un remolino de humo, la hacían parecer diabólica y descarada. Las huellas en la nieve la guían detrás del cobertizo, recuerda cuando a través de una ventana presenció como tres Nazarenos con túnicas moradas desgarraban las flácidas carnes de su madre. Se mira en el espejo derramando lágrimas saladas. Un espejo de cristal que da el reflejo de una lámpara con telarañas, un payaso que ríe, catalejos en bandejas de plata y una antigua mayólica. Cierra sus ojos, con la vejiga llena y un sentimiento etéreo, decide perseguir mariposas. Viajando entre la maraña del bosque oscuro, liderado por la luz cristalizada de las mariposas y la sonorización de las ballenas y antiguas almas de historias pasadas, emprendió su travesía. Resbaló en el barro, cayendo en aguas oscuras llenas de ojos brillantes como estrellas. Ha tenido muchas guías, algunas muertas, algunas vivas, algunas semejantes con los nombre pronunciables, otras, simplemente, una ilusión. Se encontraban en el último verano, el calor se filtraba entre los orificios de los árboles con telarañas. En el anochecer, tomaban el sol del suelo, cerraban los ojos y escuchaban la ornamentación, igual a una percusión natural, así era su acostumbrado ritual. Un campo de maíz quemado, un lugar triste de recordar, la historia materializada de un cuervo sin memoria, sus graznidos como bramidos que expulsa un estéril corazón. Su misión, la androginia. La identidad femenina impuesta, como dos olas cargadas de sal. Suscita el llanto de la trinidad, llora con tanta dulzura que hace pesados nuestros corazones, más el peso del tiempo, la tierra pierde su equilibrio y cae en las profundidades de moco industrial. ¡Oh, señor Christian! Permítame compartir mi más profundo desdén, ya sea apasionado o enigmático. Permita que sean afables todos mis gestos a vosotros. Hemos sido arrastrados por cabellos largos, arrastrados por nuestro anhelo de

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dar. Un ojo de cristal, una pierna de madera, un diente que brilla intensamente, esto es una evidencia de los ahogados, de los hundidos, que son ahora inmortales. ¡Oh dulce señor! Permítame descubrir mi torso, pues he sido arrojada al más oscuro rincón de violentas pasiones, de fallidos monarcas y furcias bastardas. Todo lo que he visto, es un sepulturero colgando siervos en los árboles con sogas, acompañado siempre de perros que sangran por la nariz. Mi cuerpo hace tiempo que dejó de brillar como cristal, tan solo se convirtió en materia ensamblada con lazos de cuero acentuando mis curvas amorfas. Un anciano sabio me heredó sus barbas blancas y poco abundantes,

cubren ahora mi rostro, su más sublime

agasajo. Usted puede fruncir el ceño a tales prendas inapropiadas, mostrando su desagrado para así anular la vergüenza. Cada voz, un objetivo. Como una flecha disparada hacia una esencia, un perfume único, un sutil aliento, una flor de un prado o un trapo con moho. La homogeneidad de lo mundano, roto por un milagro, un milagro que puede suceder cuando las salvajes glorias de un amanecer conforman el ensamble de una majestuosa melodía. Si tan solo, pudiéramos capturar un poco de la risa de las flores y volver a contarte todo a ti, el cielo podría convertir los enredos de torrentes grises en velos de seda tranquila de seres del mar, un mar azul lleno de historias eternizadas.

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Analfabeta de pensamiento Por Paula Juliana León Tovar Nadie me entiende, no me queda otra opción, lo tengo que hacer, tengo que quitarme esta maldición sea como sea, ¿si existe un dios me perdonaría por lo que voy hacer? Son tan malos, yo hago parte de los buenos o eso creo, la verdad de una u otra manera soy parte de ellos, es mi naturaleza, soy parte de la humanidad: qué tristeza, soy uno de ellos. Es una chica callada, prefiere andar en su cuarto sola sin nadie que le hable, la gente la cataloga como rara, no mira a los ojos cuando le hablas, siempre anda con una gorra de lana y una bufanda, como si ocultara algo en su rostro. Su voz es un misterio, muchos dicen que tal vez es muda. Nunca está más de cinco minutos en un lugar; la llaman “El espanto”; siempre que llega a un sitio, al momento desaparece, es curioso ¿saben? , me pregunto cómo una persona como ella llega a causar tanto de qué hablar y tanta curiosidad. Tal vez es porque nunca nadie ha hablado con ella, nadie sabe cómo es su rostro, lo poco que se puede saber de ella es donde vive; una casa blanca de dos pisos sencilla, pero bonita, con una puerta en madera grande y persianas gruesas oscuras que tapan todas las ventanas de la casa. Las señoras chismosas del barrio en intentos desesperados le han llevado a su casa todo tipo de deliciosos postres, pero no reciben respuesta alguna. Creo que no podrán morir en paz hasta saber de su vida o simplemente verle su rostro. Ni siquiera en su propia casa se siente segura su único lugar lleno de paz es su cuarto, en él hay miles de colores, flores, mariposas, luces por todo lado y un gran espejo en el cual se ve todos los días y sonríe una y otra vez, le gusta su sonrisa, pues dice que la única verdadera y sincera sonrisa es la de uno mismo. Creo que las personas que rumoran tanto de ella, al entrar a su cuarto cambiarían la percepción que tienen sobre ella, se darían cuenta de que es una chica alegre, pero no hay que tener cuatro dedos de frente para saber que esconde algo.

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Todos la juzgan por su actitud, la han llegado a catalogar de desadaptada, es increíble cómo pueden hablar mal de una persona que ni siquiera conocen y que nunca les ha hecho nada. Lo que nadie sabe es que se llama Laura, es una chica callada, pero dulce, tiene un rostro hermoso; ojos color miel grandes, con las pestañas largas unas cejas casi perfectas. Su sonrisa es resplandeciente y sus labios rojos y carnosos. Pero tiene miedo, un miedo poco común, un miedo que la hace actuar de tal forma, un miedo que sin querer le hace tener dos personalidades: una fuera con todo el mundo y otra dentro en su cuarto sola. Le tiene miedo a la sociedad, ¡sí! a la sociedad…más que miedo es pánico. Es como si al claustrofóbico lo dejaran encerrado en un ataúd, o al que sufre de acrofobia lo pusieran en la cúspide de la montaña más alta del mundo. Laura tiene una virtud, ella puede leer el pensamiento de los demás…cuando era pequeña le encantaba este don, podía saber las respuesta de los exámenes tan solo leyendo la mente de su profesor, o saber cosas del chico que le gustaba para así poder conquistarlo. Pero a medida que va pasando el tiempo, la mente se corrompe, uno logra entender muchas cosas, que antes no entendía o simplemente ignoraba. Muchos quisiéramos tener este poder pero la pregunta es ¿sabríamos manejarlo o nos volveríamos locos? Laura no está loca por esconderse y apartarse de la sociedad, tal vez se dio cuenta de cómo son las personas , vio los alcances que tenemos los seres humanos y cómo podemos llegar a ser tan hipócritas y solapados, siempre se pregunta ¿cómo siendo de la misma especie nos deseamos el mal unos a otros? ¿Cómo dentro de una persona puede haber tanto odio y resentimiento? Laura soy yo, soy diferente y única ante las demás personas, si pudiera pedir un deseo sería el de no ser humana, el de no pertenecer a esta sociedad. Por más que lo intente no logro dejar esta maldición atrás, nadie me entiende, no me queda otra opción, lo tengo que hacer, tengo que quitarme esta maldición sea como sea, ¿si existe un dios me perdonaría por lo que voy hacer?

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Son tan malos. Yo hago parte de los buenos o eso creo, la verdad de una u otra manera soy parte de ellos, es mi naturaleza, soy parte de la humanidad qué: tristeza, soy uno de ellos. Tengo miedo de esta decisión, no sé si soy muy valiente por decidir quitarme la vida o muy cobarde por no afrontarla, solo sé que llegó la hora, me acuerdo de todos esos pensamientos malos y me lleno de fuerza, vuelvo a recordar porqué estoy con esta soga en mi cuello, no quiero ser parte de esta humanidad. Dejó caer la butaca y pensó “por eso las personas son analfabetas de pensamiento, para no leer fragmentos que matarían sentimientos”, y por primera vez en su vida dejo de leer pensamientos, por primera vez en su vida se sintió en paz. Esta fue la carta que dejó mi compañera Laura, la del cuarto de al lado, todas las noches gritaba mucho y por eso nunca le quitaban su saco de fuerza, pobre jajajajajajajaj, si hubiera sabido que era yo que le hablaba por un hueco de la pared…

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APÓCRIFOS DE LA REALIDAD Por Santiago Molina N. Ya estaba cayendo la noche y David se estaba cambiando de ropa para volver a salir. Un hombre soltero y ejecutivo de 35 años que vive solo en un apartamento suficientemente grande como para una familia entera. Una persona que vive en el mundo del jet set de una ciudad capital como él debe cuidar mucho sus actos para conservar la misma imagen de siempre, y eran estos medios de información dedicados a la farándula que se preguntaban por qué este hombre no tenía una relación estable con alguna de las muchas mujeres con las que lo habían visto. En el día trabaja en una empresa bastante reconocida a nivel nacional en un puesto que muchos envidiarían sobre todo por el sueldo que es bastante generoso; debido a su trabajo, David es muy reconocido y constantemente va a reuniones y comidas con los personajes más sobresalientes del país. En la noche llega a su casa y un par de veces a la semana se alista para ir a un bar de al lado. Un pequeño establecimiento que abre sus puertas todas las noches solamente hasta media noche y está ubicado en un pequeño callejón de Chapinero donde casi nunca llega la luz.

David sale de su casa con su traje, su reloj y sus mocasines con el ánimo de entablar una conversación formal con alguien. El bar esa noche estaba bastante vacío lo cual era de esperarse teniendo en cuenta que era martes y no mucha gente sale de su casa, pero sin embargo había un par de mesas ocupadas. 21


Flotaba un olor muy fuerte a cigarrillo a la entrada pero adentro este olor se mezclaba con el de la comida rápida y el alcohol. Llega a la barra y pide lo mismo de siempre al barman: una cerveza importada de alta calidad que aunque es costosa, a él poco le preocupa eso. Mientras se la traen se da la vuelta y mira quién hay en el bar, hace un barrido lento y cuidadoso por cada una de las mesas, pero antes de que su cuerpo dé toda la vuelta se encuentra a un joven de más o menos unos 25 años al lado suyo en la barra; lo mira bebiendo una cerveza que está a punto de terminar con un plato de papas fritas. David le pregunta si le puede comprar otra cerveza y el muchacho un poco extrañado acepta. Llegaron las cervezas y también llegó la conversación, David llevaba ya más de tres horas hablando con este joven que estaba muy interesado por la persona que acababa de conocer. David pidió un par de cervezas más hasta que se sintió en confianza de invitarlo a la casa para que terminaran de conversar ya que ésta no quedaba muy lejos del sitio.

Llegaron al apartamento y pasó lo que tenía que pasar, los dos estaban invadidos por el alcohol y el gusto del uno hacia el otro era demasiado fuerte y evidente. Tuvieron relaciones más de una vez esa noche hasta que el cansancio y el estado de embriaguez vencieron al joven que cayó profundo en la cama de David. David, también agotado pero no lo suficiente, se paró de la cama y fue a la cocina por un vaso de agua y un cuchillo. Bebió dos vasos de agua y se dirigió con el 22


cuchillo al cuarto, veía el cuerpo desnudo del joven y pensaba que sería una pena matarlo, pero debía hacerlo. Lo arrastró mientras dormía hasta el baño donde el piso era solo de baldosas y eran fáciles de limpiar una vez acabara con su labor. Lo mató y lo desmembró rápidamente antes de que amaneciera. Empacó los restos mortales del joven en diferentes bolsas negras, las metió al carro y las depositó en varios basureros de la ciudad para que luego la policía no encontrara pistas suficientes para dar con él. Volvió a su casa, lavó el baño y se acostó a dormir. Había pasado una noche de pasión con otro joven que nunca se imaginó que iba a ser su última noche; la razón por la que David hacía lo que hacía es porque era una persona tan importante en la sociedad que nadie podía saber la realidad, de lo contrario sería crítica de todo el mundo y su reputación se iría al piso. Este hombre que nunca había tenido el valor suficiente de afrontar sus gustos, era presa de sí mismo. Amaneció y David había dormido apenas dos horas, se levantó de su cama y mientras se bañaba pensaba quién iba a ser la víctima mortal con la que iba a disfrutar unas horas de pasión esa noche.

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Andrea Por Paula Moreno "Ella se ha puesto color en las pestañas ..." en realidad no, porque nunca se quita el maquillaje de los ojos completamente, quizás porque así ahorra tiempo antes de salir de su casa, solo trata de abrir bien los ojos para esperar ese autobús correcto que se la ha de llevar de su mañana, todo está oscuro pero eso no quita los minutos que pasan y van haciendo de la mañana otro día que pasa a ser más tarde, con menos hora, quizás podría tener un cielo más claro, sin esa capa de nubes, pero no, se pregunta por qué el tiempo no le pasará rápido cuando quisiera que así fuera, "será la relatividad de Einstein?... que importa, Einstein tiene huevo". Ella es Andrea, tiene un nombre común, casual, como de que nada pasa por aquí, pero en realidad pasa más de lo que debería. Andrea madruga porque le toca, claro, se despierta y no toma tinto, pero toma té, sueña con despertarse un día más como a ella le gusta, a eso del mediodía y ver que todo está casi perfecto, en poco orden pero con sensación de paz y tranquilidad y eso que hace que no piense en más cosas que un día diferente a todos. Andrea no ha presenciado los mejores días de su vida o los de los demás porque generalmente ella anda sola, eso puede que la obligue a evitar darle importancia a los demás, esas personas que podrían generarle momentos o personas importantes e inolvidables, pero entonces su escape es ver esas películas que la hacen llorar, esas que despiertan la sensibilidad que parece enclaustrada, esas que con una toma, un plano, enfoque o escena expresan tanta melancolía que ella misma la experimenta y nadie entendería por qué le provocan llanto, seguramente es que pasó algo injusto, injusto como lo que a ella o a muchos les pasaría, entonces reniega "¿por qué así!?, la vida tiene huevo". Para ella los golpes de suerte existen pero realmente se da cuenta de que hay que hacerse merecedores de ellos como todo en el mundo: "dame y te doy". Andrea odia que le pongan ITA (Andreita) pero la gente suele hacerlo más seguido, como si la quisieran molestar intencionalmente. Andrea tiene diecinueve 24


pero a veces se siente de catorce porque hay días en que tiene miedo, no ese que se ve en el mundo externo sino por dentro porque ahí experimenta el vacío que se diferencia de ver el tiempo y de saltar desde lo más alto, pero trata de estar bien, de ser "todo bien" porque "todo va en la actitud" y no quiere llegar a su destino con cara de amargura, entonces finge. A Andrea hoy no le sirvió madrugar desde donde estaba; a pesar de haber salido antes que el sol, que ya hace varios días se empeña en no salir para ella, entonces Andrea sueña susurrando despacito que “el sol debería quedarse como un sol de medianoche en Finlandia” porque se ha dado cuenta de que si sale, es preciso cuando ella duerme. Aún le faltan muchas estaciones pero tiene angustia, pero tranquilidad, pero expectativa, pero piensa que el tiempo definitivamente tiene huevo. Pero así es el tiempo, relativo, no sabe si lo es desde que ese tipo lo quiso así, o si ya venía elaborado y empacado al vacío, porque ver el reloj o el tiempo correr produce eso, impacienta, da nostalgia, alegría y a veces da ganas de matarlo. Andrea espera que las próximas horas no se sientan, que cierre los ojos y vea cositas alucinantes sin rosado que le den paz, que vea esas cosas irreales que le gustan, esas cosas que la vida debería dejar ser, debería, porque nadie las conoce, sólo ella cuando cierra los ojos y quiere perderse ahí y no volver a estar condicionada por unidades de tiempo, pero Andrea lo hizo, miró el reloj y le produjo "me preocupa pero me vale..." pero no le vale, ahí es cuando recurre a la auto-ayuda, como cuando se pierde algo de mucho valor y da nostalgia pero por dentro se quiere creer que no es para tanto, que no importa, que no era tan valioso pero en el fondo sabe que sí y mucho. Andrea prefiere no hablar de personas concretamente, sólo habla de los momentos, objetos, escenas e imágenes que hacen que para ella una persona exista, porque siente que si habla de dichas personas, entonces sería pérdida de tiempo, porque las personas son efímeras, se pierden con el tiempo, entre las manecillas del reloj, se quedan ahí o pasan tan rápido que se olvidan porque el tiempo no se devuelve. Andrea es solitaria aunque crean que es sociable, claro, se toma unas cervezas entre la gente, hace trabajos de la universidad en grupo y se 25


ríe, hace chistes, porque se distrae y soledad se va cuando hay compañía, suena obvio pero no lo es, porque a veces la soledad quiere quedarse e insiste tanto, que no deja que nadie se acerque. Por eso ella ahora sigue alucinando sus cositas que deberían existir. Sigue pensando en despertarse tarde y en no sentir angustia ni tiempo. Andrea esta mañana no quiere llegar pero queda sólo una estación, no importa el tiempo, aun así es angustioso y deprimente y da ganas de vomitar, que desagradable ¿no? pero bueno, llegó tarde tal como supuso, Andrea mira hacia todos lados y se da cuenta de que la gente tiene cara de aburrimiento mezclado con resignación porque

no

pasa

está empezando

nada

a pasar

nuevo en

la

y

la monotonía invade

vida

de

ella,

nada

sus

vidas

nuevo

como

pasa,

se

ven tan normales... pero Andrea no es normal, aunque tenga nombre normal y aparentemente

se

vea

normal,

ella

tiene

sensaciones

diferentes, pensamientos con contenidos diferentes mínimamente unificados y la boca le sabe a lo que alucina. Andrea es muy particular dicen sus conocidos, las personas que la distinguen, que en su mayoría son varones, porque en realidad para ella casi todas las niñas le aburren, hablan de sensibilidad excesiva, de amores frustrados, de canciones dedicadas y de cosas muy rosas y Andrea detesta ese color. A Andrea le gusta cómo se expresan los hombres, le gusta reírse de las vulgaridades que dicen, de la forma en que se refieren a esas niñas rosas, que quién sabe un día de estos resulte siendo una de ellas... uno nunca se imagina dicen por ahí, pero bueno, ella siente más sinceridad de parte de ellos. Andrea dice que cuando un hombre quiere a una mujer por ser como es y no finge estando con ella para impresionarla, es porque en realidad le agrada, no será seguramente un hipócrita o un cretino, ni tendrá deseos escondidos de tener sexo con ella porque seguramente ya lo habría dicho, para ella esas sí que son ventajas, no le importa la falta de sutilidad porque a ella le gusta y a ella le falta también de eso, a veces le dicen que es un niño atrapado en el cuerpo de una mujer por fría, por directa, por poco sutil, hasta por odiosa dicen, pero ¿dónde

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dice que lo niños son odiosos? Esas son cositas de niñas extrañas, Andrea es una, pero muy en el fondo. A ella le gustan los dulces, no como regalo, sino porque son dulces, porque le gustan y cuando los pone en su boca ella siente como si se detuviera el tiempo, como si sus papilas tocaran el cielo con la lengua, porque se relaja tanto que no escucha nada, es ella y el dulce en su mundo estimulado, su sistema nervioso estimulado. Andrea no podría explicar aquella sensación porque la boca le saliva tanto que vuelve a perderse y no coordina, no reacciona. Ella es Andrea, no tiene conclusión, pero alguna de sus historias le podría dar un final interesante, interesante como ella. No tiene conclusión no porque siga viva, sino porque es impredecible desde la punta del cabello que cae a la mitad de su espalda, hasta la punta de los dedos de sus pies pintadas de azul rojo, verde a veces amarillo... cualquiera. Sol Solecito Andrea hoy cruzó la mirada entre tantas voces y tantos pensamientos para encontrar el sol en la ventana y no sentirse tan sola, pero aunque éste no se asomó, al devolver sus ojos se le atravesó la mirada de Sergio, que entre tanto hablar y reír con los demás se le ensordeció el salón por cinco segundos en los que sintió que los ojos grandes y oscuros de Andrea le dilataron el corazón, esa noche Sergio le dijo a sus secretos que hace mucho no sentía el corazón tan rojo. Mientras tanto Andrea no le dio importancia, ella sintió que ese joven que le sostuvo la mirada hizo la vez de sol que buscaba cuando quiso ver por la ventana, porque sintió que estaba ahí, que existía en ese espacio, pero no fue para más porque ni siquiera sabía su nombre, ni necesitaba saberlo. Veían algunas clases juntos pero nunca se sintieron, Andrea por andar sola y no mirar a nadie, y él por tantos amigos que quizás le tapaban la vista. Pero así pasaron más días, más momentos, más miradas que luego se tornaron saludos acompañados de sonrisas con sensación de vacío y de no saber qué responder. 27


Quizás Sergio pensaba que las sonrisas la harían decir algo más que hola, pero Andrea no diría nada porque no está acostumbrada a dar primeros pasos, mucho menos tratándose de un hombre que cada día roba una sonrisa o una mirada y a su vez le devuelve algo más que un “hola, ¿Cómo estás?”. Suele pasar que se lo encuentra en todos lados y entonces Sergio ya la espera sentado en el salón casi contando sus pasos hasta el asiento donde se sentará a tomar clase queriendo que sea un poco más cerquita de él, de pronto Andrea cruza la puerta y Sergio siente cómo un capullo deja volar la primera mariposa, que bate tan fuerte sus alas que lo hace despertar, y se da cuenta de que tanto desear verla ha prolongado su sueño y se ha hecho tarde: no alcanzará a llegar. Mientras tanto Andrea trata de no sonreír mientras recuerda la presencia de Sergio, mientras desea estar dentro del salón y cruzar dos palabras que no hagan evidentes sus ganas de decirle más, y que no hagan que su razón pierda conexión con su corazón, y así se esperan el uno al otro sin saber si algo más podría pasar, Andrea siempre predispuesta pensando que no sería posible y él queriendo que le responda a su “hola, ¿cómo estás’” algo como “bien gracias, enamorada de ti ¿y tú?”. Andrea & PARIS Andrea y Paris. Andrea no ha ido a Paris, no ha atravesado el Mar Atlántico once horas para ver la que para ella es su máxima maravilla terrenal, pero cuando piensa en estar allá, en momentos en que alucina y ve en su imaginación esa Torre Eiffel vuelve y suspira; y en su mente dice “algún día”. Sí, Andrea algún día irá a Paris, llegará en la noche, agotada, pero con todas las ganas de apenas bajar del avión correr hacia la Torre y encaramarse en ella, el frío no será problema porque a ella le gusta, quizás porque cuando sus manos están frías el colorín de sus uñas resalta más y por lo tanto, puede sentirse más viva, puede incluso hasta subir su ánimo, a ella no le importa el frío en las manos, por eso no usará guantes el día que llegue a Paris, que seguramente será en invierno. Ella querrá estar allá caminando hacia su trabajo, ese que probablemente tendrá luego de buscar en muchos lugares, porque le encantará tanto París y el frío, que se 28


querrá quedar. Ella quisiera caminar por las calles sin saber hacia dónde va, solo porque se deleita los sentidos tratando de leer los labios que seguramente dirán “lindas frases”, por aquello de que suelen decir que tal idioma es ”la lengua romántica” o “del amor”, pero en realidad para Andrea eso de un lenguaje de amor no debería ser hablado, es más, ni siquiera lo es porque lo que dicen las palabras lo pueden borrar los actos, en cambio los actos no los borran las palabras por que las palabras sólo son eso y quedan en el aire para ella. Para Andrea el amor es tan subjetivo que el día que vea la Torre Eiffel va sentir mucho amor, por el hecho de verla, de la combinación sensacional con el frío, con la noche, con los colorines de sus uñas y sus manos blancas, justo apenas de haber bajado de un avión en el que atravesó el Atlántico por once horas sin dormir, sin contar el tiempo porque para ella ir a Paris no merece estar condicionada al desagradable tiempo que tanto odia. Para ella debe ser perfecto, sino, sería como querer estrenar su nueva cámara, ver una hermosa escena y no tener película al alcance que capture lo que le produjo ganas de no perder ese momento, sabiendo que si se moviera del lugar no sería nunca más igual, eso sí que sería desagradable. Amor para Andrea será saber que puede ser la última vez que suspire y piense en “algún día”, porque para ella deshacerse de los “algún día” cuanto antes, mejor. A Andrea no le hará falta ser adinerada, ni ser empleada de una prestigiosa compañía para ir por trabajo, ella irá porque es amor, deseo, ganas de ver lo que no ha visto y que sabe que no verá nunca en otro lugar, para ella París es más que un continente lejano, un país, o solo París, la capital de Francia; para ella es un acto de amor ante sus vidriosos y perplejos ojos y su silencio ante tanta belleza, es amor mezclado con felicidad, ansiedad y una recompensa, un respiro a tantas cosas injustas que suelen pasar a su lado, a su monotonía, a su a veces triste vida y restringida libertad interior por el tiempo.

Andrea: Martes Antes de las 8 am Andrea estaba lista. Se había levantado más temprano, con el pie derecho y una sonrisa enorme en los labios. Ese día Andrea sorprendería sin mucho hablar. Puso un poco de maquillaje en su rostro sin saturarlo, se colocó sus 29


pendientes, los que trajo de París cuando sintió que se había enamorado por primera vez, y había sido de un país… hasta que vio los ojos de Sergio en clase, se puso el perfume que siempre tenía ahí, que sólo usaba para ocasiones especiales, ese que hasta pensó que se evaporaría de tanto guardarlo. Nunca pensó que lo usaría para que quizás Sergio lo notara, pero sabía que lo iba hacer. Sergio quiso durante meses decir algo respecto a los ojos de Andrea, a su pelo, su boca, su silencio, pero no lo hizo, pensó que perdería el tiempo, que la respuesta que quería escuchar al preguntarle “¿cómo estás?”, nunca sería más que otra sonrisa, otra mirada que no trascendía, en muchos momentos deseó que supiera por telepatía quizás, que no necesitaba decoraciones, ni aromas, ni maquillaje incluso ni siquiera hablar, que no necesitaba palabras, que quizás un abrazo o un beso responderían las dudas que su corazón trataba de desconectar de la razón, pero que no lo lograba por su predisposición de pensar algo de lo que no tenía idea. Estando en clase la miraba, se concentraba en sus movimientos y cuando hablaba sentía que iría corriendo a decirle que ahí estaba. Andrea entre tanto siempre pretendía hacerse la ciega, evitaba mirarlo porque la enloquecían las mariposas que agitaban cada vez más fuerte las alas. Entonces coincidieron… él llevó una flor sin saber que a ella no le gustaban, y ella pensó estar segura de su poco gusto por las flores, bastó dar un paso para abrir la puerta y descubrir que estaba nerviosa, que le costaría mucho, y que si algo salía mal iba a doler. Sergio llegó a clase, como de costumbre se sentó en el puesto del lado superior izquierdo, pues la ventana estaba a la derecha y Andrea disfrutaba de ese lugar, porque se distraía con cualquier cosa que pasara por ahí. Mientras llegaba Andrea Sergio pensaba mil palabras nada clichés para que ella confiara en sus palabras, pero pensar que entraría en cualquier momento le hacía subir la mirada e imaginarla de mil colores, de mil sabores, olores, con mil sonrisas y efectivamente así la vio entrar con una sonrisa dirigiéndose a él, tan impactante que sintió como un terremoto le volteó el mundo. En ese momento Andrea trato de decirle algo como “ yo ….yo” que más bien sonó como un susurro, a lo que él ofreció la rosa y sólo respondió – yo también- con voz temblorosa y un poco ruborizado porque 30


sus amigos lo observaban, entonces dejaron pasar la clase mientras ambos pensaban cómo explicar cosas de cada uno, como por ejemplo por qué Andrea era callada y solitaria, por qué comía dulces, por qué se distraía, y por qué le sonreía tan efusivamente, o por qué él no dejaba de mirarla, por qué había dejado de hablar tanto con sus amigos cuando lo conoció, porque se había vuelto tan callado como ella. Al finalizar la clase, él se acercó a ella y le pidió la hora recordando que era un tonto por haber dicho algo tan cliché, como no quería. Pero Andrea sonrió y dijo “odio el tiempo, pero si quieres empezar por ahí, no quiero saber en qué momento te besaré porque hay dos posibilidades: si no lo hago… simplemente sé que tendré que hacerlo.” Y se hizo el beso, ese que hizo sus corazones más rojos que nunca.

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Cárcel y refugio Por María Katherine Orjuela Ramírez

Estaba atrapada, mares de sentimientos, recuerdos, pena, dolor, impotencia y tristeza, una tristeza tan infinita que la tenía sumida en ella hace más de un mes. Ángela una mujer activa, luchadora, emprendedora, con muchos sueños y un futuro muy prometedor por delante ahora se encontraba en un cuarto sin recibir nada de nadie, encerrada en una cárcel mental donde no se sabe si los recuerdos son los que hacen daño o los que castigan el alma. Su dolor era inexplicable, el mundo que hasta el momento conocía había dejado de existir y ese día, uno como cualquier otro, no lo fue, ese día la vida le arrebató lo que más amaba, su hijo. Ángela constantemente se culpaba por la muerte del bebé, todo el mundo le decía que el accidente ocurrió, ella no estaba en casa, ella no habría podido hacer nada, lo que nadie sabía era por qué no estuvo, por qué no llegó a tiempo. Ángela había crecido aparentemente en un hogar perfecto, pero su vida había sido un martirio desde la niñez, desde los cinco años vio como su padre golpeaba a su madre y desde esa edad tuvo que empezar a madurar, a pesar de los grandes esfuerzos de su madre por evitar traumas en ella por darle una infancia feliz Ángela había crecido con muchas frustraciones; a la edad de 15 años empezó a consumir psicoactivos debido a la cantidad de dinero que le daban sus padres y lograba ocultarles esto pues ellos nunca estaban en casa, la dependencia empezó a apoderarse de ella, las reacciones psíquicas y físicas eran cada vez más fuertes, cada dosis era como un respiro, empezó con el opio masticado, siguió con la cocaína, cuando sintió que no era suficiente empezó a inyectarse heroína, llegó al punto de comprar analgésicos cuando no lograba que sus padres le dieran más dinero. Dominico la mira, la contempla, la ama, la lleva a su cama. Por fin se quedó dormida. El último mes ha sido así: largas horas de llanto, de gritos, de sufrimiento, hasta que el sueño la vence y se queda dormida. Su sueño es tan profundo que la carga desde el cuarto del bebé hasta el suyo y ella no se despierta. Mientras la ve dormida, recuerda aquella vez cuando la conoció, lo 32


primero que vio fueron sus ojos claros y frescos como el mar, en ellos encontraba toda su historia, se veía sufrimiento oculto en rumbas y drogas, pero él vio mas allá, vio a la mujer, a la niña,

esa persona que él no sabía iba a amar

interminablemente. Esa noche la invito un trago, hablaron, de hecho ella habló y mágicamente fue como si con él la puerta de la realidad de su vida se abriera y eso, su verdad y emprendimiento fue lo que lo enamoró. Los días siguieron se llamaban, se hablaban, se veían, se amaban. Ángela había dejado a un lado la droga, de vez en cuando recaía, pero él siempre estaba para levantarla y cuidarla así como ahora, sabía que si le quitaba las drogas iba a ser peor, pero le dolía verla consumida por ellas. Lo correcto era esperar dejar que el dolor sanara, que el alma dejara de llorar y volver a esos momentos felices en que la droga era desplazada por el amor. Ángela despertaba, no sabía en qué momento se había dormido, pero allí estaba su esposo esperándola con los brazos abiertos para cuando ella volviera de ese hoyo negro en el que estaba, ayudándola a levantarse, dándole su amor. Todo esto a pesar de que él también estaba hecho una maraña, él amaba a su bebé, pero también a ella. Ángela sabía que él siempre iba a estar, pero para ella era injusto que una persona como él estuviera a su lado. La imagen de esa noche no desaparecía, su hijo en sus brazos yacía, parecía estar dormido, pero esta vez no volvería a despertar y había sido su culpa. Ella sabía que salir con sus viejas amistades no era buena idea, y después de una larga discusión con Dominico se fue de casa sin decir nada. Pero él lo sentía, el sabía que esa noche no iba a terminar bien, que Ángela no era tan fuerte como para no aceptar la marihuana y que una vez probada haría cualquier cosa por conseguir más, y fue así como a las 12.30 lo llamaron no sabía quién era, lo único que sabía es que Ángela había desaparecido y que la última vez que la vieron estaba mal viajada. Dominico sabía muy bien dónde encontrarla, desde que la conoció siempre compraba allí, era un parque al lado de la caseta de perros calientes Ángela decía que en ese sitio la droga era muy buena y al precio justo. Él estaba solo en casa y no tenía a quien acudir para dejar a su hijo, pero tenía que ir por ella así que decidió llamar a Dana, una amiga de los dos, pero si la 33


esperaba se le haría muy tarde, así que decidió llevar el niño hasta casa de ella. Estaba tan preocupado que no se dio cuenta, en un segundo se pasó el semáforo y en un momento su coche había chocado con un taxi. El niño estaba en la silla de atrás. Un golpe muy fuerte como para resistirlo y él había quedado inconsciente. Meses pasaron, Dominico siempre la vería con los mismos ojos, con el mismo amor, siempre vería en ella esa mujer de la cual estaba enamorado. Día tras día buscaba una sonrisa, y poco a poco lo fue logrando, fue recuperando a esa mujer alegre de la cual estaba enamorado. Ángela reía, aunque el recuerdo aún vivía, pero su dolor se había callado un poco y sus heridas estaban cicatrizando, y el amor, ese amor de esa persona incansable que día a día hacía todo por ella eso era lo que realmente le estaba dando fuerzas para vivir.

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Los mil y un despertares Por Andrea Parra 6.30 am, despierto junto a mi perro Max, vuelvo a mi realidad, postrado en una cama sin poderme mover, dependiendo de la compasión de mi esposa; cuánto quisiera volver a ser el de antes. Mariana mi esposa ya no es la misma, la siento distante y alejada de mí, pero con razón, ¿Quién va querer estar con un parapléjico que depende de alguien para sobrevivir?, creo que nadie. La conocí hace quince meses, trabajaba en mi restaurante como mesera, al principio la vi con mucho respeto y como una empleada no más, pero poco a poco fui conociéndola y la empecé a ver como una mujer, la mujer deseada y admirable. Salimos durante seis meses, me enamoré completamente de ella, una artista con ganas de vivir la vida, emprendedora y ante todo muy hermosa. Sin más remedio decidí proponerle matrimonio, tenía dudas, estaba confundido; ella era muy joven, veía la vida de otra forma, una forma libre y sin compromisos. Llegó el miércoles por la noche, la anhelada fiesta en Quiebra Canto, unos amigos de Argentina y Brasil habían llegado la noche anterior y decidimos pasar un rato por ese sitio. Después de unas copas de tequila mi cabeza empezaba a dar vueltas, salí a fumar un cigarro y una voz a mi lado me preguntó, amigo, ¿esa es tu mujer?, gire mi cabeza y ahí estaba ella, hermosa como siempre y acompañada como nunca, estaba en los brazos de mi mejor amigo. Pasaron diez minutos y todavía no salía de mi shock, ellos seguían en la situación pasional que tanto yo temía. Entré, como si no hubiera pasado nada, la miré, me acerqué y la saqué a bailar. Los primeros cinco minutos no hablamos y le pregunté “¿hay algo que me quieras decir?” Ella no me dijo nada, su silencio respondió todas mis dudas, volteó su cuerpo, salió caminando, le agarró la mano a mi “amigo” y se marcharon. Dos semanas después, me la encontré deprimida sentada enfrente de mi casa, llorando me dijo: “nunca debí dejarte esa noche, ¡perdóname!” Aun mi amor por ella seguía, era obvio que mi respuesta fue un sí rotundo, la levanté del piso e hice que me prometiera que estaría junto a mí toda la vida, en ese mismo instante sin 35


pensarlo le pedí matrimonio, ella, con una gran expresión de felicidad, me dio un abrazo y susurrándome al oído dijo: ¡para toda la vida! La boda la realizamos una semana después, a los quince días pasamos a vivir a un aparta estudio ubicado en Chapinero, no muy lujoso ya que el sueldo de los dos queríamos invertirlo en viajes. En ese momento lo que pensamos que era más económico terminó siendo lo más trágico y lo más costoso. Nunca imaginé que el día en el que le iba a decir a mi esposa que tuviéramos un hijo, que ya era tiempo, pasaría lo peor para mí. 10 am, nuevamente despierto, siempre sueño lo mismo, no quiero más, los sedantes cada vez son más fuertes y hacen que yo viva en el mundo donde ya no quepo, llamo a Mariana y no me contesta, junto a mi cama encontré una nota que decía: “fui a verme con unas amigas, llego mas tarde. Te amo”, esas palabras frías y sin sentimientos son las que ahora Mariana me escribe, en ella ya no caben sentimientos de amor, sólo de compasión y lástima. Cogí un taxi dirigiéndome al restaurante donde Mariana me estaba esperando, el conductor era un señor ya de edad, se llamaba Aristóbulo, era conversador y muy buena gente. De la nada empecé a escuchar gritos y el carro empezó a dar vueltas y chocamos, es lo último que recuerdo. Desperté en una habitación completamente blanca, conectado a muchos aparatos, escuchando un sonido tan fastidioso “pi…pi...pi...” Tenía mi cabeza vendada y me sentía muy agotado. En ese instante llegó una enfermera y emocionada gritó “¡Doctor, ya despertó!”, estaba confundido, no sabía lo que pasaba en mi vida, desesperado le pregunté al doctor “¿Qué me pasa? ¿Dónde estoy?” “Tranquilo, sufriste un accidente trágico hace dos meses, quedaste en coma y acabas de despertar”. Claro, ahora recuerdo las voces gritando y el carro dando vueltas sin parar, ¿Dónde está mi esposa? ¿Por qué no me puedo mover? ¿No siento mi cuerpo? ¿Qué me pasaaaa? Esas preguntas frecuentes eran las que rodeaban mi adolorida cabeza. Pasaron días, los más largos días, Mariana no aparecía, no sabía nada de ella, de repente llega de la mano de mi mejor amigo, riendo y feliz como nunca la había visto, ella no sabía que ya había salido del coma, que ya estaba consiente, el 36


doctor le explica y ella cambia su cara totalmente, con preocupación y pena se acercó a mí y me dijo “lo siento, pensé que nunca más despertarías”. Dio media vuelta y se fue. Al día siguiente volvió y con lágrimas en sus hermosos ojos me pidió disculpas y me dijo que ya acabó todo con el que era mi gran amigo, que todo volvía a ser como antes, yo estaba parapléjico, mi columna rota en cinco partes, no tenía más remedio que decirle “ok, todo está bien, no pasa nada” 2 pm, otra vez, tercera vez que me despierto con una gota de sudor en mi cabeza, recordando paso a paso mi desgracia sin fin. No soy tonto, yo sé que Mariana en este instante está con el hombre que le puede brindar más cosas que yo, con mi mejor amigo. El único que en realidad me quiere y así no haga mucho, es mi gran compañía y amigo, Max.

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“PRESA” Por Dianne Pichón Hernández Bogotá, mayo 24 de 2012 En varias oportunidades fui presa de miedos, miedos creados en mi cabeza de nada que recuerde como algo en particular, pero no existe algo que se compare con el pánico que sentí y que siento desde ese 25 de enero, cuando sonó el teléfono de mi sitio de trabajo a las 9:00 a:m y era mi jefe solicitando mi presencia con urgencia en su oficina. Recuerdo que al entrar allí, encontré a dos hombres uniformados con chaquetas del CTI, quienes con esposas en mano y una orden de captura, me pedían los acompañara a la Fiscalía con una serie de acusaciones en mi contra que a la fecha no logro entender bien. En ese momento empezó el verdadero miedo en mi vida… Ante los demás me he caracterizado por ser una mujer de empuje y carácter fuerte, pese a mi aguda voz a la que pretendo imprimirle fuerza cuando hablo, para darme la altivez que mi pequeña estatura me niega. Pero debo admitir con dolor, que soy una mujer de carácter débil, que sufre por los demás, pero contradictoriamente tengo un inmenso amor propio que a veces raya con la envidia, lloro con frecuencia y aunque tuve mil motivos para ser feliz, siempre soporté el peso del mundo a cuestas. Hoy estoy en el patio número 7 de la cárcel de mujeres, en espera de una orden de extradición y acusada de lavado de activos; sobreviviendo día a día en este oscuro lugar; a la defensiva, porque a mis desgracias debo sumar el acoso físico, mental, malvado y morboso de la que soy victima por parte de una de las reclusas: La Pipa. Una mujer agresiva, lésbica, desorbitada, que se impone día a día como la matrona del patio al que pertenece hace tantos años, que ella mima ha perdido la cuenta; ese patio que a partir de ahora es mi “hogar”…. hogar, que palabra tan dulce, tan cálida y tan inherente al ser humano y a la que casi nunca se le asigna el valor que en realidad tiene, esa es mi reflexión en este momento, en el que recuerdo a mi esposo, a mi hijo, mi cómoda cama, mi closet, mi llena despensa, lo que fue mi vida, lo que conformaba mi hogar. Hoy más que nunca añoro todo aquello de lo que en algún momento renegaba, porque siempre creí tener un

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motivo para hacerlo. Ahora, estoy sola, rodeada de muchas mujeres, pero sola, duermo en una fría celda, una incomoda y dura cama, pero lo peor no es eso… lo peor es vivir con la incertidumbre de lo que será el futuro, del paso lento del tiempo, de la lejanía de mi familia y la cercanía de la Pipa y su acoso constante. Como de costumbre los largos días son interminables, teniendo en cuenta que a las 4:00 am aún sin amanecer, debemos estar todas levantadas, arranca el riguroso conteo de reclusas y de ahí pasamos a las duchas de agua helada. La levantada realmente no es un problema, ya que me es difícil conciliar el sueño; rememoro cada momento feliz de mi vida y trato de hallar una explicación a la terrible situación que me trajo aquí, pero tampoco duermo porque escucho el llanto y el gemido de las reclusas, la oscuridad de mi celda es terrorífica y a mi imaginación llegan una cadena de imágenes sangrientas, y de dolor. Pero el verdadero problema hecho miedo, radica en el momento de pasar a la ducha, pues allí arranca el acoso de la Pipa; a veces acoso sexual, físico o verbal. En alguna ocasión, y lo recuerdo como algo que marcó mi vida, la Pipa me abordó en el baño, con sus 1.78 mts de estatura, su pesado y voluminoso cuerpo y un aspecto en el que es difícil a primera vista determinar el género sexual (si no estuviera en una cárcel de mujeres y diera por hecho de que todas deberían serlo, pensaría que se coló un hombre), me tomó con tanta fuerza, que a duras penas pude mantenerme en pie, me apuntó en la garganta con un puñal, mientras su otra pesada y grande mano, tocó mis genitales y al tiempo en un tono muy bajo de aliento fétido, me susurró al oído cuanta barbaridad se le ocurrió, aquel susurro que nadie podía oír pero que en cambio a mi me dejaba sorda. Entonces, desertó de la fila, y decido no bañarme, corro a mi celda y siento ganas de llorar, pero increíblemente con tan solo unos días en ese lugar y ya no tengo lágrimas, se han secado, así que llora mi corazón. Por cumplir con el reglamento del centro penitenciario, debo asistir al comedor donde una aguada y más fría que tibia aguadepanela con un duro pedazo de pan, son el desayuno, en unas horas vendrá el no más agradable almuerzo y después las sobras a las que llaman comida. En las horas intermedias a cada golpe alimenticio, pienso en mi pequeño hijo, en el gran amor que le siento, en su tierna 39


sonrisa ya sin algunos dientes de leche, en sus mejillas coloradas que contrastan con su blanca piel, y en los rizos de su cabello. De repente, un sentimiento de culpa me invade, culpa por aquellos días en los que salía muy temprano y mi niño aún dormía, y las noches en las que llegaba tarde y cansada y mi niño, también dormía. Así pasaron las semanas, los meses y los años en los que dediqué mi vida a un trabajo en una compañía que ahora me da la espalda, y que me tiene metida en este gran lio que con seguridad me va a quitar la otra mitad de mi vida. Mis días como alta ejecutiva de una empresa del sector financiero transcurrían entre análisis de mercado, números, cuentas, títulos valores, grandes sumas de dinero de importantes clientes a los que visitaba con frecuencia. Mi gran desempeñó laboral me llevó a ocupar uno de los mejores cargos dentro de la empresa, que como consecuencia me permitió aumentar mis ingresos personales. Vivía en el mismo pequeño y modesto apartamento de alquiler, en el que años atrás llegué con mi esposo a formar un hogar, pero ahora podíamos darnos ciertos lujos y nuestros gastos ya no eran tan limitados. Se supone que ese es el orden de las cosas, se arranca de abajo, y en la medida en que el esfuerzo y la dedicación se hacen constantes se ven los resultados. Siempre fui una mujer de grandes principios morales, pero la vida no es fácil, y la presión que ejerce la sociedad, los medios, tanta información junta, más y más de tantas cosas, son una locura. Por todo esto, y tal vez un poco de ambición o de afán de reconocimiento, inconscientemente cometí un error, no sé en que momento perdí el olfato y la visión para reconocer un buen negocio, y lo más importante… quien se encuentra detrás de él. Nunca me hice rica, como lo suelen ser los lavadores que a conciencia realizan este negocio, pero ahora estoy presa, en espera de una extradición, y los ahorros recolectados en mi vida laboral no son suficientes para pagar abogados y sobrevivir en la cárcel, lugar donde todo vale quince veces más de su valor real, sin contar con los chantajes de la Pipa y una que otra oportunista. Mi esposo y mi hijo me visitan cada sábado, los espero más ojerosa y más delgada que la última vez, sé que mi aspecto ya no es el de una mujer de 37 años, 40


y que por el contrario parezco una anciana de 73, la vida se me vino encima y de sopetón, sin darme el chance de prepararme. Me pregunto hasta cuando le durará a mi esposo, el amor o el compromiso, hasta cuando aguantará la rutina de visitarme cada ocho días y el largo proceso que debe hacer para entrar.

Ya ha pasado un tiempo, y aún no me acostumbro a este lugar; pero soy otra mujer, la vida y las circunstancias me han hecho cambiar, no sé si para bien o para mal, solo sé que ese cambio me ha hecho más fuerte como persona, por ejemplo: ya la Pipa no me agrede por todo y en todo momento, lo hace… pues su esencia es la maldad, pero ahora es un poco más precavida desde aquel día en el que, en una de sus encerronas, la sorprendí con una navaja que tuve que conseguir a un precio muy alto para mi protección. Yo estaba muy asustada y ella no se esperaba mi reacción, pero la adrenalina del momento, sumado a la rabia reprimida que tenía y que desahogué en ese instante, permitieron reflejar en mis ojos una seguridad desafiante, complemento de la firmeza en mi voz que me quitó ese halo de debilidad que me caracterizaba. Aun duermo a retazos, oigo llanto y gemidos y no termino de acostumbrarme a la compañía de las ratas que cruzan veloces por mi celda y que raspan con sus cortas patas las paredes; pero ya mis recuerdos y mi imaginación no son irrumpidos por aquellas imágenes sangrientas de dolor y sufrimiento, le he bajado el volumen al ruido de mi cabeza y el sórdido retumbe a música metálica, para subir el volumen a los violines y el jazz de mi corazón. Ahora tengo fe y esperanzas, y no sustentada bajo ninguna imagen divina, ni en ningún grueso libro, como suele pasarle a muchas reclusas, que después de cometer los más atroces crímenes se refugian en la palabra divina y dicen estar completamente arrepentidas y a un paso de la santidad. No, no es esa la clase de fe que siento, mi fe se sustenta en el equilibrio de las cosas, en la grandeza de mi corazón, y en la mejor imagen divina que me dio la vida: mi hijo. Mi caso, que parecía perdido, tomó un nuevo rumbo: se ha logrado comprobar que fui manipulada y poco a poco han caído los responsables, aunque mi ingenuidad y con vergüenza admito que mi servilismo, me harán pagar las consecuencias. 41


Mi hijo ha crecido, y entre mi esposo y yo estamos haciendo un arduo trabajo, para que él saque lo mejor de esto y se convierta en un hombre de bien, los dos me visitan con la misma puntualidad cada sábado y esa es la mayor alegría que puedo tener. Tomo clases de peluquería en la cárcel y los días que siguen siendo largos, ya no parecen eternos.

Fin

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Un Sentimiento Irónico Por Ileana Rozo Frente a la ventana estaba Rafael observando ese maravilloso clima que siempre le había encantado: cielo nublado con pequeños rayos de sol que en ocasiones, por el movimiento de las nubes, dejaban ver su color amarillo enceguecedor. Las calles estaban, casi vacías las palomas grises eran dueñas de aquella ciudad y Rafael, con sus ojos, seguía el rumbo de una de ellas, la única con manchas de color blanco en las alas y cola. Trataba de disfrutar el momento pero como un relámpago volvió a su mente el recuerdo de aquella aventura que lo deleitaba y atormentaba tanto. Sintió pasos acercándose, unas cálidas y delicadas manos cubrieron sus mejillas con la ternura que solo Antonia sabía demostrar. Sintió culpa, no quería ver los maravillosos ojos cafés de aquella mujer y tener que fingir que todo estaba bien su corazón. Se aceleró, sus orejas se calentaron y enrojecieron al igual que su cuello, la amaba y la necesitaba tanto que no podía concebir que en realidad cometió aquel acto estúpido. Cerró los ojos. Antonia giró su rostro y lo besó apasionadamente, él apenas movió la boca un milímetro, la tomó por los hombros e imaginó empujarla al vacío de la ventana. Descubrió un nuevo sentimiento hacia ella: la hallaba culpable de su sufrimiento por amarla tanto. Ya llevaba una semana llorando en silencio, sintiendo ese dolor indescriptible en el pecho a causa de una pequeña mujer de brazos gruesos, piernas flacas, con los cabellos rubios, desordenados y sucios. La conoció una tarde soleada en una cafetería. Él se encontraba tomando café y ella se acercó a venderle chicles y dulces, era una vendedora informal del centro de Bogotá. Al comienzo la ignoró pero ella insistió hasta que logró que Rafael girara los ojos a su rostro: de inmediato quedó impactado, le compró una caja de chicles y sin pensarlo la invitó a sentarse a su lado y ella no vaciló y aceptó. Se quedaron en silencio poco más de media hora, ella ordenó un chocolate y dos pasteles sin consultarle a Rafael, pero él no reparó en aquello, solo la observaba y detallaba cada centímetro de su rostro. Rafael estaba impactado, aquella mujer fachosa, ignorante y sucia atraía su atención como ninguna lo había logrado. No entendía que le ocurría, pero desde el

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primer momento en que sus ojos chocaron con ella sintió como si la conociera hace años, le atrajo todo de su cuerpo. Pagó, la tomó de la mano y la llevó a su casa; ella solo lo seguía sin pronunciar palabra. Llegaron a su casa e hicieron el amor como Rafael nunca lo había hecho, jamás se había sentido tan pleno como esa tarde. Ella parecía estar en otra parte, no lo miraba, no decía nada, simplemente observaba el techo. Apenas terminaron Rafael se levantó y la observó recostada en su cama marital, pero ni por un segundo pensó en Antonia, entro al baño y cuando salió ya no la encontró. Horas más tarde regresó Antonia y lo encontró “dormido”, se acostó a su lado y casi de inmediato calló en un profundo sueño. Él no durmió, toda la noche pensó en aquella mujer de la cual jamás supo su nombre. De hecho no le interesaba. Al recordar todo esto Rafael abrió los ojos y Antonia lo miraba fijamente y, de inmediato, le sonrió. Él no fue capaz de devolverle la sonrisa, la abrazó y luego fue al baño, se metió a la ducha y lloró como todos los días. Pensaba en Antonia y se sentía culpable, sabía lo maravillosa que era aquella mujer y decidió contarle la verdad, ya no podía seguir viviendo con aquel sentimiento. Salió la llamó con voz fuerte pero nadie respondió. Encontró una nota sobre su cama, Antonia lo había abandonado, tenía a otra persona. Rafael se sintió estúpido y alegre al mismo tiempo, era irónica la vida, él sufría por ‘hacerle daño’ a Antonia y ella lo besaba y le sonreía como si nada ocurriera.

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