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destinos portátiles muestra de poesía venezolana reciente selección y notas de alejandro sebastiani verlezza adalber salas hernández

franklin hurtado • jairo rojas rojas néstor mendoza • francisco catalano josé delpino • maría ruiz leonardo gonzález-alcalá • alejandro castro víctor manuel pinto • raquel abend van dalen ana lucía de bastos • florencio quintero

VALLEJ

& CO


alejandro sebastiani verlezza (Caracas, 1982). Licenciado en Comunicación social y en Letras. Autor del poemario Posdatas (2011) y del diario literario Derivas (2013). Es curador, junto a Adalber Salas Hernández, de la antología Tramas cruzadas, destinos comunes (2014). Ha participado en los proyectos expositivos: Ciudad volátil, arquitecturas transitivas de la vanguardia caraqueña (2011), Confluencias (2012), Caracas horizontal (2013) y Manifiesto país (2014). Actualmente está vinculado a las artes visuales, particularmente al collage, así como a la traducción, a las investigaciones de archivo y a la curaduría.

adalber salas hernández (Caracas, 1987). Ha publicado Insomnios. Ensayos sobre poesía venezolana (2013); y en poesía La arena, el vidrio (2008; 2015), Extranjero (2010; 2012), Suturas (2011), Heredar la tierra (2013) y Salvoconducto (2015) por el que obtuvo el XXXVI Premio de Poesía Arcipreste de Hita. Es coautor de Los días pasan y las formas regresan sobre la obra del escultor Harry Abend; y ha curado con Alejandro Sebastiani Verlezza la antología Poetas venezolanos contemporáneos. Tramas cruzadas, destinos comunes (2014). Actualmente codirige bid&co. editor, y es miembro permanente del consejo de redacción de POESIA, revista de la Universidad de Carabobo.


destinos portĂĄtiles. muestra de poesĂ­a venezolana reciente


destinos portátiles muestra de poesía venezolana reciente selección y notas de alejandro sebastiani verlezza adalber salas hernández

franklin hurtado • jairo rojas rojas néstor mendoza • francisco catalano josé delpino • maría ruiz leonardo gonzález-alcalá • alejandro castro víctor manuel pinto • raquel abend van dalen ana lucía de bastos • florencio quintero

VALLEJ

& CO


VALLEJ

& CO

destinos portátiles. muestra de poesía venezolana reciente Primera edición: agosto 2015 © Vallejo & Co., 2015 Email: vallejoandcompany@gmail.com © Alejandro Sebastiani Verlezza, 2015 Email: alejandrosebastiani@gmail.com Adalber Salas Hernández, 2015 Email: as7585@nyu.edu © Franklin Hurtado • Jairo Rojas Rojas • Néstor Mendoza Francisco Catalano • José Delpino • María Ruiz Leonardo González-Alcalá • Alejandro Castro • Víctor Manuel Pinto Raquel Abend van Dalen • Ana Lucía De Bastos • Florencio Quintero

Edición: Mario Pera

Selección y notas: Alejandro Sebastiani Verlezza y Adalber Salas Hernández

Diseño de portada y diagramación de interiores: Mario Pera

Publicación digital. Queda autorizada la reproducción de esta publicación, en todo y en parte, previa solicitud de autorización por escrito del editor.


A modo de prólogo: Destino = glocal + portátil

Lo portátil es fértil. Sus fronteras no siempre son exactas, hay muchas bifurcaciones y linderos. Pero estas impresiones, hay que decirlo, no son muy nuevas. José Oviedo y Baños vio que Caracas tenía mucho de inestable. Según anota en Historia de la conquista y población de la provincia de Venezuela, era una «ciudad portátil, experimentando mil mudanzas». Adriano González León ―escritor polivalente― emprendió otro curioso desplazamiento: Venezuela también es, como su novela, País portátil, tocado por el desarraigo, cierta indefinición, la perplejidad. No mucho tiempo más tarde, José Ignacio Cabrujas dijo que Venezuela ―lápida terrible, no exenta de tremendismo dramatúrgico, pero tampoco tan falsa― es un campamento1. Aún adentro, muchas veces sin movernos, todos vamos y «Venezuela no se ha inaugurado; su capital, Caracas, tampoco. Es una ciudad sin visión, sin recuerdos, ni nada que la caracterice, es un campamento. Venezuela toda es un campamento y además tiene una cultura de campamento. Aquí hemos afrontado siempre el dilema de que lo que somos, lo que nos ocurre, nuestro comportamiento, nuestro ser histórico no se corresponde con nuestros libros, con nuestro verbo, con nuestra palabra, con nuestras instituciones, con nuestras leyes y códigos. Hay una enorme diferencia entre la realidad y la fijación de un marco cultural en el país» (El mundo según Cabrujas).

1


[8] venimos, alternamos el calor de cierto alojo con la fuerte brisa de la intemperie. Imágenes difíciles que hablan de un terreno cuya visión está muy alejada de las épicas nacionales (y por qué no, continentales). El país de las gestas emancipatorias, la «cuna» de Simón Bolívar, Francisco de Miranda y Andrés Bello, solo por nombrar a algunos, está tocado por ese demonio portátil que devuelve al espejo de la Historia un reflejo más pobre de lo que muchos estarían dispuestos a reconocer sin escándalo, justamente porque vincula todo voluntarismo heroico con una palabra de resonancias inquietantes: fracaso (ese «lenguaje del fondo» que Rafael Cadenas muy bien supo atender). De los cruces entre estas dos formas de asumir el país ―complejísimo sistema de luchas― se va cocinando otra lengua, tal vez más discreta, tal vez más llena de «corazonadas» sobre eso portátil que rige la vida nacional. Portátil. Tal vez esta palabra ―tan juguetona, tan llena de reminiscencias estéticas, de pronto contraria a la fundación de una geografía política estable― condensa algo parecido a las señas de un gentilicio y su singular forma de habitar el mundo, capaz de soltar el sí y el no, cantar con la lira y la matraca. Es la melodía, el coro en el desierto. Quienes hayan tenido la oportunidad de conocer Venezuela, inmediatamente se percatarán de lo siguiente: cada calle, cada avenida, cada edificio, cada plaza, tiende a oscilar entre la ruina y el remiendo. La ruina puede volverse paisaje, va juntándose con otras ruinas para formar algo más que una constelación. De pronto, en cualquier arteria vial puede asomarse la rotura del pavimento. Queda


[9] ralentizado el tráfico. Con el pasar de las horas, el atento visitante asistirá a la más curiosa forma del «montaje»: trozos de madera, cintas plásticas, vigas y latones aparecen como el remedio provisional. El hueco persiste, el remiendo no es otra cosa que el recordatorio de la espera, la reparación que algún día vendrá. Ni hablar de las metamorfosis que sufre la «pieza» cuando llueve. Lo anterior puede ser fatídico, constituye esa frágil enmendadura en un país cuyas relaciones entre la sociedad y el estado están regidas por la neurosis. Pero la ciudad portátil, el país portátil, más que inestable, está tocado por la heterodoxia, la pura potencia y posibilidad de la sorpresa, lo súbito, el azar y la deriva. Desde esta perspectiva, no es de extrañar que ese país esté cruzado por un tejido infinito de poetas y artistas, porque esta realidad tiene mucho de insólito y «su/real» ―el paisaje urbano y rural está habitado por infinitas y dolorosas superposiciones simbólicas, históricas, ideológicas y espirituales (algo de esto ya lo asomaron Arturo Uslar Pietri y Alejo Carpentier). Tampoco es casual que los poetas recogidos en esta «muestra» de tierras muy raras entren dentro del complejísimo flujo migratorio que toca al país. Hay movimientos de movimientos. Mientras unos agarraron sus maletas y se fueron muchas veces sin irse del todo, asumiendo, incluso, pequeñas y brevísimas vueltas, otros, en cambio, aún adentro, inmersos en otras oscilaciones, rebajamos nuestros horarios de llegada, asumimos cierto recogimiento estratégico; con cada vez menos noche y menos civitas ―obra de la violencia y el sectarismo que amenaza con desmoronar nuestro tejido psíquico y social― quedamos algo


[10] «fuera», algo descentrados. Trotsky estaría feliz: aparece en el paisaje revolucionario otra versión más ―el tiempo precisará sus formas― de eso que él mismo llamó emigrados interiores. En unos y otros, a fin de cuentas los mismos, ya está instalado el extrañamiento, la mirada bifronte. Dentro de la pujante corriente subterránea que sostiene la imaginería venezolana, aparecen estos destinos poéticos y portátiles, recolectores y traductores de escombros que también son esplendor. Aquí, lo «portátil» es búsqueda de la belleza, escucha a los malestares de la cultura, arte del desplazamiento. Así aparecen las coordenadas de un país que se mira desde adentro y afuera para dar espacio a la imagen de una lengua expansiva, jubilosa, también atenta a lo doloroso y trágico. Como quizá el mundo entero, lo portátil también es glocal. A dos y más aguas, hijos, nietos y ahora padres de las migraciones, atentos a las resonancias y las recepciones de otros registros que la poesía traducirá para sí ―la música, el periodismo, el video, las tensiones sociales, la religión, las «nuevas» miradas urbanas, el magma de los días, el paréntesis en las confrontaciones, el devenir puro. Glocal y portátil, visto así, es la juntura de lo alto y lo bajo, lo moderno y lo tradicional, el eco recibido y prolongado de la herencia. Algo ―o mucho― de esto tuvo González León, hombre mundano del país profundo, unificación simbólica de la periferia y el centro, atrabiliario, propulsor de tantos proyectos, siempre atento ―hasta el último de sus días― a su realidad literaria más inmediata.


[11] No es mucho menos casual que González León haya dado sus últimos respiros en el bar que siempre solía visitar. También lugar de idas y venidas, ese puerto donde los cuerpos se restauran y olvidan por un rato de sí, me da por pensar que el destino va moviéndose como esas migas de pan que los dedos arriman desde la barra a sus bordes. Algo de eso veo en mi país y los poetas aquí convocados.

Alejandro Sebastiani Verlezza Caracas, abril de 2014


Poetas de la muestra


© Egarim Mirage

Franklin HURTADO (Carúpano, 1985)

Licenciado en Letras por la Universidad Central de Venezuela. Actualmente cursa la maestría en Literatura latinoamericana de la Universidad Simón Bolívar. En 2012 resultó ganador del Concurso de Autores Inéditos de Monte Ávila Editores, mención Poesía, con el libro Sal, publicado en 2013. Obtuvo una mención en el ii Premio Equinoccio de Poesía Eugenio Montejo por un texto aún inédito.


[16] Sobre la poesía de Franklin Hurtado

De versos breves y certeros, la poesía de Franklin Hurtado pareciera invitar al lector a sumergirse en el río de la lengua y a nadar hacia su fondo, hasta el limo mismo que hay en su lecho, allí donde las sílabas deben ser pescadas con dificultad, arrancadas de la tierra húmeda y llevadas a la superficie para que pueda tocarlas el sol. Estos poemas tiene un aire decididamente onírico; en ellos, cada palabra pareciera un presagio o un santo y seña. En otras palabras, entre los textos de Hurtado se va construyendo una continuidad fluida, una suerte de corriente que los anima, en la cual flotan, bajo distintas guisas, los mismos significantes. Es todo un mundo íntimo, todo un código, construido con intuiciones y secretos, lo que nos ofrece esta poética.


Poemas


[19]

Nada dirá este día entonces nos rebelamos no apuntamos la luz ni la brisa que arrastra las migas del plato —en nuestra voz la noche los bosques la niebla la flor azul de los lunáticos— ni las ventanas abiertas al mediodía ni el pescado salado ¿quién dejaría el sueño por calcar bostezos?


[20]

Sed Colocaré un vaso de agua en mi mesa porque el sueño en lenta marcha se fija vigilia en sus fantasmas y sobresaltos para calmar el fuego un vaso de agua para saberme —bajo mi cama la casa y un árbol sobre mi cama una isla flotante incendiándose—


[21]

Cuando el ron repite, nos da el coraje para volvernos asesinos Derek Walcott

Y ACABA la fiesta vuelve la lluvia el agua aĂşn arde una boca sin lengua se posa abierta sobre los tejados palabras a tragos navajas a tragos nadie agradece


[22]

El anzuelo Nadie vendrá de oídos atentos no han escuchado esta botella de anís bajo el brazo enturbiar el aire con un canto ronco así prepare un anzuelo de frases amenas un cuento frío —no un poema— sobre la mujer de un pescador y un anillo de oro en el buche de un bagre nadie vendrá La palabra que forma el círculo y atrae con olor delicioso


[23] en mĂ­ es saliva estancada y el rencor estremece (De Solo de mosca, inĂŠdito)


© Francisco José Delgado Bravo

Jairo ROJAS ROJAS (Mérida, 1980)

Historiador del Arte por la Universidad de los Andes. Ha publicado los libros de poesía La Rendija de la puerta, ganador de la iv Bienal de Literatura Ramón Palomares (2011); La O azul, premiado en el iii Concurso Nacional de Poesía de Venezuela (2012). Su tercer libro, Casa para la sospecha, fue merecedor del premio mención poesía en la xix Bienal Literaria José Antonio Ramos Sucre (2013). El libro Los plegamiento del agua fue el ganador de la xx edición del premio de poesía Fernando Paz Castillo. Administra el blog El balbuceo de las constelaciones (www. unardoble.blogspot.com)


[26] Sobre la poesía de Jairo Rojas Rojas

Jairo Rojas Rojas es la cabeza más visible de una serena irrupción poética que ahora mismo se está gestando en Venezuela, particularmente en Mérida. Durante muchos años ha estado escribiendo desde su lar nativo, paciente y silencioso, una poesía que mira a la tradición y al mismo tiempo —prácticamente sin tensiones— busca su propio camino. Sin la gracia de los premios que ha recibido en los últimos años, no hay duda, él estaría exactamente haciendo lo mismo: estar en lo suyo. Pero Jairo es un poeta que no se queda solamente en la poesía: sus textos tienen cuerpo, están llenos de bifurcaciones y quiebres, coquetean con el dibujo. Versátil, poroso, en él hay un «fotógrafo» y un artista visual.


Poemas


[29]

HEME AQUÍ junto a lo más odiados / del día, y sus rayas: inactivos, silenciosos, (ayunando), [I N V I S I B L E S] [“N O P E R S O N A S”] sólo eso, (adentro), donde se oye todo junto a un tambor (solo) en la habitación con planeta raro / que lo sostiene esperando esperando, solo eso (el tambor) junto a granos de polvo que jamás serán silencio en su vuelo junto a una pared blanca donde otro yo (igual) (otra vez) al otro lado apoya su oído pendiente de ese tambor que espera sacar su música / que espera junto a una ventana con huellas de la atascada tierra que oyó mi primera lágrima, llena de tierra [la ventana], de un vasto suelo que se atesta de rezo y sangre luchando, mientras haya aliento, que avisa de que afuera hay una ciudad como una pareja conflictiva donde cuerpos muertos pidientes de paz (¿amor?) no curten sus ideas con sangre sangre

sangre

sangre


[30] en los bancos que atienden constelaciones olvidadas en las escuelas donde mueren las estrellas [de mano torpe en las esquinas mal iluminadas donde bebe [el miedo viejo (donde hay zapatos abandonados) sangre sangre sangre en las manos de las madres que forman esta tierra, abrazadas, llorando y levantan estas montañas, para la sombra del pobre diablo y la coronación del mar de lo alto ¡qué gran familia! pidiendo dinero en la calle pidiendo dinero en la calle cuando hacen música rodeados de estampitas de santos, mártires, criminales, heme aquí rodeado de ángeles más bien ebrios que saben hablar como el árbol (que tanto añoro) que comprenden el barro, las cenizas, el polvo, las aguas estas, la sangre que llora sus cuerpos jóvenes, los insectos que suben por el cáliz esa cruz en mi frente aunque esté triste soy feliz sonrío aunque duela (porque duele)


[31] aquí junto a los más odiados del día (quietos) que padecen (raros) del sol la falta (en el centro del agua) adentro y afuera en geografías donde se quiere hacer lo que en verdad hay que hacer heme aquí en este antiguo suelo iniciando


[32]

ENTONCES HABLAMOS de estar vivos en este que es [Otro mundo I/nes/ta/ble y descansar, por tanto, de las necesidades que no tienen que ver con las ondulaciones del agua, de tantas leyes en resmas difuntas para llegar al final lo más lejos quedándose quieto (respirando) jugando con los dedos la formación del mundo: escribiendo el poema donde entren todos ¡la Gran orquesta! luego de tantas preguntas (lanzadas a las sombras) eso es ver parir una era el nuevo estremecimiento y hablar de ello con sus silencios incluidos (A VOLUMEN ALTO) de Eso que te hace sentir Vivo de canciones tristes que ayudan en lo que falta de conocerse en la despedida y, a pesar de ello, encontrar lo que no se buscó hablar de lo que [se había callado lo que nunca se había sentido TAN VASTO (Inédito)


© Carlos Osorio

Néstor MENDOZA (Maracay, 1985)

Licenciado en Educación, mención Lengua y literatura de la Universidad de Carabobo. Realizó cursos de posgrado en Literatura Latinoamericana en el Instituto Pedagógico de Maracay. Autor de Andamios (2012), que obtuvo el iv Premio Nacional Universitario de Literatura (2011). Actualmente trabaja en el área editorial como corrector de textos. Integra el comité de redacción de la revista Poesía (uc) y la comisión de cultura de la Feria Internacional del Libro de la Universidad de Carabobo —filuc.


[34] Sobre la poesía de Néstor Mendoza

La de Néstor Mendoza es una poesía de supervivencia. Escrita en los intersticios de la cotidianidad, alimentada con la miríada de detalles que constituyen nuestro día a día, esta poética se configura para luchar contra la aridez natural que esos mismos detalles traen consigo. Así, logra hacer del ámbito de lo cotidiano, de lo común, un espacio para el brote metafórico: los poemas crecen como esas plantas que se alojan en las grietas de las paredes, salpicando de verde el gris unánime del muro. Mendoza conquista para el ámbito de lo simbólico esos sitios donde lo real ha conservado toda su aspereza. De supervivencia su escritura, sin duda, pues los lugares así transformados se hacen habitables, aptos para nuestro tránsito.


Poemas


[37]

Pasajero El abrazo de los pasajeros en este espacio limitado; el abrazo accidental que nadie pide, que llega como ofrenda. Cuerpos extraños se acercan, brazos que sujetan el acero, hombres con sus viandas cruzadas en el pecho. Hay un poco de inocencia en estos perfiles: algunos cierran los ojos en un sueño momentáneo, se dejan detallar, auscultar. Sin que lo noten, prestan una mueca íntima, un gesto breve. Admiro a las personas que duermen en el autobús, ofrendan el sueño y no lo saben. El pasajero anciano y el pasajero joven se encuentran en el mismo asiento, comparten la misma ruta y no lo saben. Se dejan llevar a otra avenida, para extraviarse, mudar de una vez el trayecto establecido.


[38] La mujer que anticipa su parada se desplaza entre tantos, rozan su cuerpo y nada dice. El riesgo me ha hecho que mire a la cara, ver qué hay en los ojos, si hay maldad dormida. Gente buena me mira, en el bus, y escarbo su costado amable, muy adentro. La mirada serena cuesta mucho. Repito una oración incompleta, que me sirva de ángel, que salve el trayecto. El semáforo es una buena excusa para pensar en los trámites del día. Es suficiente la transición sin pausas del rojo al verde, es mi casa la brevedad del amarillo, los tres segundos que unen ambos colores.


[39]

Precipicios transparentes Las coléricas nubes qué serenas entre precipicios transparentes y todo tan en calma, tan a gusto. Eliseo Diego

Cuánto resta de aire y altura, cuánto miedo antes del impacto. Esta no es la manera de conocer la elevación o contemplar el azul. Sigue cayendo, y el paracaídas oculto, animal inmóvil, dopado, que no despierta. ¿Cuánta distancia lo separa del golpe, del bramido de huesos, forzoso desplome? No hay nada solemne en la caída, no hay aves, y las nubes expanden su blancura, evitan la complicidad. Y los sonidos desplazados, sucediéndose,


[40] severos, sonidos deformes de las alturas. Cae.


[41]

Déjà vu El sonido y su reiteración como única forma de fijeza. Todo es sonido para las aves que cantan y comunican y nuestro oído, pobre oído, solo capta lo festivo de su canto. Para ceñirlo rigurosamente en nuestros labios, repetimos, repetimos, en un intento tenaz de atenazar el silbido en la memoria. Las paraulatas de mi abuela hacen montañas de restos corporales en un solo sitio, hasta el techo de la jaula, y de nuevo, qué genio, el nuevo comienzo en otra esquina de su encierro. El ave tiene su salto controlado, vigilado, y no puede (no quiere) olvidar su canto. No tolera ser animal doméstico, ave de reducidas alas para el vuelo.


[42]

Cartografía El mar le dio una mordida a la cartografía de mi país. Dejó bordes desiguales en la tierra, dejó ciudades con forma de sombrero, costas hechas con trazo nervioso y estrías. El agua de la orilla siempre es noble con los niños, es un mar distinto, sin aguas violentas. El sol justo encima, y lo oculto con el pulgar. Lo parto. Ahora tengo dos soles para compartir. El sol es riguroso: a esta hora importa más el sudor que los abrazos. Cielo despejado, el cuerpo boca arriba, toda la arena metida en el pantalón. Las olas agitan barcos con banderas que no reconozco. Tanta gente que pasa, buscando más bronce en sus pieles, un color metálico para tapar la palidez


[43] y hacerla menos extranjera. Solo tengo una mirada sencilla, miedosa, para este paisaje, y la sensaciĂłn de un vidrio que me separa, una tela, una malla, no sĂŠ. (De Pasajero, inĂŠdito)


© Guerrier

Francisco CATALANO (Caracas, 1986)

Licenciado en Comunicación social y tesista de Letras, donde investiga la Poesía Vertical de Roberto Juarroz; ambas en ucab. Publicó independientemente Libro 0 y Libro 1, primera entrega de su obra poética que consta de un volumen de poesía titulado: l (2010), en reedición. Posee una propuesta personal de recital poético llamada REVITAL y trabaja actualmente en su primer libro de ensayos. Sus poemas se encuentran en la antología latinoamericana de poesía joven experimental de Héctor Hernández Montecinos 4M3R1C4 2.0: Novísima Poesía Latinoamericana; Voces Nuevas 2005-2006 (2007); y La Imagen, el Verbo (2006).


[46] Sobre la poesía de Francisco Catalano

Francisco Catalano, rara avis. Es un poeta que no está conforme con escribir y recitar en público. Él desea siempre ir un paso más allá y «montar» sus poemas, es decir, representarlos, escenificarlos, expandirlos; de ser posible, golpearlos y aplastarlos con su retumbante pathos dionisíaco. Como su voz, él es hiperbólico, aforístico. De hecho: él y su «voz» son la misma cosa. Y más: sus estrategias son barrocas. Su —a ratos— excéntrico y vitalísimo proyecto: asimilar a Whitman y a Juarroz en sí mismo, cantarle a la ciudad y sus penas furiosas, ser algo así como el cronista del caos, acaso porque él mismo lo lleva dentro de sí. Su poesía toma bordes muy metafóricos y al mismo tiempo puede volverse coloquial. Poeta de extremos, poco a poco suelta su ronca Song of myself.


Poemas


[49]

I

He de creer que sucede un circo totalmente estruendoso de morados, vinotintos, purpúreos de neón, perlas destellando debajo de la luz como una rotonda carne riendo sin vientres u óvulos sino una panza infinita de viento puro gozándose en el último horizonte de su grito

son suaves y ondulados rituales grotescos incendiándose, rituales de payasos desfigurados empedernidamente líricos, rituales de la música más negra que talló formas, masas, [muslos, claroscuros a las sillas, las poltronas, los sillones monu[mentales, las convulsas nubes epilépticas del mundo eyaculando grandes plumas de algodón aliviando al aire, al fin, aliviándole moléculas o memorias dejándole ser un crudo trozo de nada al lado del océano

la música más negra, la más negra, canto, cuya luz cauterizó de santidad la patética fiebre de la tarde inmersa en la más cruel, vagabunda y enfermiza indiferencia cuya luz rompió la paralítica resaca de la historia,


[50] cuya luz le dio a la tarde un hueco anal del tiempo o al menos un útero caliente donde sea el sueño de olvidarse; una tarde, por supuesto, escondida en la noche eterna que no ha pasado del todo todavía

así, como el canto debajo de los años, la fiesta del caníbal [es un jardín terrible donde las flores explotan de belleza y la lujuria es la liturgia que se ha olvidado de los idiotas asentando como ganado [a los idiotas hasta el fondo mayor, donde es el delirio del exceso aquello, aquello, aquello, susurro invicto, polvo etéreo, aquello que ha logrado saturar las sinfonías deteniéndolas como una llama exacta en el centro implacable del vacío


[51]

II

El tiempo, siempre, fue más rápido que el tiempo su primitiva y fatal marcha no ve su afán frenético pasando porque “con el tiempo todo pasa” cuando es sólo un viajero disfrazado de camino sobre el no camino de la nada porque sólo ve lo que no está lo que ya fue cuando se fue y el ocre sueño de lo que no será

El tiempo, también, está enfermo de olvido

por su cuerpo centrífugo: que es carne atrás de su potencia

persiguiéndose acechándose


[52] como una sombra ciega sin amparo en la parad贸jica tortura de no alcanzar su creador y exacto cuerpo su cartesiana erecci贸n en la existencia alerta de todo resumiendo el calendario de los siglos en una eternidad antipresente

El tiempo deber铆a digo yo poder elegir no ser el tiempo

para dejar de morir en cuanto pasa


[53]

III

El holograma de habitar el tiempo llena el camino entre uno y uno mismo para ver

que quizás no debería haber caminos porque al final

sólo lo infinito ve infinito es decir sólo lo fugaz ve lo fugaz

se trata de sentir girar la doblecara de una misma moneda absurdamente utópica

se trata de ir corriendo loco de la risa por ese largo pasillo de cuartos alineados redoblando un carnaval de fotogramas donde coloreamos nuestro bullicio


[54] felizmente ignorantes de las líneas

cada uno es otro ritmo y no hay eternidad sin ritmo

cada uno es otra música y no hay música sin silencios

¡Tiempo! olvídate de mí que así te olvido (De Libro 2, inédito)


© Guerrier

José DELPINO (Maracaibo, 1981) Licenciado en Letras de la Universidad Central de Venezuela y magíster en Literatura latinoamericana por la Universidad Simón Bolívar, en las que se desempeña como docente de Literatura. Su primer libro, Fanes, ganó el iii Premio Nacional Universitario de Literatura en Venezuela en 2009, y fue publicado por la editorial Equinoccio. Aún mantiene inédito Ética y estética del sujeto expuesto, estudio sobre la obra de Armando Rojas Guardia. Actualmente, trabaja en un nuevo libro de poesía llamado Cercados (/) Rotos.


[56] Sobre la poesía de José Delpino

José Delpino trabaja la lengua desde una perspectiva insólita. Nos lleva, como lectores, a una comprensión del fenómeno lingüístico como una interfaz omnipresente, de la cual participamos en todo momento y en cuyo interior cada mínimo vocablo se encuentra conectado a todos los demás por incontables vínculos. Su poética ahonda en este caudal significante, en este torrente verbal donde el registro poético y el habla cotidiana conviven con toda suerte de códigos especializados, con términos pertenecientes al urbanismo, a la geografía, a la programación —todo llevado por un ritmo que adquiere con facilidad la fuerza de un salmo. Situados en la encrucijada inagotable de la lengua, los textos de Delpino se permiten a cada palabra ejercer su derecho a lo poético.


Poemas


[59]

Tecleo / Movimiento Detenido Escribo el gesto inquieto del portero mientras afuera hacen hilera hombres en abrigo, mujeres en abrigo, promiscuamente ordenados por sus rostros. Manchados de cal con grafías absortas sus rostros. Afuera, el frío ha llegado de repente y es una urgencia insoportable que no respeta puertas. El frío es el tren fantasma que estrangula los alientos, el guarismo que calcula el aire muerto. El frío es el tren fantasma de las sienes que toma del cuello la posibilidad de hacer un chiste, de encender un fósforo, de prender un caballito del diablo entre los grises. El frío es un bajo cero en este trópico de gritos, sordomudos. Soy un trópico de gritos detenido en el tiempo cuando el frío es más bien una cualidad del polvo. Se acumula el frío. Una hilare hombres en abrigo esperando la llegada de sacos alimento, de sacos de ceniza, de sacos de plomo, de sacos huesos, de sacos de gente que ocupe las interminables hileras de sillas de la sala. Hombres, mujeres en abrigo, gente que espera de pie, sus caras manchadas, sus manos verticales, apretadas en bolsillos que no son guantes, su viaje de músculos vencidos sobre la madera. Hombres, mujeres, recién llegados de la muerte, ordenados por rostros, encima del tablado, listos para entrar a la calle en el momento justo, en el momento en que se haya agotado el tiempo necesario para que educadamente el público se siente en las poltronas seriadas de la sala, rojas poltronas de sangre en la oscuridad, dando de frente al escenario.


[60] Cada ojo es una puerta estrecha haciendo hilera mientras toma su silla. Cada atisbo de calor en cada cuerpo que se sienta es una boca que no habla, una puerta batiente, que hace pequeños y escandalosos ruidos como una orquesta inquieta de articulaciones. Las puntas de los dedos secos por la guerra de los días y las inquietas linternas de famélicos guías. Los abrigos, como colgados de los cuerpos, delatando la insuficiencia en la tensión superficial de los bolsillos, pobre esta arquitectura de abrigos cuyo único motivo de frío es el polvo que los mancha. Los bolsillos lánguidos de gravedad a reventar de repuestos para teclas, de plomos marcados con los alfabetos de mis dedos. Subo a la habitación de cancelas de aluminio, encuentro el ático de mi cuerpo dormido, encuentro la lengua inmensa de la columna que vertebra mi espera. Todo el gris a punto de reventar es un instante de la sangre. Y vengo. Y subo a mi cuerpo. Y afilo mis dedos. Es el plomo de las teclas oliéndome a fundido. Es la inminencia de un himno mudo por la ciudad, por los estómagos, por el papel, por la pantalla, por el infinito resplandor de su nada, blanca, negra. Todo el gris a punto de reventar es un instante de la sangre. Medianoche de perros sueltos. En el borde de un balcón imaginado, en la precariedad de una ventana de celosía, que tan sólo a un garaje. En el borde del balcón imaginado. Allí, en la ventana de celosía encorsetada por una reja, allí, puertas de vidrio donde los pies son manos, el sonido de una Olivetti verde aceitada de colegio que nada por el viento. Es el desvelo de un adolecente en insensatos ejercicios de mecanografía, o en melancólicos e interminables trabajos escolares sobre Geografía o Edu-


[61] cación Física. Es torpe el sonido de la Olivetti; y muere apenas unos pocos metros después de esta ventana de celosías estrechas, clausuradas al monóxido de los garajes, y de las playas de estacionamiento de la lejanía. El aire está convertido en pegoste brilloso sobre las cancelas del tórax. El ático del cuerpo bien despierto como si saliera de un mar de espera. Consumo mi dieta, frugal, parado sobre el aire, o echando raíces sobre el tiempo que me excede. La fruta sobre el vacío de Huidobro colgando en una maqueta, pradera de grama ilusoria. Hay una puerta abierta en mi ojo que conjuro con la mecánica tipográfica de obsesivas combinaciones exhaustas. Un niño espiando desde el marco de una puerta pasada la declara o la revienta. Desde alguna habitación de clausura y descubrimiento, mis dedos tocan en las teclas puntiagudas, violencias hacia dentro en la memoria, bolígrafos que rompen el papel con su tinta. La memoria que se raja como una cabra en sacrificio sobre un suelo caliente y árido, sobre un tarantín de palos en algún camino de Jadacaquiva, por el centro pleno de una península polvorienta como una iglesia de barro hervido. Una caravana de motores calientes, desde Maracaibo, que atraviesa el mapa. Automóviles detenidos hablan su termodinámica en coma por la autopista: pulpo, araña, escorpión, sumidero, guaire, sierpe, serpentina. (El techo carnoso de un pulido carro que acelera en la pantalla y al segundo se detiene). Bordeada de cauchos va siempre mi estadía en las afueras. De aceite decantado lentamente en el concreto. En la esquina, grasa de luna de un cuerpo partido de perro: olor que no se olvida. Se escuchan tacones descabezando un


[62] zippo. Escaleras. Una mano asegura la gaceta hípica en el bolsillo rápido hacia el vagón. Dos hombres se cruzan en los escalones, chocan los hombros con rabia sin siquiera mirarse ni hablar, abstraídos en una meta imprecisa convertida en glúteos que proliferan. Falda roja. Un buen culo bien puesto en un bluyín. Agua mineral y pornografía de quiosco. Bolsa de papel estrujada, cuellos preparados y aguakina. El olor morboso del cuarto de un tío alcohólico. Las alfombras escarlata, rojo oscuro, que enloquecen minuto a minuto los ojos que nos las miran. La ceguera adaptativa de los olores, trazando topografías incomprensibles en la miseria del mapa. Dedos sucios hundiéndose en cera, hundiéndose en helado, en grasa de cocinar jabón. Y este Yo de teclas que siempre de lejos viene y escribe las maquetas de un río en cuyas horas no descansa. Escribo series de palabra en una república de aire fundada de peste. La palabra —manos sobre hombros desnudos. La palabra —manos sobre telas imprecisas. La palabra —lenguas sobre paredes frías. Me levanto y camino: Agua alzada: Cocadas en trapecio: Escamas de pescado cayendo en plena vía: Jugo de naranja en hilillos secándose bajo el sol de la calle. Todo junto y, abajo, el brillo del carite sobre el asfalto. Lhasa de Sela que suena en el repro de la cocina, mientras repollos morados sueltan sus jugos en la sartén. El aire festivo, el aire estancado de domingo en domingo, el calor de agosto y el permanente estruendo motor de la Urbina, larga urbanización autopista ronca estacada cruelmente de áboles rilkeanos, dirigida de lunes a lunes por un Mel Gibson indigente, comiendo cebollas en el mercado de Petare. El aire festivo de todos lo tarantines, sonando, sonando un poco más allá de esta


[63] corta barrera de árboles y del brocal levantado de siempre: concreto en sexo con raíces contra toda remodelación de las alcaldías. Desayunos de madrugada. Fanáticos tecleos. Ciudadanía de teclas ejercida sin pausa. Ejércitos de cuerpos desnudos a las puertas del hambre, a las puertas estrechas de la ciudadanía de ropas cortas, de ropas rotas. Pensamientos lerdos de madrugada. Hierve en una olla la palabra huevo. Alimento cocido. Hace burbujas de agua casi seca sobre la pequeña olla del maratonista de mis pies. Cae la palabra huevo en el sedimento calcinado, blanco sobre el aluminio, como un sudor de agua ida, láminas de hambre alineadas pulcramente. Huevos cocidos para el desayuno, y pan. Horas de desayuno. Personas que trotan de madrugada entre mis sienes. Palabras en serie que revientan la brisa como un torbellino de basura. El vestuario en punto sobre la cama desordenada. Calzadillas vestidos de peste huyendo a los basureros de Caracas como mendigos de las edades y los gobiernos. Armandos que revientan gritos de cuerpo en el altar donde somos sacrificados a la higiene de las duchas. Vestrinis que abren sus venas al ritmo de las mil rancheras de mis tías políticas incentuosas. Óssotts que enloquecen con el vacío cinético del fuego en la proximidad de las tierras de los nadies. República de poetas. República de horrores. El mensaje de los músculos en partida que es toda palabra. Atento oigo un loro que repite piropos grasosos aprendidos en el taller mecánico de la cuadra. Otro loro muerto resucita y dice la palabra agua. La palabra cal. La palabra suelo. La palabra masa corporal. La palabra carrito, camionetica, cafecito. El ritual de lo que despierta y siempre es lerdo, insistente,


[64] necesario. Un poema de Vallejo recitado a media voz sobre la cama, inaudible tras los muros. Muelen los huesos de un perro en el callejón. Mueve la cola un perro. Aparecen los remos de la cruz sobre la pared blanca. Los golpes de Dios son mi par de ojos bizcos plantados sobre la hiperabundancia del tarantín urbano. Puntual, a pie, siempre, desde la Urbina hasta Petare, entre las venas congeladas de la tranca con mi suela. Puntual. Con prisa. En el gentío. Como sangre entre la venas. Voy. En la esquina mutilan los lacrimales, inútiles para la faena de la materia enardecida que circula. La comarca de las anulaciones está servida, como ración, sobre el polietileno. 230 puertas abiertas se combinan en el tiempo simultáneo de los despertadores silenciados y las cabezas peinadas y dormidas. Viene a la mente un pasillo desteñido de rombos. Papel tapiz de niños montañeses del Tirol. Papel tapiz de cascadas en la sala de espera de la odontóloga de la cuadra. Papel tapiz que arranco entre dientes de sueño. Doy saltos en el tiempo, que se raja como el avión entre las nubes raja la presencia de lo celeste y de lo inmenso. Doy saltos de turbina y aspa de abanico, de ventilador. La enfermedad buscada de la memoria. Prenden luces, encienden luces, lo bombillos en llamas. Alguien de cortos años tras la puerta se masturba con un hielo, y tras la pantalla, en los píxeles, un mar de polvo nieva hacia las sábanas de las madres y de los padres. Lo llaman espera. Lo llaman ocio. Lo llaman lascivia prematura. Quizá sea la mendicidad violenta que siempre ejercemos sobre nuestros cuerpos. El cuerpo, un ser alegórico que se da la mano todos los días con su amigo, el morbo intangible. Viene la costra invisible por el cerebro


[65] de las calles atravesadas de las mentes, y unos viejos juegan ajedrez, en Sabana Grande, polo a polo de la fuente, mientras multitudes buscan municiones que se terminan a cada rato. Tecleo, mientras nos aglomeramos en hervideros estáticos, violentos, ociosamente móviles, ociosamente activos. Tecleo un poco más. Soy ciudadano de teclas, y me escondo de la calle a ratos, pero no puedo. Fundo plomo / de abrigos / de inviernos ausentes / de charcos / de hombres en fila / de teatros estrechos. El minutero está rojo, inerte, en la resonante dimensión telúrica del cuerpo dormido, mientras yo estoy despierto. Siempre hay un cuerpo dormido —o roto y despierto— en esta palabra que escribe y que despierta al filo de la frase con ganas de ayuno. Suena la palabra alba, Suena fuerte, Como un silbido, Como un pedo. Como el arranque reparado por el abuelo Miguel o la libación de la gasolina de su boca al carburador abierto contra el cielo. La libación eterna de los motores sobre el puente o bajo el zinc ennegrecido del garaje. Suena la palabra alba como un pedo. Me despierta y voy por el desayuno. Decapito entonces la noche con las noticias del día y luego de gastar mis teclas una vez más, me visto, como que jode de, plato lleno, plato devorado, preparo mis ojos bizcos, —envidia del omnipresente—, y salgo a la calle.


[66]

Folleto absorto en el silencio que dejan los folletos de turismo alto en el mapa absorto en unas lomas la tierra alzada por las estribaciones de unos Andes que [terminan al borde de la aridez al borde de un Lara rojo como si hubieran levantado a la fuerza los desiertos hacia el cielo en un último impulso justo antes de lo plano absorto en precisiones geográficas en alegorías de posiciones, de distancias absorto frente a mi brother blanca tecleando interminables trabajos de geografía al Sur del Quíbor rojo al Sur de la llanura seca de aguas subterráneas de aguas que resbalan por dentro, en silencio, bajo mis pies al Norte del río Negro, del Yacambú del Yacambo, que da su espalda al Quíbor rojo y se hunde en otras lomas, por picadas hacia el Sur hacia el nor-oeste absorto


[67] con el cuerpo de cabra de la Santa entre las sienes crucificadas cabras en los caminos absorto con los ojos manchados de San Miguel Arcángel mirando en picada hacia la bosta de caballo en la letanía del Cúbiro Cristofué del delicado asesino de colibríes que rellena tanta ausencia de gente, como escondida, gente en las anunciaciones en la escucha de los vidrios cortavientos en las haciendas muertas por la altura en las haciendas vacías para los paseos a caballo en las haciendas muertas para turistas en las haciendas de montaña con casas para pasar las fechas absorto pronunciando las palabras verticales del desbarajuste de [los suelos pegándole un sordo grito de mirada al valle largo del [Quíbor rojo desde el falso suave de las lomas de Cubiro absorto en los silencios de los mapas, de los libros de historia absorto en el silencio de las memorias oficiales de este pedazo inmenso de folleto de tierra absorto en los lugares del tiempo que se van quedando sin nombres absorto en este folleto descomunal mal editado de la memoria absorto barajando las palabras como naipes piedras en esta casa en las lomas que es una gran amnesia todos queremos esta gran amnesia


[68] todos hemos cultivado esta gran amnesia de los valles de los recorridos resguardados de las flechas y la diana [de la palabra robada resguardados de cualquier cosa que persista todos queremos esta gran amnesia sueno hoy las tuercas telúricas de mi mente apertrechadas de manuales de geografía de libros de paisajes editados por Lagoven de proyectos culturales de la Creole Petroleum Corporation de papel satín de novelas de Gallegos de estatuas de caciques legendarios dibujadas caricaturas [en el silencio de las plazas aquí en el sonido de las lenguas ya no habladas idas con el viento de las colinas aquí sobre el Lara Rojo en la letanía del Cúbiro Cristofué del delicado asesino de colibríes en esta casa en las lomas que es una gran amnesia (De Cercados (/) Rotos, inédito)


© María Ruiz

María RUIZ (Maracay, 1984)

Egresada de Artes de la Universidad Central de Venezuela. También cursó estudios de maestría en Escritura para el cine y la televisión en la Universidad Autónoma de Barcelona (España). Su cortometraje Des(pecho)trucción (2013) se hizo acreedor del Best Experimental Short Film Award en el 21th San Diego Latino Film Festival y del Premio Municipal de Cine David Suárez en la mención Mejor cortometraje de ficción en 2014. Su poemario Putas metamórficas ganó la xviii Bienal de Literatura José Antonio Ramos Sucre en 2011, y fue publicado por Fundarte al año siguiente, en el marco de la Feria del Libro de Caracas.


[70] Sobre la poesía de María Ruiz

María Ruiz: desesperada, suplicante, eufórica. Su poesía va buscando las trepidaciones, los repiques, los mareos, la tensa y abrumadora rapsodia del cuerpo cuando no se sabe, no se encuentra, ni puede hacerlo totalmente, no al menos como lo quisiera. Entonces viene la hora de las desesperadas invocaciones: el deseo de lo que no está, la ruina de la experiencia, Dios, su búsqueda, tantas preguntas; cierta ironía que se abre paso, no tanto como estrategia retórica, sino como respiro, tal vez muy provisional, ante todo lo que duele y fascina, porque así son las intermitencias del corazón que sufre, escribe y tiene sed, mucha sed.


Poemas


[73]

Quinta Hilda Provoca quitarse un brazo, una teta, una oreja, un pulmón y ponerlos encima de la mesa, en el piso, al lado del microondas, colgados de una pared. Que hagan juego, que se mimeticen con la ambientación de trozos, de partes, de restos. Provoca desarmarse y esparcirse para no desentonar, con tanta vida por dentro y por delante, con tanto sístole y diástole, con tanto ruido espantoso en una casa tan vacía y llena de eco. Porque lo demás son fantasmas: sábanas blancas con huequitos negros a la altura de los ojos que deambulan y, a veces, lavan los platos y compran tortas tres leches. En el sofá un cadáver de padre. En la maleta un cadáver de madre. En la tierra del estacionamiento tres metros de cadáveres de bichos peludos. En la puerta, un cadáver de hermano que llega siempre y que tampoco se termina de ir. Estamos de pasada. Nos metemos un trozo de pared blanca con filtraciones en un bolsillo y una bola de pelos debajo de la lengua para que, estando lejos, dure un poco más el sabor amargo y el tacto irregular de lo permanente.


[74] Provoca desenredarse las venas, abrir el grifo que las contiene y derramar toda la sangre fétida que nos une: derramarla escaleras abajo, provocar una ola roja y ferrosa gigantesca que baje desde el segundo piso, que inunde la cocina y la sala hasta que se salga todo por las ventanas y chorree hasta el patio: que se desinfecte todo, que se le caiga el polvo acumulado de años a los muebles, que se mojen las sábanas y se deshagan. Que no quede nada en pie. Que se vacíe este depósito de ruinas y que todos los escombros se vayan por el desagüe.


[75]

Meterme en la llaga No soy de meter el dedo en la llaga. Soy de meter la mano completa. Las manos y los pies. Meterme completa en la llaga. Bañarme de viscosidades, de pus y quedarme ahí, esperando: o bien que cicatrice y me quede adentro, o bien que no sane nunca la herida y presenciar el progresivo deteriorarse de la piel. El lento e inexorable consumir de la piel y los tejidos hasta llegar al hueso desnudo. A veces, si se me forma la costra por encima, a pesar de todos mis intentos contaminatorios de infiltrada, me salgo, para rasgar la costra y ver si, abierta la herida de nuevo, se vuelve a infectar. Entonces disfruto de mi verdadero placer de meterme en las llagas. En su defecto, queda la cicatriz. Lo más importante es que no quede la piel lisa, como si no hubiese pasado nada. Siempre hay algo o alguien que pasa. Siempre están las huellas. Duele siempre, aunque sea en el antebrazo o en la entrada de la vagina. Al final, las cicatrices de la piel no duelen más, pero las llagas abiertas, quedan, con su pus, con sus tristezas y además, conmigo adentro. (De Putas metamórficas)


[76]

A ESTA lengua que repite y repite el mismo nombre hay que tomarla entre las manos y aplicarle castigos Hay que sacarla de la boca y someterla a la exhibición a la resequedad a la intemperie que se avergüence que se enrosque sobre sí misma para ocultarse para esconder su cara sonrojada de lengua de esta mirada acusadora y suplicante que se clave ese maldito nombre en las papilas que sangre con las esquinas de las letras más ponzoñosas (como la X, por ejemplo) Se trata de una lengua que da vueltas dentro de la boca que se repite como una escalera mecánica


[77] como una oruga estúpida persiguiéndose a sí misma que se oculta y vuelve a asomarse paseando siempre a la misma persona A esta carne tan húmeda y vulnerable provoca clavarle alfileres sacarle tajos con hojillas con las uñas, incluso desarmarla que sólo queden hilos de carne colgando de uno de sus lados Ajusticiada que sirva (desprendida de toda lengüidad) a lo sumo para sacudirle el polvo a los libros


[78]

La carretilla Uno hace sabiendo que al final sólo van a quedar las manos (si acaso) con sus dos respectivos antebrazos sangrantes y separados del resto del cuerpo Sólo quedarán esos asideros marchitos flotando en al aire para dirigir con mucho cansancio la carretilla que arrastra (güiky

güiky

el resto del cuerpo: lo que queda regado los pedazos aún latiendo

güiky

güiky

güiky…)


[79] de las decisiones irreparables. (De Alivio, inĂŠdito)


[80]

DIOS dice huye de la lluvia Dios dice corre con las manos amarradas Dios dice respira por la boca y la lengua seca Dios dice vacíate que yo te lleno Dios dice todo está bien aquí arriba vente


[81] Dios dice no hace calor

Dios no sabe lo que dice (InĂŠdito)


© Luis Brito

Leonardo GONZÁLEZ-ALCALÁ (Caracas, 1987)

Licenciado en Derecho por la Universidad Católica Andrés Bello de Venezuela. En el año 2007, el poemario El país de los muertos obtuvo el Premio de la xii Bienal Francisco Lazo Martí del Ateneo de Calabozo. Ha publicado El país de los muertos (2011) y Gesto quebrado (2011). Es coautor de la antología poética El ojo errante (2009). Además de escritor, es músico.


[84] Sobre la poesía de Leonardo González-Alcalá

Podría decirse que la poesía de Leonardo GonzálezAlcalá hace del rigor y la voluntad de exposición un destino. Abierta, cruda, a veces incluso penitente, entrega sus textos al descampado de la mirada: a través de los versos bien templados y el entramado de referencias literarias, cada imagen, cada construcción rítmica ofrece una pregunta sin respuesta definitiva, una indagación sobre el hablante lírico a la vez como constructo estético y como sujeto ético. Esta es la apuesta que realiza la poética de González-Alcalá —la que realiza toda la buena poesía—, la de una subjetividad que no distingue entre lo ético y lo estético, atravesando la intemperie.


Poemas


[87]

Octavo mandamiento (No arte poética sino homenaje) Así como a veces desearíamos que Karl Marx y Arthur Rimbaud se hubiesen conocido en una mesa de algún Café de Londres Armando Rojas Guardia

Así como a veces desearíamos que Arturo, quiero decir Uslar, se hubiese embriagado [hermosamente en algún Café de Sabana Grande, cuando allí todavía quedaban poetas que no habían sido empleados por algún ministerio, (una ebriedad memorable —a media tarde—, que hubiese impedido la notable conspiración); así como, a estas alturas, quisiéramos que Mariano Picón Salas, apeado del estrado de su nombre, no hubiese colocado sobre Ida Gramcko un día el peso de ser la elegida, la próxima, la décima musa, —como una daga sobre el mármol de un poema inteli [gente—, y que las avenidas deslumbradas por avisos celestes, inútiles, así como la dignada Tribu, hubiesen visitado a sus réprobos enfermos —son ellos quienes nos otorgan la lengua—,


[88] y hubiesen escuchado al poeta, a su noche apedreada y antihigiénica traída a la plaza a regañadientes, arrastrada y rotas las rodillas para el Gran Juicio: soga y desnudez, (solo entonces, dios estuvo en la moneda que refulge en el fondo de una alcan[tarilla, en el papel resplandeciente que cubrió un dulce y que ahora recorre la América Cabal como prueba de que [el viento, así como la poesía, existe y es otro fantasma, solo entonces, belleza fue caer y no sentir derrota); y Preguntaréis por qué su poesía no nos habla del sueño, de las hojas, de los grandes volcanes de su país natal? Venid a ver la sangre por las calles, venid a ver la sangre por las calles, venid a ver la sangre por las calles! Venid con la misma mirada a ver la ciudad que se desnuda, exhausta de bailar salsa,


[89] la ciudad desde entonces aferrada al café y al cigarrillo como milagros de cada mañana, venid a ver las manos, se palpan, —a pesar de Rilke se palpan—, venid a ver qué hambre, qué sabia protesta brota del muro oculta en lo vulgar, en el lugar común, en el error ortográfico de la frase política, venid a ver la sangre de los niños y de los poetas, (la guerra devolviendo a los poetas a sus inicios de Canto), seáis testigo de La segunda expulsión, otra vez marcados con la voz intacta, venid a ver ciegos ya, ciegos; así querría yo hoy que esta sangre fuese una elección, como-la-de-la-rosa-al-brotar: hemos sido los cómodos dolientes, los que elegimos creer que La desnudez del loco era “otro gran poema de Rojas Guardia” y no la historia de Armando, hemos sido estos, los de antes y los de ahora: cómodos dolientes,


[90] así querría ofrecer mi frente, recibir la marca, tener la mano quemada; así querría yo desvestirme todo falso gesto, quedarme con el único, el primero: el que cubre lo genital frente a los ojos del escrutinio ajeno, sin poder alzar la mano para decir aquí mi espalda, la insolencia de creer que sostiene, aquí, ahogado en la misma sangre que limpio; eso que creímos Agitación Ímpetu Excesivo tal vez ha sido un roce el poema a lo sumo que queda de una antigua olvidada fiebre. a Armando Rojas Guardia


[91]

Noveno mandamiento Me he entregado a memorizar tu fuego esa manera de quebrarte en el sexo no somos entonces más de lo que éramos y decides detener el verso, beber algo dices este cuerpo no sirve aturdida, cobarde y casi ebria no eres capaz de levantarte y escribir algo que para ti valga la pena al día siguiente alguien más ignorante que tú te llama poeta y tú respondes


[92]

Tercer mandamiento

Recibe de mí lo enfermo las mitades que el cirujano amputó una miel oxidada hoy este poema no-se-levanta-de-la-cama ni se calza de falsedades como todos los días romperá sus máscaras para no tener otra mejilla posible a la vuelta de la página desea saltar desde el borde de la madera donde fue tallado contra su voluntad ya no se arrodilla para agradecer su elevado sino se arrepiente de haber sido pan y desea ser una roca volcánica un áspero mantel de una cena no servida un mantel que la gran familia utilizó para cubrir al perro de algún torrencial súbito o vinagre para un sediento con la frente rota un lienzo que nadie empezó con el amor de los flautistas


[93] hoy se desviste pausadamente como lo enfermo expone sus cavidades y acepta que le griten (InĂŠdito)


© Carlos Ancheta

Alejandro CASTRO (Caracas, 1986)

Licenciado en Artes de la Universidad Central de Venezuela, en donde se desempeña como docente desde 2009. Actualmente cursa la maestría en Literatura latinoamericana de la Universidad Simón Bolívar. Su poemario No es por vicio ni por fornicio. Uranismo y otras parafilias (2011), resultó ganador de la viii edición del Concurso nacional para obras de autores inéditos de Monte Ávila Editores Latinoamericana. Recientemente ha publicado el poemario El lejano oeste (2013).


[96] Sobre la poesía de Alejandro Castro

Alejandro Castro, más irónico que melancólico, poema a poema, libro a libro, va explorando y soltando los rastros de una sentimentalidad muy bien elaborada, donde el país y sus penas —suyas en gran medida— tienen un lugar prominente. Castro habla del amor luego del naufragio, acompañado a ratos de los poetas que le ofrecieron una pista para desplegar sus mejores vuelos. Restringir su poesía solamente a la exploración de la homosexualidad sería más que absurdo, pues sus búsquedas también están emparentadas con las resonancias coloquiales y conversacionales de la poesía latinoamericana, cuya expresión más concreta en Venezuela está en los grupos literarios Tráfico y Guaire. Esta es parte de su poética etiología.


Poemas


[99]

Etiología Cuando tenía quince años me enamoré de un pescador borracho que sólo dijo que me quería bajo una mata de mangos en una terrible tormenta de año nuevo casi sin querer. Por supuesto después no recordaba nada ni siquiera el cariño que según parece era un efecto secundario del ron. Yo tampoco quería recordar pero recordaba recuerdo con precisión. Después me enamoré de un surfista hermoso como Dios que sí recordaba pero no entendía. Yo tampoco quería entender lo poco que había para entender


[100] y era simple. Luego el silencio y ahora tú. Fue difícil difícil y admirable hacerme si no el loco al menos la loca y dejarte ir ¿Qué es lo que sigue? Esto es lo que sigue: este cursor palpitante que no me deja morir.


[101]

Ars poética Voy a ser marico cuando escriba un poema cuando limpie mis zapatos o hable con demasiada propiedad de Foucault. Voy a ser el marico más marico del mundo. Voy a ser tan marico que Wilde —casado, con hijos— y Lorca —que llevaba mozuelas al río— sentirán vergüenza. (De No es por vicio ni por fornicio. Uranismo y otras parafilias)


[102]

Casalta Tengo que sobrevivirte entre los perros que de madrugada profieren la música del odio. Debajo de las balas encima de la ciudad día tras día Casalta tengo que sobrevivirte. Pero te llevo conmigo Casalta irremediablemente con pañales en el balcón y las aceras tu alegría impostada y el ruido de los dientes en el frío o quizá en el miedo de cerrar la puerta y que por sus resquicios entre la jauría los disparos y el merengue como si no te importara deforestarte siempre y encender los bombillos que te regala el gobierno para olvidar. Quiero dejarte aquí Casalta en el poema tapiarte con los escombros de la infancia. Yo —mi hermano y yo— adivinando el color de los carros en que mi padre no vendría inventando canciones de apagón sobreviviéndote milagrosamente detrás de las rejas.


[103]

(Textículos insurrectos – IV) Qué haremos con las cosas cuyo nombre ignoramos, las cosas que aun mudas proyectan baba sobre los días. Y qué haremos con lo mal escrito, la rabia y el vértigo de naufragios: el más tentador de los lugares comunes. Qué haremos con el pasado y los muchachos que no fueron tuyos y el sudor que regó la tierra más dulce que el deseo. Qué haremos con el deseo, cuando cansados ya de la mordaza florezca en una boca diminuta, callada. Quién será, entre todos, tu Ganímedes y el mío cuando nos demos por vencidos. (De El lejano oeste)


© Francisco José Delgado Bravo

Víctor Manuel PINTO (Naguanagua, 1982)

Editor y profesor universitario. Jefe del Departamento de Literatura de la Dirección de Cultura de la Universidad de Carabobo, donde dirige la revista Poesía, y es coordinador del Encuentro Internacional Poesía Universidad de Carabobo. Ha publicado Aldabadas (2004) Premio Certamen Mayor de las Artes y las Letras del conac, Mecánica (2007) Premio Internacional de Poesía Ciudad de Valencia), Aprendiz de la Carne (inédito) Premio i Bienal de Poesía Eduardo Sifontes 2007, Caravana (2010), Voluntad para no matar (2011), Poemas reunidos 2005-2011 (2012) y Quieto (2014).


[106] Sobre la poesía de Víctor Manuel Pinto

Víctor Manuel Pinto alza las paredes de su habla sabiendo que se trata de construcciones frágiles, entregadas al vaivén de los elementos, a la furia idiota de lo contingente, de lo imprevisible. Lo sabe y, sin embargo, no deja de levantar esas paredes, construyendo con cada libro una casa de palabras, una poética sólida, coherente consigo misma, sabia en la debilidad, conocedora de la hostilidad del mundo. Sus textos se sitúan en un más acá cuya intimidad es innegable. Su asunto, aquello que le quita el sueño por las noches, es nuestra fragilidad, este hallarnos siempre a merced de fuerzas superiores que, muchas veces, no conocemos. En el terreno desigual de estas preocupaciones, Pinto construye el edificio de sus poemas: testigo cercano y agudo de nuestra vulnerabilidad.


Poemas


[109]

Amarillo Una cinta plástica no nos deja pasar:

siempre algo nos impide la aproximación al cuerpo tirado a un lado de nosotros. Frente a la muerte: Nadie vio nada Nadie habla Nadie confiesa la sensación de estar vivo: tan parecida al placer breve / íntimo de los actos del baño: lavarse los dientes y escupir la pasta blanca de la falsa frescura de la boca que no ve sus palabras que nada dice de su uso que nada confiesa de la saliva envuelta en sueños cuando el color del día muere en la carne: íntima / la sensación: breve del cuerpo tirado a un lado de la vida. (De Quieto)


[110]

Trayectoria Si la bala refulge en su caja y lamiendo su punta la puliéramos en la camisa o en el pañuelo, quizás si le damos ese cariño… o derribando todo de la mesa pusiéramos su forma en el centro junto a una cesta de huesos y frutas, tal vez si le ofrendamos algo así… o mejor le fabricamos un hombre con ojos de buey, con lomo de toro, con un corazón y patas de vaca para que lo atraviese a diario… a lo mejor con eso la saciamos.


[111]

Grasa Lo grosero no sólo cuelga del hombre. Ver guindar la voluntad a un lado del cuerpo debería avergonzar nuestra figura. No el bocado, sino el golpe de más, la palabra por la que bajamos la cabeza; no la piel frita del cerdo muerto a palazos, sí la piel que maltraté, todo se vuelve lo baboso de nuestra carne. Y levantamos hierros y pesas ante un espejo al servicio de las fibras y los tejidos, deseando moldear el miedo que nos pesa. (De Voluntad para no matar)


[112]

Reverencia Dame, rey de las piedras, sólo una para cantear mi casa. Sólo una vena señor de los ríos, para arrugarnos de hacer presente el verbo de la ley. Dame, padre de la mansedumbre, tres sogas para amarrar a mis animales de cuerno. Tú, soberano de todo, dame tan sólo un árbol, una mesa, pan y agua. Ella es la fruta, la carne y el vino. (De Caravana)


[113]

ACOSTADO BAJO un árbol tapo el sol con las manos con vergüenza de que aún sean débiles y no reparen nada no como las de mi padre él siempre dijo que las endurecía por mí así comprendo la fuerza de este árbol en hacerse duro aunque luego su madera sólo sirva para el último paseo de alguien en hombros de los amigos (De Mecánica)


[114]

SU DIVORCIO me llevó a restar los platos en la mesa teñirme a la piel de cuando nacen los bombillos comer un día la rabia con la madre y beber al otro la culpa con el hombre me he convertido en un intruso que le da vueltas a la casa detrás de un cigarro estudio lo callado de una cerradura cuando se tranca el pecho los viejos se dejaron no se alisarán cuando les venga el sol del vaivén de las mecedoras (De Aldabadas)


© Adalber Salas Hernández

Raquel ABEND VAN DALEN (Caracas, 1989)

Licenciada en Comunicación Social por la Universidad Monteávila y magíster en Escritura creativa en español por la New York University. Ha publicado en poesía Lengua Mundana (2012), Andor (2013) y Sobre las fábricas (2014), este último por el que obtuvo la Mención Honorífica del xiii Concurso Transgenérico convocado por la Sociedad de Amigos de la Cultura Urbana. Asimismo, es coautora de Los días pasan y las formas regresan (2013). Lleva el blog Expedientes M, de entrevistas a escritores hispanoparlantes (www.expedientesmagenta.blogspot.com).


[116] Sobre la poesía de Raquel Abend van Dalen

Como Raquel Abend van Dalen está en movimiento, escribe sobre las formas de asumir la herencia y, al mismo tiempo, va entonando su personal aullido. Cierto tremor religioso y cierta angustia erótica dominan muchas veces su registro. Pero no todo se queda ahí: ella tiene las suficientes estrategias para desplegar, en las más variadas modulaciones, su decir. Metamórfica, dúctil, en su prosa, también eléctrica, puede darle espesor a lo que tuvo lugar en el poema. Y si la palabra asume la renuencia, queda entonces el oficio de las junturas del collage. Tal vez una de las corrientes de su poesía se asiente en todo lo anterior: unir y reunir, combinar y recombinar trozos de experiencia mundana. Escribir con la vida.


Poemas


[119]

HOY DECIDÍ no levantarme de la cama preferí agonizar con honestidad con mis tres chicas Patti Smith, Anaïs Nin y Peggy Lee nosotras nos sabemos acompañar sin ropa conocemos qué es arrastrarse, perderse oscilar en la desesperación procuramos beber con ojos abiertos y besar en un solo bocado ya no sentimos vergüenza por no tener pene lo necesitamos viniendo de otro cuerpo también disfrutamos de nosotras mismas sabemos de ese pecado que no podemos parar de cometer con sólo un dedo


[120] que nos hace culpables de por vida y eternidad aceptamos que no podemos querer el control tan solo desearlo, como se desea la salud.


[121]

LOS BEBÉS son los más sabios saben de dónde vienen y a dónde van se sienten bien con poco no están apurados ni ansiosos reconocen que en el silencio se piensa bien no hay vicios ni virtudes saben que olvidarán y que serán olvidados no temen se dejan sacar de su sitio, de su todo, permiten que destruyan su mundo para venir a esto que los transforma, enferma, mata. (De Lengua mundana)


[122]

CONFÍO EN QUE PRONTO empacaré el mar que el agua rebosará la maleta y la hará crecer hasta bautizarse isla. Que los encuentros estacionados abandonarán su peso y su pérdida, y la oscuridad teñirá la lluvia que restriega los techos de los barrios. Confío en que pronto mereceré el asfalto que las armas aprenderán su nombre y con ello, el infierno que se piensa lejano. Que los vacíos alterarán la memoria y nuevos fantasmas abrazarán la cama que mi voz se limpiará los pies y su polvo caerá hasta morir sobre las rocas (parecerán miembros calcinados). Confío en que olvidaré el clima viejo y gritón que las autopistas aceptarán un divorcio con las montañas ahuecadas


[123] y sus túneles abrirán la boca para enjuagarse de luz. Que mi ceguera aceptará su cobardía y atraparé la ciudad en mis manos que los mapas abrirán sus ojos blancos y descubriremos que las tierras no pertenecen a nadie. (De Sobre las fábricas)


[124]

A LOS MUERTOS no se les deja entrar a la iglesia. QuĂŠdense jugando en el jardĂ­n, que los adultos estamos hablando. Sientan los gusanos lamiendo la piel, el sol lijando los huesos.


[125]

DE LA SANTÍSIMA trinidad habla con Dios como hablan los que visitan a los presos en las cárceles, apurados, como si algo los persiguiera, o algo huyera de sus labios casi tóxicos, —la saliva siempre peca— hay un hombre enorme en la puerta contando el tiempo, por algún motivo tiene rasgos asiáticos y un guayuco entre las piernas da lo mismo si es en los cielos o en los infiernos todo lugar etéreo necesita su entrada su sacrilegio, la maleta que sostenga todo nivel de tránsito, la voz de la Santísima Trinidad corre y recorre corre y recorre corre y recorre el cuerpo del Padre al otro lado del teléfono. (De Hotel de santos, inédito)


© Maiskell Sánchez

Ana Lucía DE BASTOS (Caracas, 1983)

Licenciada en Letras por la Universidad Central de Venezuela. Es magíster en Estudios literarios, culturales e interartes en Literatura portuguesa de la Universidade de Porto; y magíster en Edición de la Universidad Autónoma de Barcelona. Ha publicado Extiéndeme al sol (2014), su primer libro.


[128] Sobre la poesía de Ana Lucía De Bastos

La poética de Ana Lucía De Bastos hunde sus raíces, no en dos tradiciones distintas, sino en dos universos lingüísticos que, aunque cercanos, poseen diferencias palpables. Se trata del portugués de Portugal y el español de Venezuela. Las distinciones geográficas no son ociosas: determinan una cadencia y un acento, una entonación que constituye en parte la peculiaridad de sus textos. En ellos se lleva a cabo, una y otra vez, una exploración tan implacable como imaginativa de la anatomía humana. Ya se trate del sujeto hablante o de un tercero, y aunque se halle codificado en una cadena de metáforas impresionante, este cuerpo bilingüe —asediado por las dos lenguas que lo constituyen— reaparece en los textos de Ana Lucía De Bastos llevando intacto su misterio, sin dejarse descifrar, como una presa esquiva.


Poemas


[131]

Oración gnóstica a los 29 de Francisco Cávilas Señor, tú nos has dado estos cuerpos con sus huesos alargados cubiertos de músculo y piel cuerpos con tiempo dentro cuerpos porosos bellos hambrientos de cuerpos abiertos en un estado continuo de putrefacción Anhelantes y finitos Con el mío me permites tocar el agua con el mío me permites saber de Ti con mi cuerpo he abierto surcos en el mar he sentido el corazón de mi animal he probado el gusto de la sangre he hilado la memoria en tendones para hacer una hamaca de experiencias No permitas que no pueda tenerla Deja al menos que recuerde deja que al menos recuerde la mirada (eso que es y no es cuerpo)


[132] el gesto (eso que es y no es forma) la mirada que en sus ojos me espera Luego volverĂŠ a estirar los brazos solamente para alcanzarte. (De Salterio de la inmersiĂłn, inĂŠdito)


[133]

Martina protectora tengo ahora ganas – tantas – de reunirme con el lenguaje animal. cuando María Gabriela habla del sentido que hay en el discurso de los animales, en el sentido, en el discurso, en el texto de los árboles, yo acerco mi oído a la hoja de su libro y le pido que me susurre lo que ella les oyó decir. en la casa de la torre, que ya no es mi casa, viven cinco gatos. dos de ellos están domesticados, y esperan a J. como el zorro del Principito. J., desconocida, aún sin rostro (apenas una mujer vestida con una toalla, en la ventana, llorando) ignoraba cómo se me aproximaba su gato-grande. me senté con ellos – la gata gris de manchas rosa nos acompañó también – y me entregaron su pelo y nariz sin pudor. yo intentaba leer en sus movimientos su discurso, no como palabras humanas sino como movimientos de gato. sin embargo, ¿cuántas de ellas no fueron enseñadas, en sueco, por la dueña en la ventana? (yo oía sus lágrimas y la historia de abandono y dolor) los tres pequeñitos saltaban lejos de mí, y se acercaban apenas para conocerme y, de inmediato, continuar jugando detrás de los ratones de peluche. ¿qué narrativa nos integra? porque sé que ella existe pero, esta vez, no quiero sobrescribirla. sé que me antecede y que conjuga, teje, borda, mis palabras y las suyas. (De El agua y los peces, inédito)


[134]

A Luis Miguel Nava lo cortaron en pedacitos Llegábamos a casa y había unos hombres en el techo del edificio arreglando algo. Não é teto, é telhado, me dijo mi tío corrigiéndome. Así, la palabra se convierte en frontera, lo que es cara no es sello, porque tiene otro nombre. La sombrilla, al contrario, es sombrilla por abajo y por arriba, como también lo es la alfombra: el lado que roza el piso y el lado que roza mis pies. Pero el techo y el tejado son inseparables pero diferentes, la otredad encontrada de espaldas. Lo que tapa mi cabeza é teto, lo que aguanta el sol y la lluvia, é telhado. ¿Y cómo se llama el reverso de la piel? Meto mi dedo en la boca, donde ya no es mejilla sino teto: todo tan a carne viva. Muerdo ese cachete interno y le busco un nombre. No es encía ni labios. Es húmedo y contiene el aliento, un túnel con entrada de luz antes de llegar a ser garganta, que no cuello, y sumergirnos en la oscuridad recubierta del reverso, aquella que soporta sangre, vísceras y huesos.


[135]

Bautizo Yo soy la mano que teje debajo de la tierra la mano que se demora entre los surcos que conoce al agua oculta de las piedras La mujer que se encubre debajo de la montaña zurciendo, despacio, un camino, una salida paciente Vertical He venido del último pabellón del lodo nadando con brazadas lentas tejiendo los hilos que dibujan el telar de lo que desconoces y esperas Las otras se precipitan. Caen, indistintas, cada temporada Los rescatistas las arrancan a los siete días: les dicen las malas hierbas Yo espero Furtiva aparezco como un volcán desconocido un archipiélago extinto que de repente —que desde siempre— desentierra sus manos y se descubre luz.


[136]

Ensolecida Atravesé ríos con mis vértebras izadas enderecé mis tendones y te pedí acuéstate, extiéndete, alfómbrate, llevo en el alma un manojo de nervios telarañas de sangre para sostenerte (como a la luz soportan aquel jardín aquellas hierbas) Puño derecho al pulmón directo sube la cara enciéndete pues las palabras son sólo cajas para esconder otras cajas y así poderte, pudrirte, decir "dentro de ellas yaces tú" que no salen sino gotas de agua los días de lluvia y gotas de sudor los días de calor Reza conmigo la oración del viento: arrastra con pétalos pestañas porque no hay otra lengua más que la del fuego ni otra sombra como la oscuridad del esternón (el ojo de la puerta es el ombligo) (De Y ahora, extiéndeme al sol)


© Carolina Hurtado Bosco

Florencio QUINTERO (Caracas, 1980)

Médico cirujano, especialista en psiquiatría. Egresó del Programa de Estudios Superiores de Psicoanálisis de Orientación Lacaniana del cid-Las Mercedes. Con Orgasmo Cósmico obtuvo, en 1997, el Concurso Nacional de Poesía para liceístas La Casa de la Poesía Pérez Bonalde y, en 2001, ganó el primer y el segundo lugar en el i Concurso de Poesía Vargas de la Escuela de Medicina José María Vargas con sus poemarios Retórica de lo Mundano y Nostalgia del Vuelo, respectivamente. Con Divertimento (2005) ganó el Premio de Poesía para Autores Inéditos de Monte Ávila Editores. En 2011 publicó Muchedumbre de Uno. Ha sido, además, columnista y dibujante de Zuplemento, revista de cómic e ilustración en Venezuela.


[138] Sobre la poesía de Florencio Quintero

Florencio Quintero se detiene en la experiencia del júbilo. Montones de instantes agolpados y constelados en su expresión van reuniéndose. Esta vocación lo hace proclive al abrazo de lo múltiple, al desborde sensorial ante las cosas, como si cada poema fuera la ofrenda y la oportunidad de un instante privilegiado. Sí, el deseo, el paisaje y la experiencia hacen acorde. Ese es su entusiasmado sortilegio: traducir todos los privilegios que lo real pone en el camino. Tal vez ahí se junte —en él— la experiencia médica y la poética, ambas desembocan a fin de cuentas en el aprendizaje del consuelo y la asunción inminente del carpe diem.


Poemas


[141]

Este tozudo intento Toma mi ritmo sacúdelo Escribe en la cadera un nuevo poema todo movimiento ausente de palabras Un poema que sudoroso alegre Agarra toda mi erudición estréllala como un pelícano se avienta contra las rocas como un moscardón suicida choca en el vidrio Toma mis letras hazlas girar olvídate de mí de ti de todo pensamiento Sólo acción sólo ruido sólo vida sólo tus caderas sólo este instante y este tozudo intento de este torpe poeta que intenta bailar salsa


[142]

Apostar a la felicidad A Francisco «Pancho» Massiani Despertarse un día y comprender que afeitarse no es estrictamente necesario Que el trino matinal del pájaro es realmente un milagro una manifestación unívoca del río subterráneo Despertarse un día y frente al lavabo sonreír al espejo ver el reflejo y entender visceralmente que Rimbaud estaba en lo cierto: Yo es otro Todas esas minucias que constituyen aquello que llamaron mis padres “fulano de tal” no son más que una falacia Despertarse un día y agradecer la feliz entrega del cuerpo amado la certidumbre de su sexo y su dulce vaho Despertarse un día y saberse vivo Profundamente vivo a pesar de los absurdos rituales cotidianos comprender que somos briznas y que la única apuesta ganada desde el principio es lanzar los dados en pos de la felicidad.


[143]

Uno Yo soy una muchedumbre Un enjambre de uno Una multitud unitaria

de uno

Soy el espacio infinito contenido entre dos n煤meros La distancia insondable entre dos 贸rbitas de electrones Muchedumbre en uno Uno diluido y recompuesto en todo.


[144]

Treoma Krishnamurtiano Abandonar la bĂşsqueda Retornar al hogar dejar la ventana abierta y sentarse dentro de casa para asĂ­ sentir por fin su beso en el rostro. (De Muchedumbre de uno)


[145]

Sortilegio del deseo Posponer el deseo hasta que se vuelva roca Hacer de él un objeto tangible manipulable y al tenerlo entre las manos descubrir que no tiene magia Actuar el deseo para que habite el tiempo Hacer de él fluir constante inasible Y contentarse con verlo discurrir preñado de misterio. (De La seriedad del niño que juega, inédito)


A manera de epílogo: Voces andantes Es fácil perder muchas de las dimensiones posibles de la voz, dado que la usamos con tal asiduidad. O, para ser más exactos, no sólo la usamos, sino que de hecho nacemos y morimos en su interior, sin abandonarla un solo instante. La voz, como materialización sonora de la lengua, nos rodea y permea, formando nuestra más íntima atmósfera, confundiéndose con los gases que conforman el aire que respiramos como si también tuviera una composición química, como si fuera posible hallar voz en la tabla periódica. No solamente nos envuelve, sino que nos atraviesa: desde el mismo instante en que hablamos, la voz hace temblar la caja torácica, surge de la vibración de las cuerdas vocales, inunda la boca demandando puntos de articulación y un interlocutor que la reciba, tímpanos que la acojan y mentes que la descifren. El destino de la voz pareciera ser el disgregarse y reconstituirse en una nueva materia ―pasar de ser estremecimiento sonoro en el aire a sinapsis en el cerebro, verse traducida en descarga rebosante de significado. Para lograrlo, está incluso dispuesta a ser fijada en la palabra escrita, donde se las ha arreglado para bordear el silencio sin dejarse apresar por él: cuando leemos calladamente ―práctica relativamente reciente― prestamos atención a una suerte de voz interna, hecha de frases que se dejan caer entre las recámaras, órganos y tuberías del cuerpo,


[148] que se dejan sentir como la palabra hablada, impactándonos físicamente, como si la cognición fuera irrenunciablemente sonido. Entonces la voz, que siempre busca al otro sin importar cuántas veces deba transformarse, revela su basamento: es, antes que nada, una promesa. La voz es la promesa de que la existencia del otro ―y del Otro―, del interlocutor, de la intersubjetividad, del sentido partido y compartido como un pan extraño. La voz, que nos es propia y ajena a un tiempo, es la promesa del significado por venir. Y en este sentido, considero, es necesario leer a estos poetas recientes, pertenecientes a un país que vive su historia como un punto de inicio constante, como un principio tras el cual no hay nada. Y Vale la pena leerlos así porque la promesa que vehicula cada una de esas voces, cada una de esas poéticas, está diseñada para abrir huecos en el muro de esa historia solipsista, reiterativa, masturbatoria. Ninguno de ellos se concibe como un punto de inicio, como una zona cero absoluta; ninguno de ellos apuesta por el paisajismo del paraíso terrenal. No rinden pleitesía a mito del Nuevo Mundo, donde todas las utopías se devalúan al ritmo del barril de petróleo, y donde los habitantes somos tan insólitos, que aún pareciéramos necesitar un Bartolomé de las Casas para defender nuestro derecho a poseer un alma y una parcela de eternidad. Al contrario, su atención por lo menudo y lo cotidiano, por lo tecnológico, así como su manera de asimilar múltiples discursividades usualmente no consideradas poéticas, dan cuenta de una voluntad por poner en marcha el tiempo, como quien enciende un carro averiado ―aunque


[149] sea a la fuerza. Hay que poner atención a estas voces andantes, que ya han ido definiendo las reglas de su juego, los bordes de sus respectivas poéticas. Voces andantes cuya fuerza está, justamente, en que no renuncian a ser también voces por andar.

Adalber Salas Hernández Nueva York, mayo 2014


Ă?ndice


A modo de prólogo: Destino = glocal + portátil ................. 7

Poetas de la muestra .................................................................... 13

Franklin HURTADO (Carúpano, 1985) .......................... 15 Sobre la poesía de Franklin Hurtado ......................... 16 Poemas ................................................................................... 17 Nada dirá este día ........................................................ 19 Sed ...................................................................................... 20 Y acaba la fiesta ............................................................. 21 El anzuelo ........................................................................ 22

Jairo ROJAS ROJAS (Mérida, 1980) ................................... 25 Sobre la poesía de Jairo Rojas Rojas ............................ 26 Poemas ................................................................................... 27 Heme aquí ....................................................................... 29 Entonces hablamos ...................................................... 32


Néstor MENDOZA (Maracay, 1985) ................................ 33 Sobre la poesía de Néstor Mendoza ........................... 34 Poemas ................................................................................... 35 Pasajero ............................................................................ 37 Precipicios transparentes .......................................... 39 Déjà vu .............................................................................. 41 Cartografía ..................................................................... 42

Francisco CATALANO (Caracas, 1986) .......................... 45 Sobre la poesía de Francisco Catalano ...................... 46 Poemas ................................................................................... 47 I ............................................................................................ 49 II .......................................................................................... 51 III ......................................................................................... 53

José DELPINO (Maracaibo, 1981) ...................................... 55 Sobre la poesía de José Delpino ................................... 56 Poemas ................................................................................... 57 Tecleo / Movimiento Ddetenido ........................... 59 Folleto ............................................................................. 66

María RUIZ (Maracay, 1984) ............................................... 69 Sobre la poesía de María Ruiz ...................................... 70 Poemas ................................................................................... 71


Quinta Hilda .................................................................. 73 Meterme en la llaga ..................................................... 75 A esta lengua ................................................................. 76 La carretilla .................................................................... 78 Dios .................................................................................... 80

Leonardo GONZÁLEZ-ALCALÁ (Caracas, 1987) ..... 83 Sobre la poesía de Leonardo González-Alcalá ...... 84 Poemas ................................................................................... 85 Octavo mandamiento (No arte poética sino homenaje) ................................................................... 87 Noveno mandamiento ............................................... 91 Tercer mandamiento ................................................... 92

Alejandro CASTRO (Caracas, 1986) ................................. 95 Sobre la poesía de Alejandro Castro ......................... 96 Poemas ................................................................................... 97 Etiología ........................................................................... 99 Ars poética .................................................................... 101 Casalta ............................................................................ 102 (Textículos insurrectos – IV) .................................. 103

Víctor Manuel PINTO (Naguanagua, 1982) ................ 105 Sobre la poesía de Víctor Manuel Pinto .................. 106 Poemas ................................................................................. 107


Amarillo ........................................................................ 109 Trayectoria .................................................................... 110 Grasa ............................................................................... 111 Reverencia ..................................................................... 112 Acostado bajo ............................................................... 113 Su divorcio .................................................................... 114

Raquel ABEND VAN DALEN (Caracas, 1989) ........... 115 Sobre la poesía de Raquel Abend van Dalen ....... 116 Poemas ................................................................................. 117 Hoy decidí ..................................................................... 119 Los bebés ....................................................................... 121 Confío en que pronto ............................................... 122 A los muertos ............................................................... 124 De la santísima ............................................................ 125

Ana Lucía DE BASTOS (Caracas, 1983) ........................ 127 Sobre la poesía de Ana Lucía De Bastos ................ 128 Poemas ................................................................................. 129 Oración gnóstica a los 29 de Francisco Cávilas ...................................................................... 131 Martina protectora .................................................... 133 A Luis Miguel Nava lo cortaron en pedacitos .................................................................. 134 Bautizo ........................................................................... 135 Ensolecida ..................................................................... 136


Florencio QUINTERO (Caracas, 1980) .......................... 137 Sobre la poesĂ­a de Florencio Quintero .................... 138 Poemas ................................................................................. 139 Este tozudo intento .................................................... 141 Apostar a la felicidad ................................................ 142 Uno .................................................................................. 143 Treoma Krishnamurtiano ...................................... 144 Sortilegio del deseo ................................................... 145

A manera de epĂ­logo: Voces andantes ................................ 147


Este libro de terminĂł de elaborar el dĂ­a 17 de agosto de 2015, fecha en que se conmemora el 124 aniversario del nacimiento del poeta Oliverio Girondo; y en el aĂąo en que celebramos el 110 aniversario del nacimiento de los poetas Carlos Oquendo de Amat y Xavier Abril.


Títulos publicados Mirando sobre el heno. Muestra de poesía peruana reciente AA.VV. Jorge Eduardo Eielson. Homenaje 90 años AA.VV. Sebastián Salazar Bondy. Homenaje 90 años AA. VV. El hilo dorado. Muestra de poesía argentina reciente AA.VV.

Próximos títulos Para retrasar los relojes de arena Nilton Santiago Carlos Oquendo de Amat. Homenaje 110 años AA. VV.


destinos portátiles muestra de poesía venezolana reciente

Dentro de la pujante corriente subterránea que sostiene la imaginería venezolana, aparecen estos destinos poéticos y portátiles, recolectores y traductores de escombros que también son esplendor. Alejandro Sebastiani Verlezza

Es necesario leer a estos poetas recientes, pertenecientes a un país que vive su historia como un punto de inicio constante, como un principio tras el cual no hay nada. Adalber Salas Hernández

VALLEJ

& CO


Destinos portátiles. Muestra de poesía venezolana reciente