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SALAZAR BONDY

Homenaje 90 años Alonso ALEGRÍA Gema ARETA MARIGÓ Mario BENEDETTI Irma LOSTAUNAU Ximena SALAZAR LOSTAUNAU Alejandro SUSTI Baldomero PESTANA Daniel CONTRERAS CASA DE LA LITERATURA PERUANA

Luis Jaime CISNEROS Jorge Eduardo EIELSON Paul FIRBAS Juan Luis GARGUREVICH José Miguel OVIEDO Mario PERA Sebastián SALAZAR BONDY Javier SOLOGUREN Félix TERRONES Mario VARGAS LLOSA Emilio A. WESTPHALEN

VALLEJ

& CO


SEBASTIÁN SALAZAR BONDY (Lima, 1924 - 1965) Uno de los más importantes escritores y periodistas culturales del Perú. Fue un escritor de amplio registro habiendo incursionado tanto en poesía como en dramaturgia, narrativa y ensayo. Fue uno de los primeros críticos culturales (de arte y de literatura) en el Perú, habiendo ganado el Premio Nacional de Teatro del Perú en tres ocasiones, en 1947, 1952 y 1965. Dirigió, a su vez, el Instituto de Arte Contemporáneo de Lima. Asimismo, ganó el Premio Internacional de Poesía León de Greiff de Venezuela, en 1960. Fue parte del staff editor del sello Populibros Peruanos, esfuerzo editorial en el que se puso al alcance del pueblo algunos de los más trascendentales títulos peruanos y extranjeros. Como periodista, trabajó en diversos medios tales como los diarios La Prensa y El Comercio, así como en las revistas Caretas y Oiga. Es autor de los poemarios (Cuaderno de la persona oscura o El tacto de la araña), novelas (Alférez Arce, teniente Arce, capitán Arce…), libros de cuentos (Náufragos y sobrevivientes), obras de teatro (Amor, gran laberinto, Rodil o El rabdomante), antologías poéticas (Mil años de poesía peruana) y ensayos (La poesía contemporánea del Perú o Lima la horrible), entre otros.


SALAZAR BONDY

Homenaje 90 a単os


SALAZAR BONDY

Homenaje 90 años Alonso ALEGRÍA Gema ARETA MARIGÓ Mario BENEDETTI Irma LOSTAUNAU Ximena SALAZAR LOSTAUNAU Alejandro SUSTI Baldomero PESTANA Daniel CONTRERAS CASA DE LA LITERATURA PERUANA

Luis Jaime CISNEROS Jorge Eduardo EIELSON Paul FIRBAS Juan Luis GARGUREVICH José Miguel OVIEDO Mario PERA Sebastián SALAZAR BONDY Javier SOLOGUREN Félix TERRONES Mario VARGAS LLOSA Emilio A. WESTPHALEN

VALLEJ

& CO


VALLEJ

& CO

sebastián salazar bondy. homenaje 90 años Primera edición: febrero 2015 © Vallejo & Co. © De los textos y poemas de autoría de Sebastián Salazar Bondy:

Irma Lostaunau Vda. de Salazar • Ximena Salazar Lostaunau

© De las colaboraciones:

Alonso ALEGRÍA • Gema ARETA MARIGÓ • Mario BENEDETTI

Luis Jaime CISNEROS • Jorge Eduardo EIELSON • Paul FIRBAS

Juan Luis GARGUREVICH • José Miguel OVIEDO • Mario PERA

Javier SOLOGUREN • Alejandro SUSTI • Félix TERRONES

Mario VARGAS LLOSA • Emilio A. WESTPHALEN

Edición:

Vallejo & Co.

Diseño de portada y diagramación:

Mario Pera

Fotografía de Portada:

© Baldomero Pestana

Prólogo y compilación de notas y fotografías:

Mario Pera

Con el apoyo de:

Publicación digital. Queda autorizada la reproducción de esta publicación, en todo y en parte, previa solicitud de autorización por escrita del editor.


Agradecimientos

El primer homenaje que realizó Vallejo & Co., fue dirigido a celebrar los 90 años del natalicio del escritor y periodista peruano Sebastián Salazar Bondy —SSB— (1924-2014). Se trató de una ocasión especial el poder retribuirle a este autor, las largas horas de maravillosas lecturas que nos ha brindado quien es uno de los más importantes escritores peruanos del siglo XX. Los homenajes de este tipo son una empresa bastante difícil de emprender, pues requieren de mucho tiempo y de diversas coordinaciones para lograr acceder a los archivos del autor homenajeado o al de quienes han escrito estudios o ensayos sobre él o su obra. En este caso, para la realización de la "Semana homenaje a Sebastián Salazar Bondy" por los 90 años de su nacimiento (1924-2014), Vallejo & Co. tuvo la colaboración y el apoyo principal de las herederas del autor, doña Irma Lostaunau, su viuda, y Ximena Salazar Lostaunau, su hija, quienes atesoran y preservan el legado de su esposo y padre, respectivamente, para el Perú. Gracias a ellas hemos podido tener acceso no sólo a múltiples notas periodísticas y literarias de SSB, sino también a las primeras ediciones de su obra poética, narrativa, ensayística y


[8] dramática, así como a un dossier de fotos más que importante, en el que podemos apreciar al escritor en facetas no sólo como escritor y periodista, sino como esposo, padre y amigo tan querido por todos quienes tuvieron la suerte de conocerlo. Ambas, doña Irma y Ximena, resguardan y difunden la producción de Sebastián y, por ello, va nuestra mayor gratitud. A su vez, queremos hacer público un agradecimiento especial al poeta y músico peruano Alejandro Susti. Primero, por encontrarse actualmente en una necesaria labor de rescate, publicación y difusión de la obra de SSB; y, segundo, por haber colaborado con Vallejo & Co. desde un inicio, apenas nos pusimos en contacto con él, para la reunión de los textos presentados, el contacto con sus autores, y para acceder a las autorizaciones necesarias para poder difundir la obra (en todos sus registros) y fotos de Salazar Bondy. Sin la ayuda y la colaboración desprendida de Alejandro Susti este homenaje, sin duda, no se hubiera podido llevar a cabo. El agradecimiento se debe hacer extensivo a la Casa de la Literatura Peruana. Institución nacional que se dedica a la preservación de la obra de los escritores peruanos, así como a la realización de una labor de difusión de sus trabajos. En particular, queremos agradecer a Daniel Contreras, curador de la muestra Sebastián Salazar Bondy. El señor gallinazo vuelve a Lima, por ayudar en la difusión y conocimiento de la obra del escritor. Dicha exposición fue apoyada con mucho acierto por la Casa de la Literatura Peruana para acercar al público a la vida y obra de SSB presentando fotografías inéditas, afiches, manuscritos y dibujos originales hechos por el escritor en su niñez, así como diversas ediciones de sus libros y audios del


[9] autor. Todo lo que conforma parte del archivo personal de SSB, y que se puso a vista del público nacional y extranjero por primera vez. Esta exposición se viene llevando a cabo desde noviembre del 2014, y continúa aún presentándose a la fecha de la publicación virtual de este libro. El agradecimiento es especial para quienes colaboraron con diversos textos sobre la obra de Sebastián y quienes tuvieron la suerte de conocerlo. A sus amigos Luis Jaime Cisneros, Fernando de Szyszlo, Jorge Eduardo Eielson, Juan Luis Gargurevich, Javier Sologuren, Mario Vargas Llosa y Emilo Adolfo Westphalen. A todos ellos, algunos ya fallecidos, nuestra gratitud por dejar constancia de su amistad y opiniones sobre la trascendencia de la obra de Sebastián para la literatura y sociedad peruana, así como para la literatura hispanoamericana. Agradecemos también, a los estudiosos e investigadores nacionales y extranjeros sobre su obra, a Alonso Alegría, Gema Areta Marigó, Mario Benedetti, Paul Firbas, José Miguel Oviedo y Félix Terrones por facilitar el acceso a sus ensayos sobre SSB. Debemos agradecer también al fotógrafo Baldomero Pestana por sus imágenes; así como al caricaturista Carlos Tovar "Carlín", quien nos proveyó de una estupenda caricatura del autor. Vallejo & Co. le agradece a todas estas personas e institución por su colaboración para la realización de este pequeño pero sentido homenaje. Y, como no podía ser de otra manera, le agradecemos al escritor y periodista peruano Sebastián Salazar Bondy por dedicar su vida, corta pero plena, a la producción de una genial obra literaria y estupenda labor periodística siempre ligada al quehacer cultural nacional y en pro de promover el arte y la cultura


[10] en nuestro país. A través de sus poemarios, cuentos, obras de teatro, novelas, y ensayos, Sebatián Salazar Bondy ayudó a forjar una conciencia y una nueva identidad para los peruanos de su siglo y del siglo XXI. Finalmente, le agradecemos a nuestros lectores, quienes son parte esencial de la revista y a quienes va dirigido este homenaje. Vallejo & Co., somos todos.


Prólogo

Una de las figuras culturales más importantes del Perú en el siglo XX fue Sebastián Salazar Bondy —SSB—(19241965), quien ingresó en el ambiente literario nacional con apenas 13 años de edad, al publicar el poema "Canción antes de partir" en la revista Palabra, en 1937. Desde aquel año, SSB no paró de publicar en diversos registros literarios hasta el momento mismo de su muerte, muy temprana y sorpresiva, cuando contaba con tan sólo 41 años en 1965, mientras redactaba una noticia periodística para la revista peruana Oiga. Sebastián Salazar Bondy es uno de los pocos escritores del país que han desarrollado un corpus literario, pues su obra no se ha circunscrito a un único registro sino que se ha paseado con igual maestría por las diferentes ramas de la literatura tal como en el caso de los escritores Abraham Valdelomar, César Vallejo, José María Arguedas, Jorge Eduardo Eielson, entre otros. Cabe destacar aquí, que un punto central se refiere a la organicidad de su obra. SSB escribió en poesía, cuento, cuento infantil, novela, ensayo, teatro y artículos periodísticos alrededor de una misma temática, la que gira entorno a los cambios socioculturales por los que venía pasando el Perú producto de


[12] las transformaciones que en lo económico y urbanístico, enfrentaba una Lima que crecía y empezaba a ser destino de una gran cantidad de migrantes internos. Por ello, Sebastián Salazar Bondy fue un claro ejemplo del escritor comprometido. Y no sólo comprometido con su arte, con la literatura, sino además con su país y con lograr mejoras para la sociedad nacional por medio de la promoción de todas las prácticas culturales, las que debían cumplir con la denuncia pública de nuestros males como sociedad. A los 19 años publicó su primer poemario, Rótulo de la esfinge, y meses después Bahía del dolor, poemarios que el propio SSB nunca recogió en sus posteriores obras completas. Pronto inició su carrera ensayística al publicar en la revista Jornada su Crítica de Teatro (1940); y, dos años más tarde, en 1942, publicando artículos y cuentos en la revista Clímax. Con tan sólo 18 años Sebastián paseaba su arte por las diversas ramas literarias. Pese a que desde un inicio su vocación fue la poética, fue gracias a la dramaturgia que SSB alcanzó cada vez un mayor reconocimiento. En 1946 publicó Amor, gran laberinto, su primera obra teatral, la que consistía en una farsa en dos actos estrenada por la Compañía Nacional de Comedias en el teatro Segura al año siguiente, 1947. Mismo año en que obtuvo por primer vez el Premio Nacional de Teatro; premio que volvería a recibir en dos ocasiones más, en 1952 y 1965, de modo póstumo. Fue en la década de 1940 que inició una amistad duradera con diferentes escritores nacionales, en ese entonces jóvenes promesas de la literatura peruana y que, a la postre, alcanzaron gran renombre. Entre ellos estuvieron los poetas Antenor Samaniego, Jorge Eduardo Eielson, y Javier Sologuren, estos últimos dos con quienes publicó, temprana-


[13] mente, La poesía contemporánea del Perú (1946), una antología crítica de la poesía de autores de inicios del siglo XX, así como a Fernando de Szyszlo, Blanca Varela, Alejandro Romualdo, Jorge Puccinelli, Manuel Scorza o Luis Loayza a quienes presentó a los escritores César Moro, Emilio Adolfo Westphalen y José María Arguedas y a las hermanas Alicia y Celia Bustamante, todos los que se reunían en uno de los principales centros de promoción cultural a mediados del siglo XX, la peña Pancho Fierro, fundada a fines de la década de 1930. Mención aparte merece su relación con Mario Vargas Llosa, escritor con el que cultivó una gran amistad desde que el Nobel de Literatura 2010 era todavía un joven escritor inédito. Sebastián le presentó a varios miembros del círculo literario y cultural del país. Sobre el particular el pintor Fernando de Szyszlo recuerda: Sebastián me presentó a Blanca Varela, a Arguedas y a Mario Vargas Llosa cuando Mario no había escrito sino un cuento con el que ganó un premio por el que se fue a París por 15 días. O sea que en el año 58 Mario no existía como escritor, él tenía 22 años… Sebastián fue una persona increíble. Lo más generoso, lo más interesado en los demás, en promover la obra de otros más que la suya y, al mismo tiempo, siendo un Cristo teniendo que hacer ocho oficios para poder sobrevivir. Era un gestor cultural.1

La gestión cultural fue otra de sus prioridades. No sólo apoyaba a todo novel escritor que se acercara a él en busca de consejo o ayuda para lograr una opinión o Fragmento de una entrevista a Fernando de Szyszlo por Mario Pera publicada en: http://www.vallejoandcompany.com/todo-angel-es-terrible-entrevista-a-fernando-de-szyszlo-2/ (13 de febrero de 2014)

1


[14] publicación, sino que publicaba artículos periodísticos (reseñas y críticas) y diversas antologías como Poesía quechua (1964) o Mil años de poesía peruana (1964) en las que intentaba acercar la poesía al vasto público nacional. Así también, fue un constante promotor de la cultura a través de su labor periodística, por la que recibió, en 1960, el Premio Cabotín. Posteriormente, su labor como crítico de dramaturgia y de poesía se amplió para ejercer como uno de los primeros críticos de artes plásticas en el Perú, en momentos en los que la crítica de arte era casi inexistente en medios de comunicación de difusión masiva. Tan sólo un año antes de su muerte, en 1964, publicó el libro que lo insertaría en el pensamiento popular, Lima la horrible, ensayo que se dio a conocer, por primera vez, en México y que sólo meses después publicaría en la propia Lima bajo la editorial Populibros, con la cual colaboraba. El título de la obra lo obtuvo de una carta del poeta César Moro, quien fechó su poemario La tortuga ecuestre y otros poemas en edición de André Coyné como "Lima la horrible, 24 de julio o agosto de 1949". Lima la horrible fue recibida de modo ambiguo en el país. Algunos críticos y estudiosos prefirieron hacer caso omiso y no mencionarla, pero hubo quienes la criticaron al poner el autor nuevamente sobre el tapete y en el debate todos los traumas, los tapujos y la alienación socio-cultural de los habitantes de la capital del país. Un gran sector de aquella crítica se basó en la simple tergiversación de su título, pretendiendo hacer creer al público que Salazar Bondy calificaba en lo estético como "horrible" a la ciudad


[15] cuando, en realidad, el adjetivo que utilizó alude a un análisis o reparo moral y ético ante la conducta social de los limeños. Un rechazo al atavismo limeño a aquellos "valores", costumbres o conductas "coloniales" de los capitalinos, todo lo que SSB calificó como la Arcadia Colonial, en pro de mantener una estructura social segregadora y privativa. Sin embargo, la trascendencia de este ensayo ha perdurado en el tiempo, ya que instauró una reflexión acerca de la identidad de los limeños, una reflexión que aún hoy en día continúa en discusión. Salazar Bondy quiso confrontar el ideario popular de los limeños quienes se rehusaron (y algunos hasta hoy se rehúsan) a enfrentar y corregir los defectos de una ciudad cuya sociedad tiene una naturaleza tan compleja en casi todos los ámbitos en una búsqueda por lograr que reflexionemos sobre nuestra cultura. Los aspectos antes señalados son sólo la punta del iceberg que es la obra literaria de Sebastián Salazar Bondy. Por este motivo, congregamos en este volumen virtual distintos textos, entrevistas, artículos y reflexiones que sobre su obra hicieran sus amigos, críticos e investigadores, así como él mismo. Todo ello a manera de homenaje por el 90 aniversario de su nacimiento (1924-2014). Un conjun-to de textos que fueron que fueron publicados por Vallejo & Co. en la "Semana homenaje a Sebastián Salazar Bondy" y en los que se analiza al detalle tanto su poesía, como su narrativa, dramaturgia, ensayística y obra periodística. A la par, reunimos notas periodísticas publicadas por el propio Sebastián, y anexamos algunas entrevistas a


investigadores y estudiosos de su ensayística. El volumen lo termina una nutrida selección de algunos de sus más memorables poemas, así como un dossier fotográfico que nos permite conocer en la intimidad este insigne escritor peruano.

Mario Pera


Notas publicadas por Sebastiรกn Salazar Bondy


Sebastián Salazar por él mismo2

Sebastián SALAZAR BONDY

Me gusta el tono confesional que han adoptado estos prólogos, que con tan agudo sentido de la importancia del mundo interior de un escritor, han incluido como parte de estas lecturas los organizadores de este estupendo Encuentro de Narradores Peruanos. Y yo voy a continuar en ese tono confesional. Nací en la calle Corazón de Jesús, en el Barrio de la Chacarilla, en Lima, al lado de la Iglesia de los Huérfanos, Reproducimos en Vallejo & Co., esta semblanza que hizo Sebastián Salazar Bondy sobre sí mismo. Sobre su vida, sus ideas y parte de su obra. El presente texto, lo tituló “Texto de la improvisación”, y fue leído por el escritor y periodista en la celebración del Primer Encuentro de Narradores Peruanos, llevado a cabo en la ciudad de Arequipa. Sebastián leyó este texto el día 16 de junio de 1965, a menos de tres semanas de su dolorosa partida, la que le llegó de improviso, mientras escribía una crónica para la extinta revista peruana Oiga. Posteriormente, este texto fue publicado en Sebastián Salazar Bondy, El tacto de la araña, Sombras como cosas sólidas, Poemas 1960-1965, Sebastián Salazar por él mismo, Francisco Moncloa Editores S.A. 1966, segunda edición bajo el cuidado de Emilio Adolfo Westphalen, pp. 63-68.

2


[20] en el corazón de la ciudad. Mi hogar fue un hogar de la clase media, un típico hogar de la clase media, formado por familias que venían de la provincia, viejas familias propietarias, pauperizadas por la invasión imperialista y, también, por la vida de lujos, de pompa, de señorío aristocrático que habían llevado en sus propias tierras natales. Y también desciendo de emigrantes franceses, posiblemente si los pruritos ideológicos de un primo mío no han fracasado, de una familia judía del gueto de Praga. Mi padre, emigrado del Norte, de Chiclayo, se hizo de una relativa posición social y económica en el comercio, que hizo crisis alrededor de 1933, con una quiebra y con su muerte. Aparte de un hermano de padre, con quien tengo las relaciones más estrechas y cariñosas, de mi padre y mi madre somos dos: Augusto y yo, y la vida de la infancia la veo siempre en profunda relación con este compañero que es mi hermano. Yo creo que esa crisis económica, que hizo pasar a mi familia de la posesión de un automóvil, de la posesión de ciertas comodidades, de la promesa de educación en Europa, a la reducción a una o dos piezas ―el resto de la casa se dedicaba a pensión para caballeros honorables, de preferencia extranjeros, con la cual se solventaba un poco mi hogar―, ese paso de una cierta comodidad, no de la opulencia, a la estrechez económica, seguramente influyó muy poderosamente en mi infancia y vi el mundo desde ese momento como dividido en dos planos irreconciliables. Coincidentemente con esta crisis económica sobrevino la muerte de mi padre, que había intervenido en la política como partidario del general Sánchez Cerro, y que se había rodeado de ciertas amistades poderosas, impor-


[21] tantes. Desaparecido él, esas amistades se alejaron, y los grandes paquetes de regalo de los amigos poderosos en los días de Navidad desaparecieron también. Estudiaba en aquel entonces en el Colegio Alemán y la crisis significó igualmente un cambio de colegio. Pasamos al Colegio San Agustín de Lima, un típico colegio de clase media (hoy es un colegio de burguesía, pero en ese momento era un colegio de clase media, a la altura de La Merced, de Santo Toribio), en cuyas aulas y con cuyos maestros conocí el mundo mágico de la vida religiosa, con el trance místico (ayudaba yo muy bien la misa, todavía recuerdo las primeras palabras en latín), pero también conocí el mundo de las represiones, de las inhibiciones, de las prohibiciones, de los prejuicios y conocí también un mundo de humillaciones que consistía en aquello de “Salazar avísale a tu hermano que debe dos meses, que si no paga esos dos meses no dan examen”. Es alrededor del quinto año de primaria, cuando tendría yo 10 u 11 años, cuando aparece en mí una necesidad de expresión que cumplí escribiendo poesías y novelas ocultamente y que mis profesores no descubrieron jamás. Siempre recuerdo, a los pocos años de salir del colegio, estando yo en la universidad, haberme encontrado con el profesor de literatura, para el cual la historia de la literatura se detenía en Campoamor para continuar con una serie de detritus, hechos por gentes corrompidas, y la cara de perplejidad y de sorpresa al encontrarme un día en la calle y decirme: “Así que eres escritor, poeta y rojillo”. Tenía razón. Esa necesidad de expresión literaria estuvo acompañada de lecturas muy precoces y un tanto caóticas que tuvieron una influencia positiva y una influencia negativa. La


[22] influencia positiva fue que cumplí con mucha anticipación la etapa que otros cumplen después; y la negativa, que por esa falta de presión del medio ―que dice Héctor Velarde― publiqué también muy prematuramente páginas que me avergüenzan y que, sin embargo, reaparecen en las bibliotecas como fantasmas que me obseden (sic). Escribí poesía, sigo escribiendo; escribí teatro, escribí narración, porque desde el primer momento tuve la intuición, confirmada después con los hechos y con el pensamiento de algunos teóricos de la literatura, que los géneros no son instituciones; son medios, son instrumentos, son formas a las que hay que llenar y que uno emplea de acuerdo a lo que tiene que decir y a la manera cómo tiene que decir; y que, en consecuencia, la literatura que en mí era una necesidad de expresión, una necesidad de liberación, una necesidad de nivelar ese brusco desnivel que fue la crisis económica de mi hogar, la literatura ―digo― fue para mí el modo de expresión sin que se ciñera a un género, sin que eligiera un género como único carril, como único camino a seguir. Tuve mucha suerte, pues aparte de esta lectura prematura que muy pronto fue en dos idiomas, francés y español, fue completada con la amistad con dos escritores de mi generación, contemporáneos mío, levemente mayores en uno o dos años, que son Jorge Eduardo Eielson y Javier Sologuren, con cuya conversación me enriquecí enormemente, con cuyo trato diario aclaré mis ideas, afirmé la conciencia de que mi vocación era una vocación profunda, era un oficio que debía ejercerse como oficio y que me permitió abandonar, con toda la posesión de a conciencia del acto que realizaba como una liberación,


[23] abandonar la Facultad de Derecho, a la que me condenaba la rutina. A esas amistades se sumaron otras: la de algunos pintores como Fernando de Szyszlo, en la misma época; y otras de escritores mayores que se encuentran entre los mejores de las letras peruanas de hoy; José María Arguedas, que nos recibió en la Peña Pancho Fierro con una cordialidad extraordinaria que por sí misma constituía un aliento; con la amistad de Emilio Adolfo Westphalen, hombre aparentemente hosco pero tierno. Con la amistad de Luis Fabio Xammar que fue mi profesor en las aula de San Marcos y que facilitó siempre mi curiosidad con textos, con libros; con la amista de Manuel Moreno Jimeno, con la amistad de muchos otros a quienes no nombre por no hacer de esto una relación de personas, pero a quienes les debo ―a todos― un poco de lo que puede tener de mérito mi tarea. No soy especialmente un narrador; por lo menos hasta ahora no soy especialmente un narrador. He escrito algunos cuentos que no han tenido muchos elogios, pero creo que en ellos he puesto algo que me interesaba poner; esa pequeña mitología del mundo de la clase media, ese entretejido sutil de relaciones, cosido, hilvanado con prejuicios y sentimientos muy profundos, con ideas recibidas, heredadas y aceptadas irracionalmente y con aspiraciones incumplidas, con esperanzas siempre frustradas y con terrores al hundimiento en la masa anónima del proletariado. Creo que he expresado esa situación de tensión, de polarización tremenda que vive la clase media en general en el mundo entero y en especial en un país subdesarrollado, donde los únicos que viven, las únicas clases que viven vidas auténticas son la gran burguesía por la


[24] posesión de todos sus medios económicos, de todos sus instrumentos de poder, de toda la insolencia que da el dinero, y el proletariado que vive resignado a su miseria, adecuado a ella, aceptándola y convirtiéndola en una de sus fuerzas; [sí,] su pobreza en una de sus fuerzas. Quienes viven la vida inauténtica son aquéllos a los cuales la historia, la realidad social y económica los arrastra hacia abajo y los sueños tiran de ellos hacia arriba. Y están en una situación intermedia, en una situación en la cual cualquier descuido los puede arrastrar al abismo, que los aterroriza, del proletariado y cualquier traición los lleva como un rayo hacia la prosperidad falaz de la burguesía. Este ha sido el mundo que he descrito, porque es el mundo que conozco, porque es el mundo en que vivo, porque creo además, que es un mundo, una clase socialmente importante, pese a esta situación precaria. Es la clase que da a los intelectuales, que da a los maestros, que da a los revolucionarios, a los líderes de las revoluciones. Y creo que es una clase que crea el pensamiento, consolida el pensamiento, la cultura de un país, que hace consciente; y creo que así como recibe del pueblo grandes lecciones en su folclor y su sabiduría, en su lucha tenaz por la vida diaria, [así también] amenaza a la burguesía con su ímpetu masivo, con su aspiración que a veces destruye hasta las barreras raciales, que en estos pueblos son tan feroces. Ese es el sentido último que tienen los cuentos reunidos en Náufragos y sobrevivientes, especialmente en la segunda edición, donde hay tres cuentos más que en la primera; y también de Pobre gente de París. Me impresionó mucho cuando vivía en Francia la situación alienada de los estudiantes que iban a vivir a París, de los artistas


[25] que iban a vivir a París, porque París, según la frase de Hemingway, era una fiesta, y no era tal fiesta; y cómo la sordidez de este desengaño, la inconfesable sordidez que encontraban en esta vida, los hacía permanecer anclados, mentirse, engañarse, enloquecer, podrirse, prostituirse, estupidizarse. Francia no fabrica a los latinoamericanos imbéciles que viven allí. Francia, Europa en general, nos ha acuñado con u vieja sabiduría, con su vieja cultura, ha acuñado muchas de las grandes mentalidades, las grandes ideas que mueven a las masas de nuestro pueblos en este tiempo, pero el libro no contaba la historia de esta gente, contaba la historia de los que en esta aventura fracasan, de los que en esta aventura pierden la partida. También, pues, la clase media. Fue con motivo del primer viaje que hice a Buenos Aires, donde viví algunos años, cuando descubrí el Perú y no el Perú de los himnos, de los símbolos, sino el Perú real. Fue allí donde descubrí los números estadísticos, donde decían que éramos uno de los países más hambrientos del mundo, uno de los países más colonizados, semicolonizados de América Latina, uno de los países de mortalidad infantil más alta, uno de los países más tristes del universo. Pero además ahí supe que yo no podía vivir sin ese país y que si tenía algún deber que fuera compatible con mi vocación, con mi tarea de escribir, era escribir sobre ese país y usar de mis palabras y de mi persona, en lo que ello tuviera de influencia, para liberarlo. Por eso es que soy un hombre de izquierda, por eso es que soy socialista, porque creo que la sociedad capitalista, sobre todo cuando el capitalismo resulta insertado en un mundo marginal, abastecedor de materias primas, con trabajo nacional mal pagado, con el “cholo barato y el


[26] azúcar caro”, [hace del país] un país que está vencido moralmente, en el que no hay defensa nacional. No se puede hablar de defensa nacional si se deja que la fuerza fundamental de un país, que es la fuerza moral de su pueblo, su conciencia de nacionalidad, su soberanía, estén sometidas, estén pisadas, estén escupidas. Entonces creí en el Perú, en su pueblo, en su gente, en su historia y dejé de creer en todos los emblemas, las grandes palabras, las efemérides, los tatachines, etc.


¿Qué es un editor?3

Sebastián SALAZAR BONDY

Alguien que intentara alguna vez establecer en Lima una empresa editorial, se quejaba de su fracaso con más o menos estas palabras: “¿Cómo se pueden publicar libros peruanos si el público no los compra? Uno elige un autor de prestigio y un título atrayente, procura que la impresión sea decorosa y que el precio de venta sea discreto, y el libro se queda en los depósitos y allí envejece irremediablemente… Esto no tiene remedio”. Y añadía, con abatido tono, que sus inversiones en este campo habían constituido una absoluta pérdida. Cualquier librero, al que se interrogue al respecto, responderá con palabras y conclusiones semejantes. No se trata ―a pesar de que no es el Perú un gran consumidor de lectura― de falta de interés por el libro. Cifras de importación crecientes nos hablan con claridad meridiana del progresivo aumento de la demanda libresca y del cada día más animado interés del público por las publicaciones de la más variada índole. El presente artículo fue publicado en el diario La Prensa, el día 25 de febrero de 1954.

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[28] ¿Qué sucede, pues, con el libro peruano? Aparte la circunstancia del alto costo de la impresión y de la insuficiente calidad gráfica de la edición local, de las cuales nos hemos ocupado hace poco, se puede afirmar que las ideas del frustrado industrial del libro, cuyas palabras se citan arriba, y la generalizada y pesimista opinión con relación al escaso eco que los autores peruanos encuentran en los lectores se basan en una experiencia que no puede considerarse definitiva. En primer lugar, porque ser editor no consiste en tomar un original, llevarlo a la imprenta, corregir las pruebas y entregarlo sin más a las librerías. Hechas las cosas de este modo, fracasan no solo un libro sino también un jabón, una bebida gaseosa o cualquier clase de producto de primera necesidad. Nada se puede lanzar al mercado en la idea de que solo por su propia gravitación, ha de reclamar la atención general y convertirse en objeto de la demanda. Los editores extranjeros han montado, además de una organización técnica que abarca desde la asesoría para la elección del libro hasta su distribución en el mercado más amplio, una verdadera oficina de publicidad. Al ojo de buen cubero que el editor posee, añade una especie de facilidad para fabricar, en torno al libro y al escritor que lo firma, un verdadero mito. Conozco el caso de una novela breve y nada extraordinaria a la cual el editor concedió, a través de artículos ajenos, polémicas, carteles, rumores, conferencias y discusiones de café, un prestigio tan grande que en la actualidad, con ser muy inferior a otras, ha alcanzado la séptima edición y continúa siendo la piedra de escándalo de los corillos de una capital suramericana. En ciudades apartadas del hemisferio he visto librerías en cuyos escaparates la famosa novelita se anunciaba con


[29] términos sensacionales. Porque el juicio crítico lo reserva el editor para la historia. No le interesa, y esta bien, si la obra es perdurable o no. Existe un nivel mínimo de calidad literaria, de oficio en el autor y de interés en el asunto, puesto que esta indiferencia por la permanencia del libro a través de los tiempos no significa en modo alguno que preste su favor a cualquier mamarracho. El editor hace el libro y lo difunde por los medios más modernos y activos de la propaganda, tal como el fabricante de cualquier objeto anuncia a toda voz la bondad de su mercadería. No conozco un solo caso en que alguno de nuestros voluntariosos aprendices de editor haya actuado en esta forma. Y creo indispensable, en consecuencia, que los que en estos momentos, con espíritu optimista y auténtica vocación, se han dado a la tarea de hacer el libro peruano, recuerden cuán importante es este aspecto de la industria que han emprendido con tanto fervor. Es necesario que ese libro sea de grato aspecto exterior, de calidad intelectual y de un precio que no lo convierta en un artículo de lujo, y es urgente también que en torno a su aparición se suscite un debate vivo y provechoso. Es ejemplar, por lo que enseña, el caso del comercio de pintura en Lima. Hace un lustro no había en esta capital una sola galería de arte, ni se sabía de la existencia de más de uno o dos coleccionistas. Hoy, al cabo del esfuerzo de unos pocos, puede decirse que se ha superado en tal orden a algunas capitales del continente y que está en camino de lograr un verdadero ambiente artístico. Al argumento de aquel frustrado editor sobre la impasibilidad del público local hacia el libro nacional puede refutarse aseverando que no basta con hacer libros. La misión del editor es también, y quizá principalmente, hacer


[30] lectores. Y a éstos hay que convocarlos y multiplicarlos por intermedio de una campaña intensa que les despierte la curiosidad y se las cultive. Es erróneo pensar que el problema no tiene remedio. Por supuesto que el editorial no es un negocio lucrativo de inmediato. Quien abra la brecha obtendrá, aparte de los beneficios materiales, una utilidad que no puede medirse con el rasero de las cifras: la de haber dado un impulso fundamental para la cultura del país.


‘Noticia’. Prólogo a Mil años de poesía peruana4

Sebastián SALAZAR BONDY

Es un lugar común encabezar las antologías afirmando en cada caso que se trata de una selección en la que necesariamente ha prevalecido un criterio subjetivo. Como El presente texto reproduce el prólogo que escribió el periodista y poeta Sebastián Salazar Bondy para la antología Mil años de poesía peruana, que publicó un año antes de su muerte. En dicha antología, Salazar Bondy recoge textos líricos precoloniales, de la conquista y de la colonia, de la etapa prerromántica y romántica, de la etapa modernista y la contemporánea, desde poetas como Mateo Rosas de Oquendo, Amarilis, Mariano Melgar, Carlos Augusto Salaverry, Ricardo Palma, Manuel Gonzalez Prada, José María Eguren o Abraham Valdelomar hasta poetas como César Vallejo, César Moro, Xavier Abril, Martín Adán, Emilio Adolfo Westphalen, Jorge Eduardo Eielson, Blanca Varela, Washington Delgado, Carlos Germán Belli, Juan Gonzalo Rose y Arturo Corcuera; cerrando con algunos poemas de los, en ese entonces jóvenes promesas de la poesía nacional César Calvo, Javier Heraud y Antonio Cisneros, lo que da clara muestra de la constante búsqueda de nuevas voces en la lírica nacional y el deseo de promoción de su obra por parte de SSB. Sin duda, se trata de un estupendo libro (algo inhallable en la actualidad) que da inicio a los pocos esfuerzos posteriores por darnos a conocer el legado poético de los peruanos desde las más antiguas épocas precoloniales.

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[32] esto es, en el caso presente, tanto o más cierto que en otros, valga aquí dicho achaque antes como mérito que como defecto. Hemos espigado de la poesía peruana, desde su milenario fondo quechua, algunas de las páginas que de modo particular más apreciamos. De tal suerte que este libro es fundamentalmente una antología personal. Hecha la advertencia, huelga prevenir al lector de que los criterios que han guiado la elección son varios y disímiles. En algunos casos la elección obedeció a una circunstancia ocasional, en otros a un singular valor poético, en muchos a la representatividad del poeta en su época o del poema en dentro de una obra. En fin, no es la presente, de ningún modo, una colección de poetas y poemas reunidos de acuerdo a un invariable canon. A propósito de la poesía peruana y en el comentario a un volumen antológico, L. A. Sánchez dijo que de la lectura en secuencia histórica de nuestra creación lírica se desprende que es el tono gris el que en ella predomina. Puestos a colorear las características de un género literario, la tinta que el doctor Sánchez ha elegido parece efectivamente corresponder al fenómeno al cual califica. Pero conviene definir de otra manera esa presunta grisura. La poesía peruana es de tono menor ―entendida la palabra en su acepción musical, sin asomo, contra lo que muchos a veces interpretan, de desmedro cualitativo―, es decir, melancólica y aquejada de nostalgia. Poesía en general romántica, la de los poetas peruanos ha sido y sigue siendo, salvo muy pocas excepciones (algo de González Prada, bastante de Parra del Riego), ajena al artificio formal, a la equilibrada composición clásica. Pero la pasión o el sentimiento tampoco suelen en ella excederse. Un freno espontáneo le impide os grandes desbordes.


[33] La tradición poética peruana arranca de muy antiguo. Los cronistas consignan cánticos y oraciones prehispánicos y en el floklore perduran joyas de un delicado cancionero erótico y campesino, cuyas traducciones al español han influido en los poetas cultos desde los tiempos de Mariano Melgar. En la actualidad, el incremento de las versiones castellanas de la literatura autóctona, están dejando una huella visible en la obra de los más jóvenes. Se transmite, salvando los siglos, un tono. Precisamente el tono triste y sentimental a que aludimos. Este viene, pues, desde lejos, desde muy lejos. El advenimiento de la poesía española se produce por la vía popular. El capitán y el soldado de la conquista saben coplas y romances, y los adaptan a los sucesos de la campaña que libran. La otra, la poesía culta, al itálico modo, arribará después e irá a parar a la Universidad, a la Corte, al cenáculo literario. Entonces será tedioso, vacuo gongorismo. Mas la fresca corriente callejera continuará su curso en la letrilla y en el más animado verso burlesco y circunstancial, y ello tan proficuamente que llegará a confundir a los críticos maníacos, quienes habrán de creer, con simpleza, que la sátira es congénita al temperamento nacional. La principal vertiente conjugaba el canto indígena y los módulos populares de la lengua hispana, y el yaraví se mostraba así como un natural producto mestizo, ajeno a la academia libresca. El momento del conflicto entre ambas corrientes ―la popular mestiza y la culta criolla e hispanizante― se advierte en los primeros poemas republicanos y en los inmediatos de la corriente romántica, en los cuales se alternan ambos temples sin precisarse como estilo ni en unos y ni en otros. Al cabo, es la poesía


[34] melancólica la que priva aún en Chocano, cuyo ensayo de creación hímnica o épica no merece gran memoria. Se operó posteriormente, por supuesto, una maduración por la que se intensifica el fondo condolido y se encuentra vivificándose la forma. Eguren, Valdelomar, Ureta, Vallejo, son los primeros ejemplos de esta línea cuya genealogía es preciso buscar en la síntesis cultural arriba someramente descrita. Después advendrán otras entonaciones, a las cuales unifica como su común denominador el rasgo nostálgico esencial, ese matiz sin fuegos ni hielos que es menos serenidad que ensimismamiento y que parece una constante lírica de nuestra lengua poética. La historia social puede aportar algunos tangenciales esclarecimientos al análisis de esta poesía de tono menor, peculiar del Perú. País de largas desdichas, de masas sometidas a dominios rigurosos donde fueron tempranamente segadas, cuando pudieron asomar, la libertad y la dignidad humanas; morada difícil de habitar y núcleo humano en que la fraternidad no pudo sortear los grandes abismos de la fortuna; orilla del mundo intelectual para la cual la vida del espíritu fue un vago eco de armonías distantes, el Perú tuvo, tiene, la poesía que corresponde a la situación del hombre alienado, que busca su liberación en el propio entrañamiento o que expresa su apocamiento lamentándolo. Nada tiene que ver ese tono, como alguien pretende, con la raza, ni con el destierro, ni con la psicología; sí, en cambio, con el secular subdesarrollo y su miseria moral y material. En la sociedad ocurrirá algún día un vuelco que desatará fuerzas positivas y optimistas, relámpagos totales de creación, y habrá entonces una revolución integral y, en consecuencia, también literaria.


[35] Por ahora, que sirva este panorama de por lo menos diez siglos de obra poética para ilustrar una sucesión en que los opuestos pugnan, se rechazan, se mezclan y discurren luego, hechos ya síntesis, dentro de cauces por cada individualidad renovados. A la postre, la poesía nació a nuestra imagen y semejanza, es nosotros mismos convertidos en canción, y en su fantasía podemos encontrar la intuición más profunda el ser que como proyecto de humanidad somos.


¿Un Ministerio para la Cultura?5

Sebastián SALAZAR BONDY

Un reciente proyecto parlamentario contempla la creación de un Ministerio de Cultura que económicamente no grave, de acuerdo a lo que afirman sus panegiristas, el Presupuesto General de la República. Es decir, se quiere hacer un rico arroz con pollo… pero sin pollo. No otra El presente artículo que aquí reproducimos, fue publicado por Sebastián Salazar Bondy en el diario El Comercio, el día 10 de diciembre de 1959, p. 2. Ya en el lejano año 1959, hace nada menos que 55 años, Sebastián Salazar Bondy ponía sobre el tapete del debate político y cultural peruano la pertinencia de la creación y el rol que le cabe a un Ministerio de Cultura en un país como el Perú. La propuesta legislativa a la que hace alusión SSB en este artículo, finalmente, nunca se aprobó. Sin embargo, sí se hizo medio siglo más tarde, en el reciente año 2010, con las grandes falencias y aciertos que todos conocemos. Resulta pertinente EN EXTREMO que hoy se lea y se conozca la posición de este gran promotor cultural y artístico peruano (el principal de la segunda mitad del siglo XX) sobre el tema en particular, tras la gestión de tantos ministros del ramo con poco o nada de brío. En el Perú tuvimos cuatro ministros de cultura en 5 años de funcionamiento de aquel ministerio. ¿Qué se ha logrado en pro de la cultura y el arte en el país? Creemos que muy poco.

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[38] cosa significa cercenar del Ministerio de Educación Pública las Direcciones dedicadas pobre y deficientemente al fomento de las artes, la arqueología, los museos, las bibliotecas, etc., para que, con su personal y mobiliario, se independicen del despacho del Parque Universitario y constituyen con retazos de otros Ministerios una cartera más. Cuando se dice que la cultura en el Perú carece de estímulo y fomento oficiales, no se sostiene que sea nocivo que las oficinas estatales que se ocupan de ella estén inscritas en el aparato burocrático de la educación, sino que se afirma que los gobiernos son indiferentes a un aspecto de la vida nacional que es fundamental, que importa muchísimo para el desarrollo social, que en otras naciones es digno de la preocupación más enfática de las autoridades. El problema reside, de modo primordial, en el escaso dinero que se destina a tal fin y, en segundo término, a la frecuente incapacidad de aquellos que rigen dichas dependencias. ¿Se resuelve algo con la creación de un nuevo ministerio? En todo caso lo que se hace es disponer de una nueva banda para que se la ciña algún amigo del régimen. La cultura continuará igual, vestida con los harapos habituales aunque usada en toda ocasión oratoria. Que la promoción cultural del Estado esté ligada a la cartera de Educación no está ni bien ni mal. Cuando la unesco consagra la necesidad de poner mayor celo en esa faz de la existencia humana no aconseja, por cierto, el establecimiento de ministerios más o menos: alude al deber que obliga a los hombres de gobierno a no considerar el desenvolvimiento material de un país como el único objetivo del progreso, sino a acompañarlo con un correlativo y complementario esfuerzo por difundir la buena literatura, la buena pintura, la buena música, etc., y procu-


[39] rarles a quienes las producen una vida decorosa. Si trasladamos, por ejemplo, la actual Dirección e Cultura a un flamante ministerio, ¿mejora su acción? Creer eso es ingenuo, por decir lo menos. Démosle a esa sección más dinero y asesoremos a sus funcionarios con personas idóneas en cada campo, y la cosa marchará. No será necesario, además, buscar un Ministro e instalarlo, con toda la maquinaria recompuesta, en un local adecuado. Y esto último no es arbitrario: la sede del ministerio que se proyecta plantea un problema que la pretendida ley intenta resolver a la tradicional manera del perro del hortelano. Se dice que el local que ahora, por generosa cesión de la Municipalidad de Lima, posee el Patronato de las Artes, pasaría a ser ocupado por las oficinas mencionadas, lo cual es sencillamente absurdo. Ahí hay, al fin, un Museo para la ciudad, para el país, que los organismos estatales no quisieron ni supieron fundar. ¿Se le arrojará para que en vez de salas con cuadros y otras obras de arte se instalen escritorios, máquinas de escribir, archivos de oficios, todo el arsenal de inutilidades burocráticas? La cultura nacional ―sus elementos representativos― no permitirá que ningún llamado Ministerio de Cultura cometa semejante atropello en homenaje a la vanidad de alguien que quiere estar en el gabinete. Es evidente que si se quiere legislar en bien del adelanto espiritual del país, lo que hay que hacer es procurar rentas para el estímulo y el fomento de la obra de los artistas o intelectuales, cuyo puesto en la sociedad del Perú actual es, por causa de la desatención oficial, ínfimo.


El horror a la vuelta de la esquina6

Sebastián SALAZAR BONDY

Lamento sinceramente que la crítica ―salvo excepciones, por cierto― haya comentado parcialmente mi libro “Lima la Horrible”. Hubo quien sólo atinó a precisar conceptos sobre Ricardo Palma, al cual el libro dedica unas pocas líneas, y quien únicamente hizo referencias a las alusiones al pasado. Bastante interpretaron ―sin leer el libro o quizá tras de leerlo mal― la palabra “horrible” como un adjetivo en función estética, cuando en mi ensayo aparece fundamentalmente con valor moral. Pero a la crítica no hay que contestarle, pues quien la suscribe ejerce un derecho inalienable y respetabilísimo, salvo cuando entraña mala fe o lleva implícito un propósito malevolente. Tal es el caso de la nota que en el quincenario “Caretas” ha publicado el señor Carlos Neuhaus Rizo Patrón. Pido disculpas a los

Reproducimos la presente nota periodística que publicó Sebastián Salazar Bondy en la revista peruana Oiga, n°75, del día 14 de mayo de 1964, p.6, en respuesta a las críticas que recibió tras la publicación de su célebre y esclarecedor ensayo Lima la horrible (1964).

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[42] lectores de OIGA por ocupar esta columna con un asunto exclusivamente personal. Mi libro tiene un capítulo titulado “De la tapada de Miss Perú”. Se ocupa de la mujer limeña, de su fama y de su papel en la sociedad urbana, pero ese capítulo tiene sentido en el contexto general. Denuncio en las cien páginas de “Lima la Horrible” la existencia de una ideología basada en un mito (el mito de la colonia feliz, arcádica), que ha servido para sostener un sistema social y económico injusto, que infortunadamente perdura y tiende a prolongarse. El mito es total y envuelve también a la mujer, eje social, centro de la familia y, por ende, raíz de toda la constelación comunitaria. Expongo antecedentes, cito fuentes, aludo al prestigio de belleza y encanto que rodea a la limeña y que, por supuesto, no contradigo sino que defiendo. Señalo, como pocos antes y hoy mismo, sus cualidades intelectuales, y opino que la cultura y la liberación la convertirán mañana en un factor decisivo ―como acontece en muchos países del orbe― del progreso y la justicia. Deploro que el mito y el sistema la tengan reducida a la mera tarea doméstica, no obstante la emergencia femenina que actualmente se advierte en los medios profesionales y técnicos. La tesis se imbrica en el conjunto, pertenece a una secuencia. Es tramposo extraerla de esa totalidad, citarla truncada, ironizar con lo serio (que es lo más fácil y que yo mismo podría usar aquí) y dárselas de galante con lo que nada tiene que ver con la galantería. En un juicio, mi detractor se pone a hacer chistes. Es él quien hace el ridículo. Soy limeño. Mi madre, mi mujer, mi hija, son limeñas. ¿Las habría insultado? He escrito lo que creo es la verdad (no soy dueño de ella, por supuesto, pero deseo poseerla,


[43] y por eso persigo el esclarecimiento libre, sin ofender ni temer). El señor Neuhaus Rizo Patrón, que parece conocer mi obra puesto que cita un cuento y una comedia, no ha entendido mis libros, ni el primero ni el último. Tiene afán de notoriedad ―cosa que yo desconozco― y entonces se agarra de lo que cree que es más eficaz para que lo congratulen en un cóctel de “high-life”. Tampoco me molesta esto último. Que él prefiera esas felicitaciones a la verdad es algo que me parece indigno en un hombre que ha tenido y tiene una cátedra, que aspira a ser intelectual y que, además, postula al gobierno. Cuando cita el refrán ―mal citado, de otra parte― de que “cada uno habla de la feria como le fue en ella” emplea el típico argumento “ad homine”. La sentencia aludida está puesta de un modo tan equívoco que merece interpretaciones. Opto por la que me parece injuriosa, pero emplazo a que el autor del artículo de “Caretas” explique la intención que tiene, para que, de acuerdo a esa explicación, yo deje a un lado mi máquina de escribir y, de hombre a hombre, lo invite a retirar ese insulto que envuelve a la excepcional mujer que es mi esposa. Tengo conciencia de que para el lector y para OIGA todo esto es anecdótico y que los periodistas y escritores no tenemos las páginas de la prensa y los libros para ocuparnos de cada uno de los incidentes a que da lugar la incomprensión, el resentimiento, la carencia de una orientación o lo que fuere de nuestros gratuitos adversarios. Creo en la crítica, la considero indispensable, si es rigurosa, en medios como el nuestro, pero considero también que la animosidad subjetiva revestida de crítica es una prueba de nuestra pobreza cultural y de nuestra crisis moral. Es decir, de eso que, apropiándome de un


[44] verso de César Moro, he llamado “Lima la Horrible”. Es para ayudar a que la ciudad rompa por fin tal atadura que he escrito el libro. Yo sabía que el horror enemigo me saldría al encuentro a la vuelta de cualquier esquina.


"La Danza". Poema de Sebastián Salazar Bondy ilustrado por Jorge Eduardo Eielson7

Sebastián SALAZAR BONDY

El poema que ahora reproducimos fue escrito por Sebastián Salazar Bondy, y publicado el 18 de febrero de 1945 en el diario La Prensa. Se trata de uno de los primero poemas del poeta peruano y que, para mayor rareza, se encuentra ilustrado por el también poeta y artista plástico peruano Jorge Eduardo Eielson, quien era amigo suyo y quien contaba en aquel año con escasos 20 años de edad, tal como SSB. Este poema fue posteriormente incluido y publicado por Salazar Bondy en su segundo poemario, Cuaderno de la persona oscura (1946), bajo el título de “La Danza” y con algunos cambios menores.

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[46] La Danza (Para La Prensa) El oso blanco que se adentra en la sangre es ala cuán libre de estar como los ángeles, y una triste batuta en la luz de los candiles aledaños cae arrullada en la soda que no es flor sino cuello de cisne gota a gota. La música recién nacida el cisma alcanza en el tejado, en la hebra del clarín, en el plato del día más allá, en cambio, de la rosa de la piel y la gasa. El sosiego de pronto es la armonía del beso que vuela lentamente por la boca de alguna santarrosa moribunda o de un negro panadero que reza debajo de la ropa o el clima del sonido, (Oh verdad, los hombros y el silencio, las madres buenas que no mienten, el muslo, la bocina!) Vuelve, vuelve al encino, al hacha, tu embarazo equilibra en el cerco en tu serrallo, en la postal, ya nadie te conoce. El remolino en el sismo del gorgojo y la semilla, hunde su dedo en los lugares cinerarios del sueño y con las plumas de los indios se estremece de risa, el cinema en que un niño se estremece de risa.


[47] Caen lentamente el charol y la guitarra en el pasmo del cĂ­rculo absoluto y luego un trote tonto sobre los caramelos o en la carne del lirio que ahora yace dete[ilegible] Oh verdad, oh largo instante tenso, oh la hormiga que nos llena de pereza!


Notas publicadas sobre Sebastiรกn Salazar Bondy


El desierto habita en la ciudad: poesía y ensayo en Sebastián Salazar Bondy8

Gema ARETA MARIGÓ

En 1939 José María Arguedas distinguía en su ensayo “Entre el kechwua y el castellano la angustia del mestizo” una poesía de la costa y otra de la sierra en el Perú, determinadas por su relación con el paisaje y el castellano como idioma. Frente al conflicto con ese idioma impuesto en la gente del Ande (que ejemplifica en el estilo oscuro de Trilce) señalaba la armonía conseguida entre el hombre de la costa y el idioma, lograda pronto “porque el yunga era de menor resistencia cultural que el kechwa; porque el paisaje de la costa es de menos influencia sobre el hombre que este mundo del Ande y sus hombres son más independientes de la tierra; y porque el empuje del español y de Occidente fue más violento y continuo en la costa. Al cabo de cuatro siglos, Eguren y Westphalen El presente ensayo fue publicado originalmente por la Univer sidad Complutense de Madrid, España, en la revista Anales de Literatura Hispanoamericana, 2010, vol. 39. Pp. 117-131. ARETA MARIGÓ, G. El desierto habita en la ciudad: poesía y ensayo en Sebastián Salazar Bondy. Anales de Literatura Hispanoamericana, Norteamérica, 39, nov. 2010.

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[52] hablan el castellano, como el francés su francés y el hispano su español” (1986:31). Sin embargo ese paisaje costeño ha revolucionado la poesía peruana como fuerza básica y germinal en la poesía de José María Eguren, hasta llegar a formar parte de la obra plástica de Jorge Eduardo Eielson con El “Paisaje infinito” de la costa del Perú. Gran parte del “melancólico limeñismo” advertido por Martín Adán en Eguren tiene que ver con el paisaje campestre y marino de Barranco, mundo natural que alimentará su ingente proceso de figuración. De Eguren parte también una razón poética fundamentada en el contraste entre naturaleza y cultura (heredada entre otros por Carlos Oquendo de Amat) junto a una poética visual enraizada en su pasión por la pintura y la fotografía. La declaración irónica de Martín Adán en sus Poemas underwood (incluidos en La casa de cartón de 1928): “Nací en una ciudad, y no sé ver el campo”, muestra gran parte del arrebato estético que la ciudad había provocado en el deleite (e insatisfacción) de la modernidad. La dicotomía campo/ciudad volverá a ser planteada durante las vanguardias, alentada por la llegada de intelectuales de provincias que asaltan la bastilla literaria limeña. La reivindicación que Mariátegui realiza de Eguren tiene mucho que ver con este proceso, que incluiría en su hermenéutica de la realidad peruana “El problema de la tierra” en solidaridad con el problema del indio, y sus ancestrales cultos de la mama Pacha y la heliolatría. La naturaleza como clave esencial en Eguren acompaña su impresionante alegoría limeña, fantasmagórica y grotesca. No va más allá, pero es más que evidente su antiperricholismo literario con una ciudad de comparsas y procesiones,


[53] pantomimas ceremoniales, bodas vienesas, y un arsenal culturalista (“Ananké”, “Walkiria”, “Sayonara”, “Lis”…) que cubre de oscuridad funesta el pasado de la ciudad de la gracia. José Carlos Mariátegui supo reconocer en él a uno de los principales libertadores de aquel “colonialismo supérstite” que hasta entonces era marca habitual de la literatura peruana. Ligado a un espíritu de casta, a la irrenunciable filiación española, a las instituciones universitarias académicas y retóricas, y a una ideología de conservatismo positivista y tradicionalismo oportunista, el colonialismo (“evocación nostálgica del Virreinato”) es presentado por Mariátegui como la principal requisitoria de la protesta vanguardista, la rebelión contra un enemigo que simboliza la tiranía del pasado, viejas formas de pensamiento, de expresión (de opresión). Ese ciclo colonial, preciso y claro, caracteriza casi todo la literatura peruana “hasta la generación “colónida” que, iconoclasta ante el pasado y sus valores, acata, como su maestro, a González Prada y saluda, como su precursor a Eguren, esto es a los dos literatos más liberados de españolismo” (1979:156). La vanguardia liderada por José Carlos Mariátegui, que reivindicó al indio como parte integral de una peruanidad y literatura nuevas, contó en todo momento para su defensa de ese olvidado legado cultural desde la revista Amauta (1926-1930) con la participación de los poetas, bajo esa primera fórmula amplia y humana que reunía a distintos trabajadores del espíritu y defensores del porvenir. El apostolado lírico realizado por Mariátegui guarda estrecha relación con su pasado como Juan Croniqueur, con aquella “edad de piedra” (el periodo de su vida y obra


[54] escrita en la adolescencia hasta su partida al Viejo Mundo a finales de 1919) más literaria y estética que religiosa y política. Su conversión de intelectual puro en revolucionario se realiza bajo los principios rectores del periodismo, las letras y el pensamiento, y la declaración persistente de ser un “hombre con una filiación y una fe”, lo que impedía que Amauta fuera una tribuna libre abierta a vientos refractarios. La propia definición de Mariátegui en 1927 como “marxista convicto y confeso” (carta a La Prensa el 10 de junio de 1927), o la realizada en el final de la “Advertencia” con la que abre en 1928 los 7 Ensayos de interpretación de la realidad peruana (“Tengo una declarada y enérgica ambición: la de concurrir a la creación del socialismo peruano”) no impidieron en ningún caso que en el último de los ensayos allí compilados, bajo el título de “El proceso de la literatura”, volviera a defender la independencia de las individualidades artísticas de José María Eguren, Alberto Hidalgo, César Vallejo, Alberto Guillén, Magda Portal y Alcides Spelucín. Es evidente que el canon establecido (en balance provisorio) correspondía a esa “sumarísima revisión de valoressignos” en los que Mariátegui encontraba “el sentido profundo de una literatura” (1979:230), y para los poetas antes mencionados la influencia de una obras con un mensaje a la posteridad porque “No sobrevive sino el precursor, el anticipador, el suscitador” (1979:190). La acción escrita de Mariátegui incluye tanto una decidida vocación por el ensayo como el lugar determinante que en los mismos ocupa la reflexión estética, porque más allá de la literatura suele aparecer el arte, más allá del escritor el artista, intereses estrechamente vinculados a


[55] sus propias vivencias de la bohemia limeña (esa vida de artista según la estudia Mónica Bernabé), a la personalidad y la obra de Abraham Valdelomar, y también a esa misma artisticidad con la que Ortega y Gasset definía lo específico del arte de vanguardia (arte artístico), cuyo carácter intensivo provenía de la propia autoconciencia histórica, esto es, desde la consideración de que únicamente asumiendo la historicidad del arte se puede incidir en las vicisitudes de su proceso. Como explicara Gerardo Mario Goloboff comentado el ensayo de Mariátegui “El artista y la época” (publicado por vez primera en Mundial en octubre de 1925) los numerosos aciertos del mismo tienen que ver con una comprensión del artista no desde afuera sino desde el interior, mediatizado por su propia experiencia creadora y por la necesidad política de “haber tenido que enfrentarse tan tempranamente (quizás como ningún otro marxista de su época en un país latinoamericano) con la existencia de un movimiento populista calificado y creciente, el apra, frente al cual había que esforzarse por encontrar y mantener el lugar del marxismo en todos los terrenos y también, lógicamente, en el cultural” (1980:116-117). Aunque el panorama político en el Perú es diferente en 1964 cuando Sebastián Salazar Bondy publica su ensayo Lima la horrible el Ochenio de Odría (1948-1956) todavía no había sido superado, con lo que la frustración sobre el ser peruano seguía siendo prácticamente la misma que Mariátegui supo ver por adelantado en Eguren. La alianza entre poesía y ensayo vuelve a situarse en primerísimo plano según la cita que Salazar Bondy coloca al principio de su monografía:


[56] para decirme que aún vivo respondiendo por cada poro de mi cuerpo al poderío de tu nombre oh Poesía Lima la horrible, 24 de julio o agosto de 1949 CÉSAR MORO [La tortuga ecuestre]9 En su particular homenaje al gran poeta surrealista peruano Salazar Bondy parece resumir su rechazo al aberrante mito de la Arcadia Colonial “envoltura patriotera y folklórica de un contrabando. Lima es por ella horrible, pero la validez de este calificativo depende de dónde nos situemos para juzgarla, qué código consultemos para medir sus defectos y vicios y a quiénes sentemos en el banquillo de los acusados. El objetivo de estas páginas es vindicar a la ciudad de la deplorable falsificación criollista y condenar, en consecuencia, a los falsos monederos” (1974: 37). Si “Toda ciudad es un destino porque es, en principio, una utopía, y Lima no escapa a la regla” (1974:8), la impugnación del mentido arquetipo permitirá que se realice “el proyecto de paz y bienestar que desde la fundación, y antes de ella también, cuando el oráculo predestinaba en En la edición limeña de La tortuga ecuestre y otros poemas (1956) de César Moro lugar y fecha están situadas entre el final del poema “Viaje hacia la noche” y el principio de una de las últimas composiciones de Moro (“…Contador en un Banco, aviador, que empieza”), pudiendo ser tomadas también como su inicio.

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[57] las incertidumbres, incluye la comunidad humana que a su ser pertenece” (1974: 9). Frente a la simulación de un mito que “secuestra nuestro presente y anula su proyección futura” (1974:137) la utopía y la necesidad de un artista y arte verdaderos para cambiar el mundo con sus juicios de valor como ese escritor homosexual, exiliado a México durante diez años, que adoptará el francés como lengua dominante, hecho que para Alberto Escobar muestra la interrelación entre el tema de la lengua y el tema de la marginación. César Moro, junto con Arguedas y Westphalen, forman para Escobar un primer grupo de escritores para los que “el desafío de la lengua les plantea el reconocimiento de una verdadera territorialidad, más allá de las fronteras” (1989:19). Por más que la producción de Sebastián Salazar Bondy incluya poesía, crítica, antologías, ensayo, teatro, cuentos, novelas y una ingente obra periodística, es “la prominencia del poeta” la que Westphalen reconoce en sus quehaceres múltiples, “meollo, corazón, núcleo vital de su ser. Es ella la que permitió el equilibrio de su vida, por ella no cedió al vértigo de la desesperación, en ella se redime de tanto trajín inútil, de tanto trabajo vano por remover la fealdad y maldad que nos apabulla. La poesía es su triunfo secreto” (2004: 462-463). Es el poeta de El tacto de la araña (1965) y de Sombras como cosas sólidas (1966), libros póstumos, el que escribe también esa crónica sobre su ciudad que como explica él mismo en su introducción es sobre todo “obra del amor que es poesía y vida” (1974: 9). Según los apuntes autobiográficos ofrecidos por nuestro autor el 16 de junio de 1965 durante el Primer Encuentro de Narradores Peruanos en Arequipa, semanas antes de su muerte, fue “con motivo del primer viaje que hice a


[58] Buenos Aires, donde viví algunos años, cuando descubrí el Perú y no el Perú de los himnos, de los símbolos, sino el Perú real. […] Pero además ahí supe que ya no podía vivir sin ese país y que si tenía algún deber que fuera compatible con mi vocación, con mi tarea de escritor, era escribir sobre ese país y usar de mis palabras y de mi persona, en lo que ello tuviera de influencia, para liberarlo” (1986: 64). Gran parte de este compromiso se vería cumplido en 1964: no sólo con la publicación de Lima la horrible (primero en México por Ediciones Era, después por Populibros en Lima), sino también con su antología Mil años de poesía peruana (Populibros), los volúmenes sobre Poesía quechua (México, unam) y Cerámica peruana prehispánica (México, unam), los cuentos de Dios en el cafetín10 (Populibros), y sus piezas teatrales El Fabricante de deudas; Flora Tristán (Lima, Nuevo Mundo). Porque para Salazar Bondy los géneros no eran instituciones sino medios, instrumentos, “formas a las que hay que llenar y que uno emplea de acuerdo a lo que tiene que decir y a la manera cómo tiene que decir; y que, en consecuencia, la literatura que en mí era una necesidad de expresión, una necesidad de liberación, una necesidad de nivelar ese brusco desnivel que fue la crisis económica de mi hogar, la literatura –digo– fue para mí el modo de expresión sin que se ciñera a un género, sin que eligiera un género como único carril, como único camino a seguir” (1986: 61). El exilio voluntario a la Argentina, en 1947 y que duraría cinco años, sería decisivo para encontrar la forma de un texto que en 1964 definiría su formato en México (a Con un cuento inédito (que da título al libro) incluía cuatro relatos de Náufragos y sobrevivientes (1954) y reproducía en su totalidad Pobre gente de París (1958).

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[59] donde viajó en varias ocasiones) con una edición que incluía 27 imágenes, en 16 páginas sin numeración, repartidas entre los Capítulos I (4), III (9), V (6), VII (6) y IX (2). Las ilustraciones van desde la reproducción de pinturas, grabados y litografías antiguas hasta fotografías (un total de diecisiete, casi todas de Jesús Ruiz Durand, aunque también hay dos del maestro del fotoperiodismo peruano Carlos “Chino” Domínguez, una de Leonidas Zarazú y otra tomada del periódico Expreso), con una sucesión cronológica de motivos desde las diez imágenes del pasado colonial (del que sobresale la arquitectura) hasta el presente de pobreza, ruina y total desamparo de los más desfavorecidos11. De este modo más allá de las universales Aunque el conjunto de ilustraciones se inicia con la pintura Salazar Bondy opta decididamente por la fotografía. Así frente a un pasado representado con diez ilustraciones (pintura, grabados y litografías) opone el presente visual de la fotografía. La transición se realiza con una fotografía antigua del Archivo Courret, su “Alameda de los Descalzos del Rimac” (1863) reproducida en el capítulo III, aquella que Salazar Bondy titula PREFIRIERON REMEDAR QUE CREAR. Salazar Bondy elige la visibilidad de la fotografía por encima de la pintura, siendo ésta una forma más para desmentir el cuento de la Arcadia Colonial. Gracias al número 27 de la revista Martín dedicada a nuestro autor sabemos que los fotos de Jesús Ruiz Durán datan de su estadía como vecino de los Barrios Altos y el Cercado de Lima, siendo en la revista Oiga, en la que trabajaba, donde conocería a Sebastián Salazar Bondy “quien se interesó por un portafolio con fotos mías que le mostré […]. Salazar Bondy publicó su libro Lima la horrible en base a esas fotos que aparecen en la primera edición impresa en México con diseño de Vicente Rojo” (Jesús Ruiz Durand “Lima de los Sesentas. La Lima que todo lo lima en la memoria analógica”, Martín, 27, julio 2014, p. 36). Ediciones Era fue una editorial fundada por cinco jóvenes, hijos de republicanos españoles, los hermanos Neus, Enrique y Jordi Espresate, junto a Vicente Rojo y José Azorín, cuyos apellidos conformaron con sus iniciales el nombre. Trabajaban o colaboraban

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[60] relaciones entre escritura y ciudad (esa ciudad letrada de A. Rama), o la presencia de Lima en la literatura peruana, llama la atención la articulación entre arte y política, o cómo el examen de determinados mitos culturales debía ser ilustrado. En la contraportada aparecía reseñado el texto de la siguiente manera: “Sebastián Salazar Bondy nació en Lima, 1924. Desde muy joven sobresalió en las letras peruanas y ya su nombre ha ganado prestigio continental. Poesía, ensayo, relato, crítica y sobre todo teatro son los cauces de su poder expresivo. Para la escena ha escrito un buen número de piezas en torno de una preocupación central: la realidad de su país. Lima la horrible es una exploración en el laberinto de fuerzas opuestas y complementarias que integran una ciudad. Ésta, a su vez, determina la vida de toda la nación y sus males resultan, en varios aspectos, los problemas comunes a nuestro continente. Como toda ciudad Lima es un destino, una utopía; mas pesa sobre ella el mito de la colonia, la extraviada nostalgia de una supuesta Arcadia que olvida la tensión entre amos y siervos, entre los que tienen todo y otros que no tienen nada. El pasado invade todas las esferas de la sociedad y las enajena, se exalta el régimen virreinal y con él, la opresión de que se nutría la opulencia. A la edificación de esta mitología adormecedora contribuyeron, mezclando historia y mentira, las con la mítica librería Madero, también imprenta, cuyo fundador Tomás Espresate puso los 10.000 pesos para el proyecto editorial de los jóvenes. A nadie puede extrañar que en esta editorial de izquierdas, con fuertes raíces republicanas, se publicara en el número 3 de la colección “Letras Latinoamericanas” el ensayo del escritor peruano. El pintor y diseñador gráfico Vicente Rojo, al que se deben las portadas, supervisó con su maestría habitual esta edición ilustrada.


[61] Tradiciones de Ricardo Palma. En el criollismo la nostalgia se hace popular, nacional; invoca una edad de oro poblada por reyes, santos, fantasmas, donjuanes y pícaros. En esta última instancia el mito sirve a las grandes familias –con su heráldica de “oro y esclavos”– para resistir el vertiginoso impulso de la historia, para vivir de espaldas a una ciudad y un país de indios despojados y mestizos sin esperanza, hasta que suene la hora de instaurar la igualdad y la solidaridad“.

Incidiendo en Salazar Bondy como autor dramático (Losada había publicado el Teatro que incluía Rodil, No hay isla feliz, Algo que quiere morir y Flora Tristán, Buenos Aires 1961) con esa preocupación central que es la de toda su obra, remarca el carácter americanista de un texto cuyo laberinto de fuerzas encontradas quedaba centrado en el enfrentamiento entre la utopía y el mito de la colonia, entre el impulso de la historia y el pasado, entre los indios y mestizos y las grandes familias. La edición peruana de Populibros (también de 1964) no incluía las ilustraciones12 pero en la contratapa aparecía reseñado el texto con unas palabras que según Mario Granda Rangel “si bien, anónimas, probablemente fueron escritas por el propio Salazar Bondy, quien trabajaba como supervisor editorial general” “He aquí el libro que reúne, en sus breves y concentradas páginas, la interpretación sociológica de la ciudad y la creación literaria. Como lo ha señalado casi unánimemente la crítica del En la portada llevaba como fondo (sobre el que aparecen tres franjas azules onduladas arriba y un espacio negro en su base) el dibujo de Fisquet con litografía de Challamel (en tonos rosados) de esa Plaza Mayor frente a la Catedral de Lima, que pertenece al Álbum Histórico del viaje de la nave francesa “La Bonite” (París, 1845).

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[62] Perú y América Latina, a raíz de la primera edición (Ediciones Era S. A., México), “Lima la horrible” es el juicio severo, libre y profundo más valiente que se ha pronunciado en los últimos años sobre la sociedad peruana, por lo cual se integra en esa serie de interpretaciones coincidentes del sentido y destino de las naciones continentales de la que forman parte “La cabeza de Goliath” de Martínez Estrada, “El laberinto de la soledad” de Octavio Paz, “El país del rabo de paja” de Mario Benedetti, etc. En once capítulos, Salazar Bondy analiza el mito de la Arcadia Colonial, que prevalece en Lima y se irradia al Perú entero a través de la estructuración social, el criollismo, el culto al zar, el dominio de las familias poderosas, el folklore, el hombre y la mujer, la literatura, el arte y otras notas saltantes del limeñismo, para al fin adherirse al “voto en contra” del pasado que iniciara González Prada y culminara con la obra de Mariátegui. Para el autor, la casta que detenta el poder económico y político ha adoptado e impuesto esa quimera como ideología nacional con el objeto de conservar su hegemonía. De ahí proviene el quimérico acento virreinal que se intenta distinguir en todo lo que atañe a Lima. El adjetivo “horrible”, en consecuencia, tiene un carácter de calificación más moral que estética, y no se trata –como lo han señalado diversos comentaristas– de un libro de odio sino de amor. “Es el ensayo –ha escrito Hugo Neira– que puede suscribir íntegra la nueva generación”; “… desde sus primeras páginas se anuncia casi hechizante”, comprueba Elsa Arana Freyre; “…se trata de una nueva actitud ante la realidad”, ha proclamado José Miguel Oviedo. Sebastián Salazar Bondy, nacido en Lima en 1924 –poeta, autor dramático y narrador– , se


[63] ofrece aquí penetrante ensayista poniendo en controversia conceptos y hechos hasta ayer considerados incontestables13.

Poco antes de su exilio Sebastián Salazar Bondy había sido uno de los firmantes del manifiesto de la Agrupación Espacio (publicado en El Comercio, Lima, 15 de mayo de 1947), una de las propuestas más contundentes sobre la modernidad en el Perú y un hito en la historia de la arquitectura del país. El manifiesto, que convocaba a todos los arquitectos y artistas, intentaba después de casi doscientos años de falsificación y copia del pasado (de preferencia por el estilo colonial) ofrecer “al hombre nuevo su nueva residencia. La residencia funcional, auténtica, fórmula de los postulados esenciales de la época, libre de todo estilo y anécdota accesoria.” Ese mismo espacio renovado valía para la antología La poesía contemporánea del Perú (1946) al cuidado de Jorge Eduardo Eielson, Sebastián Salazar Bondy y Javier Sologuren, suerte de manifiesto poético de la generación del 50, donde la palabra inaugural y reveladora de José María Eguren abría una cuidada constelación formada por César Vallejo, Martín Adán, Emilio Adolfo Westphalen, Xavier Abril, Enrique Peña, Ricardo Peña, y Carlos Oquendo de Amat, con dibujos de Fernando de Szyszlo. Aunque el Sebastián Salazar Bondy que redactó Lima la horrible no sería el que confesara haber tenido “una posición esteticista, sobre la base de rezagos dadás, surrealistas, es decir, de las llamadas corrientes de vanguardias”, sí que aprendió de aquella etapa “que lo único que importa es crear una obra de arte, es decir, algo bello”, para 13

Copiamos el texto tal cual (“reúne” no lleva el acento).


[64] después concluir que la validez de una obra de arte “es reflejo de un momento histórico de la vida del hombre y, precisamente, de la condición de estar limitada a una realidad proviene su belleza”14. El cambio comenzó en los últimos meses de la estancia de Salazar Bondy en Argentina y en los primeros en el Perú, y como ha explicado Mario Vargas Llosa define dos etapas y estilos que claramente se observan en su poesía, una primera durante el exilio de “repliegue claustral, de despego ante la realidad exterior y concreta” (2003:26) marcada por una poesía abstracta (de hermetismo glacial, subjetiva, recargada y enigmática), y otra comenzada en el poemario Los ojos del pródigo (Buenos Aires, Ed. Botella al Mar, 1951) “libro de expatriado que no soporta ya el destierro y quiere librarse de él mediante un regreso figurado al hogar, a la tierra ausentes” (2003:26), poesía abierta al mundo, a su mundo. Fue entonces cuando se gestó para Vargas Llosa aquel creador “empeñado en probarse a sí mismo que un escritor peruano podía ejercer su vocación si necesidad de huir al extranjero o de parapetarse en su mundo interior. Desde su regreso de Buenos Aires hasta su muerte, batalló calladamente por convertir en hechos este anhelo: ser leal a la literatura sin dejarse expulsar (fuera del país o dentro de sí mismo), en cuanto escritor, de la sociedad peruana; ser miembro activo y pleno de su comunidad histórica y social sin abdicar, para conseguirlo, de la literatura” (2003:29). Creo que existen dos claves esenciales en Lima la horrible: la pasión por la cultura (estudiada por Gérald Hirschhorn) Sebastián Salazar Bondy citado por Mario Vargas Llosa en “Sebastián Salazar Bondy y la vocación del escritor en el Perú” (Salazar Bondy, Sebastián. Escritos políticos y morales (Perú 1954-1965), pág. 24).

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[65] y la crítica al proceso de ficcionalización colonial. De esa pasión nos interesa el discurso conceptual sobre arte que como analizó Celia Herminia Rodríguez Olaya ocupará una parte esencial del amplio universo textual de Salazar Bondy: una obra copiosa producto de su infatigable voluntad de hacer, actividad febril, laboriosidad obsesiva. Voluntad del verdadero creador que asume su deber en el terreno vocacional y profesional, que no es otro para él que la destrucción de un sistema reinante para lograr el progreso de la comunidad. Sus esfuerzos creativos (esfuerzo tras esfuerzo) tienen que ver con esa fractura del mundo del error, del yerro consagrado, de lo que hace daño (Salazar Bondy 2003: 130). “La belleza no cuenta. […] Lo estético encuentra en Lima un obstáculo obstinado: su aparente gratuidad. Sin valor de uso para el adoctrinamiento o para lo sensual, la belleza creada por el talento artístico no tiene destino. Así es hoy todavía” (1974:72). A la gratuidad estética de su ciudad y de un arte estéril sin las funciones específicas del pasado opondrá Salazar Bondy esa pasión por la cultura (y dentro de ella los fenómenos artísticos), inteligencia al servicio de la impugnación arcádica y cuyo proceso guarda evidente relación con el ensayo del historiador y filósofo mexicano Edmundo O`Gorman La invención de América (México, FCE, 1958). Porque si O´Gorman revisa la historia y crítica de la idea del descubrimiento de América y del horizonte cultural que sirvió de fondo al proceso de la invención de América, Salazar Bondy hará lo mismo con una época colonial idealizada como Arcadia, su cuento y demás entes de ficción. Dicho análisis, según indicaciones en la contratapa de la edición limeña, está determinado por la “interpretación


[66] sociológica de la ciudad”15, apoyada no tanto en la obra del nombrado François Bourricaud como en los libros de viajeros en el Perú, cuyas ilustraciones bien pudieran haber inspirado a nuestro autor, la lista es infinita comenzando con “los de la época virreinal y de la república: Rosas de Oquendo, Concolocorvo, Frezier, Flora Tristán, Radiguet, Botmiliau etc. y también los más recientes: Keyserling (que sostuvo que los limeños somos constitutivamente dieciochescos), Waldo Frank, Morand, Mikes, etc.” (1974: 46). Otra fuente de información sociológica serán los libros de historia porque como dice Salazar Bondy en Lima la horrible “Este no es un libro de historia pero la historia le conviene para rastrear cuán hondas son las raíces del cuadro social de Lima en estos tiempos” (1974: 44), refiriéndose a las diferencias entre las grandes familias y la candorosa masa. Son abundantes las citas de los especialistas como Jorge Basadre (con el que trabajara en la Biblioteca Nacional en Lima), Benjamín Vicuña Mackenna, Alberto M. Salas (del que anota Las armas de la conquista, que sería publicado en Buenos Aires, Emecé, 1950), Luis E. Valcárcel, Raúl Porras Barrenechea, etc. Pero el elenco de disciplinas consultadas no se agota aquí extendiéndose a la filosofía de la historia (por ejemplo Toynbee), economía (John Maynard Keynes, Padre Joseph Lebret), antropología (J. Alden Mason), periodismo (Jorge Miota, Carlo Coccioli), urbanismo (Lewis Munford), arquitectura (Héctor Velarde, José García Bryce etc.), pintura (José La pasión por la sociología hará que Salazar Bondy asista a las primeras reuniones del Instituto de Estudios Peruanos (fundado el 7 de febrero de 1964) del que será uno de los investigadores, participando en la mesa redonda sobre Todas las sangres que tuvo lugar el 23 de junio de 1965.

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[67] Sabogal, Paul Gauguin, Pancho Fierro etc.), música (Felipe Pinglo Alva), crítica literaria (Mariátegui, José Miguel Oviedo, etc.)… Junto a la interpretación sociológica (y los diferentes saberes sobre los que se fundamenta) el segundo bloque de Lima la horrible lo conforma la creación literaria, como sistematizan el título, las citas que abren algunos capítulos16 (o las que encontramos en el interior del texto, juntos a las abundantes intertextualidades), y el último Capítulo XI (titulado “Otro voto en contra”) dedicado a los escritores limeños, mostrando la importancia de la literatura como principio y fin de su juicio sobre la sociedad peruana, coincidente en sentido y destino a las interpretaciones realizadas por Martínez Estrada, Octavio Paz y Mario Benedetti entre otros. Sin embargo el ensayo (y sus dos pilares sociedad y cultura) sirve a una única causa: la impugnación y rectificación del sueño evocativo de la colonia, el mito de la Arcadia Colonial. Para desmentir ese mito (que es sobre todo un timo) Salazar Bondy demostrará que dicha invención es un artilugio criollista creado por la aristocracia limeña para mantener su statu quo. Como dice Mario Granda Rangel (2009:2) a pesar de la preocupación de Salazar Bondy y de su entorno letrado por desvincular la lectura de Lima la horrible del elemento estético (su belleza o fealdad exteriores) para ahondar en los puntos de vista políticos e ideológicos (morales), lo cierto fue que la estética será parte esencial del libelo17. Primero Las citas son del Barón de Humboldt (I), André Maurois (III), Bertolt Brecht (IV), Pablo Neruda (V), Rubén Darío (VI), Herman Melville (VII) y Paul Gauguin (IX). 17 La crítica no ha dejado de apuntar las más que evidentes insuficiencias y contradicciones del texto como las visiones incompletas, 16


[68] porque el lector conoce desde el Capítulo V (titulado “La ciudad devota y voluptuosa”) que el arquetipo funciona como una máscara (“máscara del acartonado museo de la Arcadia Colonial”, 1974:73) que actúa como una “petrificante Medusa pasatista” para realizar un “proceso de deformación (que) no es casual: obedece al propósito de eliminar la historia” (1974:74), según ejemplifica en la iconografía de los dos santos limeños más representativos: Santa Rosa y San Martín de Porres. La belleza monstruosa de Lima depende de esa terrible envoltura, máscara paralizante y pulsión mortal. En segundo lugar por ese esencial Capítulo VII titulado “El desierto habita en la ciudad”18 que explica las causas de la fealdad de un ciudad que no ha negado el desierto. Para Salazar Bondy “El medio natural influye en los hombres y los hombres le replican en urbanismo y arquitectura. En el intercambio, lo humano, que es lo que nos interesa, queda inscrito documentalmente. Y Lima – naturaleza y ciudad– es así: una tregua en el arenal, un latido en la soledad, una sonrisa en la adustez de cielo y tierra” (1974: 96). Sin embargo “No supieron los limeños, sus alarifes primero y sus arquitectos después, encontrar como querían, para negar al desierto, una arquitectura con la substancia propia del asiento, como la habían hallado –H. Buse lo ha podido demostrar– los habitantes prehispánicos de la análisis superficiales, silencio de transformaciones modernizadoras para Peter Elmore, o la perspectiva anacrónica y desesperanzadora que según Marcel Velázquez Castro ofrece nuestro autor. 18 El desierto entra en la ciudad obra de teatro de Roberto Arlt fue publicada en 1952 (Buenos Aires, Futuro) y estrenada por el grupo independiente de El Duende ese mismo año en el actual Teatro Regina de la ciudad porteña.


[69] región” (1974:101). Por eso la primera imagen de un viajero italiano en 1931, con la que se abre el capítulo, sobre Lima como un oasis en medio de un desierto de arena queda rectificada por la siguiente de Ernest Grandidier sobre “una ciudad en ruinas que acababa de ser destruida por una gran catástrofe. Esas casas bajas con techos chatos cubiertos con una capa de barro, y los gallinazos calvos y de lúgubre plumaje que coronan las techumbres, contribuyen a hacer más completa esta ilusión” (1974: 96-97).

Y aunque la mitad de las “terrosas azoteas” hayan sido reemplazadas por los “cubos de concreto” en la arquitectura moderna, “las barriadas populares chorrean paralelas al río desde los cerros eriazos y melancólicos el terral de su miseria, y cercan por otros puntos la urbe con su polvo, su precariedad, su tristeza. Y aunque el techo limeño –plano porque la ausencia de lluvia nunca obligó a nadie, salvo a los esnobistas, a coronar las casas con la doble vertiente– tiene su literatura, nada lo libra de su fealdad, ni siquiera el amor de los niños que, al modo del desván del entretecho de otras latitudes, lo disfrutan como misterioso país de sus juegos mágicos. El desierto se instala en aquellos espacios de cara al cielo, entre los débiles paramentos de yeso y las trémulas palizadas medianeras, y no lo vencen las voces infantiles ni la alharaca de gallinas, perros, gatos y otros animales –entre los que ya no se cuenta al ilustre gallinazo– que en aquel predio tienen su sede y su desahogo” (1974: 97).

Siendo la vocación por las artes uno de los pilares del discurso crítico de Salazar Bondy interesa la alianza establecida entre la arquitectura, la literatura y el paisaje, porque frente a un desierto que avanza se encuentra una


[70] arquitectura engañosa, no creativa (salvada sólo por su literatura, aunque en los techos ya no esté el ilustre gallinazo de Ribeyro), arquitectura quimérica colonial y neocolonial que no ha detenido la llegada del arenal a Lima. “Modelo sonambúlico”, la llama Salazar Bondy, que por no perseguir “su razón histórica, su destino” (explicada para la arquitectura por H. Buse en su obra Machu Picchu, Lima, Talls. Grafs. P.L. Villanueva S.A, 1961) “la realidad refuta y refutará siempre, sin piedad”, y por eso “Lima está en el desierto –El Perú es un país de desiertos, sin continuidad de medio habitable (Emilio Romero)– y el desierto, como un fantasma, habita en la ciudad” (1974:106). Salazar Bondy realiza una deconstrucción de aquella mitología degradante que ha cubierto con el polvo uniforme de la pobreza a una ciudad que desde el aire es “un conglomerado cenizo que continúa los monótonos médanos según un ritmo urbano propio” (1974:98). La “condición delusoria” de la arquitectura colonial, “la pobreza de fantasía urbanística de los conquistadores” fueron según el autor “barato contrapeso a la uniformidad del marco geográfico” (1974:103), sucumbiendo a los sismos, la putrefacción, la polilla, los alcaldes. Mientras en los tradicionalistas “actúa la voluntad de situar su sueño retroactivo” (1974:105) Salazar Bondy ilustra ese panteón de la mentira como un auténtico locus horribilis para que nunca más Perú, pueblo y naturaleza queden lapidados por ese sueño inmovilizante, repitiendo al final de su ensayo (1974:159) las palabras del maestro: “Contra lo que baratamente pueda sospecharse, mi voluntad es afirmativa, mi temperamento es de constructor y nada me es más antitético que el bohemio puramente iconoclasta y disol-


[71] vente, pero mi misión ante el pasado parece ser la de votar en contra (José Carlos Mariátegui)”.

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[72] Escobar, Alberto. 1989. El imaginario nacional. Moro-WestphalenArguedas. Una formación literaria. Lima, Instituto de Estudios Peruanos. Granda Rangel, Mario. 2009. “El género del ensayo y la recepción de Lima la horrible de Sebastián Salazar Bondy”, El hablador: revista virtual de literatura, núm. 16, mayo de 2009, pp. 1-3. http://www.elhablador.com/ est16_granda1.html, Goloboff, Gerardo Mario. 1980. “Mariátegui y el problema estético literario”, en Mariátegui y la literatura, Lima, Amauta, pp. 109-123. Hirschhorn, Gérald. 2005. Sebastián Salazar Bondy. Pasión por la cultura. Lima, Fondo Editorial de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Mariátegui, José Carlos. 1979. 7 Ensayos de interpretación de la realidad peruana. Caracas, Ayacucho. ―――――. 1984. Correspondencia Tomo I. Ed. Antonio Melis. Lima, Amauta. Moro, César. 1956. La tortuga ecuestre y otros poemas 19241949. Con una nota de André Coyné. Lima, Torres Aguirre. O´Gorman, Edmundo. 1986. La invención de América. México, FCE. Ortega y Gasset, José. 1988. “Arte artístico”, en La deshumanización del arte. Madrid, Alianza, pp. 15-21. Rodríguez Olaya, Celia Herminia. 2005. El discurso sobre arte de Sebastián Salazar Bondy. El tacto imperceptible. Lima, Universidad Nacional Mayor de San Marcos (Tesis). http://www.cybertesis.edu.pe/sisbib /2005/rodriguez_oc/html/index- frames.html


[73] Ruiz Durand, Jesús. 2014. “Lima de los Sesentas. La Lima que todo lo lima en la memoria analógica”, Martín, 27, julio, pp. 35-41. Salazar Bondy, Sebastián. 1964. Lima la horrible. 1ª Ed. México, Era. ―――――. 1964 Lima la horrible. 2ª Ed. México, Era. Lima la horrible. 1ª Ed. Lima, Populibros. ―――――. 1974 Lima la horrible. Lima, Peisa. ―――――. 1986 “Intervención de Sebastián Salazar Bondy”, en Primer Encuentro de Narradores Peruanos, Latinoamericana Editores, pp. 59-66. ―――――. 2002. Lima la horrible. Pról. Gilberto Triviños, María Nieves Alonso, Mario Rodríguez, Epílogo Carlos Germán Belli, Concepción, Chile, Editorial Universidad de Concepción,. ―――――. 2003. Escritos políticos y morales (Perú 19541965). Lima, Fondo Editorial de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Vargas Llosa, Mario. 2003. “Sebastián Salazar Bondy y la vocación del escritor en el Perú”, en Salazar Bondy, Sebastián, Escritos políticos y morales (Perú 1954-1965), pp. 14-35. Velázquez Castro, Marcel. 2002. El revés del marfil. Nacionalidad, etnicidad, modernidad y género en la literatura peruana. Lima, Universidad Nacional Federico Villarreal. Westphalen, Emilio Adolfo. 2004. Poesía completa y ensayos escogidos. Lima, Pontificia Universidad Católica del Perú.


Un limeño contra la arcadia19

Mario BENEDETTI

“Mi crítica renuncia a ser imparcial y agnóstica, si la verdadera crítica puede serlo, cosa que no creo absolutamente. Toda crítica obedece a preocupaciones de filósofo, de político o de moralista”. Así anunciaba sus intenciones, hace 36 años, José Carlos Mariátegui en el último de sus Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, libro clave y también premonitorio de una consciente faena de clarificación social que hoy ha tomado un impulso latinoamericano. Y agregaba: “El espíritu del hombre es indivisible; y yo no me duelo de esa fatalidad; sino, por el contrario, la reconozco como una necesidad de plenitud y coherencia”. En 1964, otro espíritu indivisible, otro peruano ansioso de verdad, revitaliza y re actualiza la preocupación crítica y esclarecedora de Mariátegui en un libro La presente reseña periodística la publicó el reconocido escritor uruguayo Mario Benedetti el día viernes 05 de junio de 1964, en un diario de la capital uruguaya, con motivo de la lectura de Lima la horrible se Sebastián Salazar Bondy. Tres años más tarde, en 1967, Benedetti incluyó en su libro de ensayo Letras del continente mestizo, el artículo que aquí reproducimos y en el que se despacha sobre el mito de la arcadia colonial y el ensayo de Salazar B.

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[76] que es a la vez amargo y comprometido, apasionado y sagaz. Me refiero a Lima la horrible (Ediciones Era, México, 1964, 101 págs.), cuyo título proviene de La tortuga ecuestre, de César Moro, quien fechó uno de sus poemas con la siguiente provocación: “Lima la horrible, 24 de julio o agosto de 1949″. Sebastián Salazar Bondy nació en 1924, en esa misma Lima que hoy le escuece. Ha escrito cuentos, teatro, ensayo, crítica y poesía. En el parcial conocimiento que poseo de esas tentativas en cinco géneros (a los que habría que agregar sus excelentes notas periodísticas) prefiero su poesía más reciente. Aun en los mejores poemas de Salazar Bondy, hay una actitud de inconformismo frente a los líricos quintaesenciados, frente a la poesía pura y desarraigada, frente a lo inefable. Podría definírsela como un poetizar que mira hacia la prosa. Afortunadamente, en sus poemas Salazar Bondy sólo mira hacia la prosa, pero no permite que su verso caiga en la tentación de lo prosaico. Si bien, como tanto poeta contemporáneo alérgico a lo inefable, descarta a priori esa colección de palabras con prestigio poético que algunos vates exhiben en el hundido pecho junto a las medallas del ditirambo, si bien es cierto que desconfía ostensiblemente de los lugares comunes de la exquisitez, no se resiste en cambio a la emoción de los significados, a que la poesía (huida, o más bien rescatada, de los moldes heredados y caducos) se refugie en lo que quiere decir, en la comunicativa sensación que sirve de respaldo a las imágenes: “Porque, para ser justos, es necesario que envolvamos nuestra ropa, / demos fuego a nuestras bibliotecas, /arrojemos al mar las máquinas felices


[77] que resuenan todo el día, / y vayamos al corazón de esta tumba / para sacar de ahí un polvo de siglos que está olvidado todavía”. Pues bien, en su nuevo libro, Salazar Bondy envuelve su ropa, prende fuego a algunas bibliotecas y desciende al corazón del exangüe pasado para limpiarlo de su polvo secular. A partir de su expresión tan personal, a partir de su mirada tan peruana, este escritor participa sin embargo de una actitud que va uniendo (iba a escribir insensiblemente, pero más bien es todo lo contrario) sensiblemente a muchos escritores latinoamericanos. Como Carlos Fuentes en su México, como Roa Bastos frente a Paraguay, como Augusto Céspedes en su Bolivia, como Alejo Carpentier en su Cuba, como Ernesto Cardenal en su Nicaragua, como Gabriel García Márquez en su Colombia, como Julio Cortázar lejos (y tan cerca) de su Argentina, como los nuevos poetas de Chile, como su compatriota Mario Vargas Llosa, este peruano inconforme, decidido y veraz, emprende su propia búsqueda para poner al sol las raíces de esta América querida y vergonzante, poderosa e inválida, llena de carácter y posibilidades, y sin embargo clavada en su frustración y en su derrota. La insatisfacción que, con excepción de algunos poemas, dejaba en el lector la obra anterior de Salazar Bondy, venía quizá de un mínimo desajuste entre el propósito y su instrumento. En Lima la horrible, en cambio, el ajuste es perfecto. El enfoque es vivo y original; el estilo es chispeante, terso y certero; el hombre que reside en la obra, revela una indignación tan generosa que, aun sin proponérselo, ejerce un proselitismo de simpatía. Como resultado, Lima la horrible es más dramática que el teatro de Salazar Bondy; y, en última instancia, más esencialmente


[78] poética que su poesía. Es el mejor Salazar Bondy y quizá uno de los libros destinados a sacudir vigorosamente el árbol continental, con la consiguiente caída de sus mitos resecos. Precisamente, el que corresponde a Lima y que este escritor denuncia, es el mito de la Arcadia Colonial o sea “la envoltura patriotera y folklórica de un contrabando. Lima es por ella horrible, pero la validez de este calificativo depende de dónde nos situemos para juzgarla, qué código consultemos para medir sus defectos y vicios y a quiénes sentemos en el banquillo de los acusados. El objeto de estas páginas es vindicar a la ciudad de la deplorable falsificación criollista y condenar, en consecuencia, a los falsos monederos”. Cada país latinoamericano tiene su mentira propia, su técnica de hipocresía, adecuadamente fomentada por sus beneficiarios. Un error vastamente difundido, aun entre quienes comparten un afán esclarecedor, es suponer que el antifaz usado para ocultar el verdadero rostro nacional es el mismo en todas las comarcas. La mentira, por definición y por esencia, tiene un poder mimético del que, por los mismos motivos, carece la verdad: es así que en Venezuela se adapta dócilmente al subsuelo petrolero; en el tiroteado México se infatua de machismo; en El Salvador revuelve su café; en el futbolero Uruguay arroja las responsabilidades al comer. El notable acierto de Salazar Bondy es haber reconocido que, en su Lima, esa falsificación fomenta la hipnótica presencia del pasado colonial y su obligatoria consecuencia: la anestesiante y extraviada nostalgia. “Este libro se debe a Lima”, dice en la introducción. “Lima hizo a su autor e hizo su aflicción por ella. Ninguna otra razón que la intensa pertenencia del texto a su tema


[79] determina que estas páginas no transen en rectificar el mito mediante la más honda realidad, cotejo inclemente de la premonición y la nostalgia en la tierra árida del presente. Y como sólo el implacable deseo de posesión clama por el conocimiento desnudo y esencial, debe ser por sobre todo, considerado obra del amor que es poesía y vida. No soporta, por eso, ninguna simulación y más bien lo anima el coraje de la clarividencia, aquel que permite mirar cara a cara el horror y denunciarlo”. Para fundamentar tal denuncia del falso pasatiempo, Salazar Bondy empieza por desembozar el verdadero pasado. Para desinflar el globo aparentemente melancólico e idealista de los actuales evocadores, desprestigia con paciencia y sagacidad el meollo de lo evocado. Para negar la pureza restauradora de los promotores y cómplices del mito, hojea con bienhumorada erudición la historia limeña a fin de extraer lo que era rescatable y sospechosamente no ha sido rescatado. Para hostigar los actuales insomnios civiles (“tener un auto cualquiera, tener un auto americano de un modelo de no menos de cinco años atrás, tener un auto nuevo, ese auto nuevo, no otro, tener dos autos, tener tres autos, ad infinito”) retrocede hasta el origen de esa reacción en cadena social. Para desmoronar la apologética del perricholismo, a cargo de sus actuales fariseos, pormenoriza el fenómeno de la elevación en la escala social por la aparentemente inobjetable vía criollista. Para explicar la institución que él denomina Grandes Familias, menciona su astucia en relación con el negocio guanero, tan antiestético como rendidor, Para interpretar la devota voluptuosidad de la casta mística y sus fautores, elucida su infraestructura femenina (“en la estafa arcádica la limeña resultó así lo que es: protagonista de una imaginaria felicidad social”).


[80] Para desarmar el picaresco y temeroso endiosamiento de los muertos (necrofilia que es también una forma de exaltar el pasado), historia la mentira fantasmagórica de los panteones. “Vivir ahora es decir que no”, dice Salazar Bondy, recogiendo así la posta de Mariátegui (“mi misión ante el pasado parece ser la de votar en contra”), mas para fundamentar esa negación heredada, que, al igual que la del autor de los Siete ensayos, proviene de una voluntad afirmativa, Salazar Bondy recurre a un doble apoyo: el filón popular (son notables sus análisis del vals criollo y del huachafo, “peruanismo que reúne en un solo haz los conceptos de cursi, esnobista y ridículo”) y los testimonios diseminados sobre Lima por escritores peruanos y extranjeros, cuyas frases, estratégicamente ubicadas, enlazadas y hasta recíprocamente enfrentadas, ilustran el texto mejor aún que las estupendas fotografías que el volumen incluye. En un libro que sólo de modo marginal juzga lo literario (hay una reivindicación clara de González Prada y también un no menos claro desmedro de Ricardo Palma), son inesperadamente certeras las referencias a escritores peruanos, en especial las dedicadas a Luis Alberto Sánchez (‘en quien la costumbre de la prisa devastó intuiciones primigenias y apartó su vida del río de la vida verdadera”), Martín Adán (“cuya persona sufre y registra en versos la tensión entre el ayer, que sabe de cartón, y el mañana, que adivina cataclísmico”), José María Eguren (“oxidó la chatarrería chocanesca con su pertinacia de brisa”) y José Santos Chocano (“vistió de armiño y pluma a promiscuos antepasados, incas tristes de soñadora frente y conquistadores de fuertes y ágiles caballos


[81] andaluces, y los sentó en un parnaso a medias tropical y art nouveau para meter un ruido infernal y sin objeto”). Tal como el autor se adelanta a admitirlo, no es éste un libro objetivo e imparcial. No puede serlo. Cada vez es más difícil escribir en esta América libros imparciales. Pero tampoco es un producto del resentimiento, un manojo de odios. Es cierto que casi todas sus páginas segregan rebeldía, inconformismo, reproche apasionado, pero en este caso son formas del amor y revelan, en última instancia, la angustia de un testigo que asiste a la falsificación de aquello que ama. Al término de su cálido alerta, Salazar Bondy pudo haber anexado estos versos que publicó hace cuatro años: “Me digo que estoy triste y que la ciudad me conoce / en este breve viaje, mirándome y mirándola, / juntos ustedes y yo, mientras repito estas palabras: / “Desciendo aquí, señores. Todavía hay esperanza”.


“A Sebastián Salazar Bondy”20

Jorge Eduardo EIELSON

Sebastián Salazar Bondy fue uno de los amigos más cercanos del poeta y artista plástico peruano Jorge Eduardo Eielson. Coetáneos, su amistad data desde su primera juventud, no siendo pocas las colaboraciones que, en lo literario, hicieron en los primeros años de la carrera literaria de ambos. Para muestra: la antología de poesía peruana que prepararon junto con otro de sus grandes amigos, el poeta y editor Javier Sologuren, titulada La poesía contemporánea del Perú, publicada en Lima, en el año 1946. La prematura e inesperada muerte de Sebastián, debió calar muy hondo en el ánimo y corazón de Eielson, al ser uno de sus mejores amigos y alentadores de su obra. Muy pocos como Sebastián entendieron la poesía y la plástica de Eielson; y quizá a ese profundo dolor se debió que JEE publicara escribiera y publicara no al conocer la noticia Este poema mencionado, fue publicado por Eielson en Alpha, n° 11, en el año 1967. El mismo fue republicado en el libro nu / do: homenaje a j.e. eielson, publicado por el Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú, en el año 2002; p. 559, del que lo reproducimos.

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[84] sino dos años después del fallecimiento de Sebastián, un poema dedicado a su gran amigo.

a sebastián salazar bondy21 hay cosas que no comprendo sino llorando ríos de sangre por cierto pero en sus manos un vaso de agua y entre sus ojos un ruido atroz de vidrios rotos además caminaba ¿recuerdas? Caminaba todavía cuando murió es decir que se iba naturalmente que aborrecía la oscuridad que no volvía más nunca que su vestido estaba vacío que no veía que no escuchaba Originalmente, Jorge Eduardo Eielson publicó este poema en el libro Habitación en Roma (1952), bajo el título «Llanto obligado (ante una fuente de Roma)». No obstante, poco tiempo después de la muerte de Sebastián Salazar Bondy, lo volvió a publicar esta vez en la revista Alpha N°11 (1967) bajo el título «a sebastián salazar bondy». En 2008 se reeditó en Perú el poemario Habitación en Roma, libro en el que los editores respetaron el título original para in cluir, en calidad de dedicatoria, el segundo título.

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[85] sino tambores que adivinaba que dibujaba que contemplaba el desastre


Lima la horrible, de Sebastián Salazar Bondy22

Paul FIRBAS

La circulación de un libro y sus lecturas son impredecibles, pero no azarosas. En la década de los ochenta, Lima la horrible era un libro raro en las pocas librerías formales y los numerosos libreros callejeros de la ciudad de Lima. Nunca pude encontrar la primera edición mexicana de Ediciones Era de 1964, ni la limeña de Populibros del mismo año; solamente una rudimentaria edición pirata, impresa sin fotografías. Durante esos años, “Lima la horrible” no era una lectura, era fundamentalmente una frase suelta en una ciudad enloquecida por la pobreza, la delincuencia, el terrorismo y la represión. Quizá hoy puedo entender por qué el libro de Sebastián Salazar Bondy permanecía oculto y, asimismo, ver en aquella edición pirata una suerte de resistencia popular. La presente reseña, fue publicada originalmente por el Dr. Paul Firbas para revista Atenea, núm. 488, segundo semestre, 2003, pp. 237-240, de la Universidad de Concepción – Chile. Ello con motivo de la publicación, en 2002, de Lima la horrible de Sebastián Salazar Bondy, por la Editorial Universidad de Concepción, IV edición. 137 pp.

22


[88] Puede pensarse que el poderoso ensayo vivía todavía proscrito por un grupo de intelectuales y políticos que vieron en él un insulto, una amenaza y, quizá peor, una traición. Porque Lima la horrible sólo se pudo pensar y escribir desde adentro, porque constituye ―sin duda alguna― un enunciado parricida, una destrucción de la propia casa querida que se juzga insostenible y perversa. Diez años después, en un suburbio universitario de los Estados Unidos, llegó a mis manos una reimpresión de la edición mexicana de 1964. Venía, además, cargada de los subrayados y apuntes de un notable intelectual puertorriqueño, maestro y amigo, Arcadio Díaz Quiñones: “Es el libro que me hubiera gustado escribir”, me dijo. En el testimonio de su lectura, distante del mundo limeño, descubrí los alcances de este texto y su importancia para la crítica y el ensayo latinoamericanos. La Universidad de Concepción acaba de publicar una nueva edición de Lima la horrible, incluida en su serie de “Clásicos Latinoamericanos”. La acompaña un prólogo brillante, de gran vigor intelectual, escrito por Gilberto Triviños, María Nieves Alonso y Mario Rodríguez, un breve epílogo del poeta peruano Carlos Germán Belli y un apéndice con cinco fotografías del escritor peruano, más un facsímil del poema “Filiación política”. ¿Cómo reseñar un libro que ya ha cumplido casi cuarenta años? A la luz de la nueva edición, importa ahora pensar cómo circuló este libro, cómo se leyó entonces y cómo lo leemos hoy. El mapa de sus ediciones marca también un itinerario que debe tenerse en cuenta. Entre los intelectuales peruanos, sin embargo, Lima la horrible hoy casi no se discute. Una excepción que merece citarse es el estudio de Peter Elmore (Mundos interiores, Panfichi y


[89] Portocarrero, eds., Lima, Univ. del Pacífico, 1995). Actualmente, puede decirse que este ensayo ocupa un lugar excéntrico en el canon de cultura peruana, aunque otra fue su suerte en el resto de Hispanoamérica. Luego de las ediciones mexicana y limeña, el texto fue reeditado en La Habana en 1967 y suscitó respuestas apasionadas entre los intelectuales latinoamericanos. Según se desprende de esta nueva edición, el ensayo no ha disminuido su intensidad, aunque responda ahora a otras preguntas y lecturas. El prólogo da muestra de una nueva lectura apasionada y pone otra vez a circular este ensayo central de nuestra modernidad, lleno de desencanto y de esa “materia melancólica que se entreteje en las soledades del auténtico limeño”, al decir de Salazar Bondy en su retrato del poeta Eguren (129). Porque conviene preguntarse desde dónde se enuncia este ensayo, y los prologuistas hacen bien en recordar que el autor descubre “el Perú real” y las imposturas de su clase dirigente desde el exilio en Buenos Aires. Lima la horrible se enuncia desde ese lugar: desde la evocación, la melancolía y la pérdida de la inocencia; pero también desde la cultura de izquierdas de los sesenta, desde esa voluntad polémica que recuerda a Sartre. Los autores del prólogo ofrecen, de alguna manera, un homenaje al escritor peruano al recuperar la escritura en colaboración y la propiedad compartida. Bajo el título de “Un hijo (un texto) afligido de Lima”, el prólogo hace suyo el tono y la fluidez de la prosa del Salazar Bondy y la pone en diálogo con la crítica reciente, particularmente con Gilles Deleuze e Italo Calvino. Sugiere que Lima la horrible posee la forma del trabajo de Perseo, quien no


[90] teme enfrentarse con la horrible Medusa: la ciudad-mujer que el texto quiere destruir. Sin embargo, no es ésta una violencia improductiva, sino liberadora y constructiva y, en última instancia, utópica. Así vista, Lima la horrible es una “máquina destructora de fantasmas”, una “enérgica limpieza del inconsciente del pueblo desviado de sí mismo por la petrificante Medusa pasatista” (20-1). El ensayo de Salazar Bondy responde a una poética del develamiento de las falsedades del discurso dominante limeño. Se trata de denunciar su ideología, su falsa conciencia, para proponer una utopía, es decir, una verdadera transformación de la sociedad. La revolución implícita en Lima la horrible mira hacia el futuro pero bajo la forma de una restitución, de la restauración de una solidaridad perdida: “el bejuco de la confianza mutua y la propiedad comunal que antes de la usurpación simbolizaba en cada puerta el amor fraternal” (59). Merece un comentario el hecho de que esta nueva edición haya reemplazado las fotografías de Jesús Ruiz Durand y Carlos Domínguez, así como la mayoría de los grabados y reproducciones de dibujos y pinturas que se publicaron en la primera edición. Parte importante de la poética plural de este ensayo se apoyaba en las imágenes, las citas y los epígrafes de viajeros. Aunque el cambio probablemente obedece a razones prácticas, ninguna nota lo explica. El libro hoy lleva 12 nuevas fotografías de Paula Macció Cid que ilustran un texto ya adulto; las de la primera edición lo complementaban, formaban parte de una mirada generacional y de una propuesta grupal. Además, las nuevas fotografías plantean abiertamente el problema de la continuidad de una ciudad que ha vivido en los últimos cuarenta años su período más crítico. Sin embargo,


[91] hay que decir que en conjunto las nuevas ilustraciones se acercan bastante a las de la edición original. Por otro lado, hoy es posible evaluar la importancia de Lima la horrible en relación con los nuevos ensayos interpretativos sobre las ciudades. El texto de Salazar Bondy encaró el problema de cómo leer una ciudad colonial y letrada, y abrió así camino a otros estudios dedicados a las urbes americanas, entre ellos el de José Luis Romero, Latinoamérica: las ciudades y las ideas (1976). Quizá anticipó en la forma del ensayo lo que se estaba pensando desde la novela. Podría, por tanto, reconsiderarse su intervención en el desarrollo de la crítica latinoamericana contemporánea. La ciudad de Lima mantiene sus interrogantes, reposa como otra “esfinge preguntona del desierto”. En cuarenta años la mirada y los imaginarios han cambiado. La mayoría de sus habitantes no frecuenta ya esos espacios saturados de pasado que el ensayo usa como centros de significación; pero los fantasmas no se han retirado. Quizá el antiguo oráculo indígena, al cual la ciudad le debe su nombre quechua, continúa predicando para quienes quieren o pueden oírlo. La mentira y las falsificaciones denunciadas en Lima la horrible, todo el ruido que no permite escuchar “el Perú real”, han cambiado hoy de dirección o símbolo. La fuga se mantiene, pero el pasado de la “Arcadia colonial” ha quedado desplazado por las nuevas metrópolis del mundo neoliberal y mediático. Los distritos limeños que crecieron en los años sesenta, como San Miguel y su desmesurada mega Plaza, los más recientes, como Los Olivos y su numerosa nueva burguesía, no miran ya hacia el pasado. Esa Lima excéntrica recibe sus fantasmas en televisión por cable.


[92] Entre muchas, queda necesariamente pendiente una pregunta: ¿hasta qué punto Lima la horrible en el 2003 es otra vez el texto de 1964?, ¿por qué nos sigue hablando? Puedo solamente esbozar algunas ideas. En la misma medida en que la ciudad de Lima se ha transformado, el texto aumenta su significación como ensayo literario, se constituye en un modelo de forma y en un clásico nuestro de la hermenéutica de la sospecha. Lima la horrible permanece como una gran lectura de la ciudad hecha texto, y de Ricardo Palma como su ícono cultural; define una familia intelectual, cuyas figuras centrales son Manuel González Prada y José Carlos Mariátegui, y traza así una tradición de casi cien años para la “heterodoxia limeña” (128). Esta nueva edición es un acontecimiento intelectual y una invitación al debate.


Sebastián, el periodista23

Juan Luis GARGUREVICH

Agradezco a los editores de este importante libro por haberme invitado a su presentación, y darme así la oportunidad de expresar mis sentimientos de admiración y aprecio por la obra de Sebastián Salazar Bondy y, en particular, por su aporte a nuestro periodismo. Me voy a permitir, a modo de introducción, leerles un breve texto de Tomás Eloy Martínez: “Todos, absolutamente todos los grandes escritores de América Latina fueron alguna vez periodistas. Y a la inversa, casi todos los grandes periodistas se convirtieron, tarde o temprano, en grandes escritores. Esa mutua fecundación fue posible porque, para los escritores verdaderos, el periodismo nunca fue un mero modo de ganarse la vida sino un recurso providencial para ganar la vida“.24 El presente texto fue leído por Juan Luis Gargurevich con motivo de la presentación del libro Sebastián Salazar Bondy. La luz tras la memoria. Artículos periodísticos sobre literatura y cultura (1945-1965), publicación que reúne más de 100 artículos periodísticos firmados por Sebastián Salazar Bondy en dos tomos publicados este año, 2014, por la editorial Lapix y editado por Alejandro Susti. 24 “Defensa de la utopía”. Discurso ofrecido en el seminario “Situaciones 23


[94] Mi mirada de la obra de Sebastián es la del periodista (y disculpen que llame con confianza al autor como “Sebastián” a secas, pero así lo conocimos y lo llamamos siempre). El problema para un comentarista podría ser que Sebastián, como ha descrito muy bien Alejandro Susti en el estupendo estudio preliminar, era poeta, dramaturgo, ensayista, antologador, editor, crítico de arte, promotor cultural… y periodista. Debiéramos agregarle el colega leal, ―condescendiente y comprensivo con los periodistas noveles―, y promotor de círculos de amistad entre los intelectuales de su tiempo y generación. Se han publicado trabajos importantes sobre su obra tan extensa y diversa, de la que destacan en número sus artículos periodísticos con lo que esto significa de medio informativo y sujeción a las reglas clásicas del periodismo que suele expresarse desde las páginas de opinión. La lista es de más de dos mil artículos que abordan temas variados, casi siempre referidos a eventos culturales, y que van desde apariciones de libros hasta exposiciones de arte. En su biografía es ubicado siempre como una figura relevante de la famosa Generación del 50, acompañado de, por ejemplo, Julio Ramón Ribeyro, Carlos Enrique Zavaleta, José Durán, Luis Loayza, Eleodoro Vargas Vicuña, Alejandro Romualdo, Eduardo Eielson, Blanca Varela, Juan Gonzalo Rose, Eduardo Congrains, Angell de Lama o Sofocleto. Y esto solo en el campo de la creación literaria. La lista es larga en otros espacios artísticos y solo men-

de crisis en medios impresos” dictado en Santa Fe de Bogotá. 15.03.1996.


[95] cionaremos a Pablo Macera, Fernando de Syszlo, Carlos Bernasconi y a José María Arguedas. La mayoría de los citados estuvieron alguna vez en el periodismo, ya sea de paso o para quedarse, como Sebastián, a quien los periodistas consideraban como su colega pues era un hombre de redacción. Y vale la pena referirse a la generación de periodistas que lo acompañaron en el tiempo que le tocó vivir. En la zona que llamamos “Cultural” estaban también Alfonso La Torre, Edgardo Pérez Luna, Luis Alberto Ratto, Abelardo Oquendo, en la de “Opinión” destacaba el grupo del diario La Prensa con Chirinos Soto, Zegarra Russo, Salazar Larraín; y también los otros, los que hacían periodismo de acontecimientos como Manuel Jesús Orbegoso, Carlos Meneses, Efraín Ruiz Caro o Raúl Villarán, quienes innovaron el periodismo con el vespertino Ultima Hora. Sebastián compartía ese entorno y participaba casi cotidianamente en la difusión, en las discusiones, y hacía crítica, promovía eventos, rendía homenajes. Y creaba obras de teatro. Alejandro Susti asume con valentía el reto de acercarse a una obra periodística tan extensa. Ha espigado con sabiduría en los artículos y ha elegido los más representativos de los temas preferidos de Sebastián como la lectura, las revistas y las editoriales, los homenajes, las antologías y otros diversos que nos sirven para conocer mejor al autor. Entre los que Susti denomina como “Otros Temas”, hay uno pequeño espacio dedicado al periodismo con ocasión de conmemorarse el Día del Periodista, un primero de Octubre. Allí Sebastián hace una breve revisión histórica y describe cómo, en un momento determinado de la


[96] historia, el periódico que era un importante vehículo de cultura ―porque, entre otras cosas, ofrecía una novela diaria por entregas, el “folletín”―, había abandonado ese rol para marchar hacia el periodismo, que separa la información de la opinión, alejando así al periodista del escritor. Pero, allí también, expresaba la confianza en que no se produciría una total ruptura, y que terminaría por imponerse para, y cito “que, por el contrario, se hallen los puntos de contacto y solidaridad entre ambas posiciones”.25 El tiempo ha dado la razón a la esperanza de Sebastián. En su época de periodismo reinaba en las redacciones el párrafo inicial rápido, de no más de tres o cuatro líneas, y todos escribían igual de manera que aprendimos que el diario debía partirse en dos, las noticias de un lado, la opinión de otra creyendo, o haciendo creer, que solo la decisión de publicar conlleva de hecho una posición, una opinión. Sebastián no se sumó a esa imposición empresarial y continuó cultivando el viejo periodismo que hoy se parece a lo que llamamos “Nuevo Periodismo”, y que exige a los periodistas que asuman las viejas herramientas de la literatura y cuenten las cosas tal como a Sebastián le hubiera gustado que las contaran. Alejandro Susti recoge en su estudio preliminar, académico y preciso y que es uno de los valores del libro, un texto de Sebastián que envidiaría cualquiera de los reputados nuevos periodistas de hoy. Es uno de sus magníficos Homenajes y que corresponde al retrato que dibuja del poeta Luis Valle Goicochea: “La luz tras la memoria”. Sebastián Salazar Bondy. La luz tras la memoria. Artículos periodísticos sobre literatura y cultura (1945-1965). Tomo I. Alejandro Susti Editor. Lápix editores. Lima. 2014. P. 217.

25


[97] “Lo recuerdo en la fría noche limeña. Velado el aire por la esponjada niebla. Un rostro pálido de fino perfil, labios incoloros y ojos húmedos o brillantes, surcando las brumas. El cuerpo menudo en el traje gris se adivinaba aterido, como el de una breve ave caída en la ciudad que ya no intentara levantar su imposible vuelo. Sus queridos parajes de saucos relucientes al sol eran las antípodas. Marchábamos lentamente por la avenida Tacna y la garúa nos daba en la cara, mojaba nuestras voces, revoloteaba como miríadas de insectos alrededor de la pequeña llama que la amistad había encendido entre nosotros“.26

Y también acompaño a Susti cuando cita la crónica “Una tarde con Vallejo”, en que Sebastián recorre París visitado lugares citados por César Vallejo en sus poemas: “Es en estas calles y estas casas, entre estos árboles y estas nubes, donde uno puede alcanzar parte de la presencia real de aquel cholo triste y dulce…”.27 Es verdad que, como dice también nuestro editor, extraer un artículo del periódico para llevarlo a un libro lo descontextualiza porque, al final, todo lo que escribimos es hijo del contexto. Pero lo que se salva es lo que tiene belleza y vigencia, y este es el caso de los textos de Sebastián que hoy podemos apreciar. Para concluir, lo que he querido decir en estas breves líneas, es que Sebastián Salazar Bondy debe ser leído y releído por su talento, por sus lecciones de periodismo y por sus enseñanzas de consecuencia y lealtad a principios que nunca abandonó. Recordemos, finalmente,

26 27

Ibid. P. 309. Ibid.P. 217


[98] que todavĂ­a nos falta leer al SebastiĂĄn comprometido con las luchas sociales de su tiempo.


La sombra detrás de la hoja. Recordando a Sebastián Salazar Bondy28

Mario PERA

Una araña de patas largas corría para afirmar a su presa, un pequeño insecto, entre la geometría perfecta de sus redes. Yo observaba la escena bocarriba, mientras ello sucedía en una esquina del techo de madera que mi padre había mandado a construir algunos meses antes. Era 1996. Verano limeño con más de 30 grados. Pese a la libertad de las vacaciones, no pocas veces (como aquella) me ahogaba en el aburrimiento. El insecto intentaba escapar. Aleteaba. Empujaba con fuerza con todas sus patas. Pero la telaraña era más fuerte, más fuerte que un hilo de acero del mismo grosor, dicen. Y quizá si la “jaula” hubiera sido de acero, y no de seda, el insecto hubiera podido liberarse. Pero no. La araña llegó y pronto envolvió el cuerpo del insecto para dejarlo inmóvil, quieto, sabiendo la oscuridad de su destino. Segundos después, la araña continuó su camino. Aquella tarde, mientras veía a la araña ir y venir, recordé una frase que me había quedado dando vueltas en la cabeza A modo de conclusión del homenaje a Sebastián Salazar Bondy por los 90 años de su nacimiento (1924-2014), presentado por Vallejo & Co.

28


[100] meses atrás. El tacto de la araña. En aquel momento no recordaba que aquel era el título de un libro (que no leí sino ocho años después), ni a qué se refería. Sólo recordaba la frase y, mientras más la repetía, se me hacía más extraña. El caso es que la había leído en la contratapa de un libro azul muy viejo, casi desgajado, que siempre tuve a la mano pero del que tantas veces pospuse su lectura. Un libro titulado Pobre gente de París. Vaya nombre, pensaba yo, cómo si alguien pudiera estar triste en París, me decía. Esa tarde, con la araña balanceándose sobre mi cabeza y el insecto casi extinto, me decidí a leer por primera vez aquel libro. Los cuentos se me hicieron muy cortos y terminé el libro en cuestión de un par de horas. Me vi, entonces, ante la pluma de un autor que me deslumbró y al cual quise seguir leyendo. Fue así como conocí a Sebastián Salazar Bondy. Sebastián nació en Lima, en 1924, en pleno Oncenio de Leguía. Eran épocas agitadas en lo político tanto dentro como fuera del Perú. Era el periodo de entreguerras, los E.E.U.U. veían colapsar su economía, Europa caía en una debacle económica y cultural y el Perú no estaba exento a ello. En el país, la voz enérgica y rebelde que había significado Manuel González Prada para la ruptura con el colonialismo y romanticismo literario, y pasar así a la modernización de la literatura peruana era un eco que empezaba a alejarse, pero que había sembrado maravillosas semillas que pronto dieron como fruto los importantes movimientos de vanguardia en las provincias peruanas tales como la Bohemia trujillana u Orkopata al sur del país y, en la capital, al Movimiento Colónida.


[101] De esas canteras surgieron los principales actores culturales nacionales en las diversas artes y el pensamiento de inicios del siglo XX: Abraham Valdelomar, Gamaliel Churata, César Vallejo, José Carlos Mariátegui o José María Eguren. Ellos cambiaron el derrotero cultural del Perú, inyectándole un nuevo aire y vigor a ese cuerpo agonizante que era el escenario cultural peruano representado por José Santos Chocano, Carlos Augusto Salaverry, Luis Benjamín Cisneros, José Arnaldo Márquez o el propio Ricardo Palma. Sin embargo, en las décadas siguientes del siglo XX aquellos grupos culturales ya no existían o estaban en plena decadencia. Los principales promotores culturales del Perú habían fallecido: Valdelomar en 1919, Mariátegui en 1930 y Vallejo en 1938, lo que marcó el inicio de un nuevo ensimismamiento en la promoción cultural. El arte en el Perú volvió a caer en un marasmo; y los escritores y artistas nacionales, ante la falta de gestores culturales capaces de reunir a artistas provenientes de distintas ramas, se aislaron. Era necesario llenar el vacío de aquellos personajes que, de manera activa, agitaron el medio cultural en las redacciones periodísticas y en los cenáculos literarios, pasando a constituirse en los difusores de las novedades en la literatura nacional. En la década de los 30’s habían surgido nuevos artistas y críticos literarios (Westphalen, Diez Canseco, Alegría, Abril, Adán, Kleiser, Goyburu, Arguedas, Baca Rossi, Grau o Moro, Luis Alberto Sánchez o Estuardo Núñez), pero ninguno se avocó a la tarea de vincular a los artistas entre sí como ocurrió a inicios de aquel siglo sino, por el contrario, cada uno de estos tomaba su distancia dando origen a aportes insulares en las diversas ramas del arte peruano.


[102] En la década de 1940 surge la figura de un joven Sebastián Salazar Bondy, narrador, ensayista pero, sobre todo, dramaturgo y, en esencia, poeta. Un hombre rendido a las letras, lo que demostró desde muy corta edad cuando publicó su primer poema “Canción antes de partir” en la revista Palabra, con sólo 13 años de edad. Ya en sus 20’s, el carisma personal de Sebastián y su gran calidad como escritor lo habían llevado a hacerse de grandes amistades con Javier Sologuren, Jorge Eduardo Eielson, Fernando de Szyszlo, Carlos Bernasconi, Jorge Piqueras, Raúl Deustua e, incluso, con escritores “mayores” como César Moro, Emilio Adolfo Westphalen, José María Arguedas, Martín Adán o Enrique Peña Barrenechea. Asimismo, el espacio cultural que a inicios del siglo XX brindaban el Palais Concert y la propia casa de José Carlos Mariátegui como epicentros de reunión de la intelectualidad peruana, en los 40’s lo constituyó la Peña Pancho Fierro. A poco de fundarse esta Peña por las hermanas Alicia y Celia Bustamante, grandes amigas de Salazar Bondy, aquel espacio se convirtió en el punto de encuentro y convergencias de la vanguardia cultural peruana para compartir ideas, críticas, lecturas, gustos estéticos, proyectos y trabajos personales. Y aquí se centra uno de los aspectos poco recordados pero más importantes de la biografía de Sebastián Salazar Bondy. Fue él quien pese a su gran juventud se constituyó como uno de los principales promotores de la cultura y de las artes en el Perú. Sebastián era uno de los más entusiastas participantes en la Peña, una bisagra entre las llamadas Generación del 30 y Generación del 50. Un personaje que no dudaba en llevar a sus jóvenes amigos artistas para que estos conocieran y trabaran amistad con


[103] artistas más consolidados. El ánimo de Sebastián era el generar amistades, reciprocidades y articular generaciones y visiones del arte entre los intelectuales peruanos y artistas para crear sinergias positivas para la cultura del país. Él percibía la importancia de tales reuniones, y no dudaba en relacionar a escritores o artistas plásticos que pensaba podrían tener una correspondencia para enriquecer la creatividad de estos. Entre otros, como hechos anecdóticos, fue Sebastián Salazar Bondy quien presentó a Blanca Varela con Fernando de Szyszlo (sin saber que estaría propiciando un futuro matrimonio), a Fernando de Szyszlo con César Moro o a Fernando de Szyslo con un muy joven y aún desconocido Mario Vargas Llosa (propiciando una entrañable amistad entre ambos). A este aspecto social se unió, en lo laboral, su vital función como periodista cultural y literario. Pues era uno de los pocos que reseñaba y daba noticia al país de los pocos libros que se publicaban, así como de los que lo hacían en el extranjero. A la par, era el único crítico de arte con una columna permanente en los diarios nacionales, por lo que su trabajo en la promoción de las artes plásticas nacionales fue fundamental. A ello unió una activa gesta como promotor de obras de teatro y, no bastándole con ello, continuó escribiendo en todos los registros literarios que podía: poesía, ensayo, narrativa, crónica y dramaturgia. Como dramaturgo fue, sin duda, uno de los más prolíficos y mejores de su tiempo. Escribió comedias, farsas, dramas psicológicos, dramas históricos y teatro épico entre los que destacan las obras: Rodil (1952), No hay isla feliz (1954), En el cielo no hay petróleo (1954), Algo que quiere morir (1956),


[104] Un cierto tic-tac (1956), Flora Tristán (1959), El fabricante de deudas (1963) o El rabodomante (1965). Obras por las que ganó en tres ocasiones, 1947, 1952 y 1965, el Premio Nacional de Teatro, como no ha vuelto a suceder con otro autor. Como antologador su labor no fue menos fecunda ni importante. Nos legó sendas publicaciones que hablan de un esfuerzo por poner al alcance de todos la poesía escrita en nuestro país incluso desde tiempos precoloniales. Muestra de ello son sus antologías: La poesía contemporánea del Perú (1946, junto con Jorge Eduardo Eielson y Javier Sologuren), Antología general de la poesía peruana (1957, junto con Alejandro Romualdo), Poesía quechua, selección (1964) y Mil años de poesía peruana (1964). Una mención aparte amerita su ensayo Lima la horrible (1964), el que es a mi juicio uno de los más trascendentales documentos para comprender los males socio-políticos de la clase gobernante peruana. Sebastián, como en su momento lo hicieron González Prada y Mariátegui, delineó perfectamente aquel espejo en el que los limeños odiamos vernos, incluso hasta ahora. Nadie como él consiguió el tono perfecto para que los limeños viéramos que entre el Perú colonial y el republicano, hubo una transición trunca si es que siquiera la hubo en cuanto a las viejas estructuras coloniales y nuestros usos como sociedad. Nos enrostró las aberraciones de la sociedad limeña, y del limeño como ser individual. Y lo peor, como es fácil observar, es que tras 50 años de publicada varios de aquellos males que planteó Salazar Bondy siguen vigentes. Ningún libro como Lima la horrible ha desnudado, hasta ahora, nuestras mayores debilidades y taras como una sociedad capitalina cuya clase aristocrática aún añora ciertas prácticas coloniales de discriminación, exclusión


[105] y repudio, y a la que la modernidad actual la está obligando (como el precio de pasar a ser cosmopolita) a cambiar para aceptar, después de casi 200 años de independencia, los reales parámetros de una democracia en la que todos los ciudadanos somos iguales. Lima la horrible no intentó destruir una sociedad, sino mostrarle sus anacronismos a la misma para forjar una nueva conciencia y crear una identidad más acorde y humana en una ciudad cuya clase gobernante se ha caracterizado por una actitud prejuiciosa, egoísta e hipócrita. Y el gran mérito de Sebastián Salazar Bondy fue el mostrarnos que sólo reconociendo nuestros errores como individuos y como sociedad, podríamos empezar a cambiar.

A modo de conclusión Ciertamente rendirle un homenaje, pequeño como es, a Sebastián Salazar Bondy, me alivia de la gran deuda que siempre sentí que tuve con él tras leer sus obras y, en especial, Lima la horrible. Tal vez Sebastián Salazar Bondy no es el poeta peruano más conocido, ni de lejos el más leído. Su obra poética y narrativa ha sufrido un escandaloso olvido teniendo una carácter valioso para comprender el devenir histórico-social y literario peruano con un balance, en tan sólo 41 años de vida, de nueve poemarios, dos ensayos, dos libros de cuentos, dos novelas, cuatro antologías de poesía, un libro de cuentos infantiles, trece obras de teatro montadas y más de 220029 artículos periodísticos culturales de Susti, Alejandro. 2014. Sebastián Salazar Bondy, La luz tras la memoria.

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[106] los más diversos. ¿Qué otro escritor peruano ha producido tanto, en distintas ramas y con tal calidad? Pienso aquí en Abraham Valdelomar, César Vallejo, Jorge Eduardo Eielson o Rodolfo Hinostroza. Con todo ello, Salazar Bondy fue además el gran lazo de unión entre los artistas peruanos de mediados del siglo XX, y uno de los más importantes (si no el más) gestores culturales de esa época. Su generosidad era tal que, en palabras de Fernando de Szyszlo: “Sebastián fue una persona increíble. Lo más generoso, lo más interesado en los demás, en promover la obra de otros más que la suya y, al mismo tiempo, siendo un cristo teniendo que hacer ocho oficios para poder sobrevivir. Era un gestor cultural”30. Respecto a ello Luis Rebaza Soraluz explica: “Cuarenta años después de Amauta, Salazar Bondy está enfrascado en el proyecto de realizar artísticamente un producto estable y culturalmente articulado en un Perú antagónico, de dar un modelo de identidad que le resuelva (a él y al país) el conflicto de una práctica que parece disgregarse en direcciones variadas y hasta, aparentemente, opuestas: traducciones, ediciones y adaptaciones de literatura quechua al teatro moderno; crítica sobre arquitectura colonial y arte precolombino; ensayos de análisis sociológico; una novela de escenografía europea y perArtículos periodísticos sobre literatura y cultura (1945-1965). II tomos. Citando a: Hirschhorn, Gérald. 2005. Sebastián Salazar Bondy. Pasión por la cultura. Lima: Fondo Editorial de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Embajada de Francia, Instituto Francés de Estudios Andinos. Pp. 139. 30 Entrevista a Fernando de Szyszlo por Mario Pera en: https://ruidoblancopoesia.lamula.pe/2014/02/15/todo-angel-es-terrible-entrevista-a-fernando-de-szyszlo/mariopera/


[107] sonajes latinoamericanos y otra, publicada póstumamente, localizada en el Perú y escrita desde la perspectiva del realismo crítico, y también poesía y teatro de línea diversa. Su temprana muerte (1965) ha dejado el proceso de su obra en aquel momento conflictivo: el de cómo resolver la tensión creada por la simultánea valoración de la estética precolombina, de la formación intelectual de raíz europea y del cambio social que su época demanda o, en otras palabras, el problema de hacer corresponder una práctica cultural con una posición política”.31

El Perú es un país de grandes injusticias, y más en lo cultural pues, pese a que continuamente se citan frases de escritores nacionales, muy pocos se han dado el trabajo de leer sus obras. El olvido suele ser la estancia en donde descansa la memoria de varios de nuestros escritores y, en el caso particular de Sebastián Salazar Bondy, ese injusto olvido no sólo responde a una práctica nacional extendida sino, también, a un descuido consciente por una obra tan radical en sus pretensiones y contenido que ofendía a una sociedad poco sincera. Resulta increíble que recién, tras 50 años, se haya publicado un libro32 reuniendo en dos volúmenes lo más im Susti, Alejandro. 2014. Sebastián Salazar Bondy, La luz tras la memoria. Artículos periodísticos sobre literatura y cultura (1945-1965). II tomos. Citando a: Rebaza Soraluz, Luis. 2000. La construcción de un artista peruano contemporáneo. Poética e identidad nacional en la obra de José María Arguedas, Emilio Adolfo Westphalen, Javier Sologuren, Jorge Eduardo Eielson, Sebastián Salazar Bondy, Fernando de Szyszlo y Blanca Varela. Lima: Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Pp. 70-71. 32 Susti, Alejandro. 2014. Sebastián Salazar Bondy, La luz tras la memoria. Artículos periodísticos sobre literatura y cultura (1945-1965). II tomos. 31


[108] portante de sus artículos periodísticos. Resulta increíble también, que recién tras 40 años se reedite por tercera vez en el Perú, Lima la horrible33. No obstante, no es increíble que la calidad de su obra, en todo género, siga indemne y cada vez más vigente. Espero con este homenaje, de alguna manera, haber cumplido con retribuir esa gran deuda que la lectura de la obra de Sebastián Salazar Bondy generó en mí.

Lima: Lápix. Salazar Bondy, Sebastián. 2014. Lima la horrible. Lima: Lápix. La segunda edición fue publicada en 1974 por peisa y la primera en 1964 por Populibros Peruanos.

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Nota sobre la poesía de Sebastián Salazar Bondy34

Javier SOLOGUREN

Quizá una de las notas más vibrantes del vario y personal quehacer poético de Sebastián Salazar sea la melancolía. El poeta permanente que en él alentó supo dar testimonio de la experiencia cotidiana, sin desdeñar nada. Fue un testigo ligado a su visión, no un espectador. No es difícil sorprenderlo en actitud reflexiva, entregado a una corriente de pensamiento a cuyo influjo el simple, el humilde acaecimiento diario se intimiza, se vive por dentro, pues lo lleva a la luz del corazón tocándolo así de crepusculares destellos: Si otra vez me encuentras como ahora y cae este chorro de pena desde mi triste frente (Confidencia en alta voz, pág. 51)

Reproducimos en Vallejo & Co. este texto que, a manera de prólogo, entregó el poeta y editor peruano Javier Sologuren, sobre la obra poética de su gran amigo, el escritor y periodista Sebastián Salazar Bondy. El presente texto, titulado “Nota sobre la poesía de Sebastián Salazar Bondy”, fue publicado en Obras de Sebastián Salazar Bondy: Poemas. Tomo III. Francisco Moncloa Editores S.A. 1967, pp. 14-18.

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[110] El sueño ha recogido sus velas y ya navego por el lento sopor del verano estibado de melancolías (Confidencia, pág. 91) Oculto estas imágenes pálidas, pongo entre otras cosas antiguas estas cosas, cierro el álbum triste del corazón. (Confidencia, pág. 83) Las cosas, los seres, los hechos están penetrados, a veces henchidos, de cierta delicada congoja, la misma que nos llega a parecer, por fuerza de esta interna perspectiva, una irremediable condición de la existencia. Un dejo de tristeza, según el propio poeta señalara en una oportunidad, se percibe, por lo demás, a lo largo de toda nuestra poesía. Pero Sebastián Salazar no quedó confinado al papel de melancólico testigo de un devenir al que fuere ajeno; si bien es sensible, agudamente, a pálidas luces y emblemas de acabamiento, no es, en modo alguno, inmóvil espejo de atardeceres. Sale en busca de los seres, actúa, participa con ellos, al lado de ellos, sobre ellos; conquista activamente sus esencias, adivina sus destinos. Ha platicado a menudo con “su interior hombre” (como lo dijera Francisco de Aldana en verso que le sirve de epígrafe a Máscara del que duerme), ha descubierto hondas certezas, personales primero, luego sociales: la existencia nacional que tanto le preocupara y que tan lúcidamente revelara: Pertenezco a una raza sentimental a una patria fatigadas por sus penas …………………………………………………… El tiempo es implacable como un número creciente y comprendo que se suma en mi frente, en mis manos,


[111] en mis hombros, como un fardo, o ante mis ojos como una película cada vez más triste. Confidencia en alta voz de una conducta sentimental (como declaran los títulos de dos de sus libros). La resonante gravedad de este tono es resultado del encuentro de reflexión y sentimiento. Invade éste, penetra, el cuerpo total de su poesía; es la toma de contacto ―a nivel profundo, cordial, intuitivo― con el mundo personal, familiar, comunitario. Profundo, no oscuro; cordial, no plañidero; intuitivo, no caótico. Porque de esa naturaleza es la luz del corazón. Desde sus primeros poemas (en los de Voz desde la vigilia, por ejemplo), podemos percatarnos cómo va definiendo una clara línea de simpatías estéticas, la que va de Valéry a Borges, que es de contención y mesura (la regla que corrige la emoción, que dijera Braque). En ese cuaderno hay versos en los que refringen aquí y allá los entusiastas, meridianos endecasílabos del poeta de El cementerio marino (“¡Beligerancia de la nada / acaso mas tu legado se me advierte y vive!”; “mi clausurado párpado / atribúyese umbral y te enajena”). De otras fuentes más, las castellanas y clásicas en especial, nutrió Salazar su palabra flexible y fina, patéticamente comunicativa. Su riqueza verbal supo ponerla al servicio de imágenes delicadamente elaboradas, prolongadas filigranas entre cuyos hilos palpitará siempre la belleza y la vida: Porque cuando me acerco a la luz corporal, cuando en el pecho me estalla esta estrella apasionada, todo peso desaparece y marcho por el aire como esas flores insignificantes hechas de filamentos que se elevan del suelo y ascienden


[112] al modo de una lluvia terrena que llena el arca del cielo. (Confidencia, pág. 45) Yendo por las interiores galerías del poema, por esos pasajes desde cuya altura atisbamos la recóndita germinación de motivaciones y temas, podemos descubrir la presencia de un amor entrañable, el familiar, que tan punzantes huella a dejado en ellos: Estoy aquí, pero en Lima despertará mi madre cuando el perro gima a su puerta, le dé los buenos días, la bendiga, porque su mano es como un fruto que no cesa. (Confidencia, pág. 75) Prodigiosa materialización de este afecto, la casa: El lugar donde uno concluye es la casa, su fuego cálido y levemente sonoro en cuyas llamas la poesía se serena y anuncia el solitario gose de sí mismo. (Confidencia, pág. 15) Amor en el semblante familiar del perro y de la hormiga, en la buena noticia del parto venidero, amor como un fanal de vino en mis zaguanes, como un geranio de hotel, como la cena pura del domingo. (Cuaderno, pág. 11) Es una peluca dorada afuera en el resol, una pared silenciosa de moho y risa, una escalera añosa que murmura dulcemente. (Cuaderno, pág. 9) Así, la familia, la casa, el hogar, en su cotidiano devenir, en sus miembros y enseres queridos, señalan su paso cálido,


[113] añorante, en su obra poética; en Salazar no se debilitarían nunca estos tiernos y profundos vínculos. Los ojos del pródigo (título de uno de sus libros publicados en Buenos Aires cuando el poeta residía en esa ciudad), patentiza la constancia de este sentimiento: usencias y recuerdos del hijo ajeno, peregrino. Y la mesa llega a convertirse, por esta vía, en un símbolo pleno: la mesa de la tertulia: Estará servida la mesa y en torno a ella las cabezas no se volverán para ver cómo llego hasta el convite y tomo mi puesto de hijo mayor. (Los ojos, pág. 16) No le digo siquiera la tez del tamarindo fresca como la tarde cristalina en la mesa. (Cuaderno, pág. 12) No he de estar siempre entre papeles y humo, cuentos y fotografías de poetas y aventureros ante una mesa de pino y bajo la lámpara que ilumina este rincón que habito y lleno de mi calor de amante. (Los ojos, pág. 23) Es grato, por ejemplo, escuchar esa voz o ésta fluir sobre la mesa como un arroyo incesante (Los ojos, pág. 21) En sus últimos poemas volvería como una y otra vez lo hizo, a la nostálgica evocación de la casa paterna: Nací en un leve nido de barro y caña de Guayaquil …………………………………………………… Mas siempre mi vida buscó la dulce habitación arbórea, el ovillo de barro y caña, la cavidad suspendida en la sombra original (Sombras como cosas sólidas)


[114] Conmovedora, por humana, es su sentida necesidad de compañía. Menciones e invocaciones al amigo, al prójimo, acuden con vehemente frecuencia: Dadme ese té que no puedo mirar sin sentirme junto a un calor de cuerpos semejantes (Cuaderno, pág. 10) Hombres y mujeres que me ofrecen su compañía sin conocer mi voz y ni haber pronunciado mi nombre, sólo porque entre ellos soy uno que celebra cómo la vida nos reúne en una misma estación. (Los ojos, pág. 13) Esa condición hogareña, esta disposición y deseo de humanas relaciones va trazando luminosos hitos en su emotivo itinerario: la casa, el vecindario, el barrio, la ciudad, el país. Su inspiración, en no escasa medida, sigue el hilo conductor de la vida urbana. Salazar sintió como nadie a su ciudad, como nadie también la juzgaría, pues Lima le pesó duramente en el corazón. En ella asistió al doloroso drama del egoísmo y la preterición, y ella estaría en el origen de “unas cuantas díscolas imágenes del mundo”. Pero su condena no sería abstracta, ya que, como hemos apuntado, fueron muchos y sólidos los lazos que a su ciudad lo ataron, los mismos que se muestran en los mil rasgos sutilmente significativos que supo ver en su experiencia anecdótica, que supo decir con elocuencia: Lima, aire que una leve pátina de moho cortesano, tiempo que es una cicatriz en la dulce mirada popular, lámpara antigua que reconozco en las tinieblas, ¿cómo eres? ……………………………………………………


[115] Lima, rostro que ha tallado en la niebla su gesto menos glorioso, color que se disuelve en el cielo como un azúcar mortecino, paz que se extiende entre una nube y una lágrima, ¿cómo eres? (Confidencia, pág. 59) Y con irrecusable certeza, propia del conocimiento poético, sorprendióle en el rostro el desolado gesto de un desolador símbolo moral: “Dejo… el cielo sin cielo de mi ciudad”.


El ataque a la ciudad colonial y sus valores criollos en Lima la horrible como liberación histórica o reacción conservadora35

Félix TERRONES

La época colonial, idealizada como Arcadia, no ha hallado todavía su juez, su crítico insobornable. Lima la horrible, Sebastián Salazar Bondy

Introducción En 1964 Sebastián Salazar Bondy publica el libro de ensayos llamado Lima la horrible (Salazar Bondy, 2008). En dicho texto se explicitará, describirá y, en última instancia, denunciará una representación específica de la ciudad de Lima: la de determinadas producciones culturales de los siglos El presente texto, que reproducimos ahora en Vallejo & Co., fue publicado originalmente en: TERRONES, Félix. El ataque a la ciudad colonial y sus valores criollos en Lima la horrible de Sebastián Salazar Bondy como liberación histórica o reacción conservadora, Figures de la censure dans les mondes hispanique et hispano-américain, ed. par Juan Carlos GARROT, Jean-Louis GUERENA et Mónica ZAPATA, Tours: Centre Interuniversitaire de Recherche sur l’Education et la culture dans le Monde Ibérique et Ibéro-américain (ciremia), 2009, pp. 360 – 376.

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[118] XIX y XX. En su exaltación idílica de un pasado, ellas parecieran darles la espalda a los cambios sociales ocurridos en la capital como consecuencia de los flujos migratorios campo-ciudad. Herramientas de la censura de una historia prehispánica, ellas serán el soporte ideológico de prebendas sociales. En este sentido analizaré la caracterización que de estas estrategias pasatistas realiza el ensayo, así como también sus proposiciones alternativas y, al mismo tiempo, vindicatorias de otro horizonte cultural (deudor del indigenismo). Dichas proposiciones alternativas, serán planteadas como ejercicio liberador de las cadenas que mantienen a los limeños atados al hechizo del pasado. Al mismo tiempo, sin embargo, esta postura que en principio pareciera no sólo progresista sino también revolucionaria, se mostrará, a partir de determinados postulados finales, como censora de aquel mismo horizonte al cual creía apoyar. Lenguaje que se quiere de la verdad, como opuesto al considerado represor de la conciencia ciudadana, nuestro texto es al mismo tiempo un opúsculo que aboga por las modificaciones ideológicas como medio de defensa antes que como auténtico ejercicio de apertura social. Así, en última instancia me detendré en este « cortocircuito » del argumento con el fin de reflexionar a propósito de sus implicancias literarias, sociales y culturales.

La tendenciosa exhumación del pasado Según la Real Academia, « horrible » significa « que causa horror » y este último es un sustantivo que denota « una aversión profunda hacia alguien o algo » (drae, en linea).


[119] El título, al menos en un primer grado, alude a la condición intrínseca de la señalada ciudad así como también al rechazo que ésta provoca. En este sentido nos encontramos frente a un título que, si seguimos la categorización planteada en Seuils por Gérard Genette, podemos calificar como temático36: enuncia, de manera directa, el contenido y la postura del ensayo, una declaración de principios –el calificativo de horrible– y, al mismo tiempo, la explicitación de un sentimiento. No se trata, sin embargo, de una fórmula propia a Sebastián Salazar Bondy. Ésta fue acuñada tiempo antes por César Moro (1903 – 1956). Dicho poeta en su colección llamada La tortuga ecuestre (1957) coloca al final del último texto: Lima la horrible, 24 de julio o agosto de 1949, borrosa datación con la que se cierra el poemario. Antes que ser una creación original y novedosa, el título supondría la exhumación de un texto precedente con el cual se establece el diálogo: si el poeta acaba su colección con la fórmula Lima la horrible seguida de la fecha, será el ensayista quien tomará la posta, siete años después, para colocar dicha fórmula, no ya como exergo sino más bien como pórtico de entrada a su texto. Nos encontramos frente a una primera explicitación de una modalidad que será recurrente a lo largo del ensayo. Me refiero al diálogo intertextual que nuestro ensayista utilizará con el objetivo de establecer determinado «Pour désigner ce choix dans toute sa latitude, sans en réduire le second terme à une désignation formelle qu’il pourrait à la rigueur esquiver, j’emprunterai à certains linguistes l’opposition qu’ils marquent entre le thème (ce dont on parle) et le rhème (ce qu’on en dit). L’emprunt, je le sais, ne va pas ici, comme toujours, sans distorsion, mais j’en assume le péché pour l’efficacité (et l’économie) de ce couple terminologique ». (GENETTE, 1987: 75).

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[120] vínculo con la producción cultural precedente. Ya sea, como acabamos de ver, en el título, o bien en epígrafes y citaciones nuestro ensayo recupera con constancia novelas, poemas, canciones y demás amalgamándolos a su textualidad. ¿Hay alguna característica concomitante, un rasgo que reúna a los extractos coleccionados en Lima la horrible? ¿De existir ésta, el ensayo se limitaría a establecer un diálogo o iría más lejos en su interacción con este horizonte cultural? Tomemos en consideración los textos que, con respecto de la ciudad de Lima, la tres veces coronada, la llamada ciudad de los reyes, aparecieron antes de nuestro ensayo. En su ensayo El descubrimiento de España (1996), Fernando Iwasaki da cuenta sumaria de la bibliografía consagrada a exaltar y glorificar una ciudad sinónimo de paraíso colonial. El primer hito de este proceso fue Lima. Apuntes historio-gráficos, descriptivos, estadísticos y de costumbres (1867) de Manuel Atanasio Fuentes […]. Su alado éxito dio pie a la publicación de la Historia de la fundación de Lima (1882) del jesuita Bernabé Cobo […] y Lima antigua (1890) del editor Carlos Prince. […]. El interés por la Lima virreinal permitió la aparición en Paris de las Actas del Cabildo de Lima desde 1535 hasta 1539 (1900) y movió a los directores de la «Colección de Libros y Documentos referentes a la Historia del Perú» a incluir en su catálogo el Diario de Lima (1640 – 1694) de Josephe de Mugaburu, editado en 1918. El último rebufo de esta andanada inicial fue Lima, unos cuantos barrios y unos cuantos tipos (1907) de Abelardo Gamarra, un texto lánguido y melancólico –Una Lima que se va– de José Gálvez, Lima religiosa (1924) de Ismael Portal, La ciudad de los virreyes (1928) de Cipriano Laos y Quince plazuelas, una alameda y un callejón de Pedro Benvenuto Murrieta. Hasta entonces la figura


[121] de la ciudad se debatía entre la remembranza y el costumbrismo (Iwasaki Cauti, 1996: 102).

«Hasta entonces la figura de la ciudad se debatía entre la remembranza y el costumbrismo» afirma Iwasaki Cauti haciendo eco, sin saberlo, del prólogo de José Jiménez Borja al ya mencionado libro Quince plazuelas, una alameda y un callejón de Pedro Benvenuto Murrieta. En dicho prólogo se caracteriza toda esta producción como basada en la «mirada retrospectiva y del amor, aunque a veces sea satírico o caústico, de nuestro lejano ayer» (Benvenuto Murrieta, 2004:20). Nos encontramos de este modo, con una frondosa y múltiple producción letrada, cuyo rasgo en común es la consideración del pasado como una instancia rica y positiva frente a la cual el sujeto se posiciona en función de su nostalgia del bien perdido. Si consideramos los períodos en los cuales aparecieron dichos textos la nostalgia adquiere nuevos contornos. Ellos aparecieron entre fines del siglo XIX y comienzos del XX, periodo en el cual las transformaciones urbanas y sociales se hicieron vertiginosas37. Estas transformaciones son tan extraordinarias y novedosas que modifican radicalmente las instituciones y los modos, ellas atraviesan todos los «Se produce un incremento notable en los procesos migratorios, sobre todo de la sierra a la costa, mientras que las distintas tradiciones del Perú, inician un contacto y una interacción cuya intensidad irá, a partir de entonces, en constante crecimiento al ritmo mismo de la explosión demográfica. Surge un nuevo contingente urbano de proprietarios, empresarios, obreros y subocupados, producto de las migraciones campociudad. La expansión rural de de la influencia de la radio hace de vehículo a la introducción de valores y modas no andinos. Se exacerba la contradicción entre lo nativo y lo extraño» (Matos Mar, 1980: 31-32).

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[122] registros, volatilizando lo que hasta entonces se creía inconmovible, homogéneo y sólido 38. En este sentido, como señala Peter Elmore con respecto de uno de los textos enlistados líneas arriba, el argumento subyacente de los sujetos letrados no es tanto la queja, consecuencia de los cambios, como la denuncia de las transformaciones que el proceso de modernización instaura en la ciudad (Elmore, 1993). Y es sobre este panorama, que aparece, en 1963, Lima la horrible. Dice el ensayista en el primer texto: A Lima le ha sido prodigada toda clase de elogios. Insoportables adjetivos de encomio han autorizado aun sus defectos, inventándosele así un reverberante abolengo que obceca la indiferencia con que tantas veces rehuyó la cita con el dramático país que fue incapaz de presidir con justicia (Salazar Bondy, 2008: 391).

Si en título ya se establece el diálogo intertextual, el ensayo en su conjunto amplificará esta estrategia. El valor concomitante de la producción letrada frente a la cual se yergue, como una espada, la voz del ensayista no sería otro que el elogio de ese pasado o arcadia colonial. Y dicho Continúa Matos Mar: « La invasión de nuevas áreas como el lecho y los márgenes del río Rímac, las faldas de los cerros y los arenales y la captura del casco tradicional de la ciudad, han reducido a los sectores medios y opulentos a una situación de insularidad en sus barrios residenciales. El enorme desplazamiento de las masas provincianas a la capital ha venido convirtiendo a la ciudad en el crisol y muestra de todos los procesos en marcha en el Perú. Esta mayoritaria concentración migrante en barriadas y urbanizaciones populares, ha terminado por constituirlas en factor determinante de la nueva dinámica social metropolitana » (MATOS MAR, 1980: 72).

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[123] elogio poseería como rasgo el ser «insoportable» e «inventado». No es gratuito, como veremos, que se utilicen ambos adjetivos. Los dos serán el norte del combate interpuesto: uno –«insoportable»– determinará el espíritu revolucionario que alienta el texto, mientras que el otro –«inventado»– signará su búsqueda de negación de aquello que se ha dicho antes. En la siguiente sección detallaré el proceso de refutación, corrección y planteamiento alternativo establecido por el ensayista. Me gustaría, en este momento, caracterizar las razones del ataque realizado, quiero decir, interrogarme con respecto de qué es lo que encuentra de negativo el ensayista en los textos, canciones, arquitectura, usos y costumbres, artes plásticas y demás expresiones para hacer de su texto un caballo de batalla contra la exaltación de la calificada arcadia colonial. Con este objetivo, me gustaría detenerme en un pasaje que resalta bastante bien el postulado del ensayo y manifiestan las coordenadas de reivindicación de éste. Hace 427 años que Lima fue fundada. Mucho antes, sin embargo, en el lugar donde está emplazada vivían esos hombres cuyos restos han sido desenterrados de los cementerios de Huallamarca o Armatambo, a quienes muy pocos osan llamar limeños, pues tal privilegio sólo se concede a los que nacieron en la ciudad dibujada un cálido día de enero por la espada de Francisco Pizarro. Del Rímac, de el río que habla, únicamente quedó el mitigado nombre; de los caciques, la deleble memoria anterior a la celebridad; de los templos, palacios y necrópolis, las ruinas que la unción de unos cuantos hoy restaura; de su arte, cántaros y telas que la exquisitez coleccionista fomenta” (Salazar Bondy, 2008: 401).


[124] Según el texto, la civilización era una realidad desde mucho antes de la llegada de Pizarro y su tropa: «templos», «palacios» y «necrópolis» son la topografía rescatada por debajo del trazado en damero de la ciudad hispánica. Lima y los limeños, por lo tanto, ya existían antes de la Colonia; sin embargo, «muy pocos osan llamar limeños, pues tal privilegio sólo se concede a los que nacieron en la ciudad dibujada un cálido día de enero por la espada de Francisco Pizarro». Como hemos visto, la tradición letrada que exalta el pasado se detiene en el aparato y adorno coloniales como espejo en el cual la nostalgia se mira. ¿Cuál es la razón, según Lima la horrible para pasar por alto el sustrato indígena dentro de la sociedad, cultura e historia limeñas y, en última instancia, peruanas? Si los cantores de la ciudad colonial exaltan con su producción cultural un pasado edénico y paradisíaco, su actitud es tendenciosa desde el momento en el que contribuyen a olvidar que debajo de esta historia, palimpsesto de las eras, caligrafía borrosa, se encuentra otra ciudad, la prehispánica de Huallamarca. Nos encontramos, por lo tanto, frente a una doble acusación: la de obliterar el recuerdo de los «verdaderos» ciudadanos y la de fabular un pasado. La fundación de la ciudad, en la memoria de sus sujetos letrados, supone, así, el olvido deliberado de lo inconveniente y problemático, es decir, el elemento trasgresor y diferente dentro de la comunidad, en función, según el ensayista, de una complaciente praxis de la memoria histórica. El carácter censor, de este modo, se expresaría tanto en el enmascaramiento de la realidad como en la tergiversación de lo histórico. Estos dos puntos tomados en sí, sin embargo, no justifican el ataque que a la calificada arcadia


[125] colonial realiza Lima la horrible. Es necesario que ellos tengan consecuencias en la sociedad actual para que activen el espíritu polémico y combativo del ensayo39. La respuesta a esta pregunta la encontramos en la sección llamada «El país inhibido en la pintura». Hubo una receta: el hombre de aquí, su paisaje, su vida, su espíritu, su cultura, debieron ser soslayados y, más que eso, negados, para que prevalecieran en los cuadros los emblemas de la nueva fe y los nuevos dueños. Basta contemplar un solo cuadro colonial para inferir, a despecho de su belleza o su encanto, calidades que no están en discusión en estas páginas, que priva en él una abstracción de índole sobrenatural colocada en un ámbito que, por ser copiado de modelos distantes, postula un universo idealizado, no real. El Perú, pueblo y naturaleza, quedaron lapidados por el tabú (Salazar Bondy, 2008: 468).

Del mismo modo en que la ciudad de Lima fue superpuesta a otro conjunto urbano –el de Huallamarca– el Perú, pueblo y naturaleza, quedaron lapidados por una representación pictórica alienante y excluyente. La pintura antes que ser la oportunidad para integrar estratos sociales y raciales, tal como en el muralismo mexicano, se convirtió en el arte de la omisión. Dicha omisión obedecería a un propósito social explícito, el de negar un rostro y, por lo tanto, la ciudadanía a una masa indígena que, Espíritu polémico que ya de por sí se encuentra en el ensayo como género. Dice Benoit Denis con respecto de las expresiones del compromiso político en los géneros literarios, esta vez en el ensayo: «Néanmoins, lorsque l’écrivain engagé souhaite prendre position de façon plus décidé sur le terrain politique et social, il bascule alors vers un autre registre, la polémique, et vers d’autres genres de textes, au premier rang desquels se trouvent le pamphlet et le manifeste» (Denis, 2000: 91).

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[126] progresiva pero inexorablemente, se convertía en lo que el sociólogo peruano José Matos Mar denominó «desborde popular» (Matos Mar, 1980). El espíritu censor borra el pasado para negar el problemático presente; el espíritu censor tergiversa el ayer para mejor mantener las prerrogativas actuales. Los documentos precedentes a nuestro ensayo hacen del lugar una ciudad horrible tanto por el objetivo de su loa –ese jardín edénico– como por lo que de modo pernicioso silencia y omite. La frondosa proliferación de documentos culturales se construiría en relación inversamente proporcional a un sustrato indígena ninguneado en su impuesto mutismo. Y le tocará al ensayo en su compromiso con la historia, subrayar el embuste y hacer lenguaje de lo censurado. En la polémica se abrirían las cadenas de la censura silenciadora y se le otorgaría ciudadanía a un horizonte que paradójicamente, según nuestro texto, tendría mayor derecho a ser considerado nativo que aquel que le censura.

Vías alternativas para una liberación La extradición del mito como necesidad social En Aspects du mythe, Mircea Eliade cataloga las especificidades del mito. Según él, el mito «raconte une histoire sacrée; il relate un événement qui a eu lieu dans le temps primordial, le temps fabuleux des commencements» (Eliade, 1966: 15). Dicho de otro modo, el mito narra la manera cómo, gracias a las hazañas de seres sobrenaturales, una realidad cuajó, se hizo en esta tierra, ya sea la realidad total, el Cosmos, o sólo un fragmento de


[127] ésta (Eliade, 1966: 19). En el mito los personajes, es decir sus actores, son conocidos por sus proezas acontecidas en los tiempos prestigiosos de los orígenes (hechos fundadores a partir de los cuales se comprendería no sólo el presente sino también el futuro). Y es en estos tiempos de leyenda que se habrían constituido, por medio de la intrusión de lo sagrado en los orígenes (cosmogonía), los fundamentos del mundo, los cuales lo determinarían hasta nuestros días. En este sentido, concluye Eliade, el mito se transforma en «modèle exemplaire de toutes les activités humaines significatives» (Eliade, 1966: 19). Al interior de nuestro texto se utiliza este sustantivo y sus variantes –mítico, mitología– en once ocasiones (Salazar Bondy, 2008: 391, 403, 410, 414, 435, 422, 499, 457, 461, 466 y 477). En cinco de éstas, aparece modificado por un adjetivo: «colonial» (414), «virreinal» (425), «funerario» (451), «arcádico» (466) y «paradisíaco» (477). Como constatamos entre mito y pasado hispánico se formula un nudo semántico indisociable: uno y otro son las dos caras de la misma moneda. Es evidente que, en un primer momento, el sentido que el ensayo le entrega al mito es el habitual, quiero decir el de «persona o cosa a las que se atribuyen cualidades o excelencias que no tienen, o bien una realidad de la que carecen» (drae, en linea). Así no sería otro que el de falsedad o mentira. No obstante, a mí me interesa subrayar un segundo sentido, aquel más cercano a la negación de la historia. Dice el texto: Que el pasado nos atrae es algo menos de lo que en verdad ocurre: estamos alienados por él, no sólo porque es la fuente de toda la cultura popular, del kitsch nacional, y porque contiene una pauta de conducta para el Pobre Cualquiera que ansía


[128] ser algún día Don Alguien, y porque la actualidad reproduce como caricatura el orden pretérito, sino porque, en esencia, parece no haber escapatoria a llevar la cabeza de revés, hipnotizada por el ayer hechizo y ciega al rumbo venidero. […]. La trampa de la Arcadia Colonial está en todos los caminos. No es sencillo sortearla (Salazar Bondy, 2008: 394-395).

Si el mito significa grabar en la memoria colectiva relatos fundadores a partir de los cuales se descifrarán diversas manifestaciones de una sociedad, éste en Lima la horrible adquiere rasgos específicos. Antes que ser el espejo de una sociedad entera, el mito sería el reflejo de solo un segmento de ésta, segmento que se quiere arrogar la conservación de privilegios. De ahí su carácter pernicioso: éste es un relato de un pasado exclusivo a un puñado de gentes que al ser cíclico extendería por siempre su afán alienador. El pasado regresa, de este modo, para negar el presente y cerrarle las puertas al futuro: «parece no haber escapatoria a llevar la cabeza de revés, hipnotizada por el ayer hechizo y ciega al rumbo venidero» (Salazar Bondy, 2008: ). Al ser, como dice la cita, el mito «la fuente de toda cultura popular» lo encontraremos en cualquier expresión ciudadana y el ensayo en ese sentido se dedicará a detectar su presencia, entre otras artes o instituciones sociales, en la literatura (La extraviada nostalgia), la religión (¿Es el azar nuestra deidad?), la mujer limeña (De la tapada a Miss Perú), la arquitectura (El desierto habita en la ciudad) y la pintura (El país inhibido en la pintura). A diferencia de otros que, consciente o inconscientemente, en su exhumación del pasado reproducen un modelo que excluye, Lima la horrible lo exhumará con un juicio crítico fundado en el


[129] presente. Pese a que, como el ensayista ha afirmado, no es sencillo sortear la trampa de la Arcadia Colonial, nuestro texto con el «coraje de la clarividencia» creerá evadirse y, por eso mismo, contar con la capacidad de verbalizar lo que su mirada insobornable rescata. Leemos en el fragmento que sirve de prólogo al ensayo en su conjunto. Este libro se debe a Lima. Lima hizo a su autor e hizo su aflicción por ella. Ninguna otra razón que la intensa pertenencia del texto a su tema determina que estas páginas no transen en rectificar el mito mediante la más honda realidad, cotejo inclemente de la premonición y la nostalgia en la tierra árida del presente. Y como sólo el implacable deseo de posesión clama por el conocimiento desnudo y esencial, debe ser por sobre todo considerado obra del amor que es poesía y vida. No soporta, por eso, ninguna simulación y más bien lo anima el coraje de la clarividencia, aquel que permite mirar cara a cara el horror y denunciarlo (Salazar Bondy, 2008: 391).

Al mismo tiempo de caracterizar al mito como la producción cultural e ideológica que negando al tiempo justifica las diferencias, el ensayo buscará rectificarlo mediante la más honda realidad, «el conocimiento desnudo y esencial»40. Y esta verdad desnuda aparece en constantemente dentro del texto. Antes que ser, por ejemplo, «un paraíso manzanero y sin serpientes», «de hijos de Andalucía, cuna de María Santísima que dicen por allá» (Salazar Bondy, 2008: 400) es, más bien, «una urbe donde dos millones Es sintomático que el ensayista utilice este adjetivo (desnudo). Con él representa su mirada como susceptible de ver la realidad sin intermediarios ni fines ajenos a su vocación moral. Solo él puede ver su entorno « desnudo » sin adjetivos ni decorados.

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[130] de personas se dan de manotazos, en medio de bocinas, radios salvajes, congestiones humanas y otras demencias contemporáneas, para pervivir» (Salazar Bondy, 2008: 395). Más adelante, el ensayista recupera el testimonio de Barazzoni quien vio a Lima como «una metrópoli incierta, risueña, civilizadísima, aunque aislada del mundo» cuando en verdad era, siempre según el texto de Lima la horrible, «una ciudad en ruinas que acaba de ser destruida por una gran catástrofe» (Salazar Bondy, 2008: 429). Antagonista de la idealización sistemática de la ciudad, denunciador de una censura que escamotea, Lima la horrible plantea, en su ataque a la producción cultural precedente, una corrección de la memoria. «Comme le roman, l’histoire trie, simplifie, organise, fait tenir un siècle en une page et cette synthèse du récit est non moins spontanée que celle de notre mémoire quand nous évoquons les dix dernières années que nous avons vécues», afirma Paul Veyne en Comment on écrit l’histoire (Veyne, 1996: 14). En el ensalzamiento del pasado colonial no sólo se transfigura la verdad sino que sobre todo se le delinea de un modo tal que éste avala un régimen social desigual. Haría falta constituir de un modo más democrático el pasado, arrojar luz a las zonas que deliberadamente se han dejado en la oscuridad y, en resumidas cuentas, reformularlo en función de un ideal democratizador con miras al futuro: «De lo que acerca del futuro Lima decida ahora, dependerá, en última e inapelable instancia, lo que para siempre será el país a la cabeza del cual fue colocada» (Salazar Bondy, 2008: 376). Con este objetivo, el ensayo planteará una vía alternativa a la tergiversación histórica que es la denominada Arcadia colonial. En la medida en la que es fiel al pasado y


[131] no se encuentra motivada por esfuerzos alienadores o tendenciosos, dicha vía alternativa, supondría, primero, una veraz configuración histórica, y después un camino a tomar por la ciudadanía con el objetivo de despojarse de la inveterada condición de horrible que signa, como destino trágico y siempre renovado, a Lima.

El ejercicio histórico: entre la liberación y la reacción Líneas arriba rescaté el fragmento en el que se afirmaba que la fundación de la ciudad de Lima se realizó sobre otro asentamiento humano, el prehispánico e indígena de Huallamarca. Dicho fragmento explicitaba la manera en la que ya desde la fundación se habrían establecido el escamoteo y la tergiversación como patrones de la constitución de la memoria social. Censurado el elemento indígena –su exclusión, por ejemplo, del figurativismo pictórico– sería mucho más sencilla la constitución de una memoria monolítica y homogénea, sin fisuras o contradicciones. No se trata de la única ocasión en la cual el ensayista se remite al pasado indígena. En Lima la horrible, la denigración del colonialismo y su arcadia tendrá como correspondiente un elogio de éste. Antes que tratarse de una aislada mención, la de Huallamarca es la primera de las alusiones al horizonte prehispánico, en el marco de su sistemática recuperación y reivindicación textuales. Así, hacia el inicio del texto, se afirma lo siguiente con respecto de los modos económicos introducidos durante la Colonia:


[132] La guarda cuidadosa del dinero, la hacienda y la honra desterró la confianza comunitaria que prevalecía en la sociedad primitiva por virtud de principios, si bien no escritos, grabados en la tácita ética de estos pueblos. Sin recaer en la imagen romántica del bon sauvage corrompido por los europeos, puede decirse que la casta que fundan los dominadores aísla a hombres de hombres –y consecuentemente a familias de familias– y los enfrenta entre sí aun en la existencia plural que la ciudad supone (Salazar Bondy, 2008: 407).

Por un lado, el régimen y la administración coloniales son planteados como «la guarda cuidadosa del dinero, la hacienda y la honra» que «desterró la confianza comunitaria», mientras que, por el otro, la aludida sociedad primitiva se particularizaría por lo contrario es decir la «virtud de principios […] grabados en la tácita ética de estos pueblos» (Salazar Bondy, 2008: 407). Lejos de ser la individual, por lo tanto desaprensiva y egoísta, búsqueda del bienestar, la sociedad de aquel entonces se caracterizó por su pluralidad y consenso. Por lo tanto, a la ya establecida oposición arcadia colonial/ universo prehispánico se yuxtapondría la antonimia individualismo/ socialismo. El pasado que recupera nuestro texto es el indígena, caracterizado como una sociedad en la que predominó «la confianza mutua y la propiedad comunal» (Salazar Bondy, 2008: 396). Desde luego, no se trata de una manera novedosa de entender e interpretar el pasado prehispánico como un horizonte ajeno a las tensiones que desde el período Colonial abatirían a la sociedad peruana. Sus formulaciones precedentes se cristalizaron, con diversos matices, en la producción de Manuel González Prada (18441918) y posteriormente José Carlos Mariátegui (1894-1930),


[133] por ejemplo 41. Asimismo, si la denominada «cuestión del indio», siempre se ha encontrado latente en nuestras letras, es durante la primera mitad del siglo XX que adquiere una formulación combativa en movimientos como el indigenismo de José María Arguedas (1911-1969) en literatura o José Sabogal (1888-1956) en pintura. El mismo ensayo se encargará de recordar el horizonte que trasciende su operación: «Todo cuanto queda dicho está personificado por la biografía, temperamento, obra y especialmente pensamiento de los mejores escritores limeños» (Salazar Bondy, 2008: 454). Ubicado entre fuerzas antagónicas el texto tomará partido por el horizonte que les permita a los ciudadanos constituir una memoria distinta del pasado, una memoria orientada a la formulación de una historia inclusiva y social. Una correcta formulación de la historia, según el texto, es aquella que en sus representaciones, no arroga los derechos ciudadanos a una aislada minoría en perjuicio de una excluida mayoría. Y no le tocaría a nadie más que al indígena activar los goznes de la rueda histórica, exorcizar el ritual regreso al pasado colonial. Esto último, en la medida en la que es precisamente el sustrato indígena quien, en la historia nacional, habría Dice más adelante el texto con respecto de Manuel González Prada: «Sin embargo, González Prada trazó los lineamientos generales de la heterodoxia limeña: la afirmación de los valores indios y provincianos que constituyen la ciudad, la defensa del derecho de los trabajadores a participar de la riqueza y el poder que Lima administra, el rechazo de toda dependencia del pueblo o los falsos fueros del blasón, la tonsura o los entorchados que amparan su hegemonía y, en suma, la universalización del Perú a través de la definitiva asunción de la nacionalidad anticolonial» (Salazar Bondy, 2008: 446).

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[134] reivindicado gran parte de los amotinamientos y revueltas contra un orden opresor: Los racistas suelen atribuir esta plana uniformidad incolora al ingrediente indígena, pero da la casualidad que es el indio el que, como lo enseña la historia, ha llevado su descontento a la acción –reprimida ferozmente por la autoridad limeña–, y el que constituye el elemento dionisíaco de nuestra composición nacional (Salazar Bondy, 2008: 409).

Antes que ser un grupo pasivo y sometido, el llamado ingrediente indígena habría sido más bien el representante del descontento y, en este sentido, de las consecuentes revoluciones. La aludida «represión» de la cita, sea la efectiva en términos físicos, sea la subrepticia y su consecuente censura, se formularía como un resorte constantemente quebrado por el «elemento dionisiaco de nuestra composición nacional». Es así que si ya alguna o varias veces el indio se habría sublevado contra esfuerzos alienadores, el ensayo, con la clarividencia que se proclama, vaticina la llegada de una nueva época para la ciudad de Lima, finalmente despojada de su atributo de horrible. Ahí están, ricos y prósperos […] viviendo en la suntuosidad que las residencias disimulan cautelosamente, […] en sus balnearios y playas privadas. […] Grandes Familias que resisten el empuje de la vertiginosa historia con su heráldica de «oro y esclavos», que orgullosas pretenden remontar a la gloria conquistadora y a la leyenda edénica del virreinato en tanto acarician los candados que guardan su caudal, su Arca de la Alianza. Esto hasta que llegue la hora –es posible formular la premonición– de restaurar aquí como en todas partes la solidaridad que reúne a todos los hombres por el éxito común, la


[135] libertad que permite la movilidad de los más humildes a los más altos lugares, el bejuco de la confianza mutua y la propiedad comunal que antes de la usurpación simbolizaba en cada puerta el amor fraternal (Salazar Bondy, 2008: 395).

Sebastián Salazar Bondy reniega de la melancolía de un pasado hispánico. Este renegar lo sustenta en el hecho de detectar en ella no tanto una nostalgia anacrónica como la expresión de una maquinaria de la reacción y el conservadurismo. En lugar de ello propone recuperar del consciente olvido –valga el oxímoron– el sustrato cultural indígena, más justo en su distribución de la riqueza y, a la vez, más oportuno en su trato igualitario a sus ciudadanos. Se trataría de recordar lo que se ha querido olvidar, escamotear, dejar de lado. ¿El objetivo? Recordando los valores comunitarios que él encuentra en las sociedades prehispánicas, Lima dejaría de ser «esa urbe donde dos millones de personas se dan de manotazos, en medio de bocinas, radios salvajes, congestiones humanas y otras demencias contemporáneas, para pervivir» (Salazar Bondy, 2008: 396). La historia según él, se justifica en la medida en la que se proyecta sobre un presente horizontal en términos sociales y nunca lo contrario. El ensayista parece, pues, bastante consciente de los cambios que su contemporaneidad le impone a la producción cultural de la ciudad. A lo largo del ensayo, califica su propio accionar de consecuencia de la «aflicción» que le provoca su ciudad, al mismo tiempo que reivindica la dimensión moral de éste: «no soporta ninguna simulación [simulación cuyo expresión sería la arcadia colonial] [sino que] más bien lo anima el coraje de la clarividencia, aquel que permite mirar cara a cara el horror y denunciarlo»


[136] (Salazar Bondy, 2008:376). Al final de cuentas habría acercado el quehacer intelectual a la preocupación actual, actividad que la farisea nostalgia habría evitado. ¿De qué otro modo entender, sino, el hacer de la literatura que se justifica y mide en función a su militantismo por el presente? Benoît Denis afirma en su Littérature et engagement «L’écrivain engagé est celui qui demande à la littérature de donner ses raisons, et qui soutient que ces raisons [se trouvent] dans la fonction que la littérature entend remplir dans la société ou dans le monde» (Denis, 2000, 34). Las razones que le entrega la literatura a la sociedad, según Lima la horrible, son las de la liberación y la rebeldía con respecto de esa camisa de fuerza que es el la arcadia colonial. Al haberse enfrentado a la producción cultural precedente no habría hecho más que una tabla rasa con los obstáculos que hasta ese momento habrían imposibilitado la introducción en un contexto específico: el ya aludido de las migraciones sociales y su consecuente influencia en la transformación de la ciudad. Llama la atención, por eso, el final del texto Lima la horrible. Y no sólo llama la atención sino que deja un resabio amargo en lo que respecta a sus ya aludidas aspiraciones y mentados ideales. Cito un fragmento de la última sección de Lima la horrible: Desde hace aproximadamente un siglo, la unanimidad acerca de la dicha colonial está siendo rota. Un suceso histórico turbador, la Guerra del Pacífico (1879-83), sacudió al Perú de su irresponsable y tibia siesta republicana. […] Una nación inmensamente menos sobrecogida por la tradición, muy apegada a sus problemas inmediatos y puesta ante el futuro sin más alternativa que la expansión o la muerte, […] alcanzó, gracias a su malicia, no sólo el tónico material de la victoria, si bien bárbaro


[137] asimismo moralmente reconfortante, de la ocupación armada de su rico vecino. […] Lima no acumula experiencia pues hoy debiera rememorar –sea permitida la digresión– aquellas fechas, pues otros ejércitos hambrientos la cercan para poseerla y hacerla expiar sus largas indiferencias. Hemos de lavar algo las culpas por siglos sedimentadas en esta cabeza corrompida de los falsos wiraqochas, con lágrimas, amor o fuego. ¡Con lo que sea! Somos miles de millares, aquí, ahora, amenazan, en la voz de José María Arguedas, los nuevos sitiadores. En 1879, el alud fue precedido por augurios semejantes. Lima rindió, al fin, la coronada frente. Y desde entonces ciertos limeños contestaron la preeminencia de su ciudad natal” (Salazar Bondy, 2008: 445).

La Guerra del Pacífico a la que alude la cita es el enfrentamiento bélico que opuso a Perú y Bolivia, por un lado, y Chile por el otro. Durante dicha guerra la armada chilena ingresó hasta el norte peruano en una incursión que significó un despertar con hondas repercusiones en el imaginario nacional. El Perú que hasta ese momento se jactaba de ser una potencia marítima en el Pacífico y que aún vivía bajo el oropel de una gloria antigua, se vio de pronto enfrentado a la bofetada de una realidad de sumisión, miseria e incertidumbre. Lima, por su parte, la ciudad de los virreyes, quedó convertida en tierra y escombros por entre los cuales se paseaba y, al mismo tiempo, se pavoneaba la soldadesca invasora. Por donde se vea la incursión chilena supone el quiebre de una imagen, la de Lima, y en última instancia una amputación (Perú perdió la provincia de Arica). Recordemos, entonces, que Lima la horrible establece el paralelo entre la incursión chilena y la llegada de migrantes provenientes del interior del país: «Lima no acumula experiencia


[138] pues hoy debiera rememorar –sea permitida la digresión– aquellas fechas, pues otros ejércitos hambrientos la cercan para poseerla y hacerla expiar sus largas indiferencias» (Salazar Bondy, 2008: 445). ¿Cuál es el objetivo de comparar a sus connacionales con los invasores chilenos que ocuparon la ciudad durante años? ¿Si toda comparación se fundamenta en la similitud de características, el texto no estaría adscribiendo un valor radicalmente negativo a aquel segmento de la población nacional de quien se quiere portaestandarte? Antes que ser una propuesta íntegra en su liberalidad, motivada por un unívoco deseo de formular una sociedad de «todas las sangres», los planteamientos de Lima la horrible se presentarían, a la luz de esta última cita, como una reformulación en el modo de interactuar con ese Perú profundo e indígena que ingresa a la ciudad. Dicha reformulación supone recordar el pasado reciente –la guerra del Pacífico– con el fin de no cometer el mismo error (ser poseída, violada en términos simbólicos, antes por los soldados chilenos, ahora por los indígenas del interior). La ciudadanía en la Lima de Sebastián Salazar Bondy no sería consecuencia del consenso social y el encaminamiento de sus ciudadanos en un proyecto conjunto de identidad y desarrollo sino que sería más bien el fruto de la cesión de unos y la conquista por medio de la violencia, o la amenaza de ésta, de otros. En este sentido, los limeños deberán, si no quieren pagar caro la indiferencia, ceder y reconocer la ciudadanía a los recién llegados. El planteamiento del ensayista, inicialmente de talante liberal, es revelado al final como la reacción


[139] del temor a la amenaza que significa el cerco del hambre, las barriadas.

Conclusiones José Miguel Oviedo, en su Breve historia del ensayo hispanoamericano, aventura una hipótesis polémica. “Hay que entender ese inicial auge del ensayo como un fenómeno asociado a la realidad sociohistórica de un continente que quería cobrar total autonomía cultural frente a España; esto explica dos cosas: que, como ya se anotó, el ensayo moderno surja en América antes que en la península, y que aparezca sobre todo como un instrumento indagatorio de la identidad de la nuevas naciones” (Oviedo, 1990: 22).

Más allá de la discusión que una afirmación de este corte puede provocar es de subrayar que el crítico mencionado haya resaltado el vínculo entre «ensayo» e «identidad». No es casual en este sentido que en su análisis dedicado al ensayo en tanto género y su respectiva evolución, Pierre Glaudes y Jean François Louette afirmen que «aujourd’hui, plus encore que le Roman, c’est l’essai qui paraît sans contours, forme ouverte. […] Une telle indétermination fait à la fois la misère et la fortune du genre» (GLAUDES, 1999 : 3). A una característica consustancial del ensayo –su indeterminación– respondería en eco la problemática identidad latinoamericana. El ensayista latinoamericano a la vez de establecer un lenguaje que parte hacia la exploración del género escogido (el del ensayo), delinearía el esbozo de un rostro de múltiples aristas (el latinoamericano).


[140] De este modo, la problematización de una identidad, sello de agua de la literatura hispanoamericana, se manifestaría en el ensayo con mayor insistencia. En el caso específico de Lima la horrible de Sebastián Salazar Bondy, esta inquietud se transparenta a partir de una preocupación actual: las transformaciones radicales de la ciudad capital. Dichas transformaciones, convertirían en anacrónico el exaltamiento del pasado colonial que realiza la producción cultural de fines del siglo XIX y comienzos del XX. No obstante, este anacronismo no debe ser entendido como obsoleto pues sirve de espejo para el sustrato criollo, dicho de otro modo, el sector social que «heredó» las prebendas coloniales y que se sirve del canto al pasado para constituir y, en última instancia, solidificar su ascendiente socio-económico. Este ejercicio supone, como contraparte, la censura sutil de aquello que se calla y entierra (el cementerio de Huallamarca). La producción cultural en este sentido proliferaría sobre un silencio ominoso. Al no representar a una gran mayoría y tergiversar su historia se regularía de un mejor modo la sociedad. Así, si el ensayo, se quiere texto liberador de espejismos y coartadas, atacará en tres niveles dicha producción cultural. El primero sería, como hemos visto, el ejercicio del desvelamiento, es decir, demostrar que todo lo que ella afirma es falso, un embuste o engaño, mientras que el segundo no sería más que revelar su estrategia alienadora y corregir la historia. El tercer punto, consecuencia de los dos primeros, sería el resemantizar conceptos como el de ciudadanía con el fin de abrir el espacio limeño a los recién llegados. Es en este último punto, quiero decir el replanteamiento, que la doxa del ensayista hace «cortocircuito». Si bien


[141] por un lado, manifiesta un espíritu liberal, por el otro señala como razón de sus propuestas el protegerse de un «ejército hambriento». Antes limeño que peruano, el texto de Sebastián Salazar Bondy se convierte, con perspectiva histórica, en un documento valioso si queremos entender la dificultad de la intelectualidad limeña para reflexionar acerca de los cambios que, en distintos registros, introdujeron a Lima en una modernidad personalísima, hoguera de las arcadias y crisol de la heterogeneidad.

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[142] Matos Mar, José. 1980. Desborde popular y crisis del estado. Lima, IEP. Oviedo, José Miguel. 1990. Breve historia del ensayo hispanoamericano. Madrid, Alianza Editorial. Salazar Bondy, Sebastián. 2008. Lima la horrible, in Lima la horrible y otros textos, prólogo, cronología y bibliografía de Félix Terrones. Caracas, Biblioteca Ayacucho. Veyne, Paul. 1996. Comment on écrit l’histoire. Paris, Seuil.


La poesía en la vida y en la obra de Sebastián Salazar42

Emilio Adolfo WESTPHALEN

Como creo no haber ganado todavía el distanciamiento indispensable para la perspectiva amplia y la apreciación objetiva, al escribir estas páginas de homenaje a Sebastián Salazar Bondy no me atreveré al análisis crítico de su obra ni a proponer el lugar que ocuparía dentro del panorama de nuestras letras contemporáneas. Más bien, ya que en el transcurso de los años, el azar de encuentros y conversaciones, de lecturas y relecturas, de los comentarios e informaciones de amigos y enemigos (o simples conocidos), uno va adquiriendo de toda persona que frecuenta una imagen que, con el roce del tiempo y las fluctuaciones de toda experiencia humana, oscila o se difuma en sus pormenores pero se enfoca y refuerza en los rasgos Reproducimos en Vallejo & Co. este texto que, a manera de prólogo, entregó el gran poeta peruano Emilio Adolfo Westphalen, sobre la obra poética de su gran amigo, el escritor y periodista Sebastián Salazar Bondy. El presente texto, llamado “La poesía en la vida y en la obra de Sebastián Salazar”, fue publicado en Obras de Sebastián Salazar Bondy: Poemas. Tomo III. Francisco Moncloa Editores S.A. 1967, pp. 9-13.

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[144] esenciales, me limitaré a un esbozo de lo que para mí es inmediatamente patente y reconocible y, tal vez, también indeleble y aceptable, ahora o más tarde, por un consenso mayor de opiniones. Lo primero que distingo es la prominencia del poeta Sebastián. Por sobre el vaivén y la agitación de quehaceres múltiples, la exuberancia de esfuerzos, la generosidad y prodigalidad de sus actividades, hay un remanso continuo, un agua tranquila donde Sebastián se refresca y desaltera, a donde huye de la sinrazón y la desavenencia cotidianas, se oculta al tumulto, sublima ―también― su propia desazón y angustia y, en fin, se renueva y rehace. Porque la poesía no fue en Sebastián ocupación marginal, inconsciente o mudable, sino meollo, corazón, núcleo vital de su ser. Es ella la que permitió el equilibrio de su vida, por ella no cedió al vértigo de la desesperación, en ella se redime de tanto trajín inútil, de tanto trabajo vano por remover la fealdad y maldad que nos apabulla. La poesía es su triunfo secreto. El recato, la timidez casi con que nos la proponía ― sorprendente en quien esa calidad no se dejaba sentir en las demás circunstancias de su trato― servirían de testimonio de su fervor si no tuviéramos otra prueba incontestable, su elección como epígrafe para uno de los libros de su primera juventud de un fragmento del poema “A las parcas” de Hölderlin, citado ―presumimos― en la versión española de Luis Cernuda. En esas líneas el magnífico poeta del lirismo más exaltado y más rotundo se dirige a las poderosas Parcas y les suplica que le concedan un verano y un otoño para madurar su canto. Porque No bajará tranquilo al Orco quien no ha ejercido aquí su derecho divino. Y luego exclama (y son los versos del epígrafe):


[145] pero si un día alcanzo lo sagrado, aquello que es caro a mi corazón, el poema, bien venido, entonces, oh silencio del reino de las sombras. También para Sebastián lo más entrañable fue el poema y pudo él igualmente alejarse tranquilo pues lo logró con frecuencia. [Para algunos será incómoda o desconcertante esta valoración que hago (supervaloración estimarán ellos) de la poesía. ¿Pero podremos imaginar una vida humana enteramente desprovista de hasta el más mínimo rastro de poesía, inmune a cualquier especie de experiencia estética y artística? ¿No será lo distintivo y exclusivo humano esa turbación ante la belleza de un rostro, un paisaje o un objeto o, en veces, nada más que unas palabras puestas juntas de cierta manera, con un arte tan particular que nos remueven la conciencia (y más adentro aun) y nos hacen vislumbrar aspectos ―nuestros o el mundo― insospechados, atrayentes o repulsivos? Recordamos la sentencia de Pierre Reverdy, poeta por antonomasia, que centellea reveladora: Yo escribía para vivir ―es decir, para crearme]. Comprobada que la necesidad de expresión poética en Sebastián no sería sino paradigma claro y evidente de una ley de aplicación general humana, que la ausencia de esa urgencia vital sería más bien síntoma de deshumanización, evidencia de un proceso de reversión y descomposición, no podemos sin embargo sino asombrarnos de la capacidad de resistencia que tuvo en Sebastián, de su renuncia a ceder posiciones, su facultad de rehacerse en el ambiente más hostil y contra toda adversidad. Sebastián fue siempre capaz de poesía, de crearse y de recrearse en ella; por ella, sin duda, vivirá y será recordado.


[146] * Habiendo sostenido que lo primordial en Sebastián fue el poeta, podríamos preguntarnos ahora sobre lo distintivo de esa poesía; ¿qué fue lo que nos hizo alertar el oído cuando por primera vez notamos a la lectura que nos hallábamos ante una voz insólita que declinaba una experiencia lírica no reducible a otra alguna conocida por nosotros? Debo manifestar que ello me ocurrió precisamente al leer los poemas recogidos en Los ojos del pródigo. Sebastián, autor precoz, ya había publicado una serie de breves colecciones de poesía y aun había incursionado en el teatro, pero fue sólo a partir de ese libro que tuve la impresión de un enriquecimiento, de un dominio poético inédito y recién conquistado. Antes, los intentos habían sido más que honorables, pero parecía que no conseguían abrirse un camino propio, que cierto temor a lo espontáneo y directo turbaba la corriente poética, que el autor acudía a cuanto artificio para el ocultamiento, el disfraz y el disimulo había logrado apropiarse. Sebastián se complacía en ser “la persona oscura”. De pronto, todo había cambiado y el ejercicio anterior, toda la hermosa retórica, se justificaban plenamente puestas ahora al servicio del propósito opuesto: no esconder sino mostrar; no temor al sentimiento, a la emoción, sino uso perfecto de los medios de expresión, sin una falla, sin sobrepasar nunca el decoro ni caer en efectos fáciles, sin insistir un ápice más allá de la palabra justa y necesaria para revelar la experiencia íntima, la del corazón y la sensibilidad.


[147] (Indudablemente, el apartamiento de la patria y otras experiencias vitales y literarias, entre las cuales sospechamos quizás fuera factor coadyuvante la poesía ejemplar de Jorge Luis Borges, ayudaron y apresuraron la eclosión poética, esa rápida maduración de la personalidad artística de Sebastián.) Se podría dejar de objetar que tal predominio del sentimiento es lo común en poesía y mencionar una reflexión de Reverdy: El poeta no vive casi sino de sensaciones, aspira a las ideas y, al final de cuentas, no expresa más que sentimientos. En verdad, los ingredientes de la poesía ―que son más variados que los apuntados por Reverdy e incluirían como posibilidad el conjunto total de la experiencia humana― pueden ser siempre, más o menos, los mismos, pero la insistencia mayor o menor, el acento, el tono, y, además, las relaciones diversas de los elementos entre sí, constituir lo peculiar de cada poeta. Sin embargo, hay que admitir que uno de esos elementos, según se haga presente, puede determinar el éxito o fracaso del poema como tal: la carga emotiva que lo sostenga o impulse. El poema no nos alcanzará, no levantará en nosotros marea emotiva alguna, no nos moverá, en suma, si el poeta no ha cogido y doblegado algún potro salvaje del sentimiento o la pasión. Tenemos aquí en juego dos fuerzas encontradas: un empuje violento, ciego, pronto a desbocarse, y una voluntad de dominar, de enrumbar, de dar apariencia hermosa e inofensiva, de ceñir a la regla, de dar un “estilo” a esa fuerza bruta de inclinación asesina. Una definición posible del arte, de la poesía, tendría por ello en cuenta esas dos presencias indispensables y es lo que, a nuestro parecer, ha


[148] intentado Michel Liris con su tesis “de la literatura considerada como una tauromaquia”. Al arte sería siempre necesario una constante de peligro mortal y ¿cuál otra podríamos descubrir bajo las concertadas y armoniosas imágenes sino la de las pasiones que oscura, tenaz e irremediablemente dan temple o corroen al hombre? ¿No es ésta la escena ideal para representar la condición humana y el destino del hombre? (¿No estamos haciendo patente ―una vez más― la necesidad del arte, de la poesía, para el hombre?) Todo aquello “inútil”, “gratuito”, “inexplicable”, pero en cierta forma tan próximo al hombre, tan revelador de él mismo, tan hecho a su imagen y semejanza. Las analogías que Leiris encuentra entre la literatura y la tauromaquia y que iluminan los papeles tanto de la una como de la otra, ofrecen un material fascinante para la especulación teórica, pero de su ensayo sólo queremos traer a colación ahora una frase que encontramos pertinente porque nos esclarece algunos atributos hallables en Sebastián y que, según Leiris, son los distintivos de un género “mayor” de la literatura. Este comprendería las obras en que el cuerno está presente bajo una forma u otra: riesgo directo asumido por el autor ya sea de una confesión ya sea de un escrito de contenido subversivo, un modo de considerar la condición humana de frente o “cogida de los cuernos”, una concepción del hombre, una actitud determinada ante cosas tales como el humor o la locura, una disposición para servir de resonador de los grandes temas de lo trágico humano. No nos sorprende comprobar que todos los riesgos enumerados fueron consciente y valerosamente asumi-


[149] dos por Sebastián en su vida y en su poesía. Siempre estuvo dispuesto a confesarse, a la confidencia en alta voz, aun de lo que muchos vergonzosamente ocultan, y a admitir errores y arrepentimientos. La subversión fue compañera constante suya y explícita o implícitamente presente en toda su obra. Se atrevió a medir de frente la condición de la especie y cogerle los cuernos. Su solidaridad con los otros (Pertenezco a muchas gentes) es leit-motiv de su poesía. Sabíamos igualmente honde hallarle cuando se trataba del humor, de lo grotesco, de lo infame, o de cualquier otra manifestación sublime o baja. Y en él vibraron no sólo los grandes temas sino también otros más humildes, más modestos o más descuidados por la poética contemporánea. Supo decirnos de la ternura familiar, de la nostalgia del país natal, y sublimar hasta la santidad esa mujer que juntaba perros como los frutos de su vientre. Lo admirable es que bordeando siempre el peligro de lesa poesía nunca cayera en la trampa de la sensiblería o el sentimentalismo, que su poesía quedara inmune de hojarascas y rimbombancias. Hay un esforzarse en lo escueto, lo preciso; se insinúa y no se subraya. Y esta parquedad, esta seguridad, este dominio de la expresión poética es lo que tal vez sea su virtud mayor y también, posiblemente, ese rasgo peculiar que quisimos captar en su poesía.


3 escritores a Sebastián Salazar Bondy: José Miguel Oviedo, Luis Jaime Cisneros y Alonso Alegría43 (Parte I)

Si en cada hombre hay muchos hombres, en Sebastián Salazar Bondy había, por lo menos, dos: una personalidad íntima, tierna y melancólica, que se expresaba literariamente en su poesía; otra, extrovertida, fantasiosa y muy sensible para la observación de los comportamientos humanos, que se dio, naturalmente, a través del teatro. Esta vocación teatral fue firme, larga y fecunda, y llegó a constituir el nervio central de toda su obra de escritor, lo que, en el Perú —especialmente en el Perú del 50, cuya aridez cultural esterilizaba todas las aventuras artísticas—, podría considerarse una forma aguda de locura; tercamente, SSB golpeó ese muro indiferente, creó su dramaturgia, enriqueció nuestro teatro. José Miguel Oviedo

Reproducimos aquí tres fragmentos escogidos para dejar en evidencia el alta estima y el aprecio no solo en lo personal, sino también en lo literario, que tenían tres grandes personalidades de la literatura hispanoamericana por Sebastián Salazar Bondy.

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[152] Conocí a Sebastián en Buenos Aires, allá por el 45, terminada la guerra europea. Nos juntó, al principio, el coincidir en varias representaciones teatrales. Y sobre todo, la conversación. Unos días, con Julio Cortázar, otros días con Pablo de Madalengoitia. Eramos un terceto curioso, hecho para el diálogo inteligente y el regocijo interior. La solemnidad verbal de Pablo, la sorpresiva locuacidad de Cortázar (…) y la franqueza y el ingenio de Sebastián adornaban la charla entre café y café (…). Pero cuando íbamos al teatro y, terminada la función, nos solazábamos con un cortado, la conversación era sobre el Perú. Luis Jaime Cisneros

(…) sin la llegada a Lima de Reynaldo D’Amore no sabemos qué gallo le estaría cantando ahorita a nuestro teatro. Y si no hubiera sido por Sebastián Salazar Bondy (nuestro dramaturgo / narrador / poeta / ensayista) Reynaldo no hubiera llegado a Lima. En Buenos Aires, Salazar Bondy —entonces casado con la actriz argentina Inda Ledesma— había trabado fuerte amistad con D’Amore. Y tuvo cómo y pudo convencer al teatrero argentino de venirse a dirigir la Compañía Nacional de Comedias y enseñar en la Escuela Nacional de Arte Escénico (enae) entonces dirigida por Guillermo Ugarte. (…) Antes del 53, el teatro limeño se nutría principalmente del aburridísimo repertorio vigente en la España de Franco. Reynaldo se puso a montar las principales obras de Salazar


[153] Bondy y otros importantes autores peruanos, asĂ­ como las piezas que estaban estrenando los mĂĄs interesantes dramaturgos europeos y norteamericanos. Alonso AlegrĂ­a


3 escritores a Sebastián Salazar Bondy: Mario Vargas Llosa, Jorge Eduardo Eielson y Mario Benedetti44 (Parte II)

No había casi nada y el trato de hacerlo todo, a su alrededor reinaba un desolador vacío y él se consagró en cuerpo y alma a llenarlo. No había teatro (…) y él fue autor teatral; no había escuela ni compañías teatrales y el auspició la creación de un club de teatro y fue profesor y hasta director teatral; no había quien editara obras dramáticas y él fue su propio editor. No había crítica literaria y él se dedicó a reseñar los libros que aparecían en el extranjero y a comentar lo que se publicaba en poesía, cuento o novela en el Perú y a alentar, aconsejar y ayudar a los jóvenes autores que surgían. No había crítica de arte y él fue crítico de arte, conferencista, organizador de exposiciones (…). Fue promotor de revistas y concursos, agitó y polemizó sobre literatura sin dejar de escribir poemas, dramas, ensayos y relatos y continuó así, sin agotarse, Reproducimos aquí tres fragmentos escogidos por Daniel Contreras, curador de la Exposición homenaje Sebastián Salazar Bondy. El señor gallinazo vuelve a Lima en la Casa de la literatura, este 2014, para dejar en evidencia el alta estima y aprecio no solo en lo personal, sino también en lo literario, que tenían grandes personalidades de la literatura hispanoamericana por Sebastián Salazar Bondy. Un agradecimiento especial al equipo de la caslit por permitirnos conocer, ver y difundir la muestra.

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[156] multiplicándose, siendo a la vez cien personas distintas y una sola pasión. (…) ¿Quién de mi generación se atrevería a negar lo estimulante, lo decisivo que fue para nosotros el ejemplo de Sebastián? ¿Cuántos nos atrevimos a intentar ser escritores gracias a su poderoso contagio? Mario Vargas Llosa

a sebastián salazar bondy hay cosas que no comprendo sino llorando ríos de sangre por cierto pero en sus manos un vaso de agua y entre sus ojos un ruido atroz de vidrios rotos además caminaba ¿recuerdas? Caminaba todavía cuando murió es decir que se iba naturalmente que aborrecía la oscuridad que no volvía más nunca que su vestido estaba vacío que no veía que no escuchaba sino tambores


[157] que adivinaba que dibujaba que contemplaba el desastre

Jorge Eduardo Eielson

Tal como el autor se adelanta a admitirlo, no es este un libro [Lima La Horrible] objetivo e imparcial. No puede serlo. Cada vez es más difícil escribir en esta América libros imparciales. Pero tampoco es un producto del resentimiento, un manojo de odios. Es cierto que casi todas sus páginas segregan rebeldía, inconformismo, reproche apasionado, pero en este caso son formas del amor y revelan, en última instancia, la angustia de un testigo que asiste a la falsificación de aquello que ama. Al término de su cálido alerta, Salazar Bondy pudo haber anexado estos veros que publicó hace cuatro años: “Me digo que estoy triste y que la ciudad me conoce / en este breve viaje, mirándome y mirándola, / juntos ustedes y yo, mientras repito estas palabras: / “desciendo aquí, señores. Todavía hay Esperanza”. Mario Benedetti


Entrevistas


Una sombra que no se desvanece. Entrevista a Alejandro Susti45

Mario PERA

A fines del año pasado, 2014, en Vallejo & Co. rendimos un pequeño homenaje al gran escritor, periodista y promotor cultural peruano Sebastián Salazar Bondy (1924-1965) con motivo de celebrar los 90 años de su nacimiento (1924-2014). Uno de nuestros principales colaboradores para poder llevar a cabo dicho homenaje, fue el poeta y músico peruano Alejandro Susti quien, además, es uno de los principales promotores del homenaje: Sebastián Salazar Bondy. El señor gallinazo vuelve a Lima que aún celebra la Casa de la Literatura Peruana en honor al escritor; así como de la difusión de la obra de Salazar Bondy a través de la publicación el año pasado, de dos obras capitales, una nueva edición (corregida) del que quizá sea uno de los mejores ensayos producidos por un autor peruano, Lima la horrible, con motivo de los 50 años de su primera edición, así como una edición de los mejores artículos periodísticos culturales de Sebastián en dos tomos titulados Sebastián Salazar Bondy, La luz tras la memoria. Artículos periodísticos sobre literatura y cultura (1945-1965), ambas publicaciones bajo el auspicio de Lápix editores. Sin duda, una labor más que encomiable. En la presente entrevista, Alejandro Susti nos da nuevas luces y alcances sobre la vida y obra de Sebastián Salazar Bondy desde su punto de vista como investigador y persona vinculada al personaje. Aquí la exclusiva.

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[162] 1. Sebastián Salazar Bondy desarrolló una voz propia poética, narrativa, ensayística, dramatúrgica, algo inusual entre los escritores nacionales. ¿Hay algún hilo general que trasunte toda su obra, o esta se mantuvo en compartimientos estancos? ¿Cuáles podrían ser los ejes de su obra literaria? Como bien sostiene Mario Vargas Llosa en un homenaje que le dedicara a su muerte, hasta 1951 el teatro y la poesía de Salazar Bondy “eran creaciones que expresaban un mundo interior, sin raíces históricas ni sociales, cuyo único punto de apoyo en la realidad objetiva era el lenguaje”. A partir de esa fecha, el principal hilo temático de su obra reside ante todo en la preocupación por el país y en establecer el vínculo entre la literatura y la realidad. Existen una serie de artículos periodísticos suyos que ilustran la idea de que tanto el intelectual como el artista cumplen una función fundamental dentro de la sociedad (por ejemplo, “La misión docente del escritor y el artista” de 1955 o “El deber del escritor en un país subdesarrollado” de 1960). El compromiso con la realidad, sin embargo, no significó para él el ejercicio de una literatura programática como ocurrió con el llamado realismo socialista. En Salazar Bondy estuvo siempre presente la noción de que la literatura no debía estar al servicio de una determinada ideología o discurso político. El compromiso con la realidad, por otra parte, no impidió la búsqueda de nuevos cauces expresivos, es decir, la experimentación ya fuera a nivel del lenguaje (como sucedió con su poesía) o la constante adopción de nuevos recursos y posibilidades escénicas (caso de su teatro).


[163] 2. Sebastián escribió poemas desde muy joven. A través de la poesía ingresó a la literatura y dejó poemarios de gran factura como Cuaderno de la persona oscura (1946), Los ojos del pródigo (1951) o El tacto de la araña (Poemas póstumos 1960-1965). Su poesía no era de denuncia sino de corte intimista. ¿Qué elementos encuentras importante resaltar en su poesía? La poesía de Salazar Bondy atraviesa por una serie de cambios. Desde su regreso al Perú en 1952, fue sumamente severo con sus primeros libros en los cuales predominó, por sobre todo, el dominio y la maestría en el uso del lenguaje. A esta poesía, que por momentos acusa la influencia de algunos de los poetas de la generación del 27 (en particular la de Jorge Guillén), le seguirá una vinculada a la experiencia, es decir, volcada a dar forma a los núcleos fundamentales de la vida: la infancia, la familia, el tiempo, la ciudad, el país, la amada. Creo que en esta etapa es que encuentra una voz más auténtica y propia. Lo interesante radica en que hacia el final de su breve producción poética ya empezara a asomar un deseo por experimentar nuevos caminos.

3. A la par, ¿qué rescatas de su narrativa? De libros como Náufragos y sobrevivientes (1954) o Pobre gente de París (1958). Tal como él mismo declara en el Primer Encuentro de Narradores Peruanos realizado en Arequipa en 1965, al que fue invitado junto a Ciro Alegría, José María Arguedas y otros notables narradores de la época, Salazar Bondy no


[164] se consideraba a sí mismo un narrador. Sus relatos acusan ciertos defectos que ya han sido subrayados por los críticos; sin embargo, el poder de su narrativa radica en el hecho de haber sido uno de los primeros en representar el escenario y las realidades propias de la ciudad moderna y algunos de sus principales personajes. Ello se ve particularmente en el volumen Náufragos y sobrevivientes en donde encontramos relatos como “Pájaros” cuyos personajes son un grupo de prostitutas que recorren las calles del centro de la ciudad y que son permanentemente acosadas por la Policía. Ciertamente, por su condición de dramaturgo, sabía identificar qué circunstancias resultaban apropiadas para ser representadas en una trama o argumento y a ello se agregaba el dominio del lenguaje del cual estuvo siempre dotado. Por otra parte, de haber vivido algunos años más, hubiera completado su novela Alférez Arce, Teniente Arce, Capitán Arce… que asoma como una suerte de fresco de la sociedad peruana de su época.

4. ¿Cuál ha sido su aporte para la dramaturgia nacional? Habiendo ganado 2 veces el Premio Nacional de Teatro. Salazar Bondy recibió, en realidad, tres veces el Premio Nacional de Teatro (la última póstumamente por El rabdomante, en 1965). Pero más allá de la importancia que puedan tener esos galardones, se abocó a la enorme tarea de fundar un nuevo teatro en nuestro país. Escribió dramas históricos (Rodil, Flora Tristán), juguetes (En el cielo no hay petróleo, El de la valija, entre otros), farsas (Amor, gran laberinto, que le valiera el premio nacional del año 1947, cuando recién contaba con 23 años), comedias (El fabricante


[165] de deudas), y llegó a dirigir algunas de sus obras; además, formó actores, hizo crítica teatral, es decir, se involucró en todas las diversas facetas y exigencias que implicaba reconstruir el teatro nacional y formar un público. Ese legado aún sigue en pie.

5. Este año se cumplen 50 años de la publicación de Lima la horrible (1964), y eres el editor de una nueva publicación de este libro este 2014. Sin duda es un ensayo capital para comprender la transición socio-económica y política trunca de las estructuras coloniales a las republicanas. Tras 50 años, los males que planteó Salazar Bondy para la sociedad peruana en Lima la horrible siguen en gran medida vigentes. ¿Cuál fue y es la trascendencia de Lima la horrible no solo para la literatura, sino para una visión crítica de la sociedad peruana? Sin lugar a dudas, Lima la horrible es un clásico de nuestra literatura. Esta afirmación se sustenta en el hecho de que es un libro que ha contribuido en la formación de muchos intelectuales y escritores (no solo peruanos) a lo largo de todos estos años. Sin embargo, también resulta paradójico que la mayor parte de las ediciones se hayan realizado fuera del país y no en él (en el Perú solo se habían editado hasta el día de hoy dos: la de 1964 y la de 1974, ambas, no obstante, de gran tiraje). Aun así, como puede observarse en las reseñas que aparecieron luego de su publicación, la reacción de los críticos y el público fue sumamente ambigua. Algunos prefirieron acogerse únicamente al significado del título en vez de leer y comprender en su totalidad el ensayo y


[166] optaron por salir en defensa de la pretendida “belleza” de la ciudad, es decir, demostraron que en realidad no entendían —o no querían entender— qué proponían sus páginas. Otros optaron por salir en defensa de la mujer limeña (de lo cual hay un ejemplo casi patético) o de la obra de Ricardo Palma, considerada esta última por Salazar Bondy como un bastión del conservadurismo que sienta las bases del llamado mito de la Arcadia Colonial. Aun hoy en día, muchos prefieren calificar a Lima la horrible de “pesimista” cuando en realidad se trata más bien de una confrontación franca y abierta con los mitos y la idiosincrasia de los cuales se ha valido el limeño (de todas las clases sociales) para negarse a conocer la compleja y problemática naturaleza de la ciudad. Se trata, ciertamente, de un libro que aún invoca a la reflexión y a la crítica sistemática de nuestra cultura, tarea que entre nosotros resulta muy penosa.

6. Antes de Lima la horrible ya habían sido publicados otros ensayo que pusieron en evidencia los “talones de Aquiles” de la sociedad peruana. Pájinas libres de Manuel González Prada o 7 Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana de José Carlos Mariátegui y, más recientemente, Desborde popular y crisis del Estado de Matos Mar. ¿Cuáles son en tu criterio esos elementos que diferencian a Lima la horrible de los otros ensayos de su tipo y que la hacen una obra maestra de su género? Si hemos de considerar el ensayo como un género literario, resulta imprescindible prestar atención no solo al discurso crítico que se propone en sus páginas sino al len-


[167] guaje mediante el cual se expresan las ideas. En el caso de Pájinas libres, se puede comprobar que la calidad de la prosa de González Prada es un elemento fundamental en el efecto que el autor pretende logar en el lector. El género, particularmente en nuestra literatura, ha sido destinado a ejercer una función apelativa, es decir, a generar en los lectores una capacidad crítica y, por qué no, la acción; quizás ello se deba a que el ensayo en nuestra literatura se constituyó en una herramienta imprescindible en la fundación de una literatura nacional. El caso de Lima la horrible no escapa a esta regla e incluso va más allá pues sintetiza los diferentes dominios por los que transitó Salazar Bondy como pensador e intelectual (la cultura popular y la cultura letrada, las artes, entre otros más). En este sentido, recoge el legado de Mariátegui (ello se hace explícito en el último capítulo cuyo título recoge una afirmación suya: “Otro voto en contra”).

7. En buena medida Sebastián Salazar Bondy fue quien articuló e hizo posible la reunión y el acercamiento amical y artístico entre los escritores mayores de esa época como José María Arguedas, Emilio Adolfo Westphalen o César Moro, con algunos escritores que eran más jóvenes como Jorge Eduardo Eielson, Javier Sologuren, Blanca Varela, o el pintor Fernando de Szyszlo. En lo personal, siempre han destacado el que fue muy desprendido y generoso. ¿Cuál es la trascendencia de la figura de Salazar Bondy como animador del medio cultural y artístico peruano de mediados del siglo XX? Como una suerte de promotor de la Generación del 50.


[168] No creo acertado afirmar que Salazar Bondy fue “una suerte de promotor de la Generación del 50”. Ciertamente le tocó formar parte de un núcleo de escritores y artistas que recogió y amplió el legado de la generación de Arguedas, Westphalen, Adán y Moro. Lo que llamamos la “generación del 50” es básicamente una invención de la crítica; más bien se trata de un grupo de escritores y artistas sumamente talentosos (Eielson, Ribeyro, Varela, Delgado, Belli, Romualdo, Loayza, Szyszlo y muchos otros más) que coinciden cronológicamente, pero que no se propusieron llevar a cabo un programa común ni mucho menos. A Salazar Bondy le tocó la tarea de conocer en profundidad y difundir no solo la obra de la mayoría de ellos sino la de dar a conocer la de otros escritores que a la postre resultarían marginados del canon literario. Fue un hombre generoso, sin lugar a dudas, que acogía el esfuerzo de todo aquel escritor que se le acercara en busca de una opinión (existen muchas pruebas de ello en los artículos periodísticos), pero su labor no se limitó a identificarse con un grupo particular de tales o cuales escritores, lo suyo consistía más bien en abocarse a la tarea de estimular la creación y la crítica honestas.

8. Con motivo de los 90 años de Salazar Bondy has editado Sebastián Salazar Bondy. La luz tras la memoria. Artículos periodísticos sobre literatura y cultura (19451965) (2014), libro que cuenta con dos tomos y en los que se recoge gran parte, si no toda, la producción periodística de este escritor, con más de 2000 artículos culturales muy diversos. ¿Cuál es el legado de Sebastián Salazar Bondy como periodista? ¿Por qué, de las pocas


[169] compilaciones que ha habido de su obra, la de su labor periodística siempre estuvo pendiente? La luz tras la memoria recoge tan solo una parte de su producción periodística de Salazar Bondy, aquella vinculada a nuestra literatura y temas afines como la difusión de la lectura y el apoyo a las editoriales y revistas literarias. Anteriormente se habían publicado volúmenes dedicados a su crítica de arte (Una voz libre en el caos) y artículos de corte político y social (Escritos políticos y morales). Resta aún por publicarse la crítica teatral y aquellos artículos dedicados a la ciudad que suman un número significativo y que espero editar el próximo año. El periodismo fue en él una herramienta sumamente valiosa para llevar a cabo su labor de promotor y activista cultural. También le permitió ocupar una posición privilegiada dentro del circuito cultural de su época. Muy probablemente, su nombre debe figurar dentro de los principales y más influyentes periodistas culturales de nuestra historia. Conoció plenamente las ventajas que ofrecía la prensa como medio de comunicación masivo e incluso se interesó por otros medios como la radio, la televisión y el cine.

9. Para finalizar, ¿se vienen más publicaciones de Sebastián? ¿Quizá su narrativa, poesía o dramaturgia completa? El próximo año me dedicaré a la publicación de una selección de la poesía de Salazar Bondy, así como un volumen de sus artículos dedicados a la ciudad. Asimismo, espero publicar la narrativa completa. Las ediciones ya


[170] completadas y las que vendrĂĄn son solo un intento por reconocer el valor de su obra y la honestidad con que se entregĂł al servicio de su paĂ­s.


Lima la horrible en los ojos y pluma de Sebastián. Entrevista a Félix Terrones46

Mario PERA

1. Sebastián Salazar Bondy es, junto a Jorge Eduardo Eielson o Rodolfo Hinostroza, uno de los pocos escritores peruanos de amplio registro literario; es decir, Salazar Bondy desarrolló una voz propia tanto para su poesía como para su narrativa y dramaturgia, algo poco logrado por los escritores nacionales. ¿Cuáles crees que son los ejes centrales o los vínculos que podemos ver y que trasuntan en general su obra literaria? Si bien cada registro tiene sus particularidades, hay una temática frecuente que el autor le imprimió al conjunto de sus escritos literarios. Sí, Sebastián Salazar Bondy es un caso particular en nuestras letras pues muy pocos escritores incursionaron en tantos géneros. A los que tú señalas, yo añadiría

La presente es una entrevista exclusiva para Vallejo & Co., brindada por Félix Terrones, escritor, crítico y traductor peruano, sobre la obra e influencia del escritor Sebastián Salazar Bondy y su reconocido ensayo Lima la horrible en la literatura hispanoamericana.

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[172] la crónica periodística y el cuento infantil, solo por citar ejemplos poco considerados por la crítica. Ahora bien, pese a la diversidad de géneros y registros, pienso que no se trata de una obra desarticulada, sino todo lo contrario; es decir, me parece que se trata de una obra que avanza en espirales, alrededor de una temática y una actitud recurrentes. La temática no es otra que la de una sociedad ―la peruana, en general; la limeña, en particular― en plena metamorfosis. Dichos cambios, sociales, económicos y urbanos, de los que dio cuenta José Matos Mar en su Desborde popular y crisis del Estado, son abordados por Sebastián Salazar Bondy de manera paradójica tal y como ocurre en su ensayo emblemático Lima la horrible. En cuanto a la actitud a la que me referí, esta no es otra que la del compromiso literario. Sebastián Salazar Bondy fue un escritor firmemente convencido de que toda práctica cultural, en países como el nuestro, debía cumplir una función política de denuncia y liberación. Hacer de otra manera, sería contribuir con la alienación colectiva.

2. Lima la horrible (1964) es, sin duda, uno de los ensayos esenciales para comprender que no existió, y en buena medida aún no existe, una adecuada transición socio-económica y política entre los estamentos sociales del Perú colonial y el Perú republicano. A 50 años de su publicación, los males que planteó Sebastián Salazar Bondy para la sociedad peruana en aquel ensayo siguen en gran medida vigentes. Pero este ensayo, que por mucho tiempo fue poco menos que proscrito en el país por lo que significaba para la clase alta y gobernante del Perú,


[173] aún continúa en el ostracismo, cuando debería ser lectura obligatoria en las escuelas del país. ¿Cuál fue y es la trascendencia de Lima la horrible no solo para la literatura, sino para una visión crítica de la sociedad y para la comprensión de la falsedad del discurso democrático y modernista de las clases altas no sólo en Perú? Creo que el mérito de Sebastián Salazar Bondy no es tanto haber señalado que no existe esa transición de la cual hablas como haberle dado la forma de un ensayo con las características de Lima la horrible. Ya antes muchos intelectuales, como José Carlos Mariátegui o Manuel González Prada, atacaron la producción cultural limeña pues la consideraron como conservadora, si no reaccionaria. Lo original del ensayo de Sebastián Salazar Bondy va por otros rumbos. Lima la horrible, con su verbo poético que no excluye la vocación de libelo y manifiesto, cristaliza para su generación y las posteriores un lenguaje combativo que, a su manera, ha pasado al inconsciente colectivo. Si un autor apunta a ser leído y discutido, Sebastián Salazar Bondy, al menos con su título, se ha introducido en el imaginario colectivo, el cual lo recuerda cada cierto tiempo de una u otra forma. Otra cosa es la tergiversación que se ha efectuado a partir de una lectura ignorante o tendenciosa del título. Sebastián Salazar Bondy no califica de “horrible” a Lima desde un punto de vista estético (“horrible” como contrapuesto a “bonito” o al limeñísimo “lindo”) sino más bien desde una postura ética, moral. La ciudad es horrible porque su producción cultural ―novelas, cuentos, poemas, entre otros― enfatiza un vínculo colonial que es a la vez guetto y prisión. Guetto porque las clases dominantes se enclaustran en él, so pretexto de


[174] refrendar valores inmemoriales, en una prisión porque al hacerlo encierran en el silencio a las clases populares. En el estricto ámbito de la literatura señalemos que plantea una visión de la ciudad capital que amplifica desde el ensayo la que en ficción plantearon Mario Vargas Llosa con La ciudad y los perros (1962) y Julio Ramón Ribeyro con Los gallinazos sin plumas (1955). Estamos en un momento en el que las grandes ciudades latinoamericana viven un cambio frenético, consecuencia de una modernidad que se inicia y radicaliza; por lo tanto, la literatura busca ponerse a la hora, escuchar lo que ocurre en las ciudades, de pronto convertidas en tugurizados centros urbanos. ¿Qué le añade el gesto de Sebastián Salazar Bondy? Le añade el hecho de escribir desde el ensayo lo cual permite una reflexión acerca de la identidad y lo que se nos ha querido, de manera tramposa, hacer pasar como tal. Recuerda el inicio del ensayo cuando hace alusión al cementerio indígena de Huallamarca con el objetivo de mostrar que la civilización existía desde mucho antes de la llegada de los españoles. En ese sentido, y siguiendo la idea elaborada en filigrana por Salazar Bondy, hacemos mal en reivindicar un linaje hispánico cuando el elemento indio ya estaba aquí, en Lima, desde siempre.

3. En relación a la pregunta anterior, ¿por qué aún hoy existe ese “veto” a la lectura de Lima la horrible? 50 años después de publicado, ¿aún molesta a los limeños el ver su reflejo tan bien delineado en el espejo que describió Salazar Bondy?


[175] No sé si trata de veto o más bien de desinterés. No olvides que vivimos en un país en el que la gente no lee, en el que la literatura nunca ha tenido un lugar preponderante que le permita influir en la discusión social. Cuando hablas de veto, además, supones que existe un grupo que conscientemente busca censurar al ensayo, pues en él se vehiculan ideas que considera peligrosas. Creo que ocurre algo más sutil y, por lo tanto, más difícil de identificar. Desde el momento en el que gente como Enrique Chirinos Soto reaccionó contra el ensayo porque, de manera muy simplona, consideraba que Lima no era horrible sino linda, ocurrió algo muy singular. Me refiero a la lectura con la cual se ha consagrado al ensayo a lo largo de las décadas. Tengo la impresión de que el ensayo ingresó a nuestra memoria colectiva no tanto por lo que dice, el espejo delineado del cual tan bien hablas, como por lo que sugiere en el título. En un periodo como el actual, en el que a todo precio se nos quiere vender la imagen de una ciudad capital cosmopolita, abierta al mundo, casi desarrollada, si no recuerda las expresiones de Alan García, un título como “Lima la horrible” sigue haciendo daño pues va a contracorriente del deseo general. Yo tengo dos lecturas de esto. Primero, me genera entusiasmo saber que un título combativo se ha convertido casi en una espina clavada en la inflada autoestima limeña (lo que demuestra que, mal que bien, sabemos que nuestra ciudad no es tan hermosa como pretendemos). Después, me apena saber que el ensayo es casi víctima de su título, el cual impide de entrada una lectura menos pasional. Si la gente se acercara a Lima la horrible sin ese prejuicio fundado en una mala, por no decir tendenciosa, comprensión del título, descubriría un ensayo coherente en


[176] su malestar, sin contar con la manera en que desmonta lo que tan bien denomina la “arcadia colonial”. Recordemos, en ese sentido, las palabras del mismo Salazar Bondy cuando dice de su ensayo lo siguiente: Este libro se debe a Lima. Lima hizo a su autor e hizo su aflicción por ella. (…) Y como sólo el implacable deseo de posesión clama por el conocimiento desnudo y esencial, debe ser por sobre todo considerado obra del amor que es poesía y vida. No soporta, por eso, ninguna simulación y más bien lo anima el coraje de la clarividencia, aquel que permite mirar cara a cara el horror y denunciarlo.

4. Debemos recordar que Lima la horrible se publicó en primera edición en México; luego en el Perú y en Cuba. En años sucesivos se publicaron cuatro ediciones más en México y una en el Perú; y hasta hace pocos años, cinco ediciones más en Chile y una de este 2014 en Perú. Se trata de una obra capital para el Perú pero que, curiosamente, ha sido publicada tres veces más fuera del país que dentro. Es un ensayo que trata temas intrínsecamente peruanos, y más aún limeños, pero que creo a la vez toca las fibras más sensibles de las sociedades que fueron parte de la Colonia española. ¿En qué manera se manifiesta esa “universalidad” de Lima la horrible en su constante relectura e influencia en la propia visión de otros países de hispanoamericana? Desde su publicación en México, Lima la horrible ha sido un ensayo que ha generado enorme interés a nivel latinoamericano. A las ediciones que mencionas yo añadiría la que preparé hace algunos años para la Biblioteca Ayacucho de Venezuela, y que espero ver publicada pronto.


[177] Todos conocemos el carácter y la vocación latinoamericanistas de la colección Ayacucho; por lo tanto, la publicación de Lima la horrible y otros textos en dicha colección no haría más que refrendar su consagración continental. Mira, podría decirte que esa “universalidad” de la cual hablas es consecuencia del profundo carácter latinoamericano del texto. En otras palabras, del hecho de que en la misma época las diversas capitales latinoamericanas hayan vivido el mismo fenómeno. Guardando las distancias, podríamos decir que Lima la horrible es para el ensayo latinoamericano lo que La región más transparente lo es para la novela de la misma área lingüística y cultural. Ahora bien, creo que hay algo más. Me parece que es el único ensayo que, en su registro, se muestra tan radical a la hora de atacar los remanentes coloniales. Si bien hay algunos cortocircuitos en el planteamiento y la perspectiva, por ejemplo la completa falta de sensibilidad de Salazar Bondy con respecto a lo popular, esto no invalida en nada la manera tan sistemática con la cual ataca la producción cultural. Música, poesía, pintura y otras prácticas culturales son abordadas con el mismo prisma para revelar, con una lucidez novedosa por lírica, cuán enajenantes son. Además, es necesario añadir el componente universal de su retórica cuando hace alusión y se vale de mitos como el de Medusa y, de manera subrepticia, Perseo. Ese componente mítico le da al ensayo un aliento que trasciende, como es evidente, lo estrictamente limeño y nacional.


[178] 5. Como periodista, Sebastián Salazar Bondy fue un redactor multifacético y un crítico literario y artístico como pocos. Fue un gran poeta, con composiciones como Cuaderno de la persona oscura (1946), Los ojos del pródigo (1951) o El tacto de la araña (Poemas póstumos 19601965); y un gran narrador en Náufragos y sobrevivientes (1954), Pobre gente de París (1958) o Alférez Arce, teniente Arce, capitán Arce (1969); sin embargo, se le recuerda casi siempre sólo por el ensayo Lima la horrible. ¿A qué puede deberse ello? Porque, como ya lo dije, con Lima la horrible, creo que más de manera inconsciente que otra cosa, Sebastián Salazar Bondy tocó una de las fibras más sensibles de nuestra intimidad colectiva. Él fue quien de manera directa y hasta violenta atacó cierta complacencia criolla que quería hacer pasar Lima por, como se dice en un pasaje, un oasis, “una metrópoli incierta, risueña, civilizadísima, aunque aislada del mundo”. Todo propósito similar que llega después se remite, de manera directa o no, al gesto primigenio del autor de Lima la horrible.

6. Como dramaturgo, Sebastián Salazar Bondy ganó dos veces el Premio Nacional de Teatro. ¿Cuál ha sido el aporte de SSB para la dramaturgia nacional? Mira, para serte honesto conozco mal la dramaturgia peruana, sus referentes y su historia. Lo que te puedo decir es que, en el ámbito de la dramaturgia, Sebastián Salazar Bondy, lo mismo que en su poesía que de intimista se fue haciendo cada vez más social, muestra una evolución.


[179] Lo cual nos coloca frente a un escritor que nunca dejó de explorar ni renovarse sin que esto signifique que abandone sus inquietudes medulares, a las que aludí hace un rato. Esto lo ves en piezas teatrales como No hay isla feliz, Dos viejas van por la calle y, desde luego, Amor gran laberinto o esas piezas que llamó “Juguetes”. De todas sus obras dramáticas quiero rescatar El Rabdomante porque es su canto de cisne, porque tiene de Beckett y de Jarry, pero antes que nada porque tiene una capacidad metafórica extraordinaria que trasciende la simple denuncia de un estado de cosas. El Rabdomante es acaso el testimonio literario de Sebastián Salazar Bondy pues en él muestra, no sé hasta qué punto de manera voluntaria, su concepción del escritor y su lugar en sociedades como la nuestra. El escritor, para Sebastián Salazar Bondy, lo mismo que el Rabdomante, es aquel que yendo contra el interés de los poderosos muestra lo verdaderamente vital al pueblo sin esperar algo a cambio, sino más bien lo contrario. Cuando, hacia el final, el pueblo lincha al Rabdomante, se emblematiza el carácter impetuoso de todo levantamiento o revolución que no se detiene en identificar y reconocer a quien los sacó de la desgracia.

7. Salazar Bondy tenía un sexto sentido para descubrir el talento en los artistas. Desde muy joven impulsó a varios a continuar en sus búsquedas literarias o plásticas como a Mario Vargas Llosa, a Fernando de Szyszlo, a Blanca Varela o a Jorge Eduardo Eielson. Algo que le reconocen ellos, sus amigos, es haber sido siempre un incansable promotor cultural, literario en esencia, y


[180] haber sido siempre muy desprendido y generoso. ¿Cuál es la trascendencia de la figura de Salazar Bondy como animador del medio cultural y artístico peruano de mediados del siglo XX? Incluso en eso Sebastián Salazar Bondy era un tipo único. En un medio literario patético como el peruano, puesto que en él son más grandes los egos que la literatura, sin contar con los celos entre los diversos actores culturales, Salazar Bondy promovió a los jóvenes, se encontró con ellos, les ayudó a publicar. Además, desde sus tribunas periodísticas, dio la hora en cuanto a comentarios y críticas de arte. A él le debemos una antología de poesía contemporánea, también varios textos dedicados al arte prehispánico, sin contar con una de las primeras reflexiones fundamentadas y orientadas a la discusión ciudadana, pues fueron publicadas en periódicos de amplia divulgación, acerca de la singularidad del arte abstracto. En resumidas cuentas, Sebastián Salazar Bondy fue un actor de primer orden por su enorme cultura ―no olvidemos su interés voraz por lo europeo y lo latinoamericano― y también por los puentes que tendió entre los diversos países, así como su infatigable necesidad de escribir sus ideas, lo cual le permitió ganarse un nombre entre los letrados pero también entre los ciudadanos de a pie.

8. En buena medida Sebastián Salazar Bondy fue quien articuló e hizo posible la reunión y el acercamiento amical (que propiciaría una retroalimentación) entre los escri-


[181] tores mayores de esa época como José María Arguedas, Emilio Adolfo Westphalen, Xavier Abril o César Moro, con algunos escritores que eran más jóvenes y recién se iniciaban como Jorge Eduardo Eielson, Javier Sologuren, Fernando de Szyszlo, Blanca Varela, etc. ¿Cuán importante fue el aporte de Sebastián Salazar Bondy en el forjamiento de una visión artística generacional para la llamada Generación del 50? Lo que te pueda decir va a estar mediatizado por las décadas que nos separan de todo ello. Por lo tanto, consideraré la figura de Sebastián Salazar Bondy como la de alguien que se desprende del panorama general de dicha Generación, más preocupada por la narrativa y el verso, mediante el ensayo Lima la horrible. Asimismo, me parece que, visto desde ahora, su ascendiente es innegable pues fue uno de los primeros escritores peruanos en alcanzar una dimensión transnacional. Así anticipó, por ejemplo, a Mario Vargas Llosa. Como murió relativamente joven, cuando más publicaba, en la cima de su maduración intelectual, no podremos nunca saber qué habría ocurrido con él ni con su obra. La única patinada suya que recuerdo es la de la Mesa redonda dedicada a José María Arguedas, cuando le achacó al autor de Los ríos profundos, desde una pobre perspectiva mimetista, representar mal la realidad nacional. Dicho esto, creo que si lo consideramos desde el punto de vista de la Generación del 50 y lo que planteaba, podemos entender sus postulados en función de un cambio de paradigma de representación que se desplaza del campo a la ciudad.


[182] 9. Para finalizar, ¿algo más que desees agregar sobre esta figura capital de las letras hispanoamericanas? Sí. Me gustaría, más allá de recordar la actualidad de su obra, subrayar que Lima la horrible es un ensayo muy bien escrito. Parece obvio, pero a veces tengo la sensación de que lo olvidamos para privilegiar el componente social o político. En “Lima la horrible”, para referirme a su libro más célebre, Sebastián Salazar Bondy es, en partes iguales, ciudadano, intelectual y escritor. Es un ensayo que dialoga con una rica tradición letrada que va de las crónicas de indias hasta los relatos de viaje, que la utiliza para hacerla discutir, polemizar entre ella de manera muy persuasiva. Al mismo tiempo, es un libro lleno de imágenes intensas, bellas, reveladoras. Creo que es uno de los mejores ensayos que ha podido dar la literatura hispanoamericana, al mismo nivel de El laberinto de la soledad o 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana; por lo tanto, su lectura no es sólo un deber sino también un placer estético e intelectual.


Poesía


12 latidos de mi sombra. Poemas de Sebastián Salazar Bondy47

Vallejo & Co. presenta, en exclusiva, algunos poemas del escritor y periodista peruano Sebastián Salazar Bondy, quien este 2014 hubiera cumplido 90 años de vida. Pese a que su vida fue relativamente corta, murió a los 41 años, Salazar Bondy nos legó nueve poemarios en vida y cuatro publicados tras su muerte, en 1965. Además de su labor como poeta, fue uno de los más importantes críticos literarios de su tiempo, habiendo publicado cuatro antologías cardinales de la poesía peruana, las que han alumbrado a los investigadores, estudiosos y poetas nacionales y extranjeros sobre la lírica nacional, incluso desde tiempos precoloniales; estas fueron La poesía contemporánea del Perú (1946, junto con Jorge Eduardo Eielson y Javier Sologuren), Antología general de la poesía peruana (1957, junto con Alejandro Romualdo), Poesía quechua, selección (1964) y Mil años de poesía peruana (1964). La presente muestra consta de 12 poemas elegidos de sus más importantes poemarios: Cuadernos de la persona oscura (1946), Los ojos del pródigo (1951), Confidencia en alta voz (1960), El tacto de la araña (1965) o Sombras como cosas sólidas y otros poemas (1974). Vallejo & Co. reproduce los poemas de esta muestra con la necesaria autorización de las herederas de Sebastián Salazar Bondy, Irma Lostaunau y Ximena Salazar Lostaunau, quienes cuentan con todos los derechos reservados sobre la publicación de todas las obras de este insigne escritor.

47


[187]

Peregrinaciones de las horas VI En todo aquello de que hablo hay temor, hay piel de gato silenciosa por los suelos, hay pequeñas imágenes y moscas y cuchillos y gracia dulce en su saliva. Madre escucha venir con sus coturnos de acecho al dios de la salud en su coche de mimbre y hay todavía en las ventanas que al estero abren su interna paz de dormitorio, el amuleto mágico de pelos, el nudo, el alfiler muerto. Hay un vago temor cuando algo se detiene o las cortinas danzan al lado mismo de las almas cercanas.


[188]

Arte del poema No nazca sangre viva de tu seno, sĂ­ un aire bueno que entre los amigos lava castigos y desciende pleno por vados de mentira y desabrigos.


[189]

Sobre los dioses No crezca, dios, en tu puĂąo, tu corbata, tu seno abrigador, leche y desgano, sino tu pie sangrado y tu caballo, alto espĂ­ritu malo en mi verano. (De Cuaderno de la persona oscura)


[190]

Mujer y perros A Augusto, que la conoció

Recuerdo en Lima una mujer, una cansada sombra de pordiosera que juntaba perro a perro como los frutos de su vientre. Eran canes de paso, animales manchados, negros, hoscos, melancólicos hijos que la escuchaban en el suelo y lamían su mano agradecidos de una llaga, un harapo mejor, un simple hueso. Una mujer que se sentaba en una plaza y cosía el alba y el ocaso al calor húmedo y triste de sus perros.

(De Los ojos del pródigo)


[191]

Confidencia en alta voz Pertenezco a una raza sentimental, a una patria fatigada por sus penas, a una tierra cuyas flores culminan al anochecer, pero amo mis desventuras, tengo mi orgullo, doy vivas a la vida bajo este cielo mortal y soy como una nave que avanza hacia una isla de fuego. Pertenezco a muchas gentes y soy libre, me levanto como el alba desde las últimas tinieblas, doy luz a un vasto campo de silencio y oros, sol nuevo, nueva dicha, aparición imperiosa que cae horas después en un lecho de pesadillas. Escribo, como ven, y corro por las calles, protesto y arrastro los grillos del descontento que a veces son alas en los pies, plumas al viento que surcan un azul oscuro, pero puedo quedarme quieto, puedo renunciar, puedo tener como cualquiera un miedo terrible, porque cometo errores y el aire me falta como me faltan el pecado, el pan, la risa, tantas cosas. El tiempo es implacable como un número creciente y comprendo que se suma en mi frente, en mis manos, en mis hombros, como un fardo,


[192] o ante mis ojos como una pelĂ­cula cada vez mĂĄs triste, y pertenezco al tiempo, a los documentos, a mi raza y mi paĂ­s, y cuando lo digo en el papel, cuando lo confieso, tengo ganas de que todos lo sepan y lloren conmigo.


[193]

Desde el corazón Me sitúo en el centro de mi corazón, pongo los ojos en el fondo de ese pozo como dos lámparas frías que encienden el amor, ¿y qué veo? Dios mío, si veo el claro espejo familiar que hay en mi sueño, el pan que sale del horno de la vida a cada rato. Vuelve a ti, viajero, vuelve al Hotel de Bâle, ya que París es una pieza mortecina, un lavabo, una mesa, un lecho para el vino de esta noche, y sabrás nuevamente que eres un círculo de dudas un remolino incesante que gira en torno de la ausencia. Me sitúo en el centro de mi corazón, repito, y me digo: “Estoy aquí, pero en Lima despertará mi madre cuando el perro gima a su puerta, le dé los buenos días, la bendiga, porque su mano es como un fruto que no cesa”.


[194]

Todo esto es mi país Mi país, ahora lo comprendo, es amargo y dulce; mi país es una intensa pasión, un triste piélago, un incansable manantial de razas y mitos que fermentan; mi país es un lecho de espinas, de caricias, de fieras, de muchedumbres quejumbrosas y altas sobre heladas; mi país es un corazón clavado a martillazos, un bosque impenetrable donde la luz se precipita desde las copas de los árboles y las montañas inertes; mi país es una espuma, un aire, un torrente, un declive florido, un jardín metálico, longevo, hirviente, que vibra bajo soles eternos que densos nubarrones atormentan; mi país es una fiesta de ebrios, un fragor de batalla, una guerra civil, un silencioso páramo cuyos frutos son jugosos, un banquete de hambres, un templo de ceremonias crueles, un plato vacío tendido hacia la nada, un parque con niños, con guitarras, con fuegos, un crepúsculo infinito, una habitación abandonada, un angustiado grito, un vado apacible en el cual se celebra la vida; mi país es un sepulcro en medio de la primavera, una extraña silueta que abruma con su brillo la soledad, un anciano que camina lentamente, un ácido que horada los ojos, un estrépito que apaga todas las músicas terrenales,


[195] un alud de placeres, un relámpago destructor, un arrepentimiento sin culpa. un sueño de oro, un despertar de cieno, una vigilia torva, un día de pesar y otro de risa que la memoria confunde, un tejido de lujo, una desnudez impúdica, una impaciente eternidad; mi país es un recuerdo y una premonición, un pasado inexorable y un porvenir de olas, resurrecciones, caídas y festines; mi país es mi temor, tu ira, la voracidad de aquel, la miseria del otro, la defección de muchos, la saciedad de unos cuantos, las cadenas y la libertad, el horror y la esperanza, el infortunio y la victoria, la sangre que fluye por las calles hasta chocar con el horizonte y de ahí retorna como una resaca sin fin; mi país es la mujer que amo y el amigo que abrazo tan sólo por amigo, el extraño que te sorprende con su odio y el que te da la mano porque quiere; mi país es la ventana a través de la cual miro la tarde, la tarde que cae con sus ramos de melancolía en mi pecho, y el agua matinal con que limpio mis pupilas de imágenes sucias, el aire que respiro al salir de mi casa cada día, y la gente que se precipita conmigo a los quehaceres sin sentido, el trabajo, la fatiga, la enfermedad, la locura, el pensamiento, la prisa, la desconfianza, el ocio, el café, los libros, las maldiciones; mi país es la generosa mesa de mi casa y los rostros familiares donde contemplo la marea incansable de mi dicha,


[196] el cigarrillo que consumo como una fe que se renueva y el perro cuya piel es cálida como su amistad; mi país son los mendigos y los ricos, el alcohol y la sed, la aventura de existir y el orden en que elijo mis sacrificios; mi país es cárcel, hospital, hotel, y almacén, hogar, arsenal; mi país es hacienda, sembrío, cosecha; mi país es escasez, sequía, inundación; mi país es terremoto, lluvia, huracán; mi país es vegetal, mineral, animal; mi país es flexible, rígido, fluido: mi país es líquido, sólido, inestable; mi país es republicano, aristocrático, perpetuo; mi país es una cuna, tumba, lecho nupcial; mi país es indio, blanco, mestizo: mi país es dorado, opaco, luminoso; mi país es amable, hosco, indiferente; mi país es azúcar, tungsteno, algodón; mi país es plata, nieve, arena; mi país es rudo, delicado, débil y vigoroso, angelical y demoníaco; mi país es torpe y perfecto; mi país es enorme y pequeño; mi país es claro y oscuro; mi país es cierto e ilusorio; mi país es agresivo y pacífico; mi país es campana, mi país es torre, mi país es isla, mi país es arca, mi país es luto, mi país es escándalo, mi país es desesperación,


[197] es crisis, escuela, redención, ímpetu, crimen, y lumbre, choque, cataclismo, y llaga, renunciación, aurora, y gloria, fracaso, olvido; mi país es tuyo, mi país es mío, mi país es de todos, mi país es de nadie, no nos pertenece, es nuestro, nos lo quitan, tómalo, átalo, estréchalo contra tu pecho, clávatelo como un puñal, que te devore, hazlo sufrir, castígalo y bésalo en la frente, como a u hijo, como a un padre, como a alguien cansado que acaba de nacer, porque mi país es, simple, pura e infinitamente es, y el amor canta y llora, ahora lo comprendo, cuando ha alcanzado lo imposible. (De Confidencia en alta voz)


[198]

Testamento ológrafo Dejo mi sombra, una afilada aguja que hiere la calle y con tristes ojos examina los muros, las ventanas de reja donde hubo incapaces amores, el cielo sin cielo de mi ciudad. Dejo mis dedos espectrales que recorrieron teclas, vientres, aguas, párpados de miel y por los que descendió la escritura como una virgen de alma deshilachada. Dejo mi ovoide cabeza, mis patas de araña, mi traje quemado por la ceniza de los presagios, descolorido por el fuego del libro nocturno. Dejo mis alas a medio batir, mi máquina que como un pequeño caballo galopó año tras año en busca de la fuente del orgullo donde la muerte muere. Dejo varias libretas agusanadas por la pereza, unas cuantas díscolas imágenes del mundo y entre grandes relámpagos algún llanto que tuve como un poco de sucio polvo en los dientes. Acepta esto, recógelo en tu falda como unas migas, da de comer al olvido con tan frágil manjar.


[199]

Patio interior A Luis Loayza

Viejas, tenaces maderas que vieron a tantas familias despedirse, volverse polvo y llovizna, retornar a las dunas como otra ondulación, os debo algo, dinero, melancolía, poemas, os debo cierta ceniza plateada y claustral. Columnas fermentadas que persisten soportando la sala, la alcoba, la despensa, la cocina donde humeó algún sabor frugal, os debo riquezas sin ira, grandes palideces pensativas. Patio interior, cuervo de ociosas neblinas entre cuyas largas plumas los amantes se deslíen como una inscripción de pañuelo os debo ahora mismo mi fosforescente vicio, y os habito, os corrijo, os firmo con mi rápido nombre de cuchillo.


[200]

Describo el invierno A José Miguel Oviedo

Conozco bien estos pesados guantes de albayalde porque antes vi su rastro cubrir otros días de lujuria y beatitud, la rauda pareja de lobos de cuyo lecho nacen como quejidos o espasmos humedades, virus, toses. Sé cómo el tiempo cose sus lentejuelas en la loca ropa de ayer, cómo se agrietan sombras de muebles y paredes, cómo el corazón se encharca y lentamente trae un recuerdo desde la antigüedad. Repito mi historia en el duro piano de invierno: mi sangre es toda blanca cuando las brumas de junio en los parques tuercen el cuello al cisne de la fecundación.


[201]

Cinco ejercicios tenaces 4. La nada La nada no es espacio, tampoco tiempo perdido, sino la confianza con que retomo la tinta y combato con su sombra, y oigo a mi hija llorar, y siento la dulzura de mi mujer abrir su cofre de cuentos, y reconozco a mis vecinos por sus guitarras borrachas, y pienso en mis amigos con odio mas nunca sin afecto, y veo en mis líquidos que miento en el teléfono cuando digo: “No hay novedad”, y todo es nuevo a mi alrededor, aunque yo acabo de nacer del vientre de mi sueño. Pero la nada resiste las olas en medio de un océano de cosas y remordimientos. (De El tacto de la araña)


[202]

Sombras del origen Nací en un leve nido de barro y caña de Guayaquil (calle del Corazón de Jesús, donde ahora parece fracasar un taller de mecánica) cuando aún no se hablaba de comunismo sino en el secreto de algunas familias obreras y la palabra sonaba muy lejos y entre muros de niebla se arrastraba por los largos silencios del invierno. Un leve nido oculto en las húmedas ramas de Lima, un temerario desafío, en verdad, de aves mutiladas a los cielos. En torno al nido, paciencias enmohecidas, patios ralos, rincones de prohibida belleza, relojes en penumbra, alcobas muelles y miradas de loco, y aunque la pequeñez del mundo era infinita la pobreza del pobre se extasiaba en los entorchados, bajo la pálida garúa de los oficiales, al paso de la sigilosa extremaunción, mientras el tatachín dominical vestía los barrios con sus harapos bailables. Claro que a veces breves gritos humanos pregonaban frutas o mieles, piedras de afilar, tamales!,


[203] y los vecinos los invitaban a acercarse a sus ventanas de celosías intimidadas por la ola gripal. El mar, a distancia, divulgaba su química monótona de aires yodados, lívidas aguas lentas, turbiedades viajeras sin rumbo ni peligro. Llanto y risa fui entonces y otras cosas enemigas entre sí, suaves, solares, negras también, mas siempre mi vida buscó la dulce habitación arbórea, el ovillo de barro y caña, la cavidad suspendida en la sombra original, donde cierto día hubo una irrepetible reunión de calores. Nací en un leve nido y su pérdida agobia como un terror mi sueño infantil. (De Sombras como cosas sólidas)


Dossier de fotos de Sebastián Salazar Bondy48

Vallejo & Co. presenta un dossier fotográfico del escritor y periodista peruano Sebastián Salazar Bondy, quien este 2014 hubiera cumplido 90 años de vida. El autor murió en 1965, con escasos 41 años de edad, aunque dejándonos una vasta obra literaria en diversos géneros: ensayo, poesía, novela, narrativa y dramaturgia; así como una significativa obra periodística. La presente muestra consta de dos partes en las que se exponen diferentes fotografías del autor, de sus obras, portadas de sus libros, así como fotografías de sus amigos más allegados. Imágenes que forman parte de diferentes archivos, aunque la gran mayoría son propiedad exclusiva de sus herederas doña Irma Lostaunau vda. de Salazar y Ximena Salazar Lostaunau, quienes cuentan con todos los derechos reservados sobre la publicación de todas las obras de este insigne escritor.

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Sebastiรกn en la memoria (Parte I)


Dos escritores muy amigos José María Arguedas y Sebastián Salazar Bondy Centro de Lima, c. 1950 © Archivo familia Salazar Lostaunau

El escritor y periodista peruano Sebastián Salazar Bondy. © Baldomero Pestana


Cartel de presentación de la obra teatral Rodil de Sebastián Salazar Bondy. Esta obra fue escenificada a inicios de la década de 1950 por la Compañía Nacional de Comedia tras haber obtenido el Premio Nacional de Teatro © Archivo Mario Pera

Ilustración del Escritor Sebastián Salazar Bondy, firmada por Bartra para un periódico de la capital peruana © Archivo familia Salazar Lostaunau


Foto familiar. Sebastián Salazar Bondy abrazando a su esposa Irma Lostaunau junto a su hija Ximena C. 1963 © Archivo familia Salazar Lostaunau

Primera edición del ensayo Lima la horrible, el que le daría fama y no pocas críticas. Esta edición fue publicada por editorial ERA en México D. F. en 1964 © Archivo Mario Pera


Foto familiar. Augusto Salazar con sus dos hijos, a la izquierda Augusto César Salazar Bondy y a la derecha Sebastián Salazar Bondy C. 1927 © Archivo familia Salazar Lostaunau

Panel central de la exposición Sebastián Salazar Bondy. El señor gallinazo vuelve a Lima (2014), en homenaje a los 90 años de SSB Dicha exposición tuvo lugar en la Casa de la Literatura Peruana © Archivo Mario Pera


Pintura que Fernando de Szyszlo hiciera para ilustrar un poemario de su gran amigo Sebastián Salazar Bondy © Archivo familia Salazar Lostaunau

Libreta de El Rabdomante de Sebastián Salazar Bondy. Obra teatral escenificada en el Teatro La Cabaña y por la que SSB obtuvo, póstumamente, el Premio Nacional de Teatro por tercera vez. © Archivo familia Salazar Lostaunau


Collage de diferentes portadas de las obras de Sebastian Salazar Bondy Š Archivo Mario Pera


Grandes amigos. Foto grupal de Abelardo Oquendo (izq.), Mario Vargas Llosa (centro) y Sebastián Salazar Bondy (der.) con sus esposas C. 1960 © Archivo familia Salazar Lostaunau

Portada de la Antología general de la poesía peruana que coeditaran los poetas Alejandro Romualdo y Sebastián Salazar Bondy, publicada en 1957 por la Editorial Librería Internacional del Perú © Archivo Mario Pera


Sebastián Salazar Bondy escribiendo C. 1960 © Archivo familia Salazar Lostaunau

Edición cubana de Lima la horrible, de Sebastián Salazar Bondy. Edición publicada en 1967 en La Habana por la Editorial Casa de las Américas en su colección “La Honda” Crédito de la foto: www.march.es


Izq. Novela inconclusa de Sebastián Salazar Bondy, Alférez Arce, Teniente Arce, Capitán Arce… (1969) y der. Segunda edición de Náufragos y sobrevivientes (1954) © Archivo Mario Pera

Sebastián Salazar Bondy en foto tomada en Lima C. 1962 © Archivo familia Salazar Lostaunau


Sebastián Salazar Bondy hablando ante un auditorio C. 1955 © Archivo familia Salazar Lostaunau

Sebastián Salazar Bondy C. década de 1960 © Archivo familia Salazar Lostaunau


Sebastiรกn en la memoria (Parte II)


El escritor y periodista Sebastián Salazar Bondy en fotografía tomada en Lima, Perú C. 1927 © Archivo familia Salazar Lostaunau

El poeta, dramaturgo, narrador, ensayista, crítico literario, crítico de arte, periodista y promotor cultural peruano Sebastián Salazar Bondy (1924-1965) C. 1955 © Archivo familia Salazar Lostaunau


Lima la horrible (1964) por Sebastián Salazar Bondy Ed. Populibros Peruanos Primera edición de este ensayo en publicada en Lima, Perú © Archivo Mario Pera

Sebastián Salazar Bondy en su faceta paternal con Ximena, su hija, en brazos C. 1962 © Archivo familia Salazar Lostaunau


Caricatura de Sebastián Salazar Bondy por Carlos Tovar "Carlín" © Cortesía Carlín

Tarjeta de presentación de Sebastián Salazar Bondy como colaborador de la editorial Populibros Peruanos, fundada y dirigida por Manuel Scorza © Archivo Mario Pera


Sebastián Salazar Bondy con el eximio decimista, músico y folclorista peruano Nicomedes Santa Cruz © Diario La Prensa 5/06/1958

Grabado del rostro de Sebastián Salazar Bondy por el artista plástico peruano Carlos Bernasconi, uno de sus grandes amigos © Archivo familia Salazar Lostaunau


Con uno de sus mejores amigos. Sebastián Salazar Bondy y el pintor Fernando de Szyszlo posando en el Parque de la Reserva. Lima, Perú. C. 1954. Cortesía de la Casa de la Literatura Peruana


Portada de Mil años de poesía peruana (1964), antología de Sebastián Salazar Bondy © Archivo Mario Pera

Sebastián Salazar Bondy bromeando con su gran amigo, Premio Nobel de Literatura 2010, el escritor Mario Vargas Llosa © Archivo familia Salazar Lostaunau


Algunos de los dibujos que Sebastián Salazar Bondy realizó cuando era muy niño C. 1930 © Archivo familia Salazar Lostaunau


Sebastián Salazar Bondy posando en algún paraje peruano C. 1950 © Archivo familia Salazar Lostaunau

Caricatura de Sebastián Salazar Bondy por Alvarus © Archivo familia Salazar Lostaunau


Tarjeta (de 14.7 cms. x 9 cms.) repartida en el funeral de Sebastián Salazar Bondy (04/07/1965), con el poema de su autoría Testamento ológrafo. La tarjeta fúnebre fue un detalle regalado a los concurrentes a las exequias y fue impresa por su amigo y editor Juan Mejía Baca. La tarjeta le pertenece al Dr. Paul Firbas, a quien le fue regalada por el poeta y ensayista chileno Pedro Lastra, gran amigo de muchos escritores peruanos y quien estuvo presente en Lima en los funerales de SSB. © Paul Firbas

Afiche original de la comedia teatral El fabricante de deudas, de Sebastián Salazar Bondy © Archivo familia Salazar Lostaunau


Retrato de Sebastián Salazar Bondy por el reconocido pintor ecuatoriano Oswaldo Guayasamín Hecho en Lima, en 1946 © Archivo familia Salazar Lostaunau

Un joven Sebastián Salazar Bondy (en la parte superior botella en mano) junto con Jorge Eduardo Eielson (con tirantes y corbata al centro) y Fernando de Szyszlo (con BBD al centro) festejando con un grupo de amigos C. 1945 Cortesía: Casa de la Literatura Peruana


Sebastián Salazar Bondy flanqueado por las hermanas Nelly (izq.) y Blanca Varela (der.) en el Parque de la Reserva en Lima, Perú C. 1947 Crédito de la foto: Archivo Blanca Varela


Sebastián Salazar Bondy escribiendo en máquina C. 1955 © Archivo familia Salazar Lostaunau

Sebastián Salazar Bondy y Mario Vargas Llosa C. 1958 © Archivo familia Salazar Lostaunau


Jorge Puccinelli rodeado (de izq. a der.) por los poetas Javier Sologuren, Jorge Eduardo Eielson y Sebastián Salazar Bondy C. 1947 Cortesía: Casa de la Literatura Peruana

Sebastián Salazar Bondy. La luz tras la memoria. Artículos periodiodísticos sobre literatura y cultura (1945-1965) (2014). Compilación en dos tomos de un centenar de notas periodísticas de SSB en edición de Alejandro Susti © Archivo Mario Pera


Sebastián Salazar Bondy recibiendo dos vasijas de cerámica como regalo de un niño C. 1960 © Archivo familia Salazar Lostaunau

Sebastián Salazar Bondy junto a su esposa Irma Lostaunau C. 1960 © Archivo diario La República


Retrato de Sebastiån Salazar Bondy C. 1946 Š Archivo familia Salazar Lostaunau


Datos biobibliogrรกficos de los autores


Alonso ALEGRÍA Director teatral y uno de los más respetados dramaturgos del Perú Desde muy joven participó en el Teatro de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (tusm). Obtuvo la beca Fullbright para asistir a la Universidad de Yale en la que se graduó como bachiller en Arte (1964) y como Master of Fine Arts en dramaturgia y literatura dramática (1966). Fue fundador, director y productor del Teatro Nacional Popular (1971-78) y catedrático de teatro y literaturas dramáticas en varias universidades de los EE. UU. Como dramaturgo, su obra más conocida es El cruce sobre el Niágara con la que ganó el premio Casa de las Américas en 1969, pieza que ha sido montada en más de cincuenta países. En 1965 compartió el Premio Nacional de Teatro del Perú con Sebastián Salazar Bondy, por su obra Remigio el huaquero (primera versión de Cavando en la arena). Actualmente es profesor asociado de dramaturgia en la especialidad de Artes Escénicas de la Pontificia Universidad Católica del Perú —pucp—y profesor principal


[240] de Vivero de Dramaturgia. En 2014 obtuvo el reconocimiento del Gobierno Peruano como Personalidad Meritoria de la Cultura.

Gema ARETA MARIGÓ Profesora titular de literatura hispanoamericana en la Universidad de Sevilla. Se doctoró en 1990 en Filología Hispánica con una tesis sobre La poética de José María Eguren (1993), del que también publicó la antología De Simbólicas a Rondinelas (1992). Su investigación sobre poesía peruana incluye los siguientes trabajos: La pasión italiana de José María Eguren (1991), José María Eguren: algunas claves poéticas (1993), Oír con los ojos (Homenaje a César Vallejo, 1989), El conjuro del silencio: la poesía de Blanca Varela (1996), Después de lo raro, la extrañeza: Las Moradas de Emilio Adolfo Westphalen (Revisión de las vanguardias, 1999), La poesía acéntrica de Carlos Oquendo de Amat (2006). Ha impartido cursos de doctorado en el Instituto de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe, la Universidad de Toulouse y Universidad Federal de Santa Catarina en Brasil. Ha sido coordinadora general de acceso para mayores de 25 años (1999-2006), y actualmente es coordinadora general de selectividad de la Universidad de Sevilla, en donde es miembro del claustro.

Mario BENEDETTI Sin duda, uno de los principales escritores del Uruguay. Su obra se paseó por diferentes registros literarios como poesía, narrativa (cuentos y novelas), dramaturgia y crítica literaria. Saltó a la palestra como uno de los escritores del


[241] boom latinoamericano, siendo autor de dos novelas muy populares adaptadas al cine La tregua (1960) o Gracias por el fuego (1965). Además de su labor literaria, se desempeñó como periodista en diversos medios como en La Mañana, El Diario o Tribuna Popular. Es autor de numerosos poemarios como: Te quiero (1956), Contra los puentes levadizos (1966), Letras de emergencia (1973), La noche de los feos (1983), Las soledades de Babel (1991), El olvido está lleno de memoria (1995), Rincón de haikus (1999), Existir todavía (2003) o Testigo de uno mismo (2008), entre muchos otros.

Luis Jaime CISNEROS Uno de los más destacados lingüistas del Perú, con estudios de Filología y Medicina en la Universidad de Buenos Aires, ciudad en la que conoció a Sebastián Salazar Bondy. Fue doctor en Literatura por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos —unmsm—en donde se desempeñó como docente, así como en la pucp, en la que fue decano de facultad de Letras y Ciencias Humanas. Trabajó como director del diario La Prensa y, en 1981, fundó el diario El Observador. Por su labor como docente recibió el Premio Nacional de Cultura en Pedagogía en 1956 y 1963, el Premio Nacional de Cultura en Crítica en 1948 y, en 2006, fue condecorado con Orden de El Sol del Perú en el grado de Gran Cruz.

Jorge Eduardo EIELSON Uno de los más importantes escritores y artistas plásticos latinoamericanos. Su obra literaria comprende los géneros de narrativa, dramaturgia, ensayo, crónica periodística


[242] pero, esencialmente, poesía. En 1945 ganó el Premio Nacional de Poesía del Perú por su libro Reinos (1945) y, en 1948, el III Premio Nacional de Teatro del Perú, por su obra Maquillage. En 1978 se le otorgó la beca Guggenheim para la Literatura. Obtuvo gran reconocimiento como artista plástico. Realizó su primera muestra personal en Lima, en 1948; y tras ello participó en múltiples ocasiones en la Bienal de Venecia (1964, 1966, 1972, 1988), así como en la Bienal de París (1971), la Bienal de Trujillo (1987) y la Bienal de La Habana (1989). Su obra plástica se constituye por pinturas, esculturas, ensamblajes, performances e instalaciones. Ha publicado en narrativa: El cuerpo de Giulia-no (1971) y Primera Muerte de María (1988); en ensayo: La poesía contemporánea del Perú (1946, con Javier Sologuren y Sebastián Salazar Bondy); y en poesía: Reinos (1945), Canción y muerte de Rolando (1959), Mutatis mutandis (1967), Poesía escrita (1976), Noche oscura del cuerpo (1989), Sin título (2000), Celebración (2001), Canto visibile (2002), Nudos (2002), De materia verbalis (2002), Del absoluto amor y otros poemas sin título (2005) y, póstumamente, Habitación en Roma (2008), Pytx (2008) y Poeta en Roma (2009), entre otros.

Paul FIRBAS Estudió Lingüística y Literatura en la pucp y obtuvo su doctorado por la Universidad de Princeton en el 2001. Desde el año 2007 es profesor asociado en la Universidad Estatal de Nueva York en Stony Brook, donde es además director del Centro de Estudios Latinoamericanos y del Caribe. Se especializa en textos del período colonial.


[243] Juan Luis GARGUREVICH Titulado de la Escuela de Periodismo (1966) y magíster en Comunicaciones (1997) ambos por la pucp (1999). Ha sido editor, redactor y director de La Crónica, Expreso, Extra, La Voz, Marka, Revista Época, Editora Correo, Diario Sur Tacna, y corresponsal en el Perú de la Agencia de Noticias alasei. Fue docente y director en la Escuela de Comunicación Social y en Letras en la unmsm (1972-2000). Vicepresidente de la Federación Latinoamericana de Periodistas. Y actualmente, es decano de la Facultad de Ciencias y Artes de la Comunicación de la pucp.

José Miguel OVIEDO Uno de los críticos literarios peruanos más respetados en el ámbito hispanoamericano. Doctorado en la pucp, casa de estudios en la que se desempeñó como catedrático de Literatura Peruana y Literatura Hispanoamericana. Desde 1975, pasó a desempeñarse como catedrático en distintas universidades de los EE. UU. como la Universidad de Pennsylvania. Por su labor como investigador recibió la beca Rockefeller para la investigación en 1991. Ha estudiado la obra de escritores como Ricardo Palma, Mario Vargas Llosa, José Martí; así como ha publicado numerosas antologías como Narradores peruanos (1968), Antología del cuento cubano (1968), Estos 13 (una recopilación de poesía de la generación peruana del 70, 1970), Musas en guerra (1987) o Antología crítica del cuento hispanoamericano del siglo XIX. 1830-1920 (1992).


[244] Mario PERA Escritor, diseñador gráfico y abogado. Publicó los poemarios Preparaciones anatómicas (2009) y Ruido Blanco (2011); el ensayo Fare l’America or learn to live in it? Italian immigration in Peru (Universidad de Toulouse, 2012); la muestra Mirando sobre el heno. Muestra de poesía peruana reciente (2014, Ebook) y ha editado el Ebook Jorge Eduardo Eielson. Homenaje por los 90 años de su nacimiento (1924-2014) (2015). Ha sido, además, editor del sello Magreb.

Alejandro SUSTI Docente de la Universidad de Lima, poeta y músico. Obtuvo el segundo lugar en la bienal Premio Copé de Poesía con El río imaginado (Copé, 2012). Además, ha publicado: Cadáveres (2009) y Escombros de los días (2010). Asimismo, es editor de Sebastián Salazar Bondy, La luz tras la memoria. Artículos periodísticos sobre literatura y cultura (1945-1965) (Lápix, 2014) y de la reciente publicación de Lima la horrible (Lápix, 2014)

Javier SOLOGUREN Reconocido poeta y gestor cultural peruano que, además, se desempeñó como traductor, ensayista y editor de poesía. Bajo su prestigioso sello La Rama Florida, aparecieron los primeros o más importantes poemarios de los mejores poetas peruanos de la segunda mitad del siglo XX. Fue profesor en la Universidad de Lund, Suecia, graduándose como doctor en Literatura hispánica en la unmsm. Junto a Armando Rojas y a Ricardo Silva Santisteban fundó la revista Creación & Crítica y, años después, la revista


[245] cultural Cielo Abierto. Ganó el Premio Nacional de Poesía del Perú en 1960. Publicó poemarios como: Detenimientos (1947), Dédalo dormido (1949), Estancias (1960), Corola parva (1977), Vida Continua. Obra poética (1939-1989) y Hojas del herbolario (1992), entre varios otros.

Félix TERRONES Escritor, crítico y traductor peruano. Doctor en estudios hispanoamericanos por la Université Michel de Montaigne – Bordeaux III (Francia) donde se graduó con una tesis dedicada a los prostíbulos en la novela latinoamericana. Ha publicado dos novelas cortas bajo el título A media luz (2002), la novela El silencio de la memoria (2008) y el libro de microrrelatos El viento en tu cara (2014). Asimismo, en formato electrónico, ha publicado el libro de cuentos Cenizas y ciudades (2014). Editor y antologador de la obra de Sebastián Salazar Bondy para la Biblioteca Ayacucho (2014). Ha traducido la novela Conquistadores de Eric Vuillard, de próxima publicación. Vive y trabaja en la ciudad de Tours (Francia). Enlaces para sus bitácoras de microrrelatos: El viento en tu cara (http://felixterrones.wordpress.com/), Pequeño tratado de escritores de aquí y de allá (http://tratadodeescritores.wordpress.com/).

Mario VARGAS LLOSA Escritor, político y periodista peruano. Premio Nobel de Literatura 2010. Uno de los principales y más cercanos amigos de Sebastián Salazar Bondy. Empezó a colaborar muy joven en los diarios La Crónica y La Industria. En 1952 escribió la obra de teatro La huida del Inca. Estudió Letras


[246] y Derecho en la unmsm comenzó a colaborar profesionalmente en periódicos y revistas, siendo editor de los Cuadernos de Composición y la revista Literatura. En 1958 le dieron la beca de estudios Javier Prado en la Universidad Complutense de Madrid, donde logró el título de doctor en Filosofía y Letras. Un año más tarde se trasladó a París, para trabajar en diferentes medios hasta que logra entrar en la Agencia France Press y, más tarde, en la Radio Televisión Francesa. En la década de 1960 fue jurado en numerosas ocasiones en los premios Casa de las Américas, de Cuba. En Perú presentó el programa televisivo La Torre de Babel y en 1983 presidió la Comisión Investigadora del caso Uchuraccay, dedicado a resolver el asesinato de ocho periodistas. Desde la década de 1990 empezó a colaborar en el diario El País y en la revista cultural Letras Libres. En 1994 fue nombrado miembro de la Real Academia Española. Su carrera literaria es prolífica en títulos y en premios; algunos de los primeros son, en novela, La ciudad y los perros (1963), La casa verde (1966), Conversación en La Catedral (1969), La guerra del fin del mundo (1981) o Lituma en los Andes (1993); en cuento: Los jefes (1959) o Los cachorros (1967); en ensayo: García Márquez: historia de un deicidio (1971), La utopía arcaica. José María Arguedas y las ficciones del indigenismo (1996), Cartas a un joven novelista (1997) o La civilización del espectáculo (2012), o dramaturgia: La Chunga (1986), Odiseo y Penélope (2007) o Los cuentos de la peste (2015), entre muchos otros. Además del Premio Nobel, ha ganado también el Premio Nacional de Novela del Perú (1967), el Premio Rómulo Gallegos (1967) y el Premio Cervantes (1994).


[247] Emilio A. WESTPHALEN Escritor y crítico literario peruano. Uno de los poetas más trascendentales de la lírica hispanohablante del siglo XX, con una obra que transita entre la vanguardia y el clasicismo. Formó, junto con César Moro y Xavier Abril, el grupo poético surrealista peruano que realizó una labor renovadora en la lírica peruana. Fue director de revistas literarias como El uso de la palabra (1939), Las moradas (1947-1949), la Revista Nacional de Cultura (1964-1966) y Amaru (1967-1971). Fue catedrático de la unmsm. Publicó dos poemarios clave para la poesía peruana contemporánea: Las ínsulas extrañas (1933) y Abolición de la muerte (1935). Tras cuatro décadas de silencio en lo que ejerció como un activo promotor cultural, retomó la poesía para publicar Belleza de una espada clavada en la lengua (1980), Cuál es la risa (1989) y Falsos rituales y otras patr


Ă?ndice


Agradecimientos ............................................................................. 7 Prólogo .............................................................................................. 11 Notas publicadas por Sebastián Salazar Bondy ............... 17 Sebastián Salazar por él mismo ........................................ 19 ¿Qué es un editor? .................................................................. 27 ‘Noticia’. Prólogo a Mil años de poesía peruana .............. 31 ¿Un Ministerio para la Cultura? ........................................ 37 El horror a la vuelta de la esquina .................................... 41 "La Danza". Poema de Sebastián Salazar Bondy ilustrado por Jorge Eduardo Eielson La Danza (para La Prensa) .............................................. 45 Notas publicadas sobre Sebastián Salazar Bondy .......... 49 El desierto habita en la ciudad: poesía y ensayo en Sebastián Salazar Bondy por Gema Areta Marigó ....................................................................... 51 Bibliografia ........................................................................... 71 Un limeño contra la arcadia por Mario Benedetti ...... 75 “A Sebastián Salazar Bondy” por Jorge Eduardo Eielson ................................................................. 83


Lima la horrible, de Sebastián Salazar Bondy por Paul Firbas .................................................................... 87 Sebastián, el periodista por Juan Luis Gargurevich ............................................................... 93 La sombra detrás de la hoja. Recordando a Sebastián Salazar Bondy por Mario Pera ................ 99 A modo de conclusión .................................................. 105 Nota sobre la poesía de Sebastián Salazar Bondy por Javier Sologuren ........................................ 109 El ataque a la ciudad colonial y sus valores criollos en Lima la horrible como liberación histórica o reacción conservadora por Félix Terrones ............................................................ 117 Introducción ...................................................................... 117 La tendenciosa exhumación del pasado ................ 118 Vías alternativas para una liberación ...................... 126 La extradición del mito como necesidad social .......................................................................... 126 El ejercicio histórico: entre la liberación ........... 131 y la reacción Conclusiones ..................................................................... 139 Bibliografía ......................................................................... 141 La poesía en la vida y en la obra de Sebastián Salazar por Emilio Adolfo Westphalen ................. 143 3 escritores a Sebastián Salazar Bondy: José Miguel Oviedo, Luis Jaime Cisneros y Alonso Alegría (Parte I) ............................................. 151 3 escritores a Sebastián Salazar Bondy: Mario Vargas Llosa, Jorge Eduardo Eielson y Mario Benedetti (Parte II) ........................................ 155


Entrevistas ..................................................................................... 159 Una sombra que no se desvanece. Entrevista a Alejandro Susti por Mario Pera .............................. 161 Lima la horrible en los ojos y pluma de Sebastián. Entrevista a Félix Terrones por Mario Pera .................................................................. 171 Poesía ............................................................................................... 183 12 latidos de mi sombra. Poemas de Sebastián Salazar Bondy ................................................................... 185 Peregrinaciones de las horas. VI ................................ 187 Arte del poema ................................................................. 188 Sobre los dioses ................................................................ 189 Mujer y perros .................................................................. 190 Confidencia en alta voz ................................................. 191 Desde el corazón .............................................................. 193 Todo esto es mi país ........................................................ 194 Testamento ológrafo ....................................................... 198 Patio interior ...................................................................... 199 Describo el invierno ....................................................... 200 Cinco ejercicios tenaces. 4. La nada .......................... 201 Sombras del origen ......................................................... 202 Dossier de fotos de Sebastián Salazar Bondy .................. 205 Sebastián en la memoria (Parte I) .................................. 207 Sebastián en la memoria (Parte II) ................................. 219 Datos biobibliográficos de los autores ................................ 239


Este libro se terminó de elaborar el día 26 de febrero del 2015, fecha de nacimiento del escritor francés Víctor Hugo. Y en el año en que celebramos el 110 aniversario del nacimiento de los poetas peruanos Carlos Oquendo de Amat (1905-2015) y Xavier Abril (1905-2015).


Otros títulos Mirando sobre el heno. Muestra de poesía peruana reciente VV. AA. (Ed. Mario Pera) Jorge Eduardo Eielson. Homenaje 90 años VV. AA. (Ed. Mario Pera)


No había casi nada y el trato de hacerlo todo, a su alrededor reinaba un desolador vacío y él se consagró en cuerpo y alma a llenarlo. No había teatro (…) y él fue autor teatral; no había escuela ni compañías teatrales y el auspició la creación de un club de teatro y fue profesor y hasta director teatral; no había quien editara obras dramáticas y él fue su propio editor. No había crítica literaria y él se dedicó a reseñar los libros que aparecían en el extranjero y a comentar lo que se publicaba en poesía, cuento o novela en el Perú y a alentar, aconsejar y ayudar a los jóvenes autores que surgían. No había crítica de arte y él fue crítico de arte, conferencista, organizador de exposiciones (…). Mario Vargas Llosa

Si en cada hombre hay muchos hombres, en Sebastián Salazar Bondy había, por lo menos, dos: una personalidad íntima, tierna y melancólica, que se expresaba literariamente en su poesía; otra, extrovertida, fantasiosa y muy sensible para la observación de los comportamientos humanos, que se dio, naturalmente, a través del teatro. Esta vocación teatral fue firme, larga y fecunda, y llegó a constituir el nervio central de toda su obra de escritor, lo que, en el Perú —especialmente en el Perú del 50, cuya aridez cultural esterilizaba todas las aventuras artísticas—, podría considerarse una forma aguda de locura; tercamente, SSB golpeó ese muro indiferente, creó su dramaturgia, enriqueció nuestro teatro. José Miguel Oviedo

Con el apoyo de:


Sebastián Salazar Bondy. Homenaje 90 años. Vallejo & Co.