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REVISTA SONRISAS

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POEMAS ÁRBOL De ti una sombra se desprende que la mía muerta parece si al movimiento oscila o rompe azulinas aguas frescas a orillas del Ánapo, al que vuelvo esta noche en que marzo lunar me incitó, rico ya de alas y de hierbas. No sólo de sombra vivo, que tierra y sol y dulce don de agua nuevos follajes te dieron en tanto yo me inclino y seco palpo en mi rostro tu corteza.


VIDA Vivir como una isla, lleno por todas partes de ti, que me rodeas ya presente o distante con un temblor de luz primera, sin pulir, sin arista de tarde, ni sombra de jardĂ­n. Y ĂĄngeles en espejos guardando tu mirada para hacerse verdades y noches estrelladas.


SÚPLICA Por hoy dame la mano para engañarme Dame tu cuerpo para saciar mi sed Por hoy sólo por hoy enséñame a mentir como te mientes cuando repites que únicamente el vuelo de un ave migratoria te une a mí


REFRANES *A casa de tu tia, mas no cada dia.

*A buen amigo, buen abrigo.

*Arco iris al mediodia, llueve todo el dia.


LEYENDAS La niña en la acera

Una pareja vuelve a casa en medio de la noche, después de pasear a su perro. Caminan entre calles y callejones pobremente iluminados, y al dar vuelta en una esquina, ven frente a ellos un par de bultos tirados. Se acercan para dar un vistazo y encuentran una mujer muerta, con la garganta cortada y en sus brazos una pequeña ensangrentada. La niña estaba muy pálida, pero no se apreciaba en ella alguna herida, pensaban que probablemente sufría hipotermia, pues era una noche fría. En una decisión apresurada el hombre la envuelve en su chaqueta y la toma entre sus brazos, mientras su esposa intenta contactar al servicio de emergencias. Pero, la batería del celular estaba muriendo y no pudieron completar la llamada, así que corren hasta su casa, para pedir ayuda desde ahí o tomar el auto para llevarla al hospital. En su frenética carrera de pronto el hombre se detiene, al parecer cansado, porque cae de rodillas al suelo, un charco de sangre rodea su cuerpo, su cara palidece, y en un momento suelta a la pequeña dejando al descubierto una terrible herida en su abdomen. Lo que acurrucaba en sus brazos no era simplemente una niña, sino un engendro maligno, que intentó comérselo vivo, mordiéndole las entrañas. La pequeña se quita la chaqueta de encima, sus ojos son más oscuros que la noche, y sonríe tétricamente mostrando sus múltiples hileras de afilados colmillos, y agitando sus sucias garras las clava en el pecho de la mujer. Más de 10 muertos en la misma semana, en condiciones similares, la policía no dijo nada convincente, pero la gente en las calles rumoraba que se trataba del espíritu de una


peque単a que arrojaron al basurero, y andaba buscando venganza, por aquel hecho.


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